El IVAM se hace eco de la danza como obra plástica

‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg
Comisariada por Teresa Millet
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 18 de abril de 2021
Jueves 19 de noviembre de 2020

Teresa Millet, comisaria de la exposición ‘Glacial Decoy’, se refirió al trabajo de Trisha Brown con una expresión utilizada por la propia bailarina y coreógrafa estadounidense: improvisación estructurada. Parece una contradicción en los términos, y en realidad lo es, si no fuera por que estamos hablando de una artista singular, que concebía la danza como una disciplina (otro término que con ella no casaría) mediante la cual empezar a volar. Lo dijo ella misma en su texto de 2017 para celebrar el Día Internacional de la Danza: “I became a dancer because of my desire to fly” (Me convertí en bailarina por mis ganas de volar).

Entre esas ganas de volar y la contradicción que habita en todo artista, su improvisación estructurada como método arbitrario de trabajo le encaja como un guante. Porque Trisha Brown, también lo dijo en aquel texto, creaba con los cuerpos de los bailarines, en tanto herramientas para la expresión y no como medios para la representación. De ahí que, subyugada por esa expresión y por la novedad de ver su obra en un teatro por primera vez, tras actuar en espacios alternativos, decidiera asociarse con el artista plástico Robert Rauschenberg, que tampoco llevaba bien los compartimentos estancos del arte.

Vista de la exposición ‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg, en el IVAM.

Así fue como crearon conjuntamente la pieza ‘Glacial Decoy’, a la que el IVAM dedica su Caso de Estudio, tomando como punto de partida cinco fotograbados de Rauschenberg, pertenecientes a la Colección del museo, más una serie de préstamos en colaboración con las fundaciones de ambos artistas, entre los que se encuentran la propia Premier Mundial estrenada en 1979 en el Children’s Theater de Minneapolis. “Traducido literalmente, ‘Glacial Decoy’ es ‘Señuelo glaciar’”, señaló Millet, para abundar en ello: “Es el señuelo de la imagen y del movimiento de las bailarinas. Una forma de tenerte pillado, manteniendo tu atención entre las imágenes y la danza”.

De las más de 6.000 fotografías que Rauschenberg tomó para la realización de esta pieza, seleccionó finalmente 620 para su presentación visual. Imágenes desplegadas en cuatro pantallas que, de izquierda a derecha, iban apareciendo y desapareciendo al ritmo que marcaban los cuerpos de las bailarinas, vestidas con unas delicadas telas blancas para facilitar sus movimientos, diríase casi fantasmales. “El primer vestuario se apoderaba demasiado del cuerpo de las bailarinas, de manera que luego realizó este otro que les daba más libertad”, explicó Millet.

Imagen de ‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg, en el IVAM.

Imágenes plásticas y movimiento corporal que, en cierto modo, inauguraba una forma de interacción artística aún vigente y objeto de fructíferas investigaciones. “El arte contemporáneo todavía está aprendiendo de todo ello”, resaltó Nuria Enguita, directora del IVAM, quien destacó la pieza como una “joyita” prácticamente “desconocida”, que hoy, más de 40 años después, sigue provocando admiración. “Esa relación entre lo visual y lo plástico adquiere todo su sentido en el museo”, donde a su juicio da pie a un debate que “es más candente ahora que antes”.

Volvamos a la improvisación estructurada de Trisha Brown, sin duda motor de ese espíritu contrario a las normas establecidas. Si entendemos el acto creativo como aquél que separa al artista del mundo ya visto y conocido, no cabe duda que tanto Brown como Rauschenberg se asociaron para volar, en el doble sentido de alzarse por encima de los cánones y de dinamitar las convenciones. “Bob”, decía la coreógrafa de su colega y amigo, “le tiene envidia a la danza porque está viva y es frágil porque desaparece en cuanto el bailarín sale del espacio”.

Trisha Brown y Robert Rauschenberg. Imagen cortesía del IVAM.

La improvisación estructurada viene a poner el acento en esa contradicción que los llevaba a ambos en volandas, pasando de la espontaneidad a cierta experiencia reglada. “Un espacio acotado que se lo saltan”, señaló Millet. “Aceptan la norma, para romperla”, remarcó Enguita. “Se impone el movimiento y la necesidad de salir de la obra”, añadió la directora del IVAM, subrayando esa voluntad imperiosa de “despojarse del relato” con la que ambos comulgaban en aquellos años 60 y 70 del pasado siglo, época caracterizada por las revueltas estudiantiles tanto en Europa como en Estados Unidos.

‘Glacial Decoy’ muestra esa conexión entre el arte contemporáneo y las artes escénicas y performativas, para levantar testimonio de su fructífera alianza. El Caso de Estudio, además de acoger la pieza de danza plástica y la selección de fotografías, se completa con revistas y documentación sobre la pieza, así como la carpeta colectiva dedicada a Merce Cunningham en 1974, bailarín de referencia durante aquellos años que nos ocupan.

Vista de la exposición ‘Caso de Estudio’ que el IVAM dedica a ‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg.

De hecho, Cunningham fue otro de los artistas empeñados en desligar la danza de todo aquello que distrajera su atención, como por ejemplo la música, para subrayar la experiencia visual del movimiento de los cuerpos al bailar. Experiencia que Rauschbengerg propuso fuera lo más carnal posible, sugiriendo que las bailarinas se enfrentaran al público desnudas. Luego reculó, diseñando los trajes blancos que, en cualquier caso, dejaban la espalda al descubierto para enfatizar la coreografía, según explica Millet en la hoja de sala.

El cebo, reclamo o señuelo de ‘Glacial Decoy’ se halla en esa relación fría, glacial, fantasmal, de los cuerpos sometidos al flujo de las imágenes o de las imágenes al movimiento corporal, que obliga al espectador, como a los propios artistas, a abandonar su mundo conocido para arriesgarse a transitar por otro que le genera cierta inquietud. La inquietud de un universo donde los relatos, aquellos grandes relatos dados por muertos en la posmodernidad, dejan paso al desconcierto, y el arte busca fundirse con la vida desprovista de asideros seguros.

Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg, por cortesía del IVAM.

Salva Torres

Colección Valdepeñas, ¿ejemplo para Valencia?

Colección Valdepeñas. 75 aniversario
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 25 de enero de 2015

Es el certamen artístico más antiguo de España. Nació en 1940 en Valdepeñas, fruto del empuje de un grupo de amantes del arte, recién finalizada la Guerra Civil. Un grupo de artistas que “frente a la oscura sotana del pecado antepusieron la penitencia del color”, cuando justamente “el color era el ocre de los escombros”, destacó Jesús Martín, alcalde de la localidad manchega. Se trata del Premio Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas, el único que cuenta con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Ahora que celebra su 75 aniversario, el Centro del Carmen acoge 45 obras representativas de su longeva trayectoria.

Obra de Tania Blanco de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Tania Blanco de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Felipe Garín ha sido el encargado de la selección de los trabajos, varios de los cuales pertenecen a artistas valencianos: sin ir más lejos, Tania Blanco y Calo Carratalá, sus dos últimos premiados. Garín presentó la muestra como parte ilustrativa de la Colección Valdepeñas y como “aviso para navegantes”. Dicho lo cual, se explicó: “Mantener un premio artístico al margen de los vaivenes políticos es un ejemplo a seguir”. Sobre todo en una ciudad como Valencia, donde “hubo en su momento premios, pero todos murieron por un exceso de localismo”. Luego se refirió al IVAM, cuyo nacimiento supuso “la entrada del arte contemporáneo en una ciudad donde hasta entonces apenas interesaba”.

Obra de Calo Carratalá de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Calo Carratalá de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

De manera que ahí están esas 45 obras ilustrativas de un premio cuya dotación presupuestaria es indiscutible en Valdepeñas. “Los partidos políticos lo discutimos todo, pero la Exposición es algo que no se toca”, explicó orgulloso Jesús Martín. Los 30.000€ destinados al premio pueden alcanzar los 200.000€ entre gastos de transporte, seguros y montaje. Da igual: el Premio Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas es intocable. Lo ha sido a lo largo de sus 75 años de historia, incluidos los duros de la posguerra, la Transición e incluso los actuales de la crisis.

Obra de Antonio López de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

‘Desnudo en la playa’, de Antonio López, de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Como ejemplo del espíritu que desde sus inicios animó el certamen, Jesús Martín se refirió a una de las “joyas de la corona” de la Colección Valdepeñas: el cuadro de Antonio López, ‘Desnudo en la playa’. “Como no había dinero en el Ayuntamiento (año 1959), un concejal lo compró con dinero de su bolsillo por 15.000 de las antiguas pesetas. Luego tuvo la honradez de darlo al Ayuntamiento tras recuperar su dinero sin cobrar interés alguno”. Y una prueba más: “El Reina Sofía, que no tenía ningún cuadro de Antonio López, quiso comprarlo, pero hubo amenaza de todos los concejales de presentar la dimisión y el alcalde tuvo que negar su venta”.

Obra de Agustín Úbeda de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Agustín Úbeda de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Ese cuadro tan simbólico dentro de la Colección Valdepeñas, ‘Desnudo en la playa’ de Antonio López, está presente en la exposición del Centro del Carmen. Jesús Martín reconoció que era la segunda vez que esa obra salía de Valdepeñas, tras la Expo de Sevilla. Junto al artista que hoy vuelve a ser actualidad por su ‘Retrato a la familia de Juan Carlos I’, figuran en la muestra otros ilustres de la pintura como Agustín Úbeda, Juan Barjola, Pacho Cossío, López Villaseñor o Venancio Blanco. También hay una obra del dramaturgo Francisco Nieva, ganador del certamen de 1960, del que Felipe Garín desveló que firmaba como Francisco Morales Nieva.

Obra de Gonzalo Sicre de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Gonzalo Sicre de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

El director del Centro del Carmen destacó igualmente la numerosa presencia de artistas valencianos entre los premiados, a lo largo de los 75 años del certamen. Entre ellos, además de Tania Blanco y Calo Carratalá, cabe citar los nombres de José Quero, Joël Mestre, Gonzalo Sicre, Javier Garcerá, Juan Cuéllar o Antonio Gadea, casi todos ellos presentes en la exposición. Un repaso a la historia no sólo de la Colección Valdepeñas, sino del arte español desde la posguerra a la actualidad. Todo un “ejemplo a seguir” en Valencia.

Obra de Antonio Zarco de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Antonio Zarco de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Juan Cuéllar de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Obra de Juan Cuéllar de la Colección Valdepeñas expuesta en el Centro del Carmen.

Salva Torres