Las cirugías transepidérmicas de Marie-Lou Demeules

CIRU(G)ÍAS TRANSEPIDÉRMICAS (LIVING SCULPTURES)’, de Marie-Lou Desmeules
Comisarios: Merche Medina y Jose Ramón Alarcón
Sala de exposiciones Manuela Ballester
Facultat de Ciències Socials
Avenida dels Tarongers 4b, Valencia
Inauguración: Miércoles 22 de Marzo, a las 19:00
Hasta el 3 de abril de 2017

La sala Manuela Ballester, de la Facultat de Ciències Socials, acoge, hasta el 3 de abril de 2017, la exposición ‘CIRU(G)ÍAS TRANSEPIDÉRMICAS (LIVING SCULPTURES)’, formalizada como un solo project en torno de la obra de la artista canadiense, afincada en Valencia, Marie-Lou Desmeules, comisariado por ECOMUNICAM (Merche Medina & Jose Ramón Alarcón) y focalizado en la realización de cirugías pictóricas (a modo de esculturas vivas) sobre modelos, que permiten a la autora modificar y transformar la apariencia de los individuos, con el objetivo de conversar en torno de la identidad como ineludible máscara que refugia obscuras narraciones y explícitos delirios de la personalidad, empleando para ello una inédita técnica que trasciende el mero plano de la razón estética.

Imagen de la obra 'John Waters', de Marie-Lou Desmeules. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de la obra ‘John Waters’, de Marie-Lou Desmeules. Fotografía cortesía de la artista.

Por ‘CIRU(G)ÍAS TRANSEPIDÉRMICAS (LIVING SCULPTURES)’ franquean el territorio, con cáustico e hiperbólico paso, figuras caricatas como Karl Lagerfeld, John Waters, un apaisado y coruscante David Lynch y el refulgente David Bowie (entre otras perlas exuberantes y anónimas de la dolce vita), cuya formación gremial suscita una desestructurante información del ecuménico inconsciente y de la razón colectiva que los sustenta como espectros de lo consuetudinario, componiendo, de este modo, una radiografía del delirio y una consecuencia del absurdo.

“En mi trabajo nos encontramos con la imagen de una persona sobre otra. A través de esta superposición me interesa conversar sobre la identidad, los géneros (genders) y las cirugías plásticas en sí mismas, entre otras cuestiones. En mi serie de Celebrities, por ejemplo, procuro tratar la imagen de los famosos como resultado de un post-internet-patchwork. Me fascina el poder de la imagen, en una época de selfies egomaníacos, en la que la belleza se asocia ineludiblemente a los conceptos de dinero y felicidad. Una obsesión por querer ser amado por nuestra imagen, por conocer a gente, ignorando quién palpita detrás realmente”. (Marie-Lou Desmeules)

Marie-Lou Desmeules. Makma

Las ocho piezas fotográficas que conforman la exposición se rubrican con la proyección de diversos montajes de vídeo que permiten a Desmeules completar las pretensiones de su cirugías  mediante el desarrollo en movimiento de los modelos que subyacen en cada personaje, solidificando la consumación de un relato que sesga los lindes del hieratismo que habita en la superficie.

Marie-Lou Desmeules. Makma

 

Aretha vive: 50 años del álbum de la igualdad y del amor

Aretha Franklin
Álbum: I never loved a man the way i love you
Publicación: 10 de marzo de 1967
Atlantic Records
50 aniversario

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Nombres como Little Richard, Chuck Berry, Bo Diddley, Muddy Waters, Sam Cooke, Nina Simone,… fueron pioneros y pusieron sólidos cimientos musicales, pero no sería hasta mediados de los 60 con el excepcional éxito de Otis Redding y de Aretha Franklin cuando la rítmica y melódica América negra comenzó a ser mayormente reconocida y admirada. No en vano Otis desbancaría como mejor cantante en algunos medios de 1967 al mismísimo Elvis Presley.

Hoy, 10 de Marzo del 2017, se cumplen 50 años desde que se publicara uno de los discos más importantes de la historia, de esos que, en primer lugar, enorgullecen al sexo femenino y, seguidamente, a todo el resto de seres humanos que profundicen y valoren como merece una obra que destila tanto sentimiento, tanta pasión y tanta emoción.

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El fichaje de “la dama del soul” por Atlantic Records resultaría decisivo y, a grosso modo, podría decirse que el álbum “I never loved a man the way i love you” puso su granito de arena para consolidar derechos en ámbitos sociales, políticos o culturales.

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Aretha, la gran Aretha, entre soul, rhythm&blues y gospel, daba el salto a la gran popularidad en aquel 1967 hasta encaramarse a lo más alto de las listas de éxitos internacionales, primero gracias al single con la canción que daba título al álbum, y después con “Respect”, versión del tema que Otis Redding incluyó un año antes en su extraordinario “Otis blue, Otis Redding sings soul”. En boca de la diosa de Memphis se convertiría en uno de los más rotundos himnos sobre la igualdad racial y de género. Se dice, se cuenta, que el poderío y la intensidad en la interpretación de la misma fue debido a los problemas de maltrato y vejaciones que sufrió en su primer matrimonio con Ted White, quien también fue su manager en esa época.

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En la cara b del mencionado single una impresionante balada como “Dr. Feelgood (Love is a serious business)”, capaz de curar males y dolores, secundaría la culminación apoteósica del renombre mundial que, a partir de ese instante, iba a cosechar la que poco tiempo después sería conocida como “reina del soul”.

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Más cosas de este álbum. Decir que es sensacional la lacrimógena versión de “Drown in my own tears” (original de Lula Reed con Sonny Thompson en 1952 aunque popularizada por Ray Charles en el 56) resulta tan obvio como manifestar que canciones como “I never loved a man the way i love you”, “Don’t let me lose this dream” o “Baby baby baby” son tres declaraciones de amor que podrían romper algún infranqueable corazón.

Y más material suculento. Para quien quiera escuchar la voz del alma, para quien quiera liberarse y volar, solamente tiene que mecerse con “Soul serenade”, extraordinaria adaptación del tema original instrumental de King Curtis, el mítico saxofonista americano de soul-jazz.

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En estos tiempos actuales, en los que surgen tantos movimientos contra la violencia machista o contra las persistentes desigualdades que sufren las mujeres, es cuando aumenta, si cabe más, el verdadero sentido de escuchar a toda una dama, toda una señora, toda una diva, entonando por ejemplo “Good times” de Sam Cooke, del que se dice que estaba tan enamorada y con el que mantuvo una esporádica relación. Otra muestra de la pasión que sentía por su ídolo es la soberbia interpretación de “A change is gonna come”.

Por supuesto no nos olvidamos de algunos versos de la fabulosa “Do right woman, do right man”. Porque ella es un ser humano, ella no es un juguete y tiene los mismos derechos que un hombre.

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Queda “Save me”, claro, palabras mayores, la gran súplica de amor, quizás mi canción favorita de la diva, con múltiples y recomendables versiones. A destacar las de Nina Simone, la del grupo australiano The Saints, la del ilustre Peter Zaremba con Love Delegation (el proyecto paralelo que tuvo junto a los Fleshtones), la exquisita rareza del grupo barcelonés de culto ochentero Pantano Boas,…

En poco más de un año llegarían tres estupendísimos consecutivos álbumes como “Aretha arrives”, “Lady soul” y “Aretha now”. Es posible que este último sea mi disco femenino favorito de todos los tiempos aunque, en un intento de ser lo más objetivo posible, considero que tiene mayor importancia y trascendencia el que nos ocupa.

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Hay que destacarlo con negrita, con mayúscula y subrayado si es preciso. LA INFLUENCIA DE ARETHA y, muy concretamente la de este álbum, va mucho más allá de ese estilo llamado soul. Su influjo está en cada tenaz y emprendedora mujer que ha querido abrirse paso en el mundillo musical y, muy especialmente sobre todo, en aquellas que han obtenido éxito ofreciendo calidad tanto en el soul como en el rock, el pop,…

Siempre, siempre, siempre, estaremos en deuda con ella. Grandeza absoluta por los siglos de los siglos. Por respeto y por mucho más. Aretha vive!!!

Juanjo Mestre

* Este artículo ha sido publicado también en el Fanzine Espacio Woody/Jagger

Cuarteto Arpeggio, el cine en música

De pentagrama a fotograma, del Cuarteto Arpeggio
Salón de Actos del Centro Cultural Bancaja
C / General Tovar, 3. Valencia
Viernes 13 de enero, 2017, a las 20.00h

El Cuarteto Arpeggio ofrecerá en el Centro Cultural Bancaja, el viernes 13 de enero (20.00h), el concierto ‘De pentagrama a fotograma’, dentro del ciclo Concerts a la Fundació. La actuación contará con versiones de temas emblemáticos de la historia del cine y de la música, adaptaciones propias de bandas sonoras y de éxitos del pop y del rock.

El Cuarteto Arpeggio es una agrupación de dos violines, viola y violonchelo formada por cuatro jóvenes músicos: Cecilia Aivar, Iria Rodríguez, Adrián Arechavala y Laura Algueró. Tras haber finalizado sus estudios superiores, en el año 2011 deciden formar el Cuarteto Arpeggio, con el que desarrollan una actividad musical centrada en ofrecer conciertos a nivel nacional, lo que les ha llevado a tocar en escenarios como el Parador Hostal San Marcos de León, el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo o el Estadio Santiago Bernabéu.

Su amplia formación con maestros de renombre y su dilatada trayectoria profesional les ha permitido formar parte de manera habitual de orquestas sinfónicas profesionales, como la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, la Oviedo Filarmonía o la Real Filarmonía de Galicia.

La riqueza y versatilidad del Cuarteto Arpeggio radica principalmente en su capacidad para abarcar todas las épocas musicales, reflejada en un repertorio de más de 450 obras de todos los estilos: música clásica, tangos, boleros, bandas sonoras, swing, ragtime, canciones pop, rock, etc. Gran parte de su trabajo consiste en incrementar la exclusividad y variedad del repertorio gracias a los arreglos propios que los integrantes del cuarteto realizan de forma continua, especialmente de temas actuales y música de cine, permitiendo que públicos de todas las edades disfruten con su música.

Concerts a la Fundació ofrece una programación anual de conciertos organizada por Fundación Bancaja con la colaboración de Pavasal, Fundación Eutherpe y el campus de Berklee College of Music en Valencia, que busca dar apoyo a jóvenes intérpretes y que cuenta con conciertos gratuitos hasta junio de 2017 con repertorios que van desde el jazz contemporáneo al blues y el soul, pasando por músicas del mundo, piezas para piano, música clásica y músicas del mediterráneo.

Cuarteto Arpeggio. Imagen cortesía de los autores.

Cuarteto Arpeggio. Imagen cortesía de los autores.

Tiempo para cazar

Tiempo de Caza, de Roberto Rodríguez
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 28 de octubre de 2016

El tigre depredador o el jaguar deportivo nos observan desde la espesura de la selva igual que el ciervo asustado desde el medio del prado. Igual, un terremoto de emociones, miedos y expectativas compartidas. Su mirada fija es la cifra de su presencia pero también delata la nuestra como presas. Cazadores de todo como somos, esa sensación es habitual. No obstante, la cantidad, el desorden, la frondosidad y la confusión que suponen la selva o el bosque se magnifican y paralizan en la maravilla, se condensan, si sucede, en un punto mágico, en dos: esos ojos que siempre escrutan. En ocasiones, descubrir a un animal mirándote fijamente es descubrirte perdido, tu posición en peligro directo: el mejor espectáculo de la naturaleza olímpica.

Supongamos que las fieras pintadas por Roberto Rodríguez podrían ser inofensivas y hasta tiernas en la escena, paralizadas o avanzando hacia nosotros. Nuestras formas de manipular la naturaleza son muy sibilinas y hacemos del encuentro maravilloso una cuestión idílica. Pero lo que fascina es la maravilla, lo que atrae y engaña, aunque haya tanta pintura de caza que se haya fijado en lo contrario ad paradiso.
Una de las obras de la exposición 'Tiempo para cazar' de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Una de las obras de la exposición ‘Tiempo para cazar’ de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Si hay algo que llama la atención en estas obras es el modo en el que se trata la naturaleza (y todo: el paisaje es un constructo botánico) en planos que sobresalen de la superficie “natural” de la pintura para evocar esos estratos de vegetación provocando una profundidad espacial muy evocadora, inusitada, de ensueño incluso, tanto por los fondos universales y estelados como sobre todo en las capas superpuestas que, igual que las plantas, son el mejor marco para el cuadro natural: el lugar integrador a través del que vemos y somos observados. Porque lo que hay en la pintura nos mira, y en estas obras de clara factura sintética, más.
Obras directas que aciertan en su particular psicodelia asiática respecto de la construcción del paisaje y son deudoras de una época (y su cultura) que nos hace pensar en Hawai y el surf, el pop exótico, la música de garaje y hasta el skate, todo ello pasado por el recuerdo atemporal de un señor francés conocido como El aduanero Rousseau (que nunca vio la jungla pero sí a las fieras).
Ricardo Forriols

Una compañía infernal

Cabaret Gótico, de El Circo de los Horrores
Carpa situada en el cauce del río Turia
Puente de las Flores. Valencia
Hasta el 13 de noviembre de 2016

Decía Mark Twain que prefería el paraíso por el clima, pero el infierno por la compañía. Cabaret Maldito, que viene a cerrar la trilogía que Circo de los Horrores inició con el propio nombre de la compañía y siguió con Manicomio, es el sitio ideal para ello. Con Lucifer (Dani Román) ejerciendo de maestro de ceremonias, invita a los valencianos a pecar en la catedral gótica instalada en el cauce del Turia, junto al Puente de las Flores. La mezcla de física (circo) y química (cabaret) da como resultado un espectáculo que saca “el lado oscuro de todo el mundo”, señala Rafael González, productor del renovado show.

Escena de Cabaret Maldito.

Escena de Cabaret Maldito. El Circo de los Horrores.

Más de 30 actores, bailarines y acróbatas dan vida a ese infierno que en su primera semana en Valencia ya ha colgado del cartel de todo vendido. “La gente se desinhibe y saca su parte más canalla, disfrutando a tope”, apunta González, que invita al publico valenciano “a que vengan a vender su alma”. Por el escenario de ese Cabaret Maldito, cuya idea original es de Suso Silva, van desfilando diversos personajes cuyos números sensuales y provocadores incitan a sumergirse en “los deseos más negros y profundos”.

La sinopsis del espectáculo habla de un infierno donde “no existen reglas, ni prohibiciones, ni tabúes” y donde dar rienda suelta “a los instintos más primitivos del género humano”. ¿Es para tanto? “No somos la voz más transgresora, porque este show hace 30 años hubiera sido más rechazable”, pero el productor sí asegura que el espectáculo “saca nuestro lado más gamberro”. Reconoce que la sociedad ha evolucionado, que ya no asusta tanto ver un desnudo (que los hay en Cabaret Maldito), sobre todo “cuando las cosas que vemos por ahí fuera son muchas veces más fuertes de lo que ocurre aquí dentro”.

Cabaret Maldito.

Imagen promocional de Cabaret Maldito.

Y lo que ahí ocurre, y viene ocurriendo desde que hace 10 años iniciara su andadura Circo de los Horrores, es que la fusión de técnicas (teatro, circo, cabaret) y la “profesionalidad” de sus integrantes “ha logrado el éxito que nos ha permitido desarrollar la trilogía que llega a su fin con Cabaret Maldito”. ¿A su fin? “Bueno, Lucifer es un gran mentiroso”, deja caer González. Y añade: “El circo siempre ha sido tratado como el hermano pequeño de las artes escénicas, cuando por el número de espectadores está demostrado que funciona muy bien”.

Ahí está el Circo del Sol para demostrarlo y, ahora, el propio Circo de los Horrores. “Ellos [ por el Circo del Sol] son la perfección, nosotros además tenemos alma”. El alma que quiere que vendan los valencianos a su entrada al espectáculo, donde caben todos: “Los horrores atraen por igual a gente de todo tipo, desde los más góticos a los más pijos”. Todo ello gracias a la atmósfera inquietante creada por Miguel Brayda, el diseño de luces de Juanjo Llorens, la coreografía de Lola González y la música de José Luis Chicote, que versiona clásicos del pop y del rock, junto a composiciones propias.

El plantel de Cabaret Maldito.

El plantel de Cabaret Maldito. El Circo de los Horrores.

Cabaret Maldito estará en Valencia hasta el 13 de noviembre, coincidiendo con Halloween. “No somos un show para Halloween, pero qué mejor sitio para celebrarlo que éste”, subraya González, de tradición familiar circense, que ha querido junto a su hermano Manuel como productores darle ese toque contemporáneo al circo de toda la vida. “Esa mezcla de circo y cabaret es lo que nos distingue”.

Dani Román, caracterizado como Lucifer, dejó entrever en una de las piezas cierta crítica hacia quienes miran por encima del hombro este tipo de espectáculos. “Esto es cultura, es arte, y el que lo cuestiona va mal”, enfatizó Rafa González, rodeado de los 35 personajes víctimas de los siete pecados capitales. “El ser humano necesita este toque de adrenalina”, insistió el productor. Cabaret Maldito, como diría Bataille, une las pasiones de la santa, que llena de pudor aparta la vista del voluptuoso, con las del perverso. En la catedral gótica instalada en el cauce del Turia repican por igual todos los sentidos.

Cabaret Maldito.

Cabaret Maldito, de El Circo de los Horrores.

Salva Torres

Bunbury y sus 30 años de carrera ‘heroicos’

Plaza de Toros de Valencia
Jueves 1 de septiembre de 2016

Enrique Bunbury ha mutado. Y ha mutado no sólo porque su gira se llame Mutaciones Tour, sino porque ha conseguido pasar página y naturalizar sus canciones de Héroes dentro de su cancionero en directo. Es como si una pequeña porción de la banda aragonesa se materializara en forma corpórea en cada nueva actuación. La última vez que asistí a un concierto de Enrique, Kike para los amigos, venía acompañado de sus jinetes heroicos. Era el 2007 y la crisis todavía no nos había golpeado de un modo tan cruel como hiciera poco después, parecía como si con ese concierto y su correspondiente atasco de 17 km, se fueran apagando las luces de neón que nos iluminaban el camino de oropel. Como el final de una era de macroconciertos y de espectáculos masivos.

Enrique regresaba a Valencia con un buen puñado de sus canciones más emblemáticas, esas que han marcado su carrera en solitario y con Héroes. Es el momento de echar la vista atrás, de recoger lo sembrado y volver a servirlo en otros platos, con otros aderezos, con otros sabores. Me sorprendió ver una plaza de toros algo desangelada, no parecía existir ese rumor de ilusión y algo de fanatismo entre su público, sino más bien reverencia y tranquilidad. La organización nos comentó que tuvieron una asistencia de 5.600 personas, una cifra nada desdeñable para esta ciudad.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

Unos minutos después de las 22.00 horas saltaron a las tablas Ramón García, Álvaro Suite, Jorge Rebenaque, Jordi Mena (soberbio en todo el concierto), Quino Béjar y Robert Castellanos. Y detrás de ellos la estrella de la noche, estrella con gafas de aviador, chupa y pantalones de cuero, toda una estrella del rock. ‘Iberia Sumergida’ sonó algo fría, descafeinada en su composición y en la garra que el tema precisa, es cierto que Bunbury ha creado nuevos arreglos para sus temas con Héroes, pero aquella falta de fuelle, de gasolina explotando, me dejó algo descolocado. La gente no reaccionó de un modo entusiasta, sino más bien entretenido. Expectante por lo que podía venir después.

‘Club de los Imposibles’ tuvo mejor acogida, se notaba desde el segundo uno que la gente que había en la Plaza había venido a ver esa segunda etapa de Enrique y no tanto sus primeros años. Al terminar el tema la luz se fue y dejó fuera de onda al cantante que no sabía qué hacer, fueron unos minutos para corear su nombre, comprar algo de bebida y comentar el inicio del bolo. Enrique estaba algo distante, de hecho estuvo distante en la mayoría del concierto, poco asertivo con su banda, poco comunicador con el público y tejiendo un setlist que nos hacía ir de lo más “fuerte” a lo más suave canción tras canción.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

‘Sirena Varada’ fue increíble, más por la letra que la música, pero el público no reaccionó tan efusivamente como cabía esperar. ¿En qué momento saltaría la chispa del concierto, esa que detona la emoción por parte de la gente y los músicos? Muy aplaudida fue ‘Que tengas suertecita’ y ‘Alicia’, un tema que no solía tocar en sus directos, pero que está tan enraizada en el colectivo sentimiento de desvinculación de una etapa y la entrada en otra, que suena a punto de inflexión, es la canción por la que muchos se engancharon al zaragozano y por la que muchos lo abandonaron, quizás regresando más adelante.

‘Radical Sonora’ es el álbum que rompió un ciclo y comenzó otro, la que lo alejó del rock y lo acercó a buscar en su interior qué quería hacer, no es el disco que lo consolidó, ni mucho menos, pero fue el que abrió una puerta hacía el alma de Enrique, ese alma que ha intentado mostrar en cada trabajo. Sin ‘Radical..’ no hubiera llegado nunca esa joya llamada ‘Flamingos’.

Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

‘El Extranjero’ fue la que prendió la mecha, la que inundó de felicidad a la gente, la que nos levantó a todos. Sonó igual que en el original, no la había hecho mutar, y eso, personalmente, creo que se agradece. ‘Maldito Duende’ sonó extraña pero genial, el público se creció, quizás azuzado por la canción precedente. Sea como fuere, fue la primera de su etapa primigenia que despertó las gargantas del respetable.

Enrique se bajó al foso y cantó la canción con el público, con su público, en el primer y último momento que se le vio cercano. La banda se marcha y nos quedamos con ganas de algún bis potente, ya que el concierto estaba siendo un ir y venir de auténticos clásicos. ‘La Chispa Adecuada’ es otra de las perlas que tenían reservadas y que contagiaban energía y pasión entre la gente. El segundo bis fue flojo, algo soporífero, no porque estuviera mal, que sin duda no lo estaba, sino por la caña que nos había dado en todo el concierto y el empecinamiento en terminar de un modo tan relajado. Terminamos con ‘Y al final’, y con una despedida al nivel de lo presenciado, algo distante.

Enrique Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Enrique Bunbury en la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

Enrique se fue y dejó a su grupo solo para despedirse, ellos hicieron piña y se amontonaron en el centro del escenario para dedicarnos una despedida entre aplausos. Enrique no salió más, tal vez dándoles ese punto de importancia a sus músicos, dejándoles paladear ese instante de fervor y de comunión. Es una lástima ver cómo los temas de su época con Héroes no acaban en encajar en el conjunto de su setlist, no porque sean malos (¿cómo van a ser malas las canciones de Héroes?) sino porque parece que no acaban de gustar a su público, o al menos no terminan de ser parte del bagaje musical de su segunda etapa.

Bajarle las revoluciones a ‘Iberia…’ o a ‘Avalancha’ puede despojarlas de su verdadero atractivo. No tuvieron el impacto deseado, quizás porque habían perdido el corazón y el rock o porque tantos cambios no gustan en verdaderos clásicos. El concierto tuvo un nivel muy alto y Enrique demostró que su estado de forma, tanto vocal como físico, es inmejorable, además de hacernos entender que esto del rock es un gran circo donde sin la parte de espectáculo se pierde una pata. Esperemos que vuelva pronto a la ciudad de Valencia y que siga apostando por el rock & roll.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra 'Malva'.

Bunbury en el concierto de la Plaza de Toros de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra ‘Malva’.

Javier Caro

 

Un mes de julio dedicado a la música

Festival de la Cançó del Grau
Las Naves, espai de d’innovació i creación
C/Juan Verdeguer, 6. Valencia
Del 1 al 21 de julio de 2016

El Festival de la Cançó del Grau es la cita anual con las canciones en la parte más fresca y alborotada de la ciudad y tendrá lugar en la terraza de Las Naves. En esta ocasión se nos propone una serie de citas relacionadas con la música en directo, con algunos de los mejores discos, artistas y sobre todo canciones publicadas durante este último año en la ciudad de Valencia. Organizado por la asociación cultural sin ánimo de lucro Proyecto Matraz, se trata de una iniciativa para recuperar la tradición festivalera que siempre ha caracterizado las costas mediterráneas.

El Festival se inaugura con la actuación del power pop de Star Trip, una formación comandada por Vicente Prats. La música de Star Trip es una mezla de indie rock y power pop, perfectas canciones llenas de arrebatadoras melodías, enérgicos riffs de guitarra, bajos potentes y baterías contundentes, pop en mayúsculas para saltar a la pista, rasgar una guitarra ficticia y mover la cabeza sin parar. A partir de ahí, cada viernes del mes el patio de Las Naves se convertirá en un escenario para acoger los conciertos de Star Trip, Oscar Briz, ex Sr. Mostaza, el dream pop de Mist e incluso, la presentación del primer disco en solitario de Luis Prado.

Complementa los conciertos un ciclo de documentales musicales programados en colaboración con el festival In-Edit Beefeater de Barcelona, que gira en torno a figuras que, por diversos motivos y con diferentes estilos, han marcado la historia de la música: ‘Bird on a wire’, una visión única de Leonard Cohen en mitad de su gafada gira mundial de 1972, ‘¡El peor Dios!’, cinta que ofrece una mirada intimista de la vida y obra de Los Desechables y ‘Rumba tres, de ida y vuelta’, que obtuvo el Premio nacional y del público In-Edit 2015 y que repasa la historia del grupo emblemático de la rumba catalana. Todo un acontecimiento dedicado única y exclusivamente a la música .

Cartel del Festival de la Cançó del Grau.

Cartel del Festival de la Cançó del Grau.

 

“Yo sigo con mis obsesiones”

Manolo Valdés. Obra reciente: Pinturas y Esculturas
Marlborough Gallery
6 Albemarle Street. Londres
Hasta el 16 de julio

Una serie de pinturas y esculturas realizadas siguiendo esa comunión con el material y la reinterpretación de obras de artistas representativos que le caracteriza, traen hasta la capital del Reino Unido piezas nuevas que siguen la línea de trabajo elaborada durante sus más de cincuenta años de carrera, junto a ejemplares que representan nuevos retos en su investigación. Repasamos con el artista su trayectoria, sus inquietudes y sus proyectos.

Lo tenía claro ya cuando dejó la Universidad y empezó a pintar. ¿Cómo nace usted como artista y el ‘Equipo Crónica’ como grupo artístico a principios de los 60?

A los dieciséis años decidí viajar a París. Cuando llegué a París, me encontré con una realidad muy lejana de lo que me estaban enseñando en Valencia. Llegué allí y descubrí a Pierre Soulages o Rauschenberg junto con otros ejemplos de artistas rompedores. En definitiva descubrí la libertad. Me dí cuenta que la cosa era mucho más amplia que lo que yo hasta entonces había estudiado. Volví a Valencia sobreexcitado. Esto me lleva a hacer cosas que no eran ortodoxas, lo que me provoca conflictos y la expulsión de la escuela de Bellas Artes. Fue una época difícil de gran inseguridad frente a gente más preparada que yo. Me fui al estudio y empecé un camino autodidacta. Años después, satisfecho con mi trabajo, me encuentro con Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo con los que emprendo un camino juntos por la insatisfacción que cada cual tiene, frente a la situación social y artística que nos rodeaba. Era una época difícil en España que quisimos retratar y denunciar a nuestra manera.

Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

¿Qué camino decidió tomar cuando se disolvió el ‘Equipo Crónica’ y empezó su carrera en solitario? 

El final de este grupo que formamos sucedió muy pronto, pero yo al día siguiente me fui al estudio y pensé ¿Qué voy a hacer?, seguí con lo que estaba haciendo el día anterior. Empecé a hacer cuadros muy similares a los que estaba haciendo el ‘Equipo Crónica’, como es lógico. Además no tenía ningún rechazo ni ninguna intención de separarme, aunque luego la evolución se produjo y me separé de una manera natural.

Desapareció el collage y la digitalización. 

En parte, en principio sí, y luego introduje otras técnicas a la pintura como son la referencia a la pintura abstracta, la pintura matérica pero se mantienen algunas de las imágenes que asimilé entonces.

¿Buscaba la abstracción o bien recuperar la esencia de la imagen como elemento representativo? Me refiero al uso de los iconos que utiliza durante su carrera.

Yo siempre me he planteado la pintura, cuando parto de un cuadro a otro, como una manera de comentarla, de hablar de ella. Yo hablo de la pintura, desde la especificidad de la misma. Muchas de las imágenes se han mantenido a lo largo de mi trayectoria, porque creo, a medida que pasa el tiempo, que tengo otras ideas, otra situación que me hace hablar de ello de una manera distinta. Sigo hablando de ella y no huyo de las mismas imágenes. Así como hay artistas que les produce fastidio trabajar sobre una imagen que ya han hecho, yo no, yo sigo con mis obsesiones.

¿Usted cree que hay una evolución en su carrera?

Eso espero, es algo que yo creo y de hecho se produce muy lentamente, aunque para mí no es un objetivo que sea distinto. Yo cojo una obra de Matisse reinterpretada que ya he hecho y si creo que puedo hacerlo de una manera distinta, me pongo a hacerla, no tengo pena de volver a tomar los mismos iconos.

¿Cuál es su relación con la materia en general y su recorrido de investigación artística?

La relación con la materia es la relación con la pintura, yo parto de una obra de Velázquez y pienso “yo la voy a pintar de otra manera“, porque desde el XVII hasta ahora han pasado muchas cosas. Introduzco materia porque este elemento ha existido durante todo ese tiempo y lo hago mío. Pero también introduzco el Pop porque me ha enseñado que puede redimensionar la realidad y alcanzar las medidas que utilizo. Pinto lo que me apasiona, lo releo y esa es mi aportación, a partir de un cuadro saco otro.

Dama, de Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

Dama, de Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

Agrede, trabaja, desgarra la tela, tiene una relación intensa con las texturas y la superficie.

Trabajo la tela buscando siempre efectos plásticos. Sin embargo cuando están terminados los meto tras un cristal para que sean más tradicionales. Mi intención es que sean absolutamente tradicionales, yo no busco la modernidad como sistema, sino más bien lo contrario. Intento esculpir la tela, dándole una profundidad que luego con el cristal la vuelve a su bidimensionalidad original.

¿De la obra elige fragmentos o personajes?

Generalmente son fragmentos, yo retrato al personaje por su significado y la referencia a artistas de renombre. En Dama sin embargo, he intentado que no sea nadie. He querido pintar el cuadro completo, es como si hubiese ido al museo y lo he pintado con el marco y todo. No pretendo que se lea un personaje sino que se lea lo que es un cuadro museístico. Lo que me interesa es pintar un cuadro como objeto.

Sus esculturas se componen de una base muy sólida y que luego el dinamismo que no se encontraba en las esculturas hieráticas que hay en las calles, se encuentran en los sombreros estos que vemos aquí.

En el fondo hay como distintas maneras de hacer escultura, de trabajar el material, que se complementan. Una de las cosas que me gusta es cuando, para hablar de una cosa, lo digo la mayor cantidad de veces que pueda.. En esta exposición se puede ver un recorrido desde lo tradicional a la geometría contemporánea. Yo soy un modelador, en lugar de con el barro en este caso modelo con la escultura. Head por ejemplo es un ensamblaje de madera, con trozos que son tacos.

El dibujo como pretexto II, de Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

El dibujo como pretexto II, de Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

Cuál es su inquietud escultórica actualmente. 

Estoy haciendo más esculturas últimamente. Estoy introduciendo ahora, como por ejemplo en el caso de la obra El dibujo como pretexto II, la idea de realizar un dibujo en el aire. He cogido líneas de la misma manera que estampo los trazos del lápiz y he hecho una escultura con ella.

¿Cuál es su relación con el mercado inglés con la realidad del Reino Unido?

La relación es buena porque aprecian mi trabajo y el mercado es suficiente para lo que yo produzco, que no es tanto. La producción es larga, para realizar estos cuadros se invierten meses o años. Al estar el mundo tan globalizado y tener tanta demanda no hay un mercado específico. En Londres mi última exposición fue hace diez años en la Marlborough, aunque el año pasado creo que hubo una pieza del Equipo Crónica en The World Goes Pop, la exposición que la Tate Modern dedicó al arte pop.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Mi próxima exposición es en París, luego Finlandia, Helsinki, Alemania, Pekín, entre otras.

Butterflies, de Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

Butterflies, de Manolo Valdés. Imagen cortesía de Marlborough Fine Art.

Miguel Mallol

El sueño de verano de Benjamin Britten

A Midsummer Night’s Dream, de Benjamin Britten
Palau de Les Arts
Avenida del Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 10, 12, 14, 16 y 18 de junio de 2016

“Llegas aquí y lo primero que dices es ¡oh, my God!”, exclamó el director escénico Peter Curran refiriéndose a la majestuosidad de Les Arts. Y con respecto a El sueño de una noche de verano (A Midsummer Night’s Dream), ópera de Benjamin Britten que se presenta en el coliseo valenciano con el mayor elenco en sus diez años de historia, Curran dijo: “Política, religión y sexo. ¡Eso es lo que encontrareis!” Una veintena de intérpretes pondrá en escena “una de las obras maestras del siglo XX”, a juicio del director musical Roberto Abbado.

Britten, partiendo del texto de William Shakespeare, plantea un “juego entre inocencia y experiencia, moralidad e inmoralidad, sueño y realidad”. Juego que Peter Curran escenifica siguiendo los dictados del propio autor inglés: “Nos muestra algo que es invisible”. Para ello, el director escénico se basa en la filosofía griega y latina, pero sin querer tratar el tema “como si fuera un museo”, sino “como metáfora de un viejo templo que pudiera estar en Atenas o Sicilia y en contacto con la naturaleza”.

A Midsummer Night's Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

A Midsummer Night’s Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

¿Cuál es nuestra relación con la naturaleza hoy en día?, se preguntó Curran. “Tenemos a Hippolyta (Iulia Safonova) que no está pendiente de las cosas, como sucede hoy con los teléfonos móviles que deberíamos dejar a un lado para prestar atención a nuestro alrededor”. Y eso hace Curran en A Midsummer Night’s Dream: vincular realidad y ficción, “mezclar el mundo real y el irreal”, para que después sea el espectador quien interprete lo que “todos soñamos”.

Oberon, rey de los elfos, y Tytania, su esposa y reina de las hadas, protagonizan esta ópera estrenada en 1960 con gran éxito de público. Christopher Lowrey, que encarna al rey, aseguró que su intervención en tan grandioso espectáculo “ha hecho que crezca mi amor por la ópera”. Una ópera, según Abbado, “muy complicada, porque requiere de un reparto de cantantes de altísimo nivel”. Y la presencia de un contratenor, tipo vocal no muy extendido y sobre el que Davide Livermore, intendente de Les Arts, se explayó: “Händel, por ejemplo, nunca ha escrito para contratenor, sino para castrato, que es distinto”, al tiempo que aludió a la conexión con “el pop rock inglés de los 60”.

A Midsummer Night's Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

A Midsummer Night’s Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

La ópera de Britten acoge diferentes registros musicales, destacando para Abbado la intervención del coro de niños “para sacar ese color particular de lo que no es humano”. Además están las tres parejas, los artesanos y un cuarto elemento que para el director musical es fundamental, “la floresta, que es también un personaje”, y cuya tonalidad se la da “el color orquestal caracterizado por el misterio”. Roberto Abbado es la primera vez que dirige una obra del siglo XX al frente de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, tal y como destacó Livermore.

“¿Te gusta la política, la religión, en aquello que cree la gente, el sexo…pues la ópera de Britten trata de esos tres aspectos; de lo que es el mundo real y lo que no lo es, y del sexo como fuerza que nos lleva”, sintetizó Curran. También subrayó la “importancia de todos los papeles”, aunque por encima de todo “destaca el conjunto”. Como se apunta en la sinopsis de la ópera, “las verdades profundas, los sentimientos más auténticos terminan por hacerse presentes por encima de lo absurdo de las situaciones”.

Davide Livermore, ya en relación con el “¿conflicto?” que mantiene con la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valencia, que han rechazado su colaboración con Les Arts mientras no se les pague, dijo que el presidente de las bandas tenía en su mesa “el borrador para el acuerdo marco, que estamos negociando”. De ahí que no pudiera todavía adelantar las cifras que se manejaban. “Confío en llegar a un acuerdo satisfactorio”, concluyó.

A Midsummer Nigth's Dream. Imagen cortesía de Les Arts.

A Midsummer Nigth’s Dream. Imagen cortesía de Les Arts.

 

Salva Torres

Homenaje a las divas del rock

The Big C & The Praws y Martha & The Bandarras
Casino Cirsa
Avenida de las Cortes Valencianas, 59. Valencia
Viernes 20 de mayo, a las 22.30h

Casino Cirsa Valencia, en su apuesta por fomentar la música en directo interpretada por grupos locales, contará el próximo viernes día 20 a partir de las 22.30 horas con la actuación de dos bandas valencianas que realizarán un homenaje a las divas femeninas del rock: Big C & The Praws y Martha & The Bandarras.

En el año 2012 un grupo de músicos locales se juntó para llevar a cabo el proyecto The Big C & The Praws y en el año 2015, tras muchos ensayos y esfuerzos, salieron a escena con un gran éxito de público y muy buenas críticas.

Esta banda nos propone viajar a los ancestros del rock con Etta James, hasta lo más actual con Jessica Sánchez, sin olvidar el ritmo frenético de Aretta Franklin y Dolly Parton, o el sonido potente de Blondie y Bonnie Tyler. Además, también incluyen en su repertorio canciones de éxito de grandes cantantes como Tina Turner, Janis Joplin y la sensibilidad de Sam Brown y 4 Non Blondes.

Imagen cortesía de la organización.

Imagen cortesía de la organización.

El grupo está formado por Sento Escobar a la batería, Luis Anaya a la guitarra, Rafa Simón al bajo, D. Blas García al piano y Guillermo Alemany a los saxos. Cristina Saiz, una gran cantante que con su versatilidad, carisma y potencia, completa esta banda valenciana que hace que este homenaje a  las divas del rock sea siempre un gran espectáculo.

Por su parte, Martha & The Bandarras son una banda emblemática, explosiva, elegante y divertida. Se caracterizan por hacer una mezcla de new rockabilly con las mejores versiones de las canciones más auténticas de este estilo musical. Además, también ofrecen en sus conciertos temas propios al más puro ritmo bandarra. Un estilo lleno de energía y originalidad.

El grupo está formado por cuatro músicos: Fede (batería), Luis (saxo), Juanki (guitarra) y Vic (bajo) y por la sensual y brillante voz de Martha Gallart, que con su tesitura y modulación de voz consiguen transportarnos a los movimientos musicales americanos de los años 50 y 60 como el rockabilly, swing, hillbilly y country. Tras un parón por maternidad de Martha, vuelven a los escenarios más fuertes, enérgicos y creativos que nunca.

Las entradas para este espectáculo ya se pueden adquirir en la web de Casino Cirsa Valencia desde 7€.

Big C & the Prawns. Imagen cortesía de Casino Cirsa.

BigC & The Prawns. Imagen cortesía de Casino Cirsa.