Un muro perimetral de plástico junto al MuVIM

Perímetros colaborativos
Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. València
Sábado 19 de enero de 2019, desde las 10.00 a las 20.00h

El Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat (MuVIM) ha organizado, para este sábado 19 de enero, una actividad que permitirá a la ciudadanía reflexionar sobre el pasado, presente y futuro del que fue el primero hospital psiquiátrico de Europa. Bajo el título ‘Perímetros colaborativos’ se intentará reconstruir simbólicamente, a través de un  plástico de gran formato transparente, el perímetro que ocupó este complejo hospitalario del siglo XV.

Desde las 10.00 horas, hasta las 20.00 de la tarde, se colocará un muro perimetral de plástico en el exterior del museo, construyendo para cada observador una lectura distinta del entorno. Dicha reconstrucción conducirá a nuevos descubrimientos espaciales, al mismo tiempo que nos permitirá aprehender la huella del pasado.

El público podrá acceder dentro del perímetro y sumergirse en dicho lugar colaborando en su reelaboración y añadiendo deseos solidarios, consignas de ayuda y de solidaridad, en honor al origen de este hospital, es decir, aquellos colectivos que hoy cómo ayer son susceptibles de la marginación.

Conduciremos al visitante a la citada reconstrucción simbólica a través de frases, palabras y noticias de prensa, hilvanadas con los parámetros de un juego. Se hará una reflexión colectiva sobre los conceptos que originaron en 1409 la creación de dicho espacio.

Instalación participativa. Imagen cortesía del MuVIM.

Instalación participativa. Imagen cortesía del MuVIM.

El inflado Jardín de las Delicias

Jardín autómata, de Olga Diego
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de octubre de 2018

La artista alicantina Olga Diego recrea el ‘Jardín de las Delicias de El Bosco’ en el Centre del Carme Cultura Contemporània de València. Con más de 400 metros cuadrados la instalación de Olga Diego que ocupa la Sala Dormitori, sumerge al visitante en un paraíso de libertad creativa y sexual donde el pecado de la carne del que advertía El Bosco es sustituido ahora por el plástico, en una crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo.

José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus, explicó que “la obra de Olga Diego nos introduce en una nueva dimensión del arte donde las obras ya no sólo se pueden observar sino que cobran vida e incluso respiran”. El director del Centre del Carme destacó la línea de trabajo de la artista, a caballo entre la performance y la instalación escultórica y recordó que su obra forma parte de la naciente colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valenciana que también se puede ver en el centro de cultura contemporánea a lo largo de este verano.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

¿Sería posible recrear el Jardín de las Delicias de El Bosco en una instalación de esculturas inflables y electrónicas? Salvando las grandes distancias, esto es ‘Jardín Autómata’: una gigantesca instalación formada por un centenar de esculturas inflable-electrónicas inspiradas en los hermosos, extravagantes y sugerentes personajes de El Bosco.

El punto focal que provoca la idea, es la ‘Cabalgata del deseo’ pintada en el panel central del tríptico. En ella, seres humanos desnudos disfrutan, junto con animales de todas las especies, de un mundo de placer sin límites. La lujuria representada de múltiples e inimaginables formas. Un mundo sugerente donde también encontramos hermosas aves, peces y frutos exóticos.

Estos elementos son los que también aparecen en ‘Jardín Autómata’. Una orgía visual y creativa. Un laberinto de grandes cuerpos traslúcidos que sugieren una existencia mágica. “En mi obra busco provocar una experiencia. Tengo la sensación de haber creado en la Sala Dormitori un pequeño microuniverso. La pieza se activa cuando el espectador se introduce en ella, necesita entrar dentro de ella, recorrerla, para poder reconocer a cada uno de los personajes que se mueven y respiran como seres vivos a su alrededor”.

Diferentes humanoides, cuadrúpedos y personajes híbridos son suspendidos en el espacio de la sala en una composición aérea y en continuo movimiento, mientras otros inflables se encuentran posados en el suelo recreando escenas más terrenales y libidinosas.

En esos cuerpos traslúcidos, sus motores, como corazones eléctricos, insuflan aire en su interior, marcando con sus ritmos una indescifrable sinfonía eléctrica. Luces led terminan de conformar los cuerpos y una lluvia de cables y circuitos electrónicos se descuelgan desde las figuras hasta posarse en el suelo de la sala.

En la obra de Olga Diego es muy importante la electrónica: un laberinto de cables conectados a un complejo hardware son los que dan vida a estos personajes: humanoides de todos los géneros, cuadrúpedos sencillos y mestizos, seres híbridos, mujeres de grandes pechos-antena, animales cabeza-globo, la jirafa mutante, chico pájaro con alas-tortilla, huevos y peces con piernas, hermafroditas que vuelan, frutos con tentáculos, perros de dos cabezas, pájaros extraños de alas adaptadas, y un largo etc.

Sin embargo, detrás de esa obra de El Bosco que tan atractiva nos resulta hoy, encontramos una crítica al pecado, a la lujuria que retrata. Profundamente religioso, El Bosco pretendía mostrar las terribles consecuencias que acaecerían a la especie humana si esta se dejaba seducir por los placeres de la carne.

Olga Diego reconoce que “hay una gran distancia entre su intención y lo que hoy día vemos en esa obra. Un mundo sugerente e idílico, un inquietante paraíso de libertad. Actualmente y sin lugar a dudas, uno de nuestros mayores pecados como especie humana no son nuestros deseos sexuales (afortunadamente ya más libres). Convertidos en una sociedad capitalista incapaz de modular un respeto por el medio ambiente, sufrimos de un derroche desmedido, y es en esa lujuria consumista donde mostramos nuestro inmenso pecado, el plástico”.

“Jardín Autómata ha supuesto un reto constructivo, pero también un insinuante paraíso en cuanto a las formas a crear” explica la artista quien reconoce que trabaja tensando los límites de lo artístico y lo físico como en su último trabajo en Londres en el que estuvo 58 horas dibujando sin parar. La artista trabaja entre la performance y la instalación creando artefactos artísticos que le han permitido incluso la posibilidad de volar en una búsqueda de la mayor libertad posible.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jardín autómata, de Olga de Diego. Imagen cortesía del Centre del Carme.

¡Los Piratas Asaltan el Teatro Olympia!

¡Los Piratas Asaltan el Teatro Olympia!
Teatro Olympia
Carrer de Sant Vicent Màrtir, 44. València
Hasta el 22 de julio de 2018

El pasado 28 de Junio comenzó un ciclo de obras teatrales organizado por la escuela de artes escénicas ‘Off’. Este ciclo de obras se compone tanto de obras compuestas por integrantes de la propia escuela, como de interpretaciones de grandes obras teatrales como ‘Ubú Rey’, de Alfred Jarry, o ‘Historia de una Escalera’, de Buero Vallejo. La obra teatral de la que tratará este artículo es ‘Piratas: Aventura en el Mar de Plástico’, escrita por Umar Ruiz e interpretada por la compañía Arieta Teatre.

‘Piratas: Aventuras en el Mar de Plástico’ se ubica en un futuro distópico donde la contaminación ha acabado con el mundo tal como lo conocíamos. La Capitana Jade y Otis, interpretados por los actores Violeta Moreno y Umar Ruiz, suben a su barco y ponen rumbo al pasado para salvar el mundo. Este concepto que a primera vista nos podría dar una idea de una obra dura, al contrario se nos presenta de una forma amena, adaptada a un público infantil tomando el recurso de los piratas para mostrar a los más pequeños la responsabilidad que tenemos respecto a la contaminación de una forma divertida para que, como ha comentado la compañía, no encuentren la introducción de éste como algo brusco o como una norma u obligación.

La Capitana Jade y Otis montados en el barco. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La Capitana Jade y Otis montados en el barco. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

En la obra se mezclan clichés clásicos como el recurso de los piratas o el malo, encarnado por el tataranieto del capitán Barbanegra, interpretado por Umar Ruiz (el cual es malo sin tener algún motivo o un pasado traumático), con la introducción de elementos de la cultura actual, como puede ser la estética steampunk que recuerda a largometrajes como ‘Waterworld’, viajes en el tiempo donde hacen un guiño a la serie ‘Doctor Who’, canciones famosas como ‘Quiero oir tu voz’ de Mago de Oz y, cómo no, la archiconocida saga de Piratas del Caribe.

La obra usa muy pocos recursos en el escenario. El espacio central queda enmarcado por el barco de la Capitana Jade. Los actores han comentado que el barco es totalmente reciclado usando recursos como palés. El barco nos transporta a distintos lugares como el mar futurista plagado de plástico o al lejano Oriente y, aunque no haya un gran atrezzo que lo justifique, la interpretación de los actores y el vestuario dan por válidas esas ubicaciones.

La Capitana Jade y Barbanegra enfrentándose. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La Capitana Jade y Barbanegra enfrentándose. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La compañía Arieta Teatre ha dado sus primeros pasos con esta obra de teatro. La compañía se compone por los dos actores mencionados con anterioridad: Violeta y Umar. Es una compañía de teatro que quiere enfocarse a un público escolar y que en un futuro quieren tocar otros temas usando la misma fórmula que en ‘Piratas: Aventura en el Mar de Plástico’. El uso de estos recursos harán la entrada más amena a temas tan serios para un público infantil que suele vivir inconsciente ante esos problemas que le afectarán en el futuro sin quitarles su inocencia.

La obra se seguirá interpretando los domingos 8, 15 y 22 de julio en la Sala Off, en el Carrer del Túria, 47. Si queréis aprovechar para ver a la escuela Off en el Teatro Olympia tenéis hasta el 3 de Julio.

Cartel de la obra de teatro "Piratas: Aventura en el mar de plástico". Cortesía de la Sala Off.

Cartel de la obra de teatro “Piratas: Aventura en el mar de plástico”. Cortesía de la Sala Off.

José Antonio López

Los flujos arquitectónicos de Keke Vilabelda

Flow, de Keke Vilabelda
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: jueves 21 de enero, 20.00h

Kir Royal Gallery Valencia presenta por primera vez la exposición individual del joven artista Keke Vilabelda (Valencia, 1986) con una selección de su obra más reciente. Bajo el título Flow, Vilabelda compone un itinerario visual a través de diferentes escenarios urbanos, con la hibridación de materiales y técnicas como denominador común. Pintura, fotografía, escultura e incluso videoarte. Cemento, plástico, hierro, espuma o ladrillo, con estas armas el artista crea superposiciones y transparencias, brillos y opacidades.

Flow tiene que ver con el movimiento, con las secuencias arquitectónicas, con los ritmos y con el fluir. En todas las piezas el artista intenta crear flujos visuales, jugando con la repetición formal y con la combinación de diferentes materiales y técnicas (sobre todo cemento y metacrilato).

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Juega con la idea de enfrentar texturas, pensando en esa arquitectura en la que el cristal, el acero, el hormigón, todo se adhiere con gran artificialidad y espectacularidad. En relación a esto, el uso del neón remite a lo aparente, una llamada de atención que nos deslumbra, ocultando el vacío, la superficialidad y quizá la decadencia de unos edificios en muchos casos deficientes.

En palabras del crítico de arte Juan Bautista Peiró, “en estos trabajos se libra una inteligente batalla entre algunos conceptos esenciales de la práctica pictórica, tales como el tratamiento de los materiales, las relaciones compositivas, el manejo de texturas en su doble acepción matérica y visual; en definitiva, la profunda identificación entre el qué y el cómo. Pero el trabajo de Keke Vilabelda se sitúa en las antípodas de cualquier reduccionismo o simplificación formalista o decorativa. Antes al contrario, hay un decantamiento reflexivo y experiencial que ha venido desarrollando en estos últimos años”.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Otro aspecto a destacar es la aparente virtualidad de las obras, el tinte digital de unos escenarios preprogramados, que hacen caso omiso al contexto, siguiendo los mismos patrones en cualquier ciudad del mundo. Al mismo tiempo, en estas piezas grandes Vilabelda trata de cuestionar la propia pintura y hacer que no parezca pintura, sino luz. Y jugar con la fotografía para que no parezca fotografía sino materia, pintura.

En un segundo grupo de obras de la nueva serie Skyline, tridimensionales y fijas a la pared, Vilabelda crea unas plataformas que hacen referencia a horizontes urbanos. Algunos fragmentos tienen un carácter de ready-made, objetos que el artista encontraba durante sus viajes y acumulaba en su estudio. Pruebas de color o de texturas, quizá sobrantes de otras obras mayores.

Tras convivir un tiempo con estos objetos, han pasado a conformar una especie de paisaje, retratando el trabajo de los últimos años del artista. Al colocar estas piezas una junto a otra, surge una metáfora de lo que ocurre en el paisaje urbano, una serie de relaciones construidas en el tiempo, con sus roces, sus contradicciones, opacidades y transparencias, superficies mates y brillantes, sólidas o huecas, blandas y duras… cada una con su identidad propia puesta en relación con el resto.

“Ambas series, desde estrategias particularmente diferenciadas, confluyen en ese común escenario urbano en el que se (re)presenta el fluir cotidiano de la existencia humana”.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

 

Francés y Mazzoleni juntos en Del Palau

Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni
Galería del Palau
C / Palau, 10. Valencia
Inauguración: martes 6 de octubre, a las 20.00h
Voz y sonido: Montserrat Palacios y Llorenç Barber
Hasta el 31 de octubre

Entrar en la Iglesia de San Marcos en Castiglione de Sicilia y tropezarse con las instalaciones de Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni hace saltar todas las alarmas perceptivas: todo es y convive sin bordes ni casi convenciones, lo lleno y lo vacío entran en ósmosis extremas pero fértiles, el aire bombea tropiezos de efímeros túmulos, y hasta las paredes aceptan gustosas manchas centenarias que se acompañan y visten de trazos y trozos de pintura en irregular mosaico de teselas en expansión. No se sabe si la iglesia devino constructo inacabado, o si fue atacada por bombas de racimos esta vez no mortales sino en raciones de sutiles reyertas que desafían las leyes del equilibrio, o se suben por las paredes.

Obra de Fuencisla Francés. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Obra de Fuencisla Francés. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Todo en San Marcos devino un cara a cara, un toma y daca en el que a) puede ser b) sin dejar de ser a), y b) es a) sin olvidarse de b) ni dejarse la piel en el tropezón. Por su parte el suelo devino catafalco y altar con toda la rotundidad de sus huecos y vacíos, de modo semejante a como el viejo altar devino suma de ondas expansivas que cantan profundidades de ojo trabucado. Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni conviven y vivifican un recinto transfigurado por su hacer creativo y solicitan del transeúnte visitante mas dimensión y paseo: madera más madera, paredes más paredes acechan pues al arte romo y encerrado de cuantos no acaban de salir de los marcos y el tiralíneas.

De igual manera el canto de Montserrat Palacios, que oficia de obertura a tan expansiva exposición, es un emitir bucal que suena sumando y oteando direcciones, silencios, registros, fonemas, y glisandos que demandan del oidor recorridos y atenciones en movimiento. Su cantar hilvana paseos, gestos, miradas, acercamientos, improvisaciones y hasta contacto y roce con unos y otros.

Lo sonoro, lo plástico, lo constructivo entraron en dilatación y mestizaje. El desafío continúa y se embebe de lo real.

Obra de Paolo Mazzoleni. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Obra de Leopoldo Mazzoleni. Imagen cortesía de Galería del Palau.

 

Claudia Martínez, la fuerza de la fragilidad

Desborde. Claudia Martínez

La Gallera

C / Aluders, 7. Valencia

Hasta el mes de octubre

La corrupción es uno de los elementos consustanciales a la vida. Mejor dicho: el elemento que nos avisa diariamente de nuestro inevitable deterioro físico. El cuerpo se corrompe con el paso del tiempo, siguiendo los dictados de la entropía. Combatirla requiere el acto heroico de enfrentarse a ella sin darle la espalda, sin maquillajes seductores ni sarcasmos protectores. No sucumbir a su fatalidad, requiere de sujetos dispuestos a transformar esa muerte inherente a la corrupción, en fuente de vitalidad a pesar de los pesares. Que es lo que hace Claudia Martínez, artista argentina afincada en Valencia, con su obra Desborde, que puede verse en La Gallera hasta finales de octubre.

Desborde. Claudia Martínez. La Gallera

Desborde. Claudia Martínez. La Gallera

Nada más apropiado como en este caso para hablar de cómo la unión hace la fuerza. La unión de elementos sumamente frágiles sirve para construir una gran estructura. O lo que viene a ser lo mismo: la vida es una suma de empeños que vienen a contrariar el lógico desencanto por la corrupción de nuestra naturaleza. Claudia Martínez, con la ayuda de otras 25 personas colaboradoras, ha logrado levantar en la planta central de La Gallera lo más parecido a un corazón. Corazón tejido con hilos de plástico rojo, naranja y dorado, cuyos finos alambres, debidamente entrelazados a base de un tesón ejemplar, logran finalmente bombear sangre creativa de un RH muy positivo, a ese corazón que parece iluminar por dentro La Gallera, en cuya planta superior hay bocetos, dibujos y piezas más pequeñas.

Parece mentira, pero ese órgano vital, en ocasiones monstruoso según el punto de vista que se adopte, está hecho con tres millones de nudos, tiene ocho metros de altura y, asombroso, pesa 140 kilos sin que semejante estructura delate tamaña pesadez. Como apunta Isabel Tejeda, comisaria de tan asombrosa intervención, “tejer 100.000 metros de cable entre pequeñas masas de aire teniendo en cuenta que sólo para hacer una bola de unos 40 centímetros de diámetro se precisa de una hora de trabajo, generó que se convirtiera en un trabajo colectivo”. Un trabajo colectivo que da, y mucho, que pensar.

Imagen de la instalación de Claudia Martínez, Desborde, en La Gallera.

Imagen de la instalación de Claudia Martínez, Desborde, en La Gallera.

En pleno proceso de regresión a las tribus, buscando cada cual su pertenencia a microespacios desconectados de los otros que vienen a contaminar cierta pureza identitaria, resulta conmovedor este Desborde que nos propone Claudia Martínez. Porque es así, tejiendo y destejiendo, pero siempre con la mirada puesta en la construcción de algo sólido a partir de la fragilidad de las partes, como se puede alcanzar el objetivo de bombear sangre a ese corazón monstruoso. Monstruoso porque, en el fondo, esa enorme estructura, como pasa con la ampliación microscópica de una célula o un órgano de nuestro cuerpo, da miedo a solas, pero en compañía ya es otra cosa. De hecho, el cáncer no es más que el terrorismo impuesto por ciertas células enemigas del resto.

Claudia Martínez, a base de bordar y tejer colectivamente, logra que ese corazón monstruoso adquiera la apariencia amable del órgano sano, libre del cáncer de la corrupción que amenaza con destruirlo todo, para en su lugar rendir homenaje al esfuerzo heroico de inyectar vida allí donde reina el caos. Por eso desborda su intervención, porque acostumbrados a la estrechez de miras, al sálvese quien pueda insolidario, su corazón de La Gallera destila energía a raudales. Una energía que mana de ese caudal creativo, cuyo volumen fue creciendo a base de una estrategia colaborativa sin duda desbordante. Y así, tejiendo y destejiendo como Penélope, la escultura propició a su vez la estrechez de lazos, materiales y subjetivos, hasta alcanzar esa altura. Un ejemplo de cómo el arte, más allá de experimentos deconstructivos, puede transformar la corrupción y el deterioro en ley de vida.

Desborde. Intervención en La Gallera, de Claudia Martínez

Desborde. Intervención en La Gallera, de Claudia Martínez

Salva Torres