David Bowie en el Aula de Cinema de Valencia

‘La propiedad intelectual a través del cine’ e ‘Infancias siniestras’
Aula de Cinema de la Universitat de València
Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Martes a las 18.00h
Palau de Cerveró
Plaza de Cisneros, 4. Valencia
Jueves, a las 18.00h

El artista recientemente fallecido David Bowie protagoniza una de las películas incluidas en el doble ciclo del Aula de Cinema de la Universitat de València. Se trata de El hombre que cayó de la tierra (The Man Who Fell to Earth, 1976), una historia de ciencia ficción en la que Bowie hace el papel de un extraterrestre. Se proyectará el 28 de enero cerrando uno de los ciclos, ‘La propiedad intelectual en la ciencia a través del cine’. Dirigido por Nicolas Roeg, el filme aborda el tema de las patentes desde una perspectiva ética, el dilema moral que plantea el monopolio de ciertos descubrimientos científicos cuando resultan vitales para el progreso social o la salud pública.

‘Infancias siniestras’, tres clásicos del cine de terror que revela el lado oscuro de la niñez es el otro ciclo. Las sesiones son gratuitas, con proyecciones en versión original subtitulada, presentación y coloquio final. Los martes, a las 18.00 horas, el Colegio Mayor Rector Peset acogerá la primera sesión de ‘Infancias siniestras’. La controversia en torno a las patentes científicas será la temática de los jueves, en el Palau de Cerveró, a la misma hora.

El pueblo de los malditos. Aula de Cinema de la Universitat de València.

El pueblo de los malditos, de Wolf Rilla. Aula de Cinema de la Universitat de València.

Idealizada y edulcorada, la niñez se ha convertido en sinónimo de inocencia, un paraíso perdido hacia el que se vuelve la mirada con nostalgia. El cine de terror refuerza a veces esta visión idílica de la infancia, pero en otras ocasiones, la inversión de este mito ha producido algunas de las cintas más escalofriantes, protagonizadas por niños perversos y siniestros.

El ciclo se inicia el 12 de enero con El pueblo de los malditos de Wolf Rilla, un título de ciencia-ficción con tintes de pesadilla donde lo monstruoso se introduce en el seno de la propia comunidad, una pequeña aldea británica, gracias a unos misteriosos embarazos.

La mala semilla, de Mervyn LeRoy. Aula de Cinema de la Universitat de València.

La mala semilla, de Mervyn LeRoy. Aula de Cinema de la Universitat de València.

El 19 de enero, un magnífico relato de sabor victoriano, Suspense de Jack Clayton. Deborah Kerr protagoniza esta historia de fantasmas, donde lo real y lo sobrenatural se confunden, en la más famosa adaptación del relato breve ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, aclamado por su tratamiento de la técnica del punto de vista. El ciclo concluye el 26 de enero con La mala semilla, de Mervyn LeRoy, turbadora narración en torno a una niña de apariencia perfecta, que esconde otra naturaleza.

Ideas robadas

El origen de las patentes científicas es relativamente reciente. La concesión de monopolios sobre descubrimientos e inventos se remonta a la Italia renacentista, particularmente al Estatuto de Venecia de 1474, un reglamento emitido con la intención de proteger las nuevas invenciones de potenciales infractores y que sentó las bases actuales del Derecho de Patentes. Pese a la regulación sobre propiedad intelectual en el ámbito científico, no se han logrado evitar las más diversas prácticas de piratería.

A Trick of Light, de Win Wenders. Aula de Cinema de la Universitat de València.

A Trick of Light, de Wim Wenders. Aula de Cinema de la Universitat de València.

Es famoso el caso del célebre inventor Nikola Tesla, ejemplo de este desdén del científico hacia el mundo de los negocios, lo que provocó que muchos de sus inventos no fuesen protegidos bajo patentes o le fuesen usurpados sin consideración alguna. Un interesante ‘biopic’ sobre su figura, El secreto de Tesla de Krsto Papic, inaugura el ciclo el día 14 de enero.

Las raíces del cine es el tema de A Trick of Light (Die Gebrüder Skladanowsky, 1995)  en la que  Wim Wenders relata la historia de los hermanos Skladanowsky, inventores del bioscopio y responsables de las primeras proyecciones cinematográficas con público. Wenders da su versión personal de la batalla por el ‘invento del cine’ y pone en tela de juicio su atribución a otra pareja de hermanos, los famosos Lumière.

David Bowie en 'El hombre que cayó a la tierra'.

David Bowie en ‘El hombre que cayó de la tierra’, de Nicolas Roeg. Aula de Cinema de la Universitat de València.

Bel Carrasco

Viggo Mortensen: «No pienso como una estrella»

Viggo Mortensen
Presentación de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso
Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia
Viernes 6 de febrero, 2015

Llegó a Valencia desde Madrid vía Nueva York para presentar en La Filmoteca su última película ‘Jauja’. Fue visto y no visto. Un viaje relámpago que se confirmó muy a última hora. Aún así, Viggo Mortensen tuvo tiempo de introducir brevemente el film de Lisandro Alonso y de advertir: “Luego responderé a sus preguntas o les consolaré si no tengo respuestas”. Y es que ‘Jauja’, premiada en el pasado Festival de Cannes, es una película que obliga a una mirada atenta e inquisitiva por parte del espectador. Un espectador que asiste perplejo al viaje del capitán Gunnar Dinesen en busca de su hija por los salvajes territorios de la Pampa argentina.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen dijo no pensar “en términos de estrella”. De ahí que aceptara participar en un proyecto con bajo presupuesto y cuya contemplación requiere, precisamente, saltarse la visión complaciente que ofrece el cine más comercial. “El 99% de los guiones que me llegan son poco interesantes”, subrayó. Nada que ver con el de Lisandro Alonso, un director que “piensa y dirige como un genio”.

Genialidad manifiesta en ‘Jauja’, donde Viggo Mortensen encarna al capitán Dinesen comandando un grupo de soldados que se enfrenta a una tribu indígena, los Cabeza de Coco. Todo ello en el contexto de la Conquista del Desierto, periodo colonizador de la Pampa de finales del siglo XIX. De hecho, la naturaleza es protagonista de una historia contada en formato diapositiva de los antiguos westerns. “El formato fue fruto de la casualidad, pero Lisandro supo estar abierto a la suerte y utilizarlo de manera genial”.

Fotograma con el que se abre la película 'Jauja', de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

Fotograma con el que se abre la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

‘Jauja’, que hace alusión a ese país mítico e imaginario de la abundancia y la felicidad, se abre con un plano fijo del inmenso paisaje habitado por ese padre y su hija Inge (Villbjork Malling Agger). Paisaje que terminará siendo una pesadilla para el personaje que encarna Mortensen, en oposición a su hija, la cual llega a decir: “Siento el desierto en mí, creciendo por dentro”. Por alusiones: “Cuando me caigo y digo ‘país de mierda’ fue real y Lisandro lo mantuvo porque le pareció que quedaba bien”.

Viggo Mortensen en un fotograma de 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen en un fotograma de ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Como quedaba bien el acento argentino con deje danés que utiliza en la película: “No exagero nada, porque mi padre habla así”. Sus orígenes daneses y su estancia en Argentina, donde aprendió el castellano, permiten a Mortensen identificarse plenamente con su personaje. Tanto, que llegó incluso a sugerir a Lisandro, para abaratar costes, utilizar algunos temas musicales compuestos por el polifacético actor. “Le dije que tenía algunas canciones, las escuchó e incorporó finalmente dos: la que suena cuando estoy bajo las estrellas y la del final”. Es la primera vez que Lisandro Alonso utiliza banda sonora en sus películas, al igual que la primera vez que trabaja con actores profesionales.

Viggo Mortensen reconoció haber tenido suerte a la hora de elegir las películas que, quiera o no, le han concedido el aura del estrellato. De hecho, hubo una larguísima cola en La Filmoteca para ver la película y al actor de cerca. La Sala Berlanga se abarrotó. “La trilogía de ‘El señor de los anillos’ me ayudó mucho, porque he podido elegir los guiones y directores que más me gustan”. Y citó a David Cronenberg, con quien ha trabajo en ‘Una historia de violencia’ o ‘Promesas del Este’, por la que fue candidato al Oscar, y al propio Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Visiblemente cansado, tras el largo y precipitado viaje a Valencia, Viggo Mortensen se fue creciendo a medida que las preguntas se sucedían. Despojado de su cazadora marrón, luciendo una camiseta azul con lema de Perú, el actor se encontró con la sorpresa de un regalo inesperado: una mujer entre el público le entregó dos camisetas diseñadas por ella a modo de emotivo homenaje. También él dejó huella de su paso por Valencia firmando en valenciano el libro de honor de la Filmoteca. Eso sí, se fue insistiendo en su apuesta por una película de la que se mostró orgulloso: “Jauja la veré dentro de 10 ó 20 años y la seguiré viendo bien”. Palabra de Mortensen, una estrella de andar por casa.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Salva Torres

¿Quién es Ramón Espacio?

A=A [Ontopatía], de Ramón Espacio
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta el 15 de septiembre

Hay dos mundos que, por exceso, terminan conectados entre sí. El de aquellos que convierten su identidad en un universo cerrado de reconfortantes identificaciones que, llegado el caso, rivaliza con la de otros. Y el de aquellos cuya fragilidad existencial se debe precisamente a todo lo contrario: a la dificultad para hallar esa identidad que le permita reconocerse como alguien diferenciado del resto y, por tanto, en posesión de un yo. El delirio imaginario de la identidad cerrada versus la locura de la identidad abierta como un abismo.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición 'A=A Ontopatía' en Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición ‘A=A Ontopatía’ en Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Ramón Espacio hace de bisagra entre ambos mundos para retomar la cuestión de la identidad y someterla a debate. Y lo hace siguiendo el halo romántico de quienes se sienten habitados por un cuerpo cuya mente lo explora con extrañeza. ¿Quién es ése que me mira en el espejo? Sin duda soy yo, pero hay días o momentos del día en que uno descubre con inquietud ciertos rasgos de su persona. De pronto, yo parece otro. Y tirando de ese finísimo hilo, que vendría a partir en dos el sujeto que creíamos ser, Ramón Espacio se confronta a sí mismo con la figura del doble, de tan larga tradición literaria.

Fotografía de Ramón Espacio en la muestra 'A=A Ontopatía'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Fotografía de Ramón Espacio en la muestra ‘A=A Ontopatía’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

En ‘Los elixires del diablo’ E.T.A. Hoffmann ya avisa de lo que nos aguarda: “Soy lo que parezco y no parezco lo que soy; soy un enigma inexplicable para mí mismo: ¡Mi ‘yo’ se ha escindido!” Ramón Espacio también aparece escindido en las fotografías que integran la exposición elocuentemente titulada ‘A=A [Ontopatía]’. Imágenes en las que el propio artista muestra la extrañeza de verse a sí mismo en perpetuo desdoblamiento, ya sea frente a frente en el interior de una bañera, mirándose extrañado al volante de un coche o por triplicado en un espejo, cuyo reflejo siempre ha sido motivo de inquietantes lecturas.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición 'A=A Ontopatía'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición ‘A=A Ontopatía’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

El propio artista, autor del libro ‘Vivir apenas’, con ilustraciones de María Payá, arranca con esta dedicatoria: “A los que se fueron y se quedaron aquí”. También está en sus fotografías ese hálito fantasmal del que está, pero parece haberse ido. Como en la fotografía en la que, de pie, Espacio se contempla en su propio lecho ¿mortuorio o simplemente dormido? ¿Sueño, pesadilla? En todo caso, como apunta Arístides Rosell, responsable de Imprevisual Galería que acoge la muestra, el espejo donde se reproduce el título de la exposición A=A se correspondería con los sujetos que se miran, “y el igual sería el espectador que se involucra en el medio”.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición 'A=A Ontopatía'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición ‘A=A Ontopatía’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

No dos, sino tres personas involucradas: el artista desdoblado y el espectador que participa de tamaña extrañeza. Pero el doble se acentúa con el propio montaje expositivo. A un lado, una serie de fotografías, el espejo y la jaula instalación con determinados textos. Y al otro, la misma serie de fotografías, el espejo y la jaula instalación con los textos, pero a la inversa. De manera que Imprevisual se convierte en un espacio que parece reproducir el delirio que Ramón Espacio, en tanto A=A, genera con su Ontopatía.

La exposición es fruto del premio concedido a Ramón Espacio en el pasado Festival Incubarte, dirigido por Javier Marisco. Un audiovisual y una radiografía vienen a romper la siniestra simetría del montaje. La rompen para ampliar el efecto de extrañeza. Puestos a desnudarse por fuera, la radiografía, explica Rosell, “es una forma de desnudarse también por dentro”. La cuidada escenografía de las imágenes tiene su justa correspondencia con el montaje, haciendo del conjunto expositivo un brillante paseo por la cuerda floja de la cordura.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición 'A=A [Ontopatía]' en la galería Imprevisual. Imagen cortesía de Imprevisual.

Fotografía de Ramón Espacio en la exposición ‘A=A [Ontopatía]’ de la galería Imprevisual. Imagen cortesía de Imprevisual.

Salva Torres

Ocho miradas ‘Bestias’ en Kir Royal

Bestias. Exposición colectiva
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Hasta el 20 de enero

Debe de ser cosa de la crisis. En momentos de quiebra, sin duda producida por ciertos excesos pasionales que vulneran las más elementales leyes de la convivencia solidaria, es cuando suelen aflorar visiones fantásticas de lo humano. Visiones que vuelven confusa la línea que separa al hombre del animal. Es lógico pensar así, cuando el instinto depredador prevalece sobre el comportamiento racional. De manera que la bestia que nos habita se adueña de la realidad, para mostrarnos su inquietante universo. Es lo que hacen ocho artistas plásticos en la galería Kir Royal: abrirnos las puertas de lo fantástico y de lo tenebroso a través de una serie de simbólicas imágenes.

Ciervo blanco, de José Luis Serzo. Imagen cortesía de Kir Royal.

Ciervo blanco, de José Luis Serzo. Imagen cortesía de Kir Royal.

Bestias, tal es el título de la exposición, es un amplio muestrario de esas figuras limítrofes entre lo humano y lo monstruoso; entre lo reconocible y lo que nos asusta contemplar, en tanto reverso inquietante de nuestra faz amable. El rostro hiperrealista de Miguel Scheroff sería ejemplo de esa vulnerabilidad que nos constituye. Como lo es ese pilar de la anatomía dibujado por Gem Díaz, un cuerpo bello que descubre su abierta osamenta cadavérica. Dispuestos a levantar la máscara supuestamente hipócrita que oculta la verdad del ser humano, emerge la descarnada realidad.

El baño, de Sergio Delicado. Imagen cortesía de Kir Royal.

El baño, de Sergio Delicado. Imagen cortesía de Kir Royal.

Fabio La Fauci lo revela mediante cuerpos tullidos, a los que el corte sangriento les infunde una extraña vitalidad mortal. Pablo Fernández Pujol se hace cargo de la metamorfosis, menos lúgubre que la de Kafka pero igualmente inquietante, del ser humano animalizado, en el que prevalece la cabeza salvaje frente al cuerpo civilizado. Hartos probablemente de la tan extendida actitud corrupta por parte de los humanos, volvemos nuestra mirada hacia el animal como emblema de la naturaleza incorrupta. Incluso poética. Tal es el caso de Yu Jie, cuyos contenidos de fábula dan pie a la construcción de un universo poblado de seres fantasiosos.

Fly, de Tom Venning. Imagen cortesía de Kir Royal.

Fly, de Tom Venning. Imagen cortesía de Kir Royal.

La pesadilla, sin duda negativo del positivado sueño, aparece en la obra de Tom Venning en forma de figuras telúricas, tan pronto sujetas a la vida por el tatuaje civilizatorio, como próximas a hundirse en su propia materia. Y al hilo de esa tendencia antihumanista que parece dominar la ciencia ficción actual (bastaría seguir el rastro de Avatar), Sergio Delicado y José Luis Serzo nos proponen adentrarnos en esa atmósfera poblada de extrañas criaturas venidas de cierto más allá. Si nuestra realidad se revela insatisfactoria, en tanto amenazada por la estulticia humana, parece llegada la hora de los seres fantasmales que vienen a ocupar el lugar de los muertos vivientes que, al parecer, somos los habitantes de esta tierra asolada por la corrupción.

Robert, de Miguel Scheroff. Imagen cortesía de Kir Royal.

Robert, de Miguel Scheroff. Imagen cortesía de Kir Royal.

Bestias, que permanecerá en Kir Royal hasta el 20 de enero, es una exposición repleta de inquietantes pinturas que, al modo de los Bestiarios Medievales, se asocian al universo animal y sus simbólicos consejos. “Una sugerencia para tomar la vida de manera diferente, un ‘take it easy’ en un periodo de crisis donde es mejor entrar en este mundo fantástico y sortear la realidad”, según se explica en el texto que acompaña la exposición. Sugerencia que en ningún caso debería invalidar esa otra entrada de lleno en el universo bestial que nos proponen los ocho artistas de la muestra. Extraño universo de figuras habitadas por el malestar que supone vivir a caballo entre la civilización y la naturaleza.

Metamorfosis, de Pablo Fernández Pujol. Imagen cortesía de Kir Royal.

Metamorfosis, de Pablo Fernández Pujol. Imagen cortesía de Kir Royal.

Salva Torres

Fragilidad y fuerza de Raquel Carrero

Raquel Carrero
Galería Trentatres
C / Sueca, 33. Valencia
Inauguración: viernes 4 de octubre, a las 20.00h
Hasta el 21 de noviembre

Por mucho que nos esforcemos en huir de él, el pasado siempre intentará alcanzarnos de algún modo. Es el destino el que nos dará la fuerza para continuar luchando y ésta es la senda recorrida por Raquel Carrero en su nuevo trabajo, del cual podremos disfrutar en la Trentatres Gallery desde el día 4 de octubre. La artista nos mostrará un pedacito de su mundo interior y, esta vez, con más fuerza que nunca.

Emplea el papel para sus representaciones y la técnica es el lápiz. Su dibujo es fresco y su trazo firme. El juego o contraste de luces y sombras resulta sugerente. Y a su vez, sorprende la capacidad con la que consigue seducirnos ante una singular combinación de fragilidad y fuerza.

Obra de Raquel Carrero, en Trentatres Gallery. Imagen cortesía de Trentatres Gallery

Obra de Raquel Carrero, en Trentatres Gallery. Imagen cortesía de Trentatres Gallery

Suele destacar en sus dibujos la presencia y, en la mayoría de los casos, el indiscutible protagonismo del pelo. Las distintas formas que proporciona el cabello, tan lleno de posibilidades, acogen fragmentos de figuras humanas como una mujer en su lecho de muerte, simpáticas mariposas blancas o seres repudiados socialmente como gusanos o una pequeña ratita. La guinda del pastel viene de la mano de la naturaleza, con unas flores que resaltan toda la feminidad y delicadeza que una mujer pueda tener. Quizá el síndrome de Lynch, hereditario en la familia de la artista, nos dé las pistas.

Obra de Raquel Carrero en Trentatres Gallery. Imagen cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Raquel Carrero en Trentatres Gallery. Imagen cortesía de Trentatres Gallery.

Se trata de algo muy personal e introspectivo, que no tiene nada que ver con la ciencia. La muerte aparecerá más o menos implícita dependiendo de la pieza, pero Raquel va a hablarnos sobre todo del destino. No es un trabajo terapéutico sino más bien la plasmación del sueño que se adhiere a la pesadilla y ambos se confunden en tiempo y espacio. Generaciones agasajadas por una melena que da cobijo a un todo unitario: la esperanza.

Raku, de Raquel Carrero, en Trentatres Gallery. Imagen cortesía de Trentatres Gallery.

Raku, de Raquel Carrero, en Trentatres Gallery. Imagen cortesía de Trentatres Gallery.

Bartolomé Mata