La premonitoria actualidad de ‘Los de arriba’

‘Los de arriba’, de Adrián Novella
Bullanga Compañía Teatral (Castellnovo)
Con Jorge Bonora, L. Carlos Gómez, Candela Muñoz, Luis Peset, Francesc Romeu, Alison Torres y Lucía Torres
Teatre Rialto | Sala 7
Plaza del Ayuntamiento 17, València
Sábado 17 de octubre de 2020

En el último piso del emblemático edificio Rialto se celebra una fiesta clandestina, donde no falta el lujo, la ostentación, las sonrisas forzadas y el alcohol. ‘Los de arriba’ son, efectivamente, aquellos que viven por encima de la sociedad, de la masa, en su burbuja privada que parece inmune a los males de la gente corriente. Esta producción de Russafa Escènica, dirigida por Adrián Novella y con un joven elenco de actores, nos invita a formar parte de la clase alta española justo en el momento que explota la burbuja.

“Con esto de la pandemia el teatro queda mucho mejor como sala chill out”. Borja (Jorge Bonora) nos explica que han alquilado el último piso del teatro Rialto para organizar una fiesta y reencontrarse después del confinamiento. Que con esto de la pandemia, las salas están bajo mínimos e incluso agradecen que gente como ellos, que se lo pueden permitir, las alquilen para sus eventos privados. Aunque sabemos que no es real, que nos encontramos en una función de teatro, tampoco parece una idea tan disparatada. Todo llegará. Pero hoy no, hoy estamos viendo una obra de teatro.

‘Los de arriba’ es una apropiación del discurso más conservador, un discurso heredado por muchos jóvenes de familias adineradas. Isabel (Candela Muñoz) le ha organizado una fiesta de cumpleaños a su novio Carlos (Francesc Romeu), que acaba de volver del extranjero. Nosotros, el público, somos los invitados, sus amigos, y así nos tratan. De hecho, el público tiene un papel esencial dentro de la obra.

‘Los de arriba’, de Bullanga Compañía Teatral.

Las interacciones entre los actores y espectadores son constantes: se nos sirve bebida, nos enseñan una coreografía y lanzamos al aire nuestros deseos. En la organización del evento también ha participado el mejor amigo de Carlos, Gonzalo (L. Carlos Ruíz), su novia Valentina (Lucía Torres) y Borja, otro amigo del grupo. Estos personajes y el estilo de vida que dejan entrever en sus conversaciones e indirectas, contrasta con la camarera (Alison Torres), servidora del evento, y con Joan (Luis Peset), un infiltrado dentro del público.

La obra no puede ser de mayor actualidad. Es incluso premonitora, ya que un día después de la última representación conocimos la noticia de una fiesta clandestina en la residencia Galileo Galilei, y no me gustaría desvelaros el final, pero digamos que ambas terminan de manera semejante. Las nuevas condiciones en las que deben funcionar los eventos culturales (distancia de seguridad, gel, mascarilla) son integradas a la perfección, como un elemento clave para el desarrollo del relato. Resulta interesante cómo una pandemia global, que nos afecta a todos, difiere tanto según la clase social a la que uno pertenezca.

Adrián Novella ha demostrado tener una gran habilidad para optimizar el espacio disponible en la Sala 7 del Rialto. Por una parte, tenemos la carga simbólica que ofrece encontrarse en la zona más alta del edificio. Por otra parte, el juego entre el espacio y la acción: trasladar parte de la narración detrás de un ventanal, dejando a la vista de todos lo que debería ser secreto, o colocar en una esquina, detrás del público, la mesa donde trabaja la camarera, ampliando así el espacio escénico más allá de lo delimitado por el linóleo.

Sin embargo, los personajes podrían haberse desarrollado un poco más. Resultaban planos y tampoco se llegaba a profundizar en aquellos detalles que rompían con el relato. Se quedaban como pequeños matices, como algo superficial. Hay que tener en cuenta el tiempo de ensayo (apenas dos meses) y las condiciones de trabajo debido a la covid-19. Pero al final, todo pasaba tan por encima que los personajes no trascendían del estereotipo.

La obra estaba ubicada en la categoría de ‘Invernadero’, dentro del festival Russafa Escènica Festival de Tardor. El ‘Invernadero’ consistía en una producción propia de Russafa Escènica que buscaba la participación de artistas jóvenes con la intención de contribuir a su formación y su inmersión en el mundo laboral. Espacios como este son necesarios para mantener vivo el teatro de una ciudad, ofreciéndole apoyos a los nuevos talentos y facilitando el acceso a los circuitos escénicos.

En ‘Los de arriba’ vemos cómo se caen las máscaras y la verdad sale desbordada de tanto haber sido escondida. Una obra fresca y divertida, con un ambiente turbio que va in crescendo hasta dejarnos como aquel que presencia una discusión que no le incumbe, pero no puede dejar de mirar. Esperemos, eso sí, no acabar en las noticias como el Galileo Galilei.

Los de arriba
Elenco de ‘Los de arriba’. Imagen cortesía de Bullanga Compañía Teatral.

Elsa Moreno

“El éxito de la Mostra es poder celebrarla”

#MAKMAEntrevistas | Eduardo Guillot (director de programación de la Mostra)
Mostra de València – Cinema del Mediterrani
Del 22 de octubre al 1 de noviembre
Viernes 16 de octubre de 2020

Eduardo Guillot, al frente de la Mostra de València como director de programación, lamenta que el festival desapareciera en 2012, por muy degradado que por aquel entonces estuviera. Recuperado hace tres años, aboga, esté quien esté dirigiéndolo, por que el certamen de cine mediterráneo no se vuelva a ver envuelto en la bronca política. Él, desde luego, no se ve como responsable del mismo durante muchos años, de manera que se limita a ir sembrando para que las mejores cosechas de ese cine mediterráneo tengan larga vida en València.

Se muestra cauto con respecto al hecho de que las series, ahora en auge, lleguen a competir en la Mostra: “Lo veo muy complicado”, aunque manifieste que “igual me desdigo de esto dentro de unos años”.

Tiene claro que la respiración de un festival pasa por su presencia en las calles, aunque eso cueste dinero, y por su difusión mediática, que lamenta sea tan escasa. Defiende que Portugal y Serbia, sin estar bañados por el Mediterráneo, puedan entrar con sus películas a competición, porque así ha sucedido desde que nació el certamen, e insiste en el espíritu romántico del cine proyectado en la gran pantalla, donde radica el alma de todo festival cinematográfico.

Eduardo Guillot. Fotografía de Fernando Ruiz.

¿Cuándo tuvieron claro que la Mostra se celebraría de forma presencial? ¿Pensaron en un plan B online

Pensamos en un plan B, no solo porque tal y como está la situación hay que tenerlo previsto, sino porque dependemos de una institución pública y tenemos que rendir cuentas de lo que hacemos. De manera que si la opción online estaba ahí, teníamos al menos que valorarla. José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, dijo que San Sebastián sería presencial o no sería. Y si el Festival de Cannes, el más importante del mundo, había cancelado, nosotros no podíamos andarnos con medias tintas.

Sí es cierto que éramos pesimistas en primavera, porque veíamos que los eventos se cancelaban o se aplazaban, pero, al mismo tiempo, cuando un festival como Málaga decidió que lo haría en agosto, San Sebastián y Venecia lo mismo, teniendo además en cuenta que los cines estaban abiertos con reducciones de aforo, pensamos que sí se podía hacer presencial. Hubiera sido terrible tener que dar marcha atrás y no celebrar el festival, cuando la Mostra se está reiniciando, tras un parón de seis años.

Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

¿Los festivales, visto lo visto, llevan camino de potenciar su carácter virtual?

La pandemia lo que ha hecho, sobre el debate de los festivales online y/o presenciales, ha sido acelerarlo un poco, pero estaba en el ambiente. Un festival no solo es un espacio donde se proyectan películas, sino un punto de encuentro. Eso el online no lo va a tener nunca, de ahí que el festival presencial no vaya a morir. Otra cosa es que si la pandemia se alarga, a lo mejor haga una criba.

Por lo que están optando algunos festivales es a hacer online las secciones de industria. Es decir, los encuentros, los pitchings, las reuniones con productores, se hacen a través de Zoom para no tener que desplazarse, pero las películas y los autores sigue siendo fundamental que sean presenciales. Ver el cine en sala sigue siendo importante, hasta el punto de que los propios creadores de las películas, cuando negocias con ellos, te preguntan si el festival es presencial u online y muchos, si les dices que va a ser online, te dicen que prefieren esperarse.

Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

Además de un mayor presupuesto económico por parte del Ayuntamiento de València, ¿se necesita una mayor presencia visual de la Mostra en la ciudad?

Para que se respire festival tiene que haber sin duda una presencia en las calles, pero es que eso también cuesta dinero. Que los autobuses lleven publicidad, que haya banderolas, que haya mupis, todo eso requiere de una inversión económica. Nosotros no podemos ser San Sebastián, porque ellos tienen ocho millones de presupuesto y nosotros no llegamos a medio millón. Pero, por otro lado, tanto en Sebastián, como en Valladolid, Gijón o Sevilla, parte de esa respuesta que recibe el festival tiene que ver con la difusión mediática, y eso en València tampoco pasa, lo cual lamento profundamente.

Que un evento como la Mostra, de un nivel importante para la ciudad, tenga más o menos difusión en función de inversiones publicitarias, pues es una pena, aunque sepamos que se hace así porque es de dominio público. En cualquiera de los casos, en el contexto de pandemia que estamos padeciendo, el éxito de la Mostra es poder celebrarla. Y, a partir de ahí, veremos lo que nos depara el futuro.

Detalle de las manos de Eduardo Guillot, durante la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

La película inaugural de la Mostra, ‘The mystery of the Pink Flamengo’, es de los valencianos Hermanos Polo, aunque su producción no sea de ámbito local.

Bueno, cada película es un mundo. Hay de todo, pero lo que sí creo es que en València se está apoyando al sector. Nosotros este año teníamos 13 películas valencianas sobre la mesa para programar, contando con que al Festival de Málaga ya fueron otras 12. Estamos hablando de un volumen de producción que en València hace unos años era impensable. Después, hasta dónde llegan esas películas, cuáles son valencianas o no, pues son temas para entrar en detalle en cada uno de los títulos.

Hay películas dentro de la Mostra que son de Portugal y de Serbia, países ajenos a la cuenca mediterránea.

Nosotros cuando llegamos dijimos que queríamos recuperar el espíritu de la Mostra original. Y en el 80, cuando empezó el festival, Portugal ya formaba parte del mismo, porque, si bien es cierto que geográficamente no toca el Mediterráneo, si queremos hablar de cultura ibérica, que siempre ha estado ahí. Lo incluía la Mostra desde sus orígenes y nos pareció que debíamos mantenerlo.

También en la década de los 80 participaba Yugoslavia y nuestro criterio desde el principio ha sido que todos los países surgidos de la antigua Yugoslavia formaran parte de la Mostra. Los límites son siempre un poco elásticos, pero las únicas excepciones de países no bañados por el Mediterráneo son ésas.

De izda a dcha., Merche Medina y Salva Torres (Makma), y Eduardo Guillot. Fotografía de Fernando Ruiz.

Hay una sección de películas dedicada al conflicto vasco, de moda por las series ‘La línea invisible’, de Mariano Barroso, o ‘Patria’, de Aitor Garmendia. ¿Las series terminarán siendo parte de los festivales de cine?

Las series forman parte de los contenidos audiovisuales hoy en día y nosotros no les cerramos la puerta. Igual me desdigo de esto dentro de unos años, pero veo muy complicado que una serie esté en una competición oficial de la Mostra. En las competiciones paralelas sí se puede estrenar alguna, como ya sucedió con ‘Parany’, o si dentro de un ciclo hay algo en televisión que nos parece interesante, por supuesto que vamos a contar con ello.

Hacer maratones, como hacen otros festivales, solo tiene sentido si estrenas la serie, como ocurrió con ‘Patria’ en el Festival de San Sebastián. En nuestro caso, no creo que en un futuro cercano, ni a medio plazo, vayamos a tener una sección de series, ni nada por el estilo.

¿Qué películas de las que compiten en la Mostra conviene subrayar?

Estoy encantado con muchas de las películas de la ‘Sección Oficial’, pero entiendo que no debo hablar de unas sobre otras, porque todas tienen valores y motivos para estar ahí. Pero sí es cierto que, por subrayar alguna, estaría ‘Kala Azar’, ópera prima de Janis Rafa, que es una artista visual griega; ‘Luxor’, de Zeina Durra, artista egipcia afincada en Londres, o ‘Between heaven and earth’, de la directora palestina Najwa Najjar.

La buena noticia, con todo esto, es que no tenemos que buscar películas de directoras, simplemente llegan. En el caso de ‘Coses a fer abans de morir’, que es una película valenciana, ha sido también una sorpresa, porque Cristina Fernández es sobre todo actriz y Miguel Llorens director de fotografía, y se han aliado un poco los dos, a partir de un guion de Cristina, para hacer su primer largo juntos.

Eduardo Guillot, en una de salas del Palau de la Música, donde se realizó la entrevista. Fotografía de Fernando Ruiz.

¿El público que acude a los cines en nuestro país, como ha señalado en alguna ocasión el director Jaime Rosales, es conservador? 

Al final es una cuestión de educar la mirada. Nosotros tenemos películas que son del alcance de todos los públicos, junto a otras quizás más lentas o raras o difíciles. Sí es cierto que cuando volvimos en 2018, una de las dudas que teníamos era saber si el público vendría, porque, si no viene, carece de sentido el festival. En este sentido, va creciendo cada año. Conservar públicos cuesta, pero crearlos cuesta todavía más. Ése es uno de los objetivos del festival y creo que estamos en el buen camino.

La artista Marina Abramovic es uno de los platos fuertes de la Mostra.

A Marina Abramovic la vamos a tener en directo, lo que pasa es que va a ser online porque, dada la edad que tiene, es persona de riesgo. La esencia del festival es la presencia de los autores e invitados, pero, en un año como éste, tener a Marina Abramovic, aunque fuera online, es un lujo.

Eduardo Guillot, durante la entrevista en el Palau de la Música. Foto: Fernando Ruiz.

La Mostra de València fue objeto, antes de su desaparición hace ocho años, de intensa confrontación política. ¿Han entendido los partidos políticos que el festival hay que dejarlo al margen de las disputas ideológicas?

A mi me gustaría que fuera así. Cuando la Mostra desapareció en 2012 yo trabajaba como periodista y a mí me resultó muy triste constatar que las reacciones eran contrarias, aunque fuera cierto que el festival se había degradado mucho; se había desnaturalizado. Lo que yo lamentaba, con todo, era que se perdía una dotación cultural para la ciudad. Nosotros dependemos del Ayuntamiento y de un Consejo Rector en el que están representados todos los partidos políticos y al que rendimos cuentas.

Pues bien, cuando hablamos del festival en ese consejo, nos encontramos con una receptividad por parte de la oposición que me sorprende. Creo que han entendido perfectamente el proyecto. Y que el festival siga será señal, esté quien esté, de que València tiene una oferta cultural interesante. Cualquier evento cultural que desaparece es una pérdida para la ciudad. Incluso la Mostra de 2012 fue una pérdida para la ciudad, por lo degradada que estuviera, pero es que se trataba de tenerla degradada o no tenerla.

 

La Mostra
Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista realizada en el Palau de la Música de Valencia. Fotografía de Fernando Ruiz.

Salva Torres

Heras-Casado y la resiliente ‘Leningrado’ en Les Arts

‘Les Arts és Simfònic’| ‘Leningrado’, de Dmitri Shostakóvich
Dirección de Pablo Heras-Casado
Palau de les Arts
Av. del Professor López Piñero 1, València
Sábado 17 de octubre a las 20:00
Viernes 16 de octubre de 2020

El Palau de les Arts inicia su ciclo temático alrededor de la capacidad de resiliencia del ser humano con el concierto de la Orquestra de la Comunitat Valenciana que este sábado, 17 de octubre, dirige Pablo Heras-Casado, con la sinfonía ‘Leningrado’, de Shostakóvich.

Les Arts propone el inicio de su programación como un marco de reflexión sobre la capacidad de la especie humana para sobreponerse a la adversidad. “Una reivindicación, además, del papel de la cultura como foro de debate ante los retos que afronta el mundo después de la irrupción del coronavirus”, apunta Jesús Iglesias Noriega, director artístico de Les Arts.

Una idea que, según explica, vertebrará los primeros espectáculos de la temporada: “Desde la visión coreográfica de María Pagés en ‘Una oda al tiempo’, la sinfonía ‘Leningrado’ de Shostakóvich en nuestro primer concierto o el estreno en España de la ópera ‘Fin de partie’ de Kurtág, basada en la obra homónima de Beckett”.

Pablo Heras-Casado será el encargado de inaugurar ‘Les Arts és Simfònic’, que para la presente temporada reúne a algunas de las batutas de mayor prestigio del panorama internacional como los españoles Gustavo Gimeno, Juanjo Mena y el propio Heras-Casado, además de los italianos Daniele Gatti, Fabio Luisi y Antonello Manacorda.

Heras-Casado regresa al Auditori siete años después de su debut con la formación titular de Les Arts en febrero de 2013. En esta ocasión, dirige una de las obras cumbre del repertorio sinfónico del pasado siglo XX, la ‘Sinfonía Nº 7, en Do Mayor, op. 60 ‘Leningrado’’, de Dmitri Shostakóvich.

Partitura monumental, de suntuosa y compleja orquestación, Shostakóvich escribió la obra en 1941 durante el cerco del ejército nazi a Leningrado. El pianista y compositor quiso dedicar su séptima sinfonía a su ciudad natal y a sus gentes que resistieron durante más dos años de hambruna y confinamiento ante el asedio del ejército alemán.

La obra se estrenó en Kúibyshev, actual Samara, el 5 de marzo de 1942 mientras la población de Leningrado permanecía confinada ante el asedio de las tropas del III Reich. El concierto se retransmitió por radio a toda la Unión Soviética. Rápidamente, la sinfonía ‘Leningrado’ se erigiría como un símbolo de la lucha contra el fascismo además de un homenaje a la heroicidad de un pueblo que se negó a rendirse.

MAKMA

‘Così fan tutte’, vórtice de fragilidad contemporánea

‘Così fan tutte’, de Stefano Montanari (dirección musical) y Silvia Costa (dirección escénica)
Palau de les Arts
Av. del Professor López Piñero 1, València
Estreno: domingo 27 de septiembre
Jueves 24 de septiembre de 2020

Tras la reciente cancelación del ‘Requiem’, de Mozart –una ópera instituida en coproducción con el Festival d’Aix-en-Provence, el Adelaide Festival, el Theatre Basel, el Wiener Festwochen y La Monnaieque, que debía inaugurar la temporada 2020-21–, Les Arts reemprende su cronograma con una urgente versión del dramma giocoso del compositor salzburgués, ‘Così fan tutte‘, bajo la dirección musical del virtuoso violinista italiano Stefano Montanari –quien debuta sobre este proscenio en calidad de corifeo de la Orquesta de la Comunitat Valenciana y del Coro de la Generalitat para la presente serie de funciones– y la dirección escénica de la trevisana Silvia Costa.

Una singular versión de la ópera que Mozart rubricaría en comunión con el insigne libretista Lorenzo da Ponte –junto a ‘Las bodas de Fígaro’ y ‘Don Giovanni’– con la que no solo “mantener la importancia de Mozart como pilar básico de nuestra programación”, secunda Jesús Iglesias Noriega, director artístico de Les Arts, sino también “adaptarnos y seguir adelante” frente a las vicisitudes y consecuencias devenidas en el ámbito profesional a causa de la COVID-19.

Noriega recuerda, igualmente, que, si bien “la cultura ha sido muy importante” de un modo virtual “durante el confinamiento, el arte se hace y se cocina aquí, en vivo, con los artistas sobre un escenario”, en tanto que las emociones y peculiaridades de cada representación “no se transmiten en una grabación”.

Stefano Montanari dirigiendo los ensayos de ‘Così fan tutte’. Fotografía cortesía de Les Arts.

En base a esta apuesta por el repertorio mozartiano, el Palau de Les Arts ha programado cuatro representaciones del título –el 27 y 30 de septiembre, y el 2 y 4 de octubre– con las que aproximar al público a las cuitas de este intercambio de parejas dieciochesco, procurando “mantener la música por encima de todo, y propiciar una escena en la que no se profundizara en exceso en los personajes”, manifiesta Silvia Costa, “sino consolidar la simetría y la estética entre ellos”, supeditados “a la línea de canto”, ya que, tal y como refiere Montanari, “hemos tenido que eliminar algunos fragmentos de la obra” para eliminar el descanso, por motivos de protocolo sanitario, y reducir la duración a dos horas y cuarto.

A pesar de las presentes complejidades por la premura y la necesaria adecuación, “la relación entre la música y la escena funciona de un modo muy bello, porque la escena es sencilla y lineal, lo que permite a la música y a los cantantes cierta libertad interpretativa”, asevera Stefano Montanari. Un vínculo entre ambas extremidades de la producción con las que “hemos creado un espacio abstracto y simétrico que permite ver dos universos distintos y paralelos”, apunta Costa, edificando “un mundo metafísico” en el que “resaltar la soledad de los personajes cuando interactúan entre sí”.

Un cosmos operístico cuya diégesis comanda la joven ascendente soprano Federica Lombardi (en el papel de Fiordiligi), junto a la mezzosoprano Paula Murrihy (Dorabella), la ascendente soprano valenciana Marina Monzó (doncella Despina), el barítono Davide Luciano (Guglielmo), el tenor Anicio Zorzi Giustiniani (Ferrando) y el bajo argentino Nahuel di Pierro (Don Alfonso).

Così fan tutte
Parte del equipo de ‘Così fan tutte’ durante los preparativos de la obra. Fotografía cortesía del Palau de les Arts.

Un elenco sobre el que Montanari refiere que “es muy importante que hablemos de cantantes que no son simples ejecutores, en los que prima lo que ponen de sí mismos para tratar sentimientos universales que, como en cualquier obra de Mozart, tienen una vigencia” que permite considerar a sus piezas “como obras contemporáneas”.

Una contemporaneidad que descansa en la propia semántica de ‘Così fan tutte’, cuyo título “podría haber sido, en realidad, ‘La escuela de los amantes’, sin necesidad de hacer exclusiva referencia al mundo femenino”, comenta el director musical, para quien “el final de la ópera es bastante abierto, tratando sobre la fragilidad de las relaciones humanas” y permitiéndonos comprobrar “cómo en un minuto podemos ver trastocada una idea preconcebida que antes teníamos en firme”.

A la postre, con la presente versión “se trata de evitar cualquier tipo de juicio sobre la situación” concreta de los personajes, añade la directora escénica, para radiografiar “mediante colores inherentes” a todos los caracteres de la obra esa correspondencia genérica entre los individuos, a modo de “carrusel emocional”.

Un “vórtice de emociones” (Silvia Costa) tan apasionado como incógnito, cuya incertidumbre bien pudiera asemejarse a cuanto esté por venir en el horizonte de contenidos de Les Arts, ya que, tal y como concluye Jesús Iglesias Noriega, “es muy difícil manejar tiempos de futuro, frente a la situación sanitaria y las normativas que puedan conducirte en una dirección u otra. Estamos trabajando actividad por actividad y cada título tiene sus propias particularidades. ¡Ojalá lleguemos hasta el final de la temporada!”.

El director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias Noriega (tercero por la derecha), secundado por Silvia Costa, responsable del concepto escénico, y Stefano Montanari, director musical de ‘Così fan tutte’, junto a parte del elenco actoral. Foto: MAKMA.

Jose Ramón Alarcón

“Se están tomando medidas estéticas a nivel cultural”

#DesayunosMakma
Con Jerónimo Cornelles, director artístico de Russafa Escènica
Entrevista de Merche Medina y Salva Torres
Russafa Escènica
Del 24 de septiembre al 4 de octubre
Martes 22 de septiembre de 2020

Es de una transparencia meridiana. Ahora que la corrección política lo inunda todo, hablar con Jerónimo Cornelles, director artístico de Russafa Escènica, es como abrir una ventana por la que entra un aire descontaminado. Lamenta que la burocracia administrativa, tan pronto sometida a la manga ancha de la nefanda corrupción, como a la no menos desesperante cautela rayana en la parálisis, esté frenando el impulso de muchas iniciativas culturales.

Como lamenta que tanta buena voluntad política no se traduzca en hechos palpables que alivien las penurias económicas del sector teatral. Agradece la implicación personal de muchos cargos, a falta de un mejor plan a medio y largo plazo. Y se muestra orgulloso de lo conseguido durante estos últimos diez años en Russafa Escènica, al haber servido de plataforma para muchos creadores del sector teatral valenciano. 

Todo ello en medio de un contexto de pandemia que ha dificultado aún más las cosas, porque, de repente, llegó el covid-19. “El sector de las artes escénicas está haciendo todo lo que tiene que hacer y más, a pesar de que hoy te digan A, mañana B o C y luego te vuelvan a decir A”, avanza Cornelles, quien subraya cómo “a nivel cultural no ha habido ni un solo rebrote”.

“Creo que quien no lo está haciendo del todo bien, con excepciones, es la Administración, porque a nivel político se están tomando medidas estéticas, de seguridad, suspendiendo alguna actuación cuando las evidencias te dicen que no hay ningún problema. Entiendo que no se puede cerrar un bar, porque es anti estético para la hostelería, o una compañía aérea, porque es anti estético para la política, pero culturalmente, sin embargo, resulta estético”, añade.

cultura, Jerónimo Cornelles, Russafa Escència,
Jerónimo Cornelles, sosteniendo el cartel de la décima edición de Russafa Escènica.

“Que la burocracia sea lenta ya no me vale”, continúa diciendo el director artístico de Russafa Escènica. “No puede ser que a fecha casi de octubre no se hayan resuelto las ayudas, en este caso de festivales. Nosotros estrenamos Russafa Escènica este jueves y no sabemos todavía qué ayudas vamos a tener. Entendemos que hay buena voluntad, pero no es suficiente. Ese es nuestro terror en estos momentos como festival”, resalta.

Dice que el festival tiene un compromiso de gasto de 220.000€, mientras que en las cuentas de Russafa Escènica “ahora mismo hay 3.200, con todas las cosas que hay que empezar a pagar. Esta es la realidad”. Y agrega: “No podemos pedir una póliza, porque no te la dan mientras no salga la resolución de ayuda definitiva. Pero es que no han salido ni siquiera las resoluciones provisionales, de manera que, aunque salieran mañana, debería pasar un mes para la definitiva. Es deprimente”.

En este sentido, se muestra crítico con esos responsables políticos que “te dicen que están haciendo cosas, pero es que les toca hacerlas, y ya no vale que la Administración es lenta, porque no vale. Hay gente con nombres y apellidos, dentro de esa Administración, que está haciendo las cosas bien, entonces no entiendo por qué otras personas no pueden hacer lo mismo. Es cierto que hay interés en que las cosas cambien y que puedes llamar y te cogen, pero cuando te dicen que no se puede hacer más de lo que hacen, pues, que hagan más, que todos lo estamos haciendo”, proclama.

Jerónimo Cornelles, en un momento de la entrevista.

Reconoce que las ayudas a festivales han subido de 10.000 a 15.000€, aunque enseguida lo matiza: “Qué bien, pero siguen siendo insuficientes. Y nuestra labor es decirlo, porque hay como un miedo a que la izquierda critique a la izquierda, pero es que la cultura en general está para poner en cuestión al poder, gobierne quien gobierne. Nuestro deber es exigirles más y el suyo, el de intentarlo”.

El covid-19 dice Cornelles que es un problema “si te pones enfermo, si no puedes ir a trabajar o si te quedas sin trabajo, pero para todo lo demás existen soluciones”. ¿Que no puede haber aforos completos?, “pues hacemos, como en Viveros, actuaciones para tres espectadores. Hay artistas que por el covid han pasado a hacer espectáculos para un solo espectador. Esto es una realidad y hay que convivir con ella, de manera que varías la programación”.

Incluso, este año, como el público igual no puede ir a los espacios, porque no se sabe todavía cómo evolucionará la pandemia, “pues hemos decidido grabarlo todo y colgarlo en una plataforma que se llama stagein.tv, que abrirá en octubre”, apunta Cornelles. “¿No es lo mismo? Claro que no, pero de la necesidad hay que hacer virtud. ¿No podemos hacer el festival en espacios no convencionales por medidas de seguridad? Pues llevamos las piezas a los teatros. Afecta, pero lidias con los problemas día a día, aunque resulta agotador”. Todos los años lo son, reconoce, “pero en esta ocasión lo ha sido especialmente. Llegamos sobrepasados a niveles máximos”, subraya.

Jerónimo Cornelles, tras una mampara de cristal con el cartel de la décima edición de Russafa Escènica.

El tema de la reducción del aforo admite que ha sido un grave problema. “Si nosotros contamos, como el pasado año, con alrededor de 10.000 espectadores, lo que supone unos ingresos por taquilla de 30.000 ó 40.000€, pues es mucho, y esa cantidad era para nosotros vital. Como las administraciones públicas nos dicen que suben las ayudas, para paliar ese problema, de manera que podamos seguir haciendo el festival, nos lanzamos a ello contando con esas ayudas. Pero, ¿y si mañana, porque hemos hecho mal los trámites, no nos dan la ayuda, qué va a pasar? Por eso estamos muy asustados, cuando deberíamos estar emocionados por el arranque de una nueva edición del festival”, argumenta.

Además de la novedad de las grabaciones de los espectáculos, Russafa Escènica también se ha encargado de poner autobuses para que la gente vaya a los teatros de forma segura y gratuita desde el propio barrio. Lo cual supone un coste de 4.000€ “y, ahora mismo, eso no lo podemos pagar”. Por eso dice que se les pasó por la cabeza la posibilidad de haber suspendido el festival, “pero resulta que hay diez compañías que estrenan obra aquí y, si no lo hacen, pues se quedan sin la ayuda pública.

Es cierto que la grabación ya se considera estreno, por eso hemos grabado y enlatado gran parte de las obras, por si el festival no se pudiera realizar”, destacando el hecho de que cada grabación ha supuesto un trabajo de entre seis y ocho horas, “más la edición, la subtitulación, subirlo a la plataforma y alojarlo”. “Todo eso está hecho y pendiente de pago. Pensamos que todo va a ir bien y que en diciembre se podrá pagar, pero la varita mágica no la tiene nadie”, apostilla.

Cartel de la obra ‘La sala de los trofeos’, de Eva Zapico, por cortesía de Russafa Escènica.

El tema del coronavirus sobrevuela en varios de los espectáculos programados: “Cómo no va a salir, aunque se hable del tema del deseo, que es el lema de este año”.

De hecho, por poner un ejemplo, en el Jardín Escénico que se presenta este sábado y domingo en el Centre del Carme, con guion de Maribel Bayona y el propio Cornelles, que a su vez lo dirige, los textos hablan del confinamiento. “Son monólogos, a partir de testimonios reales, con 60 entradas que ya no quedan”, destacando igualmente el Invernadero de Adrián Novella, que se hace en la Sala 7 del Rialto bajo el título de ‘Los de arriba’, “y que habla de un grupo de adolescentes que celebran una fiesta saltándose las medidas de seguridad”.

En la de obra de Javier Sahuquillo, ‘9’, que está basada en la obra ’12 hombres sin piedad’, “el jurado de la pieza va con pantallas”, y en ‘La sala de los trofeos’, de Eva Zapico, que estará en Rambleta, se habla de lo extraño y lo contagioso desde otro punto de vista más ideológico.

“La programación es muy potente. Y es que Russafa Escènica ha servido de plataforma a muchos creadores, cuando hace diez años culturalmente esto era un páramo. Nosotros siempre hemos querido que un mínimo del 50% del cartel del festival fuera para gente emergente, presentando lo primero que hacían”, señala Cornelles, que vuelve a la crítica por otra cuestión adyacente: “Estaba Russafa Escènica, estaba Cabanyal Íntim y de repente, y eso que me parece fenomenal, sale Cultura als barris, cuando la Administración ya tenía creada la cultura en los barrios».

«En lugar de hacer tu marca», prosigue, «para decir el partido político de turno que la ha hecho él y colgarse una medalla, reúne a quienes ya tenían organizada una cosa en cada barrio y gestiónalo, organízalo, porque ya tenéis el tejido hecho. ¿Era necesario? Igual sí, pero aprópiate de lo que ya estaba hecho y métenos en tu paraguas de Cultura als barris”.

Jerónimo Cornelles, con el cartel de la décima edición de Russafa Escènica.

Salva Torres

3.000 horas de cultura digital en el Centre Cultural La Nau

Cuatro meses de digitalización de los contenidos culturales
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Tiempo de pandemia por la Covid-19
Martes 28 de julio de 2020

Más de 42.000 visualizaciones, más de 160 vídeos, el equivalente a casi 3.000 horas de cultura digital. Este es el balance de los últimos cuatro meses en los que, por la situación provocada por la Covid-19, el Vicerrectorado de Cultura y Deporte de la Universitat de València ha digitalizado todos los contenidos culturales que ha producido.

“Desde el primer día, la consigna y apuesta clara del vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, fue la de que habría que adaptarse a la situación, y que la Universitat debía volcar su cultura al formato digital y comenzar a crear ya directamente cultura digital. Esta ha sido una medida no solo destinada a salvar a uno de los sectores más afectados por la pandemia, como es el de la cultura, sino también dirigida a concienciar a la ciudadanía sobre una cuestión esencial: “quedarse en casa, con lo que nosotros sabemos hacer: cultura universitaria”, explica la periodista cultural de la Universitat de València, Magda R. Brox.

Cartel de DocuVir.20, laboratorio de cortos de La Nau.

Ahora todos los contenidos culturales están disponibles en el Canal YouTube del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, que se ha convertido en un repositorio de cultura digital con centenares de horas de programación muy variada para ser “consumida” en cualquier momento y desde cualquier lugar. En cuatro meses se han suscrito cerca de 1.000 personas.

“Aprovechando las vacaciones de agosto, queremos invitar a la sociedad a consumir estos contenidos culturales que se caracterizan por la diversidad: debates, música, literatura, danza, teatro, cómic, exposiciones, talleres para los más pequeños…, todo organizado en listas de reproducción específicas, con formatos nacidos durante el coronavirus y otros ya existentes, que han adaptado su programación”, puntualiza la periodista de la institución.

El Canal YouTube del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, en el marco de La Nau Digital, recoge un curso de literatura gratuito en cuatro sesiones; recomendaciones de lecturas donde escritoras y escritores, poetas o docentes comentan y aconsejan novelas, ensayos o libros de poesía; talleres creativos para menores; propuestas escénicas a cargo de estudiantes de la Universitat; presentaciones de películas del ciclo ‘Nits de Cinema’; conciertos de distintas formaciones; charlas del Aula de Còmic; conferencias y debates, entre otras propuestas.

Fotograma de ‘¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador, en Nits de Cinema de La Nau.

Durante el estado de alarma y por la imposibilidad de realizar actividades presenciales en el Centre Cultural La Nau de la Universitat, el Vicerrectorado de Cultura y Deporte ha adaptado la programación al formato digital, y en lo que concierne a debates, conferencias y seminarios, además de digitalizar los ya existentes, ha lanzado varios programas online como ‘VALÈNCIA THINKS GLOBAL. Imaginem el futur’, ‘WebinarsLANAU’ y ‘Las personas mayores ante la Covid-19’. Entre los participantes a estas sesiones figuran fotoperiodistas, artistas, periodistas, políticos y profesores, como la Premio Nacional de Sociología y doctora ‘honoris causa’ por la Universitat de València, María Ángeles Durán.

En el ámbito audiovisual se ha creado ‘DocuVir.20’, un festival de cortometrajes online centrado en las nuevas formas de sociabilidad y solidaridad en tiempos de la Covid-19, con la colaboración de la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de València, y que permite visualizar en el YouTube de La Nau más de medio centenar de microrrelatos audiovisuales, entre ellos los dos premiados: Paréntesis (Premio al Mejor Cortometraje) y Galletas (Premio del Público).

En cuanto a las exposiciones, además de crear visitas virtuales por la obligación de cerrar los espacios, se han puesto en marcha nuevos proyectos como ‘Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos’, con una fase online (ya accesible) en el Canal Instagram del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, en la que los 50 creadores participantes llevan semanas trabajando y están realizando grabaciones en vídeo a través de las que exponen sus propuestas en tres momentos de la fase de creación, por lo que en total se emitirán 150 píldoras audiovisuales. La exposición física (fase offline), en la Sala Acadèmia del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, se abrirá previsiblemente el 29 de septiembre, siempre que la situación sanitaria lo permita.

Por último, y después de más de 30 años del festival ‘Serenates’, en esta edición las noches de música en el histórico claustro universitario, se han transformado en grabaciones en formato digital con un récord de participación con respecto a las anteriores ediciones: los 10 conciertos han registrado más de 6.000 visualizaciones.

Concierto de La Remembrança en Serenates. Imagen cortesía de La Nau.

Un ‘Paréntesis’ en nuestras vidas

DocuVir.20
Certamen de cortometrajes online
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Jueves 23 de julio de 2020

Cómo contar lo máximo sobre la situación de obligado enclaustramieno con los mínimos medios. Era el desafío que planteaba el proyecto DocuVir.20, un certamen de cortometrajes online que el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València y la Fundación General de la Universitat lanzaron el pasado mes de abril sobre la COVID-19 y las nuevas formas de sociabilidad y solidaridad desarrolladas durante la pandemia.

Con gran éxito de participación se seleccionaron un total de 54 obras, muestra de la gran diversidad de trabajos presentados, entre los que se encuentran cortos documentales, de ficción, experimentales y de animación, algunos firmados por destacados autores del cortometraje español.

Tras un proceso de unos cuatro meses llega la hora de conocer a los ganadores del Premio al Mejor Cortometraje y Premio del Público. ‘Paréntesis’, dirigido por la argentina Samira Karki y el colombiano Sebastián Londoño, se ha llevado el galardón a Mejor Corto premiado con 350 euros, mientras que la pieza más votada por el público ha sido ‘Galletas’, del sevillano Julio Casielles.

‘Paréntesis’, de Samira Karki y Sebastián Londoño. Imagen cortesía de La Nau.

Samira Karki y Sebastián Londoño trabajaron a distancia con la ayuda de varios compañeros que les enviaron imágenes y reflexiones desde diferentes partes del mundo.»El corto surgió de la imperiosa necesidad de relatar este momento que atravesamos», dice Karki. «Me parecía increíble pensar que la ficción queda pequeña muchas veces frente a estos sucesos de la vida real. Entonces se nos ocurrió empezar a hablar a nuestras amistades que estaban viviendo esto en distintas partes del mundo y que cada uno, en sus salidas permitidas o incluso desde sus propias casas, filmasen con sus celulares imágenes que para ellos representasen este momento tan particular”.

La cineasta ganadora detalla que “fue un proceso creativo interesante y nuevo. Entendimos que mucha gente ajena al cine y sin conocimientos previos es capaz de generar planos hermosos y transmitir mucho con las imágenes. Comprendimos que lo que estábamos viviendo era interesante y urgente para documentar. Por último, entendimos que este sentimiento era universal, que estábamos en la misma sintonía: vulnerables e interpelados por este momento de ‘paréntesis’ en nuestras vidas”.

‘Galletas’, de Julio Casielles. Imagen cortesía de La Nau.

El Premio del Público, dotado con 150 euros, es para ‘Galletas’, que recibió casi 400 votos de los cerca de 3.500 emitidos en total. Se trata de un corto de ficción dirigido por Julio Casielles y producido por Nucelar Films, que ahonda en la virtualización de las relaciones personales a consecuencia de la pandemia y da cuenta, en clave de comedia, de la capacidad de adaptación del ser humano y su empeño en seguir demostrando amor y aprecio hacia sus seres queridos pese a la distancia y la soledad impuestas por el confinamiento.

Además, se ha concecido un Accésit a ‘Metros/horas’, de la estudiante valenciana de Comunicación Audiovisual Ángela Sanz, una original propuesta de indudable calidad técnica en la que la protagonista, atrapada entre las paredes de su casa en el día 50 de cuarentena, sufre una distorsión de la percepción espacio-temporal, rodeada de sonidos cotidianos que se entremezclan en unos cuantos metros cuadrados en los que cualquier objeto se convierte en la puerta que abre la anhelada salida.

Imagen gráfica del cartel de DocuVir.20, obra de Patricia Bolinches.

De los más de 50 cortos seleccionados en esta primera edición de DocuVir.20, disponibles en el Canal de YouTube del Centre Cultural La Nau, 11 son los finalistas. Además de ‘Paréntesis’ y ‘Metros/Horas’, han sido escogidos por el Jurado Oficial: ‘Los días que pasan’ (Antonio Savinelli), ‘Al otro lado del charco’ (Borja Barroso), ‘Robot delivery’ (Ferran Carbonell), ‘A phone story’ (Nacho Errando), ‘Energía positiva’ (Nacho López Murria), ‘Resiliencia-19’ (Laura Cuenca), ‘Solo’ (Sendoa Cardoso), ‘Triaje’ (Teresa Barberena) y ‘Pánico en la habitación’ (Manuel Collado). 

DocuVir.20, cuya imagen es creación de la ilustradora y diseñadora gráfica valenciana Patricia Bolinches, es un proyecto del Vicerrectorado de Cultura y Deporte de la Universitat de València a través del Aula de Cine y el Observatorio Cultural. Se plantea como un laboratorio de cortometrajes para la innovación sociocultural con vocación de continuidad, y prevé celebrar su segunda edición en 2021.

‘Paréntesis’, de Samira Karki y Sebastián Londoño. Imagen cortesía de La Nau.

Fassbinder y Fellini reabren las puertas de La Filmoteca

La Filmoteca | Reanudación de la temporada
Ciclos ‘Fassbinder: amor y rabia’ y ‘Centenario Fellini’
Plaza del Ayuntamiento 17, València
A partir del jueves 25 de junio
Domingo 21 de junio de 2020

La Filmoteca vuelve a abrir las puertas el próximo jueves 25 de junio para cerrar una temporada que se vio truncada a mediados del mes de marzo por la emergencia sanitaria. Debido a las medidas de seguridad derivadas de la nueva situación, se programará una única sesión al día de jueves a domingo y con reducción del aforo de la sala.

En esta programación se podrán ver cuatro títulos de los ciclos de ‘Fassbinder: amor y rabia’ y ‘Centenario Fellini’, las dos grandes retrospectivas que han vertebrado la programación de los últimos meses y que continuarán en La Filmoteca después del verano. Recordamos clásicos de dos maestros del cine moderno europeo, autores de filmografías coherentes y singulares como pocas, sintetizadas en estas cuatro películas que ahora presentamos.

Las películas de Fellini son ‘Roma’ –un retrato mítico y sensual, en clave autobiográfica de la Roma fascista de los años treinta y la del comienzo de la dècada de los setenta que aporta, mediante secuencias autónomas, anotaciones humorísticas sobre la especial psicología de sus habitantes– y ‘Amarcord’–palabra descrita por su autor como: “la síntesis, casi la reverberación sonora de un sentimiento, un estado mental, una actitud, una manera de sentir y pensar dual contradictoria… Si combinamos ‘amore’ (amor), ‘core’ (núcleo), ‘ricordare’ (recordar) y ‘amaro’ (amargo), el resultado es ‘Amarcord’”–. Son dos de los títulos de Fellini más abiertamente autobiográficos en los que encontramos el barroquismo, la fantasía y el halo melancólico que definen la última etapa del cineasta italiano.

Un instante de la película ‘Miedo al miedo’ (1975), de Fassbinder. Fotografía cortesía de La Filmoteca.

Los pases de estas dos películas de Fellini son también un acontecimiento para cinéfilos, ya que se proyectan en copias DCP de su última restauración, llevada a cabo por la Cineteca de Bolonia en colaboración con otras instituciones italianas.

Así, ‘Roma’ se proyectará el jueves 25 de junio a las 20:00 y el viernes 26 de junio a las 18:00, mientras que ‘Amarcord’ se podrá ver el sábado 4 de julio a las 20:00 y el domingo 5 de julio a las 18:00.

Los filmes de R. W. Fassbinder escogidos son ‘El viaje a la felicidad de mamá Küster’–en el que un obrero de una planta química a punto de ser despedido asesina inesperadamente al hijo de su jefe y se suicida a continuación. Este hecho transforma por completo la vida de su mujer, que iniciará una odisea personal en la que deberá enfrentarse a las manipulaciones mediáticas y políticas– y ‘Miedo al miedo’–historia de una ama de casa que no encaja en el rol de esposa y madre, víctima de una violencia estructural muy sutil–. Los dos giran, como todo el cine de este autor, en torno a las relaciones de poder y de la discriminación sexual y de clase, mostradas con la estilización y teatralidad que caracterizan a su puesta en escena.

‘El viaje a la felicidad de mamá Küster’ se proyectará el sábado 27 de junio a las 20:00 y el domingo 28 de junio a las 18:00, mientras que ‘Miedo al miedo’ se ofrecerá el jueves 2 de julio a las 20:00 y el viernes 3 de julio a las 18:00.

Fotograma de ‘Amarcord’ (1973), de Fellini. Fotografía cortesía de La Filmoteca.

MAKMA

“El nivel de sufrimiento lo tenemos muy bajito”

WebinarsLaNau de la Universitat de València (15 de junio)
Con Paco Roca y Laura Pérez
Moderado por Álvaro Pons
Sábado 20 de junio de 2020

A los ilustradores Laura Pérez y Paco Roca la pandemia, como a todo el mundo, les pilló por sorpresa, aunque lo del confinamiento, en sus respectivos casos, forme parte consustancial de su actividad diaria. Confinamiento, claro está, que al ser de obligado cumplimiento por el estado de alarma decretado por el Gobierno, ha provocado en ellos una especial contrariedad. “No solo los dibujantes, hay muchas profesiones que estaban más habituadas a esto de estar encerrados en casa trabajando. También es verdad que esta situación nos ha sobrepasado a todos, incluso a los dibujantes de comic”, señaló Roca. “Yo no había estado tanto tiempo, lógicamente, sin salir de casa. Pero era como un sueño que, en mi caso, siempre había tenido, de que ojalá el mundo se parase por un tiempo para poder ponerme al día de todas las cosas pendientes”, añadió, quien terminó reconociendo: “Me ha faltado un mes más de cuarentena para ponerme al día con el mundo”.

Laura Pérez también aseguró haber trabajado confinada “desde hace muchos años”, porque su vida en la ilustración y ahora en el cómic siempre ha sido  trabajar “desde casa para cualquier tipo de cliente”. Lo que sí ha echado en falta, subrayó, “es salir a respirar, para descongestionar un poco las ideas. Y he tenido como una satisfacción oculta de decir, qué bien, por fin puedo estar encerrada del todo y no tengo compromisos sociales obligados, que en realidad te quitan tiempo. De manera que he aprovechado mucho estos meses e incluso me ha faltado un poco de tiempo”.

Paco Roca en un momento del WebinarsLaNau.

La Nau de la Universitat de València los reunió el pasado lunes en una nueva edición de WebinarsLaNau, en la que hablaron precisamente de su experiencia durante esta pandemia y del modo en que esta imprevista situación ha podido afectar igualmente al mundo del cómic, conversación que moderó Álvaro Pons, director del Aula de Cómic de la Universitat. “En este tipo de profesiones que tenemos”, abundó Roca refiriéndose a los dibujantes, escritores y demás, “es verdad que hay un poco de locura, en el sentido de que nos apasiona lo que hacemos y nos creamos nuestro propio mundo en el estudio. Lo único que me deprime en muchos casos es pensar que mientras tú estás aquí trabajando, pues igual tus amigos  están en un bar tomando una cerveza o alguno de viaje. Lo bueno de la cuarentena es que sabes que nadie estaba haciendo nada, con lo cual no tenías un sentimiento de malgastar tu vida”.

Laura Pérez, en un momento del WebinarsLaNau.

Paco Roca y Laura Pérez coindieron a la hora de señalar que lo extrañamente vivido seguro que tendrá su traslación a corto plazo en el trabajo de los creadores: “Es difícil abstraerte de la situación que hemos estado viviendo e imagino que todo eso cala en el trabajo que estás haciendo y en el trabajo futuro”, dijo Roca. “Si en esos momentos estás elaborando una historia, como en mi caso, es normal que haya recogido cosas de lo que me estaba afectando, algunas no tan evidentes pero sí relacionadas con la forma en que ves las cosas ahora, que han cambiado y no pueden ser como eran antes. Parecía una distopía, pero de repente era como si estuvieras en una película que ya se había grabado”, apuntó Pérez.

Álvaro Pons, en un momento del WebinarsLaNau .

Álvaro Pons, a modo de reflexión que dio pie a nuevas cuestiones, afirmó que nos hemos encontrado durante esta pandemia “con que el apocalipsis era más un drama doméstico, donde la realidad era la que se imponía en el día a día, en ese confinamiento, cada uno en su casa, y con la realidad de las muertes que ha habido en las residencias. Hemos tenido una experiencia real de eso que antes veíamos en la tele, y la hemos encontrado muy diferente, no por ello menos terrible”. Y se refirió al cómic ‘Arrugas’, de Paco Roca, donde se aborda el problema de la tercera edad, y a “lo sobrenatural” que está en la última obra de Laura Pérez.

“Creo que nos olvidaremos pronto de todo esto, pero quedará la vivencia y veremos de forma diferente determinados temas. Ha sido al menos un buen ejercicio para saber cómo es el comportamiento humano en un momento como éste, aunque quienes hayan vivido una guerra seguro que supera infinitamente este padecimiento que hemos tenido. De manera que pienso que tenemos el nivel de sufrimiento muy bajito en el día a día, más allá, por supuesto, de la gente que ha enfermado, que eso es otra cosa. Los demás nos hemos dado cuenta es que vivíamos muy cómodamente”, explicó Roca.

Portada del cómic ‘Arrugas’, de Paco Roca.

“Toda la ficción que hemos visto hasta ahora está llena sobre todo de acción”, resaltó Pérez, por oposición a la pasividad cotidiana a la que nos ha obligado la pandemia. “Hemos tenido que estar quietos en nuestras casas más o menos cómodamente. Mi tía abuela, que tiene 95 años, me dice que esto es peor que la guerra, porque es invisible. De manera que cada uno sufre su momento de ver que la realidad puede cambiar en cualquier instante. En un futuro, quienes hagan cómics referentes a esto le van a dar una naturalidad o un empuje distinto, en la que a lo mejor no hay tanta acción, pero sí algo más de reflexión, con un enfoque más humano, más realista quizás”.

“Toda esta pandemia ha hecho que todo el mundo se quedase en pausa”, insistió Roca, que dijo no haber tenido la agenda tan despejada desde 2008, porque todo estaba cancelado. “Por otro lado”, añadió, “pensaba que había tenido que venir una pandemia para tener el tiempo en mis manos, aunque la tecnología siempre está por delante y no se puede controlar, y al poco tiempo ya volvía a tener la agenda otra vez llena de charlas y talleres online. De manera que la tecnología nos hace la vida más sencilla, pero también se me ha complicado la existencia con las nuevas tecnologías”. “Muchas historias de cómics se van a ver influenciadas por esta acción directa de la tecnología que tenemos ahora”, apostilló Pérez.

Pons se refirió a lo “increíblemente activo” que ha estado el cómic durante el confinamiento a través de los webcómics en twitter, en Instagram, en Facebook, lo cual ha permitido, a su juicio, impulsar ese cómic digital que existe desde los primeros tiempos de Internet, pero que quizás ha dado ese salto para ser conocido por todo el mundo. “Al comienzo de la cuarentena, la necesidad de comunicarte acabó saliendo por donde sea y, teniendo la posibilidad de la comunicación vía online, ha sido la oportunidad perfecta.”, aseguró Roca, para quien la mayor dificultad, pese a todo, estaba en sacarle un beneficio a todas estas cosas, “porque durante todo este tiempo ha sido el altruismo total, gratis para todo el mundo, y te das cuenta que ha funcionado, pero sacarle beneficio es lo que todavía resulta un misterio. “ Las personas creativas se buscan la vida en el momento en el que estén”, remarcó Pérez. “Ha sido interesante, porque parecían los 80. Todo el mundo se hacía su fanzine, incluso El Víbora ha vuelto rescatando material antiguo. Tuvimos todos la sensación de una hermandad solidaria”, concluyó Roca.

‘Ocultos’, de Laura Pérez.

“Ha habido una generosidad rebosante de los autores a la hora de compartir sus materiales, y de las editoriales. ¿Esto abre la posibilidad de nuevos canales de distribución más allá del papel o el papel sigue siendo todavía demasiado fetiche?”, preguntó Pons. “El papel siempre va a ser un elemento fetiche, pero sí es cierto que mucha gente va a poder disfrutar más del contenido online. Lo importante es que haya difusión de las dos maneras: del digital y del libro, porque si se suman siempre habrá más público”, respondió Laura Pérez. “En la Comunidad Valenciana siempre ha habido una gran cantidad de autores, pero ahora quizás hay un momento de mayor interés por parte de los museos, de las librerías, de la universidad, y aquí se ha dado una confluencia de sinergias mayor quizás que en otros lugares”, señaló Roca.

En este sentido, el autor de ‘Arrugas’ subrayó la importancia que tiene la cultura como “punta de flecha” que sigue a las propuestas de la economía en tanto marca de un país o de una Comunidad. “Primero entra la cultura y luego otras cosas, y a veces se nos olvida eso, el gran valor que tiene la cultura, ya no solo por el dinero que pueden generar los autores, librerías, imprentas, fotomecánica, traductores, sino por la forma de vender un país. Francia y Estados Unidos se han vendido con su cultura y después ya viene todo lo demás”. “El apoyo a la cultura es el apoyo a un sello, a una distinción que tiene un territorio y que tienen unas personas que se dedican a ello. Y en Valencia siempre ha habido una historia impresionante en el terreno artístico”, concluyó Pérez.

Paco Roca y Laura Pérez. Imagen cortesía de WebinarsLaNau.

Salva Torres

La Lonja Medieval de Elche echa el cierre expositivo

#MAKMAOpinión | Comunicado de TAV (Taula de les Arts Visuals) por el cierre de la Lonja Medieval de Elche
Viernes 19 de junio de 2020

La TAV (Taula de les Arts Visuals) es una plataforma independiente integrada por un amplio grupo de profesionales pertenecientes a las principales asociaciones del arte contemporáneo, que tiene como objetivo encontrar, consensuar, redactar, proponer y defender medidas específicas que pongan en valor el sector de las artes visuales de nuestro territorio, con el fin de conseguir su profesionalización y su acceso a puestos de trabajo dignos.

Desde ella queremos expresar nuestro malestar por el cierre de la Lonja Medieval de Elche como sala de exposiciones, al ser el propio equipo de gobierno el que ha decidido destinarla temporalmente a la tramitación de ayudas para el pago del IBI y del agua, dejando a la ciudad sin un espacio emblemático que, junto con la Sala de la antigua Capilla Orden Tercera, programa gran parte de las muestras temporales de artes plásticas y de otras disciplinas.

Detalle expositivo en una de las salas de la Lonja Medieval de Elche.

En este nuevo momento de incertidumbre para nuestro tejido cultural en general, y para las artes visuales en particular, provocado por la crisis de la COVID-19, es sintomático que sea un espacio destinado al arte el elegido para perder, aunque sea temporalmente, su función. Esta es solo una muestra de la inacción de muchas administraciones y de su poca estima por la cultura, así como de la falta de respeto hacia los y las artistas programadas en la Lonja, con el consiguiente perjuicio que supone perder la oportunidad de exponer allí, al menos en un plazo medio.

Hechos como estos evidencian la falta de conexión de determinadas instituciones con la creación artística y ponen de manifiesto la ausencia de interlocución con los agentes y profesionales del sector. Sin duda, el conocimiento y asunción del código de buenas prácticas en el campo del arte por parte del Ayuntamiento, sería un instrumento adecuado para comenzar a buscar soluciones que no empiecen, precisamente, por limitar las posibilidades expositivas de los y las profesionales del arte.

Este tipo de decisiones pone de manifiesto, en general, la ausencia de una línea estratégica de acción en el arte contemporáneo de la ciudad; un proyecto fundamentado en las ‘Buenas Prácticas’ que no permita este tipo de soluciones de emergencia tan nocivas para el desarrollo sólido de la profesión del arte en nuestro territorio.

La TAV se pregunta si no hay en Elche otro espacio que pueda habilitarse como oficina para la tramitación de las ayudas a las que inicialmente aludíamos y se ofrece para dialogar y, en su caso, asesorar, para buscar alternativas e intentar que el programa de artes visuales de la ciudad no se vea afectado de esta manera y, finalmente, solicita que este espacio vuelva a formar parte de la infraestructura dedicada a la cultura en la ciudad de Elche.

Fachada de la Lonja Medieval de Elche.

La TAV está compuesta por:
AVVAC – Artistes Visuals d’Alacant, València i Castelló
AVCA – Associació Valenciana de Crítics d’Art
IAC – Instituto de Arte Contemporáneo (Sede Comunidad Valenciana / Murcia)
LaVac – Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana
MAV – Mujeres en las Artes Visuales (ACV Alacant, Castelló i València)