La trágica odisea de la migración

Migraciones: odiseas contemporáneas, de Pablo Noguera
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 6. Valencia
Hasta el 20 de diciembre de 2016

“Dulce es la tierra cuando aparece ante los ojos de los naúfragos” (Odisea, XXIII, 232, Homero).

Dulce es la costa de Algeciras, o de Chios, o de Lampedusa… dulce es la costa para los que ya no tienen otra opción de supervivencia, dulce es la costa para los que llegan a verla. Como Ulises, se someten a una odisea en busca de un futuro mejor.

Mi proceso no es en este caso denunciar las injusticias o abrir un debate ya instaurado en nuestras sociedades, sino incitarnos a reflexionar y ver desde una nueva perspectiva la odisea trágica de la migración, y situarnos de cara al viaje hacia el desconocido, hacia lo que debe ser una vida mejor, incluso al precio de la vida misma, y franquear fronteras humanas y geográficas como las cartografías y paisajes topológicos de las manchas de pintura o acuarela, largas perspectivas de ensoñación o psico-geografias del viaje, el eterno arquetipo del laberinto que no ayuda a los hombres en su búsqueda de una vida apacible.

Cuadernas, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Cuadernas, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Un elemento se repite, el esqueleto de una barca, restos solitarios, símbolo trágico de la inseguridad del viaje, baos, quilla y roda que componen los cruces de las difíciles elecciones del camino. Caminos de mar y caminos de desierto, los biotopos naturales más duros y menos favorables a la existencia. En frente de sus superficies desesperadamente vacías, oscilamos entre el ensueño y la desesperación.

Desgraciadamente, no nos enfrentamos a un tema muy positivo pero, en señal de esperanza, he querido trabajar con colores y con la ayuda del diorama, apegado a mi propia tradición. Si encontramos un carácter poético en este trabajo, es porque se trata de un viaje inmóvil y de una odisea sin riesgos.

“Desgraciado, acuérdate de tu patria, si es que tu destino es que sobrevivas y llegues a tu alta morada y a la tierra de tu patria” (Odisea, X, Homero).

Épave, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Épave, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Pablo Noguera

Fidel Sáez y sus ciudades ilustradas

Ciudades invisibles, de Fidel Sáez
Hat Gallery
C / Dénia, 37. Valencia
Hasta el 16 de mayo

Dibujar una ciudad invisible puede llegar a convertirse en una Odisea para cualquiera que se lo proponga, pero en este caso, y de la mano de Fidel Sáez (arquitecto en Sanahuja&Partners), nos encontramos con una exposición que nos invita a recorrer lugares a los que solamente podríamos llegar a través de la literatura.

Es un viaje por las ciudades que Italo Calvino describió en su obra ‘Las Ciudades Invisibles’, en las cuales las palabras crean edificios y los versos se materializan en calles, donde tras cada esquina esperan el deseo, la muerte, la memoria y los símbolos, acechándonos para convertirse en parte fundamental de los relatos.

Imagen cortesía de Hat Gallery.

Imagen cortesía de Hat Gallery.

En el libro ‘Las Ciudades Invisibles’, de Italo Calvino, no se encuentran ciudades reconocibles. Son todas inventadas y cada una de ellas lleva un nombre de mujer; el libro consta de capítulos breves, cada uno de los cuales da origen a una ilustración y a una reflexión sobre la ciudad.

Por ejemplo, en el capítulo ‘Las ciudades y los signos’ dice: “La ciudad es redundante: se repite para que algo llegue a fijarse en la mente”. O en ‘Las ciudades y la memoria’: “Al hombre que cabalga largamente por tierras selváticas le acomete el deseo de una ciudad”.

“Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos”.

De todo ello y más da cuenta la exposición que hasta el 16 de mayo acoge Hat Gallery en torno a la obra de Fidel Sáez ligada a esas ciudades invisibles de Calvino.

Obra de Fidel Sáez en la exposición 'Ciudades invisibles'. Imagen cortesía de Hat Gallery.

Obra de Fidel Sáez en la exposición ‘Ciudades invisibles’. Imagen cortesía de Hat Gallery.

 

Fanny Galera. Épica de la ilusión

Fanny Galera. Ilusiones
Ademuz Espai d’Art
El Corte Inglés
Avda. Pío XII, 51. Valencia
Inauguración: 9 de abril, 19.30h.
Hasta el 17 de mayo de 2014

No obedeceré todavía, que con mis ojos veo que está muy lejana la tierra donde, según afirman, he de hallar refugio; antes procederé de esta suerte por ser, a mi juicio, lo mejor: mientras los maderos están sujetos por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar, pues no se me ocurre nada más provechoso.
Homero. Odisea. (Canto V).

Un fragmento de biografía… siempre fue. El propio pasado queda ubicado ahí, en la memoria, contenido en los tejidos de ideas que hacen aparecer, luego, un renovado sentido. Y ese es el presente del artista, es su realidad, pero no como una referencia contextual de carácter social, ni un encuentro cultural, ni tampoco una formalidad estética. Se trata de un presente autoconfigurador, equilibrante de estos aspectos sin renunciar a nada, esencialmente lanzado a la vivencia en todos y cada uno de sus límites, insatisfecho, esperanzado e hilvanado de oficio, éste último, además, tan soslayado de la intelligentsia creativa postmoderna. La propia construcción, que no refuta lo real, es un hacerse en consecutivas imágenes, criterios, objetos y recuerdos, degustando lo pertinente al tiempo que tiempla lo insustancial, porque nada es inalterable aún en prolongado deterioro. Es posible actuar con las luces tenues, tantear los desperfectos, no desballestar la nave de los argonautas. El timón de la ilusión orienta el viaje, desde la experiencia, de quien se sabe inclinado a palpitar, aún con cercas y vallados, sin descanso.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

El ejercicio ilusionante de Fanny Galera (Valencia, 1973) no es dogmático, por más que exista un sustrato deseante ligado a demostrar una verdad íntima. En modo alguno se contagia de aquella “idea delirante” freudiana, un apremio para destinos crueles detenidos en la historia. Es, su poética, una práctica artística que activa y es a la vez activadora de la persona en la conciencia del itinerario. Andan en la travesía sus escenografías para breves representaciones escultóricas, atemperados modos de hacer humanidades mínimas en tamaño, pero de grandes aspiraciones y anhelos que, paradójicamente o tal vez por ello, se han reunido en el lugar de la figura episódica. Así, los sucesos han permanecido como oportunidades, momentos, eventualidades y motivos de su hábitat personal.

Quizá lo perecedero se asienta en la contingencia del cobre filífero que circunda propósitos, intenciones y proyectos. Se diría que la expectativa está capturada dando elocuente cuerpo y forma a volúmenes pacientes que el cable se encarga de recorrer. Privándole al espacio de vacíos, sustrayéndoselos con las manos puestas en el papel o en el aire, el quehacer de la artista valenciana asimila a J. Plensa o gesticula en lo ínfimo con J. Muñoz, otras moldea una torsión entre la apariencia de lo inacabado de Rodin y la síntesis deslizada de Giacometti, referentes modernos para una mayor levedad tridimensional en la obra de Galera, naturalmente elaborada en proceso, casi suturada en un silencio interno, coleccionada, presentada fundida a la cera perdida, o suspendida en el éter como hipotética sustancia aristotélica. Estas nuevas tanagras contemporáneas, a sabiendas que el arte se basa en su voluntad de ilusión, se reúnen perpetuando la pequeña danza de la existencia, biológica, de esencialidad vital sobre la cual aproximarse y presenciar de cerca ideas y formas, sin excepción ni prioridades entre ambas, antes al contrario, más bien un punto de vista que se amplifica con la sensibilidad y la razón.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Nietzche indica que la perspectiva debería considerarse como la condición básica de toda la vida. A ello hay que apelar a través de la necesidad de las ilusiones, no como trompe-l’oeil pictórico, tampoco en función de un gozoso y crédulo sentirse “iluminado” en la imaginatio, sino jugando mediante la esperanzada tarea del arte y la vida, esa a la cual se refería el filósofo de Röcken. En cierto modo, una confianza in ludere. ¿Cómo sino podría alguien dejar un lastre pétreo de mil fragmentos y reconstruirse luego? ¿Cuándo sería oportuno emplazarse al dialogo con los demás? ¿Dónde buscar el fértil significado de las gemas? ¿Quién no ha completado alguna vez un arco iris entre la niebla de su propia visión?

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Cabe entonces inclinarse ante la ilusión vital de las apariencias, las del animal fantástico (CONILL, Jesús (1991). El enigma del animal fantástico. Madrid, Tecnos.) que somos, y digerirlas sin ingenuidad pero con sobria inocencia. En este sentido, el espectador se advertirá tal cual son los personajes sin caducidad, los que no fingen ser dúctiles, aquellos atravesados por una luz flexible que los hace cimbrear, vibrando en vertical o en nuestra segura, opaca, eventualidad personal. Seguramente estos argumentos, siendo ya de todos, sí condensan la idea de una ilusión con historia y, por tanto, con más de un sólo tiempo. Ilusiones intersubjetivas, sentidas y practicadas en un desarrollo sin simulacros o espejismos. No estamos pues ante el desvanecimiento (BAUDRILLARD, Jean (2006). El complot del arte: ilusión y desilusión estéticos. Madrid. Amorrortu.) de la ilusión estética de Baudrillard, sino en el ímpetu afinado de la creación. Nunca la filigrana se ha convertido en algo tan poco ornamental, ni en falseado prologo decorativo.

Se trata de un selecto encaje imperfecto. Esto lo sabemos. Pero igualmente y por ello, percibimos exquisitas narraciones secretas, invisibles, que acechan hasta la curiosidad del metal. Si intuimos los rostros, por diminutos que estos sean, estamos predestinados a multiplicar las ilusiones, siempre compartidas y nunca inéditas pues…siempre fueron.

Ricard Silvestre.
Institut de Creativitat i Innovacions Educatives. Universitat de València – Estudi General.

Fanny Galera, "Ilusiones". (cable eléctrico 98x38x95 cm). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera, “Ilusiones”. (cable eléctrico 98x38x95 cm). Imagen cortesía de la artista.