El lado decadente de las barracas

Vale por un viaje, de Alejandra de la Torre
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 3 de septiembre de 2016

Alejandra de la Torre (Castellón, 1983) viene a llevarle la contraria a Françoise Sagan cuando dijo aquello de que los objetos eran los amigos que ni el tiempo, ni la belleza, ni la fidelidad consiguen alterar. En su caso, el paso del tiempo sí modifica la percepción que tenemos de algunos objetos: por ejemplo, la serie de atracciones de las ferias veraniegas con sus inconfundibles barracas. Es lo que hace en la exposición Vale por un viaje, que hasta el 3 de septiembre acoge la galería Pepita Lumier de Valencia.

Lejos de presentar el bullicio de la gente, las atracciones a pleno rendimiento y la conjunción de ambas cosas como reflejo del aire festivo propio del verano, De la Torre muestra en soledad algunos de los objetos más representativos de todo ese carnaval. Hay, así, autos de choque, caballitos, lanzaderas, hinchables, fichas de diversas atracciones e incluso carteles donde se anuncia dónde sacar esas fichas en taquilla, todos ellos fuera del contexto dinámico inherente a la feria. Como la propia artista dice, le interesa esos objetos en la actitud “decadente” que “los vuelve interesantes y únicos”.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

No son objetos, a pesar de su soledad, que evoquen la naturaleza siniestra conferida por algunos autores a las máquinas. Ni siquiera los payasos, protagonistas tradicionales de ese mundo, dejarían el rastro en la obra de Alejandra de la Torre que deja el payaso Pennywise en la novela de terror It, de Stephen King. La artista castellonense se acerca a ese mundo para dejar constancia de lo que cambia la percepción de las barracas pasado el tiempo. De aquella niñez e incluso adolescencia mágica en relación con las ferias, se pasa en Vale por un viaje a las sensaciones más crudas de la edad adulta cuando hace memoria de todo aquello.

De manera que hay dos capas en la exposición: una colorista, como destilado de cierta ingenuidad primigenia, y otra más descarnada, en alusión a esa distancia o desencanto de los objetos. Esa primera capa, Alejandra de la Torre la describe así: “La feria como espacio de luz, color y diversión”. De esa otra, la artista dice: “A medida que vamos creciendo [la feria] nos muestra otra cara más castiza, sucia y mísera, que es lo que las diferencia de los parques de atracciones”. Esa parte más “cutre” (Alejandra dixit), no termina de comparecer del todo y sí, en cambio, cierto desencanto en su literalidad: objetos que han perdido su encanto, a pesar de mantener a duras penas su intenso color.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Porque colores llamativos,  fosforescentes, estridentes, hay muchos. Todos ellos a modo de maquillaje con el que la vieja actriz quisiera ocultar el paso del tiempo. Y al lado de esos colores, junto a ellos, remiendos de papel que la artista introduce mediante el collage para subrayar el carácter artificioso del mundo narrado en Vale por un viaje. De la Torre nos invita a ese viaje aparentemente luminoso, a base de intenso dulce de algodón, iconos hinchables como Bart Simpson o Bob Esponja, fichas de colores y llamativas atracciones, para mostrarnos en paralelo la pérdida de toda esa magia.

Por eso es normal que en lugar de hinchables, llame “deshinchables” las obras relacionadas con esos grandes muñecos de plástico. Porque el viaje de Alejandra de la Torre está plagado de las baldosas amarillas del cuento, en cuyo trayecto han ido perdido el encanto para devenir objetos solitarios; máquinas a falta de la ficha oportuna que las ponga en movimiento. Fichas de colores que en la obra de Alejandra de la Torre aparecen desanimadas.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

El Congo del Doctor Carsí en 800 piezas

Doctor Carsí, supongo?
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

No es tan conocido como el famoso doctor David Livingstone. Pero Robert Martinez, comisario de la exposición Doctor Carsí, supongo?, utiliza el “recurso irónico” para establecer una conexión nada descabellada entre ambos médicos y exploradores del alma africana. Como apuntó Paco Tamarit, director del Museu Valencià d’Etnologia, la vida de Mariano Carsí “da para escribir un relato novelado”. Las 800 piezas que integran la exposición, desde máscaras, arcos, marfiles, tallas de madera y fetiches, a óleos, acrílicos, bronces, grabaciones y recortes de prensa, sirven para ilustrar esa novela.

María Londero, viuda del médico de Alfara del Patriarca que recaló en el Congo en 1958, ofreció algunas pinceladas. “Su vida corrió serio riesgo, estando amenazado de muerte en varias ocasiones”. Una de las publicaciones incluidas en la muestra titula: “Heroísmo de un médico español en el Congo”, por negarse a abandonar su hospital ante la llegada de los rebeldes. “Asistió a 11 matanzas en el campo de fútbol”, recuerda Londero. Dos veces estuvo a punto de ser ejecutado, en medio de aquel clima de revueltas que sacudió al país africano en los 60.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

A pesar de todo, Robert Martinez matizó que Doctor Carsí, supongo? no era una exposición “sobre la historia del Congo, ni sobre el arte africano, ni sobre la ayuda humanitaria en el Tercer Mundo”. “Es una exposición sobre el origen de la pérdida”, que el comisario cifró en la melancolía que despiden los objetos en tanto emanación subjetiva de esa pérdida. “Todo objeto exótico es bello porque ha sobrevivido convertido en signo de una vida diferente”, subraya Martinez.

Objetos que han sobrevivido, en el caso de Carsí, dada la pasión del médico que los fue coleccionando y de su viuda que los ha donado al Museu Valencià d’Etnologia. Piezas que vienen a dibujar esa “vida diferente” a la que aludió el comisario y que el diputado de Cultura, Xavier Rius, dijo que era “de justicia poner en valor”, más allá de las condecoraciones que la enaltecen. Y es que por encima de todo, la figura de Mariano Carsí sobresale por el “espíritu humanista” y “carácter abnegado” con los que “se entregó a los otros”, destacaron los responsables de la exposición. Exposición que tiene su parte didáctica en forma de álbum coleccionable (hasta 550) en diversos talleres, evocando la estética de los antiguos álbumes de los 60 y 70.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

El conocido poéticamente como ‘mal de África’, que afecta a quienes viajan al continente y quedan atrapados por él, se puede ver en Doctor Carsí, supongo?, muestra que ha llevado cinco años de preparación. Grandes colmillos, máscaras, armas de caza (“él no era cazador”), tapices y diversos utensilios dibujan el mapa de esa vida “apasionante” de quien se pasó 40 años en el Congo. Una existencia que su viuda definió así: “Principalmente humana”, en la que “éramos uno para todos y todos para uno”, dados los “vasos comunicantes entre el médico y sus pacientes”. María Londero recordó las “800 intervenciones quirúrgicas” que practicó su marido y cómo, en agradecimiento por las que realizó para superar ciertos casos de  infertilidad, algunas mujeres “pusieron el nombre de Carsí a sus hijos”.

Y aunque la exposición no se centra en la historia del Congo, en los duros avatares de su colonización y descolonización, se deja caer algún que otro mensaje: “Todas las riquezas, que son muchísimas, salen del país a cambio de armas”. No es el caso de las expuestas hasta el 3 de abril en el Museu Valencià d’Etnologia, cuyo valor se  cifra en el relato de vida que ofrecen todas esas piezas acerca de Mariano Carsí, el doctor Livingstone de Alfara del Patriarca.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Salva Torres

Alegorías del consumo en la obra de Carlos Saura

Crónicas del No-Tiempo, de Carlos Saura
Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’
C / Cervantes, 16. Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
Hasta el mes de julio de 2016

En un lugar de la Mancha… Villanueva de los Infantes, se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’, que conmemora su quinto aniversario con la exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ del pintor Carlos Saura, nativo de la localidad, pero criado y residente en Valencia.

La exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ hace un recorrido por la obra realizada en la última década del pintor. Un recorrido sin orden cronológico que se inicia con el cuadro ‘Arquetipos 2008’. Un acrílico donde se muestra a cinco espectadores con una mirada entre interrogativa y sorprendida al contemplar/se en los bustos expuestos sus propios rostros. Una alegoría de la posición del espectador con respecto a la obra de arte: esto es, el espectador como parte indisoluble de la obra, y la obra como un espacio de disolución para el espectador al abrir cierta interrogación en sus pensamientos, en sus valores prefijados.

Arquetipos, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Arquetipos, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

La obra de Carlos Saura y, en concreto, la expuesta en ‘Crónicas del No-Tiempo’, interpela al observador hasta disolverle en la indisoluble interrogación que el contenido y la estética de la representación plantean.

Obras como ‘She loves cakes & dogs’ (2011), ‘La sangre del ídolo’ (2011), ‘El ídolo’ (2010), ‘Star system’ (2010), ‘Reality blinds you’ (2010), ‘Superposición cuántica’ (2010) y ‘Seguridad ficticia’ (2008), representan aspectos y objetos de la realidad financiera, de consumo y mass-mediática de nuestra sociedad neocapitalista posmoderna. Aspectos y objetos convertidos en ídolos que ciegan la verdadera experiencia humana, tal y como reflejan los cuadros y los alegóricos títulos de los mismos.

The Idol, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Fotografía: Begoña Siles.

The Idol, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Fotografía: Begoña Siles.

La interrogación en la obra de Carlos Saura surge no sólo del contenido de la representación y de sus títulos, sino también de todos esos objetos y de las figuras geométricas que irrumpen en su trabajo. Cierto universo pictórico que entronca, bajo la mirada lúdica del pastiche, con muchos aspectos del capitalismo multinacional asociado a la sociedad de consumo. Unas cualidades temáticas y estilísticas propias del arte posmoderno de las últimas décadas del siglo XX, tal y como señala Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo.

La mirada crítica de Carlos Saura orienta al espectador a interrogarse en la misma dirección que sugiere el inicio del ensayo ‘El malestar en la cultura’ de Freud: “No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia, en cambio, los valores genuinos que la vida ofrece”. ¿Cuáles serían esos valores genuinos que ofrece la vida y que son menospreciados?

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Una pregunta a la cual Carlos Saura intenta dar respuesta. Por una parte, en  los retratos de matemáticos, de físicos y de músicos que componen las series tituladas ‘Science as Art’ y ‘Chronicles of the Nontime I, II y III’, ambas de 2015; y, por otra, en los cuadros dedicados a la naturaleza: a la diosa madre naturaleza -’La Novia del Sol’ (2014), ‘Das Rheingold: Freida III’ (2007) y ‘Erda’ (2011)-  y al mar Mediterráneo -’Autofocus’ (2014), ‘Verdeazul I y II’, (2014), ‘Mediterráneo’ (2013)-.

La ciencia como arte y lo femenino como naturaleza parecen ser los espacios que pueden trascender a la idolatría de los valores económicos y de consumo propuestos por la sociedad neocapitalista. Probablemente por ello, en esa serie de cuadros la mirada pastiche del trazo posmoderno del autor se disimula tras la admiración y fascinación por lo representado: el genio del músico y del científico y la diosa femenina de la naturaleza.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Ahora bien, la mirada posmoderna de la obra de Carlos Saura retorna al espectador en los cuadros de referencia cinematográfica: ‘The drama (Key largo)’ (2014) -fotograma de la película ‘Cayo Largo’ de John Huston (1948)- ‘Tomato sauce’ (2013) -pintura del rostro de Christopher Lee como Drácula-  y ‘El ataque’ (2013) -’Con la muerte en los talones’ de Alfred Hitchcock (1959)-. En estos cuadros, las escenas cinematográficas se ven invadidas por objetos que deconstruyen hasta la ironía el drama, la angustia y el terror inherentes en la obra fílmica tomada como referencia.

Carlos Saura en su exposición 'Crónicas del No-Tiempo'. Fotografía: Begoña Siles.

Carlos Saura en su exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’. Fotografía: Begoña Siles.

En el universo pictórico de Carlos Saura la alegoría crítica surge de esos objetos que irrumpen en sus cuadros: navajas, tomates, pasteles, tostadoras,  pistolas de juguetes, playmobil, calaveras, planetas, etc… Objetos que se fusionan con el mundo representado en la obra y con el título de la misma para crear la metáfora que moviliza al observador hacia la interrogación.

Reality blinds you, de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Reality blinds you, de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Begoña Siles

Ibán en el IVAM por Fallas

Ibán Ramón. Posicionament gràfic
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Fallas 2016

El proyecto ‘Ibán Ramón. Posicionament gràfic’ presenta en el hall del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) una selección de los trabajos desarrollados por el diseñador valenciano durante los últimos años en torno al mundo de las fallas. Llibrets, carteles, objetos y fotografías son los materiales que conforman esta presentación organizada por el museo con motivo de la publicación del libro del mismo título editado por el IVAM. En la muestra destacan los elementos que configuran la campaña oficial para las Fallas 2016, enraizada en los materiales y los instrumentos del viejo oficio de la carpintería.

Durante la presentación, el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset, agradeció al IVAM su apertura y aceptación del mundo de las fallas en tanto que arte moderno y popular: “No era normal que una institución de referencia como el IVAM se mantuviera de espaldas al festival de cultura popular que suponen las fallas”.

Presentación de la exposición de Ibán Ramón. Imagen cortesía del IVAM.

Presentación de la exposición de Ibán Ramón. Imagen cortesía del IVAM.

Fuset añadió que la candidatura de las Fallas a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad supone además “una oportunidad para buscar la excelencia en el diseño gráfico y en el resto de artes implicadas en la fiesta”.

El concejal se mostró satisfecho del eco obtenido por la campaña gráfica de las Fallas 2016: “Ha saltado a las calles, las estaciones, los lugares públicos y ahora también al museo”. Fuset subrayó que la muestra no será la última colaboración con el Instituto Valenciano de Arte Moderno: “Desde el Ayuntamiento queremos hacer piña con el resto de instituciones. Era la situación anterior la que no resultaba normal”.

Para el director del IVAM, José Miguel García Cortés, el proyecto de Ibán Ramón es significativo por dos razones: “Una, porque inicia una relación con el mundo de las fallas y toda una vertiente de la cultura popular que tanta importancia y arraigo tiene en nuestra ciudad. Dos, como un paso más en el papel que el diseño, en el sentido más amplio del término, tiene que jugar en la programación futura del IVAM”.

Ibán Ramón Rodríguez (Valencia, 1969) es diseñador y director de arte profesional desde 1994. En 2001 creó el Estudio Ibán Ramón, especializado en proyectos de identidad corporativa, diseño editorial y comunicación gráfica. Su papel en la investigación y el desarrollo de nuevos caminos para las fallas es evidente desde hace años, tanto en la creación de “antimonumentos” como de llibrets de falla.

Imagen de la exposición de Ibán Ramón. Cortesía del IVAM.

Imagen de la exposición de Ibán Ramón. Cortesía del IVAM.

 

Encuentro con el jazz ‘Perdido’

Valencia Jazz. Perdido Club y otras voces de una eclosión musical
Centro Cultural Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 8 de mayo de 2016

Ahí está, en medio de un centenar de piezas, la corneta antigua utilizada en la decoración del club Perdido. Y, como tocando a rebato, provocando la estampida de un sinfín de emociones. Todas ellas relacionadas con el jazz que vivió su época de esplendor en Valencia en la década de los 80 y 90. La Fundación Bancaja se hace eco de todo ello en la exposición Valencia Jazz. Perdido Club y otras voces de una eclosión musical. Medio centenar de fotografías, diversos carteles, objetos, revistas, folletos, recortes de prensa y antiguas entradas a conciertos, conforman la crónica visual de toda aquella explosión jazzística.

Cartel de la exposición 'Valencia Jazz' en el Centro Cultural Bancaja.

Cartel de la exposición ‘Valencia Jazz’ en el Centro Cultural Bancaja.

“Casi se rompen las puertas durante una actuación de Stan Getz en el Teatro Principal”, recordó Jorge García, comisario de la exposición junto a Toni Picazo. El club Perdido, aglutinante del esplendor vivido esos años, tenía conciertos en directo cinco días a la semana, algo insólito no sólo en Valencia sino en el conjunto de España, según destaca una de las publicaciones que integran la muestra. Perdido abrió sus puertas en la calle Sueca del barrio de Ruzafa en 1980 y las cerró en 1995 asfixiado por la falta de ayudas.

En torno a esa intensa actividad del club Perdido gira la memoria visual de tan brillante época. “No es una exposición sólo de fotografía, sino el relato y la crónica del jazz que eclosionó en la ciudad de Valencia con la llegada de la democracia y los nuevos aires de libertad”, explicaron los comisarios. “Es la primera vez que el público va a tener la oportunidad de ver esa historia contada de manera visual”, subrayaron García y Picazo.

Video de la exposición 'Valencia Jazz' en el Centro Cultural Bancaja.

Video de la exposición ‘Valencia Jazz’ en el Centro Cultural Bancaja.

La exposición, más que un ejercicio de nostalgia, pretende rescatar aquel momento inolvidable con vistas a su proyección futura. De hecho, Jimmy Glass, desde 1993,  y Mercedes Jazz, una vez arrancado el siglo XXI, son fieles continuadores de aquel legado, por mucho que el esplendor se haya apagado. “No tiene el brillo de esos años, pero el jazz en Valencia sigue siendo un referente a nivel nacional”, aseguró Picazo. “Cada imagen y cada objeto de la exposición está pensado para narrar esa historia”, indicó García.

Imágenes de conciertos y festivales, ilustraciones de Daniel Torres y Micharmut, llamativos carteles, además del audiovisual que recoge la grabación de los seminarios de Bancaja en los 90, destacan la efervescencia vivida esos años dorados del jazz en Valencia.  Años que acogieron conciertos señeros, como los del citado Stan Getz, Dexter Gordon, Bill Evans, Chick Corea o Art Blakey, a los que hay que sumar los del Perdido, por el que pasaron Lou Bennet, Steve Lacey, Woody  Shaw, además de Pedro Iturralde, Tete Montoliu o Jorge Pardo.

Ilustración y fotografías de la exposición 'Valencia Jazz' en el Centro Cultural Bancaja.

Ilustración y fotografías de la exposición ‘Valencia Jazz’ en el Centro Cultural Bancaja.

Las fotografías de José Aleixandre, Pepe y Rafa Aparisi, José García Poveda, Antonio Porcar o Esther Cidoncha reflejan aquel brillo. “El jazz siempre ha tenido una imagen atractiva”, apuntó García. Atractivo no siempre correspondido económicamente. Como ha repetido en más de una ocasión el promotor Julio Martí, responsable del Festival de Jazz del Palau, el jazz para la industria ha sido maldito desde el punto de vista económico. Perdido Club aguantó 15 años hasta que la crisis y la falta de ayudas acabó con él.

Paralelamente a la exposición, el Centro Cultural Bancaja acogerá una serie de conciertos coloquio a cargo de Joan Soler & Ramón Cardo Quartet, el jueves 25 de febrero, Tino Gil & José Luis Granell Quartet (3 de marzo) y Steady Jazz Trio (7 de abril). Todo ello pensado para recuperar la memoria jazzística de aquellos años, al tiempo que pone en valor la escena todavía influyente del jazz en Valencia hoy día. Porque, como recordó Toni Picazo, “Valencia fue una referencia entonces y lo sigue siento todavía”. Según Jorge García, “quedan los 20 años posteriores que igual se pueden contar en otra exposición”. Continuará…

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Fotografía de la exposición de Bancaja.

Fotografía de Lou Benet por Pepe y Rafa Aparisi en la exposición ‘Valencia Jazz’ en el Centro Cultural Bancaja.

Salva Torres

El MuVIM se hace eco de la República

La modernidad republicana en Valencia. Innovaciones y pervivencias del arte figurativo (1928-1942)
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

“Ha vuelto el MuVIM como museo de las ideas”, subrayó Rafael Company, director del museo valenciano. Y, con él, un sueño hecho realidad: la puesta en valor de La modernidad republicana en Valencia, tal y como reza el título de la exposición que ayer vio la luz. “Soñábamos que en este museo ese periodo histórico [1928-1942] fuera tratado como se merece”. Company no quiso hablar de censura (“quizás sea cuestiones de gusto”), pero manifestó su sorpresa por el salto que se produce durante ese periodo a la hora de dar a conocer la producción artística valenciana. Recuperar esa memoria, en forma de carteles, pinturas y esculturas, ha sido labor del propio Company y de Amador Griñó, en tanto comisarios de la muestra.

Uno de los carteles de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

El diputado de Cultura, Xavier Rius, también habló de esa vuelta del MuVIM. “Es una exposición que marca un cambio de ciclo y de formas”. Atrás, al parecer, quedan los ciclos de Javier Varela, Joan Gregori y Paco Molina, como antecesores de ese otro MuVIM sin ideas o escorado en otra dirección. El nuevo MuVIM arranca con esa recuperación de un periodo olvidado. Y lo hace con más de 200 carteles, pinturas, esculturas y fotografías reveladores del potencial artístico de esa época. “Es un homenaje a todos los artistas con independencia del signo ideológico”, puntualizó Company.

Como recuerda Vicenç Altaió i Morral, en una de las inscripciones de la muestra, “la cultura pasa por encima de las vicisitudes de la fatalidad política”. Y la fatalidad, no exenta de proclamas enfervorizadas, ya sea a favor del pueblo contra la opresión fascista o de la patria amenazada por el fantasma (siguiendo a Marx) del comunismo, está muy presente en La modernidad republicana en Valencia, que lleva por subtítulo Innovaciones y pervivencias en el arte figurativo (1928-1942). Fatalidad o exaltación, en todo caso, “bien pluralista” (Company) y salpicada de artistas de enorme valía, como Josep Renau, Artur Ballester, Manuel Monleón, Carmen Gracia, Rafael Pérez Contel, Alfred Claros, Ricard Boix, Amadeo Roca, Teodoro Andreu o Balbino Giner.

Cartel de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Cartel de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

La exposición refleja con todo ese potencial artístico desde la primera dictadura de Miguel Primo de Rivera a la Dictablanda de Dámaso Berenguer, pasando por la República, en sus diferentes fases, hasta la Guerra Civil y posterior dictadura de Franco. Como señaló María José Gil, directora del Archivo de la Diputación de Valencia, los documentos expuestos son “como testigos de la historia”, que gracias al archivo foral “todavía por descubrir” revelan la realidad política y social de tan convulso periodo.

Hay carteles propagandísticos, taurinos, festivos, pinturas y esculturas que vienen a recoger todo el fragor de la época. Destacan sobremanera el de la mujer con bandera republicana proclamando la libertad, ‘La piedad’ de Alfred Claros, el cuadro ‘Bombardeos’ de Eleuterio Bauset, el retrato del Caudillo hecho por Josep Segrelles, ‘La bestia fascista’ de Boix, o el escudo de la España franquista con los retratos de Hitler, Mussolini, Salazar y Franco. También los numerosos carteles, de uno u otro signo, subrayando la exaltación del pueblo con lemas tan llamativos como: “La patria está en peligro. España contra la revolución y sus cómplices”.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

“En el campo del arte figurativo convivían diferentes tendencias, desde aquellas que ya apostaban por la innovación, hasta las que mostraban la continuidad del sorollismo o el benlliurismo e, incluso, la pervivencia de tradiciones todavía más antiguas”, explican los comisarios. Un pluralismo estético y, sin duda, ideológico como revelación de un periodo olvidado que el nuevo MuVIM rescata, gracias a los fondos de la propia Diputación, de museos y de colecciones tanto públicas como privadas. Rafael Company, a punto de saltársele las lágrimas, ha visto cumplido el sueño de mostrar a los valencianos aquella modernidad republicana.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

Imagen de la exposición en el MuVIM.

En primer término, escultura ‘La bestia fascista’, de Manolo Boix, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

Los pensamientos a mano de Sorolla

Sorolla, apuntes en la arena
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 25 de mayo de 2016

“Es un género frágil”, apuntó Felipe Garín, director del Centro del Carmen, refiriéndose al dibujo. De ahí las dificultades para su exposición. Joaquín Sorolla, dibujante compulsivo, realizó miles. Y no ha sido hasta ahora, gracias a un arduo trabajo de conservación y catalogación por parte del propio Museo Sorolla, que ven la luz los 120 expuestos en el Centro del Carmen. Son una parte minúscula pero muy relevante de los más de 5000 catalogados.

¿Por qué relevante? Porque como explicó el propio Garín y la comisaria de la exposición Sorolla, apuntes en la arena, Consuelo Luca de Tena, directora a su vez del Museo Sorolla, muestran “los procedimientos de trabajo” del pintor valenciano. Algunos de esos dibujos aparecen ligados a otros cuadros del artista, pero en líneas generales permiten conocer la singularidad de lo que fueron simples esbozos u obras con carácter propio. “Es una exposición muy útil, muy amena para el público en general”, destacó Garín. Para Albert Girona, secretario autonómico de Cultura, la muestra se centra en la elaboración de los dibujos que realiza Sorolla “a orillas de nuestras playas con elementos casi etnográficos”.

'Bajo el toldo, playa de Zarautz', de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

‘Bajo el toldo, playa de Zarautz’, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

La muestra se halla dividida en algunos de los aspectos que primaron en la obra de Joaquín Sorolla: la playa, el mar, las mujeres, las barcas, las velas, los bueyes o el trabajo en el mar. Famoso por atrapar como nadie la luz del mediterráneo en sus lienzos, la apuesta que llega al Centro del Carmen extiende esa percepción a sus frágiles dibujos. Dibujos en los que Felipe Garín confirmó la práctica ausencia del color. “Es poco frecuente. Todo lo más utiliza el clarión para reforzar algún aspecto del cuadro”.

El conjunto de dibujos, junto a algún cuadro grande y ciertas notas de color, no se había expuesto hasta la fecha, lo que supone un valor añadido a estos “apuntes en la arena” de Sorolla. De nuevo, la fragilidad atravesando la totalidad. Fragilidad del dibujo, cuyo papel corre el riesgo de la degradación temporal, y fragilidad de los apuntes tomados a pie de la inconstante arena. “Sorolla pensaba con las manos”, subrayó Garín. Y sus manos, como el pensamiento, no sabían de irregularidades o dificultades para expresar aquello que Sorolla miraba con gran pasión.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Además, esa impulsividad a la hora de dibujar, le venía condicionada por la propia naturaleza. En ella, ningún objeto, ninguna figura está quieta. Y aunque lo estuviera, como recordaba el pintor, cambiaba por la luz del sol que tampoco está nunca quieta. Así veía Sorolla el proceso creativo y así se recoge en sus dibujos, donde bastan unos trazos para iluminar la figura femenina, un ser casi mitológico para el artista valenciano, sus barcas o esas playas inmortales de su vasta producción.

“Sorolla dibujaba como el que respira y producía estos dibujos casi a diario”, puntualizó la comisaria de la exposición, en la que también estuvieron presentes Beatriz Alventosa, directora comercial de CaixaBank en la Comunitat Valenciana, e Isabel Salgado, directora de exposiciones de la Obra Social La Caixa, como entidad colaboradora junto al Consorcio de Museos de una muestra producida por la Fundación Museo Sorolla. Garín abundó en la presencia del dibujo, “un género que no ha gozado de la importancia que merece”. A ver si ahora, tratándose de un material inédito de Sorolla, la cosa cambia. “Detrás de esa aparente naturalidad que tenía [Sorolla] al pintar” hay “una amplia disciplina de estudio y de dibujo”, concluyó Luca de Tena. Sorolla, apuntes en la arena, viajará después del 29 de mayo a Girona y Tarragona, tras haber pasado ya por Madrid y Lleida.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Salva Torres

La belleza revulsiva de Liliana Maresca

Liliana Maresca
Galería Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Inauguración: viernes 29 de enero, a las 20.00h
Hasta el 15 de abril de 2016

La obra de Liliana Maresca, que incluye esculturas, objetos, instalaciones, dibujos, pinturas, montajes gráficos, y que se exhibe en la galería Espaivisor, se desarrolló y brilló principalmente durante buena parte del período de la postdictadura argentina, desde mediados de los años ochenta hasta la muerte de la artista, a fines de 1994, víctima del sida.

Su poética se alimentó y configuró a caballo de las décadas de los ochenta y de los noventa, entrelazándolas. Liliana también fue una influyente gestora de exposiciones que llevaron su sello personal, alrededor de las cuales supo articular a distintas generaciones de artistas, embarcados en estilos y tendencias que en aquellos años se veían como antitéticos y en tensión, pero que ella supo amalgamar. Y este poético encabalgamiento de tendencias y generaciones lo produjo tanto a partir de la mirada abierta de propia obra múltiple, como a través de su enorme capacidad organizadora. Las exposiciones temáticas grupales y colectivas que gestó hicieron historia.

Entre aquellas movidas puede citarse la muestra ‘Lavarte’ -en octubre de 1985- en una lavandería automática en pleno centro de Buenos Aires, por la que pasaban miles de personas al mes: allí la artista cruzó artes visuales, teatro y música.

Un año después organizó ‘La Kermesse’, una suerte de feria artístico circense, en el Centro Cultural Recoleta (entonces denominado Ciudad de Buenos Aires) en la que tomaron parte artistas plásticos, actores, músicos, vestuaristas, sonidistas, escenógrafos, directores, etc. Arte, juego y participación popular, al modo de las ferias barriales, que incluyó, por ejemplo, una rueda de la fortuna, un túnel del amor y un tren fantasma.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Desde 1989, junto a un grupo de artistas -y junto, también, con quien firma estas líneas-, Liliana organizó ‘La Conquista’, una gran exposición que fue montada y exhibida entre fines de 1991 y los primeros meses de 1992, para dar puntos de vista artísticos contra el proceso del “Descubrimiento” de América del cual se conmemoraban cinco siglos y que, por esos años, comenzaba a adquirir el nombre políticamente correcto de “Encuentro de culturas”. El subtítulo de aquella gran exposición que ocupó la totalidad del Centro Cultural Recoleta fue “500 años, 40 artistas”.

En ‘La Conquista’, Liliana presentó una gran instalación con la que evocaba duramente el nacimiento del mercado en América del Sur Latina, la época en que los conquistadores buscaban futuros destinos para ubicar sus productos y para extraer materias primas. Ella comparaba la sangre derramada mediante el exterminio de los aborígenes, con los lingotes de oro -los bienes obtenidos-. Una asociación plástica entre mercado, dinero y violencia.

Hacia fines de los ochenta su obra había comenzado a hacerse más política y a volverse anticipatoria respecto de ciertas consecuencias que se avecinaban, cuando la era menemista (por el gobierno del ex presidente Menem, que ocupó el cargo durante dos presidencias, entre 1989 y 1999) entregó el manejo del Estado al neoliberalismo, esto es: a los intereses privados, a la lógica bancaria, al capital concentrado, a las corporaciones y a las “leyes” del mercado.

En 1990 presentó una muestra crucial en el Centro Cultural Recoleta, en la que la artista exhibió un verdadero carro de cartonero lleno de deshechos, y tres réplicas, una en tamaño real, pintada de blanco; y dos en pequeña escala, objetos de bronce, uno plateado y otro dorado, como si fueran joyas.

Con aquella muestra la artista vislumbró antes que nadie uno de los oficios que mayor cantidad de personas excluidas reclutaría durante los años siguientes: el de los miles y miles de marginados del sistema, que poco a poco, por el efecto deletéreo de la economía menemista se fueron transformando en legión de familias cirujas (vagabundos), cartoneras y recicladoras de basura.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

La politización en la obra de Liliana también supuso al propio cuerpo, en una oscilación que iba del erotismo (sus desnudos fotográficos y sus piezas eróticas como los exhibidos en la presente exposición en Espaivisor dan cuenta de este aspecto), a la provocación ideológica, en obras conceptuales como aquella en la que la artista se ofreció al público “para todo destino”, relacionando cuerpo y mercado. Esto sucedió a fines de 1992, en la muestra que presentó en el Casal de Catalunya, ubicado en el porteño barrio de San Telmo.

En otro de los núcleos de la obra de Maresca se evoca la ide’a de juego, como sucede tanto en Patín, como en los múltiples ’No todo lo que brilla es oro’ y Caja chica’, que se exponen en la presente muestra valenciana. Los elementos, en estos dos últimos casos, parecen invitar al espectador a un juego de esos que orientan los destinos o deciden la suerte de los participantes, a través de las posibilidades combinatorias, metafóricas y simbólicas.

La última exposición que Liliana realizó en los instantes finales de su vida fue una retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, en noviembre de 1994, a la que dedicó la energía que le quedaba. El título que eligió para la exposición resulta demostrativo de su actitud frente al arte y la vida: ‘Frenesí’. Fue emblemática una de las obras que la artista había hecho especialmente para la exposición y que daba nombre a la muestra. Se trataba de un objeto encontrado por la artista, en sus recurrentes búsquedas callejeras: una raíz que lucía como un cuerpo femenino retorcido y consumido, en relación de tensión, y también de amor, con los cánones de la belleza tradicional, como sucede, en cierto grado, con la pieza ’Cíclope’, de 1991, exhibida en Espaivisor.

Toda categorización del trabajo de Liliana es sólo aproximada porque su obra siempre se resistió al disciplinamiento y especialmente a ser clásica, porque lo clásico muchas veces gusta pero no incomoda el presente de quien observa, como le gustaba a la artista.

La primera incomodidad de su producción, en el sentido de interrogarse a sí misma y de cuestionar al espectador, viene de la propia construcción de cada obra. Su trabajo evidencia a una artista con talento para crear obras bellas, que al mismo tiempo se resistía a la belleza fácil, esa que deja al espectador en un lugar pasivo por su efecto tranquilizador. Maresca siempre buscaba otra belleza, extraña y reflexiva, muchas veces revulsiva.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Fabián Lebenglik

Editor de la sección de artes visuales del periódico Página/12 y director editorial de Adriana Hidalgo Editora

 

Cine fantástico a escala en Lametro

Prop Art, organizada por el colectivo Awesome Props
Sala Lametro de la estación de Colón en Valencia
Hasta el 30 de enero de 2016

La sala Lametro de la estación de Colón de Metrovalencia ha ampliado los días de visita a la exposición Prop Art, organizada por el colectivo Awesome Props, hasta el próximo 30 de enero. La muestra dedicada al cine fantástico actual presenta numerosos personajes y objetos de producciones, como la saga de La Guerra de las Galaxias, Los Vengadores o Juego de Tronos y ha sido ya visitada por más de 3.000 personas desde su inauguración el pasado 10 de diciembre.

Vista de la exposición Prop Art en la Sala Lametro.

Vista de la exposición Prop Art en la Sala Lametro.

La exposición cuenta con 25 figuras a tamaño natural de personajes de Star Wars como Kylo Ren, Darth Maul, Boba Fett, Han Solo en Carbonita, Dengar, Stormtrooper Comandante y Wicket; Los Vengadores (Iron Man, Black Widow, Hawkeye y Miss Marvel); Kick-Ass (KICK-ASS e Hit Girl); Teenage Mutant Ninja Turtles (Raphael); Predator (Predator); Terminator (T-600); The Babadook (Mr. Babadook y Libro de Babadook); y Juego de Tronos (Guardia de la Noche en trono de Invernalia y Mesa con mapa de Poniente). Estas figuras están acompañadas por varias escenografías seleccionadas y numerosos objetos de utillería y atrezzo basados en las producciones cinematográficas más representativas del género.

La exposición ofrece un apartado destinado a los procesos técnicos, incluyendo la exhibición de los procesos de producción de los mismos, y una pequeña introducción al mundo de la creación de atrezzo, utillería y escenografía cinematográfica.

Imagen de Shaun Elay en la exposición Prop Art en Sala Lametro.

Imagen de Shaun Elay en la exposición Prop Art en Sala Lametro.

En la muestra participan Shaun Elay, joven artista experimental e ilustradora que presentó en primicia su exposición ‘Phobophobia’; José Gracia, el  autor del libro ‘Herederos de la Guerra de las Galaxias’; Víctor G. Prats, conocido artista eldense quien presentó una selección de sus mejores obras relacionadas en su conocida exposición ‘Star W-Arts’; y Tato Escriche, realizador y músico valenciano guionista, director y productor de varios capítulos de la serie de suspense paranormal Versión original y actual actor de doblaje de conocidas producciones de actualidad como Slow West.

Awesome Props es un colectivo de artistas fanáticos del cine, el comic y la ciencia ficción actual que realiza toda clase de utillería, atrezzo y escenografía cinematográfica como homenaje a dicho género.

Vista de la exposición Prop Art en Sala Lametro.

Vista de la exposición Prop Art en Sala Lametro.

La sala permanece abierta al público de lunes a sábado de 11 a 13 horas y de 17 a 20, cuenta desde su inicio con el patrocinio de Vossloh, empresa radicada en Albuixech y dedicada a la fabricación de unidades ferroviarias. Con esta sala de exposiciones, FGV quiere consolidar como habituales en el conjunto de las estaciones de la red propuestas culturales y otras, como actuaciones musicales o campañas de sensibilización como las que desarrolla Línea 0. Estas iniciativas se ofrecen con el objetivo de conseguir que las estaciones de Metrovalencia sean algo más que un simple lugar de paso.

Vista de la exposición Prop Art en Sala Lametro.

Vista de la exposición Prop Art en Sala Lametro.

 

Saltos mortales, volteretas, humor y…Split

Split, de Colectivo Circo 9.8
Sala Ultramar
C / Alzira, 9. Valencia
Sábado 26 y domingo 27 de diciembre, 2015, a las 18.00h

Risas, dos gemelos que no se parecen en nada pero se empeñan en ser idénticos, saltos mortales, volteretas, demostraciones de fuerza, más risas… Split continúa una semana más con dos únicas funciones los días 26 y 27, a las 18 horas. Para la sala Ultramar: “El circo es una tradición en estas fechas y hay circos de muchos tipos, el que ofrece Colectivo circo 9.8 está hecho para ser visto de cerca y con la boca abierta”.

En este sentido, la Sala Ultramar ha iniciado ya una campaña de precios populares para poder acercar a nuevos públicos que abarcará el ciclo Petit Ultramar. “Todas las entradas para el ciclo tienen un precio único de 7 euros frente a los 10 que cobramos habitualmente, la idea es que las familias puedan venir al completo y disfrutar de una actividad que está pensada para ellos.”

Split. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Split. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Split, que ya ha cosechado éxitos en otros festivales y ediciones, se presenta renovada con nuevas caras y cambio de nombre. Las entradas ya están a la venta y pueden conseguirse a través de la página web de la sala, en el apartado reservas (www.salaultramar.com/reservas) y en los canales de venta de www.atrapalo.com

En Split, Jordi y Silvia son dos hermanos gemelos de una familia atípica; de apariencia muy distintos, pero totalmente iguales. Nadie diría que son gemelos, pero ellos se empeñan en demostrar todo lo contrario…Y claro, ¿Quién se atreve a negárselo? Ni sus padres lo intentan. Es más, ¡les animan! Jordi y Silvia, Silvia y Jordi, los gemelos perfectos. ¿Notáis alguna diferencia?

Volcán azul. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Volcán azul. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Volcán azul, que estará en Ultramar los días 2 y 3 de enero (12.00h), es un espectáculo para la primera infancia (0-4años), una pieza de teatro próximo, sin texto, donde el sonido, el gesto, los objetos y la poesía visual, viajan juntos para descubrir la mirada del niño.

Volcán despierta del sueño y recorre el mundo. Un viaje fantástico donde la magia de las pequeñas cosas, la epopeya de la vida, se transforma en poema escénico.

La mirada del niño. Las primeras sílabas, fonemas. Mover un dedo. Mantener el equilibrio. Aprender a andar.  Abrir los ojos para el encuentro.

Escena de 'Split'. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Escena de ‘Split’. Imagen cortesía de Sala Ultramar.