Cantos rodados de muerte y de vida

Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas, de Sebastián Nicolau
Prólogo de Alfonso de la Torre
Museo de la Ciudad
Plaza del Arzobispo, 3. Valencia
Martes 18 de diciembre de 2018, a las 19.30h

Dice el filósofo Fernando Savater que la novela moderna está orientada por la muerte, mientras que la narración clásica sirve de orientación en la vida. “A fin de cuentas, la muerte no sabe más que desmentir a la vida”, subraya el autor de La infancia recuperada. Por eso apunta que la novela es un género desesperado, frente a la narración como género esperanzador. “En la narración, la muerte está siempre presente, pero nunca es necesaria ni en modo alguno dispensadora de sentido”. Y añade: “El sentido es cosa de la vida, es la vida misma y por ello es la vida quien puede dar sentido a la muerte, nunca viceversa”.

Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas, de Sebastián Nicolau, se halla en esa estela. Reúne en sus páginas una selección de piedras con forma de calavera, que el artista ha ido recogiendo durante los ocho últimos años de sus paseos por la playa de Corinto en Sagunt. Las fotografió en un principio sin otra finalidad que la de apreciar los infinitos rostros que el azar ha ido esculpiendo de tanto rodar y rodar. “No sé por qué pero sólo unas pocas parecen mirarme desde el suelo. Piedras redondeadas con oquedades que recuerdan cuencas oculares, mandíbulas, bocas”, explica Nicolau.

Fotografía de una de las piedras calaverinas del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor

Fotografía de una de las piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor

Rostros imposibles que le obligan, casi sin querer, como sin querer fueron esculpidos, a inclinarse y recogerlos. Piedras que ha ido guardando, fotografiando “sin modificarlas ni intervenirlas”, dibujando a continuación “sobre su imagen el recuerdo sugerido”. El libro que presentará el próximo martes en el Museo de la Ciudad de Valencia reúne un buen puñado de las imágenes de esas piedras, relacionando sus identidades con textos, canciones, pensamientos, películas y libros. Relaciones que únicamente pretenden evocar “el concepto de finitud o, por quitarle cualquier dramatismo a la expresión, con el paso del tiempo, el transcurrir de los días”, apostilla Sebastián Nicolau.

La muerte, pues, está presente, muy presente en el libro, pero su autoridad queda supeditada al sentido de la vida que emana de las conexiones y los recuerdos. Y el más claro ejemplo de esa vitalidad existencial que recorre sus páginas se encuentra al poco de iniciarse el trayecto. Lo reconoce el propio autor en la introducción del ejemplar. Se trata del momento en que relaciona una de esas inquietantes piedras con una secuencia de Mad Men. A Don Draper, protagonista de la serie televisiva, se le aparece el difunto Bert Cooper, fundador de la empresa de publicidad en la que trabaja.

Piedras calaverinas del libro  'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Y lo hace desde el más allá para recordarle, mediante una canción estilo Broadway, que lo más importante aquí es vivir la vida. “Un canto desde la muerte a la Joie de vivre [alegría de vivir]”, apunta Nicolau, aprovechando tal evocación para poner como frase bajo la piedra que la acompaña, la de Las mejores cosas de la vida son gratis, recogida en la propia canción entonada por el difunto Cooper. Por ejemplo, la luna y las estrellas, que son de todos. Así se van sucediendo las 191 páginas del libro, entre piedras calaverinas y sus correspondientes asociaciones artísticas.

“En esas páginas [22 y 23] está concentrada la esencia, porque está la vida, que es la del protagonista, la muerte, por el difunto que se le aparece, y en medio, el tiempo”. Además, prosigue Sebastián Nicolau, “tiene el sentido musical que recorre el conjunto del libro”, donde hay acordes cerrados que vienen a rematar la composición, y acordes abiertos que permiten relacionar con otras páginas y textos. “No hay nada trágico en el libro. Es muy vital”, remarca el artista, pintor y escultor valenciano con una dilatada carrera profesional.

Piedra calaverina del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedra calaverina del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

En todo caso, el posible sentido trágico del libro se debería más “a la cultura en que vivimos”, según su autor, que al propio espíritu del ejemplar editado por Makma y distribuido por Obra Propia. “Es cuestión de educación”, subraya. De ahí que la muerte, revelada a través de esas piedras con forma de calavera, comparezca como lo que es: la única certeza de la incierta existencia. Por eso las citas y vinculaciones artísticas ofrecen el sentido que la muerte destruye con su palmario destino. “Siempre me interesaron las pinturas de vanitas”, reconoce el autor, aludiendo al género pictórico “que representa la vacuidad de la existencia a través de elementos como el esqueleto o la calavera”.

Sebastián Nicolau, del mismo modo que privilegia la vitalidad frente al dramatismo del texto, también destaca la simple constatación de la vida, por encima de mensajes con carga moral. Por eso cuando dice que la temporalidad o finitud de la existencia es “un regalo que no debería desaprovechar” el espectador, aclara que está poniendo el énfasis en la pura “arqueología física, humana” del propio vivir. “Las vanitas se resumen en ese cráneo, la caja contenedora de lo que es la vida, que al final es lo único que nos queda porque después no hay nada”.

Piedras calaverinas del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Mercurio entre los dedos hace igualmente alusión a ese tiempo que se nos escapa y que por mucho que lo intentemos atrapar se desvanece. El acto creativo, en el fondo, viene a suplir esa impotencia reinventando la realidad para dotarla de sentido. O para que tomemos conciencia de su finitud y la saboreemos. La referencia a la película No es país para viejos lo ilustra a la perfección, cuando el psicópata Tom Bell (Javier Bardem) hace que el responsable de una gasolinera se tenga que jugar a cara y cruz su vida. Esa moneda lanzada al aire ya no será una moneda más.

“Las piedras que aparecen en este libro son sólo piedras, sólo distintas si se las separa de las otras por alguna razón”, explica Nicolau. Sus largos paseos por la playa de Corinto recogiéndolas han dado lugar a esas evocaciones del tiempo que, “como el mercurio entre los dedos, se escurre de las manos tras iluminarnos por un instante y quedar atrás como un relámpago. Nada más”, concluye el autor de un libro en el que han sido referidos artistas como Mery Sales, Miguel Borrego, Chema López, Sebastiá Miralles, Joan Verdú, Ximo Amigó, Joan Cardells o Carla Fuentes, entre otros. Además de un amplio número de películas, libros, pinturas y canciones.

“Es un libro que se ha ido haciendo solo, más que escribiendo. Y en ningún momento lo planteé con una intención seria, filosófica o erudita”. Y Sebastián Nicolau se refiere a la naturalidad con la que se produce, por ejemplo, una ola polar. “La naturaleza no tiene intenciones, pero a ti te obliga a abrigarte. Lo mismo ocurre con este libro, que sin intención de establecer cargas profundas, a cada cual le impulsa a establecer sus propias relaciones”, concluye.

Piedra calaverina del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedra calaverina del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Dos décadas del Premio Nacional de Pintura

Premio Nacional de Pintura
Real Academia de Bellas Artes de San Carlos
Museo de la Ciudad
Plaza del Arzobispo, 3. Valencia
Hasta el 17 de febrero de 2019

La Real Academia de Bellas Artes de San Carlos fue creada en 1768 por el rey Carlos III, de manera que ahora celebra su 250 aniversario. Efemérides que coincide a su vez con los 20 años de su Premio Nacional de Pintura. Dos siglos y medio de promoción y creatividad artística contenidos en las más de 15.400 obras que atesora su patrimonio. “Solo la Academia de París y la nuestra nacieron en el contexto universitario, las demás son palatinas, dependen de los monarcas”, explicó Román de la Calle, junto a Manuel Muñoz, comisario de la exposición que viene a celebrar los cuatro lustros de su galardón pictórico y el brillo centenario que lo acompaña.

Obra de Ana Císcar

Obra de Ana Císcar. Imagen cortesía de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

“250 años de la Academia que nace por el Ayuntamiento de Valencia, sin él no existiría, y por el impulso del movimiento ciudadano que pensó en su momento que se podía transformar el perfil de la ciudad”, añadió De la Calle, subrayando este carácter de “bucle”, puesto que ahora es el Museo de la Ciudad, dependiente del Consistorio municipal, quien acoge las 41 obras representativas del Premio Nacional de Pintura de la Academia. Una exposición integrada por los ganadores de las 19 ediciones anteriores y algunos de sus accésits, y mediante la cual se puede hacer la “foto fija del estado del arte actual”, señaló Tono Herrero, jefe de Sección de Museos del Ayuntamiento de Valencia.

Una imagen o radiografía que luego fue matizada tanto por el propio Herrero como por Manuel Muñoz, quien habló de una “foto fija de algo que es inestable, de una modernidad mutante” y que, al igual que estaban cambiando los medios de locomoción (bicicletas, patinetes y coches eléctricos), “en el mundo del arte va todo más deprisa”. “Cuando la posmodernidad caduca en los 90, aparece una plétora y promiscuidad de información que provoca que los estilos artísticos se vayan alternando, incluso en la propia biografía del autor”, agregó.

Obra de Kepa Garraza. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Obra de Kepa Garraza. Imagen cortesía de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Para Tono Herrero, los 20 años del premio de pintura de la Academia dificultan todavía el análisis: “No existe la perspectiva suficiente”. Perspectiva que sí ofrece, en cambio, el Premio Senyera que el Ayuntamiento viene convocando desde 1957, ahora modernizado con la presentación de obras en formato PDF y asumiendo el consistorio los gastos de transporte de los trabajos finalistas. Ese mayor alcance tampoco permite fijar del todo esa fotografía del arte valenciano contemporáneo: “Hay una explosión de tendencias dispersas y puede que pasado el tiempo salga el proceso que las aglutine… o no”, precisó Herrero. “Hay una diversidad pos crisis y en esa diversidad igual está la identidad del arte contemporáneo”, precisó.

“En el año 2000 empieza un periodo de dispersión estética, los artistas van buscándose dentro de sí mismos”, argumentó Muñoz, que aludió a la “selección extraordinaria” de obras expuestas: “Se van a sorprender, porque verán una eclosión de obras de arte que pertenecen a la Academia y a todos los valencianos”. Entre los artistas premiados que figuran en la muestra está el primer ganador, Francisco Díaz García, y el último, Juan Vicente Titos, además de Gabriel Alonso, Ernesto Casero, Cristina Gamón, Silvia Lerín, Keke Vilabelda, Kepa Garraza, Ana Vernia o Miguel Borrego, por citar algunos de los que recibieron los 6.000 euros del premio.

Obra de María Consuelo Vento. Imagen cortesía de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Obra de María Consuelo Vento. Imagen cortesía de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

El Premio Nacional de Pintura de la Academia es posible gracias al mecenazgo de El Corte Inglés, cuyo Director Regional de Comunicación, Pau Pérez Rico, recalcó que se trataba de uno de su patrocinios “más antiguos”, destacando este aspecto porque, a su juicio, “lo importante es el compromiso a lo largo del tiempo”. Román de la Calle también quiso subrayar la “generosidad” del patrocinador, que pudiendo participar en el patrimonio de las obras adquiridas “no lo ha hecho”, abundando en la importancia de los premios: “Suelen ser el reflejo de la historia del arte; los quehaceres estilísticos propios del siglo XXI”.

La exposición está concebida bajo cuatro aspectos, que Manuel Muñoz fue enumerando: “Hay una sala de influencia post pop y con gestos a lo [Jean-Michel] Basquiat” [artista neoyorquino del que se cumplen 30 años de su muerte], a la que le sigue otra de expresionismo figurativo, y otras dos últimas salas de cierto constructivismo y pintura geométrica”, citando a Sempere, Yturralde, Chapa, Javier Calvo e incluso Teixidor entre sus representantes. Y volvió a incidir en ese carácter de “foto fija” aludida por Herrero: “Más que foto fija es una foto que responde no a los 20 años en conjunto, sino a cada uno de los años”, concluyendo que la virtud de la recopilación estriba en que “recoge esa inestabilidad”.

Obra de Marina Puche. Imagen cortesía de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Obra de Marina Puche. Imagen cortesía de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Salva Torres

El Palau de la Música se queda sin arte

Cierre de la Sala de Exposiciones del Palau de la Música
Figura, paisaje, marina. Territorios de lo intangible, de Cristina Gamón

Tras 18 años de actividad ininterrumpida, el Palau de la Música cierra su sala de exposiciones. Figura, paisaje, marina. Territorios de lo intangible, de la artista valenciana Cristina Gamón, será la última. “Es un problema presupuestario, pero no sólo eso”, admiten desde la concejalía de Cultura. Dicen que no se ajusta a la programación musical y que, en todo caso, quieren repensarlo, además de criticar el hecho de que no había “una línea clara expositiva”. Habrá una exposición que dará la puntilla a la sala: “Es de la Cruz Roja y como es benéfica la hemos respetado”, señala Paloma Carreras, asesora de la regidora de Cultura, Glòria Tello.

El caso del Palau es extensible al resto de los espacios expositivos de titularidad municipal: Atarazanas, Almudín, Museo de la Ciudad, El Tossal, Museo Benlliure… ¿Qué pasará con ellos? El Ayuntamiento de Valencia tiene un plan: “Estamos a punto de sacar las bases de un concurso público para proyectos destinados a esos espacios”, avanza Carreras. Para ello, se contará con “un comité científico de expertos” encargado de su evaluación. Además, está previsto singularizar cada uno de esos espacios con una programación ajustada a sus posibilidades, “porque no es lo mismo El Tossal que Atarazanas”, subraya la asesora.

Vista de la exposición de Cristina Gamón en el Palau de la Música.

Vista de la exposición de Cristina Gamón en el Palau de la Música.

Vicente Colom, encargado de la programación artística de la sala del Palau de la Música durante esos 18 años, no entiende el cierre de un espacio “que ha posibilitado a cerca de un centenar de artistas, en su mayoría valencianos, exhibir su obra”. Tampoco entiende la razón de que se trate de una actividad ajena a la musical, porque “en el Metropolitan de Nueva York acogen hasta pases de modelo” y, sin ir más lejos, recuerda que Les Arts y el IVAM ya colaboran intercambiando  propuestas en sus respectivos espacios.

Las exposiciones del Palau de la Música, últimamente a razón de tres por año, tenían el coste del seguro, transporte y catálogo; la producción corría por cuenta del artista. Lo cual suponía un gasto aproximado de 7.000€. Colom asegura que él no cobraba cantidad alguna por esa actividad, ya que renunció a ella a cambio de que se hiciera ese catálogo.

Obras de Cristina Gamón en la que será la última exposición en la sala del Palau de la Música.

Obras de Cristina Gamón en la que será la última exposición en la sala del Palau de la Música.

El Ayuntamiento de Valencia dice haber respetado la programación de 2015 en todos los espacios municipales, salvo en dos casos, en los que los propios artistas no han podido llevar a cabo sus proyectos por problemas de tiempo. De hecho, el Almudín inauguró el jueves 3 de diciembre una exposición de Javier Chapa, y Atarazanas otra muy pronto de Curro Canavese, ambas impulsadas por Vicente Colom, que dice no tener claro el plan cultural de todos esos espacios.

La sala de exposiciones del Palau de la Música acogerá hasta enero la decena de piezas de Cristina Gamón. Después vendrá la benéfica de Cruz Roja. Y una vez despejado el recinto, cabe la posibilidad de su utilización con fines estrictamente musicales, como la preparación de alguna colección permanente relacionada con la actividad del propio coliseo. En cualquier caso, habrá que esperar. Al igual que cabe esperar ciertas lagunas en la programación de los respectivos espacios municipales, dados los tiempos de ejecución del concurso público.

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Vista general de la exposición de Cristina Gamón en el Palau de la Música.

Vista general de la exposición de Cristina Gamón en el Palau de la Música.

Salva Torres

Trazo Urbano de México a Valencia

Trazo Urbano VLC
Sala de Exposiciones Josep Renau
Universitat Politècnica de València
Camí de Vera, s/n. Valencia
Hasta el 12 de julio, 2015

La ciudad conjuga lo antagónico humano. En tanto que producto de la necesidad, adquiere el carácter de objeto de la naturaleza. En tanto que sujeto de la cultura, condensa las aspiraciones y contradicciones de sus habitantes y de su historia.

El proyecto Trazo Urbano se presentó por primera vez en el Museo de la Ciudad (México DF) en noviembre de 2013 con una clara vocación de conjugar la dimensión gráfica de la ciudad y la potencia transformadora de lo urbano. Diversas ciudades y artistas de Colombia, EEUU y España han ido acogiendo sucesivas concreciones de nuevas propuestas gráficas que tienen como eje rector nuestra irrenunciable naturaleza urbana.

Imagen del cartel de la exposición Trazo Urbano VLC. Cortesía de la UPV.

Imagen del cartel de la exposición Trazo Urbano VLC. Cortesía de la UPV.

Trazo Urbano VLC mantiene un doble común denominador: por una parte, dos carpetas compuestas por 21 estampas de 40x40cm de artistas de México y de Valencia, por otra, una selección de artistas cuyo trabajo supone una aproximación personal (individual o colectiva), una visión comprometida con el espacio urbano desde sus respectivas posiciones que terminan por plasmarse en sendas propuestas que podemos circunscribir en un amplio territorio visual de innegable cualidad gráfica.

Vista general de la exposición Trazo Urbano VLC. Fotografía de García Poveda cortesía de la UPV.

Vista general de la exposición Trazo Urbano VLC. Fotografía de García Poveda cortesía de la UPV.

Desde México

No hay proyecto sin que esté atado a un objeto y no hay atadura sin responsabilidad. Trazo urbano, gráfica contemporánea desde México, responde a los problemas y posibilidades que presenta hoy en día la disciplina desde un estado de emergencia, de autoorganización, de un pluralismo lógico, de una no-linealidad, de turbulencias, pero principalmente a la incertidumbre y al aprendizaje.

Desde Valencia

La ciudad de Valencia ha servido como base de operaciones recurrente y constante en todos los participantes. Desde registros fotográficos elaborados durante décadas, hasta procesos definidos espacial y temporalmente, pasando por acciones colectivas, participativas y reivindicativas, o por propuestas introspectivas en las que la memoria, la historia e incluso las emociones terminan por encontrar el modo de hacerse visibles y presentes.

Exposición 'Trazos Urbanos'. Fotografía de García Poveda cortesía de la UPV.

Exposición ‘Trazos Urbanos’. Fotografía de García Poveda cortesía de la UPV.

Ignacio Vergara, 300 años bien llevados

Ignacio Vergara en el tercer centenario de su nacimiento (1715-2015)
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 6 de septiembre

La Generalitat Valenciana de la mano de sus instituciones culturales conmemora en este 2015 el 300 aniversario del nacimiento de Ignacio Vergara Gimeno (1715-1776), uno de los exponentes de la escultura valenciana y española de todos los tiempos y el más importante escultor valenciano del siglo XVIII. Miembro de una de las familias de artistas más influyentes de su época (Los Vergara), pese a su gran reconocimiento nunca se le había dedicado una muestra monográfica al autor.

El Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana y la Fundación Jaume II el Just, dentro de su línea de conmemoraciones culturales, organizan esta primera gran exposición homenaje a Ignacio Vergara con motivo del tercer centenario de su nacimiento convirtiéndose en una de las citas culturales más importantes del año en Valencia.

Vista general de la exposición dedicada a Ignacio Vergara. Cortesía de Centro del Carmen.

Vista general de la exposición dedicada a Ignacio Vergara. Cortesía de Centro del Carmen.

Ignacio Vergara es una de las figuras más significativas del arte valenciano del siglo XVIII, no sólo por su valiosa aportación dentro del ámbito de la escultura, con obras tan relevantes como la portada del Palacio del Marqués de Dos Aguas o el relieve de los ‘Ángeles adorantes del anagrama de María’ de la portada barroca de la Catedral de Valencia, sino también por su contribución al academicismo valenciano, siendo uno de los miembros fundadores de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Precisamente la exposición, comisariada por la historiadora y experta en la obra de Vergara, Ana Buchón, se exhibe en el Centro del Carmen, que fue sede de la Academia de San Carlos, donde podrá verse hasta el próximo 6 de septiembre.

La muestra es la primera y más completa retrospectiva sobre Ignacio Vergara y en ella se exhiben cerca de un centenar de obras entre esculturas, bocetos y tallas, además de dibujos y grabados vinculados al origen de la Academia de Bellas Artes de San Carlos. La muestra se acompaña de fotografías de algunas de sus obras repartidas por otros lugares de España como Barcelona o Cádiz.

Un total de 17 instituciones y museos valencianos han colaborado en esta exposición prestando obra, desde el Museo de Bellas Artes de Valencia donde se conserva gran parte de su producción fuera de lo que constituye la arquitectura pública, de la Academia de San Carlos, la Catedral de Valencia, el Museo Nacional de Cerámica González Martí, el Museo de la Ciudad, además del Archivo del Reino, el Monasterio de Santo Espíritu de Gilet o la Basílica de San Pascual Bailón de Villareal, entre otros.

El homenaje que se dedica en esta exposición a Ignacio Vergara se extiende asimismo al resto de la saga de Los Vergara que abarcaría dos generaciones de escultores y pintores del siglo XVIII.

Escultura de Ignacio Vergara. Imagen cortesía de Centro del Carmen.

Escultura de Ignacio Vergara. Imagen cortesía de Centro del Carmen.

La figura de Ignacio Vergara Gimeno suele generar a veces confusiones por pertenecer a esta destacada y numerosa familia de artistas que durante el siglo XVIII controló gran parte de la actividad artística de la ciudad de Valencia como fueron el padre del escultor, Francisco Vergara el Mayor (1681-1753), su hermano el pintor José Vergara (1726-1799) y su primo hermano el escultor Francisco Vergara Bartual (1713-1761), entre los más importantes. Así la exposición incluye un árbol genealógico de la familia así como varias obras representativas de sus miembros.

El grueso de la exposición se dedica a Ignacio Vergara Gimeno en sus diferentes facetas, especialmente la de escultor e impulsor del academicismo valenciano. Destacan en la muestra los bocetos de terracota reunidos por primera vez en una exposición, fundamentales para comprender su método de trabajo y que constituyen obras de arte por sí mismos. Esta colección es especialmente importante por cuanto que Ignacio Vergara es uno de los pocos escultores españoles de época moderna, junto con Francisco Salzillo, de los que se conserva una amplia colección de estas piezas.

Obras de Ignacio Vergara en el Centro del Carmen. Cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Obras de Ignacio Vergara en el Centro del Carmen. Cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Se aborda también el importante papel que Ignacio Vergara jugó en el desarrollo del academicismo artístico valenciano, a través de las academias de Santa Bárbara y de San Carlos. Aquí se exhibe obra de otros artistas también vinculados a las academias. Su labor dignificó el trabajo del artista, hasta entonces ligado al ámbito gremial, creando los primeros estudios oficiales de Bellas Artes.

Por último, no se olvida la huella que el artista dejó en la escultura valenciana posterior. No en vano fue él, según Orellana, quien introdujo la perfección en la escultura, al dedicarse sus profesores al estudio del dibujo, en concreto, del dibujo del natural.

Finalmente al hilo de la exposición y considerando que la mayor parte de la obra de Vergara que se conserva es escultura en piedra para arquitectura y que ésta se encuentra enclavada en grandes monumentos valencianos, el Consorcio de Museos presenta al mismo tiempo una Ruta de Los Vergara por los mayores hitos de su escultura que se pueden observar en Valencia.

La exposición así como la Ruta Vergara sirve no sólo para reconocer la obra de Ignacio Vergara Gimeno sino también para arrojar un poco más de luz sobre una época destacada para el arte valenciano y sus artistas como fue el siglo XVIII.

Uno de los documentos incluido en la exposición sobre Ignacio Vergara en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Uno de los documentos incluido en la exposición sobre Ignacio Vergara en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

La razón poética de Marusela Granell

Marusela Granell
Razón poética
Galería Walden Contemporary
C / Denia, 74. Valencia
Hasta el 9 de enero de 2015

La Galería Walden Contemporary presenta la exposición  La razón poética de la artista Marusela Granell. Una suerte de homenaje al pensamiento y nuestra condición de seres orgánicos a través de la mirada de la poeta y pensadora María Zambrano.

A diferencia de trabajos anteriores, en los que la artista siempre ha reconocido y reivindicado un arte enteramente formalista, alejado aparentemente de lo conceptual, y donde la importancia de lo decorativo es reivindicado a través de la naturaleza e investigación de los materiales. Ahora profundiza precisamente en la necesidad de la investigación del texto, que al igual que en el disfrute de su lectura plantea la importancia del disfrute de la forma. En este sentido, Granell, presenta como primer retrato, de una serie de cerebros-retrato a María Zambrano y su razón poética. Y de ahí la importancia de que los cerebros sean formalmente bellos.

Hay una búsqueda de lo esencial a través del uso de los mínimos elementos que nos acerca a una pintura a caballo entre lo formal y el paisaje orientalista.  Un proceso de trabajo donde los materiales en bruto recrean grandes espacios de silencio y serenidad donde descifrar el sentir de lo oculto. Papeles casi desnudos, apostillados en el tiempo, desgastados, cansados de ser arte se inscriben en una mística de la penumbra, de la metafísica y como expresión poética. Una total desposesión que dan asilo a las realidades que el racionalismo ha arrojado al exilio.

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Acompañan a la pieza “cerebro-María Zambrano”, dos grandes paisajes pintados con óleo sobre papel.  Paisajes pintados, rotos, descompuestos que posteriormente han sido unidos en cierto modo de manera casual, como si la idea fuera permitirles ser de otra manera, desposeer la obra para dejarla ser.

La muestra nos introduce a través de la obra “Claro de bosque” una suerte de puerta de grandes dimensiones, cuya enmarcación nos invita a adentrarnos  a través de esta particular cosmovisión, ya que si bien la mística sucede dentro del alma, también está fundada en la naturaleza propia del hombre y en modo alguno es ajeno a lo humano. Gestos, pinceladas, collages, rastros que deja la pintura, paisajes de  nuestro yo más profundo habitados por pájaros. Un lugar donde la obra encuentra finalmente una dimensión casi espiritual.

Granell es doctora en Bellas Artes y recibió el Premio Nacional  Angel Herrera a la Solidaridad  en 1999, y el Premio del Ministerio  de Cultura por la promoción  del arte contemporáneo español   (2000). Ha expuesto en lugares tan variados como la Berliner Kunst (2004), el Museo de la Ciudad, en Valencia (2004) o el Oxid, en Wintertur (2005).

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Fragments: ¡No disparéis al fotoperiodista!

La Nau

Fragments: Fotoperiodistes valencians 2012

Valencia

C / Universidad, 2

Hasta el 1 de mayo

La política, como apuntó con extrema lucidez Groucho Marx, es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. No toda, por supuesto, pero sí la política que últimamente venimos padeciendo. Y para demostrarlo ahí está Fragments, la muestra de los fotoperiodistas valencianos que ya va por su décimo año de la mano de la Unió de Periodistes Valencians. Y creciendo. En parte, gracias a la Diputación de Valencia, que censuró la que tenía lugar en el MuVIM en 2009 y, desde entonces, ha catapultado su repercusión pública.

Lo dicho: se buscó un problema donde no lo había, se diagnosticó una enfermedad supuestamente provocada por el sarcasmo de ciertas imágenes, y se aplicó el remedio equivocado de su censura. El resultado ahí lo tienen: Fragments goza cada año de mejor salud. “En el fondo, la Diputación nos hizo un favor y nos lanzó al estrellato”, reconoce Kai Försterling, coordinador de la exposición, junto a los también fotoperiodistas Biel Aliño y Marga Ferrer.

Gozando de magnífica salud, no se puede obviar el contexto de la crisis. Contexto que ha hecho, por ejemplo, que disminuyan los profesionales que participan cada año en Fragments. De ahí esas siete fotos negras, incrustadas entre el resto de imágenes que conforman la muestra, a modo de simbólicas esquelas. “Es un recordatorio de los muchos compañeros periodistas que han perdido su trabajo”, subraya Kai. Fotoperiodistas a los que se ha llevado por delante la crisis, tras la palmadita en la espalda de sus respectivos medios por los servicios prestados. De manera que entre censuras institucionales y despidos laborales parece resonar la exclamación fílmica de Truffaut: Disparad al pianista, en este caso, al fotoperiodista.

No, no disparéis al fotoperiodista, entre otras razones porque matamos la posibilidad de contemplar imágenes como las que hasta el 1 de mayo permanecerán expuestas en La Nau de la Universitat de València. Gustarán más o menos, pero revelan el estado de salud de la sociedad democrática. Sin esas u otras imágenes esclarecedoras del panorama político, cultural, social o deportivo, seguiríamos igual de vivos, pero nos faltaría el soplo de libertad que aportan esas fotografías en el marco del periodismo.

La Nau se ha hecho cargo los tres últimos años de Fragments, tras el desaire de la Diputación. La FNAC, el Museo de la Ciudad, El Tossal, el MuVIM y la galería Tomás March ya fueron antes sedes de la exposición. Una exposición que este año cuenta con obra de los fotoperiodistas Germán Caballero, Aitor Alcalde, José Cuéllar, Eva Máñez, Juan Carlos Cárdenas, Pablo Garrigós, Miguel Ángel Montesinos, Alberto Sáiz, Miguel Lorenzo, Jesús Ciscar, El Flaco, Miguel Ángel Polo, Irene Marsilla, Rober Solsona, y los mencionados Försterling, Aliño y Ferrer. Menos de los que suelen ser habituales, debido a las bajas, el desánimo y las dificultades propias de una selección de imágenes que provoca sus desavenencias. 

En cualquier caso, ahí están los tristes desahucios, el juego de ping-pong entre políticos, las cargas policiales, las alegrías y tristezas deportivas, los incendios forestales o de ese Future en llamas, obra del artista Santiago Sierra. Imágenes para sacarle los colores a más de uno, la sonrisa cómplice o simplemente catártica y la prueba documental de que el periodismo sigue vivo. A pesar de los pesares y de la funesta manía de disparar a los fotoperiodistas, un blanco fácil porque ellos sí que disparan por libre. 

Salva Torres