Las decadencias visuales de Kolo en Hygiene

‘EXPO KOLO’, de Kolo
Hygiene Centro de Operaciones Artísticas
Pintor Domingo 18 bajo, Valencia
Del 12 al 31 de mayo de 2018
Inaguración: sábado 12 de mayo a las 19:00

Una vez más, Kolo nos sorprende con una colección de creaciones que aúnan su maestría en el trazo, sencillo y contundente, con esa vida interior propia, rica en vivencias, anécdotas y emociones.

Se trata de un conjunto de obras realizadas entre 2017 y 2018 con distintas técnicas, donde el juego del color adquiere protagonismo para reflejar ambientes urbanos en apariencia vistosos, pero que dejan en el observador un regusto amargo de decadencia. Aquí reside la maestría del autor, capaz de aunar ambas percepciones con abrumadora eficacia.

Imagen de una de las obras que forman parte de 'EXPO KOLO', del artista Kolo. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las obras que forman parte de ‘EXPO KOLO’, del artista Kolo. Fotografía cortesía del autor.

Los personajes de esta colección muestran rostros heridos, de miradas perdidas hacia dentro, rostros que invitan a pensar, a ahondar en la causa del dolor, y uno podría permanecer horas frente a ellos, adentrándose en estos mundos recubiertos por una capa de superficialidad que dulcifica sus particulares tragedias.

Y lo que trasluce en todos ellos es su soledad en el gran collage de la sociedad. Amores artificiales, corazones rotos, tristes caperucitas que se preguntan por dónde andará su lobo, mujeres quedas, detenidas en la ausencia de esperanza, y el terrible miedo al folio en blanco, a la vida en blanco, a la inexistencia antes y después de la muerte.

Resulta difícil permanecer impasible ante el zarpazo de realidad al que nos somete Kolo, con aparente inocencia. El visitante no saldrá indemne; pero ahí reside el arte y este es el mérito del artista, su capacidad de agitar lo que estaba dormido o en coma.

Una deliciosa e inolvidable experiencia.

Imagen de una de las obras que forman parte de 'EXPO KOLO', del artista Kolo. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las obras que forman parte de ‘EXPO KOLO’, del artista Kolo. Fotografía cortesía del autor.

La exposición se inaugura en Hygiene Centro de Operaciones Artísticas el sábado 12 de mayo, a las 19:00, y basta mirar el programa para adivinar que el acto será una fiesta:

Lectura poética a cargo de Alex Badal, con Monty a la guitarra.
Comedia teatral de Vicente Marco que actuará junto a Dolores García.
Y acompañando ambos microeventos, la ‘PINTURA EN VIVO’ de Kolo.

¿Se puede pedir más?

Sí. Se puede pedir un rosadito fresquito, que en este caso correrá a cargo del GRUPO COVIÑAS, completando un acto al que no puedes faltar.

Imagen de una de las obras que forman parte de 'EXPO KOLO', del artista Kolo. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las obras que forman parte de ‘EXPO KOLO’, del artista Kolo. Fotografía cortesía del autor.

 

 

Un Leviatán escénico llamado Josep Maria Pou

‘Moby Dick’, de Andrés Lima
Una producción de Focus
Con Josep Maria Pou, Jacob Torres y Oscar Kapoya
Teatro Principal de València
Hasta el 22 de abril de 2018

El Teatro Principal de València acoge, hasta el próximo domingo 22 de abril de 2018, la representación de ‘Moby Dick’, dirigida por el animalario Andrés Lima a partir de una adaptación, a cargo del dramaturgo Juan Cavestany, del excelso título homónimo de Herman Melville, cuyo elenco abandera Josep Maria Pou, en compañía de los actores Jacob torres y Oscar Kapoya.

Asentada en el acervo popular, gracias en gran medida a la prosaica maestría de John Huston y Ray Bardbury –y a un lincolnizado Gregroy Peck–, ‘Moby-Dick’ ha sido objeto impenitente de las más diversas aproximaciones escénicas y cinematográficas, erigidas, en su mayoría, en un relato que atiende a la convulsa acción sobre las tablas de un bergantín gobernado por los delirios de su capitán, en obsesiva búsqueda y persecución de la gran ballena blanca para consumar su particular venganza.

Sin embargo, la onerosa novela de Melville –un experimental e incomprendido desafío narrativo para los cenáculos literarios decimonónicos, cuya agostada primera edición supuso el precipitado ocaso del escritor neoyorkino–, encierra, allende los profusos tecnicismos acerca de la caza de cetáceos misticetos, la enarbolación de una extrema y enardecida forma polifónica de ser/estar en el mundo, instigada por los designios coléricos de un personaje capital en el vasto relato diegético de la alta literatura.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Ineludible debía ser, por tanto, que Juan Cavestany emprendiera su travesía “a través de lo inmenso, de la gran incertidumbre (…) en busca de su elixir” y rezumar de entre sus bíblicas páginas, henchidas de digresiones, el raquis simbólico y metafísico de la turbulenta odisea de la destrucción del Pequod y, por ende, de la deriva psicológica de ese turbio Ulises llamado Ahab, cuya existencia cobra sentido último en su perturbadora porfía con lo mitológico, con ese Leviatán que trató de devorar al profeta Jonás, un ser que habita en el mundo ignoto de las alucinaciones.

Tal y como reflexiona su director, Andrés Lima, “el carácter mítico de Ahab (…) nos brinda la cara oscura del hombre y, a la vez, su caza, su rebelión contra la naturaleza es heroica y nos hace pensar que somos capaces de todo. Para lo bueno y para lo malo”.

Y si sobre las crispadas enajenaciones del Capitán Ahab debía recaer el curso de este ‘Moby Dick’, no cabe ya imaginar a otro ser escénico que no sea Josep Maria Pou, excelsamente entregado a la compleja prosodia de su personaje, tal vez una oportuna condensación de maestrías anteriores, habiendo cumplido de un modo mirífico con la edificación de caracteres como el Rey Lear, la oronda e inabarcable figura de Orson Welles o la mayéutica envenenada de Sócrates.

Oscar Kapoya, Josep Maria Pou y Jacob Torres durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Oscar Kapoya, Josep Maria Pou y Jacob Torres durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Pou se eleva sobre la prótesis de la pierna siniestra y se enfunda un largo peacoat para despertar al capitán del sueño ancestral de su propio deceso y adentrarse en la vigilia inestable de la roda de proa, cortando las aguas con el canto afilado y profético de la alucinación, huyendo del naturalismo y respirando impelidos soliloquios shakesperianos camino de la muerte, como un sumo sacerdote que mesmeriza, con su abocado proselitismo, a esa ya desvalida nómina de esclavos, indígenas polinesios y despojados marineros, y conmociona al espectador, más que emociona (tal y como prefiere matizar el actor), con el personaje que más exigencias físicas y psicológicas le ha procurado, tras medio siglo de fértil trayectoria.

En esta densa tarea de elixires y condensaciones, equilibran a Josep Maria Pou las intachables intervenciones de Oscar Kapoya –hiperbólico y colonial Pip (un ‘Alabama boy’, cocinero y guardacostas), amén de arponero (¿Queequeg?), entre otros– y Jacob Torres –como Starbuck (un cuáquero pseudo-antagónico de Ahab, quien sedimenta pragmatismo entre la locura y la contienda) e Ismael, único tripulante superviviente del Pequod, narrador de las páginas de Melville y símbolo de huérfanos, parias sociales y exiliados).

Pou, Kapoya y Torres gobiernan el espacio, propicio para la alucinación, aportando elevada réplica a un sencillo pero muy eficaz trabajo escenográfico de Beatriz San Juan, que sitúa al público entre las armuras de babor y estribor, tras la quilla de proa, esbozando tan solo el esqueleto de ofensiva del Pequod, frente a la que se adivinan las marejadas oceánicas, gracias a un atinada extremidad multimedia gestada por la video creación de Miquel Àngel Raió y Francesc Sitges-sardà, el espacio sonoro de Jaume Manresa o la iluminación de Valentín Álvarez; elementos técnicos que, junto a la grabación del Coro de voces graves de Madrid y el Coro de jóvenes de la Comunidad de Madrid, concluyen rubricando una adaptación virulenta, lacerante e impecable.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, flanqueado por los actores Oscar Kapoya y Jacob Torres, durante un instante de la representación de 'Moby Dick', de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, flanqueado por los actores Oscar Kapoya y Jacob Torres, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

 

Louisa Holecz o la inevitabilidad de la muerte

‘Out of Body’, de Louisa Holecz
Galería Librería La Casa Amarilla
Paseo de Sagasta 72, local 3, Zaragoza
Del 17 de abril al 2 de junio de 2018
Inauguración: martes 17 de abril a las 20:00

La secuencia de pinturas y esculturas que Louisa Holecz (Londres, 1971. Reside en Zaragoza desde el año 2000) expone en La Casa Amarilla, con el título de ‘Out of Body’, evidencia, en su fidelidad a determinados temas, la que considera es una de las funciones del arte, sino la principal: hacernos conscientes de la inevitabilidad de la muerte.

Louisa Holecz pinta cuerpos que escapan, escenarios de tránsito e intermedios, intentando hacer visible lo que excede  toda visibilidad. Por eso sus imágenes son turbadoras e inquietantes. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado.

Imagen de la obra 'Interval –for Jacqueline du Pré–', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Interval –for Jacqueline du Pré–’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

“Una venda sobre los ojos, una venda muy ceñida, cosida sobre el ojo, cayendo inexorable como postigo de hierro desplomándose sobre ventana.
Pero es con su venda con lo que ve.
Es con todo su cosido con lo que descose, con lo que vuelve a coser, con su carencia con lo que posee, con lo que toma”.
(Henry Michaux, ‘La vida en pliegues’)

Cuando el compositor Edward Elgar salió de la anestesia tras ser operado en 1918, pidió lápiz y papel. Lo que escribió fue el primer tema del ‘Concierto para violonchelo en mi menor Op. 85′, que terminó durante el periodo de recuperación en Brinkwells, una casa apartada cerca de Fittleworth, en Sussex. El concierto inauguró la temporada 1919-1920 de la Orquesta Sinfónica de Londres, el 27 de octubre de 1919, sin éxito. Nadie comprendió el tono contemplativo y elegiaco de su nueva música. Hasta que la violonchelista Jacqueline du Pré la interpretó con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de John Barbirolli, en 1965.

Ahora, Louisa Holecz pinta el escenario vacío de la orquesta para Du Pré, arrancada de la música por la enfermedad que le fue diagnosticada en 1973, cuando tenía 28 años. ‘Interval’ titula Holecz su cuadro, en alusión al intermedio durante el que Du Pré hubo de reconstruirse. Una tarea complicada de explicar, según confesó al realizador Christopher Nupen, “porque después de haber estado tanto tiempo haciendo algo que me gustaba, es difícil reconstruir algo que me parezca que valga la pena. Así que ese ha sido mi trabajo; la reconstrucción”. Solo quedaba esperar la muerte, que llegó en 1987.

Lo que nos crea problemas no es la muerte, sino el saber de la muerte, afirmó Norbert Elias. Louisa Holecz la pinta. Pero, cómo pintar un cuerpo que escapa y que lo hace de tantas maneras, se preguntó Gilles Deleuze: mientras dormimos, durante el vómito y el grito; o tras una operación, de la que una persona sale como si hubiera tocado el límite de la vida. Un límite al que, quizás, Elgar quiso poner música; el mismo que Louisa Holecz aspira a pintar. Pero insistimos con Deleuze, cómo hacerlo, cómo hacer visible lo que excede toda visibilidad, que eso es el impulso, el esfuerzo a través del cual el cuerpo tiende a escaparse. Según la definición de Julia Kristeva, lo abyecto es expulsar, es aquello de lo que debo deshacerme a fin de ser un yo, y lo que ese yo primordial expulsa, considera Hal Foster, es una sustancia fantasmal tan extraordinariamente próxima al sujeto que motiva su pánico; no en vano el sujeto de abyección es el cadáver.

Imagen de la obra 'Torre clandestina', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Torre clandestina’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Entre las direcciones que ha tomado el arte de lo abyecto, Foster señala dos: la primera consiste en identificarse con lo abyecto, sondar la herida del trauma, tocar la obscena mirada-objeto de lo real; y la segunda, representar la condición de la abyección para aprehenderla en el acto. Louisa Holecz elige ambas direcciones. Con la pintura decide sondar la herida, mostrándola a la mirada de quienes se sitúan ante ella, y no duda en representar la acción misma de la abyección.

Louisa Holecz pinta imágenes que desfiguran la figuración, turbadoras e inquietantes; imágenes reales que lanza a la invención; imágenes que dialogan con la muerte; imágenes de pesadilla que ponen rostro al miedo, experimentándolo; imágenes, en definitiva, que siguen el consejo de Sacher- Masoch: “Hay que pasar de la figura viva al problema”. Sobra la narración, no hay narración en las imágenes pintadas de Louisa Holecz. El arte es presagio y su enigma no ha de ser descifrado, porque si algo hemos aprendido es que la función del arte no es la de distraernos del sufrimiento, aliviarnos y ofrecernos consuelo. Lo anunció Apollinaire en 1917, un año antes de que Elgar compusiera su nueva música elegiaca que Du Pré entendió como nadie podía hacerlo. Solo ella sería capaz.

‘Out of Body’ titula Louisa Holecz su exposición en La Casa Amarilla. La imagen pintada de su rostro con los ojos cubiertos como por un manto de nieve, que diría Kracauer, persevera en el aura de las primeras fotografías que desafían el tiempo en su propósito de perdurar, ajenas a la sentencia futura de Roland Barthes, para quien la fotografía es siempre una catástrofe. Salir de lo oscuro fue el deseo de los primeros fotógrafos y del eremita Filoteo el Sinaíta o Filoteo de Batos, que inventó, según cuenta Georges Didi-Huberman, el verbo “fotografiar” un mediodía, entre los siglos IX y XII, tras mirar el sol durante demasiado tiempo. Su obsesión era transformarse en una imagen. La experiencia así concebida, analiza Didi-Huberman, solo pretendía expulsar las imágenes, es decir, acceder por renunciación a la luz, sin forma ni figura, a la luz que nos ciega y ante la cual solemos velarnos la cara, una luz con la que ver equivaldría a no ver ya nada.

En el ensayo ‘La chambre claire’, escrito durante el duelo por la muerte de su madre, Barthes anota que la luz es una especie de cordón umbilical que une el cuerpo de la persona fotografiada con la mirada de quien la contempla. “Lanza tu cordón umbilical, para que pueda escalar de regreso”, escribió Kurt Cobain. Algo así pinta Louisa Holecz en ‘Still’, el cuadro que cierra la exposición. El del doble, principio biogenético que se corresponde con la reproducción, es uno de los mitos universales que nos invita a pensar con Edgar Morin que “el momento de la muerte es el de la duplicación imaginaria”. Al hombre que inventó el verbo “fotografiar”, dice Didi-Huberman, le hubiera gustado no cerrar nunca los ojos. Los cerró un instante, al nacer, y los mantendría bien abiertos ante el sol en su muerte. En el fondo, esperaba abandonar su cuerpo.

Imagen de la obra 'Máscara', de Louisa Holecz, presente en la exposición 'Out of Body'. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Imagen de la obra ‘Máscara’, de Louisa Holecz, presente en la exposición ‘Out of Body’. Fotografía cortesía de La Casa Amarilla.

Chus Tudelilla

 

Óbitos y variedades nocturnas para el noveno Canibaal

‘Muerte y Cabaret’, 9º número de la revista Canibaal
Sporting Club Russafa
Sevilla 5, Valencia
Presentación: jueves 28 de diciembre de 2017, a las 20h

La revista valenciana Canibaal (Revista de Arte, Literatura y Filosofía del colmillo) presenta su noveno número el jueves 28 de diciembre de 2017, dedicado, en esta ocasión, a una sugerente doble temática: ‘Muerte y Cabaret’. La presentación tendrá lugar en el Sporting Club Russafa de Valencia (calle Sevilla, 5), situado en el barrio de Ruzafa. El acto dará comienzo a las 20h y contará con la actuación del trío musical Salami Púrpura, quienes ofrecerán una singular aproximación a la heterodoxa noción de “micro-zazuela-contemporánea”.

Ouka Leele (imagen de cubierta), Aldo Alcota, Curro Canavese, Enfero Carulo, Ana Elena Pena o Julio Soler son solo algunos de los 30 colaboradores (artistas plásticos, fotógrafos, pensadores, poetas y escritores) que han participado en un número en papel que consta de 88 páginas y que, como resulta habitual en la idiosincrasia morfológica de Canibaal, ofrece un nuevo formato.

Canibaal. Makma

En ‘Muerte y Cabaret’ se ha reflexionado de forma interdisciplinar sobre conceptos  como vanguardia, cabaret, literatura y arte, abordando contenidos que tienen la muerte como principal motivo y, finalmente, sobre algunas de las inquietantes intersecciones clásicas entre ambos temas: Cabaret Voltaire, Olga Poliakoff, las Ramblas de Ocaña, Camilo y Nazario, el necroturismo literario, etc.

Se consagra la polémica sección de crítica del delegado en España de FIPRESCI, Oscar Peyrou, sobre películas que no ha visto, el ensayo, la poesía y los ecos que el doble leitmotiv del número suscita en los ámbitos artístico, literario, musical y cinematográfico, así como la sección de pensamiento, con reflexiones sobre el suicidio.

Ocaña, Camilo y Nazario transitan por las Ramblas canibaales en un fotograma de 'Ocaña, retrato intermitente' (Ventura Pons, 1978). Fotografía cortesía de la revista.

Ocaña, Camilo y Nazario transitan por las Ramblas canibaales en un fotograma de ‘Ocaña, retrato intermitente’ (Ventura Pons, 1978). Fotografía cortesía de la revista.

 

 

 

En busca de una muerte digna

La chica desconocida (La fille inconnue), de Jean-Pierre y Luc Dardenne
Con Adèle Haenel, Jérèmie Renier y Olivier Gourmet
Bélgica, 2016
Estreno: 3 de marzo de 2017

Todos sabemos, y a la vez ignoramos de manera consciente, que ciertos sucesos azarosos pueden malograr nuestra existencia. Sucesos azarosos que no sólo acechan el destino de los seres humanos, sino que son, en muchos de los relatos narrativos, el origen de la historia.

‘La chica desconocida’, la última película de los directores belgas conocidos como “los hermanos Dardenne”, comienza con una trágica contingencia: la llamada al timbre de la puerta de la consulta de la doctora Jenny Davin, por una muchacha negra. Una llamada que la doctora decide no contestar por producirse fuera del horario de atención al paciente. Una negativa que hace aflorar el sentimiento de culpabilidad en la doctora, al encontrarse poco tiempo después el cadáver de la chica negra que llamó aterrorizada a su consultorio pidiendo auxilio. Un sentimiento de culpabilidad que la doctora sólo podrá acallar si consigue enterrar dignamente a esta muchacha, cuyo nombre nadie parece conocer por estar ilegal.

Así, toda una cadena de sucesos azarosos se hilvanan en esta trama de ‘La chica desconocida’: la llamada, la negativa de responder y, como consecuencia, la muerte de la joven que título a la película.

Fotograma de 'La chica desconocida', de Jean-Pierre y Luc Dardenne.

Fotograma de ‘La chica desconocida’, de Jean-Pierre y Luc Dardenne.

Antígona

El suspense de ‘La chica desconocida’ no se centra en quién es el asesino -como suele ser habitual- sino en quién es la víctima.  De ese modo, la mirada de los Dardenne se focaliza en el lado ético y épico de la protagonista, la doctora Jenny Davin.

La doctora quiere averiguar cuál es el nombre de esa chica desconocida para inscribirlo en la lápida de la sepultura: quiere darle nombre a ese cadáver para que pueda ser recordada. No es un acto banal querer que el cadáver de un ser humano sea nombrado dignamente en su enterramiento, sino todo lo contrario, es un acto simbólico. Un acto simbólico porque consigue dar un sentido ético y humano a esa cadena de sucesos azarosos marcados por lo real de la violencia.

Fotograma de 'La chica desconocida'.

Fotograma de ‘La chica desconocida’, de Jean-Pierre y Luc Dardenne.

‘La chica desconocida’ es fiel, al igual que las anteriores películas de los Dardenne”, a los principios éticos que emanan de la obra del filósofo Lévinas, tal y como los propios directores reconocen. Unos principios éticos que en la obra de estos directores se sustentan con naturalidad, sin estridencias por parte de sus protagonistas femeninas. Mujeres con la honestidad y dignidad suficiente para sostener unos principios éticos, tanto en el ámbito público-laboral como privado-íntimo que en nuestra sociedad de un capitalismo neoliberal parecen anacrónicos.

El cine de los hermanos Dardenne es un cine ético. La doctora de ‘La chica desconocida’ no cometió un error legal, sino uno moral -de ahí su sentido de culpabilidad-. Un error que ella sabe que debe redimir averiguando de manera heroica el nombre de esa joven, para que deje de ser un cadáver anónimo e ilegal, y adquiera la dignidad de ser. Como señala Lévinas: “Soy amado, soy nombrado, luego soy”.

Fotograma de 'La chica desconocida'.

Fotograma de ‘La chica desconocida’, de Jean-Pierre y Luc Dardenne.

Begoña Siles

Más ‘Bodas de Sangre’ en Flumen

Bodas de sangre, de Jose Saiz
Teatro Flumen
C / Gregorio Gea, 15. Valencia
Del 22 de octubre al 20 de noviembre de 2016

El Teatro Flumen se viste de gala con los nuevos estrenos. Tras el éxito de ‘Bodas de Sangre’ la pasada temporada, repone este espectáculo producido por Teatro Flumen bajo la dirección de Jose Saiz. El reestreno oficial fue el jueves 27 de octubre y se mantendrá en cartel hasta el 20de noviembre. Por otro lado, el viernes 28 de octubre inauguró un nuevo espectáculo de Saga Producciones bajo la dirección igualmente de Jose Saiz, ‘Dulce Condena – Historia no oficial de Los Rodríguez’, que estará en el Flumen hasta el 19 de noviembre.

Bodas de sangre, de Jose Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Bodas de sangre, de Jose Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

‘Bodas de Sangre’ nos cuenta la tragedia poética de Lorca al compás del flamenco más puro. Esto es lo que dice la sinopsis: “Un pueblo andaluz. Una boda. Dos familias enfrentadas. La novia sigue enamorada de su antiguo novio Leonardo. Una vez celebrada la ceremonia, se entrega a él y huyen juntos apasionadamente. El esposo abandonado los persigue y, cuando encuentra al amante de su mujer, lo desafía a un duelo de navajas”.

El sentido trágico de la vida, la muerte y la violencia que acompaña a los hombres durante toda su vida, se va manifestando a través de los presagios y el dolor de la madre en la reposición de ‘Bodas de sangre’.

‘Dulce Condena – Historia no oficial de Los Rodríguez’ permitirá revivir los grandes éxitos de Los Rodríguez, en este homenaje teatralizado como nunca antes se había visto. El espectáculo cuenta de manera extra oficial la vida y obra de este grupo mítico.

Madrid 1990. Julián Infante y Ariel Rot deciden volver a unirse tras ‘Tequila’. Para ello cuentan con Germán Vilella a la batería y traen desde Argentina a Andrés Calamaro. ¡Qué mejor forma de empezar nuestra historia!

Bodas de sangre, de Jose Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Bodas de sangre, de Jose Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

 

Lo bello y lo siniestro de Crajes

Crajes
Plastic Murs
C / Dénia, 45. Valencia
Hasta el 21 de octubre de 2016

‘Lo bello y lo siniestro’ es el título de un libro de Eugenio Trías que, para el caso que nos ocupa, viene que ni pintado. Arranca el texto con dos citas igualmente pertinentes. La primera, de Rilke, dice así: “Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. La segunda, de Schelling, apunta: “Lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado”. Crajes, sabiéndolo o no, sigue el rastro dejado por ambas citas en su exposición de la galería Plastic Murs. Y lo hace añadiendo otro aspecto primordial: el humor.

Con el humor o ironía a veces tierna y otras macabra, presente en sus trabajos en forma de adorables dibujos animados o escatológicos instantes amorosos, Crajes logra amortiguar lo siniestro haciéndolo soportable. Trías viene a decir que la repulsión que provoca lo siniestro, encuentra en el humor su antídoto: “Contracarga de placer opuesta a la sobrecarga de violencia con la que el sujeto reacciona al objeto que suscita en él el sentimiento de lo siniestro”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Carla Rendón y Jessica Ruiz, es decir, Crajes, muestran lo femenino como objeto de esa doble experiencia en torno a su imagen: por un lado, la belleza que encandila, y que ambas artistas recrean de forma glamurosa, y, por otro, el cuerpo que asusta por su destilado de sangre y asociación letal con el esqueleto y la muerte. “Nos interesa la dualidad”, dicen. Romper con el estereotipo de la mujer bella de la que se nutre la publicidad, para que aflore su reverso oscuro como parte indisoluble de la propia mujer. “Lo femenino como concepto de belleza es algo muy vacío, por eso lo contraponemos con algo macabro”, explican estas jóvenes artistas.

De manera que el esqueleto, tan presente en su obra, les sirve para mostrar esa parte macabra de lo femenino, al tiempo que desembraga lo siniestro para que aparezca lo fantástico. “El esqueleto siempre lo asociamos con algo malo y es algo que tenemos dentro”, señalan, para remachar: “Lo bueno y lo malo están dentro de nosotros”. Crajes lo que hace es mantener “una conversación” entre ambos aspectos, sirviéndose en ocasiones de la imaginería religiosa cristiana. De ahí el ejemplo que ponen de María Magdalena y la Virgen María: “Socialmente siempre se entiende como la una o la otra”. Crajes ve ambos aspectos de lo femenino como partes indisociables de la mujer.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

El largo título de la exposición, ‘Accipite et manduca ex hoc omnes: hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradetur’, que remite a la eucaristía cristiana (Tomad y comed todos de él, este es mi cuerpo, que será entregado por todos vosotros), evoca también esa violencia que anida en lo humano desde tiempo inmemorial. Violencia sacralizada que, en el caso de Crajes, aflora desprovista de representación simbólica, para someterse a la pura ficción. “No queríamos sangre realista, sino artificial”, dicen con respecto a las lágrimas rojas de algunas de sus obras.

El rojo también lo asocian al universo del cineasta Stanley Kubrick, por el que sienten predilección. “Los óleos tienen composiciones de corte cinematográfico”, resaltan. Al igual que por Courbet, de quien hicieron una versión de su polémica obra ‘El origen del mundo’, y al igual que le sucedió al pintor también ellas sufrieron críticas ahora vía internet. “A raíz de aquello, ahora mostramos el sexo de forma más explícita”. Lo cual les lleva a manifestar cierta perplejidad: “Estamos insensibilizados ante imágenes hiperviolentas mostradas en los medios y luego ven sangre en una exposición y se escandalizan”. Como tampoco entienden el “tabú que todavía existe en torno a la sexualidad de la mujer”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

La exposición también incluye algunos bordados (“es la primera vez”) y porcelanas con imágenes alusivas a esa sexualidad incomprendida. Crajes lo que hace es poner sobre el tapete esa incomprensión que, después de todo, remite al origen mismo de la vida. De manera que Carla Rendón y Jessica Ruiz utilizan el cuerpo femenino para rendir cuentas de esa dicotomía entre lo bello y lo siniestro, poniendo el acento en este último. “Es una exposición sobre la maldad humana”, concluyen. Una maldad diluida en ácido como agente provocador.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Salva Torres

‘La Mina’ que todo lo absorbe

La Mina, de Miguel Ángel Jiménez
Estreno en cines: viernes 29 de julio de 2016

El cineasta vasco Miguel Ángel Jiménez, director de películas tan bellas y dolorosas como Ori (2009) y Chaika (2012), ha rodado un thriller sobrecogedor que ha titulado La mina, una historia de familias marcadas por el amor de padres, hijos y hermanos contaminados por un entorno claustrofóbico.

“Cuando se vive en zonas muy desestructuradas económicamente en medio de una naturaleza que aísla a sus habitantes, los personajes solitarios chocan entre sí; todos anhelan tener en quién apoyarse, tener una familia que les sea fiel. Y algunos idealizan esa idea hasta llegar a hacer cosas terribles por conseguirlo”, explicó el director.

Fotograma de 'La Mina', de Miguel Ángel Jiménez.

Fotograma de ‘La Mina’, de Miguel Ángel Jiménez.

La película, que se estrenó el 29 de julio, cuenta el regreso al hogar de un presidiario que dejó atrás una esposa y un hijo, quienes quedaron a cargo de su hermano pequeño, el pastor de la pequeña congregación en la que viven, secretamente enamorado de su cuñada.

El joven, que está decidido a recuperar a su familia, acepta un empleo de vigilante nocturno de la mina inactiva en la que murió su padre y que, durante años, hasta que se cerró, fue el sustento de todo el pueblo.

A pesar de que la mina real donde se rodó la cinta está situada en Asturias, en concreto, en Monsacro, en la Foz de Morcín, nadie discute que sus protagonistas viven y proceden de Kentucky, no solo por el parecido del entorno de ambas regiones, sino porque Jiménez ha sabido crear un ambiente inequívocamente estadounidense.

Cartel de 'La Mina', película de Miguel Ángel Jiménez.

Cartel de ‘La Mina’, película de Miguel Ángel Jiménez.

Rodada en inglés, con la mayoría de actores extranjeros que viven en España, y apoyada en una potente banda sonora creada e interpretada por el protagonista, el cantante country Matt Horan, líder de la banda Dead Bronco, la película recrea un momento atemporal de la vida de estos jóvenes, perdidos en el ostracismo de la rutina.

El director reconoció que desde el principio tuvo en mente la oscarizada cinta Winter’s Bone (2010), de Debra Granik, y que le sirvió de inspiración para “ambientar la granja con basura, la típica cama elástica y juguetes de los niños tirados por ahí”, como reflejo de la deprimida vida del sur.

Fotograma de 'La Mina', de Miguel Ángel Jiménez.

Fotograma de ‘La Mina’, de Miguel Ángel Jiménez.

La mujer en la obra de los pintores modernos valencianos

Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936)
Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La mujer fue sistemáticamente excluida de la actividad intelectual y creativa durante siglos. Salvo contadas excepciones, limitada a ser objeto de inspiración o consumidora pasiva. ¿Cómo contribuyó el propio arte a construir los distintos estereotipos femeninos y perpetuarlos a lo largo del tiempo? A esta pregunta pretende responder la exposición Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936) que se exhibe en la Sala del Ayuntamiento de Valencia hasta finales de julio. Se puede considerar la primera muestra colectiva de estos artistas seleccionada con criterios, no estilístico o temáticos, sino de género.

Reúne 59 obras de pintores que trabajaron entre 1880 y 1936, como José Manaut, Cecilio Pla, Manuel Benedito, Pepito y Juan Antonio Benlliure, José Pinazo, Antonio Fillol, Gabriel Puig Roda, Leopoldo García Ramón, etcétera, junto a un par de Sorollas. Además, carteles, orlas académicas, ex-libris y portadas de revistas. Organizada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento  de Valencia con el apoyo de Javier García, técnico de la Oficina de Exposiciones del Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico, este proyecto ha sido  dirigido por la joven historiadora del arte Mireia Ferrer que ofrece una mirada nueva sobre el pasado. Algunas claves para comprender cómo se construyeron los distintos estereotipos del llamado sexo débil, sinónimo de fragilidad, animalidad o perversidad, ampliamente representada en  diversas modalidades de la femme fatale.

Mors in vita, de Fernando Cabrera Cantó. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

Mors in vita, de Fernando Cabrera Cantó. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

“El objetivo de la exposición es mostrar cómo muchos de los modelos de mujeres que se crearon en esa época prevalecen todavía hoy en día, y cómo es necesario que las mujeres seamos capaces de desprendernos definitivamente de ellos”, dice Mireia Ferrer.

La mayoría de las imágenes plasman a la mujer burguesa, pero también a las proletarias como  Ofelias modernas, jóvenes suicidas en el contexto de una  sala de autopsias o la morgue. La exposición se divide en cuatro grandes bloques que agrupan los principales categorías femeninas analizadas: La mujer como encarnación de la muerte y enfermedad, como ángel del hogar, en su faceta malévola de femme fatale y, por último, realizando actividades consideradas varoniles, como jugar al tenis, pintar, hacer fotos o practicar la natación: el nacimiento de la mujer moderna. Entre las más curiosas, una acuarela de Enrique Pertegás dedicada a la espía Mata-Hari.

Los pintores modernistas valencianos no presentan ninguna peculiaridad en su visión de la feminidad respecto a los artistas de otros países. “Esa es quizás una de las grandes evidencias del pensamiento occidental, no importa que nos refiramos a Paris, Berlín, Madrid, Nueva York o Valencia”, indica Ferrer. “Entre todas las construcciones culturales propias de la mentalidad occidental, la de género es la única que se muestra semejante en casi todas las latitudes. Podemos encontrar modelos de femme fatale, de new woman tanto en el arte valenciano como en el arte vienés, parisino, inglés o norteamericano de la época. Lo que sí es cierto es que el excelente talento como dibujantes y coloristas que caracterizó a los miembros de la escuela  valenciana,  hizo que muchos de ellos fueran muy solicitados como ilustradores de revistas, como el caso de Cecilio Pla. Por ese motivo sus obras dedicadas a la mujer son muy abundantes”.

Mireia Ferrer junto al cuadro Retrato de Felicidad Marín, de José Manaut. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

Mireia Ferrer junto al cuadro Retrato de Felicidad Marín, de José Manaut. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

La sección Mujer moderna está presidida por un retrato de José Manaut realizado en 1933 de Felicidad Marín, primera profesora de Educación Física que ejerció en el Colegio Cervantes, que con más de 90 años vive todavía.  En esta sección ya se atisba un cambio de rumbo en la visión de lo femenino. ¿Significa una ruptura con la etapa anterior o todavía se mantiene la percepción de la mujer como un ser inferior, más débil y volátil que el varón? “Fue una ruptura, pero este modelo, el de la nueva mujer y el feminismo no fue asimilado de manera homogénea en España, existieron actitudes más laxas y planteamientos más radicales, como hubieron modelos de mujer más modernas o menos”, responde Ferrer. “Lamentablemente, esta nueva mujer que demandaba mayores cotas de igualdad y capacidad de decisión sobre su propia vida, no tuvo ocasión de desarrollarse. Los acontecimientos históricos en España, la llegada del franquismo y la recodificación de la mujer con el nacionalcatolicismo, truncaron de raíz el nuevo modelo que se había gestado en las primeras décadas del siglo XX”.

Mireia Ferrer realizó su tesis sobre los pintores valencianos en París. En el año 2000 comenzó a impartir un curso de extensión universitaria, Mujer e Historia del Arte en la Universitat de València y la Universitat d’Alacant junto con el Institut de la Dona. “Que fuera un seminario de extensión universitaria pone en evidencia las carencias de muchos planes de estudios que dedican escasa atención al tema por lo que los docentes deben  encajarlo en asignaturas no referidas al mismo”, señala Ferrer.” Los estudios de género son entendidos como algo muy específico, cuando deberían ser integrados como parte esencial de la Historia del Arte, del pensamiento y la cultura en general”, concluye.

Vista general de la exposición en Sala de Exposiciones del Ayuntamiento.

Vista general de la exposición en Sala de Exposiciones del Ayuntamiento.

Bel Carrasco

‘Soñando Lorca’ y los Premios Russafa

V Festival de Talleres de Teatro Clásico
Soñando Lorca, de Iria Márquez (3-5 de junio)
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Premios del Público
Domingo 5 de junio, 2016, a las 20.00h

Arranca la quinta edición del Festival de Talleres de Teatro Clásico de Sala Russafa, una muestra dedicada a reivindicar a los autores, temáticas, estilos y revisiones de piezas clave en la historia de las artes escénicas, con la que cada año el centro cultural de Ruzafa cierra su temporada. En esta ocasión, la programación se extenderá del 3 de junio al 10 de julio e incluye el estreno de cinco piezas para adultos y el reestreno de una obra para público familiar.

La primera propuesta es ‘Soñando Lorca’ (3-5 de junio), una obra creada y dirigida por Iria Márquez que abre una ventana a la vida de las mujeres y hombres soñados por el autor granadino. La propia Márquez firma este espectáculo en el que se entrelazan las tramas lorquianas de Doña Rosita la soltera, Yerma y Bodas de Sangre.

Cartel de 'Soñando Lorca', de Iria Márquez. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de ‘Soñando Lorca’, de Iria Márquez. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El punto de partida es que, tras la muerte del poeta, sus personajes tienen la posibilidad de revivir uno de los días de su existencia. Pasando de la mañana a la noche, de la ilusión a la desesperanza y de la vida a la muerte, se va componiendo un retablo de vidas desoladas que reflejan la España de mediados del siglo XX, una sociedad castradora donde las limitaciones del rol de la mujer y de las relaciones matrimoniales han creado una herencia que el espectador podrá reflexionar si aún está vigente.

El montaje es fruto del trabajo realizado durante 8 meses en uno de los talleres de interpretación impartidos en Sala Russafa y le dan vida Roma González, Anabel Gonmerlo, Alicia Lozano, Amparo Sospedra, José Enrique Pérez, José Pérez, Laura Yáñez, Sara Soler, Viqui Cervera, Joana Börsch, Lucía Galdón,  Susana Almendros y  Jorge López.

Gatacienta, de Amparo Vayá y Chema Cardeña. Sala Russafa.

Gatacienta, de Amparo Vayá y Chema Cardeña. Sala Russafa.

También dentro de la programación del V Festival de Talleres de Teatro Clásico se encuentra ¡Gatacienta! (5 de junio), una propuesta para el público familiar que propone nuevo acercamiento al cuento popular La Cenicienta desde un punto contemporáneo y muy gatuno

En 2013 se presentó esta obra escrita por Amparo Vayá y Chema Cardeña que ahora se reestrena, adaptada para ser interpretada por los alumnos de 6 a 12 años del Taller de Teatro para Niños del centro cultural. Nuevos papeles y tramas conforman a esta  revisión del cuento clásico en la que la protagonista es una gatita muy curiosa y feliz, poco  dispuesta a renunciar a su libertad y a sus amigos para casarse con Gatopríncipe. La propia Vayà dirige este montaje en el que 12 actores alevines dan vida a multitud de gatitos y ratoncitos, una divertida comedia especialmente recomendada para espectadores entre 4 y 10 años.

Siguiendo con la programación del festival, en las próximas semanas se estrenarán los montajes de Julio César (9-12 junio) y Macbeth (23-26 junio), fruto del Taller de Interpretación para postgraduados que dirige Chema Cardeña, en homenaje al cuarto centenario de la desaparición de W. Shakespeare.

La programación se completará en julio con el estreno de ‘El enemigo del pueblo’, un texto de H. Ibsen que en esta ocasión dirige Iria Márquez (1-3 julio). Y del espectáculo ‘¿Diez y ocho?’, una muestra del taller de Danza-Teatro Inclusiva de Sala Russafa que dirige Silvia Valentín.

El centro cultural dispone de un abono para poder disfrutar de los cuatro espectáculos para adultos por 18€, mientras que las representaciones por separado tendrán un precio de 6€ cada una y de 3€ para la función familiar.

Soñando Lorca, de Iria Márquez. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Soñando Lorca, de Iria Márquez. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Premios del Público

Esta semana se entregan los Premios del Público de Sala Russafa (5 de junio), una iniciativa que cumple cinco años y con la que se quiere dar voz y voto a los espectadores para que escojan las propuestas que más les han gustado de la programación ofrecida por el centro cultural, excluyendo las producidas o coproducidas por la sala o por Arden Producciones, compañía ligada a la dirección del teatro.

Durante toda la temporada, tras cada representación, el público puede participar puntuando de 0 a 10 el espectáculo que acaba de ver y depositar su voto en una urna. Al acabar la programación regular, se recopilan las papeletas de votación y se hace una media de la nota obtenida por cada propuesta. Las mejor puntuadas son las que conforman el palmarés de unos premios que reconocen al Mejor Espectáculo Valenciano, al Mejor Espectáculo Nacional, al Mejor Espectáculo de Danza, al Mejor Espectáculo para Niños y Niñas, al Mejor Trabajo Escolar y Mejor Colegio de los colegios asistentes a la campaña escolar y al Mejor Directo Musical. Unos galardones con los que colaboran Urban, Makma, Picadilly, C.C. Nuevo Centro, Edicions Bromera, Mondo Sonoro y el Restaurante Lamaldo.

Además, el propio público recibe el Premio al Mejor Espectador, que viene de escoger una al azar entre todas las votaciones recibidas. En este caso, el ganador recibe una entrada para el estreno de la siguiente temporada y una cena en Lamaldo. En el resto de premios, los colaboradores aportan el galardón, que no es más que un pequeño símbolo del merecido homenaje a unos profesionales de las artes escénicas que en la Comunidad Valenciana carecen de reconocimientos institucionales desde la desaparición de los Premios de la Generalitat y de los Premis Abril, otorgados por la profesión.