El IVAM compra obra de 18 artistas

Adquisición de obras
Consejo Rector del IVAM
Jueves 11 de octubre de 2018

El Consejo Rector del IVAM, presidido por el secretario autonómico de Cultura, Albert Girona, ha aprobado la adquisición de un conjunto obras de 18 artistas, 10 mujeres y 8 hombres, después del dictamen favorable previo del nuevo Consejo Asesor. Se mantienen así las líneas por las que viene apostando el museo valenciano en los últimos años: enriquecer su colección tanto con el trabajo de mujeres artistas, como con las propuestas de artistas valencianos y de aquellas que proceden de países bañados por el Mediterráneo.

Como ya adelantó hace unos días el director del museo, el IVAM dedicará este año más de 700.000 euros de su presupuesto a la compra de obras de arte. Entre las adquisiciones hay pinturas, fotografías, collages, vídeos, instalaciones o juguetes. Estos últimos ayudan a completar un aspecto de la colección del IVAM que reivindica la importancia de la infancia y de aquellas obras que por sus materiales o temática tradicionalmente han sido consideradas menores.

Le réveil, de Michel Journiac. Imagen cortesía del IVAM.

Le réveil, de Michel Journiac. Imagen cortesía del IVAM.

Los artistas de los que se adquiere obra en 2018 son: Monika Buch (València, 1936); Ricardo Cotanda (L’Eliana, 1963); Valie Export (Austria, 1940); Esther Ferrer (San Sebastián, 1937); Ángela García (València, 1944) José María Gorrís (València, 1937-1999), Federico Guzmán (Sevilla, 1964); Mona Hatoum (Beirut, Líbano, 1952); Juan Hidalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1927-2018); Michel Journiac (París, 1935-1995); Carmen Navarrete (València, 1963); Ángeles Marco (València 1947-2008); Jesús Martínez Oliva (Murcia, 1969); Annette Messager (Berk, Francia, 1943); Isabel Oliver (València, 1946); Humberto Rivas ( Buenos Aires, 1937- Barcelona, 2009); Amparo Segarra (València, 1915-Madrid, 2007) y Darío Villalba (San Sebastián, 1939-Madrid 2018); ).

«Estamos muy contentos de que la compra de obras de este año venga avalada por un nuevo Consejo Asesor formado por personas de reconocido prestigio, que destacan por su conocimiento en diferentes épocas y materias del arte moderno y contemporáneo», ha subrayado José Miguel G. Cortés.

Rock 'n roll 70, de Gillian Wearing. Imagen cortesía del IVAM.

Rock ‘n roll 70, de Gillian Wearing. Imagen cortesía del IVAM.

Con la incorporación a los fondos de obras de la libanesa Mona Hatoum, el IVAM sigue con su objetivo de abrirse a la producción artística del Mediterráneo. De nuevo, el museo refuerza la presencia de mujeres artistas en su colección, algunas muy poco conocidas como la valenciana Amparo Segarra, u otras laureadas internacionalmente como Annette Messager, que es además Premio Julio González 2018.

Se apuesta asimismo por aquellos trabajos críticos con los estereotipos de género como los que llevan a cabo artistas tan diversos como Carmen Navarrete, Isabel Oliver, Ángela García o Ricardo Cotanda. Y a su vez obras que hacen referencia a la identidad sexual como las de Juan Hidalgo, o Michel Jouniac, del que el museo no poseía ninguna obra en sus fondos.

Camión Guernica, de José María Gorrís. Imagen cortesía del IVAM.

Camión Guernica, de José María Gorrís. Imagen cortesía del IVAM.

Por otra parte, artistas valencianos o afincados en Valencia como Jesús Martínez Oliva, vienen a cubrir un vacío que tenía la colección respecto a los creadores de toda una generación.

Junto con las adquisiciones, cabe subrayar las donaciones de 46 juguetes de José María Gorrís (que completan los adquiridos), la obra Sin título (Las 5 lobitas), 1986, de Jacinta Gil (Benimàmet, 1917-València, 2014), una instalación de Isabel Oliver de la serie ‘De profesión, sus labores’, 1972-1974; la instalación Rock ‘n Roll 70 (papel de pared), 2015, de Gillian Wearing, que completa una compra previa, y cuatro dibujos de Pepe Espaliú, de quien el museo adquirió obra en 2017.

US Mail Nueva York, de Amparo Segarra. Imagen cortesía del IVAM.

US Mail Nueva York, de Amparo Segarra. Imagen cortesía del IVAM.

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra”

Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola. C/ Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 9 de septiembre de 2018

“Nunca he tenido una exposición como ésta”, reconoce Monika Buch (Valencia, 1936). De familia alemana, procedente de la ciudad de Halle an der Saale, su infancia la pasó entre España y Alemania, en unos años en los que ambos países gozaban de una imagen teñida por la dictadura y el nazismo. “Decir que eras medio española y medio alemana, pues la verdad es que te acobardabas un poco, cuando resulta que todo tiene dos caras”. Quizás esa doblez, alejada de la simpleza con la que suelen mirarse las cosas, es la que impera en su obra, toda ella atravesada por variaciones formales y de color que fomentan múltiples percepciones.

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra, porque el cerebro interpreta lo que ve”, apunta quien ha dedicado toda su vida a provocar emociones mediante la geometría. “Cada vez que veo mi obra me impresiona, me asombra, porque veo cosas distintas”. La Fundación Chirivella Soriano reúne 120 obras de tan dilatado recorrido artístico en la exposición ‘Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)’, comisariada por José Luis Martínez Meseguer y que permanecerá abierta hasta el 9 de septiembre. Una magnífica oportunidad para comprobar lo que exclama la propia artista: “¡Cómo te engaña la vista!”.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Meseguer ha dividido la muestra en siete apartados relacionados con sus primeros años de formación (“sorprende ya la maestría de esta etapa juvenil”), las obras lineales (“geometría pura”), las modulares, las figuras imposibles o trampantojos, las óptico-cinéticas, las casuales y las de investigación. El comisario recuerda cuando Buch llegó con 19 años a Ulm y quedó impresionada con el edificio de la escuela de esta ciudad: “En mi vida había visto algo parecido [el edificio de la Hochschule], este acontecimiento cambió toda mi vida. Lo llevo clavado en mi mente”.

¿Por qué le impresionó tanto aquel edificio? “Era una estructura con edificios bajos y una torre donde vivían los estudiantes, hecha de cemento armado gris y con ventanas de madera, que subía por una colina. Aún hoy, es un edificio estupendo cerca de un bosque”. Esa mezcla de frialdad gris y naturaleza, de organización estructural en contraste con la más primaria vegetación, de analítica y sensación telúrica, diríase que continúa en su obra, donde se da ese mismo contraste entre geometría y pasión de la que se hace eco Meseguer.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

De hecho, el comisario de la exposición organizada por el Consorcio de Museos y la Fundación Chirivella Soriano cita a Josef Albers y su formulación acerca del origen del arte, como reflejo de ese contraste: “La discrepancia entre el hecho físico y el efecto psíquico”. De nuevo, los ojos y el cerebro. “Primero ideo la estructura y luego la pinto, y unas veces sale como habías pensado y otras no. Y eso me emociona, porque lo que piensas en el cerebro adquiere luego otra forma”.

Monika Buch percibe este repaso a su obra como un “renacimiento de mi juventud”. Desde que se fue de Valencia con 19 años, ha transcurrido su vida en Holanda, “y ahora he tenido la sensación de volver a recuperar recuerdos de hace mucho tiempo”. Emociones que, a sus 82 años, le permiten echar la vista atrás y reconocer algo que repite en varias ocasiones: “Soy una persona muy feliz”, gracias a su trabajo, su familia y los amigos.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Según Meseguer, al haber abandonado Buch sus estudios de diseño, “se ha perdido una gran diseñadora industrial, pero hemos ganado una artista”. ¿Qué le parece? “Pues que si no hubiera tenido los hijos tan seguidos, hubiera tenido una carrera científica, lo cual era una gran ilusión para mí. Se han perdido cosas, pero estoy muy contenta con lo que he hecho”. Y no es para menos. Como recuerda el comisario: “Es de las pocas mujeres que se han dedicado a la abstracción geométrica en el siglo XX”.

“Dedico horas y horas a mi trabajo, con mucha paciencia”. Y Buch lo relaciona con el deporte, “que entrenan todos los días sin descanso para llegar algún día a ser campeones; se puede comparar con ello. ¡Inviertes tanto tiempo recluida en un espacio!”. ¿Y por qué esa insistencia en la investigación del acto perceptivo? “No lo puedo explicar directamente”. Y como no puede, se dedica a expresarlo a través de una obra que parte de un esquema (“tinta sobre papel, estructuras”), al que le va añadiendo colores, “sobre todo azules y verdes, por sus gamas largas, y rojos, porque me gusta cambiar de colores”.

Sus estructuras, que parecen realizadas con ordenador dado el alto grado de perfección a la hora de ejecutarlas, engañan igualmente en este sentido: “No me gusta trabajar con ordenador, prefiero trabajarlas a mano”. Un trabajo más artesanal, mediante el cual se corre el riesgo de la imperfección: “Un poco de imperfección no me molesta”, concluye Monika Buch, feliz con su trabajo y la pasión que todavía extrae de tan enérgicas geometrías.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres