Sectas suicidas, parricidios y serial killers en Filmin

‘Shock Waves’, miserie de cuatro capítulos
Radio Televisión Suiza (RTS)
Filmin
Estreno en exclusiva a partir del 18 de diciembre de 2018

Tras el éxito en Atlàntida Film Fest de ‘Diario de mi mente’, la película de Ursula Meier que forma parte de la serie ‘Shock Waves’ (‘Ondes de choc’ en su versión original), Filmin estrena ahora los cuatro episodios que integran este proyecto de RTS, la televisión pública suiza, y que tiene como objetivo retratar alguno de los sucesos más espeluznantes que han tenido lugar en los últimos años en el que está considerado como uno de los países más seguros del mundo. Si bien Suiza es el cuarto país del mundo en PIB per cápita y se considera uno de los países más desarrollados, con mejor calidad de vida y con un índice de criminalidad de los más bajos del mundo, el horror también ha hecho acto de presencia en los últimos años en el país helvético.

Con tal motivo, en 2018, la Radio Televisión Suiza invitó al colectivo Bande à part, que integran los cuatro reputados cineastas Ursula Meier, Lionel Baler, Fréderic Mermoud y Jean-Stéphane Bron, a llevar a la ficción un suceso que les hubiese marcado profundamente. El resultado es esta miniserie antológica que retrata cuatro crímenes atroces que conmocionaron a la sociedad suiza, sobre todo por la implicación en ellos de niños y adolescentes.

Un instante de 'Sirius', de Fréderic Mermoud, ambientada en la Masacre del Orden del Templo Solar. Fotografía cortesía de Filmin.

Un instante de ‘Sirius’, de Fréderic Mermoud, ambientada en la Masacre del Orden del Templo Solar. Fotografía cortesía de Filmin.

En ‘Diario de mi mente’, Ursula Meier dirige a Fanny Ardant y a Kacey Mottet Klein en la historia de un parricida que le confiesa a su profesora de literatura los motivos que le han llevado a matar a sus padres. En ‘Sirius’, ambientada en la Masacre del Orden del Templo Solar, Fréderic Mermoud fija su calmada mirada en el adoctrinamiento y el fatal desenlace de los miembros de una secta. En ‘Nombre: Mathieu’, Lionel Baier representa la capacidad de resiliencia de un joven, víctima de un criminal en los años 80. Finalmente, ‘El valle’, de Jean-Stéphane Bron, es la realística dramatización de la persecución de un coche en el que viaja un joven ladrón que intenta cruzar la frontera franco-suiza.

“Queríamos mostrar el otro lado de la moneda para sacar a la luz las sombras del país tranquilo y próspero que todos conocemos”, afirma Ursula Meier, cuyo episodio, ‘Diario de mi mente’, se estrenó en el Festival de Berlín y participó con éxito en la última edición de Atlàntida Film Fest, el festival de cine de Filmin.

Sectas suicidas, parricidios, persecuciones policiales y serial killers se dan cita en esta serie de cuatro episodios, para completar una de las creaciones más singulares y atractivas de la televisión suiza en los últimos años.

Kacey Mottet Klein protagoniza 'Diario de mi mente', de Ursula Meier. Fotografía cortesía de Filmin.

Kacey Mottet Klein protagoniza ‘Diario de mi mente’, de Ursula Meier. Fotografía cortesía de Filmin.

 

 

 

 

 

 

Paquita Salas, la serie que arrasa entre los millennials

Quizás no conozcas a Paquita Salas o puede que hayas oído hablar de ella. El porqué de su éxito sin duda radica en la confluencia de una política de marketing incisiva y cercana, que ahonda en las emociones más primarias del individuo y en la comicidad que, de manera generalizada, emerge de aquellas personas que, en los limites de la obsolescencia tecnológica, aspiran a subirse al carro de las relaciones 2.0.

Paquita, la protagonista de una de las últimas apuestas de Nettflix es un constructo nacido de las mentes de los guionistas y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi, hoy conocidos como los Javis. Un personaje esperpéntico e histriónico encarnado por el “new talent” español Brays Fernández Vidal, hecho que convierte a Paquita en un adalid de la modernidad líquida en el cual pasado y presente se funden para conformar un personaje atractivo tanto para los millennials que crecieron viendo A las 11 en casa, como para los que conocieron el vinilo, no hace mucho.

La webserie, a modo de crónica grotesca de nuestra realidad ha sido premiada en cuatro ocasiones, encontrándose entre los galardones el premio Cosmopolitan 2016 a Mejor serie, junto con las distinciones obtenidas en los premios Feroz a mejor actriz de reparto, mejor actor protagonista y mejor serie de comedia.

La última temporada, salió el pasado 29 junio para invadir tablets y portátiles, tanto dentro como fuera de nuestro país, pero ¿por qué Paquita Salas se ha convertido en un éxito transoceánico? Superando el millón de visualizaciones algunos de sus vídeos promocionales lanzados a través de la plataforma YouTube atestiguan la adhesión masiva a este serial, destinado a los miles de espectadores que ya cosecha la plataforma Nettflix.

A la hora de adentrarnos en el audiovisual contemporáneo, con el fin de vislumbrar el porqué del éxito de Paquita, hemos de concebir esta webserie como un producto nacido de la contemporaneidad más absoluta destinado al público millennial, aquel perteneciente a una generación en la que confluyeron los disquetes y los USB, y en la cual pasamos de rebobinar las cintas VHS, a la selección de escenas con comentarios del director que nos permiten los DVDs.
Paquita Salas por tanto es una serie creada por y para estos milleninals. En ella, bajo la idea de “Todo pasado fue mejor” habitan los ecos de un ayer glorioso regido por lo solido e inmutable frente a la realidad cambiante, y en algunas ocasiones confusa del hoy. Todo ello orquestado por un electo de actores y actrices que hacen del serial una apuesta confiable.

"Vinilos de Dolly Parton y Teresa Rabal, dos disquetes, cuatro cintas y un cassette". Fotografía de Andrés Herraiz.

«Vinilos de Dolly Parton y Teresa Rabal, dos disquetes, cuatro cintas y un cassette». Fotografía de Andrés Herraiz.

Si bien la serie está realizada para aquellos nacidos entre 1982 y 2002, siguiendo las teorías generacionales de William Strauss y Neil Howe, muchos de los nacidos a mediados del siglo pasado verán en la vida de Paquita un espejo en el que mirarse. Si bien el argumento de la serie nos habla de una representante de actores, más concretamente de actrices, venida a menos, bajo el entramado tragicómico del serial se esconde la atávica lucha entre modernidad y tradición. Todo ello recubierto de una patina de estilo remember que combina canciones de Rosalia, una de las cantantes más escuchadas por los millennials del 2000, junto con grandes éxitos de Rocío Jurado, versionados para la serie. En ocasiones melancólico, el argumento profundiza en las situaciones cotidianas en las que nos vemos inmersos día a día, abogando por una crítica al ferviente capitalismo que fagocita nuestros locales y tiendas de barrio para sustituirlos por Tigers o Panarias.

Realizada con acierto para los biorritmos de los nativos digitales, los capítulos no duran más de 25 minutos y presentan numerosos planos, cambios bruscos entre las escenas y un movimiento continuado que invita a pensar que formamos parte de una serie en la cual abundan los planos subjetivos. Las interacciones de los y las protagonistas directamente con la cámara son un ya ajado recurso por parte de seriales estadounidenses de gran éxito como Modern Family, que transforman aquello que vemos en una sátira de la vida real a través del Mockumentari o falso documental. La dosis perfecta para satisfacer la pulsión escópica del individuo posmoderno, ávido por mirar sin ser visto, configurando este en la visión su condición de estar, y por ende de ser. Por todo ello Paquita Salas se erige como paradigma de webserie atractiva para la conocida como “Generación Y”, interesada por los cambios tecnológicos acontecidos en las últimas décadas, hiperconectada a una realidad en la cual las fronteras y las identidades se han disuelto en la liquidez más absoluta.

Paquita Salas comiéndose un torrezno en Chueca, Madrid.

Paquita Salas comiéndose un torrezno en Chueca, Madrid.

Posiblemente la participación de Brays Efe, sea clave para comprender la fluidez que invade todo el argumento del serial y que comienza presentándonos a un actor con las tablas suficientes para hacer de señora cincuentona, aficionada al Larios y como no, a los torreznos. Un personaje carismático y cercano que ha accedido a nuestros hogares a través de la web, concretamente a través de los numerosos videos promocionales en los que Paquita interactua con personajes del panorama televisivo español, como Amaia y Alfred, nuestros representantes en Eurovsión 2018, y de ámbito internacional como los actores protagonistas de la afamada serie Stranger Things.

Con todo, la webserie no deja indiferente al espectador ya que lo interpela desde su realidad, ridiculizando el mundo del cine, del teatro y del arte en general. Una sátira constante en la que nos sentimos inmersos y nos dejamos llevar por un humor incisivo y ácido que tiene por objetivo lo minimal, las reducciones de paella y los coaches New age. Un mundo en el que espectáculo y arte se hermanan para conformar una realidad en la cual los selfies, el Instagram y los followers dan fe de nuestra existencia misma, en la que anteponemos el estar por encima del ser.

Brays Efe como Paquita Salas

Brays Efe como Paquita Salas

‘Rillington Place’: etopeya del asesino de Kensington

‘El estrangulador de Rillington Place’, de Craig Viveiros
Con Tim Roth, Samantha Morton, Nico Mirallegro y Jodie Corner
174′ (3 episodios)
BBC y Bandit Television
Reino Unido, 2016
Filmin (estreno exclusivo en España)
Desde el 20 de marzo de 2018

La plataforma de vídeo bajo demanda Filmin incorpora en exclusiva a su catálogo la miniserie británica ‘El estrangulador de Rillington Place’, una producción de la British Broadcasting Corporation (BBC), dirigida por Craig Viveiros, quien, de la mano de los guionistas Tracey Malone y Ed Whitmore, procura aproximarse a la sombría figura de John Reginald Halliday Christie, uno de los siniestros perfiles imprescindibles en el dilatado inventario de asesinos en serie del pasado siglo.

El asesino en serie John Reginald Halliday Christie observa la llegada de los nuevos inquilinos del 10 Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

El asesino en serie John Reginald Halliday Christie observa la llegada de los nuevos inquilinos del 10 Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

Refulgente, aún, en el sedimento de la crónica negra anglosajona y asumiendo la generosa existencia de documentación, precedentes literarios y cinematográficos –recuérdese aquí el célebre filme homónimo ‘El estrangulador de Rillington Place’ (1971), con Richard Attenborough y John Hurt, bajo la batuta del neoyorkino Richard O. Fleischer–, Viveiros y su equipo osan retornar al depauperado norte de Kensington –céntrico barrio londinense junto al (hoy) divulgado Notting Hill– de los años cuarenta del siglo XX, con el fin de asomarse al taciturno microcosmos consuetudinario de John y Ethel Christie, excelsamente interpretados por Tim Roth y Samantha Morton.

De un modo ineludible, la producción gravita narrativamente en torno del conspicuo crimen de Beryl Evans y su pequeña hija Geraldine, atribuido judicialmente a su esposo, Timothy Evans (condenado a pena de muerte por el asesinato de la menor y ajusticiado mediante ahorcamiento en 1950), episódicos inquilinos de la planta superior del lóbrego número 10 de Rillington Place, bajo cuyas tarimas habitaron los Christie durante más de una década; un luctuoso caso que hubo de tornarse ínclito con motivo del descubrimiento ulterior de diversos cadáveres confinados o enterrados en la vivienda de John Reginald –inlcuido el de su esposa Ethel– lo que, unido a la confesión de éste, exigió revisitar la autoría de aquel doble asesinato –Timothy Evans fue indultado post mortem, aunque, en ningún caso, declarado inocente, tal y como reclaman todavía sus familiares–.

Rillington Place pretende, no tanto una metódica revisitación de los hechos como un velado ejercicio de reconstrucción psicológica de los personajes. No en vano, cada episodio porta como título el nombre de pila o el hipocorístico de los tres caracteres fundamentales –’Ethel’, ‘Tim’ y ‘Reg’–, y se edifica el devenir de los acontecimientos –encauzados mediante graduales saltos de tiempo y analelpsis– atendiendo a la preeminencia sucesiva de cada uno de ellos, de tal modo que se supedita el ritmo de la acción y la consumación de los hechos a la idiosincrasia de sus respectivos protagonistas.

Durante el metraje de ‘Ethel’ el espectador asiste a la elaboración de un retrato etopéyico de los Crhistie, sustentado por una formulación estética de los ambientes y los diversos espacios domésticos y citadinos, lacerados por el sucio hollín fabril, las desconchadas humedades del papel pintado y el insomne lupanar en el desolado Notting Hill de la década de los cuarenta. La turbia calima de estos primeros años parece estar compuesta por una densa nebulosa de insinuación que desdibuja en sombras la inextricable y sorda dicción existencial de John Christie, sustentado por la infausta y progresiva resignación que gobierna el horizonte vital de su esposa Ethel.

Beryl y Timothy Evans (Jodie Comer y Nico Mirallegro), con su hija Geraldine, se instalan en el infausto número 10 de Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

Beryl y Timothy Evans (Jodie Comer y Nico Mirallegro), con su hija Geraldine, se instalan en el infausto número 10 de Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

‘Tim’ supone la entrada en escena de los Evans (encarnados por unos correctos Nico Mirallegro y Jodie Corner) y la composición diegética de la muerte de Beryl, que toma rumbo atendiendo a la versión judicial ofrecida por Timothy, tras contradecir su confesa declaración, virando la autoría hacia un John Crhistie erigido en falsario médico, supuestamente capacitado para practicar un aborto a la malograda Beryl (nada se sabe acerca de la muerte de la pequeña Geraldine, si bien John Reginald Christie jamás asumió su autoría, presumiblemente para intentar eludir la pena capital, infructuosamente), siendo en ‘Reg’ cuando los hechos en torno al asesino se precipitan y vienen a desvelarse (con premeditado tacto eufemísitco) los atroces crímenes cometidos durante más de una década por el necrófilo asesino de Kensington, un hipocondríaco de graves trastornos sexuales a quien se le atribuye la muerte por estrangulación de casi una decena de mujeres, sepultadas bajo la ínfima y pavorosa arquitectura del número 10 de Rilllington Place.

Una producción uniformada de impecabildad (galardonada con el BAFTA a la Mejor Fotografía, con rúbrica de James Friend), que elude, premeditadamente, la escenificación clínica del macabro historial de John Reginald Halliday Christie para, de este modo, perfilar la unidad narrativa con atmosféricas elipsis que logran sugestionar las inquietudes del espectador.

Ethel (Samantha Morton) y John Crhistie (Tim Roth) durante una secuencia de 'El estrangulador de Rillington Place'. Fotografía cortesía de Filmin.

Ethel (Samantha Morton) y John Crhistie (Tim Roth) durante una secuencia de ‘El estrangulador de Rillington Place’. Fotografía cortesía de Filmin.

Jose Ramón Alarcón