A partir de simples botellas a la deriva

Hugo Martínez-Tormo. La deriva de un gesto post-romántico
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 17 de septiembre de 2017

“Cuestiono el funcionamiento de las nuevas tecnologías”. De manera que Hugo Martínez-Tormo, que es quien abre el fuego expositivo surgido de las tres primeras convocatorias lanzadas por el Centre del Carme, emplea esas tecnologías aludidas para cuestionar su uso. Y, puestos a cuestionar, somete a reflexión el gesto romántico de arrojar al mar un mensaje en la botella, para transformarlo en denuncia contra la contaminación medioambiental. “Ese gesto se ha quedado obsoleto y ahora yo llamaría cerdo al que lanza esa botella al mar”, explica el artista que se considera a sí mismo “conceptual”.

Para revelar lo que el título de la exposición denomina ‘La deriva de un gesto post-romántico’, Martínez-Tormo se sirve de dos botellas encontradas en la playa de El Mónsul, en Cabo de Gata, y en la Devesa de El Saler. Fotografía ambas botellas y las documenta, para construir una réplica de las mismas mediante tecnología 3D. A continuación, genera sendas instalaciones de luz y sonido con los componentes básicos de dicha impresora, a partir de los movimientos que vendrían a imitar la propia impresión de los envases de plástico. “Traduzco lo material a lo físico”, explica.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La tecnología que aparece destripada sirve para alumbrar el sonido metálico de las olas del mar, así como los reflejos lumínicos del agua. Un complejo sistema técnico que el artista simplifica con el fin de subrayar la paradoja inherente al efecto contaminante del plástico y su posterior generación de belleza estética. Plástico y plástica dialogando entre sí para provocar en el espectador cierta reflexión. “Lo más probable es que no lo entienda y se vaya, pero si te captura estéticamente, entonces tienes más posibilidades de estar abierto a entenderlo”, sostiene Martínez-Tormo.

Eso es lo que hace con su gesto post-romántico: primero revela los efectos devastadores de tanto plástico arrojado al mar, mostrando en otra instalación lo que encontraron en el interior del estómago de un cachalote de 10 metros de largo y 4500 kilos de peso, para después concienciarnos de nuestra responsabilidad, tras haber sido capturados en la belleza plástica de su propuesta. “Les atrae la instalación del agua [cuyos reflejos en la pared los provoca el movimiento deconstruido de la impresora 3D] por evocadora, y la del cachalote [que muestra en una serie de vitrinas lo hallado en su estómago] porque la entienden”.

Vista de la exposición de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El cachalote hallado en la playa del Castell de Ferro de Granada en 2012 llevaba en su interior, tras practicarle la autopsia, dos macetas, 30 metros cuadrados de cubierta de invernadero, cinco cuerdas de nueve metros y un bote de detergente, entre otros materiales plásticos de desecho que el animal fue ingiriendo sin querer por hallarse a la deriva en el mar. “Es evidente que eso debió acortar su periplo de vida”, apunta el artista.

En otra serie de tres fotografías, muestra el proceso de descomposición de una botella en el océano: “Tarda unos 1.000 años en descomponerse estando sobre la tierra, pero en el mar se degrada mucho más rápido, en apenas un año”. Y explica cómo primero se fragmenta en 16 trozos, después en 625 microtrozos, haciendo finalmente un total de 10.000 pequeños pedazos que producen compuestos muy tóxicos como el Bisfenol, los cuales son ingeridos por los animales acuáticos y, consecuentemente, por los seres humanos.

Hugo Martínez-Tormo en su exposición. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Hugo Martínez-Tormo en su exposición. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Martínez-Tormo lo que hace es realizar ese proceso de descomposición mínima, troceando de forma paciente esa botella en los miles de pedazos que luego introduce en un tubo colgado como si acabara de ser pescado. El resultado, de nuevo, genera una belleza plástica derivada de su intenso color azul. Como intenso es el azul del mar que cierra el conjunto expositivo. Una instalación audiovisual interactiva realizada con software Unity, empleado en los videojuegos, permite al espectador generar olas, en un mar proyectado artificialmente sobre una pantalla, tras captar una cámara de infrarrojos la presencia humana. Es esta presencia la que provoca a su vez la proximidad o alejamiento de una botella de plástico que flota en ese mar.

“El espectador tiene el control sobre la botella, al moverse en una dirección u otra, generando la sensación de poder, al influir a su vez sobre el oleaje”. Martínez-Tormo subraya la conciencia ecológica de tal gesto: “Depende de nosotros el acabar o no con la basura”. El artista insiste una y otra vez en esa responsabilidad: “Que seamos conscientes de lo que estamos provocando”. Mensaje que él supedita a la cualidad plástica inherente al arte, capaz de provocar emociones y, con ellas, la posibilidad de generar preguntas en torno a esa conciencia ecológica.

“El agua y el fuego son elementos que conectan con la vida de tus antepasados y esos elementos están de alguna manera presentes aquí”. Los cinco contenedores de agua, que el motor de la impresora 3D removía mecánicamente, producían en la sala un efecto de calma. “Alguien me llegó a decir que se traería la cama aquí, porque le retrotrae a cierto estado de paz”. Una paz reñida con ese peligro de contaminación al que alude su gesto post-romántico y que Hugo Martínez-Tormo recoge en su serie de instalaciones. Tecnología puesta en cuestión y al servicio de una belleza plástica que transforma el mensaje en motivo de una más serena reflexión.

Un espectador contempla una de las instalaciones de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Un espectador contempla una de las instalaciones de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Abre tus puertas, siempre

‘Ouvrez vôtre porte’ de Joan Verdú
Tapinearte
C/ Zurradores 13. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

Tapinearte deja su escaparate libre para mostrar los nuevos dibujos de Joan Verdú, este dibujante valenciano caracterizado por la ironía en todas sus obras, teniendo en cuenta que también es columnista y escritor, sorprende por la sencillez en el trazo del grafito en contraste con la fuerza de la idea. Joan Verdú no suele considerar la obra en dibujo con lápiz como obra definitiva, pero en esa ocasión ha acertado con el momento, el lugar y sobre todo con el mensaje para utilizar el lápiz como la técnica principal.

Heredero analítico de los iconos de la cultura popular, podemos observar en la manera de superponer el color al tono grisáceo del grafito, como dichos iconos se transforman, dotándoles de nuevos significados. Un R. Mutt camuflado con la tipografía de una conocida marca de sanitarios, un héroe de cómic que trata de escapar del frío de una nevera, personajes televisivos de la infancia, marcas, publicidad y otras sorpresas a descubrir van marcando el camino de la exposición.

Ouvrez vôtre porte I. Imagen cortesía Joan Verdú.

Ouvrez vôtre porte I. Imagen cortesía Joan Verdú.

‘Ouvrez vôtre porte’ continúa con los rasgos que caracterizan otros trabajos de Verdú: juegos simbólicos, alusión irónicas y una estética particular que, en cambio, parece alejarse del pop al que nos había acostumbrado. ‘Abre tus puertas’ son una serie de representaciones entorno al tema de la apertura, del desbloqueo o de un principio. No importan tanto las puertas, desagües, cajones, ventanas o cajas que se abren, sino el hecho de que los dibujos mantienen expectante al observador de la obra, como quién abre un sobre que no espera, con una incertidumbre difícil de controlar. Es por esta inquietud quizá que los dibujos queda encajados en un marco poco corriente: una cabecera que reza ‘Algiexpres’, nombre, calle, población y código postal. Esta especie de intervención rememora tintes surrealistas en su ejecución. ¿Manda un mensaje el artista y para ello hace hincapié en el sentido del envío? No se conforma con el hecho de exponer, maniobra que ya comporta el significado de transmitir, sino que precisamente provoca esa falta de certeza, aunque sea un dibujo y una composición relativamente sencillas.

Más que abrir las puertas en un sentido literal, Joan Verdú parece gritar que abramos el sentido del raciocinio, del sentido común, y que pensemos, reflexionemos sin descanso. Un ejercicio de cuestionamiento continúo que nos da pistas sobre cómo el artista interpreta el concepto de arte.

María Ramis.

He ahí, en Isabel Bilbao, lo que ‘Somos’

Somos. Siete fotógrafos desentrañando al ser
Mike Steel, Mili Sánchez, Monia Marceta, Amine Oulmakki, Raúl Baldera, Jo García Garrido y Joss Uñac
Galería de arte Isabel Bilbao
Avenida de Ausiàs March, 9-12. Jávea (Alicante)
Inauguración: jueves 24 de marzo, a las 19.00h
Hasta el 20 de abril de 2016

Reunir a varios fotógrafos en una exposición como ‘Somos’ en la galería de arte Isabel Bilbao de Jávea (Alicante) es al mismo tiempo excitante y complejo. A través del visor, el fotógrafo combina una idea artística, la que crea antes de disparar la fotografía escogiendo el enclave, la escena, el motivo, el mensaje, el personaje…

Fotografía de Mili Sánchez. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Mili Sánchez. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Todo ello con una circunstancia real, aquello que de hecho está ahí delante y no aparece hasta el momento de encuadrar y capturar, ya sea el movimiento, lo inesperado, la expresión en ese instante o lo que asoma por detrás del motivo…

Fotografía de Raúl Baldera. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Raúl Baldera. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Una fotografía de autor revela lo que somos y duplica lo que la cámara atrapa: la existencia por ambos lados. Que es lo que hacen los siete artistas que participan en la muestra precisamente titulada ‘Somos. Siete fotógrafos desentrañando al ser’: Mike Steel, Mili Sánchez, Monia Marceta, Amine Oulmakki, Raúl Baldera, Jo García Garrido y Joss Uñac.

Fotografía de Jo García Garrido. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Jo García Garrido. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

La acción de fotografiar, en este caso a un semejante que es consciente del “yo”, por un lado apresa su esencia, lo que revela su rostro, su gesto, su porte y su entorno junto a la situación y puesta en escena del artista; por el lado opuesto, la cámara captura al fotógrafo, su deseo, su inspiración, su visión y su alma. La cámara es, finalmente, una nasa de pesca con dos entradas.

Fotografía de Monia Marceta. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Monia Marceta. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Mike Steel. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Mike Steel. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Joss Uñac. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Joss Uñac. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Amine Oulmakki. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Fotografía de Amine Oulmakki. Imagen cortesía de Isabel Bilbao.

Algunas mujeres no quieren ser musas

La Academia de las Musas, de José Luis Guerín
Cines Babel
C / Vicente Sancho Tello, 10. Valencia

José Luis Guerín define su película La Academia de las Musas, presentada en los Babel, como “un soliloquio”. Soliloquio de un profesor de filología (Rafaelle Pinto) que busca, mediante cierto proyecto educativo, alcanzar la verdad contenida en la posición femenina de la musa. Sus alumnas lo cuestionan, al igual que su desengañada mujer, que ve en esas clases otras intenciones ocultas. Planteado como “un documental”, que va decantándose hacia la “ficción estilizada”, ese soliloquio inicial también deriva en una película “muy dialéctica”.

¿Soliloquio? ¿Dialéctica? Guerín lo explica: “”Cada vez entiendo más el deseo de hacer cine como una forma de descubrir la propia película”. De manera que lo que en un principio parece una cosa termina desembocando en otra, fruto del propio desarrollo de la trama. Es lo que el director de En la ciudad de Sylvia entiende como la conjunción de “motion y emotion (movimiento y emoción)”. “Revelación que no llegaría a conocer si no hago la película”, concluye.

Fotograma de 'La Academia de las Musas', de José Luis Guerín.

Fotograma de ‘La Academia de las Musas’, de José Luis Guerín.

Algo parecido le pasa al protagonista de La Academia de las Musas, que arranca dominador de sus clases para terminar revelándose frágil. “El profesor es el personaje más patético de la película”, dice. Aún así, Guerín asegura que trata de evitar “la posición de cineasta moralista que juzga a sus personajes”. Y añade: “Los cineastas suelen hacer películas para denunciar cosas o lanzar mensajes; yo lo hago para descubrir cosas”. Subraya igualmente que se acercó al documental “buscando otras formas de contar historias”.

Y la historia que cuenta, repleta de diálogos entre el profesor y sus alumnas, no deja de transmitir la extrañeza derivada del confuso límite entre documental y ficción. Diálogos muchos de ellos tomados en el interior de un coche o de una vivienda, pero con la cámara desde el exterior, de manera que se suceden los reflejos que provocan los múltiples cristales. “Trato de preservar el espacio privado quedándome yo en el exterior, de ahí la veladura de los reflejos sobre los rostros”. Rostros que Guerín no deja de confrontar, al igual que ocurre con los diálogos.

Fotograma de 'La Academia de las Musas', de José Luis Guerín.

Fotograma de ‘La Academia de las Musas’, de José Luis Guerín.

“No son actores profesionales, pero son grandes actores”, dice de las alumnas que participan en esa “academia de las musas” que da título a la película. Entre ellas, Emanuela Forgetta, Rosa Delor Muns, Mireia Iniesta o Patricia Gil. Todas ellas encarnando “situaciones de ficción, aunque los sentimientos son verdaderos”, agrega Guerín. Sentimientos que tienen que ver con esas discrepancias surgidas a raíz de las consideraciones del profesor en torno a su condición de musas. Algunas cuestionan la validez de ese papel inspirador de la mujer. Otras aceptando en principio su validez, encarnada en sus propias veleidades amorosas, para ir desencantándose a medida que avanza la película.

“Vemos juegos de poder, de manipulación, y juegos de seducción, de amor y de celos”, explica con parsimonia Guerín, como deleitándose con cada respuesta. “Quizás es mi película más popular con En construcción”, reconoce, tras advertir la ausencia de logos comerciales en La Academia de las Musas. “Fue una decisión personal, que me ha permitido construir la película con la misma libertad con la que un escritor hace su novela”.

A pesar de la falta de ayudas y de haberla hecho con una cámara doméstica y con las herramientas técnicas que tiene en casa, “se ha comprado en muchos países”, señala sorprendido. “En Barcelona está ahora en tres salas”. Los cines Babel la acaban de estrenar en Valencia. Una oportunidad para “redescubrir la cotidianeidad desde una forma completamente nueva”, y de ratificar una máxima del propio Guerín: “El cine de ordenador jamás podrá reemplazar la emoción que produce el rostro humano”.

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Fotograma de 'La Academia de las musas', de José Luis Guerín.

Fotograma de ‘La Academia de las musas’, de José Luis Guerín.

Salva Torres

Ruzafa, a golpe de tiza

Graffitis en el barrio de Ruzafa

Son varios los grafiteros que plasman su obra artística y reivindicativa en el barrio de Ruzafa. En concreto, en el soporte urbano, sea privado o público, que se encuentra entre las calles que van del Mercado Municipal de Ruzafa y el subterráneo que atraviesa las vías del tren de la Estación del Norte en la Avenida Gran Vía Germanías. Las fachadas de ciertos edificios abandonados, las paredes, los maceteros y diverso mobiliario urbano de  calles como Sevilla, Cura Femenia, Sueca, Puerto Rico o Cuba… son los lienzos utilizados para dejar los trazos de esta creación transgresora, efímera y anónima.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Fotografía: Begoña Siles.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Fotografía: Begoña Siles.

Graffitis de estilos diferentes (escritos, dibujos, collages) impactan en la mirada del transeúnte. Estas obras callejeras, desde su expresión realista o fantástica, hacen que detengamos nuestro andar alienado. Una breve pausa para relajar nuestra mirada en el dibujo, en el cromatismo o una breve pausa para leer la idea escrita.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

La tiza irónica

Los últimos años los maceteros de las calles Cura Femenia, Puerto Rico, Sueca y las paredes del subterráneo de la Avenida Germanías se han convertido en  pizarras improvisadas donde escribir breves mensajes a tiza. Mensajes directos sin vuelo en el grafo, ni en el contenido.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Los trazos en mayúscula de las letras de cada palabra son transcritos por la tiza sin pretensiones, ni florituras. Unos rasgos claros y sencillos que no dispersan la atención del transeúnte del pensamiento de la frase. Porque es ahí, en el contenido, donde este grafo adquiere su interés. El mensaje de estas pintadas puntea con un tono irónico y crítico la realidad política, económica y social actual.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

La greguería

Pintadas protestas escritas, muchas de ellas, con un estilo que recuerda a las greguerías de Ramón Goméz de la Serna. La ironía, la crítica y la protesta de estas pintadas fluye del juego con las palabras a la hora de componer las frases. Y de esa composición aguda, ingeniosa, hasta ingenua, estos graffitis, escritos con la sencillez naif de una tiza, presentan una visión personal y humorística de una realidad política y económica tan corrupta como la que venimos padeciendo en los últimos años. De manera que, a golpe de tiza, cierta catarsis liberadora es posible. Al menos en Ruzafa.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada bajo el puente de Gran Vía Germanías. Fotografía: Begoña Siles.

Pintada bajo el puente de Gran Vía Germanías. Fotografía: Begoña Siles.

 

 

 

 

La conciencia monetaria de López-Aparicio

Sobre el cómo y el cuanto, de Isidro López-Aparicio
Galería pazYcomedias
Plaza del Colegio del Patriarca, 5. Valencia
Hasta el 27 de junio, 2015

“Me preocupa el valor que se les da a las cosas”. Isidro López-Aparicio se refiere no a su “precio justo”, sino al “obsesivo” por desproporcionado que adquieren esas cosas una vez pasadas por la trituradora del voraz mercado. Y como él, más que dar “un mensaje cerrado”, lo que le motiva es “incentivar la reflexión”, ha decidido extender el proyecto que hasta finales de junio presenta en la Galería pazYcomedias a otros cinco países europeos. De manera que las decenas de monedas de euro, en cuyo canto ha grabado frases interrogativas acerca del poder del dinero, saldrán de Valencia en dirección a Grecia, Alemania, Francia, Italia y Suiza.

Sobre el cómo y el cuánto, de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Cortesía de la galería.

Sobre el cómo y el cuánto, de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Cortesía de la galería.

El ultimátum a Grecia para el pago de su deuda antes del 30 de junio se convierte en el marco idóneo para difundir la idea de López-Aparicio: “Posicionarnos ante el valor real de las cosas”. Ese día, las monedas de euro con preguntas en su canto escritas en griego del tipo ¿eres libre? o ¿cuál es el valor?, circularán de mano en mano por los establecimientos helenos en busca del ciudadano inquieto que las descubra. Lo mismo sucederá, en sus respectivos idiomas, en esos otros países elegidos. A partir de ahí, la reflexión es libre. “No trato de adoctrinar, pero como artista pescador que soy siempre trato de pescar algo”.

Y su pesca tiene mucho que ver con la interrogación de cuanto nos rodea, porque el arte lo concibe así: como un espacio de reflexión donde las preguntas abundan por encima de las respuestas. De hecho, no busca “el impacto inmediato”, a pesar del llamativo proyecto comisariado por José Luis Pérez Pont, sino apelar a esa “conciencia monetaria” a la que alude su propuesta ‘Sobre el cómo y el cuánto’ que exhibe en pazYcomedias, en diálogo con la intervención sonora de Isidoro Valcárcel.

Monedas de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Imagen cortesía de la galería.

Monedas de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Imagen cortesía de la galería.

Las 120 monedas grabadas en Valencia, como parte de la estrategia expositiva, ya circulan por ahí, la mitad de las cuales como objeto artístico que se puede comprar en la galería. “Es una burla al sistema”, reconoce Isidro López-Aparicio. Lo es porque al tiempo que esas monedas de euro tienen su precio en el mercado del arte, la gente las adquiere en su circulación diaria sin tener que pagar más de lo que valen. “Se pone en cuestión el arte como mercado especulativo”, precisa Pérez Pont.

“El objeto simbólico el mercado lo convierte en valor”. Y López-Aparicio pone el ejemplo del muro de Berlín, cuya caída propició la venta inmediata de los trozos de ese muro objeto de intensos dramas. También cuestionó el artista granadino los paraísos fiscales con una instalación en Suiza hace 20 años, cuando entonces “había 60, frente a los 100 que hay ahora”. Esa desproporción entre el valor de uso y el valor de cambio está en el núcleo de los trabajos de López-Aparicio.

Instalación de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Imagen cortesía de la galería.

Instalación de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Imagen cortesía de la galería.

Su “conciencia monetaria” nos sitúa en el  momento puntual en que la moneda del euro se pone en tela de juicio en Grecia. “Dentro de poco las monedas y los billetes pueden desaparecer por las tarjetas de plástico y el auge de los móviles”. De ahí que vea en su propuesta cierto “carácter arqueológico”. Arqueología desplegada en pazYcomedias a base de máscaras, sillas de la universidad de Valencia fuera de su contexto académico, lápices hechos con billetes de dólar o ese rifle que apunta a la moneda de un franco a modo de diana. Arqueología de objetos desechables cuya utilidad subvierte los márgenes del mercado.

Monedas de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Imagen cortesía de la galería.

Monedas de Isidro López-Aparicio en pazYcomedias. Imagen cortesía de la galería.

Salva Torres