Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus

#MAKMAEntrevistas | Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus
Viernes 13 de marzo de 2020

Mientras COVID-19 se expande, sus consecuencias nos trastornan y dibujan un estado de alarma sanitaria sin precedentes. Miedo, desconcierto, incredulidad, impotencia, escepticismo, manipulación y otros conceptos sobrevuelan nuestro horizonte personal y profesional. “Responsabilidad cívica” y “recesión económica” resuenan en un inquietante equilibrio que afecta, de un modo progresivo, al ámbito social, cultural, económico y político. En definitiva, vital.

Ante el presente e incierto panorama, desde MAKMA (y mediante frías solicitudes telemáticas) hemos invitado a difundir su testimonio a una heterogénea nómina de personas implicadas profesionalmente en el área de las artes visuales, escénicas, literarias, cinematográficas, universitarias y políticas, procurando respuesta a diversas cuestiones que nos ofrecen una interesante y lúcida reflexión acerca de cómo aquellas personas que vivimos y participamos de la cultura afrontamos la presente pandemia.

1) ¿Dónde y en qué situación te encuentras?
2) ¿Cómo te imaginas el escenario inmediato y cuáles serían, a tu juicio, las consecuencias a medio y largo plazo en lo social, cultural, económico y político?
3) En caso de confinamiento, voluntario o forzoso, ¿de qué modo prevés afrontar tu aislamiento? ¿Qué lecturas y/u otras actividades llevarías a cabo?
4) Comentarios y conclusiones.

ADA DEL MORAL (ESCRITORA Y PERIODISTA | TÁNGER)

1) En Marruecos, ¡sin poder salir!

2) Creo que vamos a estar así un tiempecito. Y, económicamente, como no se frene la cosa, las consecuencias no seran muy sostenibles. Me preocupa la alarma social y el no saber el alcance real de esta pandemia.

3) Espero no llegar al aislamiento. Pero me imagino que en casa con mi novio y el perro y salendo a comprar lo mínimo, huyendo del gentío. Si pudiera cruzar a España iríamos a Palencia con mi gato y mi poni, que allí tengo jardín. Voy a aprovechar para terminar mi tesis y mi libro y leer todo lo que tengo pendiente: los cuentos de Katerine Briggs, ‘Apegos feroces’, ‘Hotel California’, la biografía de Victor Hugo, de André Maurois…, cocinar, escribir, cuidar bichos y animales, embarazarme.

4) Me preocupa el pánico social. Me asquean las actitudes de los políticos de todo signo. Me fastidia el cierre de los teatros, la cancelación de las ferias, el destino de los viejos, la duración y el impacto, que tantos vagos estén, de momento, tranquilos ante la idea de no dar palo al agua, y los trabajos que puede estar perdiendo la gente válida.

ALBERTO GÓMEZ FONT (ESCRITOR, LINGÜISTA Y BARMAN | MADRID)

1) En mi domicilio principal (en Madrid), con mi hija, su madre (y viene a trabajar la asistenta). Todos bien. Vida muy normal.

2) Imagino varias semanas de parón casi absoluto y después una lenta vuelta a la normalidad. Los daños económicos (fundamentalmente para el sector servicios) serán muy fuertes. No veo, en cambio, que vaya a haber consecuencias en el cultural ni en lo político.

3) Escuchar música, conversar con los amigos por teléfono y por otros canales y seguir sumergido en mis lecturas tangerinas.

4) Solo echaré de menos mis cervecitas en el bar del barrio…

ÁNGEL DE LA CALLE (ILUSTRADOR, AUTOR DE CÓMICS Y DIRECTOR DE CONTENIDOS DE LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN | GIJÓN)

1) Estoy en un autobús, hacia una cita de trabajo.

2) El escenario inmediato es el que veo, cola en el Mercadona. La gente cagada, porque no hacen más que comprar papel WC. A largo plazo no sé, a corto supresión de toda actividad cultural, festiva y de ocio comunitaria.

3) Tengo bastantes libros en papel sin leer o releer para lo que me quede de vida. Y, por suerte, piratear series y pelis es uno de los bienes fundamentales en España (je, je).

4) ¡¡¡Ay, si esto fuese el final del capitalismo, qué bonito hubiese sido!!!

CALO CARRATALÁ (ARTISTA | VALÈNCIA)

1) Hoy he estado todo el día trabajando y, en estos momentos, escuchando las noticias, que anuncian medidas resctrictivas en cuanto a movimientos.

2) Me estoy planteando pasar por la tienda de materiales de Bellas Artes para reponer algunos materiales ya escasos en mi taller; no me haría ninguna gracia quedarme sin poder trabajar estos días. También espero poder ir a mi estudio a diario a trabajar y cuidar de mis gallinas. Con respecto a la comida no soy tan exigente como la locura de mis conciudadanos demuestra, así que espero no dar empujones en los supermercados.

3) Intentaré que mi actividad se parezca a la de cualquier día normal y disfrutar de la oportunidad de pasar más horas en casa con la familia –lo que puede ser un buen momento para disfrutar y compartir confidencias–, ya que siempre es poco el tiempo que tenemos habitualmente –apenas unas horas por la noche–.

4) Mi deseo es seguir viviendo y hacer una vida de lo más normal, intentando compartir y disfrutar de cada momento que tenemos en este universo.

EMILIO GALLEGO (ARTISTA | REQUENA, VALÈNCIA)

Fotografía: Diana Gallego.

1) Me encuentro bien y tranquilo, en casa, donde tengo el taller y el estudio, por lo que no altera en exceso mis rutinas habituales, si bien a partir de hoy los niños no tendrán colegio y tendremos que organizarnos.

2) El escenario inmediato lo veo con preocupación; esto va empeorar, según parece, y hay que atender disciplinadamente las recomendaciones. En cuanto a las consecuencias, parece obvio que se nos viene encima una crisis económica, cuyas consecuencias van a depender de la duración de esta crisis sanitaria. Como siempre, el primer sector afectado es el cultural y artístico, que parece más prescindible en cuanto a supervivencia pura y dura, algo que viene a agravar la ya de por sí situación precaria del sector de las artes visuales, que es en el que me muevo. Las consecuencias a medio y largo plazo creo que dependen, por un lado, de cómo altere la convivencia y si esto nos hace más o menos empáticos y solidarios. Por otro lado, siempre hay que temer que los poderes económicos aprovechen para dar un giro restrictivo en las políticas sociales, pero también en la sombra que se proyecta sobre la cultura, cada vez más espectacularizada, como modo de neutralizar su capacidad de cuestionamiento social. Me preocupa y mucho esto.

3) Como he comentado, debido a que en casa tengo la posibilidad de seguir trabajando, me va a afectar moderadamente el confinamiento, que es voluntario de momento, ya que ni en casa ni alrededor hay ningún caso de coronavirus. La familia estamos siguiendo las indicaciones generales en cuanto a restringir el contacto directo con personas y demás. Tengo una buena reserva de libros y películas para ver, pero no creo que disponga de mucho más tiempo del habitual, así que aún seguiré necesitando un par de vidas más para agotar esa reserva…

4) Ojalá que pase pronto, que la gente sea capaz de tomar las medidas adecuadas, por ellos y por todos. Que no entremos en pánico y que si se acaba el papel higiénico siempre quedará el bidé. ¡Ah!, y una cosa más, mi más sincero agradecimiento a los profesionales de la salud pública, ¡verdaderos héroes de esta situación!

ESPIDO FREIRE (ESCRITORA | MADRID)

1) Estoy en mi casa, en Madrid, confinada de manera voluntaria para evitar la propagación del coronavirus.

2) Es imposible de imaginar ni de prever. Ni siquiera hemos llegado al peor pico de la epidemia. Podremos evaluarlo más adelante.

3) Se parece en gran medida a los días de trabajo en casa sin confinamiento: lectura, escritura, tareas pendientes. Por suerte, no está siendo en absoluto un cambio de hábitos ni un sacrificio para mí. Para quienes sí lo es, estoy recomendando libros y enlaces culturales en las redes sociales, y planeo algo un poco más complejo para cuando se prolongue la situación.

4) Ánimo para todos, y por favor, mucha precaución. Es momento de salvar vidas, lo demás vendrá después.

ISAURA NAVARRO (SECRETARIA AUTÓNOMICA DE SALUD PÚBLICA Y SISTEMA SANITARIO PÚBLICO DE LA GENERALITAT VALENCIANA | VALÈNCIA)

1) Estoy en mi casa, confinada esperando que vengan a hacerme la prueba porque la directora general de Salud Pública ha dado positivo, y como llevamos trabajando codo con codo para hacer frente a esta pandemia, hay riesgo, soy persona de contacto; además, tengo tos y dolor de cabeza.

Ahora trabajando vía telemática, con Whatsapp, llamadas, como mucha más gente. Me encuentro bien, menos la tos y el dolor de cabeza, aunque en espera de resultados.

2) Los efectos económicos y sociales están encima de la mesa. El gobierno debería adoptar más medidas de las que ha adoptado, que son absolutamente insuficientes y poco realistas en cuanto al impacto económico que va a tener una paralización absoluta de la vida productiva y de la vida social.

Creo que las medidas han de ser mas valientes por parte del Estado. Se debe proponer a las Comunidades Autónomas que vayan más allá de lo que se ha ido hasta ahora. Porque es cierto que la mayoría están controladas, pero en Madrid hay más descontrol, y como no se les ha ordenado que se queden en sus casas (como es la recomendación lógica), se están yendo a su segunda residencia a la costa y, por ello, se expande el virus de una manera acelerada. Las medidas a adoptar entiendo que deben ser más drásticas, de mayor cierre, porque la gente lo está viviendo con incertidumbre.

Ayer hubo una comparecencia del presidente del Gobierno donde se anunciaron un serie de medidas, pero desde mi punto de vista, y dado lo ocurrido en otros paises –Francia tomó medidas más pronto e Italia más drásticas y, por supuesto, sabemos el caso de China–, entiendo que ya urge que se adopten decisiones más radicales para parar esto o reducir su impacto, porque, aunque detenerlo es difícil, hemos de contenerlo y tener el mayor control de la situación.

3) ‘L,últim dels valencians’, de Guillermo Colomer, será mi próxima lectura en cuanto pueda, ya que estoy trabajando desde casa.

JAVIER RIOYO (ESCRITOR, PERIODISTA Y DIRECTOR DEL INSTITUTO CERVANTES DE TÁNGER | TÁNGER, MARRUECOS)

1) En Tánger, mirando la costa española desde la terraza. No con aquella sensación de urgencia que se veía en Casablanca película –que siempre fue Tánger–, sino con una inquietud por los que quiero.

2) El escenario cambia cada hora, no quiero ser ni seré apocalíptico, pero los vientos son mucho peores que ese del Levante que de vez en cuando nos aturde y calienta.

3) Me gusta aislarme con mis libros, mis películas y mis cercanos. Ahora termino el mejor del año, ‘El infinito en un junco’, de Irene Vallejo, y me esperan unos cuantos clásicos.

4) Quiero que mi aislamiento y mi manera de ver mi país desde la terraza sean algo voluntario y corto. ¡A la mierda el virus!

JAVIER VALENZUELA (ESCRITOR Y PERIODISTA | MADRID)

1) El coronavirus no ha alterado demasiado mi vida, pero es que mi vida no es de las más habituales. Como antes de su aparición, paso la mayor parte del día en mi casa de Madrid, leyendo y escribiendo. Es lo que hago desde hace décadas: trabajar a distancia. Mi casa, estuviera en Beirut, Rabat, París, Washington o Madrid, o fuera la habitación de un hotel en decenas de otros lugares, siempre ha sido también un lugar de trabajo. El lugar desde el que escribía y desde el que enviaba a la redacción mis artículos, crónicas, reportajes o columnas, o a la editorial los manuscritos de mis libros. Como siempre, salgo a pasear un par de veces al día durante treinta o cuarenta minutos. Y como siempre, sin entrar necesariamente en bares o comercios. Así que, de momento, los principales cambios que siento son que me han cerrado el gimnasio –donde iba dos o tres veces a la semana-, y cancelado reuniones amistosas y actos públicos.

2) Me temo que la recesión provocada tanto por el miedo al coronavirus como por las medidas adoptadas para combatirlo va a ser brutal, tan brutal como la de 2008. Y me temo que la vamos a pagar los de siempre. Con despidos masivos, congelaciones o reducciones de salarios, recortes de prestaciones sociales. Deberíamos aprovechar esta crisis para ajustar determinados aspectos del modo de vida mayoritario. Por ejemplo, para no ir tan acelerados, para ser menos consumistas, para efectuar menos viajes caprichosos que son altamente contaminantes (lo de pasar un fin de semana en una ciudad extranjera porque el vuelo es barato), para devolver las fiestas populares (Fallas y demás) a unas proporciones más razonables, para celebrar menos eventos completamente prescindibles, para intentar tener un país más autosuficiente energética e industrialmente, para valorar y fortalecer el sistema sanitario público, para desarrollar más el teletrabajo y reducir el presencial… Pero intuyo que no lo vamos a hacer. Intuyo que la única consecuencia de esta crisis va a ser una tremenda recesión económica que paguen las clases populares.

3) Aunque ahora vaya a tener que pasar más tiempo en casa, dedicaré mi tiempo libre en ella a lo de siempre: leer y ver algunas películas y series interesantes. He dicho “algunas”, no “todas”. El consumo compulsivo de Netflix y similares también me parece enfermizo.

4) Hubiera sido maravilloso que la reacción popular a la extensión en España del coronavirus no hubiera sido solo el asalto a los supermercados para arramblar con el papel higiénico y las latas de atún. Hubiera sido maravilloso que también se hubiera producido un incremento de las ventas de libros, en librería u online, para pasar la cuarentena. Yo siempre he entendido la lectura de un libro como un viaje, pero creo que los que así lo hacemos somos una minoría cada vez más exigua. Supongo que el principal consumo cultural de esta crisis serán las series televisivas en plataformas de pago. Eso me apena, para qué voy a negarlo.

JESÚS PALACIOS (ESCRITOR Y CRÍTICO DE CINE | MADRID)

1) En Madrid, ciudad contagiada, metido en casa y después de que se hayan cancelado todos los compromisos laborales que tenía tanto fuera como dentro de la capital. Con buena salud, de momento, y capeando el temporal.

2) El escenario inmediato personal es muy negro: la cancelación de varios eventos en los que colaboro significa también pérdidas económicas de las que, como autónomo, dependo mes a mes, con lo que, a día de hoy, no sé cómo voy a poder hacer frente a mis pagos y necesidades más inmediatas. En lo general, creo que el panorama no pinta tampoco mucho mejor. La crisis económica y de confianza propiciará medidas restrictivas de todo tipo, la caída del estado de bienestar se afianzará y tendremos que lidiar con nuevas subidas de precios, cierres de pequeñas y medianas empresas y subidas impositivas. La vida, en especial para quienes trabajamos en temas culturales, se pondrá más complicada, pues en tiempos de tribulación lo que menos importa e interesa al estado (y a la mayoría de ciudadanos) es la cultura. Somos como Stallone, Schwartzenegger y Chuck Norris (quien ya tiene el Corona, por cierto): expendables. Libros, cine, revistas, cómics, literatura y todo lo que los rodea (ferias, festivales, salones, convenciones, etc.) caerán en picado, salvo que el estado haga un gran esfuerzo por respaldarlos. Y si lo hace, será para controlarlos y manipularlos, lo que dejará fuera de juego a quienes no sigan las directrices ideológicas del momento.

3) Como siempre: leyendo, viendo películas, escribiendo y practicando juegos perversos con mi pareja. Por suerte o por desgracia, con más de tres mil libros en cajas y estanterías y más de dos mil películas, no creo que me falte entretenimiento. Incluso puedo prescindir de la televisión (lo que ya suelo hacer en general). Las lecturas serían, como suele ser también el caso, literatura de horror, ciencia ficción distópica y castastrofista, apocalíptica clásica y moderna, crimen, novela negra, pornografía del siglo XX, cuentos infantiles y filósofos como Cioran, Schopenhauer, Zappfe o Nietzsche. O sea: como la vida misma.

4) Mi único comentario es, parafraseando las mejores y peores películas de catástrofes, de ‘Tiburón’ a ‘Redneck Zombies’, que gran parte de lo ocurrido se podría haber evitado, tanto a nivel global como nacional. Ver cómo el día 8 de marzo se manifestaban miles de personas con permiso del gobierno central y local, en el Día de la Mujer, a sabiendas (no de las posibilidades) de las certezas de contagio y multiplicación del virus, no ha hecho más que confirmar mis peores temores sobre la raza humana. Que hace cinco días se permitiera y animara a miles de mujeres a que se concentraran en el epicentro de la epidemia en España y hoy yo no pueda salir de mi casa, ni trabajar, es un dato más que confirma el egocentrismo suicida de una especie que quizá merezca la extinción.

JORDI A. CARBONELL (PROFESOR DE LA URV | TARRAGONA)

1) Desde el punto de vista de la salud me encuentro perfectamente. Como han cerrado la universidad, trabajo en mi casa mandando materiales y deberes a mis alumnos mediante el moodle. Salgo poco y no quedo con nadie. Espero que esta situación dure pocas semanas, ya que la clausura no va conmigo.

2) El escenario inmediato que imagino es el de confinamiento general de todo el país. Creo que las consecuencias que va a tener la epidemia serán nefastas a medio plazo y a todos los niveles. La economía se resentirá sustancialmente y no digamos la cultura. Muchos de los proyectos de este año no se llevarán a cabo y otros saldrán enormemente perjudicados.

3) En estos momentos ya estoy prácticamente confinado. El trabajo me mantiene ocupado y así el tiempo pasa más deprisa. También aprovecharé estos días para terminar unos artículos y para leer algunos libros que tenía pendientes. Si puedo, saldré de vez en cuando a pasear un poco por la playa, acompañado de mi mujer, para que me dé el aire y tomar un poco el sol.

4) Pienso que, aunque no nos guste, debemos seguir las instrucciones de las autoridades sanitarias para superar este problema en el tiempo más breve posible.

LIDIA LÓPEZ (DIRECTORA DE LASTURA EDICIONES | MADRID)

1) Me encuentro en mi casa, donde tengo una pequeña oficina para trabajar. Intento estar en casa todo lo posible y seguir a rajatabla todas las recomendaciones. Apenas salgo para ir al almacén a preparar los pedidos y a la oficina de Correos.

2) No me atrevo a vaticinar las consecuencias en lo social, pero estoy segura de que esta crisis supondrá cambios en muchos aspectos sociales y económicos. Vamos a tener que hacer un examen de conciencia profundo como sociedad y nos daremos cuenta de todo en lo que hemos fallado; quizás pueda ser hasta una oportunidad para plantearnos hacer las cosas como sociedad de una manera diferente.

3) Intentaré cumplir un horario de trabajo regular durante estos días, aunque, evidentemente, hay una buena parte de mi labor que no puedo realizar, precisamente la que más me gusta: la del contacto con los/as autores/as y los/as lectores/as en las ferias del libro y las presentaciones. Aprovecharé para hacer algunas cosas para las que nunca me da tiempo en el día a día y las voy dejando: actualizaciones en la página web, volcado de datos en algunas plataformas, cambios en algunos diseños, etc. Y, claro, pensaré, pensaré mucho en cómo solucionar el parón económico que estos meses van a suponer para una editorial independiente como Lastura. Y en lo personal, espero poder aprovechar para leer alguno de esos libros imprescindibles para los que no se saca tiempo en el día a día.

MANUEL AGUILAR (ACTOR | MADRID)

1) En Madrid. Aquí la situación todavía es de aparente normalidad.

2) Catastrófico en todos los sentidos. En estos momentos lo único que siento es absoluta impotencia. Lógicamente, me interesa mi gremio y siempre que sucede cualquier calamidad los primeros afectados somos los desgraciados de los actores. Las noticias que llegan de la Unión de Actores son alarmantes. Se que es egoísta solo mencionar mi gremio, pero en estos crudos momentos es complejo explicar correctamente la situación que estamos viviendo.

3) Lectura, sobre todo.

4) Espero que el gobierno sepa conducir de forma inteligente y firme la situación de la crisis económica que se nos viene encima.

MARINA VICENTE (CODIRECTORA DE LA LIBRERÍA 80 MUNDOS Y DIRECTORA DE AGENCIA MANKELL | ALICANTE)

1) Actualmente en casa, de retiro social y espiritual. Vamos, sin síntomas y sin excusa para dejar de trabajar en el ordenador.

2) El escenario inmediato es de desastre. Desde el punto de vista de nuestro sector supone una parada económica brutal. Se van a ver muchas empresas culturales afectadas, pero no solo las empresas van a sufrir las consecuencias, también los artistas y creadores que viven de la participación en encuentros públicos. Y eso solo hablando del ámbito cultural, pero todo el sector servicios está sufriendo ya las consecuencias de esta situación. Esperemos que nuestro gobierno sepa cómo afrontar esto para que haga el menor daño posible a la salud y al empleo. No obstante, nosotros pondremos de nuestra parte cumpliendo con las recomendaciones de sanidad. Hay que frenar esto y tenemos que hacerlo entre todos.

3) Creando nuevas propuestas culturales para cuando salgamos de este parón. Leyendo todo lo que tengo pendiente (que no es poco) y viendo algunas series que me han recomendado.

4) Todo mi cariño a los afectados por el virus y… ¡ánimo a todos los autónomos!

MARISA GALLÉN (DISEÑADORA | VALÈNCIA)

1) En casa, leyendo… Estaba preparando una exposición y una conferencia para la semana del 22 de marzo y se ha cancelado; esta será una oportunidad para relajarme tras un período muy intenso.

2) Hemos de cumplir la cuarentena por responsabilidad cívica ya que solo así podremos reducir la transmisión del maldito coronavirus.

Todo palo tiene dos puntas: una será el impacto económico y social, que puede ser devastador para los ingresos y para la salud mental de muchas personas. La otra punta, la positiva, es que obligará a reflexionar sobre la importancia de lo público, de lo colectivo. Véase lo diferente que es afrontar una crisis sanitaria de este tipo cuando existe sanidad pública a cuando la cobertura es privada. ¿Es que solo tienen derecho a la atención médica los que poseen recursos económicos para pagar un seguro médico?

3) Voy a tratar de ver la cuarentena como algo no necesariamente negativo, sino como un período de tiempo diferente y una oportunidad de trabajar en casa sin el estrés del día a día. También me ocuparé de mi bienestar físico y mental, haciendo cosas que me gustan, como leer y hacer alguna escapada al aire libre, preferiblemente lejos de la ciudad.
Tengo varios libros a estrenar ya mismo:
‘Una teoría de la democracia compleja’, de Daniel Innenarity.
‘La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres’, de Siri Hustvedt.
‘Mujeres de la posguerra’, de Inmaculada de la Fuente.

4) El teléfono se convertirá en el aliado imprescindible para mantenerme en contacto con amigos, familiares y clientes.

MARISA GIMÉNEZ SOLER (GESTORA CULTURAL Y DIRECTORA DEL MUSEO DEL RUSO DE ALARCÓN (CUENCA) | VALÈNCIA)

Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

1) Me encuentro en mi casa, en Valéncia, ya mentalizada para no salir en días o semanas.

2) Parece que estemos viviendo en una peli de ciencia ficción. No habíamos imaginado nunca una situación así. Esto va a suponer un antes y un después. Por supuesto que vendrá una crisis brutal y que el panorama geopolítico va a cambiar. Ante el desastre que se nos avecina, espero que sepamos sacar también algún aprendizaje. Que este parón sirva para valorar las razones importantes por las que vale la pena pasar por la vida. Esta bofetada a nuestra estupidez nos hace vulnerables y más sensibles para apreciar lo que tenemos o teníamos. Que lo que dábamos por hecho que estaba ahí, que libertades y derechos se tambaleen y que todo lo que nos rodea pueda cambiar en pocos días nos va a hacer replantearnos muchas cuestiones personales, sociales y políticas. Es un momento de concienciarnos más y asumir deberes.

3) Como es el primer día, lo llevo con filosofía. Yo no soy nada casera y se me va a hacer bastante largo, pero es lo menos que podemos hacer. Pienso en la gente que está dándolo todo (personal sanitario, por ejemplo) y los veo como superhéroes.

Durante este tiempo, mi idea es seguir trabajando desde casa, escribir dos textos para catálogos que tengo pendientes y leer. Seguiré con el segundo libro de Dani Cardona ‘Fractura de tibia y peroné’, ‘Alegría’, de Manuel Vilas y con ‘4321’, de Paul Auster. Otro libro que tengo en el montonet es una biografia sobre Patti Smith. La música también espero que me acompañe.

4) Ojalá podamos besar y abrazar pronto a padres, familia y amigos. Esto de las distancias se me hace muy raro.

MERY SALES (ARTISTA | VALÈNCIA)

1) A mi me pilla en el taller, pintando; preparando una exposición prevista para la temporada mayo-septiembre.

2) Me cuesta tener una previsión, pero, lamentablemente, afectará, sobre todo, a las personas más vulnerables… Por mi parte, suscribo la maravillosa canción mensaje de Jorge Drexler, ‘Codo con codo’. Pienso en los afectados, los enfermos, los que tienen más dificultad para salir adelante en su día a día. Confío, sobre todo como sociedad, en su naturaleza solidaria en situaciones límite; espero que seamos capaces de estar a la altura, cada cual desde su lugar, y que tengamos perspectiva altruista.

3) Mi aislamiento, con lecturas y actividades hogareñas, espero que me ayude a encontrar silencio interior para escuchar aquello que va encaminado en esta dirección y saber actuar de la mejor forma ante las dificultades que vayan viniendo. Y mantener un contacto afectivo cotidiano, aunque sea desde la distancia, con quienes me puedan necesitar.

4) Estamos al principio de un proceso largo. Para poder reflexionar bien sobre este recién iniciado “estado de alarma” necesitamos tiempo y, precisamente, esto es lo que vamos a tener… Espero que sepamos aprovecharlo y superarnos como “sociedad resiliente”.

PACO CAPARRÓS (ARTISTA Y GESTOR CULTURAL | RIBA-ROJA, VALÈNCIA)

2) Lo que creo desde hace algunos meses es que estamos ante una metamorfosis social. Era de esperar un acontecimiento especialmente singular como lo que acontece. Es la antiglobalización. Veremos, en breve, una deslocalización de empresas tanto americanas como europeas en China, y nada mejor que el miedo como bálsamo y justificación del cambio de rumbo de los paises…

3) Pues en casa leyendo, viendo cine, escribiendo, afinando proyectos, dibujando, haciendo fotos del nuevo trabajo, ordenando los archivos del servidor, y reflexionando… Además de arreglar el jardín, y cocinar en familia… Un buen plan, ¿verdad…?

RAFA GARRIGÓS (ESCENÓGRAFO | MADRID)

1) Estoy en Madrid, en casa, tirando de mi padre supermayor.

2) Pues ni idea, pero se restringirán las reuniones y la libertad de moverse.

3) Con mi padre ya llevo una vida de monja luterana, así que me dedicaré a mi vida de sirvienta ponelavadoras y planchadora y cambia pañales. Sobre cómo cultivarme, haré lo que pueda, porque llevo meses en el marasmo intelectual: Internet, Spotify, YouTube, Pornhub…

4) Esto es la ‘teoría del shock’, controlar a la población a través del pánico y justificar la neorrecesión y redundar en el capitalismo salvaje.

ROMINA SÁNCHEZ (ACTRIZ | MADRID)

1) Estoy en Madrid, en el epicentro de la crisis. Por ahora he llevado una vida normal, pero dado el elevado número de contagios, y por mi vulnerabilidad debido a que soy asmática, por recomendación de mi neumóloga he decidido no ir a trabajar para evitar una hora de transporte público, así como ir a clases colectivas, etc.

2) En estas próximas semanas, me imagino un panorama bastante oscuro, lo más seguro es que cierren Madrid, se cree un estado de alarma… Si la gente no se queda en sus casas, no parará de subir el pico de expansión de la epidemia, por lo que nos podemos ver en una situación similar a la de Italia.

Ya se entán viendo las consecuencias, todo paralizado, teatros, museos, festivales, conciertos, etc., suspendidos… Si la propagación del virus no se para y las medidas extremas se extienden en el tiempo, tendremos una crisis peor que la de 2008.

3) La verdad es que no me importa en absoluto pasarme unos días en casa, ¡¡¡hay tanto que se puede hacer!!! Pienso descansar, leer, escuchar música, tocar el piano, cantar, conversar con mi compañera, jugar con mi perro, planificar el proyecto de mi obra, etc… Ahora tendré más tiempo para cosas importantes.

SARA JOUDI (DIRECTORA DE SHIRAS GALERÍA | VALÈNCIA)

1) Después de un mes de febrero sin parar lleno de ferias en diversos lugares, nos encontramos, en primer lugar, sorprendidos. Madrid es el último destino en el que hemos estado, participando en la feria Art Madrid 2020. Tras dos semanas de trabajo, de repente, nos hemos encontrado con un cambio radical del que todos debemos concienciarnos y poner de nuestra parte para poder volver lo antes posible a retomar la normalidad.

2) En el escenario inmediato, debido a las circunstancias actuales, nos hemos visto obligados a cerrar las puertas de la galería, así como aplazar los eventos programados. Es un escenario preocupante en el ámbito de salud, desembocando en grandes problemas para el panorama cultural, así como especialmente para el económico, algo que ya se está viendo reflejado.

Respecto a la cultura, nuestro sector es el ámbito más vulnerable y el cual podría verse muy afectado y perjudicado en estas situaciones. Véase, por ejemplo, la crisis económica previa. Es por ello por lo que esperamos contar con futuro apoyo de las administraciones públicas. Volver a la normalidad es el objetivo principal y, para ello, todos debemos colaborar para conseguir salir de esta situación.

3) Creo que ante este tipo de situaciones debemos parar y reflexionar. La calma y la paciencia es lo que más debemos potenciar estos días. Además, considero que es un buen momento para pensar en cómo hemos llegado a esta situación, cómo poder superarla y cómo aprender de ella para que estas circunstancias no se vuelvan a repetir en un futuro.

En lo referente a la galería y nuestro espacio, ante la situación y recomendaciones sanitarias, la mejor opción es cerrar las puertas de la galería, ya que gran parte de nuestro trabajo se basa en el trato personal con nuestros clientes. No obstante, para sobrellevar la situación, continuaremos trabajando vía online a través del e-mail y mantendremos informado a nuestro público a través de nuestra página web www.shirasgaleria.es y nuestras redes sociales. ¡Seguir trabajando es la clave fundamental para superar esta situación!

Un buen libro siempre es bienvenido. Ante la falta de tiempo con el trabajo, también se agradece un pequeño parón para comenzar nuevas lecturas pendientes. Aquellos que nos dedicamos al arte y la cultura siempre tenemos un gran listado de libros por acabar.

Además, un amigo coleccionista me ha recomendado la idea de hacer visitas virtuales por algunos de los museos más destacados del panorama mundial como el Metropolitan, El British Museum, National Gallery Art of Washington, El Louvre, El Prado y los Museos Vaticanos, entre otros.

En fin, un parón siempre viene bien, aunque mejor si fuera en otras circunstancias.

El apoyo de la familia y las amistades son necesarios para sobrellevar mejor este tipo de circunstancias.

SEBASTIÁN NICOLAU (ARTISTA | VALÈNCIA)

1) En Valéncia, atento a las noticias y tratando de salir lo imprescindible para evitar recibir o transportar el desagradable pasajero, polizón invisible.

2) El escenario ya no hace falta imaginarlo, lo estamos viviendo entre la serenidad y el miedo colectivo. En cuanto a la repercusión sobre cualquier actividad en cualquier ámbito creo que será devastadora a corto plazo y con una recuperación incierta, dependiendo de la duración de esta crisis que, de sanitaria, se ha convertido en sistémica en cuestión de días.

3) No es fácil contestar. Escuchar música, leer o hacer cualquier actividad creativa necesita de cierta atención y, llegado el caso de una situación más extrema, que esperemos no llegue, esa tranquilidad mental desaparece. Tal vez, recuperar cine o series interesantes en TV ayude a distraer y pasar el tiempo más fácilmente.

4) Mantenernos informados y valorar el hecho de que el verdadero peligro no parece ser tanto el propio virus como el que su contagio se produzca de manera multiplicada al mismo tiempo, lo que impediría su atención hospitalaria. Su ralentización parece ser la mejor vacuna y para eso la conciencia colectiva es indispensable.

SOLIMÁN LÓPEZ (ARTISTA | PARÍS)

Filtro ‘High meshes’, de Solimán López.

1) Actualmente, me encuentro en París por fuerza mayor. Resido aquí, pero el domingo tenía previsto mi viaje a Colombia para presentar la obra ‘CELESTE’ en el marco de la Muestra de Cine Español en Bogotá, Cali y Medellín. Los eventos se han cancelado, incluidas mis instalaciones, masterclass, reuniones y charlas. Estamos tratando de continuar con el proyecto de manera online, pero hay algo que irremediablemente se ha perdido y el trato personal con otros profesionales y gente que había hecho un esfuerzo enorme por tenerme en su programa.

2) El escenario inmediato es el pánico. El empoderamiento de los medios de comunicación es un arma superpeligrosa. Ahora mismo, ellos tienen el poder para hacer y deshacer. Es el momento donde la responsabilidad mediática debe salir a la luz. En este sentido, le tengo más miedo a esto que al propio virus.

Las consecuencias a medio y largo plazo son, por una parte, conceptualmente positivas, así como medioambientalmente magníficas, pero sin duda desde el punto de vista económico, tanto micro como macro, el sistema puede venirse abajo.

Políticamente es el momento de la creatividad. Esa palabra, que tanto de menos hemos echado estos años respecto a la política, esperemos que salga a flote. Se dice que en tiempos de crisis se agudiza el ingenio.Temo también a los oportunistas y a los egoístas. Esos que van al supermercado a asegurarse comida para años, sin pensar en que pueden dejar sin nada a otros, por ejemplo. El gran síntoma de nuestro tiempo.

Es el momento de la inteligencia colectiva, más que el de la ambición individual.

Respecto a la cultura, estos días me he preguntado cuál sería el papel del arte y de los artistas en el momento del caos final, y la verdad que me han venido muchas dudas a la mente. Es, sin duda, un buen momento para reflexionar y poner de nuevo muchas cosas en orden. La intelectualidad en estos momentos es una potentísima herramienta de control social, ya que mesura, conciencia y justifica las acciones más drásticas. Es el momento de identificar otros marcos teóricos que no tengan que ver con la presunción religiosa.

Económicamente creo que tomaremos conciencia del producto local y cercano como estrategia de supervivencia y, por supuesto, volveremos a algunas prácticas antiguas. No digo que volvamos al trueque, pero imaginando el colapso total, sería posible.

3) Creo que el aislamiento ya está creado. El perímetro personal se ha reducido y se han abierto barreras virtuales entre nosotros, conocidos y desconocidos. Pasará mucho tiempo para que esta barrera caiga y nos miremos directamente. En el caso de un toque de queda generalizado, creo que haré todo aquello que nunca he podido hacer por otros compromisos externos. Aprender algún idioma, por ejemplo, seguir formándome, experimentar con mis ideas y, en la medida de lo posible, pasar el mayor tiempo posible con mis seres queridos.

4) En este momento las estructuras digitales adquieren una fuerza mayor en nuestro sistema social de comunicación y estrategias. Más que un comentario, lanzo una pregunta: ¿Es la realidad virtual la respuesta a nuestro tiempo?

XIMO ROCHERA (ESCRITOR Y EDITOR DE CANIBAAL Y REVISTA 491 | VALÈNCIA)

1) ¿Que cómo estoy? Estoy jodido, porque ahora mismo estaríamos yendo al aeropuerto para viajar a Japón a celebrar el 18 cumpleaños de mi hijo Saúl. Un viaje programado hace meses y anulado ayer mismo.

2) El escenario inmediato va a ser de caos, porque creo que el género humano es caótico; no hace falta más que ir a los supermercados y ver que todas las estanterías están vacías.

Hace poco hablaba con Arístides Rosell y él definía que, en realidad, esta es una situación de guerra (la Tercera Guerra Mundial), pero sin tanques ni balas. Estoy de acuerdo con él.

3) Leería por la noche, como todos los días, y adelantaría todos los trabajos editoriales pendientes, que con la reciente reforma de mi casa no he dado rienda suelta a mis dedicaciones literarias, y solo me he dedicado a ser albañil.

4) No deja de ser mas que una expresión de cómo está la humanidad hoy en día, no solo de sometida y desnortada y de falta de interés por tener juicio propio. El único que respira a gusto (y eso es un placer decirlo) es el planeta, que dice: “Por fin los humanos han parado (je, je, je)”.

Merche Medina

Los viajes cardinales de Calo Carratalá en Hybrid

‘Viajes y territorios. Los puntos cardinales en la pintura de Calo Carratalá’
Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) | Calo Carratalá
IV Hybrid Art Fair
Hotel Petit Palace Santa Bárbara
Habitación 216
Plaza de Santa Bárbara 10, Madrid
Del 28 de febrero al 1 de marzo de 2020

El Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) –dirigido por la galerista y comisaria de arte Marisa Giménez Soler–, en colaboración con los comisarios y gestores culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), participa con el artista Calo Carratalá (Torrent, València, 1959) en la cuarta edición de Hybrid Art Fair, que tendrá lugar en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, del viernes 28 de febrero al domingo 1 de marzo de 2020, durante la Semana del Arte de Madrid.

Bajo el título ‘Viajes y territorios. Los puntos cardinales en la pintura de Calo Carratalá’, la propuesta expositiva se adentra en los acentos principales que habitan en la obra del pintor valenciano, en cuyas series presentadas en Hybrid, ‘Noruega’, ‘Selvas’ y ‘Tanzania’, Carratalá secunda su modus operandi habitual, mediante obras gestadas en el estudio tras un metódico proceso que parte de la razón primera de su trabajo: el viaje.

“Cuando viajo fuera de España, mis estancias suelen durar en torno a un mes, que es el tiempo que me permite involucrarme dentro del paisaje, encontrar localizaciones, lidiar con cosas inesperadas que no me había planteado y que siempre surgen”. De este modo, “durante mis estancias realizo del natural los apuntes, los bocetos, las fotografías y, dependiendo de dónde esté, empleo óleos, acuarelas, lápices…”, subraya Calo.

‘Baobab’, obra en grafito de Calo Carratalá. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Así, tras un tiempo necesario de distanciamiento, Carratalá recupera los vestigios del trayecto, proceso que “sigo de una manera natural; creo que es necesario asentar las sensaciones, madurarlas, revivendo el viaje de forma mental. Durante ese tiempo aprovecho para revisar documentación, libros sobre el lugar o para buscar más información. Me gusta que pase tiempo para revivir el viaje, para no quedarme solo con lo anecdótico. Creo que así adquiere más peso la experiencia”.

Marisa Giménez Soler considera que “la muestra permite al espectador adentrarse en las abruptas, desoladas e imponentes montañas nevadas de Noruega, las recónditas y exóticas selvas del Amazonas y los inspiradores paisajes de Tanzania, temáticas sobre las que, casi de una manera obsesiva, Carratalá vuelve uno y otra vez, demostrando una férrea inquietud por indagar en los íntimos caminos que unen arte y naturaleza”.

De este modo, ‘Viajes y Territorios. Los puntos cardinales en la pintura de Calo Carratalá’ erige el viaje, en palabras de Jose Ramón Alarcón, “como el elemento propedéutico y el colofón, la razón deontológica y la emoción primigenia. El viaje como el desideratum que depara la marcha, argumento definitivo de la volición que habrá de revelar el testimonio concluyente de las obras de pintor valenciano, que así lo refleja en sus series”. Ejercicios que, como manifiesta Carratalá, atesoran “algo de espiritual, de viaje introspectivo, de estar solo con uno mismo y de recuperar el tiempo, la experiencia de mirar y sentir”.

Detalle de la obra ‘Puerto de Benasque’, de Calo Carratalá. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

MAKMA

La difracción y memoria de Manuel Olías

‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana’, de Manuel Olías
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Del 25 de abril hasta el 14 de junio de 2019
Inauguración: jueves 25 de abril a las 20:00

Manuel Olías inaugura el próximo jueves 25 de abril en la galería Color Elefante, del barrio de Ruzafa de València, ‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana’. Hacía tiempo que Olías no exponía individualmente en la ciudad. En los últimos años solo nos ha llegado el eco de su trabajo a través de exquisitos adelantos que asomaban en muestras colectivas como las que tuvieron lugar en la sala Manuela Ballester de la Universitat de València, Doce Islas o en distintas citas artísticas celebradas en la ciudad como el Festival del Libro SINDOKMA –de la mano del Museo del Ruso–, el festival conFusión o en Enfocarte.

Desde su estudio de Benimaclet, este artista alérgico a lo convencional, empapado de transgresión y tecnología, que se mueve con soltura de poeta entre los mitos de la contracultura y la belleza permanente de sus referentes clásicos, nos habla en esta entrevista de sus años de infancia, sus inicios, influencias, trabajo y vida.

¿Te gustó siempre pintar? ¿Te recuerdas dibujando desde pequeño?

Me recuerdan siempre dibujando en casa, en clase, en la pizarra y… repartiendo mis historietas en distribución clandestina entre los pupitres. Sí, me recuerdo dibujando e incluso jugando con óleos de mi padre aun siendo pequeño. En mi casa había a veces olor a trementina que venía de un pequeño estudio en medio del pasillo. Lo ocupé. Me hice fuerte allí a lo largo de mi juventud desplazando el lugar de recreo paterno. No solo me recuerdo pintando, también compitiendo, ya contra las habilidades de mi padre, ya contra las pinturas que colgaban de las paredes, inspirado como un niño hiperestésico por reproducciones de pintores geniales que me hablaban desde los libros.

Imagen de la obra ‘El acuerdo’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.


¿Y cómo son tus inicios en el mundo del arte?

En el mundillo del arte entré por la puerta de Lae.Sferazul bastante joven de la mano de la escritora Olga Lucas. Buscábamos dónde presentar ‘El Taller de los Etcéteras’, un taller literario que por entonces hacíamos en Radio Klara. Fuimos por curiosidad a visitar un club de artistas del que nos habían hablado. ¡Aquella época!… algo así como un matrimonio místico del sol y la luna, alianza fresca y que parecía eterna entre el underground y la tradición de galería de vanguardia que ya tenía recorrido en la ciudad. La Esfera no solo nos abrió las puertas ese día para aquellas lecturas, sino que pronto se convirtió en el lugar donde presenté alguno de mis primeros trabajos. Me acogieron increíblemente entre aquella gente diversa, simpática como prefiero, alegres, educados. Estupendos artistas como Marisa Casalduero, Paco Bascuñán, José Plà, Monique Bastiaans, Vicente Talens, Quique Company… me gusta reconocer que me influyeron, mayores que yo, pero que aún eran muy jóvenes, eran asequibles y cercanos y estaban en fresca y plena evolución… Sí, yo creo que entré en ese mundillo por una puerta buena, chaflán de una mítica avenida del Oeste de la que a veces era también el portero en su surrealista cabaret subterráneo. En modo artistas adolescentes, como los puros Estridentistas de ‘Los Detectives Salvajes’, de Roberto Bolaño. Luego, con el cambio de milenio, nos marchamos. Pasó lo que pasó. Crisis y PP, Louis Vuitton e ingeniería punta…

Si tuvieras que resumir en pocas líneas tu trayectoria, ¿qué exposiciones, proyectos… destacarías de aquellos años?

Hablaría de la primera individual que hice. Fue en el 96, ‘La mirada estratosférica’, en el Círculo de Bellas Artes de València. Colgué piezas enormes de hasta cuatro metros que mostraban paisajes aéreos y retratos imaginarios. Poco después, en Lae.Sferazul, hice otra individual con una serie de buceadores, pinturas de gran formato y pequeños dibujos, y algunas buenas colectivas con el grupo que allí se formó. En aquellas primeras exposiciones el trabajo que presenté era sobrio, pero de corte colorista, una figuración expresionista muy matérica. Aún había mucho por hacer, pero creo que estas fueron, aunque tempranas, dos buenas primeras exposiciones.

Además de pintar, te iniciaste en el diseño gráfico y fuiste pionero en el manejo del ordenador en el ámbito artístico. Este camino profesional te llevó a instalarte en Madrid. ¿Qué supuso ese cambio en tu carrera?

Hacía carteles y decoraciones para discotecas de la ruta, dibujaba cómics y escribía cuentos y poesías, o algo parecido. Luego llegó el fin del siglo y me marché a Madrid. Fui a pasar cinco meses y me quedé trece años como freelance e iniciando proyectos, exposiciones y colaboraciones. Me fui para trabajar como director de arte de una compañía que implantaba software libre. Nada que ver con mi película, pero era ese momento y allí estaba rodeado de la muchachada de la big-bang theory generation. Niños que manejaban la red de las administraciones públicas y ya tenían perfiles online de todo, descargaban, eran piratas y hackers. Súper friqui. Nada que ver, pero tan cutting-edge que me obligó a la inmersión. Me aportó una gran variedad de habilidades técnicas y la incorporación muy temprana a internet.

Imagen de la obra ‘Fata Morgana’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.

Además, iniciaste colaboraciones relacionadas con el vídeo y la danza contemporánea.

Sí, Madrid fue una época muy rica. Seguí pintando y dibujando al tiempo que hice incursiones en el ámbito del net art o en el de la danza contemporánea. A este respecto, presenté junto a la coreógrafa norteamericana Camille Hanson un conjunto de piezas de vídeodanza en el Teatro Pradillo de Madrid.

Y de arte en red…

Monté un colectivo de artistas, el ‘Manklared cultural kollective’, colgábamos información online en una plataforma propia cuando aún nadie lo hacía, un blog muy activo en presentaciones y colaboraciones. Esto nos dio mucha visibilidad. Muchísimas visitas de Hispanoamérica que buscaban en la capital colectivos de artistas. Fuimos de los primeros que contamos con el poder de las metatags. De esta sinergia surgieron piezas de exhibición web como ‘Arts against war’, stopmotions súper cachondas, o vídeos que se hicieron virales antes de la propagación sistemática de los memes.

En esa época te embarcaste también en varios proyectos fuera de España, cuéntanos en qué consistieron esas experiencias.

Viajé a Canadá y EE.UU. Recién caídas las Torres Gemelas aterricé en Nueva York con los bastidores y telas grandes enrolladas para hacer una muestra en un espacio híbrido (Arts & Appetizers) del barrio de Brooklyn. A Andy Deck, net artist de la ciudad con quien participé en varios de sus webrings, le resultaba completamente inverosímil, con el control que había caído sobre todo, que me hubieran dejado pasar con material susceptible de presentarse como mercadería artística. Me parece interesante porque fue ejercicio de autoproducción y autorepresentación un poco punk, pero que salió muy bien. Unos años después volví a la NY Studio Gallery en New York, donde se presentó la expo ‘Blind traces’. Exhibición producida y comisariada por Cristel Copland.

Estuve en 2007 y 2008 con un par de proyectos en San Francisco, California. Una colección de’Los dibujos a ciegas’, y “Todo disfraz está hecho de recuerdos”, un vídeo loop proyectado de forma continua durante el festival de cine experimental ATA Film & Video Festival. En 2008, en Vancuver, realizo dentro de un ciclo de exhibiciones que llamaron ‘Bilocation’, una expo junto a James Whitman, dibujante canadiense, en relación doppelgänger planetaria. Fue la primera vez que mostré dibujos murales hechos con lápiz multicolor, procedimiento que sigo utilizando.

Y al mismo tiempo, en Madrid, comienzas a exponer en Columpio…

Sí, al margen de exposiciones puntuales como la de la Galería Larra, Columpio se convirtió en el kindergarten de mis dibujos. Una galería que bajo el epígrafe ‘Dibujo contemporáneo y obra en papel’ fue pionera en España, poniendo el foco en el dibujo actual. Estupendos dibujantes y artistas con los que participé de este proyecto son, entre otros, Pepe Medina, Paula Fraile, Pedro Núñez, Sao Torpez, DAI.K.S.,Yuko Kayumi, Tamara Arroyo, Tania Tsong y Theo Firmo. También tuve oportunidad de exponer en varias individuales. El conjunto de dibujos Darger, de la serie ‘Uñas de mandarín sobre fuego espiritual’, fue proyectado y exhibido en Columpio dentro de una instalación planteada por la comisaria y galerista Susana Bañuelos. Entre 2010 y 2012 estuve muy implicado con el proyecto, desarrollando numerosos trabajos en el campo del dibujo y del libro de artista.

Imagen de la obra ‘When in China’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.

El conocimiento de los trabajos de Henry Darger ha marcado mucho tu obra. ¿En qué sentido?

Su obra me inspiró, de hecho, la serie que llamé en su homenaje ‘Los dibujos Darger’. Henry Darger y sus Vivian Girls, aunque en la actualidad ya rescatado y bastante celebrado, es el paradigma del artista outsider. Fue una figura que se colocó al margen de su época y que realizó fuera del perímetro del mundo uno de los conjuntos de trabajo más personales de los que me he encontrado. En su proceso introduce los procedimientos de copia que tanto tienen actualmente que ver en mi propio proceso, así como la imbricación con lo narrativo –que en Henry Darger es una total inmersión–.

¿Qué otros artistas han sido referentes en tu obra?

Mi fascinación, al menos la inicial, tiene que ver con las obras de arte, no con los artistas. No me importan las modernas hagiografías, las vidas de los santos varones de la historia, sino aquello que pese a todo se trasluce en las marcas producidas en el trabajo, en el uso o desuso de su técnica. Artistas que tienen en su producción piezas que me llegaron son, por ejemplo, Léger, Vlaminck o Monet, cuando descubrí sus nenúfares en presencia. Toulouse-Lautrec, Corot, Marquet, Schiele, Grosz, Otto Dix, Kirchnner, Erich Heckel, Torres García, Dufy, Velázquez, Muñoz Degrain, El Bosco, Lucas Cranach o Joachim Patinir, con su pintura ‘El paso de la laguna Estigia’, que está en el Prado. A Picasso me lo tuve que sacar con petróleo y había acabado prefiriendo a Matisse frente a su devorador, hasta que abrí la puerta de la Twenty Century del Metropolitan para descubrir delante de mis ojitos perplejos el retrato de Gertrude Stein.

También la mirada pictórica de directores de cine como Werner Herzog, y al poeta de la imagen casi quieta, Tarkovsky, nada menos. Eduardo Arroyo es muy grande, es de un lenguaje pictórico rico y catalizador como pocos. Mavi Escamilla, nuestra artista mexica, es para mí de lo mejor que hay en pintura en València. Descubrí a Juan Uslé… y los trabajos brutales de Martin Kippenberger. David Salle al principio, pero cada vez menos. Yayoi Kusama es todo lo que este mundo merece, no es emocionante ni mucho menos, pero representa bien el estado de esquizofrenia discotequera.

Nombras a Kusama, ¿qué línea sigues hasta ella?

Yayoi Kusama pinta… pero, vamos, poco más. No la conocía hasta que la descubrí en la muestra del Reina. Por entonces yo estaba con la serie ‘Uñas de Mandarín’ y me encontré con sus apéndices invasivos. Me tuve que plegar ante su creatividad esquizofrénica, mucho más auténtica que la mía. Los sillones de pollas son aberrantes. Comuniqué con ella por Twitter. Le gustó y reenvió el tuit.

Como ves, la lista de referentes que hago es muy dispersa, pero sobre todo son clásicos que manejaron de forma personal y muy sugerente la plasticidad de la materia. La materia intelectual, emocional o física. Son muchos más. En los últimos tiempos me fijo en pintura que jamás me había interesado.

¿Qué puedes contarnos de la exposición que presentas en la galería Color Elefante?

La he llamado ‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana”. Este título funciona como una triada propagandista y explicativa. Se refiere a aspectos concretos del trabajo. Estoy en los últimos tiempos proyectando imágenes para redibujarlas. Fotografías o fotogramas de vídeos. ‘Alumbramientos’ se refiere a esto, jugando con el término que alude al de iluminaciones. Una linterna mágica doméstica, un viaje por mis favoritos de YouTube y el juego del falso lápiz multicolor es todo lo que encierra la sugerencia. Presento dibujos murales sobre papel que son al mismo tiempo libros de artista desplegados. Papel liso, sin textura, donde la luz refracta suave hasta el siguiente pliegue. Material básico como soporte, sobre el que he trazado líneas hechas con lápices de colores, pasteles y rotuladores. Dibujos murales. Un formato grande para inducir a la inmersión al espectador dentro de la superficie del papel. El trazo es una línea de colores cambiantes que transita entre zonas de luz y sombra. Esa es la ‘fata morgana’. Una irisación del trazo como si fuera un efecto atmosférico o un fenómeno meteorológico.

Manuel Olías posa delante de la obra ‘Fata Morgana’, que forma parte de la exposición que tendrá lugar en la galería Color Elefante. Fotografía cortesía del artista.

Marisa Giménez Soler

El octavo cielo de Silvia Mercé en Color Elefante

‘Algunas especies raras’, de Silvia Mercé
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Hasta el 12 de abril de 2019

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias.

Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar. Y, entonces, cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Silvia. MAKMA

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición la artista Silvia Mercé –que puede visitarse en la galería Color Elefante hasta el 12 de abril de 2019–.

Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos. El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, a mediados de los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia Mercé trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, serie representada en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Inquieta, impulsiva, errante, Mercé necesita experimentar, enredarse con nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuerte.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de 'Algunas especies raras' en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de ‘Algunas especies raras’ en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Marisa Giménez Soler

Diversas morfologías del collage en Hybrid

Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca)
III Hybrid Art Fair & Festival
Hotel Petit Palace Santa Bárbara
Habitación 216
Plaza de Santa Bárbara 10, Madrid
Del 1 al 3 de marzo de 2019

El Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) –dirigido por la galerista y comisaria de arte Marisa Giménez Soler–, en colaboración con los comisarios y gestores culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), participa en la tercera edición de Hybrid Art Fair & Festival, que tendrá lugar en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, del 1 al 3 de marzo de 2019, durante la Semana del Arte de Madrid.

Hybrid. MAKMABajo el título ‘Técnicas híbridas // (re)soluciones uniformes’, los diferentes proyectos permiten configurar una aproximación a las diversas técnicas del collage, el grabado o la serigrafía, como vehículos y procedimientos de impresión y/o ejecución –nucleares o complementarios en la trayectoria de los cinco artistas– para el estudio que sustenta la relación estética, pragmática y semántica entre propósito y (re)solución, implementado por Iván Araujo, Jorge Carla, Fernando García del Real, Rosa Padilla y José Pla.

Iván Araujo (Madrid, 1971)

Sus fundamentos técnicos transitan la pintura, el grabado, el libro de artista y la escultura. Su obra gravita alrededor del objeto, símbolo, elemento vertebrador y semiótico, pieza elemental y última. Araujo hace guiños constantes al pasado artístico, a la naturaleza muerta como género, a la pintura metafísica y al eclecticismo de la Transvanguardia italiana, pasando por alegorías de la figura humana, objetos imposibles y arquitecturas citadinas. Sus maderas encontradas y ensambladas, en búsqueda de un equilibrio de formas, cortan el plano con una singular combinación de sutileza y descarnamiento.

Imagen de la obra 'Juego prohibido', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Juego prohibido’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Jorge Carla (Madrid, 1974)

De vocación temprana y carácter inquieto, se interesó inicialmente por la noción de art brut de Jean Dubuffet y todo aquello que tuviera que ver con la desmitificación del arte. Su rebeldía le acercó a la obra de Jean-Michel Basquiat o a la carga expresiva de Willem De Kooning, fascinado por los mismos fenómenos orbitales y recurrentes de la subcultura que se proyectan hasta nuestros días. Sus influencias también giran entre el informalismo, el arte povera, el neoexpresionismo y el pop y reflejos de Joaquín Torres García.

Imagen de una de las obras de Jorge Carla presentes en Hybrid. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de una de las obras de Jorge Carla presentes en Hybrid. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Fernando García del Real (Valencia, 1967)

Licenciado en Bellas Artes, en su obra utiliza los mismos principios del collage tradicional: ensamblar elementos aparentemente dispares para formar un todo unificado, pero sustituye las herramientas de trabajo, el ordenador y el software por las tijeras y el pegamento. Su obra es un fiel reflejo del esteta que siempre ha sido. Entiende el arte como un valor esencial y tiene un olfato especial para observar todo lo que le rodea, para buscar la belleza en cualquier rincón, desde el desconchado de una pared hasta un garabato en una hoja.

Imagen de la obra 'Chicken hair', de Fernando García del Real. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Chicken hair’, de Fernando García del Real. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Rosa Padilla (Valencia 1949)

Licenciada en Bellas Artes, trabaja desde hace décadas en sus estudios de Moraira y Valencia, siempre cerca de ese mar que tanta influencia ejerce en ella. Posee una amplia trayectoria como artista, ha realizado multitud de exposiciones y su nombre está presente en importantes colecciones nacionales e internacionales. En su obra se reconocen influencias de sus admirados Kandinsky, Joaquín Michavila o Fernando Zóbel. En sus collages, imágenes rotundas se erigen frente a otras delicadas y sutiles, creando composiciones en las que alegría, color y belleza comparten espacio con retazos de rabia, dolor y melancolía.

Imagen de la obra 'El secreto', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘El secreto’, de Rosa Padilla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

José Pla (Valencia 1970)

Licenciado en Bellas Artes por la universidad Politécnica de Valencia, pintor, escenógrafo, ha expuesto en varias galerías como Lae.Sferazul, Galeria Edgar Neville, Color Elefante o Mr. Pink, entre otras. Ha participado también en exposiciones colectivas en los museos Vostell Malpartida o MuVIM y ha colaborado en proyectos con otros artistas. Recientemente ha trabajado junto a la ceramista Eugenia Boscá en distintos proyectos. En su obra se observan referencias al surrealismo, a la Bauhaus y al expresionismo, así como destellos de cine e imágenes del pop americano.

Imagen de la obra 'Ortega en Valencia', de José Pla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Ortega en Valencia’, de José Pla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Cristina Alabau. Abstracción y equilibrio

Cristina Alabau
Galería Alba Cabrera
Art Madrid’19
Del 27 de febrero al 3 de marzo de 2019

Es 29 de enero de 2019, la tarde es oscura y ventosa en València. En el barrio de Ruzafa llego a un callejón sin salida que reconozco, me detengo buscando el número del portal y, antes de verlo, una luz tenue a través de una ventana me hace sentir que ya estoy.

Mientras subo por la pequeña escalera de acceso noto cómo el frío va quedando atrás. La calidez, la calma, te invaden de golpe cuando entras en el estudio, en el refugio donde Cristina Alabau trabaja desde hace más de tres décadas. Todo allí parece pararse en el tiempo: el aire molesto del exterior –cuyo murmullo hace olvidar ahora una música suave–, las urgencias, las prisas. Es un espacio acogedor, de altos techos de madera y cubierta a dos aguas. Ella transmite también esa sensación plácida, que invita a compartir un momento de charla sosegada, aunque su ritmo de trabajo sea estos días acelerado, ya que se encuentra inmersa en plena vorágine productiva (en breve presenta su último trabajo en Art Madrid’19, feria internacional de arte contemporáneo donde acude con la Galería Alba Cabrera).

Imagen de la obra 'Espacio interior', de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid'19. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de la obra ‘Espacio interior’, de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid’19. Fotografía cortesía de la galería.

Observar así su obra, detenerte en los nuevos trabajos y adivinar antiguas series que se asoman, apoyadas unas sobre otras en las paredes, es también admirar un ejercicio de coherencia y perseverancia, un estilo defendido y reafirmado a lo largo de su extensa trayectoria, que comenzó a mediados de los ochenta y que hoy sigue consolidando exposición a exposición.

Sus cuadros elegantes, poéticos y sugerentes, encierran íntimas iconografías, enigmáticas formas que son ya reconocibles en su pintura y que definen universos propios, intransferibles, construidos con elementos simbólicos que nunca abandona y que dispone a través de resortes intuitivos.

Figuras esenciales, sutiles, que el color refuerza y que parecen latir bajo una musicalidad que se percibe cercana. Alabau une a su sensibilidad, a su gusto por lo bello, sus férreas referencias intelectuales. Admiradora y estudiosa de Paul Klee y Vassily Kandinsky, se reconoce tocada por el influjo que alentó a los maestros en el camino hacia la abstracción geométrica, y su imaginación vuela lejos, surcando los mismos cielos.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

Cuando el sentimiento y el deseo marcan el objetivo, cuando la búsqueda del equilibrio supera fisuras, aúna energías, esquiva lo superfluo, prioriza la luz ante el tenebrismo y esquiva recovecos imposibles, el proceso lleva implícito el pausado ejercicio de distinguir y valorar lo esencial, lo que prevalece. Las figuras que aparecen en sus grandes lienzos, casi siempre cuadrados, de fondos limpios y claros, obedecen a tres conceptos que se repiten de manera hipnótica una y otra vez: el hombre, la naturaleza y el tiempo.

Al hombre, situado en el centro de la composición, siempre lo representan formas geométricas de tonos cálidos: rojos, anaranjados… que remiten al color de la sangre, del cuerpo, de la piel. En algunos de sus cuadros, la pintura acrílica aparece rayada, arañada, creando texturas llenas de experiencia, de vida. La noción de naturaleza se cuela en sus obras a través del verde, el gris… pero también lo hace de la mano de fotografías o de elementos orgánicos sacados del paisaje; fósiles, musgos, hongos, líquenes, flores… que durante el proceso creativo se revisten de cera, papel o capas de resina. Las formas blancas, a veces casi transparentes, son espacios que irradian luz, fulgor y que contagian, unen y difuminan las otras figuras que parecen dejar estelas, áureas que insinúan leves movimientos, etéreos balanceos.

La gestualidad manda, impulsada por la repetición de esquemas en una constante búsqueda de matices y ritmos para sublimar escenarios y plasmar visiones de vida. A veces, la representación se expande, parece dispersarse, pero la artista de nuevo la envuelve, encaja las piezas que une con líneas casi imperceptibles y regresa al todo. Y en ese todo huye de estridencias, lima aristas, oculta evidencias y se acerca a la forma redonda de la vida, porque es así como Cristina Alabau visualiza la existencia, al igual que Van Gogh –“La vida es probablemente redonda”– o que el poeta francés Joë Bousquet, quien recitaba “Le han dicho que la vida es hermosa. No, la vida es redonda”.

Imagen de la obra 'Espacio sensible', de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid'19. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de la obra ‘Espacio sensible’, de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid’19. Fotografía cortesía de la galería.

Las teorías de Gaston Bachelard, filósofo y amante de las ciencias, son otras de las influencias que han marcado su discurso. En su libro ‘La poética del espacio’ el autor se refiere también a esta idea, escribiendo que “lo que se aísla, se redondea, adquiere la figura del ser que se concentra sobre sí mismo” y remite al lector a los poemas franceses de Rilke:

“Árbol, siempre en medio
De todo lo que te rodea
Árbol que saborea
La bóveda entera del cielo […]”

El impulso creativo que guía a la artista se nutre de materiales y técnicas distintas. La pintura, el collage, la acuarela, el dibujo o la escultura tienen cabida en la evolución de su trabajo, aportando y enriqueciéndose entre sí. En la acuarela, sus formas se hacen más ágiles, se desdibujan y superponen; el papel, los trazos, la plumilla… plasman perspectivas fluidas y libres. Aunque ella se define como pintora, la escultura se ha convertido en compañera de viaje y aliada en sus últimas exposiciones. Tras una estancia en Italia, encontró en el cristal de Murano el material perfecto para desarrollar las piezas soñadas durante años. Blancas, translúcidas y frágiles, contienen colores y materiales en su esencia, que parecen reivindicar la importancia de lo sutil.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

Marisa Giménez Soler

«El bodegón y el objeto son mi leitmotiv»

‘IVÁN ARAUJO’
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Septiembre-octubre de 2018

Grabador, pintor y escultor, Iván Araujo (Madrid, 1971) muestra su obra más reciente en el Museo del Ruso de Alarcón y ultima ya las próximas presentaciones de sus libros de artista y libros objeto, que tendrán lugar en el Festival ConFusion de Benimaclet (del 19 al 21 de octubre en el espacio Doce Islas Benimaclet ‘Libros Inquietos’) y en el Festival del Libro SINDOKMA (del 25 al 28 de octubre en el Centre Cultural La Nau) en Valencia.

Talento desbordante, mucho trabajo en el estudio y una personalidad arrolladora que escapa a cualquier quiebro o desaliento son premisas que subyacen bajo una obra de fuerte arraigo, teñida de influencias elegidas y queridas, de rigor y coherencia, que nos acerca al lirismo más sutil por el camino del recuerdo y la nostalgia.

Hablamos en esta entrevista con el artista de sus comienzos en el mundo de la pintura, de sus influencias, trayectoria, pasión por el grabado… y de sus proyectos más inmediatos.

Iván Araujo. MAKMA

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?

Cuando era pequeño, disfrutaba con mi padre de los ratos en los que él iba a pintar acuarelas al campo, hacíamos apuntes juntos y todo esto me permitió crecer en un ambiente de gusto por la pintura, el dibujo y por el arte en general. Disponía de materiales a mi alrededor y me pasaba las horas pintando en cuadernos y yendo a ver exposiciones de arte.

¿Tuviste claro siempre que querías estudiar la carrera de Bellas Artes?

Mi decisión de matricularme en Bellas Artes fue tardía, ya que en principio pensaba estudiar arquitectura por tradición familiar, pues mi padre y varios de mis tíos eran arquitectos. Justo en mi último año antes de comenzar la universidad decidí ingresar en Bellas Artes. Mi apuesta fue clara: desde pequeño había sentido la necesidad de hacer cosas con las manos y me fascinaba dibujar. Quería tener un contacto más directo con la obra que el que podía darme el mundo de la arquitectura, donde el proyecto y dirección de obra te alejan mucho de la creación pura; lo había visto miles de veces con mi padre. Con el tiempo descubrí que fue una decisión muy acertada, puesto que yo necesito tener un control de principio a fin del proceso creativo y concentrarme en una obra más íntima, cercana y abarcable como la que puedes realizar en tu taller. Además, me involucro mucho físicamente, para lo cual me es indispensable elegir la técnica y el material adecuado, dotándolos de las cualidades expresivas y conceptuales que deseo para cada pieza.

Elegiste la especialidad de grabado, que está presente siempre en tu trabajo, ¿qué te aporta esta técnica?

El grabado ha condicionado absolutamente mi forma de trabajar en cualquier disciplina artística, puesto que mi formación y posterior desarrollo profesional se han centrado, en gran parte, en esta técnica. Ya en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, mientras estudiaba la carrera, trabajaba para pagarme los estudios en distintos talleres profesionales de grabado y estampación. Esto me hizo adquirir muchísima técnica y oficio. Cuando me licencié y mientras estudiaba mi doctorado en dibujo contemporáneo, trabajé cinco años en Ediciones Benveniste, donde realicé obra gráfica para grandísimos artistas nacionales e internacionales. Posteriormente me saqué una plaza de profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de la UCM (Madrid), en grabado calcográfico. Tras tres años dando clases decidí dejar la facultad y montar mi propio estudio de grabado. Desde 2001, realizo mi propia obra gráfica y la de otros artistas, compatibilizándola con la obra original. La forma en la que afronto la creación de un grabado me ayuda a conceptualizar mucho la idea de la imagen que persigo. El grabado te obliga a trabajar por capas y debes decidir muy claramente qué técnicas debes utilizar según los resultados que quieras obtener, con lo que el método ensayo-error en grabado no es válido como en ocasiones ocurre en la pintura; la gráfica te enseña a tomar elecciones y a posicionarte de forma activa ante el proceso creativo, asumes riesgos y debes estar siempre abierto a integrar aquello que el grabado te pueda ir ofreciendo en cuanto a las pequeñas desviaciones que surgen tras los complejos procesos de mordida y estabilización de la matriz.

Se perciben en tu trabajo ciertas influencias. ¿Quiénes han sido y son tus artistas de referencia?

En mis inicios me interesaba mucho el arte con un fuerte contenido simbólico; obra y artistas con un marcado contenido existencial, en los que su trabajo era un reflejo poderoso de su posicionamiento conceptual y estético ante la obra. Joseph Beuys y Paul Klee me fascinaban por su intensidad y la verdad que emanaba de su obra. Artistas muy apoyados en el dibujo, como fuente vertebradora de la obra y como estructura que sustenta sus creaciones. Me atraían también, por su fuerza poética, los expresionistas abstractos De Kooning y Rothko. Sin duda alguna, el cubismo, Juan Gris y Picasso han sido grandes influencias en mi obra, tanto por su forma de mirar y re-presentar el objeto, como por la propia forma ponderada y matemática de plasmar su pintura. El collage es otro recurso que utilizo muchísimo y que está muy presente en los cubistas o surrealistas, y también en algunos artistas de estética pop posteriores, que me resultan muy interesantes, como David Hockney.

Otra referencia fundamental en mi trabajo nace de mi amor por la pintura metafísica, De Chirico, y en general de toda aquella pintura que trasciende a la realidad, proyectándose en escenarios arcádicos y poéticos; la aspiración a lo mínimo y a la inclinación por el juego arte-juego de Torres García y, por último, cierto salvajismo simbólico y primitivo de la transvanguardia italiana, muy presente en Mimmo Paladino. Podría seguir y la lista no acabaría… soy muy revisionista, un mirón empedernido; son muchos y variados los artistas que me interesan, ya que mi trabajo se vale de cientos de miles de retales, de instantes capturados en mi cerebro y retina que llevo siempre conmigo.

Imagen de la escultura 'Casa-barco', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la escultura ‘Casa-barco’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Has ejercido de profesor en la universidad,sigues impartiendo cursos y talleres en distintos lugares de la geografía española. ¿Qué te aporta artísticamente la enseñanza?

De la época de profesor en la universidad no guardo especial buen recuerdo, ya que la relación con los alumnos, salvo algunas buenas excepciones, se veía condicionada por las calificaciones. Eran muy pocos los que realmente se volcaban con interés y pasión en el taller. Mi relación posterior con la enseñanza en cursos y talleres en distintos lugares, incluso en mi estudio, con los artistas que trabajan regularmente conmigo, es muy diferente. Se establece siempre una relación de necesidad mutua; a mí me gusta ofrecer al alumno las herramientas para que él pueda dar forma a su obra y, naturalmente, en ese proceso el intercambio de pareceres  y puntos de vista es extraordinariamente rico. Cuando trabajo con gente a la que al mismo tiempo enseño, vuelvo a someter todos mis conocimientos y bagaje artístico a un examen riguroso; en el terreno de la creación no se puede dar nada por sentado y los modelos y soluciones que a uno le sirven no tienen porqué valer a otro en otras circunstancias.

Esta condición multireferencial del hacer creativo permite que uno aprenda constantemente y en cada momento de su trabajo y del de los demás. Para mí, trabajar la obra de otros artistas me sitúa en escenarios diferentes a los de mi obra, enriqueciendo mi visión del arte y, lo que es más interesante, me fuerza a entender la obra que el artista quiere realizar desde sus propios parámetros. Este desplazamiento es siempre nutritivo, como lo es cuestionarse y actualizar los propios conocimientos.

¿Cómo es tu día a día en el estudio? ¿Eres un artista metódico, ordenado?

Yo trabajo a diario en mi estudio, sea cual sea la situación, tanto si estoy preparando una exposición de gráfica, pintura o escultura. Trato de ser muy sistemático en mis horarios y suelo trabajar en series largas de producción, en cualquiera de las disciplinas anteriores. Hacerlo así me permite dar distintas respuestas a un mismo problema; todas ellas se encadenan unas a otras y en conjunto, conforman un discurso coherente que pieza a pieza resulta complicado. Me cuesta mezclar disciplinas; si estoy con unas piezas de escultura o grabado, hasta que no las acabo no paso a otra técnica, por ejemplo, pintura. Cada disciplina requiere tiempos y una disposición ante la obra muy diferentes. Lo que sí pasa a veces es que al trabajar tantas técnicas diferentes, siempre hay vuelcos e influencias de unas a otras. No solo es inevitable sino que es lo más interesante. Además, al compatibilizar mi obra con la producción de obra gráfica de otros artistas en mi taller, hay contaminación, ideas bullendo, interferencias…

A veces es un poco agotador, pero tras muchos años trabajando así me he acostumbrado a filtrar toda esa información y a desarrollar más capacidad de concentración. No creo en la inspiración; creo en el trabajo diario y en pasar muchas horas en el taller, desarrollando una relación de necesidad e implicación con tu obra y los materiales y técnicas que eliges para llevarla a cabo. Los tiempos muertos, trabajo en pequeñas libretas y libros de artista que son el cajón desastre y, al mismo tiempo, el germen y semilla de muchas de las futuras producciones.

En la exposición que presentas en el Museo del Ruso, el bodegón es el tema principal en tus obras.

Sí, en efecto. El bodegón y el objeto han sido el leitmotiv de mi producción de estos últimos cinco años. Me interesaba la forma en que el bodegón, que ha sido un género artístico presente en todas las etapas de la historia del arte, suscita la mirada del observador. En el cuadro, la naturaleza muerta circunscrita al estudio del pintor reordena el espacio, creando una fuente de sinergias entre los diferentes objetos que lo rodean. Cada forma alude a su presencia y situación en referencia a sí misma y a los demás elementos, creando un microcosmos y, sobre todo, nos habla de una determinada manera de entender la ocupación del espacio de aquel que la ha depositado en ese lugar.

El diálogo que se establece entre las distintas formas-objetos me interesaba, puesto que nos relata una historia de necesidades, equilibrios, armonías y espacios. Esta exposición supone un fin de etapa, ya que ahora mi trabajo es decididamente más objetual y simbólico, recuperando iconos que siempre han estado ahí, en mi mundo, en mi territorio plástico. Pero lo que la hace especialmente interesante, además del magnífico enclave de la sala del Museo del Ruso, es que conviven varias series que están en transición a ese cambio hacia lo simbólico, sobre todo la serie de pintura de ‘La sonrisa del cazador’ y ‘AntarMouna’, y la serie de esculturas-arquitecturas presentadas en conjunto, que pertenecen a mi producción actual.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Háblanos de tu escultura, de esas casas soñadas, esos micromundos que unen infancia, nostalgia y utopía.

Las arquitecturas forman parte de una instalación que proyecté para mi última exposición en Madrid, el año pasado en la APPA Art Gallery, donde un grupo de arquitecturas se presentaban en la pared, dispersas, formando un conjunto, que a modo de constelación salpicaba de puntos la pared. Se titulaba ‘Todas las casas que hay en mí’ y al menos cuatro o cinco de esas piezas originales se exponen junto a las demás. Las hemos presentado en el suelo, formando una ciudad, un pequeño asentamiento, podríamos decir. Muchas de ellas son nuevas, pero siguen heredando el nombre que las originó. Son casas realizadas con maderas encontradas, dañadas, que recojo y restauro en el estudio. Les aplico decapantes y las lijo para sacarles la veta y con ligeras policromías las retoco, en las ocasiones que quiero cromarlas. Al contrario que las pinturas, se trata de colores deslucidos y transparentes que sugieren lo mínimo y silencioso y que recuerdan a los juguetes de la infancia. Tienen, en efecto, mucho de esto, de recuerdos, de pérdidas y nostalgia; hablan de la lluvia, del sonido del mar, de la añoranza de la madre, de los días lentos, de estrellas, constelaciones y de sueños por cumplir. La casa, etxea en la cultura vasca de mis antepasados, es la madre que acoge y protege y, en las diversas formas poéticas que la presento, adquiere una cualidad de metáfora visual que se potencia por la desnudez del material y la simplicidad en las formas.

Tus libros de artista y tus libros objeto son siempre requeridos y apreciados en ferias y convocatorias dedicadas a la edición. ¿Qué valor les concedes dentro de tu proceso creativo?

El libro de artista me permite ensayar, escribir, proyectar y soñar con nuevos escenarios y, dado lo abarcable del formato, en ocasiones lo continúo realizando en casa o cuando estoy fuera del estudio. Vaya donde vaya, y más si me voy de viaje, siempre llevo un libro de artista conmigo. Suelen ser contenedores de ideas y proyectos que están por venir o bien tienen un carácter más experimental, como es el caso de libretas en las que trabajo composiciones de estudio. Estas segundas me sirven en muchas ocasiones para afrontar futuros trabajos, ya sea en gráfica o pintura, y, por lo general, suelo utilizar mucho collage y acuarelas, grafito y demás técnicas sobre papel. Como es natural, estos libros de artista no los suelo exponer, ya que me sirven como material de estudio y además no están concebidos para tal fin.

Por otro lado, está el caso de los libros de artista o libros objeto, que tienen un valor intrínsecamente artístico en sí mismos y son los que muestro en ferias y exposiciones como obra final. En muchas ocasiones son libros-cajas que he realizado en grabado y que presentan series de gráfica, como es el caso de ‘ArsBodegonia I y II’ (2015) o ‘Paisajes interiores’. La modalidad de libro objeto la he afrontado en casos como los de ‘Le petitpaysage’ (2016) y ‘Nuit et jour’ (2016), en los que la totalidad de la caja encerraba un grabado tratado volumétricamente como un bajo relieve con abundante collage de todo tipo de materiales. También se da el caso de libros de artista más complejos como este último, ‘La palabra pintada’ (2018), que expondré con Galería El Museo del Ruso para los festivales ConFusión y SINDOKMA 2018, en el que presento originales con sus respectivos textos. Este tipo de festivales, como el caso de SINDOKMA, suponen el encuentro feliz de una serie de creadores y editoriales con una fascinación común por el libro de artista, promoviéndose un clima muy interesante de intercambio de información, ideas y proyectos.

Tienes una consolidada trayectoria como editor, has colaborado con importantes artistas. ¿De qué trabajos estás más satisfecho?

Mi actividad como editor se remonta a estos tres últimos años en los que, como reacción a la apatía generalizada que se instaló entre las galerías y editores, con un descenso muy notable de las ediciones de autor de gráfica en el panorama artístico, me animé a intentar editar a artistas que me resultaban especialmente interesantes. Para ello diseñé una fórmula de coedición, en la que el artista podía animarse a editar asumiendo riesgos mínimos y en mi caso, como taller de edición y coeditor, controlar el proceso al máximo y realizar una inversión razonable.

Hasta la fecha he coeditado a la artista Ángeles Conde con dos suites, la ‘Serie Köln’ y ‘Skylines’ (2017), y a la artista Kristin de George, afincada en Montpellier, con el díptico de aguafuertes ‘Mediterranée: le rêve de Mages’ (2018). Fuera del contexto de la coedición me siento especialmente orgulloso de haber editado en mi estudio la carpeta ‘PRE-POSICIONES’, del artista Ángel Cajal (2016/2017). Una suite de diez grabados presentados en el Paraninfo de la Universidad de Valencia la pasada edición de SINDOKMA, en 2017. Otro proyecto que disfruté muchísimo fue la serie de cinco aguafuertes del artista Eduardo Barco, editada por Amara Gutiérrez en 2017. El procesado de planchas fue un trabajo muy experimental que realizamos Eduardo y yo en mi estudio y la estampación cuidadísima y muy técnica completó una edición de referencia.

Cuéntanos tus próximos proyectos

Mis proyectos futuros a corto plazo pasan por presentar físicamente el libro de artista, ‘La palabra pintada’, en SINDOKMA 2018, y en mostrarlo en todas aquellas ferias y eventos en los que tú, amiga y galerista del Museo del Ruso, decidas exponerlo. A mediados de noviembre participaré en el FIG de Bilbao 2018, la feria de obra gráfica más importante que hay en la actualidad en el territorio nacional, en la que expondré series de monotipos y gráfica de gran formato en el stand de la Galería de Arte Contemporáneo Espiral (Noja, Cantabria). A mediados del mes de octubre darán comienzo también los nuevos cursos que impartiré en el Museo ABC de Madrid de técnicas de grabado y estampación contemporáneas directas, en un taller que he creado especialmente para la ocasión. Pasadas estas fechas comenzaré a trabajar nuevas series de obra para mi próxima exposición individual, que se celebrará en la Galería de Arte Contemporáneo Espiral, en octubre de 2019.

Imagen de la obra 'Antar Mouna II. Silencio Interior', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Antar Mouna II. Silencio Interior’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler

 

«El paisaje cercano es inspiración»

Entrevista con el artista Nando Ros con motivo de:
‘Ben Davant’, de Marisa Casalduero y Nando Ros
Sala ‘exposicions de la Rectoria, Banyalbufar (Mallorca)
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Conocí Banyalbufar (Mallorca) hace ya bastantes años, en el verano de 1994. En realidad, yo, a mi manera, ya había estado allí, todos los amigos de una forma u otra sentíamos que lo conocíamos. Y es que nuestra imaginación había vagado ya subiendo y bajando sus calles y laderas, descansado en los sugerentes paisajes de su escarpada orografía, llamado a algún vecino por su nombre y, a veces, hasta teníamos la sensación de haber nadado en sus calas transparentes. Nando (Fernando Ros) nos habló tanto, cuando aún vivía en Valencia, de su escondite mallorquín; nos contaba tantas cosas, tantas historias, tantas anécdotas… que el contagio de emociones había sido intenso y todos intuíamos antes de ir que aquel paraíso particular, referente vital de nuestro amigo, iba a marcar para siempre, también, nuestra cartografía más personal.

Aquella primera vez desembarcamos en el pueblo una pandilla de quince personas. Un grupo variopinto formado por artistas, incipientes galeristas, biólogos, psicólogos… amigos de siempre y amigos recientes. Nos alojamos en una casa preciosa, con unas vistas increíbles, azules. Su terraza fue testigo de charlas sin pausa y risas infinitas. Como éramos tanta gente y dormíamos bastante incómodos, acortábamos las noches allí, bajo la luna, con el sonido del mar al fondo. Fue un viaje de iniciación maravilloso, la mayoría teníamos “veintitantos” y esos días quedarán ligados a la idea que tenemos de esa palabra tan grande y resbaladiza que es felicidad.

Desde entonces hemos venido muchas veces, unos más y otros menos, por separado, juntos, con gente nueva, con novios, parejas… a casa de Nando, al hotelito lleno de encanto de Penny y Mateo, a casas alquiladas… y siempre nos han recibido tan bien, hemos sentido tan cerca el cariño de sus habitantes generosos, especiales, hemos disfrutado tanto, hemos hecho tan nuestro el pueblo que volver hoy con una excusa tan bonita es un regalazo.

Y, sin embargo, a partir de un momento, recordar deja de ser un viaje dulce, placentero. Ya no estamos todos y es duro, insoportable, pensar que nada volverá a ser lo mismo. Hace cinco años que Marisa Casalduero nos dejó y su ausencia duele. Impulsar esta exposición, ‘Ben Davant’ es una muestra más de lo mucho que la echamos de menos. Creo que a ella le hubiera encantado mostrar su obra aquí, en Banyalbufar, donde tan feliz fue, organizada con tanto amor por Juanra, compartiendo espacio con Nando, arropada por su familia, sus amigos, rodeada de su mar…

Nando Ros. MAKMA

Hoy hablamos con Nando Ros de este reencuentro de emociones, de recuerdos compartidos y de su recorrido vital y artístico.

Hablemos de este rincón mallorquín mágico de la Serra de Tramuntana, que hoy nos vuelve a unir con motivo de la exposición ‘Ben Davant’, una muestra esperada y celebrada por todos los que conocimos a Marisa, te conocemos a ti y admiramos vuestra obra.

Banyalbufar es un pueblo lleno de encanto para el visitante que lo descubre y disfruta pero es también un lugar ligado a la cultura internacional ya que ha sido refugio de muchos artistas. Desde algún poeta de la Generación Beat americana, hasta creadores contemporáneos han encontrado aquí la inspiración.

Es cierto, uno de los últimos poetas de la Generación Beat, Robert Creeley, vivió en Banyalbufar por algún tiempo. Mucha gente descubrió esta zona de Mallorca y se instaló en Deià, Valldemossa, Sóller… Son conocidos los casos de Joaquín Mir, Santiago Rusiñol, George Sand y Chopin; Robert Graves y músicos como Mike Oldfield, Kevin Ayers… El referente fue Robert Graves, muchos de estos artistas llegaron de su mano. Venían a verle, a pasar unos días, les encantaba el lugar y acaban quedándose. En Palma, desde los años cincuenta, Camilo José Cela, editaba Papeles de Son Armadans, una publicación que atraía a la isla a los mejores escritores del momento; también, en torno al mítico Hotel Formentor se concentró una nutrida colonia de artistas. Muchos venían y se iban, otros se quedaron. Banyalbufar permaneció como un último reducto, tal vez por eso hoy lo disfrutamos casi intacto

La Serra de Tramuntana es uno de los últimos lugares vírgenes, tanto por su naturaleza como por su cultura, que quedan en el Mediterráneo español y Banyalbufar es un imán. Caminas por la Tramuntana gozando del paisaje, que es maravilloso, y, de repente, te encuentras por sorpresa con Banyalbufar, casi te dejas caer, y te cautiva. Tienes el mar delante, la montaña detrás, verde y azul perfecto, tal y como debía de ser hace mucho tiempo. Un pueblo íntegro sin anexos de barriadas residenciales, ni nada parecido, de una pureza que es arrebatadora y de la que no es fácil escapar. Te sientes tan prendado, tan enganchado al lugar, que quieres quedarte. Le ocurre a mucha gente. Decía George Sand (pseudónimo de Aurore Dupin) que a ella le costó mucho trabajar en Mallorca, porque el paisaje era tan subyugante, tan invasivo para su mente, que se sentía incapaz de superar la belleza de lo que estaba contemplando, que le costaba inventar algo mejor que lo que tenía delante de los ojos.

Yo vivía en Valencia y durante muchos años soñaba con los fondos azules, las aguas cristalinas, con los encinares sombríos y, hasta que no conseguí venir a vivir aquí, no descansé. Hay quien lo ve como un terreno hostil, cuesta llegar, la carretera es complicada, el mar y la sierra son como dos murallas, estás emparedado y a mucha gente esto le ha resultado angustioso. Yo lo he disfrutado y lo sigo disfrutando y me parece que esta complicada orografía funciona como un filtro que permite mantener intacto su encanto.

En Valencia estudiaste Bellas Artes, allí comenzaste tu carrera artística y un día decides venir y quedarte, ¿cómo ha sido y es tu relación con Banyalbufar?

Llevo 20 años viviendo aquí, los últimos en Palma por motivos familiares, pero sigo estrechamente ligado a Banyalbufar. Mi relación es de amor profundo. Siempre me he visto acogido por el pueblo y su gente, siempre me he encontrado bien. Me siento comodísimo, me siento en casa, es una relación de amor incondicional, me da todo, me provoca cosas siempre buenas, me crea estabilidad, me incita a crear. Lo disfruto de todas las maneras posibles. Además, para nosotros, los valencianos, es un sueño y creo que nos es familiar porque es como debería ser nuestra costa antes de la llegada masiva del turismo; es como un paraíso.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Desde que llegaste aquí se ha creado una discreta pero profunda y permanente corriente artística que hace que muchos artistas, galeristas y profesionales relacionados con la cultura vengan y conviertan Banyalbufar en uno de sus rincones favoritos.

Cuando vivía en Valencia tenía la suerte de estar rodeado de gente maravillosa que de una u otra forma estaban conectados con el mundo del arte y la cultura, tengo muy buenos amigos artistas, galeristas, promotores, gente que se conoce entre sí y he tenido la fortuna de ser muy amigo de alguno de ellos. Muchos han venido a visitarme, les he invitado a mi casa, han repetido, han venido acompañados de gente, que luego ha vuelto con otros amigos… También ha funcionado mucho el “efecto llamada”. La gente que ha venido ha quedado cautivada y se ha producido cierto circuito e, incluso, alguno se ha quedado por aquí.

Tu relación artística con el pueblo es intensa. Has expuesto, impulsado proyectos, ilustrado publicaciones…

Yo llegué aquí y ya tenía una línea de trabajo. Mi primera ilusión fue montar un estudio en mi casa, con todas las energías renovadas de llegar a un sitio así y de encontrarme el gran escaparate delante de los ojos. Alquilé un local y promovimos una pequeña galería de arte, pero no resultó viable y tuvimos que abandonar el proyecto. Yo he continuado trabajando y exponiendo tanto en Valencia como en Mallorca y en otros lugares. Aquí he expuesto en varias ocasiones, hay una escultura mía en un rincón del pueblo, he ilustrado varios libros, algunos de poesía, otros de narrativa, ensayo, incluso diccionarios, algunos promovidos por el Ayuntamiento de Banyalbufar y, bueno, he continuado trabajando, haciendo cosas…

Esta exposición es de dos artistas con amplia trayectoria y una obra consolidada en el tiempo, pero es, también, la exposición de dos amigos. ¿Qué significa para ti exponer con Marisa Casalduero?

Íntimamente siempre había sido un deseo. Siempre quise exponer con ella por muchas razones. Marisa y yo éramos buenos amigos –era imposible estar cerca de Marisa y no ser un buen amigo suyo–. Marisa era una gran trabajadora, una gran artista y es una referencia para todos por muchos motivos, y cuando Juanra, su marido, me propuso la idea, acepté agradecidísimo. Ella, por supuesto, estuvo en Banyalbufar, le encantaba, incluso dejó alguna pequeña obra (con el tiempo he conseguido recuperar algún dibujo que dejó a amigos de Banyalbufar). Ella era así, hacía las cosas, demostrando todo el cariño, todo el amor. Marisa también tenía una vinculación muy fuerte con el mar, con el Mediterráneo, con la costa, se reflejaba mucho en su obra y para mí era un sueño, siempre tuve esa ilusión y desde luego poder hacerlo al fin, más que un sueño, es un honor. Estoy entusiasmado con la idea.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

¿Cómo definirías la obra de Marisa Casalduero?

Es especialmente sugerente por lo vitalista, el trabajo de Marisa es siempre un canto a la alegría, a la vida, al color, a la luz, y lo muestran sus obras y sus escritos; conocerla era darte cuenta de que su obra es su reflejo, su manera de ver la vida, y ahí hay un cierto punto de conexión con lo mío, compartimos un cierto disfrute, casi infantil. La suya es más luminosa, también más vitalista. En la mía hay siempre un elemento subyacente dramático, a veces hasta ridículo; un barquito que se hunde… Me siento unido a su obra por esa perspectiva casi infantil de la vida, esa visión limpia y alegre de verla, aunque tengas un drama dentro de ti.

Respecto al uso de técnicas y materiales, sí que se observan diferencias entre vosotros. Tú eres más dibujante, más pintor. Ella juega, experimenta, con diferentes técnicas y soportes; objetos encontrados, telas, papeles, piedras…

Yo me amarro al dibujo, me aferro, me sujeto fuerte. Lo mío siempre está colgado de un esqueleto de dibujo, siempre hay un armazón al que me agarro como a un clavo ardiendo y sobre el que pongo pintura o dispongo otros materiales. Sin embargo, a Marisa le provoca cualquier objeto encontrado, papeles, piedras, palos, elementos del mar, incluso pequeños juguetitos (hablábamos antes de la mirada infantil, alegre, de la vida). Variadísimos elementos le sugieren una obra de arte y yo necesito recalcularla, redibujarla y atarla a algo. Ella es mucho más directa, dispone directamente sobre el soporte, yo voy siempre haciendo capas, añadiendo capas. El 90% de mi obra no se ve, está detrás de lo que se ve, pero está ahí, debajo. Marisa es mucho más directa, es mucho más plana en el mejor de los sentidos, más limpia. En lo mío siempre hay un elemento subyacente dramático que a veces se percibe y otras veces no.

Tu obra está plagada de una personal iconografía: animales que actúan como humanos, seres oníricos, fantásticos, fondos negros que evocan pizarras de infancia. ¿Bebe de influencias surrealistas y dadaístas?

Siempre hay un imaginario, una iconografía a la que me cuesta renunciar. A veces, los personajes salen ellos solos y, a veces, se me plantan directamente dentro de la obra, incluso, a veces, pretendo renunciar a ellos… y surgen. Hay referencias, gestos humanos… Hablando con Àngel Bofarull –artista de referencia en el ámbito del collage contemporáneo–, aquí, en Banyalbufar, hace años, él sí se reconocía como hijo del surrealismo, de Max Ernst, aunque también de Schwitters; yo, sin embargo, siempre he querido negarme, no me siento surrealista. No tengo esa referencia onírica, no la reconozco, es más la visión infantil de una persona adulta sobre el drama de la vida. Sí que tendría que ver más con el dadaísmo de alguna manera, es verdad, pero también con el expresionismo y los alemanes de entreguerras, como Dix o Grosz, y esas referencias a la pizarra, con otros elementos, y luego el animal como parte del ser humano que es casi incontrolable.

El animal en mis obras siempre está relacionado con ese algo que se nos escapa, que no podemos negar y que no podemos controlar, que nos obliga a hacer cosas y luego… la parte contraria, la del humano, con referencias animales que es un poco la misma, pero es casi más ridícula, es la de aquel que quiere controlarse, que quiere ser cerebral, que quiere controlar todo lo que le rodea y, en el fondo, obedece a un instinto; hay una parte que se le escapa a su control, a su cerebro, a su raciocinio… y que tiene más importancia de la que él quiere reconocer. El animalito siempre es más libre, siempre hace un poco lo que quiere y no se arrepiente, y esa parte sale mucho en mi obra, es verdad. Eso tiene mucho que ver con el niño, la parte infantil, esa parte que funciona completamente libre y que tiene mucho que ver con el disfrute y con el vivir, simple y llanamente, sin darle tantas vueltas. La parte humana siempre tiene algo de ridículo o patético en mi obra.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

La parte bohemia relacionada con el arte, el sabor parisino de principios del siglo XX, los cafés, vapores de humo y alcohol… están muy presentes en muchos de tus cuadros, dibujos y grabados. ¿Qué te sugieren tanto estos ambientes?

Tiene mucho que ver con el disfrute del artista, con lo que le rodea, con su mundo. Esa manera de entender la vida que busca la evasión, el momento oscuro, el rincón… dejar que nuestra cabeza se vaya en vapores de todo tipo que puede acabar de cualquier modo, o entablando relaciones profundas, en borrachera… o en disfrutes más grotescos. Dejar salir todo lo que hay dentro y disfrutar de la diferencia, siempre buscar el momento distinto y que nada te ate demasiado; me atrae esa parte bohemia de la noche, esas reuniones alrededor de una mesa que invitan a mantener conversaciones interminables y provocan situaciones especiales que siempre se recuerdan. Creo que todo esto estimula la creación e incita a lo extraordinario, ayuda a que la cabeza se vaya un poquito por donde quiera. También hago mucha referencia a la literatura y a los libros.

¿Qué influencia tiene la literatura en tu proceso creativo?

Cuando preparo una exposición la preparo fundamentalmente leyendo; me gusta mucho leer, meterme dentro de todo lo que estoy leyendo y que todas esas referencias queden dentro de la cabeza y acaben reflejándose de alguna manera en mis obras. Al fin y al cabo, es creatividad sobre creatividad, alguien ha inventado algo que te provoca, tu cabeza sigue dando vueltas y estás así un día tras otro. Procuro leer mucho y, especialmente, cuando estoy pintando, cuando estoy dibujando. Me gusta tener todo tipo de referencias y, a veces, esto se plasma en mi trabajo. Parece que no, pero siempre está ahí.

¿Qué artistas reconoces como fundamentales en tu desarrollo artístico?

Para mí hay una referencia clarísima que es Chagall, incluso sin ser consciente de ello, siempre me gustó, desde niño, y, cuando me doy cuenta, miro y es verdad, incluso la iconografía se parece. Hay algo, hay cosas muy reconocibles. No lo puedo negar. Picasso me marca mucho también, ya he hablado de los dadá y los alemanes y luego me marcan mucho los antiguos; Giotto y aquel primer renacimiento, los últimos góticos…

Muchos de tus personajes aparecen tocando instrumentos, la música está presente en muchas de tus escenas.

Sí, yo siempre digo que mi vida es con banda sonora. Siempre tengo una canción en la cabeza. Siempre estoy cantando. No entiendo la vida sin música, la encuentro en todos los sitios, la provoco y la echo de menos siempre que no la tengo. Creo que el arte es universal y lo invade todo. Necesito oír música, ver cosas, leer cosas y todo lo que sea creación me parece que es absolutamente necesario. Para mí es muy difícil desligar una cosa de la otra. No entiendo al artista encasillado, que nada le influye más que lo suyo, lo que toca. Me parece que las ramas se entrelazan y son una misma cosa, la creación pura y dura. La música es sugerencia, te transporta. Es pura abstracción, sonidos organizados, es fundamental. No sé vivir sin música.

La música forma parte de tu día a día, ¿sigues componiendo y tocando en varios grupos?

En este momento toco en tres grupos y en dos de ellos con gente de Banyalbufar. Hace un mes hemos presentado con Musol (con Guillem Coll y Rodrigo Álvarez) un disco en el teatro Mar i Terra de Palma con bastante éxito, tengo que decir; salió muy bien, ahora tratamos de promocionarnos. Los Aphònics llevamos más de 20 años tocando en verbenas, fiestas y no perdemos ocasión de divertirnos. Ramón Rosselló, de Esporles, también cuenta conmigo (y Pep y Jaime). Bueno, la cosa es difícil, porque tocar por ahí es muy complicado, pero lo hacemos con mucha ilusión y con mucho amor y disfrutamos mucho. El disco que hemos grabado de Musol tiene una portada mía, por cierto.

Volviendo a la exposición, en esta muestra cambias de registro y presentas obra muy diferente a la anterior, temas nuevos y distintas técnicas. Háblanos de esta etapa que comienza.

A la idea de exponer mi obra con la de Marisa le estuvimos dando vueltas. El hilo conductor entre nosotros podría encontrarse fácilmente, nuestra referencia personal es directa; éramos amigos, compartimos muchos momentos, pero también queríamos poner en relieve la vinculación que tenemos con el mar Mediterráneo, que tanto nos separa y tanto nos une. Imagino que ella está delante de mí y yo delante de ella, en dos orillas diferentes, enfrentados en el mismo mar, uno delante del otro, queriendo vernos, pero sin vernos, disfrutando de lo mismo, o viendo lo mismo pero sin saberlo. Este hecho nos sugirió, también, que la exposición se dispusiera en paredes enfrentadas, un wall to wall, y que la obra de uno estuviera delante de la del otro; esto marcó la manera de seleccionar la obra para la exposición.

La idea que elegí, finalmente, fue la de dar protagonismo a aquello que nos inspira, justamente lo que tenemos delante, ben davant, y procurar prescindir de todo el imaginario, de todo el animalario, toda la serie de personajes que aparecen casi de forma espontánea en mis obras y quedarme justo en lo que tengo enfrente, en lo que está delante de todos esos personajes, lo que nos envuelve, lo que nos rodea, aquello que forma nuestra corteza, lo que nos sugiere todo lo demás y que, a veces, lo tenemos tan cerca que nos cuesta verlo. Concentrarme en lo que en otros momentos ha sido el decorado, empleando técnicas que provoquen sensaciones que esquiven la introspección o el examen, técnicas que ataquen directamente el soporte, como óleos, acuarelas o acrílicos, buscar la inmediatez, no recurrir al grabado, por ejemplo, que exige cierta continuidad técnica y pide estar sobre la pieza tocando y retocando varios días.

Esa era la idea de ‘Ben Davant’, que es el título de la exposición. Quedarnos con lo que tenemos justo enfrente de nuestros ojos. Las Baleares tienen mil colores delante, tienen el mar, la montaña, el bosque… algunas de las acuarelas que se van a colgar están hechas en Cabrera, otras en otros lugares de las islas, Marisa también tiene piezas hechas en Formentera. El paisaje cercano es inspiración, volvemos la vista a nuestro entorno más íntimo.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Marisa Giménez Soler

 

Cartografías de Silvia Mercé en Xàbia

‘Profundidades accesibles’, de Silvia Mercé
Comisariada por Marisa Giménez Soler
La Casa del Cable Espai D’Art
Triana 24, Xàbia (Alicante)
Del 1 de junio al 1 de julio de 2018
Inauguración: viernes 1 de junio a las 20h

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias. Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar.

Y entonces cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición, ‘Profundidades accesibles’, la artista Silvia Mercé. Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos.

Silvia Mercé. Makma

El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, allá por los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Los títulos que aúnan sus series guían su recorrido artístico y también vital; ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, representada con varias piezas en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Errante y viajera, Silvia Mercé necesita experimentar, lanzarse a nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuertemente.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

Imagen general de una parte de la exposición 'Profundidades accesibles', de Silvia Mercé, comisariada por Marisa Giménez, en La Casa del Cable Espai D'Art de Xàbia. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen general de una parte de la exposición ‘Profundidades accesibles’, de Silvia Mercé, comisariada por Marisa Giménez, en La Casa del Cable Espai D’Art de Xàbia. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez Soler