Nuria Enguita quiere extraer el potencial utópico del IVAM

Presentación de Nuria Enguita como directora del IVAM
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Jueves 24 de septiembre de 2020

Decía María Zambrano que las utopías nacen solamente “dentro de aquellas culturas donde se encuentra claramente diseñada una edad feliz que desapareció”. Nuria Enguita se ha presentado como nueva directora del IVAM, sucediendo en el cargo a José Miguel Cortés, apelando al “potencial utópico” que el museo valenciano tuvo en su nacimiento, con el fin de recuperarlo: “Eso es lo que me anima”, dijo. Aquella edad feliz del IVAM de los 80 (“entonces fue más fácil”, subrayó), que propicia todo nacimiento, por aquello de llevar en su germen la ilusión de todo lo que está por hacer, parece congruente con los deseos implícitos en todo recién llegado.

Nuria Enguita, sin embargo, fue combinando, durante la presentación de su proyecto para el IVAM de los próximos cinco años, elementos propios de esa utopía que pretende potenciar (“grandes exposiciones históricas”, apostar por “mujeres de la vanguardia de las que no se han hecho exposiciones” o potenciar la web para convertirla “en un espacio virtual del museo abierto al mundo”), con otros más cercanos, igualmente soñados y puestos en práctica por Cortés: como son el trabajo con los fondos de la colección del IVAM, la apertura del museo a la sociedad, la vertebración territorial, la colaboración público privada o la internacionalización del museo, líneas de actuación ya promovidas por su antecesor.

Vicent Marzà y Nuria Enguita, durante la presentación de ésta como nueva directora del IVAM. Imagen cortesía del instituto valenciano.

De manera que la utopía que quiere potenciar Enguita se halla trufada de anhelos pasados, que ella quiere poner al día, de forma que el IVAM avance hacia terrenos inexplorados, dado el contexto diferente del que se parte, con otros presentes en la edad feliz igualmente tramada por Cortés, al querer desprenderse de la nefanda etapa de Consuelo Císcar.

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, sentenció Arquímedes. Enguita lo tiene, en su ánimo utópico y en el hecho de que Vicent Marzà, conseller de Cultura, declaró su apoyo incondicional hacia quien había ganado el concurso público para suceder a Cortés, tras el “rigor y el trabajo de los integrantes de la comisión de valoración” para su elección como directora del IVAM.

Marzà también apeló a la “independencia” que caracteriza “a esta institución de primer orden cultural”, afirmando que velará por ella “para continuar profundizando en los diferentes ejes que anclan al IVAM con su entorno inmediato y lo resitúan en el mapa en el ámbito internacional”.

Quiso olvidar, así, las muestras de contrariedad que formularon tanto la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo (ADACE), el Consejo Asesor del IVAM, que dimitió en bloque, y buena parte del Consejo Rector (hasta ocho vocales), por entender, en unos casos, que se había incumplido el Código de Buenas Prácticas y se había faltado al respeto de dicho Consejo Rector al no haber respetado sus competencias, y, en otros, por entender a su vez que se había “perdido una oportunidad para llevar a cabo un proceso dialogado y participativo que hubiera ofrecido a la sociedad una visión más transparente y consensuada de la toma de decisiones”.

Nuria Enguita
Nuria Enguita, en el exterior del IVAM, poco después de ser presentada como nueva directora del instituto valenciano. Imagen cortesía del IVAM.

Nuria Enguita prefirió mirar, lógicamente, hacia adelante, en lugar de hurgar en ese reciente y polémico pasado: “Yo estoy presentando mi proyecto. No voy a hablar del pasado. Se ha valorado mi proyecto y no tengo nada más que decir”. Marzà guardó igualmente silencio, al igual que hizo con el desvelamiento de la subsede que tendrá el IVAM en Valencia, que dijo se anunciará en breve y a su debido tiempo, aunque sí dejara algunas pistas: que sería un “espacio diferente”, con otra forma arquitectónica, de unos 800 m2 y que estaría “en otro lugar” ajeno al barrio del Carmen, para que se puedan buscar otro tipo de relaciones.

Enguita siguió desvelando su proyecto como directora del IVAM, a falta de conocer ella misma esa subsede, poniendo el énfasis en su interés por promover muestras históricas, a partir de la colección del IVAM que, subrayó, “tiene un siglo”, al tiempo que pretendía consolidar la internacionalización y vertebración territorial del instituto valenciano, entendiendo ambas cosas como la “sístole y diástole” del corazón museístico. También dijo que persistiría en potenciar las muestras en torno al Mediterráneo, que Cortés impulsó, si bien precisó que trataría de “ampliar ese contexto”.

Vicent Marzà y Nuria Enguita, durante la presentación de ésta como nueva directora del IVAM. Imagen cortesía del instituto valenciano.

La pandemia a causa del coronavirus salió igualmente a relucir, destacando Enguita su firme propósito de “fortalecer” la relación del museo con la sociedad: “Debemos hacer que sea más poroso, para dejar que el conocimiento que está fuera entre dentro y viceversa”. También aludió a la necesidad de “trabajar más que nunca en programas presenciales y virtuales”.

Planteó más líneas de actuación, muchas de ellas en la línea propositiva de Cortés, que ya abrió la colección del IVAM como fuente de investigación para futuras exposiciones, así como el despliegue de un trabajo para que el museo valenciano esté integrado en el circuito internacional, mediante colaboraciones con otros espacios relevantes fuera de nuestras fronteras. “Hay que internacionalizar el IVAM. Se ha hecho y hay que seguir haciéndolo”, resaltó Enguita, en el primer día de la utopía que pretende potenciar durante el próximo lustro. ¿Para qué sirve la utopía?, se preguntaba Eduardo Galeano, si a cada paso que das, ella se aleja otro. “Sirve para caminar”, concluía. Nuria Enguita ya está en camino.

Nuria Enguita, en el hall del IVAM, tras ser presentada como nueva director del instituto valenciano. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Homenaje de Mery Sales al pensamiento que duele

‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales
Fundación Chirivella Soriano y Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana
Palau Joan de Valeriola
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 4 de octubre de 2020
Domingo 12 de julio de 2020

“Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia”, escribió la filósofa y activista social Simone Weil. De las contradicciones humanas, encerradas en esa tensión dialéctica que no se aviene a dóciles equilibrios, sino a arrebatados pulsos entre el bien y el mal, se hace cargo Mery Sales en su exposición ‘Seres fuera de campo’. Exposición en la que, precisamente de la mano de Weil, pero también de Hannah Arendt y María Zambrano, Sales rinde homenaje a tan conspicuas representantes de la filosofía y la poesía, para celebrar el acto creativo como alumbramiento de esas zonas de sombra que nos constituyen a los seres humanos.

Las manos derecha e izquierda a las que se refiere Weil, que bien pudieran ser emanaciones políticas de esas otras derechas e izquierdas históricamente enfrentadas, dan lugar, en la obra de Mery Sales, a una pugna igualmente intensa por hacer aflorar a la superficie del cuadro lo que tiende a ocultarse. “Pretendo que los cuadros gusten, pero que también inquieten”, dice la artista. De ahí que, a renglón seguido, diga: “Hay que atreverse a ver lo que te duele”.

Vista de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Y lo que duele, a poco que uno se acerque sin temor a la obra de Sales, es constatar la herida, nunca cerrada del todo, de quien siente que la vida siempre nos sobrepasa; que lo real, por excesivo e ininteligible, exige de un gran valor para afrontarlo, cosa que ella hace depositando en la obra ese resto hiriente a modo de huella que conviene rastrear si queremos sentir una experiencia verdadera. Si, como ella misma dice, su obra anterior hurgaba en el mal, en esta ocasión, sin dejar de hacerlo, ha incluido el bien como esa otra fuerza de signo contrario que merece la pena ser acogida. Puestos a correr el riesgo de revelar lo oculto, Sales ha intuido que el bien es una energía, más allá de sus amables componendas morales, dotada de poderes suficientes para contrarrestar el maleficio contrario.

Contrariamente a lo apuntado por la propia Weil, cuando dijo que al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad, Mery Sales se hace cargo de esa angustia inscrita en su obra, amainando la tempestad que bulle en su interior con tenaz determinación creativa. En este sentido, diríase que su impulso creador rompe las amarras de la más fogosa y activista Weil, para encontrar esa serenidad en las más templadas reflexiones de la propia Weil, Arendt y Zambrano. De manera que capitalizando esa angustia primigenia (“allí recibí la marca del esclavo”, dirá Weil cuando trabajó en la fábrica Renault), la fue decantando por efecto del bien en pugna con tanto mal, como vivieron las tres en la primera mitad del bélico siglo XX.

Una de las piezas de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

“Desde la más tierna infancia y hasta la tumba hay algo que, a pesar de toda experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y observados, espera invenciblemente que se le haga el bien y no el mal. Eso es, ante todo, lo que es sagrado en cualquier ser humano”, dice Weil en un texto recogido por Sales como parte indisoluble de su exposición. ‘Seres fuera de campo’, comisariada por Álvaro de los Ángeles y que reúne en la Fundación Chirivella Soriano alrededor de 50 obras, algunas inéditas ya que fueron pintadas durante el confinamiento, alude a estas tres conspicuas mujeres en el campo de la filosofía y la poesía, para dar cuenta del bien, del mal y de lo sagrado como ámbito último de resistencia.

Una sacralidad que Mery Sales reivindica asociada al “amor mundi” de Hannah Arendt, alejado de ese otro “estigmatizado”, subraya Sales, y mediante el cual la alteridad es objeto de una comprensión que nada tiene que ver con su insulsa justificación. “Comprender no significa justificar lo injustificable, dar razón a lo que nunca puede tener razón, comprender es examinar y soportar conscientemente la carga que nuestro siglo ha colocado sobre nosotros, y no negar su existencia ni someterse mansamente a su peso”, señala Arendt en otra de las citas incluidas en la exposición.

Simone Weil con su característico mono en una de las obras de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Mery Sales, con “escrupulosa meticulosidad”, como resalta Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, va decantando toda esa tensión entre el bien y el mal, que traslada a su pintura siguiendo el rastro de Arendt, Weil y Zambrano, para dejar constancia plástica de lo real, sin que el dolor sugerido por su afloramiento a la conciencia se imponga. “Toda la exposición es un homenaje al pensamiento”, subraya Sales. Un pensamiento que huye del simple esquema comunicativo, en el que alguien emite un mensaje que otro recibe y entiende, para adentrarse en un territorio más vasto del lenguaje, donde las palabras exigen una escucha más atenta.

Pensamiento que, entrañando cierto compromiso, tampoco se adscribe a la cerrazón de las ideologías. Como apunta Chirivella, más que un “arte político enclaustrado en un código retórico que solo reproduce representaciones ideológicas” asumidas por el poder, como dejaron constancia las vanguardias históricas puestas al servicio de los regímenes fascistas y comunistas, la obra de Mery Sales conjuga arte y política. Aúna compromiso, en tanto palabra que se resiste a su lógico acomodo social, “emoción y meditación a un tiempo”. “Pintura en la que pervive el indisoluble maridaje del pensamiento y la plasticidad”, señala el presidente de la Fundación.

Vista de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

El color rojo, que atraviesa la exposición para irse encarnando en diferentes cosas, aparece de forma harto elocuente en el mono de la propia Simone Weil, cuyo atuendo colgado, revelando su ausencia, viene a simbolizar la resistencia del sujeto a perderse en el olvido. De hecho, ‘Seres fuera de campo’ es la constatación de cómo la pintura y la fuerza creativa pueden alcanzar el máximo sentido, allí donde éste se perdería por inanición. Mery Sales lo que hace es transformar la siniestra desaparición, el fondo tenebroso de toda existencia, en lúcida reflexión sobre lo oculto a la conciencia. “La luz como lucidez”, por utilizar una expresión de la propia artista, con la que Sales rinde homenaje al pensamiento de esas tres grandes autoras y, de su mano, a la fragilidad del ser doliente. Atrévanse, ahora de la mano de Mery Sales, a sentir ese dolor gozoso que encierra su intensa plástica.

Mery Sales, en la entrada de su exposición ‘Seres fuera de campo’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

María Zambrano y Ramón Gaya: una mutua admiración

Algunos lugares de la amistad. Zambrano-Gaya
Escola Europea de Pensament Lluís vives
Aula Magna de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Lunes 28 de enero de 2019, a las 19.00h

La conferencia sobre la relación entre la filósofa María Zambrano y el pintor y escritor Ramón Gaya, bajo el título ‘Algunos lugares de la amistad. Zambrano-Gaya’, inaugurará la programación de este año de la Escola Europea de Pensament Lluís Vives, el próximo lunes, día 28 de enero, en el Aula Magna del Centre Cultural La Nau (19h).

La conferencia será impartida por José Rubio Fresneda, abogado y amigo de Ramón Gaya, desde el año 1974 hasta la fecha de la muerte del pintor en 2005. El acto ha sido organizado con motivo de la edición del libro ‘Y así nos entendimos (Correspondencia 1949-1990)’ (Editorial Pre-textos, 2018) y, por ello, también intervendrán los editores de la obra: la viuda del pintor, Isabel Verdejo, y el catedrático y profesor honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, Pedro Chacón. La mesa redonda estará moderará por Manuel Ramírez, editor del libro.

El  volumen es una recopilación de la correspondencia entre la filósofa María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904 – Madrid, 1991) y el pintor y escritor Ramón Gaya (Murcia, 1910 – Valencia, 2005), desde el año 1949 hasta el 1990. Se trata de un conjunto de cartas, algunas escritas en circunstancias personales dificilísimas, que revelan la entrañable amistad y la profunda admiración que se profesaban, y que configuran un monumento en forma de libro a la dignidad de las personas. Gaya y Zambrano fueron dos de los centenares de intelectuales y creadores españoles exiliados como consecuencia del régimen franquista y parte de las misivas que comprende el libro fueron escritas en este periodo de exilio. La editorial del libro señala que las cartas “encierran reveladores textos que orientan la comprensión de la trayectoria vital y de la obra que llevaron a cabo Gaya y Zambrano”.

Además, en el acto se presentará el documental ‘La Serenissima’ (2006), una obra de Gonzalo Ballester, nominada como mejor corto documental en los premios Goya de 2007. Esta película narra las vivencias del pintor Ramón Gaya en Venecia desde el 2 de julio de 1952 al 7 de abril de 1953.

Ramón Gaya en Lecce. Fotografía de Lucía Serredi por cortesía de La Nau.

Ramón Gaya en Lecce. Fotografía de Lucía Serredi por cortesía de La Nau.

CARLOS DOMINGO, JUAN OLIVARES Y NELO VINUESA

Carlos Domingo, Juan Olivares y Nelo Vinuesa
Galería Rafael Ortiz
Mármoles 12 (Tel. 954214874). Sevilla
Hasta el 30 de abril de 2015
L: 18,00–21,00 h.
M-V: 11,00–13,30/18,00–21,00 h.
S: 11,00 – 13,30 h

La diadema, imagen evocadora encontrada en la relectura de una traducción del poema “Lamia”, nos reconduce al arco iris por su estructura formal pero también a la bóveda celestial-celeste que nos contiene, al universo, al viaje, al descubrimiento. Como imagen simbólica conecta con la idea de corona, que en un sentido amplio y profundo simboliza la propia idea de superación. A su vez, el arco iris, es a menudo el símbolo del puente entre el cielo y la tierra, expresa siempre y en todo lugar unión, relación e intercambio entre ambos. Nos gusta pensar que la diadema parece querer sujetar la razón, pero también nos conecta con el universo mágico y misterioso de la naturaleza.

“Trenzar Diademas”,  hace entonces referencia al modo en que cada uno construye su universo creativo, a la creación de mundos. La poesía, el misterio o la magia, son el punto de partida y la materia de nuestros trabajos, que no se desvinculan del razonamiento y la investigación. Es más, pensamos que hay una razón poética en cada acontecimiento, recordando a María Zambrano.

Si Newton desteje el arco iris en un intento por revelar el misterio de lo oculto, nosotros volvemos a trenzar con la emoción y la razón nuevas diademas. El acto de trenzar representa  un conjunto de tres o más ramales que se entretejen, cruzándolos alternativamente. Esta acción nos sirve conceptualmente como punto de partida para establecer el diálogo y la comunicación entre las tres propuestas.

Carlos Domingo. Paso. 2015. Pasta de papel y madera.

Carlos Domingo. Paso. 2015.
Pasta de papel y madera.

Por un lado, el trabajo de Carlos Domingo se centra en el interés por las cuestiones que sitúan al individuo frente a la metáfora de la representación animal, vegetal o mineral como estrategia plástica y conceptual para reflexionar sobre su naturaleza “humana”. Es un tipo de trabajo que pretende ser un resumen de los procesos de lo natural-orgánico frente a lo humano. La ciencia y el arte han elevado el nivel de humanidad del hombre y al mismo tiempo lo han alejado de su origen natural y primitivo (animal). El conjunto de lo natural, entendido como referente amplio y abierto, se mezcla con los artificios y las convenciones de la cultura.

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013. Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013.
Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

De un modo similar, Nelo Vinuesa sugiere y evoca narraciones que se construyen mediante la utilización de imágenes simbólicas, estableciendo conexiones entre lo fantástico, lo espiritual y lo mágico. Por otro lado, hay cierto romanticismo en las composiciones que plantea, un anhelo por lo lejano, por lo infinito. En su trabajo, el tratamiento del paisaje se relaciona con la idea de espejismo, fenómeno que hace referencia a la distorsión de la percepción sensorial, a la apariencia engañosa de algo que nos lleva a apreciar la realidad erróneamente.

Juan Olivares se identifica emocionalmente con todo lo que le rodea, sea una taza de café, una canción, las sombras proyectadas sobre un asfalto gris cromático, unos luminosos zapatos verdes con matices azules que cruzan las franjas blancas de un paso de cebra, un vestido precioso y su danza, el ruido amarillo del tráfico…

She´s like a rainbow VIII. De Juan Olivares. (110 x 100 cm.)

Juan Olivares. She’s like a rainbow V. 2014.
Pintura vinílica y óleo s/tela. 200 x 180 cm.

En este sentido su pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas y su misterio. Sus trabajos se alimentan de destellos cotidianos e instantes huidizos, momentos fugazmente perfectos en los que de alguna manera sales colmado.

(Imagen portada, Carlos Domingo. Tronco, Cactus, Abrazo. 2015. Carboncillo, pasta de papel y madera. Diversas medidas)

 

 

La razón poética de Marusela Granell

Marusela Granell
Razón poética
Galería Walden Contemporary
C / Denia, 74. Valencia
Hasta el 9 de enero de 2015

La Galería Walden Contemporary presenta la exposición  La razón poética de la artista Marusela Granell. Una suerte de homenaje al pensamiento y nuestra condición de seres orgánicos a través de la mirada de la poeta y pensadora María Zambrano.

A diferencia de trabajos anteriores, en los que la artista siempre ha reconocido y reivindicado un arte enteramente formalista, alejado aparentemente de lo conceptual, y donde la importancia de lo decorativo es reivindicado a través de la naturaleza e investigación de los materiales. Ahora profundiza precisamente en la necesidad de la investigación del texto, que al igual que en el disfrute de su lectura plantea la importancia del disfrute de la forma. En este sentido, Granell, presenta como primer retrato, de una serie de cerebros-retrato a María Zambrano y su razón poética. Y de ahí la importancia de que los cerebros sean formalmente bellos.

Hay una búsqueda de lo esencial a través del uso de los mínimos elementos que nos acerca a una pintura a caballo entre lo formal y el paisaje orientalista.  Un proceso de trabajo donde los materiales en bruto recrean grandes espacios de silencio y serenidad donde descifrar el sentir de lo oculto. Papeles casi desnudos, apostillados en el tiempo, desgastados, cansados de ser arte se inscriben en una mística de la penumbra, de la metafísica y como expresión poética. Una total desposesión que dan asilo a las realidades que el racionalismo ha arrojado al exilio.

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Acompañan a la pieza «cerebro-María Zambrano», dos grandes paisajes pintados con óleo sobre papel.  Paisajes pintados, rotos, descompuestos que posteriormente han sido unidos en cierto modo de manera casual, como si la idea fuera permitirles ser de otra manera, desposeer la obra para dejarla ser.

La muestra nos introduce a través de la obra “Claro de bosque” una suerte de puerta de grandes dimensiones, cuya enmarcación nos invita a adentrarnos  a través de esta particular cosmovisión, ya que si bien la mística sucede dentro del alma, también está fundada en la naturaleza propia del hombre y en modo alguno es ajeno a lo humano. Gestos, pinceladas, collages, rastros que deja la pintura, paisajes de  nuestro yo más profundo habitados por pájaros. Un lugar donde la obra encuentra finalmente una dimensión casi espiritual.

Granell es doctora en Bellas Artes y recibió el Premio Nacional  Angel Herrera a la Solidaridad  en 1999, y el Premio del Ministerio  de Cultura por la promoción  del arte contemporáneo español   (2000). Ha expuesto en lugares tan variados como la Berliner Kunst (2004), el Museo de la Ciudad, en Valencia (2004) o el Oxid, en Wintertur (2005).

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

Imagen cortesía Galería Walden Contemporary.

La ciencia también es cosa de mujeres

Rompiendo barreras. Mujeres y ciencias
Comisariado: María Carmen San Julián y Natalia Torres
Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero
Palau de Cerveró de la Universitat de Valéncia
Plaça de Cisneros, 4. Valencia
Hasta el 9 de enero de 2015

Para que la corrección política no convierta este tipo de exposiciones en un afirmativo cabeceo de incredulidad (¿cómo es posible que tal cosa suceda?), habría que seguirle el rastro a Zygmunt Bauman cuando se puso a analizar el fenómeno del Holocausto. De manera que, como expresó el sociólogo, “el examen de las culpas” no disfrace la “investigación sobre las causas”. Que la sociedad patriarcal sea culpable de buena parte de la discriminación de la mujer resulta, a estas alturas, insuficiente a la hora de abordar tal fenómeno. Salvo que lo que pretendamos sea levantar una venda para poner otra.

Una de las citas recogidas en el 'túnel de tópicos sexistas' de la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró.

Una de las citas recogidas en el ‘túnel de tópicos sexistas’ de la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró.

Valga la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ como recordatorio de un hecho palmario: el silencio en torno a la gran contribución de las mujeres al progreso de las ciencias y la tecnología. Pero se hace ya necesario, cuando proliferan las muestras de desagravio, transformar el victimismo en análisis más profundos acerca de las múltiples causas que lo fundamentan. De no hacerlo así, caeremos en la complaciente empatía. Algo que mujeres como Marie Curie, Hannah Arendt, María Zambrano, Grace Murray Hopper, Barbara McClintock o Mary Wollstonecraft no perdonarían.

Y no digamos nada si hablamos de James Miranda Stuart Barry, cirujano del ejército británico, cuya autopsia reveló que en realidad era Margaret Ann Bulkley (1795-1865), que se hizo pasar por hombre para poder ingresar en la universidad, su gran sueño. Su lucha, como la de otras muchas mujeres que aparecen en la exposición del Palau de Cerveró, perdería fuerza si la rebajamos al complaciente recordatorio en lugar de, como hicieron ellas mismas, reivindicar la pasión por el conocimiento.

Fotografía de Rita Levi-Montalcini, sonriente, en la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró.

Fotografía de Rita Levi-Montalcini, sonriente, en la exposición ‘Trencant barrees. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró.

La exposición ‘Rompiendo barreras. Mujeres y ciencias’, comisariada por Carmen San Julián y Natalia Torres, se hace eco de las numerosas mujeres que dejaron su huella en la ciencia. Y lo hace al modo de un paseo repleto de dificultades, las mismas que las propias mujeres debieron en su día sortear. Así, el espectador avanzará por entre una serie de barreras o instalaciones, para ir abriéndose camino de las oscuras frases pronunciadas contra las mujeres a la rotunda claridad de sus trayectorias profesionales. Fotografías y paneles que revelan el sobresaliente papel de esas mujeres en el terreno de la ciencia.

En el “túnel de tópicos sexistas”, según expresión de las comisarias, se pueden leer frases como ésta: “La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido, aunque agradable y gracioso” (Erasmo de Rotterdam), o el más coloquial “Eso es cosa de mujeres”. Brigitte Bardot, quien sabe si espoleada por esos tópicos, contraatacó en su día de esta manera: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gusta mi perro”.

Instalación con prendas y objetos patentados por mujeres, con video al fondo, en la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències', que acoge el Palau de Cerveró.

Instalación con prendas y objetos patentados por mujeres, con video al fondo, en la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’, que acoge el Palau de Cerveró.

Tras el túnel oscuro de los comentarios despreciables, la exposición se abre a un bosque de imágenes que cuelgan como frutos de esa ciencia desarrollada por mujeres. Entre las fotografías, destacan las de Rita Levi-Montalcini, Nobel de Medicina, Hedy Lamarr, reconocida como actriz pero menos conocida por su faceta como ingeniera, Hipathia de Alejandría, una de las primera matemáticas, o las citadas Barbara McClintock, que descubrió el primer mapa genético del maíz, Marie Curie, dos veces Premio Nobel por sus contribuciones en física y matemáticas, Hannah Arendt y Simone Weil, como destacadas filósofas.

En la instalación de objetos colgantes, el espectador descubrirá las sorprendentes patentes del sujetador moderno obra de Mary Phelps, del limpiaparabrisas, inventado por Mary Anderson, del pañal desechable de Marion Donovan o del corrector líquido Liquid Paper que patentó Bette Nesmith, por citar algunos de los hallazgos. ‘Rompiendo barreras’ se completa con un audiovisual y un taller didáctico que sirven para hacer memoria del largo y tortuoso camino recorrido. Una muestra impulsada por la Universitat de Valéncia y el CSIC, en la que supone la última colaboración entre ambas entidades en el Palau de Cerveró.

Hedy Lamarr, que además de actriz fue ingeniera, en la exposición 'Trencant barreres. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró de la Universitat de València.

Fotografía de Hedy Lamarr, que además de actriz fue ingeniera, en la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró de la Universitat de València.

Salva Torres

La inspiración según Zambrano

Claros del bosque, exposición colectiva
Sala La Cambra de Espai Rambleta
Bulevar sur esquina Pío IX. Valencia
Hasta el 30 de noviembre

“El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar”. Estas palabras escritas por la filósofa malagueña María Zambrano, en 1977, son el hilo conductor de una exposición colectiva de 18 artistas valencianos y abulenses con la que Espai Rambleta reabre su sala superior, La Cambra.

La salida al claro, de Enrique Santana para 'Claros del bosque'. Imagen cortesía de Espai Rambleta

La salida al claro, de Enrique Santana para ‘Claros del bosque’. Imagen cortesía de Espai Rambleta

En su ensayo llamado Claros del Bosque, Zambrano introdujo el concepto de razón poética dentro de la filosofía, el sendero que conduce a la profundidad del alma para descubrir su esencia revelada poéticamente. Este proceso y búsqueda, desde el sentimiento y la visión a la creación material, es lo que exploran los artistas convocados en torno a Anna Roig (Valencia, 1970) y Luciano González (Ávila, 1960) afincado en Paterna, uno de los ‘Los Gemelos del arte’, pues su hermano Miguel también es  artista. En suma, cada autor trata de expresar su personal concepto de la inspiración en un escenario concreto, su taller y lugar de trabajo, pues ahí es donde se materializan las ideas.

El resultado es una exposición colectiva concebida desde una perspectiva individual. “No se trata de dar nuestro punto de vista, sino de las diferentes maneras en que uno llega al claro del bosque”, señalan Roig y González.

Marilyn, de Alain Navarrete para 'Claros del bosque'. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Marilyn, de Alain Navarrete para ‘Claros del bosque’. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Los artistas abulenses forman parte del Taller de Arte Añil, impulsores de la dinamización cultural del Palacio de la Mosquera (Ávila), donde se expuso un cuadro satírico sobre Luis Bárcenas que la alcaldesa de Arenas de San Pedro intentó retirar el pasado verano.

La exposición cuenta con la colaboración del maestro calígrafo Ricardo Rousselot, autor de  las letras del título, que presentó  esta temporada una exposición, ¡La caligrafía vive!  en el MuVIM. La relación entre el texto de María Zambrano y la exposición llevó a los organizadores a conectar con personajes relacionados con la filósofa malagueña. El teólogo y filósofo Agustín Andreu, que presentó la exposición, y la pintora abstracta Rosa Mascarell, secretaria personal de María Zambrano que realizó la primera página web dedicada a  la filósofa.

Entre el cielo y la tierra, de Luciano González para 'Claros del bosque'. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Entre el cielo y la tierra, de Luciano González para ‘Claros del bosque’. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

La exposición Claros del bosque es una iniciativa de los artistas que la integran y no cuenta con  ningún tipo de subvención pública. Ellos mismos, a modo de cooperativa artística junto con la colaboración de un sponsor,  han llevado a cabo el proyecto.

La fórmula, al igual que otras tendencias de financiación como el crowdfunding, nace de la necesidad de “reinventar los modelos tradicionales de exhibición, aquejados por la situación económica del país y un sistema que en los últimos años ha relegado la figura del artista y la obra a un segundo plano”, comentan los organizadores. “Hoy el artista retoma las riendas buscando sus propias vías de subsistencia frente a la crisis”.

Aunque estos nuevos  modelos están siendo adoptados sobre todo por artistas emergentes, la singularidad del proyecto radica en que reúne a  profesionales de larga trayectoria  “en busca de nuevas fórmulas para continuar siendo autosuficientes”.

La exhibición es también una muestra de cómo las salas se están transformando en laboratorios artísticos con el objetivo de experimentar más allá de la exposición. “Claros del bosque incluye una proyección didáctica y dinámica que permite al público asistente conocer la trayectoria y pulsiones de cada artista en la creación de su obra y su espacio de trabajo”, concluyen.

Obra de Pablo Pazos para la exposición 'Claros del bosque'. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Obra de Pablo Pazos para la exposición ‘Claros del bosque’. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Bel Carrasco

Lukas Ulmi. Laberintos visuales

Lukas Ulmi. Laberintos visuales
Set Espai d’Art
Plaza Miracle del Mocadoret, 4, Valencia
Hasta el 16 de noviembre de 2013

 Hay que guardarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí.

 Italo Calvino, Las ciudades invisibles

 

Romper con el antiguo entendimiento de la escultura como una forma de expresión encerrada en sí misma, concibiendo la necesidad de circunscribir su potencial expresivo a unas pocas y axiomáticas categorías formales, en una búsqueda o retorno a la estructura primaria, describe el itinerario iniciático con que nos acerca Lukas Ulmi a su nueva obra. Sin embargo, al escultor le contemplan años de creación que interpretan los interrogantes del universo, dibujando el espacio mediante hermosas levedades espaciales de objetos encontrados. Restos de vida engarzados en sutiles móviles con los que nos mostraba una particular arqueología del lenguaje; ramas, piedras, esqueletos de la naturaleza que ya la pensadora malagueña, María Zambrano, en su personalísima poética concebía como las semillas del conocimiento, de la razón, y de los que ahora, el artista, en cierto modo se desprende.

Su capacidad para dialogar con el vacío trazando formas geométricas e infinitas en universos hipotéticos se define muy bien en esta nueva serie de “Laberintos visuales”, que nos presenta. Arquitecturas móviles que despliegan espacios infinitos en su interior a través de coetáneos cubos, engarzados con imanes. Una suerte de construcciones cercanas al Minimal Art con las que concebir los sencillos determinantes espaciales, como señalaba el escultor minimalista Robert Morris: simplicidad de formas no quiere decir necesariamente simplicidad de vivencia artística. Las formas unitarias no reducen las relaciones, sino que las ordenan. Cuando la hierática naturaleza dominante de las formas unitarias actúa como constante, no se neutralizan las relaciones singularizantes de dimensión, proporción, etc, sino que, por el contrario, se asocian más sólida e inesperadamente.  En este sentido, Ulmi da una vuelta de tuerca a la modernidad, circundando aquel arte cinético de mediados de siglo xx dentro de un particularísimo postminimalismo volátil.

Sus obras albergan un insólito y misterioso movimiento, intrínsecas al concepto kantiano de belleza que resume los elementos en formas simples, lidiando con el aire. Sorprendentes esculturas que debaten ilusiones ópticas mediante delicadas dobleces y estructuras simples, conforman el trabajo. Trazos de alambre asumidos como una cosmogonía, símbolo de los universos temporales, tan presentes a lo largo de su trayectoria. Amante del movimiento y la simplicidad estética, Ulmi domina la escultura como un auténtico fabulador que quiere acercarse a los misterios de la creación, sin dogmas ni aspavientos. Lugares paradójicos, fija simbólicamente un movimiento del exterior hacia el interior, de la forma a la contemplación, de la multiplicidad a la unidad, del espacio a la ausencia de espacio, del tiempo a la ausencia del tiempo. Representa también el movimiento contrario: de dentro hacia afuera, sugiriendo una progresión simbólica hacia el infinito en todo los aspectos del proceso artístico.

Representación escultórica en que el todo se nos muestra pero nunca se nos da.

Observamos como las construcciones pueden montarse de maneras distintas, según la característica del lugar donde se efectúe la instalación, prevaleciendo la coexistencia dialéctica de las formas. Esta lógica estructural que presentan permite observar cómo Ulmi otorga un valor idéntico en la ubicación de todos los elementos. Es decir, en su obra no se percibe ningún valor jerárquico entre lleno y vacío, abierto y cerrado, delante y detrás. Paradigma insoluble de una misma realidad, donde el artista ordena el sigiloso laberinto de la mirada, mediante geometrías y juegos visuales de nuestro espacio imperecedero. Y es, en esta particular falta de jerarquía donde se haya el enigma de cualquier laberinto, no únicamente como la misteriosa estructura arquitectónica descrita a lo largo de la historia por artistas, arquitectos, o escritores, sino como la inquietud y la incertidumbre de la mente humana ante los caminos desconocidos del conocimiento, la razón, la vida.  

Una espectacular construcción vertical de cubos flanqueados por espejos, trasporta al espectador por un viaje espacial, y es al final de este recorrido donde muy a menudo el hombre se encuentra así mismo. Donde el conocimiento ulterior es el de uno mismo, la comprensión del propio yo, reflejado en el propio conocimiento, como señala Paolo Santarcangeli autor de “El libro de los laberintos”: Allí reside la razón profunda de que en el fondo del laberinto figure muchas veces un espejo, para que el hombre, al llegar por fin a la meta de su peregrinación, descubra que el último misterio de la búsqueda es el mismo.

Alegorías que encontramos a lo largo de la Historia del arte, y la literatura en esas construcciones asfixiantes sin salida, sin fin. Como describieron, por ejemplo, los grabados de Piranesi y que también narra muy sabiamente en el cuento “Los dos reyes y los dos laberintos”, el escritor Jorge Luis Borges, acercándonos a este  misterio de la propia vida, y a la infinitud del espacio-tiempo. Cuenta la historia que el rey de Babilonia mandó construir un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros. Una obra escandalosa, porque la confusión y la maravilla eran operaciones propias de Dios y no de los hombres. Un laberinto que sucumbió finalmente ante la infinitud del laberinto de un rey árabe, donde no había escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que vedasen el paso. Metáfora del desierto, donde murió de hambre y de sed el mordaz rey de Babilonia.

Encontraríamos que en este caso, el laberinto simbolizaría el proceso transformador de la experiencia artística donde el hombre constantemente se enfrenta al vacío, pero también a la creación. Concepciones de universos infinitos en la levedad interior de los cubos, que el escultor extiende a través de la simplicidad formal en el horizonte. Un mismo símbolo que puede servir para evocar las realidades invisibles: el destino humano o como en el cuento, la voluntad inescrutable de Dios, el misterio de la obra de arte.

Rosa Ulpiano