“Los libros deberían ser compañeros de vida”

Colección de libros de autores clásicos para niños y adolescentes
Vicente Muñoz Puelles

Aproximar los clásicos a los niños y adolescentes no es tarea fácil. Si se  imponen como lectura obligatoria en la escuela, existe el peligro de que puedan reaccionar con rechazo incluso aversión hacia ellos. En contraste con el ritmo trepidante de los vídeojuegos y la comunicación instantánea por internet, las obras del pasado les parecen lentas, demasiado ceremoniosas. El escritor valenciano Vicente Muñoz Puelles ha desbrozado una senda por la que conducir el legado de los grandes hombres y mujeres de la historia hasta los más jóvenes.

Combinando capacidad fabuladora con erudición, ha escrito una colección de títulos en los que de una forma amena les descubre la vida, conquistas y hazañas de los grandes literatos, científicos y descubridores: Einstein, Marie Curie, Colón, Goya, Ramón y Cajal, Darwin….En plena celebración del 400 aniversario de Cervantes y Shakespeare no podía eludir un encuentro con estos dos genios de la literatura, y con ambos ha cumplido con creces y por igual. Así lo explica en esta entrevista en la que reconoce su fascinación por El manco de Lepanto y El cisne de Avon.

Portada de Don Quijote, de Vicente Muñoz Puelles.

Portada de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Editorial Anaya.

¿El hecho de que Cervantes y Shakespeare fueran coetáneos significa que en su época se alcanzó la cima de la literatura?

Lo fue si aceptamos la consideración general de que Shakespeare es el mejor autor en idioma inglés y el dramaturgo más importante del mundo, y de que el Quijote es la mejor obra literaria jamás escrita, ya que como tal suele figurar en las listas confeccionadas a lo largo del tiempo por escritores de prestigio. Por fortuna, la literatura es algo más que unas simples listas. Pero es cierto que la coincidencia temporal llama poderosamente la atención. Fue nuestro Siglo de Oro y la época dorada del teatro isabelino, un período en el que Inglaterra y España se disputaban el dominio de los mares, que es como decir del mundo.

¿Personalmente siente preferencia por uno de ellos? 

Me identifico plenamente con ambos. Con el humor irreverente de Cervantes, que influyó mucho en la literatura inglesa, como es bien sabido, y con la pasión incendiaria de algunas obras de Shakespeare, que prefigura el Romanticismo y tanto irritaba a nuestros ilustrados, como Moratín. Más que como escritores, tiendo a considerarlos como amigos y compañeros de viaje. Dicho esto, cabe mencionar que en mi pequeña biblioteca cervantina hay un Quijote en corcho y otras curiosidades, y una edición donde al final, en letra manuscrita, se dice: «Este fue el último libro que le leyeron a Ricardo Muñoz Carbonero». Es decir, a mi abuelo, que murió mientras lo escuchaba.

A primera vista parece que la difusión de Shakespeare es mucho mayor que la de Cervantes. ¿Qué opina al respecto?

En lo que se refiere a sus respectivos países de origen, es cierto que Shakespeare es más popular, leído y representado en el Reino Unido que Cervantes aquí. Pero, en lo que se refiere al mundo entero, Cervantes sigue siendo traducido y editado en todos los idiomas. Yo diría que, desde el momento de su muerte más o menos simultánea, su estimación universal anda a la par.

Usted ha publicado estos últimos meses algunos libros en relación con ambos escritores, y está escribiendo una adaptación del Quijote para niños de ocho a diez años. ¿Puede hablarnos de esos libros?

Ha salido una edición íntegra, con 8000 notas críticas y léxicas, en la editorial Anaya. Oxford University Press me ha publicado una adaptación de Hamlet, una antología del Quijote y una edición de las Novelas ejemplares. Y Anaya acaba de sacar mi novela ‘El misterio del cisne (El joven Shakespeare)’. Aparte de eso, en algunas de mis narraciones, como ‘El legado de Hipatia’, el Quijote ocupa un papel importante, y he escrito varios cuentos sobre Cervantes.

Miguel de Cervantes por Vicente Muñoz Puelles.

Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes, en adaptación de Vicente Muñoz Puelles.

¿Cómo va a plantearse el reto que le planteó Algar de resumir el Quijote en veinte páginas para niños de ocho a diez años? 

Hace once años esa editorial me pidió una adaptación para niños algo mayores, ilustrada por Manuel Boix. En cuanto al reto, la literatura infantil es mucho más experimental y creativa que la de los adultos. No preveo mayores dificultades.

¿A qué edad son los niños más receptivos a la lectura y cómo se les debería enganchar a los libros?

Los libros deberían ser objetos comunes y familiares, compañeros de toda la vida. Convendría que estuviesen con nosotros ya desde la cuna, y que jugásemos con ellos antes de aprender a leer. Entonces, cuando descubrimos que no solo sirven para sacarlos de las estanterías o para pasar sus páginas, sino que además cuentan historias y podemos llevárnoslos a la cama, es como si se abriese una ventana al mundo. No hay que forzar nada.

¿Los programas educativos vigentes sirven de algo al respecto?

Que yo sepa, no. Quizá lo importante no sean los programas educativos, sino el entusiasmo de los maestros y de los padres. Recuerdo un chiste gráfico en el que un niño, con un libro en las manos, le preguntaba a su padre, que miraba la televisión: «Papá, ¿tú sabes leer?»

Volviendo a Cervantes, ¿qué aspectos de su obra cree que tienen mayor interés para los lectores del siglo XXI?

Los mismos que en su época. En el fondo, nada ha cambiado. Las personas soportan mal la relatividad esencial de las cosas humanas, la incapacidad de hacer frente a la ausencia de un Juez Supremo, la vehemencia de un amor intenso, la certidumbre de la muerte. Se empeñan en distinguir con claridad el bien del mal, porque sienten el deseo de juzgar antes de comprender. Cervantes, y también Shakespeare, nos enseñan la sabiduría de la incertidumbre. De algún modo, nos animan a vivir con esa incertidumbre y a ser valientes.

¿Como miembro del Consell de Cultura, podría sugerir alguna actuación en la Comunidad como homenaje a la figura de Cervantes?

El mejor homenaje, acaso el único que merece la pena, es leerlo. Por otra parte, Valencia es un lugar estrechamente vinculado con Cervantes, que visitó Valencia a su vuelta de Argel, le dedicó encendidos elogios en ‘Los trabajos de Persiles y Segismunda’ y en otras obras y, como hemos dicho, imprimió aquí el Quijote. En cuanto al Consell Valencià de Cultura, hace años ya que editamos una hermosa edición de la Vida de Cervantes, de Gregorio Mayáns, primera biografía cervantina escrita, por cierto, a petición de un noble inglés. Pero siempre cabe la posibilidad de hacer algo más. En 1905, Valencia se volcó con motivo del III Centenario de la primera parte del Quijote, que se imprimió en esta ciudad. Hubo una procesión cívica, con senyera incluida, que partió del Ayuntamiento y descubrió una lápida de mármol blanco en el número 7 de San Vicente, donde se había impreso el libro. Se descubrió otra placa en la calle Cervantes, y en la calle de Guillem de Castro se inauguró ese monumento de Benlliure en el que don Quijote alza un busto de Cervantes. Dicho sea de paso, de niño ese monumento me inspiraba pesadillas, porque las dos cabezas muy juntas del escritor y de su personaje me hacían pensar que se trataba de un monstruo bicéfalo.

El escritor Vicente Muñoz Puelles. Fotografía de Laura Muñoz.

El escritor Vicente Muñoz Puelles. Fotografía de Laura Muñoz.

Bel Carrasco

“Los ilustradores somos cronistas de la vida”

Entrevista a Carlos Ortin
Ilustrador y profesor de la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia

Carlos Ortin es ilustrador freelance. Publica sus primeras historietas en las revistas más representativas de los años 80: Madriz y Cairo. Esta etapa (1983/1988) queda reflejada en el álbum recopilatorio Calor Humano, editado por La General. De forma simultánea realiza trabajos de literatura infantil, carteles y diseño editorial con ilustraciones de prensa para El País, el suplemento literario Babelia, los dominicales El País Semanal, La Mirada y El Dominical y las revistas Ciberp@ís, Tentaciones, Negocios, Ábaco y JotDown, entre otras. Ha recibido premios del Ministerio de Cultura a las mejores ilustraciones en 1986 por Signo 2, publicado por Editorial Gregal, y en 1999 por Narices, buhitos, volcanes y otros poemas ilustrados… de la Editorial Media Vaca. Durante los últimos diez años ha combinado sus trabajos de ilustración con actividades de comisariado de exposiciones, como Ilustrísimos, para las ferias de Bolonia, Beijing y Bogotá y Los hoteles de la imaginación para el MuVIM, y con la presidencia de la Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales (FADIP) de 2003 a 2007. En la actualidad dirige el Curso Avanzado de Ilustración Profesional en la Escuela de Ilustración ESAT de Valencia, es profesor del Master de Diseño e Ilustración de la UPV y miembro del Observatorio de la Ilustración Gráfica. En esta amplia entrevista para MAKMA habla de la “edad de oro” que vive la ilustración, de la libertad que se respira como ilustrador, de la casi inexistente tradición de consumo de productos culturales en nuestro país, y de lo importante que resulta que existan dibujantes, porque saben hablar con imágenes. Carlos Ortin en estado puro.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

¿Sigue siendo la ilustración un género menor dentro del amplio espectro de las artes plásticas? 

El objetivo de la ilustración no es hacer una obra única que se cuelgue en una pared, sino la comunicación, la reproducción masiva de mensajes gráficos ligados a una idea. La ilustración es cultura popular multifuncional y desea llamar la atención de un público amplio. Afortunadamente, las clasificaciones del tipo artes mayores, artes menores o artesanía en la plástica están desapareciendo en el contexto actual.

¿Ha mejorado su status en los últimos años? 

Últimamente he oído que la ilustración vive en España una “edad de oro”. Supongo que porque, de repente, casi todo el mundo ya conoce en qué consiste el oficio de ilustrador. No hace mucho tiempo cuando me preguntaban a qué me dedico, tras mi respuesta mi interlocutor abría mucho los ojos y repetía: “i-lus-tra-dooor… si, si…”, y ante su extrañeza yo decía: “bueno, dibujante”. También se nota una mayor presencia en los medios. En ese sentido sí que ha mejorado la consideración social. En otros aspectos sigue como siempre y además, afectada por las circunstancias actuales de crisis, incertidumbre digital, etc…

¿Se puede marcar el punto de inflexión en que tal cambio se produjo?

Ha sido una evolución gradual. A lo largo de los últimos veinte años han aparecido ilustradores mediáticos y todo lo que tiene que ver con la imagen ha adquirido pujanza. Por otro lado se ha convertido en un género atractivo para las nuevas generaciones de artistas por la gran variedad de estilos a desarrollar y medios donde expresarse. Se han dado cuenta que cualquier cosa creativa tiene antes que ser dibujada. La ilustración se escapa de cierta imagen de encorsetamiento y oficialidad que puedan tener otro tipo de artes. Respira libertad, comunicación y posibilidades.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Valencia cuenta con una notable tradición de dibujantes e ilustradores. Como siempre, ¿nadie es profeta en su tierra? ¿Por qué?

Valencia no es un centro editorial potente, tampoco industrial, por lo que nuestro oficio no cuenta aquí con muchos clientes. De modo que nuestros dibujantes e ilustradores tienen también la tradición de emigrar, lógicamente. Hoy día es más fácil trabajar para otros lugares desde aquí, aunque siempre se ha hecho.

Según un estudio, apenas el 40% de quienes se consideran ilustradores ejercen profesionalmente y viven de ello. Se trata de un mal endémico en este país, que se repite en otras profesiones. ¿Pero es especialmente sangrante con los ilustradores o no?

Sí, recuerdo ese estudio, lo elaboramos en la Asociación de Ilustradores. Es cierto que es un mal endémico español, pero te aseguro que lo mismo pasa con casi todos los trabajos creativos. Se publican muchos libros (en realidad, pocos ejemplares aunque muchos títulos) pero se venden pocos porque es verdad que hay pocos lectores, los canales de distribución son mediocres y casi no existe una tradición de consumo de productos culturales. Pero los nuevos tiempos traen nuevas posibilidades que muchos ilustradores están aprovechando con resultados esperanzadores.

¿Por qué la ilustración forma parte de los estudios en Formación Profesional y no tiene cabida como especialidad universitaria? ¿O eso ya se ha corregido?

Ya hace algún tiempo que se incluyó la ilustración como asignatura en el grado de Bellas Artes. En ESAT funciona como asignatura desde el principio y se le dedica un gran espacio, como la Escuela de Ilustración.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

La ilustración abarca diferentes campos, publicidad, cómic, sector editorial, producción audiovisual, animación, multimedia. ¿Dónde tuvo más pujanza y dónde lo tiene ahora?

Vamos a establecer unas pocas diferencias. Un ilustrador es aquel grafista que elabora o recibe un texto, una idea o un mensaje y lo interpreta gráficamente. Es un autor. Por otro lado, un grafista que participa de un proyecto audiovisual rediseñando personajes, haciendo fondos o dando color, es un ilustrador técnico pero no un autor. Si hablamos de ilustración como un trabajo autoral, la mayor pujanza actualmente aunque sólo sea a nivel popular está en los “humoristas” gráficos, como El Roto, en el álbum ilustrado y en el cómic, que siempre tiene muchos aficionados. Los videojuegos movilizan cantidades de seguidores, dinero y profesionales. Pero sólo consideraría como ilustrador al creador de la imagen gráfica de estos productos.

¿La Escuela Valenciana del cómic ha tenido su continuidad en otros campos de la ilustración? ¿Los Calatayud, Torres, Micharmut, Sento, tienen sus continuadores?

La aportación a la narración gráfica española de estos monstruos y algún otro como Artur Heras, Mariscal, Mique Beltrán o Paco Giménez, fue muy importante hace veinticinco años y lo sigue siendo ahora. Mi generación se formó espoleada por su trabajo innovador y aparecieron ilustradores de la talla de Ana Miralles, Ana Juan, Ramón Marcos, Incha, Enric Solbes… y justo después llegaron Paco Roca, Txemacántropus, Pablo Auladell, Lalo Kubala, el equipo Grúa, Nacho Casanova… es decir, que sí, que la cosa continúa. Y los novísimos ya están aquí.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo puede considerarse al dibujo además de una forma de expresión libre? ¿Cómo memoria? ¿Como un pasatiempo? ¿Cómo registro de una época? ¿Como un oficio que nos permite ser profesionales en el desarrollo de una imagen? 

Realmente, el atractivo de la ilustración es que abarca todo eso. Combina la vocación y la necesidad de los artistas por expresarse gráficamente con la posibilidad real de desarrollar una carrera profesional en línea de sus intereses. Por otra parte, la ilustración es un arte comunicativo en el que los dibujantes ejercemos de cronistas del tiempo que nos ha tocado vivir, añadiendo un gran punto de interés a esta profesión.

¿Qué le recomendarías a los estudiantes de ESO y/o BACHILLER que estén interesados en el dibujo, la ilustración y el cómic? 

Pues que mientras llega el momento de hacer inmersión en la profesión que han elegido, aumenten su cultura popular, personal y visual. Que lo miren todo, que lo lean todo y que dibujen sin parar. Notarán una gran diferencia de inmediato.

¿Cuál ha sido el momento en que supiste que tu vida profesional iba a cambiar? ¿Existen “momentos clave” en nuestra historia que nos ayudan en ello? ¿Cómo participar en distintos eventos como concursos, ferias, salones, etc., que nos permiten darnos a conocer a los demás?

Creo que unas cosas llevan a otras. Cuando estás inmerso en una dinámica de trabajo, los diferentes momentos van llegando sin ser consciente. Sencillamente, aparecen necesidades y pones todos los medios para cubrirlas. Cuando era adolescente no paraba de dibujar y leer, entonces tuve la necesidad de enseñar lo que hacía a los demás. Después conoces gente que te muestra otros caminos y los recorres esperando encontrar el tuyo propio. Te presentas a concursos, conciertas citas con editores, estás al tanto de lo que hay, fracasas, aprendes, pruebas otra vez, vuelves a fracasar, pero mejor como decía Beckett, cada vez mejor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Viendo tu trabajo en retrospectiva, aparte de logros profesionales y premios, en cuanto a lo personal ¿qué te ha dado el dibujo? ¿Porqué es importante que existan dibujantes?

Por lo que dije antes, no soy capaz de distinguir entre lo profesional y lo personal. Son dos partes de un mismo todo. Mi vida personal alimenta la faceta de ilustrador y viceversa. Y todos los grandes dibujantes que conozco actúan igual. No tenemos más horario de trabajo que el que nos imponemos y en cualquier momento surge el desencadenante. Nos hacemos preguntas y las desarrollamos gracias al dibujo y a las ganas de comunicar, de expresarnos. Es importante que existan dibujantes porque saben hablar con imágenes, y éstas siempre deben hacer pensar algo más allá a aquel lector que las descodifique. Por eso.

¿Cómo surge la necesidad de crear una “Escuela de Ilustración”?

La Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia detectó el creciente interés que por la ilustración se ha generado, tanto en los medios como por su gran interés comunicativo. A partir de ahí, la escuela supo rodearse de profesionales para ofrecer un curso novedoso, realista y competitivo, que muestra un panorama de la profesión muy útil para los más interesados. Cada curso aparecen nuevas preguntas. Llevamos ya siete ediciones tratando de aportar las respuestas.

Calidad estética, buena técnica, originalidad narrativa. ¿Son ésas las tres patas que definen a un buen ilustrador? ¿Se puede prescindir de alguna de las tres en favor de otras a tener en cuenta?

Si os fijáis, son las mismas tres patas que definen a, por ejemplo, un buen escritor, un buen director de cine, un buen compositor, un buen diseñador o un buen periodista. Y se puede decir que el creativo que prescinda de alguna de estas tres patas se caerá, indefectiblemente, del taburete.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Alejandro Macharowski / Salva Torres