El paseo. Cultura en València

Hace unos días acompañé a mi hijo a un cumpleaños al Bioparc. Es un lugar bonito en el que puedes llegar a tener la sensación de que los animales son privilegiados que disfrutan de unos ecosistemas hechos a su medida. No puedo evitar recordar al lobo de Tasmania, al sapo dorado, a la foca monje o al tigre de Java, todos ellos extinguidos, en mayor o menor medida, por la acción humana.

Dejé a mi hijo con sus amigos y seguí con la bicicleta por el cauce que recorre el río Turia, hasta que llegué a Manises. Bajo unos puentes de madera vi familias de patos; las madres protegían a los polluelos de los ruidos de la autovía y de los adolescentes que disfrutaban tirándoles piedrecitas. Me acerqué hasta la orilla: plásticos, latas y envoltorios de Hacendado se mimetizan entre el verde eléctrico de los arbustos. El hombre ha sido capaz de generar 8.300 millones de toneladas de plástico de los que 6.300 millones de toneladas se convirtieron en residuos. Algunos patos volaron asustados por mi presencia e intuyo que indiferentes a mis ensoñaciones. Tuve el impulso de volver a por mi hijo y marcharnos a casa, pero ¿qué culpa tiene él?

Había pedaleado media hora pensando en los proyectos que tengo en la cabeza, pero al llegar al final del trayecto me asaltó una noticia leída en prensa: “La galería Pepita Lumier echa el cierre en València”. Cristina Chumillas y Lucía Vilar intentarán seguir con el proyecto, pero dándole un giro, eliminando el espacio físico. También Librería Dadá cierra de forma temporal; Inma Pérez buscará nuevas fórmulas que le permitan seguir peleándose con el día a día. Espacios, librerías, galerías, revistas, editoriales, teatros, todos ellos forman parte del tejido cultural valenciano. No quiero recordar a los que ya no están –cada uno tuvo, en su momento, razones para no continuar–, pero creo que es obligado pensar en qué está ocurriendo con la cultura en València. Tenemos Feria del Libro, festivales de barrio, La Mostra, Cinema Jove… Tiene que ser difícil gestionarlo todo y no puede ser producto de la casualidad que se reproduzcan los comportamientos.

A fin de cuentas, ¿qué es la cultura? Edward B. Tylor, en 1871, la definió como todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y los hábitos y capacidades adquiridas por el hombre como miembro de la sociedad.

Ya, eso está bien, pero ¿qué piensan los políticos de la cultura? Como acabamos de vivir un proceso electoral largo, es fácil indagar en cuáles son sus ideas acerca de este tema, me refiero a aquello que se vea reflejado en sus programas electorales:

PSOE: hacer un pacto de Estado por la cultura (suena bien, pero si no son capaces de pactar para ocupar los sillones del Congreso… No acabo de creerlo), Ley de Mecenazgo, financiación para la RAE, destinar parte de la recaudación de la lotería para la producción de cine; PP: Plan Nacional de Tauromaquia (ahí tenemos a la cultura), fiscalía especializada en la protección de la propiedad intelectual (quizá ya no sea necesaria dentro de unos pocos años), blindar el archivo de Salamanca, Ley de Mecenazgo; Unidas Podemos: plan de reforma de RTVE, Estatuto del Artista (ocurre lo mismo que con la fiscalía del PP), potenciar la producción de cine en las lenguas del Estado; Ciudadanos: difusión de la Historia de España, Ley de Mecenazgo (parece que ahí todos coinciden, que paguen otros), rebaja del IVA cultural, plan estratégico del patrimonio cultural; VOX: favorecer el arraigo a la tierra y las tradiciones folclóricas (cómo te quedas al leer su programa…).

Según sus programas parece que la solución política al problema cultural está en aplicar deducciones fiscales a aquellos que se animen a actuar como mecenas (financiar y proteger a los artistas).

En un reciente estudio de la Generalitat de la Comunitat Valenciana, elaborado por Antonio Ariño y Ramón Llopis, se concluye que el 33 % de los valencianos pasa de la cultura, aunque el 56 %, no obstante, piensa que la cultura es importante. Según Ariño, “la revolución digital ha hecho que los bienes culturales pasen a estar en nuestro bolsillo”. Carmen Amoraga se encuentra “satisfecha” de alguna de las iniciativas puestas en marcha desde la Conselleria de Cultura. Hemos de entender que las ayudas a una Feria del Libro que cada año pierde más el pulso con la ciudadanía, o el fomento de Cinema Jove, con un contrato a su director Carlos Madrid que sugiere una apuesta cortoplacista, llenen de “orgullo y satisfacción” a la actual secretaria autonómica de Cultura y Deporte. Serán estos unos años fértiles para la cultura valenciana, pensaron muchos de los agentes culturales hace cuatro años.

Se han hecho cosas, por ejemplo, el Ayuntamiento de València ha generado ayudas de 150.000 € destinados a la programación de proyectos culturales sin ánimo de lucro y con carácter asociativo; Glòria Tello hace un llamamiento a la participación. Se recupera, también desde el Ayuntamiento de València, La Mostra, después de estar suspendida desde 2011 (en la 33ª edición se destinaron 40.000 € en premios, 72.170 € para la directora gerente Rosa Roig y 65.000 € más para Eduardo Guillot (vicedirector y responsable de programación).

Entonces, ¿por qué el ánimo de los personajes que forman el entramado cultural: artistas, escritores, galeristas, programadores, etc., está tan bajo? ¿Falla algo? ¿Qué haría falta?

ARÍSTIDES ROSELL. GALERÍA IMPREVISUAL

Siento la necesidad de preguntar a alguno de esos personajes cuál es su percepción, no quiero dejarme influir por mi escéptica visión del vaso medio vacío mientras escucho el aleteo de los patos y entiendo que ese ruido de pluma contra pluma lo emiten a modo de queja. Es por eso que me he acercado hasta la Galería Imprevisual (c/Doctor Sumsi, 35) y, además de disfrutar de una maravillosa exposición de carteles de cine cubanos, aprovecho para hablar con Arístides Rosell.

Arístides Rosell posa junto a una de sus obras y el volumen ‘El cartel. Revolución’. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

Lo encuentro hablando con el artista Vicent Marco sobre el seminario impartido en el Sporting Club Russafa por Marta Pérez Ibáñez “El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte”. ¿Es la cultura un comercio?, comentan. Arístides me dice que no le gusta hablar de datos económicos, así que comienza haciéndolo sobre los movimientos culturales que se generaron en los barrios a partir de 2006-2008:

–Había desidia y silencio cultural, desde 2008, y, concretamente, en el barrio del Cabanyal se genera una barricada cultural que no quiere dejar morir la arquitectura o la cultura; se genera una revolución cultural que llena de eventos la ciudad. A partir de la crisis emergen los movimientos culturales en los barrios (siguiendo la inercia del Cabanyal), los artistas se instalan en esos barrios y se generan interconexiones. Sin embargo, no existe comunicación directa con la Administración. No existe apoyo, que es algo que no tiene que ver con las subvenciones. Podríamos decir que hay una desidia cultural política.

No obstante –prosigue Arístides–, esos movimientos emergentes contra la voluntad política continúan con fuerza (Russafart, Russafa Escénica, Cabanyal Íntim, Ciutat Vella Oberta…). Creo que los políticos no han amparado a estos movimientos (por cierto, esto no es original de València, más bien es una dinámica internacional). Se han sacado subvenciones y líneas de actuación, pero en ningún caso se ha acompañado. Pienso que los políticos no estaban preparados. Solo se ha hecho un diagnóstico, pero nunca se vio a esos movimientos como aliados –Arístides acaba de hacerme de espejo. En su frente he visto volar también esos patos del Turia–.

Tiene que marcharse a una reunión en Buñol para preparar un festival. Me queda preguntarle si ve el futuro con escepticismo o con ilusión. Él responde rápido mientras recoge su bolso y se prepara para salir conmigo de su galería:

–Con ilusión, siempre hay que dejar un margen de actuación. Ya están los diagnósticos. Ahora,¿actuamos?

DANIEL GASCÓ. VIDEOCLUB STROMBOLI

Me alejo con la bicicleta y recorro migratoriamente la calle Centelles hasta mi nueva parada: el Videoclub Stromboli. Allí espero encontrarme a Daniel Gascó. Le abordo directamente; casi sin darle las buenas tardes, le pregunto su impresión sobre los logros culturales en estos últimos años. Comienza diciendo que no cree que haya un buen reparto de los recursos y que también se han producido situaciones injustas (como en el caso de La Mostra).

Daniel Gascó en las dependencias de su Videoclub Stromboli. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

–Parece que a veces lo social y lo democrático no tenga que ver con la cultura –continúa hablándome de la gran cantidad de acontecimientos que hay en València–. Estoy de acuerdo con Maite Ibañez en que hay mucha dispersión de la cultura en cuanto a número de festivales. Falta cohesión o recortar su número.

Le interrumpo diciéndole que quizá eso significaría ir a una política de grandes acontecimientos, de fotografía para artículo de prensa.

–Por ejemplo, el número de acontecimientos cinematográficos del año no se corresponde con la infraestructura. Creo que faltan salas. No todo puede ir a la Filmoteca, porque afecta a su normal funcionamiento –responde Gascó.

Mi hijo me enseña la película que quiere que alquilemos y me apremia a que acabe con mi charla, así que le pregunto directamente sobre cómo ve el futuro:

–València es una ciudad muy culta, por encima de los políticos que haya. Está dentro de la médula de la ciudad: gente que trabaja porque sí, una especie de voluntariado no remunerado, gente muy generosa. No creo tanto en los políticos. No pienso que dos o tres personas con poder puedan organizar culturalmente la ciudad. Son estas personas las que en ocasiones desestiman proyectos muy importantes. Lo hacen por miopía o por incapacidad, o porque sí.

Acaba con una frase que me deja pensando mientras pedaleo hasta mi nuevo destino:

–Hay militancia cultural.

INMA PÉREZ. LIBRERÍA DADÁ

Muevo los pedales con menos ganas que hace solo unas horas y no es que esté cansado, más bien es una especie de nube gris que ha comenzado a envolverme y que ha dejado un ambiente un poco pegajoso que no me permite pedalear libremente, aunque sigo haciéndolo hasta la calle del poeta Monmeneu, 18. Allí se encuentra el Espacio Paco Bascuñán y, de forma temporal, Inma Pérez ha desplazado dadaístamente parte de sus libros y de la Librería Dadá, en esa especie de éxodo forzado en el que se encuentra inmersa. La terraza interior rodeada de plantas es un lugar magnífico para conversar.

Inma Pérez durante un instante de la entrevista en el Espacio Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

No dejo pasar muchos minutos antes de abordar a Inma con la primera pregunta:

–Después de muchos años con gobiernos que no parecía que favoreciesen demasiado a la cultura, se recibió con mucha ilusión el cambio político en la Comunitat y en la ciudad; sin embargo, parece que la sensación entre aquellos que se dedican a la gestión cultural es que tampoco han cambiado mucho las cosas. ¿Cuál es tu percepción?

–(Sonríe antes de comenzar a hablar) Quizá esperábamos demasiado, teníamos muchas ganas de que los nuevos gestores, que conocían y nos conocían, pudieran cambiar las cosas –yo tengo la intención de no interrumpir su discurso, así que permanezco callado–. Han puesto en marcha iniciativas necesarias, pero, para mí, algunas cosas se han hecho sin contar con muchos de los que ya estábamos. No todos estamos agremiados o asociados, no todos tenemos la misma visibilidad ni los mismos medios, pero estamos trabajando también cada día en el sector y nos hubiese gustado formar parte de la elaboración de estrategias puntuales o de la redacción de diagnósticos sobre el estado de la situación, por ejemplo, pues nos afecta lo que ellos decidan.

(Asiento con la cabeza y dejo que continúe). Si queremos fortalecer el sector cultural, se debe abordar detectando los problemas desde la diversidad y la realidad de todos, teniendo en cuenta que lo que vale para uno no vale, seguramente, para los demás. Deberíamos dejar también de pensar en términos cortoplacistas y establecer medidas destinadas a que podamos crecer y consolidarnos, a medio y a largo plazo, teniendo en cuenta también que lo que vale para hoy quizá no valga para mañana. Muchos llevamos algunos lustros sobreviviendo– asevera.

Me gustaría hablar sobre los museos, concretamente sobre las librerías albergadas en el interior de los museos, así que comienzo diciéndole que cuando alguien viaja a diferentes ciudades de Europa y recorre sus museos se da cuenta de lo que significa tener una librería dentro de uno de ellos. Creo que su opinión es una de las más válidas en la Comunitat Valenciana para desvelarnos por qué, en València, independientemente del color político, no tenemos librerías de ese tipo. Inma, seguramente, ha tenido que contestar esta pregunta muchas veces (incluso a ella misma), por esa razón su respuesta salta como accionada por un mecanismo de muelles:

–Es algo complejo de explicar y daría para una charla –sonríe, nuevamente, y continúa con una explicación que intuyo será clarificadora–. En primer lugar, porque no hay demanda real. La mayoría de la gente que visita un museo espera comprar algún souvenir o merchandising, esperan encontrar eso porque es lo que ven en todos los lados. Este material cuesta mucho de producir y mucho más de vender porque las cifras reales de visitantes, que no asistentes, no mantienen un negocio vendiendo solamente postales o lápices, que es lo que casi todo el mundo quiere, algo que no sea caro. El gasto por visitante es muy reducido y el gasto que genera el negocio es más elevado, por eso se termina cerrando.

La venta de catálogos –revela–, además, es también reducida; se siguen regalando bastantes ejemplares, otros tantos terminan en algunas librerías a precios reducidos…, así que por una parte o por otra tampoco se genera demanda, salvo momentos puntuales y eso tampoco da para mantenerte. No olvidemos que, muchas veces, estos visitantes de museos se encuentran con puntos de información donde tienen de forma totalmente gratuita revistas, carteles…; y el paso por una tienda, o librería, es para mirar, porque ya han cargado previamente sin tener que pagar nada por ello –indica Inma Pérez.

Habla con rapidez y con fluidez. Pienso que cuando alguien ha vivido de cerca problemas similares se genera cierta empatía instantánea. No puedo dejar de pensar en el cierre de Le Petit Canibaal o en el necesario giro del proyecto Canibaal. Entiendo perfectamente de qué está hablando Inma y sé que no necesita que le diga que comprendo cada una de sus palabras. En ocasiones nos podemos permitir hablar con las miradas.

–En segundo lugar –prosigue–, porque la institución, la que sea, no siempre cree en la librería, en una librería. Se debe sacar rédito económico (totalmente de acuerdo y nada que objetar) con una licitación, atendiendo al negocio que alguien abrirá y los supuestos beneficios que éste obtendrá, por eso se licita con un precio que va al alza. Suele ser una licitación de duración muy reducida que, muchas veces, no permite amortizar inversión alguna, pues no solo compras material, también mobiliario, equipamiento diverso y quizá debes contratar personal; siempre está el riesgo de que cuatro años después decidan que, una vez terminado el contrato, quieran otro modelo de negocio y tú te puedes quedar compuesto y con una librería/tienda en marcha.

No hay estudios rigurosos –continúa– sobre el impacto económico de los visitantes, lo que no ayuda al que arriesga su capital, que se debe guiar por lo que pide la institución, o lo que le dicen los que allí trabajan, mayormente en las oficinas, pero que luego resulta que puede que no sea totalmente cierto. Se trabaja sobre expectativas, pero no sobre la realidad –asevera.

Mi hijo da vueltas por el patio y husmea entre las plantas, me pregunta si puede sacar la bolsa con sus piezas de Lego para entretenerse. Inma le mira de reojo y sigue contestándome:

–Una librería en un museo es un valor añadido, no debería ser sólo una tienda de souvenirs o un espacio que todo el mundo espera; y no es el mismo modelo de negocio, las librerías tienen márgenes comerciales prácticamente invariables y los precios de los libros son fijos y están regulados por ley, cuesta mucho producir beneficio económico. La librería genera comunidad, que se une a la del propio museo.

Apostar por un espacio así en las instituciones –mantiene– supondría cambiar los pliegos, para que fueran más ajustados a la realidad y más flexibles, pues todas y cada una de las decisiones que además se toman en estas instituciones repercuten directamente en el devenir de la implantación y consolidación de la librería. En un sólo año puede cambiar muchísimo el panorama, y por muchas razones.

Yo he estado 12 años en un museo –recuerda Inma Pérez–, durante un tiempo en dos, y los retrasos en la publicación de los catálogos, los cambios de dirección, la subida del precio de las entradas, la modificación del horario de apertura y hasta el cierre de la cafetería pueden repercutir directamente en tu negocio. Montar una librería en un museo debería ser una gran y magnífica oportunidad, pero en estos momentos es una auténtica locura –concluye.

Recuerdo las palabras de Arístides Rosell sobre los tiempos de diagnosis, así que decido hacerle una última pregunta a esta librera incansable:

–¿Crees que nos esperan otros cuatro años de diagnosis o quizá se pongan a trabajar en serio? Me refiero a si ves el futuro de la cultura con escepticismo o con cierta ilusión (Inma levanta la mirada con cierta pereza por responder a una pregunta que quizá se haya formulado demasiadas veces en las calles y en algunos espacios culturales).

–Ahora mismo tengo ante mí una situación muy complicada y solamente pienso en cómo salir adelante, así que quizá no esperaré nada de nadie para no sentirme defraudada o decepcionada.

Ojalá que lo nuevos gestores lo tengan claro esta vez y que lo podamos ver, porque ya no habrá margen para excusas y quizá no más oportunidades –confiesa.

Ha sido un día intenso: he recorrido carriles bici que antes no existían y me he podido acercar a espacios naturales, librería, galería y videoclub sin apenas salir de ellos. He estado en contacto con la naturaleza y disfrutado viendo a mi hijo pasarlo bien. He podido ver una València más amable para las familias y los niños y, para ser justos, cierta predisposición hacia la cultura, pero no puedo dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿es suficiente con tener una buena predisposición hacia la cultura después de haber cubierto una legislatura?

Puede que la política cultural sea como un elefante: grande y majestuoso, pero con movimientos muy lentos.

Detalle de un paseo elefantiásico por Bioparc. Fotografía: Ximo Rochera.

Ximo Rochera

Las Naves se llena de InCultura Fest

InCultura Fest
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Sábado 9 de abril, 2016, de 10.00 a 23.00h

La revista cultural Verlanga siempre ha tenido como objetivo, desde que nació, la defensa de la cultura lejos de propuestas elitistas o plomizas, porque entiende que dicha cultura «puede (y debe) ser divertida». Así que a punto de cumplir el tercer aniversario no ha tenido mejor idea que predicar con el ejemplo, salir del parapeto digital y montar un festival con el que pasarlo bien con los lectores y conciudadanos.

Eso es el InCultura Fest, que se celebrará el próximo sábado 9 de abril, en Las Naves desde las 10.00 de la mañana hasta las 23.00h. Un festival en el que se mezclarán todo tipo de formatos y disciplinas artísticas para que la sombra del tedio no se atreva a aparecer. Habrá comida y bebida para no tener que salir del recinto para nada, porque en ‘Verlanguistán’ tendrán de todo.

Inma Pérez, responsable de Librería Dadá, en InCultura Fest. Fotografía: José García Poveda.

Inma Pérez, responsable de Librería Dadá, en InCultura Fest. Fotografía: José García Poveda.

Cuatro serán los espacios que se habilitarán en Las Naves para el InCultura Fest: la Biblioteca, el Espai Mutant, su sala de exposiciones y el patio abierto. La Biblioteca acogerá todas las actividades de la mañana, de manera que el festival se abrirá con una mesa redonda que, bajo el título ‘Los oficios de la cultura’, reunirá al ilustrador Luis Demano, a la librera Inma Pérez (Librería Dadá) y a Meritxell Barberà, de Taiat Dansa, hablando sobre lo lícito de vivir de su trabajo, las dificultades para hacerlo y el mal que ha hecho que se relacionen sus oficios con el romanticismo aficionado.
Después, la poesía escénica de Jesús Ge (nada que ver con la típica imagen de alguien recitando unos versos) tomará el relevo. Ge es uno de los nombres de referencia, a nivel nacional, en esta disciplina y recientemente estuvo en México participando en el Festival Altavoz.

Helena Miquel, en InCultura Fest. Fotografía: Sandra Gross.

Helena Miquel, en InCultura Fest. Fotografía: Sandra Gross.

La mañana concluirá con uno de los platos fuertes del festival. Agrupados bajo el nombre ‘Singulares’, tres destacados profesionales compartirán con el público, de manera individual y en primera persona, aspectos relacionados con su trabajo y trayectoria. Serán: Manuel Jabois, ganador del Premio Nacional de Periodismo Julio Camba en 2003, Laura Fernández, una de las voces más personales de la literatura española, de clara influencia pop, y Helena Miquel, cantante y actriz, que formó parte de Facto Delafé y las Flores Azules (después Delafé y las Flores Azules) y sigue haciéndolo en el grupo Élena.
LN3 Espai Mutant

Esa joya de teatro multiusos que es Espai Mutant y que cumplió un año hace muy poco, será el protagonista de la tarde. Allí empezará la programación vespertina con una entrevista en directo. El periodista cultural Eduardo Guillot hará las preguntas y el actor y humorista Carlos Areces las responderá.  Una vez concluida la charla, se abrirá un turno de preguntas para el público.

Darío Adanti y Edu, de la revista Mongolia, en InCultura Fest. Fotografía: Nadia Tosi.

Darío Adanti y Edu Galán, de la revista Mongolia, en InCultura Fest. Fotografía: Nadia Tosi.

Lanuca serán los encargados de la primera actuación musical del día. Dúo valenciano con dos discos y una propuesta inclasificable en la que confluyen influencias de todo tipo y versiones muy sui generis de Bruno Lomas o Marisol.

El humor no podría faltar en un evento organizado por Verlanga. Y nada mejor que contar con dos especialistas para hablar sobre él. Darío Adanti y Edu Galán de la revista satírica Mongolia, reflexionarán, en voz alta, sobre sus límites, un tema de candente actualidad por increíble que parezca. Y a partir de aquí, la música, con Betacam, Las Kasettes y El Coleta. Los tres será la primera vez que se suben a un escenario en Valencia.

Chloes Clue. Generación Las Naves de Verlanga. Fotografía: Eva M. Rosúa.

Chlöe’s Clue. Generación Las Naves, de Verlanga. Fotografía: Eva M. Rosúa.

Sala de exposiciones

Será el tercero de los espacios del InCultura Fest. Allí se podrá visitar la muestra ‘Generación Las Naves’, que se inaugurará un día antes (viernes, 8 de abril) y estará abierta hasta el 1 de mayo. ‘Generación Las Naves’ es una sección de Verlanga, patrocinada por el centro del mismo nombre, por la que han pasado, y pasan, un buen número de creadores a los que les une su talento y el desarrollar su trabajo en Valencia.

La exposición recogerá a aquellos que desfilaron por la revista durante el año 2015. Son, por orden alfabético, Acapvlco, Sara Aloy, Chairyourlife, Chlöe’s Clue, Elena Cuadrado, Paula G. Furió, Nelo Gómez, María Gómez-Senent, David Gonher, Sara Luz, Marcos Martínez, Alba Prado, Cristina Reolid, Gloria Román, Guadalupe Sáez, Mamba Sansano, Antoni Sendra, Alberto Silla, Alex Tarazón, Anaïs Vauxcelles, Dolores Villar y Alejandro Zahínos. En total, más de veinte participantes que exhibirán sus obras. Música, ilustración, moda, fotografía, escultura, diseño, periodismo, cine, teatro, audiovisual, guión, dramaturgia, pintura…
Por último, en el patio descubierto de Las Naves, se instalará la oferta gastronómica, con opción vegetariana para quien así lo desee. El InCultura Fest cuenta con la colaboración de Cervezas Ambar, así que la buena cerveza también estará asegurada.

Lanuca. Imagen cortesía de InCultura Fest.

Lanuca. Imagen cortesía de InCultura Fest.

21 Le Mag, exaltación de Interferencias

Entrevista con Colectivo Interferencias
Publicación del nº7 de 21 Le Mag, revista de arte & cultura alternativa

Si debe implementarse la confección de un mapa cultural no ortodoxo del Principado de Asturias, con hechura análoga y pretensiones pedagógicas semejantes a los escolares mapas físicos y políticos de cordilleras, afluentes y capitales de la siderurgia (objetivo extrapolable por provincias, allende la calefacción de ateneos, casinos y museos de exaltación folclórico-regionalista), debe repararse, con fonética indubitable, en los vestigios -erigidos en acción plurimorfológica- que conforman más de dos décadas de trayectoria de Colectivo Interferencias, comandado por los gestores culturales Patricia Peláez y Xosé Mon González.

Alumbrado como incipiente programa radiofónico, Colectivo Interferencias ha promovido conciertos, ediciones musicales, exposiciones, ‘Proyecto Explora’, ‘Encuentros Anuales de Fotografía y Diseño Gráfico’, ‘Debates a Rojo’ y ‘Optika, Festival de Creación Audiovisual de Gijón’, entre otras iniciativas, que han logrado la compleja tarea de trascender y superar los lindes endogámicos y la pulsión/polución comarcal. De este modo, una de las vértebras que conforman el raquis de Interferencias y se erige en su capital sello de identidad se encuentra entre las páginas y el frontis de ’21 Le Mag’, revista de arte y cultura alternativa, que principia 2016 con la edición de su séptimo número y la diseminación por el planisferio levantino a través de los anaqueles de la librería Dadá.

Portada '21 Le Mag', obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de los editores.

Portada ’21 Le Mag’, obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de los editores.

¿Qué rigurosas novedades atesora el nuevo número de ’21 Le Mag’?

Las de siempre, para nosotros cada número supone una nueva aventura. Volcamos nuestro entusiasmo y devoción por la cultura y el arte alternativo. En este último, dedicamos la portada a Rubenimichi, cuya propuesta artística nos fascina. En las páginas centrales hablamos con ellos sobre espiritualidad ancestral, ritos y tabúes; la naturaleza en armonía con el hombre herético. En ‘21 Le Mag’ enfocamos las entrevistas desde una perspectiva personal, nada al uso. Esto queda reflejado también en la conversación que mantenemos con el artista Francisco Fresno. En esta ocasión, las Crónicas Bizarras profundizan en los detalles más oscuros y curiosos de internet, en un año en el que se cumple el 25 aniversario de su creación. Del resto contenidos, mejor… ¡os animamos a adquirir la revista y disfrutarla!

Tras 7 números editados, ¿consideráis a ’21 Le Mag’ un proyecto sólidamente encaminado? ¿Qué complejidades habéis afrontado desde el inicio?

En el momento en que decidimos asumir la producción de la revista de principio a fin, con total libre autonomía, garantizamos que ‘21 Le Mag’ dejará de existir cuando nosotros mismos lo consideremos. Pensamos que en el mundo editorial la mayor de las dificultades es aceptar tu proyecto tal como es, y obrar en consecuencia sin pretensiones, desde la honestidad. Nuestros lectores emocionalmente han captado esta filosofía que ha transformado a ‘21 Le Mag’ en algo más que una revista: una forma de canalizar inquietudes, sentimientos y reacciones en la sociedad de pensamiento único en la que vivimos.

Patricia Peláez, editora de '21 Le Mag'. Imagen cortesía de los editores.

Patricia Peláez, editora de ’21 Le Mag’. Imagen cortesía de los editores.

¿Cuál es el objetivo conceptual y a qué tipo de público se encuentra destinada?

Como decía George Orwell, “en tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. El reto que se nos plantea en el actual monopolio de la sociedad de la información es subsistir con dignidad, estableciendo nuevas vías de pensamiento. ‘21 Le Mag’ es un canal que posibilita la difusión de formas alternativas de entender y actuar ante los desafíos que la vida nos presenta día a día en todos sus aspectos. Nuestros seguidores tienen muy clara aquella máxima de Unamuno que defendía que “la libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. Sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba”.

Presumo que ser distribuidores de vuestra propia revista influye decisivamente en la selección de puntos de venta (y de un modo relevante fuera del Principado de Asturias). ¿Cuáles son vuestros criterios de discriminación positiva al respecto?

Como en cualquier relación el respeto mutuo es fundamental: podréis encontrar nuestra revista allí donde la consideración y confianza sea inversamente proporcional a la que nosotros dedicamos a cada librería, espacio cultural, galería… a las que nos dirigimos. Es un proceso en constante desarrollo, donde los vínculos que perduran se cimentan en sinergias y empatías.

Xosé Mon González durante la presentación del nuevo número de '21 Le Mag', en el Centro Niemeyer de Avilés. Imagen cortesía de los editores.

Xosé Mon González durante la presentación del nuevo número de ’21 Le Mag’, en el Centro Niemeyer de Avilés. Imagen cortesía de los editores.

’21 Le Mag’ se revela y consolida como un singular apéndice de Colectivo Interferencias, columna vertebral de vuestra actividad de gestión cultural. ¿En qué momento se gesta y qué proyectos habéis acometido desde entonces?

’21 Le Mag’ nace de nuestra pasión por el arte y la cultura, al margen de la necesidad comunicacional que experimentamos de forma perentoria. Cuando haces de tus gustos y pasiones un modo de vida cada detalle conforma un todo y cada proyecto encadena un nuevo propósito. Por ejemplo: los ‘Debates a Rojo’ surgen del sano hábito de presentar en vivo cada número de la revista.

Apuntáis sobre los ‘Debates a Rojo’ que «tienen el objetivo de propiciar el surgimiento de los procesos reflexivos de la ciudadanía y el despertar del espíritu crítico y participativo». A este respecto, ¿habéis debatido y obtenido un mapa/diagnóstico crítico emparentado con el ámbito de gestión cultural en el Principado?

Sí. En la primera edición de los ‘Debates a Rojo’ abordamos este tema: en este aspecto llegamos a la conclusión de que queda todo por hacer o más bien no se ha hecho nada al respecto. Pero esto a nosotros no nos influye; cuando proyectas tus inquietudes y emociones hacia el exterior no existen límites ni frustraciones. El error reside en el vicio de la práctica endogámica en el campo del arte y la cultura.

El artista Daniel Rod posa con un ejemplar de '21 Le Mag'. Imagen cortesía de los editores.

El artista Daniel Rod posa con un ejemplar de ’21 Le Mag’. Imagen cortesía de los editores.

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Jose Ramón Alarcón

 

“Queremos dar visibilidad a quien no la tiene”

Desayunos Makma en Lotelito
Con José Ramón Alarcón y Merche Medina, coordinadores de Russafa Book Week End, Eva Mengual, fundadora de La Seis Cuatro, y Marta Pina, de la Colección Pusilánime
Entrevista realizado por Vicente Chambó y Salva Torres, del equipo Makma

“Ha pretendido gestarse como un evento de referencia para el sector del libro”. Lo dice José Ramón Alarcón, quien junto a Merche Medina coordina Russafa Book Week End, la primera edición de una feria del libro que arranca el viernes con vocación de quedarse. Lo tiene todo para que así sea: una ubicación “idónea”, ocho librerías del “inquieto” barrio de Ruzafa (Gotham, Cosecha Roja, Kowalski, Slaughter, Le Petit Canibaal, Bartleby, Ubik Café, Camelopardus) a las que se suman otros espacios de la Comunidad Valenciana, y un sinfín de actividades complementarias, desde talleres, a conferencias, pasando por recitales de poesía, cuentacuentos, performances y conciertos. Las editoras Eva Mengual y Marta Pina participan en la feria. Reunidos en torno a un desayuno, nos hablan de la situación del sector del libro.

De izquierda a derecha, Marta Pina, Eva Mengual, Merche Medina y José Alarcón, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Marta Pina, Eva Mengual, Merche Medina y José Alarcón, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“El sector está enfermo de sector”

Russafa Book Week End nace “en busca de la especificidad, de la heterodoxia, tratando de ser lo más singulares posibles con el fin de reforzar una parte del sector que dispone de menos estructura, pero cuyos proyectos son interesantísimos”. Y a lo que dice Alarcón, añade Medina lo siguiente: “Valencia es una ciudad muy creativa a todos los niveles. Nosotros hemos detectado que hay menos visibilidad para determinadas publicaciones, tanto a nivel de librerías como de editoriales que apuesten por ellas. Esta feria lo que quiere es dar visibilidad a quien no la tiene”.

Y energía no les falta, sobre teniendo en cuenta, como apunta Alarcón, que “el sector está enfermo de sector, porque cuando hay mucha ortodoxia o un armazón pesado dificulta las cosas. Y poner en común a diferentes actores de un mismo espectro cultural es muy complicado”. Ellos lo han intentado montando un evento “integrador, no excluyente, ubicado en un barrio inquieto y de referencia como Ruzafa, pero que incluye a espacios de toda Valencia y del resto de la Comunidad Valenciana”, explica Medina.

Merche Medina, de blanco, y Eva Mengual, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Merche Medina, de blanco, y Eva Mengual, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

“Somos muchos pero en distintas direcciones”

Eva Mengual tiene la sensación de que en Valencia hay muchos pequeños editores haciendo cosas, pero que la mayoría no se conoce entre sí. “A veces tienes que irte a otras ferias de fuera para conocer a los de tu ciudad. También veo que hacemos muchas cosas, pero cada uno en una dirección. Si Russafa Book Week End sirve al menos para conocernos, ya es importante”. A Marta Pina lo que le gusta de este tipo de ferias “es el contacto con la gente, poder explicar de tú a tú en qué consiste un proyecto. También sirve para ver lo que hacen otras personas, qué temas tratan, qué medios utilizan”.

Russafa Book Week End se distancia de las tradicionales ferias de Viveros o de Gran Vía en que, además del libro tradicional, acoge otras publicaciones ligadas a lo que se llama Libro de Artista. “Llegamos a un espectro muy amplio, desde autoediciones a revistas pasando por fanzines, libros de infantil y juvenil o textos más específicos”, señala Alarcón. Y de nuevo el público. “Sobre todo queremos tener contacto con el público, que es lo que aviva el sector, más que la ataraxia de estar paralizados o acomodados”.

Marta Pina (izquierda) y Eva Mengual, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Marta Pina (izquierda) y Eva Mengual, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

“Un Libro de Artista no se comercializa como un libro”

Eva Mengual tiene muy claro que su trabajo está más cerca del mundo del arte que del mundo editorial. “Son obras de arte en forma de libro, por lo que no puedes comercializarlo como si fuera un libro tradicional”. Russafa Book Week End es un escaparate perfecto para este tipo de publicaciones. “Habrá un público diverso que se va a sorprender; hay una parte de descubrimiento”, comenta Alarcón.

Marta Pina cree que hay un resurgir del libro como obra artística y librerías que destinan un rincón a ese producto autoeditado. Eso sí, “muchas librerías quieren hacerlo, pero tampoco saben cómo tratar ese tipo de libros”. A juicio de Alarcón, ello se debe a que el librero “no suele ser un buen vendedor” de esa clase de publicaciones. “Suele ser una persona inquieta intelectualmente, pero no sabe vender; le falta chispa”.

De izquierda a derecha, Marta Pina, Eva Mengual, Merche Medina y José Ramón Alarcón, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Marta Pina, Eva Mengual, Merche Medina y José Ramón Alarcón, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Por eso Marta Pina prefiere otros medios de distribución. “Si exceptuamos Dadá, que cuida tu material y es muy ordenada, y un par de sitios más, mi experiencia con las librerías tradicionales no ha sido buena. Prefiero el tú a tú de las ferias”. Alarcón subraya que el canal de distribución tradicional “se alimenta de la novedad, de ahí que todo el fondo que tú atesoras se difumine por completo en esos espacios donde los libros apenas duran dos o tres semanas”. Pero no se resigna: “Sabemos que esos son los cauces, pero hay una responsabilidad última por nuestra parte en forma de acción, en lugar del inmovilismo”.

Imagen de los Desayunos Makma, desde el exterior de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Imagen de los Desayunos Makma, desde el exterior de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

“La feria tiene un componente educativo”

Y como la acción se demuestra andando, Merche Medina opina que esta feria viene a llenar precisamente ese hueco. “Sirve para encontrarse y aunar esfuerzos”. Entiende que el librero tradicional tiene “infinidad de propuestas además de la tuya, por lo que ahí se pierde la esencia del pequeño editor”. En cualquier caso, Russafa Book Week End, respaldada por la Generalitat Valenciana, pretende cubrir todo el abanico de publicaciones. “Las editoriales que tienen su distribución y las radicalmente independientes y cuyo radio de acción es mucho más limitado”. Para ello cuentan con la participación del Gremi de Llibrers, la Associació d’Editors del País Valencià, la Associació de Il.lustradors y la Asociación Valenciana del Cómic.

De izquierda a derecha, Marta Pina, Eva Mengual, Merche Medina, José Ramón Alarcón, Vicente Chambó y Salva Torres, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Marta Pina, Eva Mengual, Merche Medina, José Ramón Alarcón, Vicente Chambó y Salva Torres, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

También quieren que la feria tenga “un componente educativo”, tratar de “sensibilizar a la gente acerca de cómo se hace un libro, porque cuando lo saben, empiezan a valorarlo”. “No pretendemos hacer lo que en otros países llevan generaciones haciéndolo, pero hay que empezar poco a poco”, precisa Medina. Russafa Book Week End, del 17 al 19 de octubre, tiene mucho trabajo por delante. Seguro, también, que muchas ediciones para lograrlo. Hacía falta.

De izquierda a derecha, Merche Medina, Eva Mengual, José Ramón Alarcón y Marta Pina. Fotografía: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Merche Medina, Eva Mengual, José Ramón Alarcón y Marta Pina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Salva Torres

Mob Rule en la librería Dadá

Presentación del fanzine MOB RULE
Librería Dadá (MuVIM)
C/ Guillem de Castro, 8. Valencia
20 de diciembre a las 20h

«La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe.» – Roland Barthes

‘MOB RULE #1’ es un fanzine autoeditado enfocado a la realización de textos, ilustraciones y cómic, en el que participan dibujantes de tebeos e ilustradores de la escena local contemporánea. Entre los participantes del fanzine, se encuentran: Jorge Parras, Esteban Hernández, Carlos Santos, Pau Valls, Martin El Alegre, Elías Taño, Alejandro Alvarez, Ernest Graves y Álvaro Nofuentes.

El fanzine se centra en la vida del personaje Maximilien Conatus, quien, tras encontrar adecuado su planteamiento poético en prosa mal escrita, dedujo que si era capaz de mal hacer poesía, entonces también era igualmente capaz de entrometerse en la prosa y destruirla sin miramientos.

Portada y contraportada del fanzine MOB RULE

Portada y contraportada del fanzine MOB RULE # 1. Cortesía de Alejandro Álvarez

Viñetas del fanzine MOB RULE. Cortesía del MuVIM

Viñetas del fanzine MOB RULE #1. Imagen por cortesía de Alejandro Álvarez