MIM: una edición ambiciosa

27ª Muestra Internacional de Mim
Sueca, Valencia
Del 14 al 18 de septiembre, 2016

Una veintena de espectáculos, 4 estrenos absolutos y 7 estrenos en la Comunidad Valenciana conforman el cartel de la 27º Mostra Internacional de Mim (MIM), que se celebrará del 14 al 18 de septiembre y cuyas entradas saldrán a la venta una semana antes de lo habitual.

Una programación “muy ambiciosa, atractiva y completa” en palabras de su director Joan Santacreu, en la que más de la mitad de los espectáculos, 13, serán gratuitos. Diseñada para todos los públicos, el MIM contará este año “con la presencia de grandes nombres del teatro gestual como el de Clarie Heggen, figura clave del teatro de movimiento y discípula de Etienne Decroux, quien ofrecerá una clase magistral el día de la inauguración, o el del maestro del clown y Premio Nacional de Circo Leandre, referente en toda Europa por su capacidad comunicativa, que también se subirá el miércoles 14 a las tablas del Bernat i Baldoví con su espectáculo Rien à dire”.

El volumen de presentación de propuestas al festival ha aumentado considerablemente este año –más de 300 compañías concurrieron a la convocatoria- sobre todo las del ámbito internacional, lo que constata que el MIM despierta el interés de los profesionales del sector por toda Europa.

Nuevos vientos del teatro gestual

Estreno absoluto de esta mueva edición será Yllana 25, espectáculo con el que la compañía madrileña del humor gestual más irreverente, Yllana, regresa al MIM para celebrar su 25 aniversario con un montaje  que recoge  los mejores momentos de su historia. El marco del festival acogerá también el estreno de Metamorfosis, montaje artesanal de investigación escénica, basado en la novela de homónima de Kafka, producido por La Panda de Yolanda en colaboración con los Forman Brothers Theatre (Rep.Checa), La Protectora y el MIM. Realizada ex profeso para esta edición es también la acción itinerante El silenci de l’estima, producida por el MIM y del Taller Municipal de Teatre Sueca. Junto a éstos, el festival acogerá el preestrenode la Biblioteca de ruidos y sonidos, nuevo proyecto del escenógrafo José Antonio Portillo y el músico Enric Monfort, coproducido por el Institut Valencià de Cultura, que ofrece al espectador un viaje emocional al mundo de los sonidos.

Stoïk espectáculo de Cie Les Güms. Imagen Dominique Hogard.

Stoïk espectáculo de Cie Les Güms. Imagen Dominique Hogard.

El público del MIM podrá a su vez disfrutar, entre otros montajes, de 7 espectáculos que llegarán por primera vez a la Comunidad Valenciana: Solitudes de Kulunka Teatro (País Vasco);Mulïer de Maduixa Teatre (Sueca); Amour de Marie de Joghn i Teatro Arriaga (País Vasco); Inde la Cia ES (Cataluña); Lullaby de Cao à Chuva (Portugal); Transports Exceptionnels de la Cie Beau Geste (Francia); y Parfait Etat de Marche de la Cie 1 Watt.

El MIM de este año, como adelanta Joan Santacreu, contará con dos actividades muy distintas. Por su parte, el actor, creador, director teatral e integrante de la compañía francesa Théâtre du mouvement, Pau Bachero “impartirá un taller dirigido a profesionales y estudiantes de artes escénicas interesados en explorar nuevos caminos en los que el movimiento es fuente de creación dramática”. Y, por otra, los alumnos de la Escuela de Arquitectura y la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Valencia (EASD) “se unirán al MIM para realizar un proyecto de creación de un espacio efímero con materiales reciclados para la acogida y descanso del público y profesionales que visitan nuestro festival”. Este original proyecto, Construcciones efímeras, que se instalará en el primer piso del C.M. Bernat i Baldoví, se podrá visitar todos los días del festival.

La Mostra Internacional de Mim a Sueca es el primer festival español que se dedica anual y íntegramente al teatro gestual, –tanto en su faceta expositiva, para el gran público, como en la formativa, enfocada al ámbito profesional–, y, en su especialidad, está considerado como uno de los tres más importantes de Europa junto con el London Mime Festival (Inglaterra) y el Festival International de Mime Actuel de Périgueux (Francia).

 

La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

El ‘siete’ de Aranda en Imprevisual

Septies Septem, de Miguel Ángel Aranda
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 8 de mayo, a las 20.30h
Hasta el 22 de junio, 2015

“No me intereso solamente sobre el arte, sino que me intereso sobre la sociedad en la cual el arte no es más que un aspecto” (Robert Filliou)

Con la colección ‘Septies Septem’ Miguel Ángel Aranda (Córdoba, 1975) nos presenta siete series con un nexo, podríamos decir, mágico: siete pecados capitales, siete demonios, siete virtudes, siete notas musicales, siete mares, siete artes y siete colores.

'Gramática', de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

‘Gramática’, de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Toda la colección gira en torno a ese número sagrado que ya definió Pitágoras como el número perfecto. No es al azar la mágica presencia del siete en aquellos hechos que han explicado la historia de la humanidad. Este número tiene una apariencia más que curiosa en la vida de Aranda. Desde el número del autobús que nos deja en la puerta de su estudio, hasta los 77 peldaños que conducen hasta la entrada de éste que también muestra un pequeño número siete que nos recuerda que en ‘Septies Septem’ nada es al azar; tampoco el formato de las series es casualidad, 30X40 cm nos induce rápidamente a que tres más cuatro también suman siete.

En ‘Septies Septem’ Aranda nos muestra su visión estética e ideológica. Al igual que Robert Filliou no se interesa sólo por el arte, sino que lo hace también por la sociedad en la cual el arte no es más que un aspecto. Nos podríamos plantear, de la misma forma que Filliou, la posibilidad de cualquier hombre de ser artista poniendo en cuestión el narcisismo de éste y su pretensión de que se le distinga y se le reconozca como tal –algo que se puede observar en el cuento de Kafka ‘Un artista del hambre’. Estas siete series nos plasman la necesidad de Aranda de dejar clara esa intención. La concepción, en principio, caótica de las obras nos llevaría a reflexionar acerca del posicionamiento del artista en el entorno social en el que se encuentra inmerso. No es un simple “hacedor” y cada obra se convierte en un acto.

Obra de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

En todas ellas observamos un predominio del color sobre la forma, el artista se maneja con la desenvoltura de alguien que es consciente de cuál es su papel. Encontramos evocaciones a Malévich y el arte geométrico como en la serie siete colores, o al funk-art como en siete demonios, a Pollock y el expresionismo abstracto o incluso al pop-art como en siete notas; la presencia de collages y la inclusión de objetos que forman parte de algunas piezas nos recuerda las esculturas de Bruce Conner. Se produce en estas series una hibridación estilística, una fusión de diferentes estilos que inevitablemente hace que nos cuestionemos si se trata de un trasiego inconexo entre diferentes corrientes artísticas, que históricamente se mostraron como antagónicas, o si por el contrario es una búsqueda constante de la contradicción, de la amalgama entre la low culture y la high culture.

'Música' de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

‘Música’ de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Llama la atención en Aranda esa aparente falta de disciplina que está presente en toda su obra. Lo indisciplinar, la indisciplina es consubstancial a la práctica artística, en la medida que ésta no está asociada a lo normativo. De alguna forma es una rebelión contra la academia. El arte, en todas sus expresiones ha dado muestras de ello; desde el poeta visual y artista Joan Brossa –autor indisciplinar por excelencia–, el artista Tadeusz Kantor, el director de cine Jean Luc Godard, el escritor Julio Cortazar o el músico Carles Santos. En todos ellos la indisciplina está sometida, de una forma muy marcada, a la disciplina.

Nos podríamos plantear qué es arbitrario y qué está justificado en la obra de Aranda; la inclusión de objetos encontrados, desde partituras de música, pasando por piezas de un violín hasta collages que permiten al artista mostrar la inmediatez de lo real. En la mayoría de las piezas podemos encontrar referencias que muestran la tensión del artista con la disciplina propia. Al adentrarnos en cada una de ellas nos enfrentaremos con un universo personal muy particular con el que conectaremos como si estuviésemos sometidos al embrujo de ese número siete.

Obra de Miguel Ángel Aranda. Imprevisual Galería.

Obra de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Ximo Rochera

¿Somos todos hombres grises?

El hombre gris, de Cayetano Ferrández
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

“Todos somos hombres grises. Yo, el primero”. Cayetano Ferrández trabaja en la banca (“ahora tan mal vista”), donde asume una labor “monótona, aburrida”. He ahí el hombre gris al que alude de múltiples formas y maneras en su exposición en el Centro del Carmen, titulada, cómo no, ‘El hombre gris’. Pero resulta que ese hombre gris sale de su trabajo, se quita el anodino traje que le angustia por dentro, y se lanza a reproducir como un poseso la serie de figuras, convertidas en personajes de desgarradas historias, que al modo de “madelmans tuneados” le ayudan a quitarse tanto pesar de encima.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Todo ese existencialismo gris, comisariado por José Luis Pérez Pont, se muestra entre penumbras, para que la escasa luz revele aspectos esenciales de esa angustia que palpita en cada una de las obras de Ferrández. “Reflejo mi forma de entender la vida”. Y la entiende gris, porque ya sea el poder (y señala su figura ecuestre) o el dinero (en forma de dólar que estrangula a uno de sus personajes) así nos lo hacen saber. “Pongo el acento en las personas que nos manejan y nos utilizan”. También lo pone en el “engranaje social al que nos vemos abocados”.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Y de esos hombres grises está repleta una de las salas del Centro del Carmen, ya sea arrastrando pesadas carretillas, caminando sobre cabezas, congelados, como marionetas o presos de la propia mente. Figuras convertidas en personajes que le sirven a Ferrández “para contar historias”. Historias que Pérez Pont relacionó con la sociedad de consumo, la crisis y el poder, y que el artista extendió “a la totalidad de la civilización y la gente”.

El existencialismo de Cayetano Ferrández se nutre de ese “sistema social que nos oprime unos a otros”. Pero también del Freud que señala al propio sujeto como enemigo de la civilización, en tanto habitado por una pulsión de muerte autodestructiva. Energía que prolifera en la sociedad de Internet. “Hay tantas voces y tanto murmullo que ya no sabes lo que está bien y lo que está mal”, reduciéndolo todo “a una especie de sordera”.

El hombre gris, de Cayetano  Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

‘El hombre gris’ aparece replicado en el Centro del Carmen metamorfoseado en las múltiples caras kafkianas del tedio y la violencia, haz y envés de esa triste grisura. Fotografías, esculturas y videos que sirven al artista para enjugar su angustia y, de paso, conectar con la del espectador. “Si la exposición conmueve, entonces la comunicación es perfecta”. Y conmueve. Conmueven esas figuras que juegan a las sillas, a competir, a martirizarse unos a otros, a doblegarse por el peso de un poder inmisericorde.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

¿Le queda alguna salida al hombre gris? ¿Alguna salida que no sea asistir impávido a su propia esclavitud, antaño forzada y hoy enteramente asumida por el narcótico del consumismo? “Ser consciente de ello ya es suficiente”, subraya el autor de tanta figura gris. Y añade: “Lo que es un impedimento puede ser también lo que te impulsa”. La figura del ‘cucurucho volador’, hombre que parece precipitarse al vacío con un gran helado a su espalda, sería ese signo esperanzador, “de lucha por salir de la situación”. Frente al horror, la ilusión por toda mochila.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

“Vivimos en un país de trincheras”

La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez
Editorial Almuzara
FNAC de Valencia
C / San Agustín, 2. Valencia
Presentación: jueves 12 de febrero

Santiago Álvarez forma parte del núcleo duro de Valencia Negra. Junto a Jordi Llobregat, Marina López y Bernardo Carrión ponen en marcha cada mes de mayo un encuentro que este año llega a su tercera edición y que cada vez gana más presencia y peso en el intenso calendario negro de la geografía española.

Arropado por su conocimiento del género, Álvarez irrumpe en la palestra con ‘La ciudad de la memoria’ (Editorial Almuzara), una historia que trasciende el relato detectivesco y que rinde homenaje a la ciudad de Valencia donde se desarrolla la acción.  Berta Valero, una universitaria ingenua que pasa por apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación de Mejías, un extravagante detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa.

Ambos indagarán un extraño caso que involucra al poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen o aparentan  desconocer. El autor y Ramón Palomar presentarán en libro el 12 de febrero  en la FNAC.

Santiago Álvarez, autor de 'La ciudad de la memoria'. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Todas las historias tienen un germen o semilla. ¿De dónde surge la suya?

Vivimos en un país de trincheras, donde nos vemos abocados a elegir un bando, cavar hondo en nuestro puesto y disparar al contrario con todo lo que tengamos. Decidí crear a Mejías como un hombre en tierra de nadie, que se niega a luchar en la guerra de otros y sobrevive esquivando las balas porque se resiste a arrojarse al suelo. También se abordan otros temas como la carga del pasado, nuestro gastado concepto de lo que es real y lo que es verdad. Básicamente, escribo para poder ordenar un poco lo que nos rodea y tratar de comprenderlo. Creo que el detective es el arquetipo perfecto del investigador del ser humano.

¿A qué estirpe detectivesca pertenece Mejías?

Mejías es un heredero directo del Bogart de ‘El Sueño Eterno’ o ‘El halcón Maltés’. Del mismo modo que Alonso Quijano es perturbado por la continua lectura de novelas de caballerías, el cine negro de los cuarenta y cincuenta ha dejado una marca profunda en mi detective. Claro que pretender ser Humphrey Bogart en nuestros días resulta bastante complicado, y eso es origen de múltiples conflictos.

¿Hasta qué punto se ha inspirado en la corrupción reinante para tejer la trama?

En los últimos meses la palabra corrupción nos asalta cuando hablamos de la actualidad, nos rodea por todas partes, nos enfurece. Pero no todo lo que podemos escribir sobre el ser humano de nuestro siglo es eso. Terminé mi novela hace un par de años, cuando este ruido era algo más tenue, y más que la corrupción pretende explorar ese lado oscuro que todos tenemos y que puede activarse si le damos la oportunidad. Los peores delitos del ser humano no suelen salir de su bolsillo sino de las pasiones, emociones que no nos dejan atrás. En ‘La ciudad de la memoria’ existe el remordimiento, el odio y la venganza a través de las décadas, con una intensidad que solo solemos atribuir a los animales.

Portada de 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

Portada de ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

¿A qué atribuye el boom que vive la novela negra?

Los lectores actuales vivimos bombardeados y preocupados por la actualidad que nos rodea. Nos cuesta marcharnos a lugares fantásticos o a épocas remotas. Hoy día parece que tiene más sentido pulsar la realidad contemporánea de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, de esa parte de nosotros de la que no podemos estar orgullosos. Por otro lado, la novela negra no se ha ido nunca: lleva a nuestro lado desde la Transición. Los elementos de suspense, crimen, los arquetipos noir no han caducado tampoco y son muchos los géneros que son permeables a ellos. Me parece que vivimos ahora un boom como el de la novela histórica hace 10 o 15 años, y que ahora agoniza. La novela negra está en pleno apogeo y, por lo tanto, es ahora cuando puede mostrar indicios de decadencia. Si el género pierde la autenticidad, si lo domesticamos para aprovechar su tirón comercial acabaremos reventándolo. Y me temo que eso pasará, quizás en seis o siete años, porque es difícil imaginar que las editoriales opten por una alternativa, que sería darle un toque de normalidad que alargue su vida y seleccionar la etiqueta noir con cuidado para no confundir.

¿Cómo ha tratado Valencia de telón de fondo?

Valencia es un personaje más de mi novela. Yo soy murciano y resido aquí desde hace 15 años. Descubrí esta ciudad de golpe, en tiempos de bonanza y lo que más me gustó fue la importante carga histórica que arrastra. He respetado a la ciudad como es, pero he tratado de incorporar un matiz distintivo, se trata de la Valencia de Mejías, que incluye escenarios modernos como la Ciudad de las Ciencias pero también edificios históricos como la Lonja y huellas del pasado como nuestro rastro. La confluencia de lo moderno y lo antiguo, con sus miserias y alegrías. Como diría Mejías: “Amo esta horrible ciudad”. Por algo será.

¿Quiénes son sus maestros?

Me interesan mucho Melville, Dostoievski y Kafka. De la novela negra soy devoto de Jim Thompson, admiro profundamente su comprensión de la sombra que habita en cada uno de nosotros. De Tolkien he aprendido el gusto por las palabras como proveedoras de una historia y el concepto de mundo secundario no como evasión, sino como lugar donde ser forjado y aprender. De Paul Auster envidio su dominio del tono de la narración, de una voz sin estridencias que puede conducirnos a rincones insospechados. Y Chuck Palahniuk me parece un moderno removedor de conciencias al que todos deberíamos consultar de vez en cuando.

Santiago Álvarez. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

La metamorfosis del IVAM

Programación 2015 del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia

Más que kafkiana y literaria, la metamorfosis del IVAM, anunciada por su director José Miguel G. Cortés, tiene que ver con la filosofía de la deconstrucción. “No es una orilla que se abandona”, ni tampoco “una corriente que arrastra y empuja”, sino que, en todo caso, son “muchos empujes y tracciones”, que diría Lyotard. O por decirlo en palabras del propio Cortés: “Se basa en el concepto fundamental de tránsito y de transformación en la manera de entender las prácticas artísticas”. Ninguna orilla a la que llegar, sino el permanente vaivén entre prácticas y lugares.

Obra de Gillian Wearing, artista que forma parte de la programación para 2015 en el IVAM.

Obra de Gillian Wearing, artista que forma parte de la programación para 2015 en el IVAM.

Y así, ‘En tránsito’, es como arrancará la programación del IVAM en 2015, con una exposición de 60 obras de la colección del museo (convertida en la fuente a exprimir), de artistas como Genovés, Yturralde, Richter o Cristina Iglesias y con formatos diferentes: pinturas, dibujos, esculturas, fotografías, videos e instalaciones. Un gran cartel en la fachada del museo valenciano, anunciando con esas palabras de ‘En tránsito’ la “mutación” que irá produciéndose en el IVAM durante los 365 días del año, reflejará esa ‘deriva’ establecida por Cortés al frente del museo que hasta hace bien poco lideraba Consuelo Císcar.

Aprovechando la cita de Antonin Artaud, que Cortés utilizó para abrir su libro ‘Orden y caos’, “no hay nadie que haya jamás escrito, o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno”. El tránsito, transformación o metamorfosis del IVAM pensado por su nuevo director no es que pretenda salir de ningún infierno, pero sí parece ideado para no tener que entrar en ninguna categoría específica, sino en todas a la vez. Por eso la programación se plantea en “cinco ejes básicos”, que van de lo global a lo local, de lo moderno a lo contemporáneo, de la colección a las más variadas exposiciones. “Diferentes lenguajes artísticos”, puesto que “no existe un lenguaje artístico superior a otro”. Siempre en tránsito, en transformación, a la deriva, entendida en el sentido deconstructor.

Obra de Martha Rosler, artista integrada en la Programación del IVAM para 2015.

Obra de Martha Rosler, artista integrada en la Programación del IVAM para 2015.

De la relación entre lo global y lo local se ocupará, de inicio, la exposición ‘Martha Rosler y Josep Renau’. Propuesta mediante la que se pretende contraponer la visión que de la guerra tienen ambos artistas: Renau, con respecto a los conflictos bélicos cuya perspectiva desarrolló en los años 60, y Rosler, en relación con la guerra de Irak. La obra de la artista británica Gillian Wearing se encargará de mostrar las vinculaciones entre lo moderno y lo contemporáneo, tal y como sucederá con la muestra ‘Colectivos artísticos en la Valencia bajo el franquismo’, con trabajos de Estampa Popular, Equipo Crónica o Equipo Realidad.

Obra de Josep Renau, artista incluido en uno de los ejes de la programación del IVAM para 2015.

Obra de Josep Renau, artista incluido en uno de los ejes de la programación del IVAM para 2015.

La mezcla de lenguajes artísticos irá de la mano de las exposiciones de Francesc Ruiz y de Rogelio López Cuenca. Del primero, Cortés destaca lo siguiente: “Me interesa por cómo se sitúa entre el dibujo, la pintura y el cómic para hacer una obra personal”. El segundo, que se encargará de realizar un mapa de Valencia, “específico y subjetivo”, es un artista crítico con las instancias del poder. El IVAM, ahora en tránsito, se amolda a ese carácter movido de su pensamiento multidisciplinar.

Profundizar en la obra de los artistas de la Colección del IVAM es otro de los ejes previstos. ‘Cuerpo y espacio en Bruce Nauman’ y ‘Antoni Muntadas y los mass media’ son dos exposiciones que irán en esa dirección. Como irán en la dirección de explotar la colección del museo, las muestras en torno a Julio González y las vanguardias históricas, ofreciendo una relectura a partir de una selección de trabajos. Cinco ejes para una programación en tránsito, en permanente transformación, alejada de cualquier orilla.

Obra de Martha Rosler, artista que forma parte de la programación del IVAM para 2015.

Obra de Martha Rosler, artista que forma parte de la programación del IVAM para 2015.

Salva Torres

Tras el rastro parisino de Cortázar

Diario de París, de Miguel Herráez
Editorial Trea

Hay que haber alcanzado la cima de la madurez y asentarse sobre una sólida carrera literaria para permitirse el lujo de escribir un libro como éste. ‘Diario de París’ con 26 notas a pie, de Miguel Herráez, combina las rutas por el París de Cortázar con una serie de evocaciones íntimas de su propia infancia en Valencia. Londres, Nueva York, Moscú, San Petersburgo, Praga y Buenos Aires también aparecen en esta selecta guía para viajeros sin prisas, que recorren las ciudades en busca de las huellas que dejaron en ellas grandes escritores.

Miguel Herráez, autor del libro 'Diario de París', de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Miguel Herráez, autor del libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Publicado por el sello Trea, que acaba de recibir un premio nacional a su labor editora, el libro es fruto de las numerosas visitas de Herráez a la École Normale Supérieure de París y otros de sus trayectos por el mundo. Catedrático de Literatura Española de la Universidad Cardenal Herrera, es uno de los grandes expertos en Cortázar, con tres estudios en su haber, y autor de numerosos ensayos y novelas.

“A Julio Cortázar se le suele ligar siempre a la orilla izquierda, el Barrio Latino hasta Montparnasse”, dice Herráez. “Pero también le gustaba mucho el París del norte, justamente donde vivió la última etapa de su vida, en la rue Martel. La zona de los pasajes, los grandes bulevares, los alrededores del canal de Saint-Martin, L´Arsenal. Es inevitable caminar, por ejemplo, por la galerie Vivienne y dejar de percibir que es atmósfera cortazariana por su cuento ‘El otro cielo’, o, por supuesto, el Pont des Arts con todas las referencias a Oliveira, la Maga, de ‘Rayuela’.  En mi libro establezco varios espacios Cortázar, que son esenciales para situar su vida y obra”.

Buenos Aires es otra de las capitales más literarias para Herráez, y también Londres, que conecta en su libro con George Orwell y los bombardeos alemanes, el blitz del 41. “Me seduce mucho ese fenómeno, que es una tragedia, precisamente por su componente literario. Del mismo modo, cómo despegar la ciudad de Praga de lo que implicó en primer lugar la figura de Kafka, o El Golem, del austríaco Gustav Meyrink”.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro 'Diario de París', de la editorial Trea.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Memoria de ayer

Intercaladas con las rutas de ciudades lejanas, la de la ciudad propia, Valencia en la que nació, vive y escribe. “Ando mucho por Valencia, y lo único que han cambiado sustantivamente desde mi infancia son los nombres de algunas calles”, dice Herráez. “Sigo viendo los bares, cines y los comercios de entonces. Es un ejercicio agridulce, como diría David Le Breton. Quizá tenga también ya su buena carga de nostalgia. Confieso que me sobran palmeras. En mi infancia prevalecían los plátanos, que me agradan más”.

Según el catedrático y escritor, “el imaginario de una ciudad se construye a base de capas, de miradas literarias. Lo que vemos de una ciudad no es la ciudad real, sino la que han visto otros, y que nos la han trasladado por medio de un discurso. Por eso cuando caminas por primera vez por Nueva York tienes la sensación de que ya has estado antes”.

Max Aub, Baroja, Azorín, Ferran Torrent, Josep Francesc Mira o  Manuel Vicent. Son algunos autores que han contribuido con sus libros a recrear una imagen literaria y a la vez reconocible de Valencia, que Herráez ha plasmado en su exquisito y sosegado paseo. En cuanto a la memoria de Blasco Ibáñez, considera que  “se halla muy presente y sobradamente rentabilizada. No es un nombre que decaiga”, concluye.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Bel Carrasco

Trazas, la materia se resiste

Trazas, exposición colectiva de obra gráfica
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 12 de octubre

La ‘arqueología industrial’ de Antonio Alcaraz pugnando con ‘el proceso’ kafkiano de Alejandro Rodríguez. O ‘el supermercado de las emociones’ de Óscar Mora librando similar batalla con ‘el proyecto para prisión abandonada’ de Patricia Gómez y María Jesús González. He ahí las diferentes huellas o rastros a seguir de la exposición ‘Trazas’, conjunto de obra gráfica de 18 artistas comisariada por Juan Bautista Peiró que se muestra en el Centro del Carmen.

Obra de Antonio Alcaraz en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Obra de Antonio Alcaraz en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Hablamos de propuestas diferentes que se relacionan entre sí por el vínculo de la materia que se resiste. Todas esas huellas, que los diferentes artistas de ‘Trazas’ representan en sus obras, evocan los sucesivos intentos por domeñar la materia y las igualmente continuas resistencias de ésta por escapar a la racionalidad de quien se atrevió con ella. El paisaje industrial de Alcaraz, pensado en su día para seguir desarrollando cierta productividad, se yergue de pronto autónomo, mostrando lo real de sus estructuras abandonadas.

Obra de Marta Blasco en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Obra de Marta Blasco en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Lo mismo le sucede a los trozos de muro sobre tela negra de Gómez y González, vestigios de una prisión que encerró a los hombres culpables de violar ciertas leyes, para exhibir su lacerante materia. Los siniestros rostros de Alejandro Rodríguez van en esta misma dirección mortificante, que Óscar Mora ironiza con sus 600 cajas de cartón de serigrafía estampada, antesala de aquella materia convertida en banal espectáculo.

Obra de Patricia Gómez y María Jesús González en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Obra de Patricia Gómez y María Jesús González en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

‘Trazas’ es una exposición de obra gráfica que delata ese vaivén de la modernidad impulsora del orden racional que, a modo de reverso, muestra las huellas de la materia que se resiste a ser configurada bajo estrictos parámetros lógicos. Por eso hay xilografías, grabados, papel tallado a mano, serigrafías, instalaciones y proyecciones mostrando, desde diferentes puntos de vista, esa constante relación entre la materia sometida y su huella como depósito de rastros más profundos.
Jonay N. Cogollos recoge esas huellas en su ‘Street marks’, conjunto de 24 piezas que tomando a la calle como referencia evoca signos de pinturas ancestrales. Eva Mengual y Laura Pilar Delgado se hacen eco de ciertas huellas negras derivadas de cierta impresión, en el doble sentido del material que sirve de base expresiva como del impacto que provoca su rastro. Rubén Martínez convierte el ‘EON’ en la proyección de magmáticas formas, que Miguel Ángel Ríos transforma en abstractos cuadros mediante el grabado calcográfico.

Obra de Jonay N. Cogollos en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Obra de Jonay N. Cogollos en la exposición Trazas. Centro del Carmen.

Marta Blasco toma el cuerpo semidesnudo de una joven para mostrar de forma velada su figura, próxima a desintegrarse en el fondo matérico del que parece proceder o a punto de ser engullida por él. Los ‘tres cuerpos, tres tumbas’ de Rosell Meseguer, junto a sus 21 piezas de grafito sobre papel, siguen el mismo rastro de esa materia resistente al servicio de su instrumentalización simbólica.
Manuel Blázquez, Frédéric Coché, Altea Grau, Susana Guerrero, LUCE, Rubén Martínez y María José Planells muestran diversas formas de acceder a esa huella de lo humano, a veces demasiado humano, en combate con la naturaleza interior y exterior que nos conforma. ‘Trazas’ que merece la pena rastrear para que ‘el supermercado de las emociones’ que Óscar Mora revela adquiera el estatuto superior del sentimiento no fingido.

Instalación de Óscar Mora en la exposición 'Trazas'. Centro del Carmen.

Instalación de Óscar Mora en la exposición ‘Trazas’. Centro del Carmen.

Salva Torres

El Cuaderno Rojo: ¡Échame un cuento!

Del Loco al Mundo, de El Cuaderno Rojo
Editorial Acen

Videntes, pitonisas y echadores de cartas proliferan por los canales de televisión y en consultorios de todo tipo. ¿Falacia, superstición, superchería? Se crea o no en el poder mágico y adivinatorio de las cartas del Tarot lo cierto es que poseen un sentido simbólico. Representan los arquetipos esenciales y las fuerzas del destino que gobiernan la condición humana. Una materia de inspiración muy jugosa que el colectivo de escritores valencianos  El Cuaderno Rojo (ECR) eligió como tema de su segundo libro de relatos, ‘Del Loco al Mundo’ publicado por Acen.

“Escogimos las cartas del Tarot por una cuestión numérica”, dice Bernardo Carrión, coordinador del libro y autor de uno de los relatos. “Somos 22 miembros y buscábamos algo de 22 elementos, y mira por dónde, el tarot tenía esa cifra. Son 22 arcanos mayores, numerados de I al XXI, más El Loco, que es arcano mayor pero no tiene número. Por eso el título, ‘Del Loco al Mundo’, El Loco es el número cero y El Mundo el XXI”.

Portada de 'Del Loco al Mundo', de El Cuaderno Rojo. Editorial Acen.

Portada de ‘Del Loco al Mundo’, de El Cuaderno Rojo. Editorial Acen.

“El Tarot es un juego de naipes compuesto por 22 Arcanos considerados mayores y cincuenta y seis menores: 78 en total”, escribe en el prólogo la tarotista Mila Villanueva. “En cada uno de ellos podemos reconocer un arquetipo y, al mismo tiempo, todos ellos se han utilizado como cartas de juego o instrumento de adivinación. (…) “Ya Raimundo Lulio fundamenta su Ars Magna (1290) en el Tarot; y desde Petrarca hasta Fernando Arrabal, pasando por Yeats, Elliot, Kafka, Panero o Isabel San Sebastian, muchos otros han utilizado este juego como fuente inspiradora”.

Entre los autores destacan firmas ya consolidadas, como Vicente Marco, Sebastián Roa, Marta Querol o Miguel Ángel Badal, junto a otras de autores noveles. Todos se inspiran en una de las figuras del tarot para dar rienda suelta a su imaginación.

“Se repartieron las cartas a pura suerte”, indica Carrión. “Cada uno de los autores debía documentarse para que su historia tuviera como hilo conductor, como inspiración o como protagonista el arcano correspondiente. Cada arcano tiene su historia, que puedes encontrar fácilmente en Internet”.

‘Del Loco al Mundo’ es el segundo libro de ECR,  un grupo de creación literaria nacido en 2009. “Nos conocimos en el taller de escritura de Antonio Penadés, que aún se imparte y que este año ha cumplido ya su novena o décima edición. Muchos de esos alumnos hicimos un segundo taller con Santiago Posteguillo y antes de acabar ese taller nos constituimos como grupo en Yahoo. Los nueve del primer ECR acabamos el taller y poco después el grupo aumentó a 11 personas”.

Como colofón a aquella etapa publicaron su primera antología: 11 monstruos por encargo, también editada por Acen. Cada uno escribió un relato sobre el fenómeno de los monstruos. Tras ese libro el grupo se abrió a otros escritores que participaban en las actividades que se organizaban en Bibliocafé: tertulias, liturgias del escritor, mesas redondas. Hace un año el grupo se amplió a 22 y  ahora publica, también en Acen, esta nueva antología que ha duplicado el número de relatos con respecto al anterior. ECR ya tiene un par de proyectos de nuevas antologías en marcha, puesto que hay otras editoriales interesadas en publicarnos.

El libro se encuentra en el Museo L’Iber de Soldaditos de Plomo, en la calle Caballeros.

Artistas valencianos del colectivo El Cuaderno Rojo. Imagen cortesía de la agrupación.

Artistas valencianos del colectivo El Cuaderno Rojo. Imagen cortesía de los autores.

Bel Carrasco

Hitchcock, de sombras por Valencia

Hitchcock’s shadows, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta septiembre

Los “artistas de la ansiedad”, como llamaba el cineasta François Truffaut a Kakfa, Dostoievski, Poe y, por supuesto, Alfred Hitchcock, no ayudan a vivir a la gente, “pues su vida ya es de por sí difícil”, pero a juicio del director francés “su misión consiste en obligarnos a compartir sus obsesiones”. Que es lo que hace Luis Rivera en la galería Alba Cabrera: acercarnos mediante casi medio centenar de piezas el universo fílmico del maestro del suspense para que comprendamos sus obsesiones: las de Hitchcock y las propias del artista.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Compartir sus obsesiones era, para Truffaut, la mejor manera de ayudar a conocernos, “lo que constituye un objetivo fundamental de toda obra de arte”. Luis Rivera, más humilde en sus pretensiones, muestra en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ (Las sombras de Hitchcock) las luces (imprescindibles para recrear el oscuro trasfondo del cineasta) y las sombras de un creador inimitable. De hecho, las sombras, a las que alude el título de la exposición, están provocadas por la luz impactando sobre las piezas de madera que Rivera ha diseñado. Sin embargo, paradójicamente, fueron las sombras las que determinaron el carácter abstracto de las piezas.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“Primero creo la figuración, a partir de fotografías, y luego voy depurando la imagen hasta quedarme con los menos elementos posibles que sirvan para entender la pieza abstracta”, explica Rivera. Ese diálogo entre lo figurativo, proyectado a modo de sombras contra la pared, y lo abstracto, que aunque en primer plano salió posteriormente a modo de caligrafías o diseños extraídos de ese fondo figurativo, es el que permite a Luis Rivera hablarnos del Hitchcock más oscuro mediante series de color.

Es como revisitar el universo del autor de Psicosis a la luz del mediterráneo, cuyo mar aparentemente dócil suele resultar traicionero. Como Hitchcock. “Tenía su lado oscuro; él ya era tenebroso”. Y Luis Rivera alude al comportamiento que tenía con sus actores y al suspense de sus mordaces películas. El juego plástico entre el blanco y negro y el color también está muy presente en la exposición, toda ella configurada con piezas de madera intervenidas con acrílico, nogalina e hilo de nylon. “Reivindico la madera, no la trato de ocultar”. De ahí los marcos limpios, desnudos, revelando esa madera de la que se sirve para mostrar los sueños y pesadillas de Hitchcock.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Los pájaros, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones, Vértigo, La ventana indiscreta, Crimen perfecto, El hombre que sabía demasiado, Encadenados, Marnie la ladrona. Y Tippi Hedren, Janet Leigh, Anthony Perkins, Grace Kelly, Cary Grant, Kim Novak o James Stewart. Secuencias de películas y rostros de actores llenan la galería Alba Cabrera a modo de gran plató cinematográfico, repleto de sombras y luces que inciden sobre las piezas de madera para revelarnos el trasfondo oscuro del maestro del suspense.

‘Hitchcock’s shadows’ es una exposición repleta de pequeños detalles abstractos, extraídos, tras una lenta y gradual depuración, del sombrío universo de un director que buscaba el máximo de efectos con el mínimo de elementos. Rivera, apasionado del cine y de Hitchcock, sigue esa máxima para crear figuras reconocibles dentro del imaginario cinematográfico, a partir de su reverberación abstracta plena de color y de detalles. Luis Rivera utiliza la abstracción para crear una figuración sombría que, a su vez, sirvió de estímulo para la creación de sus abstractas piezas. Una circularidad manierista, propia del gran maestro del suspense.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows' en la galería Alba Cabrera.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ en la galería Alba Cabrera.

Salva Torres