La felicidad está en los bares

‘Happy Hour’, de Jürgen Schadeberg
Galería Railowky
Grabador Esteve 34, Valéncia
Hasta el 30 de septiembre
Domingo 30 de agosto de 2020*

* Con motivo del fallecimiento del fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años, MAKMA recupera el artículo de Bel Carrasco, publicado originalmente el pasado 22 de julio de 2020.

Ir de bares ha sido uno de los placeres prohibidos durante las semanas de confinamiento que más ha echado en falta el personal. Llámense bares, pubs, cafés, tascas o tabernas, esos espacios comunes donde la gente comparte soledades y compañías, algarabías y raros silencios desempeñan una función clave. Desde tiempos remotos han sido centros de encuentros e intercambios: intrigas y conspiraciones políticas, tertulias literarias, citas románticas, entrevistas clandestinas y hasta peleas multitudinarias.

La Galería Railowsky les brinda homenaje con ‘Happy Hour’, un viaje por medio mundo a través de las rotundas imágenes del fotografo alemán, afincado en València, Jürgen Schadeberg.

La ‘Hora Feliz’ es una estrategia comercial de los bares para enganchar a los clientes en horas de poco público, pero nosotros queremos darle un valor distinto, el de intentar volver a las horas felices en las que podemos socializar –aunque sea poco a poco–, recuperar la alegría de vivir y reencontrarnos con los amigos», dice Juan Pedro Font de Mora, de la Fundación Railowsky.

«Esta esposición es un canto a la vida y al deseo de compartir con los amigos una copa en un bar, una metáfora visual de lo que todos y todas deseamos hacer, volver a vivir como antes de la COVID-19 , sin miedos, sin mascarillas, pudiéndonos besar y abrazar».

Jürgen Schadeberg
Foto de Jürgen Schadeberg. Imagen cortesía de Railowsky.

A lo largo de varias décadas, Schadeberg ha plasmado el ambiente relajado y bullicioso de todo tipo de bares, desde el típico pub de aire irlandés a la tasca española con zócalo de azulejos y viejecitas vestidas totalmente de negro. Desde obreros reposando ante su jarra a grupos de la jet en Cannes celebrando un festín.

Son 33 imágenes que plasman estos enclaves de ocio a lo largo de medio siglo y medio mundo –de 1961 al 2006–, en sitios tan dispares como Nueva York, Torremolinos, Málaga, Mijas, Cannes, París y ciudades de Sudáfrica, donde el autor vivió la lucha contra el apartheid y se convirtió en el fotógafo preferido, además de amigo, de Nelson Mandela.

Una galería de retratos de personas de distintas edades y condición social captadas en soledad ante una jarra de cerveza, con su pipa y su perro, o en grupo bullicioso, en estado reflexivo o en plena diversión.

Nacido en 1931, Schadeberg bien podría definirse como ‘Hijo del siglo XX’, testigo de excepción de acontecimientos históricos decisivos, desde la Segunda Guerra Mundial al nombramiento de Mandela como primer presidente negro de Sudáfrica. Durante su infancia sufrió un bautismo de fuego en sentido literal, pues vivía en Berlín junto a su madre, actriz que interpretaba pequeños papeles en el teatro y en el cine.

Foto de Jürgen Schadeberg. Imagen cortesía de Railowsky.

La primera parte de sus memorias, ‘Tal como yo lo veo’, editadas por la Universitat Politécnica de València, describe ese periodo de su vida bajo el constante estallido de las bombas. Carreras a los refugios, incendios, cadáveres, sirenas de las ambulancias, muerte, destrucción y hambre.

Lo hace con una prosa sencilla y eficaz que delata su pasión por la lectura desde temprana edad –sin dramatismos ni cargar las tintas–, intercalando simpáticas anécdotas (como el atracón que se dio para simular su buena puntería en un campamento donde los nazis programaban a los niños, con hechos de gran crudeza). El terror de los supervivientes de Berlín, sobre todo de las mujere,s a las atrocidades que cometían los soldados rusos, el miedo, la locura… En esos años bélicos se inició ya en la fotografía con una pequeña Kodak, siendo una de sus modelo ‘Cosima’, una perra afgana a la que no le gustaba jugar a la pelota, a la que disfrazó con su pijama y un sombrero.

Al término de la guerra y tras una rápida recuperación de la ciudad vencida, Jürgen emprendió su carrera de fotógrafo y, con 19 años, viajó a Johannesburgo, donde se había instalado su madre después de casarse con un británico. Tras algunos trabajos precarios se sumó al equipo de la mítica revista Drum, dedicada a la comunidad de color centrada en música y espectáculos, y con la cámara colgada del cuello asistió en primera línea a la lucha contra el apartheid. En 1951, en una asamblea del CNA, retrató por primera vez a Nelson Mandela, «un tipo alto, carismático, que transmitía mucha confianza en sí mismo», describe en sus memorias.

Foto de Jürgen Schadeberg. Imagen cortesía de Railowsky.

Fue el primero de una serie en la que inmortalizó al lider africanista. En las huelgas contra el apartheid, en el juicio en el que fue condenado a cadena perpetua, en la cárcel, durante su liberación y, por fin, en su elección como presidente del país. En sus memorias relata con detalle y desde su óptica personal la evolución del proceso que vivió Sudáfica con títulos muy gráficos: ‘En Blanco y negro’, ‘En negro y blanco’ y ‘A todo color’.

En 2007, Schadeberg y su esposa Claudia abandonaron Sudáfrica y se instalaron primero en Normandía y luego en Berlín. En 2013 se afincaron en La Drova, un caserío cercano a Barx, pequeño pueblo de La Safor, donde una comunidad cosmopolita convive en armonía con los naturales de allí. Al año siguiente recibió un doble reconocimiento por su trayectoria: la Universitat Politécnica de València lo nombró doctor honoris causa y el prestigioso Institute of Contemporary Photography de Nueva York le otorgó un galardón por el conjunto de su obra.

Debido a las circunstancias, las visitas a la exposición se organizan con cita previa, en grupos reducidos de diez personas y con visitas guiadas en horario de 19:30 a 20:30. Se puede elegir día y solicitar visita a través del correo de La Librería Railowsky, sede de la exposición: libreria@railowsky.com. Quien no pueda asistir a las visitas guiadas podrá verla en el horario de verano de la librería: de lunes a viernes de 10:00 a 14:00 y de 17:30 a 21:30. Sábados de 10:00 a 14:00 (excepto agosto, cuyo cierre será del 8 al 23). Las visitas guiadas se realizarán los días 16, 17, 20, 21, 22, 23 y 24 de julio de 2020.

Foto de Jürgen Schadeberg. Imagen cortesía de Railowsky.

Bel Carrasco

Jürgen Schadeberg, canícula y conflicto

Fallece el fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años
‘Jürgen Schadeberg, canícula y conflicto’
‘Realismo(s) & Playa’ | Revista Canibaal nº10
Octubre de 2018
Domingo 30 de agosto de 2020

Con motivo del fallecimiento del fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años, MAKMA reproduce el reportaje que Jose Ramón Alarcón y Ximo Rochera –junto con Merche Medina– llevaron a cabo para el décimo (y último) número de la revista Canibaal –’Realismo(s) & Playa‘ (octubre de 2018)–.

Bajo la tórrida canícula de Barx –municipio montañoso de la comarca de la Safor, al sureste de la provincia de València– habita junto a su esposa Claudia (desde hace casi un lustro y por estocásticos motivos de amistad y errática búsqueda) una figura ineludible en el horizonte diacrónico de la historia de la fotografía, aquella que discurre bajo el convulso calor de la segunda mitad del siglo xx: Jürgen Schadeberg (Berlín, 1931).

La obra del octogenario fotógrafo alemán se ha ecumenizado como testimonio inmediato de cuantos acontecimientos acaecieron en Sudáfrica a partir de la década de los cincuenta –tras el acceso al poder del Partido Nacionalista de François Malan y la institucionalización del vergonzante sistema de segregación racial internacionalmente conocido como apartheid–, así como la ulterior y contemporánea República parlamentaria del África Austral en tiempos de liderazgo del Congreso Nacional Africano (CNA), abanderado por el eximio abogado y activista Nelson Rolihlahla Mandela.

Imagen de portada del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018. Foto: Merche Medina.

No en vano, su conspicua instantánea de un introspectivo presidente Madiba oteando a través de los barrotes de la que fue su celda en el penal de Robben Island es considerada una de las cincuenta fotografías icónicas del siglo pasado, razón de peso para que este extremo de su vastísima producción suela atraer sobre sí buena parte de los encomios y atenciones conferidos a su trabajo.

Sin embargo, no es únicamente esta veta de su longeva tarea la que, en principio, comanda las inquietudes del presente artículo. Con motivo de la primera edición del Festival del Libro SINDOKMA, organizado en València en noviembre de 2016 por la revista MAKMA, y gracias a la labor de Juan Pedro Font de Mora (director de la Librería Railowsky), Schadeberg tuvo ocasión de compartir con el público algunos de los acentos más significativos de su trayectoria vital y profesional, reportando a quienes suscribimos un motivo de atención que podría consumarse en forma de encuentro con el autor alemán cuando la ocasión y los proyectos respectivos volvieran a aproximarse.

De este modo, la decisión de articular el décimo número de la revista Canibaal en torno a los conceptos ‘realismo(s)’ y ‘playa’ tornaba conveniente y plausible la idea de retomar contacto y visitar la hacienda mediterránea del fotógrafo berlinés –paradigma de cuantas razones y semánticas puedan argüirse sobre el propósito de la revista en su (por el momento) último número– con el fin de transitar por el azaroso territorio de la memoria y descubrir algunos aspectos determinantes de su semblanza profesional.

«La suerte es ser el primero en llegar, el primero en narrar o mostrar»

Un autor como Schadeberg, cuya ilustración infante, en plenos albores de la Segunda Segunda Guerra Mundial, se gesta «a partir de las lecturas de Tolstói (León), Dostoievski (Fiódor), Chéjov (Antón) o Upton Sinclair» mientras es «testigo, cuando era muy pequeño, de la Noche de los Cristales Rotos» y que dispara su primera fotografía –tras la popular lente de una Instamatic– en un húmedo refugio antiaéreo berlinés (en 1942), a la par que, como declara nuestro autor, «tomé mi primera cerveza», parece haber sido nebulosamente destinado a solidificar testimonio, a documentar la existencia de todo lo que envuelve su fascinante y ubicuo horizonte vital, jalonado por acontecimientos que trascienden la mera y personal magnitud biográfica.

Página interior del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018.

«Era como estar sentado encima de una bomba, en el centro de la bomba; un momento de extraordinaria tensión»

Tras la senda del segundo matrimonio de su madre, que en Alemania «era una actriz de reparto y tenía amigos artistas a los que solía escucharles hablar», recala en el país sudafricano en 1950 –«Sudáfrica era terrorífica, una área de conflicto»–, en el que desarrollará su decisiva labor como fotógrafo documental (Leica M o Rolleiflex de formato medio en mano) y director artístico de la revista Drum (denominada en su inicios Africa Drum), icónico magazín de reportajes de investigación, vida urbana y hedonista de Sophia Town –popular suburbio negro de Johannesburgo–, perfumada con los influjos estéticos de la cultura negra norteamericana.

Schadeberg orienta su voluntad de retratar el pulso cotidiano de la excluida periferia y denunciar las insalubres condiciones laborales de buena parte de la mano de obra nativa en el cinturón minero del país sin obtener respaldo: «Fui a los periódicos y nadie quería saber nada. Envíe mis fotografías y nadie las quería publicar».

«Debes salir fuera a buscar la verdad, la historia verdadera»

Estos y otros vínculos e implicaciones del fotógrafo alemán con la comunidad negra determinan su forzosa salida del país y su retorno a un crispado Berlín encorsetado por el «Muro de la vergüenza» (Schandmauer). «En el Oeste había luces, color, entretenimiento… En el Berlín Este todo era gris».

En la Alemania Occidental de los años sesenta se erige en abrumado testigo fotográfico del resurgimiento clandestino de grupos nazis, cuyos overoles y cánticos uniforman una soterrada parte de la RFA que ningún medio alemán quiere mostrar; será la prensa extrajera (New Yorker o Paris Match) la que publique sus instantáneas.

«Tenía mucho que hacer fotografiando la vida cotidiana, la miseria, la tristeza, la alegría, la música»

Schadeberg renuncia a enrolarse como fotógrafo bélico en determinados conflictos como el de Vietnam. Cuestiona los turbios objetivos de determinados periodistas y fotógrafos por rubricar su presencia por encima de los acontecimientos, la inmoral sed de notoriedad a través de la imagen explícita –recuerda, entre otros, el (malinterpretado) caso del Pulitzer Kevin Carter– y sentencia que, amén de determinados casos en los que la implicación emocional debe prevalecer sobre la tarea profesional («no hagas una fotografía, condúcete por el instinto, ayuda a esa persona»), «para ser un buen fotógrafo debes ser neutral, no dejarte conducir por los prejuicios».

Página interior del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018. Fotos: Merche Medina.

«Debes estar envuelto desde la infancia en las artes para evolucionar en la educación visual, musical, pictórica»

Jürgen Schadeberg recala en España a finales de los años sesenta para alimentar diversas facetas de su diletantismo artístico. Procura, de este modo, cursar estudios de pintura, «para investigar la luz, el color, la composición, entender el lenguaje corporal. Quería estudiar y explorar las diferencias respecto de la fotografía».

Igualmente, señala, «intenté estudiar guitarra clásica, pero no podía tocar porque era ya demasiado mayor (25 años). Cuando era pequeño nunca estuve expuesto a la música. Sucede con todas las disciplinas artísticas».

«Las playas son interesantes e importantes, porque la gente va allí a relajarse, a disfrutar»

En esta época toma contacto y orienta su mirada hacia el paisaje vacacional que perfila los estíos de la Costa del Sol. Aupado por un contexto henchido de albricias, la onerosa carga vital del fotógrafo se libera y únicamente porta consigo el denso poso de la experiencia y la naturaleza técnica para fijar la mirada en otras latitudes de la idiosincrasia popular (tal y como ya había demostrado con maestría en sus instantáneas sobre el universo del jazz y los músicos y bailarines negros de los guetos sudafricanos).

En estas descriptivas series caniculares sobre el verano y la playa –territorio en el que confluye buena parte de su acervo profesional– fijamos la atención y solidificamos la bienvenida colaboración de Jürgen Schadeberg con Canibaal.

«Veo la realidad desde el punto de vista técnico de la fotografía, a través de un lenguaje natural ya inherente por el aprendizaje y la práctica»

Una práctica que ha ejercido y sigue desarrollando sobre ideas recurrentes, erigiendo al individuo, al rostro, al lenguaje corporal y a las costumbres como temas centrales de su obra, que gobiernan, definitivamente, la impronta de su estilo.

Algunos títulos recomendados

‘The Way I See It. A Memoir’ (2017).
‘España Then and Now’ (Pagina & J & C Schadeberg, 2015).
‘Jürgen Schadeberg’ (2008).
‘Jürgen Schadeberg: Photographies’ (2006).

Jürgen Schadeberg
El fotógrafo Jürgen Schadeberg en su domicilio de Barx (València). Foto: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón y Ximo Rochera

Memoria documental de los expedientes de la Stasi

‘El expediente. Una historia personal’, de Timothy Garton Ash
Barlin Libros, 2019

Conjeturen sobre las conmociones internas y las penurias consuetudinarias de un inoffizielle estado de sitio, prolongado durante cuatro gélidas décadas en el ventrículo diestro de Europa Central y bajo el acuerdo de cooperación militar del Pacto de Varsovia.

Procuren imaginar a dieciseis millones de habitantes transitando dentro de su convulsa e histórica línea fronteriza, bajo la consabida e injerente custodia de más de 90.000 empleados oficiales y la espeluznante cifra de 180.000 informadores, cuya tarea escrutadora se cierne sobre los sótanos de la moral de los individuos, en pro de un incólume dirigismo ético y político de carácter totalitario.

Elucubren acerca del rictus cotidiano y ceniciento pulverizado como una combustión estequiométrica (neutra, exacta y únicamente factible en laboratorio) que penetra, tóxica, en los alveolos de la razón, ya sojuzgada, y se extiende hasta el infranqueable hormigón armado del Berliner Mauer, que atraviesa, glacial y kilométrico, el crispado devenir de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, hasta un exotérmico y culminante noviembre de 1989: nos encontramos, indubitablemente, en la República Democrática Alemana.

‘Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro’, Berlín, Alemania, 1961. Fotografía: Jürgen Schadeberg.

De este modo, la editorial valenciana Barlin Libros –sello de sobresalientes propósitos, cuyo leitmotiv, postulado por su director Alberto Haller, determina que “para captar todos los matices de nuestra realidad presente, cabe zambullirse en ella no solo desde el ahora, sino indagar bajo las capas y los entresijos de un pasado que nos sugiere, advierte y afecta”– nos conduce a aquellos predios de la mano del historiador y periodista británico Timothy Garton Ash (Londres, 1955), reeditando su conspicuo título ‘El expediente. Una historia personal’, cumplidos veinte años de su primera incursión en el mapa editorial en lengua castellana, bajo el sello de Tusquets, y erigido en una descatalogada rareza de lance hasta la presente primavera. Oportuno anticipo, sin duda, de las conmemoraciones por el treinta aniversario del die Wende (‘El cambio’) o caída del Muro de Berlín.

‘El expediente. Una historia personal’ implica, tal y como indica el subtítulo, adentrarnos en el ubicuo y metódico devenir biográfico de Garton Ash durante la última década de la RDA, los albores de la Deutsche Wiedervereinigung (Reunificación Alemana) y la apertura de los expedientes y archivos secretos del Ministerio para la Seguridad del Estado –órgano de inteligencia de Alemania Oriental, popular y truculentamente conocido como Stasi–; episodios mayúsculos experimentados en primera persona por el acreditado historiador, que suponen un valiosísimo manuscrito de las singularidades políticas (y sus ineludibles consecuencias sociales) de una de las épocas más notablemente documentadas desde sus entrañas oficiales, a las que el escritor londinense procura contrarrestar con el laico testimonio de su investigación.

A lo largo de los quince capítulos que formulan ‘El expediente’, Timothy Garton Ash evoluciona desde su llegada a Berlín Oeste, a finales de los años 70, y su incipiente incursión en el Berlín Oriental en calidad de estudiante universitario, con el propósito, a la postre efímero, de documentar los vestigios de la resistencia al nazismo –“Entre los fantasmas de la Alemania secreta yo buscaba la respuesta a una pregunta personal. ¿Qué es lo que hace que una persona sea un luchador de la resistencia y otra fiel servidor de una dictadura? (…) Hoy en día, después de muchos años de estudio, y después de conocer personalmente a muchos resistentes y a muchos servidores de dictaduras, sigo buscando la respuesta”–.

Cubierta de ‘El expediente. Una historia personal’, de Timothy Garton Ash. Fotografía cortesía de Barlin Libros.

Un desarrollo alumbrado al atesorar en sus manos el expediente ‘OPK.Akte, MfS, XV2889/81’, sumario que le certifica haber sido investigado por la Stasi durante sus consecutivas visitas y residencia intermitente en la República Democrática Alemana, en tanto que “a mí me habían incluido en la categoría 5: ‘Personas que ejecutan misiones de carácter subversivo contra los estados de la comunidad socialista para servicios de inteligencia hostiles, centros de desviacionismo político-ideológico, sionistas, emigrados hostiles, clericales y demás organizaciones’” –razón primera y elemento motriz que posibilita su ulterior revisitación de los hechos y el reencuentro con alguno de los personajes que pueblan, bajo pseudómino, la meticulosa nómina de los Inoffizieller Mitarbeiter (IM) (colaboradores no oficiales de la Stasi)–.

Las tres décadas que nos preceden han portado consigo numerosas y diversas incursiones literarias, ensayísticas o cinematográficas por el mapa capital de la ciudad berlinesa a ambos lados del muro. Debo citar algunas publicaciones en las que un servidor ha tenido ocasión de adentrarse, como ‘Zona de tránsito’, de Julia Franck, ‘La torre’, de Uwe Tellkamp, o ‘El muro de Berlín’, de Frederick Taylor; o filmes y documentales, compartidos de un modo unánime por aquellos inquietos en la materia, como ‘Contra el muro’ y ‘La familia’, de Stefan Weinert, ‘El cielo sobre Berlín’, de Wim Wenders, ‘Al otro lado del muro’, de Christian Schwochow, ‘Bárbara’, de Christian Petzold, y, por supuesto, ‘Good Bye, Lenin!’, de Wolfgang Becker, y ‘La vida de los otros’, de Florian Henckel von Donnersmarck, amén de otros títulos reseñables y las adaptaciones de las novelas de John le Carré, más ajustadas a otros géneros cinematográficos y objeto de una aproximación diversa a la presente.

Sin embargo, son varios los elementos en lid que convierten a ‘El expediente. Una historia personal’ en un documento excepcional. En primer lugar, el carácter metódico de Garton Ash, cuya idiosincrasia académica le hubieron conducido a redactar un pulcro diario personal de su periplo postuniversitario en la RDA, lo que permite al escritor comparar la aséptica pormenorización de detalles mecanografiados en los informes de vigilancia –“Y yo permanezco ahí sentado, frente a la mesa de formica, maravillado ante esta reconstrucción minucionsamente detallada de un día de mi vida, y ante el estilo, que me recuerda una redacción escolar: nunca una frase sin verbo (…)”– y el sucesivo testimonio de los diversos individuos con los que hubo interactuado –revelados, finalmente, en cooperantes de la Stasi–, con el contenido conversacional registrado en su cuaderno de bitácora.

Agentes de la Stasi (Archivo: Simon Menner).

En segundo y excelso término, la determinación del historiador británico por edificar una reconstrucción de los hechos –“averiguar, registrar y reflexionar”–, procurando tomar contacto, más de una década después, con aquellos colaboradores que figuran en su archivo, situando a estos IM ante el turbio espejo de su reciente pasado, aún en pleno cénit de la apertura de expedientes a través de la Junta Gauck –oficialmente Comisionado Federal para la Documentación del Servicio de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática Alemana o Comisionado Federal para los Archivos de la Stasi– y sus impopulares y devastadoras consecuencias para quienes figuran en ellos.

Garton Ahs interpela, matiza y equilibra los hechos con la prosodia emocional y la memoria de sus interlocutores; se reafirma en sus primeras impresiones o dubita y empatiza, en algunos casos. Así, “lo que descubres aquí, en los expedientes, es cuán profundamente se ve influida nuestra conducta por las circunstancias (…) Lo que encuentras no es tanto malicia como debilidad humana: una vasta antología de las debilidades humanas. Y cuando hablas con los implicados, lo que descubres no es tanto una deliberada falta de honestidad como la capacidad infinita que tenemos para engañarnos a nosotros mismos.”.

Y, sin embargo, “el pasado nunca es totalmente pasado. Años después, algún suceso medio olvidado, algo que hiciste cuando eras joven, irrumpe de nuevo en tu vida. Quizás en algún lugar esté tu propio hijo, criándose con otro que no es su padre. O un expediente que también va creciendo, y tú sin saberlo…”.

Filas de expedientes de la Stasi en el Comisionado Federal para la Documentación del Servicio de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática Alemana.

Jose Ramón Alarcón

Schadeberg: lucidez y perseverancia

Jürgen Schadeberg
PhotOn Festival
Librería Railowsky
Gravador Esteve 34, Valencia
Hasta el 27 de junio

La presente edición del festival internacional de fotoperiodismo PhotOn, que ha celebrado su primer lustro de existencia bajo la dirección de Tania Castro, ha brindado a los diletantes de este género periodístico la excelsa ocasión de aproximarse a la figura octogenaria de uno de los fotógrafos ineludibles de la segunda mitad del siglo XX, Jürgen Schadeberg.

Bajo el criterio estilístico del desemejante y singularísimo Juan Pedro Font de Mora, la Librería Railowsky exhibe una antología de imágenes del autor berlinés, que el librero tuvo oportunidad de seleccionar de entre cuantas habitan en un inmenso contenedor de carga afincado en la propiedad valenciana de Barx, en la que Schadeberg reside habitualmente.

"Refugio antiaéreo en Berlín, Alemania". 1942

«Refugio antiaéreo en Berlín, Alemania», 1942.

Desde una perspectiva cronológica, la muestra compendia seis de las siete décadas de trabajo del autor, partiendo de su primera instantánea, tomada con una rudimentaria cámara en el interior de un refugio antiaéreo berlinés en 1942 -el autor contaba con tan sólo once años de edad-, en la que se observa, curiosamente, una consuetudinaria y sosegada estampa de una de tantas estructuras de protección para la población civil, habituales en Alemania durante el transcurso de la II Guerra Mundial, hasta merodear los albores del siglo XXI mediante la imagende una guardería en Kliptown, barrio negro de Soweto (Johannesburgo), en 2003.

"Encendiendo un cigarrillo", 1953.

«Encendiendo un cigarrillo», 1953.

Sirviéndose del horizonte geográfico, la exposición permite constatar el devenir biográfico de Schadeberg, revelando fotografías de su primer periplo en la Sudáfrica de la década de los cincuenta, habiendo ya instaurado el Partido Nacionalista de François Malan el conspicuo e infausto sistema de segregación racial, apartheid, desde su controvertida victoria electoral en 1947. De este período destacan algunos retratos de explícito norte estético, junto con escenas callejeras populares y desarticulaciones sociales en sales de plata, amén de la Sudáfrica contemporánea y el mirífico retrato del abogado y líder político Nelson Mandela, observando, introspectivo, a través de los barrotes de la celda en la que permaneció confinado durante diecisiete años, en el penal de Robben Island.

"Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro", Berlín, Alemania, 1961.

«Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro», Berlín, Alemania, 1961.

El levantamiento del eximio y universalmente conocido como “Muro de la vergüenza” (Schandmauer), erigido durante el verano de 1961 como frontera estatal entre la extinta RDA y la región de Berlín Oeste, atesora cabida, en dos etapas diversas, mediante algunas peculiares fotografías mundanas y curiosos encuadres de intrascendencia cotidiana en el enclave occidental.

"Al final de la vía, London Docks", 1977.

«Al final de la vía, London Docks», 1977.

Asímismo, de su ciclo londinense, tras verse obligado a abandonar el país africano a mediados de los sesenta, se muestran algunas obras de una serie -incluyendo su primer contacto con los paisajes del sur de España- que, genéricamente, reporta constancia tanto de las transformaciones sociales del país británico como de su solidificada inquietud por radiografiar atmósferas inequívocamente populares.

Tal y como el propio autor berlinés hubo rubricado durante su ponencia en el Aula Magna de la Universidad de Valencia, merodear la figura de Jürgen Schadeberg supone, ante todo, aproximarse al trabajo de un fotógrafo obsesionado por la idiosincrasia del comportamiento humano -revelador de desequilibrios y contrastes sociales-, provisto permanentemente de la herramienta de trabajo con la que aún prosigue en compañía: la lucidez de la perseverancia.

Jose Ramón Alarcón

 

PhotOn Festival, en defensa propia

PhotOn Festival
La Nau, IVAM, Mercado Central, Railowsky, l’Espai d’Art Fotogràfic. Valencia
Del 5 al 9 de mayo de 2015

Hacía una mañana soleada, pero el Claustro de La Nau estaba lleno de paraguas. Paraguas en imágenes de la exposición ‘Umbrella Revolution’. Porque si en Hong Kong, al que aluden las fotografías de reporteros gráficos free lance y de agencias internacionales, la democracia está amenazada, en nuestro país lo que está amenazado es el periodismo y, por tanto, la democracia misma, como bien apuntó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València.

Fotografía de Lam Yik Fei. The Umbrella Revolution, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Fotografía de Lam Yik Fei. The Umbrella Revolution, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Y de la misma forma que los hongkoneses se defienden de los gases pimienta policiales con frágiles paraguas, PhotOn Festival lo hace con los no menos frágiles fotoperiodistas, cuyas imágenes sirven para denunciar lo que sucede allí donde ciertos gobiernos pretenden imponer el silencio. De manera que el Claustro de La Nau acoge ‘La revolución de los paraguas’ como síntoma de la que está cayendo en Hong Kong y, por extensión, en el mundo de la prensa.

Tania Castro, directora de PhotOn Festival, recordó que el pasado 3 de mayo fue el Día Mundial de la Libertad de Expresión, justo en el momento en que la precariedad laboral se ceba principalmente con los periodistas de la Comunidad Valenciana, cuya tasa de despidos asciende al 67%. Más que paraguas hacen falta para aguantar semejante chaparrón. Las exposiciones, conferencias y proyecciones que conforman la quinta edición de PhotOn vienen a ser los diques culturales contra esa avalancha de despropósitos.

Mandela en prisión, fotografía de Jürgen Schadeberg, en Railowsky. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Mandela en prisión, fotografía de Jürgen Schadeberg, en Railowsky. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

La más espectacular, por levantarse sobre unos andamios metálicos de cuatro metros de altura, es ‘Umbrella Revolution’, en La Nau hasta el 7 de junio. La muestra reúne imágenes de las revueltas estudiantiles contra el anuncio del gobierno chino de paralizar las elecciones democráticas previstas para 2017. Xaume Olleros, autor de una de esas imágenes, que fue portada en la revista Time, será uno de los conferenciantes. También impartirán charla, José Palazón, premio Ortega y Gasset 2015, Jürgen Schadeberg, que expone en Railowsky, y Daniel Berehulak, reciente ganador del Pulitzer, en el IVAM. Tania Castro anunció la presencia igualmente de Javier Bauluz, primer español en recibir ese Pulitzer. ‘Historia y memoria. Familia Vidal’ estará en el Mercado Central, hasta el 30 de mayo, e Irving Villegas en Espai d’Art Fotogràfic, hasta el 11 de junio.

Fotografía de Álvaro Laiz y David Rengel. Planes de Futuro, en La Nau. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Fotografía de Álvaro Laiz y David Rengel. Planes de Futuro, en La Nau. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

La Sala Oberta de La Nau acoge igualmente la exposición ‘Planes de futuro’, de Álvaro Laiz y David Rengel, que permanecerá hasta el 6 de septiembre. Un testimonio en vivo y en directo de los supervivientes del genocidio practicado por el ejército regular de Uganda, en un conflicto que dura ya más de 25 años. Por eso Castro subrayó que PhotOn no era sólo un festival, sino “un montón de fotoperiodistas” que a veces “con una sola imagen capta toda la fuerza de una experiencia”, según explicó Alfredo Argilés, de la Fundación Cañada Blanch, que junto a Olleros Abogados patrocinan el festival.

Tania Castro aludió a las historias que cuentan los fotoperiodistas con sus imágenes: “No son fotos sueltas”, advirtió. Historias que en esta quinta edición se hacen más internacionales que nunca, dado el salto que experimenta el certamen: “Nos han invitado a Rumanía”. PhotOn, destacó su directora, “es único en su género de fotoperiodismo” y, por consolidación, “nos acercamos bastante a PhotoEspaña”. A pesar de ello, “muchos de los fotoperiodistas españoles se han tenido que ir fuera en busca de trabajo”. “Se valora mal en España”, concluyó Castro. Cosas de la cultura en un país todavía por cultivar.

Fotografía de Xaume Olleros. The Umbrella Revolution, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Fotografía de Xaume Olleros. The Umbrella Revolution, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Salva Torres

 

Ya es Noviembre en el Festival de Jazz UPV

Festival de Jazz de la UPV
Campus de Valencia, Alcoi y Gandia
Del 25 al 28 de noviembre

La Universitat Politècnica de València (UPV) presenta, a través de su Área de Actividades Culturales, Novembre 2014, la 21ª edición de su prestigioso Festival de Jazz, que este año tendrá lugar del 25 al 28 de noviembre con conciertos en sus tres campus (Valencia, Alcoy y Gandia), abiertos al público general hasta completar el aforo de los recintos. Surgido en 1995, el festival se ha consolidado como un referente nacional durante la última década, en la que la UPV ha acogido conciertos de artistas internacionales de primer nivel como, entre otros muchos, los cubanos Roberto Fonseca y Omar Sosa (seis veces nominado a los Grammy) o la brasileña Eliane Elias (cinco nominaciones).

En la presente edición, la UPV, que lo nombró doctor honoris causa el pasado mes de septiembre, quiere rendir un especial homenaje al fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg, conocido tanto por su vinculación artística con Nelson Mandela como con los principales músicos de jazz sudafricano del siglo XX – las cantantes Dolly Rathebe y Miriam Makeba, el trompetista Hugh Masekela o el saxofonista Kippie Moeketsi, entre otros -, y cuya muestra fotográfica puede visitarse en la sala de exposiciones de Rectorado (campus de Vera, Valencia) hasta el próximo 16 de diciembre.

Javier Vercher participará en el Festival de Jazz de la UPV. Imagen cortesía de la UPV.

Javier Vercher participará en el Festival de Jazz de la UPV. Imagen cortesía de la UPV.

Por ello, el festival dará comienzo con un concierto homenaje a Schadeberg de la mano de Uli Partheil Trío, conformado por el pianista y compositor de Darmstadt (Alemania), el batería turco Bülent Ates y el contrabajo germano Jürgen Wuchner, quienes interpretarán composiciones de los músicos sudafricanos Johnny Dyani y Abdullah Ibrahim.

El concierto, que tendrá lugar el martes 25 de noviembre en el Auditori Alfons Roig de la Facultad de Bellas Artes de la UPV (20.00 horas), podrá vivirse también en directo en el Aula Magna de la Escuela Politécnica Superior de Gandia el miércoles 26 a partir de las 20.30 horas.

En el campus de Vera (Valencia), donde todos los conciertos darán comienzo a las 20.00 horas en el Alfons Roig, el programa continuará el miércoles 26 con la fusión de música cubana y valenciana de MC Latin Jazz Project, donde Fernando Marco, Roque Martínez, Julio Montalvo, Isaac Delgado Jr, Yoel Páez y Luis Llario entremezclarán clásicos caribeños con standards jazzísticos y composiciones propias.

El jueves 27 será el turno de Albert Palau Octeto, un proyecto surgido el pasado mes de junio a partir de las composiciones para bandas sonoras cinematográficas de Miquel Asins Arbó y cuyo repetorio incluirá piezas que van desde el swing o el bolero hasta el boogaloo y el jazz más contemporáneo. Ese mismo día, también a partir de las 20 horas, la Escuela Politécnica Superior de Alcoy podrá disfrutar del concierto de Javier Vercher Trío, de la mano del músico madrileño, Músico Revelación Tete Montoliu 2006 y que cuenta ya con cuatro álbumes editados y una dilatada experiencia junto a prestigiosos músicos como Rakalam Bob Moses, Chip Taylor o Alejandro Sanz.

El viernes 28, el broche final a Novembre 2014 lo pondrá Marco Mezquida Trío, formado en 2009 por el joven pianista menorquín – Músico del año en 2011, 2012 y 2013 para la Asociación de Músicos de Jazz y Moderna de Cataluña -, el contrabajista sueco Marko Lohikari y el baterista argentino Carlos Falanga, un trío potente, fresco, emocionante y rico en matices que abandera una nueva generación.

Albert Palau será uno de los músicos que participarán en el Festival de Jazz de la UPV. Imagen cortesía de la UPV.

Albert Palau será uno de los músicos que participarán en el Festival de Jazz de la UPV. Imagen cortesía de la UPV.

Durante el festival, tal y como viene siendo habitual también en las últimas ediciones, Novembre 2014 incluirá una Fila 0 solidaria a través de la cual el público podrá, si así lo desea, dejar libremente sus donativos, que irán a parar íntegramente a Cáritas.

Junto al festival – en el que colaboran, además de Cáritas, el Instituto Valenciano de la Música (IVM) y la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) -, se llevarán a cabo diversas actividades complementarias en la sala SGAE Centro Cultural (C / Blanquerías 6, Valencia). Allí, el lunes 24 de noviembre tendrá lugar, a partir de las 17.00 horas, la proyección del documental “Schadeberg. Black and White”, al que seguirá la mesa redonda “Fotografiar el jazz”, que contará con la participación del propio artista alemán junto al gestor cultural y fotógrafo Toni Porcar y el ya citado Javier Vercher.

El viernes 28, también a las 17.00 horas, se desarrollará la mesa redonda “Jazz en España: nuevas generaciones, nuevos desafíos”, con la participación de los saxofonistas Joan Benavent y Alexey León junto al pianista Marco Mezquida.

Historia viva

Nacido en Louisiana a mediados del siglo XIX de la mano de enormes remesas de esclavos negros llegados de Costa de Marfil, el jazz es la evolución musical de la combinación de ritmos africanos, la armonía europea y la influencia norteamericana. De enorme variedad y poseedor de una riqueza musical innegable, el jazz es una de las manifestaciones musicales más significativas y características del siglo XX. Unión de tradición, mestizaje y modernidad, su nacimiento y evolución son un indiscutible patrimonio cultural de nuestra época.

Por ello, desde 1995, la Universitat Politècnica de València (UPV) disfruta del jazz como referencia y símbolo musical de una cultura viva, cambiante, armoniosa y fundamentalmente improvisadora. El festival, llamado Novembre desde 2007, en claro vínculo con el mes en que se desarrolla (habitualmente, la última semana de noviembre), se ha consolidado en los últimos años como la semana musical por excelencia de la UPV.

Uli Partheil trio estará en el Festival de Jazz de UPV. Imagen cortesía de la UPV.

Uli Partheil trio estará en el Festival de Jazz de UPV. Imagen cortesía de la UPV.

Estrellas mundiales junto al mejor jazz nacional

Así, bajo las premisas de multiculturalidad y calidad, por la UPV han pasado desde estrellas mundiales como los nominados a los Grammy Omar Sosa, Eliane Elias o Roberto Fonseca, hasta lo más granado del panorama nacional, con especial atención al jazz-flamenco (con la presencia, por ejemplo, de Pardo-Benavent-di Geraldo o Jerez-Texas) y al sensacional elenco de prestigiosos jazzistas valencianos que triunfan por todo el mundo (Ximo Tébar, Álex Conde, Ramón Cardo, Perico y Elma Sambeat, Joan Soler…).

De este modo, el público valenciano (el festival es de libre acceso, tanto para miembros de la UPV como para cualquier interesado externo), ha podido disfrutar durante la última década de múltiples estilos de calidad, llegados desde casi todas las partes del mundo.

Brasil (Eliane Elias), Alemania (Joachim Kühn), Cuba (Omar Sosa, Roberto Fonseca, Aldo López Gavilán), Bélgica (Aka Moon), Estados Unidos (Keith Dunn), Francia (Jacques Schwartz-Bart), Israel (Gilad Azmon, Yaron Herman) o Hungría (Transeuropean Quartet) son solo algunos de los países cuya élite jazzística ha dejado su huella en el festival de la UPV, que presume orgullosa de un evento que concita la atención del panorama nacional del género.

Festival de Jazz de la UPV.

Festival de Jazz de la UPV.