Las catedrales de José Sanleón

Seu, de José Sanleón
Comisario: Fernando Castro
Coordinación artística: Isabel Puig
La Base de La Marina
Muelle de la Aduana, s/n. Valencia
Hasta el 19 de mayo de 2019

“Lo sagrado no sé lo que es”, apuntó José Sanleón, más cercano al concepto de “espiritualidad”. Fernando Castro, comisario de la exposición Seu, terció para decir que lo sagrado era “misterio fascinante”, que estaba “fuera del orden de la cotidianeidad”. Por eso y porque “nos falta tiempo”, que el artista de Catarroja regala a quien quiera detenerse a contemplar su obra, Castro calificó de “intempestivo” a Sanleón: “Nos obliga a cambiar el paso”. “Para mí la catedral es obsesión, es pasión y es locura”, subrayó el propio artista.

La Base de La Marina, mudando de piel para convertirse en recinto espiritual, acoge medio centenar de piezas realizadas en aluminio y metacrilato, que aluden a esas catedrales que tanto le obsesionan. “Lleva años alucinando con las catedrales, abrumado por sus grandes espacios”, precisó el comisario con respecto a un artista que reconoció no ser creyente, pero que si había algún sitio “donde uno puede creer es en la catedral, creada por el ser humano, pero que contiene el misticismo que no existe en otros espacios”.

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

La muestra Seu, que permanecerá en La Marina hasta el 19 de mayo, viene a ser una evocación de ese misticismo mediante piezas de gran tamaño, a la altura de la pasión aludida. No se trata, como dijo el propio Sanleón, de una cuestión de tamaño, sino de ponerse a la altura del sentimiento que producen esas grandes  construcciones. Templos de los que se hace cargo el artista, desprendiéndose de su carácter religioso, sin evitar por ello el halo de espiritualidad que destilan. En este sentido, Castro comparó las catedrales con los museos, en tanto espacios que comparten cierto “ceremonial” y “contemplación meditativa”.

La exposición está dirigida, por todo ello, “a quien quiera hacer una pausa en su discurrir cotidiano”, destacó el comisario. “Hay piezas que parece que no existen”, añadió, y descubrirlas supone ya todo un acontecimiento: “Eso es el momento sagrado de la exposición”. Se refería a una de las piezas blancas, prácticamente camuflada con el fondo blanco de las grandes paredes de La Base de La Marina, ubicada entre otras de color negro, y que representa las marcas de los antiguos artesanos, ampliando sus trazos. “Esta exposición surge de la reflexión de los maestros canteros. Pensé que en lugar de pintar, lo que iba a hacer era construir”, explicó Sanleón. “Los cuadros están construidos”, remachó.

Momento de la presentación de la muestra Seu, de José Sanleón. Imagen cortesía de La Marina.

Momento de la presentación de la muestra Seu, de José Sanleón. Imagen cortesía de La Marina.

Vicent Llorens, director general del Consorcio València 2007, calificó a José Sanleón de “artista total”, un “maestro” y un hombre “honesto”, que expone en La Base transformándose el grandioso continente en “una catedral laica, un espacio civil potente desde donde compartir el conocimiento”. La sabiduría y la trascendencia, palabras utilizadas por Llorens, en franco hermanamiento con lo laico y lo civil. Y como lo religioso sonaba “a curitas”, Castro se encargó de envolverlo de nuevo con el manto de la espiritualidad más prosaica: “La seu, la catedral, tiene que ver con la luz, para que el fiel sea iluminado por la gracia de dios, siendo la obra de una comunidad de canteros cuyas formas geométricas identificaban a los gremios. Hay incluso cierta estructura esotérica”.

La fascinación por las catedrales, evocada en las 50 piezas, a mitad de camino entre el objeto pictórico y el escultórico, tiene su razón de ser: “Por la grandiosidad del espacio, su altura y proporciones, por su luminosidad y, sobre todo, por la atmósfera de silencio, por el aspecto místico y espiritual, que está al margen de la cuestión religiosa”, apuntó Sanleón, para quien las catedrales son como seres vivos. “Están vivas físicamente en función de lo que pasa en cada momento a causa de las diferencias de luz y del momento emocional por el que estés pasando”, añadió.

Vista de la exposición de José Sanleón. Foto: Makma.

Vista de la exposición de José Sanleón. Foto: Makma.

Que el arte ocupe el lugar de lo sagrado, en una sociedad que se piensa a sí misma como desacralizada, excede a las pretensiones del artista: “El Greco se dice que es muy espiritual y yo no lo veo”. Lo que ve, a través de una mirada que se quiere limpia de restos litúrgicos, son formas, dimensiones y luz. Castro volvió a la espiritualidad y a ese misterio que escapa a la racionalidad, para subrayar el carácter trascendente que él percibe en su producción: “Si no hay trascendencia, hay banalidad, y la obra de Sanleón no es desde luego banal”.

Seu es la segunda exposición que acoge La Base, tras inaugurarse en septiembre de 2018 con las polémicas esculturas eróticas de Antoni Miró y su posterior obra con tintes políticos, y a la que se refirió el propio Castro: “Esperemos que la teología sea más polémica que la erótica y la política”, aludiendo después al “espíritu goyesco, que sigue vivo en Sanleón”. De los sueños de la razón a los más espirituales, ambos en cierta forma conviviendo y dándose la mano en la obra intempestiva de José Sanleón, sorprendido por las “cabezas de animales” que había descubierto “hace tan solo dos o tres años en la Catedral de Valencia”.

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Salva Torres

Por sus estudios los conoceréis

Estudis d’Art. Martí Domínguez y Jesús Císcar
Espai Metropolità d’Art EMAT de Torrent
Avda del Pais Valencià, 103. Torrent (Valencia)
Hasta el 3 de junio de 2016

“El estudio condiciona la obra del artista. Como la pecera condiciona al pez”. Lo dice Martí Domínguez que, junto al fotógrafo Jesús Císcar, presenta en l’Espai Metropolità d’Art de Torrent la serie Estudis d’Art, en la que reúne a 45 artistas valencianos en sus respectivos espacios de creación. Lugares donde gestan su obra alejados del mundanal ruido, mientras el suyo interior pugna por abrirse paso en la soledad del estudio. Estudios de todas las medidas, características y atmósferas que vienen a ser “en muchos casos el traje del propio artista”, subraya Domínguez, mientras explica el viaje que le ha llevado por los diversos estudios de algunos de los más genuinos creadores del arte contemporáneo en la Comunidad Valenciana.

Andreu Alfaro, Manuel Boix, Carmen Calvo, Vicente Castellano, Juan Genovés, Miquel Navarro, Francisco Sebastián Nicolau, José Sanleón y Willy Ramos, entre otros, aparecen retratados en sus estudios por Jesús Císcar, junto a algunas de sus obras emblemáticas y breves textos descriptivos. “No me interesaba tanto hablar de su obra, como del proceso creativo”, precisa Domínguez. Y ello por una sencilla razón: “Los estudios dicen mucho del carácter y modo de ser del artista”. Se dice que Bacon, por ejemplo, intervenía hasta en las propias paredes del estudio, mientras otros como Monet se limitaban a mirar desde un sofá ubicado en mitad del espacio.

Estudis d'Art. Carmen Calvo. Imagen cortesía del EMAT.

Estudis d’Art. Carmen Calvo. Imagen cortesía del EMAT.

De manera que el estudio es un traje, pero un traje variopinto. “Sí, los hay, como en el caso de Andreu Alfaro, que se corresponde con la proporción del trazo, con su pulcritud, pero hay otros, como el de [José María] Yturralde, cuya obra parece inmaculada y, sin embargo, su estudio es un caos”. Domínguez también se refiere al de Carmen Calvo: “Es como entrar en una de sus obras”, por el “golpe de fascinación, de atmósfera insospechada” con la que te encuentras. A imagen, pues, y semejanza de la obra, pero igualmente contradiciendo los postulados estéticos del autor: así son los estudios recogidos en l’EMAT de Torrent.

Esa diversidad y complejidad de los espacios en justa correspondencia con el espíritu creativo de sus propietarios, es lo que ha convertido el viaje recreado en Estudis d’Art en algo “tan interesante”. Diversidad que va del estudio “en medio de la huerta, al que se encuentra en la montaña, en un tercer piso sin ascensor o en una antigua fábrica”. Domínguez asegura que ha sido un “trabajo divertido y lo que me ha animado a continuarlo en una segunda serie con artistas más jóvenes”. Y cuando habla de más jóvenes, se refiere a menores de 50 años, con lo que esto supone de límite subjetivo que acarrea sus problemas.

Estudis d'Art. Francisco Sebastián. Imagen cortesía del EMAT.

Estudis d’Art. Francisco Sebastián Rodríguez. Imagen cortesía del EMAT.

En cualquier caso, Estudis d’Art no deja de ser un paseo por el arte contemporáneo valenciano contemplado desde la maternidad misma, como les gusta decir a algunos fotógrafos en relación con su cuarto de revelado. Visión que Domínguez resalta como esencial (“hace mucha falta en esta ciudad [Valencia]”), dada la precariedad cultural y la falta de visibilidad de muchos de esos artistas. La exposición, que ya fue mostrada en la Fundación Bancaja, de donde procede, proseguirá después su itinerancia por La Llotja de Alcoi y la Casa del Bou de Albalat de la Ribera.

Volviendo al carácter del estudio como prolongación del artista y viceversa, Domínguez puntualiza que se ha encontrado con espacios “pensados hasta el último detalle, con otros más espartanos, que no tenían ni una sola silla”. Y cita el caso de Sanleón, austero como pocos y “sin tan siquiera una estufa en invierno. ¡Qué manera de sufrir!”, exclama. Diríase, como llegó a decir Ortega, que en ejemplos como este “el esfuerzo es solo esfuerzo cuando comienza el dolor”.

Otros habilitan su estudio para ir ajustándose al desarrollo de su propia obra, mientras hay quienes “pintarían lo mismo en cualquier lugar”, citando Domínguez los casos de Armengol y Castellano. Lo que se encontrará en la nueva serie de jóvenes artistas ya puesta en marcha (“llevamos una treintena”) será de nuevo todo un descubrimiento. De hecho, ya se observan cambios: “Ahora en muchos casos basta con una pequeña habitación y un ordenador”.

Estudios de artista. Imagen cortesía del EMAT.

Estudis d’Art. Manuel Boix. Imagen cortesía del EMAT.

Salva Torres