Shirin Salehi: memoria y dolor sobre papel

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Comisaria: Ana Martínez de Aguilar
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, ático, València
Hasta el 28 de junio de 2019

“Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré caer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.”

(Extracto de ‘Vuelta de paseo’, Federico García Lorca)
(‘Poemas de la soledad en Columbia University’, ‘Poeta en Nueva York’, 1929-30)

Resuenan como un hondo pleonasmo los versos lorquianos del paseo urbanita por la gran megápolis. Eclosiona la angustia frente al hiperbólico vacío de hormigón, craquelado de laceraciones y memoria solemne y solitaria, de naturalezas mutiladas y estrofas de raquis circular; no caben razones para el éxodo, pues todo habita aún en este penal de materia sempiterna.

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Salehi transita por las avenidas cuadrangulares de aquella vasta hacienda del desconsuelo, portando consigo el eco prosódico y metafórico de las propias amputaciones, que aquí sí cantan y resuenan como una liturgia de voluntades biográficas repetitivas, a modo de mantra gestado desde la oralidad cuyo paisaje sonoro debe ser transcrito con el reiterado pulso de las ‘Cadencias del vacío’.

Así lo procura la artista teheraní, residente en España, Shirin Salehi en su serie ‘Vuelta de paseo’, bajo cuyo título –homónimo del poema del malogrado vate de Fuente Vaqueros– evolucionan diversos dibujos caligráficos, grabados y aguafuertes, planchas de cobre y pergaminos, firmes materias y quebradizos ejemplares de libro de artista que rezuman y recogen “el ritmo, el gesto y la cadencia, (…) la gestualidad de la emoción generada durante la acción, (…) el fluir instintivo de la emoción creciente que se apodera sutilmente de su cuerpo”, tal y como subraya la comisaria e historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar en el texto curatorial de la exposición.

Imagen de una las piezas de la serie 'Todo permaneció en silencio', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una las piezas de la serie ‘Todo permaneció en silencio’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, que la Galería Ana Serratosa acoge hasta el 28 de junio de 2019, desemboca en la obra última de la autora iraní tomando pulso, a la par, de las constantes creativas sobre papel –“como un lugar donde algo sucede, no como soporte” (Martínez de Aguilar)– que han singularizado su devenir artístico durante la última década: memoria y dolor como alumbradores líricos y elementos motrices.

“«¡No conviene recordar! ¡No hay que revolver el pasado!
¡A quien recuerde lo pasado que le arranquen un ojo!»
Pero el proverbio termina diciendo:
«¡Y al que lo olvide que le arranquen los dos!»”

(‘El archipiélago Gulag’, Alexander Solzhenitsyn)

Constantes atravesadas por las evocaciones literarias, por el turbio feudo de las aflicciones que habitan en ‘Todo permaneció en silencio’ –sordas alusiones al siniestro testimonio oral recogido por Aleksandr Solzhenitsyn, mediante decúbitas incisiones y cosidos sobre papel– o en ‘Bailando con el carcelero’ –II Premio Anakaria al Libro de Artista (2015)– acerca de cuyo proyecto, inspirado en la desgarradora novela carcelaria (y crítica de los totalitarismos) ‘Invitado a una decapitación’, de Vladimir Nabokov, pueden contemplarse algunos testimonios en aguafuerte y aguatinta, en los que “la incisicón incicial dará paso al grabado, que le permite dibujar sobre planchas de metal, otorgando mayor libertad a la imaginación. Misteriosas imágenes lumínicas emergen de universos oscuros como filamentos verticales que recuerdan husos o espigas”, asevera Ana Martínez de Aguilar.

Detalle de una las piezas de la serie 'Los originales de los jardines', de Shirin Salehi, perteneciente a su proyecto ‘Bailando con el carcelero’. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de una las piezas de la serie ‘Los originales de los jardines’, de Shirin Salehi, perteneciente a su proyecto ‘Bailando con el carcelero’. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Desazones que habitan, igualmente, en la materia, en el objeto supeditado a la metamorfosis de los compuestos químicos actuando sobre el metal, como acontece en su proyecto de residencia florentino ‘Aguardar’, cuyas once matrices de cobre y zinc y sus ulteriores estampaciones sobre papel japonés Sekishu (‘Desaparecer de sí’) funcionan como una heurística, como un ingenio de revelación y descubrimiento, a modo de “indagación sobre el dolor, la muerte, la consunción de la materia, con lenguaje renovado”, concluye Martínez de Aguilar.

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’ se postula, de este modo, como una excelsa ocasión para aproximarse al recóndito y sutil acervo léxico de la obra de Salehi, sustentado por un horizonte estético equilibrado, intrínsecamente convulso y morfológicamente armónico.

La artista iraní Shirin Salehi posa junto a una de las matrices de cobre de la serie 'Aguardar'. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista iraní Shirin Salehi posa junto a una de las matrices de cobre de la serie ‘Aguardar’. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

El octavo cielo de Silvia Mercé en Color Elefante

‘Algunas especies raras’, de Silvia Mercé
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Hasta el 12 de abril de 2019

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias.

Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar. Y, entonces, cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Silvia. MAKMA

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición la artista Silvia Mercé –que puede visitarse en la galería Color Elefante hasta el 12 de abril de 2019–.

Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos. El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, a mediados de los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia Mercé trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, serie representada en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Inquieta, impulsiva, errante, Mercé necesita experimentar, enredarse con nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuerte.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de 'Algunas especies raras' en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de ‘Algunas especies raras’ en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Marisa Giménez Soler

“ARCO está pensado para vender, no para ver arte”

Desayunos MAKMA
Con Nacho Agrait (responsable de la Galería Punto) y los artistas Carlos Domingo y Mavi Escamilla, con motivo de la feria ARCO que se celebra en el pabellón IFEMA de Madrid del 27 de febrero al 3 de marzo de 2019
Entrevistados por Jose Ramón Alarcón, Vicente Chambó, Merche Medina y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma
Restaurante Saona
Gran Vía Marqués del Turia, 46. Valencia
Viernes 22 de febrero de 2019

¿Cuál ha sido o es vuestra experiencia en la Feria ARCO?

Nacho Agrait: Mi primer contacto con ARCO se produjo en Colonia, en el Hotel Mondial, donde quedamos con Juana de Aizpuru y Polígrafa; en esa cena se fraguó ARCO, en la Feria de Colonia de 1979. Nosotros le dimos un apoyo y por eso estuvimos diez años en el comité. A mi padre [Miguel Agrait] le fastidió muchísimo que lo tiraran de ARCO, cuando le dieron el premio ese año, precisamente. Yo, reflexionando con el tiempo, pienso que, en ese caso, nos lo merecíamos. Habíamos bajado la guardia y estábamos haciendo cosas bastante comerciales: yo diría que estábamos muriendo de éxito. Y ahora, este año, no puedo plantearme ir por una razón, porque he tenido cambio de galería y no cumplo los requisitos de exposiciones y demás. Tengo muchísima ilusión por volver, porque he trabajado con mis padres, luego con mi hermano (que tenía un planteamiento completamente diferente, una especie de Benlliure), y más tarde con mi hermana.

Mavi Escamilla: En ARCO hay miedo a la competencia y el criterio de selección de las
galerías es arbitrario

N.A.: Eso ocurre en todas las ferias internacionales. Cuando mi padre estaba en el comité llegó a haber 18 galerías de Valencia y, además, eran buenas. Había mucha actividad. De repente, te quitan ese apoyo y muchas se hundieron. En Alemania está la asociación de galerías. Y la asociación, primero, tiene un porcentaje importante de su país. Aquí tenemos miedo a que los españoles tengan una potencia: es un miedo a la competencia. Es lo mismo que pasa, por ejemplo, con los taxistas y Uber.

M. E.: Hay galerías nuevas, tienen artistas nuevos que despuntan y no es que vayan a ponerte la zancadilla… No sé, hay cierto aburrimiento y desencanto.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Carlos Domingo y Mavi Escamilla. Fotografía de Merche Medina.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Carlos Domingo y Mavi Escamilla. Fotografía de Merche Medina.

N.A.: Aburrimiento, mayor que antes. Me preocupa que vas a varios stands y ves a los mismos artistas. Quizás falte algo de aire de libertad. Está claro que los críticos internacionales marcan el canon a seguir. Lo que más me gustó de la feria de Colonia, precisamente, es que el cliente era coleccionista de verdad. Pedía información, pero le gustaba algo y se lo llevaba. Aquí vamos mucho más al dictado. Necesitamos muchos asesores.

Carlos Domingo: Las ferias cumplen un poco ese papel de legitimación, de cara al cliente o al coleccionista.

Concurrir en ferias internacionales auxilió a forjar la idiosincrasia de galerías como Punto, en contraposición a la línea de trabajo de otras en aquellos momentos.

N.A.: Yo ahora voy a hacer más ferias internacionales, tras un ineludible parón. Lo que tengo que hacer es lo mismo y divertirme con lo que me gusta, que es esto. Que se den cuenta de que estás haciendo algo bueno. Un paso muy importante ha sido incorporar a Jorge López, que es un gran profesional. Cuando crees que estás en posesión de la verdad es cuando te estás equivocando.

C.D.: Mi experiencia en ARCO y en otras ferias siempre ha sido positiva, porque supone ventas, visibilidad. Yo tampoco le doy más trascendencia a las ferias de lo que son. El problema viene de que se le quiere dar a la feria un carácter museístico que no tiene. No es un sitio pensado para ver arte, sino para vender. Todos los problemas radican o provienen de esa primera falacia. Las galerías acuden para recuperar lo que han invertido, que es mucho.

Nacho Agrait en un momento del Desayuno Makma. Fotografía de Merche Medina.

Nacho Agrait en un momento del Desayuno Makma. Fotografía de Merche Medina.

N.A.: El mundo del arte es sumamente absurdo, porque cuando alguien ha vendido parece que sea comercial, en un sentido negativo.

C.D.: El arte tiene esas tres facetas: la social, la cultural y la mercantil.

N.A.: Hemos realizado proyectos en los que creo que el artista era el menos importante. Había un ejercicio filosófico de lucimiento personal del comisario o crítico.

Mavi Escamilla en un instante del Desayuno Makma.

Mavi Escamilla en un instante del Desayuno Makma. Fotografía de Merche Medina.

¿Tal vez por falta de comunicación entre quien ejerce la labor curatorial y el artista?

M.E.: Estuve muchos años yendo con My Name´s Lolita, con Cànem… Estuve como doce años. ¿Y las consecuencias de haber estado en ARCO? Pues yo no noté nada relevante: nunca vendí en ARCO. Contactos sí. La última vez que estuve fue con la movida de las barricas de Consuelo Císcar.

Antes, algunos galeristas decían que la feria te salvaba todo el año.

N.A.: Esos tiempos no van a volver.

C.D.: El grueso de la facturación lo hacen en las ferias. La cara negativa es que tienen mucha dependencia y es más complicado que te admitan en una feria, en las que puedes o te pueden permitir estar. La contrapartida es que cuando se focaliza la actividad y la venta en unas fechas concretas, en un lugar concreto, en este caso Madrid, luego la periferia, la actividad cultural y mercantil en la periferia, es un balancín que va en detrimento. Toda la actividad que se hace durante el año, las galerías programando, instituciones, la producción de los artistas, etc, se invisibiliza. Lo que se visibiliza esta semana tiene su cara más neutra, por ser suaves. Y los coleccionistas prefieren esperarse a esta semana.

Carlos Domingo. Fotografía de Merche Medina.

Carlos Domingo. Fotografía de Merche Medina.

En uno de nuestros desayunos Makma alguien dijo que en ARCO los artistas no pintaban nada.

C.D.: El artista pinta bastante poco en todo esto. En la construcción de la historia del arte, el artista siempre ha estado abajo.

Entonces, ¿no habría que darle la vuelta a eso?

M.E.: Estamos en la era del comisario.

N.A.: Como consecuencia de los proyectos presentes en las ferias, con menos cantidad de obras, los artistas son más visibles ahora que antes, cuando tenías un stand que llevabas quince artistas diferentes. La contrapartida es que mucha gente se queda fuera.

M.E.: Te hacen callar. Un ejemplo es cuando Eugenio Merino hizo lo de Franco y al año siguiente lo vetaron. Y T20, que montó también un stand polémico, al año siguiente también lo vetaron.

¿La polémica desde ese punto de vista en un gancho comercial más?

N.A.: De la feria sí. La mayoría de los medios se quedan con lo anecdótico. Eso es malísimo, porque crea una confusión tremenda.

M.E.: Siempre piensan que somos extravagantes, estafadores, absurdos. ¿Crees que alguien va a dedicar su vida para estafarte a ti?

Algunos artistas venden también esa imagen de provocadores, ¿no?

N.A.: La vida del artista es tan sumamente jodida que no va de nada. Para ellos es más difícil.

M.E.: Al artista se le debe juzgar por su trabajo, por su obra.

C.D.: Para juzgar ese trabajo hay que estar informado y eso es lo que falta. Se precisa información y, por supuesto, formación, con el fin de que la gente aprecie lo que está viendo.

M.E.: Es importante la credibilidad en quien emite la información.

N.A.: A mí lo que me interesa es el punto de vista del artista. La visión del artista es siempre la más directa.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Carlos Domingo y Mavi Escamilla. Fotografía de Merche Medina.

¿Hay demasiados intermediarios en el mundo del arte? ¿Facilitan que se entienda al artista o lo dificultan?

C.D.: Hay muchas veces que se utiliza un hermetismo en el lenguaje que en realidad es un hermetismo del que está escribiendo, no vaya a ser que si dice muy claro lo que quiere decir se equivoque.

N.A.: Tenemos que abrirnos a toda la sociedad. Necesitas una formación para todo.

C.D.: La persona culta es la que es capaz de dominar todos los estadios. El que no, es un pedante.

M.E.: Yo lo que hago lo hago en mi estudio. El público no está presente en la creación.

C.D.: El trabajo tiene que ser sincero. Espero y quiero que sea aceptado, pero no está en el origen. Cuando se sitúa en el origen, falla.

¿Y ahora quién compra?

C.D.: Habría que diferenciar entre coleccionistas, compradores ocasionales y especuladores.

N.A.: Al especulador no le interesa lo que nosotros damos. Ahora está muy preocupado en meterse en Artprice. Y luego está el fenómeno super destructivo de las herencias. Los hijos que desechan la colección de su padre. La destruyen y tiran por tierra. Nosotros vamos a por el tipo de coleccionista que se implica y va buscando algo nuevo. Pintar es muy difícil. Se necesita una vida entera. No se puede despreciar. Hay que reflexionar.

M.E.: ¡Es que estáis de moda!, me han llegado a decir sobre las mujeres. Bueno, pues yo ahora inauguro una de mujeres en My Name´s Lolita.

N.A.: Se debía hacer justicia [con el papel de la mujer en la historia del arte]. Otras galerías se dedican a dar pelotazos, pero tienen los pies cortos. Y a las más jóvenes ya no les interesan los artistas anteriores.

C.D.: Pasas de emergente a sumergido.

De izquierda a derecha, Merche Medina, Salva Torres, Nacho Agrait, Carlos Domingo, Mavi Escamilla y Vicente Chambó. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

De izquierda a derecha, Merche Medina, Salva Torres, Nacho Agrait, Carlos Domingo, Mavi Escamilla y Vicente Chambó. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

¿Los galeristas lleváis la obra más comercial a ARCO?

N.A.: No es cierto. El comité no te lo permite nunca. Al final se trata de subsistir y el artista tiene que comer y pagar facturas. Comercial significa simplemente que lo vendes, que hay alguien que quiere pagar por ello. ¿Qué mal tiene eso?

C.D.: No solo el hecho de la venta. El hecho de que un artista tenga acceso al mercado de manera habitual tiene un retorno sobre la propia obra, porque se está confrontando constantemente con una realidad. Eso es fundamental. No es el artista que está en el estudio haciendo sus cosas que nadie ve, que nunca expone.

¿Se produce ahora más venta por Internet?

N.A.: Yo hice una página y fue un desastre. Lo borré todo. Y el problema encima de no haber vendido nada después. Hubo piezas de nuestra colección particular que creímos en ellas y salió. Son excepciones.

C.D.: Yo nunca.

M.E.: Una vez me preguntaron si podía hacer un cuadro en otro formato (risas).

N.A.: Tienes que estar en contacto directo con la obra.

C.D.: El trato tiene que ser directo. La web puede servir para discriminar a grandes rasgos y a partir de precios medios altos. Con obra gráfica o grabados puede ser. La compra es una experiencia. El coleccionista quiere conocer al artista, al galerista, etc.

N.A.: Se hacen proyectos y se mandan a determinados clientes. En los informes tienes absolutamente todo. No puedes esperar pasivamente a que vengan a la galería.

M.E.: Antes no se enseñaba nada acerca de la presentación de proyectos. En cualquier caso, hay vida más allá de las galerías. Vida de freelance. Yo he trabajado con galerías de forma puntual, con proyectos concretos.

C.D.: Sí que es cierto que sobre la visibilidad del artista, funcionar sin galería tiene un menoscabo de la legitimidad, pero te da una libertad.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Mavi Escamilla y Carlos Domingo, una vez concluida la entrevista.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Mavi Escamilla y Carlos Domingo, una vez concluida la entrevista.

El escritor y ensayista Félix de Azúa proclama que el arte ha muerto, puesto que los museos se han convertido en espacios para el turismo y el ocio.

M.E.: El arte no existe, existen los artistas.

N.A.: Yo no lo veo como un problema, es una forma de acercamiento. También el alquilar obras de arte para oficinas. Todo eso propicia enlaces futuros. Al principio se acudía a ARCO por esnobismo, y posteriormente se solidificaba el interés. Eran años de libertad máxima.

¿Qué pensáis de las ferias satélites que rodean a ARCO?

N.A.: Cumplen su función.

C.D.: Pueden tener su sitio, pero tienen más sentido si cuentan con una cierta
especialización. Entonces pueden coger peso.

N.A.: Sin los artistas no hay nada. Hay que colaborar todos juntos y luchar. A algunos artistas, antes ni se les pagaba. Hay otras galerías, en cambio, que se juegan su patrimonio y luchan con lo poco que tienen, porque creen en ello.

De izquierda a derecha, Carlos Domingo, Nacho Agrait y Mavi Escamilla. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

De izquierda a derecha, Carlos Domingo, Nacho Agrait y Mavi Escamilla. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Diversas morfologías del collage en Hybrid

Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca)
III Hybrid Art Fair & Festival
Hotel Petit Palace Santa Bárbara
Habitación 216
Plaza de Santa Bárbara 10, Madrid
Del 1 al 3 de marzo de 2019

El Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) –dirigido por la galerista y comisaria de arte Marisa Giménez Soler–, en colaboración con los comisarios y gestores culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), participa en la tercera edición de Hybrid Art Fair & Festival, que tendrá lugar en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, del 1 al 3 de marzo de 2019, durante la Semana del Arte de Madrid.

Hybrid. MAKMABajo el título ‘Técnicas híbridas // (re)soluciones uniformes’, los diferentes proyectos permiten configurar una aproximación a las diversas técnicas del collage, el grabado o la serigrafía, como vehículos y procedimientos de impresión y/o ejecución –nucleares o complementarios en la trayectoria de los cinco artistas– para el estudio que sustenta la relación estética, pragmática y semántica entre propósito y (re)solución, implementado por Iván Araujo, Jorge Carla, Fernando García del Real, Rosa Padilla y José Pla.

Iván Araujo (Madrid, 1971)

Sus fundamentos técnicos transitan la pintura, el grabado, el libro de artista y la escultura. Su obra gravita alrededor del objeto, símbolo, elemento vertebrador y semiótico, pieza elemental y última. Araujo hace guiños constantes al pasado artístico, a la naturaleza muerta como género, a la pintura metafísica y al eclecticismo de la Transvanguardia italiana, pasando por alegorías de la figura humana, objetos imposibles y arquitecturas citadinas. Sus maderas encontradas y ensambladas, en búsqueda de un equilibrio de formas, cortan el plano con una singular combinación de sutileza y descarnamiento.

Imagen de la obra 'Juego prohibido', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Juego prohibido’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Jorge Carla (Madrid, 1974)

De vocación temprana y carácter inquieto, se interesó inicialmente por la noción de art brut de Jean Dubuffet y todo aquello que tuviera que ver con la desmitificación del arte. Su rebeldía le acercó a la obra de Jean-Michel Basquiat o a la carga expresiva de Willem De Kooning, fascinado por los mismos fenómenos orbitales y recurrentes de la subcultura que se proyectan hasta nuestros días. Sus influencias también giran entre el informalismo, el arte povera, el neoexpresionismo y el pop y reflejos de Joaquín Torres García.

Imagen de una de las obras de Jorge Carla presentes en Hybrid. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de una de las obras de Jorge Carla presentes en Hybrid. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Fernando García del Real (Valencia, 1967)

Licenciado en Bellas Artes, en su obra utiliza los mismos principios del collage tradicional: ensamblar elementos aparentemente dispares para formar un todo unificado, pero sustituye las herramientas de trabajo, el ordenador y el software por las tijeras y el pegamento. Su obra es un fiel reflejo del esteta que siempre ha sido. Entiende el arte como un valor esencial y tiene un olfato especial para observar todo lo que le rodea, para buscar la belleza en cualquier rincón, desde el desconchado de una pared hasta un garabato en una hoja.

Imagen de la obra 'Chicken hair', de Fernando García del Real. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Chicken hair’, de Fernando García del Real. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Rosa Padilla (Valencia 1949)

Licenciada en Bellas Artes, trabaja desde hace décadas en sus estudios de Moraira y Valencia, siempre cerca de ese mar que tanta influencia ejerce en ella. Posee una amplia trayectoria como artista, ha realizado multitud de exposiciones y su nombre está presente en importantes colecciones nacionales e internacionales. En su obra se reconocen influencias de sus admirados Kandinsky, Joaquín Michavila o Fernando Zóbel. En sus collages, imágenes rotundas se erigen frente a otras delicadas y sutiles, creando composiciones en las que alegría, color y belleza comparten espacio con retazos de rabia, dolor y melancolía.

Imagen de la obra 'El secreto', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘El secreto’, de Rosa Padilla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

José Pla (Valencia 1970)

Licenciado en Bellas Artes por la universidad Politécnica de Valencia, pintor, escenógrafo, ha expuesto en varias galerías como Lae.Sferazul, Galeria Edgar Neville, Color Elefante o Mr. Pink, entre otras. Ha participado también en exposiciones colectivas en los museos Vostell Malpartida o MuVIM y ha colaborado en proyectos con otros artistas. Recientemente ha trabajado junto a la ceramista Eugenia Boscá en distintos proyectos. En su obra se observan referencias al surrealismo, a la Bauhaus y al expresionismo, así como destellos de cine e imágenes del pop americano.

Imagen de la obra 'Ortega en Valencia', de José Pla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Ortega en Valencia’, de José Pla. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

El simbolismo invernáculo de Alberto Conejero

‘Todas las noches de un día’, de Alberto Conejero, dirigida por Luis Luque
Pentación Espectáculos
Con Ana Torrent y Carmelo Gómez
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 17 de febrero de 2019

“Pese a las veladuras que aparentan cubrirlos (sus cuadros de la vida), no tienen ninguna artificiosidad: a través de esos velos se disciernen siempre, con toda precisión, los contornos de algo substancial, de algo que brota de la fuente misma de la humana existencia y que no es en modo alguno efímero o pasajero”
(Maurice Maeterlinck)

Tal epígrafe, que la investigadora de la UCO Juana Toledano Molina recoge en su ensayo ‘Teatro simoblista en España: algunas formas del poema drámatico’, se formula atribuido al dramaturgo belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), prócer del teatro simbolista francófono y de generosa influencia en todas las dramaturgias europeas, tal y como el actor, escritor teatral y profesor de la RESAD Daniel Sarasola postula en la destacada antología ‘Simbolismo y modernismo en el teatro español’ (Fundamentos, 2011).

Todas las noches de un día. MAKMA

La sentencia de Maeterlinck bien puede erigirse aquí a modo de exordio de cuanto acontece, palpitante, en la obra de Alberto Conejero ‘Todas las noches de un día’, que fondea en el Teatro Olympia de València, hasta el próximo 17 de febrero, de la mano de Ana Torrent y Carmelo Gómez, orientados por el rumbo del director madrileño Luis Luque.

Modernismo contemporáneo, lirismo dramático, teatro de ensueño, introspección narrativa, calima truculenta y decadente; aditamentos proposicionales del simbolismo para un texto alegórico que rubrica el prolífico y ubicuo autor jienense –indubitable adalid, junto a Juan Mayorga, de la presente escena española–, henchido de la analepsis que Conejero procura germinar en el espacio metafórico de un invernadero decimonónico, erigido en una reliquia superviviente de los azares biográficos de sus personajes.

Ana Torrent (Silvia) y Carmelo Gómez (Samuel) encarnan a dos seres atormentados por sus respectivos abolengos, tan discordantes como miméticos en el castigo, cuyas penitencias lastran la onerosa carga de la espectral memoria familiar. Silvia, última habitante de un caserón hostigado por las urbanizaciones colindantes, en el que subsiste un viejo invernadero al cuidado obsesivo de Samuel. Entre ambos surge una relación de necesidad y desequilibradas correspondencias, cimentada por el tiempo relativo que propicia su aislamiento, como testigos inanes de cuanto acontece fuera de su no-lugar.

 

‘Todas las noches de un día’ uniforma su relato epidérmico a partir del interrogatorio policial al que Samuel debe enfrentarse, tras la incierta desaparición de Silvia, tesitura que propicia las escenas retrospectivas y la interpolada evolución de la memoria. Samuel se ve inquirido por un agente –in absentia– que asiste, junto al público, a los delirios del recuerdo, entre premonitorias tormentas estacionales, ipomoeas albas, hemerocallis y cactáceas que habitan su invernáculo, convertido en mazmorra, en jaula última para sus íntimas evocaciones.

Carmelo Gómez y Ana Torrent fascinan e impresionan, tornan inteligibles las cuitas y contribuyen decisivamente –junto a la labor escenográfica de Monica Boromello y la música de Luis Miguel Cobo– a elevar las razones poéticas de un libreto definido por el propio Conejero como “un texto que tiene algo de thriller, algo de melodrama y algo de tratado de botánica”.

Carmelo Gómez y Ana Torrent durante un instante de 'Todas las noches de un día'. Fotografía cortesía de Teatro Olympia.

Carmelo Gómez y Ana Torrent durante un instante de ‘Todas las noches de un día’. Fotografía cortesía de Teatro Olympia.

Jose Ramón Alarcón

Un Óscar para Sorogoyen

‘Madre’, de Rodrigo Sorogoyen
Apache Films, Caballo Films y Malvalanda (2017)
18 minutos
Filmin

La plataforma de vídeo bajo demanda Filmin ha nutrido su ubérrimo catálogo con los ya egregios dieciocho minutos que conforman ‘Madre’, de Rodrigo Sorogoyen, erigidos en el presente anhelo de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (AACCE) de cara a la nonagésimo primera edición de los Premios Óscar, tras su nominación en la categoría de mejor cortometraje de ficción, en la que el próximo domingo 24 de febrero (madrugada del lunes 25 en España) competirá junto a las producciones canadienses ‘Fauve’ (Jeremy Comte) y ‘Marguerite’, (Marianne Farley), la irlandesa ‘Detainment’ (Vincent Lambe) y la estadounidense ‘Skin’ (Guy Nattiv).

Madre. MAKMAEl director madrileño afronta la última escudilla de un opulento invierno ahíto de ágapes y distinciones, tras la feraz cosecha de galardones obtenidos por ‘El reino’ a su paso por los Premios Forqué, los Feroz, las medallas del CEC y los recentísimos Goya, cuya cita sevillana formalizó una diarquía entre las procelosas y hediondas aguas mediterráneas del poder y las inclusivas, diversas y visibles bondades de la hilarante, didáctica e irregular (cinematográficamente) ‘Campeones’.

‘Madre’, que ya hubo obtenido el galardón al mejor cortometraje de ficción en los Premios Goya 2018 –entre otros y numerosos laureles en festivales nacionales y foráneos– desarrolla, a través de un portentoso e inquietante plano secuencia doméstico, la repentina y desesperada conversación telefónica entre un niño de seis años –incógnitamente abandonado por su padre en la vastedad de una playa vascofrancesa– y su madre, quien trata de averiguar, con el secundario auxilio de la abuela del menor, el improbable paradero de su hijo, mediante algún elemento o señal distintiva que este pueda reportarle a través de un teléfono móvil a punto de consumir su batería.

Desenlaces aparte, Sorogoyen sustenta el opresivo hilo conductor en manos de una límpida puesta en escena, nutrida de referencias inciales a la existencia de la figura Iván (voz del infante a cargo del jovencísimo Álvaro Balas), y las veraces y plausibles interpretaciones de Blanca Apilánez (abuela) y, muy especialmente, Marta Nieto (madre), quienes alimentan los rasgos cualitativos y confieren fidedigna incertidumbre a este angustioso relato cinematográfico, entre cuyas virtudes técnicas debe destacarse el sobresaliente manejo de la luz natural, supeditado a la deriva emocional de sus protagonistas.

Sin duda, tanto su corpus formal como narrativo (epílogo singularmente incluido), justifican, amén de la estocástica bienvenida del premio de la Academia –que hubieron olfateado, entre otros, Borja Cobeaga, Javier Fesser, Nacho Vigalondo y Juan Carlos Fresnadillo–, la realización de un largometraje homónimo –ya en fase de edición– que prosigue su diégesis meses después del enigmático colofón de ‘Madre’. Un camino –del corto al largo a partir de un mismo título y argumento– por el que, curiosamente, ya ha transitado su compañera de nominación ‘Skin’, del director israelí Guy Nattiv.

La actriz Marta Nieto durante un instante de 'Madre', de Rodrigo Sorogoyen. Fotografía cortesía de Filmin.

La actriz Marta Nieto durante un instante de ‘Madre’, de Rodrigo Sorogoyen. Fotografía cortesía de Filmin.

Jose Ramón Alarcón

Las confesas desdichas de ‘Cinco horas con Mario’

‘Cinco horas con Mario’, de Miguel Delibes, dirigida por Josefina Molina
Sabre Producciones y Pentación Espectáculos
Con Lola Herrera
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 3 de febrero de 2019

El Teatro Olympia de València acoge, hasta el próximo domingo 3 de febrero de 2019, ‘Cinco horas con Mario’, ínclita adaptación de una de las obras de referencia del escritor vallisoletano –y otrora académico– Miguel Delibes, bajo la sempiterna dirección de Josefina Molina y el conspicuo protagonismo de Lola Herrera.

Erigida en un ineludible clásico de la escena contemporánea española, la presenta gira –que circula, de nuevo, tras la congratulaciones por el quincuagésimo aniversario de la publicación de la novela en 1966– cursa una tercera versión que atisba 2020 como horizonte definitivo, aupada por el natural, inmaculado y octogenario atletismo de la actriz castellana, cuya etapa de madurez curricular parece haberse forjado en asociación con la deriva de esta perenne función, desde que las céntricas y montepías tablas madrileñas del Marquina alumbraran su controvertido estreno en pleno y transicional otoño de 1979.

Lola Herrera, como Carmen Sotillo, durante un instante de la representación de 'Cinco horas con Mario'. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Lola Herrera, como Carmen Sotillo, durante un instante de la representación de ‘Cinco horas con Mario’. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Carmen Sotillo (Lola Herrera) prosigue paseando, cuatro décadas después, ese soliloquio de velatorio doméstico y crepuscular, propicio para el monólogo confeso frente al difunto, cuya relación marital ejemplifica un lúgubre acervo de inquinas y desdichas, soledades vívidas y recriminaciones póstumas, náuseas, contrición, adulterios inconsumados y soterradas lujurias.

“Aparte de desempeñar un papel determinante en la trama, son seres presionados por el entorno social, víctimas de la ignorancia, la política, la organización, la violencia o el dinero”, aseveraba Delibes acerca de buena parte de la nómina de personajes que puebla el cosmos de su narrativa. De este modo, Menchu y Mario ilustran, huérfanos de excesos escenográficos, el testimonio arquetípico de los antagonismos de la burguesía media de provincias en la adusta, lóbrega, católica y opresiva España de los años sesenta.

En reprobatorias palabras de Carmen a las citas bíblicas que parecen orientar las inquietudes del difunto, Mario encarna la figura de un introspectivo catedrático de instituto, zaherido por frustraciones literarias y una sospechosa y social religiosidad posconciliar, cuyo vituperado sentido de la dignididad y de la justicia social lo hubieron transformado en un marido taciturno, estéril frente las necesidades y aspiraciones tradicionales, económicas, religiosas y románticas de su esposa, paradigma y dechado esta de heredadas y tópicas virtudes inmovilistas y anhelos de la clase media del momento.

Las ineludibles transformaciones etopéyicas y culturales, acaecidas desde su publicación y ulterior adapatación teatral, han posibilitado superar el incipiente maniqueismo que exudaba el troquel de sus personajes, tal y como el propio Delibes indicaba en la nota del autor para la edición de 2008 de su novela: “Mas fueron suficentes unos años para que las cosas empezaran a cambiar. Los lectores ya no se mostraban unánimes en sus juicios: Mario no era el bueno ni Menchu la mala. ¿Por qué iba a ser bueno Mario? ¿Por qué mala Menchu? ¿Por haber recibido una educación trasnochada? Pero Mario, tan entregado a su causa, no entendió a su esposa, que, con muy poco esfuerzo, se hubiera puesto de su lado (…) De todo esto me doy cuenta ahora. En su momento estaban muy próximos y pesaban mucho los papados de Juan XXIII y Pablo VI. Ante la torpeza ajena, los partidarios de aquéllos se irritaban antes que disculparla, aunque la ingenuidad no merecía este castigo”.

Sin embargo, esa misma metamorfosis y evolución del mapa de inquietudes y costumbres ha convertido, por momentos, su primogénita causticidad y humor críticos en liviana hilaridad e hiperbólica mojiganga. No obstante, a pesar de estos signos reumatoides de su osamenta, ‘Cinco horas con Mario’ pervive, por pluma y devenir, en el imaginario presente de consecutivas generaciones de espectadores que han tenido (y aún atesoran) la fruición de aclamar la sobrecogedora prosodia de Lola Herrera.

La actriz Lola Herrera durante un instante de la representación de 'Cinco horas con Mario'. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

La actriz Lola Herrera durante un instante de la representación de ‘Cinco horas con Mario’. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Jose Ramón Alarcón

Una sápida epidermis para ‘La favorita’

‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos
Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, 2018
Estreno en España: 18 de enero de 2019

Si bien el altonormando Flaubert aseveraba que “el estilo es la vida y la sangre misma del pensamiento”, supeditado a la obsesiva búsqueda de le mot juste (la palabra exacta) que uniformara un inédito horizonte estético-narrativo perfumado de realismo literario, uno recupera el aforismo para erigirlo en referencia, sea cual sea el objeto final o las pretensiones de lo creado y de su creador.

Quizás abunde en demasía aquel arquetipo de lector (o espectador, si entramos ya en materia cinematográfica) al que la acusada presencia del autor suele resultarle molesta e incómoda, acaso un folículo piloso apustulado y supurante que debe extinguirse a base de yemas vitriólicas, lengua amanecida, desdén e indiferencia. Para aquel solo será de relevancia la deriva del relato, el acontecer de la trama, la ficción ilusoria o el documento estricto: el discurso de la narración.

La favorita. MAKMA

Como lector, siempre he celebrado el atuendo de la palabra inexacta (aquella que perfuma) en detrimento del vocablo aséptico o utilitario, y como espectador no puedo evitar debitilarme ante la imagen ociosa, desmesurada y exorbitante y aquella que embalsama o mesmeriza. Porque ese aparente postín, si deambula con garbo y atinado maquillaje, no solo aditamenta la crónica, el cuento o la epopeya, sino que culmina erigida en motivo último con el que amamantar la diégesis.

Así me sucede con buena parte de la filmografía de Kenneth Anger, James Bidgood, Greenaway, Jean-Pierre Jeunet, Roger Corman, Terry Gilliam, Almodóvar y un sobresaliente etcétera al que sumar, ahora, la figura de Yorgos Lanthimos, merced a su pantagruélica ‘La favorita’.

El director ateniense ya había sumado su rúbrica –gracias a ‘Canino’, ‘Alpes’, ‘Langosta’ y ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’– a una acendrada nómina de cineastas, amén de los anteriores, capaces de edificar un singularísimo cosmos inconfundible –Lynch, Kubrick, Wenders, von Trier, Jarmusch, Cronenberg, Kaurismäki o Tarkovski, verbigracia–, tan impar y heteróclito como estructurado y meticuloso.

El celebrado y laureado filme –merecedor del León de Plata en el Festival de Venecia y trufado de copiosas nominaciones a los Oscar, entre otros encomios– hiende su cepa en las obscuras urdimbres palaciegas de la última soberana británica de los Estuardo y primera monarca de Gran Bretaña, la Reina Ana, cuya excepcionalidad biográfica y veleidades amatorias alimentaron la inquietud de un par de guionistas –Deborah Davis y Tony MacNamara– y un proyecto de encargo para Lanthimos, quien por vez primera transita huérfano de su inseparable Efthimis Filippou para encauzar el libreto.

El discurso de la narración deambula tras las inquinas de alcoba y poder entre la Duquesa de Marlborough, Sarah Churchill (Rachel Weisz), y Abigail Masham (Emma Stone), consanguíneas residentes en palacio, quienes beligeran por granjearse los ciclotímicos favoritismos de la regia y antojadiza Ana Estuardo (Oliva Colman, Copa Volpi en Venecia, Globo de Oro y Premio Aisge en el 56FICX). A la postre, una sugerente y despiadada crónica de tríos amorosos, regalías, dispensas y desequilibrios que brindan al cineasta griego la oportunidad de ecumenizar y popularizar su producto, refrendado por presupuesto, excelsas actrices y un argumento inteligible.

Sin embargo, son su epidermis y morfología, su ocioso y emancipado estilo, aquella sangre misma del pensamiento que convierte a ‘La favorita’ en una película desusadamente mirífica, excesiva, apetitosamente petulante, suntuosa y opípara, sainada de picados, grandes angulares y meteorológicos ojos de pez, escenografías bizarras, ritmos contemporáneos y verbo anacrónico; aditamentos imprescindibles para iluminar el castigo, la crueldad, el sometimiento, las tribulaciones de la ascensión y la descomposición del descenso.

Emma Stone, como Abigail Masham, durante un instante de 'La favorita', de Yorgos Lanthimos, Fotografía cortesía de la distribuidora.

Emma Stone, como Abigail Masham, durante un instante de ‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos, Fotografía cortesía de la distribuidora.

Jose Ramón Alarcón

 

“Todos los artistas hacemos autorretrato”

‘Embody’, entrevista a Elvira Carrasco
Galería Mark Hachem
28 Place des Vosges, París
Del 18 al 28 de diciembre de 2018

La artista Elvira Carrasco, nacida en Cuenca pero afincada en Valencia, proviene de una familia donde la influencia cultural fue una constante desde que era pequeña. Decidió estudiar Historia del Arte pero en los últimos años su faceta artística ha resurgido y, a partir de su formación fotográfica en Londres, entró en la escena artística con su característico ‘Faces project’. Este proyecto llama la atención por lo versátil y colorido, así como por la aplicación del “conócete a ti mismo”. Su obra puede encontrarse en distintas galerías repartidas por la geografía española e internacional. En Valencia, sus obras puedes encontrarse en la Galería Maika de Valencia. Si bien Elvira produce su su obra principalmente en Valencia, tiene una gran repercusión en el extranjero, contando con el apoyo de galerías extranjeras como Mark Hachem, donde se expondrá su obra con motivo de la exposición ‘Embody’. Makma contacta con ella para acercarse un poco más a su producción.

Sé que probablemente es una pregunta que te hacen mucho pero ya que me gustaría empezar por tus estudios, ¿cómo influye a la hora de tomar referentes en tu producción el hecho de ser Historiadora del Arte?

Influye de manera muy contundente. Por supuesto, un rico y amplio conocimiento de la Historia del Arte, te ayuda a poder crear algo nuevo partiendo de tus predecesores e incluso contemporáneos. Me he dedicado durante, los años previos a “Faces Project”, a estudiar a fotógrafos creativos que me dieron una visión totalmente diferente de lo que para mí, hasta entonces, había sido la fotografía. Descubrí un mundo nuevo, lleno de posibilidades y quise, por supuesto, añadir mi granito de arena al mundo del arte con un proyecto innovador, que aportase algo distinto a lo ya conocido y realizado. Trabajé con varios proyectos hasta decantarme definitivamente por el actual y darle mayor protagonismo en mi carrera. Sin embargo, a pesar de estar más focalizada en fotógrafos en estos últimos años, cierto es que durante la carrera aprendí muchísimo sobre artistas, sus épocas, vivencias y producción; llamándome la atención numerosos de ellos, aunque no fue hasta que terminé mis estudios cuando me di cuenta de que yo quería formar parte de esta apasionante historia.

'Panacea'. Imagen cortesía de la artista.

‘Panacea’. Imagen cortesía de la artista.

En tu obra podemos ver como unes diversas técnicas (body painting, fotografía, dibujo…) para lograr un resultado final que, en realidad, aparenta ser muy improvisado…

En cada autorretrato doy una parte de mí. Ciertamente parece improvisado y, hay que darle rienda suelta a la improvisación, al nervio que te corre por el cuerpo a la hora de enfrentarte al “lienzo en blanco”, en este caso, mi rostro. Antes de comenzar cada obra, analizo y pienso qué colores quiero emplear, qué quiero transmitir a través de ellos y, no nos olvidemos, del papel tan importante que tiene la mirada en mis fotografías, te lleva a sentimientos y sensaciones placenteras o inquietantes. Juego con bocetos, anotaciones, composiciones de color. Pienso qué quiero conseguir y a dónde quiero llegar y después, el “nervio” o comúnmente llamado “genio creativo” hace su trabajo. No sé cómo explicar lo que se siente cuando vas a pintar o a crear algo, incluso a recitar un poema que sientes que te atraviesa el pecho… Es energía, vibración, miedo, angustia, frenesí y, el conjunto de todas esas emociones y sentimientos, ayudan a la ejecución de la obra.

Recientemente has empezado a trabajar la escultura en ‘Faces Project’, ¿cómo te estás enfrentando a este nuevo reto?

Pues con muchísima ilusión. Era algo que llevaba bastante tiempo pensando, dándole vueltas en mi cabeza para encontrar el mejor modo de conseguir esculturas para poder pintarlas como hago actualmente. Como suelo decir, son mis pequeñas joyas que produzco como complemento para seguir investigando “Faces Project” y materializar algo que, en mi rostro, acaba siendo fugaz. Además, esta técnica me permite también añadir complementos (ramas, huesos, collage…) a las figuras, lo cual me resulta extremadamente creativo y revitalizante.

Aunque la técnica cambie, el soporte siempre es el mismo: tu rostro. El uso del cuerpo y su experimentación en el arte está ligado muchas veces al concepto de identidad, ¿es este tu caso?

Considero que cuando un artista trabaja, ya sea consigo mismo o sobre un lienzo, está dándole al espectador (y por qué no, a sí mismo) un hilo del que tirar en cuanto a su personalidad se refiere. Todos los artistas hacemos autorretrato. Nuestras obras son parte de nosotros mismos, de nuestro interior y de nuestro propio mundo. Por supuesto que creo fielmente que los artistas nos cuestionamos cosas que para el resto del mundo seguramente pasen desapercibidas, tenemos dudas existenciales, cuestiones acerca de quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos para seguir vivos. El arte es un veneno que te ayuda a seguir hacia delante, es la mecha que enciende cada uno de nuestros días.

El autorretrato contemporáneo tiene muchas versiones. Por ejemplo, Cindy Sherman lo utilizó en su momento desde una perspectiva feminista, o Gillian Wearing con sus máscaras para mostrar la sociedad actual oculta; ¿te interesa explotar el autorretrato desde varias perspectivas?

Me interesa el autorretrato en todas sus versiones. Recuerdo que fui al IVAM de Valencia a ver la exposición que se hizo de Gillian Wearing y quedé realmente fascinada. Es una gran artista, me transportó a otro mundo, algo que grabo con gran ilusión dentro de mí. Incluso recuerdo la escultura de una de sus manos, también recuerdo los vídeos en los que la gente hablaba de sus miedos, inseguridades y preocupaciones, siempre dentro de una máscara que tapase su identidad. Creo que tanto Wearing como Sherman han abierto un gran debate en cuanto al autorretrato se refiere. Yo, sin embargo, podría hablar del autorretrato como soporte, como lienzo, dándole también valor a la obra de Yves Klein cuando utilizaba a esas mujeres llenas de pintura para sus creaciones. Lo tomo como el lienzo sobre el que expresaré con abstracción, forma y color, un mundo de posibilidades. Sin embargo, hay algo en lo que sí quiero hacer énfasis y es el uso de la mirada como referente, punto de encuentro entre el espectador y yo, de conexión mutua, como podría verse en los ojos de cualquier personaje de un museo, atravesando el lienzo.

'The Garden'. Imagen cortesía de la artista.

‘The Garden’. Imagen cortesía de la artista.

Hay algo de performático que, unido al concepto de lo efímero, hace que ‘Faces project’ pueda interpretarse desde lo multidisciplinar…

El proyecto abarca diferentes disciplinas artísticas. Se trata de una performance oculta al público, desde la soledad e intimidad de mi estudio, que se materializa en forma de fotografía. La pintura del rostro acaba formando parte del olvido, muy a mi pesar, y cambia de estado del propio cuerpo al soporte fotográfico. Sin embargo, todo este proceso, para mí, es un ritual, un momento en el que me encuentro sola conmigo misma, delante de diferentes pinturas, pigmentos y colores con los que realizaré un baile para conseguir mi objetivo final, el momento en el cual decido que la obra está preparada para ser fotografiada. A pesar de dicha soledad, sí que me planteo hacer performance delante de un público, algo que espero no tarde mucho en producirse.

¿Puedes adelantarnos algo de tus próximos proyectos?

Ahora mismo estoy ultimando detalles antes de empezar el nuevo año. 2019 viene cargado de viajes y nuevas exposiciones importantes para mi carrera, además de ferias de arte. Milán, Taiwán, Barcelona o Nueva York son algunas de las ciudades que puedo adelantar. En cuanto a ‘Faces Project’, sigo investigando cada día una nota nueva, sé que en mi cabeza todavía quedan miles de melodías por tocar y es eso lo que al final continúa moviendo mi motor.

¿Qué opinas sobre el panorama actual artístico?

El arte actual está colmado de sabiduría y experiencias. Los artistas más jóvenes nos movemos en los mundos de la tecnología y las redes sociales, lo cual nos permite exponer nuestro trabajo de forma eficiente. Miles y millones de personas estamos conectadas a través de aplicaciones en las que subimos nuestras creaciones para que un porcentaje elevado de gente pueda saber qué hacemos, cómo y por qué. El mundo está cada vez más globalizado, tendemos a unirnos cada vez más. Considero que, el estudio incansable de la Historia del Arte (desde sus inicios hasta hoy) llena de posibilidades una esfera que necesita artistas nuevos, apasionados y hábiles para llegar a las grandes galerías del mundo. Me considero afortunada por estar entrando en este bucle, tan importante a la vez que sufrido, en el que todo se convierte en una lucha constante del propio ser humano.

El giro constante del planeta nos lleva a los artistas a producir, pensar, viajar, distribuir y, poco a poco, crear una atmósfera reconocible y seria que pueda ser entendida por el público en general.

'Rock Gold'. Imagen cortesía de la artista.

‘Rock Gold’. Imagen cortesía de la artista.

Con esta reflexión sobre la hiperconexión actual y su ya inevitable incursión en gran cantidad de producciones artísticas, Elvira Carrasco presenta su personal proyecto ‘Faces project’ haciendo hincapié no solo en la parte técnica, sino en aquella que explora sus inquietudes, profundizando en la historia de la retratística y siempre con nuevos proyectos en mente. Para más información, se puede consultar su web www.elviracarrasco.com

María Ramis.

Exquisitos y heterodoxos en el 56 FICX

‘En busca del Óscar’ (Octavio Guerra, 2018), ‘Cassandro The Exotico!’ (Marie Losier, 2018) y ‘Qué tal Pascual’ (Bárbara Brailovsky, 2018)
Competición Internacional Rellumes
56 Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón (FICX)
Hasta el 24 de noviembre de 2018

“Hazme una máscara y una pared que me aparten de tus espías,
de esos ojos filosos y esmaltados, de esas garras patéticas
de ultraje y rebelión en los orfanatos de mi cara”
(‘Hazme una máscara’, Dylan Thomas)

Heteróclitos, inusitados, desusados, acrisolados y conceptivos, feraces y ubérrimos, ópimos y exquisitos, turbios o vítreos, yermos o fructuosos, distinguidos y decadentes, propios, raros, extravagantes y singulares.

Desde las precursoras escenas de ‘Eminescu-Veronica-Creanga’ (Octav Minar, 1914), la evolución del documental biográfico ha transitado por inquietantes carreteras secundarias al calor de lúbricos cineastas cuyos fascinantes (y, en ocasiones, estocásticos, perturbadores y enlodados) intereses han contribuido a colmar de personajes –sugestivas celebridades o embriagantes indocumentados– el exuberante devenir de las cinematografías periféricas.

Libérrima y parcialmente rescato del légamo a seres como las Edith Beale (madre e hija, tía y prima, a la par, de Jacqueline Kennedy Onassis), confinadas en la ruinosa hacienda de ‘Grey Gardens’ (Albert y David Maysles, 1975); el elegíaco fin de raza de los Panero en ‘El desencanto’ (Jaime Chávarri, 1976) y su ulterior y valetudinario ‘Después de tantos años’ (Ricardo Franco, 1994); la razón trágica, cristiana y cantillanera de José Pérez Ocaña en ‘Ocaña, retrato intermitente’ (Ventura Pons, 1978); la inefable sombra en cut-up de William Burroughs en ‘Burrgoughs: The Movie’ (Howard Brookner, 1983); el empolvado lupanar autobiográfico de Ramona Coronado en ‘Mónica del Raval’ (Francesc Betriu, 2009) o el hechizante hermetismo estepario del mirífico Harry Dean Stanton en ‘Harry Dean Stanton: Partly Fiction’ (Sophie Huber, 2012), solo por citar algunas confesas y aseadas debilidades.

Por ello, celebro con incontenibles albricias haberme precipitado en la presente edición del FICX por la cotidianidad escarpada de tres sujetos de rumbos vitales tan asimétricos como mesmerizantes, cuyos derroteros rivalizan en la sección internacional Rellumes (Destellos) del festival gijonés.

De este modo, el director canario Octavio Guerra escolta el concurso profesional del escritor bonaerense, crítico de cine y presidente de AEPRECI Óscar Peyrou en ‘En busca del Óscar’, mientras que la cineasta y comisaria francesa Marie Losier acompaña la biografía fronteriza del luchador paseño y queer Saúl Armendáriz Cassandro en ‘Cassandro The Exotico!’ y ‘Qué tal Pascual’ –mediometraje largo de Bárbara Brailovsky para el Máster en Teoría y Práctica del Documental Creativo de la UAB– rubrica el retrato del octogenario fígaro barcelonés Pascual Iranzo.

Si uno acicala sus argumentos con el perfume pseucocientífico de la morfopsicología, no cabe duda posible acerca de la excepcionalidad que portan consigo Peyrou, Cassandro e Iranzo, seres amanecidos en la pantalla con el porte de una fisiognomía tan arquetípica como heterodoxa:

Noble estatura, encarnada gorra de beísbol, camisas hawaianas y atuendo de lino estival, córneas y pupilas prominentes y lentes de alto índice, sempiterno estío, palabra lacónica y reticente, verbo abúlico y sucinto; principios que confieren al paso una inexorable impresión de vulnerabilidad y cáustica inapetencia (Óscar Peyrou).

Compacto tallaje, atlético torso, pómulos botulínicos y rostro cosmético, cabello cardado y áureo, prosodia mestiza y creencias sincréticas, chewing gum de fresas desérticas y ácidas, refrescos de cola con grosellas y poliuretano; aditamentos para un primer diagnóstico de figura tumefacta y camp (Cassandro).

Anatomía enjuta y talle encopetado, nariz prominente, cejas impetuosas, ojos acerados y anteojos mayúsculos, pelambre encoletado, verbo petulante y vanidad insolente, trago largo de maltas fermentadas y cítricos; ademanes opulentos y armonías consuetudinarias (Pascual Iranzo)

En consecuencia, Octavio Guerra, Marie Losier y Bárbara Brailovsky atesoran el afanoso reto de escudriñar tras la ceremoniosa máscara que, adherida, administra el pulso de sus personajes, con el propósito de permitirnos otear el envés, consumar la etopeya que toma refugio tras los overoles y completar el retrato digno de sus flaquezas.

Más allá de las iridiscentes y controvertidas críticas cinematográficas de Peyrou –cuya metodología de trabajo ha sido motivo de excelsa reflexión en estos predios por parte de Jesús García Cívico en el artículo ¿Es posible hablar de las películas que no se han visto?–, ‘En busca del Óscar’ desvela a un individuo abreviado por la biografía, encamastrado de emigración, viudedad, cinefilia y silencio. Octavio Guerra y Víctor Montoya (director de fotografía) apuestan por una plausible ataraxia estilística, cuyo perenne equilibrio permite que sean su protagonista y sus diversos interlocutores quienes acentúen la métrica de la estupefacta hilaridad (protagónica) y las tribulaciones (tan comedidas como suficientes para evitar el remedo).

Provista de los ornamentos perforados y la textura amateur del 16mm, ‘Cassandro The Exotico!’ secunda el auge de la memoria y la decadencia gimnástica y emocional de Saúl Armendáriz, erigido en prócer de los exóticos –luchadores profesionales enmascarados con ademanes afeminados e hiperbólicos–. Marie Losier aporta las virgulillas estéticas a la semblanza locuaz de Cassandro, acérrimo y vigoroso adalid sobreviviente de narcóticos sótanos y hostigamientos, eclosionando de entre púlpitos domésticos, camastros de hotel, barbacoas costumbristas y cicatrices existenciales.

Por su parte, Bárbara Brailovsky y Gustavo A. Mejía (director de fotografía) se sitúan con esteticismo entre la facunda máscara y los espejos del ínclito peluquero Pascual Iranzo, atentos a los combinados del barman Ginés Pérez Navarro –en la contrastada barra del Belvedere– o a las prosaicas y jocosas reuniones de amigos en la costa de Blanes. Un filme que supera sin mácula las expectativas de un primer proyecto cinematográfico.

Guerra, Losier y Brailovsky ofrecen aventajados motivos para permanecer atentos a sus ulteriores propuestas. Peyrou, Cassandro e Iranzo han manifestado el carácter para alojarse en la memoria, tras haber sido razón.

Un instante del rodaje de 'Cassandro The Exótico!', de Marie Losier. Fotografía cortesía del FICX.

Un instante del rodaje de ‘Cassandro The Exótico!’, de Marie Losier. Fotografía cortesía del FICX.

Jose Ramón Alarcón