“El ero-guro es un transgénero bastardo”

Entrevista con Jesús Palacios
‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’ (Satori Ediciones)
XXXI Semana Negra de Gijón

Bajo una incivilizada y asfixiante canícula, tan portuaria como insólitamente cantábrica, Jesús Palacios (Madrid, 1964) transita avezadamente por el tórrido asfalto de la XXXI Semana Negra de Gijón, portando en el morral de caza su más rozagante título, ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, una de esas lúbricas publicaciones de Satori que erigen al sello gijonés (y a sus progenitores, Marián Bango y Alfonso García), en una excelsa editorial de referencia para el orbe patrio necesitado de ardor oriental y japonología.

Abanderado por Palacios, en calidad de editor literario, coordinador y ensayista, ‘Eroguro’ se revela como un proyecto de consumación polifónica por el que transitan, en compañía del escritor madrileño, autores como Iria Barro Vale, Daniel Aguilar, Rubén Lardín y Germán Menéndez Flórez –quien secunda por estos lares y a quemarropa al creador de turbios enveses goremaníacos y conspicuos sótanos infernales, zombis y hollywoodienses–.

El volumen –que cuenta con una ilustración en portada de Shintaro Kago (‘Head Explosion’) y la rúbrica de artistas como Miguel Ángel Martín, Sandra Uve, Félix Ruiz, Albert McTorre, Suki, Pablo Morales de los Ríos y Lolita Aldea–, atesora los más inquietantes mimbres y conceptos proposicionales como para situarse frente a uno de esas conjunciones y florilegios que se alumbran, ya de partida, verticales, totémicos y endriagos. Por ello, se antojaba preciso y necesario que MAKMA alzara la mano y cuestionara, supeditados a la fértil prosodia de Jesús Palacios.

eroguro-satori

¿Qué raíces fonéticas y semánticas perfilan el término ero-guro, sin duda un peculiar extranjerismo híbrido?

El ero-guro, como su propio nombre indica, es una corriente cultural, que en Japón surge en las primeras décadas del siglo XX, aunque se pueden trazar sus orígenes hasta mucho tiempo antes, dentro de las grandes tradiciones culturales niponas. Es una costumbre que los japoneses tienen también de adoptar vocablos de otros idiomas, sobre todo del mundo anglosajón, para definir cosas que no forman parte del propio lenguaje y de la tradición concreta japonesa; de ahí que se llame ero-guro-nansensu, siendo erótico, grotesco y sin sentido o absurdo (siendo esta la traducción más adecuada).

Una corriente cultural que se extiende por toda una serie de elementos propios de la cultura japonesa del siglo XX, que caracteriza una forma particular de abordar y mostrar en su literatura y sus artes gráficas y formas de expresión más contemporáneas, como el cine y, sobre todo, el manga; un universo donde lo erótico, lo sensual y lo sexual se mezclan, se da citan y se simbiotizan con un sentido del humor y del horror marcadamente grotesco, que busca la erotización de lo terrible, de la deformidad, de la mutilación, de los elementos que asociamos con la propia fisicidad del horror. Es un concepto que encaja, en cierto modo, con la idea expuesta por Freud acerca del Eros y el Tanatos –de la pulsión de vida y la pulsión de muerte–, de cómo el erotismo y los impulsos aparentemente opuestos de muerte, dolor y destrucción, van inextricablemente unidos en la experiencia humana y en su expresión artística.

A todo ello se le suma ese elemento del nonsense, del absurdo, porque detrás de todas esas expresiones culturales hay una especie de mirada desesperanzada hacia el ser humano, por una parte muy lúdica (e incluso con su dosis de crítica social), pero, sobre todo, es índice del absurdo de la existencia humana; en un mundo donde cosas como la mutilación y la exhibición gráfica de la violencia se convierten en sensualidad pura, en fetichismos eróticos, se convierten en una incitación al carpe diem.

En el prólogo, ‘Eroguro: el lado oscuro de Japón’, haces referencia a sus raíces espurias como género, indicando que es “un producto bastardo de una época y lugar concretos, los años veinte y treinta en Japón”.

El ero-guro es un género de géneros, un metagénero o un transgénero que participa de muchas expresiones culturales distintas y de muchos elementos bastardos; fundamentalmente, es un género bastardo, porque también surge a principios del siglo XX en un momento en el que Japón se está abriendo a Occidente, se está abriendo a la influencia no solo de Estados Unidos, sino también a la que provenía de la URSS y de todos los ámbitos occidentales, con todas sus vanguardias, con todos sus ismos.

 

¿Qué elementos singularizan a esta corriente cultural para radicarse y evolucionar con tal grado de excepcionalidad en Japón?

Se puede pensar que todo ello podemos aplicarlo a, prácticamente, todas las expresiones culturales del mundo entero, de la cultura occidental: sea el Marqués de Sade en Francia y toda la tradición decadentista y perversa de la literatura francesa o de la inglesa, con Oscar Wilde; obviamente, la gran figura central, muy importante para el desarrollo del ero-guro en Japón, es la Edgar Allan Poe (el santo patrón del ero-guro).

A pesar de que eso es cierto y se refiere a una experiencia universal del ser humano, en Japón adquiere unas tonalidades muy propias y distintivas. Japón, por sus características físicas y geográficas, por su aislamiento de Occidente y tardar tanto tiempo en integrarse en su corriente cultural, desarrolla estas inquietudes, esos elementos mórbidos y esta estetización del mal, de la violencia y de lo perverso, de una forma particularmente extrema.

Por una serie de condicionantes, que se abordan y reflexionan en el libro, podemos incluir que Japón es una sociedad muy tradicionalista, una sociedad donde ha habido siempre, salvo en breves períodos de su historia, un gran control jerárquico de los comportamientos sociales y culturales de la población y, por tanto, una especie de censura especialmente potente por parte del Emperador y del Estado. Bajo ese régimen feudal e imperialista, que presionaba tanto sobre las formas de expresión vinculadas con la sensualidad, el erotismo, la violencia, etc., se provocó que esa presión hiciera salir a los fantasmas libidinales de una forma radicalmente perversa, por comparación con la nuestra.

¿En qué territorios de la creación debemos encontrar los antecedentes, causas, motivos e influjos del ero-guro?

En ese momento hay un gran movimiento joven en Japón que quiere modernizar el país en todos los sentidos, y uno de ellos también es el sentido estético y cultural. Recibe con los brazos abiertos el cine expresionista alemán y toda esa serie de películas fantásticas y morbosas, como ‘El Gabinete del Doctor Caligari’, ‘Nosferatu’, etc., ideas del futurismo y el constructivismo, el cubismo, la deconstrucción del cuerpo humano y todo tipo de ideas vanguardistas, pero que al mismo tiempo encaja, que es lo importante –de ahí esa idea netamente bastarda y japonesa del fenómeno, que lo diferencia y lo distancia del resto de esas expresiones erótico-grotescas que podemos encontrar en otras tradiciones culturales occidentales–, en un terreno muy abonado, como el teatro Kabuki, la época dorada de las artes gráficas japonesas, como el grabado Ukiyo-e, que empieza alrededor del siglo XVI y continúa hasta el siglo XIX, donde aparecen dos fenómenos concomitantes con el ero-guro y que lo nutren.

Normalmente, cuando hablamos de Ukiyo-e pensamos en las bonitas vistas del monte Fuji, de Tokio, pero, aparte de esto, existían también los llamados “grabados de primavera”, entendiéndose “primavera” como un eufemismo para sexo, para erotismo, que llegaron a ser terriblemente explícitos, hasta que en un momento determinado el Emperador dictó un edicto que prohibía esas expresiones pornográficas que, sin embargo, el pueblo japonés había asumido, hasta entonces, como perfectamente lícitas.

Bajo inquietantes neones onomatopéyicos de la XXXI Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios posa con un ejemplar de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Bajo inquietantes neones onomatopéyicos de la XXXI Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios posa con un ejemplar de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Por otra parte, tenemos los grabados Muzan-e, que vienen a traducirse como “grabados sangrientos”, y que eran la manera en que los artistas gráficos japoneses, cuando no existía la fotografía e, inlcuso, cuando ya empezó –pero era demasiado cara para la mayor parte de los medios periodísticos japoneses–, representaban con todo lujo de detalles los crímenes populares de la época. Era la página de sucesos, pero en lugar de recurrir o utilizar una fotografía, publicaban un maravilloso grabado en madera que representaba, por ejemplo, al samurai que degolló a su mujer y sus dos hijos y, después, se ahorcó, y lo hacían recurriendo a todo tipo de elementos coloristas y truculentos.

Por tanto, ya el propio Japón había generado una serie de tradiciones de lo grotesco, de lo erótico, muy ligadas entre sí; una concepción particularmente exótica a nuestros ojos de todo lo que eso conlleva, muy diferenciada de la occidental, y al choque y la influencia del exterior, de la llegada y recepción de la obra, principalmente, de Edgar Allan Poe, obras divulgativas como las de Freud o como el ‘Psychopathia sexualis’, de (Richard) von Krafft-Ebing –que conoció varias traducciones al japonés–; un aperturismo cuando, curiosamente, en Japón había mucha censura para lo interior, pero lo extranjero en ese momento se veía como particularmente chic, un signo de modernidad, sobre todo en el período Taiso –que fue un período muy corto, de un emperador muy débil (que son los mejores emperadores que se pueden tener)–, que permitió, precisamente, que entraran todas esas influencias modernizantes occidentales.

¿De qué modo se reciben esos céfiros modernizantes en el horizonte de las circunstancias políticas, literarias y artísticas imperantes?

De ese encuentro, de todas esas tendencias, de la novela popular occidental, la novela policial, de crimen y misterio, los primeros atisbos de ciencia ficción, la literatura, sobre todo, decadente, surge una gran reacción contra un realismo social, digamos, de primer cuño que hubo en Japón, a imitación de las novelas y las ideas de (Émile) Zola o del primer (Gustave) Flaubert, etc.; una reacción esteticista y espiritualista, en cierto modo.

Curiosamente, el ero-guro, con todo lo que tiene de fisicidad y perversión, es también un género muy simbolista. De todas esas fusiones surge este gran monstruo maravilloso que es el ero-guro, porque fueron unos aires de libertad absoluta los que se vivieron en esos años 10 y 20 en Japón, hasta incluso los primeros 30 o, prácticamente, hasta la entrada de Japón en la II Guerra Mundial, momento en el que el gobierno japonés pretende resucitar el espíritu imperial y militarista necesario, patriótico, para invadir el resto del mundo y para llevar su idea del orden y del concierto al resto de Asia.

Obviamente, el ero-guro, con toda esa carga de nihilismo, de visión sórdida de la humanidad, de sacar a la luz el lado oscuro de los seres humanos –en relatos, por ejemplo, como ‘La oruga’, de Edogawa Rampo, escritor que se hizo llamar así en honor a Edgar Allan Poe–, era lo que menos convenía a la ideología militarista y totalitaria del Japón que ya se preparaba para entrar en la II Guerra Mundial y para conquistar a sus vecinos asiáticos.

El ero-guro fue algo que transpiraba por toda la sociedad nipona. El término se le atribuye al gran escritor japonés Yasunari Kawabata, –que luego sería ganador del Premio Nobel–, que en su primera novela, muy vanguardista, ‘La pandilla de Asakusa’, dice que en los años 30 todo en Japón transpiraba erotismo, grotesco y absurdo, y de ahí surgió esa etiqueta. El ero-guro propiamente dicho muere con su expansión imperialista y colonial en Corea del Sur y en Manchuria, pero, verdaderamente, no muere nunca, porque en realidad pasa a formar parte del propio riego sanguíneo de la cultura japonesa y se imbrica absolutamente en ella.

Pasada la II Guerra Mundial, la gran catástrofe que dejó a Japón reducida a cenizas, prácticamente –no solo Hiroshima y Nagasaki, con el terror atómico, sino también Tokio, que fue pulverizada por los bombardeos–, fue el escenario ideal para que esas ideas de erotismo desesperado, de revalorizar las experiencias del cuerpo humano y de llevarlo a sus límites, volvieron a surgir no solo en la literatura, sino en nuevas formas que previamente no había podido reflejar el ero-guro de la novela, porque no era el momento adecuado ni desde el punto de vista histórico ni tampoco de las propias capacidades de esos medios de expresión artística, como el cine y el manga.

Germán Menéndez Flórez y Jesús Palacios durante la presentación en la carpa A Quemarropa de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Germán Menéndez Flórez y Jesús Palacios durante la presentación en la carpa A Quemarropa de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

¿Qué papel debe atribuírsele al manga en el fenómeno presente del ero-guro?

El manga ha sido el gran embajador de la cultura popular japonesa y, por tanto, gran embajador del ero-guro, a través de la obra de mangakas como Hideshi Hino, Suehiro Maruo o Shintaro Kago, de quien es la portada del libro, y de los que también se ocupa un artículo del volumen. El cine y el manga van a hacer que el ero-guro llegue hasta nuestros días gozando de un excepcional grado de salud.

¿Cuáles han sido los principales motivos que han refrendado la necesidad de abordar este ensayo polifónico?

Uno de los impulsos principales del que surgió el hacer el libro sobre ero-guro fue que la propia editorial Satori estaba publicando cada más y más autores concretamente de este género, en la colección de ficción, sobre todo, pero también, en algunos casos, en la de clásicos estaban dando a conocer a autores no solo consagrados y más conocidos, como el caso de (Junichiro) Tanizaki –que es un autor que, aunque muchas veces no se dice, más de la mitad de su obra es ero-guro–, sino también obras inéditas de Edogawa Rampo –que como he mencionado, es el gran personaje central del género–, al igual que otros como Kyusaku Yumeno –que estaba inédito en nuestro país– o Ango Sakaguchi, autor de ‘En el bosque, bajo los cerezos en flor’. Todo este tipo de escritores que antes eran prácticamente desconocidos aquí o, en algunos casos, mal traducidos del francés o del inglés, Satori lo estaba dando a conocer.

A través de esas lecturas me di cuenta de que no existía ningún libro que diera el marco referencial para encajar a todos esos autores y los temas de los que hablaban y su universo ero-guro, que además tenía esa extensión, después de la II Guerra Mundial, hacia el cine y hacia el manga. En manga había salido mucho editado, muchas publicaciones que se habían agotado, pero que ahora se están editando; por ejemplo, en Glenat y en otras editoriales se estaba publicando a Suehiro Maruo, que adapta muchas obras de Edogawa Rampo y de Kyusaku Yumeno, etc., pero también otros mangakas cercanos al ero-guro, como Junji Ito, como Hideshi Hino –que, a su vez, también es un director de cine de terror ero-guro–.

También en los festivales de cine y en el mundo de los aficionados al cine oriental, directores muy prestigiados e interesantes, como Sion Sono o como Takashi Miike, en las útimas décadas, habían utilizado el género del ero-guro para muchas de sus obras, adaptando, en algún caso, obras literarias, pero siempre muy cercanos al ero-guro; y otros clásicos de los años 60 y 70, como el propio autor de ‘El imperio de los sentidos’, Nagisa Oshima, y otros menos renombrados, que poco a poco se han ido dando a conocer, como Seijun Suzuki, tenían que ver con ese universo.

Y una vez más, te encontrabas con que no había ninguna obra que permitiera acceder al contexto general que, de alguna manera, unificaba todas esas películas, cómics y obras literarias, y que diera también el marco histórico y teórico para fundamentar la existencia del ero-guro, el porqué era así y no solo las anécdotas del nombre del género, sino la naturaleza particular de la expresión de lo erótico-grotesco en Japón, las vicisitudes históricas a las que se debe su aparición, que tienen que ver con fenómenos como el terremoto de Kanto a principios de siglo XX, hasta cómo desaparece al llegar la II Guerra Mundial por la intromisión, cada vez más brutal, de la censura militar, etc.

¿Qué tipo de publicaciones y ensayos existían sobre la materia hasta el momento?

Había libros en el extranjero, en inglés y en francés, pero fundamentalmente tesis doctorales publicadas en forma de libro y, sobre todo, centrados más en el aspecto sociológico que en literario y cultural. Porque, efectivamente, el ero-guro, más que un género literario en sí mismo, era una corriente histórica, artística, que impregnaba todo. A ese respecto, sí que hay un par de libros que lo abordaban, pero que paraban todos con el final de la era del ero-guro en los años 30 y que dejaban de lado expresiones contemporáneas y populares, como la novela de género, el manga, el anime, el hentai, el porno, etc.

Todo eso faltaba, por eso creo que, realmente, el libro es único (en España, desde luego, al 100%) e, incluso, diría que a nivel internacional no existe ninguna otra publicación que se haya atrevido a abordar el ero-guro desde las distintas ópticas de los distintos medios, géneros, etc., en los que te lo encuentras.

El escritor Jesús Palacios posa con un ejemplar de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El escritor Jesús Palacios posa con un ejemplar de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

La memoria quebrantada

Memoria: El bombardeo del 25 de mayo de 1938 del Mercado Central de Alicante
Entrevista a Alex Guillén y Sergio Lombarte
Centro Cultural Las Cigarreras, Alicante

“La memoria es como un don maravilloso y una maldición implacable”, dijo Aharon Appelfeld, novelista israelí que en esta frase ya sentencia el potencial y la relación entre memoria, identidad e historia. La productora Letra & Frame presentó el pasado viernes 25 de mayo en el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante, ‘Memoria’, un corto documental que reconstruye el terrible suceso que este año cumple 80 años. Se trata de recuperar en un retrato audiovisual la Guerra Civil en Alicante a través de una combinación de testimonios y material gráfico de la época.

Entrevistamos a Alex Guillén director y escritor de ‘Memoria’, y a Sergio Lombarte, director de fotografía, edición y posproducción de este proyecto.

¿Qué motiva a Letra & Frame a llevar a cabo este documental? ¿Cuál es el objetivo?

Alex Guillén (AG): Nosotros, en nuestra productora Letra & Frame, tenemos un lema, que es el de contar historias. Y nos pareció que esta tenía que contarse y no caer en el olvido por todo el impacto que tuvo en la ciudad y en su historia. No obstante, estamos hablando de un bombardeo en el que murieron 300 personas que fueron enterradas en su mayoría en una fosa común. Y cuya memoria por distintos acontencimientos que pasaron se diluyó en el tiempo convirtiéndose en un rumor o una leyenda que pocos conocían a ciencia cierta.

Sergio Lombarte (SL): Son muy pocas las personas de nuestra generación, o incluso de la de nuestros padres, que saben que esto ocurrió. Mi familia lleva en Alicante más de 20 años y no habían oído hablar de bombardeos durante la guerra civil hasta que comenzamos este proyecto.

En el documental aparecen diferentes personas, desde una testigo hasta un periodista. ¿Qué os llevo a centraros en esos testimonios?

(AG): La brevedad del formato que hemos escogido nos obligaba a seleccionar pocos perfiles muy concretos que tuvieran un conocimiento profundo del tema. Y que al mismo tiempo, se complementaran entre sí para cohesionar la narración. De esta forma seleccionamos un periodista experto en la historia de Alicante que nos aportó imparcialidad, un historiador y arqueólogo que nos dio datos precios, un investigador experto en el tema que nos brindó análisis…Y una testigo que nos ofreció su memoria y que es la auténtica protagonista del relato.

Una de las escenas del documental. Imagen cortesía Letra & Frame.

Magdalena Oca, testigo que aparece en el documental. Imagen cortesía Letra & Frame.

¿Por qué este formato de documental corto?

(AG): Nuestra productora apuesta por el reportaje o documental corto porque creemos que es un format que gracias a su duración es capaz de enseñar y entretener sin aburrir. Y en los tiempos que vivimos donde todo es rápido y va a la velocidad de la luz, tenemos que adaptarnos a la realidad audiovisual del mundo.

(SL:)  No obstante, Hemos querido darle una estética cinematográfica que suma mediante un juego estético más dramatismo y permite que el espectador se sumerja en el relato.

¿Cómo ha sido el proceso de montaje?

(SL): Para un proyecto de esta embergadura son necesarias muchas horas de dedicación. Nuestra pasión por el formato documental, así como la carga histórica del mismo han sido nuestro principal combustible. Como director de fotografía, me he volcado por conseguir una estética que acompañe a la narrativa. Del mismo modo que la producción y guion realizados por Alex sin duda fueron sublimes y factores clave para desarrollar este documental.

(AG): Ha sido un proyecto exhaustivo realizado en tiempo record, pues en apenas tres meses lo hemos completado. Al ser un proyecto independiente no se ha contado con financiación externa, pero aun así, nada nos ha frenado a la hora de llevarlo a término. La implicación de Mister Barceló , Kurtys Flow y Rebecca Wasser también ha sido un factor determinante para que todo saliera según lo previsto.

Una de las escenas del documental, Mercado Central de Alicante. Imagen cortesía Letra & Frame.

Una de las escenas del documental, Mercado Central de Alicante. Imagen cortesía Letra & Frame.

‘Memoria’ ha implicado varias disciplinas artísticas y a varios agentes culturales de la ciudad, ¿era algo premeditado o han ido surgiendo necesidades?

(AG): Desde el primer momento Sergio quiso darle un efoque muy artístico al proyecto, no quedándose meramente en la realización de un documental: Estudiamos los planos, el color y el resultado que queríamos, apostando por una línea gris que acompañara la tristeza de la historia y al mismo tiempo la objetividad y la neutralidad. Esta no es una historia que acabe bien. En cuanto a las colaboraciones, fueron surgiendo de manera espontánea conforme fuimos desarrollando el proyecto hasta que creamos nuestro pequeño universo.

(SL): Conforme avanzaba el documental vimos claro que teníamos que crear un proyecto transmedia, que fusionara varias disciplinas. El primer paso fue plantearnos una fusión de reportaje y documental, con una visión cinematográfica. La primera colaboración externa fue la composición de la canción 25 de Mayo, escrita e interpretada por Mister Barceló y producida por Kurtys Flow. La canción la reservamos para los créditos del documental, dándole a las víctimas una despedida digna. Además realizamos un videoclip para esa misma canción que siguiese la misma estética que el documental. También decidimos contar con la colaboración de Rebecca Wasser, artista alicantina autora de ‘Ecos’, el óleo que cierra el documental. Su cuadro aporta un valor que no podíamos conseguir de otra manera consiguiendo combinar producciones audiovisuales con música y pintura.

Queríais desde el principio que ‘Memoria’ fuera un proyecto independiente, ¿en todos los sentidos?

(AG): Sí al 100 %. La idea desde el primer momento ha sido realizar una producción  didáctica, amena, neutral y objetiva.

(SL:) Pura historia basada en testimonios de testigos y expertos.

‘Memoria’ está publicado en la web de Letra & Frame y se puede disfrutar aquí. Próximamente se irá proyectando en colegios o en eventos. La programación se puede consultar en el siguiente enlace: letrayframe.com.

Maria Ramis

La retórica carniforme de Julio César en 10 Sentidos

‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci
Festival 10 Sentidos
Monasterio de San Miguel de los Reyes
Avenida de la Constitución 284, Valencia
Miércoles 16 y jueves 17 de mayo de 2018

“Amigos, romanos, compatriotas, escuchadme: vengo a sepultar a César, no a loarlo”

Aproximarse a la figura del conspicuo dictador de la Antigua Roma, Gaius Iulius Caesar, requiere transitar, de un modo inexcusable, por los vestigios preludiares del drama shakesperiano ‘La tragedia de Julio César’, rescoldo literario de ineludibles vigencias a partir de las que procurar un ejercicio de revisitación como el que rubrica el multidisciplinar dramaturgo cesenati Romeo Castellucci.

Dos décadas después de su estreno, este heterodoxo Giulio Cesare prosigue su internacional singladura escénica y recala su magistratura enl monasterio jerónimo y renacentista de San Miguel de los Reyes –actual sede la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu–, erigido en justificado adalid programático de la presente edición del Festival 10 Sentidos, mediante una adaptación de pezzi staccati (fragmentos de repuesto) que sintetiza la configuración original ideada por Castellucci.

Imagen del elenco actoral de  'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Imagen del elenco actoral de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

“No tengo ni el ingenio, ni las palabras, ni la capacidad, ni los gestos, ni la elocuencia, ni el poder de revolucionar la sangre de los hombres”

Y, sin embargo, henchida de visajes y prédicas, de potestad y vigor, de virtuosas y epatantes facultades cobra forma trágica esta lacerante oda escénica que clama insurrecta y literalmente por la palabra hecha músculo y herida, el verbo convertido en carne.

De este modo, ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’ se sirve de cámaras endoscópicas, movimientos sonoros, hiperbolizados ademanes, litúrgicos sacrificios y alocuciones laringectomizadas para exhumar los orígenes de la prosodia, vislumbrar la morfología laringítica del lenguaje y desentrañar la retórica carniforme que habita en lo corruptible.

Frente al retablo de José Cavaller y bajo el cimborrio cupular se concitan los conspiradores Flavio y Marulo, vertebrados por el aparato fonador de ‘…vskji’ (¿Jerzy Grotowski? ¿Konstantín Stanislavski?) –encarnado por Sergio Giuseppe Scarlatella–, el inapelable destino de un decadente Julio César –eminente y sobrecogedor Gianni Plazzi– y el discurso fúnebre de Marco Antonio el Triunviro –traqueostómicamente oralizado por Maurizio Cerasoli–, amén de un ingenio lumínico cuyo quebrantador funcionamiento, a modo de garrote, reporta obscuridad y epílogo a la representación.

Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, y el director escénico Silvano Voltolina, en compañía de Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de 'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, y el director escénico Silvano Voltolina, en compañía de Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Durante la presentación a los medios, Silvano Voltolina, ayudante de dirección y responsable escénico de la presente adaptación para el Festival 10 Sentidos, hubo manifestado que ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’ “funciona como una cirugía, con el fin de contemplar qué es lo que sigue vivo” del cuerpo de la pieza original y aquello que atesorase “una mayor carga de significado para el público y para los propios actores”, atendiendo a su línea artística de trabajo; “en este caso, nosotros recuperamos cuatro fragmentos esenciales de la representación completa”, como son “el comienzo y el más poderoso monólogo (quizás de la historia del teatro), como es el monólogo de Antonio (Marco) frente al cuerpo de César (Julio), unido al sacrifico de Julio César e, igualmente, el final de la representación original, con el funcionamiento de este garrote”.

Por su parte, el corpus arquitéctonico y acústico del interior de la iglesia del Monasterio de San Miguel de los Reyes se incorpora a la presente compostura como un elemento decisivo para la acción; por ello, para Voltolina “la idea es intervenir lo menos posible en el espacio en el que se va a representar la obra. La pieza no va con escenografía, sino que su función es hacer uso del lugar”.

Un lugar visibilizado, en tanto que “este tipo de propuestas ponen este espacio a disposición de la ciudadanía y les da la oportunidad de disfrutar de algo que les pertenece”, apuntó Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, en explícita sintonía con el horizonte conceptual de ‘Invisibles’, lema de la séptima edición del Festival 10 Sentidos.

Un instante de la escenificación de 'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Un instante de la escenificación de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

Crónica universal de una sorda desventura salvaje

‘Rosas Salvajes’, de Anna Jadowska
Polonia, 2017
90 minutos
Filmin

La plataforma de vídeo bajo demanda Filmin estrena en exclusiva ‘Rosas Salvajes’, de la directora  Anna Jadowska; drama polaco cuya producción hubo recibido el pasado otoño el Stockholm Impact Award en el Stockholm International Film Festival, el Premio del Jurado Ecuménico en el 27 Festival de Cine de Cottbus e, igualmente, participó a concurso en la Competición Internación Rellumes del 55 Festival Internacional de Cine de Xixón.

‘Rosas Salvajes’ –’Wild Roses’ (Dzikie Róze)– es el quinto largometraje de ficción de la realizadora de Olésnica (Polonia), si bien su trayectoria ha transitado, igualmente, por el género documental y la series de televisión. Una de las principales y renombradas singularidades del filme reside en el hecho de que la mayoría del equipo técnico está compuesto por mujeres, cuestión de relevancia no solo para el orbe cinematográfico de esta república centroeuropea.

Rosas Salvajes. Makma

No obstante, durante su presencia en el FICX del pasado noviembre, Anna Jadowka consideró este detalle como una cuestión periférica y no determinante para encauzar o posibilitar un discurso artístico de género: “No me gusta este concepto de cine hecho por mujeres, creo que hay muchos cineastas hombres que tienen formas de trabajar muy parecidas, no pienso que importe tanto el sexo como la persona”, aseveraba a la prensa asturiana en las jornadas previas a la presentación de la película.

Jadowska, quien también rubrica el guión, sitúa el relato sobre el horizonte estival del medio rural polaco, inmerso en el paisaje sonoro y visual de una pequeña comunidad católica contemporánea, análoga a los ritmos y costumbres de entornos labriegos de cualquier país de idiosincrasias y liturgias semejantes a la que podemos encontrar por estos lares.

La narración se implementa a partir de un in media res cuya acción exhorta al espectador a descifrar la deriva conductual de los personajes, comandados por el laconismo y la introspección de Ewa –interpretada por una excelsa Marta Nieradkiewicz–, una recolectora de rosas silvestres que retorna al hogar tras una prolongada estancia hospitalaria acerca de la que no se reportan detalles y que, a la postre, se revelará determinante para la composición definitiva de cuantas dubitaciones y elipsis gobiernan su argumento.

‘Rosas salvajes’ perfila la gestación de un conflicto moral encaminado por las turbias y sordas relaciones maritales, extraconyugales y paternofiliales, en un austero microcosmos tan sosegado y común como lacerante. A la postre, una sencilla y pequeña historia que atesora la virtud de postularse como una crónica universal de ciertas desventuras pasionales, regidas por la soledad y el vacío como estados emocionales consecuentes.

Si con anterioridad y por motivos excepcionales debía repararse en la nómina de su equipo técnico, conviene ahora resalatar, por razones cualitativas, la dirección de fotografía de Malgorzata Szylak y el distinguido y minucioso trabajo del equipo de sonido, encabezado por Sebastian Branski y Agata Chodyra, cuyos miríficos resultados dotan a esta producción de Alter Ego Pictures de los suficientes mimbres para justificar y aupar estilísticamente la cruda y destacada autoría de Anna Jadowska, cineasta sobre la que se debe permanecer atento.

Rosas Salvajes. Makma

Jose Ramón Alarcón

 

Saura: “siempre estoy pensando en el futuro”

Entrevista al director de cine, fotógrafo y escritor Carlos Saura, con motivo de la presentación su última novela, ‘Ausencias’, editada por el sello Laborinto
Librería Railowsky
53 Fira del Llibre de València

El eximio director de cine Carlos Saura ha recalado en la ciudad, en compañía del editor Emilio Pascual y del catedrático de la Univesidad de Alcalá de Henares Antonio Fernández Ferrer, para presentar ‘Ausencias’ –cuarta novela del autor, publicada por el sello madrileño Laborinto–, invitado por la Librería Railowsky y en pleno cronograma de la 53 Fira del Llibre de València.

Con tal motivo y tras los encuentros con el público celebrados en La Llotgeta y en la sede de la Librería Railowsky, Makma entrevista en los Jardines de Viveros (entre rúbicras y dedicatorias) al provecto y prolífico autor aragonés con el fin de aventurar una mirada reflexiva sobre algunos aspectos de su cosmogonía metodológica.

Se presenta en Valencia con su cuarta novela, ‘Ausencias’, polarizada en torno de la ausencia fotográfica, de la cámara como germen y elemento vertebrador y, a la par, como enigma.

Sí. Aunque no me gusta desvelar demasiadas cosas de la novela, la asuencia proviene de un libro de Diane Arbus, la fotógrafa americana (por cierto, maravillosa). Me compré un libro sobre su obra en Madrid y tenía una página rasgada, rota, y me pareció como una especie de violación de un libro tan precioso. Lo iba a devolver y entonces pensé: “en vez de devolverlo, voy a pensar qué es lo que había en esta página”. Entonces comencé a escribir la novela.

¿Se advierte usted en la narrativa transitando por un territorio libérrimo, en comparación con otros oficios artísticos?

No. Lo que pasa es que escribir es un proceso solitario, es una maravilla. En el cine escribir un guión es igual, estás solo, pero luego tienes que hacer una película y estás con cuatrocientas personas; es un lío trabajar con un grupo tan grande de gente. En cambio, dibujar, pintar, escribir música (no interpretarla, claro) o escribir una novela son procesos solitarios y todo lo que ocurrre te sucede a ti, no hay nadie que te pueda ayudar; eso me parece muy interesante.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela 'Ausencias', en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela ‘Ausencias’, en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sin duda, un concepto que puede ajustarse a su perfil creador es el dilentantismo, en tanto que usted ejerce y se nutre de múltiples campos, influjos e inquietudes.

Es verdad. Yo digo siempre que soy un aficionado de todo. De la fotografía menos, porque he sido profesional y puedo ser un buen fotógrafo si quiero, aunque no me interesa serlo tampoco. Pero en cuanto a todo lo demás, excepto el cine, son cosas periféricas que me sirven, en el fondo, para cultivarme y estar con la cabeza despierta y para hacer alguna película, aunque no siempre. Creo que escribo ahora mucho mejor que antes, porque, como todo en la vida, si escribes todos los días un poco terminas escribiendo bien, como sucede con la fotografía, la pintura, todo; si practicas terminas haciéndolo mejor. Pero bueno, nunca presumo de ser un gran pintor ni escritor, ni me interesa.

¿Encontrarse en permanente ebullición creativa también es un motivo para no volcar la mirada o no revisitarse?

Sí, a mí no me interesa revisitar mi obra, nada. A veces, no tengo más remedio, porque he hecho más de cuarenta películas y, en ocasiones, me reclaman de un festival o me realizan un homenaje y me da vergüenza levantarme y marcharme; no tengo más remedio que verlo. No me gusta nada ver mis películas, siempre estoy pensando en el presente y en el futuro, en lo que vas a hacer, y no en lo que has hecho ya, porque eso es muy aburrido. Es más, a veces las veo y no me parece que sean mías.

¿Qué le ha parecido el trabajo documental sobre su trayectoria implementado por Félix Viscarret en ‘Saura(s)’?

Me pareció bien. Un trabajo muy agradable. Me convenció, vino a mi casa, me habló del proyecto, fue muy simpático y amistoso y dije: “Venga, vamos a lanzarnos a esta aventura”. Lo malo es que ahora hay varias personas que quieren hacer lo mismo y ya me niego. Ese documental está hecho y ya está.

Sobre usted puede componerse un retrato de infatigable y diversificado autor que se adentra en ciertos territorios recurrentes. ¿Qué papel de relevancia concede a la obsesión como elemento de creación?

Creo que eso es muy importante, siempre que eso no te lleve a ausencias. Debe tenerse mucho cuidado con esos límites. Pero las obsesiones son fundamentales en la vida; y no solo eso, sino la pasión por las cosas. Buñuel decía una cosa que a mí me interesaba mucho: “la pasión lo justifica todo”. Si embargo, yo creo que no, que no justifica un crimen, por ejemplo. Para él hasta un crimen, si es pasional, estaba justificado. Yo creo que eso es una barbaridad, sobre todo ahora.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Una de sus pasiones artísticas de fuste profesional, como mencionaba, se encuentra en la fotografía. Sin embargo, no solo le concede relevancia a la composición de la imagen sino a los entresijos de su mecánica, a las entrañas de la cámara fotográfica. 

Sí, siempre he sido muy manitas, muy habilidoso. Durante una temporada construía muebles para mi casa, por ejemplo. Y, sobre todo, llevo muchos años trabajando con los objetivos y las cámaras, desmontándolas, tratando de arreglarlas, aunque a veces no las arreglo, sino que las destruyo (risas). Encuentro fundamental trabajar con las manos, con los dedos. Es una cosa esencial, no solo escribir y pensar, sino que hay que hacer cosas manuales. Esa es una gran ventaja de los pintores, por ejemplo; por eso ellos suelen vivir muchos años en general, porque trabajan de pie, permanecen activos, etc.

¿Qué les aconsejaría al respecto a los nativos digitales?

A los nativos digitales hay que decirles que trabajen con las dos manos. No solamente con la derecha, sino también con la izquierda. Me parece que es muy importante tener ocupadas siempre las dos manos; no perder la manualidad. Es algo que veo en mis propios hijos, especialmente a través de los teléfonos móviles. Aunque he visto a mi hija escribir con las dos manos y no parece una cosa tan fácil.

Esta transformación técnológica aplicada al cine puede convertir a la figura del director en un potencial y verdadero demiurgo, que no solo es capaz de controlar aquellas cuestiones que afectan a la semántica y al contenido de sus creaciones, sino que también se encuentra facultado para dominar todos los elementos técnicos. Sin embargo, usted siempre se ha caracterizado por procurar una férrea autoridad sobre todas las facetas metodológicas que entran en juego durante el rodaje. 

Yo he intentado siempre controlarlo todo. Sobre todo a partir de ‘La caza’, porque yo hice una película anterior, que se llamaba ‘Llanto por un bandido’, que la montaron en Italia y no llevaron a cabo nada de aquello que quería montar. A partir de ahí decidí controlar absolutamente todo, haciendo películas pequeñas que pudiera controlar (aunque he hecho alguna grande); que no se escape nada, ni la música, ni la fotografía. He trabajado con fotógrafos estupendos, pero si hay algo que no me gusta lo digo directamente. No hay nada que no me guste que esté presente en mis películas.

De todos modos, en el cine tienes que delegar. Si tienes un fotógrafo como Vittorio Storaro, que es una maravilla, ya sabes que llegas a un acuerdo con él. Puede haber alguna cosa que no te guste, pero, vamos, pocas cosas, porque ya estamos muy de acuerdo. Es una tranquilidad tener a una persona que es una maravilla iluminando y que sabe iluminar mucho mejor que tú. Yo puedo hacer técnicamente una película en blanco y negro, pero nunca la podría hacer en color; el color es muy complicado.

¿Cómo ha recibido y aplicado esta metamorfosis digital en el universo cinematográfico?

El cine ha cambiado radicalmente, como la fotografía. Las cámaras digitales son cada vez más perfectas. Rodar con cámaras digitales es una comodidad enorme, porque antes se paraba cada diez minutos, había que cambiar el rollo, nunca veías el material hasta que no se positivaba en el laboratorio y, de repente, te llevabas sorpresas, como un micrófono que se veía por ahí y había que cambiar la toma. Ahora con un par de monitores y demás estás viendo y dominando todo ese campo. En ese sentido, como en la fotografía, se ha dado un salto vertiginoso; estoy completamente a favor de estos cambios. No soy como algunos que piensan que todo era mejor antes (eso es una tontería).

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

“10 Sentidos es un festival de participación”

Desayunos Makma en Cafetería La Nau (Centre Cultural La Nau)
‘Invisibles’. Festival 10 Sentidos
Diversas sedes de Valencia
Del 3 al 20 de mayo de 2018
Con Meritxell Barberá e Inma García, directoras del festival
Entrevista realizada por Merche Medina, Salva Torres y Jose Ramón Alarcón, del equipo de redacción de Makma

El Festival 10 Sentidos incoa, a partir del viernes 3 de mayo de 2018, el corpus de su séptima edición, cuya venidera agenda programática se formula bajo el lema ‘Invisibles’. Con tal motivo, desde Desayunos Makma conversamos con Mertixell Barberá e Inma García –responsables de su dirección artística y técnica, respectivamente– con el fin de reflexionar acerca del presente concepto vertebrador y, en consecuencia, desgranar los hitos más relevantes su contenido.

Festival 10 Sentidos. Makma

INVISIBLES

“Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada”
(‘Los Nadies’, Eduardo Galeano)

Tomando como referencia los versos del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, ‘Invisibles’ focaliza la atención sobre el velado y turbio horizonte de la exclusión social, cuyas razones deben encontrarse en inicuas y hostiles divergencias económicas y etnográficas, “por condición sexual o de raza”, por motivos físicos, psicológicos o etopéyicos.

Atendiendo a las premisas con las que se enarbolaron los encuentros anteriores, Mertixell Barberá considera que, en cierto modo, “invisibles es un concepto mucho más amplio. Cada año el lema ha ido hacia un colectivo concreto”; es por ello que “podría resumir los lemas de todas la ediciones hasta ahora e, incluso, los futuribles, porque, al fin y al cabo, siempre tratamos de visibilizar a través de propuestas artísticas una cuestión que afecta al avance de cualquier comunidad”. En ‘Invisibles’ se encuentra “toda esa parte teórica y social, los aspectos y nuestras caras invisibles, incluso en el sentido estético” del término, apunta Inma García.

Tal y como reza en su tríptico programático, “están ahí, pero no los vemos. Las prisas, los horarios rígidos y los convencionalismos nos impiden detenernos y valorar su presencia. No es cómodo verlos y por eso lo evitamos. Y si no se ven no existen. No forman parte de eso que llamamos sistema o no ocupan un lugar suficientemente reconocible en nuestra sociedad”.

ACTIVIDADES

Si las dos ediciones precedentes –’A lo caos’ y ‘PorMayores’–, amén de consumar su especificidad argumental, consolidaron una apuesta morfológica por la multiplicidad de sedes, en 2018 no solo se consuma, sino que se incorporan nuevos espacios –como la Biblioteca Valenciana, en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, verbigracia– y el festival retorna, a la par, al germen arquitectónico de sus cuatro primeras celebraciones, el Centre del Carme, sumándose a IVAM, MUVIM, Espai Rambleta, Espacio Inestable, Centre Cultural La Nau, Palau de les Arts, La Filmoteca Valenciana, la Galería Pepita Lumier o la Plaza del Ayuntamiento, entre otros.

Imagen del espectáculo ‘Giulio Cesare, Pezzi Staccati’, de Roemo Castellucci. Fotografía cortesía de Festival 10 Sentidos.

Imagen del espectáculo ‘Giulio Cesare, Pezzi Staccati’, de Roemo Castellucci. Fotografía cortesía de Festival 10 Sentidos.

ROMEO CASTELUCCI

De este modo, serán más de medio centenar las actividades que nutrirán el cronograma del Festival 10 Sentidos, de entre las que destaca, como cabeza de cartel, el artista y dramaturgo italiano Romeo Castellucci, quien retoma y porta al festival uno de sus más ínclitos y convulsos espectáculos, ‘Giulio Cesare, Pezzi Staccati’ –en la Biblioteca de San Miguel de los Reyes (16/17 de mayo)–, inspirado en el texto trágico de William Shakespeare; una pieza de honda y heterodoxa “visibilización de la voz”, acerca de la que Inma García señala que “es tan radical en muchas cosas que es preferible no desvelar nada”.

CONSTANZA MACRAS

Uno de las representaciones más relevantes, ‘Hillbrowfication’ –en Espai Rambleta (19 de mayo)-, porta la rúbrica de la coreógrafa argentina Constanza Macras y su compañía interdisciplinar DorkyPark, quien trabaja y reside en Berlín desde hace varias décadas. Sin duda, un objetivo cumplido para 10 Sentidos, si bien “llevamos años intentando traerla”, señala Barberá.

Constanza, quien habitualmente “trabaja con un colectivo concreto de personas amateur para reflejar algún aspecto social”, procura reflexionar, con ‘Hillbrowfication’, en torno de la violencia y la xenofobia, a través de la puesta en escena de una veintena de niños y jóvenes –de entre los 5 y los 22 años– del Hillbrow Theatre Project de Johannesburgo, un centro cultural gestado “para intentar que los niños pasaran en él el mayor tiempo posible cuando no estuvieran en la escuela, e intentar estar el menor tiempo en la calle”, matiza Mertixell Barberá, quien sintetiza que “hablan de una ciudad invisible que no existe y les gustaría que fuera su ciudad; una ciudad del futuro donde no haya delincuencia, ni violencia, ni droga”; una singular distopía en la que una invasión alienígena procura una metamorfosis del orden social orientado por las habilidades de cada individuo para bailar.

LA SUBTERRÁNEA

A través de la propuesta escénica ‘Ser Visibles’ – en Espacio Inestable (8 de mayo), la formación La SubTerránea comanda un proyecto de trabajo con diversos colectivos invisibles de la ciudad. “Cada año pedimos a un director de escena que trabaje con colectivos que tengan que ver con el lema del festival y que cree una pieza ex profeso en work in progress, para presentearse en el contexto” de 10 Sentidos, indica Barberá.

‘Ser Visibles’ se encontrará vertebrada por ex prostitutas, mujeres que fueron víctimas de violencia de género, adolescentes transexuales e inmigrantas refugiados. “Ahora mismo son diecisiete personas (creo que llegaremos a las veinte), pero el proceso está siendo brutal, porque entre la compañía y nosotrs estamos generando entrevistas con colectivos, con personas de manera independiente”, señala Inma García.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, junto con Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, junto con Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

SONIA GÓMEZ

La coreógrafa catalana Sonia Gómez, mediante ‘Dancers. Proyecto de Transmisión’ y ‘Bailarina’ – en el Centre del Carme (6 de mayo)–, postula una muestra de su trabajo “en los límites de la performance, no tanto danza ni teatro, con conceptos muy autobiográficos’, recuerda Meritxell.

Si en ‘Bailarina’ se desarrolla “un solo con pautas de movimiento muy básicas, para generar el concepto espacial”, con ‘Dancers’ la performer “contacta con varias bailarinas locales para que se aprendan su solo dos días antes, a modo de transmisión de su trabajo”, recalca Inma. En 10 Sentidos  este proceso de transmisión se vincula con un grupo diletante formado por mujeres de la limpieza.

MARCO CANEVACCI

De entre las diversas proposiciones e intervenciones artísticas debe destacarse ‘Plastique Fantastique’ –en el claustro renacentista del Centre del Carme (a partir del 3 de mayo)–, del reconocido artista del arte efímero Marco Canevacci, quien “instalará una burbuja gigante transparente, jugando con los conceptos de visibilidad/invisibilidad”, perfila Inma García, con el fin de “generar un espacio de arquitectura efímera en el que ocurran cosas”, avanza Barberá, como el concierto inaugural ‘Spectre [LIVE]‘, del artista sonoro Edu Comelles, o el citado proyecto de Sonia Gómez.

DIMITRI DE PERROT

El artista suizo Dimitri de Perrot postulará la instalación sonora con fotografías ‘Dreams & Nightmares’ – en el MuVIM ( a partir del 4 de mayo)–, con la que reflexionar acerca de “lo que queda a nivel sonoro y visual cuando los refugiados pasan por determinados lugares y, posteriormente, abandona”, indica Meritxell Barberá; un oscuro espacio de tránsito por el que conducirse mediante “sonidos, imágenes y sensaciones”.

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO

Como ya se ha erigido en habitual, la explanada de la plaza del consistorio acogerá, el sábado 12 de mayo, una dilatada jornada de actividades, a modo de popular y citadina muestra de acción de los principales preceptos del presente año, contando con la participación de Danza Mobile, la compañía de teatro catalana Kamchàtka, el site-specific de Eduardo Guerrero y la “invisibilidad de los artistas callejeros”, o las instalaciones artísticas de Edu Comelles –y su recreación visual y sonora del antiguo diseño de la Plaza del Ayuntamiento proyectada por el arquitecto Javier Goerlich– y Juan Gonzáles, quien en ‘Offine’ visibiliza mediante la fotografía a grupo de personas sin techo y sus respectivas fórmulas de interacción y comunicación, invisibilizadas económica y tecnológicamente.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

CERTAMEN COREOGRÁFICO

Uno de los estribos ineludibles que conforman el cronograma del festival se polariza en torno de su Certamen Coreográfico –en Espai Rambleta (9/10 de mayo)–, para cuya presente edición han recibido casi 300 propuestas nacionales e internacionales. Sin duda, “cada vez nos cuesta más hacer esa selección (de finalistas). Son 10 píldoras de lo que es el mapa internacional de la coreografía más emergente”, si bien “cada vez son más los profesionales que se están llevando y programando piezas que ven aquí”, destaca Barberá.

El Festival 10 Sentidos se completa, además, con la rúbrica de autores y compañías de inquietantes propuestas y discursos contraventores, como Kor’sia, Platform-K & les Ballets C de la B o Stopgap Dance Company, entre otros; la incursión en ‘#Territorio Chirbes. Este hombre tiene en su cabeza un mundo’, espectáculo e instalación escénica a cargo del dramaturgo valenciano Toni Tordera en el Centre del Carme, al igual que la ‘València Invisible’ de Laura Clos y Núria Vila; la cáustica discursiva de Telmo Irureta en el MuVIM; el Ciclo de Cine Invisibles en la Filmoteca Valenciana; la ruta ‘Libros Visibles en las librerías valencianas’; conferencias como ‘La ilustración y la novela gráfica como herramientas de visibilización’, a cargo de Cristina Durán y M. Ángel Giner Bou en Galería Pepita Lumier o las confluencias de ‘Arte y Acció Social’ en el Centre Cultural La Nau, con las que “generar un encuentro con expertos que trabajan en la materia ‘Arte y Solidaridad’ y la conversación expositiva con cinco colectivos, vía convocatoria, que cuentan sus respectivos proyectos artísticos”, manifiestan ambas.

Un vasta y fértil nómina de creadores y materias que auxilian a solidificar su norte reflexivo, en tanto que “el Festival 10 Sentidos siempre va a buscar esa idea de visibilizar la denuncia social, asociado a cómo a través del arte posiblemente no se cambiará el mundo, pero sí propone los debates y la reflexión necesaria para que al final se planteen y se debatan los problemas que sí afectan al avance de una comunidad y a nuestra sociedad”, delibera Meritxell Barberá.

“No sólo es un festival de exhibición, es un festival de participación. Desde lo inicios dijimos que esto tiene que servir para algo, no solo para mostrar cosas, sino para que la gente sea un espectador activo, participativo y se integre en los proyectos”, asevera Inma García.

Sin duda, legítimas ratificaciones para un 10 Sentidos que cuenta, así mismo, con un compromiso renovado por parte de Caixa Popular que asegura su pervivencia durante los próximos tres años. “Estamos convencidas de que el festival tiene mucha vida, porque es diferente, tiene su propia identidad y, además, con el que cada vez nos sentimos más comprometidas”, concluyen.

Más información en Festival10Sentidos.com

Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, instantes previos a la conversación en #DesayunosMakma. Fotografía: Merche Medina.

Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, instantes previos a la conversación en #DesayunosMakma. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

Las razones primeras de Roberto Bolaño, en Filmin

‘Roberto Bolaño. La batalla futura’, de Ricardo House
Chile, México, España, 2016
63 minutos
Filmin
Desde el 23 de abril de 2018

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro y de Sant Jordi, la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin estrena en exclusiva ‘Roberto Bolaño. La batalla futura’, dirigido por el realizador y documentalista chileno Ricardo House, tercer capítulo de una serie documental que radiografía el devenir biográfico del ínclito y malogrado escritor santiaguino, del que se cumplirá, el próximo julio, el decimoquinto aniversario de su fallecimiento.

Roberto Bolaño. Makma

En torno de Bolaño –consabido autor de estocástica cartografía vital–, Ricardo House traza una polifónica senda en la que configuran su retrato una treintena de testigos, entre familiares, estrechas amistades de diversa índole, ubicación y cronología, escritores, editores y profesionales de la cosmogonía literaria con quien, en diferentes periplos de su honda y fugaz existencia, fraguó un vínculo (emocional o circunstancial) de suficiente relevancia como para acudir tras los vestigios, en búsqueda de las razones primeras (biográficas y literarias) que hubieron perfilado al responsable de, entre otras, ‘Estrella distante’ –primera de las publicaciones con Anagrama, en 1996, de la mano de Jorge Herralde, con quien mantendría, a partir de entonces, una umbilical relación profesional acerca de la que el editor catalán se adentra con algunas anécdotas e impresiones durante el documental-.

‘Roberto Bolaño. La batalla futura’ retorna a su infancia, ya enferma de inopinadas lecturas –Guillermo Bravo (vecino y amigo de la ñinez) aventura que “sin querer hacerlo, nos enseñaba a hablar de otra manera”–, y recorre su adolescencia por el desconchado Liceo de Hombres de la ciudad de Los Ángeles, en el centro-sur de Chile, su rauda e imprevista partida a México D.F., el efímero e infortunado retorno a su país en 1973 –golpe de Estado y breve trasiego carcelario–, o la impostura beat de los infrarrealistas mexicanos, movimiento poético (de acciones epatantes) comandado por Bolaño, en compañía de Mario Santiago Papasquiaro, José Vicente Anaya, Bruno Montané o un Ramón Méndez Estrada –quien interviene poética y citadinamente en el documental poco tiempo antes de su muerte– para el que “el infrarrealismo es una actitud” a partir de la que al escritor chileno “le gustó novelar poetas” en su obra literaria.

Si la epidermis biográfica de Bolaño compendia que recala con ulterioridad en Barcelona y, a continuación, en el municipio girondense, costero y definitivo de Blanes -persiguiendo la inesperada estela del Pijoaparte de Juan Marsé en ‘Últimas tardes con Teresa’-, merodea sucesivos y prosaicos oficios de emigrante mientras reporta morfología narrativa a sus febriles inquietudes y se consagra, tras un primer aviso sintomático de su enfermedad, a la escritura hasta alcanzar, por entonces, una notabilísima relevancia, Ricardo House, de la mano del equilibrio asertivo o reflexivo de sus testigos, revela a un individuo que toma el exilio como fuente de riqueza, la errancia como condición elemental y el pasado como territorio del que exhumar los aljófares del relato, anunciando una tensa y turbia relación personal y profesional con su páis natal, cuyos retornos, raíces y conflagraciones literarias solidificaron su posicionamiento y toma de conciencia –“ser escritor chileno es una entelequia, una estafa. El escritor es su lengua”.

A la postre, ‘Roberto Bolaño. La batalla futura’ se formula como un documental de cadencioso recorrido testimonial que auxilia a recorrer algunos recodos pretéritos de la figura del escritor chileno, erigido en un interesante collage audiovisual, acompasado por las ilustraciones de Nicolás Pérez de Arce, la música de Fernando Milagros y Patti Smith (ferviente admiradora del escritor), la significativa grabación radiofónica del programa ‘Si nos dejan’, en Radio Tierra, del escritor y artista plástico chileno Pedro Lemebel y, sobremanera, de la entrevista que mantuvo Bolaño en 1999 con Jaime Celedón en el programa de Chilevisión ‘Celedón, Villegas y Cía’.

Roberto Bolaño. Makma

Jose Ramón Alarcón

 

Un Leviatán escénico llamado Josep Maria Pou

‘Moby Dick’, de Andrés Lima
Una producción de Focus
Con Josep Maria Pou, Jacob Torres y Oscar Kapoya
Teatro Principal de València
Hasta el 22 de abril de 2018

El Teatro Principal de València acoge, hasta el próximo domingo 22 de abril de 2018, la representación de ‘Moby Dick’, dirigida por el animalario Andrés Lima a partir de una adaptación, a cargo del dramaturgo Juan Cavestany, del excelso título homónimo de Herman Melville, cuyo elenco abandera Josep Maria Pou, en compañía de los actores Jacob torres y Oscar Kapoya.

Asentada en el acervo popular, gracias en gran medida a la prosaica maestría de John Huston y Ray Bardbury –y a un lincolnizado Gregroy Peck–, ‘Moby-Dick’ ha sido objeto impenitente de las más diversas aproximaciones escénicas y cinematográficas, erigidas, en su mayoría, en un relato que atiende a la convulsa acción sobre las tablas de un bergantín gobernado por los delirios de su capitán, en obsesiva búsqueda y persecución de la gran ballena blanca para consumar su particular venganza.

Sin embargo, la onerosa novela de Melville –un experimental e incomprendido desafío narrativo para los cenáculos literarios decimonónicos, cuya agostada primera edición supuso el precipitado ocaso del escritor neoyorkino–, encierra, allende los profusos tecnicismos acerca de la caza de cetáceos misticetos, la enarbolación de una extrema y enardecida forma polifónica de ser/estar en el mundo, instigada por los designios coléricos de un personaje capital en el vasto relato diegético de la alta literatura.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Ineludible debía ser, por tanto, que Juan Cavestany emprendiera su travesía “a través de lo inmenso, de la gran incertidumbre (…) en busca de su elixir” y rezumar de entre sus bíblicas páginas, henchidas de digresiones, el raquis simbólico y metafísico de la turbulenta odisea de la destrucción del Pequod y, por ende, de la deriva psicológica de ese turbio Ulises llamado Ahab, cuya existencia cobra sentido último en su perturbadora porfía con lo mitológico, con ese Leviatán que trató de devorar al profeta Jonás, un ser que habita en el mundo ignoto de las alucinaciones.

Tal y como reflexiona su director, Andrés Lima, “el carácter mítico de Ahab (…) nos brinda la cara oscura del hombre y, a la vez, su caza, su rebelión contra la naturaleza es heroica y nos hace pensar que somos capaces de todo. Para lo bueno y para lo malo”.

Y si sobre las crispadas enajenaciones del Capitán Ahab debía recaer el curso de este ‘Moby Dick’, no cabe ya imaginar a otro ser escénico que no sea Josep Maria Pou, excelsamente entregado a la compleja prosodia de su personaje, tal vez una oportuna condensación de maestrías anteriores, habiendo cumplido de un modo mirífico con la edificación de caracteres como el Rey Lear, la oronda e inabarcable figura de Orson Welles o la mayéutica envenenada de Sócrates.

Oscar Kapoya, Josep Maria Pou y Jacob Torres durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Oscar Kapoya, Josep Maria Pou y Jacob Torres durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Pou se eleva sobre la prótesis de la pierna siniestra y se enfunda un largo peacoat para despertar al capitán del sueño ancestral de su propio deceso y adentrarse en la vigilia inestable de la roda de proa, cortando las aguas con el canto afilado y profético de la alucinación, huyendo del naturalismo y respirando impelidos soliloquios shakesperianos camino de la muerte, como un sumo sacerdote que mesmeriza, con su abocado proselitismo, a esa ya desvalida nómina de esclavos, indígenas polinesios y despojados marineros, y conmociona al espectador, más que emociona (tal y como prefiere matizar el actor), con el personaje que más exigencias físicas y psicológicas le ha procurado, tras medio siglo de fértil trayectoria.

En esta densa tarea de elixires y condensaciones, equilibran a Josep Maria Pou las intachables intervenciones de Oscar Kapoya –hiperbólico y colonial Pip (un ‘Alabama boy’, cocinero y guardacostas), amén de arponero (¿Queequeg?), entre otros– y Jacob Torres –como Starbuck (un cuáquero pseudo-antagónico de Ahab, quien sedimenta pragmatismo entre la locura y la contienda) e Ismael, único tripulante superviviente del Pequod, narrador de las páginas de Melville y símbolo de huérfanos, parias sociales y exiliados).

Pou, Kapoya y Torres gobiernan el espacio, propicio para la alucinación, aportando elevada réplica a un sencillo pero muy eficaz trabajo escenográfico de Beatriz San Juan, que sitúa al público entre las armuras de babor y estribor, tras la quilla de proa, esbozando tan solo el esqueleto de ofensiva del Pequod, frente a la que se adivinan las marejadas oceánicas, gracias a un atinada extremidad multimedia gestada por la video creación de Miquel Àngel Raió y Francesc Sitges-sardà, el espacio sonoro de Jaume Manresa o la iluminación de Valentín Álvarez; elementos técnicos que, junto a la grabación del Coro de voces graves de Madrid y el Coro de jóvenes de la Comunidad de Madrid, concluyen rubricando una adaptación virulenta, lacerante e impecable.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, flanqueado por los actores Oscar Kapoya y Jacob Torres, durante un instante de la representación de 'Moby Dick', de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, flanqueado por los actores Oscar Kapoya y Jacob Torres, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

 

‘Rillington Place’: etopeya del asesino de Kensington

‘El estrangulador de Rillington Place’, de Craig Viveiros
Con Tim Roth, Samantha Morton, Nico Mirallegro y Jodie Corner
174′ (3 episodios)
BBC y Bandit Television
Reino Unido, 2016
Filmin (estreno exclusivo en España)
Desde el 20 de marzo de 2018

La plataforma de vídeo bajo demanda Filmin incorpora en exclusiva a su catálogo la miniserie británica ‘El estrangulador de Rillington Place’, una producción de la British Broadcasting Corporation (BBC), dirigida por Craig Viveiros, quien, de la mano de los guionistas Tracey Malone y Ed Whitmore, procura aproximarse a la sombría figura de John Reginald Halliday Christie, uno de los siniestros perfiles imprescindibles en el dilatado inventario de asesinos en serie del pasado siglo.

El asesino en serie John Reginald Halliday Christie observa la llegada de los nuevos inquilinos del 10 Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

El asesino en serie John Reginald Halliday Christie observa la llegada de los nuevos inquilinos del 10 Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

Refulgente, aún, en el sedimento de la crónica negra anglosajona y asumiendo la generosa existencia de documentación, precedentes literarios y cinematográficos –recuérdese aquí el célebre filme homónimo ‘El estrangulador de Rillington Place’ (1971), con Richard Attenborough y John Hurt, bajo la batuta del neoyorkino Richard O. Fleischer–, Viveiros y su equipo osan retornar al depauperado norte de Kensington –céntrico barrio londinense junto al (hoy) divulgado Notting Hill– de los años cuarenta del siglo XX, con el fin de asomarse al taciturno microcosmos consuetudinario de John y Ethel Christie, excelsamente interpretados por Tim Roth y Samantha Morton.

De un modo ineludible, la producción gravita narrativamente en torno del conspicuo crimen de Beryl Evans y su pequeña hija Geraldine, atribuido judicialmente a su esposo, Timothy Evans (condenado a pena de muerte por el asesinato de la menor y ajusticiado mediante ahorcamiento en 1950), episódicos inquilinos de la planta superior del lóbrego número 10 de Rillington Place, bajo cuyas tarimas habitaron los Christie durante más de una década; un luctuoso caso que hubo de tornarse ínclito con motivo del descubrimiento ulterior de diversos cadáveres confinados o enterrados en la vivienda de John Reginald –inlcuido el de su esposa Ethel– lo que, unido a la confesión de éste, exigió revisitar la autoría de aquel doble asesinato –Timothy Evans fue indultado post mortem, aunque, en ningún caso, declarado inocente, tal y como reclaman todavía sus familiares–.

Rillington Place pretende, no tanto una metódica revisitación de los hechos como un velado ejercicio de reconstrucción psicológica de los personajes. No en vano, cada episodio porta como título el nombre de pila o el hipocorístico de los tres caracteres fundamentales –’Ethel’, ‘Tim’ y ‘Reg’–, y se edifica el devenir de los acontecimientos –encauzados mediante graduales saltos de tiempo y analelpsis– atendiendo a la preeminencia sucesiva de cada uno de ellos, de tal modo que se supedita el ritmo de la acción y la consumación de los hechos a la idiosincrasia de sus respectivos protagonistas.

Durante el metraje de ‘Ethel’ el espectador asiste a la elaboración de un retrato etopéyico de los Crhistie, sustentado por una formulación estética de los ambientes y los diversos espacios domésticos y citadinos, lacerados por el sucio hollín fabril, las desconchadas humedades del papel pintado y el insomne lupanar en el desolado Notting Hill de la década de los cuarenta. La turbia calima de estos primeros años parece estar compuesta por una densa nebulosa de insinuación que desdibuja en sombras la inextricable y sorda dicción existencial de John Christie, sustentado por la infausta y progresiva resignación que gobierna el horizonte vital de su esposa Ethel.

Beryl y Timothy Evans (Jodie Comer y Nico Mirallegro), con su hija Geraldine, se instalan en el infausto número 10 de Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

Beryl y Timothy Evans (Jodie Comer y Nico Mirallegro), con su hija Geraldine, se instalan en el infausto número 10 de Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

‘Tim’ supone la entrada en escena de los Evans (encarnados por unos correctos Nico Mirallegro y Jodie Corner) y la composición diegética de la muerte de Beryl, que toma rumbo atendiendo a la versión judicial ofrecida por Timothy, tras contradecir su confesa declaración, virando la autoría hacia un John Crhistie erigido en falsario médico, supuestamente capacitado para practicar un aborto a la malograda Beryl (nada se sabe acerca de la muerte de la pequeña Geraldine, si bien John Reginald Christie jamás asumió su autoría, presumiblemente para intentar eludir la pena capital, infructuosamente), siendo en ‘Reg’ cuando los hechos en torno al asesino se precipitan y vienen a desvelarse (con premeditado tacto eufemísitco) los atroces crímenes cometidos durante más de una década por el necrófilo asesino de Kensington, un hipocondríaco de graves trastornos sexuales a quien se le atribuye la muerte por estrangulación de casi una decena de mujeres, sepultadas bajo la ínfima y pavorosa arquitectura del número 10 de Rilllington Place.

Una producción uniformada de impecabildad (galardonada con el BAFTA a la Mejor Fotografía, con rúbrica de James Friend), que elude, premeditadamente, la escenificación clínica del macabro historial de John Reginald Halliday Christie para, de este modo, perfilar la unidad narrativa con atmosféricas elipsis que logran sugestionar las inquietudes del espectador.

Ethel (Samantha Morton) y John Crhistie (Tim Roth) durante una secuencia de 'El estrangulador de Rillington Place'. Fotografía cortesía de Filmin.

Ethel (Samantha Morton) y John Crhistie (Tim Roth) durante una secuencia de ‘El estrangulador de Rillington Place’. Fotografía cortesía de Filmin.

Jose Ramón Alarcón

‘El último chiste del Gran Jacobi’ en la Librería Leo

Presentación de ‘El último chiste del Gran Jacobi’, Eduardo Goldman
Huso Editorial, 2018
Librería Leo
Rinconada Federico García Sanchìz 1, Valencia
Lunes 26 de marzo de 2018 a las 19:00

La Librería Leo acoge la presentación de la novela ‘El último chiste del Gran Jacobi’ (Huso Editorial, 2018), del escritor argentino Eduardo Goldman, que se llevará a cabo el próximo lunes 26 de marzo, a  las 19:00, y contará con la presencia del autor, en un acto que será conducido por el escritor y miembro de MAKMA Jose Ramón Alarcón.

‘El último chiste del Gran Jacobi’ narra la apasionada vida de Paul Jacobi, el comediante judío berlinés que alcanzó la fama con su espectáculo de humor político en el cabaret Barbarroja, durante la República de Weimar, su ocaso por el ascenso del nazismo, su internación en el campo de concentración de Auschwitz y, posteriormente, sus años en Buenos Aires durante la dictadura militar, entre 1976 y 1983.

Eduardo Goldman. Makma

Se trata de una novela histórica que refleja en detalle la vida cotidiana de los ciudadanos alemanes tanto en el Weimar como en el nefasto Tercer Reich. Siendo además una referencia insoslayable para temas poco divulgados como la Jüdischer Kulturbund (el teatro judío permitido y alentado por Goebbels para refutar las críticas al reich por su antisemitismo), la actuación de Hans Hinkel (presidente de la Cámara Nacional de Cultura del Reich), la película Fronttheater (una comedia auspiciada por el ministerio de Propaganda nazi), la actitud de algunos SS que intentaron salva a prisioneros judíos en el infierno de Auschwitz (como el doctor Hans Münch).

‘El ultimo chiste del Gran Jacobi’ es una novela de creciente acción, desde la primera a la última página. Una historia con grandes dosis de humor, muchas veces negro. La epopeya de una época y, a la vez, un fuerte triángulo amoroso que envuelve al protagonista, Paul Jacobi, una muchacha aria y el capitán de las SS Erich von Thaler, el mejor amigo de Jacobi. Quizás, no tan amigo como para dejar de aprovechar la desgracia del humorista judío y quedarse con su mujer. Pero lo suficiente como para arriesgar su vida en las sombras de Auschwitz para salvarlo de las cámaras de gas.

Eduardo Goldman. Makma

Paul Jacobi ignora que su amigo lo ha venido protegiendo, y que, con la ayuda de Hans Münch, lo “sustrajo” de la marcha de la muerte en la retirada de los alemanes hacia Berlín. Finalmente, Jacobi logra escapar hasta llegar a la Argentina, donde años después deberá enfrentar el mismo horror encarnado en la sanguinaria dictadura militar que enlutará al país sudamericano.

Erich von Thaler sobrevivió a la guerra, internado, luego de un bombardeo a Auschwitz 3, en el hospital de las SS en Lieftherderle. Muchos años después, gracias a una carta que recibe de Ana Sefeld, hija del fallecido periodista que ha investigado esa historia, von Thaler es anoticiado de que Jacobi no ha muerto y reside en la Argentina. Ana ha venido siguiendo la investigación de su padre para filmar un documental sobre la vida de Paul Jacobi. Esto moviliza al ya anciano ex SS a viajar a Buenos Aires, acompañado de su hija, Helga, y buscar allí un perdón que jamás pudo hallar en sí mismo.

La primera edición de este libro fue declarada “de público interés” por el Departamento de Derechos Humanos de la Provincia de Neuquén (Argentina).

Eduardo Goldman (Buenos Aires, 1950) es licenciado en psicología, escritor, guionista. Colaboró en medios gráficos como Diario Popular, La Nación, La Gaceta de Hoy, Humor, Sex Humor Ilustrado, El Gráfico, Feriado Nacional y otros. Ha colaborado en diversos programas de televisión, y sus canciones infantiles han sido grabadas en Argentina, México y España.

Ha publicado cuatro novelas: ‘Como perro que aúlla en la oscuridad’, ‘Ni siquiera nos queda París’, ‘El último chiste del Gran Jacobi’ y ’Adiós héroe americano’. También libros de humor: ‘Diccionario Sendra-Goldman de psicología cotidiana’, ‘Todo lo que usted siempre creyó saber acerca del sexo (y en realidad no sabía ni medio)’, ‘Cómo ser intendente y no morirse de angustia’, ’Ni loco vuelvo a ser presidente’, y otros. Además, dos libros de autoayuda: ‘El hombre superior’ y ‘El cine: una terapia al alcance de todos’.

Su comedia dramática ‘El patio de mi vecino’ obtuvo el primer premio de la Fundación Banco Caseros.