La retórica carniforme de Julio César en 10 Sentidos

‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci
Festival 10 Sentidos
Monasterio de San Miguel de los Reyes
Avenida de la Constitución 284, Valencia
Miércoles 16 y jueves 17 de mayo de 2018

“Amigos, romanos, compatriotas, escuchadme: vengo a sepultar a César, no a loarlo”

Aproximarse a la figura del conspicuo dictador de la Antigua Roma, Gaius Iulius Caesar, requiere transitar, de un modo inexcusable, por los vestigios preludiares del drama shakesperiano ‘La tragedia de Julio César’, rescoldo literario de ineludibles vigencias a partir de las que procurar un ejercicio de revisitación como el que rubrica el multidisciplinar dramaturgo cesenati Romeo Castellucci.

Dos décadas después de su estreno, este heterodoxo Giulio Cesare prosigue su internacional singladura escénica y recala su magistratura enl monasterio jerónimo y renacentista de San Miguel de los Reyes –actual sede la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu–, erigido en justificado adalid programático de la presente edición del Festival 10 Sentidos, mediante una adaptación de pezzi staccati (fragmentos de repuesto) que sintetiza la configuración original ideada por Castellucci.

Imagen del elenco actoral de  'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Imagen del elenco actoral de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

“No tengo ni el ingenio, ni las palabras, ni la capacidad, ni los gestos, ni la elocuencia, ni el poder de revolucionar la sangre de los hombres”

Y, sin embargo, henchida de visajes y prédicas, de potestad y vigor, de virtuosas y epatantes facultades cobra forma trágica esta lacerante oda escénica que clama insurrecta y literalmente por la palabra hecha músculo y herida, el verbo convertido en carne.

De este modo, ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’ se sirve de cámaras endoscópicas, movimientos sonoros, hiperbolizados ademanes, litúrgicos sacrificios y alocuciones laringectomizadas para exhumar los orígenes de la prosodia, vislumbrar la morfología laringítica del lenguaje y desentrañar la retórica carniforme que habita en lo corruptible.

Frente al retablo de José Cavaller y bajo el cimborrio cupular se concitan los conspiradores Flavio y Marulo, vertebrados por el aparato fonador de ‘…vskji’ (¿Jerzy Grotowski? ¿Konstantín Stanislavski?) –encarnado por Sergio Giuseppe Scarlatella–, el inapelable destino de un decadente Julio César –eminente y sobrecogedor Gianni Plazzi– y el discurso fúnebre de Marco Antonio el Triunviro –traqueostómicamente oralizado por Maurizio Cerasoli–, amén de un ingenio lumínico cuyo quebrantador funcionamiento, a modo de garrote, reporta obscuridad y epílogo a la representación.

Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, y el director escénico Silvano Voltolina, en compañía de Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de 'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, y el director escénico Silvano Voltolina, en compañía de Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Durante la presentación a los medios, Silvano Voltolina, ayudante de dirección y responsable escénico de la presente adaptación para el Festival 10 Sentidos, hubo manifestado que ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’ “funciona como una cirugía, con el fin de contemplar qué es lo que sigue vivo” del cuerpo de la pieza original y aquello que atesorase “una mayor carga de significado para el público y para los propios actores”, atendiendo a su línea artística de trabajo; “en este caso, nosotros recuperamos cuatro fragmentos esenciales de la representación completa”, como son “el comienzo y el más poderoso monólogo (quizás de la historia del teatro), como es el monólogo de Antonio (Marco) frente al cuerpo de César (Julio), unido al sacrifico de Julio César e, igualmente, el final de la representación original, con el funcionamiento de este garrote”.

Por su parte, el corpus arquitéctonico y acústico del interior de la iglesia del Monasterio de San Miguel de los Reyes se incorpora a la presente compostura como un elemento decisivo para la acción; por ello, para Voltolina “la idea es intervenir lo menos posible en el espacio en el que se va a representar la obra. La pieza no va con escenografía, sino que su función es hacer uso del lugar”.

Un lugar visibilizado, en tanto que “este tipo de propuestas ponen este espacio a disposición de la ciudadanía y les da la oportunidad de disfrutar de algo que les pertenece”, apuntó Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, en explícita sintonía con el horizonte conceptual de ‘Invisibles’, lema de la séptima edición del Festival 10 Sentidos.

Un instante de la escenificación de 'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Un instante de la escenificación de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

Crónica universal de una sorda desventura salvaje

‘Rosas Salvajes’, de Anna Jadowska
Polonia, 2017
90 minutos
Filmin

La plataforma de vídeo bajo demanda Filmin estrena en exclusiva ‘Rosas Salvajes’, de la directora  Anna Jadowska; drama polaco cuya producción hubo recibido el pasado otoño el Stockholm Impact Award en el Stockholm International Film Festival, el Premio del Jurado Ecuménico en el 27 Festival de Cine de Cottbus e, igualmente, participó a concurso en la Competición Internación Rellumes del 55 Festival Internacional de Cine de Xixón.

‘Rosas Salvajes’ –’Wild Roses’ (Dzikie Róze)– es el quinto largometraje de ficción de la realizadora de Olésnica (Polonia), si bien su trayectoria ha transitado, igualmente, por el género documental y la series de televisión. Una de las principales y renombradas singularidades del filme reside en el hecho de que la mayoría del equipo técnico está compuesto por mujeres, cuestión de relevancia no solo para el orbe cinematográfico de esta república centroeuropea.

Rosas Salvajes. Makma

No obstante, durante su presencia en el FICX del pasado noviembre, Anna Jadowka consideró este detalle como una cuestión periférica y no determinante para encauzar o posibilitar un discurso artístico de género: “No me gusta este concepto de cine hecho por mujeres, creo que hay muchos cineastas hombres que tienen formas de trabajar muy parecidas, no pienso que importe tanto el sexo como la persona”, aseveraba a la prensa asturiana en las jornadas previas a la presentación de la película.

Jadowska, quien también rubrica el guión, sitúa el relato sobre el horizonte estival del medio rural polaco, inmerso en el paisaje sonoro y visual de una pequeña comunidad católica contemporánea, análoga a los ritmos y costumbres de entornos labriegos de cualquier país de idiosincrasias y liturgias semejantes a la que podemos encontrar por estos lares.

La narración se implementa a partir de un in media res cuya acción exhorta al espectador a descifrar la deriva conductual de los personajes, comandados por el laconismo y la introspección de Ewa –interpretada por una excelsa Marta Nieradkiewicz–, una recolectora de rosas silvestres que retorna al hogar tras una prolongada estancia hospitalaria acerca de la que no se reportan detalles y que, a la postre, se revelará determinante para la composición definitiva de cuantas dubitaciones y elipsis gobiernan su argumento.

‘Rosas salvajes’ perfila la gestación de un conflicto moral encaminado por las turbias y sordas relaciones maritales, extraconyugales y paternofiliales, en un austero microcosmos tan sosegado y común como lacerante. A la postre, una sencilla y pequeña historia que atesora la virtud de postularse como una crónica universal de ciertas desventuras pasionales, regidas por la soledad y el vacío como estados emocionales consecuentes.

Si con anterioridad y por motivos excepcionales debía repararse en la nómina de su equipo técnico, conviene ahora resalatar, por razones cualitativas, la dirección de fotografía de Malgorzata Szylak y el distinguido y minucioso trabajo del equipo de sonido, encabezado por Sebastian Branski y Agata Chodyra, cuyos miríficos resultados dotan a esta producción de Alter Ego Pictures de los suficientes mimbres para justificar y aupar estilísticamente la cruda y destacada autoría de Anna Jadowska, cineasta sobre la que se debe permanecer atento.

Rosas Salvajes. Makma

Jose Ramón Alarcón

 

Saura: “siempre estoy pensando en el futuro”

Entrevista al director de cine, fotógrafo y escritor Carlos Saura, con motivo de la presentación su última novela, ‘Ausencias’, editada por el sello Laborinto
Librería Railowsky
53 Fira del Llibre de València

El eximio director de cine Carlos Saura ha recalado en la ciudad, en compañía del editor Emilio Pascual y del catedrático de la Univesidad de Alcalá de Henares Antonio Fernández Ferrer, para presentar ‘Ausencias’ –cuarta novela del autor, publicada por el sello madrileño Laborinto–, invitado por la Librería Railowsky y en pleno cronograma de la 53 Fira del Llibre de València.

Con tal motivo y tras los encuentros con el público celebrados en La Llotgeta y en la sede de la Librería Railowsky, Makma entrevista en los Jardines de Viveros (entre rúbicras y dedicatorias) al provecto y prolífico autor aragonés con el fin de aventurar una mirada reflexiva sobre algunos aspectos de su cosmogonía metodológica.

Se presenta en Valencia con su cuarta novela, ‘Ausencias’, polarizada en torno de la ausencia fotográfica, de la cámara como germen y elemento vertebrador y, a la par, como enigma.

Sí. Aunque no me gusta desvelar demasiadas cosas de la novela, la asuencia proviene de un libro de Diane Arbus, la fotógrafa americana (por cierto, maravillosa). Me compré un libro sobre su obra en Madrid y tenía una página rasgada, rota, y me pareció como una especie de violación de un libro tan precioso. Lo iba a devolver y entonces pensé: “en vez de devolverlo, voy a pensar qué es lo que había en esta página”. Entonces comencé a escribir la novela.

¿Se advierte usted en la narrativa transitando por un territorio libérrimo, en comparación con otros oficios artísticos?

No. Lo que pasa es que escribir es un proceso solitario, es una maravilla. En el cine escribir un guión es igual, estás solo, pero luego tienes que hacer una película y estás con cuatrocientas personas; es un lío trabajar con un grupo tan grande de gente. En cambio, dibujar, pintar, escribir música (no interpretarla, claro) o escribir una novela son procesos solitarios y todo lo que ocurrre te sucede a ti, no hay nadie que te pueda ayudar; eso me parece muy interesante.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela 'Ausencias', en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela ‘Ausencias’, en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sin duda, un concepto que puede ajustarse a su perfil creador es el dilentantismo, en tanto que usted ejerce y se nutre de múltiples campos, influjos e inquietudes.

Es verdad. Yo digo siempre que soy un aficionado de todo. De la fotografía menos, porque he sido profesional y puedo ser un buen fotógrafo si quiero, aunque no me interesa serlo tampoco. Pero en cuanto a todo lo demás, excepto el cine, son cosas periféricas que me sirven, en el fondo, para cultivarme y estar con la cabeza despierta y para hacer alguna película, aunque no siempre. Creo que escribo ahora mucho mejor que antes, porque, como todo en la vida, si escribes todos los días un poco terminas escribiendo bien, como sucede con la fotografía, la pintura, todo; si practicas terminas haciéndolo mejor. Pero bueno, nunca presumo de ser un gran pintor ni escritor, ni me interesa.

¿Encontrarse en permanente ebullición creativa también es un motivo para no volcar la mirada o no revisitarse?

Sí, a mí no me interesa revisitar mi obra, nada. A veces, no tengo más remedio, porque he hecho más de cuarenta películas y, en ocasiones, me reclaman de un festival o me realizan un homenaje y me da vergüenza levantarme y marcharme; no tengo más remedio que verlo. No me gusta nada ver mis películas, siempre estoy pensando en el presente y en el futuro, en lo que vas a hacer, y no en lo que has hecho ya, porque eso es muy aburrido. Es más, a veces las veo y no me parece que sean mías.

¿Qué le ha parecido el trabajo documental sobre su trayectoria implementado por Félix Viscarret en ‘Saura(s)’?

Me pareció bien. Un trabajo muy agradable. Me convenció, vino a mi casa, me habló del proyecto, fue muy simpático y amistoso y dije: “Venga, vamos a lanzarnos a esta aventura”. Lo malo es que ahora hay varias personas que quieren hacer lo mismo y ya me niego. Ese documental está hecho y ya está.

Sobre usted puede componerse un retrato de infatigable y diversificado autor que se adentra en ciertos territorios recurrentes. ¿Qué papel de relevancia concede a la obsesión como elemento de creación?

Creo que eso es muy importante, siempre que eso no te lleve a ausencias. Debe tenerse mucho cuidado con esos límites. Pero las obsesiones son fundamentales en la vida; y no solo eso, sino la pasión por las cosas. Buñuel decía una cosa que a mí me interesaba mucho: “la pasión lo justifica todo”. Si embargo, yo creo que no, que no justifica un crimen, por ejemplo. Para él hasta un crimen, si es pasional, estaba justificado. Yo creo que eso es una barbaridad, sobre todo ahora.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Una de sus pasiones artísticas de fuste profesional, como mencionaba, se encuentra en la fotografía. Sin embargo, no solo le concede relevancia a la composición de la imagen sino a los entresijos de su mecánica, a las entrañas de la cámara fotográfica. 

Sí, siempre he sido muy manitas, muy habilidoso. Durante una temporada construía muebles para mi casa, por ejemplo. Y, sobre todo, llevo muchos años trabajando con los objetivos y las cámaras, desmontándolas, tratando de arreglarlas, aunque a veces no las arreglo, sino que las destruyo (risas). Encuentro fundamental trabajar con las manos, con los dedos. Es una cosa esencial, no solo escribir y pensar, sino que hay que hacer cosas manuales. Esa es una gran ventaja de los pintores, por ejemplo; por eso ellos suelen vivir muchos años en general, porque trabajan de pie, permanecen activos, etc.

¿Qué les aconsejaría al respecto a los nativos digitales?

A los nativos digitales hay que decirles que trabajen con las dos manos. No solamente con la derecha, sino también con la izquierda. Me parece que es muy importante tener ocupadas siempre las dos manos; no perder la manualidad. Es algo que veo en mis propios hijos, especialmente a través de los teléfonos móviles. Aunque he visto a mi hija escribir con las dos manos y no parece una cosa tan fácil.

Esta transformación técnológica aplicada al cine puede convertir a la figura del director en un potencial y verdadero demiurgo, que no solo es capaz de controlar aquellas cuestiones que afectan a la semántica y al contenido de sus creaciones, sino que también se encuentra facultado para dominar todos los elementos técnicos. Sin embargo, usted siempre se ha caracterizado por procurar una férrea autoridad sobre todas las facetas metodológicas que entran en juego durante el rodaje. 

Yo he intentado siempre controlarlo todo. Sobre todo a partir de ‘La caza’, porque yo hice una película anterior, que se llamaba ‘Llanto por un bandido’, que la montaron en Italia y no llevaron a cabo nada de aquello que quería montar. A partir de ahí decidí controlar absolutamente todo, haciendo películas pequeñas que pudiera controlar (aunque he hecho alguna grande); que no se escape nada, ni la música, ni la fotografía. He trabajado con fotógrafos estupendos, pero si hay algo que no me gusta lo digo directamente. No hay nada que no me guste que esté presente en mis películas.

De todos modos, en el cine tienes que delegar. Si tienes un fotógrafo como Vittorio Storaro, que es una maravilla, ya sabes que llegas a un acuerdo con él. Puede haber alguna cosa que no te guste, pero, vamos, pocas cosas, porque ya estamos muy de acuerdo. Es una tranquilidad tener a una persona que es una maravilla iluminando y que sabe iluminar mucho mejor que tú. Yo puedo hacer técnicamente una película en blanco y negro, pero nunca la podría hacer en color; el color es muy complicado.

¿Cómo ha recibido y aplicado esta metamorfosis digital en el universo cinematográfico?

El cine ha cambiado radicalmente, como la fotografía. Las cámaras digitales son cada vez más perfectas. Rodar con cámaras digitales es una comodidad enorme, porque antes se paraba cada diez minutos, había que cambiar el rollo, nunca veías el material hasta que no se positivaba en el laboratorio y, de repente, te llevabas sorpresas, como un micrófono que se veía por ahí y había que cambiar la toma. Ahora con un par de monitores y demás estás viendo y dominando todo ese campo. En ese sentido, como en la fotografía, se ha dado un salto vertiginoso; estoy completamente a favor de estos cambios. No soy como algunos que piensan que todo era mejor antes (eso es una tontería).

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

“10 Sentidos es un festival de participación”

Desayunos Makma en Cafetería La Nau (Centre Cultural La Nau)
‘Invisibles’. Festival 10 Sentidos
Diversas sedes de Valencia
Del 3 al 20 de mayo de 2018
Con Meritxell Barberá e Inma García, directoras del festival
Entrevista realizada por Merche Medina, Salva Torres y Jose Ramón Alarcón, del equipo de redacción de Makma

El Festival 10 Sentidos incoa, a partir del viernes 3 de mayo de 2018, el corpus de su séptima edición, cuya venidera agenda programática se formula bajo el lema ‘Invisibles’. Con tal motivo, desde Desayunos Makma conversamos con Mertixell Barberá e Inma García –responsables de su dirección artística y técnica, respectivamente– con el fin de reflexionar acerca del presente concepto vertebrador y, en consecuencia, desgranar los hitos más relevantes su contenido.

Festival 10 Sentidos. Makma

INVISIBLES

“Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada”
(‘Los Nadies’, Eduardo Galeano)

Tomando como referencia los versos del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, ‘Invisibles’ focaliza la atención sobre el velado y turbio horizonte de la exclusión social, cuyas razones deben encontrarse en inicuas y hostiles divergencias económicas y etnográficas, “por condición sexual o de raza”, por motivos físicos, psicológicos o etopéyicos.

Atendiendo a las premisas con las que se enarbolaron los encuentros anteriores, Mertixell Barberá considera que, en cierto modo, “invisibles es un concepto mucho más amplio. Cada año el lema ha ido hacia un colectivo concreto”; es por ello que “podría resumir los lemas de todas la ediciones hasta ahora e, incluso, los futuribles, porque, al fin y al cabo, siempre tratamos de visibilizar a través de propuestas artísticas una cuestión que afecta al avance de cualquier comunidad”. En ‘Invisibles’ se encuentra “toda esa parte teórica y social, los aspectos y nuestras caras invisibles, incluso en el sentido estético” del término, apunta Inma García.

Tal y como reza en su tríptico programático, “están ahí, pero no los vemos. Las prisas, los horarios rígidos y los convencionalismos nos impiden detenernos y valorar su presencia. No es cómodo verlos y por eso lo evitamos. Y si no se ven no existen. No forman parte de eso que llamamos sistema o no ocupan un lugar suficientemente reconocible en nuestra sociedad”.

ACTIVIDADES

Si las dos ediciones precedentes –’A lo caos’ y ‘PorMayores’–, amén de consumar su especificidad argumental, consolidaron una apuesta morfológica por la multiplicidad de sedes, en 2018 no solo se consuma, sino que se incorporan nuevos espacios –como la Biblioteca Valenciana, en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, verbigracia– y el festival retorna, a la par, al germen arquitectónico de sus cuatro primeras celebraciones, el Centre del Carme, sumándose a IVAM, MUVIM, Espai Rambleta, Espacio Inestable, Centre Cultural La Nau, Palau de les Arts, La Filmoteca Valenciana, la Galería Pepita Lumier o la Plaza del Ayuntamiento, entre otros.

Imagen del espectáculo ‘Giulio Cesare, Pezzi Staccati’, de Roemo Castellucci. Fotografía cortesía de Festival 10 Sentidos.

Imagen del espectáculo ‘Giulio Cesare, Pezzi Staccati’, de Roemo Castellucci. Fotografía cortesía de Festival 10 Sentidos.

ROMEO CASTELUCCI

De este modo, serán más de medio centenar las actividades que nutrirán el cronograma del Festival 10 Sentidos, de entre las que destaca, como cabeza de cartel, el artista y dramaturgo italiano Romeo Castellucci, quien retoma y porta al festival uno de sus más ínclitos y convulsos espectáculos, ‘Giulio Cesare, Pezzi Staccati’ –en la Biblioteca de San Miguel de los Reyes (16/17 de mayo)–, inspirado en el texto trágico de William Shakespeare; una pieza de honda y heterodoxa “visibilización de la voz”, acerca de la que Inma García señala que “es tan radical en muchas cosas que es preferible no desvelar nada”.

CONSTANZA MACRAS

Uno de las representaciones más relevantes, ‘Hillbrowfication’ –en Espai Rambleta (19 de mayo)-, porta la rúbrica de la coreógrafa argentina Constanza Macras y su compañía interdisciplinar DorkyPark, quien trabaja y reside en Berlín desde hace varias décadas. Sin duda, un objetivo cumplido para 10 Sentidos, si bien “llevamos años intentando traerla”, señala Barberá.

Constanza, quien habitualmente “trabaja con un colectivo concreto de personas amateur para reflejar algún aspecto social”, procura reflexionar, con ‘Hillbrowfication’, en torno de la violencia y la xenofobia, a través de la puesta en escena de una veintena de niños y jóvenes –de entre los 5 y los 22 años– del Hillbrow Theatre Project de Johannesburgo, un centro cultural gestado “para intentar que los niños pasaran en él el mayor tiempo posible cuando no estuvieran en la escuela, e intentar estar el menor tiempo en la calle”, matiza Mertixell Barberá, quien sintetiza que “hablan de una ciudad invisible que no existe y les gustaría que fuera su ciudad; una ciudad del futuro donde no haya delincuencia, ni violencia, ni droga”; una singular distopía en la que una invasión alienígena procura una metamorfosis del orden social orientado por las habilidades de cada individuo para bailar.

LA SUBTERRÁNEA

A través de la propuesta escénica ‘Ser Visibles’ – en Espacio Inestable (8 de mayo), la formación La SubTerránea comanda un proyecto de trabajo con diversos colectivos invisibles de la ciudad. “Cada año pedimos a un director de escena que trabaje con colectivos que tengan que ver con el lema del festival y que cree una pieza ex profeso en work in progress, para presentearse en el contexto” de 10 Sentidos, indica Barberá.

‘Ser Visibles’ se encontrará vertebrada por ex prostitutas, mujeres que fueron víctimas de violencia de género, adolescentes transexuales e inmigrantas refugiados. “Ahora mismo son diecisiete personas (creo que llegaremos a las veinte), pero el proceso está siendo brutal, porque entre la compañía y nosotrs estamos generando entrevistas con colectivos, con personas de manera independiente”, señala Inma García.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, junto con Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, junto con Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

SONIA GÓMEZ

La coreógrafa catalana Sonia Gómez, mediante ‘Dancers. Proyecto de Transmisión’ y ‘Bailarina’ – en el Centre del Carme (6 de mayo)–, postula una muestra de su trabajo “en los límites de la performance, no tanto danza ni teatro, con conceptos muy autobiográficos’, recuerda Meritxell.

Si en ‘Bailarina’ se desarrolla “un solo con pautas de movimiento muy básicas, para generar el concepto espacial”, con ‘Dancers’ la performer “contacta con varias bailarinas locales para que se aprendan su solo dos días antes, a modo de transmisión de su trabajo”, recalca Inma. En 10 Sentidos  este proceso de transmisión se vincula con un grupo diletante formado por mujeres de la limpieza.

MARCO CANEVACCI

De entre las diversas proposiciones e intervenciones artísticas debe destacarse ‘Plastique Fantastique’ –en el claustro renacentista del Centre del Carme (a partir del 3 de mayo)–, del reconocido artista del arte efímero Marco Canevacci, quien “instalará una burbuja gigante transparente, jugando con los conceptos de visibilidad/invisibilidad”, perfila Inma García, con el fin de “generar un espacio de arquitectura efímera en el que ocurran cosas”, avanza Barberá, como el concierto inaugural ‘Spectre [LIVE]‘, del artista sonoro Edu Comelles, o el citado proyecto de Sonia Gómez.

DIMITRI DE PERROT

El artista suizo Dimitri de Perrot postulará la instalación sonora con fotografías ‘Dreams & Nightmares’ – en el MuVIM ( a partir del 4 de mayo)–, con la que reflexionar acerca de “lo que queda a nivel sonoro y visual cuando los refugiados pasan por determinados lugares y, posteriormente, abandona”, indica Meritxell Barberá; un oscuro espacio de tránsito por el que conducirse mediante “sonidos, imágenes y sensaciones”.

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO

Como ya se ha erigido en habitual, la explanada de la plaza del consistorio acogerá, el sábado 12 de mayo, una dilatada jornada de actividades, a modo de popular y citadina muestra de acción de los principales preceptos del presente año, contando con la participación de Danza Mobile, la compañía de teatro catalana Kamchàtka, el site-specific de Eduardo Guerrero y la “invisibilidad de los artistas callejeros”, o las instalaciones artísticas de Edu Comelles –y su recreación visual y sonora del antiguo diseño de la Plaza del Ayuntamiento proyectada por el arquitecto Javier Goerlich– y Juan Gonzáles, quien en ‘Offine’ visibiliza mediante la fotografía a grupo de personas sin techo y sus respectivas fórmulas de interacción y comunicación, invisibilizadas económica y tecnológicamente.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

Inma García y Mertixell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos, durante los #DesayunosMakma en la Cafetería La Nau. Fotografía: Merche Medina.

CERTAMEN COREOGRÁFICO

Uno de los estribos ineludibles que conforman el cronograma del festival se polariza en torno de su Certamen Coreográfico –en Espai Rambleta (9/10 de mayo)–, para cuya presente edición han recibido casi 300 propuestas nacionales e internacionales. Sin duda, “cada vez nos cuesta más hacer esa selección (de finalistas). Son 10 píldoras de lo que es el mapa internacional de la coreografía más emergente”, si bien “cada vez son más los profesionales que se están llevando y programando piezas que ven aquí”, destaca Barberá.

El Festival 10 Sentidos se completa, además, con la rúbrica de autores y compañías de inquietantes propuestas y discursos contraventores, como Kor’sia, Platform-K & les Ballets C de la B o Stopgap Dance Company, entre otros; la incursión en ‘#Territorio Chirbes. Este hombre tiene en su cabeza un mundo’, espectáculo e instalación escénica a cargo del dramaturgo valenciano Toni Tordera en el Centre del Carme, al igual que la ‘València Invisible’ de Laura Clos y Núria Vila; la cáustica discursiva de Telmo Irureta en el MuVIM; el Ciclo de Cine Invisibles en la Filmoteca Valenciana; la ruta ‘Libros Visibles en las librerías valencianas’; conferencias como ‘La ilustración y la novela gráfica como herramientas de visibilización’, a cargo de Cristina Durán y M. Ángel Giner Bou en Galería Pepita Lumier o las confluencias de ‘Arte y Acció Social’ en el Centre Cultural La Nau, con las que “generar un encuentro con expertos que trabajan en la materia ‘Arte y Solidaridad’ y la conversación expositiva con cinco colectivos, vía convocatoria, que cuentan sus respectivos proyectos artísticos”, manifiestan ambas.

Un vasta y fértil nómina de creadores y materias que auxilian a solidificar su norte reflexivo, en tanto que “el Festival 10 Sentidos siempre va a buscar esa idea de visibilizar la denuncia social, asociado a cómo a través del arte posiblemente no se cambiará el mundo, pero sí propone los debates y la reflexión necesaria para que al final se planteen y se debatan los problemas que sí afectan al avance de una comunidad y a nuestra sociedad”, delibera Meritxell Barberá.

“No sólo es un festival de exhibición, es un festival de participación. Desde lo inicios dijimos que esto tiene que servir para algo, no solo para mostrar cosas, sino para que la gente sea un espectador activo, participativo y se integre en los proyectos”, asevera Inma García.

Sin duda, legítimas ratificaciones para un 10 Sentidos que cuenta, así mismo, con un compromiso renovado por parte de Caixa Popular que asegura su pervivencia durante los próximos tres años. “Estamos convencidas de que el festival tiene mucha vida, porque es diferente, tiene su propia identidad y, además, con el que cada vez nos sentimos más comprometidas”, concluyen.

Más información en Festival10Sentidos.com

Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, instantes previos a la conversación en #DesayunosMakma. Fotografía: Merche Medina.

Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, instantes previos a la conversación en #DesayunosMakma. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

Las razones primeras de Roberto Bolaño, en Filmin

‘Roberto Bolaño. La batalla futura’, de Ricardo House
Chile, México, España, 2016
63 minutos
Filmin
Desde el 23 de abril de 2018

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro y de Sant Jordi, la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin estrena en exclusiva ‘Roberto Bolaño. La batalla futura’, dirigido por el realizador y documentalista chileno Ricardo House, tercer capítulo de una serie documental que radiografía el devenir biográfico del ínclito y malogrado escritor santiaguino, del que se cumplirá, el próximo julio, el decimoquinto aniversario de su fallecimiento.

Roberto Bolaño. Makma

En torno de Bolaño –consabido autor de estocástica cartografía vital–, Ricardo House traza una polifónica senda en la que configuran su retrato una treintena de testigos, entre familiares, estrechas amistades de diversa índole, ubicación y cronología, escritores, editores y profesionales de la cosmogonía literaria con quien, en diferentes periplos de su honda y fugaz existencia, fraguó un vínculo (emocional o circunstancial) de suficiente relevancia como para acudir tras los vestigios, en búsqueda de las razones primeras (biográficas y literarias) que hubieron perfilado al responsable de, entre otras, ‘Estrella distante’ –primera de las publicaciones con Anagrama, en 1996, de la mano de Jorge Herralde, con quien mantendría, a partir de entonces, una umbilical relación profesional acerca de la que el editor catalán se adentra con algunas anécdotas e impresiones durante el documental-.

‘Roberto Bolaño. La batalla futura’ retorna a su infancia, ya enferma de inopinadas lecturas –Guillermo Bravo (vecino y amigo de la ñinez) aventura que “sin querer hacerlo, nos enseñaba a hablar de otra manera”–, y recorre su adolescencia por el desconchado Liceo de Hombres de la ciudad de Los Ángeles, en el centro-sur de Chile, su rauda e imprevista partida a México D.F., el efímero e infortunado retorno a su país en 1973 –golpe de Estado y breve trasiego carcelario–, o la impostura beat de los infrarrealistas mexicanos, movimiento poético (de acciones epatantes) comandado por Bolaño, en compañía de Mario Santiago Papasquiaro, José Vicente Anaya, Bruno Montané o un Ramón Méndez Estrada –quien interviene poética y citadinamente en el documental poco tiempo antes de su muerte– para el que “el infrarrealismo es una actitud” a partir de la que al escritor chileno “le gustó novelar poetas” en su obra literaria.

Si la epidermis biográfica de Bolaño compendia que recala con ulterioridad en Barcelona y, a continuación, en el municipio girondense, costero y definitivo de Blanes -persiguiendo la inesperada estela del Pijoaparte de Juan Marsé en ‘Últimas tardes con Teresa’-, merodea sucesivos y prosaicos oficios de emigrante mientras reporta morfología narrativa a sus febriles inquietudes y se consagra, tras un primer aviso sintomático de su enfermedad, a la escritura hasta alcanzar, por entonces, una notabilísima relevancia, Ricardo House, de la mano del equilibrio asertivo o reflexivo de sus testigos, revela a un individuo que toma el exilio como fuente de riqueza, la errancia como condición elemental y el pasado como territorio del que exhumar los aljófares del relato, anunciando una tensa y turbia relación personal y profesional con su páis natal, cuyos retornos, raíces y conflagraciones literarias solidificaron su posicionamiento y toma de conciencia –“ser escritor chileno es una entelequia, una estafa. El escritor es su lengua”.

A la postre, ‘Roberto Bolaño. La batalla futura’ se formula como un documental de cadencioso recorrido testimonial que auxilia a recorrer algunos recodos pretéritos de la figura del escritor chileno, erigido en un interesante collage audiovisual, acompasado por las ilustraciones de Nicolás Pérez de Arce, la música de Fernando Milagros y Patti Smith (ferviente admiradora del escritor), la significativa grabación radiofónica del programa ‘Si nos dejan’, en Radio Tierra, del escritor y artista plástico chileno Pedro Lemebel y, sobremanera, de la entrevista que mantuvo Bolaño en 1999 con Jaime Celedón en el programa de Chilevisión ‘Celedón, Villegas y Cía’.

Roberto Bolaño. Makma

Jose Ramón Alarcón

 

Un Leviatán escénico llamado Josep Maria Pou

‘Moby Dick’, de Andrés Lima
Una producción de Focus
Con Josep Maria Pou, Jacob Torres y Oscar Kapoya
Teatro Principal de València
Hasta el 22 de abril de 2018

El Teatro Principal de València acoge, hasta el próximo domingo 22 de abril de 2018, la representación de ‘Moby Dick’, dirigida por el animalario Andrés Lima a partir de una adaptación, a cargo del dramaturgo Juan Cavestany, del excelso título homónimo de Herman Melville, cuyo elenco abandera Josep Maria Pou, en compañía de los actores Jacob torres y Oscar Kapoya.

Asentada en el acervo popular, gracias en gran medida a la prosaica maestría de John Huston y Ray Bardbury –y a un lincolnizado Gregroy Peck–, ‘Moby-Dick’ ha sido objeto impenitente de las más diversas aproximaciones escénicas y cinematográficas, erigidas, en su mayoría, en un relato que atiende a la convulsa acción sobre las tablas de un bergantín gobernado por los delirios de su capitán, en obsesiva búsqueda y persecución de la gran ballena blanca para consumar su particular venganza.

Sin embargo, la onerosa novela de Melville –un experimental e incomprendido desafío narrativo para los cenáculos literarios decimonónicos, cuya agostada primera edición supuso el precipitado ocaso del escritor neoyorkino–, encierra, allende los profusos tecnicismos acerca de la caza de cetáceos misticetos, la enarbolación de una extrema y enardecida forma polifónica de ser/estar en el mundo, instigada por los designios coléricos de un personaje capital en el vasto relato diegético de la alta literatura.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Ineludible debía ser, por tanto, que Juan Cavestany emprendiera su travesía “a través de lo inmenso, de la gran incertidumbre (…) en busca de su elixir” y rezumar de entre sus bíblicas páginas, henchidas de digresiones, el raquis simbólico y metafísico de la turbulenta odisea de la destrucción del Pequod y, por ende, de la deriva psicológica de ese turbio Ulises llamado Ahab, cuya existencia cobra sentido último en su perturbadora porfía con lo mitológico, con ese Leviatán que trató de devorar al profeta Jonás, un ser que habita en el mundo ignoto de las alucinaciones.

Tal y como reflexiona su director, Andrés Lima, “el carácter mítico de Ahab (…) nos brinda la cara oscura del hombre y, a la vez, su caza, su rebelión contra la naturaleza es heroica y nos hace pensar que somos capaces de todo. Para lo bueno y para lo malo”.

Y si sobre las crispadas enajenaciones del Capitán Ahab debía recaer el curso de este ‘Moby Dick’, no cabe ya imaginar a otro ser escénico que no sea Josep Maria Pou, excelsamente entregado a la compleja prosodia de su personaje, tal vez una oportuna condensación de maestrías anteriores, habiendo cumplido de un modo mirífico con la edificación de caracteres como el Rey Lear, la oronda e inabarcable figura de Orson Welles o la mayéutica envenenada de Sócrates.

Oscar Kapoya, Josep Maria Pou y Jacob Torres durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Oscar Kapoya, Josep Maria Pou y Jacob Torres durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Pou se eleva sobre la prótesis de la pierna siniestra y se enfunda un largo peacoat para despertar al capitán del sueño ancestral de su propio deceso y adentrarse en la vigilia inestable de la roda de proa, cortando las aguas con el canto afilado y profético de la alucinación, huyendo del naturalismo y respirando impelidos soliloquios shakesperianos camino de la muerte, como un sumo sacerdote que mesmeriza, con su abocado proselitismo, a esa ya desvalida nómina de esclavos, indígenas polinesios y despojados marineros, y conmociona al espectador, más que emociona (tal y como prefiere matizar el actor), con el personaje que más exigencias físicas y psicológicas le ha procurado, tras medio siglo de fértil trayectoria.

En esta densa tarea de elixires y condensaciones, equilibran a Josep Maria Pou las intachables intervenciones de Oscar Kapoya –hiperbólico y colonial Pip (un ‘Alabama boy’, cocinero y guardacostas), amén de arponero (¿Queequeg?), entre otros– y Jacob Torres –como Starbuck (un cuáquero pseudo-antagónico de Ahab, quien sedimenta pragmatismo entre la locura y la contienda) e Ismael, único tripulante superviviente del Pequod, narrador de las páginas de Melville y símbolo de huérfanos, parias sociales y exiliados).

Pou, Kapoya y Torres gobiernan el espacio, propicio para la alucinación, aportando elevada réplica a un sencillo pero muy eficaz trabajo escenográfico de Beatriz San Juan, que sitúa al público entre las armuras de babor y estribor, tras la quilla de proa, esbozando tan solo el esqueleto de ofensiva del Pequod, frente a la que se adivinan las marejadas oceánicas, gracias a un atinada extremidad multimedia gestada por la video creación de Miquel Àngel Raió y Francesc Sitges-sardà, el espacio sonoro de Jaume Manresa o la iluminación de Valentín Álvarez; elementos técnicos que, junto a la grabación del Coro de voces graves de Madrid y el Coro de jóvenes de la Comunidad de Madrid, concluyen rubricando una adaptación virulenta, lacerante e impecable.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, flanqueado por los actores Oscar Kapoya y Jacob Torres, durante un instante de la representación de 'Moby Dick', de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Josep Maria Pou, como el Capitán Ahab, flanqueado por los actores Oscar Kapoya y Jacob Torres, durante un instante de la representación de ‘Moby Dick’, de Andrés Lima. Fotografía cortesía del Teatro Principal de València.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

 

‘Rillington Place’: etopeya del asesino de Kensington

‘El estrangulador de Rillington Place’, de Craig Viveiros
Con Tim Roth, Samantha Morton, Nico Mirallegro y Jodie Corner
174′ (3 episodios)
BBC y Bandit Television
Reino Unido, 2016
Filmin (estreno exclusivo en España)
Desde el 20 de marzo de 2018

La plataforma de vídeo bajo demanda Filmin incorpora en exclusiva a su catálogo la miniserie británica ‘El estrangulador de Rillington Place’, una producción de la British Broadcasting Corporation (BBC), dirigida por Craig Viveiros, quien, de la mano de los guionistas Tracey Malone y Ed Whitmore, procura aproximarse a la sombría figura de John Reginald Halliday Christie, uno de los siniestros perfiles imprescindibles en el dilatado inventario de asesinos en serie del pasado siglo.

El asesino en serie John Reginald Halliday Christie observa la llegada de los nuevos inquilinos del 10 Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

El asesino en serie John Reginald Halliday Christie observa la llegada de los nuevos inquilinos del 10 Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

Refulgente, aún, en el sedimento de la crónica negra anglosajona y asumiendo la generosa existencia de documentación, precedentes literarios y cinematográficos –recuérdese aquí el célebre filme homónimo ‘El estrangulador de Rillington Place’ (1971), con Richard Attenborough y John Hurt, bajo la batuta del neoyorkino Richard O. Fleischer–, Viveiros y su equipo osan retornar al depauperado norte de Kensington –céntrico barrio londinense junto al (hoy) divulgado Notting Hill– de los años cuarenta del siglo XX, con el fin de asomarse al taciturno microcosmos consuetudinario de John y Ethel Christie, excelsamente interpretados por Tim Roth y Samantha Morton.

De un modo ineludible, la producción gravita narrativamente en torno del conspicuo crimen de Beryl Evans y su pequeña hija Geraldine, atribuido judicialmente a su esposo, Timothy Evans (condenado a pena de muerte por el asesinato de la menor y ajusticiado mediante ahorcamiento en 1950), episódicos inquilinos de la planta superior del lóbrego número 10 de Rillington Place, bajo cuyas tarimas habitaron los Christie durante más de una década; un luctuoso caso que hubo de tornarse ínclito con motivo del descubrimiento ulterior de diversos cadáveres confinados o enterrados en la vivienda de John Reginald –inlcuido el de su esposa Ethel– lo que, unido a la confesión de éste, exigió revisitar la autoría de aquel doble asesinato –Timothy Evans fue indultado post mortem, aunque, en ningún caso, declarado inocente, tal y como reclaman todavía sus familiares–.

Rillington Place pretende, no tanto una metódica revisitación de los hechos como un velado ejercicio de reconstrucción psicológica de los personajes. No en vano, cada episodio porta como título el nombre de pila o el hipocorístico de los tres caracteres fundamentales –’Ethel’, ‘Tim’ y ‘Reg’–, y se edifica el devenir de los acontecimientos –encauzados mediante graduales saltos de tiempo y analelpsis– atendiendo a la preeminencia sucesiva de cada uno de ellos, de tal modo que se supedita el ritmo de la acción y la consumación de los hechos a la idiosincrasia de sus respectivos protagonistas.

Durante el metraje de ‘Ethel’ el espectador asiste a la elaboración de un retrato etopéyico de los Crhistie, sustentado por una formulación estética de los ambientes y los diversos espacios domésticos y citadinos, lacerados por el sucio hollín fabril, las desconchadas humedades del papel pintado y el insomne lupanar en el desolado Notting Hill de la década de los cuarenta. La turbia calima de estos primeros años parece estar compuesta por una densa nebulosa de insinuación que desdibuja en sombras la inextricable y sorda dicción existencial de John Christie, sustentado por la infausta y progresiva resignación que gobierna el horizonte vital de su esposa Ethel.

Beryl y Timothy Evans (Jodie Comer y Nico Mirallegro), con su hija Geraldine, se instalan en el infausto número 10 de Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

Beryl y Timothy Evans (Jodie Comer y Nico Mirallegro), con su hija Geraldine, se instalan en el infausto número 10 de Rillington Place. Fotografía cortesía de Filmin.

‘Tim’ supone la entrada en escena de los Evans (encarnados por unos correctos Nico Mirallegro y Jodie Corner) y la composición diegética de la muerte de Beryl, que toma rumbo atendiendo a la versión judicial ofrecida por Timothy, tras contradecir su confesa declaración, virando la autoría hacia un John Crhistie erigido en falsario médico, supuestamente capacitado para practicar un aborto a la malograda Beryl (nada se sabe acerca de la muerte de la pequeña Geraldine, si bien John Reginald Christie jamás asumió su autoría, presumiblemente para intentar eludir la pena capital, infructuosamente), siendo en ‘Reg’ cuando los hechos en torno al asesino se precipitan y vienen a desvelarse (con premeditado tacto eufemísitco) los atroces crímenes cometidos durante más de una década por el necrófilo asesino de Kensington, un hipocondríaco de graves trastornos sexuales a quien se le atribuye la muerte por estrangulación de casi una decena de mujeres, sepultadas bajo la ínfima y pavorosa arquitectura del número 10 de Rilllington Place.

Una producción uniformada de impecabildad (galardonada con el BAFTA a la Mejor Fotografía, con rúbrica de James Friend), que elude, premeditadamente, la escenificación clínica del macabro historial de John Reginald Halliday Christie para, de este modo, perfilar la unidad narrativa con atmosféricas elipsis que logran sugestionar las inquietudes del espectador.

Ethel (Samantha Morton) y John Crhistie (Tim Roth) durante una secuencia de 'El estrangulador de Rillington Place'. Fotografía cortesía de Filmin.

Ethel (Samantha Morton) y John Crhistie (Tim Roth) durante una secuencia de ‘El estrangulador de Rillington Place’. Fotografía cortesía de Filmin.

Jose Ramón Alarcón

‘El último chiste del Gran Jacobi’ en la Librería Leo

Presentación de ‘El último chiste del Gran Jacobi’, Eduardo Goldman
Huso Editorial, 2018
Librería Leo
Rinconada Federico García Sanchìz 1, Valencia
Lunes 26 de marzo de 2018 a las 19:00

La Librería Leo acoge la presentación de la novela ‘El último chiste del Gran Jacobi’ (Huso Editorial, 2018), del escritor argentino Eduardo Goldman, que se llevará a cabo el próximo lunes 26 de marzo, a  las 19:00, y contará con la presencia del autor, en un acto que será conducido por el escritor y miembro de MAKMA Jose Ramón Alarcón.

‘El último chiste del Gran Jacobi’ narra la apasionada vida de Paul Jacobi, el comediante judío berlinés que alcanzó la fama con su espectáculo de humor político en el cabaret Barbarroja, durante la República de Weimar, su ocaso por el ascenso del nazismo, su internación en el campo de concentración de Auschwitz y, posteriormente, sus años en Buenos Aires durante la dictadura militar, entre 1976 y 1983.

Eduardo Goldman. Makma

Se trata de una novela histórica que refleja en detalle la vida cotidiana de los ciudadanos alemanes tanto en el Weimar como en el nefasto Tercer Reich. Siendo además una referencia insoslayable para temas poco divulgados como la Jüdischer Kulturbund (el teatro judío permitido y alentado por Goebbels para refutar las críticas al reich por su antisemitismo), la actuación de Hans Hinkel (presidente de la Cámara Nacional de Cultura del Reich), la película Fronttheater (una comedia auspiciada por el ministerio de Propaganda nazi), la actitud de algunos SS que intentaron salva a prisioneros judíos en el infierno de Auschwitz (como el doctor Hans Münch).

‘El ultimo chiste del Gran Jacobi’ es una novela de creciente acción, desde la primera a la última página. Una historia con grandes dosis de humor, muchas veces negro. La epopeya de una época y, a la vez, un fuerte triángulo amoroso que envuelve al protagonista, Paul Jacobi, una muchacha aria y el capitán de las SS Erich von Thaler, el mejor amigo de Jacobi. Quizás, no tan amigo como para dejar de aprovechar la desgracia del humorista judío y quedarse con su mujer. Pero lo suficiente como para arriesgar su vida en las sombras de Auschwitz para salvarlo de las cámaras de gas.

Eduardo Goldman. Makma

Paul Jacobi ignora que su amigo lo ha venido protegiendo, y que, con la ayuda de Hans Münch, lo “sustrajo” de la marcha de la muerte en la retirada de los alemanes hacia Berlín. Finalmente, Jacobi logra escapar hasta llegar a la Argentina, donde años después deberá enfrentar el mismo horror encarnado en la sanguinaria dictadura militar que enlutará al país sudamericano.

Erich von Thaler sobrevivió a la guerra, internado, luego de un bombardeo a Auschwitz 3, en el hospital de las SS en Lieftherderle. Muchos años después, gracias a una carta que recibe de Ana Sefeld, hija del fallecido periodista que ha investigado esa historia, von Thaler es anoticiado de que Jacobi no ha muerto y reside en la Argentina. Ana ha venido siguiendo la investigación de su padre para filmar un documental sobre la vida de Paul Jacobi. Esto moviliza al ya anciano ex SS a viajar a Buenos Aires, acompañado de su hija, Helga, y buscar allí un perdón que jamás pudo hallar en sí mismo.

La primera edición de este libro fue declarada “de público interés” por el Departamento de Derechos Humanos de la Provincia de Neuquén (Argentina).

Eduardo Goldman (Buenos Aires, 1950) es licenciado en psicología, escritor, guionista. Colaboró en medios gráficos como Diario Popular, La Nación, La Gaceta de Hoy, Humor, Sex Humor Ilustrado, El Gráfico, Feriado Nacional y otros. Ha colaborado en diversos programas de televisión, y sus canciones infantiles han sido grabadas en Argentina, México y España.

Ha publicado cuatro novelas: ‘Como perro que aúlla en la oscuridad’, ‘Ni siquiera nos queda París’, ‘El último chiste del Gran Jacobi’ y ’Adiós héroe americano’. También libros de humor: ‘Diccionario Sendra-Goldman de psicología cotidiana’, ‘Todo lo que usted siempre creyó saber acerca del sexo (y en realidad no sabía ni medio)’, ‘Cómo ser intendente y no morirse de angustia’, ’Ni loco vuelvo a ser presidente’, y otros. Además, dos libros de autoayuda: ‘El hombre superior’ y ‘El cine: una terapia al alcance de todos’.

Su comedia dramática ‘El patio de mi vecino’ obtuvo el primer premio de la Fundación Banco Caseros.

 

“ARCO no es el objetivo”

Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau
Semana del Arte de Madrid
Hasta el 25 de febrero de 2018
Con Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Sara Joudi (Galería Shiras), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs)
Entrevista realizada por Merche Medina, Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma

Con motivo de la presente Semana del Arte de Madrid, que concita en la capital a un nutrido grupo de galerías, artistas, comisarios y gestores culturales valencianos, Desayunos Makma ha procurado reunir a cuatro galeristas participantes en diveras ferias satélite de específicos contenidos –como son Drawing Room, Urvanity e Hybrid Art Fair & Festival–, con el fin de conocer sus respectivas inquietudes y apuestas, en el marco de la 37ª edición de ARCO, la cita artística ferial más relevante del país.

Asumiendo de un modo implícito esta condición de preponderancia que atesora la feria de IFEMA, sus proyectos respectivos se centran en escenarios diversos. En tanto que para Marisa Giménez “ARCO no es el objetivo”, el Museo del Ruso desembarca por primera vez en Hybrid Art Fair & Festival. Por su parte, Sara Joudi afirma que “todavía no ha aplicado” para postular su presencia en ARCO a causa “de los requisitos de participación que exige” y, por el momento, se centra en otras propuestas, mientras que Cristina Chumillas destaca el perfil que Drawing Room –de la que Shiras y Pepita Lumier forman parte– ha logrado consolidar en las dos ediciones anteriores, siendo el que más fielmente responde a los contenidos de su galería, tal y como le sucede a Vicente Torres con Urvanity, en la que Plastic Murs participa por segundo año consecutivo.

En esta nutrida diversificación de planteamientos que se dan cita durante la presente semana, “a los artistas les da vida participar en las ferias; años atrás únicamente existía ARCO y hay que celebrar que Madrid alberga ahora una mayor oferta”, señala Giménez; Joudi, así mismo, no duda en manifestar que “quisiera que aumentasen las galerías españolas” en IFEMA, a la par que Torres exhorta a intensificar el “riesgo de las propuestas que habitualmente se presentan” allí.

(De izquierda a derecha) Cristina Chumillas (Pepita Lumier), Sara Joudi (Galería Shiras)y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

(De izquierda a derecha) Cristina Chumillas (Pepita Lumier), Vicente Torres (Plastic Murs), Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Conversar acerca de la consolidación del presente mapa ferial supone, necesariamente, reparar en las nuevas fórmulas venales y poner la atención sobre la figura y perfil asociado al coleccionismo, ante lo cual Vicente Torres indica que “el coleccionista convencional se plantea, de este modo, visitar también otras opciones”; “sin duda, ARCO crea un tirón de público especializado que beneficia al resto”, corrobora Marisa Giménez, mientras que Joudi estima que “cada una tiene su target“. En cambio, Chumillas diagnostica el efecto inverso: “es el público de estas ferias satélite el que se plantea visitar ARCO”, si bien todos coinciden en que, en el entorno ferial, es la dirección y su organización quienes deben contar previamente con un público objetivo específico, propiciar el acceso y el contacto con los espacios participantes.

Para Sara Joudi los coleccionistas “son, por lo general, personas muy formadas que investigan constantemente acerca de sus intereses y que, en muchas ocasiones, se centran en un artista determinado”. Marisa Giménez amplía este comentario e insiste “en potenciar la figura del nuevo coleccionista entre gente joven y es en estas ferias donde puedes arriesgar con las propuestas y educar en el coleccionismo”, a la par que Cristinas Chumillas apuesta por “rescatar al coleccionista abruptamente desaparecido por la pérdida de poder adquisitivo, de ahí la importancia de esta visibilidad y asistencia a las ferias”, a través de las que “hay que lanzar un mensaje e incentivar al coleccionismo”, especialmente entre el público joven que se acerca a las galerías, en tanto que “sus intereses varían y hay que detectarlos”, insiste Vicente Torres.

Sin duda, factores tan determinantes y decisivos como la labor de refrendo y mecenazgo que se debe exigir a la instituciones. En este sentido, prosigue Torres, “el mercado y las instituciones son muy estáticas; por ejemplo en Frieze London éstas no diferencian entre ferias convencionales y de largo recorrido y otras satélite o de reciente creación”. Lo que piden, en comunión, a las instituciones y los museos es mayor apoyo, tanto a nivel local como a través comisiones de compra equitativas, el fomento de relaciones más estrechas y directas con los agentes que las representan, tanto cuando se establece un primer contacto como en el momento en el que éstas seleccionan y materializan las compras en las ferias nacionales. Reclaman, en consecuencia, una mayor transparencia en sus decisiones.

Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs) durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs) durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Atendiendo a estas cuestiones previas, los presentes galeristas no solo adaptan, sino que, ante todo, formulan sus apuestas en plena búsqueda y ejercicio de la especificidad, como una consecuencia natural de la línea expositiva trazada en sus respectivos espacios.

A través del Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca), Marisa Giménez, para quien “acceder a una feria ya es un reto”, pone a su servicio una larga trayectoria como galerista y comisaria, gestada entre Valencia y Madrid, participando en la segunda edición de la feria internacional de arte emergente Hybrid Art Fair & Festival, en colaboraicón con los comisarios y agentes culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), mediante una propuesta colectiva que atiende a las razones metodológicas y finales de diversos artistas emparentados con la fotografía –Jose Manuel Madrona, Ignacio Evangelista, Alicia Martínez y Fotolateras (Lola Barcia y Marinela Forcadel-) y los procesos infográficos (Silvia Mercé).

Comandada por Vicente Torres, Plastic Murs repite en Urvanity, feria que centra su leitmotiv en la “expresión artística desarrollada en el contexto urbano, que construye hoy un diálogo con la modernidad”-, oportuno y propicio escaparate ferial para exhibir el inquietante y celebrado street art individual o colectivo de PichiAvo, Hyuro, Vinz y Deih.

Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Cristina Chumillas (junto con Lucía Vilar) apuesta por el dibujo, la ilustración y el cómic como disciplinas que vertebran la senda de Pepita Lumier, galería que se encuentra presente en la tercera edición de Drawing Room –especializada “en la práctica transgeneracional de los nuevos artistas por el el dibujo contemporáneo”–, en la que participan con los proyectos de Agente Morillas (‘Ecosistemas Invisibles’) y David de las Heras (Cazadores).

Por su parte, Sara Joudi formula con Galería Shiras una linea discursiva en la que se concitan emergentes y celebrados artistas del ámbito valenciano y nacional. En la incipiente semana de las ferias, Shiras hace doblete. En Drawing Room estará con Nuria Rodriguez, Miquel Navarro y Nieves Torralba y en Art Madrid contará con obra de Miquel Navarro, Horacio Silva, Sebastián Nicolau, José Saborit y Javier Chapa.

La conversación entre los galeristas evoluciona hacia las necesidades que afectan al ámbito local y regional, territorio en el que se desarrolla su labor profesional. Cristina Chumillas asevera: “tengo que dar un tirón de orejas al gobierno actual; se debería haber preocupado en dialogar con nosotros e incluirnos dentro de la oferta turística. Por ejemplo, podía generar una ruta, porque el comercio hace cultura”, apreciación que el resto de participantes respaldan.

Un diagnóstico común que se suma a los requerimientos vinculados con la optimización de las subvenciones públicas, así como la necesidad de elaborar en conjunto un sistema realmente efectivo que impulse el desarrollo del sector o “la posibilidad de generar un efecto Guggenheim ampliado a librerías, anticuarios” y otros agentes determinantes del ámbito empresarial emparentado con las diversas extremidades del mercado cultural.

Vicente Torres (Plastic Murs), Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Sara Joudi (Galería Shiras) posan en las inmediaciones del Centre Cultural La Nau, instantes previos al Desayuno Makma. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Vicente Torres (Plastic Murs), Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Sara Joudi (Galería Shiras) posan en las inmediaciones del Centre Cultural La Nau, instantes previos al Desayuno Makma. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

El Museo del Ruso de Alarcón participa en Hybrid

Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca)
II Hybrid Art Fair & Festival
Hotel Petit Palace Santa Bárbara
Habitación 216
Plaza de Santa Bárbara 10, Madrid
Del 23 al 25 de febrero de 2018

El Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca) –dirigido por la galerista y comisaria de arte Marisa Giménez–, en colaboración con los comisarios y agentes culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), participa en la segunda edición de Hybrid Art Fair & Festival, que tendrá lugar en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, del 23 al 25 de febrero de 2018, durante la Semana del Arte de Madrid.

En el marco de una feria que consuma su pretensión por focalizar la atención en proyectos distantes del circuito ortodoxo, bajo el cronograma del eximio mercado artístico invernal de la capital, el Museo del Ruso de Alarcón postula una propuesta colectiva que atiende a las razones metodológicas y finales de diversos artistas emparentados con la fotografía (Jose Manuel Madrona, Ignacio Evangelista, Alicia Martínez y Fotolateras) y los procesos infográficos (Silvia Mercé).

Imagen de una de las obras de Jose Manuel Madrona, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de una de las obras de Jose Manuel Madrona, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Mediante ‘Miradas fabricadas. Construyendo cámaras miopes’, Jose Manuel Madrona (Valencia, 1975) disiente “de los convencionalismos existentes entre realidad y nitidez”, explorando “la capacidad narrativa de las imágenes creadas desde la imperfección de lentes de plástico pulidas a mano, presentando estas imperfecciones ópticas como un lenguaje sutil y refinado que se adentra más allá del efecto o la recreación en imágenes borrosas, cuya naturaleza pregunta abiertamente al espectador”. Por tanto, “esta premisa responde a la necesidad vital del autor y a sus mecanismos de creación. Sin embargo, toda esa parte del proceso queda relegada a un segundo plano, ya que el fin del autor se focaliza en la imagen final”.

Imagen de la obra 'Siete leonas en Hamburgo', de Ignacio Evangelista, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de la obra ‘Siete leonas en Hamburgo’, de Ignacio Evangelista, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Por su parte, en las series fotográficas del autor valenciano Ignacio Evangelista –como ‘Stand by’, ‘Selección natural’ o ‘Imitaciones’– “se muestra la relación, en ocasiones contradictoria, entre lo natural y lo artificial, entre lo animado y lo inanimado”. El artista investiga “sobre lugares o situaciones donde algo parece no estar en el lugar correcto (lugar físico o temporal). Aunque las diferentes series pueden ser formalmente muy distintas entre sí, siempre subyace un tema común a todas ellas relacionado con la huella de lo humano”.

Alicia Martínez (Madrid, 1971) sitúa su práctica artística –representada en Hybrid Art Fair & Festival mediante ‘De fanzines y fotos’– “en torno al concepto de edición”. La artista desarrolla “proyectos fotográficos en forma de publicaciones”, en las que reúne “ secuencias, resonancias visuales de fotografías propias y de fotografías encontradas entre los álbumes familiares. Son casi siempre imágenes, fragmentos de ocio y de baile, momentos de diversión en conflicto con la tristeza”.

Imagen de la obra 'Pekin. Ciudad Prohibida', de Fotolateras, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de la obra ‘Pekin. Ciudad Prohibida’, de Fotolateras, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Fotolateras, comandado por Lola Barcia (Valencia, 1968) y Marinela Forcadell (Castellón, 1969), se describen como “fotógrafas itinerantes, viajeras incansables y apasionadas de la técnica estenopeica”. El Museo del Ruso de Alarcón exhibe durante la feria una selección de imágenes de su proyecto ‘Ciudades enlatadas: 2008-2018′, que sintetiza “diez años de aventura fotográfica viajando por 4 continentes cargadas con 45 latas, convertidas en cámaras, enlatando el mundo. Su técnica les permite “ver una ciudad nueva como una nueva amiga que se quiere comunicar. De una manera calmada y serena, retenemos imágenes de ciudades bulliciosas y vivas”.

Imagen de una de las obras de Silvia Mercé, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de una de las obras de Silvia Mercé, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Finalmente, la artista Silvia Mercé (Valencia, 1962), subdirectora del Departamento de Arte de la Facultad de Bellas Artes de Altea (Alicante), se sirve del tratamiento grafico-fotográfico para procurar una reflexión asentada sobre el cauce del memoria y la cronología, cuyos principios desembocan en el proyecto ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, a través de infografías erigidas a partir de foto-collage y cajas de luz.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES EN HYBRID ART & FESTIVAL

Viernes 23 de febrero a las 19:30
Fotolateras
“Ciudades enlatadas: 2008-2018”

Sábado 24 de febrero a las 12:30
Jose Manuel Madrona
“Miradas fabricadas. Construyendo cámaras miopes”

Imagen de la obra 'Maricher & Michell', de Alicia Martínez, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.

Imagen de la obra ‘Maricher & Michell’, de Alicia Martínez, que forma parte de la nómina de artistas del Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del Museo.