Joan Verdú, lo que el silencio esconde

Joan Verdú. Bonus Track
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 30 de septiembre de 2018

Joan Verdú: “No me gusta el arte político”.
Enrique Carrazoni: “¿Te refieres a las malas artes de los políticos?”
JV: “Soy apolítico”.
EC: “¿Piensan por ti los políticos?”
JV: “Los políticos no tienen ese don, sólo dan problemas y luego dicen que los resuelven”.
EC: “No sé por qué me he acordado de Groucho”.
JV: “¡Otro apolítico y pentapolitano!”

Esta conversación con Joan Verdú (Alzira, 1959-2017) la recoge tal cual el propio Carrazoni en el catálogo de la exposición que La Nau le dedica al artista valenciano bajo el título de Bonus Track. En ella, cuando al nombrar Verdú a los políticos su amigo se acuerda de Groucho Marx, se está haciendo alusión a esta frase del genial actor: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Human touch, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Human touch, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Que Carrazoni se hiciera eco de Groucho para referirse a Verdú no es casual. Su  humor “corrosivo, ácido, irónico y mordaz”, adjetivos empleados por José Pedro Martínez, responsable de la Colección Martínez Guerricabeitia, atraviesa toda la obra de quien huía de la política, para cebarse con ella. “Toda su obra es política, en el sentido fuerte del término”, puntualizó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, durante la presentación de la muestra que hasta el 30 de septiembre sirve de homenaje a su figura.

Groucho, por seguir tirando del hilo que une al actor con el artista, dijo en cierta ocasión: “Inteligencia militar son dos términos contradictorios”. Verdú, por mucho que en su obra las alusiones a la política estuvieran muy presentes, también entendía como contradictorios los términos arte político, de ahí que no le gustara, tal y como aclara al comienzo de su conversación con Carrazoni. Y no le gustaba porque esa política de trincheras no iba con su carácter abierto, jovial, interrogativo y siempre ocurrente.

Rabbit 007, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Rabbit 007, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Así lo recuerda también Sebastián Nicolau, otro de los artistas pertenecientes al grupo Cazadoras Asociados que Verdú impulsó, y para quien el artista era un derroche de imaginación: “Sebaaas se me ha ocurrido una cooosaaa…”. Prorrumpía de esa forma, tras dar una buena calada al cigarro, porque “Joan fumaba mucho; mucho”, apostilla Sebastián Nicolau. Fumaba y dibujaba: “Pintaba sin parar. Podía sentarse y estar horas y horas pintando”, señala Mavi Escamilla, comisaria de Joan Verdú. Bonus Track. Una “pista adicional” que le ofrece La Nau con la exposición que reúne una treintena de obras desde sus inicios en 1988 hasta la actualidad.

José Pedro Martínez aclaró que la muestra estaba prevista con antelación. “Hace tres años que contactamos con él para que la hiciera, porque aunque no tenemos obra suya en la Colección Martínez Guerricabeitia, encaja perfectamente por su discurso plástico”. Algunas obras están inacabadas por culpa de una muerte que se lo llevó antes de lo previsto. “En la vida le había visto trabajar tanto. La cabeza le iba a mil por hora”, recuerda su hijo Tomás Verdú, quien explica la exposición como un chorro de energía: “Entras y genera vida”.

Una vida, como su obra, repleta de “subtextos e hipertextos que resuenan en la sociedad contemporánea”, a modo de juegos de palabras, iconos pop trasladados a su universo mordaz y colorista, y advertencias como ésta: “Lea las instrucciones de esta obra de arte y consulte a algún crítico”. A esta se refirió Ariño en los siguientes términos: “Es la crítica más mordaz que he visto al arte contemporáneo”. O esta otra: “En este local está permitido el consumo de sueños y otras sustancias inconscientes”.

MonsterCard, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

MonsterCard, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

El calendario Dailyland, al que se le han arrancado algunas hojas para llegar al mes de noviembre de 2017 en el que ocurrió su muerte, recoge a una pin up erótica, bajo la cual se puede leer: “Viajes El Corte en las Ingles”. Una tarjeta Master Card se convierte a sus ojos en una Monster Card, flanqueada por los famosos monstruos teleñecos. Y hasta el famoso James Bond se transforma en Rabbit 007, conejo que atraviesa igualmente la obra de Verdú. Preguntado su hijo por esta circunstancia, aseguró que se trataba de “uno de sus símbolos, que lleva a su estilo pop; en el conejo no hay maldad”.

Ariño alude a cierta doblez en su trabajo: “Lo que tus ojos ven esconde otra realidad oculta”. Por eso el vicerrector de Cultura habla de una “apuesta por descubrir esa dimensión de trastienda”. Dimensión a la que se llega sin las prisas y azoramientos que impone la sociedad consumista de la que, paradójicamente, dio también buena cuenta Verdú: “Estas obras no necesitan libro de instrucciones, sino calma para ver lo que oculta”, insiste Ariño.

Obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

En Swissh (2017), el artista juega con la cruz roja, la farmacia, Suiza y una enfermera pidiendo silencio, para alertarnos de cierta evasión bancaria. Mavi Escamilla se refiere a ello revelando una vez más otro juego de palabras: “Botín quin y el silencio bancario”. Y en la instalación de hierro pintado, Verdú realiza un matamoscas con la forma del mapa de España, “que tiene una fuerza extraordinaria por el momento en que vivimos”, subraya Ariño.

Su filosofía fundamental, título de una de sus piezas, viene a resumir el talante de Joan Verdú. En ella, aludiendo a los personajes del cómic Snoopy, dice en cuatro viñetas: “¿Cómo ha ido hoy el cole?” “¡Bah!” “Solo preguntaba” “Es mi nueva filosofía…¡Bah! De ahora en adelante nada me preocupa. ¡Bah, bah, bah!”. Tomás Verdú señaló que trabajó hasta el último momento como si la enfermedad no fuera con él. “¡Bah!”. Y es así, con su obra de cuerpo presente en La Nau y a rebufo del aire “marxista” aludido, como Joan Verdú exclamaría para acabar: “Perdonen que no me levante”. Ahí está su obra para lo que gusten.

Swisshh, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Swisshh, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Salva Torres

Abstracciones geométricas de Joaquín Michavila

‘Michavila: Geometría y Ecología’, de Joaquín Michavila
Centre Cultural La Nau
Sala Martínez Guerricabeitia
Hasta el 22 de mayo de 2016

La Universitat de València rinde homenaje a la figura de Joaquín Michavila con la exposición ‘Michavila: Geometría y Ecología’, una monográfica que reúne una selección de 30 obras con las que su comisario, el profesor Pascual Patuel, se adentra en los principales periodos del artista contemporáneo valenciano: el geométrico (1968-1978) y el paisajístico con la serie de ‘El Llac’ (a partir de 1978). La muestra se puede visitar en la Sala Martínez Guerricabeitia de La Nau desde hoy (inauguración a las 19 horas) hasta el próximo 22 de mayo.

‘Michavila: Geometría y Ecología’ muestra los dos periodos de mayor transcendencia en la trayectoria del artista valenciano, ambos a su vez complementarios. “Aunque el periodo geométrico comprende toda la línea de la abstracción geométrica de Michavila, él siempre tuvo una visión paisajística de esta obra. Llegó un momento en que todo lo veía de manera geométrica, incluso el paisaje; con lo cual en esta obra encontramos una premonición de lo que sería el paisajismo posterior”, señala Patuel.

Así se ha expresado el comisario durante la presentación de la exposición en rueda de prensa este martes en el Centre Cultural La Nau, a la que también han asistido el vicerrector de Cultura e Igualdad de la Universitat de València, Antonio Ariño; el director de Actividades de la Col·lecció Martínez Guerricabeitia, José Pedro Martínez; y Carmen Michavila, hija del artista, quien ha anunciado que la familia donará a la Col·lecció Martínez Guerricabeitia la obra ‘Natura morta al capvespre’ (1980), 80×80, un acrílico sobre lienzo de la colección privada del artista que ha sido restaurado por la Col·lecció Martínez Guerricabeitia.

Asimismo, en este marco se ha hecho pública la entrega de la Medalla del Círculo de Bellas Artes de Valencia, que este año reconocerá a la figura de Joaquín Michavila.

Imagen de la obra 'Forma emergente', Joaquín Michavila. Fotografía cortesía de La Nau.

Imagen de la obra ‘Forma emergente’, Joaquín Michavila. Fotografía cortesía de La Nau.

El vicerrector Antonio Ariño ha destacado el “excelente magisterio” de Michavila, profesor de Dibujo de la Escuela de Magisterio de la Universitat de València, así como su “constructivismo dinámico” y su “retorno a la naturaleza con La Albufera”, lo cual se recoge en una exposició que ha calificado de “extraordinaria”.

José Pedro Martínez, por su parte, ha subrayado la importancia de inaugurar la temporada expositiva de la Col·lecció Martínez Guerricabeitia este 2016 con una “retrospectiva” de Joaquín Michavila, cuya calidad pictórica “queda fuera de cualquier discusión”, ha dicho.

Esta ha sido una presentación emotiva por el vínculo afectivo que une al artista homenajeado y a la institución organizadora –Michavila fue miembro del Patronat Martínez Guerricabeitia desde su fundación–, pero también por la intervención de Carmen Michavila, quien se ha referido a su padre como un “magnífico artista e intelectual”. “Principalmente ha sido un maestro, un docente de vocación, vinculado desde siempre a la escuela y a la Universitat, y aquí es donde reside el valor que tiene esta exposición para toda la familia”, ha añadido. Carmen Michavila, además, ha señalado que es la primera vez que el artista no asiste a una exposición suya –sufre alzheimer y una recaída reciente se lo han impedido–, en cambio, “sabemos que él hubiera sido feliz celebrando con todos nosotros esta exposición”, ha concluido.

El proyecto expositivo

Pascual Patuel es profesor de Historia del Arte de la Universitat de València. Ha estudiado en profundidad el movimiento plástico valenciano de la década de los 50, lo que le ha llevado a forjar una sólida amistad con sus protagonistas, como es el caso de Joaquín Michavila, a quien, junto con la Universitat, quiere rendir homenaje en esta exposición. “Fue profesor de Dibujo en la Escuela de Magisterio, hoy ya Facultad. Esta ha sido su casa durante 40 años y a mí me gustaría que la exposición fuera un pequeño homenaje a su figura”, reconoce.

El profesor Pascual Patuel ha contado en el comisariado de esta muestra con la estrecha colaboración de Carmen Michavila, hija del artista, y de la Galería Benlliure. Organizada por el Vicerrectorado de Cultura e Igualdad, con el apoyo del área de gestión de la Col·lecció Martínez Guerricabeitia (Fundació General de la Universitat de València), la exposición exhibe 12 obras del periodo geométrico y 18 de la serie de ‘El Llac’. Son 30 cuadros de gran formato procedentes tanto de instituciones públicas como de coleccionistas particulares, incluso de la colección privada del artista. Han prestado obra, entre otros, el Ayuntamiento de Valencia, el Fons d’Art i Patrimoni de la Universitat Politècnica de València, la Universitat de València, el IVAM, el Museo de Bellas Artes de Valencia, la Fundación Chirivella Soriano, el Museo Contemporáneo de Vilafamés y Fundación Bancaja.

Imagen de la obra 'Densidades II', de Joaquín MIchavila. Fotografía cortesía de La Nau.

Imagen de la obra ‘Densidades II’, de Joaquín MIchavila. Fotografía cortesía de La Nau.

 

Abstracción vs. Realismo

Joaquín Michavila pertenece a una generación luchadora, que nadaba a contracorriente, inmersa en un mundo plástico realista y, sobre todo, sorollista. Genovés, Andreu Alfaro, Salvador Soria, Vicente Castellano, el escultor Bayarri, el arquitecto Juan Estellés…, son algunos de los artistas que se definieron por su búsqueda incansable de la modernidad en un ambiente aún decimonónico. Michavila, formado en la Escuela de Bellas Artes, quiere superar esa barrera y se pone a la vanguardia de las artes plásticas valencianas a través de la fundación de iniciativas grupales, como el Grupo Los Siete (1949-1954) –antes fue miembro del Grupo Zeta–; el Grupo Parpalló (1956-1961), liderado por Vicente Aguilera Cerni; el Movimiento Artístico del Mediterráneo (1956-1961); o el Grupo Antes del Arte (1968-1969), vinculado al arte óptico y cinético. “Él estuvo en primera línea y no era cómodo; aquellos artistas eran vituperados, injuriados, y se tuvieron que enfrentar a una crítica verdaderamente destructiva en todas partes, especialmente, en la prensa de los años 50”, apunta Patuel.

Si bien es cierto que Joaquín Michavila empieza a pintar en los años 40 dando sus primeros pasos dentro del contexto postimpresionista, no es hasta la década de los 70 cuando alcanza su periodo álgido en la abstracción geométrica, un lenguaje ya muy investigado por entonces, muy codificado a nivel internacional, pero que el valenciano incorpora y adapta a la idiosincrasia local con una forma especial de ver el Mediterráneo, a base de luz y colorido enérgico a través de naranjas y azules. “Esta es la gran particularidad de la geometría de Michavila”, afirma el profesor y comisario. Una obra particular que, según indica Pascual Patuel, enlaza con la producción de los grandes representantes internacionales de este periodo: Wassily Kandinsky, Piet Mondrian, Theo van Doesburg o los constructivistas rusos.

‘El Llac’

Esta abstracción lleva consigo presente una visión paisajística, la que la exposición recoge con el sustantivo ‘Ecología’, que denuncia el maltrato medioambiental y reivindica el respeto por el paisaje y la biodiversidad. Es aquí donde el montaje de la exposición, que se inicia con el periodo geométrico, llega a un punto de inflexión proporcionado por el cuadro ‘El Palmar’, obra pintada en 1980, de 80×80. Esta pieza marca la transición entre la geometría y el paisaje valenciano, en el que se centrará el artista a partir de 1978.

Inspirado por el entorno de La Albufera, degradado en aquella época, Michavila descubre una visión inédita hasta entonces y pone en lenguaje artístico todo aquel paraje. Comienza con la serie de ‘El Llac’, pero continúa con ‘El Riu’ y sigue con otros paisajes que conoció en la niñez: la Valencia de los años 30-40, todavía provinciana y rural, que consigue reflejar en su producción artística.

Al abandonar la “geometría estricta”, Michavila se introduce en la “neofiguración”, “un paisajismo que no es académico, mimético o fotográfico, sino que busca asumir toda la herencia de la abstracción y vincularla al paisaje; por eso utiliza texturas que proceden del informalismo matérico y una serie de recursos que ya habían sido experimentados, pero que él asume, los hace suyos y los incorpora a su trabajo”, explica el profesor Patuel.

Destaca, por ejemplo, la pintura ‘Embarcadero’ (1980), 140×100, que se expone por primera vez. Según ha reconocido Patuel, ha sido un hallazgo para el comisario y para los organizadores de la muestra.

El catálogo

El catálogo, editado dentro de la serie ‘Trobades’, incluye textos de Pascual Patuel; del director de Actividades de la Col·lecció Martínez Guerricabeitia, José Pedro Martínez; y de Carmen Michavila; y reproduce íntegramente la obra de la muestra.

Dirigido por el comisario de la exposición, pretende ser un puente entre el gran público y la producción artística de Joaquín Michavila, por ello compila reflexiones de críticos de arte y de expertos que permiten comprender el lenguaje del arte.

Imagen de la pieza 'Cases de la marjal'. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de la obra ‘Cases de la marjal’, de Joaquín Michavila. Fotografía cortesía de La Nau.

El incendio y la palabra de Mery Sales

Centre Cultural La Nau
Universitat, 2
Valencia
Hasta el 17 de enero de 2016

El origen de «El incendio y la palabra» germinó cuando Mery Sales (Valencia, 1970) descubrió a Hannah Arendt (Hannover, Alemania 1906-Nueva York, EEUU 1975). Sucedió mientras investigaba a Richter para su tesis doctoral. Entre otras cosas -por citar algo perceptible-, con éste último tiene en común el uso del borroneado sobre la imagen en la pintura, y cuando un artista capta el lenguaje de su obra en otro artista que le precede en el tiempo puede hacer dos cosas, mirar para otro lado o seguir el camino de la investigación. Y así, investigando y enlazando información de Gerhard Richter (Dresde, Alemania-1932) dio con Arendt, cuya vida y obra ha inspirado el proyecto.

Detalle de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

“De Arendt hay mucho de lo que poder hablar y debatir” -dice Mery Sales- “Y espero que la exposición contribuya a recuperar su legado”.

Argumentos no le faltan a Sales, pues la vida de Arendt transcurre entre avatares de esa etapa histórica dramática y contradictoria que le tocó vivir. Explotada, discutida, cuestionada y también criticada, su obra es una de las más brillantes y ricas que se puede encontrar en el plano de la política y la filosofía práctica del s. XX. Tras huir de la persecución y privación de los derechos a los judíos, Arendt buscó refugio en EEUU. Corría la primera mitad de la década de los años treinta y durante un tiempo sobrevivió sin identidad oficial, ya que el régimen nazi le retiró la nacionalidad.

"El coro", de Mery Sales. De "El incendio y la palabra. Imagen Vicente Chambó.

«El coro», de Mery Sales. De «El incendio y la palabra». Imagen Vicente Chambó.

En referencia a huídas, exilios y supervivencia, Hannah Arendt hizo una compativa infrecuente de una -entre millones- de las tragedias de de su tiempo. Walter Benjamin se suicidó en la frontera franco-española el 26 de septiembre de 1940. Había llegado hasta allí mermado de salud para dirigirse hasta Nueva York, pero esa noche se cerró la frontera y las autoridades españolas no dieron el visto bueno a los visados. Al recibir la noticia, Benjamin se encontraba en Port-Bou y se suicidó. El día siguiente la frontera se abrió y todos pudieron pasar al otro lado. Arendt señala que Benjamin llegó a destiempo: unas horas antes o unas horas después hubieran cambiado la historia. A Richter le podía haber ocurrido lo mismo, pero las constelaciones le fueron propicias pues cinco meses después de que emprendiera el exilio el día 13 de agosto de 1961, la frontera entre las dos Alemanias fue clausurada con el muro de Berlín y los viajes de un lado al otro prohibidos.

Detalles de "El incendio y la palabra", de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalles de «El incendio y la palabra», de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Las diferentes suertes de Benjamin y Richter no son más que un ejemplo excepcional en el tiempo que vivió Arendt, y la magnitud de lo que devino de aquellos lodos, es revisado, interpretado y adaptado a la actualidad con una mirada crítica por Sales.

“Es la exposición más comprometida que he realizado hasta la fecha” –confiesa Sales con humildad- y sin duda lo es a nivel social y político, aunque es de justicia añadir que con el oficio de pintar y en la forma de vivir como artista, Mery Sales siempre ha estado comprometida, algo conocido en su entorno y fuera de él.

“Para amar el mundo nos tenemos que conciliar con él, lo más difícil es amar el mundo tal y como es, con todo el mal y el sufrimiento que hay en él, sin crítica ni rechazo despectivo, con inquebrantable voluntad de afrontar y comprender lo que es” –continúa Sales- recordando a Arendt en su concepto de Amor Mundi, o amor aplicado a la vida.

Y desde su estudiado concepto de amor de San Agustín, su incursión en la banalidad del mal o la correspondencia mantenida con Karl Jaspers todo conduce a que la aplicación del amor al mundo era algo más que retórica. La propia historia de amor y perdón mantenida con su profesor de filosofía Martin Heidegger, criticado por su encumbramiento en la etapa del régimen Nazi por antisemita, y con quien mantuvo una apasionante historia de la que se conservan cartas escritas hasta un año antes de la muerte de ambos en 1975 y 1976 respectivamente así lo demuestran. El romance se había iniciado cuando Heidegger tenía 35 años y estaba casado, y ella era judía y tenía 17.

Ante el "Muro de la violencia". Parte de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Ante el «Muro de la violencia». Parte de «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

En cuanto a lo didáctico, y siguiendo el precepto “No hay exposición sin reflexión”, el recorrido artístico va de la mano de un complemento narrativo en forma de frases y textos breves escogidos con mucha sensibilidad. De la parte productiva surge la gracia estética que identifica a Mery Sales, aunque no es lo que aparenta, “Es importante que la pintura sea amable para atraer la atención del espectador y que un contenido duro pueda enganchar al público y siga mirando” -afirma Mery Sales-. Por otro lado, la condición de docente y artista se concreta en una combinación beneficiosa de la que sale favorecido el espectador.

Y continuando con la verdadera base del proyecto, la referida estética propia de Sales enlaza y es coherente con una evolución sinceramente atractiva, en la que a pesar de lo aparente, la tiranía de la belleza y la necesidad de someter a debate la esclavitud del aspecto físico y su relación con la frivolidad y el vacío interior están presentes, y como eco de sus propias palabras al respecto, citaremos un par de ejemplos: el llamado “Muro de la violencia”, -en el que destacan diversas obras relacionadas con el mal a través de acontecimientos trágicos- y la pieza que ocupa el final de la exposición, un óleo apaisado de grandes dimensiones que representa un fragmento hermoso del mar. El cuadro, de un atractivo que roza lo hechicero, sugiere lo inquietante que puede llegar a ser el mar en medio de un temporal, una alegoría al mal y una advertencia, la perversidad puede presentarse disfrazada y ser cruel como “el mirar a otro lado”.

Hacia 1934, Martin Heidegger hace un canto a los valores del nazismo en su discurso de toma de posesión como rector en la Universidad de Friburgo, lo que debió ser demoledor para Hannah Arendt, perseguida por la Gestapo coincidiendo con esas fechas sin que su ex amante hiciera nada por evitarlo. Tan solo dos años antes, en una carta de 1932, Heidegger había negado con indignación la menor participación en la exclusión de judíos de sus seminarios.

Detalle de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Sobre el formato circular y la distribución estratégica de algunas de las piezas que componen el citado “Muro de la violencia”, -Sales apunta- “Las curvas no tratan de cerrar, sino de condensar”.

¿Y quién mejor que la propia artista -que ha concebido la obra ex profeso– para organizar el orden y el discurso de la misma?

Seguramente, a la mayoría de visitantes les pasará por alto que la comisaria de la exposición es la propia Mery Sales. La aleación resultante, autora-comisaria-docente, se cataliza para proclamar la importancia de la educación y la formación como vehículos para mejorar la sociedad.

Detalle de "El incendio y la palabra", de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de «El incendio y la palabra», de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

En cuanto al cuidado de la exposición, no cabe discusión cuando se trata de una muestra colectiva o una retrospectiva de autor desaparecido, donde en el proceso de investigación y elaboración teórica es fundamental el papel del comisario, pero hay margen de debate cuando las condiciones del proyecto son particularmente personales. En este caso, la exposición es la tercera del Patronato Martínez Guerricabeitia cuyo comisario es el propio creador, las anteriores a cargo de Chema López y de Mavi Escamilla en el año en curso, ambos dos, polifacéticos, compatibles y de capacidad para cuidar de su proyecto. Respecto a este tema, artistas como Aurora Valero hace años que han hecho declaraciones críticas (sin dar nombres) respecto a algunos “comisarios estrella” por acaparar el protagonismo que le corresponde al artista, y máxime cuando éste es el autor del proyecto, vive, sigue en activo y tiene capacidad. Como es el caso de Mery Sales, que confiesa respetar la figura del comisario, a la vez que se hace respetar en esta faceta. Es evidente.

Y volviendo a la vertiente didáctica del proyecto, –Sales- se siente reconocida en su personaje, “Arendt también tiene mensajes para gente alejada del arte contemporáneo, y la exposición pretende ser didáctica por su propio recorrido,  facilitando así el mensaje a través de talleres y visitas guiadas organizadas a su alrededor” –confiesa-.

Hannah Arendt en una imagen del documental. "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Hannah Arendt en una imagen del documental. «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

El recorrido de la exposición se completa con 40 óleos sobre lino o sobre tabla iniciado con un retrato de Hanna Arendt y finalizado con la citada representación del mal, pero antes, en el aludido “Muro de la violencia” se relacionan secuencias terribles que evocan lo mejor o peor de cada personaje o motivo, como es el caso de la imagen del asesinado profesor Broseta, del hundimiento del Prestige, o de Hitler, entre otros. En definitiva, composiciones destinadas a hacer crítica e historia y que reivindican la pintura tradicional como lenguaje artístico. El aspecto visual está reforzado con los citados textos que van situando al espectador, y se complementa con un documental de la vida de Hannah Arendt. Por la generosidad con que Mery Sales ha entregado su pintura al proyecto, bien podríamos pensar en un ejercicio real de amor mundi.

Vicente Chambó

 

¿Por qué Anzo no está en el IVAM?

Anzo experimental
Sala Martínez Guerricabeitia
La Nau de la Universitat de València
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 3 de diciembre, 2014

Lo dijeron de forma casi unánime: “No se le ha hecho justicia”. Se referían a José Iranzo Almonacid ‘Anzo’, 16 de cuyas obras recién restauradas han sido presentadas en La Nau de la Universitat de València. El más tajante fue José Pedro Martínez, responsable de Actividades del Patronato Martínez Guerricabeitia: “Es incomprensible que no haya obra suya en el IVAM”. Y remachó: “Es un sin sentido, pero es la realidad”. A su lado estaban el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, la responsable del Institut Valencià de Conservació i Restauració, Carmen Pérez, y el comisario de la exposición ‘Anzo experimental’, Juan Ángel Blasco.

Detalle de una de las obras restauradas de Anzo, de su primera etapa Pop Art, en la exposición 'Anzo experimental' de La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las obras restauradas de Anzo, de su primera etapa Pop Art, en la exposición ‘Anzo experimental’ de La Nau de la Universitat de València.

Lo dijeron tras destacar las virtudes del trabajo de Anzo. “Su visión vanguardista y rompedora” (Ariño). “No se entendía su obra porque trabajaba con materiales muy novedosos” (Blasco). “Era un pintor distinto” (Pérez). “Fue un precursor del pop art y también un visionario” (Martínez). Con la exposición inaugurada en La Nau, se pretende “recuperar la figura de Anzo”, insistieron. Y, para ello, nada mejor que mostrar una serie de piezas de sus diversas etapas artísticas (Pop Art, Aislamientos, Geometría Lírica), pero restauradas. “Es una belleza que parece recién sacada del taller del pintor”, subrayó Ariño.

Detalle de una de las obras restauradas de Anzo para la muestra 'Anzo experimental' en La Nau.

Detalle de una de las obras restauradas de Anzo para la muestra ‘Anzo experimental’ en La Nau.

Carmen Pérez explicó que para realizar tamaña restauración se ha necesitado un año de trabajo por parte de Maite Pastor. De ahí la justificación y el sentido del título ‘Anzo experimental’. “Porque experimentó con todo tipo de materiales, que luego han obligado al mismo de tipo de experimentación a la hora de su restauración”, afirmó Pérez, quien abundó en la idea del Anzo incomprendido: “Se adelantó a su tiempo y eso es siempre peligroso”.  “Lo raro es que pasado el tiempo no se le haya reconocido”, agregó José Pedro Martínez.

Detalle de una de las obras de Anzo, perteneciente a su serie Aislamientos, en la exposición 'Anzo experimental', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las obras de Anzo, perteneciente a su serie Aislamientos, en la exposición ‘Anzo experimental’, en La Nau de la Universitat de València.

Anzo ya puso en cuestión el poder de seducción de los medios de comunicación de masas, principalmente la televisión, en su etapa Pop Art. Si el director de cine Vittorio de Sica habló de esa televisión como “el único somnífero que se toma por los ojos”, Anzo amplió esa visión utilizando sus iconos para subrayar con ironía el carácter hipnótico del medio televisivo.

De ese carácter hipnótico de los mass media, Anzo pasó al sentimiento de soledad que provocaban los adelantos tecnológicos mediante su serie ‘Aislamientos’. “Previó a lo que la tecnología nos podía conducir, no sólo sus beneficios, sino el grado de incomunicación que a su vez genera”, apuntó Martínez. Sus diminutas figuras en medio de la apabullante tecnología, por muy desfasados que ahora resulten aquellos grandes ordenadores, así lo reflejan.

Detalle de una de las obras restauradas de Anzo, en la exposición 'Anzo experimental'. La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las obras restauradas de Anzo, en la exposición ‘Anzo experimental’. La Nau de la Universitat de València.

Poco a poco, Anzo fue centrándose en la geometría pura y dura, sin figuras de por medio, para profundizar en la cuestión señalada por Ariño: “¿En qué consiste la realidad auténtica?” Tarea “compleja y difícil” a la que se entregó en cuerpo y alma Anzo. Él mismo lo explicó así: “Yo creo que la belleza surge del equilibrio entre lo matemático y lo lírico”. Según Juan Ángel Blasco, de continuar vivo “Anzo hubiera seguido por ese camino de introspección geométrica, pero con obras muy distintas”. “Le interesaba mucho lo que estaba sucediendo en el mundo de la física, el debate entre humanidad y técnica”, concluyó Ariño.

Obra restaurada de Anzo, perteneciente a su primera etapa Pop Art, en la exposición 'Anzo experimental' en La Nau de la Universitat de València.

Obra restaurada de Anzo, perteneciente a su primera etapa Pop Art, en la exposición ‘Anzo experimental’ en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

La más avariciosa Bienal Martínez Guerricabeitia

12ª Bienal Martínez Guerricabeitia
Avaricia omnium malorum radix
Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València
Hasta el 30 de marzo

Hace 25 años cayó el muro de Berlín, también llamado el muro de la vergüenza. Justo entonces se inauguraba el IVAM y se fundaba el Patronato Martínez Guerricabeitia. Desde entonces han pasado muchas cosas, entre ellas una escalada sin precedentes de la acumulación de riqueza en las altas esferas. Como si la caída del muro, además de libertad, hubiera abierto la puerta de par en par a la voracidad de las grandes fortunas. Como señaló el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, “ha sido precisamente en las sociedades democráticas, basadas en la equidad, donde se ha permitido una concentración extraordinaria de la riqueza”. Lo cual da mucho que pensar. Algo que viene haciendo el Patronato Martínez Guerricabeitia desde su nacimiento a través de sus bienales.

Obra de Adrian Melis en la 12ª Bienal Martínez Guerricabeitia en La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

Obra de Adrian Melis en la 12ª Bienal Martínez Guerricabeitia en La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

La celebración de su 25º aniversario coincide además con la 12ª Bienal, este año dedicada precisamente a la avaricia, pecado capital que, de un modo u otro, ha figurado siempre como trasfondo de cada una de las bienales. José Pedro Martínez, director de actividades del Patronato, se dio cuenta de ello al hacer balance del camino recorrido. “Ya sea en Contra natura, en Inmigración y emigración o en Violencias, el tema de la avaricia está en todas ellas”. Ahora, de un modo explícito y como queriendo cerrar el círculo, se han presentado 20 obras de otros tantos artistas bajo el lema ‘Avaricia omnium malorum radix’ (El origen de todos los males es la avaricia).

Obra de Cristina Lama en la 12ª Bienal de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabietia.

Colección inigualable de 500 obras

La Nau de la Universitat de València recoge toda esa avaricia en una veintena de piezas plásticamente diversas, pero que viene a reflejar en conjunto el despropósito económico que ahora padecemos. “Y no vamos a peor, porque hay mucha solidaridad entre la gente de a pie”, subraya José Pedro Martínez, que apunta en esta dirección positiva de cara a futuras bienales. Entretanto, ahí está la 12ª Bienal Martínez Guerricabeitia haciendo especial hincapié en la avaricia mediante obras “no sólo plásticamente atractivas, sino que inducen a la reflexión”.

Confidential de Juan José Martín Andrés en la Bienal de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

Confidential de Juan José Martín Andrés en la Bienal de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

Tal es el espíritu con el que nació el Patronato: fomentar y difundir el arte contemporáneo, promover vías de debate social e incrementar el patrimonio artístico de la Universitat de València, en cuyo seno de integró por expreso deseo de Jesús Martínez Guerricabeitia. Su hijo José Pedro adelanta que con las “seguramente dos compras” que hagan de obras de la presente Bienal, la universidad pública alcanzará ya las 500 piezas. “No hay ninguna otra a nivel nacional, ni siquiera en Europa, con semejante colección de arte contemporáneo”.

He ahí una excelente noticia, que sirve en cierto modo para compensar el desastre económico y social motivado por la avaricia, y que se ha cebado singularmente en territorio valenciano. José Pedro Martínez, a pesar de los signos de recuperación anunciados últimamente, cree que todo sigue “exactamente igual”. Y se explica: “Al poder financiero no le interesa que esto siga así, porque se están dando cuenta que puede acabar en una revuelta social. De manera que hay cierta tendencia a la recuperación pero a nivel macroeconómico, porque a nivel de población apenas se notará lo justo para que esa revuelta no se produzca”. Eso sí, aunque el mal de la crisis “es común”, en la Comunidad Valenciana ha sido “especialmente doloroso”, producto del “cúmulo de despropósitos sin punto de comparación con otras comunidades autónomas”. Aunque luego matiza: “También ha sido consecuencia, en buena medida, de la infrafinanciación que sistemáticamente hemos ‘recibido’ de la Administración central”.

Senyoa B, de Mavi Escamilla, en la 12ª Bienal de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

Senyoa B, de Mavi Escamilla, en la 12ª Bienal de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

¡Ley de Mecenazgo, ya!

La 12ª Bienal Martínez Guerricabetia cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Valencia y el patrocinio de Banco Santander y de la Fundación Cruzcampo del Grupo Heineken. La inversión privada, dado el calamitoso estado de las arcas públicas, es la vía a seguir y, para ello, nada mejor que la puesta en marcha de una ley de mecenazgo a la que se invoca, pero no termina de llegar. “La iniciativa privada no sólo espera un beneficio moral por apoyar a la cultura, sino cierta recompensa económica. Por eso la Ley de Mecenazgo es la única solución, que ya funciona en otros países, y que resulta urgente implantar aquí, porque si no poco se puede hacer”, afirma tajante José Pedro Martínez.

La avaricia, que los 20 artistas seleccionados recogen en sus múltiples variantes de corrupción, especulación financiera o abusos de poder, convierte esta última Bienal en inmejorable escaparate de la sociedad contemporánea. “El arte no es arte sin ética”, señaló Antonio Ariño durante su presentación en La Nau. “Cada obra es motivo de reflexión, sin dejar aparte su belleza”, subrayó José Pedro Martínez. A caballo entre esa calidad estética y esa cualidad ética que el arte ofrece, en tanto vía privilegiada para acceder a verdades más profundas que las recogidas en cifras, alcanza sus 12 años la Bienal Martínez Guerricabeitia a lomos del cuarto de siglo de un Patronato que, en esto sí es avaricioso, ya piensa en nuevas fórmulas para seguir avanzando.

Detalle de la obra de Ruth Gómez en la exposición de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

Detalle de la obra de Ruth Gómez en la exposición de La Nau. Imagen cortesía del Patronato Martínez Guerricabeitia.

Salva Torres

La codicia humana no conoce límites

Bienal Martínez Guerricabeitia.
Sala Academia del Centro Cultural La Nau.
Calle de la Universidad, 2. Valencia.
Inauguración: 13 de febrero, a las 19 h.
Hasta el 30 de marzo de 2014.

Se inicia la 12ª Bienal Martínez Guerricabeitia, organizada por la Universitat de València, un referente del arte contemporáneo en la ciudad, que cuenta con veinticuatro años de historia. En esta ocasión se presenta bajo el lema “avaritia omniun malorum radix” o lo que es lo mismo, “el origen de todo lo malo es la codicia”.

Miki Leal, In ictu oculi, 2013. Imagen cortesía Fundación General de la Universidad de Valencia.

Miki Leal, In ictu oculi, 2013. Imagen cortesía Fundación General de la Universitat de València.

La Bienal coincide este año con la conmemoración del 25 aniversario de la Fundación del Patronato Martínez Guerricabeitia (1989 – 2014). Ha sido concebida como un “caleidoscopio” para conocer las últimas tendencias de la creación, entender el estado del arte actual e incitar a la reflexión del público.

De la misma manera, pretende estimular la creatividad de jóvenes artistas españoles, y al mismo tiempo, aumentar el patrimonio artístico de la Universitat de València a través de la selección de una veintena de obras de arte contemporáneo.

Abigail Lazkoz, It only happened once and I don't remember it very well,  2010. Imagen cortesía de la Fundación General de la Universidad de Valencia.

Abigail Lazkoz, It only happened once and I don’t remember it very well, 2010. Imagen cortesía de la Fundación General de la Universitat de València.

El comité de selección ha estado integrado por los críticos Sema De Acosta, Johanna Caplliure, Oriol Fontdevila, Alfonso de la Torre y Lorena Martínez de Corral, y las galerías de arte ADN (Barcelona), Paula Alonso (Madrid), Nuble (Santander), La Real (Palma de Mallorca) y Aural (Alicante). Los artistas seleccionados son Carlos Aires, Efrén Álvarez, Suso Basterrechea, Chubasco, Mavi Escamilla, Miguel Ángel García, Ruth Gómez, Núria Güell, Rubén Guerrero, Haritz Guisasola, Cristina Lama, Abigail Lazkoz, Miki Leal, Juan José Martín Andrés, Nacho Martín Silva, Adrian Melis, Fran Mohíno, Isaac Montoya, Daniela Ortiz y Manuel Ros.

Isaac Montoya, Reconstrucción (París), 2010 (fotografía digital bajo metacrilato, 115 x 250 cm). Imagen cortesía del artista.

Isaac Montoya, Reconstrucción (París), 2010 (fotografía digital bajo metacrilato, 115 x 250 cm). Imagen cortesía del artista.

El Roto y sus lúcidos agujeros negros

OPS, El Roto, Andrés Rábago: Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles)
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 12 de enero

No habrá paz para los malvados. La película de Enrique Urbizu, su título, bien pudiera servir de carta de presentación de la obra de Andrés Rábago, primero OPS, luego El Roto. Sus ilustraciones o viñetas ácidas parecen ajustar cuentas con todo aquello que convierte el mundo en un lugar ruidoso, sucio, puro sumidero o agujero negro por donde se evacúa la mala bilis destilada por individuos aquejados de la fiebre del oro. Su manera de dibujar, de proclamar a los cuatro vientos las contradicciones humanas mediante frases lapidarias, al igual que su pintura extraña y misteriosa, parecen llevar dentro la marca del Zorro, de Robin Hood o el más próximo Tío de la Vara.

Viñeta de El Roto en La Nau.

Viñeta de El Roto en La Nau.

Y la tentación es inmediata: convertir a El Roto en el paladín de las causas justas. Parece un indignado al que los indignados toman por bandera; un espía que surgió del frío páramo franquista con el fin de sembrar la incertidumbre en las cerradas filas del poder. Y así sucesivamente hasta llegar al calificativo de “intelectual comprometido” que le colgó a El Roto como una medalla Antonio Muñoz Molina. En un país tan dado a la búsqueda de Cid Campeadores que nos liberen de nuestra responsabilidad individual para izar pensamientos traducidos en justa acción, allí donde bulle el más apasionado desconcierto, sujetos creativos como OPS, El Roto o Andrés Rábago están llamados a ocupar, los tres juntos y por separado, el espacio creativo que debería de ser patrimonio de muchos.

Detalle de uno de los dibujos de El Roto en La Nau.

Detalle de uno de los dibujos de El Roto en La Nau.

Por eso El Roto para en seco los caballos de quienes quieren cabalgar a lomos de sus lúcidas viñetas, entre impulsadas por miles de demonios y un par de ángeles, y advierte: “Soy un dibujante contenido; no trato de hacer exhibición de valentía, sino que lo que hago sea útil, no hiriente”. O sea, que quienes quieran ver sólo agujeros negros en sus ilustraciones (que los hay y muchos), por los que adentrarse en un goce extremo, hallarán contrariados la paciente reflexión de El Roto: “Pretendo añadir comprensión, claridad y luz en el mundo en que nos movemos”. Y remacha, por si acaso: “No pretendo ser el que castiga a los malvados”.

Viñeta de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de la Nau de la Universitat de València.

Viñeta de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de la Nau de la Universitat de València.

Y ahí le tienen, tan campante, llenando con sus dibujos, ilustraciones y pinturas, tres salas de La Nau de la Universitat de València, en la exposición más amplia dedicada a su obra. Felipe Hernández, comisario de la muestra, la resumió así: primero, “un viaje desde lo profundo de la mente”, que OPS tradujo en un “combate contra los rituales del franquismo”; después, “un trabajo conectado con la realidad en que vivimos”, que El Roto realizó a base de un “excelente dibujo y unas palabras precisas”, y, para rematar, “subimos una planta para meternos en un plano de conciencia superior donde se halla su pintura trascendental, el ámbito del misterio y de lo sacro”.

Una de las viñetas de El Roto en La Nau.

Una de las viñetas de El Roto en La Nau.

Alrededor de 200 obras, más una serie de publicaciones de apoyo en vitrinas, conforman esos “tres estratos temporales, desde el punto de vista histórico y mental”, subrayó El Roto, que definen el conjunto expositivo. Histórico y mental porque Andrés Rábago tiene muy claro que cuando critica algo, por muy externo y social que parezca, “también se refiere a mí mismo”. Porque los descosidos de El Roto no sólo revelan los agujeros negros de una sociedad enferma, sino los propios síntomas de la conciencia herida por dentro. Agujeros negros, mas agujeros acompañados de la lucidez que provoca la mirada atenta y profunda de los asuntos humanos.

Pintura de El Roto en la exposición de La Nau. Imagen cortesía del Centre Cultural La Nau.

Pintura de El Roto en la exposición de La Nau. Imagen cortesía del Centre Cultural La Nau.

OPS, El Roto, Rábago: Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles), tal es el título de la exposición, ha sido producida por la Universitat de València y el Patronato Martínez Guerricabeitia, junto al Ayuntamiento de Llobregat y el Centre d’Art Tecla Sala, y permanecerá en La Nau hasta el 12 de enero. Más de tres meses para poder contemplar esa “rabiosa actualidad”, tan del gusto de unos medios de comunicación a los que El Roto critica, a través de una obra que cabalga tirada a partes iguales por demonios y ángeles: abducida por los agujeros negros de su ácida mirada, y por la esperanzada salida a la que nos convoca igualmente su lúcida reflexión.

Una de las viñetas de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Una de las viñetas de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres