El sol mediterráneo que unió a Benlliure y Sorolla

‘Sorolla y Benlliure. Pinceladas de una amistad’
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán 23, València
Hasta el 17 de septiembre
Domingo 6 de septiembre de 2020

“Los duelos con sol son menos”, decía Joaquín Sorolla (1863-1923), repicando en dicha frase la amistad que durante años mantuvo con José Benlliure (1855-1937), recogida en la exposición que Fundación Bancaja dedica a tan estrecha relación. Lo hace mostrando la correspondencia mantenida entre ambos, salpicada de fragmentos en torno a sus dolencias y tristes vicisitudes familiares, pero sin dejar nunca de brillar por encima ese sol mediterráneo que les unió, tras haberse conocido en Roma. Correspondencia a la que se suma un conjunto de ocho obras, la mitad de cada cual, entre las que sobresale la serie ‘Las cuatro estaciones’, de Benlliure, exhibidas por primera vez en Valencia, tras haber sido restauradas.

Los temas “familiares” y sus respectivos “anhelos artísticos”, según explicó Sofía Barrón, comisaria de ‘Sorolla y Benlliure. Pinceladas de una amistad‘, aparecen a lo largo de la correspondencia, revelando la pasión que sentían por la vida y la pintura. “Ya te he contado mi vida hoy, es monótona, pero qué hacerle, siempre te digo lo mismo, pintar y amarte, eso es todo. ¿Te parece poco?”, escribe en cierto momento Sorolla a su mujer Clotilde García del Castillo. Monotonía de una vida cotidiana que ambos trascendían con su obra y una caligrafía, presente en sus cartas, igualmente artística.

Benlliure, Sorolla,
Una joven ante una de las obras de la exposición. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Tan artística, que una frase de Sorolla, reproducida en una de las paredes de la exposición, resulta difícil de esclarecer por los vericuetos que adquieren sus trazos: “Los rayos del sol dorado de poniente, pero sin impresionismos, que en esto religioso harían muy mal”. Sol dorado, impresionismos y cierta mística que atraviesa el conjunto expositivo, protagonizada por esas “cuatro estaciones” de Benlliure y la imponente ‘Yo soy el pan de la vida’, de Sorolla, perteneciente esta última a la colección pictórica de la familia Lladró, y en la que sobresale un joven a modo de «trampantojo» que permite introducir “al espectador en la escena”, según se anota en el texto explicativo de la pieza.

‘Retrato de una dama’, ‘Cabeza de niña con flores’ y ‘Otoño. La Granja’ son las restantes obras de Sorolla, de menor formato, que dialogan con ‘Las cuatro estaciones’, cuya restauración ha sido realizada por Vicente Ripollés. Restauración que ha permitido “recuperar la luz, color y pigmentos originales, alterados y oscurecidos por el paso del tiempo”, asegura la comisaria, ofreciendo sus particulares pinceladas en torno a esa amistad fraguada en Roma, pero que fue perdurando a lo largo del tiempo. 

Una espectadora contempla dos de las obras de la exposición. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

El cambio del siglo XIX al XX les afectó de forma distinta. “La fama de Sorolla creció  de forma exponencial, mientras Benlliure no fue tan afortunado” en esos años de entre siglos. “El gusto pictórico comenzaba a tomar un nuevo rumbo y el pintor desaceleró el paso”, explicó Barrón con respecto a Benlliure, al que calificó de “inquieto y versátil” pictóricamente. El reciente descubrimiento por investigadores de la Universitat de Lleida de un Sorolla inédito, dio pie a que la comisaria se pronunciara sobre el artista luminista: “Sorolla está ultravalorizado”, refiriéndose con ello al constante aprecio de su obra, lanzando un llamamiento al respecto: “Los maestros valencianos siempre han de estar de moda”.

Por eso Isabel Rubio, coordinadora de la Dirección de Comunicación de Bankia, dijo que la exposición podía parecer pequeña, por el número de piezas presentadas, pero que nunca lo es “cuando hablamos de dos grandes artistas como Sorolla y Benlliure”, y teniendo en cuenta esa presentación por primera vez de Las cuatro estaciones. “Ni tampoco se puede tildar de pequeña la muestra, cuando podemos ver la relación de amistad entre ellos y la sociedad valenciana en que se movían”, añadió. Por esos años de principios del siglo XX, ambos artistas capitaneaban un proyecto común que pretendía la construcción de un Palacio de Bellas Artes e Industrias en Valencia, que no terminó de cuajar.

Un periodista grabando detalles de la exposición. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Con ‘Las cuatro estaciones’, José Benlliure, ya con 75 años, se alejó de su repertorio habitual para adentrarse en la “frondosa naturaleza mitológica”, telas “tardías de su producción y de temática inédita en su trayectoria”, explicó Barrón. Su restauración, además de haber permitido mostrar “con rotundidad unas obras llenas de luz y vibrantes colores”, también ha posibilitado revelar “una gama infinita de matices cromáticos, que de otra manera habrían permanecido ocultos”.

La amistad entre Sorolla y Benlliure se muestra en estrecha conexión con su obra, a pesar de que en cierta ocasión el primero hiciera comentarios negativos sobre el segundo, tal y como se recogió en una exposición en el Museo de Bellas Artes de Valencia, en torno a la correspondencia de Sorolla, en esa ocasión dirigidas a su amigo íntimo Pedro Gil-Moreno de Mora. Cosas que, como afirmaban Felipe Garín y Facundo Tomás, en aquella muestra, de las que se hubiera seguramente retractado “al comprobar la amistad y admiración que el viejo maestro le profesaría siempre”. Pero esa es ya otra historia.

‘Yo soy el pan y la vida’, de Joaquín Sorolla. Foto: Manuel Bruque. EFE.

Salva Torres

Iconografía de mujer en el Ayuntamiento

Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936). Construyendo géneros   Comisariada por Mireia Ferrer Álvarez
Sala de Exposiciones del Ayuntamiento
C / Arzobispo Mayoral s/n. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

La exposición ‘Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936). Construyendo géneros’,  plantea una aproximación desde la perspectiva de género a los modelos representacionales mediante los cuales se ha construido la imagen de la mujer en la modernidad y cómo esta ha jugado un papel determinante en la conformación de las prácticas sociales y de nuestro imaginario colectivo. La muestra ha sido comisariada por Mireia Ferrer Álvarez, profesora del Departament de Història de l’Art de la Facultat de Geografia i Història de la Universidad de Valencia.

La exposición se estructura en cuatro temas: Mujer, muerte y enfermedad; Femme Fatale; el ángel del hogar y la New Woman. En ellos se abordan tipologías iconográficas como la Ofelia moderna, la tísica sublime, el dolce far niente, las vírgenes a medias, la animalidad, la mujer diablo, Eros y Tanathos, la prostitución, o la Nueva mujer.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía de la comisaría.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía de la comisaria.

Componen la muestra más de medio centenar de pinturas, grabados y dibujos, de artistas valencianos, entre los que se cuentan Joaquín Sorolla, Cecilio Pla, Manuel Benedito, José Benlliure, José Mongrell, José Manaut, Antonio Fillol, Arturo Ballester, Peppino Benlliure, Fernado Cabrera Cantó o Alfred Claros, entre otros.

Una propuesta para meditar sobre el papel del arte como reflejo de la mentalidad de una época y al mismo tiempo como elemento activo en la construcción del imaginario colectivo femenino.

Cartel de la exposición.

Cartel de la exposición.

Benlliure por Benlliure

Mariano Benlliure. El dominio de la materia
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 30 de septiembre

¿Qué mayor satisfacción para un experto en arte que organizar una gran exposición de la obra de alguien de su misma sangre? Es la que siente Lucrecia Enseñat, comisaria y una de los principales artífices de la muestra sobre su bisabuelo, Mariano Benlliure. El dominio de la materia que se puede visitar en el Centro del Carmen hasta el 30 de septiembre, aunque es muy probable que se prolongue hasta mediados de octubre.

Con motivo de cumplirse, en 2012, el 150 aniversario del nacimiento del artista valenciano, Enseñat propuso hace aproximadamente unos cuatro años, la idea de esta  exposición antológica que fue apoyada por Leticia Azcue, jefa de conservación del Museo del Prado, así como por instituciones de Madrid y Valencia.

Obras de Mariano Benlliure. Centro del Carmen. Imagen cortesía de la Fundación Mariano Benlliure

Obras de Mariano Benlliure. Centro del Carmen. Imagen cortesía de la Fundación Mariano Benlliure

“Desde niña he oído contar innumerables historias sobre mi bisabuelo que lo retratan como un autodidacta y trabajador infatigable”, dice Enseñat. “Tenía un carácter abierto, jovial y un gran sentido del humor. Le gustaba mucho viajar, sobre todo a empaparse del clasicismo en Grecia. Poseía una extraordinaria sensibilidad para captar la belleza y trasmitirla a sus creaciones”.

De su capacidad de trabajo dan fe el centenar de monumentos públicos y funerarios salidos de su mano repartidos por todo el mundo y un casi un total de 4.000 obras de contenido y formato muy diverso todos ellos presentes en la muestra: creación libre, monumentos, retratos de sociedad, artes decorativas y tauromaquia.

Junto a sus coetáneos Joaquín Sorolla y Vicente Blasco Ibáñez, Benlliure integra el trío de genios que a principios del pasado siglo puso a Valencia en el mapa cultural mundial. Tres artistas nacidos del pueblo que trabajaron de forma infatigable para granjearse la admiración del pueblo y han dejado una huella imborrable en el arte y la historia.

Obras de Mariano Benlliure. Centro del Carmen. Imagen cortesía de la Fundación Mariano Benlliure

Obras de Mariano Benlliure. Centro del Carmen. Imagen cortesía de la Fundación Mariano Benlliure

“Mi bisabuelo era muy amigo de Sorolla”, comenta Enseñat. “De jóvenes coincidieron en Roma pensionados por la Diputación y más tarde compartieron el Gran Prix en la Exposición de París de 1.900.  Sorolla pasaba temporadas en la casa de José Benlliure, en Asís y cuando falleció nombró a mi abuelo albacea testamentario y patrono del Museo Sorolla. La estrecha relación entre las dos familias se mantiene hasta hoy”.

Enseñat destaca algunos de los importantes cargos que Benlliure ocupó relacionados con el mundo del arte. Fue director de la Academia de España en Roma y del Museo de Arte Moderno hoy integrado en el Prado. Entre 1917 y 1919, estuvo al frente de la Dirección General de Bellas Artes y fue el artífice del traslado de los restos de Goya a San Antonio de la Florida.

En lo que respecta a su evolución artística, Mariano Benlliure personifica la búsqueda de la perfección. “No se podía estar quieto y continuamente experimentaba con nuevos materiales, técnicas y formatos”, comenta Enseñat. “Igual trabajaba la plata que el bronce, el oro en pequeñas piezas o la cerámica”.

En Italia estudió las técnicas de fundición a la cera perdida que le permitieron demostrar su maestría en una de sus obras, ¡No la despiertes! (1900) que representa a una ninfa y unos niños. “A  Benlliure se le ha tildado de conservador porque no se apuntó a las vanguardias, pero fue siempre un innovador que avanzaba de manera independiente», concluye Lucrecia Enseñat.

Obras de Mariano Benlliure, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía de la Fundación Mariano Benlliure

Obras de Mariano Benlliure, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía de la Fundación Mariano Benlliure

Bel Carrasco

¡Fantástico! El arte se llena de agujeros

La imagen fantástica. Exposición colectiva
Centro del Carmen
C / Museo, 2
Hasta octubre

Resulta conmovedor el esfuerzo por definir lo fantástico en el arte. Carlos Arenas, comisario de la exposición La imagen fantástica, inicia así su aproximación al género: “Extraño, misterioso, grotesco, enigmático, fabuloso, monstruoso, onírico…Estos son algunos de los adjetivos que se nombran cuando hablamos de arte fantástico”. Para terminar reconociendo que definir ese arte “es una tarea compleja”. Y sin duda lo es, al menos para mentes tan razonables como las nuestras, las del ser contemporáneo magnetizado por el orden intrínseco del mundo que ha ido conformando la ciencia.

Entiéndase bien: no se trata de culpabilizar a la ciencia de nuestra incapacidad para abordar lo fantástico, sino de poner en su justo lugar a esa razón que nada sabe de lo inabarcable. He ahí el delirio de la razón: suponer que todo es entendible, abarcable, hecho a nuestra medida. Cumple su función, sin duda, la de hacernos la vida más cómoda y amable. Pero, a pesar de todo, lo incognoscible sigue ahí, siendo territorio de lo fantástico. Es más, nunca ha dejado de estar ahí, por mucho que nos hayamos vuelto extremadamente razonables.

El caballero y la muerte, Chema López. La imagen fantástica. Centro del Carmen

El caballero y la muerte, Chema López. La imagen fantástica. Centro del Carmen

Y ahí sigue, golpeando nuestra conciencia, que se defiende para no querer saber nada de ello. Para aproximarnos a esos agujeros negros que son la marca de lo real, de lo fantástico, el Centro del Carmen ha montado una exposición con medio centenar de obras perteneciente a 26 artistas. Una magnífica manera de acercarnos  a La imagen fantástica, en tanto reflejo de esa energía ciega que tiende a la aniquilación. Energía que los artistas seleccionados no dudan en representar bajo formas diversas: calaveras de muerte, pasiones destructivas mediante aquelarres, guerras, cocaínas, saltos al vacío e incluso la propia irracionalidad.

El principio del placer que parece haberse instalado en nuestra sociedad contemporánea dificulta el acceso a lo fantástico. Lo vemos como algo destinado al propio consumo placentero de imágenes. Y, sin embargo, los artistas de La imagen fantástica no dejan de invitarnos a ir un poco más allá. Nos invitan a tomar conciencia de lo que acontece tras la malla protectora del lenguaje excesivamente codificado. De manera que, apelando a lo fantástico, nos descubren el universo caótico a partir del cual entramos en el mundo y al cual nos debemos enfrentar.

El irracional, Horacio Silva. La imagen fantástica. Centro del Carmen

El irracional, Horacio Silva. La imagen fantástica. Centro del Carmen

Los hay, como Horacio Silva, que sitúan lo real en la propia irracionalidad, en forma de cabeza canina desdoblándose del rostro humano. Chema López también sitúa la animalidad como reverso del sujeto, confrontando el caballo y la esquelética muerte. A Monjalés, el dolor de lo real le viene de cierta negrura interior, social, que el artista ubica en torno a los hijos de España, criaturas sometidas al pico y la destrucción. Benlliure, Segrelles y Sabater toman a la mujer como figura de lo fantástico, encarnación de sueños y pesadillas producto de pecados más o menos capitales. Y así hasta ir dando entrada a la crispación provocada por la guerra (Josep Renau, Equipo Crónica, Joan Castejón), los demonios interiores (Manolo Gil) o la monstruosidad de cierta degeneración humana (José Jardiel, Rafa Calduch, Juana Francés, Pepe Azorin).

Esa irracionalidad, en tanto sinsentido aniquilador, es la que llena de agujeros negros la malla protectora de la razón. Los 26 artistas de La imagen fantástica se hacen cargo de esa energía destructora volcándola en su obra. Es la única forma que tenemos los humanos de acceder a lo incognoscible, sin quemarnos, sin abismarnos en el vacío que proyecta lo real. Para ello se hace imprescindible tomarnos el arte en serio, hurgar en sus entrañas, que son las nuestras, en lugar de pasearnos apaciblemente por delante de las obras. Si el artista corrió un riesgo al pintar, movilizado por la energía que golpeaba su enardecida conciencia, el espectador también debe sentir ese pálpito conmovedor. De lo contrario, nada fantástico sucederá.

La cocaína, Daniel Sabater. La imagen fantástica. Centro del Carmen

La cocaína, Daniel Sabater. La imagen fantástica. Centro del Carmen

Salva Torres