Javier Moro. A flor de piel

Una historia que marca un antes y un después en la medicina, la humanidad y la obra de Javier Moro.

Aquellos que salieron de A Coruña a bordo de la María Pita no imaginaron que, al otro lado del océano, les esperaba un destino titulado A flor de piel. El pasado veintiséis de mayo vio por fin la luz la novela que nos ha robado a Javier Moro de las novedades editoriales durante los últimos cuatro años. Tras publicar éxitos como Pasión india o El sari rojo y recibir un merecidísimo Premio Planeta en 2011 con El Imperio eres tú reaparece en nuestras librerías por la puerta grande, marcando un punto de difícil retorno en su obra y otro, no previsto, punto de inflexión en la novela histórica española.

Hasta su relato anterior nos encontrábamos frente un escritor que describía su género como historia novelada y no como novela histórica, pues el trabajo de documentación era tan riguroso, exhaustivo y detallado que la escritura, en su caso, se convertía prácticamente en una tarea de encaje en la que el mérito radicaba en elegir bien la historia y en crear una dependencia casi física –gracias a la magia narrativa– entre el lector y la realidad. A flor de piel lleva a Moro un paso más allá y le plantea una dificultad añadida; no existe documentación sobre buena parte de la historia ni de los personajes, de modo que no solo es momento de escribir, sino esencialmente de crear y de hacer ficción.

A finales de 1803 una corbeta española zarpa desde A Coruña hacia El Nuevo Mundo con Francisco Xavier Balmis, Josep Salvany e Isabel Zendal a bordo. La misión: salvar al mundo de la viruela a través del tratamiento experimental de la vacuna sin haber sido descubierta todavía la cadena de frío. Aquí entra en juego el título de la novela, muy bien elegido, ya que hace referencia tanto a la parte emocional de los personajes como al sistema de transporte de la vacuna, pues para alcanzar el otro lado del mundo con el fluido en cuestión el único medio de transporte posible era la piel humana. ¿Qué seres humanos podían utilizar para tal cometido? Sin duda, aquellos que nadie echaría en falta, esto es, los más pobres, los que no tenían voz, los niños abandonados. Llegados a este punto, en la fase de documentación, Moro descubre al personaje de Isabel Zendal, tan desconocido como fundamental en el devenir de los acontecimiento. Sin embargo, su figura se diluye en las nieblas de la historia, entre documentos y artículos contradictorios que la citan más de una veintena de veces con apellidos distintos. Y es ahí donde el novelista, como quien busca a tientas, palpando oscuridades, apurando la investigación, da con ella, con Isabel y su dura realidad, y le permite hacerse dueña del relato y eclipsar incluso al protagonista inicial.

A flor de piel nos invita a recorrer la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX, tanto en el plano político, como en el científico o el popular. Nos transporta en corbeta hasta El Nuevo Mundo pasando por México, Caracas, Bogotá, etc., donde recorremos sus calles y vivimos su cultura, pero soltando amarras, dejando a un lado el rigor del novelista erudito, esclavizado por los datos y los detalles históricos.

Es aquí donde Moro da entrada al narrador que coquetea con la fábula, que se salta el guión de las buenas maneras y que logra que la historia respire hasta el punto de emocionar al lector y de justificar, por qué no decirlo, la campaña de promoción desplegada por Seix-Barral.

Con A flor de piel, Javier Moro hace méritos suficientes como para acallar la voz de quienes criticaron su prosa, tildando algunas de sus novelas de demasiado periodísticas o de falta de ritmo. En esta obra es difícil sustraerse a nada; sufres los temporales, los naufragios e incluso la corrupción en tu propia piel; lloras cuando la realidad acaba con la vida de algunos personajes y te sumerges en la grandeza humana de los héroes españoles que lograron lo imposible.

Lo peor no fue lo que vio, sino lo que no vio. Lo que su imaginación, en una desbocada espantada para encontrar un sentido a su descubrimiento, le sugería con rebuscada malicia. Vio sin ver cuerpos desnudos y enlazados, oyó sin oírla la explosión de júbilo de los orgasmos acompasados, olió sin olerlos los cuerpos sudados, tocó sin tocarla ropa tirada en el suelo. Salió de allí encogiendo el cuello y parpadeando, ebrio de furia contenida.

Y cuando cierras el libro, tras el epílogo del autor, permaneces sentado, reflexionando sobre lo que acabas de vivir, recuperándote lentamente del viaje y echando ya de menos a esos niños que, pese a toda su pobreza y todo el abandono que el destino les legó, gracias a la literatura, al milagro de la ficción, y gracias a Javier Moro, regresarán para siempre de la desmemoria.

KATE B
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a flor de piel 3

Lecturas con aire acondicionado

Lecturas estivales
María Dueñas, Isabel Allende y Paula Hawkins, líderes en ventas
Verano de 2015

Tres damas de distintas generaciones y latitudes, en lo más alto del podio, comparten la gloria de ser las autoras más vendidas a lo largo de este largo y tórrido verano. Si las chicas son las que más leen ficción es justo que sean ellas quienes arrasen. Dos muy nuestras y tan conocidas como María Dueñas e Isabel Allende, y una británica, Paula Hawkins que irrumpe con fuerza y viaja en el primer vagón con La chica del tren, best-seller indiscutible de la temporada. Sus derechos de publicación se han vendido a 30 países, estuvo 18 semanas en el número uno en la lista de The New York Times y Amazon, y ya se prepara una película.

Rachel, una obsesiva y observadora treintañera en paro y crisis personal, se acaba de mudar a las afueras de Londres con una amiga y coge el tren de las 8.04 horas todas las mañanas para simular que todavía trabaja, una situación que recuerda la película española La vida de nadie inspirada en un hecho real. En una de las paradas, observa la casa de su ex, Tom, que acaba de tener un hijo y a una pareja que vive cerca de la estación, un toque a lo Hitchcock de la La ventana indiscreta. Comienza a fantasear con ellos y a indagar compulsivamente en su intimidad. Un día, la mujer desaparece y Rachel inicia por su cuenta y riesgo la investigación. Una lectura adictiva, ejemplo perfecto de lo que los anglosajones llaman un libro pageturner, es decir, pasapáginas.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

En El amante japonés Isabel Allende sitúa en la ciudad de San Francisco la historia de una dama adinerada que abandona su mansión y se refugia en una residencia de ancianos que alberga unos clientes bastante peculiares. Mantiene las distancias con los demás excepto con Irina Bazili, una joven moldava a la que convierte en su colaboradora, y que descubre unas cartas en sobres amarillos que contienen misteriosas historias.

Por su parte María Dueñas da de nuevo en la diana con La Templanza su tercer título ambientado en escenarios de la joven república mexicana, la Habana y Jerez durante la segunda mitad del XIX, cuando el comercio de sus vinos con Inglaterra convirtió la ciudad andaluza en un enclave cosmopolita. Historias bien contadas con un punto de intriga detectivesca, como el caso de La chica del tren, o con un despliegue de dramas humanos en lugares lejanos en el tiempo o en el espacio. Es lo que lectores más piden en todas las estaciones del año, especialmente en un tórrido verano como éste, en el que no conviene calentarse la cabeza, sino optar por lecturas que lleven incorporado un buen sistema de aire acondicionado.

A cierta distancia E.L. James exprime el jugo a un fulano llamado Christian en Grey, que en esta cuarta entrega cuenta en primera persona sus trucos de seductor. Aunque la crítica la ha puesto de vuelta y media, se vende bien en competencia con otros muchos títulos en esa línea, erotismo pseudo-duro para amas de casa.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro. Editorial Planeta.

En cuanto a los autores de la tierra, la castellonense Rosario Raro con Volver a Canfranc y el valenciano Joaquín Camps y su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, encabezan el ránking de los más vendidos.

También esto pasará, un relato íntimo en el que Milena Busquets evoca la relación con su madre, la famosa editora Esther Tusquets; La casa de las miniaturas, una intriga romántica  de Jessie Burton o el polémico libro de Michel Houellebecq, Sumisión son algunos otros títulos que se mantienen en posición destacada.

Historias de ayer

La Segunda Guerra Mundial sigue dando juego, como demuestra La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr, Premio Pulitzer de este año, una emotiva historia de amor entre una francesa invidente y un alemán obsesionado por los aparatos de radio. Con Volver a Canfranc, la castellonense Rosario Raro viaja también al pasado para relatar las vicisitudes de un grupo de héroes que ayudan a los judíos a huir del desastre a través de la estación pirenaica. Un aduanero bretón,  una camarera de Zaragoza, un músico o un contrabandista son algunos de los personajes imaginarios que conviven con otros históricos como Josephine Baker y su marido Jean Lion.  “Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba subrayar el ensalzamiento de las buenas obras, eso tan poético llamado justicia divina”, señala Raro.

La mágica ciudad de Estambul a principios del siglo XVI es el telón de fondo del último libro de Elif Shafak, El arquitecto del universo. El protagonista es Jahan, un muchacho que llega desde la India acompañado de Xota, su elefante blanco que causa gran sensación en la corte y encandila a la hija del sultán.

Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte,  Flor de piel de Javier Moro o La ley de los justos de Chufo Llorens son otras novelas históricas que han gozado de la estima del público.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cosecha ‘negra’

La literatura de intriga policíaca o detectivesca y los thrillers son sin duda el género más en boga con ejemplos tan sonados como la trilogía de Batzán de Dolores Redondo o el brillante  debú del valenciano Joaquín Camps, una sólida apuesta de Planeta por su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza.

En este apartado se puede citar, entre otros muchos títulos y autores, a Pierre Lamaitre con Iréne, Alex y Vestido de novia, Mikel Santiago  (El mal camino) y una de espías, Soy Pilgrim, de Terry Halles.

Como se pudo comprobar en el Festival Valencia Negra, numerosos autores valencianos se adentran por los vericuetos de la criminalidad en todas sus variadas formas. Santiago Álvarez con La ciudad de la memoria, Jordi Llobregat con El secreto de Vesalio, Carlos Aimeur con Destroy. El corazón del hombre es un abismo, Bel Carrasco con Abrir en caso de muerte, y un largo etcétera. ¿Se trata de una moda pasajera más o menos efímera o de un edificio de sólidos cimientos? El tiempo y los lectores tienen la última palabra.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Inmortales

Don Quijote en la versión actualizada de Andrés Trapiello ha mantenido el pulso contra las típicas lecturas banales del verano, así como autores consagrados por premios importantes o por su fallecimiento. Es el caso del valenciano Rafael Chirbes, cuyas magníficas obras sobre la crisis, Crepúsculo y En la orilla,  no son precisamente la típica lectura playera.

Leonardo Padura, el cubano ganador del Premio Princesa de Asturias y Eduardo Galeano, también fallecido este año, destacan en la sección de los grandes maestros llamados a ser inmortales.

Ensayo

La actualidad inmediata interesa. Así lo demuestra el éxito indiscutible de dos obras de tipo periodístico: Final de la Partida, de Ana Romero sobre el declive de Don Juan Carlos, y Mañana será tarde, un análisis profundo de la realidad política y social española de José Antonio Zarzalejos. También un clásico de autoayuda, Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreú y Templarios, nazis y objetos sagrados, de Fernández Bueno. Una nota humorística la pone Laura Norton con el elocuente título, No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas.

Librerías consultadas: El Corte Inglés, París-Valencia y Soriano.

Bel Carrasco