La cerámica también es arte contemporáneo

Fuera de serie. De la provocación a la ilusión
Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí
C / Poeta Querol, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

“Hay miedo por parte de las galerías a exponer artistas cerámicos”, avanzó Carmen González, comisaria de la exposición Fuera de Serie. De la provocación a la ilusión que acoge el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Ninguno por su parte, que en su galería de Colonia en Alemania viene haciéndolo desde hace tiempo “con absoluta normalidad y asumido por el público”. La muestra que reúne en Valencia a 50 de los artistas contemporáneos más relevantes del panorama nacional viene a ser una “llamada” en esa dirección.

Serie de azulejos de Salvador Dalí. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Serie de azulejos de Salvador Dalí. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

No es ninguna provocación, que la comisaria deja para los artistas, sino la constatación de un hecho: “Es una llamada para esa gente que todavía no sabe que hay cantidad de artistas trabajando la cerámica dentro del arte contemporáneo”. Muchos y muy buenos. Algunos, como Picasso o Dalí, que ya utilizaron la cerámica como soporte expresivo, y cuya obra se exhibe por primera vez en el González Martí, donde se puede ver una pieza dedica expresamente al museo por parte del pintor malagueño o una serie de azulejos basada en cuadros del propio Dalí.

Pieza de Alberto Hernández. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Pieza de Alberto Hernández. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

También los hay como Gregorio Peño que han merecido el premio por parte de la feria ARCO, por primera vez para un artista ceramista, o Alberto Hernández, primer artista vivo que expone en el Museo de Artes Decorativas de Colonia. Son tan sólo algunos ejemplos de la pujanza de la cerámica dentro del arte contemporáneo, que viene mereciendo lógica atención en el González Martí de Valencia, pero que pugna por hacerse un hueco mayor en el circuito de las galerías, todavía reticentes.

Obra de Arcadio Blasco. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Obra de Arcadio Blasco. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Fuera de Serie apunta en su título en una doble dirección. Por un lado se refiere a los artistas que han sido invitados a participar en una exposición que reúne a los miembros de la Academia Española de Cerámica. Y, por otro, se refiere literalmente a estos ilustres ceramistas convocados en el González Martí, en el marco del Congreso de la Academia Internacional de Cerámica que tendrá lugar en Barcelona el próximo septiembre. Una nómina de artistas que abarca 80 años de la mejor cerámica contemporánea, en cuyo recorrido destaca el alicantino Arcadio Blasco, fallecido hace tres años, “que fue el precursor de todo lo que se ve en la exposición”, explicó González.

Obra de Miguel Ángel Gil. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Obra de Miguel Ángel Gil. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Y lo que se ve está dividido en cuatro apartados relacionados con la tradición, la narración, la ilusión y la ya aludida provocación. En el punto de partida, los nombrados Picasso, Dalí y Blasco, junto a Llorens Artigas, Jordi Serra o Lluís Castaldo, quebrando la estricta funcionalidad de la pieza cerámica para convertirse en un objeto bello. También aparece como soporte expresivo que, al igual que el lienzo, puede dar lugar a contar historias “tomando a la figura humana o la imitación de formas” como elementos de esa narración. Ahí están los casos de Xavier Monsalvatge, empleando el lenguaje del cómic con crítica social, Ángel Garraza, Samuel Bayarri, con su expresiva cabeza, Esperanza Fontecha, Teresa Gironés, la tailandesa afincada en Valencia Supi Hsu, el grito de Miguel Ángel Gil o Marina Rubio, la más joven.

Obra de Samuel Bayarri. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Obra de Samuel Bayarri. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

La provocación corre a cargo de artistas que fuerzan los límites del material para arrancarle lo mejor de sí, como sucede con Enric Mestre, Joan Serra, Rafa Pérez, trabajando masas de dilatación que en lugar de encoger en el honor se abre como un suflé, Madola o los mencionados Peño y Hernández, este último pintando, literalmente, con fuego. Y puestos a provocar, la exposición incluye un video con diversas performances que vienen a reflexionar sobre el hecho cerámico de un modo fuertemente instigador. Jaume Coll, director del Museo González Martí, afirmó que realizar arte contemporáneo con cerámica “exige rizar el rizo y eso no se aprecia”, abundando en la idea de reconocer el talento de tantos y tan buenos ceramistas como hay en nuestro país. Basta un recorrido por estos Fuera de Serie para darse cuenta.

Esculturas de Teresa Gironés. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Esculturas de Teresa Gironés. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Salva Torres

Monsalvatge y la política o ese peligro permanente

11 años de peligro permanente, de Xavier Monsalvatge
Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí
C / Poeta Querol, 2. Valencia
Hasta el 4 de mayo

El peligro permanente del que habla Xavier Monsalvatge (Godella, 1965) se puede entender nada más entrar a su exposición en el Museo de Cerámica de Valencia. Bajo el elocuente título de la muestra figura esta frase de George Orwell (1984): “En  nuestra época no existe tal cosa como ‘mantenerse fuera de la política’. Todas las cuestiones son cuestiones políticas, y la política misma es una masa de mentiras, evasivas, tonterías, odio y esquizofrenia”. El peligro, pues, resulta evidente: no hay salida posible, porque todo es política y, por tanto, lamentable falsedad.

Detalle del cartel de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia.

Detalle del cartel de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia.

Monsalvatge se hace cargo de esa poderosa ficción en 11 años de peligro permanente, exposición de lozas, porcelanas, serigrafías y alguna pintura acrílica, junto a diversos objetos dispuestos en vitrinas, que sirven de soporte ilustrativo de toda esa “masa de mentiras” que constituye la política. Los 11 años a los que alude el título de la muestra se refieren al tiempo que Monsalvatge ha pasado en diferentes lugares, para dar forma al conjunto expositivo mostrado en una de las salas del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, que celebra este año su 60 aniversario.

Obra de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años de peligro permanente'. Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Obra de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’. Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Sargadelos (Lugo), La Rambla (Córdoba), Fuping (China), Bornholm (Dinamarca), Milwakee y Filadelfia (Estados Unidos) y Çan (Turquía) fueron las ciudades que el artista de Godella frecuentó y de las que extrajo el fruto del trabajo que ahora expone. De los peligros que ha ido corriendo durante esta última década, Monsalvatge nos advierte mediante una obra salpicada de títulos harto significativos: Vamos a contar mentiras, Estamos perdidos, Estudio de frenología, 14 de septiembre, Conexiones incorrectas. Jarrones, platos y cabezas escultóricas acogen ese discurso crítico y desencantado con la política y el poder financiero, que Monsalvatge ilustra con brillante pulso narrativo y poderosa pincelada.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en el  Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Por sus piezas de loza y porcelana van desfilando escenas de políticos, a los que parecen darles cuerda el propio engranaje mecanizado de la sociedad posmoderna. También hay manos industriosas alimentando “con ahínco” las tuberías de un sistema angustioso, expresionista, alienado. Tanto es así, que una de las porcelanas de la exposición (Study of phrenology) recoge en una cabeza la confusa fragmentación del desorden impuesto.

Porcelana de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años de peligro permanente' en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Porcelana de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’ en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Ése es el peligro del que nos advierte Monsalvatge con su agobiante escenografía sobre cerámica y del que nos avisa de entrada con la cita de George Orwell. Por si fuera poco, en las ocho vitrinas de la exposición va dejando huellas literarias del agujero de lo real que se abre a causa de ese totalitarismo de la política: Muerte accidental de un anarquista (Darío Fo) o Sobre la historia natural de la destrucción (W.G.Sebald), además del propio 1984 de Orwell, son algunos de esos textos admonitorios.

Piezas en una vitrina de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Piezas en una vitrina de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Monsalvatge también tiene tiempo de cartografiar la costa mediterránea y más allá, siguiendo la estela náutica de Piri Reis (1465-1554), creador de uno de las mapamundis más importantes del mundo. Y de fotografiar y pintar diferentes edificios industriales tomando como referencia el barrio viejo de Filadelfia, donde prosigue su crítica de la política aprovechando que en esos momentos había sido reelegido Obama como presidente de los Estados Unidos. 11 años de peligro permanente parece llevarnos de la mano de la cerámica por ese mundo al borde el abismo que Orwell decreta por culpa de tamaña contaminación política. Si algo nos puede salvar, a juzgar por las imágenes de Xavier Monsalvatge, es el propio acto creativo destinado a conservar la belleza allí donde todo apunta hacia su destrucción.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años en peligro permanente'. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Salva Torres

Museo de Cerámica: ni IVAM, ni MuVIM

60 años del Museo de Cerámica de Valencia
Director: Jaume Coll
C / Poeta Querol, 2. Valencia

Un gran panel cerámico (6×2 metros) de una cocina valenciana con escena de época, pieza recuperada por González Martí que data de 1789, dialoga con otro panel obra de Arcadio Blasco, de su serie Muros para defenderse del miedo (1970). Uno al lado del otro simbolizan buena parte de la historia que atesora el Museo Nacional de Cerámica González Martí, ahora que celebra su 60 cumpleaños. El primero, porque dadas sus dimensiones recuerda la dificultad que tiene el museo para exhibir piezas que, por su tamaño, necesitan dependencias mayores. Los ecos de la tan anunciada como sucesivamente postergada ampliación de su espacio siguen resonando. Y el muro de Arcadio, artista fallecido el pasado año, parece igualmente llamar la atención de un museo que defiende orgulloso su rico patrimonio.

Frente al IVAM o el MuVIM, museos tan propicios al controvertido eco mediático, el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí (en lo sucesivo, y por abreviar, González Martí) se yergue silencioso en el palacio del Marqués de Dos Aguas. Pero es un silencio, ya es hora, que clama al cielo. “Es el museo de su especialidad más visitado de Europa”, subraya Jaume Coll, director de la institución dependiente del Ministerio de Cultura. Las cifras son harto elocuentes. “Tenemos más de 130.000 visitas anuales, lo que supone doblar las que tiene el Museo Nacional del Azulejo de Lisboa, que es todo un referente”. El resto de museos de cerámica europeos suelen alcanzar una media de 30.000 visitas.

Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Fotografía: Jose Cuéllar.

No sólo eso. Jaume Coll señala que las webs turísticas especializadas colocan al González Martí como “la quinta atracción turística de Valencia”, tras los parques y el Mercado Central, pero de nuevo como el primer museo en número de visitas. Ni el IVAM, ni el MuVIM, ni el Bellas Artes: el González Martí despunta por encima del resto de espacios museísticos de la ciudad. Con menos pompa, la cerámica es todo un reclamo. Entonces, ¿por qué aparece siempre como en un segundo plano? “Bueno, la gente lo conoce”, apunta Coll, sostenido por la elocuencia de las cifras, “pero no sabe lo que significa; por qué es un museo tan singular”.

Lo dice mientras grupos de estudiantes y personas que aguardan una visita guiada adensan con sus voces las salas del González Martí. Salas repletas de una cerámica singular, que Jaume Coll va describiendo a su paso deletreando cada una de las piezas. Y es que “la producción valenciana no es cualquier cosa”, destaca el director. Por ejemplo, la cerámica de Alcora, con su Real Fábrica de Loza del siglo XVIII. “A nivel europeo es la que produce más cantidad y calidad, alcanzando los dos millones de piezas que van a América”. Manises, cuya cerámica “colorista y de dibujos más populares, menos académicos, despunta en el XIX”. Yendo hacia atrás, está la loza dorada, “imitación del metal y producto estrella del siglo XIV”, además de la implantación de la loza que imitaba a la porcelana como uno de los episodios del siglo X.

Jaume Coll, de perfil, con una de las piezas cerámicas del museo al fondo. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll, de perfil, con una de las piezas cerámicas del museo al fondo. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll también destaca con orgullo “el gran eco de nuestras exposiciones en el extranjero”. Y cita, como uno de los múltiples ejemplos, la de Lisboa, con 38.000 visitantes, cuando lo normal suele estar en torno a los 23.000. Los grandes pavimentos, alguno de casi 80m2, como el de la Real Fábrica de Azulejos que data de 1808 expuesto en Dallas o Nueva York, protagonizan algunas de esas exposiciones foráneas, a falta del espacio que el González Martí demanda desde hace un tiempo que se hace ya excesivamente largo.

Jaume Coll se muestra cauto, pero se le ve dolido por la “caída en picado” del presupuesto que limita su capacidad de gestión, “aunque el servicio que prestamos sigue siendo igual de digno”. Para este año de celebración por los 60 años del Museo de Cerámica, tienen previsto realizar una exposición de video y fotografía con testimonios e imágenes de cuando se creó el museo en 1954, así como destacar entre las habituales piezas del mes un jarrón de los años 20 de Juan Bautista Huerta, que es junto al que se firmaba y que aparece en todas las imágenes de la época.

El González Martí viene reivindicando con sus cifras de visitantes, su patrimonio y sus actividades, el lugar que por méritos propios merece la cerámica. “Es un arte más y eso fuera de España se entiende, pero aquí no se valora lo suficiente, por prejuicios de nuestra sociedad; es un problema de educación”. De ahí el Curso del Prado impartido en el Museo de Cerámica recientemente a profesionales, con el fin de que la gente sepa el trabajo de dominio de las técnicas y calidad del producto. “Hay que saber mirar y no sólo quedarse con que todo esto es muy bonito, sino conocer lo que representa la cerámica del pasado y el patrimonio que aquí tenemos”. Al arqueólogo Jaume Coll se le nota que lo suyo es seguir excavando.

Jaume Coll. Fotografía: José Cuéllar

Jaume Coll. Fotografía: José Cuéllar

Salva Torres