“Siempre intento juntar morbo y elegancia”

‘God is Queer’
Mamut Concept Store
Carrer del Pintor Salvador Abril, 48, 46005 València
Del 23 al 15 de diciembre de 2018

De las redes y para las redes, así es el Arte hoy, un cúmulo de me gustas, hashtags y retos que han transformado al artista en objeto de deseo de las miradas escópicas del individuo posmoderno. Subsumidos por el capitalismo imperante, muchos artistas optan hoy por realizar sus obras basándose en las preferencias de sus seguidores en las redes, lanzando preguntas e interactuando con los que habrán de convertirse en sus futuros compradores. Esta nueva dinámica entre los agentes artísticos se deja ver en propuestas como el Inktober, un reto lanzado desde 2009 por el ilustrador Jake Parker que apuesta por “exprimir” la creatividad de los jóvenes artistas. Una vez pasado octubre, podemos disfrutar de los resultados de esta iniciativa en exposiciones como ‘God is Queer’ de TheHugo, una serie de dibujos realizados a tinta en los cuales el joven ilustrador ha plasmado las complejidades que alberga el género en sus diversas manifestaciones. Ilustraciones donde morbo, transgresión y elegancia se funden para fascinar al público a través de las redes.

Hugo Díaz (TheHugo) comenzó su carrera como ilustrador realizando una autoedición de su primer libro que, a modo de cuento infantil, reelaboraba los dibujos de su infancia bajo el título ‘Mira que dibujo más bonito he hecho mamá’. Su periplo lo llevó a moverse por eventos relacionados con el manga y el anime, centrándose en el cómic a partir del cual empezó a interesarse por el dibujo. Durante la educación secundaria cambió sus intereses en torno a la biología marina por los lápices, y comenzó a orientar su futuro hacia el bachillerato artístico. Tal como apunta el artista, desde niño le encantaba crear personajes, siempre estaba dibujando y creando historias entre ellos.

En enero de 2016 se publicó ‘El fuego en el que ardo’ de Mike Lightwood ilustrado por TheHugo y que supondría su primer contrato en el mundo de la ilustración editorial. Un año después, y a raíz del éxito del primer libro se publica ‘El hielo de mis venas’, la segunda entrega del escritor sevillano editada por Plataforma Editorial e ilustrada por este prolífico artista. Entre sus proyectos se encuentra el cómic ‘Living la vida loca’ inspirado por la manera de contar historias de Paco Roca, en el cual realizó una serie de microrelatos que narraban de manera gráfica las experiencias vividas tras su paso por el grado superior en Segovia.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

¿Qué es God is Queer? ¿De dónde surge la idea de esta exposición?

El proyecto en sí nació del reto viral Inktober, una propuesta del ilustrador Jake Parker. Consiste en hacer un dibujo al día a tinta durante el mes de octubre y subirlo a las redes con el hashtag #Inktober.

¿Parten esta exposición y la serie de dibujos de las redes sociales?

Sí, esto nació sí o sí de las redes. El año pasado participé en el Inktober y conseguí hacer una serie completa de 31 retratos con tinta negra y con detalles en azul, un color que aplico en todo, y la verdad es que gustó bastante.

Este año me lo preparé con más tiempo y en agosto ya estaba pensando en qué serie de ilustraciones podría hacer. Todo surgió a partir de una ilustración de Hermes, que hice con un estilo más detallista y anatómico, no tan royo “comiquero”, como lo que suelo hacer. Tuvo una muy buena recepción en redes, y pensé ¿por qué no hacer 31 dioses para el Inktober?

En cuanto al tema elegido he de decir que la mitología me ha acompañado a  toda mi vida. Tengo libros infantiles más didácticos y algunos más de adultos que tratan la mitología griega, egipcia, nórdica, etc. Es algo que me hacia mucha ilusión ilustrar.

La idea era hacer 31 dioses diferentes, completamente desnudos con algunos detalles de la iconografía propia de cada dios. No quería limitarme a hacer cuerpos academicistas, clásicos o normativos y me sentía en la casi obligación de visibilizar el colectivo LGBTI, algo que me motivaba desde un principio. Quería hacerlo desde un punto de vista reivindicativo, de ahí que hayan dioses transexuales, más gordos, más delgados, con más pelo, con menos, más amanerados o masculinos, etc. He jugado con todo el espectro que nos ofrece el género y el cuerpo humano.

¿Cómo elegiste a las divinidades?

Fue algo básico, busqué dioses que tuvieran algo atractivo a la hora de representarlos. También me guié por lo que iba leyendo sobre las mitologías y por lo que la gente me iba proponiendo por las redes. Quería hacerlos humanos. Podría hacer incluso alguno con cuatro brazos, pero no quería hacerlos con cabezas de animales. Prefería humanizarlos. Por eso, y pensando en ese toque de ilustración de moda que siempre tengo en mente, basándome en la figura animal hice detalles en algunos personajes como la nariz puntiaguda, o un peinado que tenga unas orejas de chacal, etc. En el caso del dios romano Jano, al cual se le suele representar con dos caras, la suya y otra en la nuca, como no quería alejarme tanto de lo humano, decidí hacerlo como un persona de a pié que usa dos máscaras diferentes, una joven y otra anciana.

¿Por qué las máscaras de Jano no llevan el lunar, tan representativo de tu obra?

No tienen el lunar porque lo tendría debajo de la máscara. En realidad cuando lo dibujaba pensaba en el Inktober del año pasado en el cual todos los retratos tenían el lunar excepto uno, “Venenoso”, que represntaba a un chico quitándose la máscara y dejando ver que debajo solo tenía serpientes. Era una manera de representar a las personas tóxicas. De algún modo, tanto la máscara de Venenoso como las de Jano no son reales, simbolizan aquello que se quiere exponer, es como si yo por estética quisiera quitarme el lunar.

Detalle de la ilustración "Venenoso" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración «Venenoso» de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Háblanos de la estética homoerótica tanto de esta serie como la de tus obras previas

Yo siempre intento juntar morbo y elegancia por amor a la estética. Esta fusión la plasmo en toda mi obra. Me gusta darle a lo banal, a lo pornográfico ese toque de elegancia. Al principio me pregunté ¿por qué si soy gay tengo que hacer ilustraciones gays? Luego me lo propuse y me di cuenta que salía solo, que es parte de mí. Me encanta la estética del hinduismo y budismo pero por cautela, al ser una religión y una cultura aún vivas, no quería ponerme a representar a los dioses desnudos, aunque los hindúes, por ejemplo, veneran la androgínia. Pensé que esto podría llegar a ofender.

¿Entiendo qué has hecho un ejercicio de autocensura?

Sí, hay un ejercicio de autocensura. Por ejemplo, en las redes me preguntaron si iba a hacer a Cristo. La verdad es que respeto las creencias de la gente y si hacerlo a mi manera atentaba contra estas, prefería centrarme en los mitos y leyendas. Ofender por ofender me parece demasiado gratuito.

¿Crees que esta fusión entre estética y porno determina el público al que va dirigida tu obra?

Siempre he pensado que hacer obras de carácter homoerótico quizás me cerrara puertas para ilustrar algún día un cuento infantil. El público al que llego no es intencional. Hago lo que siento, y de esa manera llego a gente con inquietudes y gustos similares. La mayoría de mi público van a ser hombres, de hecho en Instagram podría decir que el 85% que compra mi obra son hombres del colectivo LGBTI. Con mi obra pretendo dar visibilidad al mundo no normativo. Es una lucha que llevo conmigo, pues considero que por ser hombre no he de vestir de una manera concreta. A la hora de realizar algunos de los dioses he consultado a personas de colectivos queer, para ver si podría ofenderles la manera de representar algunos personajes.

¿De dónde sacas los modelos para tus personajes?

De mi cabeza, aunque en algunas ocasiones he recurrido a alguna cuenta en Instagram para inspirarme con las anatomías y las poses que beben mucho del mundo de la moda. Cuando dibujaba en mi escritorio habían dos libros: uno de mitología dirigido a publico adolescente que recopilaba divinidades de diversas mitologías, y otro que recogía las obras del artista Alphonse Mucha. Considero que su elegancia a la hora de transmitir las formas del cuerpo femenino, su estética silueteada en rostros, manos y pelo han sido de gran inspiración para mis obras.

Detalle de la ilustración "Helios" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración «Helios» de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

¿Qué hay de ti en estas ilustraciones?

Soy tan visceral que todo lo que hago lo saco de mí. Cuando decidí marcarme un “Frida Kahlo” haciéndome autorretratos continuamente o poniendo a todos los personajes que diseñaba el lunar, me di cuenta que era algo de lo que pequeño renegaba y ahora es parte de mi identidad.

¿Por qué elegiste Mamut Concept Store para exponer God is Queer?

En realidad me eligieron ellos a mí. Es una tienda que nació hace unos meses, en la que se vende, ropa y productos de decoración realizados por diseñadores emergentes. Los dueños de la concept store llevan también Ediciones Hidroavión, una editorial así mas “indie”, en la que publican a escritores e ilustradores emergentes. El pasado verano a través de Instagram me escribieron desde Mamut y me ofrecieron exponer en su tienda. Fijamos fecha y programamos la exposición God is Queer.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

¿Para cuándo el próximo proyecto? ¿Qué ideas tienes en mente?

Me quiero centrar, por temas de trabajo, en la ilustración editorial y de moda. Tengo varias ideas para ilustrar algunas de las colecciones de diseñadores como Versace o Moschino, con colores muy “pop”. Por lo que respecta a esta exposición sí que me gustaría crear un libro con esta misma estética de ilustración, con diferentes historias, mitos y leyendas con temática queer.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Andrés Herraiz Llavador

Un retrato de la lealtad: ‘Últimos días en La Habana’

‘Últimos días en La Habana’, de Fernando Pérez
Estreno en España: 7 de abril de 2017
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Tras su laureada presencia en la XXXVIII edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la reciente Biznaga de Oro a la mejor película iberoamericana en el XX Festival de Málaga, ‘Últimos días en La Habana’, bajo la dirección del realizador cubano Fernando Pérez, incoa su periplo por las salas españolas con la pretensión de diseminar la caleidoscópica radiografía de un particular microcosmos habanero, en el que confluyen algunos de los consabidos grandes temas de la idiosincrasia cubana.

Polarizada a través del pulso consuetudinario de sus dos personajes protagónicos -Miguel (Patricio Wood) y Diego (Jorge Martínez)-, la senda que rubrican el joven guionista Abel Rodríguez y el propio Fernando Pérez escenifica los vericuetos y singularidades de la amistad de dos individuos perfilados por sus lacerantes desdichas, cuyas respectivas naturalezas antagónicas, en lugar de alimentar el abismo que distancia sus inquietudes, solidifican un afecto mutuo edificado por un ignoto pasado común transmutado en lealtad.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

Habita en ‘Últimos días en La Habana’ una omnipresente relación con el epílogo, que transita desde la razón cronológica del título hasta la turbada espera que reporte forma a los desenlaces respectivos de sus protagonistas. Si Patricio Wood encarna a un ser infausto, gobernado por la contención y el laconismo, Jorge Martínez procura dotar a su encamado estoicismo un hálito último de mundano  deseo, amparado por el maquillaje de la extroversión y la emotividad del recuerdo; y es la memoria la que solidifica el vínculo, por necesidad, entre Miguel y Patricio, entre el contumaz anhelo de la huida y la resignada expectativa de la muerte.

De este modo, “’Últimos días en La Habana’ trata de ser un filme sobre la amistad, sobre el derecho de cada individuo a expresarse a su manera: un filme sobre la diversidad”, tal y como ha sentenciado Fernando Pérez durante el cálido y honesto encuentro mantenido con el público durante el estreno de la cinta en los Cines Babel de Valencia.

Con una cierta e ineludible previsibilidad, a través de esta heterogénea relación umbilical entre Miguel y Diego, Fernando Pérez merodea algunos de los acostumbrados y recurrentes asuntos que han sido abordados -con notorios resultados en numerosos casos- por la filmografía cubana de las últimas décadas, como son la diáspora y el exilio, la homosexualidad y la prostitución masculina y, en menor medida, la enfermedad del SIDA.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

Películas como ‘El súper’ -de León Ichaso, Orlando Jiménez Leal y Manuel Arce-, ‘Una noche’ -de Lucy Mulloy-, ‘Habana Blues’ -de Benito Zambrano-, ‘La ciudad perdida’ -de Andy García- o ‘Regreso a Ítaca’ -de Laurent Cantet-, han diseminado, con acento local e internacional, el apesadumbrado y espectral poso del éxodo cubano, mediante ejemplo de aspiración, huida y revistación nostálgica.

‘Conducta Impropia’ -de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal-, ‘La Partida’ -Antonio Hens-, ‘Viva’ -de Paddy Breathnach- o ‘Fátima o el parque de la fraternidad’ -de Jorge Perugorría-, han retratado, documental o ficcionalmente, el uliginoso y habanero territorio nocturno de la homosexualidad, con el diástole de la marginalidad, el oprobio político y el lupanar masculino como metodología superviviente.

Por su parte, ‘El acompañante’ -de Pavel Giroud- y ‘Boleto al paraíso’ -de Gerardo Chijona- han sido los filmes que con más lúcida precisión y especificidad han volcado su evolución argumental sobre la enfermedad del SIDA, mediante el acerbo retrato del Sanatorio de los Cocos, ignominioso ejemplo de la política de reclusión y control implementada por el totalitarismo castrista.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

E instituidas con referencia propia, por razones de compendio temático y fulgor internacional, ‘Fresa y Chocolate’ -de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío- y ‘Antes que anochezca’ -de Julian Schnabel-, enarboladas a partir de las figuras de Roger Salas (consecuencia e inspiración literaria) y Reinaldo Arenas (gestada a partir de su imprescindible y homónimo legado autobiográfico).

De este modo, ‘Últimos días en La Habana’ no se resiste a elevar su testimonio sin la inclusión de estos elementos que aún palpitan en la memoria colectiva y en la educación cinematográfica de la isla, aderezado con el heteróclito folclorismo de los solares y cuarterías -populares corralas de vecinos de una Habana en ruinas- y procurando al espectador la sensación de encontrarse ante un reconocible canto radiográfico del temperamento capitalino cubano, cuyos personajes secundarios y elementos terciarios no hacen sino reforzar la impresión de pleonasmo, oxigenado, eso sí, por la amarga e introspecitva circunspección de la benevolencia que se encarama, nocturna y silente, sobre los piadosos hombros de Miguel, convertido, a la postre, en una excepcionalidad por la que ‘Últimos días en La Habana’ se justifica y cobra sentido último, consolidando a Fernado Pérez como unos de los imprescindibles cronistas de la capital cubana que -como lo procura su compatriota, el escritor Leonardo Padura- construyen un relato de conceptos universales a partir del ceñido cinto de la inmediatez habanera.

'Últimos días en La Habana'. MAKMA

Jose Ramón Alarcón

 

Emoción, comedimiento y certidumbre en ‘Moonlight’

‘Moonlight’, de Barry Jenkins
Estreno en España: 10 de febrero de 2017
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Tras los prorrateados premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematrográficas norteamericana (no sin ciertos y populares desatinos en el colofón), prosigue su saludable singladura en taquilla una película erigida en paradigma de que un discreto presupuesto -1,42 millones de euros (generosamente escaso por aquellos lares)- no debe ser óbice para redondear un proyecto de notable factura y sobresalientes cotas: ‘Moonlight’.

Si en cualquier objeto de emprendimiento habita una pulsión personal, el dominio inmediato de las circunstancias que se relatan y una apuesta explícita por el comedimiento, cuando menos asegura siempre merodear la dignidad como resultado, henchido éste de la franqueza que debe terminar de pulir el talento de quienes así lo implementan; y de este modo lo materializan Barry Jenkins y Tarell Alvin McCraney -director y coguionista, respectivamente-, partiendo del guión teatral, rubricado por el segundo, ‘In moonlight black boys look blue’.

Moonlight. Makma

Ambos libretos, gestados a partir del oscuro fulgor infante y pseudomemorialístico de McCraney, se asientan sobre la morfología inhóspita y horizontal del virulento barrio miamense de Liberty City, que comparte idiosincrasia y vecindad con Little Haiti, alejados ambos del Downtown y de las verticales finanzas de Brickell Ave; pormenorizaciones geográficas que en ‘Moonlight’, en tanto que postulado como un retrato inductivo, se antojan elementos terciarios decisivos para generalizar su relato, siendo ejemplo vívido de que ambas categorías dialécticas -lo singular/particular y lo universal-, cuando cohabitan, propician en el espectador ese anhelado peaje que, a través de las emociones, posibilita el acontecimiento de la transformación personal (por muy efímera y urbanita que sea).

Se celebra en ‘Moonlight’ una obra en tres actos cuyos acentos cronológicos se encuentran gobernados por la elipsis, cuyos apócopes y aféresis no hacen sino aliementar las intuiciones y sugerencias que se polarizan en torno del laconismo de Little Chiron, un infante sometido por el acoso evolutivo de sus compañeros -consecuencia de su introspección y de una velada homosexualidad- que debe gobernar, ineludiblemente desnortado, con la adicción materna a los derivados de la cocaína y las férulas de oro benefactoras del oscarizado Mahershala Ali (revelador talento para la dicción, el gesto y la sastrería, florida aquí como Juan o encorbatada como el Remy Danton en el castillo de naipes de la Casa Blanca), que habrá de ejemplificar su camino.

Si en circunstancias habituales y prácticas debe ser Chiron ejemplo de individuo supeditado a una condena alimentada por el estoicismo en forma de eterno retorno, Jenkins y McCraney iluminan con ‘Moonlight’ el azul nostálgico de las emociones como fuente de admonición y eludición segura del crematorio de cuanto se encuentra abocado a repetirse, convirtiendo a la afectiva fragilidad en una nueva fuente de certidumbre.

Moonlight. Makma

Jose Ramón Alarcón

 

La dificultad de ser uno mismo

Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 26 de marzo de 2017

“Todo arte procede de terroríficos fracasos y terroríficas necesidades que tenemos. Trata de la dificultad de ser uno mismo”. Lo dice Louise Bourgeois en la antesala de la exposición ‘Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú’, que sin duda es aplicable al propio artista homenajeado por el IVAM. “Algunos creen que el arte es una forma de entender el mundo. En mi caso, siempre fue la manera de no entenderlo, de no oírlo”, comenta Espaliú en esa misma antesala. De manera que Espaliú persona y Espaliú artista se dan la mano en esa obcecación por hacerse un hueco en un sistema social “impuesto del que estamos excluidos [los homosexuales] con el que nada tenemos que ver”, apostilla.

Círculo íntimo. El Mundo de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

Círculo íntimo. El Mundo de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

José Miguel Cortés, director del IVAM, resumió el quehacer artístico de Espaliú, ligado a su intensa vivencia personal, como atravesado por “una profunda soledad”. Soledad que atraviesa las 75 obras expuestas en la Galería 1 a modo de círculo, que arranca con referencias a Bourgeois, Cristino de Vera, Robert Mapplethorpe, Marcel Mariën o Joan Brossa, y finaliza con las jaulas que evocan de nuevo a Bourgeois y sus celdas, sin caer en lo siniestro de la artista francesa. “No tiene una visión pesimista, sino que habla de la capacidad de liberación del ser humano”, explicó Cortés.

Fallecido prematuramente a causa del sida con tan sólo 38 años, Pepe Espaliú (1955-1993) hizo de la enfermedad no un estigma, sino un acicate para reivindicar mediante el arte (“mi gran coartada”) su “diferente forma de ser y de amar”, como señaló el propio artista. Diferencia de la que se empapó su corta pero intensa trayectoria, caracterizada por lo “poético y reivindicativo”, subrayó Cortés. Reivindicación más que política “micropolítica”, porque, según precisó el director del IVAM, Espaliú se centró en lo que afecta a nuestras vidas, “pero no de un modo panfletario”. “No grita, sino que lo dice todo con silencios y soledades”, agregó Cortés.

Rumi, de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

Rumi, de Pepe Espaliú. Imagen cortesía del IVAM.

La celebración del Día Mundial del Sida (1 de diciembre) y la inauguración de la muestra de Pepe Espaliú no fue pura coincidencia, sino un acto premeditado de homenaje del IVAM a su figura. “Entendemos que su obra no está circunscrita al sida, sino que se refiere a cualquier enfermedad” y al dolor “ya sea físico o psicológico”. Por eso  hay muletas, que lejos de sostener el cuerpo malherido dificultan su andadura dada la pesadez de la pieza, máscaras y caparazones, a modo de refugio frente a esa sociedad “que no nos concierne”, escribe el artista, ni políticamente ni desde el modelo religioso reaccionario contra la homosexualidad.

“Extraña contradicción: dibujar ausencias, definiendo así la más entera presencia”, señala Espaliú poéticamente. Ese tenso diálogo entre lo ausente y lo presente atraviesa igualmente la exposición, dibujando ese círculo en el que parece atrapado el artista que se atrevió a revelar públicamente haber contraído el sida, en unos años en que la enfermedad era objeto de oprobio. “Su obra es un canto a la libertad”, sostuvo Cortés, quien explicó el sentido de las jaulas que cierran el recorrido expositivo como fruto de un encierro siempre abierto.

Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú, en el IVAM.

Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú, en el IVAM.

En el video ‘El nido’, Espaliú se va despojando de su ropa hasta quedarse desnudo para construir en lo alto de un árbol el nido al que alude el audiovisual. Un nido apegado a la naturaleza íntima y contradictoria de un artista que veía en la desnudez cierta verdad primigenia, de ahí su malestar en la cultura. Y en ‘Carrying’, el artista es transportado en brazos por diferentes parejas de personas, en una acción reivindicativa de denuncia contra quienes marginaban a los enfermos de sida. Al final del trayecto, realizado descalzo, toma tierra mostrando su fragilidad y su fuerza, ya que en la acción desarrollada en su día en Madrid terminó abriendo con sus pies desnudos las puertas del Museo Reina Sofía donde concluía el recorrido.

Toda la obra de Pepe Espaliú se halla movilizada por esa fragilidad del individuo inadaptado socialmente, que encuentra en el arte una forma de mostrar su extrañeza, la dificultad de la que habla Bourgeois de ser uno mismo. Dificultad que, en palabras del propio Espaliú, tenía mucho que ver con el límite existencial “que siempre rondé sin conocerlo del todo”.

Tres jaulas de Pepe Espaliu. Imagen cortesía del IVAM.

Sin título (Tres jaulas), de Pepe Espaliu. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

La Jaula de Grillos, a los sanfermines

La Jaula de Grillos, de José Saiz
Teatro Gayarre
Avda. Carlos III, 1. Pamplona
Del 8 al 12 de julio de 2016

El escenario del Teatro Gayarre acoge este año durante las fiestas de San Fermín (desde el día 8 al 12 de julio) la puesta en escena de ‘La Jaula de Grillos’, el cabaret más alocado de la temporada. Se trata de la obra de Jean Poiret ‘La Cage Aux Folles’, adaptada como ‘La Jaula de Grillos’, protagonizada por Alberto Vázquez y José Saiz, acompañados de un gran elenco de artistas.

La Jaula de Grillos, de José Sáiz. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

La Jaula de Grillos, de José Sáiz. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

El teatro apuesta por un espectáculo musical de gran formato, dirigido por José Saiz con música, voces en directo y un cuerpo de baile espectacular. La comedia cuenta cómo la tranquila vida de Alvin y César, una pareja dueña de un cabaret, se ve totalmente alterada ante la inminente boda de Josean, el hijo de César, con la hija de un senador ultraconservador. El político, que desea promocionar los valores tradicionales de la familia, decide visitar a la familia del novio, sin saber lo que se va a encontrar.

Esta comedia musical se representará del  8 al 12 de julio en el Teatro Gayarre. Todas las sesiones serán a las 21h. En esta versión, al cabaret se le da una gran visibilidad, con más de una hora de actuaciones propias de este tipo de locales. El cabaret se agrupa en cuatro bloques, cada uno de ellos compuesto de cuatro números.

La Jaula de Grillos, de José Sáiz. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

La Jaula de Grillos, de José Sáiz. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

 

Todo «en un entorno drag» de gran vistosidad. Y es que la riqueza de vestuario es otro de los ingredientes que sorprenden en ‘La Jaula de Grillos’. Cada uno de los cuatro números tiene su propia indumentaria. Un dato ilustrativo: en el espectáculo se utilizan más de 100 trajes y más de 60 pelucas.

El otro pilar del espectáculo son las coreografías y se confían a una profesional reconocida como Lina Martínez. La dirección musical corre a cargo de Fernando Barber y Paco Iváñez. ¡Quienes deseen saber qué va a suceder, no debe perderse este espectáculo que no dejará indiferente a nadie!

La Jaula de Grillos, de José Sáiz. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

La Jaula de Grillos, de José Sáiz. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

 

Jaula de grillos en el Flumen

La jaula de grillos, de José Saiz
Teatro Flumen
C / Gregorio Gea, 15. Valencia
Hasta el 14 de abril de 2016

El Teatro Flumen acoge el espectáculo La Jaula de Grillos, una producción valenciana de gran formato basada en el texto original de Jean Poiret La Cage Aux Folles, adaptada por José Vicente Martínez Luciano y protagonizada por Alberto Vázquez y José Saiz, acompañados de un elenco de más de 20 artistas.

Tras el éxito de Bodas de Sangre, el Teatro Flumen apuesta por este espectáculo musical, cuyo montaje está a cargo de Saga Producciones. El montaje es completamente valenciano a excepción de Alberto Vázquez, que «ha sido adoptado», según explicaron los responsables de la pieza durante su presentación.

La obra arranca cuando la tranquila vida de Alvin, a quien da vida Vázquez, y César, interpretado por Saiz, una pareja homosexual dueños de un cabaret, se ve totalmente alterada ante la inminente boda de Josean, el hijo de César, con la hija de un senador ultraconservador. El político, que desea promocionar los valores tradicionales de la vida familiar, decide visitar a la familia del novio, sin saber con lo que se va a encontrar.

Imagen promocional de 'La jaula de grillos'. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Imagen promocional de ‘La jaula de grillos’. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Alberto Vázquez subrayó su satisfacción por participar en este trabajo: «Yo estoy feliz, es la F que le faltaba a la Factoría Flumen, la F de feliz». «Yo estoy acostumbrado a trabajar en espectáculos muy grandes de la Gran Vía de Madrid y estoy absolutamente sorprendido y feliz de lo que me he encontrado aquí. El equipo humano, artístico y la calidad y calidez que hay aquí, no tiene parangón», añadió.

Por su parte, José Saiz apuntó entre risas que una de las premisas de la dirección artística era «que no se distinguiese quiénes eran hombres y quién mujeres», ya que se juega con la ambigüedad. Las coreografías del espectáculo están a cargo de Lina Martínez, la dirección musical es de Fernando Barber y Paco Iváñez, canciones adaptadas al castellano por Juanan Lucena, y el vestuario a manos del Fidel David. Los músicos están presentes en toda la obra, tocando los 16 números en directo. La intención es hacer una «gira importante» con este espectáculo cuando termine su exhibición en el Teatro Flumen, avanzó la sala valenciana en un comunicado.

Imagen promocional de 'La jaula de grillos'. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

Imagen promocional de ‘La jaula de grillos’. Imagen cortesía de Teatre Flumen.

 

La mayor intimidad de World Press Photo

World Press Photo Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 13 de marzo de 2016

La fotografía ganadora del último World Press Photo es “poco común”. Lo dijo Paul Ruseler, representante de la organización que desde 1955 celebra el famoso concurso, explicando enseguida el por qué: “Generalmente las imágenes premiadas reflejan conflictos y esta no lo hace”. Lo que hace Mads Nissen, el fotógrafo galardonado, es recoger un momento íntimo de la vida de Jon y Alex, una pareja gay en San Petersburgo, donde la homosexualidad está discriminada legal y socialmente. Esa imagen “pura” contrasta, según Ruseler, “con la violencia contra el colectivo gay en Rusia”.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Las 140 fotografías, divididas en nueve categorías, que ocupan la Fundación Chirivella Soriano, con declinarse más hacia esa intimidad, no dejan de reflejar la violencia de la que huye la imagen ganadora. Violencia más tamizada, pero muy presente en el conjunto expositivo. El drama de los refugiados, con esa patera rebosante de inmigrantes que fotografía Massimo Sestini; los enfrentamientos en Kiev, con decenas de muertos (imagen de Jérôme Sessini), o la guerra entre palestinos e israelíes tomada por Tyler Hicks en una playa de Gaza, son expresiones elocuentes de esa violencia o crudeza que contrasta con la instantánea de Nissen.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Como recordó Ruseler, World Press Photo ha estrenado código ético, implantado a la edición de 2016, con el fin de poner ciertos límites a la manipulación de las fotografías, tal y como ocurrió con la ganadora de 2013 obra de Paul Hansen. Aún así, la línea roja sigue siendo cosa del jurado que, en esta ocasión, tuvo que elegir entre las casi 100.000 presentadas. “No es un muro técnico, ni una regla de exclusión”, explicó Ruseler en relación con ese código ético. De hecho, la fotografía de Mads Nissen, al reflejar la intimidad de Jon y Alex de forma tan escenográfica, ya corre el riesgo de parecer impostada. De nuevo Ruseler: “El jurado llamó al fotógrafo para preguntarle por las condiciones a la hora de hacer ese trabajo”.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

De lo que no cabe duda es que World Press Photo, bajo la organización de Doctornopo, se consolida en Valencia al repetir por cuarto año en la Fundación Chirivella Soriano y haber cerrado un acuerdo por otros dos años. El Ayuntamiento de Valencia, más implicado, Banco Sabadell y Heineken España sostienen el proyecto. “La pasada edición recibió a más de 7.000 visitantes”, destacó Pablo Brezo, director de un evento que transmite en las visitas guiadas gran parte de su espíritu. “Queremos que el ciudadano traspase lo que hay en la imagen, que adopte una posición crítica”, señaló Brezo.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

La intención es precisamente dar ese salto de la imagen espectacular, impactante, propia de la sociedad de consumo, a esa otra más reflexiva y analítica por la que aboga Doctornopo. Noticias de actualidad, temas o reportajes contemporáneos, proyectos, vida cotidiana, retratos, naturaleza o deportes reflejan ese amplio caleidoscopio del fotoperiodismo a nivel mundial. Fotógrafos de 131 países, ninguno español (“aunque se han presentado 181”, subrayó Ruseler), están representados en la exposición que permanecerá hasta el 13 de marzo en el Palau Joan de Valeriola. Sólo Carlos Spottorno, pero en la categoría de Corto Documental Online, ha sido galardonado con el tercer premio.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Ruseler, entre esas imágenes alejadas de la crudeza y más próximas al relato humano, destacó la de Messi, obra de Bao Tailiang, en la que el jugador argentino observa meditabundo la Copa del Mundo que perdió ante Alemania en 2014. También los ‘Efectos secundarios’ de Kacper Kowalski captan con sutileza la relación entre los seres humanos y la naturaleza vista desde un parapente a unos 150 metros de altura. Y, como novedad, la reproducción de la fotografía ganadora mediante la técnica Didú de Estudios Durero, para que pueda ser disfrutada por personas con discapacidad visual. Más poética, más sensible, más íntima: así aterriza la 61 edición de World Press Photo en Valencia.

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Salva Torres

Franco y la homosexualidad ‘cruising’

Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina
Del 5 al 15 de noviembre

Hay escenas de sexo explícito. Y una atmósfera turbia. Todo ello en el marco de un documental que recrea e imagina los 40 minutos censurados de la película A la caza (1980), de William Friedkin, protagonizada por Al Pacino. James Franco lo hace con la intención de ponerse en la piel de los homosexuales que frecuentan ese Interior. Leather Bar que da título al documental y que se estrena en el festival de mediometrajes La Cabina. Es, en cierto modo, su ajuste particular de cuentas con aquella censura cinematográfica, al tiempo que una reflexión acerca de los límites de la creatividad y de la sexualidad humana.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

Val Lauren es el actor que encarna en la película de Franco y Travis Mathews al perplejo Al Pacino, sumergido en el oscuro ambiente del ‘cruising’ homosexual. A través de su mirada y del diálogo que mantiene con el propio James Franco, en torno a su papel como heterosexual sorprendido por tan escabrosa sexualidad gay, se va radiografiando ese ambiente, así como las dudas de los propios actores a la hora de encarar el rodaje del film. Interior. Leather Bar es, por tanto, una inmersión a esos bajos fondos del sexo, para zarandear la plácida mirada del espectador identificado con el escandalizado Lauren.

Franco y Mathews utilizan la cámara de dos formas: una digamos más analítica, para recoger los testimonios de los propios actores, y otra explícitamente ficcional, recreándose en el morbo de esos cuerpos que se ofrecen al goce sexual. Mediante el falso documental, los actores van desarrollando sus dudas acerca del límite que estarían dispuestos a traspasar por exigencias del guión. “¿Llegarías a follar en una escena?”, le interroga uno de esos actores a Val Lauren, declarándose ambos heterosexuales. “¿Has besado alguna vez a un hombre?”, continúa diciéndole. Y mediante la declarada ficción, la homosexualidad campa a sus anchas en ese bar de cueros, azotes y miradas furtivas.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

James Franco, he ahí su tesis central que tanto parece escandalizar al propio actor que encarna a Al Pacino, admite haber realizado la película cansado de la corrección política que supone la heterosexualidad. También con el fin, inherente a la creación, de explorar esos límites hasta el punto de incomodar nuestras más firmes creencias. De manera que la homosexualidad termina siendo un pretexto para defender esa caza y captura del comportamiento humano libre de cualquier atadura, salvo las explícitamente destinadas a la perversidad sexual.

Así es como la recreación de los 40 minutos censurados deriva en un conjunto de escenas protagonizadas por miradas más o menos lascivas, gestos seductores, cruces corporales y desahogos carnales del cada vez más frecuente porno en el cine más o menos comercial. La propuesta, sin duda provocadora, pone en cuestión el sentido final de tanta libertad creativa, toda ella encaminada a mostrar la pulsión sexual desatada en ese Interior. Leather Bar. Interior en el que la caza, ligada a los instintos más primarios, evoca la trasgresión de la censura aludida y lo que esa ausencia de límites muestra: el culto al goce sexual y la lógica del puro derroche de energía, muy en la línea sadiana. La ley es un obstáculo que hay que superar con el fin de hallar cierta arcadia ligada a la naturaleza.

Salva Torres

“Soy un consentido del poder y eso es triste”

Yo, Quevedo, de Moncho Borrajo
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 7 de diciembre

Dice de su último espectáculo ‘Yo, Quevedo’ que es una crítica “muy voraz” contra la monarquía, personificada en el anterior Rey Juan Carlos. Pero, por muy voraz que sea, parece que la provocación ya no es motivo de escándalo. “Es muy difícil provocar ahora”, asume con resignación Moncho Borrajo. “La gente está más acostumbrada, ya no se sorprende tan fácilmente”. Diríase que la provocación, más que en la ficción, está del lado de la realidad, nutrida de continuos casos de corrupción. “Yo soy un consentido del poder y eso es muy triste porque significa que estás en sus manos”. De manera que Moncho Borrajo se limita a actuar en salas pequeñas, “porque ya no te dejan estar en los grandes medios”.

‘Yo, Quevedo’, que se presenta en el Teatro Talia, sigue en la línea de lo que más le motiva al humorista gallego: “Me gusta la provocación y la escatología”. La primera, queda dicho, forma parte ya de la propia sociedad, de forma que el recurso a la sorpresa quedaría en manos de la segunda. Si no fuera porque la escatología se relaciona con lo inmundo tanto con la predicción del apocalipsis, también de moda. Así las cosas, a Moncho Borrajo no le queda otra que meterse en la piel de Quevedo y, como el ilustre provocador del Siglo de Oro, “atacar dando la cara, cosa que no hizo el ladino Góngora”.

Moncho Borrajo en 'Yo, Quevedo'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Moncho Borrajo en ‘Yo, Quevedo’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Para ello, Borrajo hace uso de un 70% de guión escrito y un 30% de improvisación, para lo cual Quevedo le viene de perilla. “Me identifico con él; creo que somos personas necesarias”. Necesarias en tiempos de gruesos debates, donde predomina lo gordo del lenguaje, su grasa, frente a las magras palabras. “Mis tacos siempre han sido para molestar, pero a mí me educaron sin odio”. Por eso apela, más allá del grueso espectáculo, a la inteligencia. “Entonces molestaba que el maricón fuera inteligente”. Y lanza uno de sus tantos titulares: “A la gente hay que juzgarla de cintura para arriba, que es donde está el corazón y la cabeza”.

La trama de ‘Yo, Quevedo’ se ubica en una clínica para artistas descarriados, lo que permite a Borrajo desdoblarse en el hiperbólico literato del Siglo de Oro y en el irreverente humorista actual. “Es una crítica directa con nombres y apellidos, porque si antes estaban los brotes verdes de Zapatero, ahora está quien se los ha fumado”. Y arroja otro de sus titulares: “Ahora tenemos Rinconete, Cortadillo y Nicolás”. Toda esa crítica voraz forma parte de su manera de entender el teatro o el cabaret por el que siente más inclinación: “La mejor forma de decir verdades es con pomada, con humor”. Aunque enseguida suelte un exabrupto: “Este país está llenos de tontos”.

El espectáculo del Talia, que permanecerá en cartel hasta el 7 de diciembre, cuenta con la participación de Lucía Bravo, en el papel de una “enfermera tipo Alguien voló sobre el nido del cuco”, y Carlos Latre, poniéndole voz al Rey Juan Carlos y al presidente Rajoy. Borrajo, que anunció su retirada cuando cumpla 70 años (ahora está punto de los 65, edad en la que murió Quevedo), piensa cerrar con ‘Moncho Panza’ la trilogía que inició con ‘Golfus Hispánicus’. Como recuerda en un soneto Moncho Borrajo, haciendo de Quevedo: “Tan solo soy, cual cómico pretendo, utilizando mi humilde destreza, sacaros del umbral de la tristeza, donde nos tienen ladrones de abolengo”.

Escena de 'Yo, Quevedo', de Moncho Borrajo. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Escena de ‘Yo, Quevedo’, de Moncho Borrajo. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres

Pep Bonet y su crudo universo transexual

All Imperfect Things, de Pep Bonet
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 25 de mayo

Una joven observa una de las fotografías de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM

Una joven observa una de las fotografías de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM. Fotografía: Consuelo Chambó.

Decía el sociólogo Jesús Ibáñez que el universo ya no es lo que era, que se ha fragmentado en un conjunto de islas. Lo que antes parecía unido, ahora está constituido por múltiples pedazos. Por eso en la izquierda se produjo un estallido de siglas y subdivisiones del núcleo central del comunismo, que también se expandió luego al terreno de la sexualidad. De forma que la hegemónica heterosexualidad fue dando paso a la irrupción de la homosexualidad (gays y lesbianas), bisexualidad, travestismo y transexualidad. Pasado el tiempo, Ibáñez sugería la necesidad de restablecer conexiones entre las islas, para que todo ese archipiélago inconexo diera sus frutos mayores en un nuevo y más fértil continente. “Quizá haya que volver a Penélope”, concluía.

Obra de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Obra de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

El fotógrafo Pep Bonet se hace cargo de una de esas islas en su exposición All Imperfect Things. Y lo hace de forma abrupta, descarnada, incluso sucia. Su mirada, lejos de edulcorar la situación de la transexualidad en Brasil, pone en evidencia la desolación, el abandono y las nefastas condiciones vitales de un colectivo que se mueve un paso más allá de la propia marginalidad. “Las personas transgénero han tenido menos éxito que los hombres gay y las lesbianas en la obtención de alguna forma de aceptación pública y del reconocimiento legal de sus derechos”, cuenta Pep Bonet en el folleto de la exposición. Y “dado que en el marco de esos grupos  mixtos tienden a diferenciarse de los travestidos, se ha extendido el uso del término ‘GLBTT’: Gay, Lesbiana, Bisexual, Travestido y Transexual”.

'All Imperfect Things' de Pep Bonet en el IVAM. Fotografía: Consuelo Chambó.

‘All Imperfect Things’ de Pep Bonet en el IVAM. Fotografía: Consuelo Chambó.

Lo dicho: un conjunto de islas que, a fuerza de distinguirse unas de otras, terminan perdiendo potencia reivindicativa. De hecho, el activismo transgénero sólo empezó en el Brasil en los años 90, como consecuencia de la epidemia de sida, a diferencia (según se apunta en el folleto) de la movilización gay y lesbiana a favor de la igualdad, que databa ya de los años 70. Tania Castro, responsable de PhotOn Festival, subrayó que la transexualidad en España estaba más aceptada y extendida que en Brasil, tomando prestadas las explicaciones de Pep Bonet, ausente por motivos laborales en la presentación de All Imperfect Things en el IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

Consuelo Císcar, directora del museo valenciano, se refirió a la secuencia de alrededor de 30 fotografías como la narración de una “historia oculta” acerca de una “profesión marginal relacionada con el narcotráfico, extorsión, proxenetismo, violencia, sadismo, drogadicción y la infección del sida”. Todos esos temas aparecen sugeridos en la muestra de Pep Bonet, que permanecerá en el IVAM hasta el 25 de mayo y que sirve de pistoletazo de salida a la cuarta edición de PhotOn.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

Las crudas imágenes en blanco y negro de Bonet se complementan con tres cajas negras dispuestas en una sala superior que, a modo de cabinas de sex shop, permiten la contemplación voyeur de cierto espectáculo transexual. En una de las paredes, puede leerse la siguiente frase elegida por el artista, como si de una ráfaga explicativa se tratara: “Le saludé y le dije: ‘Un placer’. ‘El placer viene después’, respondió”. Pep Bonet, como destacó Tania Castro, “intenta no prejuzgar, para mostrar la problemática transexual lo más objetivamente posible”. Y del mismo modo que a Bonet, premio World Press Photo, le costó meses acceder a ese mundo marginal, ese mismo esfuerzo es el que solicitan las imágenes al espectador que ahora las contemple.

Patrocinada por la Fundación Cañada Blanch, Olleros Abogados, Centre Cultural La Nau, Metrovalencia, CccdProValencia, Fotopro y Arquitectura racional, la exposición All Imperfect Things es una radiografía descarnada del mundo transexual. Un mundo de “desamparados” (Tania Castro dixit) que en la mayoría de los casos tiene que recurrir a la prostitución para sobrevivir y costearse las operaciones de transformación corporal. Un mundo sórdido que Pep Bonet recoge en sus imágenes como reflejo de una discriminación cruda y feroz. Islas en medio del frágil archipiélago posmoderno.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición 'All Imperfect Things' del IVAM.

Fotografía de Pep Bonet en la exposición ‘All Imperfect Things’ del IVAM.

Salva Torres