“Mi experiencia de lo rural no es idílica”

La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco
Seix Barral

Con un solo libro Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) pasó de ser un escritor prácticamente desconocido a un fenómeno literario. Su novela Intemperie, publicada por Seix Barral hace tres años, escaló la cima de los más vendidos y cosechó numerosos premios. Elegido Libro del Año por El País, en 2013, y seleccionado por The Independent como uno de los mejores traducidos del 2014 en Reino Unido. Ha sido traducida a una veintena de lenguas y será llevada al cine próximamente. Su segunda y esperada obra, La tierra que pisamos, aparecida en la misma editorial a principios de 2016, obtuvo un éxito de ventas similar y críticas de diverso signo.

Un argumento mínimo magnificado por una prosa depurada y libre de artificios. Poética y diáfana reducida a su máximo poder evocador. Carrasco recrea otra vez magistralmente el ambiente rural, pero en este relato la violencia ejercida por el poder no es un acto particular sino la sistemática aniquilación del pueblo vencido por el vencedor, a través de la eficaz maquinaria de sus tropas. Eva Holman, esposa de un vetusto héroe de ese ejército, residentes ambos en un pueblo de Extremadura, es la narradora. La aparición en sus tierras de un hombre extraño, abre una brecha en su mundo fortificado cuyos sólidos cimientos comienzan a resquebrajarse.

Tras vivir hasta los 20 años en pueblos extremeños, Carrasco se trasladó a Sevilla en 2005. Allí ha empezado ya a recoger notas para su próximo libro, mientras se concreta el rodaje de la película basada en Intemperie. El triunfo no se le ha subido a la cabeza: “Gracias a todos los lectores que se acercan a mí y comparten conmigo sus conclusiones y sensaciones. Es un privilegio”, dice.

Portada de La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco. Seix Barral.

Portada de La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco. Seix Barral.

¿Cómo afectó a su vida el éxito de Intemperie? ¿Se sintió muy presionado al escribir la segunda novela?

Mi vida personal sigue siendo la misma. La profesional ha cambiado radicalmente y para mejor. Para empezar, puedo dedicarme plenamente a la escritura, cosa que antes no podía hacer. Además, he podido acercarme a autores a los que admiro y también a los libreros y a los lectores. El balance es magnífico.

En cuanto a la presión, no la he sentido demasiado. O eso creo. Pensé mientras escribía y lo sigo pensando, que tenía que trabajar para conseguir un libro que respondiera a mis intenciones literarias, a mi instinto. Ahora, cuando leo las críticas, unas mejores y otras peores, me siento tranquilo porque he escrito el libro que yo quería, no necesariamente el que se podía esperar de mí.

¿Por qué  cree que sus relatos tan alejados de las fórmulas convencionales del best seller alcanzan los primeros puestos de ventas?

La historia de la literatura está llena de libros que venden sin responder al esquema del best seller. Por suerte hay una gran variedad de gustos lectores. En mi caso creo que ayuda el hecho de que me centro en temas con los que muchas personas se sienten identificadas: el dolor, la identidad o la voluntad para superar las dificultades.

¿Le han dolido las críticas a La tierra que pisamos?

No, por supuesto que no. El dolor solo lo puede causa un ser querido. Sí que es cierto que hay críticas que resultan molestas, pero no porque no sean elogiosas con el libro, sino porque no son serias. Tanto si un libro te gusta como si no te gusta, como crítico debes aportar argumentos que sustenten tu valoración y eso no siempre sucede. Yo no califico las críticas como malas o buenas dependiendo de si censuran o elogian al libro. Mis dos novelas han recibido algunas críticas poco elogiosas con el texto y que yo considero buenas porque están bien construidas y me ayudan a entender mejor mi trabajo y a identificar los errores que cometo.

Jesús Carrasco. Fotografía de Raquel Torres.

Jesús Carrasco. Fotografía de Raquel Torres.

¿Le complace que lo comparen con Delibes o Coetzee? 

Me complacería si tales comparaciones tuvieran sentido literario. En mi opinión esas comparaciones se hacen para, de algún modo, dar pistas a los lectores sobre un autor del que no se tenían noticias. Dicho esto, prefiero que me comparen con autores a los que admiro, como a los que cita, que autores que no me gusten.

¿Se podría interpretar su novela como una ucronía sobre lo que hubiera pasado en caso de ganar Hitler la Segunda Guerra Mundial? 

Sí, por qué no. No era mi intención, pero no negaré que tuve en cuenta esa vía mientras trabajaba en la novela. De todos modos, el tipo de ocupación colonial que plantea la novela tiene más semejanzas con el modelo de la colonización europea de África en el siglo XIX.

¿La narradora representa el despertar de la conciencia de la vieja Europa colonizadora?

Esa sería una buena intención, desde luego, pero no he sido tan ambicioso. Al menos conscientemente. Eva Holman, la narradora, habla en primera persona de lo que le sucede a ella, pero lo cierto es que ella es una buena representante de la sociedad en la que ha crecido. Su valentía a la hora de asumir su responsabilidad individual sería deseable para la vieja Europa y para cada uno de nosotros.

¿Tiene que pensar mucho o podar mucho el texto para lograr ese estilo tal depurado o le nace así directamente?

Mi estilo es, sobre todo, fruto de esa poda a la que se refiere. Escribo abundantemente, como si recolectara materiales, y luego dedico mucho tiempo a quitar lo que me parece que sobra o que no aporta. El resultado es un texto en el que se aprecian vacíos, lugares oscuros que es preciso rellenar.

¿De dónde procede esa nostalgia por el mundo rural que destilan sus historias?

De mis orígenes. He vivido en pueblos hasta que tenía casi veinte años y, desde entonces, sigo frecuentando la España rural. En cualquier caso no percibo mi mirada como nostálgica. Mi experiencia y mi visión de lo rural no es idílica. Si hay alguna nostalgia es, si acaso, de la infancia o de la libertad infantil.

Denos noticias de la película basada en Intemperie y sobre sus próximos proyectos.

La película sigue avanzando de puertas adentro. La productora sigue buscando director y no creo que tarde mucho ya en encontrarlo. A partir de ese momento, vendrá el guión y la producción echará a rodar. En cuanto a mis próximos proyectos, ya estoy tomando notas para mi próximo libro. No diré más porque es demasiado pronto y cualquier cosa que diga puede ser papel mojado mañana mismo.

Jesús Carrasco. Fotografía de Elena Blanco.

Jesús Carrasco. Fotografía de Elena Blanco.

Bel Carrasco

El MuVIM se hace eco de la República

La modernidad republicana en Valencia. Innovaciones y pervivencias del arte figurativo (1928-1942)
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

“Ha vuelto el MuVIM como museo de las ideas”, subrayó Rafael Company, director del museo valenciano. Y, con él, un sueño hecho realidad: la puesta en valor de La modernidad republicana en Valencia, tal y como reza el título de la exposición que ayer vio la luz. “Soñábamos que en este museo ese periodo histórico [1928-1942] fuera tratado como se merece”. Company no quiso hablar de censura (“quizás sea cuestiones de gusto”), pero manifestó su sorpresa por el salto que se produce durante ese periodo a la hora de dar a conocer la producción artística valenciana. Recuperar esa memoria, en forma de carteles, pinturas y esculturas, ha sido labor del propio Company y de Amador Griñó, en tanto comisarios de la muestra.

Uno de los carteles de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

El diputado de Cultura, Xavier Rius, también habló de esa vuelta del MuVIM. “Es una exposición que marca un cambio de ciclo y de formas”. Atrás, al parecer, quedan los ciclos de Javier Varela, Joan Gregori y Paco Molina, como antecesores de ese otro MuVIM sin ideas o escorado en otra dirección. El nuevo MuVIM arranca con esa recuperación de un periodo olvidado. Y lo hace con más de 200 carteles, pinturas, esculturas y fotografías reveladores del potencial artístico de esa época. “Es un homenaje a todos los artistas con independencia del signo ideológico”, puntualizó Company.

Como recuerda Vicenç Altaió i Morral, en una de las inscripciones de la muestra, “la cultura pasa por encima de las vicisitudes de la fatalidad política”. Y la fatalidad, no exenta de proclamas enfervorizadas, ya sea a favor del pueblo contra la opresión fascista o de la patria amenazada por el fantasma (siguiendo a Marx) del comunismo, está muy presente en La modernidad republicana en Valencia, que lleva por subtítulo Innovaciones y pervivencias en el arte figurativo (1928-1942). Fatalidad o exaltación, en todo caso, “bien pluralista” (Company) y salpicada de artistas de enorme valía, como Josep Renau, Artur Ballester, Manuel Monleón, Carmen Gracia, Rafael Pérez Contel, Alfred Claros, Ricard Boix, Amadeo Roca, Teodoro Andreu o Balbino Giner.

Cartel de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Cartel de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

La exposición refleja con todo ese potencial artístico desde la primera dictadura de Miguel Primo de Rivera a la Dictablanda de Dámaso Berenguer, pasando por la República, en sus diferentes fases, hasta la Guerra Civil y posterior dictadura de Franco. Como señaló María José Gil, directora del Archivo de la Diputación de Valencia, los documentos expuestos son “como testigos de la historia”, que gracias al archivo foral “todavía por descubrir” revelan la realidad política y social de tan convulso periodo.

Hay carteles propagandísticos, taurinos, festivos, pinturas y esculturas que vienen a recoger todo el fragor de la época. Destacan sobremanera el de la mujer con bandera republicana proclamando la libertad, ‘La piedad’ de Alfred Claros, el cuadro ‘Bombardeos’ de Eleuterio Bauset, el retrato del Caudillo hecho por Josep Segrelles, ‘La bestia fascista’ de Boix, o el escudo de la España franquista con los retratos de Hitler, Mussolini, Salazar y Franco. También los numerosos carteles, de uno u otro signo, subrayando la exaltación del pueblo con lemas tan llamativos como: “La patria está en peligro. España contra la revolución y sus cómplices”.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

“En el campo del arte figurativo convivían diferentes tendencias, desde aquellas que ya apostaban por la innovación, hasta las que mostraban la continuidad del sorollismo o el benlliurismo e, incluso, la pervivencia de tradiciones todavía más antiguas”, explican los comisarios. Un pluralismo estético y, sin duda, ideológico como revelación de un periodo olvidado que el nuevo MuVIM rescata, gracias a los fondos de la propia Diputación, de museos y de colecciones tanto públicas como privadas. Rafael Company, a punto de saltársele las lágrimas, ha visto cumplido el sueño de mostrar a los valencianos aquella modernidad republicana.

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Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

Imagen de la exposición en el MuVIM.

En primer término, escultura ‘La bestia fascista’, de Manolo Boix, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

El incendio y la palabra de Mery Sales

Centre Cultural La Nau
Universitat, 2
Valencia
Hasta el 17 de enero de 2016

El origen de “El incendio y la palabra” germinó cuando Mery Sales (Valencia, 1970) descubrió a Hannah Arendt (Hannover, Alemania 1906-Nueva York, EEUU 1975). Sucedió mientras investigaba a Richter para su tesis doctoral. Entre otras cosas -por citar algo perceptible-, con éste último tiene en común el uso del borroneado sobre la imagen en la pintura, y cuando un artista capta el lenguaje de su obra en otro artista que le precede en el tiempo puede hacer dos cosas, mirar para otro lado o seguir el camino de la investigación. Y así, investigando y enlazando información de Gerhard Richter (Dresde, Alemania-1932) dio con Arendt, cuya vida y obra ha inspirado el proyecto.

Detalle de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de “El incendio y la palabra” de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

“De Arendt hay mucho de lo que poder hablar y debatir” -dice Mery Sales- “Y espero que la exposición contribuya a recuperar su legado”.

Argumentos no le faltan a Sales, pues la vida de Arendt transcurre entre avatares de esa etapa histórica dramática y contradictoria que le tocó vivir. Explotada, discutida, cuestionada y también criticada, su obra es una de las más brillantes y ricas que se puede encontrar en el plano de la política y la filosofía práctica del s. XX. Tras huir de la persecución y privación de los derechos a los judíos, Arendt buscó refugio en EEUU. Corría la primera mitad de la década de los años treinta y durante un tiempo sobrevivió sin identidad oficial, ya que el régimen nazi le retiró la nacionalidad.

"El coro", de Mery Sales. De "El incendio y la palabra. Imagen Vicente Chambó.

“El coro”, de Mery Sales. De “El incendio y la palabra”. Imagen Vicente Chambó.

En referencia a huídas, exilios y supervivencia, Hannah Arendt hizo una compativa infrecuente de una -entre millones- de las tragedias de de su tiempo. Walter Benjamin se suicidó en la frontera franco-española el 26 de septiembre de 1940. Había llegado hasta allí mermado de salud para dirigirse hasta Nueva York, pero esa noche se cerró la frontera y las autoridades españolas no dieron el visto bueno a los visados. Al recibir la noticia, Benjamin se encontraba en Port-Bou y se suicidó. El día siguiente la frontera se abrió y todos pudieron pasar al otro lado. Arendt señala que Benjamin llegó a destiempo: unas horas antes o unas horas después hubieran cambiado la historia. A Richter le podía haber ocurrido lo mismo, pero las constelaciones le fueron propicias pues cinco meses después de que emprendiera el exilio el día 13 de agosto de 1961, la frontera entre las dos Alemanias fue clausurada con el muro de Berlín y los viajes de un lado al otro prohibidos.

Detalles de "El incendio y la palabra", de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalles de “El incendio y la palabra”, de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Las diferentes suertes de Benjamin y Richter no son más que un ejemplo excepcional en el tiempo que vivió Arendt, y la magnitud de lo que devino de aquellos lodos, es revisado, interpretado y adaptado a la actualidad con una mirada crítica por Sales.

“Es la exposición más comprometida que he realizado hasta la fecha” –confiesa Sales con humildad- y sin duda lo es a nivel social y político, aunque es de justicia añadir que con el oficio de pintar y en la forma de vivir como artista, Mery Sales siempre ha estado comprometida, algo conocido en su entorno y fuera de él.

“Para amar el mundo nos tenemos que conciliar con él, lo más difícil es amar el mundo tal y como es, con todo el mal y el sufrimiento que hay en él, sin crítica ni rechazo despectivo, con inquebrantable voluntad de afrontar y comprender lo que es” –continúa Sales- recordando a Arendt en su concepto de Amor Mundi, o amor aplicado a la vida.

Y desde su estudiado concepto de amor de San Agustín, su incursión en la banalidad del mal o la correspondencia mantenida con Karl Jaspers todo conduce a que la aplicación del amor al mundo era algo más que retórica. La propia historia de amor y perdón mantenida con su profesor de filosofía Martin Heidegger, criticado por su encumbramiento en la etapa del régimen Nazi por antisemita, y con quien mantuvo una apasionante historia de la que se conservan cartas escritas hasta un año antes de la muerte de ambos en 1975 y 1976 respectivamente así lo demuestran. El romance se había iniciado cuando Heidegger tenía 35 años y estaba casado, y ella era judía y tenía 17.

Ante el "Muro de la violencia". Parte de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Ante el “Muro de la violencia”. Parte de “El incendio y la palabra” de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

En cuanto a lo didáctico, y siguiendo el precepto “No hay exposición sin reflexión”, el recorrido artístico va de la mano de un complemento narrativo en forma de frases y textos breves escogidos con mucha sensibilidad. De la parte productiva surge la gracia estética que identifica a Mery Sales, aunque no es lo que aparenta, “Es importante que la pintura sea amable para atraer la atención del espectador y que un contenido duro pueda enganchar al público y siga mirando” -afirma Mery Sales-. Por otro lado, la condición de docente y artista se concreta en una combinación beneficiosa de la que sale favorecido el espectador.

Y continuando con la verdadera base del proyecto, la referida estética propia de Sales enlaza y es coherente con una evolución sinceramente atractiva, en la que a pesar de lo aparente, la tiranía de la belleza y la necesidad de someter a debate la esclavitud del aspecto físico y su relación con la frivolidad y el vacío interior están presentes, y como eco de sus propias palabras al respecto, citaremos un par de ejemplos: el llamado “Muro de la violencia”, -en el que destacan diversas obras relacionadas con el mal a través de acontecimientos trágicos- y la pieza que ocupa el final de la exposición, un óleo apaisado de grandes dimensiones que representa un fragmento hermoso del mar. El cuadro, de un atractivo que roza lo hechicero, sugiere lo inquietante que puede llegar a ser el mar en medio de un temporal, una alegoría al mal y una advertencia, la perversidad puede presentarse disfrazada y ser cruel como “el mirar a otro lado”.

Hacia 1934, Martin Heidegger hace un canto a los valores del nazismo en su discurso de toma de posesión como rector en la Universidad de Friburgo, lo que debió ser demoledor para Hannah Arendt, perseguida por la Gestapo coincidiendo con esas fechas sin que su ex amante hiciera nada por evitarlo. Tan solo dos años antes, en una carta de 1932, Heidegger había negado con indignación la menor participación en la exclusión de judíos de sus seminarios.

Detalle de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de “El incendio y la palabra” de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Sobre el formato circular y la distribución estratégica de algunas de las piezas que componen el citado “Muro de la violencia”, -Sales apunta- “Las curvas no tratan de cerrar, sino de condensar”.

¿Y quién mejor que la propia artista -que ha concebido la obra ex profeso- para organizar el orden y el discurso de la misma?

Seguramente, a la mayoría de visitantes les pasará por alto que la comisaria de la exposición es la propia Mery Sales. La aleación resultante, autora-comisaria-docente, se cataliza para proclamar la importancia de la educación y la formación como vehículos para mejorar la sociedad.

Detalle de "El incendio y la palabra", de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de “El incendio y la palabra”, de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

En cuanto al cuidado de la exposición, no cabe discusión cuando se trata de una muestra colectiva o una retrospectiva de autor desaparecido, donde en el proceso de investigación y elaboración teórica es fundamental el papel del comisario, pero hay margen de debate cuando las condiciones del proyecto son particularmente personales. En este caso, la exposición es la tercera del Patronato Martínez Guerricabeitia cuyo comisario es el propio creador, las anteriores a cargo de Chema López y de Mavi Escamilla en el año en curso, ambos dos, polifacéticos, compatibles y de capacidad para cuidar de su proyecto. Respecto a este tema, artistas como Aurora Valero hace años que han hecho declaraciones críticas (sin dar nombres) respecto a algunos “comisarios estrella” por acaparar el protagonismo que le corresponde al artista, y máxime cuando éste es el autor del proyecto, vive, sigue en activo y tiene capacidad. Como es el caso de Mery Sales, que confiesa respetar la figura del comisario, a la vez que se hace respetar en esta faceta. Es evidente.

Y volviendo a la vertiente didáctica del proyecto, –Sales- se siente reconocida en su personaje, “Arendt también tiene mensajes para gente alejada del arte contemporáneo, y la exposición pretende ser didáctica por su propio recorrido,  facilitando así el mensaje a través de talleres y visitas guiadas organizadas a su alrededor” –confiesa-.

Hannah Arendt en una imagen del documental. "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Hannah Arendt en una imagen del documental. “El incendio y la palabra” de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

El recorrido de la exposición se completa con 40 óleos sobre lino o sobre tabla iniciado con un retrato de Hanna Arendt y finalizado con la citada representación del mal, pero antes, en el aludido “Muro de la violencia” se relacionan secuencias terribles que evocan lo mejor o peor de cada personaje o motivo, como es el caso de la imagen del asesinado profesor Broseta, del hundimiento del Prestige, o de Hitler, entre otros. En definitiva, composiciones destinadas a hacer crítica e historia y que reivindican la pintura tradicional como lenguaje artístico. El aspecto visual está reforzado con los citados textos que van situando al espectador, y se complementa con un documental de la vida de Hannah Arendt. Por la generosidad con que Mery Sales ha entregado su pintura al proyecto, bien podríamos pensar en un ejercicio real de amor mundi.

Vicente Chambó

 

Ética y estética de Roberto Rossellini

Ciclo Roberto Rossellini
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 5 de febrero al 10 de abril de 2015

La Filmoteca de CulturArts IVAC acoge un ciclo de Roberto Rossellini con algunas de sus más sobresalientes películas ahora restauradas. Películas que permiten adentrarse en una filmografía que su propio autor entendía como “vía privilegiada de conocimiento”, dada la concepción que Rosselini tenía del cine como arte, el cual permitía “aproximarse con exactitud a la verdadera naturaleza humana”. Aproximación que requería, según sus palabras, renunciar “a cualquier forma de búsqueda estética y a una toma de posición personal que reconstruyera otra realidad diferente a la observada”.

Ana Magnani en un fotograma de L'amore, de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Ana Magnani en un fotograma de L’amore, de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Rossellini pensaba que el cine había de ser sobre todo “un vehículo para comunicar ideas” y que las imágenes “deberían ponerse enteramente al servicio de éstas, nunca de una estética”. El profesor de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid Luis Martín Arias, en uno de sus Escritos, dedicado al cineasta italiano, considera una contradicción entre la teoría y la práctica de Rossellini, puesto que “efectivamente el cine (la imagen audiovisual en general) es ante todo ‘apariencia’ y ‘ficción’, pero no experiencia directa de las cosas”. De tal manera que el cine “sólo puede salvar esa instrumentalización, que ejerce sobre la imagen la sociedad de consumo, precisamente cuando alcanza valor estético, algo que paradójicamente rechazaba, al menos teóricamente, Rosselini, al final de su filmografía”.

Fotograma de 'Roma, ciudad abierta', de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de ‘Roma, ciudad abierta’, de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Martín Arias, citando a Miguel Ángel Laviña, apunta que, no obstante, algunas secuencias del cine de Rossellini quedarán en la retina del espectador “como parte de la memoria del siglo XX”. Como por ejemplo: “Pina-Ana Magnani corriendo por las calles de Roma, el niño Edmund escuchando en un gramófono a Hitler entre las ruinas de Berlín o la refugiada Karine-Ingrid Bergman perdida por las laderas del volcán Stromboli”. Y agrega: “Es una buena forma de entender la obra de un autor que por vez primera logró conjugar realidad y ficción, Historia y Cine”.

Fotograma de 'Alemania, año cero', de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Fotograma de ‘Alemania, año cero’, de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

El Progetto Rossellini, fruto de la colaboración entre Cinecittà Luce, la Cineteca Nazionale, la Cineteca di Bologna y Coproduction Office, ha permitido la restauración de una serie de películas del cineasta italiano, uno de los más influyentes de la historia del cine, al que La Filmoteca dedicó una retrospectiva completa en 2005. Diez años después, los espectadores tienen la oportunidad de disfrutar de la restauración en DCP de algunos de los títulos más emblemáticos de Rossellini. Esta es la lista del ciclo de películas que durante dos meses se proyectarán en la Sala Berlanga.

‘Roma, ciudad abierta’ (Roma, città apera, 1945). Durante la ocupación nazi de Roma, la Gestapo persigue al ingeniero Manfredi, jefe de la Resistencia, que contará con la ayuda de un camarada tipógrafo a punto de casarse y del cura Don Pietro.

‘Stromboli, tierra de Dios’ (Stromboli, terra di Dio, 1949). Para escapar de un campo de concentración, una mujer lituana acepta casarse con un pescador de la pequeña isla de Stromboli, que se convertirá en otra prisión para ella.

‘Paisà’ (1946). Película de seis episodios, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial en Sicilia, Nápoles, Roma, Florencia, Romaña y los Estuarios del Po, y cuyo objetivo es ofrecer el retrato de un pueblo en lucha por su libertad.

Fotograma de 'El general de la Rovere', de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Fotograma de ‘El general de la Rovere’, de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

‘El general de La Rovere’ (Il genérale della Rovere, 1959). En 1943, en Génova, un estafador aprovecha la ocupación para sacar dinero a las familias de algunos prisioneros. Cuando los alemanes le arrestan, le ofrecen asumir el papel de un general de la Resistencia para obtener información de los prisioneros políticos.

‘Alemania, año cero’ (Germania, anno cero, 1947). En el Berlín de posguerra, un ex nazi inculca a un niño, que vive con su padre enfermo, la idea de que sólo los fuertes tienen derecho a sobrevivir.

‘La máquina matamalvados’ (La macchina ammazzacattivi, 1952). De camino a una localidad costera, un grupo de americanos atropella a un vagabundo que desaparece por arte de magia. El misterioso personaje reaparece en el pueblo, donde es confundido con San Andrés.

Fotograma de 'Te querré siempre', de Roberto Rossellini. La Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de ‘Te querré siempre’, de Roberto Rossellini. La Filmoteca de CulturArts IVAC.

‘Te querré siempre’ (Viaggio in Italia, 1953). Un matrimonio inglés viaja a Nápoles para gestionar la venta de una villa que un pariente les ha dejado como herencia. En ese entorno ocioso, lejos de las preocupaciones de la vida cotidiana, pronto se produce una crisis en la pareja.

‘Ya no creo en el amor’ (La paura. Non credo più a l’amore, 1954). Una mujer casada que tiene un amante comienza a recibir amenazas de una joven que le pide que confiese su infidelidad a su marido.

India, matri bhumi (1958). Un documental que introduce elementos de ficción para representar aspectos de la vida en la India a finales de los años 50.

‘El amor’ (L’amore, 1948). Film compuesto por dos episodios protagonizados por Anna Magnani: “El milagro”, en el que ella se imagina que conoce a San José y se enamora de él, y “La voz humana”, en la que una mujer mantiene una conversación telefónica con su ex amante.

Ingrid Bergman en un fotograma de 'Stromboli', de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Ingrid Bergman en un fotograma de ‘Stromboli’, de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Divorcio con hijo, ¿puro teatro?

De mutuo desacuerdo, de Fernando J. López
Intérpretes: Toni Acosta e Iñaki Miramón
Dirección: Quino Falero
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 5 de octubre

El divorcio ya no es lo que era. Cuando el gobierno de Adolfo Suárez lo aprobó hace ya 33 años, se vivió como un canto de libertad. Y a principios de los 80 el director Mariano Ozores ya se hacía eco de tamaña explosión al grito de ‘¡Qué gozada de divorcio!’, con Andrés Pajares corriendo detrás de numerosas faldas una vez liberado del supuesto yugo conyugal. Juan Bosch hizo lo propio con otra película encabezada por Fernando Esteso: ‘¡Caray con el divorcio!’ Humor al primer mordisco, jaleado por cierta pulsión carpetovetónica.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de 'De mutuo desacuerdo', dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Pasado el tiempo y conquistados ya ciertos derechos, el divorcio ha perdido aquella agitación hormonal y se sirve con humor más frío. Los padres separados, principalmente si tienen hijos, lo viven como un punto y aparte en sus vidas, plagado, eso sí, de numerosas interrogaciones. Que es lo que hace Fernando J. López en un texto que Quino Falero lleva al teatro de la mano de Toni Acosta e Iñaki Miramón: dos divorciados condenados a entenderse por el bien de su hijo Sergio, ausente de la función pero muy presente en la comedia ‘De mutuo desacuerdo’, que estará hasta el 5 de octubre en el Teatre Talia.

“El hijo es lo más importante de la obra, porque lo está pasando mal en el colegio por culpa de la separación de los padres”, explica la actriz que encarna a Sandra, una madre arrebatada por la situación. “¡Es increíble cómo podemos llegar a perder los papeles!”, agrega Acosta, actualmente en Antena 3 con la serie ‘Con el culo al aire’. “Todos nos creemos buenas personas, hasta Hitler, porque pensamos que tenemos razones para ello”, señala Miramón. De manera que tanto Sandra como Ignacio, los personajes de la obra, discutirán desde sus respectivas trincheras.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

A pesar de ello, “tendrán que ponerse de acuerdo”, afirma Quino Falero, para quien ‘De mutuo desacuerdo’ no es una obra “de parejas”, sino que se trata de una comedia en la cual “se reflexiona sobre las diferencias y el modo de relacionar dos vidas opuestas por exigencias del hijo común”. Tampoco es una obra sobre lo masculino y lo femenino, porque “en esta función muchas veces esas posiciones se trasgreden”. Todo lo cual provoca que haya “momentos de risa y también de gran soledad”, precisa Iñaki Miramón: “Se ve la fragilidad de los dos”.

La igualdad de derechos abriendo múltiples interrogaciones, porque la ley nada sabe de la siempre complicado diferencia sexual. “Esta igualdad en los roles crea problemas en la relación”, señala Toni Acosta. Ahora, por ejemplo, ¿quién hace la comida tras un duro día de trabajo para ambos? “El humor de ‘De mutuo desacuerdo’ nace de situaciones tremendas”, reconoce Falero, para quien precisamente el humor es “vehículo de reflexión”.

El espectáculo se estructura mediante diez escenas y “cada una no tiene mucho que ver con las otras”, apunta Miramón. “No teníamos que estar todo el tiempo discutiendo”, sostiene el actor. Para ello, Toni Acosta destaca el lenguaje “muy cinematográfico” del espectáculo, merced a “la luz y los espacios”. Vale, terminará diciendo Acosta, “es una pareja muy complicada”, que “siempre discute sobre lo mismo”, pero como destaca Quino Falero “al final tenemos que ponernos de acuerdo”. Rajoy y Mas deberían, entonces, ver el espectáculo ‘De mutuo desacuerdo’, un título sin duda apropiado.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres

“La crisis de credibilidad es peor que la económica”

Petros Márkaris, autor de ‘Pan, educación, libertad’
Invitado al Festival Valencia Negra
Librería Cosecha Roja

Petros Márkaris (Estambul, 1937) más que cruzarse de brazos ante la crisis económica, los despliega para subrayar su posición enérgica. El escritor griego, autor de la trilogía sobre la crisis que concluye con Pan, educación, libertad, sólo se serena cuando habla de literatura, de su comisario Kostas Jaritos. Entonces, el descontento con lo que está pasando en su país, fácilmente extrapolable al nuestro, se torna amable sonrisa, yendo y viniendo de la política a la literatura como quien da un portazo y enseguida abre risueño la puerta. Sólo la ficción, que en el caso de Márkaris sirve para revelar los estragos de la crisis, puede amortiguar su desazón por lo que está pasando.

Petros Márkaris, posando en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Petros Márkaris, posando en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

“Existe la posibilidad de que caigamos todavía más”. Lo dice amparado en una evidencia: “En los países del sur se está destruyendo la clase media, que es la columna vertebral”. Sin esa columna, Márkaris piensa que el derrumbe proseguirá, por mucho que los políticos lo nieguen. “Los políticos no aprenden, porque nos decían que esto no iba a durar y la crisis se ha quedado y no se va”. Ni siquiera los cantos optimistas que anuncian cierta recuperación se los cree el autor de Con el agua al cuello y Liquidación final, que completan esa trilogía sobre la crisis. “Los políticos embellecen las cosas”, lo cual le lleva a tildar de “cínicos” a quienes sostienen que esto “va a mejor”.

Con ser la crisis económica de suma gravedad, Márkaris pone el acento en otro aspecto de la misma, que enuncia en forma interrogativa: “¿La crisis de credibilidad no es todavía peor que la económica?”. Y aquí, quien sabe si azuzado por el propio comisario Jaritos, arroja una infinidad de pistas. Por ejemplo, la similitud entre los periodos de transición política acaecidos en Grecia y España. Similitud de entusiasmo, de errores y de nefastas consecuencias. “Cometimos los mismos errores, difíciles de detectar por el incontrolable entusiasmo, que los políticos aprovecharon”.

Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja del barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja del barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Esa mezcla de pasión política y pulsión económica es la que Márkaris denuncia ofreciendo nuevas pistas. “En periodos de crisis, Europa bascula hacia la derecha”. Y recuerda que mientras en Estados Unidos tenían a Roosevelt, “en Europa teníamos a Mussolini, Hitler y Franco”. Su cruda radiografía de la situación, le lleva a afirmar que el mito actual europeo lo sería Laocoonte devorando a sus hijos: “En Europa nos comemos unos a otros”. Por eso le asusta el Parlamento que pueda salir de las elecciones del 25 mayo, con partidos de extrema derecha ganando posiciones y celebrando, a su juicio, “el rapto de las niñas en Nigeria, porque ganan votos de quienes se asustan y tienen dudas”.

La marcha de Europa la ve, por tanto, con recelo. No entiende que los políticos sigan valorando la salida de la crisis en términos exclusivamente económicos. “Se busca una construcción económica y no política”. Y agrega: “Cómo se puede hablar de éxito y de que la crisis ha pasado, cuando hay un 35% de desempleo y un 60% de paro juvenil” en su país. Sólo cabe una razón: que la crisis se está superando “porque los inversores ganan más o porque invierten en Grecia”. Al presentar su novela en Hamburgo, advirtió un cansancio por parte de la clase de trabajadora, que se preguntaba  si valía la pena “trabajar toda la vida para al final tener que ir contando céntimo a céntimo”. Y de nuevo, la interrogación: “¿Qué crisis hemos pasado?”

Café y pipa de Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja. Fotografía: Santiago Carrión.

Café y pipa de Petros Márkaris en la librería Cosecha Roja. Fotografía: Santiago Carrión.

Petros Márkaris, que estuvo en la librería Cosecha Roja de Valencia invitado por la organización del festival Valencia Negra, dedicado al género negro literario, concluyó diciendo que los temas sobre los que transcurre buena parte de las obras creativas son dos: “El amor y el dinero; se enamorarán y matarán”. Pasión y destrucción, sin  término medio. Muy de género negro. Y muy a tono con la novela ganadora del I Premio de Novela Negra Cosecha Roja, que fue a parar al argentino Fabio Nahuel Lezcano, autor de Crímenes apropiados, de entre un total de 288 obras presentadas a concurso.

Márkaris, tras dar por concluida su trilogía sobre la crisis, busca nuevos horizontes a su comisario Kostas Jaritos, que se ocupará de asuntos de capitalismo menos salvaje y más dado a temas existenciales. Eso sí, que conste que las aceradas críticas del escritor griego tienen su razón de ser: “Soy crítico con la Unión Europea y con mi hija, porque la amo”.

El escritor griego Petros Márkaris, con su pipa, en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

El escritor griego Petros Márkaris, con su pipa, en el barrio de Ruzafa en Valencia. Fotografía: Santiago Carrión.

Salva Torres

Hannah Arendt, la valentía de pensar

Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta

En cines de toda España

“Hannah Arendt”, la película de Margarethe von Trotta, no es un biopic sobre esta filósofa alemana de origen judío que pudo escapar de un campo de concentración en la II Guerra Mundial y exiliarse en los Estados Unidos. A Margarethe von Trotta, directora perteneciente al llamado “nuevo cine alemán” surgido en la década de los setenta del siglo pasado, no le interesa hacer una hagiografía de Hannah Arendt, sino mostrar la soledad e intolerancia que la filósofa sufrió por pensar. Por salirse del lugar común que imponían los prejuicios de la ideología dominante. Una ideología dominante que sólo quería leer en los artículos que Hannah Arendt escribió para el periódico New York Times, sobre el juicio del nazi y miembro de la SS, Adolf Eichmann, que éste era un monstruo antisemita.

Pero Arendt plasma la verdad de un pensamiento: Eichmann no era un monstruo, sólo un ser banal, un ciudadano corriente. Un funcionario del partido que hacía su trabajo de manera disciplinada y ordenada; sin pensar, enviaba los trenes cargados de judíos a los campos de exterminio, siguiendo rigurosamente la normativa burocrática que exigía su puesto laboral. Este hacer sin pensar – esto es, sin discernir, sin tomar conciencia ética de los actos realizados- que Eichmann narraba escrupulosamente en sus declaraciones, Arendt lo llamó la “banalidad del mal”.

Barbara Sukowa en el papel de Hannah Arendt, película de Margarethe von Trotta.

Barbara Sukowa en el papel de Hannah Arendt, película de Margarethe von Trotta.

La película de Von Trotta es un tratado sobre la ardua, solitaria e importante tarea del pensar.  Para no perder la capacidad de discernir entre el bien y el mal, lo bello y lo siniestro, la justicia e injusticia. Para poder tomar la palabra y actuar. Para no convertirnos en seres tecno-burocráticos del engranaje de los gobiernos totalitarios. Para no ser meros transmisores de una ideología dominante de los gobiernos democráticos.  En definitiva, para no perder nuestra esencia humana.

Pensar para cercenar el rizoma del poder que engendra la banalidad del mal. Un rizoma que en estos tiempos de crisis económica y laboral se enraíza en el miedo del ciudadano hasta paralizar su capacidad de pensamiento. La película “Hannah Arendt” es un panegírico del pensamiento de esta filósofa y de su valentía para defenderlo. Una película ideal y recomendable para reflexionar acerca de los tiempos actuales; tiempos igualmente proclives a la claudicación del pensamiento por miedo a sacar los pies del tiesto de la ideología dominante.

Fotograma de la película "Hannah Arendt", de Margarethe von Trotta

Fotograma de la película “Hannah Arendt”, de Margarethe von Trotta

Begoña Siles

‘Lore’ clausurará Cinema Jove en clave nazi

Lore, de Cate Shortland

28 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Teatro Principal

C/ Las Barcas, 15. Valencia

Viernes 28 de junio

Cinema Jove arrancará el viernes 21 con una película sobre la primavera árabe, La bicicleta verde (Wadjda), de Haifaa Al-Mansour. Y cerrará su 28 edición, una semana después, con un drama en clave nazi, Lore, de Cate Shortland. De manera que el festival empezará con los brotes verdes y primaverales de esa bicicleta rodada íntegramente en Arabia Saudí, y por la primera directora de ese país cerrado a las mujeres, para terminar adentrándose en el invierno e infierno nazi. La trama lo dice todo: una joven, de padres nazis, ha de huir con sus hermanos pequeños del peligro que supone la entrada de las tropas aliadas en Alemania, una vez muerto Hitler y derrotado su gobierno del terror.

Imagen promocional de Lore, de Cate Shortland, película que cerrará las 28 edición de Cinema Jove

Imagen promocional de Lore, de Cate Shortland, película que cerrará las 28 edición de Cinema Jove

Lore parte de una de las tres historias contenidas en el libro de Rachel Seiffert, “El cuarto oscuro”, aquella en la que se narran las peripecias de una joven (Saskia Rosendahl) por salvar a su hermanos en el contexto cambiante de una Alemania nazi tomada por los aliados. De manera que donde antes había seguridad y poder para todos aquellos que estaban de lado de los nazis, ahora invade el temor de las represalias por parte de quienes sufrieron el terror. El argumento da por tanto la vuelta a la tradicional temática del  sufrimiento judío, para centrarse en la otra cara de la moneda: la de los nazis que pierden la guerra.

Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Locarno, donde ganó el Premio Piazza Grande, Lore se presenta ahora en Cinema Jove para clausurar el festival con este drama gélido, pero sin duda reflexivo acerca de las paradojas de la condición humana. Paradojas que Freud resumió en “El malestar en la cultura” como la del sujeto que para vivir en sociedad ha de reprimir su energía pulsional. Pulsión que, no obstante, está siempre al acecho para cobrar su oportuna venganza por las imposiciones a las que obliga la cultura.

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura de Cinema Jove

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura de Cinema Jove

La joven atravesará la Alemania ocupada por los aliados e irá descubriendo los horrores nazis, en los que sus padres participaron, al tiempo que el encuentro con un joven judío le hará despertar amores contradictorios. Lore, en este sentido, es una caja de hondas resonancias, por cuanto desecha el fácil acomodo ideológico, para explorar los recovecos del alma. Costa Gavras, en su Caja de música, ya se adentró en ese doble pliegue de la guerra, al seguir el trayecto de una hija que va descubriendo, pese a la resistencia inicial, el pasado nazi de su padre. El Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove cerrará de esta forma su 28 edición el viernes 28: con las heridas abiertas por la guerra y su dificultosa cicatrización. 

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura del 28 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Imagen de Lore, de Cate Shortland, película de clausura del 28 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Salva Torres