Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

La capilla de Zanolari

‘Sz Chapel’ de Saul Zanolari
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia.
Hasta el 26 de junio de 2016

Esta es la primera exposición individual del suizo Saul Zanolari en España y para la ocasión presenta parte de su último macro proyecto: una íntima reinterpretación de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Y es íntima en el sentido de que no deja nada al azar. A pesar de representar los paisajes, figuras y escenas tal  y como se disponen en la famosa capilla, Zanolari ha introducido modificaciones, símbolos o casi guiños, que están ligados a su propia persona, siendo el culpen de este proceso la inclusión de su autorretrato en las pupilas de cada personaje, un identificativo que se repite dentro de su producción.

Si anteriormente se había dedicado a tomar iconos actuales, parece que ahora ha dejado atrás esa actualidad, o mejor, ha buscado otros iconos, mucho más universales y casi inamovibles históricamente. El artista afirma que siempre le ha interesado recorrer los cambios que llevan a la evolución humana a través de un análisis personal de los símbolos de la sociedad que nos rodea. Es por eso un importante cambio el hecho de que haya movido sus  bases referenciales, como una especie de reconsideración hacia distintivos más profundos de la sociedad.

Eva. Imagen cortesía de la galería.

Eva. Imagen cortesía de la galería.

Por todo esto, no nos extraña ver que los dioses representados ya no son cristianos. Como ocurre en nuestra contemporaneidad, nada es blanco y negro totalmente. Vemos al Dios de la gravedad, representado como en la Creación de Adán de Miguel Ángel, que extiende un dedo azul, rodeado de símbolos y fórmulas químicas, y sosteniendo, en uno de sus seis brazos, una manzana poco fortuita. Justo al lado, Adán también extiende su mano, cerrando el conjunto conocido. Un perro al que casi no podemos ver le arrastra hacia el exterior, en la correa, como curiosidad, está escrito el nombre del artista en braille. Aunque no es un braille verdadero, ya que solo está pintado por la técnica del fresco digital.

También se reconoce la Creación de Eva, pero una escena que ha sido invertida y donde es Eva la que está tumbada, y Adán suplica o pregunta, nunca lo sabremos. El degradado azul de sus dedos conecta con el mismo color del Dios de la gravedad colocado justo enfrente. Zanolari no se ha olvidado de nada, una sirena cegada representa el diluvio universal, y los Ignudi, esos observadores que revoletean en el original, han sido también cegados, extrayéndoles su sentido primigenio.

También la capilla de Zanolari toma de la original el tamaño, haciendo que, si se juntaran todos los frescos ocuparían lo mismo que la bóveda de la capilla. Este proyecto que ha mantenido ocupado al artista durante unos dos años, continúa en la línea hiperrealista digital que descubrió en 2005 y que le permite llevar a cabo un arte que va más allá de la simple ironía.

Sirena. Imagen cortesía de la galería.

Sirena. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

Trazos de temporalidad

‘Jueves y sábado’, de Joan Sebastián Granells
Galería Rosa Santos
Carrer de la Bosseria, 21 Valencia.
Hasta el 20 de mayo de 2016

Dos días de la semana: jueves y sábado. Dos coartadas que parecen no tener sentido: una versa sobre el ‘Ulises’ de James Joyce y la otra, simplemente, sobre sudokus. A la entrada en la galería Rosa Santos quizá el espectador se sienta algo desconcertado. Dicho desconcierto no supone un handicap pues al pasear por la muestra, por todos esos dibujos hiperrealistas de Joan Sebastián, solo hace falta prestar algo de atención para contrarrestar el efecto de desasosiego.

“He querido representar mi propia aventura de cada sábado”, nos explica el artista. Efectivamente, no hay mejor manera de explicarlo. Una prudente equiparación entre las casi 19 horas que dura en la novela la aventura de sus protagonistas, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, y las continúas huellas que se quedan reflejadas en cada periódico semanal que el artista utiliza para dar comienzo al fin de semana. A modo de ritual, al igual  que su propia técnica, la minuciosidad y el detallismo han sido llevados al extremo, lo que nos induce a reflexionar sobre el tiempo: los momentos de pensamiento previo a la obra, la extensa duración de sacar adelante cualquier proyecto, las horas, minutos y segundos que suponen un trabajo de dedicación artística…

En palabras de Nacho París, autor del texto que acompaña la exposición, “El ‘Ulises’ es sin duda tanto en el proceso de creación de la novela, en los avatares de su publicación y sobre todo en su estructura y estilo narrativo (…), un ejemplo singular de subjetivación de la experiencia temporal”. Este efecto es que el Joan Sebastián ha querido trasladar a su cotidaneidad.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

A través del uso de la técnica del dibujo, y solo dibujo, Joan Sebastián va situando la mirada del espectador. En las piezas donde aparecen los sudokus, cada elemento de la obra y aún más, la texturización del grafito, ya indican claros indicios del paso del tiempo. Lo mismo ocurre con las representaciones del libro ‘Ulises’ extraído de la biblioteca, las dobleces, rasgaduras y con los casi imperceptibles surcos consecuentes de los usos continuados. Con grises y negros, y las degradaciones consecuentes del roce de la mina sobre el papel, crea representaciones, captaciones realistas de un momento pero de las que no podemos llegar a asegurar que han tenido lugar.

Esa representación del no-suceso, o esa sensación de estar esperando por algo que no llega a ocurrir, es un aspecto continuado en la obra de Joan Sebastián. Ya en ‘Sala de espera’ (2009), exposición también llevada a cabo en la misma galería, donde reflexiona sobre el paso del tiempo o mejor, sobre un espacio temporalidad donde no ocurre nada. Desde luego, esta mezcla imposible que el artista propone en esta ocasión para los muros de la galería Rosa Santos funciona para transportar al observador a una especie de sala del no-tiempo, donde todo se detiene, donde no se puede dejar de admirar la delicadeza de la técnica y donde sobre todo, apetece sacar de la biblioteca el ‘Ulises’ de James Joyce.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

Lino Lago, contra las evidencias

Esto no es una pipa, de Lino Lago
Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa (MAC)
Avenida Arteijo, 171. A Coruña
Hasta el 28 de febrero de 2016

El Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa (MAC) acoge la exposición Esto no es una pipa del artista gallego, residente en Lituania, Lino Lago (Redondela, 1973), su primera exposición en una institución española. Lago es actualmente uno de los artistas españoles que tienen más definido un discurso crítico y comprometido desde la pintura. En todo el trabajo que ha realizado podemos ver una constante incomodidad de lo que supone el hecho pictórico y artístico en contraste con una magnífica factura en todas sus obras.

Obra de Lino Lago. Imagen cortesía del MAC.

Obra de Lino Lago. Imagen cortesía del MAC.

El artista va más allá de la estética y busca la inspiración en la calle, en las noticias, en la vida cotidiana. Se atreve a intervenir fondos clásicos de Bronzino o Velázquez con elementos geométricos, textos intrusivos o pinceladas caóticas y desordenadas. También se acerca al hiperrealismo con sus pinturas próximas a la definición de la fotografía, que tampoco se libran de su mano interventora. En todas sus obras intenta recoger lo estandarizado para dotarlo de un nuevo significado, convertirlo en otra cosa para plantear un nuevo razonamiento.

La exposición, comisariada por Rafael Doctor, se divide en dos partes, una primera que recoge una amplia selección de obras de sus etapas anteriores, en las que ya se puede observar la base crítica en la que se sustenta todo su trabajo, y una segunda parte en la que trata, por primera vez en España, el asunto de la injusticia y el sufrimiento innecesario de los animales como temática principal. La muestra estará abierta al público hasta el próximo 28 de febrero de 2016.

Obra de Lino Lago. Imagen cortesía del MAC.

Obra de Lino Lago. Imagen cortesía del MAC.

Según explica Rafael Doctor, Lino Lago realiza en sus obras una “constante crítica a lo políticamente aceptado del sistema artístico y a la imagen desactivada del compromiso”. Así, Lago llega a desarrollar en sus últimos trabajos una obra en la que se funden sus más arraigadas creencias vitales en relación a su posición particular como animal «racional» que vive en un mundo rodeado de otros animales que son explotados y aniquilados por diferentes causas, algo en lo que el autor se niega a participar.

Las últimas obras de Lino Lago abordan directamente la crítica a la ideología carnista que rige el mundo contemporáneo y parten, conceptualmente, del animalismo, una corriente de pensamiento y acción que entiende que la relación que mantiene el ser humano con los animales en la sociedad actual es absolutamente abusiva, cruel e injusta.

Obra de Lino Lamela. Imagen cortesía del MAC.

Obra de Lino Lamela. Imagen cortesía del MAC.

 

En torno a Osama Bin Laden, ¿realidad o ficción?

Osama, de Kepa Garraza
Combustión Espontánea Art Gallery
C / Colmenares, 11. Madrid
Hasta el 7 de noviembre de 2015

¿Realidad o ficción? ¿Cuán verídicas son las imágenes que podemos encontrar en prensa y televisión? ¿Hasta qué punto la información es o no ocultada? Damos por verídico todo lo que se muestra en los medios de comunicación, imágenes retocadas parecen reales, información alterada parece veraz. El artista Kepa Garraza (Berango, Vizcaya, 1979) pretende hacernos reflexionar acerca de estas cuestiones valiéndose de una de las noticias más relevantes en la actualidad, los diferentes puntos de vista de la muerte de Osama Bin Laden y sus consecuencias.

Lo hace en la Galería Combustión Espontánea, donde utilizando el metalenguaje cuestiona «los procesos de legitimación institucionales» hablando «con ironía de sus discursos hegemónicos y de la fragilidad estructural que refleja una sociedad en permanente crisis», explica el propio artista, recientemente galardonado con el premio ‘al mejor proyecto ESTAMPA 2015 / Casa Velázquez’.

Obra de Kepa Garraza en la exposición Osama. Imagen cortesía de Combustión Espontánea Art Gallery.

Obra de Kepa Garraza en la exposición Osama. Imagen cortesía de Combustión Espontánea Art Gallery.

Poniendo en contexto la figura de Osama Bin Laden y analizando la crónica de su muerte, podríamos partir de su pacto con la CIA en la Guerra de Afganistán contra la URSS, finalizada la guerra y tras un intento estadounidense de explotación e invasión en tierras iraquíes, Osama Bin Laden rompe sus lazos con la gran potencia mundial y forma el grupo Al Qaeda, formación que tratará de enfrentarse a EEUU y a todo aquel que vaya en contra de su ideología.

Este grupo presuntamente organizó y financió ataques por todo el mundo, entre ellos, el atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Realmente, ¿hasta qué punto Osama propició todos los ataques terroristas que se le asignan? ¿Participó en el ataque del 11S, o se trata de una culpabilidad pactada por los Estados Unidos con la excusa de poder atacar Afganistán? Hoy en día éstas y otras muchas cuestiones siguen vigentes en torno a la figura del líder islamista.

Obra de Kepa Garraza en la exposición Osama. Imagen cortesía de Combustión Espontánea Art Gallery.

Obra de Kepa Garraza en la exposición Osama. Imagen cortesía de Combustión Espontánea Art Gallery.

La exposición Osama analiza el final de esta historia, la operación militar que acabó la madrugada del 2 de mayo de 2011 con la vida de Bin Laden y sus consecuencias en los medios de comunicación, recreando imágenes que nunca han visto la luz con otras que han llegado a todos nosotros.

Kepa Garraza consigue hacernos reflexionar acerca de las cuestiones planteadas mediante una cuidada técnica basada en las pinturas de historia del S.XIX, que se podrían definir como imágenes preperiodísticas, pudiendo establecer relaciones pictóricas y compositivas en las obras que aquí se presentan con clásicos como ‘Los fusilamientos del 3 de mayo’ de Goya o ‘La balsa de la medusa’ de Gericault.

Con una linea hiperrealista, representación fidedigna y representación ficcionada se entremezclan para crear una atmósfera inquietante en donde Kepa Garraza logra su intención, que cada uno de nosotros busque su propia verdad. Reinterpretando el viejo refrán,’una imagen no vale más que mil palabras’.

Obra de Kepa Garraza.

Obra de Kepa Garraza en la exposición Osama. Combustión Espontánea Art Gallery.

Los espejismos de Jeff Koons

Jeff Koons: Retrospectiva
Museo Guggenheim Bilbao
Plaza Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao ha estado vinculado a la obra de Jeff Koons desde su inauguración en 1997. La escultura ‘Puppy’ (1992), ese terrier gigante cubierto de plantas en flor situado a las puertas del museo, y de ‘Tulipanes’ (1995-2004), ese ramo de flores inmenso de acero inoxidable colocado en la terraza del edificio, han iluminado de color las placas de titanio del Guggenheim. Es lógico, por tanto, que la primera muestra retrospectiva de la obra de Jeff Koons en nuestro país sea en el Museo Guggenheim, el mismo año en que éste ha alcanzado la mayoría de edad.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Por fin, la obra de Jeff Koons ha entrado en el interior del museo y las salas han explotado con el color, el brillo y la luz que exhalan sus esculturas y sus pinturas monumentales. Esculturas y pinturas barrocas, kitsch, pastiches, hiperrealistas, ready-mades, collages, palabras todas ellas que definen la obra de Koons, a la vez que oscurecen la mirada para la reflexión.

Una obra desmesurada, de volutas y de grandes movimientos (en el material utilizado: acero inoxidable, madera policromada, cristal de murano, porcelana….). Una obra que parece que le tiene miedo al vacío y, por eso, cuando hay vacío lo llena en seguida con flores y la recubre con espejo para que toda la superficie se llene con el reflejo de los espectadores y los objetos de la sala. Una obra para invadir el vacío y llenarlo con una escritura demasiado floripondia y frondosa, como la sociedad de consumo y mass-mediática que la inspira.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Koons intersección Guggenheim

La obra de Jeff Koons hace que el Guggenheim resuene a celebración, especialmente por las piezas que componen  la serie ‘Celebration’ (1994-2004) expuestas en esta retrospectiva. Esta serie recrea objetos típicos de las fiestas infantiles en pinturas y esculturas, tales como ‘Play-Doh’ (1995-2008), ‘Balloon Dog’ (1995-1998), ‘Cat on Clotheslin’ (1994-2001), ‘Moon’ (1995-2000), etcétera.

Sí, el Guggenheim puede celebrar tan explosivamente como las obras de Koons su mayoría de edad. El Museo Guggenheim del arquitecto Frank O. Gehry, o mejor el “fenómeno Guggenheim”, comparte una de las cualidades que se le otorga al “fenómeno artístico” de Koons: su posmodernidad. Y, en concreto, de ese conjunto de ideas eclécticas y heteróclitas que conforma la posmodernidad, destacar aquella que considera el arte posmoderno como un producto del capitalismo de consumo y ocio.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Si Jeff Koons ha creado su obra con los productos de consumo y ocio propios del mundo hogareño (colección ‘The New’ 1980), deportivo (serie ‘Ball 50/50 Tank’ 1985), y massmediático (colecciones ‘Popeye’ y ‘Hulk Elvis’, 2009-2015), el edificio ideado por Frank O. Gehry ha transformado la ciudad de Bilbao en un espacio para el consumo y el ocio de un turista, en estos momentos, incipiente. Toda huella de su pasado industrial y moderno propio de un capitalismo de producción ha sido borrada.

El turista, al igual que el observador de la obra de Jeff Koons, circula eclipsado tanto por la ciudad como entre la obra expuesta. El primero, el turista, por el titanio que recubre el Museo Guggenheim; el segundo, el observador, por las esculturas de acero inoxidable pulido con acabado de espejo de Jeff Koons. Y tras ese primer y breve deslumbramiento, ambos visitantes verán reflejada su propia imagen, debido a la cualidad reflectante de la superficie del material.

Superficies reflectantes, al igual que las aguas de Narciso. El tiempo dirá si el “fenómeno artístico” de Koons y “el fenómeno Guggenheim” no se hunden tras ese primer reflejo deslumbrante que las aguas del mercado del consumo artístico y turístico ha colocado como imagen digna de admiración, tanto estética como monetaria.

Antiquity 3, en 'Jeff Koons. Retrospectiva'. Museo Guggenheim Bilbao.

Antiquity 3, en ‘Jeff Koons. Retrospectiva’. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Los plegamientos barrocos de Javier Palacios

Shit Behind Beauty, de Javier Palacios
Galería Espai Tactel
C / Dénia, 25 B. Valencia
Inauguración: viernes 8 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 19 de junio

En las pinturas recientes de Javier Palacios (Jerez de la Frontera, 1985), el protagonista principal es una suerte de minucioso e infinito plegamiento de las superficies, el cual termina por apoderarse por completo de la escena, indistintamente de que ésta consista en el primer plano de una cara -anónima o conocida-, o, ya de manera autónoma, distintos materiales cuya naturaleza y origen deviene secundario en aras de resaltar, precisamente, su completo arrugado, abullonado, arrebujado, plisado…

Plásticos y envases, bolsas y blister, papeles metálicos, de aluminio, etcétera, son el repertorio iconográfico cuya notable técnica los aborda desde primeros planos que vuelven prácticamente irreconocible el motivo.

Beuys, de Javier Palacios, en 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Beuys, de Javier Palacios, en ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La pintura, cuya inercia material (se arruga o se craquela) coincide aquí con los objetos representados, parece instalarse en un movimiento autorreflexivo muy de nuestros días. Pintura sobre las cualidades y los límites de la propia pintura, que indaga un doble límite frente a la abstracción: no sólo las “figuras” representadas tienden aquí, en las imágenes de Palacios, a rozar la frontera de lo irreconocible ahondando en el detalle de la reproducción, en la retórica de la mímesis (en algunos momentos hasta el borde del hiperrealismo), sino que a cada paso parece que lo que anima al pintor es cierta voluntad tautológica en torno a la capacidad de la disciplina de representarse a sí misma a partir de concentrar su figuración sobre los propios medios: el color, la materia, la unción, la capa, la adherencia…

Groov, de Javier Palacios, en la exposición 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel

Groov, de Javier Palacios, en la exposición ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

(…) El Barroco es el arte de lo informe por excelencia, y en esta línea, sólo que hoy ya con la ironía fría del distanciamiento, también podemos incluir a nuestro protagonista, quien por su parte ahonda en esa escuela de los pliegues de la materia ya sólo como paráfrasis e imagen-superficie.

Estas pinturas “impecables” de Palacios, que entre la abstracción y la figuración, pues, pero también entre la ventana y el espejo que ofrece tradicionalmente la vieja disciplina, nos dejan con la duda de si hablan del propio medio o se lanzan más allá.

Shroud, de Javier Palacios, en 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Shroud, de Javier Palacios, en ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

(…) El origen de este arrugamiento proliferante es múltiple: un síntoma de la senectud de la gran disciplina pictórica, cuya larga historia y experiencia, resabios y cuestionamiento, simulaciones y disimulos la han llevado al borde de la extenuación. Su cuerpo viejo es un campo estriado y profundo, de una densidad ya ilegible en su totalidad. Los rostros que presenta (y que la representan), ya no pueden aspirar a la inocencia, a decir las cosas por vez primera y con voz ingenua. Pero es también consecuencia de un movimiento de repliegue, que hace oscilar lo exterior frente a lo interior continuamente: la manifestación sucinta de que, casi como estroboscópicamente, lo profundo es la piel y viceversa. Lo más banal, los despojos, adquieren la forma suntuosa del drapeado, del envoltorio del cuerpo y, metafóricamente, incluso del alma; y así, los plásticos y celofanes de deshecho brillan con el tornasolado de los más suntuosos ropajes y telones, de telas damasquinadas, de la alta costura que sólo cubre un cuerpo ideal…

Lujo y luto, pues, como expresión última de cierto impulso barroco que Javier Palacios ha sacado al escenario desde el callejón trasero, donde se acumulan los desperdicios, y que haría las delicias de una sensibilidad como la de Caravaggio, tan atento a las texturas y los pliegues del mundo, de todos los rincones del mundo.

Origen, de Javier Palacios, en la exposición 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Origen, de Javier Palacios, en la exposición ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Óscar Alonso Molina

Hiperrealismo: imágenes en alta definición

Hiperrealismo 1967-2013
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 19 de enero de 2015

La muestra comienza con los fundadores del fotorrealismo norteamericano de los años 60 y 70, cuando la abstracción dominaba el horizonte artístico (cumpliéndose así una vez más ese movimiento pendular que parece inevitable entre los opuestos): John Baeder, Robert Bechtle, Chuck Close, Don Eddy, Ralph Goings, Richard Estes, John Kacere, Ron Kleemann o John Salt, para continuar con su internacionalización en las siguientes generaciones hasta la actualidad: Anthony Brunelli, Davis Cone, Robert Gniewek, Gus Heinze, Don Jacot, Ben Johnson, Yigal Ozeri, Raphaella Spence o Bernardo Torrens, entre otros.

Los primeros comparten con ese otro estilo característico de la década, el arte pop, el gusto por los motivos triviales y cotidianos: coches y motos relucientes, letreros luminosos, gasolineras, escaparates, el colorido artificial de los bares de carretera… Suelen ser primeros planos, con ese efecto borroso tan propio de la escasa profundidad de campo de las fotografías que utilizan como modelo.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque estos pintores utilizan la fotografía como instrumento para la pintura, con técnicas como la proyección de diapositivas o el sistema de mallas. El proceso que siguen es el de captar la realidad mediante la fotografía para luego copiarla en el lienzo hasta en sus mínimos detalles. Pintan con pistola a través de mallas copiando la foto celda por celda, o, si utilizan pincel, raspan la pintura para quitar su huella, para no dejar ninguna textura, ninguna materia, buscando que el cuadro se limite a reproducir el efecto de la pura ilusión fotográfica. De esta manera, el aumento del realismo (hiperrealismo) es en este caso la operación que surge de esta doble manipulación de la realidad, la cual queda como bajo un efecto de postal.

Está claro que es la realidad de los objetos, no del sujeto, lo que les interesa. Tal como les llega la imagen, la devuelven aumentada. En esa devolución, en esa copia, apenas van restos de subjetividad, ningún poso ni rastro alguno de la impresión o movimiento íntimo que ha podido suscitar en ellos. Es la realidad puramente visual, la imagen como pura imagen lo que les atrae de tal manera que cualquier filtración que no sea puro dato objetivo, queda eclipsado. Aquello que no sea imagen veraz, perfectamente reconocible, cualquier interferencia del sujeto, queda excluida.

Obra de Neffson en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Neffson en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al no haber respuesta del artista, ningún rastro de él en el cuadro a excepción de su extrema habilidad, se puede decir que este estilo es unidireccional, un viaje pictórico de sentido único.

Pero el caso es que si una obra de arte vive realmente es por la respuesta que el artista (y el espectador) dan a la realidad que les llega, y su valor está en proporción a la cantidad de interrogantes que suscita esa realidad. En el caso hiperrealista, la carencia de ida y venida, de viaje de doble sentido, es un deseo, una meta, que se consigue implacablemente.

Obra de John Kacere en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Kacere en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Llama la atención este delirio por la perfección, por la reproducción exacta, el énfasis en la precisión extrema y la minuciosidad. Hiperdefinición, exactitud, perfección, minuciosidad, son palabras extremas. Y por el hecho de serlas vienen de rebote las opuestas: vaguedad, imprecisión, improvisación, fantasía, imperfección… Parece como si lo humano fuera aquí tabú. Delirio de perfección, es decir, intolerancia del error, de la contradicción, de la sorpresa. El hiperrealismo tiene esta faceta de máquina. El hecho de querer que no exista el fallo, es decir que no haya intrusión de lo subjetivo, remarca este rasgo de reproducción androide.

La condición para este estilo es el virtuosismo, el dominio absoluto de la técnica. La obra no debe quedar fuera del control del autor. De esta manera se ejerce sobre ella absoluto poder, tanto que la obra queda amordazada, fija, tan exacta en su perfección como fría y cerrada. Todo ese virtuosismo, ese despliegue descomunal de talento y técnica, toda esa elocuencia, no evitan sin embargo que la pintura sea muda. Y es que hay que tener claro que lo que se pinta así no ha sido hecho para que el espectador vierta en la obra aquello que pueda completarla. Este sólo puede verla y dejarse asombrar por ella. Es perfecta, y su perfección es la conquista de su autor, como Pigmalión.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Pero la idea de una imagen hiperdefinida, acabada, perfectamente reconocible, es la utopía del gusto imitativo, que al no tener en cuenta la naturaleza fugaz de la imagen, su movimiento transitorio, comete el error de sobrevalorar una realidad que es sólo un estado entre otros muchos de la cosa representada. Por mucho que el hiperrealista se empeñe en lo contrario, las cosas siempre serán más y de otra manera que como las vemos o las pensamos.

En nuestro deseo de realismo para poder movernos con seguridad por el mundo, solemos tomar la idea por la cosa en una placentera ilusión de reconocimiento e inteligibilidad. Dicho con otras palabras, se suele caer en esta idealización de la imagen, de la apariencia, tomándola por lo real porque nos permite hacernos la ilusión de entender la realidad, el mundo que nos rodea y a nosotros mismos.

Obra de Raphaella Spence en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Raphaella Spence en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Nos da un placer de complacencia narcisista. El pintor que se complace en el hiperrealismo de la representación goza de sí mismo a través del cuadro. Igual que el espectador que se complace en reconocerlo, en entenderlo. La obra se convierte así en pretexto para ese tipo de narcisismo que la inspira, pues se admira la habilidad del artista, su goce, y no el valor en sí mismo de la obra, es decir, en lo que esta tiene de disparadora de contenidos del sujeto.

Lo mismo pasa con el espectador que se complace en esta relación de espejos; lo que espera del arte es lo que espera de una cámara fotográfica en su gesto objetivador: que se ajuste al orden racional de las cosas, ese orden programado para que no falle el entendimiento con la imagen. Por eso el espectador ve satisfecha en la obra que reconoce y entiende, su propia complacencia. Es así que quiera verse por encima de la obra y hacerse dueño de ella. Quizá sea por esto tan del gusto de la mayoría y esté vigente siempre en el modo de mirar (y enjuiciar) la obra artística.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque a fin de cuentas parece que el arte va a padecer siempre esta confusión, la del enfrentamiento entre dos puntos de vista paralelos, condenados a no encontrarse nunca: por un lado, el artista-espectador que se mueve en la lógica de lo que es reconocible y entendible, y por otro el que, sintiendo la experiencia de otra lógica que quiebra todo lo conocido, no puede evitar moverse a tientas en ese vasto espacio de incertidumbre.

Obra de Don Eddy en la exposición sobre el Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Eddy en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Video de Néstor Navarro sobre la exposición:

Hiperrealismo Bellas Artes de Bilbao from Makma on Vimeo.