La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

La irreflexiva creatividad de Juanjo Hernández

Automatic Tales, de Juanjo Hernández
Casa de Cultura de El Campello
Plaça de la Constitució, 4. El Campello (Alicante)
Hasta el 11 de junio de 2016

A esta cita con la Casa de Cultura de El Campello, el artista, ilustrador y diseñador gráfico Juanjo Hernández (Alicante, 1961) acude con su ‘Automatic tales’, una serie de obras realizadas en diferentes formatos y técnicas en las que prima el gesto, la rapidez del movimiento, la inmediatez del dibujo realizado sin una idea preconcebida, sin un orden preestablecido, con absoluta libertad creativa, a través de la que Juanjo Hernández narra de manera irreflexiva diferentes escenas que se unen bajo un mismo soporte -como en las lonas de más de dos metros- en lo que el autor ha denominado Cuentos automáticos o Automatic Tales.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Siguiendo la trayectoria de este artista, podemos distinguir en sus obras muchas de las novedades del arte de la segunda mitad del siglo XX, como los soportes, técnicas o materiales utilizados por los grandes informalistas. Formas similares de ejecutar una idea a la que, en esta ocasión, se llega por percepción y convicción. Técnicas como el grattage o el driping utilizadas en sus obras nacen en torno a 1950, al igual que la pintura sígnica y gestual, que presta gran importancia a la velocidad de ejecución, al impulso personal, cinético e irreflexivo. Cuadros con signos que parecen indescifrables y que surgen de manera automática, recordando las caligrafías orientales, y que refuerzan la expresividad del creador y su libre proyección corporal sobre el soporte pictórico. Las obras se realizan directamente sobre el suelo, al igual que pinta Juanjo Hernández los grandes formatos.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Entre los movimientos incluidos por el crítico de arte Michel Tapié, en 1952, dentro del Art Autre, se encuentran el Informalismo, el tachismo, la pintura matérica, el espacialismo o el art brut surgidos tras las devastadoras consecuencias y el horror de la II Guerra Mundial, una época de crisis, de profunda transformación de la concepción del mundo, en la que el artista se vuelca en su interior para encontrar respuesta a todas sus preocupaciones, claves en la fuerza expresiva de estos movimientos, que encuentran su paralelismo en la serie Bombardeig, dedicada por Juanjo Hernández a uno de los episodios más tristes acaecidos en Alicante durante la Guerra Civil transmitido por su padre, que lo vivió en primera persona.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

En esta exposición, el artista nos muestra obras grandes, pintadas sobre lonas, otras de menor formato realizadas sobre papel, en blanco y negro o color. Obras mayoritariamente figurativas, creadas entre 2010 y 2016 bajo la técnica de pintura automática, en las que predomina el dibujo, la velocidad de ejecución, el gesto espontáneo y la libertad de trazo. Obras divertidas, con un lenguaje llano, accesible, directo, con una iconografía que se nutre de elementos del mundo cotidiano, de imágenes procedentes de la fotografía, del cómic, de las revistas, la publicidad, el cine o la televisión y que entroncan con aspectos del Pop-art y de las primeras manifestaciones del graffiti como arte urbano.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Pilar Tébar
Comisaria y Vicepresidenta (Alicante) de la Associació Valenciana de Crítics d’Art –AVCA-

 

Paliques femeninos por Navidad

Paliques femeninos
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5. Valencia
Sábado 26 y domingo 27 de diciembre de 2015, a las 20.00h

La pieza surge del encuentro con un artículo periodístico de 1927 titulado ‘Paliques femeninos’, en el cual se describía el protocolo que la mujer debía seguir para alcanzar las claves de la feminidad. Entonces surgió la pregunta: ¿somos presas de nuestra feminidad?
Cinco mujeres en el ritual de la exhibición recrean lo que parece ser un espectáculo de circo-revista, donde el espectador actúa como juez y testigo de acciones cotidianas como comer o vestirse (peculiarmente teñidas por la feminidad). Paliques femeninos es una pintura breve que busca capturar del espectador el brillo de una reflexión acerca de la libertad.

Escena de 'Paliques femeninos'. Imagen cortesía de Sporting Club Russafa.

Escena de ‘Paliques femeninos’. Imagen cortesía de Sporting Club Russafa.

Porque finalmente, lo único que existe entre la libertad y nosotros mismos, es un gesto.
“La educación del gesto, o sea, de la manera de expresar sin palabras, es una de las cosas más necesarias para ‘hacerse’ una silueta elegante, como se ‘hacen’ las manos, por ejemplo. El gesto entona y selecciona y constituye a menudo el atractivo, no por indefinible menos cautivador de muchas mujeres que en sociedad triunfan de una manera espléndida”, señala el texto.
Las cinco mujeres que el sábado 26 y el domingo 27 de diciembre pondrán Paliques femeninos en el escenario de Sporting Club Russafa son: Laura Ayala, Mar Balaguer, Elisa Forcano, Karla Meneses y Livia Ramos.

Paliques femeninos. Imagen cortesía de Sporting Club Russafa.

Paliques femeninos. Imagen cortesía de Sporting Club Russafa.

Las fotos e historias de David Rota

Common Greatness: una foto y una historia
David Rota
Microteatre València
C / Cádiz, 59. Ruzafa (Valencia)
Del 4 al 29 de marzo, 2015

El proyecto que David Rota expondrá del 4 al 29 de marzo en Microteatre València se llama ‘Common Greatness: una foto y una historia’. Con él pretende, a través de la fotografía y acompañada de un pequeño texto, que la gente se presente por su historia, es decir, por lo que ha vivido.

Imagen de David Rota en la exposición Common Greatnes: una foto, una historia.

Imagen de David Rota en la exposición ‘Common Greatness: una foto y una historia, en Microteatre València. Cortesía del autor.

Como todo está en evolución, ‘Common Greatness’ también ha ido creciendo, ya que Rota empezó haciendo fotos únicamente sonriendo y escuchando la historia de viva voz para después transcribirla. Luego dejó de centrarse únicamente en la sonrisa para dar más juego con la fotografía, ya sea apoyándose en objetos que traían los participantes, o variando la expresión, el encuadre, la proporción, el tamaño de la imagen, o cualquier elemento que le ayudara a representar a la persona y lo que ha vivido.

Del mismo modo, la historia, que escuchaba, transcribía y daba forma, ha dado paso (gracias al consejo de uno de sus profesores, Mario Rabasco) al manuscrito del propio participante, en el que en un par de líneas resume, de su puño y letra, sus propias vivencias.

Imagen de David Rota en la exposición 'Common Greatness: una foto y una historia' en Microteatre València. Cortesía del autor.

Imagen de David Rota en la exposición ‘Common Greatness: una foto y una historia’ en Microteatre València. Cortesía del autor.

La intención del trabajo es variada pero destaca, por encima de todo, el mostrar la idiosincrasia, la psicología y/o la personalidad de cada uno a partir del retrato y de sus propias reflexiones.

Expresiones, objetos, muecas, guiños, encuadres o cualquiera de los elementos antes señalados, así como el tamaño de letra, los posibles acompañamientos a la escritura, la separación, la decoración, el nerviosismo, la repetición de palabras, o incluso faltas de ortografía, todo en conjunto forma la personalidad del retratado, al que se le pone imagen e historia.

Cada uno cuenta lo que quiere, pues esa peculiaridad es la que le hace ser la persona que es. Es la magia que envuelve y gira en torno a la persona en particular. Una foto y una historia, en resumen.

Imagen de David Rota en la exposición 'Common Greatness: una foto y una historia' en Microteatre València. Cortesía del autor.

Imagen de David Rota en la exposición ‘Common Greatness: una foto y una historia’ en Microteatre València. Cortesía del autor.

Fotografia de David Rota en la exposición 'Common Greatness: una foto y una historia' en Microteatre València. Cortesía del autor.

Fotografia de David Rota en la exposición ‘Common Greatness: una foto y una historia’ en Microteatre València. Cortesía del autor.

Fotografía de David Rota.

Fotografía de David Rota en la exposición ‘Common Greatness: una foto y una historia’ en Microteatre València. Cortesía del autor.

Filangieri: Elogio del oficio

Artigiani, Occhi Mani Luoghi, por Francesco Filangieri
Sala de la Muralla
Col.legi Major Rector Peset
Plaza del Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Hasta el 26 de enero de 2015

“Este hombre es un daguerrotipo móvil y apasionado que registra el más mínimo detalle y en él se refleja, con sus cambiantes destellos, aquello que ocurre, el ritmo de la ciudad, la fisonomía múltiple del espíritu público.” Con esta alusión al reciente invento de la fotografía, el escritor y periodista Victor Fournel hizo una apasionada defensa del azaroso y lento vagar por calles y paseos en su obra ‘Ce qu’on voit dans les rues de Paris’, publicada en 1858. Temprana exaltación del flâneur -figura que adquirió densidad con Walter Benjamin-, que hoy reclaman geógrafos o urbanistas al advertirnos contra nuestra pérdida de experiencia física de las ciudades. Abrumados por un urbanismo excluyente y segregador y por el exceso de edificios icónicos, hemos perdido el arte de hacer ciudades, admite Richard Sennet.

Montaje de fotografías de la exposición 'Artigiani', de Francesco Filangieri. Imagen cortesía de Col.legi Major Rector Peset.

Montaje de fotografías de la exposición ‘Artigiani’, de Francesco Filangieri. Imagen cortesía de Col.legi Major Rector Peset.

Hace ya algún tiempo que el trabajo de Francesco Filangieri –cuya primera formación fue la de arquitecto- es una celebración de la errancia urbana como actividad cotidiana significativa, como manera posible de representar el paisaje y de observar el trato y las relaciones que se van tejiendo entre los ciudadanos y las ciudades. Un propósito que ya aparecía en Luce Divina –donde el interior de las iglesias no era sino una extensión cubierta de las plazas- o en Underview, serie que alteraba la perspectiva de las calles al ser vistas por un fotógrafo convertido en un pequeño insecto terrestre. Ahora, con estos Artigiani, renueva el empeño de hacer visible el ritmo de la ciudad, aquella de los talleres artesanos con frecuencia ocultos o agazapados en la trama laberíntica de las calles. La geografía –Palermo, Londres, Roma, París, Valencia o Friburgo- es muy diversa, pero más allá de las diferencias se reiteran los rasgos compartidos, el amor por el trabajo, por la materialidad del objeto útil y de acabado perfecto, y por el flujo de unos saberes ambulantes que han viajado por Europa o por el mundo. Un incesante intercambio que es evocado por la imagen del repetido regreso de las olas a la orilla que vemos en la Muralla de la Sala de la Muralla.

Fotografía de Francesco Filangieri. Col.legi Major Rector Peset.

Fotografía de Francesco Filangieri. Col.legi Major Rector Peset.

Los talleres son a menudo lugares llenos de misterio, colmados de instrumentos y de desordenados rincones que tienen algo de gabinete de curiosidades. Entrar en ellos permite abrir muchas otras puertas, escuchar otros sonidos y percibir con asombro lo que encierra de único y excepcional un objeto repetido. En estos retratos de carpinteros, restauradoras, cerrajeros, herreros, ebanistas, sastres y ópticos –entre otros muchos oficios- hay una cierta melancolía, como si se tratara de escenas de un mundo que declina. Rostros no exentos de cierto orgullo en la mirada y en el gesto, el gesto de quien se sabe dueño de una competencia técnica y de una destreza que no se agota en unos ojos precisos y en unas manos prodigiosas.

Montaje de fotografías de la tarjeta de presentación de la muestra 'Artigiani', de Francesco Filangieri. Imagen cortesía de Col.legi Major Rector Peset.

Montaje de fotografías de la tarjeta de presentación de la muestra ‘Artigiani’, de Francesco Filangieri. Imagen cortesía de Col.legi Major Rector Peset.

Una de las imágenes muestra a un sonriente fotógrafo en el instante en que acciona el disparador de una vieja y hermosa cámara de caja. Me atrevería  a decir que hay en ella algo más que el tributo al amigo y maestro Giuseppe Cappellani, en cuyo estudio de Palermo se formó Filangieri. Es sobre todo una exigencia moral, una manera discreta y elegante de sugerir que estas fotografías no son superiores a los objetos que construyen quienes vemos en ellas. Artístico y artesanal no son términos rivales. Una buena foto es tan valiosa como una silla bien tapizada o un violín de exacto calibre. Soy y me siento artesano, reconoce el autor a propósito de estas fotografías.

Fotografía de Francesco Filangieri. Imagen cortesía de Col.legi Major Rector Peset.

Fotografía de Francesco Filangieri. Imagen cortesía de Col.legi Major Rector Peset.

Salvador Albiñana

Jose Pla en Lotelito

Hotel Pla, de Jose Pla
Lotelito
C / Barcas, 13. Valencia
Inauguración: martes 7 de octubre, a las 19.00h
Hasta el 9 de noviembre

Jose Pla presenta en Lotelito nueve piezas hechas expresamente para la ocasión. Nueve cuadros de diversos formatos en los que, como viene siendo habitual en este artista, se combina la investigación plástica de la imagen serigráfica y la pintura.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Técnica que comenzó a adoptar a principios del 2000 y que en estos últimos años ha hecho propia. Porque la obra de Plá es pictóricamente completa. Deambula entre el gesto, la pincelada expresiva y la trama pop. Inserta la imagen fotográfica en la tela por medio de una depurada técnica de estampación integrándola naturalmente en el enjambre de procesos puramente pictóricos. Domina los procesos reproductivos de la imagen y la tradición pictórica produciendo complejos cuadros de alta ilusión poética.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Así, su obra es compleja en lo técnico y sutil en lo evocativo, utilizando elementos de su entorno como forjas de balcón, ramas, algas, manos (su mano izquierda) y en esta ocasión palabras, elementos  tipográficos en estas nuevas piezas.

Hotel Pla es una visión del individuo de dentro a fuera, una visión del mundo desde el yo fragmentado en habitaciones, un autorretrato desde el estudio. Una mirada desde el balcón, desde el interior hacia las fronteras del mundo real.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Jose Pla (Valencia 1970) tiene una trayectoria extensa desde los años ochenta (realizó su primera exposición individual en La Marxa. Valencia) ya en los 90´s hasta la actualidad es habitual en espacios como Laesferazul, Galería Color Elefante, Galería Edgar Neville, Mr. Pink entre otras. Entre sus últimos proyestos podemos destacar su exposición en Mr. Pnk “Hapiness,Darkness & Hope”, participación en Ciutat Vella Oberta y en Distrito 8.

Obra de Jose Pla para la exposición 'Hotel Pla' de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Jose Pla para la exposición ‘Hotel Pla’ de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Nacho Cot

Alonso y Gadea: mano a mano desvanguardista

Gabriel Alonso y Antonio Gadea. Mano a mano

Estudio Gabriel Alonso

C / Denia, 23. Valencia

Hasta noviembre

Gabriel Alonso (Ceuta, 1969) y Antonio Gadea (Valencia, 1965) hace ya tiempo que decidieron colgar los guantes de boxeo al que parece abocar el arte de vanguardia (Ramón Gaya lo llamó artes marciales de vanguardia), para explorar viejos territorios figurativos, actualmente en decadencia por el exultante dominio de la abstracción, ya sea analítico racionalista o pasional y desgarrada. Porque hubo un tiempo, sobre todo Gadea, en que ganaban incluso premios practicando cierto informalismo. Hasta que decidieron que el arte contemporáneo, brillando con una luz cegadora que impedía ver sus alargadas sombras, lejos de ofrecer libertad al artista, lo constreñía.

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Así lo reconoce el propio Gabriel Alonso, valedor de lo que ha dado en llamar la “desvanguardia”, que vendría a ser lo siguiente: “El progresivo afán de muchos artistas de nuestra generación en pintar cada vez más figurativo, como si de lo que quisiéramos liberarnos fuera de la “libertad” que nos daba la abstracción (o exhibición del lenguaje en sí mismo) que por entonces imperaba en las aulas de bellas artes”. Y como “desvanguardia” sonaba, como le hizo ver un amigo, a desbandada, Gabri Alonso, en lugar de enmendarle la plana al amigo, metió más el dedo en la llaga: “Efectivamente lo es, porque somos muchos los que prefiriendo hacer a explicar hemos ido haciendo nuestro lenguaje pictórico cada vez más “legible” o “descifrable”, actuando de un modo paralelo al público en general, cada vez más indiferente hacia el arte contemporáneo”.

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Si no fuera por lo poco dados que somos a la reflexión, la “desvanguardia” daría pie a un interesante debate. Porque lo cierto es que esa brecha entre lo figurativo y lo abstracto existe, sin encontrar vías productivas que grapen la herida. De momento, valga ese Mano a mano que sostienen Gabriel Alonso y Antonio Gadea, en el estudio del primero sito en la calle Denia del barrio valenciano de Russafa, para ir abriendo boca. Mediante una figuración entre grotesca (Alonso) e irónica (Gadea), ambos artistas nos confrontan con cierto clasicismo, pero revisitado. Así, la mitología occidental, que aparece mediante figuras reconocibles y títulos explícitos, acaba siendo volteada por la mirada acerada y siempre en alerta de estos dos “marginales” artistas.

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Como apunta Gabriel Alonso, en relación a su partenaire, su obra giraría en torno al tema de “cómo la vanguardia ataca al viejo oficio de la pintura, personificado en héroes de la mitología clásica”. Esa tensión arrojadiza entre lo clásico y lo moderno es lo que hace saltar chispas en el Mano a mano entre Alonso y Gadea. No es un duelo en el O.K. Corral del clasicismo forastero enfrentado a los desmanes de la vanguardia mayoritaria, sino un toque de atención para extraer de los incomunicables senderos del arte un productivo diálogo. A no ser que el arte contemporáneo haya decidido separarse de una sociedad que necesita recuperar los espacios simbólicos del arte para articular su siempre conflictiva experiencia.

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

  

Salva Torres