Tricicle, a todo gags

Hits, de Tricicle
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 78. Valencia
Del 19 de octubre al 11 de diciembre de 2016

‘Hits’ -el nombre no engaña- contiene lo mejor de lo mejor de Tricicle, o casi, porque por fuerza han tenido que dejar a un lado sketches que seguramente alguien encontrará a faltar a pesar de que será el más largo de todos los espectáculos que hayan hecho, cien minutos rellenos de gags en los que quizá no estén todos los que son pero sí que son todos los que están.

‘Hits’ -acrónimo de Humor Inteligente Trepidante y Sorprendente- reúne doce sketches mínimamente reducidos y un amplio resumen, que cierra el espectáculo, compuesto de gags cortísimos que dejan al espectador al borde del colapso respiratorio. Casi todos aparecen tal cual fueron estrenados ya que el paso del tiempo -salvo aspectos tecnológicos que han obviado o variado- no les ha afectado para nada.

‘Hits’ -acrónimo de Hilarantes Individuos Tragicómicos y Solazosos- gustará (mucho) a los que les conocen de toda la vida y sorprenderá (muchísimo) a los hijos de sus hijos, ya que, afortunadamente, cada nueva generación les ha traído más público.

¿Último espectáculo? Dicen que de momento.

Tricicle. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Tricicle. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

 

La visión de la Generación Y

Generación Y, de Daniel Ortega y Ricardo Peris
Comisariada por Alba Manjón
Galería Una página en blanco
Inauguración:  3 de junio, a las 19.00h
Hasta el 17 de junio de 2016

La galería Una página en blanco junto con la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, presentan el próximo 3 de junio la exposición Generación Y, comisariada por Alba Manjón y que cuenta con la participación de los artistas Daniel Ortega y Ricardo Peris.

En este nuevo proyecto la comisaria tiene como objetivo poner en juego la percepción estereotipada del término generación, destacando que dicho concepto recoge algo más que la idea categorización temporal entre antecesores y descendientes.

‘Generación Y’ es un diálogo entre la obra de los artistas emergentes Daniel Ortega y Ricardo Peris. Ambos comparten herencia cultural, así pues, a raíz de acontecimientos como la democratización del acceso a la información, ser la primera generación tecnológicamente nativa o un difícil despertar económico; han podido adoptar una actitud semejante.

La galería será concebida como el espacio que aúne el trabajo de dos artistas de disciplinas dispares; por un lado, recoge la producción de Ricardo Peris, que mediante la fotografía lanza una crítica hacía las derivaciones que se están produciendo en torno al fenómeno de las redes sociales, dejando expuesto la verdadera torpeza de nuestra naturaleza humana a través de un formato actual haciéndose notar la ironía. Por otro lado, Daniel Ortega recurre a sus piezas elaboradas a partir de rocas naturales encapsuladas en resina de poliéster para dejar entrever el reflejo de una sociedad atrapada en la “Edad del polímero” desde una visión poética y algo irónica de la civilización moderna.

Lo que conduce a la comisaria a plantear dicha temática es el interés en ahondar en las manifestaciones de nuevos creadores, saber cuáles son sus preocupaciones y en qué medida se identifican y comprometen con ellas, y asimismo descubrir cuáles son los aspectos formales que mejor puedan representar a esta generación dentro del arte contemporáneo.

Pieza de Ricardo Peris Imagen cortesía Alba Manjón.

Pieza de Ricardo Peris. Imagen cortesía de Alba Manjón.

En relación a los artistas:

Daniel Ortega (Puertollano, 1986) es un artista plástico que reside y trabaja en Valencia. Inició su formación como Técnico Superior de Artes plásticas y diseño en Ilustración (2009- 2011), publicando para el Institut Alicantí de Cultura Joan Gil- Albert y para el diario Información de Alicante. En sus estudios de Grado en Bellas Artes por la facultad San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia, obtuvo una beca Promoe por el Banco Santander con destino en la Universidad Autónoma del Estado de México durante 2014-2015. Su trabajo plantea un enfoque multidisciplinario, a caballo entre lo pintura y escultórico. Trata conceptos como síntesis, contraste y equilibrio, que definen una temática basada en las dicotomías entre lo natural y lo artificial. Una visión poética e irónica de la cultura actual. Destacan sus exposiciones De 0 a 100 en la Fundación Frax de Alicante en 2012, Nombre propio en la Fundación Xam de Valencia en 2014, Universidad Autónoma del Estado de México en 2015 o Luminaria 02 en el Mercado de Usera, Madrid en 2016 y actualmente ha sido seleccionado para la 31st International Competition Fine Art Chelsea, de New York.

Sitio web: dortega.es

Ricardo Peris (Valencia, 1993). Su carrera artística comienza realizando Bellas Artes en la UPV abordando varios campos artísticos. Su interés se comienza centrándose en la ilustración y se ve reflejado por cursos que realiza con artistas como Paco Roca. En su tercer año obtiene la beca PROMOE y estudia en MICA (Maryland Institute College of Art) Pintura e Ilustración, introduciendo e interviniendo estas especialidades con diseño gráfico y nuevas tecnologías, su trabajo se centra mayormente en problemas o conflictos sociales que suele desarrollar con cierto toque irónico. Graduado por la UPV se encuentra actualmente trabajando en Australia como diseñador gráfico involucrado en eventos como la Bienal de Sídney. Ha vivido en ciudades como Londres, Valencia, Baltimore y desde principios de este año vive en Sídney.

Sitio web: www.ricardodperis.com

Aimeur: “Es imposible que esto vaya a peor”

Destroy. El corazón del hombre es un abismo, de Carlos Aimeur
Editorial Drassana
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
Viernes 26 de junio, 2015, a las 19.30h

Carlos Aimeur en Valencia es una firma asociada a la cultura, materia que impregna sus neuronas después de trabajar como periodista especializado en Las Provincias, El Mundo y otros medios. Actualmente es jefe de CulturPlaza.com. Cinéfilo empedernido, con varios proyectos audiovisuales en su haber, ávido lector y dueño de una prodigiosa memoria, era inevitable que antes o después  revelara su faceta de escritor. Y así lo hizo.

Portada de Bonaventura, de Carlos Aimeur.

Portada de Bonaventura, de Carlos Aimeur.

Sorprendió con Bonaventura, un relato de crímenes ambientado en la Valencia de la Guerra de la Sucesión que mereció el Premio Ciudad de Valencia 2007. Aimeur demostraba una solvencia y madurez impropia de un primer título, aspirando  a crear una atmósfera de intriga histórica similar a la de dos grandes hitos literarios: El nombre de la rosa y El Perfume. Sólo sus íntimos sabían que Bonaventura era en realidad su segunda historia  pues con anterioridad afiló sus garras con otra muy diferente: Destroy. El corazón del hombre es un abismo que hace poco publicó la editorial bilingüe Drassana, y que se presenta el 26 de junio por la tarde en el MuVIM.

Situada en la Valencia de los noventa, evoca la extinta Ruta del Bakalao sin nostalgia a través de una serie de personajes que la viven con intensidad: un camello, una puta yonqui y el encargado de una discoteca. A partir de las declaraciones de una prostituta, una juez novata y dos policías veteranos investigan un crimen ocurrido en Aldaia.

Además de una novela negra Destroy es la crónica de una generación, la que pasó su juventud en los noventa y maduró con la llegada del nuevo siglo para convertirse en “gente sin grandes metas ni pasiones, moderadamente progresistas, tímidamente burgueses, convencionales. Gente para los que vivir, como dice Carlos Marzal, es un puro mecerse insatisfecho que se consuela en su vaivén”.

Portada de 'Destroy. El corazón del hombre es un abismo'. Editorial Drassana.

Portada de ‘Destroy. El corazón del hombre es un abismo’. Editorial Drassana.

Toda primera novela es una especie de taller literario. ¿Qué aprendió usted con Destroy?

Que los personajes y la historia mandan. Hasta que no me sometí a ellos, hasta que no hice lo que ellos debían hacer, no tuve novela. En ocasiones, al hablar con escritores, cuando me decían que los personajes tenían vida propia y todas esas cosas pensaba que me estaban vendiendo humo. Pero no. Es verdad. Ocurre.

¿Cómo  se sumergió en los bajos fondos sin acabar entre rejas? 

Iba con la Policía, unos de confianza que conozco. (Risas) Realmente he tenido problemas con la primera parte de la historia, porque tenía que ponerme en situaciones y comprender actitudes que no me eran ni remotamente próximas. Algunos amigos me han comentado que leído les resulta extraño, como si la hubiera escrito otra persona. Para mí es un elogio porque significa que he conseguido lo más difícil, o al menos a mí me lo parece, que es ponerme en la piel de personas totalmente distintas a mí.

Valencia queda algo desdibujada como telón de fondo. ¿Fue deliberado no dar mucho protagonismo a la ciudad a favor de los personajes?

Fue por no ser redundante. Valencia estaba ahí. Quien la conoce la ve y quien no la conoce se la imagina.

¿Qué circunstancias confluyeron para generar un fenómeno como la Ruta del Bakalao y por qué dejó de existir?

Ha habido gente que lo ha analizado. Creo que es más producto de las circunstancias. Confluyeron un tipo de diversión, una legislación horaria muy laxa y otras circunstancias, como la irrupción de determinadas drogas recreativas, que unidas a las ansias de libertad permitieron esa celebración del exceso. Habría sido divertido si no hubiera sido tan largo, pero lo que era una fiesta se acabó convirtiendo en algunos casos en una pesadilla. En general, la mayoría de la gente que conozco que realizó la Ruta del Bakalao se fue distanciando conforme fueron adquiriendo responsabilidades, personales, laborales, familiares… Era una etapa de su vida.

¿Cuál es su postura respecto a las drogas? 

No tengo una postura única. No puedo poner en el mismo plano drogas nocivas como la cocaína, la heroína o el alcohol, que otras drogas de perfil más bajo como la marihuana o el tabaco. Lo que sí es evidente es que la represión, la Ley Seca, ha fracasado. Eso es un hecho. No sé cuál es la solución, si hay una o varias. Lo que sí que tengo claro es que la actual ‘solución’ no soluciona nada. Y obstinarse en un error es de necios.

¿Como jefe de cultura de Valencia Plaza, qué opina del momento cultural que vive nuestra Comunidad? ¿Espera algo positivo en este aspecto del cambio político?

Cualquier cambio suele ser para bien. En este caso, es imposible que sea peor. Durante la última década la actuación en materia cultural del PP en la Comunidad Valenciana ha acumulado más sombras que luces. Los últimos cuatro años han sido desastrosos. Todo aquello que se advertía desde la prensa o señalaban algunos desde el propio seno de las instituciones, se ha cumplido. Cuando denunciábamos proyectos faraónicos sin sentido como la Bienal de las Artes, se nos criticaba por ser antivalencianos. Cuando denunciabas el comportamiento irregular de personajes, te señalaban a ti. No creo que el PP lo haya hecho todo mal, pero sí que constato que durante los últimos años han permitido toda clase de desmanes y estupideces amparados en que era ‘su gente’. Que personajes como Consuelo Císcar o Paz Olmos hayan dirigido museos como el IVAM o el San Pío V ha sido una broma de mal gusto y ha durado tanto que ha sido denigrante.

El año 2015 trae un aluvión de novedades literarias escritas por valencianos. ¿Estamos ante un fenómeno puntual o son los  frutos de una cantera de novelistas que dejarán huella?

Es una ola, coyuntural, quizás, pero con visos de permanecer. Ahí será fundamental la respuesta del público. Si la audiencia responde y esos autores se pueden profesionalizar, habrá más testarudos.

¿Alguna nueva historia entre manos?

Muchas. Demasiadas. Lo peor es que no tengo tiempo para ellas. Prefiero pasar el poco tiempo disponible con mi hijo. Espero que la posteridad me perdone (Risas) pero prefiero jugar al fútbol con mi hijo, aunque siempre me gana de un gol, qué cosas.

El periodista y escritor Carlos Aimeur. Imagen cortesía del autor.

El periodista y escritor Carlos Aimeur. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“La vejez es un retorno de la adolescencia”

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Fracasadas, entre bambalinas y postizos

Fracasadas, de La Calva Producciones
Autor: Nacho de Diego
Dirección: Amparo Ferrer Báguena
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Del 27 de febrero al 1 de marzo, 2015

Sala Russafa estrena la versión renovada de ‘Fracasadas’, un espectáculo que participó en la última edición de Russafa Escénica con gran acogida del público. Del 27 de febrero al 1 de marzo regresa a la cartelera dentro del ciclo ‘Nueva Escena Valenciana’, extendido y adaptado para la representación en una sala, pasando de los treinta minutos que originalmente duraba la pieza a setenta.

Nuevas tramas y escenas completan esta primera propuesta de la compañía La Calva Producciones, una formación cuyos tres miembros fundadores suman una gran experiencia y más de 120 años en escena, demostrando que la inquietud no es patrimonio exclusivo de las nuevas generaciones.

Escena de 'Fracasadas', de La Calva Producciones dirigida por Amparo Ferrer Báguena. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘Fracasadas’, de La Calva Producciones dirigida por Amparo Ferrer Báguena. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Sobre el escenario, el público descubrirá la historia de Paco y Mariló, dos actores de cabaret que, a pesar de disfrutar de la gloria de la fama, decidieron separarse a causa de un trágico suceso. Varios años después, se reencuentran en un camerino, preparándose para salir a escena y recaudar fondos para el entierro de ‘La Salfumán’. Entre kilos de maquillaje, boas de plumas, postizos y redecillas, saldrán a relucir los celos, envidias, cariños y secretos que se esconden en las bambalinas de cualquier historia.

Amparo Ferrer Báguena, inolvidable protagonista de ‘Hedda Gabbler’ (nominada como mejor actriz en los Premis de les Arts Escèniques de la Generalitat Valenciana y en los premios Teatro Rojas de la Ciudad de Toledo), dirige esta pieza humorística en la que los actores Manuel Puchades y Marina Vinyals muestran su gran capacidad interpretativa.

Ambos cuentan con una extensa carrera profesional. Puchades ha trabajado con directores como Dario Fo, Carles Alfaro o Antonio Tordera en el teatro y Álex de la Iglesia o Sáenz de Heredia en el cine, además de participar en series televisivas como Águila Roja, El secreto de Puente Viejo o La que se avecina. Y Vinyals ha formado parte del elenco de montajes dirigidos por Rafael Calatayud, Antonio Valero, José Sancho o Manuel Molins y se ha especializado en el doblaje cinematográfico,.

En esta  aventura se les ha unido el dramaturgo valenciano Nacho de Diego, autor de ‘Fracasadas’, una divertida y descarada propuesta, con un punto canalla, que alterna el brillo de los focos con la sórdida realidad para mostrar la vida de muchos (artistas o no) que, pese a no haber triunfado, se niegan a sentirse fracasados.

VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=njWIRofQqZA

Fracasadas, de La Calva Producciones. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Fracasadas, de La Calva Producciones. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Wasted Youth: autorretrato generacional

Wasted Youth
Comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Inauguración: jueves 5 de febrero
Hasta el 2 de marzo

‘Wasted Youth’ es una exposición de fotografía y videoclips concebida como un autorretrato generacional contemporáneo de las subculturas urbanas. Tomando como hilo conductor la escena musical valenciana, la muestra reúne a catorce fotógrafos que documentan su vida y su ambiente desde un punto de vista subjetivo.

Fotografía de Carmen Gray en la exposición 'Wasted Youth' de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Carmen Gray en la exposición ‘Wasted Youth’ de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

El proyecto incluye también ilustraciones y objetos de autoedición gráfica relacionados con la cultura del rock and roll y sus aledaños. A pesar de tener un claro carácter documental, la exposición no pretende contener a una generación, ni mucho menos etiquetarla. Más que un diario colectivo de juventud, lo es de un espíritu, una forma de crear, vivir y relacionarse al margen de los circuitos establecidos. En él aparecen retratados directa o indirectamente músicos y artistas de toda condición, pero también multitud de personajes anónimos e igualmente especiales y necesarios para completar este tableau vivant.

Fotografía de Julio Pardo en la exposición Wasted Youth comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Julio Pardo en la exposición Wasted Youth comisariada por Daniel Borrás y Marta Moreira en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Los fotógrafos incluidos en la muestra son Carmen Gray, Julio Pardo, Borja Llobregat, Paula Prats, Fernando Gimeno Pol, Belinda Bono, Josu Kuro, Carles Prats, Héctor Pozuelo, Carles Rodrigo, Marta de Miguel Sansaloni, Pablo F. Serrano, Alejandro Escrich y Pau Roca.

Fotografía de Carles Rodrigo en la exposición 'Wasted Youth' en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Carles Rodrigo en la exposición ‘Wasted Youth’ en Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

La sección de videoclips -todos ellos realizados por productoras y creadores audiovisuales independientes- servirá de hilo musical a la exposición con una pequeña representación de las bandas que conforman la escena local valenciana de los últimos cinco años: Siesta, Cuello, Antiguo Régimen, Teletexto, Las Rodilleras, Aullido Atómico, Ramírez, Coleccionistas, Oh Libia!, Polígono Hindú Astral, Tvnnel, Betunizer, La Moto de Fernán, Jupiter Lion y Tucán.

Fotografía de Paula Prats en la exposición Wasted Youth de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotografía de Paula Prats en la exposición Wasted Youth de Las Naves. Imagen cortesía de los organizadores.

Se exhibirán carteles, ilustraciones y portadas de discos de Mik Baro, Lluis Sánchez, Luis Demano, Clara Iris, El Nerdo, Alejandro Escrich, Pablo F. Serrano, Jorge Parras, Raquel Aparicio, Martín El Alegre y Don Rogelio J. La exposición podrá visitarse en Las Naves (Espai d’Innovació y Creció de Valencia) del 5 de febrero al 2 de marzo.

Fotografía de Belinda Bono en la exposición 'Waste Youth' de la Rambleta. Cortesía de los organizadores.

Fotografía de Julio Pardo en la exposición ‘Waste Youth’ de Las Naves. Cortesía de los organizadores.

Pintar el mundo mientras se hunde

Como parte del programa “Encuentros de Arte Contemporáneo”, que cada año organiza el Departamento de Arte del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, recientemente mantuve en la Casa Bardín de Alicante una conversación/entrevista en público con el artista Javier Palacios. Una de sus obras fue, en la presente edición, adquirida para la colección de la institución.

Javier Palacios y José Luis Pérez Pont en un momento de la entrevista, en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.

Javier Palacios y José Luis Pérez Pont en un momento de la entrevista, en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, el 28 de octubre de 2014.

Javier Palacios (Jerez de la Frontera, 1985) es un pintor que tiene una línea de trabajo muy personal, capaz de romper con el ejercicio más intimista y abordar otro tipo de aspectos y temas. Su obra, más atenta a los modos que a las modas, está recibiendo reconocimientos y puestas en valor.

Javier Palacios. Process absence (Zeitgeist), 2012. Acrylic and oil on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Process absence (Zeitgeist), 2012. Acrylic and oil on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista

Javier, en tu serie de “Rostros” consigues narrar la soledad del individuo y capturar los gestos de respiración. En tu pintura existe una dialéctica que supera los límites del “yo”, una obra en la que el concepto de colectividad se condensa, pues no se trata de retratos sino de imágenes que representan a muchas personas. Háblanos del planteamiento de colectividad de tu trabajo y en qué posición personal los llevas a cabo.

Una de las principales cuestiones que el espectador se encuentra al ver esta obra es que le da el carácter de retrato, es algo que realmente me incomoda. Desde que comencé esta serie, que después de mi periodo de formación es lo primero que considero como obra personal, había un interés muy claro en conectar con el espectador. Más que hablar sobre la persona que estaba representada, se buscaba un intento de crear empatía con la persona que lo estaba viendo. De esta forma, pese que al principio algunos de los cuadros están con los ojos cerrados, poco a poco la mirada empieza a adquirir protagonismo y una necesidad de conectar con la persona que está mirando la obra.

Quizás también la necesidad de crear un formato grande, que aunque algunas veces he intentado pintar en formato pequeño, me he dado cuenta que el camino era producir algo grande a lo que el espectador tuviese la necesidad de acercarse y así crear ese contacto con la persona representada.

Es curioso que desde que nacemos hasta que nos morimos, estamos viendo rostros y siempre existe esa sensación fuerte con la persona que tenemos en frente. Quizás utilizo esa fuerza a la hora de representar esos rostros en mi obra.

Javier Palacios. Process absence, 2012. Acrylic and oil on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Process absence, 2012. Acrylic and oil on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista

Es interesante la reflexión que realizas sobre la respiración. Un gesto insignificante. Me gustaría que lo introdujeras.

Para mí, esa forma de representar la respiración surge en un momento en el que estoy realizando un proyecto para el Máster de Producción Artística, donde se exige que busquemos algo que decir. En ese momento me doy cuenta de que quiero hablar de lo mínimo posible y a eso mínimo, darle la mayor trascendencia. De ahí surge ese camino de trabajo de representación de la respiración como algo esencial y de lo que la mayoría de las veces no nos damos cuenta. Esa respiración repetida es la que nos recuerda que algo es real, una repetición que también se verá a lo largo de la obra sobre todo con el juego minimalista en la repetición del formato que, sin embargo la imagen no pierde la fuerza.

Esa respiración que posteriormente me va llevando a otra reflexión,  fue muy importante al principio por esa necesidad que yo tenía de transmitir más allá del concepto que había detrás de la imagen.

Javier Palacios. Myth (Daniel), 2013. Oil and acrylic on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista.

Javier Palacios. Myth (Daniel), 2013. Oil and acrylic on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista.

Representas rostros que prácticamente ocupan toda la superficie del lienzo, con el fin de establecer un juego de comunicación y cercanía con el espectador. ¿Qué tal crees que nos comunicamos los unos con los otros?

Es una pregunta interesante porque yo pienso que la relación de los unos con los otros es algo que hoy en día es una problemática de la sociedad, y al mismo tiempo algo que está evolucionando de una manera constante. Una evolución marcada por las nuevas tecnologías, que hacen que en el “tú a tú” cada vez tengamos menos estrategias de saber enfrentarnos a la persona que tenemos delante. Quizás eso es algo que también se puede llegar a reflejar en estos rostros, la necesidad personal de querer comunicarnos con el mayor número de personas posibles. Sí que pienso que es un problema, pero al mismo tiempo es algo muy especial en el ser humano, el querer comunicarse.

Javier Palacios. Myth (Luciana), 2013. Oil and acrylic on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Myth (Luciana), 2013. Oil and acrylic on board. 198 x 198 cm. Cortesía del artista

Te encuentras en proceso de investigación para tu tesis, acerca de las utilidades que se le ha dado al rostro que escapan a la definición de retrato. ¿Nos puedes dar algunas claves?

La tesis se llama ‘Utilización del rostro en la pintura valenciana de principio del siglo XXI’, lo del siglo XXI es una especie de juego para poder acotar. En esa tesis quizás también por una necesidad personal, me doy cuenta de que el rostro se estaba escapando de lo que había sido hasta ahora, la herramienta del género del retrato. En se momento empiezo a indagar, centrándome en la ciudad de Valencia y me doy cuenta de que cada artista hace una propuesta donde la herramienta del rostro la aborda de un modo diferente. Por ejemplo Chema López tiene una utilización muy documental que luego emplea para un discurso personal donde a cada imagen, cogida de diferentes medios, consigue darle una coherencia; o Carmen Calvo en su obra tapa los rostros, hablando de lo íntimo y de la imposibilidad de la memoria; también Sergio Luna, Tania Blanco… cada uno tiene su propuesta. En mi tesis doctoral doy valor a la utilización del rostro y a la importancia de que muchas veces, se relaciona con el género del retrato dándole una antigüedad que, a mi parecer no lo tiene.

Javier Palacios. Last ecstasy, 2012. Acrylic and oil on board. 195 x 146 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Last ecstasy, 2012. Acrylic and oil on board. 195 x 146 cm. Cortesía del artista

Creo que el momento que estamos viviendo es apasionante, pues existe la posibilidad –tras varias décadas- de poder introducir nuevas normas del juego, con las que regenerar una sociedad que ha caído en vicios y fraudes que urge atajar. Cada día emerge un nuevo pozo sin fondo de corrupción, al que han ido a parar los recursos públicos que habrían de garantizar el bienestar de la ciudadanía. En una conversación previa me manifestabas que tus “cabezas perplejas” condensan el estado de perplejidad en el que se encuentra tu generación, que no sabe cómo reaccionar ante un nuevo escenario en transformación. Las pautas transmitidas y aprendidas no son útiles para dar soluciones a las situaciones que nos enfrenta el día a día.

Es curioso que muchos de estos rostros, sean  personas cercanas a mí, de mi generación. Cuando me fijo en mí alrededor, voy viendo que no estamos en una buena situación, que hay lucha pero nos encontramos con una especie de muro que genera una ansiedad que es la que yo también he intentado representar por medio de esa profundización de la respiración en “Rostros”.

Mi generación es una generación bisagra, que hemos vivido los buenos tiempos y ahora nos estamos adaptando a nuevos modelos que no sabemos por donde nos van a llevar. Se le puede ver el lado positivo siempre, nosotros vamos a dar con las soluciones para intentar que esto mejore.

La realidad cambia a partir de pequeños gestos, de pequeñas acciones, que llevamos a cabo en nuestro entorno cotidiano. Nuestra sociedad durante mucho tiempo se ha dejado hacer. Ha delegado su responsabilidad en otros y ha confiado en que alguien venga a solucionar los problemas y, de alguna forma, esa renuncia nos ha llevado a una situación complicada.

Me alegra que mi trabajo pueda dar pie a ese tipo de reflexiones. Yo tengo la creencia de que mi lucha es una lucha personal que pienso que puede trascender de muchas maneras. Quiero que sea una forma de ejemplo en un contexto adverso, intentar producir un trabajo que muchas personas ya darían por supuesto que es imposible de llevar a cabo. El hecho de ir todos los días a un estudio a producir un trabajo personal y tener la creencia de que eso puede seguir repercutiendo para mejor a mi alrededor o, con las nuevas tecnologías, para quienes no están tan cerca, para mí eso es algo que me hace querer seguir trabajando. De esa forma la lucha la interpreto como algo mas intimo, creyendo que estoy contribuyendo de una forma positiva. Aunque cualquier tipo de lucha que sirva para mejor, es de valorar.

Javier Palacios. Container souls, 2012. Oil on board. 92 x 120 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Container souls, 2012. Oil on board. 92 x 120 cm. Cortesía del artista

Me gustó una frase tuya, en la que decías algo así como que los seres humanos nacemos como papeles extendidos y que la vida nos va marcando pliegues y formas que nos van definiendo. De esa idea procede tu serie de bolsas, “Almas”. Háblanos de esos trabajos.

Un dibujo de grafito fue el origen de esa reflexión. Más que hablar de conceptos, es algo poético. Mientras lo realizaba, me imaginaba que eso podía ser el alma de una persona desde un punto de vista muy general. El alma ha sido tratada desde diferentes puntos de vista a lo largo de la historia.

Si hay algo bueno ahí del momento en el que nos encontramos es que nada esta acotado y que al final, las propuestas personales surgen de la intuición y de la forma en que recuperemos el conocimiento que vamos teniendo. Esa idea de que la personas tenemos nuestras luces y sombras, y que la vida nos va creando y esculpiendo arrugas, que al mismo tiempo que nos dan brillo, nos dan oscuridad. Se trata de una estética algo barroca, que al mismo tiempo se limpia con ese espacio alrededor.

Las bolsas las empiezo a trabajar poco a poco, dándoles matices positivos mediante colores. Esculpo la bolsa, saco fotografía, con el ordenador trato el color y posteriormente la traslado a obra pictórica, sirviéndome la foto como referencia.

Para mí esta serie tiene algo de gramático, que recuerdan a las esculturas espirituales del barroco. Hay un juego formal muy evidente, sobre todo por la presencia de unos matices directos y simples junto con otros que son difíciles de explicar.

Javier Palacios. Soul, 2012. Oil on board. 70 x 70 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Soul, 2012. Oil on board. 70 x 70 cm. Cortesía del artista

Es destacable la técnica tan depurada que tienes, hasta que no te acercas a la obra puede parecer que se trata de una fotografía, pero en la proximidad nos esperan los trazos de la pintura.

En este tipo de obras llegué a un punto de refinamiento y ahora quiero ver cómo juego con ella. A mí mismo me impactó y pensé que igual tenía que dar un par de pasos atrás y utilizar esa herramienta de otra manera. Evidentemente si hubiera hecho una foto no sería mejor ni peor, simplemente sería otra forma de trabajo. Sin embargo creo que hay cosas, bajo una sensibilidad, que se ven de forma diferente. El punto cercano con la imagen digital tratada con ordenador me parece un juego, que no se podría haber dado en otras épocas de la pintura, y por eso me parece interesante jugar con ella y ver qué puede pasar.

Javier Palacios. Soul, 2013. Oil on board. 147,5 x 198 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Soul, 2013. Oil on board. 147,5 x 198 cm. Cortesía del artista

Hay una cita de Houellebecq que relaciona el arte contemporáneo con los restos de la sociedad actual, interpretando el arte como mondadura. ¿Qué aplicación tiene eso en tu obra o en tu método de trabajo?

Su forma tan dura de ver la realidad me atrae y me impresiona. Es un escritor que, mientras estoy trabajando, me hace reflexionar. No son reflexiones cerradas con las que yo trabaje, pero están dentro de mi cabeza mientras yo realizo la obra. Esa cita me encantó, esa idea de que el arte contemporáneo es una especie de resto de la sociedad que pese a que no puede tener la belleza que tenían en otros períodos, sigue siendo muy útil para entender el tiempo en el que estamos y puede llegar a ser real. A mí personalmente me hace sentir que estoy vivo.

Javier Palacios. Ente I, 2013. Acrylic fluor and pencil on board. 146 x 146 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente I, 2013. Acrylic fluor and pencil on board. 146 x 146 cm. Cortesía del artista

En una evolución de esa línea de trabajo, abres para el espectador esas bolsas de basura y nos encontramos con “Entes”, unos desconcertantes conos de luz. Háblanos de la evolución de esos trabajos.

Como sucede con las Bolsas me doy cuenta de los restos industriales que vemos por la calle, unos restos que intento transformar en algo bello, si lo queremos llamar así. Estos entes surgen de esas bolsas de basura que están cerradas y me da la curiosidad de averiguar qué es lo que hay dentro de ellas. Un día dije “voy a abrirlas” y en lugar de encontrarme basura, me encontraba estas fuentes de luz que son formas abstractas que quiero que representen de la mejor forma posible un foco, una luz física y representada que al mismo tiempo está iluminando la bolsa de basura que anteriormente no tenia luz propia. A la vez se crea ese contraste entre una forma que no se sabe muy bien lo que es, que podría tener muchos significados y que no me interesa cerrar. Por eso mismo los llamo entes, ya que el significado de ente es aquello que tiene la capacidad de existir.

Aunque visto que no era basura, sí que tenían un punto positivo y pienso que la obra nos inquieta y creo que es lo que realmente le da la fuerza visual.

Javier Palacios. Ente III, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 38 x 50 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente III, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 38 x 50 cm. Cortesía del artista

En un tiempo en el que el sentido común parece haber perdido significado y las pautas de lo preconcebido se manifiestan incapaces para generar seguridades, ¿optas por trabajar a partir de planteamientos proyectuales o de desarrollos más intuitivos?

La intuición tiene mucho que ver en mi trabajo pese a que luego las obras puedan parecer muy frías, son imágenes contundentes y directas pero la forma en la que surgen es pura intuición. Esto puede sentar mal, porque la intuición no surge de la nada sino que necesita un poso y un conocimiento que es lo que te permite jugar con unas cuestiones que de otra manera no existirían. Pienso que esto se va a ir desarrollando, porque hace poco leí un artículo que hablaba de que, en el momento en el que estamos, la creencia en el conocimiento cerrado se estaba viniendo abajo porque era lo que, de alguna manera, nos había llevado a la situación en la que nos encontramos. Por tanto cada vez se le iba a ir dando más importancia al tema de la intuición y la emoción, abriéndonos nuevas formas de conocimiento.

Pues yo creo que estaba en ese punto en el que no me creía mucho todo aquello que me llegaba e intentaba tantear cosas que no sabía lo que eran. Por eso me cuesta tanto explicarlo.

Javier Palacios. Ente IV, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 198 x 146cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente IV, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 198 x 146cm. Cortesía del artista

A los artistas se les somete a la misma lógica fungible que opera sobre la moda y la música, se les exige una renovación constante al son del impacto mediático como fe verdadera ¿En qué medida la mirada externa condiciona tus ritmos creativos y de producción artística?

Para mí es importante que haya un espectador viendo la obra. Pese a que me cueste explicarlo, no es una obra intimista sino que es bastante abierta. Es una obra que juega con elementos que pueden atraer al espectador desde muchas visiones.

Siempre trabajo pensando que hay un público. Hay un intento de comunicación con el otro, esa ansiedad creo que también se repite en mi línea de trabajo. Esa luz no deja de ser un punto de exclamación para que el espectador se pare y que exista una conexión entre la obra y el público.

En cuanto a lo que comentas del sistema que tenemos, cuando veo a artistas que llevan toda la vida trabajando, realmente los admiro. El público hoy en día es bastante duro, si algo pierde interés, mira hacia otro lado. El artista al final o se mantiene o desaparece. Esa tensión es buena pero no deja de ser dura para el artista.

Javier Palacios. Ente VII, 2014. Acrylic fluor and oil on board. 195 x 146 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente VII, 2014. Acrylic fluor and oil on board. 195 x 146 cm. Cortesía del artista

Hace unos días, preparando esta conversación, me decías: “cuando estás en la facultad te crees que eres más importante que el mundo que te rodea”. Un tiempo después, ¿cuál es tu impresión acerca del periodo de formación? ¿Qué aprendiste en la Facultad de Bellas Artes de Valencia y que fue lo que no te enseñaron?

Yo siempre me he sentido afortunado de pasar por la Facultad de Bellas Artes de Valencia porque conocía antes la facultad de Sevilla. Yo nací en Jerez y allí la cultura artística, concretamente pictórica, no se da. Entonces cuando llegué aquí a Valencia fue un mundo nuevo, tanto por profesores como por los compañeros. Siento mucha gratitud por la facultad, además también me ha generado un contexto que me permite trabajar con la intuición.  Aprendí lo que significaba estar en la facultad, poder estar horas pintando y conocer gente que tenía los mismos intereses que tú, es una forma de vida. Una vez sales de la facultad y descubres lo duro que es todo, te das cuenta de que te dieron las herramientas para intentar luchar y ahora estamos en ese punto. Muchas cosas son como te decían, otras son diferentes… supongo que al final no dista de ser como cuando te formas en otras carreras, que el titulo es un punto y seguido para enfrentarte a otras cosas.

En mi familia siempre ha habido sensibilidad artística pero no hay que restar méritos, y en la Universidad he aprendido mucho de conceptos y técnicas. Aunque hay muchas cosas que se pueden mejorar o cambiar.

Javier Palacios. Ente II, 2014. Acrylic fluor, watercolor and pencil on board. 120 x 31 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente II, 2014. Acrylic fluor, watercolor and pencil on board. 120 x 31 cm. Cortesía del artista

Lo estético es insuficiente para justificar el hecho artístico, el arte es algo más. Tampoco el mercado es el fin último de la creación artística. En tu caso, ¿por qué te dedicas a esto?

Hay una anécdota de Kooning en la que le preguntaban qué sentido tenía seguir pintado, él contestaba que le gustaba esa forma de ser. A mí me gusta levantarme por la mañana, irme al estudio, aislarme… Creo que fue Barceló que dijo “pinto porque la vida es demasiado poco”. Pues yo pinto “porque la vida me parece demasiado” y necesito aislarme en el estudio, pese a que soy una persona que luego tiene contacto social, pero quizás por eso necesito ese lugar de aislamiento.

No sé, de momento estoy a gusto. No digo que en veinte años ya no sea pintor, porque el mundo de hoy es muy dinámico y no se puede pensar que las cosas no pueden cambiar, pero por ahora las cosas salen bien y el mercado, o como lo quieras llamar, me está aceptando y pienso que tengo mucha suerte. Veo a mi alrededor gente con muy buenos trabajos que no tiene tanta suerte. Eso aunque te ponga triste, también te da mucha energía porque pienso que te da una gran responsabilidad. Por eso continúo.

Cuando miras a tu alrededor, en el mundo del arte, ¿qué ves?

Pese que en el barrio de Ruzafa, en Valencia, vivimos en una pequeña burbuja, pensando que las cosas pueden funcionar, sí que es verdad que cuando miras a otros ámbitos te das cuenta. Las cosas siguen para adelante y no sé cómo, supongo que es por el valor humano de los individuos por sí solos.

Es curioso porque yo sigo pintando en este mundo que se viene abajo. Pero pienso que es necesario que haya personas que traten de que las cosas funcionen de otra manera o que intenten emplear el margen que hay para hacer cosas buenas, para que el resto tenga la oportunidad de pensar que vivimos en un mundo que realmente puede funcionar.

El arte ha sido poco a poco absorbido por los estándares de la sociedad del espectáculo, obviándose algunos valores sociales y culturales que resultan trascendentes. ¿Crees que se puede seguir haciendo arte?

Efectivamente. A veces, uno piensa que no tiene sentido hacer lo que hace o por qué estoy haciendo esto en un mundo que esta así, pero luego piensas “¿y si dejara de hacerlo qué pasaría?”, estoy seguro que ese espacio lo ocuparían cosas mucho más negativas. Hay una pequeña barrera de personas que sigue creyendo en cosas que a lo mejor no dejan de ser espejismos. Hay que intentarlo.

Javier Palacios. Ente V, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente V, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Preguntas del público:

Reme Navarro: La luz de la bolsa de basura, ¿es algo estético o hay algo de metáfora?

Sí que es algo común en todas las imágenes, al principio pueden parecer cosas básicas pero quiero creer que todo trasciende y que todo tiene un segundo significado. Y ese significado se abre, no es definido. Lo que viene detrás está abierto y efectivamente es esa luz, más abstracto que la luz hay pocas cosas. Para mi podría ser más bien, una mancha de pigmento, de color fluorescente a la que he intentado dar esa sensación lumínica. La luz no sería luz si no fuera por otros elementos, como la bolsa que le rodea.

De todas maneras, en esta última serie, ese punto donde todo lo que tengo en mi cabeza, me está llevando a explicar de una manera un poco crítica lo que me rodea. Habla mucho de la mentira, de lo bonito. Es una crítica que se entiende en el proceso en el que cojo elementos de la basura y los pintos con colores de metales preciosos, abstrayendo lo real. Pese a que intento mantenerme al margen, este trabajo sí que intenta ser una especie de crítica entrecomillada de todo lo malo que me rodea.

Javier Palacios. Ente VI, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente VI, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Víctor López: Cuando has hablado de tu serie de almas, de esas bolsas de basura, Me ha llamado la atención la comparación con la escultura barroca. A mí me ha venido a la mente otro género, como es el trampantojo. Esa intención del artista de engañar al espectador y hacerles creer que lo que están viendo es otra cosa, algo real. Quería preguntar si es algo intencionado por tu parte el intentar engañar al espectador, hacerle creer que es una fotografía para que se acerque y compruebe por sí mismo que lo que está viendo no es una fotografía.

Sí que hay un trampantojo desde el barroco, donde con la pintura se quiere expresar lo real, pero realmente hay que plantearse si realmente estoy intentando engañar al espectador en si eso podría ser real, o si eso podría ser una fotografía. Estamos tan mediados por la visión de lo fotográfico que no somos capaces de creer que la pintura pueda tener la capacidad de hablarnos de algo real, porque es un apartado que lo dejamos por la fotografía.

Ese trampantojo es un juego de intentar que, con el poco margen de atracción de la fotografía, el espectador se quede un segundo viendo la obra. Hoy en día tenemos un colapso de imágenes que hace que resulte complicado… el tamaño también aporta esa atracción. Ese trampantojo que al mismo tiempo intento que sea atracción, figuración, realidad e imagen ficticia. Con todo eso intento jugar cuando se observa la obra.

Javier Palacios. Ente VI, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente VI, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Pilar Tébar: Donde te encuadras, ¿en la abstracción o el hiperrealismo?

Quizás eso forme parte de mi juego, de estar en los límites de varias cosas. No estoy descubriendo algo nuevo sino que es una de las características  del arte actual. Moverse en los límites de todas esas casillas para que, con la intuición de la que hablábamos antes, crear algo nuevo que diga cosas nuevas. Para mí es muy importante el juego de utilizar ese aprendizaje pictórico para intentar producir una obra que al mismo tiempo sea abstracta, tenga algo detrás, que sea íntima pero espectacular. Se utilizan las herramientas de hiperrealismo, de la figuración o de la abstracción, muchos lenguajes para crear uno nuevo.

Javier Palacios. Ente VI, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

Javier Palacios. Ente VI, 2014. Acrylic fluor and pencil on board. 27 x 22 cm. Cortesía del artista

José Luis Pérez Pont

Boyhood: tiempo real, tiempo cinematográfico

‘Boyhood’, de Richard Linklater
Estrenada el viernes 12 de septiembre, 2014

¿Una vida atrapada en el momento o un momento atrapado en la vida?, con este dilema termina ‘Boyhood’. Una película de homenaje al tiempo. Y, en concreto, al momento, a ese espacio de tiempo insignificante donde la vida queda atrapada.

Prender el tiempo, recorrer el tiempo, detener el tiempo para no ser devorado por él, es una de las grandes aspiraciones del ser humano. Con la fotografía consiguió detener el tiempo, captar un breve momento de la vida;  con el cine lo hizo transcurrir,  reflejar el deslizamiento de la vida en cada momento. En ‘Boyhood’, el director Richard Linklater, ha fusionado el tiempo real al tiempo cinematográfico.

Ellar Coltrane, de adolescente, en la película 'Boyhood' de Richard Linklater.

Ellar Coltrane, de adolescente, en la película ‘Boyhood’ de Richard Linklater.

‘Boyhood’ narra la vida del joven Mason desde los seis hasta los dieciocho años. Un personaje interpretado, al igual que los otros personajes, por el mismo actor durante los doce años que dura la historia. Sí, el envejecimiento real de los actores se fusiona con el envejecimiento de sus personajes. El tiempo cinematográfico de ‘Boyhood’ representa, sin ninguna manipulación de maquillaje, las huellas que el transcurrir del tiempo real deja en los cuerpos de los personajes.

Ethan Hawke y Ellar Coltrane en un fotograma de 'Boyhood', de Richard Linklater.

Ethan Hawke y Ellar Coltrane en un fotograma de ‘Boyhood’, de Richard Linklater.

En ‘Boyhood’ esas huellas del transcurrir del tiempo están más cerca de la vida que de la muerte. Son las huellas de la infancia y de la juventud. Aunque en el rostro y en el cuerpo de Mason se vaya inscribiendo la vida, su comportamiento no rezuma la vitalidad de ese momento de la existencia; todo lo contrario, exhala apatía. Esa apatía que emana de la vida de los adultos que le rodean y contagia a la nueva generación.

Patricia Arquette, en el medio, junto a Ellar Coltrane y Lorelei Linklater en 'Boyhood', de Richard Linklater.

Patricia Arquette, en el medio, junto a Ellar Coltrane y Lorelei Linklater en ‘Boyhood’, de Richard Linklater.

Una apatía que no les paraliza para funcionar con la realidad cotidiana -esa cotidianidad que tan bien capta la cámara de Linklater-, pero deja asomar “una verdad desagradable: envejecer, morir es el único argumento de la obra” como en el poema de Jaime Gil de Biedma, ‘No volveré a ser joven’.

Ellar Coltrane, de niño, en 'Boyhood' de Richard Linklater.

Ellar Coltrane, de niño, en ‘Boyhood’ de Richard Linklater.

Begoña Siles