“Busco la elegancia, el humor involuntario y el misterio”

Cats are paradoxes, de Pablo Amargo
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 6 de julio de 2018

Combinación de elementos de diferentes contextos que encajan a la perfección. Generación de enigmas visuales que solo el ingenio es capaz de resolver. La enorme carga de contenido de sus trazos. Fusión de imágenes resueltas con sencillez. Paradojas con diferentes niveles de significación. Planteamientos que pretenden transmitir conceptos haciendo uso de la ironía y del humor gráfico.

Así es la narrativa artística de Pablo Amargo (Oviedo, 1971). Este consolidado ilustrador, Premio Nacional de Ilustración, expone por primera vez en la galería de arte contemporáneo Pepita Lumier. El título escogido para la ocasión alude al libro publicado el año pasado, ‘Cats are paradoxes’, proyecto por el que recibió el prestigioso galardón Gold Medal por la Society of Illustrators of New York, además de otros reconocimientos como el Award of Excellence, otorgado por Communications Arts Awards, o el Bronze Award, concedido por European Design.

Medio centenar de imágenes de esta galardonada y exitosa publicación -en la que el gato es el protagonista- se exhibe junto a otras ilustraciones inéditas realizadas posteriormente por el artista ovetense. Desde el 25 de mayo hasta el 6 de julio, podrá visitarse esta exposición procedente del Museo ABC del Dibujo y la Ilustración. Con motivo de este acontecimiento artístico, aprovechamos para conocer un poco más al autor de ‘Cats are paradoxes’.

Vista de la exposición 'Cats are paradoxes', de Pablo Amargo en Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

Vista de la exposición ‘Cats are paradoxes’, de Pablo Amargo en Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

Eres un ilustrador dotado de un gran ingenio y así lo avalan los más de veinte premios que has recibido durante tu trayectoria artística. ¿De dónde procede esa creatividad? 

Si algo me caracteriza, sobre todo, es la constancia. Dibujo cuando estoy en soledad, en mi estudio, y ahí pruebo una vez tras otra hasta que tengo la certeza de que hay originalidad en el resultado final. Es una especie de epifanía que no sé de dónde procede exactamente, pero esa búsqueda insistente me provoca una sensación eufórica que sigo experimentando diariamente desde hace veinte años. Tras esta exploración hay un trabajo que consiste en perfeccionar el dibujo y de hallar la mejor versión posible del mismo, pero la creatividad en sí proviene de esas ganas incesantes de querer repetir esa sensación de euforia.

¿Qué pretendes transmitir con tus ilustraciones al espectador?

Si algo tengo claro de mi obra es que debe haber siempre detrás una idea que apele a la inteligencia del espectador. Que esté repleta de diferentes significados y lecturas posibles. Que sea flexible. Para mí una imagen es buena cuando es capaz de generar estas posibilidades sin la necesidad de un texto que explique su contenido.

Espectadores ante la obra de Pablo Amargo en la galería Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

Espectadores ante la obra de Pablo Amargo en la galería Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

En tu obra y, particularmente, en esta exposición, ‘Cats are paradoxes’, el protagonista es el gato. ¿Por qué escogiste este animal como elemento principal de este proyecto?  

Considero que los gatos tienen tres cualidades: elegancia, misterio y humor involuntario. Estas tres características son las que persigo en mis ilustraciones. En mis dibujos no solo pretendo encontrar una idea, sino también una belleza estética a través de una elegancia espiritual. El misterio se encuentra en ese proceso de búsqueda de la imagen, oculto en forma de idea y que tanto cuesta controlarla y reproducirla. Y luego está el humor como forma de diálogo con el espectador. No persigo la carcajada, más bien apelo a un humor involuntario. Me parecía interesante utilizar la figura del gato en este proyecto precisamente porque son animales cuya indiferencia producen una situación humorística involuntaria. Además, este animal genera la paradoja de mi proyecto, ya que su presencia nos invita a transitar por las habitaciones y las ruinas, pero al mismo tiempo, está ausente. Se convierte en actor y espectador, consciente de que existe una paradoja. Las ilustraciones de este trabajo son una especulación gráfica donde, por medio de la contradicción, pretendo que el espectador entre y salga del escenario. Que experimente las dos realidades y sea consciente de que un mundo es capaz de anular al otro. Así son las paradojas y, en medio de ellas, se encuentra el gato, sorprendido.

En tus ilustraciones empleas la fusión entre diferentes elementos formales generando que las formas se unifiquen en una sola unidad. ¿De dónde procede este interés?

Para mí no es tanto un ilustrador, sino más bien una obra. Hablo de un grabado del siglo XVIII, del británico William Hogarth. Fue uno de los primeros en mostrar este tipo de situaciones paradójicas que yo persigo. Su intención fue denunciar a los malos dibujantes, aquellos a los que consideraba que no sabían regirse por los cánones del dibujo, y en este grabado estableció un paisaje con diferentes situaciones donde todos los códigos estaban invertidos. Con este grabado anticipó las visiones vanguardistas, donde personajes en primer plano parecían estar relacionados con los del fondo, generando situaciones confusas y paradójicas.

Obras de Pablo Amargo de la exposición 'Cats are paradoxes', en la galería Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

Obras de Pablo Amargo de la exposición ‘Cats are paradoxes’, en la galería Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

Escuché en una entrevista que en muchos de tus dibujos juegas con la desmemoria; que acudes al recuerdo incompleto. ¿Cómo materializas esto en tu obra?

La desmemoria la aplico en dos niveles distintos. Por un lado, cuando tengo que ilustrar un texto que requiere una lectura previa. Ante tal exceso de información, las imágenes se encuentran muy ligadas al contenido, por lo que recurro al abandono de la lectura. Una vez desligado, acudo al recuerdo, los detalles comienzan a diluirse y comienza a emerger la originalidad visual. Es ahí cuando comienzo a plantear imágenes, fruto de la desmemoria. El otro nivel donde aplico la desmemoria es en el dibujo en sí. Yo recurro a fotografías para informarme visualmente, sin embargo, esas imágenes naturalistas tienen menos interés que las generadas a raíz del recuerdo. Opto por lo esencial de las formas y para ello acudo a la desmemoria nuevamente. Este proceso mental es el que logra proyectar la verdadera esencia del dibujo.

La revista Gràffica te concedió el Premio Gràffica 2016 y te definió como “un ilustrador que antepone la inteligencia a los fuegos artificiales, que bebe de referencias sin depredarlas”. ¿Cuáles son esas referencias?

Son muchas y dependen de cada época de mi vida. Pero desde hace mucho mis referencias no son los artistas, sino más bien las obras. Una pintura, un grabado, incluso una película. Yo persigo las sensaciones visuales y trato de ilustrarlas en ideas, sin importar el soporte de procedencia ni su autor. Actualmente, mi forma de trabajar me ha llevado a interesarme por la metafísica en un proceso de retroalimentación.

Vista de la exposición 'Cats are paradoxes', de Pablo amargo en la galería Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

Vista de la exposición ‘Cats are paradoxes’, de Pablo Amargo en la galería Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez.

El verano pasado denunciaste a través de las redes sociales que tu obra ‘The cow’ había sido plagiada. Se utilizó esta imagen para publicitar un producto alimenticio. ¿Suele producirse en el círculo de los ilustradores este tipo de casos?

Cierto, eso sucedió en China. Un ciudadano que conocía mi obra puso en mi conocimiento esta noticia. Se trataba de una bebida láctea que utilizaba como etiqueta la ilustración que has mencionado. Finalmente, el denunciante consiguió que la imagen se retirara del producto. Afortunadamente, hay personas que se implican en estos asuntos, pues el plagio es un fenómeno que sucede a diario. Hace poco me sucedió algo parecido, fue en un concurso de carteles. Un colega de la profesión me comentó que un cartel que había sido premiado en un certamen era de similares características a uno que yo había realizado anteriormente. Tras ponerme en contacto con las pertinentes instituciones, el premio fue retirado, también la cuantía económica que había recibido, además de una multa considerable y el desprestigio que conlleva un acto fraudulento de estas características.

Colaborador en revistas y prensa como The New York Times, The New Yorker, Jot Down Magazine, El País, La Vanguardia, National Geographic; has realizado carteles, libros; has participado en ferias, bienales. ¿Tienes algún proyecto en mente?

Nunca me he planteado hacer las cosas a priori, afortunadamente han ido llegando por sí solas. El siguiente libro no sé cómo va a ser y estoy ansioso por saberlo, sinceramente. Me gustaría probar la autoedición. El libro de ‘Cats are paradoxes’ está muy próximo a esta forma de trabajo, pues la editorial me permitió estar muy cerca en el proyecto. Pero me gustaría llevarlo más lejos, pues considero que los libros describen plenamente al ilustrador. Lo seguro e inamovible es que será en blanco y negro.

Pablo Amargo firmando un ejemplar de su libro, durante la entrevista con motivo de su exposición 'Cats are paradoxes', en Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez

Pablo Amargo firmando un ejemplar de su libro, durante la entrevista con motivo de su exposición ‘Cats are paradoxes’, en Pepita Lumier. Foto: Javier Martínez

Javier Martínez

“No me gusta dibujar ojos”

A day in the city, de Coté Escrivá
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 9 de diciembre de 2017

Hay dos temáticas que atraviesan la obra de Coté Escrivá exhibida en la galería Pepita Lumier bajo el título de ‘A day in the city’: los dibujos animados y el grafiti. Ambas ligadas por el denominador común de provocar emociones. Unas emociones aparentemente amables que vienen a reflejar ese aire fresco y urbano del street art, salpicado de chispazos y elocuentes expresiones del tipo crrrash!, boom! argh!, que vienen a cortocircuitar ese carácter lúdico sin salirse nunca de las casillas del juego.

¿Por qué los dibujos animados? “Me hace sentir confortable al evocar esas imágenes de la infancia”, reconociendo Escrivá que tal vez se deba a cierto “síndrome de Peter Pan que me produce bienestar”. Dibujos animados que remiten en muchos casos a los clásicos de Disney, pero que el artista valenciano ha ido construyendo poco a poco a su medida. Dibujos que definen su estilo, perfilado en torno a esa tendencia de “fundirse con el fondo”, de ser “incompletos” y de manifestarse tanto animales como sujetos todos ellos sin mirada: “No me gusta dibujar ojos, por eso aparecen vaciados o con equis”.

Obra de Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

¿Y por qué el grafiti? “Sí, es un guiño que aparece en mis dibujos y que incorporo tímidamente con esa escritura en los fondos y colores sutiles”. Coté Escrivá dice sentirse muy próximo a ese tipo de arte urbano que considera cada vez más entremezclado en la sociedad: “Está en todas partes, integrado en nuestra vida cotidiana”. Por eso ha titulado su exposición en Pepita Lumier A day in the city, a modo de paseo por esa ciudad tatuada con obras de artistas, paradójicamente asimilados en el interior de la cultura contemporánea.

“Lo curioso es que el grafiti antes se perseguía y ahora se pide”. Es el caso, por ejemplo, del mural realizado por Escif para la fachada trasera del IVAM. Lo prohibido, asumido como parte del discurso oficial. “Es un movimiento artístico muy potente”, sostiene Escrivá, que lo ve en un futuro estudiándose “como se estudia el Renacimiento, aunque igual sea un poco exagerado decirlo”. En sus obras, ese grafiti aparece como telón de fondo sobre el que aparecen inscritos sus dibujos animados.

Obra de Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier

Obra de Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier

El día en la ciudad que propone Coté Escrivá, en la exposición que permanecerá en Pepita Lumier hasta el 9 de diciembre, es como un paseo por ese mundo amable de la infancia, poblado sin duda de tensiones y conflictos. Tensiones que el artista resuelve amparado en la seguridad de la ficción, en la cual afloran no obstante garras, dientes y pezuñas apareciendo sueltos en algunas de las series de dibujos. También animales y humanos cuyas cabezas y rostros se muestran sin ojos, aludiendo a las calaveras que igualmente aparecen en su obra.

En todo caso, Escrivá se ciñe al estilo para explicar esa paradoja entre lo amable y lo siniestro: “Son dibujos que me gustan y que van surgiendo durante la investigación, puesto que en el estudio te sientes como en un laboratorio”. Dibujos en distintos formatos y materiales: “Utiliza el cartón y el lienzo como novedad”, explica Cristina Chumillas, codirectora de Pepita Lumier, quien a su vez subraya que en esta exposición Coté Escrivá “se ha hecho más artista” por aquello de introducir ahora “más pintura”.

Obras de Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obras de Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

De entre todas las obras realizadas expresamente para esta muestra, hay algunas que vienen a romper el molde anterior, y en las que una figura contiene fragmentos de muchas otras en su interior. La tensión que se advierte en muchas piezas sueltas ligadas a modo de narración, ahora emerge concentrada en una sola. Como si los dibujos animados aparecieran en un solo Frankenstein hecho con fragmentos. “Sí, son dibujos dentro de otros”. Y entonces sale a colación el nombre de Gary Taxali, el ilustrador indio criado en Toronto al que alude como una de sus referencias. De nuevo la jovialidad del dibujo dejando entrever otros mundos más inquietantes.

Del blanco y negro que atraviesa el conjunto expositivo a esos rosas, verdes o rosas anaranjados (“su paleta ha cambiado”, advierte Chumillas), Coté Escrivá sigue explorando el espacio de su infancia a la edad adulta. Quién sabe si por el síndrome de Peter Pan o por que a la hora de acercarse a esos agujeros de los ojos, es mejor hacerlo tras el parapeto que le ofrece el dibujo, la ilustración y el cómic. “No sé, puede ser alguna manía personal, pero en cualquier caso es el sello, la marca que me caracteriza”, concluye.

Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier

Coté Escrivá. Imagen cortesía de Pepita Lumier

Salva Torres

La figura femenina, entre tatuajes

La frágil belleza, de Gabriel Moreno
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Del 15 de septiembre al 27 de octubre de 2017

“La mujer, su rostro y belleza, han sido a través de la historia de la humanidad elementos tratados en la mayoría de los casos desde la superficialidad y la hipocresía”, empieza diciendo Gabriel Moreno, autor de la exposición ‘La frágil belleza’ que del 15 de septiembre al 27 de octubre acoge la galería Pepita Lumier.

Y continúa explicando que la obra para esta exposición “nace de una hipersensibilidad a esa mujer, figura femenina, donde encierro su esencia cuidando la estética. Este trabajo en realidad viene del estómago, necesidad para canalizar una obsesión, es una manera de ser un Jean-Baptiste Grenouille “civilizado” (‘El Perfume’ de Patrick Süskind), sólo así puedo exorcizar mis emociones y pasiones”.

Obra de Gabriel Moreno. Imagen cortesía de Pepita Lumier

Obra de Gabriel Moreno. Imagen cortesía de Pepita Lumier

“La belleza de esa mujer que es distinta, que cautiva lentamente porque vela y desvela, que no sólo agrada, sino que encubre una parte de misterio salvaje y de agresividad contenida. Belleza, delicadeza o fuerza, así como la sensualidad son un valor en sí mismo, un lienzo en blanco en el que caben todos los universos tanto sensoriales como intelectuales”, afirma.

Según Moreno, “las imágenes e ideas necesitan contraste; en dibujo, los blancos y negros crean luces y sombras; en mi obra busco también ese contraste entre el concepto y la contradicción estética. El contraste es tanto estético como de concepto, es un caramelo que cuando llegas a su interior pica o esconde un sabor amargo”.

Obra de Gabriel Moreno. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Gabriel Moreno. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Trazos simples y sencillos de lápiz o bolígrafo, que van tomando forma hasta llegar a ser una figura femenina, reivindica el artista. “Mi inspiración junto con mis herramientas de trabajo, han creado aquí un mundo de mujeres urbanas y contemporáneas, que conviven entre la rudeza de los tatuajes y lo vulnerable de esa figura femenina. Trazos que dibujan a mujeres en blanco y negro y evolucionan con colores que van tatuando su piel, ayudando a transmitir diferentes sensaciones que van de la seducción a la obsesión. El juego de tatuajes que destacan por sus colores y significados en cuerpos blancos y delicados que sugieren vacío“, concluye.

Elegido como uno de los 100 ilustradores más influyentes en el mundo de la publicidad durante la última década por la publicación 100 Illustrators de Taschen y portada de llustration Now! 4, Gabriel Moreno inicia su carrera en 2007 tras ser seleccionado entre los 20 nuevos talentos de la ilustración por la revista londinense Computers Arts.

‘La frágil belleza’ es la segunda exposición individual que realiza el artista en la galería Pepita Lumier. Así mismo, con motivo de nuestra inclusión, una vez más y por segundo año consecutivo en una nueva edición de Abierto Valencia, la exposición volverá a ser inaugurada y partícipe de todas las actividades programadas para dicho evento, en colaboración con el resto de galerías integrantes de LaVAC (Asociación de galerías de arte contemporáneo de Valencia, Alicante y Castellón). Abierto Valencia se celebra los días 29 y 30 de septiembre de 2017.

Obra de Gabriel Moreno. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Gabriel Moreno. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

 

Calpurnio, contra la saturación informativa

Calpurnio
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 7 de julio de 2017

“Fui infógrafo en el Heraldo de Aragón hace 20 años y recuerdo que detrás de mí estaba el cuarto de los teletipos que no paraban de sacar noticias”. Calpurnio, alter ego de Eduardo Pelegrín (Zaragoza, 1959), lo recuerda como el momento en que ya percibió el exceso de información que, aún hoy, considera “igual a la ausencia de información”. Un exceso que extrapola a esos otros excesos que caracterizan la sociedad contemporánea: de producción, de consumo, de asuntos corruptos, de población. Excesos de los que ha ido dando cuenta en su obra, que ahora muestra en la galería Pepita Lumier tras diez años de ausencia expositiva.

Cuttlas, de Calpurnio, en la galería Pepita Lumier.

Cuttlas, de Calpurnio, en la galería Pepita Lumier.

Está, cómo no, el bueno de Cuttlas, ese extraño vaquero que el ilustrador dio a luz en una “página gamberra” hace ya muchos años, siendo desde entonces como su segunda piel. Porque Calpurnio y Cuttlas comparten esa fijación por la vida sencilla que se complica a base de torrenciales pensamientos. De hecho, su dibujo es tan despojado como densas sus elucubraciones. “Me gusta la matemática y la física; hice hasta tercero de Arquitectura y también me atrae la geometría descriptiva”. Líneas, espacios y números que atraviesan la exposición dividida en tres grandes apartados: el dedicado a Cuttlas, Mundo Plasma y El Golem.

“Tengo memoria de pez, no recuerdo nombres y situaciones, pero eso me da, por el contrario, una rica visión abstracta”. Visión que, partiendo de Cuttlas, desemboca en los más actuales universos del plasma y el monstruoso Golem. “Antes terminaba en la nada”, se refiere a una serie de tintas numéricas realizadas en 1995, “y ahora hay un monstruo que podemos combatir”. Mejor, pues, el monstruo que la nada. “No dejarnos llevar por la desesperación”. Lo dice después de haber superado el escepticismo teñido de angustia que supone habitar ese mundo de excesos. “Para mí el Golem ha sido como salir de la encerrona; identificar el monstruo que hay detrás de tanto exceso”.

Golem de Calpurnio, en la galería Pepita Lumier.

Golem de Calpurnio, en la galería Pepita Lumier.

La obra que sirve para ilustrar la exposición, a modo de tarjeta, ya recoge esa saturación de palabras y de cifras, tras la cual se vislumbra el monstruo. “Es el Golem tras la debacle”. Y aunque parezca que pasar del exceso (que como un tsunami de palabras lo arrasa todo) al monstruo demoledor (cuya enorme figura también sobrecoge) lleva al mismo callejón de salida, Calpurnio no lo ve así: “Fragmentar el problema es un modo de abordarlo; como si la solución estuviera en la matemática”.

El neurólogo Oliver Sacks contaba que él tenía colgada en su cuarto de baño la tabla periódica, porque le daba estabilidad. Frente al caótico mundo, el orden numérico. Y así todas las mañanas. Calpurnio, tras constatar la angustia del mundo anegado de excesos, ha encontrado en la tabla parecida de las matemáticas cierta salvación. Por eso las 32 piezas de El Golem que ocupa una de las paredes de la galería, convenientemente fragmentado, supone un alivio. Al igual que sus ilustraciones publicadas en diversos medios. “A mí me gusta la prensa, la tira diaria”. Tiras sencillas que, como dice, “dan sensación de vacío en medio de tanta información”.

Ilustraciones de Calpurnio en su exposición de la galería Pepita Lumier.

Ilustraciones de Calpurnio en su exposición de la galería Pepita Lumier.

Acuarelas, tintas chinas y collages que van dando cuenta del universo de Calpurnio, cuyos limpios y esquemáticos dibujos contrastan con la maraña de pensamientos metafísicos que pone en boca de sus personajes. “Hay un ruido ambiente, pero dentro del pesimismo encuentro ahora un mensaje optimista, reduciéndolo a formas matemáticas”. Cansado de “rendirse ante el desastre”, el historietista aragonés afincado en Valencia encuentra en “las ciencias y el humanismo” la única salida cierta. Por mucho que El Golem se empeñe en demostrar lo contrario. “No es Frankenstein ni Nosferatu, que son personajes de libro, sino que el Golem pertenece a las leyendas judías, a medio construir en su intento de ser Dios; un subproducto del hombre”.

Calpurnio lo utiliza (“me he pasado un año con él”) para ilustrar ese optimismo teñido de ironía que ya caracterizara al vaquero Cuttlas, en medio de un salvaje oeste plagado de extraños compañeros de viaje. En cualquier caso, “no soy opinólogo”, advierte, sino que utiliza el lenguaje del cómic “para explicarme”. También para explicar a cuantos quieran visitar la exposición, que Pepita Lumier tiene el privilegio de acoger dado lo poco que se prodiga, que la vida con monstruos es mejor que nada.

Calpurnio en la galería Pepita Lumier.

Calpurnio en la galería Pepita Lumier.

Salva Torres

¿A qué dedica su tiempo Juanjo Sáez?

Hola, me llamo Juanjo Sáez y a esto dedico mi tiempo, de Juanjo Sáez
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Inauguración: viernes 21 de abril, a las 20.00h
Hasta el 20 de mayo de 2017

“Llevo toda la vida luchando para no trabajar, es un empeño que resulta muy costoso y requiere bastante esfuerzo. Esta exposición recoge una parte más que significativa de todo lo que me he dedicado a hacer , con tal de no entrar en la rueda del trabajo. Al final lo que era no trabajar se ha convertido en mi principal actividad y mi vida se ha convertido en esto. Dibujar e inventarme historias es prácticamente mi única ocupación y el sentido de mi vida. En Pepita Lumier podrás ver un bonito resumen de lo que hago y de lo que soy. Ya no sé dónde termina uno y empieza el otro, no por nada se suele decir que somos lo que hacemos.”

Juanjo Sáez (Barcelona, 1972) estudió en la prestigiosa Escola Massana de Barcelona y, tras participar en fanzines ahora ya de culto (“Círculo Primigenio”), su labor como dibujante le hizo destacar, por su brillantez y originalidad, en los campos más diversos ya desde sus comienzos. En efecto, su trabajo ha despuntado en ámbitos como la publicidad para marcas internacionales (Primer Premio en el Festival Publicitario de San Sebastián y dos Oros en el Festival Publicitario Internacional de Cannes), hasta el diseño, los libros, pasando por la prensa y el mundo audiovisual.

Obra de Juanjo Sáez. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Juanjo Sáez. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Entre sus libros cabe destacar “Viviendo del Cuento” (PRH, 2004), merecedor del Premio Junceda al mejor libro para adultos, al que siguió el longseller “El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre” (PRH, 2006), traducido con gran éxito a varios idiomas. Asimismo, sus colaboraciones en prensa, tanto nacional como de ultramar, han sido el origen de libros como “Crisis de ansiedad” (PRH, 2013), de talante más político o “Hit Emocional” (Sexto Piso, 2015), una especie de autobiografía musical.

Asimismo es el creador de la serie de animación para TV ‘Arròs covat / Arroz pasado’, en la que se cuentan, con la lucidez y el humor que caracterizan a Juanjo, las aventuras y desventuras de un joven treintañero. La serie rompió moldes y cosechó tal éxito de público y de crítica (Premio Ondas en España y el Premio Expotoons en Argentina) que se renovó por tres temporadas. El guión gráfico de la serie se publicó también en forma de libro, ‘Arroz pasado’ (PRH, 2010) y actualmente Juanjo se encuentra ultimando su segunda serie de animación para televisión de creación propia, cuyo estreno está previsto para finales de 2017.

Obra de Juanjo Sáez. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Juanjo Sáez. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Su más reciente publicación ha sido la edición especial que celebra el décimo aniversario de ‘El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre’ en 2016, que han publicado simultáneamente Astiberri, en España; Sexto Piso en México y Editorial Común en Argentina.

‘Hola, me llamo Juanjo Sáez y a esto dedico mi tiempo’, es la primera exposición individual de Juanjo Sáez en Valencia, donde hace un repaso a su trayectoria. Una amplia selección de originales y obra gráfica original en exclusiva para Pepita Lumier de ‘Viviendo del Cuento’, ‘El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre’, ‘Arròs Covat’, ‘Hit Emocional’ y los trabajos de arte realizados para el grupo de música Los Planetas, donde disfrutar de sus ya característicos dibujos de caras sin facciones y un estilo infantil ficticio.

Obra de Juanjo Sáez. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Juanjo Sáez. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

María Herreros se desdobla

Saturn’s Return, de María Herreros
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 7 de abril de 2017

No cree en la astrología, pero le cautivan sus leyendas. Como la de Saturno, que tarda 29 años en completar su trayectoria alrededor del sol, simbolizando el paso del tiempo y su destrucción o renovación cada vez que completa el ciclo. María Herreros (Valencia, 1983) lo toma como excusa para reflexionar en torno a ese tiempo que caduca provocando transformaciones vitales. “Yo lo relaciono con la crisis de los 30, porque a partir de ese momento lo anterior ya no sirve y entras en una nueva madurez”.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Lo hace en la galería Pepita Lumier mediante una treintena de dibujos, ilustraciones y cerámicas que ha titulado Saturn’s Return. Dibujos e ilustraciones a modo de retratos en grafito y en color, y cerámicas en torno al astro que motiva su reflexión, que permiten a la artista valenciana, actualmente trabajando en Barcelona, mostrar el desdoblamiento de esa personalidad en proceso de regeneración. “La exposición está en espejo y desdoblada como las emociones”. Desdoblamiento, en todo caso, que huye de la simple imitación. “Me he negado a repetir la obra, porque experimento y pienso diferente en grafito a cuando pinto”, subraya Herreros.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

En cualquier caso, nada que ver con el Saturno de Goya devorando a sus hijos. El tiempo al que se refiere María Herreros se aleja de la evocación siniestra de la pintura, para centrarse en la reverberación psicológica o temblor emocional que provoca ese cambio de ciclo vital que se repite cada 29 años. Crisis de identidad reflejada en los múltiples rostros desplegados por las paredes de Pepita Lumier. Crisis que la artista, a pesar de todo, reconoce propia de Occidente, allí donde el bienestar propicia reflexiones de este tipo. “La adolescencia sólo existe en los países desarrollados, porque en África, por ejemplo, ya tienen bastante con la lucha diaria por la supervivencia”.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

De manera que la crisis de identidad de la que María Herreros se hace cargo en la exposición Saturn’s Return, alude a las “emociones personales” que tal crisis suscita toda vez que contamos con tiempo suficiente para pensar en ella. “Vivimos en un mundo en el que no se puede mostrar vulnerabilidad alguna”, dice. Confortablemente instalados, aparentemente protegidos de la cruda existencia, los sujetos que protagonizan la muestra de Herreros revelan sin embargo esa doblez de la dulzura amarga. La juventud que asoma la patita por debajo de la puerta adulta.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

“El grueso de mi trabajo se centra en volcar empatía en el retrato”. Y aquí, entendiendo e incluso manifestando su atracción por la obra de Julian Opie (actualmente en la Fundación Bancaja), se distancia de él precisamente en aquello que viene a caracterizar su trabajo. Porque si bien Opie se decanta por el sujeto transformado en logotipo de sí mismo, en el caso de Herreros la crisis de identidad se vive como tiempo de oportunidades no exentas de lógica inquietud. “Mientras él te muestra el resultado [de esa conversión], yo planteo cierta esperanza porque la persona se da cuenta de lo que le pasa, se desdobla y lo analiza”.

Saturno comparece así en la vida de María Herreros y de las mujeres retratadas, que dice haber tomado de diversas fotografías (“sus autores accedieron a prestármelas”), para “mostrarnos la vulnerabilidad que provoca ese tiempo cambiante”. Y, fijándose en el único desnudo de su exposición, comenta: “El cuerpo es explícito en su desnudez, pero sin embargo la mujer oculta su cabeza en un gesto de timidez”. Lo cual es para Herreros síntoma de la sociedad actual, en la que “no hay reparo en hacer visible la sexualidad, pero cuesta mostrar las emociones”. Y añade: “Da miedo pensar en lo que somos”. Ese es el privilegio del artista, que Herreros utiliza: “Somos el canal para expresar esas emociones ocultas”. Emociones que Saturno provoca y cuyo secreto “sólo los valientes conocen”. A ellos apela el trabajo que María Herreros muestra en Pepita Lumier.

Obras de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obras de María Herreros. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

El Aquelarre sensorial de Nuria Riaza

Aquelarre, de Nuria Riaza
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Inauguración: viernes 13 de enero, a las 20.00h
Hasta el 25 de febrero de 2017

“Aquelarre surgió del conjunto de imágenes y sensaciones que he ido experimentando a lo largo de los años en episodios de parálisis del sueño. Pequeños viajes y visitas nocturnas, que se han ido repitiendo y me han ayudado a generar un imaginario propio. Una especie de órbita complementaria con mundos dentro de otros mundos y espacios que nos remiten a lugares sagrados. Objetos y habitantes que han sido olvidados por las sombras antes, incluso, de haber tenido un nombre. No se me ocurre mejor manera para transmitiros estas imágenes que en un aquelarre. Pues, ¿qué es un aquelarre si no una reunión de brujas y brujos?”.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Nuria Riaza (Almansa, 1990) crea a partir de personajes que saca de viejas fotografías familiares y del cine; los aleja de su trama y ambiente, diseccionándolos como si fueran collages, para combinar elementos fotorrealistas con mensajes casi encriptados y místicos.

El papel es su soporte principal y varias las herramientas para abordarlo, desde la ilustración vectorial al cosido. Pero es el bolígrafo BIC con el que se expresa y se muestra más confortable, mostrando su capacidad extrema para la minuciosidad, la precisión y el detallle.

Aquelarre, de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Aquelarre, de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Ha trabajado con varios clientes como Diesel, Oysho, la Ópera Nacional de Múnich, el IVAM o el Festival 10 Sentidos. Y su obra ha sido publicada en SModa (El País), EME Magazine, Juxtapoz, Booooooom!, Hi-fructose, Exhibition-ism, Artnau y Lamono entre otros.

Se mueve entre los campos de la ilustración textil, editorial y publicitaria. Ha expuesto individualmente en Walden Contemporary (Valencia), en Belaza Gallery (Bilbao), o en Miscelánea (Barcelona) y en varias muestras colectivas. Ha sido seleccionada en ILUSTRISIMA 2015 y 2016, Salón del Dibujo y la Ilustración, que se celebra en el Museo ABC de Madrid.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Mariscal regresa al origen

Apuntes para una peli de Garriris, de Javier Mariscal
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Inauguración: viernes 16 de septiembre de 2016, a las 20.30h

Colgar un auténtico Mariscal firmado por el famoso diseñador valenciano en la pared del salón ya no es un sueño imposible. Los fans del padre de Cobi pueden hacerlo realidad a partir del próximo 16 de septiembre asistiendo a la exposición ‘Apuntes para una peli de Garriris’ que se inaugura en la galería Pepita Lumier.

La muestra reúne 170 piezas totalmente inéditas impresas sobre papel arte, sobre materiales especiales como metacrilato e impresiones en blanco y negro intervenidos individualmente por el artista. Son series limitadas y numeradas a un precio asequible. Se trata de un camino novedoso de arte digital para acercar el mundo de Mariscal a todo tipo de público. Obras realizadas sobre papel de algodón de alta calidad que, juntamente con las tintas pigmentadas, dan como resultado un acabado perfecto y de una calidad cromática extraordinaria.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

‘Los garriris la peli’ es un proyecto cinematográfico muy personal e íntimo de Javier Mariscal en el que lleva tiempo trabajando y que espera materializar en un filme de animación y un cómic. “El nombre de Garriris viene de que yo soy muy disléxico y cuando era pequeñito no podía leer ‘gr’ y leía ‘garriri, garriri’”, cuenta Mariscal.  “Todo el mundo se descojonaba y con el tiempo me gustó. Además, al principio los personajes parecían siempre como enfadados con la vida, como gruñendo, grr, grr… Los Garriris son sinvergüenzas, no tienen un duro y, sin embargo, viven”.

En la Galería Pepita Lumier se mostrará un material inédito que incluye bocetos, trabajo gráfico de creación de personajes y desarrollo gráfico del guión de la película. El filme en proyecto se ambienta a principios de los años setenta y cuenta la historia de una pareja de jóvenes veinteañeros que toman el barco hacia Formentera para ser hippies. Un viaje hacia la libertad en busca de sexo, drogas y rock and roll.

Los dibujos de Mariscal hacen un colorista recorrido por paisajes mediterráneos, con preciosos juegos de luz, crepúsculos, amaneceres y un continuo ambiente de fiesta donde el tiempo no existe y la naturaleza marca el ritmo de la vida.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Vida de cómic

Javier Mariscal (Valencia, 1950, se trasladó a Barcelona en 1971, donde estudió diseño gráfico y fundó el cómic underground Rollo Enmascarado. Allí publicó sus primeros trabajos, entre los que destacan sus personajes El Señor del Caballito y Los Garriris.

A finales de los setenta inicia su andadura profesional con diversas exposiciones, publica en numerosas revistas y algún libro, como Abcdari Il.lustrat. En 1979, diseña el cartel Bar Cel Ona, que se convirtió en uno de los iconos de la ciudad.  En 1988, su Cobi es elegido como mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona’ 92. Al año siguiente, funda el Estudio Mariscal en Palo Alto y en 1999 le es otorgado el Premio Nacional de Diseño.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

En 2010 se estrenó  el largometraje de animación ‘Chico y Rita’ que dirigió junto a Fernando Trueba, ganadora del Premio Goya y nominada a los Oscar como mejor película de animación. Este año ha lanzado ‘Mariscal Portraits’, un proyecto personal para compartir y conectar con la gente a través de sus dibujos. Con ‘Apuntes. Bocetos de una peli de Garriris’ da un paso más por un camino  por el que avanzará dentro de unos meses con el lanzamiento de impresiones sobre papel, aluminio o metacrilato.

Tras haber sido expuesta a lo largo de los años en numerosas galerías y museos y haber participado en ferias de arte internacional, su obra se puede encontrar en colecciones de los museos más prestigiosos del mundo.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Ilustración de Javier Mariscal. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Bel Carrasco

La cara oculta de la fuerza femenina

Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed, de Paula Bonet
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2016

Paula Bonet (Villa-Real, 1980) ha alcanzado la meta con la que sueña todo joven artista. Un objetivo que va más allá del triunfo y la fama. Acuñar un estilo propio que la define y la  identifica en medio de la vorágine que es hoy el arte y que, además, conecta con la sensibilidad artística imperante. Afincada en Barcelona desde hace un par de años, la artista pasó por Valencia para presentar en la Galería Pepita Lumier una exposición muy especial. ‘Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed’ es el título poético y excesivo de esta muestra que reúne 11 óleos, 24 grabados y 30 dibujos que se podrán ver hasta el 4 de junio. Se trata de un adelanto del próximo proyecto de Bonet, el libro ilustrado La Sed, que publicará Lunwerg en octubre 2016. El texto reúne un coro de  voces de varias poetas y escritoras presididas por la dramática figura de Anne Sexton que se suicidó en 1974.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Lo que más me fascinó de ella es el hecho de que tratara con tanta crudeza y sin ningún tipo de censura temas dolorosos de la experiencia de ser mujer que siempre habían sido considerados tabú”, dice Bonet. “También que utilizara la autobiografía para este fin, con total libertad, sin tapujos. Me fascinó el uso que hace de la literatura para entenderse a sí misma, cómo a través de ésta conseguía encontrar cierta serenidad y alivio en el drama en el que le tocó vivir”.

Poeta suicida

Junto a su amiga Sylvia Plath, Clarice Lispector o Virginia Woolf, Sexton pertenece a la estirpe de las autoras marcadas por un sino fatal y tendencias autodestructivas. Lo tenía aparentemente todo. Belleza, talento, éxito, dos hijas, pero algo  en su interior le impedía disfrutarlo felizmente. El 4 de octubre de 1974 se puso un abrigo de pieles que heredó de su madre y, después de beberse un par de vodkas, se encerró en su garaje y puso en marcha el motor de su Cougar rojo.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Sexton es una de las autoras que siento como refugio, que me ayudan a entenderme y a aceptarme”, añade Bonet. “Y es una de las voces que intenta contener el personaje principal del proyecto editorial en el que estoy trabajando, La Sed. Para reflejar su angustioso universo lo que he hecho es buscar los lugares comunes, aquellos en los que me siento retratada a través de su trabajo. Una vez localizados he intentado ser tan sincera en mis imágenes como lo fue ella en sus textos”.

‘El problema está/ en que dejé helarse a mis gestos./ El problema no estaba/ en la cocina o en los tulipanes/ sino sólo en mi cabeza/ mi cabeza.’ Es uno de los poemas de Sexton que aparecen en la exposición orlado de dibujos de pájaros muertos o agonizantes, almejas fuera de temporada, lenguas humanas. “Las que presento son imágenes dibujadas con puntas de acero”, escribe la artista. “Grabadas a golpe de baño de ácido. Estampadas sobre el papel a fuerza de ser reventadas contra el tórculo”.

Domina lo sombrío, tétrico y oscuro, apenas unas cuantas pinceladas de color, ella que era tan amante del rojo. Pero asegura que no refleja un estado de ánimo depresivo, ni se trata de un punto de inflexión en su obra. “Siento una armonía y una plenitud que nunca había experimentado hasta ahora”, afirma rotunda.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Tiene motivos sobrados para sentirse satisfecha. Y uno de ellos es su estancia en Barcelona. “Allí  he encontrado una serenidad y calma que no había disfrutado antes. Es un lugar perfecto para la creación. Desde que llegué me vi participando de un clima sano en el que el respeto por el trabajo ajeno, la suma de fuerzas entre creativos de distintos ámbitos y las ganas por seguir y por construir me hicieron sentir muy cómoda. Es un lugar perfecto desde el que continuar cuestionándose y continuar trabajando”.

Licenciada en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, Bonet amplió su formación en Santiago de Chile, Nueva York y  Urbino. Comenzó su carrera centrándose en el óleo y el grabado y, a partir de 2009, decidió dedicarse a la ilustración. Sus retratos de mujeres, de los que ella misma ha sido modelo algunas veces, expresan una atinada combinación de fragilidad y fortaleza femenina que conecta con el sentir de las jóvenes de hoy. Practica un tipo de ilustración aparentemente sencilla de líneas limpias y tintas de color sólo en algunos puntos de la imagen en blanco y negro. Como ella mismo ha dicho en varias entrevistas, es un concepto de dibujo “muy íntimo”.

Su primer trabajo como autora, ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’ es un libro muy personal acerca de las cosas o situaciones que se acaban en el momento que menos se espera  destrozando los planes presentes y futuros. El duelo y el dolor por esa situación ilustrado con delicadeza y realismo en la misma proporción. También ilustró ‘La petita Amèlia es fa gran’ (La pequeña Amelia se hace mayor), un relato infantil de Elisenda Roca.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Bel Carrasco