Un planisferio de la transgresión en Punto

Iconografías de la desobediencia, AA.VV., comisariada por Andrés Isaac Santana
Galería Punto
Barón de Cárcer, 37. Valencia
Hasta el 24 de enero

Según el DRAE: “Desobedecer: Dicho de una persona: No hacer lo que ordenan las leyes o quienes tienen autoridad.”. Por consiguiente, infringir, vulnerar, quebrantar, incumplir, oponerse, resistirse o rebelarse . Partiendo de esta categoría léxica de acción, movimiento y existencia, se abre un abanico ilimitado de potencialiades que vertebran a un sujeto activo en pos de materializar un ejercicio de insubordinación.

"Tying the sexes", de Lluís Masiá. Fotografía de Jose Ramón  Alarcón.

«Tying the sexes», de Lluís Masiá. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Con tal premisa/axioma, ‘Iconografías de la desobediencia’ viene a desfigurar cuanto de pureza y virulenta rectitud habita en las entrañas de los convencionalismos teleológico/artísticos o, como reflexiona el comisario de la muestra, Andrés Isaac Santa, “la obra supone un comentario crítico sobre el orden social y la ortodoxia de sus mecanismos de narración y escritura”.

De este modo, el curador y ensayista cubano, en permanente y estrecha colaboración con la Galería Punto y la inestimable aportación de las galerías Fernando Pradilla, Guillermo de Osma, CIS Art y el coleccionista Jorge Virgili, propone a los diletantes levantinos un inquietante planisferio de la indisciplina vertebrado por el repertorio de treinta obras bajo la firma de veinticinco artistas, en su mayoría coetáneos, cuyas trayectorias respiran un común dióxido de la sublevación.

"Mon cul" y "Emmanuel Arsan", de Pierre Molinier. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

«Mon cul» y «Emmanuel Arsan», de Pierre Molinier. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Bajo el amparo de dos precursores/referentes como son Pierre Molinier -pionero en el  contumaz estudio de la androginia a través de autorretratos travestidos- y Wolf Vostell -ineludible como esteta de la desolación-, se solidifica un cauce de conculcación revestido de múltiples enunciados, tantos como artistas presentes, cuyas aportaciones nos revelan discursos emparentados con la irreverencia, en forma de parafilias sexuales, introspecciones de género, reprobaciones ético/políticas y, en común denomidador, una sedición del estoicismo en forma de obediencia/sujeto/desobediencia/objeto/desobediencia.

"Top Models (pioneras)", de Herny Eric Hernández y Maryse Goudreau. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

«Top Models (pioneras)», de Herny Eric Hernández y Maryse Goudreau. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Diversas obras registran un desmaquillado celuloide de lo cotidiano, como el salón Lempicka con gatillo burgués de Annaké Asseff, las sordas cicatrices de los personajes de Marcos López o las ‘Top Models (pioneras)’ de Henry Eric Hernández y Maryse Goudreau, que transitan su pubertad uniformada por el vívido lupanar urbano de la capital cubana. Las proyecciones de la performer peruana Regina José Galindo y “La Fulminante” -heterónimo de la “anarko panfletaria” colombiana Nadia Granados- atesoran el objetivo de litigar frente al carpetovetónico corsé de los formulismos femeninos y políticos, respectivamente, agremiados como fuente de poder y dominación.

"Ricard dog", de Daniel Tejero". Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

«Ricard dog», de Daniel Tejero». Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Otras obras, en cambio, sugieren y aventuran, exhortan a la revelación de obscuras fórmulas de dolor/placer, como la instalación instrumental de momificación en ‘Ricard dog’, de Daniel Tejero, y “Tying the sexes”, de Lluís Masiá; dolor/sanación, que arroja ‘Malferits’, de Alex Francés, como un arca/refugio abierto a modo de lazareto de expiación. Así mismo, se mancilla cáusticamente el lenguaje de algunos ideogramas de la morfología sexo-mercantilista, como se aprecia en el cinturón funerario del colectivo O.R.G.I.A o en la escultura caucho-vaginal de Elio Rodríguez.

"Malferits", de Alex Francés. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

«Malferits», de Alex Francés. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

En definitiva, tal y como examina Andrés Isaac Santana, una treintena de piezas que “funcionan como ensayos deconstructivos propensos a rebajar, dislocar, desautorizar, anular o persuadir los perfiles hegemónicos de una visualidad dominante”.

"Horus y apep", del Colectivo O.R.G.I.A. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

«Horus y apep», del Colectivo O.R.G.I.A. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Completa este brillante florilegio de la luxación obra de Eugenio Merino, Elio Rodríguez, Abel Azcona, Ugo Martínez-Lázaro, Donna Conlon, Félix Fernández, Marcos Mojica, Alexis W., Juan Pablo Echeverri, Diego de los Reyes, Rorro Berjano, Daniel Barceló, Juan Francisco Casas y Juan Carlos Martínez.

Fotograma de "Lavado de imagen", de La Fulminante. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Fotograma de «Lavado de imagen», de La Fulminante. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

Lo último de Moisés Mahiques

Moisés Mahiques. La letra con sangre entra
Galería Fernando Pradilla
Calle Claudio Coello, 20. Madrid
Hasta el 26 de octubre

“Tal vez un historiador no pueda preguntar cuál ha sido la realidad esencial de la “clase obrera” como tal independientemente de determinados giros del lenguaje histórico en los que se le ha conferido un significado.”
Gareth Stedman Jones, Lenguajes de clase, 1983

“Before the words there was the voice
Before de verse there was the sound”
Shara Worden, Before the words, 2014

Escribir sobre un trabajo artístico siempre implica asumir una limitación; es imposible intentar aprehender con palabras una realidad que opera utilizando otros mecanismos. A fin de cuentas la palabra es un espacio elusivo, una fuga que puede llegar a sugerir pero que, al final, generará más vacíos. Si a esto unimos el hecho de que el objeto del que se habla es un proyecto en torno al lenguaje la dificultad se acrecienta y surge el primer territorio de conflicto ¿es posible criticar una realidad con las herramientas que ella misma ha generado?

No será está la única pregunta que surja en este espacio, un lugar donde nos hemos de confrontar a nuestra propia relación con la palabra y con las situaciones que ella sustenta y legitima. De ahí que Moisés Mahiques (Quatretonda, Valencia, 1976) nos evoque un lema “formativo” como título para su exposición: “La letra con sangre entra” y que dentro de este marco se nos muestren series de dibujos como “Términos” (2012-2014) y “Letra pequeña” (2014) junto al vídeo “2.263 días / raciones” (2014).

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Moisés Mahiques.  La letra con sangre entra. Cortesía del artista.

Si utilizamos una herramienta para establecer un comienzo podemos pensar en el Diccionario, elemento incluido en la muestra, como un facilitador en su supuesta neutralidad:

“letra. (Del lat. littĕra).

1. f. Cada uno de los signos gráficos que componen el alfabeto de un idioma.

2. f. Tradicionalmente, cada uno de los sonidos de un idioma.

3. f. Forma especial de los signos gráficos, por la que se distinguen los escritos de una persona o de una época o país determinados. (…)”
Diccionario de la lengua española | Real Academia Española, vigésima tercera edición, 2014

La definición se extiende a lo largo de toda la página, pero vamos a quedarnos con estas tres primeras. Nos encontramos así ante la grafía, el sonido y un rasgo que nos permite analizar un contexto (personal, histórico, territorial).

Podemos identificar estas tres realidades como unidades básicas que nos remiten al origen, a nociones neutras que configuran la palabra, el lenguaje y, por tanto, el pensamiento. Si tomamos los estudios de Denise Schmandt-Besserat sobre el origen de la escritura, la autora no sólo plantea un recorrido por la aparición de las primeras grafías, sino también por los intereses económicos y políticos que impulsan la aparición de las mismas. La autora también defiende la independencia de la escritura respecto al pictograma (dibujo) por lo que podemos afirmar que estas realidades surgen de forma paralela. El trazo es el portador de imágenes y conceptos, el dibujo y la palabra están más vinculados en nuestro imaginario de lo que pensamos en un primer lugar.

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Moisés Mahiques.  La letra con sangre entra. Cortesía del artista.

Pensamos a partir de la visión y el lenguaje, nuestras ideas se construyen en base a ellos, de ahí que exista ese interés por disciplinarnos, por mostrarnos cuales son las palabras nocivas y las imágenes prohibidas. Nuestra mente y nuestro cuerpo están regidos por estos tabús.

Esto es algo que hemos podido comprobar fácilmente en los últimos años. Palabras que se omitían o se cambian por otras menos perniciosas, empresas dedicadas al “naming”, asesores reescribiendo una realidad que, para una parte de la ciudanía, siempre ha sido así.

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Moisés Mahiques.  La letra con sangre entra. Instalación. Estructura de madera, pasta seca para sopa y pintura acrílica negra. Cortesía del artista.

“La letra con sangre entra” se articula en torno a estos ejercicios de disciplina, hablándonos de cómo la palabra ha sido un elemento de control y de cómo nos han “educado” y “reeducado” continuamente. Nuestro lenguaje se ha trasformado de una forma mucho más veloz de lo que nos atrevemos a reconocer y numerosos “Términos” han aparecido en nuestro vocabulario.

Las dos primeras series de dibujos nos evocan ese aprendizaje, los modos en los que aprendemos a no “salirnos de las líneas”, en los que domesticamos nuestro modo de expresión. Pero también los modos en los que las palabras pueden desmontar una idea y viceversa. Pero, como ya se comentaba anteriormente, la escritura y el dibujo son realidades colindantes.

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Moisés Mahiques.  La letra con sangre entra. Vídeo monocanal. HDV blanco y negro. 14’42». Cortesía del artista

No es la primera vez que Moisés Mahiques investiga sobre los mecanismos de control, violencia y dominación y algunas de estas preocupaciones anteriores, la arquitectura, el espacio…, se repiten en las estructuras arquitectónicas presentes en la sala que evocan las que encontramos en el vídeo. A fin de cuentas este espacio es el lienzo y el marco y de la acción. Trece actores que han crecido con la actual situación económica lanzan 2.263 raciones de pintura y sopa de letras contra un espacio en blanco, las raciones coinciden con el número de días trascurridos desde la primera mención de la palabra crisis por parte de un jefe de estado hasta la actualidad.

2.263 días en los que nuestro lenguaje ha ido transformándose para adecuarse a los modos de dominación acordes con nuestra realidad social y económica. 2.263 días en los que nos hemos visto obligados a comprender nuevos términos y descifrar una nueva letra pequeña constriñendo nuestra capacidad de imaginar otros escenarios.

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Moisés Mahiques.  La letra con sangre entra. Cortesía del artista.

Eduardo García Nieto

Suwon Lee. The darkness of light

Suwon Lee. “The darkness of light”
Galería Fernando Pradilla, Madrid

Hasta el 13 de julio de 2013

En el marco de la edición del festival internacional de fotografía y artes visuales, PhotoEspaña 2013, la Galería Fernando Pradilla presenta la primera exposición individual en nuestro país de la artista venezolana Suwon Lee. Bajo el título “The darkness of light” se agrupan nueve fotografías y una caja de luz de la reciente producción de esta joven artista, nacida en Caracas en 1977.


Desde que en 2004, Lee realizara su primera exposición individual en Caracas, esta artista ha continuado presentando su trabajo en bienales, encuentros y ferias internacionales en Venezuela, Brasil, Colombia y Estados Unidos. Asimismo ha realizado exposiciones individuales en su país natal, y formado parte de numerosas exposiciones colectivas en Panamá, Francia, Perú, España, entre otros. En el 2006, Suwon Lee participa en el CAMPUS PHE, donde realiza un taller con el fotógrafo alemán Axel Hütte, y desde entonces realiza residencias anuales viajando a diferentes destinos en España, Perú, Venezuela e Islandia.


El proyecto que Suwon Lee presenta para PhotoEspaña 2013 se centra en los astros y fenómenos lumínicos del universo boreal. La artista muestra su interés por las relaciones que se establecen entre el hombre y la naturaleza, por las respuestas emocionales que ésta suscita,  y por la constatación del individuo de la insignificancia y transitoriedad de sus problemas frente a la eternidad del universo. Lee se detiene en esta eternidad a través de la luz que emana de los astros y en el encuentro que se produce entre la oscuridad y la luz, resaltando la aparente contradicción que se crea entre la oscuridad en la luz y la luminosidad en lo oscuro.


A partir de una larga exposición fotográfica, capaz de captar imágenes y matices no perceptibles por el ojo humano, la artista consigue crear atmósferas de carácter pictórico. Su propósito de pintar con la luz, se manifiesta con especial nitidez en las diferentes obras de esta exposición; unas veces captando las múltiples variaciones de la luz, afectada por factores climáticos y geográficos, otras veces, recreando las gradaciones cromáticas del cielo, o estableciendo un  rejuego entre la presencia advertida o sugerida de la figura humana ante ese universo de oscuridad o luz.

Apreciación y apropiación de la imagen

Presentismo Pretérito
Alejandro Bombín

Galería Fernando Pradilla
C/ Claudio Coello 20, Madrid
Hasta el 1 de junio de 2013

Alejandro Bombín, "¡Oiga mire!", 2012. Acrílico sobre loneta, 146 x 114 cm. Imagen cortesía de Galería Fernando Pradilla.

Alejandro Bombín, «¡Oiga mire!», 2012. Acrílico sobre loneta, 146 x 114 cm. Imagen cortesía de Galería Fernando Pradilla.

“Presentismo Pretérito” es el título de la segunda exposición individual que el artista Alejandro Bombín (Madrid, 1985) presenta en la Galería Fernando Pradilla. Para Bombín, el concepto Presentismo “representa, en lo referente al periodismo, la idea de que la atención prestada a una noticia sumerge en nuestra mente la anterior, por lo que pierde su importancia. Esta percepción se acentúa en lo relativo a los datos visuales que recibimos de los medios, pues la huella que produce una imagen en nuestra memoria va perdiendo importancia a medida que vamos sumando miles de ellas a diario, haciéndose cada vez más inconsistente, hasta desaparecer”.

El proyecto expositivo que Alejandro Bombín nos propone, agrupa dibujos y pinturas realizados entre 2012 y 2013, y, desde una perspectiva más compleja, el artista continúa reflexionando sobre las propiedades de la apreciación y apropiación de la imagen; sobre las ilimitadas posibilidades perceptivas de ésta, que en su obra se materializan, según afirma el artista, a través de “un proceso tecnológico-pictórico” que comienza con el escaneo de la página de un libro, previamente manipulada rasgando las matrices del documento original. De esta manera, el artista pretende crear “interferencias rítmicas que otorgan una nueva dimensión temporal y espacial a la imagen obtenida”. Para Bombín, este ejercicio “dota a la nueva imagen de unas cualidades plásticas que nos invitan a pensar en un gesto pictórico, pues la acción pasa a ser inmóvil, queda capturada y documentada”. Luego, esta imagen resultante es impresa al tamaño del lienzo, para ser dividida en segmentos (tiras de papel).

Bombín explica su proceso creativo cual afirmar que pinta “cada una de las partes utilizando como modelo el fragmento correspondiente. Cuando termino una la enmascaro, de esta manera no influye en la ejecución de la siguiente, evitando así la comprensión global. Utilizo la estratificación como forma organizada de llevar al lienzo cada pizca de información a su lugar, dándole la misma importancia a cada parte y sin desechar nada, como lo hace un escáner. De ésta forma aludo al envío de la información, en un sentido tecnológico. Observamos que los datos han sido reproducidos con fidelidad, pero la división y escalonamiento, manifiestan diferencias visibles entre las secciones, producidas durante la conversión a pintura. Todo ello permite que el cuadro nos muestre un abanico de percepciones diferenciadas”.

Alejandro Bombín reconoce que “existe una realidad en el presente que nosotros registramos, creando una copia o versión que manifiesta a su vez cambios respecto al original, pues en primer lugar ya no es física, sino que es una codificación. A medida que vayamos recurriendo a esta imagen mental, se verá afectada. El propio presente en el que la estamos recordando cambiará sus códigos. Como nuestra memoria no tiene una capacidad infinita, la creación de nuevos recuerdos erosionará el estrato en el que la imagen está grabada, de manera que cada vez será más inconsistente. Al volver a ella, nuestro cerebro tratará de darnos una imagen coherente, rellenando los huecos que falten, corrompiendo en cada intento la veracidad del recuerdo original”.

La mutación de la imagen, su fugacidad y obsolescencia, ocupan gran parte de las preocupaciones estéticas y plásticas de este joven artista. Bombín propone alargar la validez temporal de la imagen “a través de la observación inquisitiva que supone la pintura y peso físico a la ingravidez de la imagen, siempre transitoria”.

Desde que en el 2011 Alejandro Bombín comenzara a formar parte de los artistas representados por la Galería Fernando Pradilla, su obra ha sido exhibida en numerosas exposiciones colectivas y ferias internacionales de arte, entre las que destacan Ch.ACO (Santiago de Chile), PINTA (Londres), ArtBO (Bogotá), JustMAD (Madrid) y ArtLima (Lima). Recientemente dos trabajos suyos fueron incluidos en el proyecto colectivo “Matar al mensajero. Jóvenes artistas y medios de masas”, comisariado por el crítico y comisario de arte Javier Díaz Guardiola.

Alejandro Bombín, obra en "Presentísimo pretérito". Imagen cortesía de Galería Fernando Pradilla.

Alejandro Bombín, obra en «Presentismo pretérito». Imagen cortesía de Galería Fernando Pradilla.