La Cificon se asienta como convención de altura

Cificon. Salón internacional de cine, ficción y coleccionismo
La Rambleta
Carrer de Pius IX, s/n. València
Sábado 8 y domingo 9 de octubre de 2016

Un año más se celebró en Valencia la Cificon, Salón internacional de cine, ficción y coleccionismo, y otra vez más volvía a ser en La Rambleta. En esta edición se amplió el espacio donde se podían disfrutar de exposiciones y videojuegos, algo que ameniza los tiempos muertos cuando la charla o el evento que esté programado no llega a interesar. Aunque eso sucede más bien poco, porque el fuerte, y no me cansaré de decirlo, de Cificon son sus charlas, debates, mesas redondas, o presentaciones.

El sábado por la mañana todavía me encontraba convaleciente de la gripe que me había machacado como a un pelele toda la semana, es por ello que me perdí, para mi propio dolor, lo que tenía a bien contar sobre el apasionante mundo del doblaje Fernando Cabrera, la voz del Kylo Ren o Sheldon Cooper entre otros. También me perdí a Angus Macinnes, actor canadiense que trabajó en ‘Star Wars’ (1977) y en ‘Juez Dredd’ (1995) entre muchas más. También estuvo el español David M. Santana, que ha aparecido en ‘Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza’ (Star Wars: Episode VII – The Force Awakens, 2015) como Stromtrooper y que luego estaba en la planta inferior firmando, haciéndose fotos y sobre todo sonriendo, durante un buen rato.

Una de las mesas redondas de Cificon. Fotografía: Malva.

Una de las mesas redondas de Cificon. Fotografía: Malva.

Por fin, por la tarde, estuve en La Rambleta con un ambiente engrandecido, divertido, lleno de niños y con una programación que quitaba el hipo, y en mi caso el constipado. Lo primero que noté al entrar son las mejoras de la organización, ahora había más espacio para poder caminar y más puestos de venta, que estaban situados estratégicamente en la planta inferior, lugar donde se realizaban las firmas de los invitados y además te podías hacer una foto con ellos. Por desgracia no estaba muy bien señalizado que en la sexta planta habían videojuegos, exposición y algunos puestos de merchan, de hecho yo me enteré al día siguiente.

En el teatro estaba en ese momento la compañía Mos Teatre, con la obra ‘El Turista de las Galaxias’. Personalmente no me fascinó, es más, creo que no era la hora (16.00) para realizar la representación de esa obra, no porque sea subida de tono ni nada parecido, sino porque creo que hubiera quedado mejor por la mañana, ya que estaba destinada a niños, aunque es cierto que los padres también la pudieron disfrutar. A mí no me enganchó, pero me gustó ese guiño final a Bowie.

Imagen del ambiente en Cificon. Fotografía: Malva.

Imagen de la subasta benéfica en Cificon. Fotografía: Malva.

Los organizadores de Cificon demostraron mucha sensibilidad y solidaridad al colaborar con PayaSOSpital, que tenía un puesto en una de las escaleras que daba acceso al teatro, donde aparte de vender sus cosas, también podías comprar un boleto para la rifa del domingo. Lo mejor de esta convención son las charlas, y es por ello que las tratan con mimo e intentan traer siempre a gente que tengan muchas cosas que decir y contar. Los chicos del podcast ‘Carne de videoclub’ nos hablaron de ‘La loca historia de las Galaxias’ (Spaceballs, Mel Brooks, 1987). Creo que dieron en el clavo con la película que habían escogido para diseccionar, ya que en este evento siempre hay un número grande de aficionados a la saga de Lucas. La charla estuvo llena de anécdotas e historias del rodaje, fue dinámica y estuvo llena de gente, lo que sigue confirmando el buen momento que vive el podcasting sobre cine por el que pasa este país.

Una vuelta por el recinto, viendo a cosplayer de todos los colores, aunque en su mayoría de Star Wars, viendo a Angus Macinnes como se fotografiaba con sus fans, previo pago de su importe, y volví al teatro, a ese lugar que se había convertido en el Sancta Sanctorum de las charlas frikis. Continuamos con Salvador Larroca, valenciano que ha trabajado en Marvel desde hace años y que ahora se encarga de Star Wars en la compañía de los Xmen, nos contó anécdotas de su trayectoría, por ejemplo su relación con Stan Lee o cómo desarrolla sus trabajos. Cuando se marchó, ojalá la charla hubiera durado más, llegó otro chico de la Terra, como es Pablo ‘Pabs’ Verdejo, especialista en diferentes películas de la talla de ‘Guerra Mundial Z’ o ‘Guardianes de la Galaxia’. Fue increíble escucharle contar cómo accedió a ese trabajo, los requisitos que piden en Inglaterra para trabajar como stunt y además nos realizó una demostración, por otra parte muy divertida, de cómo saldría despedido un personaje por un manotazo de un monstruo.

Sala de videojuegos de Cificon. Fotografía: Malva.

Sala de videojuegos de Cificon. Fotografía: Malva.

La jornada llegaba para mí, porque luego seguía, a su final con la excepcional mesa redonda sobre “El coleccionismo de la galaxia”, con parte del equipo del podcast de ‘La Fosa del Rancor’. En ella pudimos apreciar los múltiples objetos que pueden ser susceptibles de colección, los precios que se barajan y los lugares donde se pueden encontrar. Con nosotros estuvo Jose M. Arosa que nos habló de los artículos más codiciados por los coleccionistas y de su ingente colección de Star Wars. Muy interesante la charla sobre ese mundo fascinante y desconocido para la mayoría que es el coleccionismo de la saga espacial. Creo que sería interesante una entrevista en profundidad con Arosa para conocer mejor este universo de colecciones.

El domingo había mucha menos gente, era el 9 de octubre, y estaba claro que la asistencia bajaría, pero realmente no esperaba que tanto, quizás se tenían que haber valorado otras fechas, aunque ya se sabe que no hay fecha buena, porque quizás puede surgir un partido de fútbol o Dios sabe qué. A las 16.00 horas estuve en la presentación del fantástico libro ‘Carteles de Cine. Arte en Imágenes’ de Emilo Sanchís, presentación que no se realizó en el teatro sino en una sala llamada para tal ocasión Sala Fricomic. Hablamos de cartelería de cine, de su evolución y cierto declive, y de su importancia en el mundo del séptimo arte.

Una de las imágenes exhibidas en Cificon. Fotografía: Malva.

Una de las imágenes exhibidas en Cificon. Fotografía: Malva.

Luego nos acercamos a la subasta a beneficio de PayaSOSpital, la cual se realizaba en el teatro. Me gustó mucho que un evento de esta índole se solidarizara con un proyecto tan bonito y útil. La puja fue muy divertida, algo larga, pero muy satisfactoria para la ONG pues recaudaron 2.831 euros. Por allí andaba Toni Gómez, actor que ha dado vida a Zape en ‘Zipi y Zape y la Isla del Capitán’ (2016), al que ya pudimos ver en Viva El Ciñe, cuando presentaron la película en la ciudad. Este año habían desfilado, según la organización unos 6.000 visitantes, a mí no me parecieron tantos, pero sí muchos y con mucha ilusión.

En este tipo de eventos, como el los festivales anuales, te reencuentras con personas que no ves en mucho tiempo, con los que compartes una afición y siempre acabas con una sensación de estar en casa. El evento se terminaba y la verdad es que el cansancio afloraba entre todos, a muchos les quedaban horas de camino de vuelta a casa, a otros la sensación ingrávida de estar en un sueño, de vivir una realidad bonita dentro de una ciudad algo gris. Doy la enhorabuena a Cificon por seguir apostando por las estrellas y nos vemos, no les quepa duda, el año que viene.

Cificom. Fotografía: Malva.

Una de las mesas redondas de Cificom. Fotografía: Malva.

Javier Caro

“Lo fantástico va a más con la modernización del país”

Mystic Topaz, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

La escritora Pilar Pedraza vive hace años en el barrio del Carmen. En medio de un entramado de callejuelas, plazas, recodos y recovecos en los que, a ciertas horas del día, el tiempo parece haberse detenido. Los edificios históricos y nobiliarios se alternan con los ruinosos y primorosamente rehabilitados. Los  ángulos muertos, con pasadizos secretos y laberintos mágicos. Pedraza se camufla en esa atmósfera y en un rincón del salón de su casa teje y entreteje brillantes tramas con las que captura a sus lectores. Su último libro, Mystic Topaz, una colección de relatos, se inspira en un curioso establecimiento del barrio dedicado a piedras exóticas y actividades esotéricas que frecuenta, aunque no crea ni deje de creer en tales cosas.

Cubierta de 'Mystic Topaz'.

Cubierta de ‘Mystic Topaz’.

Mystic Topaz. ¿El título del libro encierra algún significado esotérico? 

Mystic Topaz es el nombre de la tienda de objetos esotéricos donde se desarrolla la mayoría de las acciones del libro. Los topacios místicos son una variedad de gema tratada tecnológicamente añadiendo una finínisima capa de titanio a una pieza de topacio o de cuarzo de buena calidad, con lo que se logra un brillo y una gama de colores extraordinaria. Los topacios son las piedras de la alegría, para quien crea en esas cosas. No seré yo, desde luego.

Lo inició como una serie de cuentos que se publicaban cada semana en la revista digital desaparecida, El Butano popular. ¿Cómo llevó esa obligada periodicidad? ¿Cuál es el hilo conductor del libro?

Al comienzo, un relato a la semana me resultó demasiado y me agobió un poco, pero pronto pareció crecer en mi interior como una planta, mis fuerzas aumentaron y fui feliz cumpliendo el plazo, sobre todo cuando el hilo conductor del libro se marcó y tomó forma por sí mismo. Esto ocurrió al consolidarse las protagonistas, Delirio Presencia y Geles, y la comunicación entre ellas en el universo mágico de la tienda. Y cuando a lo fantástico se unió el humor.

Lo insólito, lo extraordinario y prodigioso impregnan la mayoría de los relatos. Sus lectores deben preguntarse en qué misteriosa y tal vez oscura biblioteca cosecha tales conocimientos.

Los relatos de Mystic Topaz  son de género fantástico, tanto los referidos a la naturaleza y los monstruos como los que tienen que ver con la literatura gótica. Hay que leer mucho, ciertamente, para escribir algo coherente y gracioso sobre los zombis que aparecen en la trastienda, sobre los retratos de muertos o sobre determinados temas tibetanos. Hay mucha fuente libresca, pero también muchas impresiones de viajes y sobre todo el aprendizaje directo en la propia tienda, con los materiales en la mano y los personajes exóticos a la vista. He conocido personalmente a algunos de ellos, como el chamán Sergio Magaña, el cabalista Eduardo Madirolas o el cátaro Laurel, de los que he aprendido mucho, sobre todo a respetar lo que no pertenece a mi cultura.

Pilar Pedraza en la Feria del Libro de Madrid. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza en la Feria del Libro de Madrid. Imagen cortesía de la autora.

Emilio Bueso y usted son los únicos escritores españoles incluidos en el catálogo de la editorial Valdemar, ambos, por cierto instalados en la Comunidad Valenciana. ¿Por qué cree que apuestan por ustedes dos?

Porque somos los mejores. Bromas aparte, creo que Emilio y yo damos el perfil ideal de Valdemar por nuestra acentuada y fiel especialización en la literatura fantástica y de terror, y porque personificamos dos de sus más notables generaciones, yo la más antigua y clásica, y Emilio la más juvenil. También, supongo, publicamos en Valdemar por pura chamba y porque les gustamos a los editores, que son muy suyos.

Hace años se consagró como autora de culto con unos fieles seguidores. ¿Cuál es el perfil de sus lectores?

Por lo que veo en las redes y en la Feria del Libro de Madrid, suelen ser frikis de entre veinte y cuarenta años, mucha chica con aire independiente –alguna con un halcón en el puño, como te lo digo- y madurotes que empezaron a leerme al comienzo y no me han abandonado. Cuando los conozco, me encantan, porque son gente ilustrada, amable y genuinamente amiga de lo raro, como yo misma.

La literatura fantástica en España no gozó nunca de gran predicamento pero hoy parece que despega y atrae a los jóvenes. ¿Qué piensa de la evolución del género estas últimas décadas?

Sin duda va a más con la modernización del país. Cuanto más civilizado es un sitio, más se cultiva y se degusta en él la cultura Dark, por su carácter trasgresor y libertario. Hay que desconfiar totalmente de la gente palurda a la que no le interesan los vampiros porque no existen o a los que abominan de la tinta roja. En España la ignorancia está de parte de la Inquisición, como en todas partes, y la Inquisición de la inteligencia y del humor de cualquier color que sea éste. En el fondo pienso que la única literatura es la fantástica. Y Zola, claro.

El próximo otoño visitará la Feria Gótica de Madrid para cosechar el Premio de Literatura Fantástica a su trayectoria en el Museo Romántico. ¿Ya sabe qué atuendo va a lucir para la ocasión?

El de siempre. Soy de los que piensan que el hábito no hace al monje.

Portada de 'Lobas de Tesalia', de Pilar Pedraza.

Portada de ‘Lobas de Tesalia’, de Pilar Pedraza.

Si fuera bruja, ¿en qué tipo de hechizos y sortilegios le gustaría especializarse?

En lo concerniente a la resurrección de los muertos, como en Lobas de Tesalia, y también en la ayuda a los mismos a alcanzar la luz si están despistados, sobre todo a las víctimas de los accidentes. Pero lo cierto es que no soy bruja ni se espera que vaya a serlo.

El Papa Francisco quiere que las mujeres casen y bauticen. ¿Algún comentario al respecto?

A mí lo que quieran los papas me tiene sin cuidado. No pertenezco a su grey. Lo que sí me gustaría es que la Iglesia nos devolviera todo el patrimonio que nos ha robado.

¿Qué proyectos tiene entre manos?

Varios. Estoy terminando un estudio sobre la vida y obra del extraordinario creador Jean Cocteau (La Bella y la Bestia, Orfeo), para el que ya tengo una buena editorial, y maquino los inicios de una novela romana gore que completará la trilogía de La perra de Alejandría y Lobas de Tesalia. Me gusta mucho el mundo grecorromano. Actualmente colaboro con una revista digital llamada ‘La Charca literaria’ con pequeños relatos sobre las travesuras de Eros y otros niños del Olimpo. Espero que, como Mystic Topaz, se conviertan en un libro.

¿Cómo espera que salga el país tras el 26-J?

Trasquilado, pero peor de lo que ya está, imposible. Me gustaría que los partidos de izquierdas se unieran y nos sacaran del estercolero en el que nos ha hundido el bipartidismo; que la derecha heredera del franquismo desapareciera definitivamente y que nuestro país dejara de ser una monarquía bananera. Ya sé que son muchas cosas. Con una de ellas me conformaría, porque las otras irían detrás.

¿Le preocupa que GB abandone Europa?

Me tiene sin cuidado GB. Inglaterra no me merece ningún respeto. No contenta con no arreglar sus propios problemas e ir a la suya ilegítimamente en la Unión, incluido servirse de su propia, se está deteriorando económica y socialmente, y nos manda los peores turistas. Lo único que siento es que van a salir perjudicados los emigrantes, incluidos los españoles.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Uranes, la rareza de La Cabina

Uranes, de Chema García Ibarra
Sección oficial de La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Del 5 al 15 de noviembre

El comienzo es original. Alguien describe en off y con la pantalla en negro unas fotografías, que sirven para introducir al protagonista de la historia, y después nos las muestra. Primero la imaginación y luego la comprobación empírica de lo descrito. Palabras e imagen. La tensión entre las primeras y las segundas o, mejor aún, el diálogo por separado entre ambas, está en el desarrollo de Uranes, película del ilicitano Chema García Ibarra, que compite en la sección oficial del festival de mediometrajes La Cabina. Mediometraje de 60 minutos que en algunas publicaciones aparece como largometraje.

Fotograma de Uranes, de Chema García Ibarra. La Cabina.

Fotograma de Uranes, de Chema García Ibarra. La Cabina.

En ese mismo filo entre lo largo y lo medio, se mueve Uranes: los largos planos, de duración y de escala, y las explicaciones siempre cercanas de la voz en off, que nos acerca esos personajes alejados por frikis merced a la ternura con que describe tan extremas conductas. García Ibarra cuenta en clave de ciencia ficción rural la historia de los hermanos José Luis y Francisco, separados durante la infancia por la rara enfermedad del primero y los abusos sexuales sufridos por el segundo a manos de su abuelo. Ahí es nada: deformación congénita y pederastia mezclados explosivamente.

La enfermedad de José Luis, que dio lugar a la extirpación de esa sustancia patógena alojada en su cerebro, provocará a su vez la incubación de cierta amenaza extraterrestre derivada del almacenaje del material extirpado. A todo ello hay que sumarle la extraña desaparición de los padres y el hecho de que la abuela padezca alzheimer en su fase más temprana. También que el abuelo, en la cárcel por pederasta, regresa haciéndose cargo de José Luis, mientras Francisco termina sus estudios encaminados a ser alguien (que nunca será) en astrofísica.

Fotograma de Uranes, de Chema García Ibarra.

Fotograma de Uranes, de Chema García Ibarra.

Chema García Ibarra lo va contando todo en off, subrayando algunos detalles y dejando pasar otros por alto, de manera que sea la imagen, seca y desabrida, quien complete tan áspero, brutal y grotesco escenario. Lo narrado, en todo caso, siempre supera la violencia que se nos cuenta, ya que ésta en ningún momento comparece. Ni siquiera cuando Francisco y el abuelo que abusó de él siendo niño, llegan finalmente a las manos.

Uranes sorprende por la forma en que cuenta tan truculenta historia. Siendo la historia una acumulación de descripciones acerca de unos personajes cuyo padecimiento termina pareciendo banal. De manera que la forma aplasta el contenido. Y aquello que se nos cuenta, una sucesión de ingeniosas ocurrencias que ligan bien con el tono de película amateur que destila esa narración con fotografías caseras y video familiar. Una historia de amores tan puros y a todo tren que descarrila por exceso de simpleza.

Fotograma de 'Uranes', de Chema García Ibarra. Festival La Cabina.

Fotograma de ‘Uranes’, de Chema García Ibarra. Festival La Cabina.

Salva Torres

Vecinos inolvidables

Fotografías gigantes de Luis Montolío

Barrio del Carmen de Valencia

Todos los barrios tienen vecinos más o menos ilustres, más o menos frikies. Personajes que destacan del resto y animan el tono neutro y gris de la fauna urbana con una nota de color. Seres pintorescos por su estrafalaria indumentaria, peinado rasta o el perro mutante que sacan a pasear. Todos los barrios tienen su nómina de vecinos inolvidables, pero sólo el del Carmen de Valencia ofrece una especie de museo a la intemperie de algunos de sus habitantes más carismáticos gracias a las tres fotos gigantes, o ‘para masas’ como las llama su autor, el fotógrafo Luis Montolío. «Elegí a estos tres modelos porque tienen una fuerte personalidad, o tenían ya que Poliakoff falleció  hace unos años», dice Montolío. «Fer González es camarero, pero tiene mucho gusto e imaginación para la ropa y él mismo diseñó su atuendo de guerrero prehistórico. Lo del perrito fue para darle un toque de ternura».

Imagen de Olga Poliakoff, junto a la autora del texto, Bel Carrasco.

Imagen de Olga Poliakoff, junto a la autora del texto, Bel Carrasco.

Víctor, el joven sentado entre escombros junto a un cartel: ‘Se prohíbe tirar basura bajo pena de sanción’, también tiene mucho que contar. «Estuvo diez años a la sombra por robar bancos, pero ahora está totalmente integrado en el barrio», comenta Montolío. «Hace trabajos diversos, mudanzas o pintar pisos y se relaciona muy bien con la gente».

La vida de Olga Galicia Poliakoff, conocida como Olga Poliakoff, aunque para mí siempre será Olguita, pues la conocí de niña en la escuela de su madre, fue corta e intensa, marcada por un origen algo exótico y una entrega total a la danza. Su padre, Julián Galicia,  era colono y cazador de elefantes en África y su madre una bella y elegante dama con una estimulante mezcla de sangre rusa y valenciana. Parecen personajes de una novela romántica, pero su historia no tuvo final feliz, pues Julián murió precozmente, como años después lo haría su hija.  A su entierro fue uno de los primeros que asistí  y recuerdo que se celebró un deslumbrante día de verano.

Imagen de Olga Poliakoff extraída del blog oficial de su hermano David Poliakoff.

Imagen de Olga Poliakoff extraída del blog oficial de su hermano David Poliakoff.

En los años sesenta, Doña Olga abrió una de las primeras escuelas de ballet de Valencia en un piso de la calle Salamanca a la que tuve la suerte de asistir y poco después se trasladó a Conde Altea, centro de formación oficial para varias generaciones. Sus festivales de fin de curso en el Principal eran un evento señalado, esperado con ilusión por sus alumnas y padres a cuya preparación se consagraban madre e hija  con entusiasmo. En ese ambiente de amor al ballet creció Olga, que montó una segunda escuela en la calle Turia y combinaba la enseñanza con su carrera artística como bailarina.

Un accidente de tráfico truncó sus sueños y su vida tomó otro rumbo; montó un local en el barrio del Carmen al que desde muy joven se sintió vinculada y se casó con un rumano. Cinco años después de su muerte, el retrato de Montolío, que  la capta en sus últimos años con uno de sus extravagantes peinados, preside uno de los rincones del barrio en la calle Coronas y quienes la conocimos tenemos ocasión de despedirnos otra vez de ella. ‘Adiós, Olguita, que sigas bailando allí donde estés’.

Imagen de Olga Poliakoff colgada en el barrio del Carmen. Fotografía: Eva Máñez.

Imagen de Olga Poliakoff colgada en el barrio del Carmen. Fotografía: Eva Máñez.

Bel Carrasco