Baldomero Pestana: retrato a la intelectualidad del s. XX

Baldomero Pestana
Castroverde, Lugo, 1917 – Bascuas, Lugo, 2015
Con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento

Baldomero Pestana nació en Pozos, una aldea de Castroverde de la provincia de Lugo (Galicia) el 28 de diciembre de 1917. Hijo de madre soltera, con las dificultades que eso suponía, pronto emigró para Argentina junto a su abuela y sus tíos, pues su madre ya había marchado allí poco después de que él naciera. De aquella pequeña aldeita gallega guardará sus primeros recuerdos infantiles: el río, los mosquitos de colores, los prados verdes… Pestana decía que su infancia había sido como una novela de Dikens, y que todos sus tesoros cabían en una vieja lata que guardaba bajo el colchón. Allí escondía cualquier cosa que le resultara valiosa: ilustraciones de revistas, anuncios de artilugios etc.

A los once años su tío Pedro lo inició en el oficio de sastre; aquello no le gustaba, le resultaba aburrido, una puntada siempre venía después de la otra dejando poco espacio para la imaginación. Cuando tenía algo de tiempo libre acudía a la librería “Fray Mocho” para ayudar; no le pagaban, pero le hacían un pequeño descuento en los libros que compraba; “Me llamaban el sastrecillo valiente; de día cosía y de noche leía, estaba en con gente culta y estudiaba”; y es que los libros siempre serían su salvación, tanto en la infancia como en la vejez.

A los 18 años ya trabajaba para grandes sastrerías, y con su perseverancia y su buen hacer consiguió independizarse de su tío Pedro. Un día, Ricardo Cela Rayan, un poeta amigo suyo, le dijo de apuntarse juntos a un curso de fotografía que impartían en Buenos Aires los mejores profesores; Baldo aceptó encantado. Después de dos año estudiando en aquella Academia resultó ser el alumno más brillante: “supe que mi salvación estaba allí, el artista que estaba escondido en mi pudo salir”.

En 1957 decidió dejar la Argentina peronista y marchar al Perú. En Lima por fin obtuvo el título universitario que lo capacitaba como reportero gráfico. Fue entonces cuando comienza su colección de retratos. En Lima su trabajo, sus relaciones, y su misma preocupación y amor por el arte, la literatura, la música y la política, lo llevó a conocer a esta intelectualidad de la que de algún modo él formaba parte. Casi diez años después, con su traslado a París, continúo su “silenciosa” colección.

Retrato realizado por Pestaña a Gabriel García Marquez y dedicado por el escritor.

Baldo no solo tuvo la intuición de escoger a artistas y escritores que después destacarían dentro de la élite cultural, sino que los retrató con un trabajo sumamente bello y de composición perfecta. Para él, meticuloso y detallista en lo que hacía, todo aquello que apareciera en la imagen tenía suma trascendencia, y no dejaba nada al azar “Yo ganaba en las composiciones. El sitio es parte del retrato, de la composición. La figura es para mi un complemento o al revés, a veces compongo la escena a partir de la figura en el lugar” Es el retrato siempre, un diálogo entre dos, en el que el fotógrafo se expresa a sí mismo a través de la imagen del otro, y al mismo tiempo, captura su esencia y personalidad. Por el contrario, el retratado se somete a una doble intención; la de mostrarse como es y la de mostrar que quiere que vean los demás de él. Como se conjugan todos estos aspectos en la foto es lo que crea ese diálogo, esa comunicación irrepetible entre dos.

El mismo Baldo reconocía como influencia los fotógrafos americanos como Irviang Penn, en el que se aprovechaba aquello que se tenía cerca, un rincón o la luz de una ventana. También manifestaba su admiración por Henri Cartier-Bresson, quien, con sus fotografías de exteriores, mostraban un ojo siempre atento al instante perfecto, el ojo entrenado que todo fotógrafo debía poseer.

En el estudio trabajaba con luz artificial; era fotografía comercial, pero en sus fotos personales prefería la luz natural. Recuerda con cariño la luz limeña, su forma de incidir en los objetos permitía que la cámara captara con precisión los matices de color, mientras que en Paris la luz era más seca, y no tan favorable para el retrato. Baldo llevaba siempre consigo, además de sus negativos, libros y música, sus cámaras Hasselblad, Linhof y Rolleiflex. La Rolleiflex fue una cámara muy popular en los 50, utilizada por Diane Arbus, Vivian Maier o Robert Doisneau además de por muchos otros fotógrafos de estudio, moda y viajes.

Retrato de Enrique López Albújar (Lima, 1963)

Uno de los primeros artista a los que retrató fue a Enrique López Albújar. Baldo aún recordaba entre risas lo primero que dijo el escritor al ver el retrato que le había echo: “si, acá estoy yo esperando la muerte”. Muchos son los retratos que conforman la colección de Baldo, que se fue creando prácticamente sin quererlo, sin la concepción de crear ninguna colección. Entre las más destacables está la de José María Arguedas, escritor, poeta, traductor, profesor, antropólogo y etnólogo peruano, gran estudioso de la cultura indígena. Para Baldo esta era “la foto”. Tan solo un mes después Arguedes se suicidó, y en la fotografía ya se percibe esa melancolía.

Retrato de José María Arguedas (Lima, 1964)

También retrató a Ciro Alegría, escritor, político y periodista peruano, que junto con Jose María Arguedes es uno de los máximos representantes de la narrativa indigenísta. Fotografío maravillosamente a la poeta peruana Blanca Varela, tan querida en su país, y a la escultora de la misma nacionalidad Cota Caballo. A Carlos Fuentes, escritor, intelectual y diplomático mejicano, uno de los autores más destacados de su país y de las letras hispanoamericanas. Retrató a Yuya de Lima, escritora venezolana y a Carlos Castasgnino, pintor, arquitecto y dibuante argentino.

Retrato de Blanca Varela (Lima, 1966)

Entre sus fotografías está también la de Mario Vargas Llosa, escritor peruano y uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos, cuya obra ha cosechado numerosos premios, entre ellos el Cervantes de las letras españolas y el Nobel de Literatura. A Pablo Neruda, poeta chileno, considerado entre los mejores y más influyentes artistas del siglo XX o a Severo Sarduy, que fue narrador, poeta, periodista y crítico de literatura y arte.

Retrato de Mario Vargas Llosa (Lima, 1961)

Junto a ello retrató a personalidades notables en el mundo de la política tales como los diplomáticos peruanos Álvarez Brun y Plascencia. También llegó a retratar al político y fundador del partido Aprista y candidato a la presidencia del Perú Víctor Raul Haya de la Torre, retrato que se ha acabado por convertir en un icono del país, incluso está en la sede del partido Aprista en Lima y cuando hay manifestaciones lo sacan a la calle.

Otra de las facetas de Baldo es la del fotógrafo viajero, atento a la realidad social de su tiempo. Es un fotógrafo capaz de captar la esencia de un instante, con un lenguaje que oscila entre su amor por lo clásico, que se traduce en la composición medida y sopesada, y su admiración por la vanguardia, en la que introduce el juego y la experimentación.

Lima, 1957-66.

Niños, viajeros y mendigos son constantemente retratados e inmortalizados por la atenta mirada de Pestana. Parece interesarle el tiempo discurriendo a toda velocidad, seres que están de paso. Se muestra siempre atento al pulso de las ciudades, esperando retener en su cámara la imagen precisa que refleje ese ritmo interno.

En la fotografía de Baldo, ese ojo entrenado de Henri Cartier Bresson que tanto admiraba, se manifiesta en unas imágenes que buscan la poesía de lo común, de la cotidianidad, de aquello que se repite en la vida una y otra vez. Se ha dicho que es un fotógrafo de susurros, de susurros que no temen plasmar evidentes denuncias.

Lima, 1957-66.

Un tema recurrente en la fotografía de Pestana es el de los niños; en ocasiones solos y otras con sus madres, que cargan con ellos en sus espaldas o al brazo. No importaba el tipo de encargo, entre la multitud, Pestana siempre distinguía a los pequeños. Los retrata con ternura, rechazando cualquier tipo de cursilería, mostrando su belleza e inocencia, pero también la dura vida de los niños, que en muchos casos está llena de violencia y de miseria. Al mismo tiempo, busca captar la dignidad de sus rostros, mostrando también su alegría, su cotidianidad, siendo fiel a lo que Cornell Capa pedía al fotoperiodismo: tratar de que el sentimiento humano genuino predomine sobre el cinismo comercial y el formalismo desinteresado. El propio Baldo decía: “Sus ojos (los de los niños) son una fotografía de inocencia pura y la inocencia pura es poesía pura (…) No dejemos de ser niños. Yo soy un poco niño también”

Paris, 1980.

Mostró además un gran interés por retratar el desnudo femenino. Siguiendo la rigurosa estela de Edward Weston, que ya en los años veinte había buscado la belleza que esconde el cuerpo desnudo y parcelado de la mujer y, en otras ocasiones, inspirándose en el trabajo de Man Ray, que había experimentado con la solarización y el desnudo femenino. Ya en Lima realizó algún retrato que posteriormente mostró en la exposición de 1966, sin embargo, el grueso de su estudio del desnudo lo realizó en Paris. Para este tipo de fotografías, la modelo principal, aunque no la única, sería su mujer Velia. Entre sus mejores piezas destaca un desnudo que parece un evidente homenaje a Magritte, en el que el cabello de la modelo le oculta el rostro. Del mismo modo, otra de sus fotografías parece ser un homenaje a la obra de Coubert “El origen del mundo”. Baldo siempre declaró su amor incondicional por las mujeres, especialmente por la mujeres libres que no temen serlo.

En sus fotografías, su ojo sabía introducirse amorosamente por cualquier rendija, también la del alma humana, y entonces retrataba algo que va más allá de la apariencia de las cosas. Se adentraba poco a poco en el otro, en lo otro, y captaba su misma esencia. Su respeto por lo frágil, por lo sencillo, se materializa en el inmenso cariño con el que están tratados sus niños o sus mendigos. Baldo tenía la capacidad de inferir alma a lo inanimado de la imagen, convocaba en sus obras una profundidad difícil de manifestar.

*Conocí a Baldomero Pestana en 2014, cuando a mis 15 años trataba de obtener la conocida beca que otorgaba la Ruta Quetzal. Acudía a nuestra entrevista algo nerviosa, imaginando que aquel artista, ya de avanzada edad, sería un hombre serio, tal vez severo, y con poco interés en lo que una jovencita quisiera preguntarle. La realidad fue muy distinta… me encontré con un rostro amable y sonriente, que hablaba en un melodioso castellano que aunaba su gallego natal, con los tonos sudamericanos de su residencia en Perú y Argentina, y un deje del francés, asumido en su larga estancia en Paris.

Sofía Torró Álvarez

Es que me muero de risa con el mundillo del arte

Valencia. Enero de 2018

Hace unos días aparecía esta noticia a toda página en la contraportada de El País: “Una exposición repleta de falsos ‘modigliani’”

La contundencia de la noticia se vale por sí misma, ya no tanto por lo que dice cuanto por lo que significa. Decir repleta no es decir cualquier cosa, es decir, repleta. Tal y como el mismo subtitular reza con un tipo de letra intermedia:

“Un informe policial asegura que un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”

Exposición de los falsos Modigliani en Génova. Imagen extraída de la web de rtve.

Exposición de los falsos Modigliani en Génova. Imagen extraída de la web de rtve.

Lo cierto es que el Arte Moderno y Contemporáneo tienen sus cosillas. De hecho, son las cosillas que envuelven a ese Arte Moderno que comenzó a imponerse a finales del XVIII las que de forma previsible nos condujeron a su inevitable acabamiento. Y así le ha ido al Gran Relato que fue la Historia del Arte: que ha desaparecido en los bajos fondos de la Revolución Tecnológica. Aunque haya tanta gente que se muestre reacia a percatarse de esa desaparición, bien por inercia, bien por melancolía, bien por intereses económicos.

Así que el Arte fue un sueño -de la razón- que transcurrió entre Revoluciones, la Francesa y la Tecnológica. Ese periodo de tiempo en el que el Arte se imponía a dedo… ya no por Reyes, como en el Antiguo Régimen, sino por Expertos; críticos, exegetas, historiadores, marchantes, políticos y narcotraficantes. No hay persona mínimamente informada que no sepa que el Arte Moderno surge, precisamente, cuando la maestría y la excelencia (de un arte al servicio del Poder) fueron sustituidas por la sinceridad y la autenticidad de unos seres (artistas) que justificaban su presencia en el hilo narrativo de la Historia a partir de un relato hiper-racionalizado, valga la paradoja y en contra de las apariencias.

Uno de los falsos Modigliani expuesto en Génova.

Uno de los falsos Modigliani expuesto en Génova.

El caso es que ¡“Un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”!, dice la noticia […]. Perdón por la pausa, pero es que me da la risa y me cuesta escribir, se me emborrona la tinta con los lagrimones que se me escapan involuntariamente. Sobre todo cuando pienso en los más de 100.00 visitantes que salieron del Palacio Ducal cachondos por la ingesta de Alta Cultura. Si verdaderamente fueran dignos de tanta cultura exquisita exigirían la devolución del dinero de la entrada, y los padres y profesores pedirían compensación por los daños y perjuicios causados por la pérdida de autoridad ante hijos y alumnos. Me meo. Perdón, pero es que me imagino a esos profesores de instituto intentando culturizar a los amantes de Netflix señalando la genialidad de lo que habían hecho unos cuantos mindundis… y me meo. Perdón de nuevo, pero es que leo las conclusiones de la experta (Isabella Quatttrocchi) que ha analizado las obras expuestas, “están vulgarmente falsificadas” y es que no lo puedo evitar, me meo. Y perdón.

Uno de los falsos Modigiliani expuesto en Génova.

Uno de los falsos Modigiliani expuesto en Génova.

Alberto Adsuara

Valencia, ciudad chocante

Valencia insólita, de Roberto Tortosa
Editorial Sargantana

La fachada más estrecha de Europa, la estación de tren más antigua de España, el primer hospital psiquiátrico que funcionó en el mundo, la segunda cúpula más grande de España. Muy pocos saben que estos lugares se encuentran en Valencia, enclaves pintorescos y curiosos, eclipsados por la riqueza de nuestro patrimonio histórico artístico. Las primeras piscinas de agua dulce y salada construidas en Europa, la vivienda con el primer caso de fenómenos paranormales documentado en España o un cementerio de la Corona Británica son otros aspectos chocantes dignos de mención.

En el libro ilustrado Valencia insólita (Editorial Sargantana) Roberto Tortosa propone un paseo por esta otra cara de la ciudad que va más allá de lo meramente raro y pintoresco para dar una visión diferente de la urbe.

Cares d'aigua, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Cares d’aigua, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Diseñador industrial de profesión, aunque a causa de la crisis tiene otro trabajo alimenticio, Tortosa pertenece a esa estirpe de cronistas espontáneos apasionados por la historia y el pasado del espacio donde viven. Fotógrafo y escritor, preside una asociación sobre cine y bandas sonoras y creo hace años una web, La Valencia insólita que fue el germen de este libro. Él mismo realizó 3.700 fotografías de las que seleccionó las 400 que ilustran el texto.

“De niño ya me gustaba perderme por el casco antiguo y descubrir rincones singulares”, recuerda. “La curiosidad inicial se fue transformando en afán de conocimiento y me dediqué a estudiar  y a documentar todos esos lugares que  llamaron mi la atención”.

Partiendo de una serie de enclaves que quería reflejar en el libro, ha desarrollado una labor de consulta de diversas fuentes bibliográficas en su colección particular,  fondos de la Biblioteca Valenciana o hemerotecas. En algunos casos concretos recibió asesoramiento de especialistas y en otros he tenido como guías personas que conocen en profundidad los sitios a visitar.

Casa del verdugo, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Casa del verdugo, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Joyas ocultas

“Existe una Valencia típica y tópica que aparece en las guías turísticas y otra dentro de ella que esconde lugares interesantes pero poco conocidos”, escribe Tortosa en la introducción. “Joyas arquitectónicas como el convento de Santo Domingo o el monasterio de la Trinidad no gozan del reconocimiento que merecen, espacios culturales como La Gallera o la capilla neobizantina de la Beneficencia”

Además de la fachada de la Plaza Lope de Vega, considerada la más estrecha de Europa, su libro incluye imágenes realmente inéditas, “como  la marquesina de la antigua estación de Aragón o el interior del depósito de aguas de Quart, que posiblemente es la primera vez que se muestran al público. Otros como algunos refugios antiaéreos, cementerios o elementos de señalización también resultan prácticamente inéditos”, señala.

Arco de tendetes, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Arco de tendetes, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

El paseo que propone Tortosa se inicia en clave religiosa por las cruces de término, la Valencia Vicentina y las ermitas. Tras un repaso de las necrópolis, entre las que destaca el Cementerio protestante perteneciente a la Corona Británica, el recorrido prosigue por la ciudad industrial, ferroviaria y marítima, con un colofón dedicado a la ciudad como plató cinematográfico.

“Creo que el libro puede interesar desde el  estudioso del tema hasta al simple curioso”, comenta Tortosa. “Al intentar abarcar en el libro buena parte de los barrios y pedanías de la ciudad, a cualquier lector le será fácil  identificarse con aquellos lugares en donde vive o transita habitualmente”, concluye.

Refugio del colegio Jesús María. Imagen de Rubén Tortosa.

Refugio del colegio Jesús María, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

La Familia ‘títere’ de Paloma Olmos

Russafa Escènica
Festival de las artes escénicas
La Familia: cartel ganador obra de Paloma Olmos
Del 17 al 27 de septiembre de 2015

La quinta edición de Russafa Escènica, el festival de otoño de las artes escénicas en Valencia, va tomando forma. Si hace apenas unos meses se desvelaba el que iba a ser el lema de este año, ‘La familia’, ahora se hace pública la imagen que inspirará el cartel del festival, que se celebrará del 17 al 27 de septiembre en el barrio valenciano de Ruzafa.

Por segundo año consecutivo, la imagen ganadora ha sido seleccionada a través de un concurso puesto en marcha por la organización del festival con el fin de premiar la participación del público y el espíritu colaborativo. Las 34 propuestas presentadas (entre las que había fotografías, montajes y dibujos) han sido un reflejo de la interpretación que cada participante ha hecho del lema de esta edición.

Cartel ganador de la quinta edición de Russafa Escènica, obra de Paloma Olmos. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Cartel ganador de la quinta edición de Russafa Escènica, obra de Paloma Olmos. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Más de 1.300 personas han ejercido su voto a través de la página web de Russafa Escènica desde que se abrieron las votaciones el pasado 30 de marzo. La imagen seleccionada, obra de Paloma Olmos, recibió en una primera fase del concurso 135 votos de los usuarios que visitaban el portal web.

Sin embargo, para alzarse con el premio, la propuesta de Olmos ha tenido que convencer a un jurado compuesto por José Luis Abad, fotógrafo, Jorge Montalvo, ganador de la imagen del cartel del 2014, Aristides Rosell, director artístico de Russafart, y Bárbara Trillo, responsable de redes sociales de Russafa y Julian Romero, responsable de diseño de Russafa Escènica. Este último será el encargado de diseñar el cartel definitivo inspirado en la propuesta ganadora.

Según su autora, que se declara aficionada al cine y al teatro, la imagen “bien podría representar una familia disfrutando de un espectáculo del festival” y, entre todos sus elementos, destaca el títere, una pieza especial que “siempre he querido mostrar” a todo el mundo.

La ganadora, que conocía de cerca el festival, afirma que “es una buena iniciativa, para que gente de otras partes de Valencia y alrededores puedan conocer espacios muy interesantes, curiosos y bonitos del barrio” y hace un llamamiento a las instituciones a invertir más en una ciudad donde “el nivel de quienes se dedican a las artes escénicas es muy alto”.

Olmos recibirá  como premio 250€ además de que su imagen sea portada de los 25.000 programas de mano que se impriman y distribuyan en esta quinta edición de Russafa Escènica.

Cartel ganador de la quinta edición de Russafa Escènica, obra de Paloma Olmos, dedicada a La Familia. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Cartel ganador de la quinta edición de Russafa Escènica, obra de Paloma Olmos, dedicada a La Familia. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Martín de Lucas y sus paisajes salvajes

Paisajes desde el lado salvaje, de Rubén Martín de Lucas
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia

El joven artista madrileño Rubén Martín de Lucas, formado como ingeniero y miembro del colectivo de arte urbano Boa Mistura, muestra desde el pasado 8 de mayo una selección de sus trabajos en la galería valenciana Alba Cabrera bajo el título ‘Landscape from the wild side’ (Paisajes desde el lado salvaje).

Obra de Rubén Martín de Lucas, en 'Paisajes desde el lado salvaje'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Rubén Martín de Lucas, en ‘Paisajes desde el lado salvaje’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Encontraremos pinturas en las que este pintor, grafitero, diseñador y fotógrafo, cuya obra forma parte de las colecciones de la Fundación AXA Winterthur, los Ayuntamientos de Madrid o Las Palmas o las Obras Sociales de Caja Madrid, La Caixa, Caja Castilla La Mancha o Caja Sevilla, trata de conjugar lenguaje y narración, técnica y concepto.

La síntesis siempre ha sido una de sus grandes obsesiones: trata de reducir las formas a lo esencial, de decir mucho con los medios justos, subrayando la fuerza expresiva de un grafismo, de fragmentos de collage muy integrados o de los grandes planos, concebidos por Martín de Lucas como zonas que permiten respirar a sus trabajos y dar lugar a su vez a zonas de tensión donde se concentra la información de la pieza que debe llegar al espectador.

Obra de Rubén Martín de Lucas en la exposición 'Paisajes desde el lado salvaje'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Rubén Martín de Lucas en la exposición ‘Paisajes desde el lado salvaje’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

El madrileño a menudo interviene sus propias fotografías, trabajando el óleo y el citado collage sobre impresiones digitales y dejándonos ver cómo la imagen primera permanece, visible aún, en algunas zonas del lienzo, como rescoldo o huella del instante. Su pintura elimina información superflua, simplifica planos o potencia, en otras ocasiones, elementos arquitectónicos y mantiene un guiño constante hacia el diseño más actual.

Obra de Rubén Martín de Lucas en 'Paisajes desde el lado salvaje'. Imagen cortesía de galería Alba Cabrera.

Obra de Rubén Martín de Lucas en ‘Paisajes desde el lado salvaje’. Imagen cortesía de galería Alba Cabrera.

Leer a través de las imágenes de Lim Soo Sik

LIM SOOSIK: chaekgado
Galería pazYcomedias
Pl. Colegio del Patriarca, 5. Valencia
Inauguración: 8 de mayo a las 20 h.
Hasta el 20 de junio de 2014

Chaekgado es la muestra expositiva que acoge la Galería pazYcomedias, en la que el libro, la cultura y la tradición juegan un papel muy importante, el comisario del Museo de fotografía de Seúl, Son Young-Joo, nos explica:

“En todas las épocas y países los libros han sido objetos de anhelo y deseo; Son muchas las personas que se saltan una comida para ir a comprar libros, para satisfacer, en las librerías, el placer de una nutrición intelectual eligiendo libros que serán coleccionados.

Chaekgado representa el deseo que siente Lim Soo Sik por los libros. El artista fotógrafo, Lim Soo Sik, lee la cultura moderna a través de los libros. “La fotografía que representa el libro, Nonpossession del sacerdote budista Beob Jeong todavía está en mi mente”, dice Lim Soo Sik. “Encontrarme con una librería llena de libros hace que se me ponga un nudo en la garganta. Los libros de colores bien ordenados de esta manera me crean un fuerte deseo de poseerlos”

Chaekgado es un retrato del propietario de la colección. El trabajo de Lim Soo Sik reconstruye con la fotografía el Chaekgado, denominación de las pinturas populares del periodo Choseon (1392-1910). Su trabajo para el Chaekgado empieza fotografiando librerías de diversas personas. Las librerías parecen iguales. Sin embargo, los libros en las estanterías son tremendamente diferentes dependiendo de los gustos y trabajos de sus propietarios. Además, en una librería, los libros y los objetos de decoración elegidos por su propietario implican distintas historias, proporcionando excelentes elementos visuales.

Para el artista, la parte más atractiva del Chaekgado es su peculiar perspectiva. De hecho, la imagen de la pintura tradicional de una librería es difícil de representar en una sola fotografía. Por eso, el artista deconstruye y reconstruye la imagen. Si quisiera tratar solo la perspectiva, podría resolver el problema de la perspectiva sacando fotos parciales y usando la tecnología digital. Sin embargo, elige coser piezas de fotos y representa el Chaekgado como un patchwork. De la misma forma que se van cosiendo las piezas de un patchwork se va rellenando una librería de libros. El trabajo de Lim Soo Sik es valorado como único en el mundo lo que incluye el tiempo absoluto.

Si la cultura se definiera como la complejidad de la actividad mental interior tales como el conocimiento, el arte, la religión, la ética, las leyes y tradiciones, el Chaekgado de Lim Soo Sik es cultural. Al igual que un libro está hecho a través de la deconstrucción y construcción, la cultura también se hace por medio de la costura de piezas de arte y vida conjuntamente a lo largo del tiempo, y a veces adquiere la forma de un libro específico. Por lo tanto, nosotros leemos cultura contemporánea a través de las fotografías de Lim Soo Sik.

El Chaekgado del periodo Choseon son pinturas populares que estuvieron de moda en el siglo dieciocho. Refleja el estilo de vida del periodo Choseon que perseguía el estudio de la vida ideal. Muestra objetos relacionados con el ocio de los señores incluida el material escrito en libros cuadrados como perspectiva opuesta. Si observamos con atención los dramas televisivos actuales, las habitaciones de los reyes y alta aristocracia están llenos de Chaekgado.”

Lim Soo Sik, "Chaekgado" (fotografía). Imagen cortesía de la Galería pazYcomedias.

Lim Soo Sik, «Chaekgado» (fotografía). Imagen cortesía de la Galería pazYcomedias.

Navarro Herrera en Granada

Francisco Navarro Herrera: La Duración.
Sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia.
Placeta de los Girones, 1. Granada.
Hasta el 30 de marzo de 2014.

El fotógrafo Francisco Navarro Herrera presentó en 2010, la exposición La Duración en el proyecto “Fotointerpretación”, una iniciativa de Biblioteques de Barcelona y el Centre de Fotografía Documental de Barcelona. Y hoy, unos años después, se presenta por primera vez en la ciudad natal del autor, Granada.

Navarro Herrera, La Duración (2010). Imagen cortesía del artista.

Navarro Herrera, La Duración (2010). Imagen cortesía del artista.

La idea del proyecto “Fotointerpreta” es la recreación fotográfica de una atmósfera literaria ambientada en la ciudad, como señaló Laura Terré. Una interpretación en la que el fotógrafo, indica el rastro del imaginario de un autor literario en el espacio urbano y cotidiano. “Reactivando” la ficción en las “huellas urbanas identificables” de la ciudad, de la misma manera que se reactivan los espacios físicos y mentales, donde se desenvuelven los hechos y los personajes ficticios, proyectando la ficción sobre la realidad.

Navarro Herrera, La Duración (2010). Imagen cortesía del artista.

Navarro Herrera, La Duración (2010). Imagen cortesía del artista.

En esta ocasión, el fotógrafo Navarro Herrera “fotointerpreta” La Duración, un relato del libro Devoradores de Antonio Pomet (2008). Un proyecto artístico de fotografía y al mismo tiempo, un medio de reflexión sobre lo que interpreta: la incapacidad del hombre contemporáneo de percibir lo que le rodea y, haber dejado de percibirse a sí mismo como parte de la naturaleza.

Navarro Herrera, La Duración (2010). Imagen cortesía del artista.

Navarro Herrera, La Duración (2010). Imagen cortesía del artista.

Una exposición cifrada en torno a la idea posmoderna de la muerte como deseo. No pretende abordar la muerte como parte de la condición y la vida humanas, sino como último fin reconocible de los límites del conocimiento.

Para Navarro Herrera, el hombre contemporáneo “ha dado un paso de gigante hacia atrás”: como un animal cualquiera, que vive el presente y rechaza el pasado, o lo que es lo mismo, su cultura. Como dice el propio artista “no podemos vivir siempre, pero sí decidir cuándo dejar de estar vivos”.

Navarro Herrera, La Duración. Imagen cortesía del artista.

Navarro Herrera, La Duración. Imagen cortesía del artista.

Humberto Rivas. Works: 1978-2007

Humberto Rivas: WORKS: 1978 – 2007
Espaivisor
C/ Carrasquer, 2, Valencia
Hasta el 1 de noviembre de 2013

Humberto Rivas nació en Buenos Aires en 1937. Desde 1976 y hasta su muerte en 2009 vivió y trabajó como fotógrafo y pedagogo en Barcelona.

“Cuando la mujer vio que el árbol era el bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.” (Génesis 3, 6-7)
Tal vez esta historia sea la más bella y poética que jamás se haya escrito sobre el origen del conocimiento. Sin entrar en cuestiones de credo religioso, siempre me pareció conmovedor que Adán y Eva se avergonzaran más por su desnudez que por haber desacatado la prohibición divina. Como el adolescente, el día que descubre con turbación que su cuerpo ya no es el mismo que engendró su madre y los esconde celosamente de su mirada, así Adán y Eva inauguraron, en esta historia, la era de la conciencia.
Escribía Paul Valéry que “los hombres se distinguen por lo que muestran y se parecen por lo que ocultan”. La mayor parte de nuestra existencia la consagramos a forjar un tipo de máscara propia y exclusiva, con el propósito de ocultar esa desnudez primigenia que nos hermana y que nos recuerda que no somos seres eternos.
Con este nuevo artilugio, la fotografía, clasificamos, archivamos y registramos todo el mundo, desafiando las nociones de distancia y espacio. Y así, sin darnos cuenta, trasladamos al papel fotográfico nuestros recuerdos y nuestra memoria. Y no es necesario experimentar para ver, ni observar para saber. Esta vez nos postramos nuevamente ante esa atávica contemplación estética del mundo, y creemos a pies juntillas que aquello que muestra la fotografía es la realidad. Sin embargo, hay otro tipo de imágenes que turban y desconciertan por su gran carga de ambigüedad. Son fotografías que atrapan la mirada, que la secuestran sin compasión, que no apelan a la memoria, ni al registro; que no dan respuestas, sino que interrogan. Y las imágenes de Humberto Rivas pertenecen a esta última categoría (…)».

Texto extraído del libro HUMBERTO RIVAS. LA DESNUDEZ ORIGINAL, por Marta Gili.

Humberto Rivas. Violeta La Burra, 1978. Imagen cortesía de Espaivisor

Humberto Rivas. Violeta La Burra, 1978. Imagen cortesía de Espaivisor