La Albufera según Jesús Castro

Albufera: Espejo del Sol, de Jesús Castro
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Del 23 de febrero al 13 de abril de 2018

Cuando las primeras sociedades anónimas (holandesas e inglesas) establecieron contacto con el mercado chino, la balanza de pagos fue deficitaria para los intereses europeos, ávidos de porcelanas, sedas etc. Los chinos lo único que aceptaron a cambio fue la moneda de ocho reales de plata española y los relojes. Para la moneda y la plata tenían el equivalente en su idioma; para los relojes no y los bautizaron como “las campanas que suenan solas”.

En la España de primeros del siglo XX los distintos parlamentos estaban más interesados en sus reiteradas broncas que en gobernar para los ciudadanos; por aquel entonces había una figura de talante moral irrepetible: D. Joaquín Costa. Todos los partidos querían afiliarle para de este modo tener un argumento de peso en la cámara, a los que el insigne maño les contestó: “Estoy harto de tanta monserga sonora”.

Fotografía de Jesús Castro, cortesía de La Llotgeta.

Fotografía de Jesús Castro, cortesía de La Llotgeta.

¿Y qué tiene esto que ver con la fotografía? Pues sencillamente que una buena fotografía habla por sí misma: “es una campana que suena sola” y por lo tanto no necesita de ninguna monserga sonora que le acompañe.

Lo único que puede valer es la definición que realice el propio autor sobre su obra, que normalmente coincide con la teoría de los equivalentes de Albert Stieglitz: “Lo que 40 años dedicados a la fotografía me han enseñado” o “en cada foto que tomo quiero transmitir al espectador la misma emoción que me ha producido al realizarla”.

En la presente exposición ‘Albufera, espejo del sol’ Jesús Castro nos muestra su magisterio, su saber hacer, donde sus fotos hablan por sí solas. Dispuestas en un poema sinfónico de inigualable valor étnico y paisajístico. Para ello recurre a la armonía en la composición, la orquestación perfecta entre las luces y las sombras y el perfecto desarrollo de los motivos, alcanzando un clímax digno de admiración.

Fotografía de Jesús Castro, cortesía de La Llotgeta.

Fotografía de Jesús Castro, cortesía de La Llotgeta.

Guillermo Alarcón

Aquellas cabezas rapadas

Jo sóc. Memòria de les rapades, de Art al Quadrat
Sala Alta del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 1 de abril de 2018

“Yo recuerdo un día, estando en la cola del horno ‘Los amantes’ [Puerto de Sagunto], entró la Guardia Civil y cogió a varias mujeres para llevárselas; todo el mundo permaneció callado, sin protestar, y a continuación se las llevaron y las raparon”. El testimonio de Lola Alonso, recogido en el libro ‘Voces contra el olvido’ e incluido en la exposición ‘Jo sóc. Memòria de les rapades’, es uno de tantos que ha servido a Art al Quadrat para recrear en su exposición del MuVIM la serie de vilezas perpetradas contra numerosas mujeres durante el franquismo.

“El recuerdo de las mujeres a las que se rapaba la cabeza por “rojas” no lo ha podido olvidar”, se añade en el libro. Un recuerdo en el que sin duda sobresale el acto vil de sus ejecutores, pero del que conviene igualmente prestar atención a ese silencio de “todo el mundo” que asistía pasivo, “sin protestar”, ante semejante canallada. Quizás por eso, Rafael Company, director del Museo de la Ilustración y de la Modernidad, amplió el radio de acción de ese maltrato, a modo de advertencia: “No hay sociedad vacunada contra el desastre”.

Gema y Mónica del Rey, Art al Quadrat. Imagen cortesia del MuVIM

Gema y Mónica del Rey, Art al Quadrat. Imagen cortesia del MuVIM

Gema y Mónica del Rey, integrantes de Art al Quadrat, han querido por eso mismo trascender los límites espacio temporales de tan sistemática vileza, con el fin de hacer “memoria del presente”. Una memoria que ellas mismas caracterizaron así: “No es una recreación, sino la reescritura de esa memoria”. El proyecto que presentan en el MuVIM, que reúne fotografías, testimonios escritos y sonoros, e incluso la trenza cortada a una de aquellas rapadas, Marina Torres Esquer, viene precedido de una profunda investigación que culminó en noviembre con una acción performance en Sagunto.

En aquella acción, las hermanas Gema y Mónica del Rey se raparon mutuamente el cabello e hicieron el mismo paseíllo al que obligaban a esas mujeres “rojas”, con el fin de recrear la humillación sufrida. “Eran castigos aleatorios que ocurrían sin sanción jurídica alguna; eran cotidianos”, explicaron las artistas, que rememoran tan singular calvario mediante fotografías tomadas durante su acción en Sagunto. “Las víctimas quedaban marcadas indefinidamente, aunque no tuvieran secuelas físicas, pero sí quedaron grabadas en el imaginario colectivo de toda la población, probablemente para siempre”, recuerda Enrique González Duro en ‘Las rapadas. El franquismo contra la mujer’, también recogido en la exposición.

Art al Quadrat en una imagen de su acción en Sagunto. Imagen cortesía del MuVIM.

Art al Quadrat en una imagen de su acción en Sagunto. Imagen cortesía del MuVIM.

Un imaginario colectivo que Art al Quadrat está poco a poco reconstruyendo gracias a los testimonios de algunas de aquellas mujeres. “Existen en el álbum familiar, pero al ser tan íntimo se guardan. No ha llegado el momento de sacar todo eso con orgullo”, subrayan. Gema y Mónica del Rey están ello: “Vamos a ir ampliando la investigación”. Su intención es evocar lo que subyace en el título de la exposición ‘Jo sóc. Memória de les rapades’, que permanecerá en el MuVIM hasta el 1 de abril: “Aquello que sucedió de forma cotidiana, darle visibilidad hoy”. Actualizarla y que el espectador llegue a encarnar, sentir como propias, aquellas vejaciones.

Susana Blas, comisaria de la muestra, señaló que el rapado no era más que “la punta del iceberg”, bajo el cual se esconden acciones más viles aún, como pueden ser el rapado del pubis e incluso las violaciones. Art al Quadrat pretende sacar a la luz ese oscuro pasado: “Cuanto más se habla del problema menos miedo se tiene”. Company, consciente de los límites de toda exposición, pero también de sus virtudes, agregó: “No se puede reparar el mal, pero es una exposición sanadora”. Amador Griñó, jefe de exposiciones del MuVIM, abundó en ese aspecto sanador del arte, en el sentido de servir de vehículo para “restituir el honor perdido”.

Montaje fotográfico de la exposición de Art al Quadrat en el MuVIM.

Montaje fotográfico de la exposición de Art al Quadrat en el MuVIM.

‘Jo sóc. Memòria de les rapades’ tiene esa doble vertiente de investigación acerca de sucesos ocurridos en el pasado, al tiempo que arroja luz al presente. De hecho, hay una sección compuesta por nueve fotografías, en la que se recrea mediante instantáneas tomadas en la actualidad, los diversas causas por las que eran sometidas al rapado: asistir a ciertos mítines, repartir determinadas hojas, tomar el sol con vestidos de escote o simplemente atreverse a pensar o leer de forma diferente a la estipulada.

“Cuando alguna se había significado por su firmeza de juicio, por su combatividad político-social o por lo llamativo de sus actitudes, era vista como algo fuera de lo común por la gente bien pensante, debiendo ser públicamente corregida para que se arrepintiera”, recoge González Duro. Company apeló a los “esfuerzos útiles” de exposiciones como la de Art al Quadrat, “porque ayudan a pensar en lo que ocurrió”. Incluso fue más lejos: “Intentamos modificar pautas en un sentido humanístico”.

Art al Quadrat en el MuVIM.

Imagen de la exposición de Art al Quadrat. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

‘Génesis’ de Salgado en la Ciutat de les Arts

Sebastião Salgado. Génesis
Arte en la calle
Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia
Avda. del Professor López Piñero, 7. Valencia
Del 26 de julio al 30 de agosto de 2017

Génesis es un mosaico increíble donde la naturaleza se expresa en toda su grandeza. Después de casi tres décadas de reflexión sobre los dramas y tragedias de la humanidad, el reconocido fotógrafo brasileño Sebastião Salgado inició en 2004 este proyecto centrado en la naturaleza de nuestro planeta.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición 'Génesis'. Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición ‘Génesis’. Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

“Una oda visual a la majestuosidad y fragilidad de la Tierra; una advertencia de todo lo que corremos el riesgo de perder”, en palabras del propio fotógrafo. Hasta 2012, Salgado realizó un total de 32 viajes para llevar a cabo este recorrido por el mundo virgen, con paradas en la Antártida, Madagascar, Botsuana, el Parque Nacional de Kafue en Zambia, la meseta del Colorado en Estados Unidos, Alaska, el archipiélago de las Galápagos en Ecuador, Siberia y la selva del Amazonas, entre otras.

Obras de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

Obras de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

La exposición está formada por 38 fotografías en blanco y negro y muestra paisajes, animales y personas que han sido capaces de escapar de la influencia del mundo moderno en regiones polares, bosques y sabanas tropicales, desiertos abrasadores, montañas dominadas por glaciares e islas solitarias.

La exposición ‘Sebastião Salgado. Génesis’ forma parte del programa Arte en la calle, a través del cual la Obra Social ”la Caixa” quiere aproximar el arte a las personas fuera del marco habitual de museos y salas de exposiciones.

Vista general de la exposición 'Génesis' de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

Vista general de la exposición ‘Génesis’ de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

‘Génesis’, la reconexión con el mundo

‘Génesis’, de Sebastiao Salgado
Plaza Porticada. Santander
Del 15 de junio al 15 de julio de 2017

La Plaza Porticada de Santander acoge, desde el pasado 15 de junio, la exposición ‘Génesis’ del artista brasileño Sebastiao Salgado, la cual forma parte del programa ‘Arte en la calle’, de Obra Social “la Caixa”, con el objetivo de convertir la capital cántabra en un museo al aire libre y acercar la obra de importantes artistas al público en general. La muestra abarca las copias de 38 obras del artista divididas en cinco categorías: La Amazona y el pantanal, las tierras del norte, Santuario, África y Los confines del sur.

Imagen de Sebastiao Salgado de la exposición 'Génesis'. Foto: Danae N

Imagen de Sebastiao Salgado de la exposición ‘Génesis’. Foto: Danae N

 
El proyecto de Salgado, resultado de ocho años de trabajo, no solo nos acerca a los entornos naturales vírgenes, sino que llama a pasar a la acción. Y lo hace alguien como Salgado que, junto con Leia Wanick, ha plantado más de dos millones de árboles para repoblar el sureste de Brasil.

‘Génesis” pretende desandar lo andado, rebobinar siglos de historia para encontrarnos de nuevo en el origen de lo que hoy conocemos y, durante ese camino, tomar conciencia de lo que nos rodea.

Imagen de Sebastiao Salgado en la exposición 'Génesis'

Imagen de Sebastiao Salgado en la exposición ‘Génesis’. Foto: Danae N

Todo esto a través de fotografías en blanco y negro que impactan al primer vistazo y que reflejan una realidad que apenas se ha visto alterada con el paso de los años. ‘Génesis’ busca reconectar con el lado más salvaje y lejano de nuestro mundo.

La obra de Salgado es un toque de atención, un último aviso para que cuidemos el lugar en el que habitamos, una advertencia en forma de instantáneas de inmensa belleza que busca promover el respeto y la conciencia por lo que nos rodea.

Video sobre la exposición ‘Génesis’ realizado por Néstor Navarro:

Sebastiao Salgado 2 from Makma on Vimeo.

Danae N

¿Las apariencias engañan?

I Am a Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 5 de agosto de 2016

“Dentro de la ornamentación encuentro una violencia que me interesa”, dice Natacha Lesueur, Premio Ricard en 2000 y cuya obra figura en las colecciones públicas y privadas más prestigiosas de Europa. En su primera exposición en nuestro país, la artista nacida en Cannes muestra en Espai Tactel esa violencia revelada por medio de la ornamentación. Lo hace a través de una serie de rostros y figuras femeninas reveladores de lo que anuncia el título de la exposición: I Am a Cliché. “Cliché en el doble sentido fotográfico y de estereotipo”, aclara Lesueur.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografías y estereotipos en torno a la mujer, unas veces retratada con pelucas de época o impresiones sobre la piel a modo de tatuajes modernos, y en otras evocando iconos de la cultura como Carmen Miranda. “Es representativa de muchas cuestiones ligadas al problema de la identidad”. Y Lesueur señala la condición de portuguesa que se fue a Brasil para después triunfar en Hollywood, donde se explotó su folclorismo (famosos fueron sus peinados rebosantes de frutas): “Pasó de la fantasía a la tragedia”, subraya la artista.

Esa conjunción de imágenes aparentemente seductoras, en las que aparecen huellas de cierta degradación o violencia, constituye el sello del trabajo que presenta en Espai Tactel. “Me interesa la ornamentación como huella, ya sea a través del pelo, las joyas o la ropa, en tanto marcas identitarias impuestas a la mujer”. Ahí estaríamos hablando de cierta imposición externa, a la que se superpone otra que bien pudiera ser interna, como en esas pelucas quemadas de dos mujeres gemelas. “Agresión interior o exterior”, cuestiona la propia artista, para aceptar que pueda ser “de los dos”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

De hecho, las pelucas, que remiten al barroco y a los tiempos de María Antonieta, fueron moda francesa impulsada por la propia reina de la corte gala. De manera que la ornamentación tiene una doble cara que Lesueur indaga en su trabajo. “Voy de la superficie a la profundidad y a esa lesión corporal focalizada en la peluca”. Y en la superficie de su obra se pueden contemplar rostros, nucas y figuras que atraen a primera vista, al tiempo que afloran señales inquietantes quebrando la imagen. “Es una crítica a la mujer como objeto de consumo”.

De ahí la importancia de Carmen Miranda: “Quedó encasillada y perdió su esencia real, acabando mal”. Lesueur rescata su imagen a través de una modelo que viene a revelar su carácter manipulable por los mass media. “Se ha utilizado su imagen como modelo de la carta del pantone, porque refleja su piel y los diversos colores de la fruta en sus peinados”. La artista toma esa referencia y le da una vuelta de tuerca: “Una mujer reinterpretando a otra mujer”. El caso de Carmen Miranda sería el de “la imagen superando al personaje”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

I Am a Cliché reúne una decena de fotografías, dos intervenciones en la propia sala y dos videos en torno a esa mujer estereotipada que, de tanto repetirse, termina por ofrecer una imagen degradada de sí misma. Degradación que Natacha Lesueur inscribe en su obra mediante ornamentos igualmente ambiguos, tan pronto impuestos, denotando la agresividad que ello supone, como asumidos para mostrar cierta diferencia. “Ambigüedad acerca de lo que quieres y lo que no”.

El rostro de una mujer cuya cabellera cumple la función del velo ofrece de nuevo la idea de “lo que aparece y desaparece”. También hay un paisaje hecho con una cámara especial de infrarrojos, sobre el cual destaca un rostro ambiguo sobre una peana. La figura y el fondo revelando una vez más esa doblez tan del gusto de la artista francesa, que en los videos explora las posibilidades de la imagen estática y en movimiento, del rostro con unos ojos saltones de Barbie. Lesueur acoge en la superficie de su obra ese gusto por lo femenino, repleto de huellas que orientan la mirada hacia capas más profundas. Capas, en todo caso, a flor de piel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Salva Torres

Fascinantes, tristes metrópolis

Perdidos en la ciudad
Institut Valencià d’Art Modern IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2017

“Las ciudades son como los sueños, están construidas de deseos y de miedos”. Al igual que Italo Calvino, muchos otros escritores van subrayando a lo largo de la exposición Perdidos en la ciudad lo que piensan del hecho urbano. José Miguel Cortés, director del IVAM, quiso puntualizar que el término perdidos se refería no tanto a la sensación de abandono como a lo señalado por Walter Benjamin, otro de los autores citados: “Perderse en la ciudad para descubrir nuevas formas de entender y de experimentar esa ciudad”, señaló Cortés.

Fotografía de Gregory Crewdson en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Fotografía de Gregory Crewdson en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

A pesar del matiz, lo cierto es que la muestra que reúne más de 200 obras, entre pinturas, esculturas, fotografías, videos y una instalación con los libros evocados a lo largo del recorrido, termina produciendo cierto desasosiego. El que va de la “fascinación de la metrópoli” con la que arranca en la sala 1 la exposición, a la “ciudad deshumanizada” que va atravesando el conjunto de las diez salas.

El propio Cortés señaló esta circunstancia al final del recorrido: “Son las propias obras las que han impuesto esa visión”. De manera que la lectura “positiva”, derivada de la técnica y el progreso “que supuestamente nos haría libres”, va dejando paso a esa otra más desencantada al haberse “trastocado” todo eso. J. G. Ballard, citado junto a Ricardo Piglia en los ‘Paisajes globales’ de la sala cinco, lo enuncia así: “El fracturado horizonte de la ciudad parecía el encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta”.

Escultura de Julian Opie en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de Julian Opie en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Y es a base de zigzagueos, propios de esa crisis irresuelta, como va dando tumbos esa ciudad mostrada desde diversos ángulos en el IVAM. Comisariada por el propio Cortés, con la ayuda de María Jesús Folch, la exposición se adentra en las fascinadas metrópolis de principios del siglo pasado, para enseguida transitar por espacios banales, paisajes globales, multitudes diversas, ciudades imaginadas, urbes desnudas, mundos extraños y, por último, a modo de concluyente derivada, arquitecturas del miedo; todos ellos, epígrafes de cada una de las salas.

La música y el cine también sirven de guía por ese deambular urbano. “La música de fondo es un elemento a destacar, porque las ciudades no son silenciosas, de ahí la importancia del sonido”, precisó Cortés. Secuencias de películas como Alphaville, de Jean Luc Godard, Smoke, de Wayne Wang o Caché, de Michael Haneke, arropan el conjunto, del que igualmente sobresalen los 458 minutos de Empire, de Andy Warhol: “Pueden verla”, ironizó el comisario, describiendo la película del artista pop como aquella “donde no ocurre nada u ocurre mucho” en ese plano repetitivo del Empire State Building. En esa misma sala, se pasaba de “lo más luminoso” (Valerio Adami) a “lo más alienante” (Warhol).

Escultura de John Chamberlain en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de John Chamberlain en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Perdidos en la ciudad invita a que “la gente se pierda y haga su propio recorrido”, precisó Cortés, mientras iba repasando algunas de las obras expuestas: de artistas valencianos como Javier Goerlich, Equipo Crónica, Gabriel Cualladó, Miquel Navarro, Anzo o Mira Bernabeu, a nacionales e internacionales como Eduardo Arroyo, Antoni Muntadas, Miguel Trillo, Horacio Coppola, Gordon Matta-Clark, John Baldessari o Thomas Ruff. Todos ellos evocando lo que Rafael Chirbes manifiesta en la sala urbes desnudas: “Hay gentes, libros o ciudades que no entendemos, pero que nos atrapan y nos obligan a visitarlas una y otra vez”.

Esa visión se acentúa a medida que se avanza por la exposición, hasta desembocar en esas arquitecturas del miedo que Cortés adjetivó como de “control y vigilancia”, ejemplificadas precisamente en las Torres de Vigilancia de Sigmar Polke. “Tras la caída del muro de Berlín, igual hay ahora más muros que nunca en el mundo”, señaló Cortés. Una cita de Christa Wolf cerraba el recorrido a modo de epitafio: “La ciudad había pasado de ser un lugar a ser un vacío”.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Vista de una de las salas de 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Vista de una de las salas de ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Salva Torres

Los carteles ignífugos de la Fira del Llibre

50 Fires del Llibre de Valencia
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de mayo de 2016

Es casualidad que la Feria del Libro de Valencia naciera en 1966, el año en que precisamente se estrenaba ‘Fahrenheit 451’, la película de François Truffaut en la que los bomberos se dedicaban no a apagar fuegos, sino a quemar libros. Casualidad, en todo caso, digna de estudio. Porque entonces, también la feria valenciana vivió momentos tensos por culpa de quienes arremetían contra ciertos libros sospechosos de quebrantar el ideario franquista. Lo curioso es que la película se sitúa en una sociedad posterior a 2010, en la que ahora estamos y en la que, por fortuna, los libros ya no es necesario quemar, porque según los datos estadísticos, cada vez se lee menos.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967. Centro del Carmen.

Para hacer recuento de todo ello, el Gremi de Llibrers ha organizado, en colaboración con la APIV (Associació Professional de Il.lustradors de València), una exposición en el Centro del Carmen que recoge carteles de sus 51 ediciones y fotografías de José García Poveda, a modo de memoria gráfica de tan ardua reivindicación a favor del libro. Porque los libros, tal y como recoge la película, pueden ser el comienzo de la aventura de pensar. Siempre y cuando se lean con la debida intensidad, como recuerda Nacho Casanova, ilustrador del cartel de este año, en una entrevista en la web de la Feria: “Soy partidario de la lectura entusiasta, por inmersión, que es algo que hay que reivindicar: ya sabemos cómo les cuesta a los más jóvenes concentrar la atención”.

De ahí la escalerilla que Casanova coloca en su cartel para sumergirse en ese gran libro rojo que domina la ilustración. Un libro bien grande como colofón a esa historia de los carteles nacida en 1966, aunque el primero de los expuestos corresponda a la edición siguiente. “No es que no hubiera cartel el año de su inauguración, pero no se ha encontrado”, subraya Juan Antonio Rodríguez de Dios, hijo del primer presidente que tuvo la feria y que aporta a la muestra algunos de esos primeros carteles pertenecientes a su colección.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Gloria Mañas, directora de la Feria del Libro, destaca el crecimiento de la feria (“más expositores, más casetas y actividades, y más espacios”), al tiempo que se muestra “esperanzada” con el nuevo gobierno. “Ha adquirido compromisos con el sector del libro”, y apunta al Plan de Fomento de la Lectura, del que “se sabrán sus resultados en cuatro o cinco años”. También destaca Mañas el I Festival de Promoción Lectora que arranca en esta 51 edición destinada a maestros, bibliotecarios y agentes culturales.

Y como muestra, en este caso metafórica, del crecimiento de la feria, la artista Victoria Cano, a instancias de Javier Gay, asesor artístico de la exposición, ha montado un singular libro hecho de cuatro hojas con hierro y alambres a modo de jaula de la que cuelgan poéticos mensajes. “Es una escultura abierta, participativa, en la que se invita al público a que se atreva a pedir un sueño”, señala Cano. Y agrega: “¡Y ojo con lo que pides que a veces se cumple!”. Además, la artista, que exhibe en una sala contigua sus ‘Ecos & Huellas’, ha creado un dispositivo de realidad aumentada para captar la imagen de cuantos se atrevan a soñar alrededor de su escultura.

Los carteles, obra de artistas tan conocidos como Sento, Miguel Calatayud, Genovés, Rosa Torres o Luis Demano, permanecerán expuestos hasta el 15 de mayo, junto a las fotos de García Poveda distribuidas en 12 paneles, “algunos llenos de cadáveres”, apunta con humor negro el propio fotógrafo. Ilustres cadáveres, como los de Josep Vicent Marqués, Pepe Rubianes, Eduardo Haro Tecglen, Chumi Chumez o Dulce Chacón, entre otros tantos escritores y artistas que han pasado por la Feria del Libro durante sus 51 años de vida. Los bomberos de Fahrenheit 451 no han podido con ella.

Carteles de Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Escultura de Victoria Cano con carteles al fondo de la exposición 50 Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Salva Torres

Las cosas de Nuria Rodríguez

Nuria Rodríguez. Historia natural, la colección infinita
Colegio Mayor Rector Peset
Plaza del Horno de San Nicolás, 6. Valencia
Hasta el 10 de abril de 2016

La cita de Borges, a la que se alude en la exposición ‘Historia natural, la colección infinita’, es sin duda pertinente: “La palabra hace la cosa”. Antes de ella no existe nada. Ya lo dice también el Génesis: en el principio fue el verbo. Palabras que nombran cosas, conformando el mundo que nos rodea. De esas cosas y de ese mundo tan amplio, como finalmente circunscrito a la vivencia singular, da cuenta la artista, docente y diseñadora gráfica Nuria Rodríguez en el Colegio Mayor Rector Peset de Valencia.

No sólo es pertinente la cita, sino el propio Borges, quien ya hablara de ‘La Biblioteca de Babel’ en su colección de relatos ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’. Una biblioteca a modo de universo compuesto a su vez de una biblioteca con todos los libros posibles. La colección infinita referida por la artista en su título expositivo se vincula a esa biblioteca borgiana. De manera que, como indica la propia autora, lo que se muestra “es una tentativa de inventario de las cosas que me rodean, de las cosas que encierro en un círculo mágico, congeladas, esperando dialogar con las otras cosas”.

Obra de Nuria Rodrigez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Obra de Nuria Rodrigez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Ese círculo mágico es el que hace que las cosas de Nuria Rodríguez, por infinitas que sean, contengan sin embargo la finitud de la más estricta subjetividad. No son cualesquiera cosas, sino aquellas que apelan directamente al sujeto que las colecciona. También, he ahí el poder del arte, a cualquiera de los espectadores que, viéndolas y tocándolas, se sientan a su vez concernidos por ellas. Cosas ligadas entre sí por la artista, consciente o inconscientemente, para construir una cierta narrativa o sendero por el que se bifurcan innumerables emociones.

“Entiendo la pintura como un proceso de ensamblaje entre imágenes preexistentes de cualquier naturaleza, que se reconstruyen en escenarios y situaciones ficticias”, comenta Rodríguez en ‘El desorden de las cosas’, muestra ligada a la que se presenta en el Colegio Mayor Rector Peset. Ensamblaje de cosas, de objetos, de fotografías, que da pie a esos escenarios que unas veces remiten a las páginas de la Historia natural aludida, y en otras ocasiones a sueños o encuadres fílmicos de corte surrealista.

Vista general de la exposición de Nuria Rodriguez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Vista general de la exposición de Nuria Rodriguez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Además de pinturas y dibujos, la exposición contiene también diversos audiovisuales, algunos de ellos en vitrinas donde se acumulan láminas y objetos como maderas o piedras. La naturaleza comparece a través de todos ellos, al igual que emergen sensaciones derivadas de la ligazón entre diversas imágenes. ‘Temps de mudança’ es un buen ejemplo de la importancia de las cosas nombradas y archivadas en la memoria que, tras cierto reciclaje, devienen secuencia narrativa. Porque es en esas mudanzas donde solemos advertir la acumulación de cosas y la emergencia inaudita de algunos objetos olvidados o tristemente desapercibidos.

Conjunto de obras de Nuria Rodriguez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Conjunto de obras de Nuria Rodriguez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Por eso Nuria Rodríguez constata la “mirada poética” que hay en esa percepción de lo habitual y cotidiano, “lo que está ahí desde siempre”, para nuestra sorpresa. Cuando esta se produce ya es síntoma de que las cosas son otras, y que el infinito de esa colección de objetos que almacenamos adquiere de pronto el rango de lo nuevo a partir de lo archiconocido. “Incluso antes de que fuéramos conscientes, antes de nosotros, antes de antes”, subraya la artista. He ahí la infinitud en ese más allá que nos atraviesa a todos, pero siempre ligado a la finitud de quien la acota. “Decidir con qué cosas nos rodeamos”, como advierte la artista, ya es el modo que tenemos los sujetos de perfilar nuestra memoria. La de Nuria Rodríguez, al menos parte de ella, está en el Colegio Mayor Rector Peset hasta el 10 de abril.

Obra de Nuria Rodriguez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Obra de Nuria Rodriguez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Salva Torres

La belleza convulsa de Liliana Maresca

Retrospectiva de Liliana Maresca
Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2016

“Busco una fisura hacia otra realidad…Porque esta se agota rápidamente”. Dicho y hecho. Liliana Maresca (1951-1994) encontró esa fisura que buscaba, de tanto intentarlo con su obra transgresora. De manera que se topó bien pronto con la muerte. Tenía 43 años, dedicados a hurgar en la belleza con los materiales punzantes de su intensa, apasionada creatividad. Quería tanta autenticidad, que no dudó en jugar con los límites que separan la vida de la muerte.

El arte es representación, porque de lo real sólo podemos saber por vía interpuesta. Pero Maresca quiso siempre forzar esa representación, con el fin de hallar la esencia de las cosas. Y la esencia, en muchos casos, tenía cierto sabor letal. La galería Espaivisor de Valencia da cuenta de tan excesiva creatividad en la primera retrospectiva de su obra en España. Lo hace mediante fotografías, piezas de escultura, un video, recortes de prensa, escritos a máquina y documentos performance, en los que aflora, por muy distintos que sean los soportes, su vena artística siempre al borde del colapso, del agujero negro que todo lo engulle.

Su intensa actividad en las décadas de los 80 y 90 en la Argentina postdictatorial alumbró exposiciones que tan pronto denunciaban aspectos relacionados con el Descubrimiento de América, como con las abusivas leyes del actual mercado capitalista. Se rodeaba de artistas plásticos, músicos o actores con los que montaba singulares y provocadoras escenografías. Hacía lo propio en su serie de fotografías, realizadas por Marcos López, en las que se representaba a sí misma desnuda tras objetos que parecían subrayar el esqueleto de su anatomía. No era la Frida Kahlo de la columna vertebral rota, pero se asemejaba.

Liliana Maresca en una de sus fotografías performance realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Liliana Maresca en una de sus fotografías performance realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Mi misión es molestar, hacer cosas que sean una patada en los huevos”

En la exposición de Espaivisor hay numerosos recortes de prensa que recogen algunas de sus declaraciones más apasionadas, fruto del sentimiento que revelaba su propio arte. “Yo creo que mi misión en la vida es molestar. Hacer cosas que sean una patada en los huevos”. A punto de morir, casi a modo de testamento, produjo una muestra cuyo título ya manifiesta su inquebrantable pulso vital: ‘Frenesí’. Un frenesí que arramblaba con todo, incluido el sistema que viene a controlar tamaños excesos. “Si el sistema permite la existencia de algo que se escapa de él, es para inocularlo luego”.

Para que tal cosa no sucediera, Liliana Maresca no cejó en su empeño de violentar los límites en cuyo interior yace la paz. O no. “Si nuestros trabajos produjeran violencia es porque ella está en la realidad, en los dibujos animados, en los noticieros, en la calle”. Sabedora de esa violencia que nos habita, más allá de la candidez rousseauniana, Maresca desplegó toda una batería de actividades encaminadas a subrayar ese carácter violento de la naturaleza humana. Violencia que ella sabía destinada a formar parte del propio tejido social.

“Esto que hoy parece delirante, no convencional, va a ser aceptado y dejará la marginalidad”. Maresca parecía anunciar con ello la deriva televisiva, allí donde el asesinato, por seguir a Hitchcock, se instala cómodamente en las casas a través de la pequeña pantalla. Todo es fagocitado por el mercado, salvo el pensamiento en su estado puro. “Desde el momento en que pensás de una manera distinta al resto de artistas te estás marginando”. En esa marginalidad se movió siempre la artista que tomó el propio cuerpo como recipiente de experiencias traumáticas. La primera de todas ellas, aniquilar su yo.

Una de las piezas de escultura de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

Una de las piezas de escultura de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Hay que hacerse un yo para hacerlo mierda”

“Uno tiene que ser paranoico. Hay que hacerse un yo para hacerlo mierda”. No sólo el suyo, que sin duda dinamitó a diario poniéndose a sí misma contra las cuerdas, sino los múltiples yoes que la animaban a dejar en calma la realidad. Nadie lo logró, porque Liliana Maresca siguió y siguió profundizando en esa fisura que le transportaba a otra realidad. En una de sus propuestas artísticas, se metió en un ataúd para limpiar los pedazos de mortaja que todavía quedaban dentro. Quería que los ataúdes fueran objeto de una exposición. Y la sola experiencia previa la conmovió. “Al tener que meterme tan dentro de la muerte, te puedo decir que la sentí”.

A Maresca le subyugaba esa experiencia de autenticidad, hasta el punto de llegar a ofrecerse al público para mostrar la simbiosis entre cuerpo y mercado. Un cuerpo que osciló entre el erotismo de su propia desnudez y la provocación ideológica revelada en sus montajes más políticos. Espaivisor se hace cargo de todo ello mostrándolo a pequeña escala, como si toda esa energía desbocada pudiera concentrarse en archivos documentales, imágenes en blanco y negro de gran poder evocador y alguna que otra escultura a modo de brillante ‘Curiosidad natural’ realizada con bronce y calabaza.

Fotografía de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

Fotografía de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Quería probar de todo y lo único que me faltaba era matar”

Su hija Almendra, presente en la inauguración, destacó en un aparte para MAKMA el carácter indomable de su madre. “Tuvo instantes de monogamia, pero siempre quiso explorar otras cosas”. Lo hizo con propia vida y, por extensión, con su arte. Y es que arte y vida en la trayectoria existencial de Liliana Maresca se confunden. Lo prueba este testimonio extraído de uno de los recortes de prensa que abundan en la exposición.

“Quería probar de todo y lo único que me faltaba era matar. Entonces por seguridad conseguí un revólver. Salí a caminar por la villa, tipo tres de la mañana. Yo pensaba: ahí me encuentro con alguien que me quiere violar y lo mato. Dormía con todas las ventanas abiertas, la puerta abierta. Nada, no pude matar a nadie”.

Así concebía la vida y el arte Liliana Maresca, artista de culto a quien Espaivisor dedica una retrospectiva que sólo tiene un precedente en Europa: la que le dedicó hace cuatro años la galería Spazio Nuovo de Roma. No hay más vestigio de su obra fuera de su Argentina natal, salvo algunas piezas expuestas en el Museo Reina Sofía de Madrid. Lo demás está en Valencia, donde hasta el 15 de abril permanecerá tan singular retrato de la artista que buscó una fisura hacia otra realidad y la encontró. “Vivía al límite”, concluyó su hija Almendra. Y el límite cedió para finalmente devorarla. Espaivisor contiene sus restos mortales llenos de intensa vida.

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Fotografía performance de Liliana Maresca realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Fotografía performance de Liliana Maresca realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Salva Torres