El cuerpo y la materia en Pedro Hernández

La Véritè du Corps, de Pedro Hernández
Pictograma Llibreria d’Imatge – Sala d’Art
Plaça de la Muralla Liberal, 1. Castellón
Hasta el 15 de julio de 2016

Proyección de diaporamas de su trabajo seguida de charla con el propio artista
Foto Club Montepio del Puerto
Calle de la Reina, 5 bajo. Valencia
Viernes 24 de junio de 2016, a las 19.30h

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Hay en las fotografías de Pedro Hernández una necesidad de tocar lo real. De sentir el cuerpo como si fuera “la materia de la que están hechos los sueños”, según lo expresó Shakespeare.

Esa mezcla de corporeidad, materia y ensoñación atraviesa la serie de imágenes que el autor ha reunido bajo el elocuente título de ‘La verdad del cuerpo’. Una verdad enigmática, por cuanto se nutre a partes iguales de esa aspereza de lo real que en sus fotografías se revela mediante paredes, fachadas, cielos y mares, y el evanescente cuerpo desnudo.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Superpuesta la materia y el cuerpo, la obra de Pedro Hernández deviene táctil y vaporosa. Como si al querer tocar esa materia y esos cuerpos fundidos entre sí, la imagen, al igual que le ocurriera a Narciso, fuera las profundas aguas del sueño.

Que polvo somos y en polvo nos convertiremos ya lo dice el Génesis. Pedro Hernández se limita a revelarnos esa cruda verdad con su talento fotográfico. Materia, cuerpo, ensoñación: he ahí la santísima trinidad de su trabajo. Entre lo real y el sueño caben múltiples imágenes, todas ellas, por obra y gracia del artista de El Cabanyal (Valencia), residente en Marsella, reflejo de nuestra frágil condición humana.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

El arte se cuela por las ventanas en Imprevisual

Calle de los solsticios, de José Juan Gimeno
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 18 de diciembre, 2015, a las 20.30h
Hasta el 8 de febrero de 2016

El artista José Juan Gimeno toma las ventanas como motivo principal de sus exposiciones ofreciendo la visión más cotidiana de la ciudad. Imprevisual Galería acoge su último trabajo ‘La calle de los solsticios’, que se inaugura el viernes 18 de diciembre y se extiende hasta el 8 de febrero. En su ejercicio plástico presenta una mirada contemporánea e intemporal que transcurre entre lo público y lo privado.

Las ciudades sufren metamorfosis que conducen a un cambio de las funciones de la urbe. La obra del artista aborda e indaga en ese cambio holístico de la ciudad. La antropología urbana y las perspectivas del urbanismo son los elementos que le conducen a una interpretación plástica de la forma y los espacios de la metrópolis.

Detalle de una de las obras de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Detalle de una de las obras de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

El trabajo de José Juan Gimeno es una práctica de observación que le permite configurar un discurso estético-antropológico sobre la vida social, hablando de los espacios privados y arquitectónicos. Con técnica mixta (acrílico, metacrilato, serigrafía, collage…) personifica fachadas y ventanas, exponiéndolas a una reflexión sobre su propia soledad y su convivencia con el tiempo. Esas fachadas miran directamente al espectador conduciéndolo hacia su propia introspección. La ciudad es el objetivo etnográfico: la pintura, su herramienta.

Como señala el comisario de la exposición, José Angel Caballero, “las horas de sol son la medida de nuestra perspectiva, construyen nuestro horizonte de lo posible. La sombra es, en consecuencia, una expresión melancólica por aquello que se nos escapa imaginar. Da cuenta la obra de José Juan Gimeno de esa tensión perceptiva: una metáfora de ventanas con claros y opacidades, de fachadas transitadas, habla de esa contienda cotidiana que aspira a la luz”.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Así, continúa explicando el comisario, “el espectador se sumerge en un escenario delimitado por lo que alberga su mirada, por lo que intuye albergar. Con lo que la pintura se convierte en calle paseada, lugar de contemplación, de vivencia; en silencio, cuando la oscuridad comienza a romperse”.

“Una obra cada vez más madura que no deja de conversar con el observador, de hacerse un hueco en su retina, de darle opciones a su búsqueda. Así sus cuadros se hacen lugar, espacio de llegada del paseante que anhela reconocerse en aquello que divisa”, concluye García Caballero.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

 

La felicidad completa de Horacio Silva

Shangri-La, de Horacio Silva
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 20 de septiembre de 2015
Prorrogada hasta el 30 de octubre 2015

Shangri-La es el paraíso imaginado por James Hilton en su novela Horizontes perdidos, después trasladada al cine por Frank Capra. Paraíso, utopía, tanto da. Un mundo ajeno a la codicia humana, donde la felicidad es una mezcla de vivir el presente proyectando hacia el futuro la armonía conciliadora del hombre bondadoso que también imaginó Rousseau. Horacio Silva viajó hace unos años a ese Shangri-La y lo que encontró fue una felicidad contradictoria, que ahora muestra en la Sala Ferreres (“no hay sala más bonita en España”) con obras de gran formato que vienen a cerrar un ciclo existencial.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

“Shangri-La para mí es el Centro del Carmen, porque aquí pasé los mejores años de mi vida como estudiante, de manera que esta exposición es el colofón, el cierre a un ciclo de mi vida”. Por eso Horacio reconoció que se trataba de la exposición “más importante de mi vida”. Shangri-La, aunque cerca del lugar bautizado con ese nombre, se refiere al espacio donde el artista valenciano trabajó durante su estancia en Pekín hace siete años. Nada que ver con la utopía evocada por Hilton en su novela.

“China es un país de muchos contrastes”, destacó Felipe Garín, director del Centro del Carmen. Contrastes como los que señaló el propio Silva, recordando las fachadas cubiertas de pan de oro de algunos edificios, junto a otras plagadas de mugre en el perímetro del aeropuerto alejado del centro de Pekín. Contrastes que pueden verse en el video que acompaña la muestra titulada precisamente Shangri-La. “Al principio pensé en el título de Ciudad Prohibida, incluso pensé en dividir la exposición teniendo en cuenta los pabellones que uno encuentra en esa ciudad, pero finalmente lo deseché con buen criterio”.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

Más que trasladar ya sea la Ciudad Prohibida o el Shangri-La de Pekín a Valencia, lo que Horacio Silva hace es recrear sensaciones de ese viaje a Oriente. “No hace falta recurrir a Cavafis o a Ítaca para hacer un elogio del viaje”, estimó Garín, poniendo el acento en el trayecto más que en el propio destino, y subrayando cómo Horacio Silva “no se ha dejado llevar por el mimetismo de lo tópico”.

Sí es cierto que hay rostros de mujeres chinas, algunos mayúsculos y de un colorido desbordante, lo mismo que hay jinetes, relojes, piedras y joyas evocando aquellos pabellones por los que transitaba el emperador. Pero Silva, lejos de reproducir aquel ambiente vivido, esculpe sus sensaciones a base de colores bien distintos a los utilizados en su obra más reciente. “Hay verdes, rojos, rosáceos y violetas que no aparecen en mi pintura anterior”. Colores que vienen a reflejar igualmente el cambio social que se experimenta en el país asiático, donde el gris “debido al control ejercido por el régimen político”, va dejando paso a “colores fuertes y vibrantes en las fachadas”.

Obra de Horacio Silva. Shangri-La. Centro del Camen.

Obra de Horacio Silva. Shangri-La. Centro del Camen.

El Shangri-La de la Sala Ferreres destila esa felicidad contradictoria del viaje como depósito de intensas sensaciones que el tiempo almacena. “La sala no se come la exposición”, precisó Garín. Puntualización que sirve a su vez para explicar la tensión entre el grandilocuente escenario evocado, nada menos que el lejano Oriente, y el materialismo poético de la obra expuesta. Melancolía del viaje, que el avión representa, pero que en el caso de Silva se abre en dos: “Como las lágrimas que aparecen en algunos de los cuadros, pueden aludir a momentos de tristeza pero igualmente de alegría”. He ahí la completa felicidad del Shangri-La de Horacio Silva.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

Salva Torres

Ruzafa, a golpe de tiza

Graffitis en el barrio de Ruzafa

Son varios los grafiteros que plasman su obra artística y reivindicativa en el barrio de Ruzafa. En concreto, en el soporte urbano, sea privado o público, que se encuentra entre las calles que van del Mercado Municipal de Ruzafa y el subterráneo que atraviesa las vías del tren de la Estación del Norte en la Avenida Gran Vía Germanías. Las fachadas de ciertos edificios abandonados, las paredes, los maceteros y diverso mobiliario urbano de  calles como Sevilla, Cura Femenia, Sueca, Puerto Rico o Cuba… son los lienzos utilizados para dejar los trazos de esta creación transgresora, efímera y anónima.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Fotografía: Begoña Siles.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Fotografía: Begoña Siles.

Graffitis de estilos diferentes (escritos, dibujos, collages) impactan en la mirada del transeúnte. Estas obras callejeras, desde su expresión realista o fantástica, hacen que detengamos nuestro andar alienado. Una breve pausa para relajar nuestra mirada en el dibujo, en el cromatismo o una breve pausa para leer la idea escrita.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

La tiza irónica

Los últimos años los maceteros de las calles Cura Femenia, Puerto Rico, Sueca y las paredes del subterráneo de la Avenida Germanías se han convertido en  pizarras improvisadas donde escribir breves mensajes a tiza. Mensajes directos sin vuelo en el grafo, ni en el contenido.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Los trazos en mayúscula de las letras de cada palabra son transcritos por la tiza sin pretensiones, ni florituras. Unos rasgos claros y sencillos que no dispersan la atención del transeúnte del pensamiento de la frase. Porque es ahí, en el contenido, donde este grafo adquiere su interés. El mensaje de estas pintadas puntea con un tono irónico y crítico la realidad política, económica y social actual.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el subterráneo de Gran Vía Germanías. Foto: Begoña Siles.

La greguería

Pintadas protestas escritas, muchas de ellas, con un estilo que recuerda a las greguerías de Ramón Goméz de la Serna. La ironía, la crítica y la protesta de estas pintadas fluye del juego con las palabras a la hora de componer las frases. Y de esa composición aguda, ingeniosa, hasta ingenua, estos graffitis, escritos con la sencillez naif de una tiza, presentan una visión personal y humorística de una realidad política y económica tan corrupta como la que venimos padeciendo en los últimos años. De manera que, a golpe de tiza, cierta catarsis liberadora es posible. Al menos en Ruzafa.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en el barrio de Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada en Ruzafa. Foto: Begoña Siles.

Pintada bajo el puente de Gran Vía Germanías. Fotografía: Begoña Siles.

Pintada bajo el puente de Gran Vía Germanías. Fotografía: Begoña Siles.

 

 

 

 

“Los burdeles valencianos eran célebres en Europa”

La Valencia del XVII, de Pablo Cisneros
Editorial Carena

Una ciudad de 50.000 habitantes con una esperanza de vida de 25 a 30 años, altos índices de analfabetismo, y viviendas insalubres que se compartían con los animales. Es un retrato de la Valencia del XVII, un siglo entre luces y sombras que Pablo Cisneros describe en un libro editado por Carena, La Valencia del XVII.

Eclipsado por la gloria del XV, el estancamiento generalizado fue la principal característica del XVII. La expulsión de los moriscos que produjo un grave impacto económico y demográfico, las tensiones con los Austrias, la epidemia de peste o el problema crónico del bandolerismo fueron algunos de sus aspectos oscuros.

¿Por qué ha profundizado precisamente en el siglo XVII?

Siempre me he dedicado en mis investigaciones a trabajar la época del Barroco. Además, es un periodo de la historia de Valencia poco conocido y consideré que era un buen momento para adentrarse en él y compartirlo con los lectores. El siglo XVII ha sido poco estudiado por considerarse tradicionalmente como uno de los más oscuros en la historia de la ciudad, a la sombra del dorado siglo XV. No obstante, pienso que no es así. Fue un siglo duro, eso es evidente, pero también emocionante y lleno de esperanza. No debemos olvidar a los que vivieron en nuestra Valencia en el siglo XVII y allanaron el camino a las generaciones posteriores para que se fuera construyendo la ciudad que hoy tenemos y disfrutamos. A pesar de los evidentes reveses, el seiscientos es un siglo apasionante, innovador, sentido y con miras al futuro.

Documento del libro 'La Valencia del XVII', de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Documento del libro ‘La Valencia del XVII’, de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

En su libro caracteriza esta centuria como desproporcionada. ¿A qué se refiere exactamente?

El siglo XVII viene tras el esplendor valenciano del siglo XV, cuando Valencia fue una de las ciudades más importantes del Mediterráneo. Ese periodo de auge cultural y mercantil no es precisamente el que se vivió en el siglo XVII, marcado por la crisis económica o la peste de 1647. Sin embargo, a pesar de las dificultades, la ciudad supo salir adelante y creó una imagen excepcional y renovada que todavía es visible en Valencia. Cuando hablo de la desproporción  me refiero a la forma de entender la vida. En un momento en el que la gente estaba resistiendo ante duras circunstancias, los gobernantes intentaron, mediante desmedidas fiestas, hacer que los habitantes, aunque sólo fuera por un momento, suavizaran su dura realidad. Por tanto, cuanto más impresionantes fueran las imágenes, los fuegos artificiales, las arquitecturas efímeras, las carrozas, las decoraciones, etcétera, mayor sería el olvido del escenario cotidiano. También hay que tener en cuenta que la Valencia del XVII estaba impregnada de los tintes contrarreformistas, y que mediante el impacto de los interiores o de las fachadas querían demostrar la grandeza que la Reforma había puesto en duda.

¿Cuáles fueron los principales festejos? 

Las fiestas fueron una constante. Las beatificaciones, las canonizaciones, las exequias, los nacimientos, etcétera  daban excusa para que la ciudad cambiara de imagen y se convirtiera en un hervidero de gente destilando alegría. Fiestas destacadas hubo muchas, las más  significativas las de 1622 por el decreto de Santidad de Gregorio XV concedido a la Inmaculada Concepción, las de 1655 por el segundo centenario de la canonización de san Vicente Ferrer, las de 1569 por la canonización de Tomás de Villanueva o, entre otras, las de 1662 por el decreto inmaculista del papa Alejandro VII.

Ilustración en el libro 'La Valencia del XVII', de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Ilustración en el libro ‘La Valencia del XVII’, de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

¿Es cierto que por entonces los burdeles valencianos eran célebres en Europa? 

Sí, el llamado barrio del Partit o de la putería de Valencia fue especialmente célebre y conocido fuera de la ciudad. Habría que destacar cómo el municipio de la ciudad trabajó para la seguridad y sanidad de este lugar y cómo mostró interés para que las prostitutas pudieran reconducir su vida.

¿Cómo era una vivienda típica de un comerciante o artesano de esa época?

La mayoría eran humildes, mal ventiladas, con establos para animales, sin cristales, de dos alturas y con terraza, el lugar para distracciones y reuniones.

¿Qué monumentos más importantes fueron erigidos entonces?

El siglo XVII transformó la ciudad de Valencia. La basílica de la Virgen de los Desamparados, las innumerables fachadas e interiores de las iglesias, las capillas de la comunión, los campanarios conquistando el cielo de la ciudad, los paredones del río o la incipiente Alameda son algunos de los muchos vestigios del siglo XVII que tiene la ciudad.

Algún hecho o anécdota que le sorprendiera especialmente. 

Anécdotas hay muchas. Proliferaban los jeroglíficos, con disputas intelectuales, religiosas o políticas y era habitual que cada mañana apareciesen en lugares concurridos pasquines atacando al poder religioso, político o monárquico. Una de las anécdotas que más me llamó la atención, los naranjazos que la gente se lanzaba por las calles en carnaval.

Portada del libro 'La Valencia del XVII', de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Portada del libro ‘La Valencia del XVII’, de Pablo Cisneros. Cortesía del autor.

Bel Carrasco

Nueva instalación de JR en el Cabanyal

Inside Out Project, instalación urbana de JR
Stop, we are here, de Rosi Moreno
Barrrio del Cabanyal-Canyamelar. Valencia

Una nueva instalación urbana de JR preside las paredes de numerosas fachadas y medianeras del barrio del Cabanyal, la cual forma parte de su proyecto ‘Inside Out Project’. Su título: ‘Stop, we are here’. El proyecto ha sido realizado por Rosi Moreno, que ha fotografiado a vecinos y vecinas del barrio, de todas las edades.

Instalación urbana de JR en el Cabanyal, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

Instalación urbana de JR en el Cabanyal, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

La instalación urbana consta de 24 fotografías que han sido instaladas en un recorrido que se puede seguir desde una medianera de la calle San Pedro hasta el final de la Travesía de Pescadores, sobre los muros de la antigua Fábrica de Hielo. Las fotografías han sido instaladas con los permisos correspondientes firmados por los propietarios de los distintos edificios y viviendas del barrio.

Momento de la colocación del proyecto urbano de JR, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

Momento de la colocación del proyecto urbano de JR, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

La Plataforma Salvem el Cabanyal confía que este proyecto urbano permanezca en su lugar sin ser violentado. No puede dejar de mencionar cómo el anterior proyecto de JR, ‘Life in the hole’, realizado por el fotógrafo Jorge López, “fue brutalmente destruido con total impunidad por las brigadas de limpieza del Ayuntamiento, ante la atónita mirada del autor y bajo la supervisión de  la policía local, minutos antes de la anunciada visita al paseo marítimo de la alcaldesa Rita Barberá”.

Según esta misma Plataforma, se trata de “un daño irreparable que queda muy claro, según fuentes jurídicas consultadas, que se pudiera destruir de  esa forma brutal y ante su creador, atentando contra los derechos morales del artista sobre su obra”.

http://www.cabanyal.com/nou/2015/05/09/stop-we-are-here/?lang=es

Instalación urbana de JR en el Cabanyal.

Instalación urbana de JR en el Cabanyal, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

Los Microfilms secretos de Adsuara

Microfilms, de Alberto Adsuara
Editorial RM
Libro presentado en la Fundación Anzo, donde se exponen fotografías del libro
C / Alcalde Albors, 21. Valencia
Hasta el 19 de diciembre

Más que un libro de fotografía es una fotonovela, cuidándonos muy mucho de interpretar este formato al modo tradicional de historia contada con imágenes y narrativa de corte sentimental. Alberto Adsuara se subiría por las paredes si ‘Microfilms’, editado por RM, se confundiera con ese tipo de fotonovela. Nada más alejado de la realidad. La cuidada publicación, por parte de una de las editoriales más reconocidas de América Latina, está pensada para acercarnos las 80 fotografías que contiene el libro como si fueran “micro secuencias narrativas”, término más preciso utilizado por el propio Adsuara.

Una de las marinas de Alberto Adsuara en Microfilms. Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Una de las marinas de Alberto Adsuara en Microfilms. Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Que no es una fotonovela al uso se da uno cuenta nada más abrir el ejemplar. Incluso pudiera decirse, por seguir el símil, que estaríamos hablando de una reinvención de la fotonovela con fines artísticos. Alberto Adsuara quiere contar pequeñas historias con sus desnudas imágenes, para lo cual utiliza literalmente el desnudo como medio de expresión, pero también la desnudez del texto con el fin de que sea el lector espectador quien vista las fotografías con la narración desplegada. De manera que narración, sí, con imágenes, también, pero pensado el relato de forma que las palabras surjan de la relación entre las fotografías. Por eso el diseño y la maquetación juegan un papel tan importante.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Microfilms se presentó en la Fundación Anzo acompañado de tres de esas fotografías expuestas en gran formato, que permanecerán hasta el 19 de diciembre. Fotografías pertenecientes a tres series distintas de la larga trayectoria artística de Adsuara. Hay marinas, desnudos (casi todos de mujer) evocadores sin duda de la sexualidad de la que procedemos, y desnudos apuntando hacia el otro extremo final que conduce a la muerte. Alberto Adsuara lo reconoce: “Sexo y muerte”, pero en todo caso, “turbios”.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

De ahí las evocaciones a David Lynch. Más concretamente, a ‘Terciopelo azul’. También a Caravaggio. Cuerpos desnudos que lejos de mostrar el glamour del anuncio publicitario, concitan la mirada para perderse por vericuetos no aconsejados a las almas cándidas. O sí, quién sabe, porque como dijo Georges Bataille existe una afinidad secreta entre la santa que, llena de pavor, aparta la vista del voluptuoso. Hay igualmente referencias al “terror japonés”. De ahí la inquietud que provocan las imágenes del libro, incluidas aquellas de paisajes, marinas, escaleras o fachadas que, como explica Adsuara, “vienen a oxigenar los desnudos”.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

A modo de “fotogramas”, las micro secuencias narrativas que aparecen en ‘Microfilms’ dan pie a construir multitud de “historias crípticas”. Incluso “secretas”, en alusión a esos microfilms que Adsuara recuerda como pertenecientes al espionaje de antiguas series televisivas. Crípticas, secretas, enigmáticas, turbias, pero en cualquier caso “siempre narraciones”, porque como desvela Alberto Adsuara su fotografía está ligada a la narración de historias, de ahí las cuidadas escenografías con que presenta sus desnudos.

Con una tirada de 1.000 ejemplares, ‘Microfilms’ se cierra con un cráneo sostenido entre las manos por una mujer. Imagen que el propio artista reconoce a modo de autorretrato. De nuevo el sexo y la muerte. Aquellas vírgenes con niños entre los brazos de antiguas pinturas se transforman en la obra de Alberto Adsuara en turbias diosas, de las que el artista se ocupará próximamente.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Call: llamada de atención de Luis Adelantado

XVI Call 2014
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 12 de septiembre

Ya son 16 los años que la galería Luis Adelantado viene lanzando su convocatoria de arte contemporáneo para jóvenes artistas de entre 24 y 36 años. Una convocatoria a la que se han presentado en esta última edición alrededor de 500 artistas internacionales. “Menos que otros años, pero con obras de mayor calidad”, subraya Olga Adelantado, encargada de la selección y responsable de la sala valenciana. Dada esa calidad, la elección de los 24 artistas que finalmente integran la exposición Call 2014 ha resultado difícil.

Obra de Pablo Bellot en la XVI edición Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obra de Pablo Bellot en la XVI edición Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Pero ahí están las 57 obras que conforman la muestra, abriéndola el artista suizo Niklaus Manuel Güdel con una gran rosa desprovista de color y de fragancia. “Es la idea de una rosa”, explica Olga Adelantado. E ideas hay muchas, materializadas en diversos soportes, en la exposición que se extiende por los cuatro pisos de la galería. Hay fotografías, esculturas, pinturas, dibujos, collages, instalaciones y videos, dando forma a esas ideas. Tres de esas obras, las de Inma Femenía y Andrés Wittke, Ismael Teira y Álex Marco, han sido Premio Adquisición Franc Vila, con lo que el empresario valenciano afincado en Ginebra amplía su colección privada.

Obra de Alberto Salván en la XVI Call 2014. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Alberto Salván en la XVI Call 2014. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

La convocatoria elocuentemente denominada Call es precisamente eso: una llamada de atención que la galería Luis Adelantado lanza, para la captación de esos jóvenes artistas en formación que apuntan buenas maneras. La experimentación diríase que atraviesa el conjunto expositivo. Experimentación con materiales como alfombras usadas (Clarence Guéna), placas de aluminio (Femenía y Wittke), vinilos (Simon Ripoll-Hurier), pastillas de caramelo (Gema Rupérez) y objetos cotidianos de diversa índole (Diego Delas).

Obra de Diego Delas en la XVI Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obra de Diego Delas en la XVI Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Ismael Teira incluso se atreve con el toro de Osborne, apropiándose de las formas que dejan los huecos negros de la famosa silueta para capturar el azul del ‘Cielo español’. Con los sonidos juegan el brasileño Pedro Torres, que zancadillea breves frases de amor en su video, y Ripoll-Hurier, en cuyo tocadiscos se escuchan comentarios acerca de carteles urbanos. La extrañeza también se apodera del trabajo de Ben Gavin, cáustico en relación con la obra de arte, y Pablo Bellot, más siniestro en su serie de automóviles de ardiente claroscuro.

Obra de Álex Marco en la XVI Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obra de Álex Marco en la XVI Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Alberto Salván explora las posibilidades expresivas de las medianeras de ciertos edificios, mostrando el silencio descarnado de tan enigmáticas fachadas solitarias. Del arte, por la vía de la ironía, se ocupa Arturo Comas en sus fotografías, mientras que Gema Rupérez monta una pared de singulares ladrillos a base de pastillas de caramelo que, durante la visita guiada con Olga Adelantado, ya se inclinaban por efecto del calor. “Forma parte del montaje la posibilidad de que termine cayéndose”, explica la responsable de la XVI Call 2014.

La gran rosa de Niklaus Manuel Gúdel que abre la XVI Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

La gran rosa de Niklaus Manuel Gúdel que abre la XVI Call 2014 y, al fondo arriba, la pieza azul de la obra ‘Cielo español’ de Ismael Teira. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Además de los citados, van desplegando su obra Ana Barriga, Leonora Bisagno, Antonio De la Rosa, Tamara Feijoo, Muriel Gallardo, Ferrán Gisbert, Ana H Del Amo, Miguel Marina, Filipa Roque, Milena Rossignoli y Ernesto Walker. Artistas españoles, portugueses, franceses, suizos, mejicanos, chilenos, brasileños, ecuatorianos y australianos. “Siempre ha habido más artistas seleccionados de fuera de España, pero este año, más de aquí”, destaca Olga Adelantado, satisfecha de sembrar un año más en su galería el germen de futuros artistas. La gran rosa de Niklaus Manuel Güdel que recibe al visitante de la exposición no olerá ni tendrá color, pero anticipa el vigor de las 24 propuestas de Call 2014.

Obra de Gema Rupérez, en primer término, y de Álex Marco en la XVI edición Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obra de Gema Rupérez, en primer término, y de Álex Marco, al fondo, en la XVI edición Call 2014. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Salva Torres

Agustín Bethencourt: la ciudad en forma(s)

Espai, de Agustín Bethencourt
Galería estudio de Óscar Vázquez Chambó
C / Mossén Fenollar, 19. Valencia
Hasta el 27 de junio

Dice que con las imágenes intenta “destacar la obra del ser humano en el paisaje”. Su condición de arquitecto le lleva a privilegiar líneas, formas y superficies de fachadas, edificios y lugares, pero también a captar el aire que dejan ciertas geometrías más allá de su composición y orden. Para que ese aire o atmósfera adquiera la condición de arquitextura, se hace necesario que Agustín Bethencourt vaya depurando la arquitectura de esos lugares que mantiene sus ciudades tan en forma. El Espai que muestra en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó es un conjunto de 11 fotografías en las que prima el signo por encima de la huella.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

No ha hecho más que empezar el combate. Diríase que a Bethencourt, atendiendo a su propia definición del fotógrafo como “pintor de las prisas”, le urge captar instantes que conmuevan el ojo del espectador. De manera que se debate entre su condición de arquitecto acostumbrado a las geometrías espaciales y la emoción que pretende extraer de la cámara fotográfica en tanto “instrumento de la intuición y de la espontaneidad”. De manera que allí donde hay líneas, formas y signos, aparezca la huella de una materia plena de energía.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la exposición 'Espai' en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la exposición ‘Espai’ en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Las 11 fotografías de la exposición son fruto del trabajo de cinco años viajando por Nueva York, Colonia, Basilea, Palermo, Berlín, Venecia, Ibiza, Gran Canaria o Carlet. Viajes en los que, a pesar de esas prisas por captar el instante, obligó en muchas ocasiones a detener el ritmo viajero de sus amigos. “Veo la foto antes de sacarla”, dice. Ya sea el interior del Kolumba Museum (Kölhn), las curvas del JFK Airport, las líneas del Lincoln Center, de una vivienda con forma de U en Carlet, de la ropa colgada al viento en Venecia o de cierto rastro sobre la nieve en Berlín, las imágenes que capta Bethencourt son todas fruto del “cuaderno de croquis” que, para él, es la cámara fotográfica.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Un croquis compuesto de instantes que encuadra a la ligera, sin preocuparse de algún elemento que venga a quebrar la armonía del conjunto. Su preocupación está en el juego de color, la luz y esa “búsqueda del gris” como horizonte de futuro en su trabajo. Y como no ha hecho más que empezar ese combate entre la idea del arquitecto y la pasión del fotógrafo, Agustín Bethencourt mueve, promueve y remueve sus imágenes con el fin de extraer todo su potencial, antes de embarcarse en otro proyecto que le llevará a construir cierto abecedario.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Espai, que llega al estudio de Vázquez Chambó, tras pasar por otros dos espacios de Castellón y Valencia, recoge las formas geométricas que el artista se va encontrando diseminadas por el paisaje urbano, para construir con ellas historias cuya vida nacerá cuando los signos se transformen en elocuente huella. Cabe también seguirle el rastro a esas ciudades en forma, admitiendo el placer que produce contemplar espacios de dudoso acabado.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres