La cara oculta de la fuerza femenina

Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed, de Paula Bonet
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2016

Paula Bonet (Villa-Real, 1980) ha alcanzado la meta con la que sueña todo joven artista. Un objetivo que va más allá del triunfo y la fama. Acuñar un estilo propio que la define y la  identifica en medio de la vorágine que es hoy el arte y que, además, conecta con la sensibilidad artística imperante. Afincada en Barcelona desde hace un par de años, la artista pasó por Valencia para presentar en la Galería Pepita Lumier una exposición muy especial. ‘Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed’ es el título poético y excesivo de esta muestra que reúne 11 óleos, 24 grabados y 30 dibujos que se podrán ver hasta el 4 de junio. Se trata de un adelanto del próximo proyecto de Bonet, el libro ilustrado La Sed, que publicará Lunwerg en octubre 2016. El texto reúne un coro de  voces de varias poetas y escritoras presididas por la dramática figura de Anne Sexton que se suicidó en 1974.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Lo que más me fascinó de ella es el hecho de que tratara con tanta crudeza y sin ningún tipo de censura temas dolorosos de la experiencia de ser mujer que siempre habían sido considerados tabú”, dice Bonet. “También que utilizara la autobiografía para este fin, con total libertad, sin tapujos. Me fascinó el uso que hace de la literatura para entenderse a sí misma, cómo a través de ésta conseguía encontrar cierta serenidad y alivio en el drama en el que le tocó vivir”.

Poeta suicida

Junto a su amiga Sylvia Plath, Clarice Lispector o Virginia Woolf, Sexton pertenece a la estirpe de las autoras marcadas por un sino fatal y tendencias autodestructivas. Lo tenía aparentemente todo. Belleza, talento, éxito, dos hijas, pero algo  en su interior le impedía disfrutarlo felizmente. El 4 de octubre de 1974 se puso un abrigo de pieles que heredó de su madre y, después de beberse un par de vodkas, se encerró en su garaje y puso en marcha el motor de su Cougar rojo.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Sexton es una de las autoras que siento como refugio, que me ayudan a entenderme y a aceptarme”, añade Bonet. “Y es una de las voces que intenta contener el personaje principal del proyecto editorial en el que estoy trabajando, La Sed. Para reflejar su angustioso universo lo que he hecho es buscar los lugares comunes, aquellos en los que me siento retratada a través de su trabajo. Una vez localizados he intentado ser tan sincera en mis imágenes como lo fue ella en sus textos”.

‘El problema está/ en que dejé helarse a mis gestos./ El problema no estaba/ en la cocina o en los tulipanes/ sino sólo en mi cabeza/ mi cabeza.’ Es uno de los poemas de Sexton que aparecen en la exposición orlado de dibujos de pájaros muertos o agonizantes, almejas fuera de temporada, lenguas humanas. “Las que presento son imágenes dibujadas con puntas de acero”, escribe la artista. “Grabadas a golpe de baño de ácido. Estampadas sobre el papel a fuerza de ser reventadas contra el tórculo”.

Domina lo sombrío, tétrico y oscuro, apenas unas cuantas pinceladas de color, ella que era tan amante del rojo. Pero asegura que no refleja un estado de ánimo depresivo, ni se trata de un punto de inflexión en su obra. “Siento una armonía y una plenitud que nunca había experimentado hasta ahora”, afirma rotunda.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Tiene motivos sobrados para sentirse satisfecha. Y uno de ellos es su estancia en Barcelona. “Allí  he encontrado una serenidad y calma que no había disfrutado antes. Es un lugar perfecto para la creación. Desde que llegué me vi participando de un clima sano en el que el respeto por el trabajo ajeno, la suma de fuerzas entre creativos de distintos ámbitos y las ganas por seguir y por construir me hicieron sentir muy cómoda. Es un lugar perfecto desde el que continuar cuestionándose y continuar trabajando”.

Licenciada en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, Bonet amplió su formación en Santiago de Chile, Nueva York y  Urbino. Comenzó su carrera centrándose en el óleo y el grabado y, a partir de 2009, decidió dedicarse a la ilustración. Sus retratos de mujeres, de los que ella misma ha sido modelo algunas veces, expresan una atinada combinación de fragilidad y fortaleza femenina que conecta con el sentir de las jóvenes de hoy. Practica un tipo de ilustración aparentemente sencilla de líneas limpias y tintas de color sólo en algunos puntos de la imagen en blanco y negro. Como ella mismo ha dicho en varias entrevistas, es un concepto de dibujo “muy íntimo”.

Su primer trabajo como autora, ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’ es un libro muy personal acerca de las cosas o situaciones que se acaban en el momento que menos se espera  destrozando los planes presentes y futuros. El duelo y el dolor por esa situación ilustrado con delicadeza y realismo en la misma proporción. También ilustró ‘La petita Amèlia es fa gran’ (La pequeña Amelia se hace mayor), un relato infantil de Elisenda Roca.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Bel Carrasco

Gastronomía y diseño, un plato de éxito

Exposición Gastro+Design
Gastrónoma 2015 de Feria Valencia
Del 14 al 16 de noviembre de 2015

Se consume por la boca, pero también, y de qué manera, por los ojos. De ahí la importancia del diseño a la hora de comprar un producto. “El poder que tiene la imagen sobre la venta es brutal”, explica Pedro González, al frente del estudio de diseño que lleva su nombre, encargado del comisariado de la exposición Gastro+Design en el marco de Gastrónoma 2105. Para poner en valor toda esa creatividad que se halla detrás del éxito de muchas marcas comerciales, se mostrarán 25 trabajos de 16 estudios valencianos en Feria Valencia del 14 al 16 de noviembre.

Gastrónoma 2015, del 14 al 16 de noviembre, en Feria Valencia.

Gastrónoma 2015, del 14 al 16 de noviembre, en Feria Valencia.

Los trabajos de diseño están relacionados con marcas de bebidas, licores, cervezas artesanales, arroces, aceites, jamones o cafés. También con espacios de ocio y restaurantes que por su ambiente resultan singulares. Marcas y espacios que han visto en muchos casos incrementar sus ventas gracias al maridaje entre el producto y su forma de presentación. “Las etiquetas suscitan recuerdo en el consumidor”, subraya González. Y ese recuerdo es el que incita a la compra. Ahora bien, cuidar la imagen sin cuidar al mismo tiempo la calidad del producto no suele funcionar. “Antes te la podían colar, pero al consumidor sólo le engañas una vez”.

El estudio de Pedro González ha sido el encargado de reunir algunos de los primeros nombres del diseño valenciano: Conca y Marzal, Menta, Ibán Ramón y Dídac Ballester, Lavernia & Cienfuegos, Gallén+Ibáñez, Borja García Estudio, Daniel Nebot y Paco Roca, Estudio Pepe Gimeno o el propio organizador, entre otros. Algunos de ellos, como los casos de Nebot y Lavernia, Premios Nacionales de Diseño. Y otros, como Roca, Premio Nacional de Ilustración.

Gastrónoma 2015, del 14 al 16 de noviembre, en Feria Valencia.

Gastrónoma 2015, del 14 al 16 de noviembre, en Feria Valencia.

Estudios y diseñadores ninguneados por la anterior Administración. “Se ha menospreciado a la profesión, contratando a gente amateur y pagando honorarios muy por debajo de lo estipulado”, afirma González. Reconoce que se ha dado “un pequeño paso adelante” con el actual equipo de gobierno, pero que todavía “está lejos” de que haya ese reconocimiento hacia los profesionales del diseño. “Un cartel no se puede hacer por 1000€”, dice. Aunque reconoce que “con todas las obscenidades políticas cometidas se hace ahora difícil de entender que haya que pagar entre 4000 y 6000€ por un cartel, acorde con las tarifas establecidas”.

La exposición Gastro+Design viene a arrojar un poco de luz en relación con esa puesta en valor del diseño. “Tenemos que educar a la Administración para que sepa lo que está comprando”. Del mismo modo que las marcas han de saber que un buen diseño puede favorecer las ventas. Los casos prácticos que se presentan en Gastrónoma 2015 “refuerzan la importancia entre la calidad del producto y la inversión en su presentación como fórmula de éxito”.

Y Pedro González pone su propio ejemplo con el “boom” de Bodegas Hispano Suizas, el diseño de la etiqueta de la cerveza Lalola, de Daniel Nebot y Paco Roca, la identidad visual de los jamones Extrem, de Gallén+Ibáñez, o el diseño de los restaurantes Copenhague, Malmö y Oslo, de Borja García Estudio. “Nos hemos centrado en productos gourmet, para acercarnos a un público quizás más selecto y amante de la gastronomía”. Un público “bipolar” en tiempos de crisis. “Hablamos de gente que consume productos de las grandes superficies y de ese otro que ha provocado el renacer de espacios más especializados”.

En este sentido, Pedro González reconoce que la crisis “ha limpiado el mercado en todos los sectores”, de forma que en el diseño, “antes más atomizado, ahora se ha quedado lo mejor”. Gastro+Design, en Gastrónoma 2015 de Feria Valencia, es un ejemplo de todo ello. También un ejemplo de que “el diseño es garantía de éxito”, concluye el organizador.

Imagen promocional de la exposición Gastro + Design. Cortesía de Estudio Pedro González.

Imagen promocional de la exposición Gastro + Design. Cortesía de Estudio Pedro González.

Salva Torres

Teatro de muerte sin pistolas

Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodríguez
Intérpretes: Román Méndez de Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Bruno Tamarit e Isabel Martí
Producción: Wichita CO y Tábula Rasa
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 2 al 13 de septiembre de 2015
Miércoles, jueves y viernes (20.30h), sábados (18.30 y 21.00) y domingos (18.30)

En noviembre de 2014, se estrenó en una pequeña sala alternativa de Valencia Nosotros no nos mataremos con pistolas. De manera inmediata, fue considerada, unánimemente, como el espectáculo revelación de la temporada. Tras un exitoso reestreno, llegaron los premios de la Associació d’Actors (Silvia Valero y Bruno Tamarit ganaron los de Mejor interpretación y Lara Salvador el Crisálida a la Actriz Revelación) gracias a lo cual su prestigio fue creciendo mediante el boca a boca, alcanzando una repercusión realmente sorprendente, tratándose de un espectáculo de sus características conceptuales.

Escena de Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodriguez. Cortesía de la compañía.

Escena de Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodriguez. Cortesía de la compañía.

Nosotros no nos mataremos con pistolas llega, ahora, al Teatro Talía -uno de los de mayor solera y tradición de Valencia- alcanzando un nuevo hito en su ascendente trayectoria.  Para  que todos los que han oído hablar de ella, pero aún no han podido descubrirla, lo hagan. Y, también, para satisfacer a aquellos que la descubrieron en sus inicios y que demandaban una nueva oportunidad de disfrutarla.

Nosotros no nos mataremos con pistolas es, en definitiva, el epítome del estado del teatro valenciano contemporáneo: la prueba más evidente de su magnífica salud, de la calidad de sus dramaturgos y de la sensibilidad y talento de una nueva generación de actores, consagrados, ya, como figuras referentes de nuestra escena.

Teatro de reflexión, pero también de evasión. Profundo, pero distendido. Implacable, pero tierno. Cinco personajes inolvidables. Cinco soberbias interpretaciones. Y un texto que, sin duda, con el tiempo, llegará a ser considerado todo un clásico de la escena.

Escena de Nosotros no hablaremos con pistolas, de Víctor Sánchez.

Escena de Nosotros no hablaremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodriguez. Cortesía de la compañía.

 

Input: Fotógrafos españoles en China

INPUT_10 años de fotografía española en China
Diana Coca, Pilar Escuder, Jorquera, Héctor Peinador, Gisela Ràfols, Carlos Sebastiá
Comisaria: Susana Sanz
Dali International Photography Festival
Dali Old Town, Yunnan
Del 6 al 10 de agosto de 2015

Tras su éxito de público y crítica en Pekín (Aotu studio, 21 de marzo – 17 de abril de 2015), la exposición INPUT_10 años de fotografía española en China viaja al reconocido Festival Internacional de Fotografía de Dali (Yunan, DIPE 2015). La exposición muestra la obra reciente de seis fotógrafos españoles que viven y trabajan en China. Cada fotógrafo ha plasmado en su obra el análisis personal de China y el papel que ha jugado en su desarrollo creativo.

La mujer clitórica, de Diana Coca.

La mujer clitórica, de Diana Coca. Cortesía de la autora.

Desde el estudio de Jorquera sobre el creciente individualismo y la obsesión por el éxito entre la juventud china; pasando por la brutal transformación urbanística captada por la poesía fotográfica de Héctor Peinador y Carlos Sebastiá; hasta la supervivencia en un medio de extrema hostilidad sobre la que reflexiona Diana Coca o la preocupación que muestra la fotografía de Pilar Escuder por la incontrolada contaminación en ciudades como Pekín; y el análisis sobre la identidad de Gisela Ràfols.

Todas estas obras no solo arrojan luz sobre cuestiones socioculturales de rabiosa actualidad, sino que también revelan el trabajo de una brillante generación de fotógrafos españoles atraídos por China y por su cultura contemporánea.

La exposición organizada por Xd West-east Culture Agency y comisariada por Susana Sanz ha contado con el apoyo especial de la Embajada de España en China, la Fundación ICO, el Institut d’Estudis Baleàrics y el colectivo de fotógrafos Nophoto.

La muestra estará abierta al público desde el día 6 al 10 de agosto de 2015, en la sala 2-3 K de DIPE, tras lo cual se prevé que continúe su itinerancia.

Fotografía de Carlos Sebastiá.

Fotografía de Carlos Sebastiá, cortesía del autor.

 

Felices 140: Sin conciencia moral

Felices 140, de Gracia Querejeta
Con: Maribel Verdú, Eduard Fernández, Antonio de la Torre, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O’Dogherty, Paula Cancio, Ginés García Millán y Marcos Ruiz
Guión: Santos Mercero, Gracia Querejeta

‘Felices 140′, la última película de Gracia Querejeta, es perturbadora. Un cierto desasosiego se va impregnando poco a poco en el cuerpo del espectador, que siente el silencio ensordecedor que inunda la pantalla cinematográfica. La trama y la intensidad dramática de ‘Felices 140′ penetra en el espectador hasta abandonarlo en un estado de cierta desolación.

Maribel Verdú, en un fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

Maribel Verdú, en un fotograma de ‘Los Felices 140′, de Gracia Querejeta.

Ahora bien, ¿por qué el espectador siente esa carga de desolación, cuando los personajes de la historia no sólo declaran sentirse felices, sino que además se les ve felices? El premio del euromillón que Elia (Maribel Verdú) comunica al grupo de amigos que reúne en una lujosa casa para celebrar su 40 cumpleaños, y que se traduce en nada más y nada menos que 140 millones de euros, es lo que desencadena esa felicidad que irá retorciéndose hasta alcanzar un brillo insospechado.

Santos Mercero y Gracia Querejeta construyen una historia basada en la idea que Freud manifestó en su ensayo titulado ‘El porvenir de una ilusión’: “Infinitos hombres civilizados, que retrocederían temerosos ante el homicidio o el incesto, no se privan de satisfacer su codicia, sus impulsos agresivos y sus caprichos sexuales, ni de perjudicar a sus semejantes con la mentira, el fraude y  la calumnia, cuando pueden hacerlo sin castigo, y así viene sucediendo, desde siempre, en todas las civilizaciones.”

Fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

De izquierda a derecha, Marian Álvarez, Antonio de la Torres, Alex O’Dogherty y Nora Navas, en un fotograma de ‘Los Felices 140′, de Gracia Querejeta.

Los ocho personajes de esta película coral son esos hombres y mujeres civilizados que en cuanto comprueban que el peso de la ley puede quedar en agua de borrajas, van dejándose llevar por cierto espíritu mezquino.

Por una parte, nos encontramos con la protagonista, Elia, magníficamente interpretada por Maribel Verdú, que sólo desea reanudar su relación con su ex pareja (Ginés García Millán), sin atender la negativa de éste. Una negativa que le abrasa de ira hasta alcanzar cotas imprevistas. Y, por otra, están los otros siete personajes arrebatados por una codicia, que aflora a medida que esos 140 millones del premio se convierten en objeto de un vil intercambio.

Paula Cancio y Ginés García Millán en un fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

Paula Cancio y Ginés García Millán en un fotograma de ‘Los Felices 140′, de Gracia Querejeta.

El drama de  ’Felices 140′ se inicia tras el acto nuclear relacionado con esa ira de la protagonista. Un acto que se irá diluyendo, en favor del único valor verdadero que moviliza a estos personajes: su codicia y, con ella, el afán de riqueza, de poder y de éxito. Y para satisfacer esa codicia no les importa transgredir la ley, traicionar, mentir y defraudar.

Todo está permitido cuando los dilemas morales, los remordimientos, desaparecen tras el tupido velo de 140 millones de euros.

De ahí, probablemente, la desolación que siente el espectador una vez acabada la película. ¿O no?

Fotograma de la película 'Felices 140', de Gracia Querejeta.

De izquierda a derecha, en primer plano, Antonio de la Torre, Marcos Ruiz,y Maribel Verdú; detrás, Marian Álvarez y Eduard Fernández, en un fotograma de la película ‘Felices 140′, de Gracia Querejeta.

Begoña Siles

La memoria suburbana de Ian Waelder

Believe Me, I Tried, de Ian Waelder
Sala D’Arcs
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Del 24 de abril al 6 de septiembre

Ian Waelder nació en Madrid en 1993, en la actualidad vive y trabaja en Palma de Mallorca. Su práctica artística, fotográfica y escultórica, interroga la cultura suburbana desde la memoria. El artista colecciona experiencias de su entorno, principalmente vinculadas al mundo del skate.

Con su proyecto ‘Believe Me, I Tried’, Waelder se aproxima a la figura de Anthony Pappalardo, un destacado skater de Estados Unidos que padeció las consecuencias de creer en el sueño americano. De manera personal, el artista relaciona los éxitos y fracasos de este personaje a los de su propia actividad artística.

Obra de Ian Waelder en la exposición 'Believe Me, I Tried' en el Palau de Valeriola. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Ian Waelder en la exposición ‘Believe Me, I Tried’ en el Palau de Valeriola. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Ian Waelder ha tenido exposiciones individuales en L21 Palma y Madrid y en Espazo Miramemira de Santiago de Compostela, así como proyectos de comisariado en Sant Andreu Contemporani, La Casa Encendida, CGAC y Casal Solleric, entre otros. Ha estado presente en la última edición de ARCO y recientemente ganó el Premio Full Contact del Festival de Fotografía SCAN Tarragona.

Ha sido finalista en premios y becas como el Premio Miquel Casablancas. Sant Andreu Contemporani (España), Artista joven Just Mag de JustMad5, Premi Ciutat de Palma (Mención de Honor), premios Artes Plásticas Ciudad de Manacor, Certamen de Artes visuales Art Jove, entre otros.

Ha sido seleccionado para participar en Café Dossier II de La Tabacalera en Madrid y en el III Encontro Artistas Novos de la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela. Ha participado en residencias como la de Tokonoma de Kassel y la del Centro PANAL 361 de Buenos Aires.

Durante el 2015 expondrá de forma individual en la Galería LOCAL Arte Contemporáneo de Santiago de Chile y en la Sala d’Arcs de la Fundación Chirivella Soriano de Valencia.

Obra de Ian Waelder en la exposición 'Believe Me, I Tried' del Palau de Valeriola. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Ian Waelder en la exposición ‘Believe Me, I Tried’ del Palau de Valeriola. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

“La vejez es un retorno de la adolescencia”

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Los millennials en Sala Ultramar

Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodríguez
Sala Ultramar
C / Alzira, 9. Valencia
Del 17 al 26 de febrero, 2015

Tras el éxito cosechado en su presentación oficial en noviembre de 2014, la sala Ultramar acoge de nuevo ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’, una obra original del dramaturgo Víctor Sánchez Rodríguez (Port de Sagunt, 1985). Los pases arrancarán el martes 17 de febrero y habrá uno cada día a las 20h hasta el 26, con excepción del viernes 20, en que no habrá función.

Vuelve esta producción, fruto de la colaboración de las compañías valencianas Wichita CO y Tabula Rasa. Un proyecto que se hizo realidad gracias a métodos de financiación alternativa como el crowdfunding o la organización de acontecimientos festivos que, a falta de subvenciones y de medios propios, fueron los que permitieron recaudar los fondos necesarios.

Escena de 'Nosotros no nos mataremos con pistolas', de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de Wichita CO.

Escena de ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’, de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

El esfuerzo mereció la pena. La obra recibió una magnífica acogida por parte del público. Entradas agotadas en todos los pases y comentarios satisfechos entre los espectadores. Impresiones positivas respaldadas, además, por las excelentes críticas publicadas en diferentes medios de comunicación valencianos.

El texto, que reflexiona sobre la generación de los que nacieron en los 80, los millennials, habla, sobre todo, de la necesidad de volver atrás, a los orígenes, de ordenar los desperfectos pasados antes de dirigir la mirada hacia el futuro. Y lo hace a través de las voces de actores jóvenes, que han sabido entender a la perfección el mensaje, el ambiente opresivo y los problemas que acosan a los personajes retratados por el también joven autor.

Escena de 'Nosotros no nos mataremos con pistolas', de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’, de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’ es un texto que aborda con lucidez y una sorprendente, al tiempo que grata, madurez temas que van desde el momento de crisis actual a los escollos que a menudo ha de afrontar la amistad, pasando por los deseos frustrados.

Pero todo con una luminosa esperanza en el porvenir. No sólo hay líneas sencillamente geniales; la recreación de una atmósfera envolvente y el gran trabajo actoral, con interpretaciones llenas de intensidad y altamente emotivas, a buen seguro no dejarán al público indiferente.

La sala Ultramar brinda ahora a todos aquellos que no pudieron asistir a los pases de noviembre una segunda oportunidad. Y, por supuesto, las puertas están abiertas una vez más a los que quieran repetir la experiencia.

Escena de 'Nosotros no nos matamos con pistolas', de Víctor Sánchez. Sala Ultramar

Escena de ‘Nosotros no nos matamos con pistolas’, de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

Jersey Boys, un Eastwood en do menor

Jersey Boys, de Clint Eastwood
Película estrenada el viernes 5 de septiembre, 2014

Quien vaya a ver ‘Jersey Boys’, la última película de Clint Eastwood, que se olvide de ‘Mystic River’, ‘Million dollar baby’, ‘Cartas desde Iwo Jima’ o ‘Gran Torino’. La fuerza dramática y expresiva de estas películas ejemplares de su más reciente filmografía, dejan paso a un musical sin duda fresco, repleto de pegadizas canciones del grupo de Jersey The Four Seasons, pero débil argumentalmente. De hecho, diríase que la historia, santo y seña del mejor Eastwood, es una simple excusa para adornar la vida de los ‘Jersey Boys’ a los que alude el título de la recién estrenada película.

Fotograma de 'Jersey Boys, de Clint Eastwood, con el grupo The Four Seasons en plena actuación.

Fotograma de ‘Jersey Boys, de Clint Eastwood, con el grupo The Four Seasons en plena actuación.

Eastwood se recrea en las peripecias de Frankie Valli (John Lloyd Young), Tommy Devito (Vincent Piazza), Bob Gaudio (Erich Bergen) y Nick Massi (Michael Lomenda) para narrar el humilde origen de la banda, al amparo de la mafia (magnífico Christopher Walken), sus éxitos y fracasos, sus confrontaciones internas y la lucha por salir adelante cuando las condiciones son más adversas.

Hay, qué duda cabe, trama argumental, pero el relato y la fuerza expresiva de las imágenes a que nos tiene acostumbrado el director de ‘Los puentes de Madison’, se debilitan aquí para que en su lugar brillen los números musicales, la atracción por canciones como ‘Sherry’, ‘Big girls don’t cry’ ‘Walk like a man’ o la más pegadiza de todas ‘Can’t take my eyes off you’. De manera que la nostalgia musical termina empañando la historia, siempre al servicio de la música.

Frankie Valli (John Lloyd Young), con Tommy Devito (Vincent Piazza) detrás, en un fotograma de 'Jersey Boys', de Cint Eastwood.

Frankie Valli (John Lloyd Young), con Tommy Devito (Vincent Piazza) detrás, en un fotograma de ‘Jersey Boys’, de Cint Eastwood.

Algunos se sentirán decepcionados por este quiebro de Clint Eastwood, pero tomadas las lógicas reservas hacia un musical que se sigue a golpe de pie y tarareo, se pueden encontrar las huellas, por débiles que sean, de su potente cine. Entre ellas, como ya sucediera en la oscarizada ‘Sin perdón’ (perdón, valga la redundancia, por la comparación), la reflexión acerca de la culpabilidad por abandonar las obligaciones familiares llevado por la pulsión, asesina en el western y más poética o artística en el caso del musical que nos ocupa.

Eastwood se toma un respiro con ‘Jersey Boys’ para sumergirse en los ‘falsetes’ de voz de Frankie Valli y sus muchachos. La violencia tan presente en su filmografía encuentra su acomodo en el musical, aunque rebajada a la categoría de anécdota sin duda hilarante y jocosa en ocasiones, para que la carrera de The Four Seasons tenga la aspereza que sus canciones endulzan.

Fotograma de 'Jersey Boys, de Clint Eastwood.

Fotograma de ‘Jersey Boys, de Clint Eastwood.

‘Can´t take my eyes off you’, compuesta por Bob Gaudio en pleno duelo de Frankie Valli por la muerte de una de sus hijas, resume esa mezcla de dolor y emocionada recreación de la vida de la que se nutre ‘Jersey Boys’. Dolor, eso sí, carente de la intensidad de sus mejores películas, porque en esta ocasión Clint Eastwood ha preferido darse una alegría musical en tiempos de revival: el propio Martin Scorsese prepara un biopic sobre el grupo los Ramones. Con todo, más vale un musical de un gran maestro que ciento volando. Utilicen los pies y el corazón, más que la cabeza, para seguir las andanzas de los Jersey Boys.

Fotograma de 'Jersey Boys', la última película recién estrenada de Clint Eastwood.

Fotograma de ‘Jersey Boys’, la última película recién estrenada de Clint Eastwood.

Salva Torres