“El premio a Dylan es un reconocimiento a la lírica”

Concierto de InMune
Sala 16 Toneladas Rock Club
C / Ricardo Micó, 3. Valencia
Viernes 14 de octubre de 2016, a las 23.00h

Makma estuvo en el primer concierto de la gira de los catalanes InMune en Valencia, presentando su flamante tercer disco, ‘Universal’, un elepé muy aplaudido y que se distancia de su anteriores trabajos por la contundencia de sus guitarras.

Nos acercamos a la prueba de sonido que realizaban junto a los valencianos 13 Millas. Al terminar la prueba, Morti, vocalista del grupo, y quien esto escribe, subieron a los camerinos para charlar de este trabajo, de la gira que les va a llevar por todo el Estado y sobre la opinión de Morti sobre el Nobel de Literatura dado a Bob Dylan.

Y entre otras cosas, Morti nos contó que este último trabajo “es más vital y energético, quizás como fenómeno de compensación”, que se observa una “evolución clara” con respecto a anteriores trabajos, en el que “el sonido se ha densificado más”, y que el Nobel a Dylan “pone en cuestión al propio Premio Nobel”, aunque se alegra por que el galardón supone “un reconocimiento a la lírica”. Todo esto y más en el video adjunto.

Morti, cantante de InMune. Fotografía: Javier Caro.

Morti, cantante de InMune. Fotografía: Javier Caro.

Javier Caro

Sobre el escaso coleccionismo y otros silencios

A propósito de Evolución
Centro del Carmen de Valencia

‘Evolución’ es el título de la muestra que recientemente se clausuró en una de las salas de exposiciones del Centro del Carmen de Valencia. Esta importante selección de obras de la colección Aena consta de artistas españoles, portugueses e iberoamericanos, representativos del intervalo de tiempo que transcurrió entre el informalismo y el grupo El Paso, junto a lenguajes y creaciones más recientes de las artes plásticas.

Admirable el mérito de esta exposición de Aena que recorre el país para mostrar las más de 1700 obras de arte contemporáneo que integran este valioso conjunto artístico y, repito, admirable y valiente, cuando el coleccionismo contemporáneo sigue siendo escaso y, sobre todo, silencioso en España. La carencia de estudio y atención hacia estas colecciones nada tienen que ver con los estudios realizados hacia grandes colecciones formadas por la nobleza, la iglesia y las casas reales de siglos anteriores, pero las modas cambian, hay nuevos perfiles de coleccionistas, y los lugares geográficos que acogen estas colecciones son cada vez más exóticos y lejanos.

Sin ir más lejos, en pleno siglo XX y XXI importantes coleccionistas están surgiendo por Oriente Medio como es el caso de la casa Real de Catar, que aspira a situar su colección de arte entre las mejores del mundo, algo nada extraño cuando este pequeño Emirato disfruta de la mayor renta per cápita del planeta.

De todas formas, en los siglos XIX y XX el poder económico de las clases altas para algunos, coleccionistas-mecenas para otros, son impulsados a coleccionar junto a nuevos coleccionistas como la clase media o los ricos industriales. La colección Lladró es un claro ejemplo de nuevos ricos que han apostado por el arte, centrando sus adquisiciones mayoritariamente en pintura valenciana como Ignacio Pinazo, Juan Ribalta o Joaquín Sorolla entre otros,  junto a artistas significativos del arte español.

Pero los coleccionistas en su mayoría buscan y necesitan de la cooperación con instituciones que persigan fines culturales para asegurar la viabilidad y sostenibilidad de sus colecciones, como la de Patricia Phelps de Cisneros, una importante colección que mantiene fructíferas relaciones con el museo Reina Sofía en Madrid e instituciones como el Moma de Nueva York y parte del territorio de América del Norte y del Sur.

Vista general de la exposición Evolución en el Centro del Carmen.

Vista general de la exposición ‘Evolución’, de la colección Aena, en el Centro del Carmen.

La importante ex galerista Soledad Lorenzo tras cerrar las puertas de su espacio madrileño de la calle Orfila en 2012, nos recuerda la mala salud que el mundo de las galerías de arte está sufriendo por una crisis que ha golpeado fuertemente al mundo del arte y con ello las ya deterioradas ganas de coleccionar.

Estos galeristas con muchos años de trabajo y lucha a sus espaldas, poseen importantes colecciones que escasamente, y muy de vez en cuando, podemos conocerlas gracias a las instituciones de turno que las reciben ante la ocasión de exponer obras de artistas más desconocidos dentro de las listas de los museos, pero más conocidos y habituales en las programaciones expositivas de las galerías de arte. Por ello se agradece la valiosa labor de los museos públicos ofreciendo sus sedes, tras una donación, compra o convenio de colaboración, como respaldo a la actividad privada y como recientemente ha ocurrido con las exposiciones de las colecciones de arte contemporáneo de Soledad Lorenzo y Helga de Alvear.

Cada coleccionista merece un estudio diferenciado, y en cada caso podrían establecerse factores humanos, económicos, y sociales que aplicasen la trayectoria y composición actual de su colección.

Como es el caso de la familia Yera. El tesón y la voluntad de sus miembros ha servido para contribuir al conocimiento de la obra y pensamiento de estos y muchos más artistas como José Guerrero, José María Yturralde, Darío Villalba, Luis Feito, Equipo Crónica, Antonio Saura, Manuel Millares o Juan Genovés, dejando patente las corrientes pictóricas de mitad del siglo XX, como reflejo y valioso testimonio de una época española dentro del panorama artístico internacional, una labor que fue distinguida con el Premio Arco al Coleccionismo privado en el año 2012.

Con una personalidad más vocacional, Hans Rudolf Gerstenmaier de nacionalidad alemana decía que: “todos en nuestra niñez hemos empezado a coleccionar con sellos o cajas de cerillas o cualquier otra cosa”, pero el contacto permanente con la historia y la cultura que vivió en España desde joven, fueron la causa y el motivo suficiente para reunir en treinta años más de doscientas pinturas europeas de diversas escuelas y procedencias, donde destaca principalmente la pintura Flamenca del siglo XV al XVII.

Imagen de la exposición de la Colección Aena en el Centro del Carmen.

Imagen de la exposición ‘Evolución’, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Las pinturas religiosas, los retratos, los bodegones, los temas mitológicos o las naturalezas muertas se mezclan en esta colección a través de artistas como Anton Van Dyck, Pedro Pablo Rubens, Alexander Adriaenssen, Jan Brueghel De Velours, Juan Van Der Hamen y León, Hendrick Van Ballen, Christian Coclers, Andries Danielsz  y el padre e hijo, Gaspar Pedro y Pieter Verbruggen (el viejo y el joven). Obras de gran belleza y muy superiores a lo conocido hasta aquel momento, predominando la función decorativa destinada a los salones de palacios nobles de Italia y los Países Bajos.

Pero las peripecias hereditarias y los reveses económicos se suman a la crisis actual, lo cual ha provocado un escaso desarrollo y vacío difícil de remontar en cuanto a la apreciación y promoción del arte moderno desde el siglo XIX, primando en muchos casos otros intereses tanto o más que los puramente artísticos, un vía crucis que puede traer graves consecuencias sobre todo al futuro del coleccionismo, por ello destacamos las conocidas colecciones, Carmen Thyssen-Bornemisza, las colecciones de Arte de Telefónica, Iberdrola, la colección Frick o el de la Fundación Suñol, que nos recuerdan la buena salud de algunas colecciones privadas y la necesidad de que existan por el bien del mundo del arte.

El crítico Rafael Sánchez Mazas dijo de la obra de Vazquez Díaz en la colección Rafael Botí: “Ha sabido ser, cuanto más fino y luminoso, más fuerte y más sabiamente constructor. En él se ha dado una rara coincidencia: el progreso de la razón con la intuición pictórica”.

Antonio Barroso

Obras con mucho vuelo en El Carmen

Colección Aena de Arte Contemporáneo
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 10 de enero de 2016

Son obras de arte contemporáneo habitualmente instaladas en aeropuertos de toda España. Obras que en su día fueron catalogadas por la Fundación Aena, institución cultural ahora dependiente de la entidad pública Enaire, para su gestión, conservación y divulgación. Fruto de ese trabajo necesario, ya que muchas de esas obras se hallaban repartidas sin mucho fuste por diferentes dependencias de la red de aeropuertos, es la colección de más de 1500 piezas ahora en depósito. Un total de 35 de esas obras, todas ellas de gran formato, se exhiben en el Centro del Carmen.

Algunas pertenecen a artistas o grupos valencianos de la talla de Andreu Alfaro, Miquel Navarro y Equipo Realidad. “Es una selección pequeña pero sin duda representativa de la colección de la Fundación Aena”, afirmó Enrique Moral, director de la entidad pública. Pequeña, pero “rotunda”, subrayó Felipe Garín, director del Centro del Carmen. Rotundidad en cuanto al formato y a la cualidad de los artistas representados: Eduardo Arroyo, Miquel Barceló, Juan Barjola, Rafael Canogar, Cristina Iglesias, Paloma Navares, Antoni Tàpies… Y rotundidad en cuanto al contenido plástico.

Obra de Santiago Sierra, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Obra de Santiago Sierra, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

La exposición, cuyo título Evolución se refiere al propio vuelo ascendente en el tiempo de la colección, arranca con la obra de Tàpies Grafismes blaus sobre vellut granat, en la que destaca un igualmente rotundo ‘No’ en el interior del cuadro. Y la cierra una similar y contundente negación de Santiago Sierra en su fotografía en blanco y negro denominada No Global Tour. “Sí, podríamos decir que empieza con una negación a la dictadura por parte de Tápies y concluye con esa otra negación de Sierra contra la globalización”, admitió Ángeles Imaña, comisaria de la muestra.

Y entre ambas negaciones, una severa afirmación: “Estamos probablemente ante una bella desconocida”, refiriéndose Moral al conjunto de obras exhibidas de la colección Aena, que sirve de “impulso al arte español, portugués e iberoamericano”. Porque Evolución, en tanto tal, muestra obras que van de los años 70 a la actualidad, incluyendo artistas como la portuguesa Helena Almeida o el chileno Roberto Matta, dentro de ese “objetivo público de apoyo al arte contemporáneo”. Pinturas murales, esculturas, fotografías y audiovisuales que dejan por unos meses su ubicación en los aeropuertos de Valencia, Barcelona, Madrid, Palma, Santiago, León o Málaga, para que el espectador las vea fuera de su contexto habitual.

Obra de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Obra de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

“El fútbol ayudó mucho al impulso de la colección”. Y Enrique Moral, ante el asombro general, explicó que con motivo del Mundial del 82, “se ampliaron los aeropuertos”, lo cual favoreció esa evolución del arte contemporáneo en relación con los espacios destinados a la navegación aérea. Eso sí, las compras han sido en todo momento “siguiendo el criterio público de gasto en torno a valores seguros”. Como lo son Barceló, Arroyo, Canogar, Tàpies o Barjola, cuya Tauromaquia, según explicó Imaña, pasó “de las cabezas picassianas a esas otras más de Bacon”, característico del quehacer siempre inquieto del artista extremeño.

Felipe Garín advirtió el hecho de que siendo una colección de la Fundación Aena no hubiera prácticamente alusiones a los aviones, lo cual le pareció un acierto. Y cuando tal cosa sucede, como en el caso de la instalación de Tim White-Sobieski Terminal 3, sea para homenajear a las víctimas de las Torres Gemelas mediante imágenes de un misterioso atractivo. Como misteriosa es la obra de Paloma Navares, “artista poco conocida, pero de gran talento” (Imaña), o sobrecogedora la fotografía de Victoria Diehl de una mujer sin pezones en su maltratado cuerpo; esta última, ganadora del Premio de Fotografía que convoca la Fundación Aena.

Obra de Juan Barjola, de la Colección AENA, en el Centro del Carmen.

Obra de Juan Barjola, de la Colección AENA, en el Centro del Carmen.

Salva Torres

El fantasma ideológico de la pureza

“Better humans tomorrow!”, Ernesto Casero
Galería pazYcomedias
Pl. Colegio del Patriarca, 5. bajo-dcha
Comisario: José Luis Pérez Pont
Hasta el 31 de octubre de 2015

De la higiene victoriana al fantasma ideológico de la pureza.

Una vez más, lo que se nos presenta bajo la mística apariencia
de ciencia pura y conocimiento objetivo de la naturalez
en el fondo se revela como ideología política, económica y social.
Richard C. Lewontin

Desde que Charles Darwin publicara en 1859 Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, título que acortó en la segunda edición, han surgido múltiples defensores de una visión de la naturaleza que implica, por un lado, la competición por la supervivencia constituida como el principal mecanismo de evolución de las especies, y por otro, una visión individualista y jerárquica de las poblaciones en la que los individuos considerados “aptos” acaban eliminando y sustituyendo a los “no aptos”, interpretación que, pese a contradecir datos empíricos como las evidencias del registro fósil o los descubrimientos en genética como los genes Hox, sigue constituyendo el paradigma dominante en Biología.

Uno de los primeros pensadores que aplicó estas ideas a las sociedades humanas fue Francis Galton, primo de Darwin, conocido, entre otras cosas, por acuñar el término eugenesia. Para Galton, como para tantos otros preeminentes hombres de ciencia de la Inglaterra victoriana, era importante que, al igual que los ganaderos seleccionan a sus mejores animales para la cría y la reproducción, en las sociedades humanas se siguieran mecanismos de selección similares, para así conseguir sociedades cada vez más perfectas. Otro influyente pensador de la época, Herbert Spencer, autor de la expresión la supervivencia del más apto, abogaba por la supresión de los servicios públicos, como atención médica, educación o subsidios a los desfavorecidos, puesto que para él estas medidas constituían un obstáculo para que la selección natural eliminara a los individuos “no aptos”, contribuyendo así a una progresiva degeneración de la especie en las sociedades occidentales, lo que para Spencer las llevaría inevitablemente hasta su colapso.

Ideas como éstas y derivaciones más radicales, basadas en un supuesto cientifismo pero cargadas de ideología, y en las que bajo una pátina de argumentos pretendidamente biológicos se perseguían objetivos basados en la productividad y el mantenimiento del statu quo, saltaron rápidamente al continente europeo y a Norteamérica. En el primer tercio del siglo XX, y financiadas por fortunas como las de los Carnegie, Rockefeller, Harriman o Kellogg, surgieron en Estados Unidos diversas organizaciones para la promoción de medidas eugenésicas, constituyendo importantes grupos de presión que conducirían a la implementación de leyes de esterilización forzosa en diversos estados. Más de 60.000 personas fueron esterilizadas en este país por ser consideradas portadoras de “rasgos genéticos indeseables”, entre las que se incluían a los llamados “débiles mentales”, delincuentes, inmigrantes y mujeres de etnias minoritarias como los nativos americanos, hispanos o afroamericanos, principalmente. Similares programas de esterilización forzosa fueron llevados a cabo en países como Dinamarca, Islandia, Noruega o Suiza; en algunos, como Canadá o Suecia, estas prácticas se mantuvieron hasta los años 70.

Ernesto Casero, ''Better humans tomorrow!". Cortesía Galería pazYcomedias.

Ernesto Casero, ”Better humans tomorrow!”. Cortesía Galería pazYcomedias. Foto: Juan Peiró.

La eugenesia como movimiento no sólo abogaba por la mayor tasa de reproducción de los individuos considerados más aptos (eugenesia positiva) o la esterilización de los considerados menos aptos (eugenesia negativa), sino que constituía un conjunto de prácticas relativas a la conducta sexual, la alimentación, la salud, la llamada “higiene racial” y, en definitiva, la implementación de los códigos morales y sociales del pensamiento puritano anglosajón. Constituyó un movimiento del patriciado orientado a evitar la disolución de los valores morales y la estructura social que los legitimaba, patriarcal y racista, amparándose en argumentaciones pseudocientíficas para proveer de una explicación de tintes biológicos a cuestiones de estructura social, como la delincuencia, la pobreza o la segregación racial. Para los eugenistas las personas que ocupaban los puestos más bajos de la pirámide social se encontraban en esa situación porque eran biológicamente inferiores, la estructura social únicamente reflejaba la realidad genética, y para evitar la degeneración de la especie humana la eugenesia proveía de un conjunto de técnicas y medidas gubernamentales orientadas a la mejora del pool genético.

Parte de estas ideas racistas, sexistas, clasistas y discriminatorias han serpenteado a lo largo del siglo XX y han llegado, si bien transformadas en muchos casos en la forma aunque no en el fondo, hasta nuestros días. El determinismo genético o la perspectiva racial del CI continúan siendo caballo de batalla de ideólogos conservadores en todo el mundo, y la utilización mercantilista de la ingeniería genética, producto de una visión utilitarista de la naturaleza, constituye no sólo una importante amenaza a la biodiversidad sino a nuestra propia supervivencia como especie. Un creciente número de científicos reclaman un cambio de paradigma en biología que sea respetuoso no sólo con los seres humanos sino con nuestro planeta, desechando planteamientos simplistas y reduccionistas e integrando los conocimientos de la paleontología, la genética, la biología molecular y la microbiología en un sistema coherente basado en la investigación empírica, no en pre-conceptos e ideologías propios de épocas pasadas, como, por ejemplo, el fantasma ideológico de la pureza.

Durante el siglo pasado, la organización social de las condiciones normativas tendía a situar la pureza en el punto álgido de los valores culturales, permaneciendo así la contaminación en el último eslabón o incluso, en ocasiones, en el eslabón perdido. Esta concepción jerárquica de los valores culturales en torno a la pureza es, en parte, consecuencia de las categorías /trascendentes/ de pureza y contaminación, Dios y la Naturaleza.

En los códigos primarios, la pureza es una subcategoría positiva asociada a la legitimidad, bondad y autoridad, por tanto una categoría asociada un ser supremo. Aunque inalcanzable para el ser humano, éste debe esmerarse por aproximarse a la categoría máxima, estando así, cada vez más cerca de la perfección y la eficiencia. Esto es, presentándose como un abanderado fenomenológico del fantasma ideológico de la pureza.

Muestra del conjunto de obras de la exposición ''Better humans tomorrow!" del artista Ernesto Casero. Cortesía del artista.

Ernesto Casero, ”Better humans tomorrow!”. Cortesía Galería pazYcomedias. Foto: Juan Peiró.

La obsesión que muestra la sociedad, en el contexto occidental, por la pureza, en términos de limpieza, de desinfección, por lo impoluto, deriva, dicho a modo muy rápido y general, no únicamente de los códigos primarios, sino también de acontecimientos históricos como la revolución industrial. Los hacinamientos de los trabajadores en las ciudades, junto con la falta de recursos, dieron lugar a grandes plagas, al miedo a caer enfermo, al peligro del contagio, y a la necesidad de buscar un remedio para estos riesgos y plagas, lo que supuso para el capitalismo la oportunidad de apropiarse de los remedios, y así explotar los nuevos conocimientos.1 En la búsqueda de soluciones para las grandes epidemias, empezó una lucha contra los gérmenes, una lucha por la desinfección. Comenzó a articularse una lucha por el anhelo del cuerpo desinfectado, íntimamente ligado a las condiciones materiales de los primeros años del capitalismo. Esta lucha, alcanzó su clímax en la época victoriana, con el desarrollo de lo que el colectivo artístico Critical Art Ensemble llaman una disciplina de lo doméstico, una disciplina articulada que genera necesidad y garantía de que los valores patriarcales no serán disueltos, generando una necesidad de la desinfección surge también la necesidad por los productos que la pueden llevar a cabo, los productos de limpieza, unos productos que, por tanto, se vuelven deseables. Por lo que este deseo, como apunta el colectivo, no supone simplemente algo funcional, sino que acontece a modo de neutralizador de la ansiedad provocada por unas biopolíticas hiper-reales.

 Lo que nos interesa retomar de los trabajos desarrollados por el colectivo, junto con profesionales de distintas áreas de conocimiento, entre ellos biólogos, es exponer cómo el miedo y el peligro se llevaron, intencionalmente, al extremo por intereses económicos y de poder, puesto que esta lucha contra los gérmenes suponía, y supone, grandes beneficios para el capitalismo, así como supuso su posterior institucionalización.

Es de especial interés para abordar cuestiones relacionadas a la pureza como valor que debe guiar la existencia, prestar atención a las dos últimas décadas del siglo XIX en las que tanto médicos como científicos identificaron que uno de los focos de enfermedad, los gérmenes, podía residir en el polvo. La conocida empresa Bissell, activa en la actualidad, ofreció entonces una primera solución: las limpiadoras de vapor, un producto que aseguraba la limpieza total, un producto que surge de la lucha contra los gérmenes. Esta intensa lucha, y la aparición de productos para facilitarnos la victoria, convirtió a la higiene en un asunto social, doméstico y personal, lo que generaba, a su vez, el correspondiente miedo a fracasar y caer enfermo. Por tanto, los fabricantes vieron cuan beneficiosa resultaba la bioparanoia: “the great the fear, the better for the household sanitation and disinfectant industries.” Por tanto, la empresa feroz por la pureza ya no permanecía en el desarrollo de los marcos teóricos de ideólogos del capitalismo, sino que se asentaba directamente en la cotidianidad, convirtiendo la lucha contra lo impuro en el emblema de la victoria del fantasma ideológico de la pureza.

Estas estrategias nos enfrentan al constructo de un cuerpo desinfectado de un cuerpo desinfectado, puro, que forma parte de nuestro ideario social, pero que, paradójicamente, es imposible, es un cuerpo inalcanzable, tomando la potencialidad de la metáfora del cuerpo desinfectado en relación a las tesis eugenésicas. No puede existir un cuerpo desinfectado porque sin gérmenes moriríamos, los necesitamos para desarrollar múltiples funciones, y aunque muchos resultan peligrosos para nuestra salud, con otros co-existimos en una relación simbiótica. Pero en cambio, nos dedicamos a fulminar a todas esas bacterias que la publicidad nos ha mostrado como potencialmente peligrosas, ofreciéndonos, a su vez, la solución para acabar con ellas, el producto mediante el cual conseguir un cuerpo desinfectado. Esta búsqueda por la desinfección genera una relación histérica con las bacterias, y también unos beneficios para la industria. Unos beneficios que provienen del constructo artificial del sentirse seguro frente a estos enemigos. De asumir que un cuerpo desinfectado es la única garantía para mantenerse a salvo, la empresa fracasada para combatir una bioparanoia diseñada con un cuerpo ideal imposible, reduciendo la condición humana al ámbito de la biología, fomentando que vivamos bajo la amenaza constante de aquellos impuros que pueden alterar nuestro índice de pureza, y por tanto, legitimando que deban ser erradicados o modificados hasta encontrarse dentro de los parámetros establecidos de pureza y contaminación, promocionando la necesidad de pureza como promoción del bien común.

En el contexto contemporáneo, un contexto híbrido, son diversas las voces que, desde distintos ámbitos del conocimiento, proponen la necesidad de abrir un espacio de reflexión colectiva sobre la necesidad de combatir el paradigma mecanicista-reduccionista del determinismo biológico pasando a una concepción dialéctica que problematiza con una perspectiva utilitarista tanto de los seres humanos como de la naturaleza y el resto de especies con las que convivimos, ya que entendemos que las posibilidades que nos brindan las biotecnologías han evidenciado una concepción errónea de las mismas: confundir el uso de la tecnología como extensión de las facultades humanas, para re-pensarnos, con una voluntad correctiva que no deje margen al error. La obsesión por la corrección y restauración, por la determinación, significa desterrar la incertidumbre en favor de la búsqueda de una certeza, pero esta búsqueda de la certeza no parece ajustarse demasiado a nuestro contexto contemporáneo, cambiante y lleno de incógnitas, donde los seres humanos somos los primeros que navegamos por una existencia dicotómica. Por tanto, si cedemos a la voluntad por corregir toda perturbación, si cedemos al determinismo biológico, entonces deberemos aceptar que en el camino hacia la búsqueda de la certeza absoluta, probablemente perdamos parcelas de libertad, fortaleciendo las bases de un fantasma ideológico que articula las narrativas hegemónicas, que parten de concepciones jerárquicas de los valores culturales y establecen las bases de argumentaciones racistas, sexistas, clasistas y especistas. En contraposición, biólogos, teóricos y artistas apuestan por una concepción dialógica y transversal que aúne todos los conocimientos recabados y que sirva como herramienta para seguir abordando la complejidad de los sistemas desde la integración del error como posibilidad de apertura.

Ernesto Casero / Laura Benítez

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1Para más detalle sobre los diferentes remedios adoptados en las epidemias europeas de la época industrial véase Critical Art Ensemble, “Bioparanoia and the Culture of Control”, 415.

Juanli Carrión mete a Valencia en un jardín

OSS#Valencia (Outer Seed Shadow), de Juanli Carrión
Claustro de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 20 de diciembre de 2015

El proyecto OSS#VLC (‘Outer Seed Shadow: Valencia’), del artista Juanli Carrión y producido por la Universitat de València en colaboración con el Jardín Botánico y la galería Rosa Santos, se materializa en un jardín instalado en el Claustro de La Nau, que reproduce el mapa de la ciudad de Valencia a través de plantas escogidas por 19 inmigrantes durante las entrevistas realizadas a los mismos acerca de su historia de adaptación e identidad cultural. La intervención se podrá visitar hasta el 20 de diciembre.

Los paisajes están cargados de simbolismos y no solo definen lugares, sino también a las personas que los habitan. Las personas se adaptan a los diferentes contextos en los que viven, o se ven forzados a vivir, pero muchas veces su bagaje cultural en continua evolución crea paisajes internos cargados de significado y simbolismo que bien pueden verse reflejados en un jardín.

Vista del jardín de Juanli Carrión en el Claustro de La Nau. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Vista del jardín de Juanli Carrión en el Claustro de La Nau. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Bajo esta premisa el artista visual Juanli Carrión ha creado en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València el proyecto de arte público ‘OSS’ (‘Outer Seed Shadow’) que toma forma de “jardines geopolíticos”, en palabras del artista. Carrión empezó esta experiencia, que materializa la unión entre flora e interacción humana, en Nueva York donde realizó en 2014 una instalación similar en el Soho para analizar la inmigración de Manhattan. Ahora utiliza los mismos parámetros geopolíticos para esta nueva edición del proyecto en Valencia.

El jardín está construido a partir de maderas recicladas dibujando el mapa de Valencia. En su interior conviven las 19 plantas escogidas por los inmigrantes residentes en distintos barrios de la ciudad. Tras las entrevistas (una persona por cada distrito), cada inmigrante eligió una planta para su representación en el jardín. Estas plantas han sido colocadas según el lugar de residencia de cada uno de ellos en la ciudad.

La flora escogida configura un ‘jardín imposible’ en el que conviven plantas que difícilmente compartirían espacio si no hubieran sido escogidas para este proyecto. En ese parterre conviven tomateras elegidas por un inmigrante griego con bambú (Taiwán), geranios (Argelia), eucalipto (Kurdistán), ceibo (Uruguay), mate (Argentina)…

El título que da nombre al proyecto ‘outer seed shadow’ (sombra exterior de semillas) alude en términos botánicos a una región en la que existe un influjo de semillas pero donde debido a condiciones medioambientales adversas, la germinación o la supervivencia de los brotes es reprimida, causando la merma de representación de esta especie en la región. El proyecto extrae de ahí su nombre como contrapunto para la mítica idea del ser humano en una “tierra de las oportunidades”.

Juanli Carrión delante de su instalación artística. Imagen cortesía de La Nau.

Juanli Carrión delante de su instalación artística. Imagen cortesía de La Nau.

Carlos Sebastiá hace Memoria en Beijing

Memory
Carlos Sebastiá, Huang Xiaoliang, Jonah Calinawan, Wendy Sacks, Susan Kae Grant
See Gallery
B10, 798 Art Zone No.2 Jiuxianqiao Road
Chaoyang District. Beijing. China
Hasta el 11 de julio, 2015

“Las huellas de la dedicación, el sacrificio, el amor y los afectos en nuestras memorias construyen nuestra libertad individual”

Carlos Sebastiá, artista castellonense que reside en la actualidad en Beijing (China), expone en See Gallery de la mencionada ciudad asiática una serie de trabajos en torno a la memoria. De hecho, ‘Memory’ es el título del conjunto expositivo en el que, junto a Sebastiá, exhiben igualmente sus trabajos Huang Xiaoliang, Jonah Calinawan, Wendy Sacks y Susan Kae Grant.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición 'Memory' en See Gallery de Beijing. Imagen cortesía del autor.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Memory’ en See Gallery de Beijing. Imagen cortesía del autor.

El interés artístico de Carlos Sebastiá gira en torno a la evolución y la modulación de lo individual y su comportamiento, tal y como explica el propio artista. “Se trata de las huellas dejadas en el interior por su constante esfuerzo por adaptarse al rechazo social o la confrontación. Estoy muy de acuerdo con el hecho de que ciertos valores considerados inmutables han desaparecido y que, en consecuencia, volvemos a refugiarnos en los valores más básicos que nos dan la fuerza para seguir en el camino”, agrega Sebastiá en el catálogo de la muestra.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición 'Memory' en See Gallery de Beijing. Cortesía del autor.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Memory’ en See Gallery de Beijing. Cortesía del autor.

Tras el análisis de la conducta social afectiva -sigue afirmando el artista-, “creo que cada persona siente su entorno de una manera única y genera espacios internos donde el subconsciente se mezcla con la subjetividad de su realidad”, lo cual lleva “a crear nuestras propias historias en las cuales las experiencias, los sueños, los miedos y esperanzas se mezclan, reproduciendo un estado ideal de cosas. Creamos espacios imaginarios internos que se manifiestan consciente o inconscientemente de acuerdo con nuestro entorno”.

“En mis trabajos -concluye Sebastiá- uso pintura, dibujo y fotografía. Experimento además con diversos materiales como el papel de arroz, el metacrilato, metales, colas y procesos fotográficos como el cianotipo”.

Obra de Huang Xiaoliang en la exposición 'Memory'. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Huang Xiaoliang en la exposición ‘Memory’. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Jonah Calinawan en la exposición 'Memory'. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Jonah Calinawan en la exposición ‘Memory’. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Susan Kae Grant en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Susan Kae Grant en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Wendy Sacks en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Wendy Sacks en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición 'Memory' en See Gallery de Beijing (China). Imagen cortesía del autor.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Memory’ en See Gallery de Beijing (China). Imagen cortesía del autor.

 

 

 

 

Los carteles biográficos de Cinema Jove

30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Cartel del festival: Amadeo Castroviejo y Roser Miquel (Casmic-LAb)
Del 19 al 26 de junio de 2015

La historia de los carteles del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove, organizado por CulturArts, es la historia misma de su espíritu, de su trayectoria y de su evolución. Y grandes artistas como Pablo Llorens, MacDiego, Paco Roca o el estudio Casmic-Lab, que firma el cartel de la 30ª Edición que se celebrará del 19 al 26 de junio, forman parte de ella.

En la imagen de este año, Amadeo Castroviejo y Roser Miquel (Casmic-Lab), han querido representar la alquimia “porque creemos que tanto el Festival como el cine en sí son procesos mágicos donde entran en juego muchos factores”, afirman los diseñadores.

Fue en el año 2007 cuando estos dos creativos se presentaron por primera vez a la selección del cartel de Cinema Jove. Desde entonces, Amadeo y Roser han plasmado, a través de sus ilustraciones, la filosofía del Festival en cada edición. “Cinema Jove tiene un espíritu fuerte, dinámico y alegre. Tiene una energía muy especial y siempre es un reto representarlo”. No en vano, los carteles de estos dos jóvenes diseñadores gráficos valencianos han sido premiados internacionalmente.

Cartel de J. Ballester del Cinema Jove de 1991. Cortesía del Festival.

Cartel de J. Ballester del Cinema Jove de 1991. Cortesía del Festival.

A lo largo de la historia del Festival, grandes artistas de nuestra Comunidad han sido los encargados de desarrollar y crear su imagen atendiendo al alma de cada edición. De esta manera, en 1991, el artista J. Ballester crea un cartel en el que aparecen grandes directores de la historia del cine ante la atenta mirada de un niño, representando así, la línea de formación que caracterizaba y caracteriza al Festival.

Destacan también los carteles de Pablo Llorens, ganador de dos premios Goya por sus labores en animación, que ilustraron Cinema Jove con su sello inconfundible desde el año 92 hasta el 96.

Cartel del Cinema Jove de 1997 obra de MacDiego. Cortesía del Festival.

Cartel del Cinema Jove de 1997 obra de MacDiego. Cortesía del Festival.

En el año 1997, José Luis Rado entra como director del Festival y, con este cambio, se quiso dar también otro aire a su imagen. Se realiza el encargo al diseñador gráfico MacDiego. Él dio forma y vida al logotipo insignia que representa un ojo con dos pupilas. Un motivo surrealista que refleja perfectamente esa mirada inquieta, inconformista y diferente que tienen los cineastas y espectadores del Festival. Además, en ese momento las Lunas de Valencia, diseñadas también por MacDiego, ya aparecen como la imagen del premio, y así se hace patente en la tipografía del cartel.

En 2001, el cartel, diseñado por Erique Villalba, está inspirado en la película ’2001: Una Odisea en el espacio’, de Stanley Kubrick. Somnis Animació realizó en 2002 el cartel con un juego al público para que adivinaran a qué película hacía referencia. En ese momento fue ‘M’, de Fritz Lang. En 2003 hace referencia a ‘Blade Runner’, de Ridley Scott, y, al año siguiente, a ‘La ventana indiscreta’ de Alfred Hitchcock, con diseño de Remi Hueso.

En el 20º aniversario de Cinema Jove se encarga de nuevo la imagen a MacDiego, que a su vez le pasa el testigo a Paco Roca. En ese momento, se toma como idea las efigies de los directores que pasaron por el Festival transformándolos en cíclopes de dos pupilas. Idea que continuó en la Edición siguiente pero, en esa ocasión, diseñadas por Cento Yuste por encargo del propio MacDiego.

Cartel obra de Casmic-Lab para el Cinema Jove de 2007. Cortesía del Festival.

Cartel obra de Casmic-Lab para el Cinema Jove de 2007. Cortesía del Festival.

En 2007 entra ya el estudio de diseño Casmic-Lab. En este primer cartel se representó la idea de los superhéroes con el estilo pop que les caracteriza. Esta imagen fue elogiada por grandes profesionales como Kyle Cooper, diseñador de los títulos de crédito de películas como ‘Seven’ (David Fincher, 1995), ‘Spider-Man’ (Sam Raimi, 2002), ‘Misión Imposible’ (Brian de Palma, 1996) o ‘Donnie Brasco’ (Mike Newell, 1997).

Al año siguiente se cumplían 40 años del mítico Mayo del ’68, año en el que, con motivo de las algaradas y revoluciones callejeras, los cineastas franceses paralizaron el festival de Cannes. Cinema Jove albergó el ciclo ‘Can(nes)celled’, en el que se proyectaban las películas que no se pudieron ver en la ciudad francesa.

Casmic-Lab, buscando un motivo asociado a la época, ideó para el cartel un caleidoscopio con la imagen de los homenajeados de ese año y los directores de algunas las películas del ciclo (Richard Lester, Jirí Menzel o el productor Elías Querejeta). Como anécdota, Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, recuerda que “con el cartel ya hecho, Casmic-Lab se interesó por saber cuál era la imagen que representaba al festival de Cannes del ’68 y para sorpresa de todos también contenía un caleidoscopio”.

Cartel del Cinema Jove de 2009, obra de Casmic-Lab. Cortesía del Festival.

Cartel del Cinema Jove de 2009, obra de Casmic-Lab. Cortesía del Festival.

En 2011, el estudio de diseño convirtió a Valencia en una ciudad-proyector en el que partes y elementos arquitectónicos de la ciudad se transformaban en piezas de una máquina de cine. Una piñata gigante, creada ex profeso con técnicas clásicas de cometa y origami japonés, fue la imagen del cartel de la 28ª Edición.

“Cinema Jove es una oportunidad para el espectador de acercarse a los directores, actores y profesionales del mundo del celuloide; es también un punto de encuentro entre los profesionales del sector, y sobre todo una oportunidad para el público de ver películas de gran calidad. Durante los días del Festival se suceden momentos y encuentros muy especiales que darán como fruto futuros proyectos. Buscando la mejor forma de plasmar esos momentos, se nos ocurrió la idea de construir una piñata de papel y decidimos que su contenido debería tener un carácter de piedra preciosa porque eran momentos y películas muy valiosas”, afirman Casmic-Lab.

En esta 30ª Edición, han querido unir los conceptos de la experimentación, los cambios, el proceso intelectual pero también físico, y los han hecho confluir dentro de un canal que se convierte en objetivos que, a su vez, acaban siendo dos manos haciendo el gesto de encuadre. Un ojo, que nos mira fijamente, es el objeto central del póster.

Para ello, se han inspirado en libros antiguos de ciencia, de anatomía, de física, también místicos y de alquimia “para ver cómo representaban la esencia del cambio a través de dibujos” ya que, para Amadeo y Roser, uno de los mayores retos del cartel de esta edición “ha sido encontrar la forma de que todo esto estuviera representado pero que a su vez fuera sencillo y coherente”.

Cartel del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove. Cortesía del Festival.

Cartel del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove. Cortesía del Festival.

El ‘Stadío Vitale’ de Rafa de Corral

Stadío Vitale. Rafa de Corral
ONEstudio
C / Teruel, 2. Valencia
Inauguración: jueves 7 de mayo, a las 20.00h

Las palabras ‘Stadío Vitale’ dentro de la biología responden a la etapa o fase de un proceso, implica cambio, transformación, metamorfosis que experimentan algunos insectos durante su vida. Se trata de un punto de inflexión clave dentro del pleno desarrollo del individuo.

En esta muestra, Rafa de Corral representa distintos momentos históricos de su trabajo mediante diferentes disciplinas como son la pintura, la escultura o la video-creación.

Montaje de obras de Rafa de Corral pertenecientes a su 'Stadío Vitale'. Imagen cortesía de ONEstudio.

Montaje de obras de Rafa de Corral pertenecientes a su ‘Stadío Vitale’. Imagen cortesía de ONEstudio.

En este caso, ‘Stadío Vitale’ es un proceso de alteración y modificación interior que se plasma en el video como conceptos abstractos que mutan de manera interminable, conjugando figuras imposibles con sonidos que sugieren infinidad de sensaciones.

Rafa de Corral nos adelanta un cambio en sus dibujos y pinturas mediante rectas y planos coloristas que responden a este proceso de madurez evolutiva.

La incomunicación en las grandes ciudades fue el tema principal de sus primeros trabajos. Urbes desiertas y envueltas en bruma reflejaban esa dificultad comunicativa del individuo contemporáneo que, por otra parte, no aparecía en sus cuadros.

Después se fue metiendo en lo que él llamó una “profunda renovación”. Ya no había ciudades, ni edificios representativos que orientaran la mirada del espectador hacia ese aislamiento urbano. Lo que había y hay es una introspección acerca del espacio y el tiempo.

Obra de Rafa de Corral perteneciente a su 'Stadío Vitale'. Imagen cortesía de ONEstudio.

Obra de Rafa de Corral perteneciente a su ‘Stadío Vitale’. Imagen cortesía de ONEstudio.

Morán: “Hoy la censura es económica no política”

El cura y los mandarines, de Gregorio Morán
Editorial Akal

El término intelectual es relativamente moderno. Fue acuñado en Francia a finales del siglo XIX, durante el llamado affaire Dreyfus, e inicialmente se usó despectivamente para designar a quienes apoyaban al capitán judío, representantes del mundo de la cultura y del arte como Émile Zola, Octave Mirbeau o Anatole France. Más tarde adquirió un significado positivo. La figura del intelectual se entiende como la de un hombre sabio, testigo crítico del poder, una mezcla de Pepito Grillo y mosca cojonera que vigila excesos y abusos, y vela por la ética y el bien común. ¿Qué pasa cuando los intelectuales relajan su función crítica y se dedican a jalear y enaltecer a los poderosos?

Es lo que ha ocurrido estas últimas décadas en España denuncia Gregorio Morán en su último trabajo, un ensayo de 800 páginas, ‘El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados’ (Akal), que se presentó recientemente en la UNED de Valencia. Un lúcido y exhaustivo repaso a nuestra reciente historia cultural y política, entre 1962 y 1996, concebido desde “la ironía y el sarcasmo más que desde la ira”, dice Morán.

Este trabajo de Morán fue en principio un proyecto para la editorial Crítica, del grupo Planeta, pero un capítulo sobre la Real Academia Española (RAE) en el que se juzga con dureza al anterior director Víctor García de la Concha, algunos de sus integrantes y las normas de la casa, provocó un desencuentro y, finalmente, lo editó Akal.

Portada de 'El cura y los mandarines', de Gregorio Morán. Editorial Akal.

Portada de ‘El cura y los mandarines’, de Gregorio Morán. Editorial Akal.

¿Qué pasó con todos aquellos intelectuales que en los sesenta fueron progres, en los setenta moderados, en los ochenta conservadores y en los noventa carcas? 

Esa evolución se debe en parte a la edad, pero también a que en los sesenta tenían escasos intereses personales que defender y ahora sí los tienen. Los intelectuales de mi generación son ya mayores, piensan en el retiro y se han hecho institucionales. Quieren ser académicos, ganar premios y se preocupan más de medrar que de su propia obra. Entre los últimos intelectuales beligerantes e independientes sólo se me ocurre mencionar a Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo y, por supuesto a Rafael Chirbes.

¿Le guarda rencor a Planeta?

Ningún rencor. Como dice uno de los personajes de El Padrino, no se trata de nada personal, sólo una cuestión de negocios. También un indicio de que hoy día el problema de la censura es económico no político o ideológico.

¿Por qué eligió a Jesús Aguirre , el cura como hilo conductor?

Aguirre fue quizá el más exitoso de los intelectuales de su generación, aunque no el más el brillante. Un personaje fascinante que superó grandes dificultades como hijo que fue de madre soltera, que llegó a ser duque de Alba consorte y estuvo en todas las salsas políticas y culturales de su época. Todo el mundo hablaba mal de él, pero su trayectoria es alucinante. Estuvo en las huelgas mineras del 62, en el contubernio de Munich, y hasta ofició la única misa por Grimau tras ser ejecutado. Dio un giro radical desde la defensa de la lucha armada a ser duque de Alba. Me fascinaba la animosidad que existía hacia Jesús Aguirre, el desdén que sufría por su propio grupo. No le consideraban un igual y, sin embargo, yo le considero el más representativo.

Cultura y poder. ¿Un amor imposible en este país?

El Franquismo despreció la cultura y la Transición tampoco le dedicó mucho interés. Los socialistas  trataron mejor que la derecha a los intelectuales y artistas, pero se cobraron los favores con el tema de la OTAN, que nadie regala nada y menos el poder. También el PP de Aznar tuvo su mandarinato cultural pero esa época no está incluida en mi libro.

Alguna predicción para las próximas elecciones.

Me he equivocado en muchas ocasiones en este aspecto, pero veo con buenos ojos la irrupción de Podemos. No sé si ganarán o no, pero creo que su existencia es positiva porque traen aires y savias nuevos contra una casta imperfecta, corrupta y agotada, incapaz de regenerarse desde dentro.

Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es autor de un puñado de libros fundamentales para interpretar la historia cultural y política de la España contemporánea. Entre ellos: ‘Adolfo Suárez: historia de una ambición’,  ’Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985′, ‘El precio de la transición’, ‘El maestro en el erial: Ortega y Gasset y la cultura del franquismo’, ‘Los españoles que dejaron de serlo’, ‘Adolfo Suárez: Ambición y destino’.

Gregorio Morán. Cortesía del autor.

Gregorio Morán. Cortesía del autor.

Bel Carrasco

Quique Sena, en el alambre

Quique Sena
Color Elefante
C / Sevilla, 26. Ruzafa. Valencia
Inauguración: sábado 28 de febrero, a las 19.30h
Hasta el 14 de marzo

Color Elefante inaugura el sábado día 28 de febrero una exposición individual de pintura que recoge el trabajo realizado por Quique Sena durante los últimos dos años. La mayoría de las obras que se muestran en la exposición nunca han sido expuestas anteriormente.

Según Alterio Rego, “el autor, a través de series de dos o tres cuadros, nos cuenta pequeñas historias independientes pero que recogen un sentimiento común. Los diferentes personajes nos transmiten una cierta sensación de inseguridad. Están inestables, desequilibrados física y / o mentalmente, sujetos a situaciones oníricas, simbólicas y metafóricas”.

Obra de Quique Sena. Imagen cortesía de Color Elefante.

Obra de Quique Sena. Imagen cortesía de Color Elefante.

El visitante podrá apreciar, continúa diciendo Rego, “cómo ha evolucionado su técnica pictórica durante estos años. Ha ido ganando gestualidad, cargando el pincel de materia. Está en un proceso de búsqueda de un lenguaje pictórico propio, sincero y directo”.

Como el propio artista manifestó en una entrevista en Radio 3, a propósito de su serie de cuadros ‘En la cuerda floja’, “el tema del equilibrista trata también el tema de la valentía y el peligro que conlleva. Y asumirlos o no asumirlos. Yo creo que eso es una constante en la vida del ser humano…Y no saber hacia qué derroteros nos va a llevar la sociedad”.

Obra de Quique Sena. Cortesía de Color Elefante.

Obra de Quique Sena. Cortesía de Color Elefante.

Obra de Quique Sena. Cortesía de Color Elefante.

Detalle de una obra de Quique Sena. Cortesía de Color Elefante.