Viggo Mortensen: «Me pongo en el lugar del espectador»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Viggo Mortensen
‘Falling’, de Viggo Mortensen
Con Viggo Mortensen, Lance Henriksen, Laura Linney y David Cronenberg, entre otros
112′, Canadá-Reino Unido | Perceval Pictures, Baral Waley Productions, Scythia Films, Zephyr Films, Achille Productions, Ingenious Media, 2020. Distribuida por Caramel
Sábado 17 de octubre de 2020

“Rafael Maluenda… Eres el del Berlanga Film Museum, ¿verdad?”.

Viggo Mortensen abre de este modo nuestra conversación, y me sorprende y me agrada el detalle. Ya de por sí habla de la personalidad y de la elegancia del célebre actor –deberíamos decir artista, pienso, ampliando hacia las demás inquietudes de Mortensen, que abarcan los territorios de varias artes–.

“Cuando dicen que en situaciones de Gobiernos dictatoriales no se puede hacer arte, pongo el ejemplo de Berlanga. No es verdad que sólo se puedan hacer las películas que quieren los dictadores, y Berlanga lo demostró: fue listo y supo burlar la censura franquista. Berlanga no pensó igual que otros cineastas, afortunadamente”.

Queda para otro momento la conversación sobre Berlanga, para centrarnos en la ocasión que nos reúne: Viggo Mortensen está en València, en los céntricos Cines Lys –donde acudo por cordial invitación de su director de programación y servicios generales, Silvino Puig–; llega con la promoción de su primera película como guionista y director, ‘Falling’ –que en España distribuye Caramel–, y de la cual compone también la música; su actitud sencilla aumenta el entusiasmo del público que, respetando la seguridad de las medidas anticovid adoptadas por los responsables de los Lys, llena hasta donde resulta posible dos de las salas más amplias de los cines. En ambas presenta Mortensen su película.

El público le escucha en atento silencio y con una sonrisa permanente en los rostros, fascinado con la posibilidad de admirar tan de cerca a una de las estrellas más populares del cine que, con generalizada amplitud –y quizá, también, con generalizado reduccionismo–, se percibe como “cine americano”. Es verdad que, en los comentarios que cruzan entre sí los espectadores, predomina la mención a Aragorn, el personaje de Mortensen en ‘The Lord of the Rings’ (‘El Señor de los Anillos’, 2002); igualmente, casi de seguido, surge el nombre de Alatriste, el personaje de Pérez-Reverte al que diera vida el actor en la película homónima, dirigida por Agustín Díaz Yanes. Y también, en menor grado, se habla de la reciente ‘Green Book’, ganadora del Oscar en la edición de 2019, por la que Mortensen logró su tercera nominación al premio.

Tras sus palabras para presentar ‘Falling‘, percibe uno que ahora, además de a la estrella, admiran también los espectadores al ser humano. Mortensen resulta de una elegancia exquisita en su modo de abordar los problemas que dejaron en el camino precedentes proyectos como director, e incluso bromea con las circunstancias que le llevan a asumir uno de los papeles protagonistas de ‘Falling’. Creo que nos encontramos ante un actor consciente su responsabilidad como estrella, responsabilidad que gestiona con sencillez.

En efecto, el relato de las dificultades que hubo de superar para poner en marcha el proyecto de ‘Falling’ le muestra humano, le iguala con los presentes en la sala, cualquiera que sea la idea que de una estrella tenga cada uno de los espectadores. Mortensen comparte con el público que han pasado veinticinco años desde que decidió dirigir cine hasta que ha logrado poner en pie esta historia sobre la incomunicación, en la que Willis, un anciano déspota que pierde sus facultades mentales, se ve forzado a compartir tiempo con John, un hijo del que tiene una pobre opinión y al que reprocha constantemente su homosexualidad.

El propio Mortensen interpreta a John; confiesa que no tenía intención de actuar en su primera película como director, pero decidió asumir el papel con vistas a lograr la financiación de la película, consciente del tirón comercial de su nombre. Se deshace en elogios hacia Lance Henriksen, a quien admira como actor desde hace años, y que con el papel de Willis encuentra la ocasión de componer un personaje a la altura de su enorme talento.

Se despide con un “¡Amunt Valencia!, acogido con entusiasmo por los espectadores, que ya quedan con ‘Falling’, dispuestos a compartir en la oscuridad el relato que les brinda Viggo Mortensen.

También yo dejo la sala, si bien poniéndome mentalmente en el lugar de los espectadores, preguntándome por su reacción ante el plano que abre la película –que yo he visto ya, varios días antes. Un plano realmente prometedor, que me estimulaba a querer avanzar en el desarrollo de la película–, por cierto, con la dirección de fotografía del danés Marcel Zyskind, cuya carrera está asociada casi por entero a la del cineasta británico Michael Winterbottom. De este plano inicial hablo a Mortensen en nuestra conversación…

Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafa Maluenda (RM): Abres ‘Falling’ con un plano de gran fuerza visual, en el que un rostro de mujer joven emerge en la parte inferior derecha del encuadre, que se muestra oscuro; percibimos que no estamos viendo a la mujer, sino su reflejo. Y su nombre se oye en una voz masculina: “Gwen… Gwen…”. Y entra, ocupando el lado izquierdo, el hombre; en pie, al otro lado del cristal que refleja a la mujer, y mucho más corpóreo que la etérea imagen de Gwen. Diríamos que este plano, con su potente capacidad de sugerencia, encierra en sí mismo, de algún modo, las claves de la historia que nos vas a contar…

Mortensen escucha con atención, y sigo.

(RM): Hay a continuación una sucesión de planos que llevan hasta los créditos, con las letras de ‘Falling’ cayendo lentamente; y el plano que les sucede es el de un avión que, por contra, inicia su ascenso, si bien en espacio que, de nuevo, está dominado por la penumbra. Existe en toda esta sucesión una musicalidad, una cadencia casi poética, y pienso si tus facetas como compositor y como poeta –que no creo disociables– se traslucen al concebir el montaje de las secuencias…

Viggo Mortensen (VM): Me llama la atención esto que dices, porque está ahí, pero nadie me lo ha mencionado antes. Llevo haciendo entrevistas con ‘Falling’ desde el Festival de Sundance (enero de 2020), y es la primera vez que alguien me dice que lo ha percibido.

Y, sí, es algo que para mí es importante, y que tiene que ver con el modo en que el montaje transmite la historia que cuento. La fase de montaje es decisiva, y quería para las imágenes esa musicalidad. No es que tuvieran que tener música, pero sí eran para mí como música. Tarkovski ha hablado de esto mucho mejor que yo: el plano tiene que tener un peso. Es una cuestión de ritmo.

A veces, en montaje, un plano te sorprende, te pide más; más tiempo del que habías imaginado. A veces es al revés. A veces, incluso después de que hayas montado toda la secuencia, sigues montando toda la película, y cuando vuelves a esa secuencia, cuando lo ves todo junto, te das cuenta: no…, ahí el ritmo está mal. Hay que aguantar el plano un poco más; o menos. Es como cuando hay alguien tocando una pieza musical, y hay una floritura del piano y te das cuenta de que es bonito, pero ves que con menos notas es bonito y tiene más resonancia.

Llevo pensando en todo esto desde que era muy joven. Mi madre me llevaba al cine cuando tenía tres, o cuatro años, y cuando salíamos siempre me hablaba de la historia; nunca en términos de interpretación o de la cámara. Y, desde el principio, a mí me interesaba qué se decía y qué no se decía en esa historia, lo que pasaba y qué espacio quedaba para rellenar huecos y elipsis en la narración. Me gustaba pensar e inventar cosas que encajaban. Y años después, madurando como persona, y también más tarde, como alguien que participa en contar historias cinematográficas, me pongo siempre en el lugar del espectador. Y pienso que los primeros diez –quizá quince– minutos son gratis para el director; es decir, que el espectador le perdona todo: “A ver, qué es esto; ¿me interesa, o no…? No sé todavía”.

En algunos casos tardas más en entrar, pero los primeros minutos son decisivos. No juzgo nada en ellos, como espectador estoy abierto a lo que pasa. Pero no quiero que me digan lo que tengo que entender, lo que tengo que sentir: quiero que, en virtud de lo que se está fotografiando, lo que oigo, lo que veo… que algo en todo ello me despierte las ganas de seguir viendo, escuchando… Y, si eso empieza a pasar, entonces estoy participando en la narración… Entonces, como espectador, estoy sintiendo el ritmo de lo que está pasando, como un músico que se suma a la orquesta.

“A ver, la relación Willis-Gwen, ¿qué está pasando ahí? Quizá al principio de la relación Willis era diferente… ¿Qué ha pasado aquí, en la escena del cumpleaños?” La reacción de Gwen en esta escena da la clave al espectador para que comprenda que lo que acaba de pasar no ocurre por primera vez. Como espectador, estoy rellenando la historia, aportando piezas al puzle. En el montaje, mi objetivo era respetar al… posible (ríe) espectador, y dejarle sitio para que participe, si quiere –nunca se sabe. Pero quería, sobre todo, complacerme a mí mismo como espectador (más risas, por parte de ambos).

Lance Henriksen y Viggo Mortensen durante el rodaje del filme. Fotografía cortesía de Caramel.

De verdad, es lo que hacía. Me gusta actuar en el tipo de películas que quisiera ver cuando voy al cine; lo mismo al dirigir: quería hacer ante todo una película que me gustara a mí. No creo que esto sea egoísta, pienso que es ser sincero como artista. Es importante ser sincero cuando cuentas tu historia: si tú no te mientes a ti mismo, puede que alguien se interese; y, si tienes mucha suerte, tu historia muy particular puede tener una aplicación universal.

Eso lo viví durante el rodaje: el equipo técnico y los actores venían cada día con historias de sus familias, contaban cosas que relacionaban con cuanto ocurre en nuestras escenas. A veces pensaba que sus historias no tenían mucho que ver con lo que estábamos haciendo, pero entendía emocionalmente por qué las relacionaban. En otras ocasiones sí: contaban casos muy parecidos, y les sorprendía que fueran tan parecidos con palabras que decíamos en la película, o con emociones que mostrábamos, que sentíamos todos…

Por ello fue un viaje especial este rodaje. Hicimos muy buen equipo, porque nos sentíamos más seguros como actores, nos sentíamos apoyados, implicaba un interés personal para nosotros; no era un trabajo más. Rodando algunas escenas… digamos que fuertes, miraba al equipo después de la toma y, ¡qué emoción!, algunos estaban llorando. Yo pensaba: qué bueno, lo que estamos haciendo tiene aplicación universal para estas personas, a las que ni siquiera conocía antes del rodaje.

(RM): Es decir, que ya antes de la película montada, durante el rodaje, se pudo palpar esa universalidad de la historia…, sin necesidad de llegar a la sala.

(VM): Sí, era la historia en crudo. Era antes del montaje –que, como sabes, es contar la historia de nuevo: la parte final de la escritura–. Pero la base estaba ahí: si no la estropeábamos (risas) en un momento dado, la gente iba a poder conectar personalmente. No siempre pasa durante el rodaje. Lo he experimentado después en los cines: en Sundance… y ahora también con público español, en Zaragoza, en Barcelona, en Madrid, y también hoy aquí, en València.

Hay gente que se relaciona personalmente con lo que ha visto, y en algunos casos van más allá de lo personal: lo relacionan con los conflictos sociales, con la polarización de la sociedad, de la comunidad… O sea, que parece que he conectado, y eso me gusta: es con lo que uno sueña, ¿no?

(RM): Hay algo que también funciona muy bien en el montaje. El personaje de Willis, por su enfermedad mental, conecta presente y pasado, los confunde, algo que muestras estableciendo continuidad entre tiempos distantes a través del raccord con su mirada. Es decir: Willis mira desde el presente, y el plano que le sigue por corte corresponde a un hecho, a un espacio, que vivió en el pasado. Con este borrado de cualquier delimitación entre presente y pasado ofreces al espectador un montaje alternativo, que es el montaje que hace el propio cerebro de Willis en su deterioro…

(VM): Sí, bueno, todos hemos visto varias películas que muestran inicios de demencia, o una demencia total… Están muy bien hechas, pero en general hemos visto la historia desde el punto de vista del que observa a la persona enferma. El punto de vista desde adentro de las personas enfermas es distinto. Están menos confundidas de lo que piensa el que mira. Están felices, creen en lo que ven y en lo que piensan: para ellos es el presente.

Quería hacer esto en particular con Willis; después hay otros imágenes y sonidos que son memorias más bien de John, y en casos breves de Sara –mi hermana en la ficción–, y después hay otras memorias compartidas, y un poco más objetivas –aunque en realidad nunca hay memorias objetivas, no existe la objetividad en la memoria. Pero en el caso de Willis lo hacemos específicamente con imagen y con sonido; a veces sólo con sonido: oye como que está en un bar en 1952, con los chicos mirando a las chicas y bebiendo los viernes por la noche… Eso sólo lo ve y lo oye él. O ve a su hija, y piensa que es su mujer, hace muchos años, en una situación íntima. Pero él no está confundido: está feliz con ese momento íntimo. Y quería retratar eso a base de imagen y sonido.

Visto desde el otro lado, desde quien observa al enfermo, es complicado. Cuando no tienes mucha experiencia, cometes errores, y le dices: “no, no, no, esa persona a la que quieres llamar ya murió”; o “no hay un alce en el comedor”. Si le corriges y le dices que alguien murió hace ya veinticinco años, para él muere de nuevo, y se siente triste; y, si es capaz de ello, se siente tonto. Entonces, ¿para qué ha servido la corrección? Te ha servido a ti, y a tu ego, y a tu necesidad de estar cómodo. Tú, no él. Pero es cuestión de aprendizaje, ¿no? De experiencia.

John no es un doctor, ni un experto en nada; hace lo que puede: algunas cosas muy bien, porque ha tenido experiencias con su padre. En otros momentos se equivoca y, obviamente, es imposible para él ver y escuchar las cosas que ve y escucha su padre, y todo esto es para él un misterio. No es en absoluto una película autobiográfica, es una ficción, pero me he basado en experiencias de mi propia vida.

Viggo Mortensen y David Cronenberg durante el rodaje de ‘Falling’. Fotografía cortesía de Caramel.

Mortensen sabe de lo que habla: cuidó de su madre cuando padeció los trastornos de la demencia senil. Ha dedicado ‘Falling’ a sus hermanos.

En determinado momento de la película, John lleva a Willis al proctólogo, quien le practica una exploración anal. Es posible que haya espectadores que encuentren en este médico algo extrañamente familiar; y es que lo interpreta nada menos que el cineasta David Cronenberg. Su trayectoria cinematográfica está cosida a la de Mortensen por ‘A History of Violence’ (‘Una historia de violencia’, 2005), ‘Eastern Promises’ (‘Promesas del Este’, 2007) y ‘A Dangerous Method’ (‘Un método peligroso’, 2011).

(RM): Me sorprendió encontrar a Cronenberg interpretando en la película un papel que, además, le es propio. Pienso que esta película podría haberla contado también Cronenberg, naturalmente de manera muy distinta, con otros códigos, porque la base de tu relato comparte aspectos con su universo.

(VM): Ah, sí, lo habría hecho muy diferente. Pero su presencia no es como un chiste; pensé sinceramente que lo haría bien. Le mandé el guion, diciéndole: “es un favor que te pido, te lo ofrezco si te interesa, y si no te interesa no pasa nada”. Por suerte le gustó el guión y quiso hacerlo, y no me sorprendió nada que lo hiciera perfectamente. Quien no lo conoce sólo pensará que funciona muy bien la escena: no dudará de que es un proctólogo, porque es una buena actuación.

Quien lo conoce y sabe quién es tiene otro lado al que le encuentra cierta gracia, o… jejeje, te hace reír, porque piensas: “¡Uy, Cronenberg: la última persona que quiero que me meta un dedo en el cuerpo! (carcajadas irrefrenables por mi parte). Este hombre con tantas obsesiones… Pero igual es que tengo mucho de su cine en el cerebro”. Ahora, después de ver la película terminada, funciona también como un guiño hacia él, un gesto hacia él, y de él hacia nuestra película.

‘Falling’ está ya en los cines españoles, y la conversación con Viggo Mortensen me invita a verla de nuevo. Nos queda pendiente, eso sí, un próximo encuentro para hablar de Berlanga, en vísperas de su centenario.

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafael Maluenda

Mujeres, amistad y repostería en Notting Hill

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Eliza Schroeder (cineasta)
‘Una pastelería en Notting Hill’ (‘Love Sarah’)
Con Celia Imrie, Shannon Tarbet, Shelley Conn, Grace Calder y Candice Brown, entre otros
98′ (Reino Unido, 2019) | Miraj Films, Neopol Film, Rainstar Productions y Filmax
Miércoles 30 de septiembre de 2020


A través del sabor dulce y familiar de los dorayakis, la amistad generacional con forma de pizza, el polen parisino de postres y jubilaciones o los fogones presidenciales de repúblicas y monarquías, el mundo gastronómico y sus heterogéneos personajes son fuente de inspiración inagotable para el cine, que se ha encargado de mojar sus objetivos en el caldo humeante de las cocinas para hablarnos de las complejas relaciones que hierven entre las personas dedicadas al oficio.

Películas inspiradoras, que nos hipnotizan cuando las manos trabajan, los cuchillos se afilan y la levadura crece a más de doscientos grados de romanticismo, fragor sexual y azúcares requemados; historias de afectos y deslealtades, devociones y menosprecios, proyectos marchitos y deseos por cumplir.

Notting Hill

Y por todos estos estadios emocionales pasean sus inquietudes las protagonistas de ‘Una pastelería en Notting Hill‘, opera prima de la directora alemana Eliza Schroeder, en la que el dolor por la muerte de Sarah (Candice Brown) atrapa en un proyecto en común a su hija Clarissa (Shannon Tarbet), su madre Mimi (Celia Imrie) y su mejor amiga, Isabella (Shelley Conn), quienes encuentran en la apertura de una pastelería en su honor, en el barrio de Notting Hill, las razones que les permitan dar un nuevo rumbo a sus desnortadas vidas.

Una feel-good movie con las dosis justas de drama, sonrisas y crema pastelera, que saborear junto a Eliza Schroeder en la siguiente entrevista para MAKMA, tras su reciente estreno en salas comerciales.

‘Love Sarah’ nace de un proyecto cinematográfico universitario. ¿Aspirabas convertir este trabajo académico en tu primer largometraje?

Sí, es una historia que vive dentro de mí desde hace mucho tiempo. Fue genial volver a los personajes y al material un par de años después de terminar mi máster.

¿La construcción de tus personajes femeninos protagonistas se ha inspirado en experiencias personales previas?

Siempre me han fascinado los personajes femeninos fuertes y quería mostrar cómo las mujeres diferentes y testarudas pueden unir fuerzas y colaborar para cumplir el sueño de una persona que realmente amaban. Reunirse así los hace crecer juntos de nuevo por el amor de Sarah. Las tres protagonistas femeninas están inspiradas en diferentes mujeres maravillosas que han sido o son parte de mi vida.

La cineasta alemana Eliza Schroeder. Fotografía cortesía de la directora.

¿La película tendría el mismo sentido y desarrollo si estuviera centrado en tres protagonistas masculinos?

(Risas) No, no sería lo mismo, pero también tendría su propio y diferente encanto. Estaba particularmente interesada en explorar una historia con tres protagonistas femeninas fuertes.

Si el drama de la pérdida une emocionalmente a Clarissa, Isabella y Mimi, emprender un proyecto en común es lo que verdaderamente da sentido a su relación. ¿Piensas que la experiencias adversas son el motor imprescindible del cambio?

Absolutamente, estas son las experiencias que finalmente nos hacen más fuertes.

¿Las mujeres nos manejamos y respondemos mejor a las vicisitudes que afectan a nuestra vidas?

No diría mejor, diría diferente, quizás un poco más eficiente. Las mujeres son fascinantes y, a veces, pueden tener poderes mágicos ocultos.

¿Podemos aspirar en la vida real a la energía y determinación que nos transmite la ficción?

Totalmente, y espero que podamos inspirar a nuestra audiencia a hacer eso. Todo es posible si simplemente crees en ello con la suficiente fuerza y tienes una actitud y un espíritu positivos.

¿La multiculturalidad que caracteriza a Nottng Hill convertía al barrio en el escenario ideal para situar el argumento de ‘Love Sarah’? ¿Lo consideras un personaje más de tu película?

Sí, Londres ha sido un hogar increíblemente inspirador para mí desde que me mudé aquí hace unos 15 años. No hay muchas ciudades en el mundo que sean el hogar de tantas culturas y nacionalidades diferentes y quería retratar lo hermoso que es Londres. Notting Hill, en particular, rezuma esta maravillosa mezcla de culturas, por lo que también es absolutamente un personaje de la película.

Llevar a la pantalla de cine los entresijos gastronómicos de una cocina profesional (aunque en este caso se trate de una pequeña estancia de la pastelería) siempre provoca un efecto magnético en los espectadores. ¿Cuáles fueron las complejidades de seleccionar, componer y filmar unas recetas tan variadas de pasteles?

Todos estábamos rodeados de deliciosos pasteles durante todo el día, así que fue tentador. Queríamos seleccionar pasteles de todo el mundo, por lo que investigamos mucho para ofrecer una selección variada. Fue maravilloso aprender tanto sobre recetas y pasteles de todo el mundo.

¿Confías en que ‘Love Sarah’ seduzca a las tres generaciones de mujeres que retratas en tu película?

Siempre tuve la esperanza de que mujeres de diferentes generaciones pudieran encontrarse en uno de los personajes; tal vez una espectadora más joven encuentre parte de sí misma en Mimi, mientras que un miembro de la audiencia mayor se conecta con las características de Clarissa.

¿Cuáles son tus expectativas con el recorrido comercial de la película?

Espero que la película llegue a audiencias de todo el mundo y que todos puedan sentir y ver el amor que le hemos puesto a esta película.

Mimi (Celia Imrie), Isabella (Shelley Conn) y Clarissa (Shannon Tarbet) en un instante de la película. Fotografía cortesía de Filmax.

Merche Medina

Sectas suicidas, parricidios y serial killers en Filmin

‘Shock Waves’, miserie de cuatro capítulos
Radio Televisión Suiza (RTS)
Filmin
Estreno en exclusiva a partir del 18 de diciembre de 2018

Tras el éxito en Atlàntida Film Fest de ‘Diario de mi mente’, la película de Ursula Meier que forma parte de la serie ‘Shock Waves’ (‘Ondes de choc’ en su versión original), Filmin estrena ahora los cuatro episodios que integran este proyecto de RTS, la televisión pública suiza, y que tiene como objetivo retratar alguno de los sucesos más espeluznantes que han tenido lugar en los últimos años en el que está considerado como uno de los países más seguros del mundo. Si bien Suiza es el cuarto país del mundo en PIB per cápita y se considera uno de los países más desarrollados, con mejor calidad de vida y con un índice de criminalidad de los más bajos del mundo, el horror también ha hecho acto de presencia en los últimos años en el país helvético.

Con tal motivo, en 2018, la Radio Televisión Suiza invitó al colectivo Bande à part, que integran los cuatro reputados cineastas Ursula Meier, Lionel Baler, Fréderic Mermoud y Jean-Stéphane Bron, a llevar a la ficción un suceso que les hubiese marcado profundamente. El resultado es esta miniserie antológica que retrata cuatro crímenes atroces que conmocionaron a la sociedad suiza, sobre todo por la implicación en ellos de niños y adolescentes.

Un instante de 'Sirius', de Fréderic Mermoud, ambientada en la Masacre del Orden del Templo Solar. Fotografía cortesía de Filmin.

Un instante de ‘Sirius’, de Fréderic Mermoud, ambientada en la Masacre del Orden del Templo Solar. Fotografía cortesía de Filmin.

En ‘Diario de mi mente’, Ursula Meier dirige a Fanny Ardant y a Kacey Mottet Klein en la historia de un parricida que le confiesa a su profesora de literatura los motivos que le han llevado a matar a sus padres. En ‘Sirius’, ambientada en la Masacre del Orden del Templo Solar, Fréderic Mermoud fija su calmada mirada en el adoctrinamiento y el fatal desenlace de los miembros de una secta. En ‘Nombre: Mathieu’, Lionel Baier representa la capacidad de resiliencia de un joven, víctima de un criminal en los años 80. Finalmente, ‘El valle’, de Jean-Stéphane Bron, es la realística dramatización de la persecución de un coche en el que viaja un joven ladrón que intenta cruzar la frontera franco-suiza.

“Queríamos mostrar el otro lado de la moneda para sacar a la luz las sombras del país tranquilo y próspero que todos conocemos”, afirma Ursula Meier, cuyo episodio, ‘Diario de mi mente’, se estrenó en el Festival de Berlín y participó con éxito en la última edición de Atlàntida Film Fest, el festival de cine de Filmin.

Sectas suicidas, parricidios, persecuciones policiales y serial killers se dan cita en esta serie de cuatro episodios, para completar una de las creaciones más singulares y atractivas de la televisión suiza en los últimos años.

Kacey Mottet Klein protagoniza 'Diario de mi mente', de Ursula Meier. Fotografía cortesía de Filmin.

Kacey Mottet Klein protagoniza ‘Diario de mi mente’, de Ursula Meier. Fotografía cortesía de Filmin.

 

 

 

 

 

 

40 Mil Kms, de Chile a Valencia

40 Mil Kms, de Carlos Aedo y María Luisa Vergara
Sala Russafa
C / Dénia, 55. València
Sábado 9 y domingo 10 de junio de 2018, a las 18.00h

’40 mil kms’ toma su título del diámetro de la Tierra, una cifra simbólica sobre la distancia que nos separa o el espacio que compartimos. Sala Russafa acoge el estreno europeo de esta pieza creada por Teatro Club Social, una compañía chilena que esta semana llega a Valencia, dentro de la programación del festival Tercera Setmana.

Tomás Ibáñez, uno de sus directores, descubrió la obra el pasado verano en Santiago Off, muestra de teatro alternativo de Chile. Se trata del tercer montaje de este colectivo artístico, que investiga el género del Biodrama, una vanguardia dentro de la escena latinoamericana. “Consiste en trabajar con personas que no necesariamente han de tener una trayectoria actoral previa, pero sí están relacionadas con el tema que se quiere tratar en el espectáculo, y utilizar sus vivencias personales para transformarlas en material dramático”, explica la codirectora del espectáculo, María Luisa Vergara.

Escena de 40 Mil Kms

Escena de 40 Mil Kms. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Para ’40 mil kms’ hicieron un casting en el que localizaron a un músico y profesor haitiano, Ralph Jean Baptiste; a una actriz española, Aída Escuredo; y a una cantante boliviana, Mayra Padilla. A todos ellos se sumó una de las fundadoras del colectivo, Eliana Furman, que da vida a una argentina judía en la obra. “Queríamos mostrar la diversidad de los inmigrantes que se instalan en Chile. El país ha vivido una relativa estabilidad en los últimos años y ha pasado de ser fuente de emigrantes a recibir a personas de perfiles muy variados”, comenta Vergara, preocupada porque, como en Europa, empiezan a cuestionarse las reglas que deben de regir la acogida. “Hemos  querido ir a las historias individuales, conocer las motivaciones y caras de un fenómeno que suele tratarse de manera impersonal, deshumanizada”, señala la actriz y directora.

Ella misma tuvo la oportunidad de experimentar este tema en primera persona, ya que durante unos años desarrolló su carrera escénica en Londres. A su vuelta, se integró en Teatro Club Social, atraída por su vertiente de trabajo social. “Trabajaban con presos, con colectivos en riesgo de exclusión social, como los ancianos, protagonistas de su primer espectáculo. Pero no descuidaban la parte estética y artística en la puesta en escena. Para nosotros se ha convertido en una regla de oro, cuidar el fondo, pero también la forma”, apunta la codirectora del espectáculo.

Va a ser la primera vez que ’40 mil kms’ (https://www.youtube.com/watch?v=ZB2HJUzwKIA) se vea en Europa y que la compañía actúe en España. “Estamos ansiosos por ver la respuesta. En la obra se ve también la experiencia de una emigrante española y no sabemos cómo se va a entender su historia. Pero siempre es fascinante llevar una obra a otro país, ver cómo se transforman ciertos códigos, cómo surgen nuevos significados”, comenta Vergara. Tras su estreno en Sala Russafa, el 9 y 10 de junio, el espectáculo pasará por Alicante y Castellón, también dentro de la programación de Tercera Setmana. Ya en septiembre, viajará a Brasil, y arrancará una gira en Chile en la nueva temporada.

40 Mil Kms. Imagen cortesía de Sala Russafa

40 Mil Kms. Imagen cortesía de Sala Russafa

La calma tempestuosa de Vulcania

Vulcania, de José Skaf
Intérpretes: Aura Garrido, Miquel Fernández, José Sacristán, Ginés García Millán
Estreno en cines
Marzo de 2016

Vulcania es un parque temático de los volcanes ubicado en Francia. Ahora, también es una película de José Skaf. Y entre el parque temático y la película hay ciertas similitudes; una especie de eje imaginario que las vincula. Porque si en el parque temático se trata de convertir en algo amable lo que tiende a ser peligrosa naturaleza, también en la Vulcania cinematográfica hay una sensación de calma, tras la cual se esconde una trama subterránea a punto de explotar cual lava incendiaria.

Aura Garrido en 'Vulcania', de José Skaf.

Aura Garrido en ‘Vulcania’, de José Skaf.

“Esa aparente calma anuncia cierta violencia”, comenta José Skaf, quien subraya que la irrupción de la misma se hace “desde la pausa”. No quería realizar una película de ciencia ficción con grandes efectos especiales (“no había presupuesto para ello”), sino mostrar esa “atmósfera opresiva” mediante acciones “que fueran más mentales que físicas”. De manera que Skaf narra la historia de Jonás (Miquel Fernández), afectado por la muerte de su familia en un oscuro accidente, empleando los recursos del thriller más intimista.

Miquel Fernández en 'Vulcania', de José Skaf.

Miquel Fernández en ‘Vulcania’, de José Skaf.

Jonás compartirá su melancolía con Marta (Aura Garrido), también afectada por lo sucedido, en medio del trabajo en una fundición comandada por sospechosos líderes, encarnados por José Sacristán y Ginés García Millán. “Es un regalo contar con esos actores”, señala Skaf, orgulloso de haber podido contar con semejante reparto para su primer largometraje, sorpresa en el pasado Festival de Sitges. Ciencia ficción distópica, esto es, reflejo de una sociedad abúlica por un exceso de control y seguridad, que, sin embargo, deja traslucir cierto horizonte: “Quería que el final fuera, pese a todo, esperanzador”, precisa el director.

Final esperanzador o no (el espectador tiene la palabra), Vulcania remite a las películas que muestran la pesadilla de cierta alienación social fruto del trabajo industrial y en serie, cuya opresión contrasta con la idealización de un mundo exterior al que constantemente se alude (la ciudad). El anhelo de Jonás y, después de Marta, por alcanzarlo, se verá amenazado por el siniestro control de quienes alimentan el fuego de la comunidad con su gélida organización de la comunidad.

Miquel Fernández y Aura Garrido en 'Vulcania', de José Skaf.

Miquel Fernández y Aura Garrido en ‘Vulcania’, de José Skaf.

“No hubo intención de crítica social”, advierte Skaf, por mucho que esa disposición de ánimo pueda remitir a la calma y seguridad de las sociedades opulentas en detrimento de la libertad. Vulcania también contiene cierta crítica al control de natalidad y las funestas consecuencias para quien se lo salta. “El hijo que Marta tiene fuera del matrimonio tradicional da pie a los prejuicios del pueblo y a su reacción moral”, apunta el director. Como en Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón, el nacimiento de un hijo provoca la alteración de un sistema que lo vive como problema y motivo de cruenta sospecha.

José Skaf dice que la ciencia ficción es un género que le atrae. Escrito el guión con Diego Soto y rodada en pocas semanas en el Pirineo catalán, Vulcania pretende “hacer reflexionar” acerca del mundo en que vivimos. La dialéctica entre seguridad y libertad, y los entresijos misteriosos del poder, están muy presentes en una película tan ajustada al guión que resta vida a los personajes. Con todo, un más que meritorio debut.

Aura Garrido y Miquel Fernández en 'Vulcania', de José Skaf.

Aura Garrido y Miquel Fernández en ‘Vulcania’, de José Skaf.

Salva Torres

Estreno: »El mercado es más libre que tú»

Dentro de la oferta de espectáculos que tendrán lugar esta semana en la ciudad de Valencia, destaca el estreno este jueves 3 de Diciembre a las 20:00h del cuarto montaje de la compañía »A Tiro Hecho» con la obra: »El mercado es más libre que tú» en el Espacio Inestable (Carrer d’Aparisi i Guijarro, 7).

La cual ha germinado en colaboración con diversos colectivos sociales, dando pie a la formulación de un alegato contra el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones). Abordado esta vez, a través del movimiento, con un planteamiento de danza-política, o danza-protesta y que podrá verse hasta el 13 de Diciembre a excepción de los días 7, 8 y 9.

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Así pues, con el lenguaje de la danza contemporánea es con el que se ha experimentado en una línea de acción política, integrando los lenguajes actuales de la escena aderezados en todo momento por la música en directo del músico interdisciplinar (Don Rogelio J.) que participa junto al resto de bailarinas (Paula Romero, Margarida Mateos, Carla Chillida) y la intérprete cubana (Yarima Osuna) en la puesta en escena de una disección meticulosa del capitalismo global (gracias a la ironía y el humor del autor de los textos: Miguel Brieva). La co-dirección del espectáculo, sobre todo en lo referente al movimiento, ha sido posible gracias a la colaboración de Maite Bacete.

El haber contado desde el principio con el apoyo de ATTAC, la Plataforma contra el TTIP de Valencia, ha permitido tomar esta situación como punto de partida para hablar de los mecanismos de poder económico que disciplinan nuestras sociedades occidentales. También en diálogo con la plataforma madrileña No somos delito, y otras entidades sindicales, políticas y sociales hemos armado la estructura del montaje.

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Don Rogelio J

El partir de un hecho tan concreto, global y complejo ha obligado a transitar por los lenguajes de la danza desde una vinculación del cuerpo con la multitud, con la sociedad como grupo heterogéneo de personas. A través de los roles sociales se plantean series de movimiento; y aparecen relaciones de poder, de lucha constante o de rechazo. La inclusión de audiovisuales (Elías Taño) y el marco teórico del profesor Xabier Arrizabalo (Universidad Complutense de Madrid) terminan de englobar las acciones físicas dentro del contexto narrativo que se busca.

Ha sido la búsqueda constante de esta integración entre danza contemporánea y teatro político la que mantiene vivo este montaje, sin olvidar por supuesto, el sentido del humor que lo impregna todo: desde el movimiento (otorgándole frescura), al texto, el audiovisual o la música.

Un recorrido por la realidad, por el mundo de la televisión y la desinformación, por los movimientos sociales norteamericanos, la música negra, la geopolítica y la estrategia del capital; por la poesía financiera y el dinero, y el santo santórum de nuestros días: la publicidad.

Un montaje lúdico, mordaz, inteligente, con un protagonismo central de la danza y con un lenguaje contemporáneo que conecta con la sociedad a través de un tema que no le es ajeno, y que plantea un diálogo entre la ciudadanía y el poder, y que, una vez más, sueña con la construcción de un mundo mejor.

SINOPSIS:
«Cuando, una vez más, alguien nos repita que «el mercado es la libertad» invitémosle a practicar un sencillo experimento mental, consistente en imaginar que entra en un mercado a comprar pero no lleva dinero: constatará en el acto que no podrá comprar nada, que sin dinero no hay allí libertad, que la libertad de elegir la da el dinero.” – JOSE LUIS SAMPEDRO

FICHA ARTÍSTICA:
Intérpretes: Yarima Osuna, Don Rogelio J., Paula Romero, Margarida Mateos Roig, Carla Chillida
Música en directo: Don Rogelio J.
Iluminación: Diego Sánchez
Escenografía: Los reyes del Mambo
Textos: Miguel Brieva, Eduardo Galeano, Xabier Arrizabalo
Dirección: Carla Chillida, Maite Bacete
Fotografía: Danislug Torrance
Vídeo: Nacho Carrascosa , Mámen Jiménez
Grafismo/
Ilustraciones: Elías Taño
Producción: A Tiro Hecho
Año de estreno: 2015
Duración: 75’
Idioma: Castellano

Más información:  atirohecho.wordpress.com/2015/11/19/estreno-el-mercado-es-mas-libre-que-tu/

 

El documental ‘No estem sols’ s’estrena al Cabanyal

No estem sols la pel·lícula sobre els moviments de protesta, es va estrenar a València, amb el teatre completament ple, el 7 de novembre a les 22h, en El Teatre El Musical del Cabanyal-Canyamelar, amb un col·loqui posterior de Pere Joan Ventura i El Gran Wyoming.

Un dels eixos narratius del documental, és la pròpia mobilització per part del veïnat  en contra del pla d’ampliació de l’avinguda de Blasco Ibáñez, ací en València. Així doncs ha estat triat precisament un espai que ha sigut plantejat dins del propi documental, mostrant per part de l’equip una gran satisfacció per poder inaugurar-ho ací, un dia després de la gala inaugural amb què el teatre comença una nova etapa d’activitat.

Cocentració en Colón el 22M

Cocentració en Colón el 22M

Ens conviden a veure la gran rellevància que han estat tenint els moviments socials pels carrers i places no sols de la nostra València, sinó també per tota arreu d’Espanya, on allò que es desenvolupa és una acció ciutadana en contra dels retalls, els desnonaments, les privatitzacions o la corrupció que estan a l’ordre del dia en la nostra societat.

No estem sols no sols va gravar-se en València, sinó que també per altres ciutats, com ara Barcelona, Madrid, Sevilla i Gijón, en l’any 2014. Es va estrenar enguany a la secció oficial del Festival de cinema de Sant Sebastià i té com a director a Pere Joan Ventura i coproductor a José Miguel Monzón, més conegut com El Gran Wyomimg.

Va sorgir quant el director va començar els moviments de protesta sorgits després del 15-m i amb l’objectiu de dibuixar un mapa de l’activisme social que omplia els carrers amb una sèrie d’aliances ciutadanes i moviments de protesta.

El director va obtindre un premi Goya en 2003 per El efecto Iguazú i té una llarga trajectòria de cinema documental i de compromís social. El Gran Wyoming, per la seua part, s’ha involucrat personalment en el projecte de No estem sols, on ha posat la lletra al tema musical del documental amb el seu grup Los insolventes i amb la col·laboració del seu llibre No estamos solos que continua la línea de la pel·lícula.

WYOMING GRABANDO EN EL ESTUDIO EL TEMA NO ESTAMOS SOLOS

Wyoming gravant en l’estudi el tema ‘No estamos solos’

L’accés a la projecció i al col·loqui son gratuïts amb el sistema d’entrada inversa; és a dir, que es podrà pagar l’entrada en acabar la projecció per tal de col·laborar amb el projecte.   http://www.teatreelmusical.es/

CARTEL_NOESTAMOSSOLOS

Cartell de la pel·lícula

Tràiler del documental: https://www.youtube.com/watch?v=giA6k-O0Kow

Estreno en Valencia de Globe Story

Globe Story, de Jorge Padín
Produce: El Perro Azul (La Rioja)
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Sábado 25 (20.30h) y domingo 26 de abril (19.00h).

Esta semana, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de ‘Globe Story’, un sorprendente homenaje al cine mudo que tiñe de color sepia el escenario y al que acompaña la música creada por la pianista Elena Aranoa para contar con ternura y mucho humor una historia de amor sencilla, alejada de artificios, que navega entre las emociones de lo cotidiano.

Esta propuesta de la compañía riojana El Perro Azul comienza en el instante en que surge el flechazo al conocerse Greta y Max. A partir de entonces, el espectador asiste en primera persona a los momentos más importantes de su vida en común: se casan, se van en crucero de luna de miel, tienen un hermoso bebé, bailan, ríen, lloran… Y todo ello sin una sola palabra, pero con una rítmica y pegadiza melodía de piano que se convertirá en la banda sonora de sus vidas.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Sala Russafa.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Cortesía Sala Russafa.

Echando mano de una cuidada estética ambientada en los principios del siglo XX y de un impactante lenguaje gestual, sello de la compañía riojana, la puesta en escena es capaz de emocionar y hacer reír a carcajadas a espectadores de todas las edades.

Jorge Padín escribe y dirige esta pieza llena de creatividad, en la que con dos escaleras, un baúl y un montón de globos, los actores Gema Viguera y Fernando Moreno transportan al espectador a playas, océanos, montañas y jardines para vivir la emoción, la diversión y la aventura que supone enamorarse (y mantenerse enamorado).

Escena de Globe Story, de El Perro Azul. Sala Russafa

Imagen de Globe Story, de El Perro Azul, dirigida por Jorge Padín. Cortesía Sala Russafa.

El padre: el fin del patriarcado

El padre, de August Strindberg, por la compañía Atelier del Drama
Dirección: Juan Prado
Sala Russafa
C/ Dènia, 55. Valencia

Los conflictos entre padres y madres a la hora de educar a los hijos, el principio del fin del patriarcado, la envidia del hombre ante el vínculo visceral que se establece entre la mujer y sus hijos. Son algunas de las cuestiones esenciales que plantea ‘El Padre’. Una adaptación del clásico de August Strindberg, dirigida por Juan Prado, que se estrenó este pasado fin de semana en la Sala Russafa a cargo de la nueva compañía valenciana Atelier del Drama integrada por María Minaya, Begoña Navarro, Andrés Simarro, Vicente Soriano, Isabel Torrijo, Amparo Iserte y Carlos Bañuls.

«Es un doble estreno, el de la compañía y el de la pieza, por eso decidimos trabajar sobre un texto de Strindberg, ya que es el mejor entrenamiento”, dice Prado, protagonista de la obra. “Sus personajes ofrecen tal riqueza que son un sueño para cualquier actor».

Hay muchos motivos para disfrutar de este gran dramaturgo capaz de trazar “un retrato profundo y clarividente de nuestras almas escindidas, incapaces de conocernos a nosotros mismos y mucho menos a la  persona con la que compartimos la  vida”, dice Prado. “Strindberg tiene la habilidad de formular tantas preguntas, que seguro que alguna va a hacer pensar al espectador”.

Escena de 'El padre', de August Strindberg, por la compañía Atelier del Drama, dirigido por Juan Prado. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘El padre’, de August Strindberg, por la compañía Atelier del Drama, dirigido por Juan Prado. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Padre ‘versus’ madre

La trama se sitúa en 1880, en Suecia, donde un capitán de caballería y científico de prestigio se enfrenta a su mujer por un desacuerdo en la forma de educar a la hija de ambos. Una disputa que derivará en una dura y tensa batalla entre sexos. Insistiendo en la autoridad que le otorga su condición de padre, el capitán topará con la firme oposición de su esposa, convencida de la precaria salud mental de éste y dispuesta a utilizar cualquier arma para evitar que lleve a cabo sus planes.

“La obra reflexiona sobre la envidia del hombre ante el vínculo natural de una madre con un hijo, del que se siente excluido y es incapaz de comprender”, comenta Prado. “La mujer sólo por el hecho de ser madre ya es creadora, el hombre, en cambio, ha necesitado crear civilizaciones para sentirse creativo. Este cuento de Strindberg es su personal visión de cómo los cambios que empezaron en su época llegarían a transformar la sociedad occidental, la caída del patriarcado. También nos advierte de que si las mujeres se aferran al poder como los hombres, el resultado será más de lo mismo, en una constante rueda de lucha por el poder”.

Escena de 'El padre', de August Strindberg, por la compañía Atelier del Drama, dirigido por Juan Prado. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘El padre’, de August Strindberg, por la compañía Atelier del Drama, dirigido por Juan Prado. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Según Prado, este texto marca el nacimiento del drama moderno y anuncia, hace un siglo, un colapso del patriarcado que está hoy de plena vigencia. «Nunca antes se había hablado sobre este tema de manera tan clara y profunda. Strindberg llega a plantear qué es lo que nos hace realmente hombres y mujeres, madres y padres. Además, siembra la duda de si alguna vez podremos llegar a conocer al otro y a nosotros mismos».

Veinte años de experiencia

Prado ha desarrollado durante dos décadas su carrera en Madrid. Ha trabajado en proyectos cinematográficos, la televisión y en la Compañía de Teatro Español. Ha ejercido como ayudante de dirección en numerosos montajes del Centro Dramático Nacional y ha impartido cursos de interpretación. Además, ha dirigido ocho montajes, el último una adaptación para la compañía cántabra Suma Teatro del texto de Arthur Miller, ‘Panorama desde el puente’.  Hace unos meses por circunstancias personales, Prado regresó a Valencia y decidió mantenerse en activo, impulsando esta nueva compañía que inicia su andadura.

El estreno en Sala Russafa es el primer paso de un proceso que continúa. «Vamos a seguir trabajando, profundizando en los personajes y mensajes de ‘El Padre’ porque, mientras el montaje esté activo, el teatro no deja de evolucionar y crecer.  Esperamos llevarla a Madrid y toda España, pero vamos paso a paso”, concluye Prado.

El padre. Sala Russafa.

Escena de ‘El padre’, de August Strindberg, por la compañía Atelier del Drama, dirigido por Juan Prado. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Bel Carrasco

Boyhood: tiempo real, tiempo cinematográfico

‘Boyhood’, de Richard Linklater
Estrenada el viernes 12 de septiembre, 2014

¿Una vida atrapada en el momento o un momento atrapado en la vida?, con este dilema termina ‘Boyhood’. Una película de homenaje al tiempo. Y, en concreto, al momento, a ese espacio de tiempo insignificante donde la vida queda atrapada.

Prender el tiempo, recorrer el tiempo, detener el tiempo para no ser devorado por él, es una de las grandes aspiraciones del ser humano. Con la fotografía consiguió detener el tiempo, captar un breve momento de la vida;  con el cine lo hizo transcurrir,  reflejar el deslizamiento de la vida en cada momento. En ‘Boyhood’, el director Richard Linklater, ha fusionado el tiempo real al tiempo cinematográfico.

Ellar Coltrane, de adolescente, en la película 'Boyhood' de Richard Linklater.

Ellar Coltrane, de adolescente, en la película ‘Boyhood’ de Richard Linklater.

‘Boyhood’ narra la vida del joven Mason desde los seis hasta los dieciocho años. Un personaje interpretado, al igual que los otros personajes, por el mismo actor durante los doce años que dura la historia. Sí, el envejecimiento real de los actores se fusiona con el envejecimiento de sus personajes. El tiempo cinematográfico de ‘Boyhood’ representa, sin ninguna manipulación de maquillaje, las huellas que el transcurrir del tiempo real deja en los cuerpos de los personajes.

Ethan Hawke y Ellar Coltrane en un fotograma de 'Boyhood', de Richard Linklater.

Ethan Hawke y Ellar Coltrane en un fotograma de ‘Boyhood’, de Richard Linklater.

En ‘Boyhood’ esas huellas del transcurrir del tiempo están más cerca de la vida que de la muerte. Son las huellas de la infancia y de la juventud. Aunque en el rostro y en el cuerpo de Mason se vaya inscribiendo la vida, su comportamiento no rezuma la vitalidad de ese momento de la existencia; todo lo contrario, exhala apatía. Esa apatía que emana de la vida de los adultos que le rodean y contagia a la nueva generación.

Patricia Arquette, en el medio, junto a Ellar Coltrane y Lorelei Linklater en 'Boyhood', de Richard Linklater.

Patricia Arquette, en el medio, junto a Ellar Coltrane y Lorelei Linklater en ‘Boyhood’, de Richard Linklater.

Una apatía que no les paraliza para funcionar con la realidad cotidiana -esa cotidianidad que tan bien capta la cámara de Linklater-, pero deja asomar “una verdad desagradable: envejecer, morir es el único argumento de la obra” como en el poema de Jaime Gil de Biedma, ‘No volveré a ser joven’.

Ellar Coltrane, de niño, en 'Boyhood' de Richard Linklater.

Ellar Coltrane, de niño, en ‘Boyhood’ de Richard Linklater.

Begoña Siles