“El arte es conversación y los galeristas somos un filtro”

#MAKMAEntrevistas | MAKMA ISSUE #02
Merche Medina | Ana Serratosa: “El arte es conversación y los galeristas somos un filtro”
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Viernes 7 de agosto de 2020

Para la galerista Ana Serratosa su licenciatura en Historia del Arte no hizo más que dotar de argumentos la sensibilidad, el aprendizaje, la investigación, el entusiasmo y la inquietud por transmitir su apasionada relación con el arte a todo el que se acercase, directamente o de manera periférica, a su lado.

En los albores de los 90, junto a la artista plástica Marisa Casalduero (València, 1961-2013) y sus respectivos cónyuges, emprendía en València la Galería Bretón. Un espacio a pie de calle que plantearon de un modo convencional, al uso de las galerías de arte de la época. Inauguraban con el pintor y escritor Antón Patiño – miembro fundador del grupo Atlántica, renovador del arte gallego durante los años ochenta–, que, según confiesa Ana Serratosa, “fue un impacto para amigos y clientes”.

Desde la Galería Bretón también apostaron por jóvenes creadores como José Luís Albelda, seducidos por su figuración en las pinturas sobre tabla y su toque casi realista y mágico, que evidencia una evolución técnica superior en sus obras –actualmente Albelda es profesor de la UPV–, y otros de la talla del mallorquín Bernardí Roig.

galerista, Ana Serratosa,
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

“Al principio, trabajar con artistas conocidos es difícil. La galería abre la mente y trabaja para el futuro, y esto es satisfactorio porque vas viendo que la gente va entrando en las propuestas.

“Con Bretón acudíamos a ferias, como las de Estocolmo, Chicago, ARCO y Basilea. Vimos lo que se hacía en otros países y llevamos a artistas jóvenes fuera de València. Las ferias nos abrieron una ventana al exterior; entonces no existían las redes sociales”.

A mediados de los 90 y tras una crisis económica que asolaba a todo el país, la Galería Bretón cerraba sus puertas. No obstante, Ana Serratosa apostaba por abrir otro espacio, “pero no a pie de calle. Quería poder estar con el cliente y transmitirle qué es el arte contemporáneo, darle más profundidad a lo que es la parte teórica y lo que es el arte, no solo a la parte venal. Los que estamos vinculados al mundo del arte disfrutamos mucho con todo esto, así que por qué no hacer disfrutar a la gente que viene a visitarnos, dándoles conocimiento y ponernos de igual a igual”.

De este modo, la Galería Ana Serratosa se inauguró en el año 2000, cobrando forma en un penthouse de la calle Pascual y Genís de València. “Quería hacer algo distinto, venía de otra etapa que me había dado un bagaje de cómo funcionaba una galería, cómo relacionarse con los artistas y los galeristas”. Al situar la galería en un ático “me interesaba la relación de calidad con el arte, el artista y el cliente. El arte es conversación y los galeristas somos un filtro. Yo ya tenía un fondo importante de antes y, después, los artistas me cedían obra para hacer exposiciones, puesto que ya me conocían. Ahora me llaman artistas cada vez mas importantes”.

‘Decatrás’, de Pedro Castro Ortega, abrió la línea expositiva del nuevo espacio. Si bien Serratosa ya había apostado por el artista ciudadrealeño en su anterior etapa, en tanto que “algunos artistas y nosotros hemos crecido a la par”, confiesa. Con esta propuesta, la galerista pretendía hacer “un homenaje al mundo del arte –artistas, comisarios y coleccionistas–. Traje toda la obra vendida en aquellos diez años. Invité a los coleccionistas y luego Castro Ortega explicó qué había pasado con él en todo ese tiempo. Fue una exposición muy simbólica”.

Más tarde continuó solidificando el vínculo con autores con los que ya había trabajado, como el mencionado Bernardí Roig y su obra en blanco y negro de telas rasgadas, y otros internacionales.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

En paralelo a la trayectoria de la galería y con el fin de refrendar su criterio, en 2011 materializa Fondo Arte AS en una zona apartada del centro y del circuito habitual del gremio, próxima al cauce del río Turia, en cuya vaguada asienta en 2012, y de la mano del avilesino Javier Riera, ‘Alameda Llum’, el primero de sus proyectos artísticos al aire libre, mediante la instalación de once proyecciones que modificaron el espacio público, recurriendo a la intervención de la geometría en el paisaje.

Así, tras el impacto visual y social que esta propuesta supuso, Ana Serratosa formuló en 2014 ‘Eclosión en Valencia’, junto a la pareja de escultores alemanes Venske&Spänle y sus Smörfs, criaturas marmóreas que fueron diseminadas por la ciudad a comienzos de ese año. Algunos para quedarse.

Tiempo más tarde, Serratosa conoció a Bob Verschueren, artista belga de land art y académico de las Artes en Bruselas, quien tras una visita a València junto a su mujer y poeta Dominique Sintobin, queda impactado por el traslado del río fuera de la ciudad. De este modo, Verschueren investiga acerca del devenir histórico del Turia y crea un conjunto de instalaciones vinculadas con la huella del antiguo afluente, dando lugar a ‘Ecos de la Memoria’ –de noviembre de 2015 a febrero de 2016–.

Una vez finalizado este último proyecto, Ana Serratosa consideró que había concluido una fase y quiso hacer balance de ello junto a todos los actores que intervinieron en los tres proyectos emprendidos, convocándoles a un coloquio conjunto a modo de puesta en común y reflexión acerca de dichas acciones, en el que Marc Wellmann -–comisario de ‘Eclosión en Valencia‘ y actual director artístico del Berlin Kunstverein– apuntaba que “existen dos posicionamientos frente a la creación del proyecto: los proyectos permanentes y los efímeros crean una conciencia positiva al espectador. Hacen que el espectador esté alerta, observando el territorio, dándose cuenta de lo que hay en el lugar que habita, estableciendo conexiones entre ambos”.

Tras esta etapa, para Ana Serratosa continúan siendo de gran relevancia la formación, los viajes, las visitas a ferias nacionales e internacionales, la reflexión de sus acciones, así como la interacción con todos y cada uno de los agentes del mercado. Durante todo este tiempo, además de los mencionados, han complementado sus contenidos artistas como Jorge Pardo, Kara Walker, Kiki Smith, Carmen Calvo, Joana Vasconcelos, Carmen Jabaloyes y Helena Almeida, entre otros, siendo Carlos Franco –en cuya exposición ‘Pintura Fruta’ se exhibía una selección de los últimos trabajos del artista madrileño– y la creadora iraní Shirin Salehi, mediante ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’ –comisariada por la historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar– sus más recientes apuestas expositivas durante la temporada 2018-19.

A la postre y tras este repaso por su trayectoria como galerista, Ana Serratosa concluye que “me gusta estar cerca del arte y crear cosas nuevas, dar a conocer lo que se está haciendo fuera y presentarlo de forma distinta. Tiene mucho aliciente y la gente también lo agradece”.

galerista, Ana Serratosa,
La galerista Ana Serratosa. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

Alberto Manrique «fue un arquero del arte que soñó con flechas»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Dácil Manrique de Lara
‘El último arquero’
74′
La Mirada | Super 8 Distribución, 2020
Estreno en España: viernes 24 de julio
Martes 28 de julio de 2020

En su ensayístico prontuario ‘De la estatua a la piedra. El autor se explica’ (1999), el escritor luso José Saramago sentenciaba que “olvidar es la muerte definitiva y si conseguimos no olvidar, aunque sabemos que no es posible guardar todo en la memoria, eso será prolongar la vida y los nombres de las personas, dotarlas de otra existencia”.

Si para aquel esta era su tarea más relevante, a tales cometidos se acoge la realizadora audiovisual y cineasta canaria Dácil Manrique de Lara en ‘El último arquero‘ (2020), filme instituido en su debut en el largometraje documental que transita por la memoria y el legado artístico y personal de su abuelo, el pintor Alberto Manrique (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-2018) –confundador en los años cincuenta, junto a Manolo Millares, Felo Monzón y Juan Ismael, de LADAC (Los Arqueros del Arte Contemporáneo), relevante y efímero colectivo de arte de vanguardia grancanario que, a través del gouache, el fotomontaje o la acuarela, procuraron un horizonte creativo, de acentos surrealistas, con los que renovar el contexto artístico de las islas–.

Manrique

Un lírico y radiografiante descenso a las cuitas y júbilos de la afectada memoria del acuarelista –y de la propia directora–, en compañía sempiterna de su esposa, la violinista Mª Dolores Yeya Millares, entre sobremesas de ajedrez, dietarios personales, celuloide en súper-8 y la composición de la obra última –tanto en lo cronológico (Alberto Manrique fallecería durante la grabación del documental) como por las razones compositivas y semánticas que habitan el cuadro definitivo–, con la que reponerse de las perturbaciones que nos secundan y sanar las vulnerabilidades de la existencia.

Por ello, con el objeto de desentrañar algunos de los motivos que fundamentan su trabajo documental, MAKMA entrevista a su directora, Dácil Manrique de Lara, tras el reciente estreno del filme el pasado viernes 24 de julio.

¿En qué momento tomaste la determinación de transmutar tu memoria emocional sobre Alberto Manrique en proyecto cinematográfico? ¿De qué modo te interpela como cineasta la deriva creativa y biográfica de tus ancestros?

Podría responder de muchas maneras diferentes porque, en realidad, fue un proceso complejo; pero, desde luego, nunca pensé en transmutar mi memoria sobre mi abuelo en un proyecto cinematográfico. En un primer momento, la idea inicial era hacerle un regalo: devolverle la memoria que había perdido en un ictus, años atrás, a mi abuelo, el pintor Alberto Manrique. Al fallecer él durante el rodaje todo cambió. No pudimos terminar la película con él, así que acabó siendo un viaje personal donde le homenajeo.

El concepto ‘arquero’ atesora por semántica tanto al individuo que tira como al que fabrica el arco e, incluso, al soldado que beligera en una contienda superior con tales rudimentos. ¿Ha transitado el devenir vital y artístico de Alberto Manrique por el mapa simbólico de sus tres significados?

La película está llena de simbolismos, algunos de ellos ya existían antes de la escritura del guion de la película. Efectivamente, los arqueros eran aquellos cuatro jóvenes, entre ellos mi abuelo, que crearon un grupo de arte vanguardista –LADAC (Los Arqueros del Arte Contemporáneo)–. Tiraban flechas tan lejos que muchos no pudieron entender en aquel momento lo que allí se estaba gestando. No hay más que ver, a día de hoy, que aquellos artistas fieles a sus convicciones y necesidades defendieron hasta el final una forma de expresión, la suya propia, a través de la pintura. Mi abuelo fue un arquero, un arquero del arte que tiró y soñó con flechas; pero también fue padre, abuelo y fiel compañero de Yeya Millares.

El artista Alberto Manrique en su estudio, durante un instante de ‘El último arquero’, de Dácil Manrique. Fotografía cortesía de la distribuidora.

¿Qué sería de su figura, hoy, si aquella determinación por dedicarse exclusivamente a la labor pictórica se hubiera producido en el Madrid inmediatamente ulterior a la posguerra?

Es siempre difícil, por no decir que imposible, saber qué es lo que hubiera pasado si él hubiese dejado la isla en busca de un mejor futuro. No suelo hacerme ese tipo de preguntas, pero es cierto que en la película se cuestiona que la proyección artística de mi abuelo podría haber sido muchísimo mayor de no haberse quedado en la isla. Quedarse en la isla era, de alguna manera, quedarse aislado. Antes no era como ahora, que coges un avión y vas a donde quieras, cuantas veces quieras; antes había que ir en barco y tardabas días en llegar a la península. Incluso mandar cuadros a Madrid o Barcelona era un trajín y, de hecho, en cierta manera, lo sigue siendo… Todo aquello limitaba en muchos aspectos. Lo cierto es que la generación de mis abuelos sí sentían que en Canarias había menos oportunidades y, por esa misma razón, muchos de ellos se fueron y encontraron un camino con muchas más oportunidades. Tenemos el ejemplo del hermano de mi abuela, Manolo Millares, o Martín Chirino, que recorrió el mundo, como decía él, haciendo espirales.

¿Cómo afectó a la obra de Manrique su ictus amnésico, a comienzos de los años noventa? ¿Ha sido su creación la principal constante, a la postre, de su existencia?

Creo que el arte de mi abuelo era algo que iba más allá de la capacidad que puede llegar tener un pintor para crear una pieza u obra de arte; para mí y para mi abuela, él tenía un don. No muchos pintores tienen la capacidad de generar una obra tan amplia en una carrera tan corta –y de manera tan espléndida– al mismo tiempo. Él pintó cada día de su vida desde el mismo momento en el que decidió dejar su trabajo como aparejador; y pintó hasta el final de sus días. Fue su constante, desde luego, amaba lo que hacía. Cuando mi abuelo Alberto sufrió el ictus, olvidó que era artista… Recuerdo que vio uno de sus cuadros y preguntó que quién lo había hecho, pero a los pocos días se puso a pintar incluso habiendo olvidado cómo hacerlo. En cuestión de minutos su mano comenzó a trazar nuevamente, con soltura, líneas y dibujos como sí no lo hubiera olvidado, como si realmente pintar fuera parte de él.

La violinista Mª Dolores Yeya Millares, esposa del pintor, durante un instante del documental. Fotografía cortesía de la distribuidora.

¿Consideras que su esposa (tu abuela), Mª Dolores Yeya Millares, fue, igualmente, una excepción en tiempos obscuros?

Sí, sí, claro que lo creo. Mi abuela fue una mujer pionera… Ella fue la primera violinista de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria en una época en que la mujer se casaba y ya. En su familia pasaron episodios de vida realmente duros; al igual que el resto de sus hermanos, supo canalizar, quizás, parte del dolor a través de la música, el arte y la literatura. Junto con mi abuelo hicieron un pacto de amor casi artístico, único y singular.

¿Qué valoración ha hecho de tu película?

Mi abuela dice que es perfecta…

En el presente filme recuperas un manejo de las sombras por las que ya te hubiste adentrado en proyectos precedentes. ¿Hay una comunión entre ellas y la luz que invade el universo escénico de las acuarelas de Manrique?

Nunca me lo había planteado así… Podría ser como una segunda lectura interesante de ese mundo de sombras propio y personal, en paralelo con el mundo de luces de mi abuelo, pero, simplemente, me sentí así en el último tiempo en el que estuve en Madrid. Ir a grabar el documental hacía que ese mundo de sombras fuera desapareciendo.

¿Comprendes con mayor profundidad la obra de tu abuelo? ¿Te reconoces en ella, ahora que cuelga en tus dominios su último cuadro?

Comprendo ahora la obra de mi abuelo de manera diferente a como la comprendía en un pasado. El paso del tiempo te hace entender las experiencias de tu vida de manera más asentada, pero el tiempo también hace que sigan mutando. Yo lo llamaría evolución, y estamos constantemente en proceso de esto mismo, ¿no? Al fallecer mi abuelo decidí darle el cuadro a mi abuela, que ahora cuelga en sus dominios y no en los míos… Y así es como debe ser.

¿Crees que depositar en tu debut en el largometraje documental este denso y, a la par, desnudo equipaje psicológico te ha liberado de un deber, moral y psicológico, para encaminar tus proyectos futuros como cineasta?

No. Pero si tenía claro que mi primera película tenía que ser este regalo que le quería hacer a mi abuelo. Devolverle parte de lo increíble que era él y que lo había olvidado.

¿Cuáles son tus expectativas respecto de su reciente estreno a nivel nacional? ¿Esperas que ‘El último arquero’ permita revitalizar el legado artístico de Alberto Manrique?

Pues, respondiendo a las dos preguntas, espero que se conozca no solo la obra de mi abuelo, sino a la persona que hay detrás de la obra, a Alberto Manrique. Y que también se conozca parte de nuestro legado cultural, que tan desconocido es para muchos de nosotros. También espero que mi abuela siga tan ilusionada como está ahora con el estreno de esta película.

La cineasta Dácil Manrique de Lara. Fotografía cortesía de la directora.

Jose Ramón Alarcón

«La crisis traerá más ruido, rabia y confusión»

#MAKMAEntrevistas | Txani Rodríguez
‘Los últimos románticos’ (Seix Barral, 2020)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 22 de julio de 2020

Entre brumas y acordes que resuenan en su memoria personal y paisajística, la escritora y periodista alavesa Txani Rodríguez ha paseado su novela ‘Los últimos románticos’ (aún con el cálido y reciente tacto de imprenta) por la inusitada XXXIII Semana Negra de Gijón, procurando con su presentación una de las rúbricas definitivas del festival.

De este modo, la autora ha portado consigo esa calima industrial de celulosas y proletariado que palpita en su obra con vigorosas semejanzas del pasado, perfilando un horizonte de añoranzas solidarias y obreras –tan carentes como necesarias en el complejo y desubicado escenario laboral del presente–.

Porque Irune, su personaje protagonista, evoluciona entre turnos y despidos de una fábrica de papel (higiénico y contaminante) del País Vasco, contiendas sindicales y ecologismo; un entorno en el que solo cabe superar el duelo vital de la pérdida (familiar y laboral) a través de la materialización de la fraternidad, la amabilidad y el compañerismo –conceptos con los que equilibrar, además, la inapelable soledad contemporánea que vulnera la relación entre los individuos–.



Las siete y media, los últimos románticos / Se acaban acostando con cualquiera”, sentencia el músico Quique González en ‘Parece Mentira’, uno de los temas de su álbum ‘Delantera Mítica’ (2013). ¿Te hubo interpelado su letra para componer la deriva proposicional de tu novela?

En realidad, llegué al título por mí misma, tras descartar otras muchas opciones, y a pesar de existir una novela homónima de Pío Baroja, decidí mantenerlo. Sin embargo, aunque, como digo, llegara sola al título creo que es muy posible que en mi subconsciente resonara la letra de Quique González que me señalas, porque el madrileño es uno de mis músicos favoritos, y algunas de sus canciones he debido de escucharlas un millón de veces, al menos.

En tu prosaica descripción de Irune, sustentada por las máculas de lo cotidiano, ¿reside el lirismo en los márgenes de sus actos, tras la montañas vitales de celulosa y soledad, introspectiva y telefónica?

Bueno, no considero que la descripción de Irune sea prosaica, no era mi intención, en todo caso, pero sí comparto que el lirismo –un ingrediente que, en mi opinión, siempre hay que limitar- puede proceder de los lugares y gestos más insospechados, por ejemplo, de una fábrica de papel higiénico. Se escribe poco sobre las fábricas, pero en ese mundo también cabe todo, incluido el lirismo.

Si ‘Los últimos románticos’ radiografía un entorno periférico de tiempos conclusos y desahucios industriales, ¿cabría situar el cosmos en el que evoluciona su protagonista en otro contexto que no fuera el de la decadencia fabril del País Vasco, Asturias o Galicia?

En la novela las reflexiones sobre la solidaridad entre trabajadores son importantes, por lo que creo que ese tipo de entorno se hace necesario; sin embargo, para hablar de la importancia de la idea de comunidad o de los cuidados, valdría cualquier lugar de Europa.

El escritor Luis Artigue y Txani Rodríguez durante la presentación de ‘Los últimos románticos’ en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Fotografía cortesía del festival.

El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan”, sentenciaba Karl Marx. ¿Es la solidaridad obrera la levadura imprescindible para conquistar ese estadio de consideración social?

El pan es importante también, y una buena manera de demostrar respeto por los trabajadores es impulsar buenos convenios colectivos. La solidaridad obrera, por desgracia, parece ya cosa del pasado. A diferencia de lo que sucedía en décadas pasadas, en las fábricas hay muchos trabajadores eventuales o procedentes de empresas de trabajo temporal, con lo que, a menudo, quedan al margen de las organizaciones sindicales… Creo, además, que todo el mundo va bastante a lo suyo.

¿Qué porvenir aguarda a las ‘Irune’ que pueblan, con sus vindicaciones, el marco laboral contemporáneo?

No parece que les aguarde un futuro demasiado esperanzador, teniendo en cuenta, encima, que estamos a las puertas de una nueva crisis económica que, al parecer, será profunda. Por otro lado y de manera previa, las sucesivas reformas laborales han ido mermando los derechos de los trabajadores en este mercado –en el que participamos todos–, cada vez más deslocalizado y voraz.

¿Cabe alentar otra conducta moral que no este sustentada por la empatía, la cordialidad o la benevolencia? ¿De qué modo dotar de oxígeno a la amabilidad en tiempos permanentemente convulsos?

La amabilidad no cuesta nada, nos decían, y es verdad; la amabilidad no es compromiso, es algo más puntual –una sonrisa, una buena contestación–, pero también reconforta. He tenido, a menudo, la sensación de que se premiaba la displicencia frente a la amabilidad, o dicho de otro modo, que la maldad se confundía con la inteligencia, y la bondad con estupidez. Estoy totalmente en contra de esas ideas.

¿Hubieran afectado las consecuencias sociales y sanitarias de la COVID-19 a la deriva diegética de tus personajes? ¿Alimenta este incógnito escenario de distanciamiento social la ausencia de compromiso?

Según muchas voces, parece que de esta crisis saldremos cambiados, que aumentará el sentido de comunidad (muchas personas han descubierto ahora cómo se llamaba el vecino de enfrente) y que valores que parecían olvidados volverán a cobrar fuerza. Yo soy algo más pesimista, no creo que esto nos haga mejores, y la crisis económica traerá más ruido, rabia y confusión.

La escritora Txani Rodríguez. Fotografía cortesía de la autora.

Jose Ramón Alarcón

«La sociedad tiene que entender su responsabilidad»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | David Trueba
‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 8 de julio de 2020

En el contexto de una edición excepcional –tanto por razones cualitativas como insólitas en lo morfológico–, la XXXIII Semana Negra de Gijón ha recibido la visita del cineasta y escritor David Trueba, autor inédito en estas haciendas noir, por las que deambulan los males de Corcira, con sus progenies de Carvalhos, baladas de ahorcados, grandes Pirellis o lentos tranvías de la literatura túrbida y, en ocasiones, sanguinolenta que vertebra el género.

E irrumpe portando consigo los ecos reflexivos de ‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018), un frugal ensayo erigido, durante los dos últimos cursos, en lectura obligatoria para la EBAU en el plan de estudios asturiano –motivo por el que ya hubo paseado sus cavilaciones por diferentes institutos del Principado, con una bienvenida acogida y disculpas previas al alumnado ante su insospechada obligatoriedad–.

Una publicación que forma parte de la colección ‘Nuevos cuadernos de Anagrama’, que nos permite aproximarnos a las rúbricas de Zizek, Michel Houellebecq, Marina Garcés, Sara Mesa, Claudio Magris o Rafael Chirbes, y en la que Trueba encuentra acomodo mediante un florilegio de certeras ponderaciones que radiografían algunos de las insalubridades de nuestro tiempo, situando al individuo (nosotros) en el epicentro del análisis: “En las partidas de póquer, dicen los sabios profesionales que cuando miras a los contendientes y no das con el pardillo, con el tonto que va a ser desplumado, es que vas a serlo tú. (…) Y claro que sí, puede haber una tiranía sin tiranos, porque el mundo siempre contiene tiranteces, pero cuando no das con el tirano de manera clara, es que a lo mejor el tirano lo eres tú”, asevera en su concisa tesis, a modo de colofón.

En cierto modo, en la ‘La tiranía sin tiranos’, David Trueba procura advertirnos del negligente pálpito que reside en otear el devenir histórico desde una posición perniciosamente cronocéntrica, tal y como hubo manifestado en su encuentro con los medios: “Creo que una de las características del ser humano siempre es la de pensar que el tiempo se corresponde con su propio tiempo biológico y solemos tener la tendencia de pensar que todo pasa por primera vez y que todo terminará con nosotros. El carácter apocalíptico de la gente suele ser que, a medida que se va haciendo mayor o anciano, va pensando que el mundo se acaba, y entonces, realmente, el que se acaba es él. No sabemos cuándo se acabará el mundo, pero, seguramente, cuando se acabe no habrá una previsión; impactará de manera sorpresiva”.

Y tal perspectiva de los acontecimientos parece ser fruto de que “unimos la vicisitud del mundo y de la historia a la nuestra, y ahí creo que cometemos el mayor de los errores; si algo tiene la tradición intelectual, cultural y artística es la de haber analizado, de alguna manera, los problemas que continúan igual”.

En ese sentido, “el trabajo de un escritor o de alguien que reflexiona sobre su tiempo es tratar de entender las claves de lo que está sucediendo, incluso antes de que suceda, con el fin de prevenir la repetición de lo que antes ha sucedido, y de ofrecer a la gente una especie de consuelo o de guía para comportarse en esos periodos de total desamparo y confusión, como el que vivimos ahora”.

Tiempos inciertos e inefablemente convulsos en los que, “más allá de lo que los científicos puedan llegar a solucionar, el problema máximo es el de la indefinición. La gente no sabe qué planes hacer para dentro de tres meses porque no sabe qué va a pasar entonces. Pues, seguramente, la manera más inteligente de afrontar esas dudas es tratar de observar los tiempos diversos en que han sucedido cosas similares y cómo ha sido la evolución natural de la sociedad hasta llegar a una cierta calma o llegar a perder ese pánico existencial”.

Si en ‘La tiranía sin tiranos’ Trueba, con atinada y cáustica perspicacia, ironiza sobre el ponzoñoso manejo de la ternura para con las víctimas y los desamparados –cosmética, higiénica y sobreactuada–, el pánico virtual a la mala reputación, el imperio adulterado de las estadísticas mayoritarias o la ególatra consecución de un vacuo y efímero bienestar, buena parte de la responsabilidad de ese horizonte reside en el desnortado uso deontológico de las tecnologías, instituidas en una infructuosa y nueva religión, que nos ofrecía “la sensación de que con ellas todo se quedaba viejo, puesto que nosotros disponíamos de elementos técnicos muy novedosos y, por lo tanto, éramos capaces de adentrarnos en una nueva esfera de la humanidad; y, sin embargo, de una manera muy clara, se ha visto que la tecnología puede que sea un acompañante, un elemento más, pero en absoluto resuelve los problemas básicos del género humano desde su origen”.

David Trueba junto a los estudiantes Álvaro Méndez, Cecilia Cora y Sergio de la Calle (tras la presentación de su ensayo) en la portada de la edición del miércoles 8 de julio de 2020 de A Quemarropa, diario de la Semana Negra de Gijon. Fotografía cortesía del festival.

Un panel de herramientas en el que cobra condición de ubicuidad “la explosión de las redes sociales”, cuya omnipresencia trajo consigo “lo que denomino ‘la cosmética de la solidaridad’, del dolor, de la empatía, etc., que es que todos, por medio de un mensaje muy distante y muy poco comprometido, sentimos el dolor de quien está sufriendo. Pero cuando se requiere la participación en la solución o el compromiso o, incluso, la acción por tu parte, entonces ya es más complicado. Los chicos, ahora, lo llaman postureo”.

Por ello, para Trueba adquiere sobresaliente importancia el desarrollo de la acción comprometida frente al discurso pasivo y estéril. “En el cine, siempre, cuando empezábamos a escribir guiones, decíamos: ‘La diferencia entre un personaje que dice y un personaje que hace es que el que dice no está comprometido; el que hace, de alguna manera, con su acción, está hablando mucho más que el que dice’. Vivimos en una sociedad muy de decir, muy de colocar, muy de la foto, del corazoncito, del dedo para arriba; pero ¿las acciones?, porque las acciones son el verdadero compromiso. Esto ha pasado mucho durante el confinamiento, en el que vivíamos muchas expresiones de solidaridad, de empatía…, pero luego, a lo mejor, le pedías a alguien un piso vacío prestado para que un sanitario pudiera estar y protestaba el vecindario, o el casero te negaba la posibilidad de cederlo”.

Una orfandad de avenencia y compromiso cuya responsabilidad apela a los propios individuos en sociedad. “En ‘La tiranía sin tiranos’ hablo mucho de eso: la sociedad tiene que entender su propia responsabilidad, su propia capacidad de delimitar su vida, su experiencia vital y, a partir de ahí, de uno en uno, convertir en una suma un gran colectivo. Lo que no se puede es ‘yo me salvo de todo y los demás que hagan lo que quieran, esto no tiene que ver conmigo porque no soy responsable de lo que pasa’”, recuperando, de nuevo, a ese abismo que media entre la disertación y la materialización de los hechos:

“Entonces, entre la postura y la acción, ahí es donde uno debe hacerse la pregunta a sí mismo: ‘¿Estás dispuesto a convertir en acción lo que conviertes en discurso?’.

El escritor y cineasta David Trueba durante su encuentro con los medios en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

La representación del paisaje como cuestionamiento

#MAKMAEntrevistas | Cristina Ramírez (artista)
Figuración detallada basándose en el cuestionamiento del sujeto y del mundo a través del paisaje
Miércoles 24 de junio de 2020

Podemos comenzar diciendo que continuamos en contacto con artistas que no dejan de trabajar en sus proyectos, tras el periodo de confinamiento, debido a la pandemia que continua acechando y condicionando nuestras vidas. No obstante, mundialmente estamos intentando retornar lo más pronto posible a una «nueva normalidad» en la que, por desgracia, en la mayoría de los casos, no nos deja acercarnos a los espacios culturales para sentir el arte tan cerca como nos gustaría. Pero hay solución para ello: aproximarnos a esos artistas que no dejan de demostrar su valor y su empeño para regalar lo mejor al visitante o espectador.

Hoy, nos dejaremos llevar por nuestra imaginación y nos trasladaremos a una sala donde se encuentran las obras de la artista Cristina Ramírez, quien nos da pistas de su trabajo, de esta manera: «en este proyecto el paisaje y la naturaleza son escenario y protagonista al mismo tiempo; representando un mundo que ya no pertenece al ser humano, recorrido, removido y agitado por fuerzas de origen sobrenatural. En los dibujos se levantan precarias arquitecturas, montículos y agujeros, ruinas naturales que funcionan como lugares simbólicos, portales a otros mundos, restos que permanecen para mostrarnos el poder de esas fuerzas invisibles».

Ramírez nos deja patente que otro de los pilares de su obra es la paradoja, lo que debería ser y no es; un intento de representar lo impensable, lo otro. «Esto da lugar a un trabajo meramente especulativo, a dibujos que, como la ciencia ficción, se basan en conjeturas y participan de la transgresión de lo real mediante la inserción de un hecho imposible».

En otras palabras, estos paisajes y escenas se sitúan en una zona fronteriza y no son tanto la representación de un universo visionario, sino su inminencia; es mirar hacia ese otro universo sin llegar a ver.

¿De qué trata tu obra?

Desde el inicio, en mi obra existe un cuestionamiento del sujeto y del mundo a través de la representación del paisaje. Éste, a menudo, imagen de nuestro mundo, se deforma, se rasga y se pervierte al entrar en conflicto por la irrupción de un mundo ajeno, de unas fuerzas desconocidas de otro orden. Para ello hago uso de una figuración, en exceso, nítida, prolija en detalles que no ofrece descanso a la mirada.

‘El pozo y la pirámide’ (2019). Fundación BilbaoArte, 2019. Fotografía: Jorge Isla.

La mayoría de mis dibujos o esculturas son piezas de umbral: presencias o espacios intermedios, fruto de la intersección de dos mundos, el nuestro y aquél otro desconocido. En las obras hay una intención consciente de agotar la mirada, de retirarle los anclajes, bien sea por la superabundacia de información gráfica; bien por una ruptura con el punto de fuga único que le obliga a deambular de un lado a otro, recorriendo la superficie de la pieza; o bien por una fractura en la narración que viene dada por la inclusión de la geometría como elipsis o símbolo de esa otra naturaleza no humana. La paradoja se convierte, así, en una constante en virtud del deseo por mostrar lo informe, lo impensable, lo desconocido, a través de un exceso de materialismo.  

En mi obra se da una crisis simbólica del orden que, además, conlleva un giro en la mirada, desechando un punto de vista antropocéntrico. Este desplazamiento pone el foco en lo nimio y anecdótico de la posición cósmica de nuestra especie.

¿Cómo ha evolucionado tu obra?

Desde el inicio, mi trabajo mantiene un denominador común, y es el interés por la fractura de lo real a través de la irrupción de un mundo absolutamente ajeno. A esta idea fundamental se han ido sumando otras, como he comentado en la anterior pregunta, que han hecho que la obra gane en complejidad y en honestidad en la correlación entre forma y discurso.

Formalmente, el avance se ha producido en tres direcciones: por un lado, los trabajos sobre muro; por otro, la obra sobre papel y, por último, las incursiones que he comenzado a hacer en el plano de la escultura. 

 
Vista general de la exposición ‘Nueve Ángulos’ (2016), en la Sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia (Granada). Fotografía: Rafael Ruiz.

En los murales, la pared ha ido adquiriendo cada vez mayor carga simbólica; el muro ha dejado de ser un mero soporte para convertirse en una especie de membrana que separa nuestra realidad de ese otro mundo sobrenatural al que mi pintura alude. En este aspecto, he desarrollado un interés cada vez mayor por las composiciones que implican la confluencia de dos muros; la esquina se presenta, entonces, como un acceso al abismo, tal y como la entendía H.P. Lovecraft; o como entrada a la propia psique, siguiendo a Ballard. 

Por otro lado, en la obra sobre papel se ha producido una evolución hacia imágenes más libres, con menos complejos, donde el vínculo con la pintura de historia o de paisaje que en un principio era más palpable, ha dado paso a cierto giro pulp.

Por último, el salto a la escultura ha supuesto de nuevo una liberación. He encontrado la traducción lógica de mi obra gráfica, de ese paisaje que deformo y pervierto, al volumen. Así, he llegado a crear una serie de piezas donde el paisaje aparece contenido en una geometría alterada, en una huida hacia el espacio no-euclidiano; mantos de excrecencias vegetales, compost y detritus atrapados en llagas, invaginaciones y membranas.

Ficha técnica de ‘Limes’ (2018). Fotografía cortesía de la Fundación BilbaoArte 2019.

¿Te has sentido encerrada durante el confinamiento, como la palabra indica, o, por el contrario, te has sentido libre y has creado nuevas líneas de trabajo? Y, en relación a esto, ¿cómo ha sido tu actividad durante la cuarentena? ¿Te has mantenido activa?

Lo más complicado del confinamiento ha sido, no tanto el encierro físico como el shock por la irrupción de una nueva realidad con la que debemos aprender a convivir. Una crisis global, la caída de un sistema atrofiado, que nos ha llenado de incertidumbre y en la que ya no hay cabida para viejas soluciones. Ante semejante colapso, he transitado por diferentes estados hasta llegar a inventarme cierta normalidad que me ha permitido seguir trabajando en mi obra.

Las primeras semanas atendía con curiosidad lo que los filósofos de esta época tenían que decir sobre la situación, siendo, de alguna manera, consciente de que lo que estábamos viviendo suponía un punto y aparte en nuestra historia como especie. A la vez, durante estas primeras semanas empiezo a desarrollar una serie de dibujos en pequeño formato casi con carácter terapéutico; obras con un exceso de grafismos, líneas y punteados, que en su mecánica repetitiva tenía un efecto en mi próximo a la meditación, una manera de canalizar la ansiedad.

‘Primer Intento’. Serie ‘La palabra quebrad’a (2019). Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (Córdoba), 2019. Fotografía: Pablo Ballesteros

A medida que pasan las semanas, decido restringir el flujo de información sobre la pandemia. Minimizar la conciencia, tal y como señala Ligotti, analizando ‘El Último Mesías’, de Zapffe, es la única manera de seguir adelante con nuestra existencia. Intentar no ser conscientes de lo que somos y para ello recurrir a estrategias de aislamiento, anclaje, distracción o sublimación; mecanismos de autoengaño que he sentido poner en práctica más que nunca durante estas semanas. Este vivir al día ha sido la única manera de seguir estando, trabajando en el presente.

De esta manera, he podido hacerme un hueco y poder centrarme en mi obra, sin pensar en el futuro inmediato y desarrollar una nueva línea de trabajo. Esta nueva línea surge como resistencia estética a la asepsia y al biocontrol que empiezan a ser cada vez más una realidad tangible. En este trabajo reciente, una serie de masas y tejidos irrumpen en escena en una cita directa al cuerpo  y con ello al contacto, a la infección, al sexo; el contagio como celebración de la libertad de la carne.

Ficha técnica de ‘Vínculo’ (2020).

¿Crees que volverás a la normalidad con esta situación, a nivel de producción, de economía y actividad?

Está claro que caminamos hacia una normalidad diferente en la que tendremos que aprender a vivir con el virus, tenga el nombre que tenga. No podría aventurarme a decir qué trae esta crisis social y económica que se empieza a vislumbrar, pero para los trabajadores de la cultura cuya situación ya era precaria, sin duda plantea un futuro complicado. Creo que vamos hacia nuevas maneras de producción, de economía, de actividad y que su forma dependerá mucho de las decisiones que tomemos ahora.

En definitiva, lo que pretende Ramírez con este trabajo es profundizar aún más en las teorías del pesimismo cósmico y del paisaje, además de en su propio lenguaje plástico.

Irene Valdés

Editoras en tiempos convulsos (II)

#MAKMAEntrevistas | Editoras en tiempos convulsos (II)
Con las editoras Diana Acero (Carmot Press), Donatella Iannuzzi (Gallo Nero), Lidia López (Lastura Ediciones), Mayda Bustamante (Huso) y Ruth Llopis (Anantes)
Viernes 29 de mayo de 2020

Las redes sociales y el vasto y diverso ámbito de la comunicación digital han sido herramientas de reorientación empresarial –tan necesarias como contingentes debido a la incertidumbre– durante los dos meses y medio que han transcurrido desde el decreto de estado de alarma. En buena medida, ensayos y mecanismos complejos para un sector editorial independiente que precisa de la fisicidad y que cuida sobremanera todos los pasos del proceso, entre los que se cuenta el más importante de todos: el acceso a los lectores.

La superación de las primeras fases de desescalada trae consigo la tímida apertura de las librerías, bibliotecas y comedidos encuentros. Sin embargo ¿será posible concebir la opción de reactivar la economía editorial si únicamente se permitirán eventos culturales con un aforo reducido?

Sobre estas cuestiones iniciábamos, el pasado miércoles 20 de mayo, la primera entrega de ‘Editoras en tiempos convulsos‘, una serie de entrevistas con las que proseguimos recabando el testimonio de editoras que abanderan el actual e incierto horizonte de diversos sellos independientes.

Mujeres combatientes y carentes de corsés que han convertido las virtudes literarias en senda profesional, cuyo cauce y dinámica presentes se han visto gravemente afectados por las consecuencias sanitarias y económicas de la COVID-19, dibujando un impredecible escenario sobre el que reflexionar a partir de las siguientes cuestiones que les planteamos desde MAKMA.

1) ¿Qué ha supuesto para ti esta inesperada situación de alarma sanitaria y confinamiento?
2) ¿Cómo has afrontado a nivel profesional la presente situación?
3) ¿De qué modo vislumbras con inmediatez y a medio plazo el devenir editorial? ¿Qué cambios, a tu juicio, deberían implementarse?
4) ¿Qué títulos y/o novedades han visto afectadas sus presentaciones durante estos meses?
5) ¿Consideras que serán rentables las normas sanitarias que habrán de implementar ferias y festivales del libro durante el último tercio del año?

DIANA ACERO (CARMOT PRESS | MADRID)

1) Esta situación ha supuesto un retraso en el plan editorial mucho más allá de lo previsible. La editorial acababa de cambiar de distribuidora y tenía claro que llevaría tiempo, meses, volver a la normalidad. Ahora soy un poco pesimista y no creo que Carmot pueda alcanzar un ritmo editorial óptimo hasta el año que viene, pero este hecho, a la vez, tampoco me genera mucha inquietud. En el año 2018, a los pocos meses de arrancar con la editorial, ya sufrimos un revés de cambio (involuntario) de distribuidora y, al menos, sé lo que nos espera.

2) De la única manera que, creo, es posible salir de esta situación de la mejor manera posible: creando alianzas con otros editores. Me he volcado en que nos hagamos más fuertes juntos. Pienso que establecer estrategias conjuntas será la mejor manera de afrontar los retos que tenemos frente a nosotros.

3) El futuro inmediato lo veo muy oscuro. Las editoriales van a sufrir grandes devoluciones y se van a pedir pocas novedades. Además, creo que los lectores apostarán por editoriales reconocidas para sus compras, como una garantía de que la calidad de su adquisición es acorde a la inversión realizada. Pienso, aunque espero equivocarme, que muchas pequeñas editoriales o microeditoriales van a morir, sobre todo aquellas que viven de la novedad y tienen una inversión grande ya comprometida.

En cuanto a los cambios que deberían implementarse, en mi opinión, serían varios y en varias líneas. En lo que respecta a los editores, creo que deberíamos tomarnos esta situación con calma y no plantear novedades hasta después del verano. Dar espacio a los libreros, oxígeno a las distribuidoras y dedicar tiempo a los libros que salieron justo cuando se decretó el estado de alarma y al resto del catálogo.

4) En mi caso, dos títulos: ‘Payasa’, de Monica Drake, que justo salió la semana anterior al confinamiento y que no pudo llegar a todas las librerías –y cuya promoción en prensa se truncó–; y la segunda edición de ‘La cronología del agua’, de Lidia Yuknavitch, que tenía que haber llegado reimpreso en abril y del que ya había varios clubes de lectura montados y pedidos de librerías en marcha.

5) Creo que sí si la feria y el festival son pequeños en cuanto a asistencia de público; no lo tengo tan claro en citas como Sant Jordi o las diferentes ferias del libro. Me parece muy complicado que el público quiera asistir a eventos donde haya aglomeración de personas y donde el riesgo sanitario sea elevado. Se habrá de plantear muy bien para que las personas se sientan seguras y quieran ir a comprar libros a esas citas.

DONATELLA IANUZZI (GALLO NERO | MADRID)

1) He de decir que a nivel personal ha sido una experiencia reveladora. Llevo diez años dedicada en cuerpo y alma a la editorial y, aunque durante esos años he viajado mucho y he tenido vacaciones, la crisis sanitaria para mí ha supuesto un retorno a mi esencia, es decir, que por primera vez he logrado separarme en cuerpo y alma de la editorial. He podido reflexionar sobre la vida que he llevado y sobre cómo esta ha ido cambiado. Y me alegro de haber logrado esa separación. Ha sido la pausa profesional más feliz de mi vida.

2) El cierre de las librerías ha sido un golpe duro, pero al mismo tiempo ha dado pie, en mi caso, a una lúcida reflexión sobre el modelo de negocio al que estamos sometidos. Esa reflexión no se habría dado en medio del ritmo frenético que solíamos llevar. Respecto al caso de mi editorial en particular, tuve suerte porque no tuve libros atrapados en plena distribución, sí tenía dos libros impresos que no llegaron a distribuirse y eso ha sido una suerte, ya que voy a poder lanzarlos en junio como novedades.

3) El libro siempre está en crisis; es cierto que esta vez se trata de una crisis inédita, pero lo que seguirá no dejará de ser otra crisis económica parecida a otras que ya nos han castigado en el pasado. Mi mayor preocupación ahora reside en el hecho de que, a pesar de las crisis, nadie pone sobre la mesa unas medidas que permitan a la industria editorial navegar con el mar revuelto. Nos limitamos a esperar que pasen para volver a empezar con el mismo modelo y el mismo ritmo. El sector necesita una gran revolución si quiere sobrevivir en esos tiempos inciertos (llegarán otras crisis) y me refiero a la hiperproducción y al modelo colocación/devolución. Por otro lado, hasta que la cultura no llegue a ser una cuestión de Estado, como lo es en otros países, su autorregulación respecto al modelo nos llevará a un inmovilismo en el que los grupos de poder siempre impondrán sus reglas. El sector necesita una regulación institucional, y que su intervención no se limite a subvencionarnos.

4) Dos títulos no pudieron salir, pero saldrán en junio y, claro, si los libros previstos para marzo/abril salen en junio nos tocará mover todo el plan editorial. No tenemos claro todavía si lograremos publicar todos los títulos que teníamos contratados para 2020. Estamos a la espera de ver cómo reacciona el mercado y tomaremos decisiones en cuanto veamos las colocaciones de esos dos libros de junio. Lo último que queremos es publicar por publicar, así que si la crisis resta visibilidad a nuestros títulos, tenemos muy claro que las grandes apuestas las pasaremos a 2021. ‘Tokio. Pinceladas del alba’, de Michaël Ferrier (3 de junio); ‘Alois Nebel’ (novela gráfica), de Jaroslav Rudiš & Jaromír 99 (24 de junio).

5) Es complicado hacer un pronóstico, entiendo que hay que intentarlo y solo entonces sabremos… Hay muchos profesionales implicados en la organización de los eventos editoriales y hay mucho trabajo detrás como para que se tire por la borda. Hay que ser optimista y, aunque bajen las ventas, todo es mejor que nada y todo suma.

LIDIA LÓPEZ MIGUEL (LASTURA EDICIONES Y KAÓTICA LIBROS | MADRID)

1) Ha significado un cambio total en mi rutina y en mi vida. En el plano personal este confinamiento me ha pillado con una mudanza a casa de mi pareja recién hecha. Ha sido la primera mudanza de mi vida tras haber estado viviendo en otra provincia los últimos 13 años. Volver a Madrid y encerrarme ha sido prácticamente un todo en uno; así que lo he afrontado y lo afronto con cierta normalidad, porque tenía claro que con la mudanza habría un cambio en mis rutinas normales, fundamentalmente, porque he pasado de vivir sola mucho tiempo a vivir en pareja, pero que los cambios llegasen a este punto…, tampoco me lo imaginaba (ja, ja). Lo cierto es que me siento muy afortunada por haber podido vivir el confinamiento en mi actual situación personal, vivirlo enamorada y con la persona con la que quieres estar es tener muchísima suerte. Todo lo horrible e inenarrable se ha quedado de puertas para afuera; dentro, en la protección del hogar, hemos sacado tiempo para disfrutar de los juegos, la música, el cine, la comida, las risas y todo eso para lo que, a veces, el día a día de la normalidad no te dejaba hueco.

2) Soy de las que piensan que en toda crisis surgen oportunidades y, en este sentido, yo las he aprovechado de muy diferentes maneras. En primer lugar, hemos incorporado al equipo de Lastura Ediciones a Ana Orantes, una estupenda profesional que viene del mundo de las librerías y que ha realizado durante los últimos años una magnífica labor de distribución y marketing en una de las editoriales de poesía más conocidas en nuestro país. Que ahora vaya aplicar todos sus conocimientos en Lastura creo que va a suponer un gran salto en nuestra proyección. En segundo lugar, debo decir que este parón relativo (seguimos manteniendo el mismo ritmo de publicación) me ha permitido ponerme al día con esos asuntos pendientes que siempre se quedan colgando porque no son una urgencia del día a día. Son asuntos administrativos para los que nunca se saca tiempo y, bueno…, en este sentido he quitado algo de acumulación (¡no toda!). Y en tercer y último lugar, me ha servido, también, para conocer nuevas plataformas y medios de difusión que serán muy buenos para darles uso cuando todo esto pase. Sí, creo que me está sirviendo para superarme, y me quedo con eso.

3) Creo que estos meses van a suponer una reestructuración del mercado de la pequeña y mediana editorial. Muchas, lamentablemente, ya han cerrado y otras se están planteando hacerlo, especialmente aquellas cuyos dueños no se dedican de forma exclusiva al mundo editorial. Esto, que podría parecer algo bueno para las editoriales que tenemos intención de resistir el vendaval, no lo es en absoluto. Me duele ver la situación en la que se encuentran algunos compañeros de este cardumen. Por otra parte, el sector de las librerías se ha quedado muy tocado y hundido en algunos casos. Esto tampoco es bueno para los editores. En primer lugar, porque ya está empezando a haber muchos problemas para el cobro de facturas de las distribuidoras y eso nos ahoga la producción. Está habiendo, en este sentido, verdaderos problemas y, como ya se ha visto, las ayudas para el sector editorial son ínfimas y, desde luego, los pequeños estamos a kilómetros de olerlas.

Para sobrevivir tendremos que hacer muchos cambios tanto en la producción como en la distribución de las obras. Por el momento, tendremos que centrarnos en la venta de libros de manera exclusiva en las librerías y a través de nuestras plataformas propias, pero eso, bien sabemos, es un goteo que no renta, ni mucho menos, como lo hacen las ventas en las presentaciones de libros. Por eso estamos implementando muchas campañas online, como ‘Al habla con la editora’, que son directos en Instagram todos los jueves desde nuestra cuenta, y presentaciones de libros a través de distintas plataformas. También creemos que es importante apoyar a las librerías y, en este sentido, cuando alguna librería presenta online alguno de nuestros títulos, le hacemos llegar el 30% de la recaudación de esa obra obtenida a través de la venta en nuestra página web durante toda esa semana. Algo es algo. Todo con tal de que salgamos a flote todos juntos.

4) Muchos, muchísimos. Cuando se decretó el estado de alarma tuvimos que cancelar más de tres presentaciones semanales; esto sin incluir todas las presentaciones que se iban a llevar a cabo en las diferentes ferias del libro que teníamos comprometidas (Fira del Llibre de València, Feria del Libro de Sevilla, Feria del Libro de Bajadoz, Feria del Libro de Fuenlabrada, Feria del Libro de Rivas, Feria del Libro de Trujillo, Feria del Libro de Madrid…). Esto nos ha caído a los editores en el peor momento. Abril y mayo son nuestros mejores meses del año. Sin embargo, he de decir que en Lastura, aunque llevamos algo de retraso, estamos manteniendo el mismo calendario de publicaciones pactado con los autores –que en esta época del año, debido a las ferias, es algo superior con respecto al resto del año–. Cada mes ven la luz entre cinco y siete títulos nuevos editados de una manera tradicional (quiero recalcar esto, porque el esfuerzo económico que estamos realizando es titánico y, con total sinceridad, espero que se vea recompensado).

5) No quiero ser pesimista, pero lo veo bastante complicado. Si ya es complicado que alguien se acerque a tu caseta y abra un libro del que previamente no tiene referencias, pues con estas medidas lo será aún más. Habrá que ser muy imaginativos y, por nuestra parte, ya estamos buscando métodos para hacer llegar a los posibles lectores toda la información de las obras sin necesidad de abrirlas. También habrá que ser muy selectivos con lo que se pone encima del mostrador. Habitualmente, intentamos colocar el máximo número de títulos y ahora creo que habrá que cambiar radicalmente la estrategia. En cuanto a lo que se refiere a las organizaciones de las diferentes ferias y encuentros, espero que nos faciliten tanto las medidas de higiene necesarias como la venta de los libros. En este sentido, sería interesante que las organizaciones de las grandes ferias se comprometieran a comprar un determinado número de ejemplares a cada editorial para ayudarnos a superar esta caída. Hay que tener en cuenta que nosotras ya pagamos en su momento el precio de las casetas como si fuéramos a acudir a una feria con total normalidad. En consecuencia, espero compromiso y solidaridad real con quienes estamos haciendo el esfuerzo de resistir y seguimos con la intención de acudir a estas convocatorias ya de por sí siempre excesivamente caras para los editores.

MAYDA BUSTAMANTE (HUSO Y EDICIONES CUMBRES | MADRID)

1) Desolación y, al mismo tiempo, me ha sorprendido la capacidad de adaptación que al final me habita.

2) Con incertidumbre, pero no he dejado de trabajar (en algunos aspectos, incluso más).

3) La situación es muy compleja, sobre todo para las editoriales independientes y las librerías literarias. Son necesarios apoyos muy concretos al sector, si no muchos quedaremos en el camino.

4) Nosotros tenemos seis novedades que duermen en el almacén de nuestra distribuidora, en espera de que que la situación se normalice.’La voz de lo que fuimos’, de Juan Laborda; ‘Atrapadores de polvo’, de Lucie Faulerová; ‘Guernica’, de Liliana Díaz Mindurry; y ‘Que nadie muera sin amar el mar’, de María Luisa Balaguer –estos de Huso–. Y ‘Augusto Bournonville. Historia de una tradición’, de Ioshinobu Navarro Sanler; y ‘Diálogos con la danza’, de Alicia Alonso –de Ediciones cumbres–. Tuvimos que cancelar dos presentaciones para las cuales ya habíamos cursado invitaciones. Esta situación debe de ser la de muchos. ¿Y cómo soportarán las librerías la avalancha de novedades cuando sea posible la distribución? Habrá víctimas. Será inevitable.

5) Necesarias serán. Rentables, me temo que no.

RUTH LLOPIS (ANANTES | SEVILLA)

1) Un nuevo palo al sector. Por la fecha, ya teníamos inversiones de cara a la primavera que han supuesto más gastos extras e ingresos escasos.

2) Echando imaginación. Nos tenemos que volver a inventar para que todo siga igual.

3) Con esperanza, si no ya hubiese cerrado (je, je). Esta situación nos ha dado tiempo, y espero que la gente tome conciencia crítica de la situación y la aproveche en el futuro. Creo que se debería fomentar, desde las istancias educativas, el fomento de la lectura contemporánea y de autores próximos. Eso hará que el hecho de escribir/leer sea algo real al alcance de todos.

4) Teníamos muchas expectativas en ‘Diario de cabotaje’, de Rafael García Maldonado, que ha tenido una gran acogida de crítica, y ‘Casi todas mis letras del cante’, que se había planificado presentar con cantaores que interpretarían esas letras. Esos eventos no van a poder hacerse, de momento.

Además, siendo sevillanos, teníamos ‘Rimas’, una reedición prologada por una de las mayores expertas en Bécquer, Pilar Alcalá, que era nuestro pequeño homenaje en el año del 150 aniversario de la muerte del poeta.

5) Por definición, esas normas nunca pueden ser rentables. Nos ayudarán a paliar un poco la situación, porque sin ellas no habrá ventas. Todo dependerá de la comunidad científica y del tiempo en encontrar vacunas o tratamiento. Si la gente pierde las buenas costumbres sanitarias, habrá recaídas, y, si tiene miedo, no irá a los eventos. Es un equilibrio difícil, pero en este sector estamos acostumbrados a adaptarnos a lo que venga.

Lectora anónima durante la gripe española de 1918.

Merche Medina

Xavi Font: «Es imposible estancarse con este trabajo»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Xavi Font (Compositor y productor ejecutivo)
Miércoles 27 de mayo de 2020

Su larga experiencia en cortometrajes, TV movies, y spots publicitarios ha llevado al compositor catalán Xavi Font (Bellpuig, Lleida, 1972) a colaborar en diversos largometrajes y series de notable recorrido, como, por ejemplo, ‘Agallas’, ‘El Diario de Carlota’, ‘Tiempo sin Aire’, ‘Hierro’ y ‘O que Arde’, uno de los filmes más relevantes de 2019.

¿Cómo entras a colaborar con el proyecto de ‘O que arde’?

Conocí a Oliver Laxe en 2015; él impartía un taller de haikus, fue muy revelador para mí y aprendí mucho de esa experiencia con él. Unos meses más tarde me llamaron desde Miramemira para comentarme que se empezaba a desarrollar el proyecto de una película que Oliver dirigía (‘O que arde’) y no lo pensé dos veces. Al principio, estuve más en el frente financiero, pero poco a poco fuimos compartiendo el trabajo de producción con mi compañera Andrea Vázquez, con la que hemos crecido mucho juntos durante estos últimos cuatro años, ya que se trata de la primera vez que actuamos de productores.

Parte del equipo de rodaje durante los preparativos de un incendio en ‘O que arde’, de Oliver Laxe.

Imagino que la complejidad técnica ha sido importante en este largometraje ¿Cuál ha sido la parte más difícil para ti? ¿Alguna anécdota que nos puedas contar?

La complejidad de ‘O que arde’ ha residido en cuestiones de valentía que partían del propio concepto de película: filmar con fuegos reales, cuatro períodos de rodaje (algo muy poco frecuente en el cine), rodaje en 16 mm… Esto ha ocasionado un trabajo de ingenio para llegar con la producción hasta donde no llegaba el dinero, incluyendo una colaboración estrecha con la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia. Una curiosidad es que hemos tenido que convertirnos en bomberos y pasar las pruebas de brigadistas para poder filmar los incendios reales junto a los servicios de extinción.

Anteriormente, ya te hubieron premiado por ‘Hierro’. ¿Crees que el hecho de ganar premios ayuda a los artistas en general?

Es cierto que ‘Hierro’ ha tenido mucho reconocimeinto con el Ondas, el Feroz a la mejor serie dramática, etc. Pero, en realidad, el único premio que hemos tenido por la música fue el Mestre Mateo (Academia Galega) que nos dieron el pasado día 7 de Marzo.

Los premios son algo necesario para visibilizar la industria y promocionar los mejores contenidos del año, tienen el componente de ser el reconocimeinto de los compañeros de profesión a los trabajos destacados del año. Son buenos si se permite poner el foco en los nuevos valores y los profesionales que aportan aire fresco e innovación, pero pueden ser peligrosos si se quedan en reconocimiento endogámico o en el vasallaje laboral, por seguir la cadena trófica.

¿Aspiras a conseguir un Óscar o, mejor, un Grammy?

No me quita el sueño, creo que ejercer la libertad de trabajar en proyectos con una buena dosis de compromiso y motivación es mejor que cualquier premio. De hecho, si algún día ocurriera, no lo disfrutaría si no fuera un proyecto con estos componentes.

Xavi Font y Manuel Riveiro recibiendo el premio Mestre Mateo por ‘La sombra de la ley’ (Dani de la Torre, 2018)

¿Cómo valoras las ventajas de haber tenido experiencia en tantos formatos audiovisuales distintos?

Es una suerte, aunque algo buscada. Cuando dejé el trabajo estable que tenía en el sector financiero, busqué precisamente esto: trabajar con equipos diferentes en cada proyecto, profundizando en una temática distinta, asumiendo nuevos retos… Es imposible estancarse a nivel profesional haciendo este trabajo, pero también es sacrificado aprender a vivir con la incerteza de cuál va a ser el siguiente proyecto, si será satisfactorio, si colmará tus necesidades para vivir.

¿Crees que el público nacional es más agradecido que el internacional, o al revés?

Es difícil contestar a esto, pero creo que no generalizaría. Hay perfiles de público por encima del origen de los espectadores y eso se detecta muy bien cuando se acude a festivales como Berlín o San Sebastián. La gente habla de cine en todas partes, es una fiesta multicultural muy contagiosa y eso es lo importante. Sí es cierto que cuando una producción triunfa en los festivales internacionales es más sencillo que tenga impacto en el territorio nacional.

¿Cómo crees que se desarrollarán las artes de nuestro país ahora que estamos muy afectados y con los presupuestos oficiales tan ínfimos para el sector?

España va muy por detrás en la dotación presupuestaria al cine; es algo que el ICAA conoce bien y está intentando mejorar. Curiosamente, el desarrollo de las artes audiovisuales de los países con mayor dotación no responde de una manera proporcional a esa dotación económica. Suele crear mucho músculo industrial, pero poco a nivel creativo, por lo que (además del aumento presupuestario) habría que alentar la innovación, la valentía y el riesgo, entre otros.

Xavi Font en su estudio. Fotografía cortesía del compositor.

¿Hay alguna faceta artística que te gustaría desarrollar y no hayas hecho aún?

Afortunadamente, no tengo anhelos sin cumplir, pero sí me gustaría retomar la vida musical que tenía a los 20. Volver a tener un proyecto musical con el que hacer giras una parte del año, etc. Espero no tardar mucho en hacerlo.

¿Qué consejo le darías a un estudiante, hoy en día, para mejorar su futuro? ¿Hacia dónde evolucionamos?

Es toda una responsabilidad hablar a un estudiante que busca la forma de labrar su futuro, pero se me ocurren dos cosas: creo que lo más importante no es cumplir una ambición personal, sino hacerla sin dejar de ser uno mismo. Como decía mi abuela, lo primero es “ser persona”, la persona que queremos ser. Por otra parte, no creo mucho en los modelos educativos, los especializados tampoco, parecen más modelos de negocio que de formación. Creo más en eso tan arcaico que es la relación entre un maestro y un aprendiz. Alguien que escuche al que quiere aprender y le ayude a llegar a donde quieres.

¿Tienes nuevos proyectos que se hubieran visto afectados por la COVID-19? ¿Puedes contarnos algo de ellos?

Estaba terminando mi segunda película como productor, el largometraje ‘Ons’, del director Alfonso Zarauza. Ha sido una aventura apasionante en la que hemos filmado durante seis semanas en la isla de Ons, en la ría de Pontevedra, en una partida de ajedrez contra la climatología y los elementos. Además, estábamos arrancando la segunda temporada de ‘Hierro’(cuyo rodaje fue suspendido a mediados de marzo), en la que también hago la música junto a Elba Fernández y se presentaba un año con algunas series más para grandes plataformas.

El compositor Xavi Font durante una de las presentaciones de ‘O que arde’. Fotografía de AIGI BOGA Photography cortesía del autor.

Neus Flores

«Parking habla de amor, esperanza y desesperación»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Tudor Giurgiu (cineasta)
‘Parking’
110′
Con Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo
Rumanía-España-República Checa, 2019
Filmin
Martes 26 de mayo de 2020

En el atemperado febrero de 2002 recalaba en la estación de autobuses de Córdoba un joven y anónimo immigrante llamado Marin Malaicu-Hondrari (Rumanía, 1971), quien portando consigo apenas un par de palabras en castellano (“hola” y “trabajo”) conseguiría empleo (y vivienda) en el periférico cinturón sur de la ciudad como vigilante de un desvencijado concesionario al aire libre, atesorando por techumbre una precaria caravana estacionada en el recinto.

Sin embargo, Malaicu-Hondrari pronto se revelaría en un individuo singular, perfilado por unas inquietudes literarias alimentadas durante las cálidas, insomnes y solitarias madrugadas cordobesas –entre lecturas de Bolaño (referencia de oficios y narrativa) y transistores–, que hubieron cimentado tanto su perfil lector en lengua española como sus virtudes poéticas –’El vuelo de la mujer sobre el hombre’ (2004, Premio de Debut por la Unión de Escritores de Rumanía)– y prosísticas –’El libro de todas las intenciones’ (2008), publicado un año después del retorno definitivo a su país–. Dedicaciones que le han granjeado venturoso horizonte profesional como traductor literario del castellano al rumano y, aún más relevante, una inopinada celebridad como escritor de éxito al oeste del delta del Danubio.

Sería en la primavera de 2010 cuando Marin Malicu alumbraría ‘Cercanías’ (editado en España por el sello granadino Traspiés y traducido por Elena Borrás), una novela polifónica que concita buena parte de sus deriva vital en España y con la que procura un ejercicio reflexivo en torno del amor, la inmigración y la literatura; elementos con los que gestar una libérrima y noctívaga adaptación cinematográfica junto a su compatriota, el cineasta Tudor Giurgiu, quien dirige ‘Parking’ –séptimo largometraje del también productor y organizador del Transilvania International Film Festival–, una coproducción rumano-hispano-checha –protagonizada por Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo– que ha sido estrenada directamente en la plataforma Filmin como consecuencia de la COVID-19 y sobre la que MAKMA cuenta con el testimonio de su director en la siguiente entrevista.

¿Qué proceso de incubación ha desarrollado esta película desde la publicación, en 2010, de ‘Closeness’ (‘Cercanías’), de Marin Malaicu-Hondrari? ¿Qué le incita a contactar con el escritor?

El libro me impresionó mucho. Es una historia muy singular contada en un estilo muy particular. Me gusta la forma en que se retrató la inmigración, totalmente diferente a cualquier otro libro que haya leído; me gustó mucho la amistad masculina entre Adrián y Rafa y, sobre todo, su toque romántico y esta mirada muy especial hacia Andalucía. Un rincón muy marginal, pero aún poético, donde pueden suceder cosas mágicas.

¿Contar con la presencia y colaboración de Marin en la escritura del guion le ha permitido ajustarse fielmente a la novela o, en cambio, han introducido variaciones en la composición de personajes, relaciones y sucesos?

Nos vimos obligados a cortar muchos personajes y subtramas del libro. Estoy realmente agradecido con Marin porque aceptó muchas de mis sugerencias. Tenía ganas de comenzar de nuevo todo el proceso de escritura del libro. Todos estos elementos policiales o de suspense que aparecen en la segunda parte de la película no estaban en el libro y todavía me pregunto si fue correcto agregarlos a la trama principal.

Una extremidad fundamental de su película se encuentra en ciertas localizaciones, especialmente el aparcamiento de vehículos que brinda título al filme. ¿Era este un emplazamiento real y fidedigno, presente en el relato autobiográfico de Marin Malaicu?

El estacionamiento es muy real y es el mismo lugar donde Marin solía ser el guardia nocturno en 2002 y durante, aproximadamente, dos años. El lugar me pareció muy especial y no pude encontrar ningún emplazamiento que coincidiera con la poesía del libro. Esperaba que este estacionamiento fuera como un personaje principal de la película; es como un lugar del fin del mundo, un limbo, al que los cuatro personajes llegan y nos cuentan sus historias sobre el amor, la esperanza o la desesperación.

Adrian (Mihai Smarandache) escribiendo en su caravana durante una de las madrugadas de ‘Parking’. Fotografía cortesía de Filmin.

Sin embargo, ‘Parking’ apenas cuenta con referencias que sitúen geográficamente la diégesis de la película (a lo sumo, un gaitero tocando en Candás que rubrica el viaje efímero del protagonista a Asturias). ¿Considera que la historia podría evolucionar del mismo modo en cualquier otro lugar?

No lo creo. Soy un cineasta que cree que el espacio físico alrededor de los personajes está influyendo en ellos o en sus acciones. Siempre estoy buscando lugares y ubicaciones que puedan decir mucho sobre cómo son mis héroes o cómo se comportan. Me resulta difícil imaginar otro lugar perfecto como las afueras de Córdoba o este maravilloso pueblo de Candás, con su promontorio sobre el mar.

¿Es ‘Parking’ una mirada sobre las singularidades y dificultades de la inmigración o, en cambio, para usted este no es más que un subtema a partir del que filmar cuestiones existenciales relacionadas con la transformación individual?

La experiencia de inmigración fue un tema secundario cuando comencé el proceso de adaptación del libro. Pero, más tarde, se volvió bastante importante, ya que he hablado mucho con Marin sobre su experiencia personal, estar solo y aislado en una cultura extranjera. No quería hacer otra película que tratara aspectos sociales de la inmigración, hay muchas buenas. Quería centrarme en las transformaciones de este poeta, que es un tipo muy diferente de inmigrante.

¿Qué papel juega la literatura en el horizonte vital de Adrian?

No puede vivir sin literatura, es su adicción. Le encanta la literatura española y espera poder algún día leer todos los clásicos directamente en español.

Repite con Mihai Smarandache y se estrena con un plantel de actrices y actores españoles. ¿Cómo ha sido su experencia con este singular reparto?

Trabajar con actores tan buenos como Belén (Cuesta), Ariadna (Gil) o Luis (Bermejo) fue un sueño. Después de conocer a Belén y ver sus películas, supe que sería genial para el papel. Incluso me sorprendió que ella no haya tenido muchos papeles dramáticos antes e hiciera muchas comedias o historias ligeras. Tiene una personalidad fuerte y puede hacer papeles muy diferentes, es inteligente, una actriz completa, incluso muy joven (estoy tan feliz por su éxito en los Goya); estoy seguro de que será una de las grandes estrellas del cine europeo en los próximos años.

Conocer a Ariadna fue mágico, nunca hubiera imaginado que trabajaría con una actriz tan genial. Ella leyó el guión completo antes de nuestro primer encuentro y se le ocurrieron puntos muy buenos sobre la narración. Ella no dijo que sí de inmediato, pero quería tenerla en la película, hicimos todo lo posible para adaptar su horario de teatro al nuestro. Seguimos siendo amigos, le escribiría un papel en cada película que haga.

Luis es un actor increíble, una personalidad maravillosa. Filmar las escenas con Luis en el caballo fue lo más destacado de nuestro período de rodaje en Córdoba, ¡fue único!

Estoy tan feliz de haber encontrado un elenco maravilloso; realmente soñé con encontrar cuatro actores (incluido Mihai) que encajen y funcionen como un conjunto. Supongo que ayudó mucho el hecho de que hacen teatro regularmente (creo que la experiencia teatral brinda habilidades maravillosas a los actores).

¿Su inesperado estreno online a través de Filmin ha variado generosamente sus expectativas? ¿Considera que esta eventualidad, fruto de la pandemia, puede beneficiar a su película?

Creo que es un movimiento valiente e inteligente de nuestros coproductores españoles. Esta crisis por la COVID-19 nos obligó a todos a repensar los circuitos de distribución habituales y estoy bastante seguro de que los lanzamientos de VOD pueden convertirse en una fórmula ganadora para proyectos como ‘Parking’, que no apuntan a un lanzamiento comercial amplio. Muchos títulos europeos no son exhibidos en Estados Unidos, por ejemplo, y algunos pueden tener una vida más larga en las plataformas VOD. Espero que haya suficiente curiosidad en España por mi película y espero que tengamos una buena audiencia.

Tudor Giurgiu. Fotografía de Cornel Lazia cortesía de cineuropa.

Jose Ramón Alarcón

Dani Cardona: «Me hubiera encantado nacer optimista»

#MAKMAMúsica #MAKMAEntrevistas | Dani Cardona (músico, productor, escritor y artista plástico)
Lunes 25 de mayo de 2020

Quizás porque en ese cuerpo delgado y ágil no cabe mucho ego, tal vez porque mirar tan azul y reconocerse desde la ironía da pie a que su personalidad asome lúcida entre resquicios de talento, autenticidad y preste más atención a estéticas razones. El nombre de Dani Cardona aparece en muchísimos de los discos que se han editado en nuestra ciudad en las últimas décadas, su trabajo exquisito en el estudio de grabación es siempre valorado por las bandas, pero no lleva bien los halagos. Cuando se habla mucho de él coge su moto y se va.

Dani Cardona durante un concierto de Desguace Café en 16 Toneladas. Fotografía de Susana Sánchez Marfil.

Estudió Bellas Artes, es músico –ha formado parte de grupos ya míticos como Los Flacos, Doctor Divago o Una Sonrisa Terrible–, productor, artista plástico y desde hace unos años escribe relatos en los que cuenta retazos de infancia, andanzas de juventud roquera, pasajes sorprendentes en los que a veces la casualidad o el destino juegan bazas inesperadas en garitos nocturnos, locales de ensayo, estudios de pintura, sótanos y escenarios.

¿Cómo estás llevando este tiempo de confinamiento, Dani?

Pues, en general, es el tiempo el que me ha llevado a mí. Yo he sido obediente y me he quedado quieto, pero a él no le ha dado por ahí. Tiene muy mala idea.

La última vez que la vida te hizo parar y quedarte en casa unos meses escribiste el libro ‘Fractura de tibia y peroné’. ¿Saldrá una nueva publicación de este enclaustramiento?

El libro está en marcha, lo estaba antes del encierro, ahora lo complicado es reunir fuerzas para promocionarlo –una vez más– por un circuito independiente (y angosto). Mi único modo de promoción siempre han sido pequeñas fiestas. Tengo que inventar algo nuevo. Además, no sé en qué fase permitirán sonreír y firmar libros a la vez.

Además de escribir, eres músico, eres artista plástico… Tú lo tienes más fácil para soportar la monotonía de los días.

Pues no creas, primero porque la monotonía no me disgusta. Y no soy un tío muy prolífico; a veces, el sentido de culpa de no estar haciendo nada no me deja hacer nada; no sé cómo lo llevarán otros, pero no ha sido un ambiente favorable para mí. Aun así, lo he peleado.

¿Qué has descubierto de bueno durante estos meses tan distintos?

Durante casi dos meses he estado casi convencido de que el mundo podía cambiar (para bien); que las personas seríamos capaces de sacudirnos la rabia que veníamos arrastrando y empujaríamos, a partir de ahora, en la misma dirección. Pero esta idea se va desintegrando conforme las fases avanzan hacia la normalidad.

También he descubierto libros en mi estantería que no sabía que tenía y que me han encantado. Ah, y he descubierto que tenía vecinos en la puerta de enfrente de mi rellano –¡los descubrí un día por el balcón!–.

¿Qué te da más miedo de lo que nos espera?

Precisamente que tengamos miedo unos de otros. Y tener miedo a la enfermedad. Vivir con miedo.

¿Sacaremos algún aprendizaje o todo seguirá igual?

Me hubiera encantado nacer optimista (son un tipo de personas a las que envidio terriblemente).

Dibujo de Dani Cardona. Fotografía cortesía del autor.

¿Por qué en tus dibujos y en tus cuadros aparecen tantos aviones?

Pues, en primer lugar, tengo que confesar que tengo muchísimo vértigo, y que en las pocas ocasiones en que he subido en avión lo he pasado fatal… Mi hobby es el patinaje artístico sobre ruedas. Lo descubrí gracias a mi hija –tarde…, me hubiera encantado patinar en serio–. En el parque donde practico, observo, casi a diario, enormes atardeceres, como los de los grandes cuadros del Museo del Prado, pero atravesados por líneas de aviones que los convierten en arte pop. Me hacen pensar… Sé que es una extraña relación, pero los aviones tienen que ver con el patinaje artístico.

Y te parecerá una locura, pero después del confinamiento, patinar tiene algo de diferente, y me desconcertaba no saber el qué. Y gracias a tu pregunta lo he descubierto: ¡no hay aviones!

Formas parte de las bandas Desguace Café y Ramonets. Este parón os afecta muchísimo porque aún tardaréis en subiros a un escenario. ¿Cómo lo sobrelleváis?

Antes de la gran movida, con Ramonets, aparte de los ensayos, todas las semanas nos reuníamos al menos una vez para intentar gestar ideas nuevas, proponer acciones o directrices de trabajo. Desde que estamos confinados hemos tenido ¡una reunión diaria! a través de videoconferencia. No puedo más. No los aguanto. Espero que todo vuelva pronto a la antigua normalidad.

Por otro lado, estoy aprovechando el encierro para aprender a tocar la batería –con carácter retroactivo– en el colchón de la cama. No se puede ser más incoherente; ahora entiendo el porqué de mi desordenada carrera artística. En cualquier caso, tengo una idea para que vuelvan los conciertos: aforos a tope, pero con entrada solo permitida a los que ya hayan pasado por la enfermedad (espero que Simón lo vea tan claro como yo). Si no funciona, la cosa está malita.

Desguace Café es mi proyecto más personal. Eso se dice siempre de los proyectos que no dan dinero. En ese sentido es muy muy personal. Y lo cierto es que hace tiempo que no sacamos a pasear las chaquetas, sobre todo porque nuestro otro proyecto, Ramonets, ha tenido mucha actividad (Roberto –el guitarrista– y yo estamos en los dos proyectos). Isa Terrible ha estado también a tope con la carrera de Bellas Artes. Con la nueva normalidad, los espectáculos de poco aforo parece que tendrán más sentido. Una vez vino una sola persona a vernos, o sea que yo creo que lo vamos a petar. No, ahora en serio, quizás sea un buen momento para ese tipo de propuestas, así que…, ¡a ensayar!

Años 80. Dani Cardona en la puerta del mítico Gasolinera. Fotografía cortesía del autor.

Hace un tiempo, después de más de 20 años grabando y produciendo a infinidad de grupos, decidiste cerrar tu estudio. ¿Echas de menos bajar al sótano, pasar horas escuchando y trabajando en las creaciones de otros músicos?

Lo cierto es que tengo sentimientos encontrados. Después de dos décadas en el estudio había muchas cosas que también empezaban a pesarme. Todo negocio que dependa de un alquiler tiene una parte de esclavitud. Ahora lo estaría pasando muy mal. Además, creo que no supe adaptarme, y los nuevos tiempos me pasaron por encima. La tecnología, los nuevos métodos de grabación…, todo eso me viene un poco grande. Para mí, grabar era un trabajo casi artesanal, preciosista y, en ese sentido, no sé si quiero estar al día. Te contaré una anécdota para que entiendas mi postura: cuando era jovencito, en casa de un amigo, este le preguntó a su padre “¿Papá, cuándo vamos a tener video (se refería al moderno VHS)?”, a lo que su padre le respondió “¿Qué te crees, que yo no lo quiero? Estoy esperando a que lo perfeccionen”. Pues el caso es que yo también he decidido esperar a que todo mejore… Aunque me temo que mi amigo se quedó sin video.

Por otro lado, echo muchísimo de menos estar implicado en el proceso de creación de tantas cosas interesantes. La ilusión con la que alguien entra en un estudio de grabación es una energía brutal, adictiva.

A través de las páginas de tus libros llegan vivencias, relatos, anécdotas de la València underground de los ochenta, de los noventa… Pasaban tantas cosas y se cuentan tan poco. Nuestra ciudad vive ajena, muchas veces, a una historia reciente plagada de nombres imprescindibles, de grupos y sonidos interesantes. ¿Crees que otros lugares han reivindicado más o mejor su cultura musical más alternativa?

En todas las épocas ocurren cosas interesantes, pero en esa época tuve la sensación de ser testigo del nacimiento de una independencia musical y artística, con sus nuevas normas estéticas e ingenuas formas de funcionar. Yo la viví con mucha intensidad, al igual que vivo mi presente. Pero el ejercicio de recordar me hace más risa. Soy capaz de reírme de mi yo pasado porque es como reírse de otro. De otro que no sea yo, nunca lo haría.

En cuanto a nuestra ciudad, creo que València ha sido muchas veces víctima de su extrema modernidad. Lo moderno suele existir a costa del rechazo al pasado reciente, y aquí hemos pecado un poco de reivindicar lo supermoderno riéndonos de lo moderno, y lo ultramoderno chafando a lo super… Yo tengo que confesar que soy megaultrasupermoderno. Mmm, espera… Ya no.

Dani Cardona en el balcón de su casa durante el confinamiento. Fotografía cortesía del autor.

Marisa Giménez Soler