Aritz Moreno y sus ‘Ventajas de viajar en tren’

‘Ventajas de viajar en tren’, Aritz Moreno
Logical Pictures / Morena Films / Señor y Señora, 2019
Noviembre de 2019

‘Ventajas de viajar en tren’, primer largometraje de Aritz Moreno, que cuenta con un elenco más que apetecible –Luis Tosar, Belén Ortiga, Ernesto Alterio, Macarena Garcia, Pilar Castro y Quim Gutiérrez, entre otros–, materializa su estreno en salas tras su buena acogida en el 52 Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.

Con tal motivo, MAKMA entrevista al director guipuzcoano y a Leire Apellániz –productora, junto a Moreno, de Señor & Señora–, con el fin de desentrañar algunas de las claves y singularidades de su ópera prima.

Aritz, ¿cómo has afrontado el salto del corto al largo?

Muy a gusto, la verdad. Yo pensaba que hacer un largo iba a ser mas difícil que hacer un corto, pero en realidad todo está mejor organizado y, por lo tanto, se hace más fácil trabajar bien. Es más cómodo porque estás más protegido. La peli tiene que estar hecha ya antes de empezar a rodar, y luego ya es solo cuestión de darle al botón de rec.

Leire, ¿de dónde obtienes la financiación para el proyecto?

Pues los dos (Aritz y yo) tenemos la productora Señor y Señora, y yo me he ocupado más de la parte financiera, pero en realidad lo hemos hecho todo colaborando juntos. Al trabajar desde San Sebastián hemos podido acceder a ayudas que no existen en el resto del país.

Una vez armado el proyecto, ya fue fácil convencer a los inversores de las posibilidades financieras que prometíamos. Juan y Merry, de Morena Films, tenían el pulso financiero y el know-how que a nosotros nos faltaba. Son muy majos, y decidimos ir con ellos.

Además, también nos seleccionaron en el Co-Production Market de Berlín. Allí conseguimos un co-productor francés, Logica Pictures. Después, ya también ha entró Movistar. Nos ha costado arrancar, pero luego ha ido todo rodado, y ha fluido solo.

La película se divide en capítulos, ¿Aritz, ha habido alguno más difícil de rodar que otro?

Para mí, el de Pilar (Castro) y Quim (Gutiérrez). Ellos tenían que construir el tono original, y saber mantenerlo. Hay otras partes más gamberras y más lúdicas, pero esa parte en concreto sí que fue complicada. Hay muchos detalles en ella, y merece un segundo visionado, con tranquilidad.

Físicamente, también fue difícil esa parte porque rodamos en invierno, hacia mucho frío y Pilar tenía que estar en el barro. Ella, además, nos ayudó a captar miembros del elenco para montar la peli. Siempre ha sido la más entusiasta desde el principio. Es muy generosa.

¿El elenco ha sido de primeras opciones?

Sí, el 90% han sido primeras opciones. Primero Pilar, luego Quim, Luis, Macarena, casi todos.

¿Cómo te sientes, Aritz, al debutar con un equipo de lujo?

Es un privilegio absoluto. Me lo han hecho todo muy fácil. Son grandes profesionales muy cercanos y con los que se puede trabajar muy bien. Me han ayudado mucho en la puesta en escena. Y con su experiencia han hecho que las complicaciones se hicieran mas fáciles.

Por ejemplo, Luís Tosar hacía tomas de siete minutos del tirón. ¡Ahí entiendes porque son la leche! Son efectivos en pantalla y, además, te hacen la vida fácil. Eso es impagable.

Para mí es imprescindible, antes de rodar, tener unas conversaciones previas con los actores y las actrices para ver si existe la química necesaria para que todo fluya perfectamente, como en este caso.

Artiz Moreno. Fotografía de David Herranz cortesía de Filmax.

La dirección artística es impecable.

Está todo muy trabajado. La foto la ha hecho Javi Aguirre, con el que ya he trabajado desde el principio con mis cortos, y también es el director de fotografía de ‘Handia’, ‘Loreak’, ‘La Trinchera infinita’, etc. Somos muy amigos y nos entendemos muy bien.

Y Mikel ha hecho el arte, y tuvo muy poco tiempo, pocos recursos, pero es altamente resolutivo. Además, es muy humilde y se pone a disposición absoluta para lo que haga falta. Incluso Orejudo, el autor del libro, nos dijo que veía su libro puesto en escena en nuestra película. Tener ese reconocimiento del creador de ese mundo tan personal es todo un logro. Es incluso mágico.

Y ahora, ¿qué proyecto tienes en mente?

Me encantaría hacer una peli de Batman. Por soñar que no quede. Es que lo normal no me atrae. Algo diferente. No sé, algo original, provocador, algo de terror… Además, pasa que esta película ya es tan perfecta, que yo mismo me he puesto el nivel muy alto. Voy a necesitar otros cinco años para poder levantar un proyecto con el que me sienta identificado (risas). Con Leire queremos hacer las pelis que nos gustaría ver a nosotros.

¿Has intervenido en el guion?

Sí, sí, hemos tenido que adaptar el libro a la pantalla, pero el guion ha salido muy bien y hemos conseguido llevar el mensaje original al espectador.

El largometraje está clasificado como un thriller, comedia, drama, amor y terror. Debutas con una película muy ambiciosa. ¿Piensas ir más allá?

No sé donde vamos a ir, porque vivimos al día. Hace cinco años Leire me pasó el libro y hemos tenido suerte de hacer la película, y ahora no tengo otro libro en mente, pero estoy seguro de que voy a hacer algo muy diferente. Lo opuesto, seguramente.

Un instante del rodaje de ‘Ventajas de viajar en tren’, de Artiz Moreno. Fotografía de David Herranz cortesía de Filmax.

Neus Flores

Los caminos cruzados de Xavier Monsalvatje

#MAKMAEntrevistas | Xavier Monsalvatje
Octubre de 2019

Ceramista, pintor, escultor…, Xavier Monsalvatje (Godella, 1965) vivió desde niño en un ambiente que favorecía la creación artística. En su juventud explora lenguajes fronterizos como el cómic, el graffiti…, que le llevan a integrar conceptos, experimentar medios y arriesgarse en el camino de crear un idioma artístico propio con el que conjugar códigos e influencias. Nunca ha renunciado a mostrar abiertamente esas referencias, y en su obra conjuga evocadores destellos de antigüedad clásica con personales y vertiginosas visiones futuristas.

Reflexivo, estudioso, su tiempo discurre entre el taller en Moncada y sus interminables viajes que le llevan a recalar por lugares de medio mundo (China, EE.UU, Dinamarca, Túnez, Taiwán y Turquía), en los que trabaja y muestra sus piezas. Lleva con él su bagaje –estudios de Artes y Oficios, formación en la Escuela de Manises, una amplia trayectoria profesional–, su talento, una curiosidad feroz por experimentar y una humildad sincera que le hace avanzar en un aprendizaje constante.

‘La ciudad manipulada’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Trasladarse a miles de kilómetros, aceptar retos que ponen a prueba su capacidad de adaptación, trabajar en fábricas y ámbitos desconocidos, aprender habilidades nuevas e integrarlas en su obra no supone dificultad alguna para este artista valenciano que en cada aventura se empapa de lecturas, matices, conversaciones, relaciones personales, narrativas y signos que llenan de sentido los distintos tiempos de su travesía.

En el último año su maleta ha parado en casa muy pocos días. Exposiciones, encuentros artísticos, estancias, talleres, comisariados…, le han llevado a asentarse en geografías diversas. Desde la revista MAKMA nos acercamos a este artista discreto, poco dado al ruido y al autobombo, para que nos cuente detalles de lo realizado en los últimos meses y nos adelante interesantes retos que afrontará en esta temporada artística que ahora comienza.

Xavier, el 2018 empezó con una exposición en el Museo de Cerámica de L´Alcora (Castellón), un lugar muy valorado por ti.

Sí, el 2018 fue intenso en nuevos proyectos, exposiciones y viajes. A principios de año, el Museo de l’Alcora me invitó a montar una exposición que mostrase un breve recorrido a través de diferentes proyectos en los que he ido trabajando, vinculados de alguna forma al patrimonio industrial. Al mismo tiempo, me propuso impartir talleres a estudiantes de la localidad para así conectar mi proceso creativo, relacionándolo con la imaginería industrial ycon la reciente compra por parte del Ayuntamiento de l’Alcora de la Real Fábrica de Cerámica del Conde de Aranda.

‘Marcel Duchamp still pissing’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Con esta exposición titulada ‘La Ciudad Especular, signos, superposiciones e interferencias’, tuve la necesidad de no realizar solo un repaso a lo anterior, sino también llevar a cabo un trabajo específico para el museo de cerámica. Desde mi estancia en la fábrica de Kale Group en Turquía, donde fui invitado a trabajar sobre el cartógrafo otomano Piri Reis, en 2013, y en la que tuve la ocasión de poder intervenir sobre paneles cerámicos industriales de grandes dimensiones, quería volver a trabajar sobre este tipo de material; un reto que precisa de la colaboración y el apoyo de la industria cerámica, que no resulta siempre fácil.

En el mismo museo de L´Alcora has comisariado, también, una exposición colectiva de varios ceramistas americanos contemporáneos con los que colaboras en distintas ocasiones, fuera y dentro de España.

Sí. Paralelamente a mi exposición, y en otra de las salas de exposiciones temporales del museo, coordiné la muestra ‘American Clay, cuatro visiones de cerámica contemporánea americana’, que incluía los trabajos de Karen Gunderman, Christopher Davis-Benavides, Catherine Schmid-Maybach y Cameron Crawford. Esta muestra colectiva se ha podido ver también este verano en Navarrete, La Rioja, en la sala de exposiciones municipal Zaldivar, dentro de las actividades de la Feria N.A.C.E.

Has vuelto a Estados Unidos de nuevo. ¿Qué ha supuesto para ti regresar algunos años después a un país que conoces bien y que valora tanto tu trayectoria?

Tras llevar mi obra a Filadelfia, participar en cursos y talleres en las universidades de Wisconsin (Milwaukee) y Chico (California), trabajar en sus fábricas (Kohler)…, fui invitado de nuevo a ir a los Estados Unidos en otoño de ese mismo año por la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Cuando volví allí a impartir un taller en el Departamento de Cerámica, tuve la sensación de encontrarme con cierta iconografía que desde mi primer viaje por esas tierras, en 2011, no me ha abandonado. También regresé a California y, posteriormente, a Nevada, quizás, al igual que Milwaukee, mis lugares en Estados Unidos donde siempre soy bien recibido. En Reno (Nevada) organizaron una exposición en The Wedge Ceramic Studio con parte de mis dibujos y piezas cerámicas elaboradas en la Universidad de Chico (California), donde había sido invitado a impartir una conferencia y demostración a los estudiantes; un tiempo que compartí con Cameron Crawford, catedrático de esta universidad.

‘La Ciudad Especular’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Pensar en el próximo viaje se ha convertido en una constante en tu vida, una pulsión contra el paso del tiempo. ¿Qué te aportan personalmente esas estancias lejos de tus puntos de referencia?

Trabajar fuera de la zona de confort de tu propio taller te obliga a desarrollar más adaptabilidad a lo desconocido; a los materiales de trabajo, las cocciones, los tiempos y, cómo no, a las maneras de relacionarte con las personas de tu entorno. Todo influye, sobre todo cuando te desenvuelves en un medio como es el cerámico, pero quizás el haber transitado desde siempre por la periferia te da una perspectiva más real del trabajo.

Durante este año sumas un reconocimiento más a tu trayectoria, al ser seleccionada tu obra en un encuentro hispano-ruso. Háblanos de esta experiencia.

Sí, entre todo esto, mi viaje a Málaga, al ser seleccionado en el primer Simposium Hispano&Ruso de cerámica contemporánea, dos semanas de trabajo, una vez más, fuera de mi propio taller, pero en una ciudad conocida, donde también desarrollo mis siguientes obras gráficas con mi amigo, el artista cubano Rodolfo Llopiz. Otro espacio, con otro proceso y lenguaje diferentes al habitual que me permiten indagar en mi iconografía e intentar desarrollar una visión distinta a la de siempre.

También en Andalucía, has expuesto recientemente tu trabajo gráfico.

A finales de año inauguré una exposición en el Palacio Condes de Gabia de Granada, ‘Desde Laguada a Sandunga y más allá. Obra seriada entre dos siglos, el caso de Granada’, y en el Museo de Osuna, Sevilla, con la exposición ‘Naturaleza’; exposiciones donde se muestran algunos ejemplares de mi obra gráfica.

‘Debemos salvarnos del tiempo’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Xavier, ¿qué otras convocatorias destacarías de entre las que has participado durante la pasada temporada 2018-2019?

Durante este año he ido colaborando en diferentes propuestas y exposiciones. En febrero participé en JustMad, con la galería Set Espai d’Art, y en mayo fui seleccionado por Fundesarte para participar en la exposición ‘Revelations’, exposición que se desarrolló en el Grand Palais de París.

Y ya para terminar este acercamiento a los últimos pasos en tu devenir profesional, cuéntanos en qué proyectos andas inmerso y cómo afrontas tus nuevos retos.

Los proyectos en los que estoy trabajando son mis próximas exposiciones en la galería Set Espai d’Art y en la sala de la Fundación Giménez Lorente de la UPV, en València, para mayo de 2020. En enero, he sido elegido como artista invitado en Art i Chol Madhya Pradesh en India, y a finales de junio en la fábrica de porcelanas de Vista Alegre en Aveiro (Portugal), donde me han seleccionado como artista residente.

Una vez más, el viaje, los caminos cruzados, las ciudades y el paisaje que vas encontrando, las miradas que van trenzando una nueva narración y la experiencia del viaje conforman una línea cartográfica de tus emociones. Quizás esta es una de las razones por las que, en mi próxima idea, el mapa sea uno de los elementos que estén incorporados en el relato y no tan solo como imagen.

Xavier Monsalvatje en su estudio. Fotografía: Scott Seifert.

Marisa Giménez Soler

«Hay que abrirse a otros mercados y coleccionistas”

MAKMA ISSUE #01
Entrevista | Sara Joudi (directora de Shiras Galería)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

En el panorama galerístico de València se concitan propuestas tan específicas como heterodoxas, cuyo fin último se revela, intencionadamente, como un altavoz visible de creación e interacción entre los distintos agentes que intervienen en el ámbito del arte contemporáneo.

Con este propósito se erigía, a finales de 2015, Shiras Galería, comandada por Sara Joudi (doctora en Medicina, artista e investigadora del arte), quien, tras un proceso previo de exhaustiva propedéutica y análisis de la realidad del momento, decide poner en valor «un modelo de galería que entonces no existía; además, el mercado del arte había dejado de funcionar por la crisis y el coleccionista habitual estaba más resentido económicamente», afirma su directora. «Las galerías son el último eslabón del mercado del arte y junto a los comisarios, un punto clave», por ello Joudi apuesta por «una galería cercana al público, entendida como un punto de encuentro donde prima la calidad y la trayectoria de los artistas». En Shiras, «los creadores renuevan sus propuestas al menos cada dos o tres años».

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La formación en arte antiguo y dibujo, junto a su trayectoria como artista y coleccionista de obra gráfica, entre otras, confieren a Sara Joudi una educación visual determinante en la selección de artistas escogidos; «tengo un criterio muy práctico», esboza. Por ello y gracias a conocer a todos los agentes que se concitan en torno del orbe artístico, Joudi hace especial hincapié «en la recuperación de los coleccionistas habituales, así como en el fomento de nuevos a los que intento trasmitir amor hacia el arte”, tarea extensible al público en general. «Afortunadamente, en estos tres años de trabajo, los resultados han superado las expectativas», confiesa.

Shiras Galería se ubica en pleno centro neurálgico de la ciudad y consta de dos espacios definidos y estructurados para albergar las diferentes propuestas que conforman su cronograma. A pie de calle posee un área generosa en la que se muestra obra inédita de artistas consolidados; «actualmente, coincide que está compuesta por valencianos», atendiendo, según la galerista, al hecho de que «hay mucha calidad» entre la vasta nómina de creadores de la Comunidad Valenciana. Bajo la Sala Principal se encuentra la Sala Refugio, que acoge las propuestas site specific de artistas jóvenes del panorama nacional e internacional.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Creadores de la talla de Miquel Navarro, Horacio Silva, Sebastiá Nicolau, Rosa Torres, José Saborit, Juan Fabuel, Nuria Rodríguez Borges y, recientemente, la incorporación de Juan Olivares, entre otros, integran el listado de artistas que colaboran habitualmente con la galería. En la actualidad, se encuentra en pleno proceso de selección e incorporación de «artistas emergentes de media carrera” y óptima “proyección».

A tenor de la participación en Drawing Room, Art Madrid, Art Marbella y Stampa, Shiras Galería pretende solidificar su apuesta ferial, en tanto que «hay que abrirse a otros mercados, darse a conocer a nuevos coleccionistas”, con el fin de difundir y visibilizar las propuestas, así como «ampliar la red de contactos». Bruselas y Amsterdam, junto con Miami, son algunas de las apuestas que sitúa en el horizonte para las temporadas venideras.

Dirigir una galería requiere, por tanto, mucho esfuerzo y, a pesar del apoyo institucional para participar en ferias, Sara Joudi recalca la importancia tanto de elevar la cuantía, como de regular el IVA, por considerarlo “un handicap en las ferias internacionales respecto de otros países», amén de vindicar la elaboración y puesta en marcha de una Ley de Mecenazgo que facilite y permita ser competitivo en las gestiones. La galerista destaca, en definitiva, la importancia de fomentar y situar a Shiras Galería entre las comisiones de compra institucionales, en tanto que nómina de artistas y calidad son su sello.

Sara Joudi, directora de Shiras Galería.

Merche Medina

“Nosotros somos traductores de una idea”

IVAM 30 aniversario
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro 118, València

Durante unos meses antes del verano de 2018, con el proyecto ‘Hasta cota de afección’ Patricia Gómez y María Jesús González (ambas 1978, València) estuvieron desconchando y hurgando en las paredes de la galería 6 del IVAM, y paralelamente a esto, hicieron un rastreo en los archivos de la institución con el fin de dejar al descubierto una parte de la memoria de esta. Sus trabajos anteriores evidenciaban sobrada destreza sacando información de muros y tabiques en ruinas, como se pudo ver en ‘Proyecto de la Antigua prisión de Palma’ o ‘Proyecto para cárcel abandonada (València)’, por citar algunos, en los que dejaban progresivamente al descubierto capas de pintura y restos de diferentes texturas que sacaban a la luz todas y cada una de las intervenciones que sobre ellos se habían realizado desde su origen.

Durante el proceso del proyecto ‘Hasta cota de afección’, de Patricia Gómez y María Jesús González. Fotografía cortesía del IVAM.

En este caso los tabiques no estaban ruinosos ni mucho menos, estaban, eso sí, a unos meses de cumplir 30 años de los que daban buena parte –al decapar–, orificios, tacos de sujeción rellenos de masilla, colores varios, restos de antiguas intervenciones y cualquier material empleado para, una vez desmontada cada exposición, dejarlo todo a punto para la siguiente. Tapar, alisar y pintar son las consignas básicas para empezar a dejar la sala preparada. Así, los restos superpuestos se volvieron visibles dando testimonio de 69 muestras anteriormente albergadas allí desde su apertura en 1989.

Imagen del proyecto ‘Hasta cota de afección’, de Patricia Gómez y María Jesús González. Fotografía cortesía del IVAM.

Complementando la información sacada de esas texturas, cientos de copias de documentos clasificados del propio IVAM, fruto del rastreo, fueron expuestos siguiendo el modelo del arqueólogo británico Edward C. Harris (Islas Bermudas, 1946,), –sistema llamado ‘Método Harris’–, dejando a la luz una amplia información de las gestiones del IVAM con nombres y apellidos de quienes las realizaron y permitiendo al público visitante la posibilidad de analizar esa información y sacar conclusiones. Las propias artistas las sacaron, concediendo y quitando flores a quienes han gestionado con mayor o menor entusiasmo, minuciosidad o talento, cada tarea realizada desde su puesto de responsabilidad, al margen de otros elementos que 30 años después también están sujetos a reflexión sobre la historia, circunstancias políticas, económicas, culturales y sociales de un museo, que en junio de 2018 ocupaba el puesto 36 de entre las 100 mejores instituciones culturales del mundo, según publicaba artfacts.net.

Documentos internos del IVAM sobre la idea de la ‘Matriz de Harris en el proyecto ‘Cota de afección’ de Patricia Gómez y María Jesús González. Fotografía cortesía del IVAM.

El desnudo del IVAM es un ejercicio de transparencia sobre los secretos de su entidad, de su vulnerabilidad y a la vez de su grandeza, del modelo avanzado que representa desde su génesis, que logró generar ilusión y despertar la admiración de numerosos museos a nivel internacional, y cuyo objeto de constitución dice que se crea “para el desarrollo de la política cultural de la Generalitat Valenciana en cuanto concierne al conocimiento, tutela, fomento y difusión del arte moderno» (BOE-A-1987-2492).

También este desnudo del IVAM fue una acción pionera con la que se anticipaba la celebración de su 30 cumpleaños, como también lo fue en su día la apuesta por crear la colección de fotografía, que ahora vemos como algo habitual y que aportó una realidad no tratada hasta el momento en el resto de museos de España, disciplina artística ligada a la evolución del Arte en el s. XX y que el IVAM situó al mismo nivel que el dibujo, la pintura o la escultura. Sobre esta última, también hay que recordar que fue motivo de pestañeo por admiración –y lo sigue siendo–la colección Julio González, que facilitaba un relato argumental tan interesante como lo es el resultado de ensamblaje y construcción por vacíos, líneas o planos, en contraposición a la idea de Gargallo o Brancusi, que tiran del modelado y de dar forma a partir de una masa; contrastes conceptuales que tantas posibilidades de hacer didáctica ha desarrollado el IVAM en estos 30 años para favorecer los citados objetivos de su constitución.

Todas estas iniciativas en relación con sus colecciones, acompañadas de acertadas exposiciones históricas, vinieron avaladas por el mencionado reconocimiento internacional atento y sorprendido por una programación que, en su génesis, acertaba también en la apuesta por artistas que aparentemente eran de menor notoriedad, pero lograban después un merecido reconocimiento, lo que convirtió al IVAM en una especie de cantera exportadora de talentos visionarios que deseaban otros museos, con Vicente Todolí (director artístico de 1989 a 1996) o Carlos Pérez (Comunicación y Didáctica y conservador, de 1989 a 2000) como claros ejemplos de ello, vista la evolución de sus trayectorias.

Detalle de algunos de los catálogos publicados por el IVAM en los anaqueles de la biblioteca. Fotografía: Merche Medina.

Cada una de estas aportaciones humanas y expositivas han ido sumando, quedando registradas una a una en los catálogos, estos espacios con soporte de papel que guardan la memoria y mantienen viva la relación del individuo con el arte y la institución que lo ofrece, y en este plano, es de justicia reconocer la labor desarrollada por Manel Granell, responsable del servicio de publicaciones desde los primeros momentos. Su actuación implica la selección de imágenes, diseño, tipo de papel, encuadernación, color, guardas, portada, tipografía y muchos elementos más que el curador editorial conoce y sabe cuándo y cómo proceder con ellos.

Detalle de una de las páginas del catálogo de Joan Brossa publicado por el IVAM. ‘Poesía visual’ (1988). Fotografía: Vicente Chambó.

Es, probablemente, el último gran testigo en activo desde la apertura de puertas del IVAM, y sin duda, una parte importante de su historia viva. En un repaso por la primera idea que conlleva la creación del museo, dice: “Salen los nombres de Carmen Alborch y Tomás Llorens, Andreu Alfaro, José Francisco Ivars, y Joan Cardells, aunque había más gente aportando ilusión e ideas” –indica Granell–. “Y como impulsor, apoyando en materia económica institucional, sale el nombre de Ciprià Ciscar, con mucho peso político como conseller de Cultura y clave para decidir sobre la financiación de la idea en aquellos tiempos”, añade Granell, que acompañado por Julia Ramón, subdirectora de actividades, confiesa que “Para saber lo que se hace, hay que conocer los inicios”

Y así procedemos a hacer un repaso. Granell ha visto pasar como directores –por orden cronológico– a Carmen Alborch, “una persona excepcional, que hizo un gran esfuerzo, supo hacer equipo y aportó una enorme dedicación y raudales de ilusión por la existencia del IVAM. Luego tuvo que abandonar tras ser nombrada ministra de Cultura, dejando como sucesor en su cargo a José Francisco Ivars, que conocía el engranaje interno, preparado y de inteligente sentido del humor. Entre el equipo del IVAM recuerdo a Vicente Todolí, que siendo todavía muy joven aportaba siempre sabiduría y ojo, mucho ojo para las cosas; con él se aprendía, siempre estaba al tanto de lo que ocurría a nivel internacional”, confiesa.

“Cuando llegó Juan Manuel Bonet hizo equipo y cuando se fue se llevó a Carlos Pérez al Reina Sofía (MNCARS), que era un hombre sabio y humilde al que no se valoró suficientemente, ambos de un nivel cultural extraordinario y conscientes del justo valor del libro y del documento impreso en soporte papel”.

Julia Ramón, subdirectora de actividades, y Manuel Granell, responsable del servicio de publicaciones del IVAM, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

De la etapa de Kosme de Barañano como director dice poco, entre otras cosas “porque a pesar de disponer del equipo al completo del servicio de publicaciones interno del IVAM, optó por contratar la realización de catálogos a externos. Él sabrá”, afirma.

Con humildad, Granell relata que en el inicio había que tomar decisiones, y así es como las publicaciones del IVAM se definieron con un perfil de volúmenes independientes, sin formar parte de una colección uniforme, cada artista y cada proyecto requieren del análisis de su singularidad. Debían ser ejemplares que ayudarían a poner en valor la obra de cada artista y de cada exposición, sin encorsetarse en un formato único. Todolí era también partidario de ese concepto.

“Nosotros somos traductores de una idea”, afirma. Y así, detrás de cada edición hay una historia, y en común muchos comentarios que reconfortan, relata Granell, como ejemplos: Valerio Adami, al que le encantó la propuesta de maqueta que se le presentó en el primer momento, así como a Joan Cardells, que, con fama de hombre difícil, dijo al ver la maqueta del catálogo de su exposición: “Me gusta, no tengo nada que decir”; o Juan Muñoz, con el que Granell compartió horas en su estudio de Roma, además de mesa y mantel para absorber su esencia y plasmarla en el volumen que acompañó su exposición. Nos sigue contando que cuando Joan Brossa vio la maqueta de su catálogo le dijo: “Usted ya es mayor, espero que no cambie”, y acto seguido le cogió la corbata a Juan Díaz, de la imprenta Pentagraff y, haciendo un gesto de reverencia, le besó la corbata. Y así, podría contar infinidad de anécdotas.

Detalle de una de las páginas del catálogo de Joan Brossa publicado por el IVAM. ‘Poesía visual’ (1988). Fotografía: Vicente Chambó.

Todo tiene su sentido en cada volumen, el tacto, el sonido y tipo del papel, los márgenes, la tipografía, el dibujo, la imagen de portada, algún troquelado o gofrado, el formato rectangular, apaisado o cuadrado y el tipo de encuadernación con el lomo entelado o de cartón. Cualquier elemento puede formar parte para la feliz conclusión de cada libro, eso sí, siempre teniendo como consignas conocer al artista, profundizar y ponerse al servicio del lenguaje creativo de cada sujeto a publicar, de cada proyecto a abordar.

Vicente Chambó y Manuel Granell observando detalles técnicos y estilísticos de algunos de los catálogos del museo. Fotografía: Merche Medina.

De la época de Consuelo Ciscar afirma que cualquier propuesta de catálogo que le presentaba le parecía bien, no ponía problemas.

Nada que ver con los ‘Cuadernos del IVAM’ de aquella época, que de los veinte que se editaron, diecinueve los realizó Unidad Editorial, empresa editora de El Mundo, que se embolsó 2,3 millones de euros. La contratación injustificada, los pagos dobles y su aprobación, pese a los informes desfavorables, fueron irregularidades que rodearon estas publicaciones, según la información que publicó eldiariocv.es en un artículo de Moisés Pérez.

“Afortunadamente, con José Miguel García Cortés se ha conseguido volver al camino”, comenta respecto al actual director. Granell recuerda que en los inicios todo se maquetaba y esbozaba a mano, destacando que el primer catálogo lo realizó con Paco Bascuñán. “Nos considerábamos traductores de una idea, cuando cuidas la edición de un ejemplar que custodia a las viejas vanguardias nunca debes intentar superar a esos genios, no destaca el diseño; el mejor trabajo en estos casos es el que nunca ha sido diseñado”, confiesa.

Al preguntarle por preferencias busca en los estantes de la Biblioteca y pone sobre la mesa varios ejemplos que despiertan deseo de posesión, en realidad su selección se basa en una especie de búsqueda de alhajas entre un tesoro de papel: ‘Infancia y arte moderno’ (1998-99); ‘Sueños’, de Grete Stern (2016); August Strinberg (1993); Alex Katz (1997); Alfaro (1991); ‘El Ultraísmo y las artes plásticas’ (1996); ‘Lajos Kassák y la vanguardia húngara’ (1999); Aladín Toys, ‘Los juguetes de Torres –García’ (1997); Anzo (2017); Ángel Mateo Charris (1999) ; Pierre Molinier (1999) o Alfred Kubin, ‘Sueños de un vidente’ (1998).

Páginas interiores del catálogo ‘Sueños’, de Grete Stern. Fotografía: Merche Medina.

Por una u otra cuestión, seduce cualquiera de los citados ejemplares, pero también muchos que asoman el lomo en los estantes de la biblioteca, entre los que cabe hacer mención especial: “A la manière del siglo XVIII” (2007), por lo que representa la profesionalidad con que se definió el catálogo de la exposición del peluquero Tono Sanmartin, a todas luces improcedente en un espacio como el IVAM, al que más que sumar un logro a su rico palmarés, se le metió en un lio (más grande, si cabe, que a los artistas que expusieron en la etapa Consuelo Ciscar), pero que en cualquier caso, -como se deduce de la actitud de Granell- debía de atender como a una más de las exposiciones y publicar el catálogo, por cierto, de espléndida vistosidad.

Ejemplar por ejemplar, podría decirse que alcanzan la difícil misión de dignificar al árbol del que proceden sus hojas, de cualidades varias y acertadas en el uso del papel, y del que llaman la atención las verjuras en vertical de uno de ellos, que comparte el denominador común de atraer al tacto. Pero la verdadera alegría visual la ofrece la consonancia de sus imágenes y la armonía progresiva que va ofreciendo el hecho de pasar páginas, la interpretación, composición y estructura neutra. Un deseo por saber más de estos detalles empuja a buscar datos sobre el gramaje del papel, las guardas, o la tipografía empleados en cada cual, no aparecen estos datos. No hay colofón que identifique estos detalles, se echa de menos.

Granell confiesa que le gustaría, antes de jubilarse (en el presente 2019), ver cumplido un último deseo: hacer un catálogo de los fondos de material impreso, carteles, libros de artista, fotografías y catálogos que, en gran medida, propusieron Carlos Pérez, José Vicente Monzó y Juan Manuel Bonet.

En cualquier caso, además de los dispuestos sobre la mesa de la biblioteca, cabría una mención especial para los seiscientos a setecientos catálogos publicados que asoman su lomo en las baldas de las estanterías, cada cual con algún relato que Manel Granell puede contar en primera persona; cada uno de ellos testigo parcial de una pequeña historia más que atesora el IVAM. Si Granell tiene ese deseo de catalogar los referidos fondos, no sería mala idea reunir en un volumen las anécdotas y procesos vividos con los protagonistas de cada uno de los ejemplares en los que ha trabajado. Se antoja una forma especial de cuadrar el círculo. Ahí queda la sugerencia.

Los volúmenes publicados hasta la fecha pueden encontrarse en un nuevo servicio online que el IVAM ha puesto en marcha en su treinta aniversario (Botiga IVAM).

Llegado el momento de recuerdos y agradecimientos, Granell destaca el buen hacer de su equipo en el Servicio de Publicaciones, formado por María Casanova, Vicky Menor y Lola Chiner; de imprentas como Bernetta, La Imprenta Comunicación Gráfica, Pentagraf, o Ripoll, y, en general, se refiere a la industria de artes gráficas valencianas que “han sabido resolver técnicamente los retos de cada publicación por complicados que estos hayan sido”.

“Mientras andaban, Guy Montag fue escrutando un rostro tras otro.
-No juzgue un libro por su sobrecubierta- dijo alguien.
Y todos rieron silenciosamente, mientras se movían rio abajo”
. [1]

Manuel Granell, responsable del servicio de publicaciones del IVAM, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Vicente Chambó

[1](Bradbury, Ray. Farenheit 451. Esplugues de Llobregat, Paza y Janés 1967, 3ª edición 1986 pág, 173. Traducción Alfredo Crespo)

El ejercicio de ajedrez con la realidad de Ximo Rochera

‘La entropía de los relojes rotos’, de Ximo Rochera
Ediciones Canibaal, 2018

Neus Flores entrevista para MAKMA al escritor Ximo Rochera (Castellón, 1968) con motivo de la presentación de ‘La entropía de los relojes rotos’ (Ediciones Canibaal, 2018), en la Clínica Arvila Magna de Barcelona –un acto que hubo presentado la escritora y periodista Roser Amills, con la presencia del artista Antonio Beneyto–.

¿Cómo surge la necesidad de escribir ‘La entropía de los relojes rotos’?

Este libro obedece a una necesidad de escribir casi diaria. En realidad, se trata de una recopilación de relatos, por lo que, para ser preciso, es el resultado de muchas necesidades a lo largo de estos últimos doce años. El orden de estos relatos en el libro no sigue, sin embargo, ningún tipo de cronodeterminación, sino más bien un impulso temático que lo muestra más coherente.

¿Cuál ha sido la parte más difícil de la escritura del libro? ¿Alguna anécdota?

Como digo, es un libro lleno de momentos. Doce años dan para muchos momentos y unas cuantas anécdotas. Pero me parece interesante la argucia familiar que utilizo algún domingo para refugiarme y escribir poemas: lleno la bañera de agua y, una vez dentro, subo la temperatura (seguramente busco algún tipo de respuesta corporal, como una bajada de tensión), cojo un lápiz y comienzo a escribir poemas. Mis hijos saben que en esos momentos no pueden molestarme y lo respetan. Los dos poemas del libro están escritos de esta forma.

Ximo Rochera. MAKMA

¿Por qué decidiste estructurarlo en capítulos descriptivos?

Algo que caracteriza a todos los relatos es el final. La mayoría de las veces (me refiero a los relatos más cortos) la historia la tengo determinada antes de comenzar a escribirla. El final condiciona el relato. También ocurre lo mismo con el título (en muchas ocasiones viene condicionado por el final). Otras veces, cuando la historia es más larga, ocurre como en las novelas: son los personajes los que se adueñan, de alguna forma, de la escritura y no sabes muy bien en qué va a acabar todo (una especie de antideterminismo literario).

¿Cuál es la idea más directa que quieres que la gente entienda de ‘La entropía de los relojes rotos’?

Marga, mi pareja, siempre me dice que busco la justicia universal. Como científico, analizo demasiados datos diarios y cotidianos que forman un cuadro muy colorido en mi mente. Es de ahí de donde cojo los personajes, las ideas y las retuerzo, llevándolas un poco hacía el surrealismo o el postismo. Quizá también como científico no me dejo influir por los resultados y puedo llegar a ser despiadado con los personajes. Esto puede llevar al lector a reflexionar sobre lo que somos y el camino que recorremos. Si eso ocurre, ya me siento satisfecho.

Tus títulos anteriores ya dibujan tu genérico perfil literario. ¿Crees que esta nueva publicación marca una distancia al respecto o, por lo contrario, sigue fiel a tu estilo?

En el mismo libro se puede encontrar una evolución. Aquellos relatos más antiguos tienen otro pulso diferente a los más actuales. El estilo quizá sea similar en todos ellos: relatos delirantes, absurdos en ocasiones, con toques de humor y, en general, desgarradores en cuanto a la capacidad de diseccionar la condición humana y su cotidianidad.

Respecto a los otros libros, diría que se trata de un libro más maduro y, quizá, el estilo, con el paso de los años, lo he ido depurando, aunque la esencia es la misma.

Habiendo presentado el libro en Barcelona, ¿volveremos a verte durante San Jordi para que nos firmes algunos ejemplares?

Siempre es agradable pasarse por Barcelona, recorrer las Ramblas y visitar a los amigos que tengo en la ciudad. Desde 2013, en el que, junto al escritor y artista chileno Aldo Alcota y al poeta Fran Amador, fundamos la revista de arte y literatura Canibaal, es obligada nuestra visita a Barcelona para presentar alguno de los números de la revista o de la editorial. Ahora voy solo, pero siempre que me acerco a Barcelona voy a Canaletas a dar un trago de agua (es una tradición que he copiado de mi amigo Aldo Alcota y que mantengo para recordar los principios de Canibaal). Así que yo creo que es posible que pase el día de Sant Jordi en Barcelona.

"#culturebaal #summertime #laentropíadelosrelojesrotos #animals. También los burros leen 'La entropía de los relojes rotos'. Poniendo orden". Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

«#culturebaal #summertime #laentropíadelosrelojesrotos #animals. También los burros leen ‘La entropía de los relojes rotos’. Poniendo orden». Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

¿Qué significaría para ti ganar un premio literario en Cataluña?

Nunca me he planteado qué significaría ganar un premio. Miento; hace quince años, cuando comencé a escribir soñaba con ganar un premio literario. Yo venía del mundo de la química y me dedicaba a crear y fabricar azulejos cerámicos. En la industria cerámica el resultado de tu esfuerzo casi siempre se veía recompensado en un modelo nuevo o en una excelente fabricación, así que fue natural pensar que todo seguiría igual con la literatura. Pero eso ocurrió solo al comienzo. No obstante, la pregunta me ha retrotraído a esos años y un cosquilleo recorre mis brazos mientras contesto, así que imagino que ganar un premio sería maravilloso.

¿Con qué escritores te gustaría colaborar?

La revista me ha dado la oportunidad de colaborar (más bien colaborar ellos en Canibaal) con infinidad de escritores, artistas, fotógrafos. Pese a que son cientos, destacaría, por supuesto, a Antonio Beneyto –además ha colaborado en ‘La entropía de los relojes rotos’ con una colección de 6 maravillosos dibujos– o a Roser Amills, con la que desde que colaboramos nos une una amistad muy bonita; por supuesto a Vila Matas y recuerdo con especial cariño al poeta Raúl Zurita. Pero por ceñirme exactamente a la pregunta: creo que tengo el gusanillo de poder colaborar en alguna ocasión con Arrabal (con el que mantengo contacto) y con Houellebecq.

¿Cuál es el nuevo proyecto en el que estás trabajando? ¿Puedes contarnos algo?

Sí, aunque son varios. Por un lado, acabo de poner en marcha otro sello editorial, Libros del Baal, con el que espero publicar varios títulos al año; por otro, en 2019 me gustaría publicar un poemario en el que he estado buceando en la bañera todo un año: ‘Nacimiento, vida y muerte del pájaro-apóstol’. También he acabado una novela que espero que se publique este año, ‘Teoría de cuerdas’. Y quizá algún proyecto más que de momento está en fase embrionaria.

¿Qué le dirías a un estudiante de literatura que quiera convertirse en escritor? ¿Algún consejo?

Mi consejo a cualquier estudiante o cualquier chico o chica que quiera dedicarse a la escritura es el mismo: lee siempre cuatro veces más de lo que escribes, pero no dejes de hacer ninguna de las dos cosas ningún día del año. Lo otro: el éxito, los premios, la edición, llegarán más adelante.

'La entropía de los relojes rotos' exhorta al lector "a reflexionar sobre lo que somos y el camino que recorremos". Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

‘La entropía de los relojes rotos’ exhorta al lector «a reflexionar sobre lo que somos y el camino que recorremos». Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

Neus Flores

“Siempre intento juntar morbo y elegancia”

‘God is Queer’
Mamut Concept Store
Carrer del Pintor Salvador Abril, 48, 46005 València
Del 23 al 15 de diciembre de 2018

De las redes y para las redes, así es el Arte hoy, un cúmulo de me gustas, hashtags y retos que han transformado al artista en objeto de deseo de las miradas escópicas del individuo posmoderno. Subsumidos por el capitalismo imperante, muchos artistas optan hoy por realizar sus obras basándose en las preferencias de sus seguidores en las redes, lanzando preguntas e interactuando con los que habrán de convertirse en sus futuros compradores. Esta nueva dinámica entre los agentes artísticos se deja ver en propuestas como el Inktober, un reto lanzado desde 2009 por el ilustrador Jake Parker que apuesta por “exprimir” la creatividad de los jóvenes artistas. Una vez pasado octubre, podemos disfrutar de los resultados de esta iniciativa en exposiciones como ‘God is Queer’ de TheHugo, una serie de dibujos realizados a tinta en los cuales el joven ilustrador ha plasmado las complejidades que alberga el género en sus diversas manifestaciones. Ilustraciones donde morbo, transgresión y elegancia se funden para fascinar al público a través de las redes.

Hugo Díaz (TheHugo) comenzó su carrera como ilustrador realizando una autoedición de su primer libro que, a modo de cuento infantil, reelaboraba los dibujos de su infancia bajo el título ‘Mira que dibujo más bonito he hecho mamá’. Su periplo lo llevó a moverse por eventos relacionados con el manga y el anime, centrándose en el cómic a partir del cual empezó a interesarse por el dibujo. Durante la educación secundaria cambió sus intereses en torno a la biología marina por los lápices, y comenzó a orientar su futuro hacia el bachillerato artístico. Tal como apunta el artista, desde niño le encantaba crear personajes, siempre estaba dibujando y creando historias entre ellos.

En enero de 2016 se publicó ‘El fuego en el que ardo’ de Mike Lightwood ilustrado por TheHugo y que supondría su primer contrato en el mundo de la ilustración editorial. Un año después, y a raíz del éxito del primer libro se publica ‘El hielo de mis venas’, la segunda entrega del escritor sevillano editada por Plataforma Editorial e ilustrada por este prolífico artista. Entre sus proyectos se encuentra el cómic ‘Living la vida loca’ inspirado por la manera de contar historias de Paco Roca, en el cual realizó una serie de microrelatos que narraban de manera gráfica las experiencias vividas tras su paso por el grado superior en Segovia.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

¿Qué es God is Queer? ¿De dónde surge la idea de esta exposición?

El proyecto en sí nació del reto viral Inktober, una propuesta del ilustrador Jake Parker. Consiste en hacer un dibujo al día a tinta durante el mes de octubre y subirlo a las redes con el hashtag #Inktober.

¿Parten esta exposición y la serie de dibujos de las redes sociales?

Sí, esto nació sí o sí de las redes. El año pasado participé en el Inktober y conseguí hacer una serie completa de 31 retratos con tinta negra y con detalles en azul, un color que aplico en todo, y la verdad es que gustó bastante.

Este año me lo preparé con más tiempo y en agosto ya estaba pensando en qué serie de ilustraciones podría hacer. Todo surgió a partir de una ilustración de Hermes, que hice con un estilo más detallista y anatómico, no tan royo “comiquero”, como lo que suelo hacer. Tuvo una muy buena recepción en redes, y pensé ¿por qué no hacer 31 dioses para el Inktober?

En cuanto al tema elegido he de decir que la mitología me ha acompañado a  toda mi vida. Tengo libros infantiles más didácticos y algunos más de adultos que tratan la mitología griega, egipcia, nórdica, etc. Es algo que me hacia mucha ilusión ilustrar.

La idea era hacer 31 dioses diferentes, completamente desnudos con algunos detalles de la iconografía propia de cada dios. No quería limitarme a hacer cuerpos academicistas, clásicos o normativos y me sentía en la casi obligación de visibilizar el colectivo LGBTI, algo que me motivaba desde un principio. Quería hacerlo desde un punto de vista reivindicativo, de ahí que hayan dioses transexuales, más gordos, más delgados, con más pelo, con menos, más amanerados o masculinos, etc. He jugado con todo el espectro que nos ofrece el género y el cuerpo humano.

¿Cómo elegiste a las divinidades?

Fue algo básico, busqué dioses que tuvieran algo atractivo a la hora de representarlos. También me guié por lo que iba leyendo sobre las mitologías y por lo que la gente me iba proponiendo por las redes. Quería hacerlos humanos. Podría hacer incluso alguno con cuatro brazos, pero no quería hacerlos con cabezas de animales. Prefería humanizarlos. Por eso, y pensando en ese toque de ilustración de moda que siempre tengo en mente, basándome en la figura animal hice detalles en algunos personajes como la nariz puntiaguda, o un peinado que tenga unas orejas de chacal, etc. En el caso del dios romano Jano, al cual se le suele representar con dos caras, la suya y otra en la nuca, como no quería alejarme tanto de lo humano, decidí hacerlo como un persona de a pié que usa dos máscaras diferentes, una joven y otra anciana.

¿Por qué las máscaras de Jano no llevan el lunar, tan representativo de tu obra?

No tienen el lunar porque lo tendría debajo de la máscara. En realidad cuando lo dibujaba pensaba en el Inktober del año pasado en el cual todos los retratos tenían el lunar excepto uno, “Venenoso”, que represntaba a un chico quitándose la máscara y dejando ver que debajo solo tenía serpientes. Era una manera de representar a las personas tóxicas. De algún modo, tanto la máscara de Venenoso como las de Jano no son reales, simbolizan aquello que se quiere exponer, es como si yo por estética quisiera quitarme el lunar.

Detalle de la ilustración "Venenoso" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración «Venenoso» de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Háblanos de la estética homoerótica tanto de esta serie como la de tus obras previas

Yo siempre intento juntar morbo y elegancia por amor a la estética. Esta fusión la plasmo en toda mi obra. Me gusta darle a lo banal, a lo pornográfico ese toque de elegancia. Al principio me pregunté ¿por qué si soy gay tengo que hacer ilustraciones gays? Luego me lo propuse y me di cuenta que salía solo, que es parte de mí. Me encanta la estética del hinduismo y budismo pero por cautela, al ser una religión y una cultura aún vivas, no quería ponerme a representar a los dioses desnudos, aunque los hindúes, por ejemplo, veneran la androgínia. Pensé que esto podría llegar a ofender.

¿Entiendo qué has hecho un ejercicio de autocensura?

Sí, hay un ejercicio de autocensura. Por ejemplo, en las redes me preguntaron si iba a hacer a Cristo. La verdad es que respeto las creencias de la gente y si hacerlo a mi manera atentaba contra estas, prefería centrarme en los mitos y leyendas. Ofender por ofender me parece demasiado gratuito.

¿Crees que esta fusión entre estética y porno determina el público al que va dirigida tu obra?

Siempre he pensado que hacer obras de carácter homoerótico quizás me cerrara puertas para ilustrar algún día un cuento infantil. El público al que llego no es intencional. Hago lo que siento, y de esa manera llego a gente con inquietudes y gustos similares. La mayoría de mi público van a ser hombres, de hecho en Instagram podría decir que el 85% que compra mi obra son hombres del colectivo LGBTI. Con mi obra pretendo dar visibilidad al mundo no normativo. Es una lucha que llevo conmigo, pues considero que por ser hombre no he de vestir de una manera concreta. A la hora de realizar algunos de los dioses he consultado a personas de colectivos queer, para ver si podría ofenderles la manera de representar algunos personajes.

¿De dónde sacas los modelos para tus personajes?

De mi cabeza, aunque en algunas ocasiones he recurrido a alguna cuenta en Instagram para inspirarme con las anatomías y las poses que beben mucho del mundo de la moda. Cuando dibujaba en mi escritorio habían dos libros: uno de mitología dirigido a publico adolescente que recopilaba divinidades de diversas mitologías, y otro que recogía las obras del artista Alphonse Mucha. Considero que su elegancia a la hora de transmitir las formas del cuerpo femenino, su estética silueteada en rostros, manos y pelo han sido de gran inspiración para mis obras.

Detalle de la ilustración "Helios" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración «Helios» de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

¿Qué hay de ti en estas ilustraciones?

Soy tan visceral que todo lo que hago lo saco de mí. Cuando decidí marcarme un “Frida Kahlo” haciéndome autorretratos continuamente o poniendo a todos los personajes que diseñaba el lunar, me di cuenta que era algo de lo que pequeño renegaba y ahora es parte de mi identidad.

¿Por qué elegiste Mamut Concept Store para exponer God is Queer?

En realidad me eligieron ellos a mí. Es una tienda que nació hace unos meses, en la que se vende, ropa y productos de decoración realizados por diseñadores emergentes. Los dueños de la concept store llevan también Ediciones Hidroavión, una editorial así mas “indie”, en la que publican a escritores e ilustradores emergentes. El pasado verano a través de Instagram me escribieron desde Mamut y me ofrecieron exponer en su tienda. Fijamos fecha y programamos la exposición God is Queer.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

¿Para cuándo el próximo proyecto? ¿Qué ideas tienes en mente?

Me quiero centrar, por temas de trabajo, en la ilustración editorial y de moda. Tengo varias ideas para ilustrar algunas de las colecciones de diseñadores como Versace o Moschino, con colores muy “pop”. Por lo que respecta a esta exposición sí que me gustaría crear un libro con esta misma estética de ilustración, con diferentes historias, mitos y leyendas con temática queer.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Andrés Herraiz Llavador

«El bodegón y el objeto son mi leitmotiv»

‘IVÁN ARAUJO’
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Septiembre-octubre de 2018

Grabador, pintor y escultor, Iván Araujo (Madrid, 1971) muestra su obra más reciente en el Museo del Ruso de Alarcón y ultima ya las próximas presentaciones de sus libros de artista y libros objeto, que tendrán lugar en el Festival ConFusion de Benimaclet (del 19 al 21 de octubre en el espacio Doce Islas Benimaclet ‘Libros Inquietos’) y en el Festival del Libro SINDOKMA (del 25 al 28 de octubre en el Centre Cultural La Nau) en Valencia.

Talento desbordante, mucho trabajo en el estudio y una personalidad arrolladora que escapa a cualquier quiebro o desaliento son premisas que subyacen bajo una obra de fuerte arraigo, teñida de influencias elegidas y queridas, de rigor y coherencia, que nos acerca al lirismo más sutil por el camino del recuerdo y la nostalgia.

Hablamos en esta entrevista con el artista de sus comienzos en el mundo de la pintura, de sus influencias, trayectoria, pasión por el grabado… y de sus proyectos más inmediatos.

Iván Araujo. MAKMA

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?

Cuando era pequeño, disfrutaba con mi padre de los ratos en los que él iba a pintar acuarelas al campo, hacíamos apuntes juntos y todo esto me permitió crecer en un ambiente de gusto por la pintura, el dibujo y por el arte en general. Disponía de materiales a mi alrededor y me pasaba las horas pintando en cuadernos y yendo a ver exposiciones de arte.

¿Tuviste claro siempre que querías estudiar la carrera de Bellas Artes?

Mi decisión de matricularme en Bellas Artes fue tardía, ya que en principio pensaba estudiar arquitectura por tradición familiar, pues mi padre y varios de mis tíos eran arquitectos. Justo en mi último año antes de comenzar la universidad decidí ingresar en Bellas Artes. Mi apuesta fue clara: desde pequeño había sentido la necesidad de hacer cosas con las manos y me fascinaba dibujar. Quería tener un contacto más directo con la obra que el que podía darme el mundo de la arquitectura, donde el proyecto y dirección de obra te alejan mucho de la creación pura; lo había visto miles de veces con mi padre. Con el tiempo descubrí que fue una decisión muy acertada, puesto que yo necesito tener un control de principio a fin del proceso creativo y concentrarme en una obra más íntima, cercana y abarcable como la que puedes realizar en tu taller. Además, me involucro mucho físicamente, para lo cual me es indispensable elegir la técnica y el material adecuado, dotándolos de las cualidades expresivas y conceptuales que deseo para cada pieza.

Elegiste la especialidad de grabado, que está presente siempre en tu trabajo, ¿qué te aporta esta técnica?

El grabado ha condicionado absolutamente mi forma de trabajar en cualquier disciplina artística, puesto que mi formación y posterior desarrollo profesional se han centrado, en gran parte, en esta técnica. Ya en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, mientras estudiaba la carrera, trabajaba para pagarme los estudios en distintos talleres profesionales de grabado y estampación. Esto me hizo adquirir muchísima técnica y oficio. Cuando me licencié y mientras estudiaba mi doctorado en dibujo contemporáneo, trabajé cinco años en Ediciones Benveniste, donde realicé obra gráfica para grandísimos artistas nacionales e internacionales. Posteriormente me saqué una plaza de profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de la UCM (Madrid), en grabado calcográfico. Tras tres años dando clases decidí dejar la facultad y montar mi propio estudio de grabado. Desde 2001, realizo mi propia obra gráfica y la de otros artistas, compatibilizándola con la obra original. La forma en la que afronto la creación de un grabado me ayuda a conceptualizar mucho la idea de la imagen que persigo. El grabado te obliga a trabajar por capas y debes decidir muy claramente qué técnicas debes utilizar según los resultados que quieras obtener, con lo que el método ensayo-error en grabado no es válido como en ocasiones ocurre en la pintura; la gráfica te enseña a tomar elecciones y a posicionarte de forma activa ante el proceso creativo, asumes riesgos y debes estar siempre abierto a integrar aquello que el grabado te pueda ir ofreciendo en cuanto a las pequeñas desviaciones que surgen tras los complejos procesos de mordida y estabilización de la matriz.

Se perciben en tu trabajo ciertas influencias. ¿Quiénes han sido y son tus artistas de referencia?

En mis inicios me interesaba mucho el arte con un fuerte contenido simbólico; obra y artistas con un marcado contenido existencial, en los que su trabajo era un reflejo poderoso de su posicionamiento conceptual y estético ante la obra. Joseph Beuys y Paul Klee me fascinaban por su intensidad y la verdad que emanaba de su obra. Artistas muy apoyados en el dibujo, como fuente vertebradora de la obra y como estructura que sustenta sus creaciones. Me atraían también, por su fuerza poética, los expresionistas abstractos De Kooning y Rothko. Sin duda alguna, el cubismo, Juan Gris y Picasso han sido grandes influencias en mi obra, tanto por su forma de mirar y re-presentar el objeto, como por la propia forma ponderada y matemática de plasmar su pintura. El collage es otro recurso que utilizo muchísimo y que está muy presente en los cubistas o surrealistas, y también en algunos artistas de estética pop posteriores, que me resultan muy interesantes, como David Hockney.

Otra referencia fundamental en mi trabajo nace de mi amor por la pintura metafísica, De Chirico, y en general de toda aquella pintura que trasciende a la realidad, proyectándose en escenarios arcádicos y poéticos; la aspiración a lo mínimo y a la inclinación por el juego arte-juego de Torres García y, por último, cierto salvajismo simbólico y primitivo de la transvanguardia italiana, muy presente en Mimmo Paladino. Podría seguir y la lista no acabaría… soy muy revisionista, un mirón empedernido; son muchos y variados los artistas que me interesan, ya que mi trabajo se vale de cientos de miles de retales, de instantes capturados en mi cerebro y retina que llevo siempre conmigo.

Imagen de la escultura 'Casa-barco', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la escultura ‘Casa-barco’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Has ejercido de profesor en la universidad,sigues impartiendo cursos y talleres en distintos lugares de la geografía española. ¿Qué te aporta artísticamente la enseñanza?

De la época de profesor en la universidad no guardo especial buen recuerdo, ya que la relación con los alumnos, salvo algunas buenas excepciones, se veía condicionada por las calificaciones. Eran muy pocos los que realmente se volcaban con interés y pasión en el taller. Mi relación posterior con la enseñanza en cursos y talleres en distintos lugares, incluso en mi estudio, con los artistas que trabajan regularmente conmigo, es muy diferente. Se establece siempre una relación de necesidad mutua; a mí me gusta ofrecer al alumno las herramientas para que él pueda dar forma a su obra y, naturalmente, en ese proceso el intercambio de pareceres  y puntos de vista es extraordinariamente rico. Cuando trabajo con gente a la que al mismo tiempo enseño, vuelvo a someter todos mis conocimientos y bagaje artístico a un examen riguroso; en el terreno de la creación no se puede dar nada por sentado y los modelos y soluciones que a uno le sirven no tienen porqué valer a otro en otras circunstancias.

Esta condición multireferencial del hacer creativo permite que uno aprenda constantemente y en cada momento de su trabajo y del de los demás. Para mí, trabajar la obra de otros artistas me sitúa en escenarios diferentes a los de mi obra, enriqueciendo mi visión del arte y, lo que es más interesante, me fuerza a entender la obra que el artista quiere realizar desde sus propios parámetros. Este desplazamiento es siempre nutritivo, como lo es cuestionarse y actualizar los propios conocimientos.

¿Cómo es tu día a día en el estudio? ¿Eres un artista metódico, ordenado?

Yo trabajo a diario en mi estudio, sea cual sea la situación, tanto si estoy preparando una exposición de gráfica, pintura o escultura. Trato de ser muy sistemático en mis horarios y suelo trabajar en series largas de producción, en cualquiera de las disciplinas anteriores. Hacerlo así me permite dar distintas respuestas a un mismo problema; todas ellas se encadenan unas a otras y en conjunto, conforman un discurso coherente que pieza a pieza resulta complicado. Me cuesta mezclar disciplinas; si estoy con unas piezas de escultura o grabado, hasta que no las acabo no paso a otra técnica, por ejemplo, pintura. Cada disciplina requiere tiempos y una disposición ante la obra muy diferentes. Lo que sí pasa a veces es que al trabajar tantas técnicas diferentes, siempre hay vuelcos e influencias de unas a otras. No solo es inevitable sino que es lo más interesante. Además, al compatibilizar mi obra con la producción de obra gráfica de otros artistas en mi taller, hay contaminación, ideas bullendo, interferencias…

A veces es un poco agotador, pero tras muchos años trabajando así me he acostumbrado a filtrar toda esa información y a desarrollar más capacidad de concentración. No creo en la inspiración; creo en el trabajo diario y en pasar muchas horas en el taller, desarrollando una relación de necesidad e implicación con tu obra y los materiales y técnicas que eliges para llevarla a cabo. Los tiempos muertos, trabajo en pequeñas libretas y libros de artista que son el cajón desastre y, al mismo tiempo, el germen y semilla de muchas de las futuras producciones.

En la exposición que presentas en el Museo del Ruso, el bodegón es el tema principal en tus obras.

Sí, en efecto. El bodegón y el objeto han sido el leitmotiv de mi producción de estos últimos cinco años. Me interesaba la forma en que el bodegón, que ha sido un género artístico presente en todas las etapas de la historia del arte, suscita la mirada del observador. En el cuadro, la naturaleza muerta circunscrita al estudio del pintor reordena el espacio, creando una fuente de sinergias entre los diferentes objetos que lo rodean. Cada forma alude a su presencia y situación en referencia a sí misma y a los demás elementos, creando un microcosmos y, sobre todo, nos habla de una determinada manera de entender la ocupación del espacio de aquel que la ha depositado en ese lugar.

El diálogo que se establece entre las distintas formas-objetos me interesaba, puesto que nos relata una historia de necesidades, equilibrios, armonías y espacios. Esta exposición supone un fin de etapa, ya que ahora mi trabajo es decididamente más objetual y simbólico, recuperando iconos que siempre han estado ahí, en mi mundo, en mi territorio plástico. Pero lo que la hace especialmente interesante, además del magnífico enclave de la sala del Museo del Ruso, es que conviven varias series que están en transición a ese cambio hacia lo simbólico, sobre todo la serie de pintura de ‘La sonrisa del cazador’ y ‘AntarMouna’, y la serie de esculturas-arquitecturas presentadas en conjunto, que pertenecen a mi producción actual.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Háblanos de tu escultura, de esas casas soñadas, esos micromundos que unen infancia, nostalgia y utopía.

Las arquitecturas forman parte de una instalación que proyecté para mi última exposición en Madrid, el año pasado en la APPA Art Gallery, donde un grupo de arquitecturas se presentaban en la pared, dispersas, formando un conjunto, que a modo de constelación salpicaba de puntos la pared. Se titulaba ‘Todas las casas que hay en mí’ y al menos cuatro o cinco de esas piezas originales se exponen junto a las demás. Las hemos presentado en el suelo, formando una ciudad, un pequeño asentamiento, podríamos decir. Muchas de ellas son nuevas, pero siguen heredando el nombre que las originó. Son casas realizadas con maderas encontradas, dañadas, que recojo y restauro en el estudio. Les aplico decapantes y las lijo para sacarles la veta y con ligeras policromías las retoco, en las ocasiones que quiero cromarlas. Al contrario que las pinturas, se trata de colores deslucidos y transparentes que sugieren lo mínimo y silencioso y que recuerdan a los juguetes de la infancia. Tienen, en efecto, mucho de esto, de recuerdos, de pérdidas y nostalgia; hablan de la lluvia, del sonido del mar, de la añoranza de la madre, de los días lentos, de estrellas, constelaciones y de sueños por cumplir. La casa, etxea en la cultura vasca de mis antepasados, es la madre que acoge y protege y, en las diversas formas poéticas que la presento, adquiere una cualidad de metáfora visual que se potencia por la desnudez del material y la simplicidad en las formas.

Tus libros de artista y tus libros objeto son siempre requeridos y apreciados en ferias y convocatorias dedicadas a la edición. ¿Qué valor les concedes dentro de tu proceso creativo?

El libro de artista me permite ensayar, escribir, proyectar y soñar con nuevos escenarios y, dado lo abarcable del formato, en ocasiones lo continúo realizando en casa o cuando estoy fuera del estudio. Vaya donde vaya, y más si me voy de viaje, siempre llevo un libro de artista conmigo. Suelen ser contenedores de ideas y proyectos que están por venir o bien tienen un carácter más experimental, como es el caso de libretas en las que trabajo composiciones de estudio. Estas segundas me sirven en muchas ocasiones para afrontar futuros trabajos, ya sea en gráfica o pintura, y, por lo general, suelo utilizar mucho collage y acuarelas, grafito y demás técnicas sobre papel. Como es natural, estos libros de artista no los suelo exponer, ya que me sirven como material de estudio y además no están concebidos para tal fin.

Por otro lado, está el caso de los libros de artista o libros objeto, que tienen un valor intrínsecamente artístico en sí mismos y son los que muestro en ferias y exposiciones como obra final. En muchas ocasiones son libros-cajas que he realizado en grabado y que presentan series de gráfica, como es el caso de ‘ArsBodegonia I y II’ (2015) o ‘Paisajes interiores’. La modalidad de libro objeto la he afrontado en casos como los de ‘Le petitpaysage’ (2016) y ‘Nuit et jour’ (2016), en los que la totalidad de la caja encerraba un grabado tratado volumétricamente como un bajo relieve con abundante collage de todo tipo de materiales. También se da el caso de libros de artista más complejos como este último, ‘La palabra pintada’ (2018), que expondré con Galería El Museo del Ruso para los festivales ConFusión y SINDOKMA 2018, en el que presento originales con sus respectivos textos. Este tipo de festivales, como el caso de SINDOKMA, suponen el encuentro feliz de una serie de creadores y editoriales con una fascinación común por el libro de artista, promoviéndose un clima muy interesante de intercambio de información, ideas y proyectos.

Tienes una consolidada trayectoria como editor, has colaborado con importantes artistas. ¿De qué trabajos estás más satisfecho?

Mi actividad como editor se remonta a estos tres últimos años en los que, como reacción a la apatía generalizada que se instaló entre las galerías y editores, con un descenso muy notable de las ediciones de autor de gráfica en el panorama artístico, me animé a intentar editar a artistas que me resultaban especialmente interesantes. Para ello diseñé una fórmula de coedición, en la que el artista podía animarse a editar asumiendo riesgos mínimos y en mi caso, como taller de edición y coeditor, controlar el proceso al máximo y realizar una inversión razonable.

Hasta la fecha he coeditado a la artista Ángeles Conde con dos suites, la ‘Serie Köln’ y ‘Skylines’ (2017), y a la artista Kristin de George, afincada en Montpellier, con el díptico de aguafuertes ‘Mediterranée: le rêve de Mages’ (2018). Fuera del contexto de la coedición me siento especialmente orgulloso de haber editado en mi estudio la carpeta ‘PRE-POSICIONES’, del artista Ángel Cajal (2016/2017). Una suite de diez grabados presentados en el Paraninfo de la Universidad de Valencia la pasada edición de SINDOKMA, en 2017. Otro proyecto que disfruté muchísimo fue la serie de cinco aguafuertes del artista Eduardo Barco, editada por Amara Gutiérrez en 2017. El procesado de planchas fue un trabajo muy experimental que realizamos Eduardo y yo en mi estudio y la estampación cuidadísima y muy técnica completó una edición de referencia.

Cuéntanos tus próximos proyectos

Mis proyectos futuros a corto plazo pasan por presentar físicamente el libro de artista, ‘La palabra pintada’, en SINDOKMA 2018, y en mostrarlo en todas aquellas ferias y eventos en los que tú, amiga y galerista del Museo del Ruso, decidas exponerlo. A mediados de noviembre participaré en el FIG de Bilbao 2018, la feria de obra gráfica más importante que hay en la actualidad en el territorio nacional, en la que expondré series de monotipos y gráfica de gran formato en el stand de la Galería de Arte Contemporáneo Espiral (Noja, Cantabria). A mediados del mes de octubre darán comienzo también los nuevos cursos que impartiré en el Museo ABC de Madrid de técnicas de grabado y estampación contemporáneas directas, en un taller que he creado especialmente para la ocasión. Pasadas estas fechas comenzaré a trabajar nuevas series de obra para mi próxima exposición individual, que se celebrará en la Galería de Arte Contemporáneo Espiral, en octubre de 2019.

Imagen de la obra 'Antar Mouna II. Silencio Interior', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Antar Mouna II. Silencio Interior’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler

 

‘Distintos’, camino a los Óscar

‘Distintos’, de Josevi García Herrero
Entrevista con el director del cortometraje

El verano de 2018 es un tiempo de buena cosecha para el guionista y cineasta valenciano Josevi García Herrero por la buena acogida que ha tenido su último proyecto, el cortometraje ‘Distintos’, que lleva más de cincuenta selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Ha recibido catorce premios, además de conseguir la preselección a los Goya 2019 y la selección en el Festival Indy Shorts de EEUU, calificador de los Óscar de la Academia de Hollywood, que podría ser la antesala para lograr esa meta el año próximo.

‘Distintos’ es una iniciativa de Fundación Asindown, que eligió a un director sensibilizado con temas de trasfondo social, como acreditan sus anteriores cortos, ‘¡Se vende varita mágica!’ y ‘Contando estrellas’. Lo que hace a este filme especial es haber sido protagonizado por dos chicos con síndrome de Down, Pablo Molina y Salva Albert –sin experiencia actoral previa– y la participación altruista de Alejandro Sanz. La historia cuenta el viaje de los chicos para asistir a un concierto de su ídolo musical. En el reparto: Carlos Olalla, Ventura Rodríguez, Llum Barrera, Sandra Cervera, María De Paco y Guillermo Montesinos. La banda sonora es del compositor valenciano Josué Vergara.

Distintos. MAKMA

“Esta experiencia ha sido un auténtico y enriquecedor aprendizaje para mí”, dice García Herrero. “He tenido la oportunidad de conocer de cerca y en profundidad cómo es la vida con síndrome de Down. Tuve que investigar y explorar para escribir el guión y poder hablar de ello, y entendí mejor las dificultades que podían llegar a tener los chicos, así como sus virtudes y capacidades. Tanto Pablo como Salva me han demostrado que querer es poder, que con sus ganas y su esfuerzo podíamos llegar adonde nos propusiéramos”.

Entre las numerosas anécdotas del rodaje que tuvo lugar en Valencia y Madrid, recuerda el divertido y entrañable encuentro de los chicos con Alejandro Sanz –la primera escena que se rodó– y hasta los doce donuts que tuvo que comer Salva, pues su personaje comía uno en una secuencia, y con las repeticiones de planos y tomas se convirtieron en una docena. También memorable la escena de la lluvia, “era el último día, había nervios, tristeza porque todo llegaba al final y eso de mojarse completamente no resulta muy agradable en octubre”.

 

Desde su estreno en la Seminci (Valladolid) el pasado octubre, ‘Distintos’ ha emprendido un camino de éxitos. “Lo más difícil es acertar con el tono de la historia, y creo que he dado en el clavo. Es una historia fresca, desenfadada, nada condescendiente, lejos de un tono dramático y empalagoso que hubiera hundido esta película. También he acertado en el modo de contarla, el humor es la otra clave. Decir las cosas sin miedo, con libertad, con verdad y con corazón; y que los protagonistas fueran conscientes de su realidad y los primeros que se identificaran, y que eso no fuera un freno para contarlo y mostrarlo. Tenía que ser un discurso valiente que se alejara del todos somos iguales para decir todos somos distintos. Es la única forma real de conseguir que esta sociedad compuesta de personas distintas, reconociéndonos todos distintos, nos ofrezca el modo de encontrar y entender la igualdad”.

Fiel a su vocación solidaria y social, el cineasta hace un llamamiento a los directores, guionistas y creadores en general: “Tenemos la suerte de poder contar historias para que muchas personas disfruten y se entretengan y, además, podemos y debemos pensar que  también pueden ayudar a muchas otras personas invisibles por algún motivo. Hagámoslo. Incluyamos en nuestros guiones esas historias necesarias”.

García Herrero no se duerme en los laureles. Tiene entre manos tres proyectos de series de ficción, mientras revisa el guión de su primer largo. Al mismo tiempo, prepara una campaña de sensibilización con la Asociación Esperanza y Sonrisa, que apoya  la investigación del cáncer infantil, y dirige el Ficticia, el festival de ficción online de Aranjuez.

Distintos. MAKMA

Bel Carrasco