“Los mitos son nuestro ADN literario“

#MAKMAEntrevistas | Javier Sierra
‘El mensaje de Pandora’
Planeta de Libros, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Apenas hace unos pocos meses que se declaró la pandemia y ya se han editado libros que analizan sus causas y consecuencias. Unos son ensayos y, otros, testimonios personales del confinamiento. ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra, elude las etiquetas. Fiel al enfoque del autor, se mueve entre la ciencia, la ficción y el género epistolar para enviar un peculiar mensaje de esperanza y curación. Al declararse el estado de alarma, Sierra aparcó dos proyectos para escribir en tiempo récord este mensaje, que enlaza el origen de los tiempos y la vida en la Tierra con el convulso presente. ”Ha sido el libro más fulgurante que he escrito en 25 años de carrera”, confiesa. “Como si su historia necesitara salir de mis manos y llegar al lector con premura”.

Arys, una joven cretense a punto de cumplir mayoría de edad, recibe una carta de su tía. Se la escribe en Atenas al final de la última pandemia vírica que sacude al mundo.  Sus páginas rememoran un viaje que ambas hicieron hace años, al sur de Europa. Francia, Gerona y las comarcas del Ampurdán fueron el escenario de una aventura cuyos recuerdos esconden claves que cobran sentido frente a la crisis sanitaria.

Portada de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

Da la impresión de que ha escrito este libro pensando en los jóvenes.

La protagonista del libro es una chica que acaba de cumplir 18 años, pero, en realidad, es una metáfora de lo que somos como sociedad. Una cultura que ha vivido una infancia prolongada creyendo que la muerte no era cosa suya y que, de repente, de forma global, ha sentido de cerca su amenaza. Es, por tanto, un relato dirigido a todo el mundo, pero poniendo énfasis en aquellos de nosotros que sabemos que todavía podemos hacer algo por este planeta tras la pandemia de la COVID-19.

¿Por qué, precisamente, el mito de Pandora?

Según los textos griegos clásicos, Pandora es la primera mujer. Zeus la envío a la Tierra con una caja que le prohibió abrir y que contenía todos los males. Ella la abrió y con ese acto terminó con la Edad de Oro de la humanidad. La historia de ese mito me recuerda una teoría científica propuesta por varios premios Nobel: que la vida y las enfermedades, dos caras de un mismo proceso, llegaron aquí en «cajas de piedra» que llamamos cometas, asteroides o meteoritos, y fecundaron al planeta como lo haría un espermatozoide con un óvulo 50.000 veces más grande que él. Y a partir de esa conexión, tuve un hilo narrativo maravilloso del que tirar.

Los mitos son «instrucciones en clave para garantizar la supervivencia de la especie». ¿No cree que el pensamiento racional y la tecnología los han borrado de la faz de la tierra?

La invención de la escritura hizo innecesario que nuestros antepasados recordaran de memoria grandes cantidades de versos y de historias. Los mitos se inventaron en esa época remota para encapsular informaciones importantes en ellos y que pudieran ser recordados con facilidad generación tras generación. Pero la llegada del alfabeto nos llevó a formulaciones cada vez más complejas, aunque también a olvidar muchos de esos «datos disfrazados» de los mitos. A mi me interesa mucho recuperarlos. Son nuestro ADN literario. Y eso no implica que la razón deba desdeñarlos; al contrario: debe estudiarlos con ahínco.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Que la vida haya brotado en nuestro planeta o proceda del espacio exterior, supone alguna diferencia?

Sí. Nos da una perspectiva mayor de lo que somos. O, mejor, de lo poco que somos en una galaxia que –acaba de calcularlo la Universidad de British Columbia— tiene seis mil millones de planetas tipo Tierra perfectamente capaces de albergar vida. Visto desde esa perspectiva, la vida es una especie de «infección cósmica». Y saberlo puede ayudarnos a determinar dónde aplicar vacunas que controlen a patógenos potencialmente agresivos.

El animal humano ha dominado a la fauna, sometiéndola a condiciones crueles para su provecho. ¿Se podrían interpretar las pandemias como una especie de venganza por estos excesos?

Existe un movimiento internacional llamado One Health que promueve una saneamiento de los mecanismos con los que tratamos a los animales. Su propósito no es solo mejorar sus condiciones de vida, sino salvarnos como especie. La COVID-19 es un virus zoonótico, que saltó de animales sacados de su hábitat natural y nos agredió. Es una lección que debemos aprender ya si no queremos enfrentarnos a ataques aún peores.

Apunta que anteriores pandemias afloraron aspectos positivos que hicieron progresar a la sociedad. ¿Cree que la COVID-19 va a traer, también, nuevos y mejores tiempos?

Traerá transformaciones que el tiempo dirá si son mejoras o no a nuestra forma de vida. Un ejemplo inmediato es el teletrabajo. Su implantación repercute directamente en la contaminación del transporte de las grandes ciudades y mejora el tiempo que compartimos con la familia. Pero su arraigo traerá más cambios, no todos necesariamente positivos. Habrá que esperar a verlo.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Qué dogmas vigentes hoy nos impiden avanzar en el conocimiento (y en el autoconocimiento)?

Sobre todo, uno muy arraigado: el convencimiento absoluto de que la naturaleza debe domesticarse y ponerse al servicio del ser humano. Lo hacemos sin pensar en ello, como si fuera un derecho. Y no lo es. No somos una criatura ajena a la naturaleza, ni tampoco superior a ella. Somos parte intrínseca suya. Si lo asumiéramos, la respetaríamos más y no la violentaríamos como acostumbramos.

‘La rebelión de los brujos’ es su libro fetiche. ¿Se considera heredero de Bergier y Pauwels?

Ellos son «hijos del 68». Mentes que propusieron un reordenamiento de la historia y una reevaluación de las competencias de la ciencia. Lo hicieron bien. Nos invitaron a pensar. Pero mi época es otra, y los desafíos de mi generación han variado. Ya no nos preocupa tanto lo que el hombre pueda destruir con el átomo, como lo que la naturaleza pueda hacer con nuestra civilización ante el cambio de ciclo que, intuimos, acaba de empezar.

Recuerda a su padre, cartero de oficio en Teruel. Los jóvenes ya no escriben cartas, sino mensajes mínimos. ¿Cree que eso, al igual que las nuevas tecnologías, afectará a sus procesos mentales?

Lo que expresamos es consecuencia de lo que pensamos. En eso no hay secretos ni dobles lecturas. Veo con preocupación esa banalización del lenguaje, porque está generando una pereza en el ejercicio de pensar. Y eso no es bueno para nuestra civilización. Por eso soy un ferviente defensor de las campañas de fomento a la lectura, de acercar a los jóvenes la cultura en todas sus expresiones, y de la exigencia educativa para formarlos en la lengua y su uso.

Javier Sierra. Foto: Asis G. Ayerbe.

Bel Carrasco

Pere Cervantes: «En una guerra todos pierden»

‘El chico de las bobinas’, de Pere Cervantes
Editorial Planeta, 2020
Miércoles 3 de junio de 2020

Una de las bombas que caen sobre Barcelona durante la Guerra Civil le arranca un brazo a Nil de niño, además de matar a su hermana pequeña. Pero ser un lisiado no le impide recorrer velozmente en bicicleta las calles de su ciudad un tiempo después, con 13 años, repartiendo sueños en redondas cajas de metal: las bobinas de las películas de celuloide, tres por cada filme, que los cines de barrio compartían para poder costear su elevado precio. Es el protagonista de ‘El chico de las bobinas’ (Planeta, 2020), sexta novela del escritor catalán afincado en Benicàssim Pere Cervantes, un relato ambientado en tres momentos de los años cuarenta, con una coda situada en 2021 que cierra el ciclo narrativo.

«He dedicado tres años a esta novela que concebí en recuerdo de los viejos cines de barrio, el único refugio de los niños de posguerra, el único lugar donde podían escapar, por un rato, de una realidad gris y hostil», dice Cervantes. «También es un homenaje a las mujeres de esa época, auténticas heroínas que, además de sufrir las penalidades del conflicto, fueron en muchas ocasiones abandonadas por sus maridos, que antepusieron sus ideales al cuidado de sus familias».

Portada del libro ‘El chico de las bobinas’, de Pere Cervantes.

Una de estas mujeres heroicas es Soledad, la madre de Nil, que sobrevive como contable en una modesta carpintería sabiendo que su marido sigue luchando con los maquis. El encuentro casual del chico con un hombre agonizante que le entrega un objeto de apariencia insignificante (un cromo con la efigie de un actor), desencadena una intriga en la que participan varios nazis asentados en Barcelona y Víctor Valiente, un policía sádico, corrupto y vengativo que, al igual que Nil, ha sufrido una amputación –en su caso, en los órganos genitales–.

«La discapacidad de los personajes es una metáfora de las pérdidas que sufren todos los que se ven involucrados en una guerra, ya sean física o psicológica», dice Cervantes.»En una guerra todos pierden».

Nil, su madre, el proyeccionista de un cine, el carpintero, el zapatero, la pajillera y otros vecinos de la calle y de la finca… Cervantes construye un retablo que plasma la vida en un barrio humilde, Poble Nou y sus alrededores, desde la Diagonal a las Ramblas. Para recrear ese pasado gris marengo de cartillas de racionamiento, estraperlo y escasez, Cervantes se documentó a conciencia con lecturas y archivos audiovisuales, incluidos los noticiarios de exaltación franquista (No-Do). También la lectura de las primeras novelas de quien para él es un gran maestro: Juan Marsé.

El lector se sumerge en una atmósfera reconstruida con todo lujo de detalles: desde las pastillas Okal para el dolor de cabeza a los cines clandestinos, donde los iniciados de izquierdas podían ver títulos prohibidos como ‘El gran dictador’. También numerosos referentes culturales, especialmente cinematográficos, la novela ‘Nada’, de Carmen Laforet, ganadora del Premio Nadal de 1945, y hasta un cameo de un joven Fernando Fernán Gómez, que se cruza con Nil en el estudio de grabación donde trabaja su novia Lolita.

‘Cinema Paradiso’ (1988), de Giuseppe Tornatore.

Impregnada de amor al séptimo arte, la historia evoca el magnífico filme ‘Cinema Paradiso’ (1988), de Guiseppe Tornatore, cuya banda sonora, confiesa el autor, le ayudó a entrar en situación e inspirarse. «Hagas lo que hagas, ámalo», le dice al niño el viejo proyeccionista en la pelícla. Bernardo Mas, el de la novela, le aconseja a Nil: «Saber mucho de algo te ayudará a querer a tu profesión, y cuando eso suceda, ya no será una profesión, será tu vida».

‘El chico de las bobinas’ apareció el 3 de marzo, poco antes de declararse el estado de alarma, con el consiguiente cierre de las librerías. Pese a ello, el boca oreja ha hecho su efecto y ya va por su segunda edición, y será publicada en Alemania e Italia.

Pere Cervantes es licenciado en Derecho por la UAB y policía nacional desde hace 30 años, siendo uno de los primeros licenciados que ingresaron en el cuerpo. Observador de paz para la ONU en Kosovo y Bosnia-Herzegovina, acumuló una serie de experiencias y testimonios que, tras veinte años de sedimentación en su memoria, piensa tratar en su próxima novela. Vive desde hace 15 años en Benicàssim y es autor de otros cinco títulos: ‘Rompeolas’, ‘No nos dejan ser niños’, ‘La mirada de Chapman’, ‘Tres minutos de color’ y ‘Golpes’.

Pere Cervantes. Fotografía de Jesús Miguel Cubas Guzmán por cortesía del autor.

Bel Carrasco

“La mejor forma de narrar la realidad es con la ficción»

‘Nunca fuimos héroes’, de Fernando Benzo
Editorial Planeta
Novela negra / Thriller
España, 2020

El País Vasco vivó largo tiempo en un estado de excepción. Una sociedad dividida, enfrentada, cercada por la violencia de uno y otro signo. Una violencia que traspasaba su ámbito natural para estallar en cualquier lugar de España dejando una estela de sangre y desolación. El ingente caudal de sufrimiento que generó el conflicto vasco estuvo vedado a la recreación literaria por la proximidad de las víctimas y la profundidad del daño sufrido. El extraordinario éxito de la novela ‘Patria’, de Fernando Aramburu, marcó un hito. Era posible un relato integrador que superase maniqueísmos y  abismos ideológicos. El pasado ya no era un campo sembrado de minas, sino un sendero tortuoso que había que desbrozar. Y a eso se han dedicado estos últimos años diversos autores, tanto desde el ensayo como desde la ficción. 

La rutina diaria de la lucha policial contra la banda terrorista en clave de thriller es el tema de ‘Nunca fuimos héroes’ (Editorial Planeta), de Fernando Benzo (Madrid, 1965). Un relato que combina la amenidad y la hondura psicológica de los personajes con un profundo conocimiento de la historia real.

Imagen de la portada de ‘Nunca fuimos héroes’, de Fernando Benzo.

Gabo es un comisario retirado que tuvo un papel importante en la lucha contra ETA en el País Vasco durante los años de plomo. Su vida de jubilado da un giro cuando su antiguo jefe le comunica que Harri, un miembro de la banda que estuvo muchos años refugiado en países de Latinoamérica, acaba de regresar a Madrid con sospechosas intenciones. En compañía de una inspectora de Estupefacientes, Gabo emprende el seguimiento de quien fue su peor antagonista, mientras rememora los años que vivió en primera línea de fuego. 

Fernando Benzo es director de Madrid Destino y autor de media docena de novelas. Con anterioridad ocupó cargos en distintos Ministerios y fue director de la Fundación de Víctimas del Terrorismo. Conoce de primera mano los avatares de la lucha contra ETA y ese conocimiento aporta fuerza y verismo a su historia. Describe con detalle las tácticas policiacas para localizar y cazar a los etarras, «porque lo importante es pillar a los malos». Su rutina diaria, a base de tediosas jornadas de seguimiento conviviendo en pisos con sus compañeros y procurando pasar desapercibidos, en cierta manera de forma simétrica a sus presas. Y cómo algunos acababan obsesionados por sus objetivos hasta convertirse en su fijación personal. Como le ocurre a Gabo con Harri.

«He cocinado un libro con ingredientes reales y ficticios», dice Benzo. «Una vez escrito, el resultado final ya no permite diferenciar unos y otros, ya han pasado a formar un todo. Este libro es una novela, pero con sabor a realidad. Lo importante para mí era que, cuando se termine de leer, uno tenga la sensación no solo de haberse entretenido, sino, también, de haber conocido cómo era la vida cotidiana de aquellos policías».

Portada de la novela ‘Nunca fuimos héroes’, de Fernando Benzo. Editorial Planeta.

El lector no conoce el apellido de Gabo, pero sí que nunca ha disparado su arma, que es adicto a los Ducados y que se enamoró de una compañera infiltrada en la banda. Hijo de un policía de la antigua escuela, sentimientos de lealtad y culpa marcan su existencia.  

«Todos los personajes llevan incorporadas vivencias, experiencias, sentimientos y recuerdos de quienes vivieron todo aquello», señala Benzo. «He tratado de crear personajes complejos, que no se queden encajonados ni en tópicos ni en arquetipos. En cierto modo, quería que cada uno de esos policías tuviera la personalidad y la fuerza suficiente como para poder haber sido los protagonistas. Y era tambien importante construir personajes interesantes en el bando contrario, en el de los malos. Todos ellos son muy diferentes entre sí y creo que enriquecen la trama policiaca. He buscado que la novela fuese un retrato coral, un retrato no ya solo de los dos personajes esenciales, sino también de todo el abanico de personajes que les rodean».

A través de Xavi, uno de los compañeros de Gabo que se involucra en la guerra sucia la novela aborda esta oscura faceta de la historia. «La guerra sucia no debe empañar la labor de tantas generaciones de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que se dejaron la piel protegiéndonos a todos de la amenaza terrorista. No fue algo generalizado sino un grave error estratégico, además de una actuación fuera de la ley, en la que estuvieron implicados algunos. Es un asunto que no podía quedar fuera de una novela como ésta, pero lo que hay que recordar es la valentía y capacidad de sacrificio de tantos policías y guardias civiles que vivieron cosas que dan no ya para inspirar una novela sino muchas».

Benzo opina que se debe consolidar el recuerdo y la memoria del horror del terrorismo etarra desde la ficción y el ensayo. «A veces, paradójicamente, la mejor forma de narrar la realidad es a través de la ficción. Ahí está el ejemplo de ‘Patria’, que retrata con maestría cómo se vivió todo ello en el Pais Vasco. Tenemos que superar prejuicios, tabúes y pudores creativos y que la ficción entre de lleno en estas cuestiones, como ha entrado en otras etapas de nuestra historia», concluye Benzo.

Fernando Benzo. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

«Sería intolerable legalizar la prostitución»

#MAKMAEntrevistas | Inés Plana [autora de la novela ‘Antes mueren los que no aman’ (Planeta, 2019)]

La novela negra goza en España de una excelente salud, con una red de festivales y un nutrida nómina de autores, muchos de ellos de proyección internacional. Pero lo que revela su vitalidad es la aparición de nuevas firmas que renuevvan y enriquecen el conjunto. Una de las que ha irrumpido pisando más fuerte es la periodista Inés Plana (Barbastro, 1959), que acaba de publicar en Planeta su segundo título, ‘Antes mueren los que no aman’, en el que retoma a los principales personajes de su debú, ‘Morir no es lo que más duele’. Así, reencontramos al teniente de la Policía Judicial de la Guarda Civil, Julián Tresser, junto a su equipo que investiga la muerte de una funcionaria de la Seguridad Social, al mismo tiempo que busca obsesivamente a Luba, una niña atrapada en las tramas de explotación sexual.

La acción transcurre en las Navidades de 2009 en plena crisis y en distintos lugares —la periferia de Madrid, la Costa da Morte y Palencia—, algunos reales y otros imaginarios.»En una novela negra hay escenarios donde ocurren cosas desagradables, sucesos luctuosos que podrían molestar o estigmatizar a quienes habitan realmente en ellos”, dice Plana. «Por eso prefiero inventarme esas geografías imaginarias, para escribir sobre ellas con libertad, sin el corsé creativo que supondría que existieran de verdad. En cuanto a los escenarios geográficos reales, los elegí por sus peculiaridades y también porque quería recrearme en ciertas atmósferas y sensaciones, como la dureza del clima en la montaña palentina, la magia de los paisajes de Galicia y mis vínculos emocionales con Cantabria», añade.

Portada de ‘Antes mueren los que no aman’, de Inés Plana.

Desde su infancia en Barbastro –donde su padre, amante de la poesía, tenía un comercio y ella vivió hasta los 18 años–, Plana ha sentido el impulso de narrar y, como muestra en sus dos novelas, lo hace con soltura y eficacia. La primera surgió de una imagen macabra, la de un hombre ahorcado al borde de las vías de ferrocarril que vio de refilón mientras viajaba en tren, reflejado en ‘La muerte no es lo que más duele’, su novela milagro. La denomina así porque llamó la atención de Planeta sin intermediación de agente, premio literario o éxito en internet. También porque la escribió en circunstancias muy difíciles. «Coincidió con los años más duros de la crisis económica, y en mi familia y en mi entorno más íntimo hubo problemas graves de salud y hubo fallecimientos de seres muy queridos», recuerda. «Pensé que no lo conseguiría, porque estaba muy rota emocionalmente, pero no me rendí y, a pesar de todo, seguí adelante con mi sueño. Por eso digo que culminar mi primera novela fue un milagro».

Sumergirse en el sórdido mundo de la prostitución no llegó a pasarle factura, aunque le produce “mucho dolor, rabia e impotencia ese universo atroz donde las personas se compran o se venden como mera mercancía para uso sexual”, subraya. “Me afecta y me parece una realidad insoportable, pero cuando escribí sobre ello tuve que tomar distancia, alejarme emocionalmente para poder plasmar lo que yo quería sin que me cegaran los sentimientos y la visceralidad”. Totalmente en contra de la prostitución, piensa que debería prohibirse. “Sería intolerable que se blanqueara legalmente al proxeneta y se legalizara, por tanto, la esclavitud sexual que sufren la prostitutas”, sentencia.

Inés Plana. Imagen cortesía del autor.

Es obvio que le gusta dar cierto tono sentencioso a sus títulos. “Como autora me ha gustado impartir en la ficción una justicia, digamos poética, en la que, en efecto, algunos personajes mueren porque son incapaces de amar, incapaces de mostrar la más mínima empatía con el ser humano. Pienso que el título, ‘Antes mueren los que no aman’, refleja ese espíritu. Todos moriremos, somos seres caducos, pero en mi fabulación he querido que ellos fueran los primeros”.

El éxito literario no le llevará a dejar el periodismo. “Llegué a él por vocación. Pero la literatura es una especie de adicción para mí, es pasión y es una necesidad vital. Escribo cuando puedo, robándole tiempo al tiempo. Entonces me encierro en mi estudio ante el ordenador y dejo el reloj fuera. Sólo existimos mi historia y yo. Desaparece el mundo, por decirlo de algún modo”.

En cuanto al panorama editorial se muestra optimista. “El número de lectores en España ha crecido hasta el 62% de la población, lo cual es ilusionante, aunque sigue habiendo casi un 40% que no lee nunca o casi nunca. Veo el panorama editorial con cierto optimismo y quiero pensar que poco a poco se irá inculcando el hábito de la lectura en las nuevas generaciones. España tiene una potente industria editorial y grandes autores y autoras en todos los géneros literarios. Eso es el mejor aval para que los libros estén en nuestras vidas y estén cada vez más presentes”, concluye Inés Plana. 

Inés Plana. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“El mérito es de la historia y de mi agente literario”

La cocinera de Castamar, de Fernando J. Múñez
Editorial Planeta
Años 2019

En este momento puede haber en España decenas, cientos, quizá miles de escritores dispuestos a vender su alma al diablo para publicar en una gran editorial. Dispuestos a hacer lo que sea para que un sello de proyección internacional haga un lanzamiento a bombo y platillo de su obra. Un sueño hecho realidad para Fernando J. Múñez (Madrid, 1972),  que debuta en las letras con ‘La cocinera de Castamar’, una firme apuesta de Planeta para arrancar el año. Feliz, exultante, pletórico, este madrileño amante del arroz en todas su variantes que pasó los veranos de su infancia en las playas de Alicante, desvela algunas claves de su éxito. No, no se trata de ninguna fórmula o clave secreta, sino de una combinación de talento creativo, voluntad y tesón (cuatro años ha invertido en su libro), sumados a un cúmulo de circunstancias favorables. “Yo lo atribuyo a mi agente literario y a la propia historia”, responde Múñez, “aunque también a mi madre que me sugirió que escribiera algo más a su gusto”.

Que nadie se llame a engaño. La cocinera… no es la típica novela para señoras de clase media y cierta edad. El autor, que se mueve en el mundo de la publicidad y los audiovisuales como guionista, ha tenido el acierto de combinar una serie de ingredientes muy variados, desde lo romántico y erótico a lo social pasando por la gastronomía, para brindar un homenaje a la literatura clásica de antaño desde una mirada actual con un punto de vista claramente femenino, y hasta feminista.

Fernando J. Múñez. Fotografía de Carlos Ruiz por cortesía del autor.

Fernando J. Múñez. Fotografía de Carlos Ruiz por cortesía del autor.

Estamos en 1920, en la España de Felipe V. Clara Belmonte es una joven educada por su padre médico muerto en la guerra, que al quedar huérfana se ve obligada a trabajar y acaba desempeñando el papel de oficial de cocina en la mansión que posee, en Boadilla, Diego de Castamar, un duque viudo que tras  la muerte de su esposa diez años atrás, todavía llora su pérdida. Entre fogones se produce un encuentro que desencadena una relación romántica en la que los sabores y aromas de los alimentos hacen el papel de un secreto lenguaje sensual, como el de los abanicos en otro contexto. En torno a la pareja protagonista danzan como en una pavana un grupo de personajes, sirvientes y nobles, algunos muy villanos, y acontecen conjuras, engaños, lances, amores ilícitos y misterios.

“Situé la acción en 1720 porque soy un apasionado del siglo XVIII, que es poco conocido”, comenta Múñez. “Además, el telón de fondo de la Guerra de Sucesión que devastó España y media Europa tiene también importancia en la trama porque dejó a las personas heridas en el alma. La guerra es un monstruo”.

Y un detalle curioso. Como alguna heroína imaginaria de nuestro tiempo Clara Belmonte sufre agorafobia, un trastorno con el que el autor ha querido tal vez simbolizar la represión social que obligaba a la mujer a vivir enclaustrada entre cuatro paredes.

Fernando J. Múñez. Fotografía de Carlos Ruiz por cortesía del autor.

Fernando J. Múñez. Fotografía de Carlos Ruiz por cortesía del autor.

Múñez empezó a escribir a los 14 años, tiene muchos relatos en el cajón, y ha leído con voracidad a los autores del XVIII y XIX como Pierre Choderlos de Laclos, Jane Austen o las hermanas Brönte, entre otros muchos.  “He querido hacer un fiel retrato de sociedad tal como era en el Antiguo Régimen”, afirma. “Una sociedad clasista, con jerarquías férreas, permeabilidad nula, rígida, despiadada y patriarcal en la que la mujer estaba especialmente oprimida”. Así, a través de los personajes femeninos de la novela el autor refleja cómo los diferentes tipos de mujeres reaccionaban a esa opresión que les ofrecía muy pocas salidas. Ser esposas y madres subordinadas siempre a la tutela masculina. O ser monjas, prostitutas o cortesanas.

La gastronomía es un elemento aglutinante del argumento lo que ha obligado a Múñez a documentarse sobre los usos y costumbres culinarias de la época. “La comida y la manera de servirla definía mucho a las distintas clases sociales. Mientras las clases humildes se alimentaban casi exclusivamente de pan, legumbres, verduras y apenas comían carne, en las meses de la aristocracia se ofrecían opulentos banquetes con cinco platos a base de carne de caza, pescado y dulces”.

En resumen, La cocinera de Castamar es una historia de amplio espectro, apta para todo tipo de público y que complace a distintos paladares. Una historia amable y romántica, pero también con sus aristas y oscuridades. ¿La veremos plasmada en la gran o pequeña pantalla? Es muy posible.

Del triunfo editorial de Múñez los autores bisoños y novicios pueden sacar algunas conclusiones. El papel crucial de un buen agente literario, la importancia de dar oídos a los sanos consejos de las madres, que siempre tienen razón, y de construir una buena historia. Pero antes que todo y sobre todas las cosas haber leído mucho y con buen criterio para seguir desbrozando el camino que marcaron los clásicos.

Fernando J. Múñez. Fotografía de Carlos Ruiz por cortesía del autor.

Fernando J. Múñez. Fotografía de Carlos Ruiz por cortesía del autor.

Bel Carrasco

El juego de la venganza

Talión, de Santiago Díaz
Editorial Planeta

La historia y el mundo del arte, desde Medea a La Novia de Kill Bill ofrecen numerosas ejemplos de mujeres que, bajo la inspiración de la diosa Némesis, matan para vengar una afrenta. Más raro es la figura de la justiciera que ejerce la venganza por cuenta ajena y siguiendo los dictados de la bíblica ley de Talión: ‘Ojo por ojo, diente por diente’…

Fotograma de 'Kill Bill', película de Quentin Tarantino en torno a la venganza.

Fotograma de ‘Kill Bill’, película de Quentin Tarantino en torno a la venganza.

‘Talión’ es, precisamente, el título de la primera novela de Santiago Díaz que con una larga trayectoria como guionista en la televisión demuestra que es un consumado narrador sobre el papel. A Marta Aguilera, una periodista de 40 años, le dan únicamente dos meses de vida a causa de un tumor cerebral. Sin lazos afectivos, decide ocupar el tiempo que le queda reparando lo que para ella son injusticias, aplicando su particular ley del Talión. Y aprovecha muy bien ese breve plazo llevándose por delante a un asesino y violador de niñas, a un rumano dedicado a la trata de blancas, a un narco gitano y a una sanguinaria terrorista que acaba de salir de la cárcel. ‘La venganza es un plato que se sirve frío’, pero en este caso llega a la mesa muy caliente.

Ha sido muy osado al apostar por un personaje protagonista, el justiciero, que no tiene tradición literaria en España. ¡Y, además, mujer!

Personas que se toman la justicia por su mano ha habido  desde siempre, tanto en la vida real como en la literatura. En los siglos XV y XVI se pusieron muy de moda las novelas caballerescas, donde un caballero andante trataba de reparar injusticias. De ahí hasta Marta Aguilera, mi protagonista. Que sea una mujer es algo que me atrajo desde el primer momento. Argumentalmente, me aportaba mucho más que si hubiera elegido a un hombre.

Santiago Diaz. Imagen cortesía del autor.

Santiago Diaz. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo surgió la historia en su cabeza?

Surgió al leer la noticia sobre un crimen del que el culpable salía indemne. Percibí la indignación de la gente, que tenía la sensación de que no se hacía justicia, y pensé que me gustaría contar la historia de una mujer que se rebelaba contra eso.

¿Se encuentra en ese hipotético 62% de la ciudadanía que apoya o disculpa los actos de la vengadora Talión?

Como Santiago Díaz yo creo en la justicia. A los asesinos hay que detenerlos y juzgarlos con garantías. Pero como lector de una obra de ficción, quiero ver cómo los malos pagan por sus pecados y no puedo evitar sentir empatía por Marta Aguilera.

Una periodista trastornada, una inspectora traumatizada y una terrorista de ETA dura cual pedernal. Las mujeres llevan el peso de la trama. ¿Es algo deliberado para conquistar a las lectoras o le ha salido así?

Me ha salido así. La primera que tenía clara era la inspectora, y después me encantó la idea de enfrentar a dos mujeres tan poderosas como ella y Marta Aguilera, a la que yo no considero demente, sino alguien que ya no tiene nada que perder y toma una decisión, acertada o no. Eso han de juzgarlo los lectores. En cuanto a la terrorista, es una de los malos, pero hay otros, y son hombres.

Un asesino de niñas, un proxeneta, un narco, una terrorista …De todas las facetas del mal, ¿cuál es la que más le repugna?

Todos los que quitan deliberadamente la vida de un inocente me parecen repugnantes, pero para mí ser un asesino y violador de menores es lo peor que se puede ser en la vida.

Uno de sus personajes, guionista de profesión, afirma que no se dedica a contar historias sino a resolver problemas. ¿Es realmente así?

En parte, sí. Escribir un guión algunas veces es muy parecido a armar un gran puzle. Hay que cuadrar decorados, disponibilidad de actores, presupuestos, etcétera. En definitiva, problemas ajenos a la creatividad que hay que solucionar para que el capítulo llegue perfecto a los espectadores.

Cubierta de 'Talión', de Santiago Díaz.

Cubierta de ‘Talión’, de Santiago Díaz.

¿Cómo ha influido su larga trayectoria de guionista a la hora de afrontar su primera novela?

Después de más de veinte años escribiendo guiones he intentado aprender a identificar qué cosas funcionan y cuáles no para atraer al espectador y he procurado trasladarlo a la novela. Por lo demás, escribir una novela me ha dado una libertad que nunca había tenido como guionista.

¿Son tan cruentas las luchas de poder entre las narco familias de gitanos como usted las describe?

La mayoría de los gitanos son gente honrada y trabajadora, pero también es cierto que los grandes clanes de la droga de la Cañada Real han estado tradicionalmente dirigidos por familias de etnia gitana. Y las guerras entre traficantes de droga son especialmente cruentas, sí.

Aunque a veces la acción raya lo inverosímil, el ritmo se mantiene y engancha. ¿Se debe a los trucos que domina del lenguaje audiovisual?

Yo realmente escribo en imágenes, y eso hace que a los lectores les resulte una novela muy rápida y entretenida, que es lo que pretendía hacer desde el principio. Además, mi máxima a la hora de sentarme a escribir fue procurar no aburrir, que la historia avance en cada página. Al igual que en la tele no se puede desperdiciar ni un minuto sin ahondar en la historia que estamos contando, yo he querido no dejar una sola página sin contenido. Siempre pasan cosas, lo que hace que Talión tenga muchísimo ritmo. Y yo no creo que a veces la acción sea inverosímil, lo que ocurre es que es muy cierto aquello de que ‘la realidad en ocasiones supera a la ficción’.

Talión

Imagen de promoción de ‘Talión’, de Santiago Díaz, por cortesía del autor.

Bel Carrasco

La anorexia desde dentro

Seré frágil, de Beatriz Esteban
Editorial Planeta

La anorexia, bulimia y otros TCA (Trastornos de Conducta Alimentaria) han generado numerosa biografía, testimonios e incluso relatos. Pero Beatriz Esteban, una valenciana de 20 años estudiante de Psicología, es, posiblemente, la primera que desde su propia experiencia se atreve a armar una novela que, a través de la ficción explora los entresijos esta grave enfermedad. Sara, Clara, David, Sofía y otros adolescentes son los protagonistas de ‘Seré frágil’ (Planeta). Un grupo de chicos y chicas normales y corrientes hasta que se infiltra entre  ellos un horror invisible. Amor, amistad y misterio se combinan en una primera obra valiente que revela a una gran autora en ciernes.

Porque Esteban es una escritora nata. Escribe desde la más tierna infancia y antes de aprender a leer ya les contaba cuentos a sus padres y jugaba a inventarlos con sus abuelos. “La literatura siempre ha sido muy querida en mi casa”, dice. “Un libro era siempre el mejor regalo, hasta que mis estanterías no dieron para más. Ese amor a los libros ha ido creciendo con el tiempo”. Su autora preferida nacional es Victoria Álvarez y le gusta mucho el estilo de Diana Gabaldon, Maggie Stiefvater y John Boyne.

Beatriz Esteban. Imagen cortesía de la autora.

Beatriz Esteban. Imagen cortesía de la autora.

“Seré frágil nació con la única intención de volcar y encerrar en el papel todo lo que quería dejar atrás y, al mismo tiempo, todo lo que quería hacer entender a los demás”, dice Esteban. “La novela nació de la impotencia que sentí al constatar que nunca supe realmente lo que era un trastorno alimenticio hasta que lo viví. Que todo lo que había aprendido en el colegio, lo que había escuchado en los medios estaba sesgado, mostraba una pequeñísima parte de la enfermedad. Fue por ello por lo que me costó tanto considerarme ‘lo suficientemente enferma’ como para pedir ayuda, como para pensar que realmente lo estaba. No podía soportar la idea de que hubiera más gente que se hubiera sentido así, y la única manera que tenía de cambiar esa visión era escribir la mía. Quiero que la novela ayude a comprender mejor a quienes sufren. A que dejen de sentirse solos”.

A Esteban no le gusta mucho hablar directamente de su caso, uno entre un millón, medio millón son los que existen en España. Lo importante es que logró superarlo gracias a la  ayuda profesional, “el apoyo de mi familia, pareja y amigos, y mi propia fuerza”, explica. “Tenía una llama dentro que me decía que no podía seguir viviendo así. Que una vida con un trastorno de la conducta alimentario no es vida”.

En cuanto a las causas, considera que son múltiples. “Son muchos factores que acaban desencadenando la enfermedad: Auto exigencia, baja autoestima, un cúmulo de factores sociales… No puedes preguntarle a un enfermo de diabetes o de cáncer por qué sufrió su enfermedad; tampoco a un enfermo de un trastorno alimenticio”.

Beatriz Esteban firmando ejemplares de su libro. Imagen cortesía de la autora.

Beatriz Esteban firmando ejemplares de su libro. Imagen cortesía de la autora.

Considera que “podría hacerse mucho más y mucho mejor” para combatir los TCA, una plaga de nuestro tiempo. “Los medios no ayudan a  transmitir una imagen realista de los trastornos de la conducta alimentaria. Se fijan sólo en la tragedia, pero no la tratan como lo que es: una enfermedad compleja con todo lo que ello supone”.

Romper los tabúes en torno a la salud mental es el primer paso indispensable. “Es increíble que un médico esté a tu disposición  cuando sufres un esguince, pero que haya que esperar meses para que un psicólogo te vea cuando tienes pensamientos suicidas. No se le da importancia. La gente todavía piensa que ir al psicólogo es cosa de locos. Hay que empezar a hablar más de la salud mental desde jóvenes. Hay que empezar a desmentir mitos y hay que sembrar la idea de que pedir ayuda no te hace débil, te hace humano”, concluye Beatriz Esteban.

Portada del libro de Beatriz Esteban.

Portada del libro de Beatriz Esteban.

Bel Carrasco

“Somos víctimas de los ideales que nos poseen”

La hija del capitán Groc, de Víctor Amela
Editorial Planeta

En medio de la bruma que invade el espacio entre la historia y la leyenda, se perfilan  figuras muy potentes  de claros perfiles. Una de ellas es la de Tomás Penarrocha el Groc, un campesino de Forcall (Castellón) seguidor de Cabrera, que se alzó en armas contras las tropas isabelinas superiores en número. El periodista barcelonés Víctor Amela, uno de los creadores de La Contra de La Vanguardia, oyó contar las proezas de este héroe popular cuando era  niño y veraneaba en Forcall, el pueblo de sus antepasados. Al cabo de los años plasmó las peripecias del Groc en un relato, La hija del capitán Groc, publicado este año en catalán y castellano por Planeta que ha cosechado gran éxito.

Fue el libro de ficción más vendido el Día de Sant Jordi y ha recibido el Premio Ramón Llull.  “La época del Groc, entre la primera y la segunda guerra carlistas, es nuestro Far West ibérico”, dice Amela. “El Maestrazgo es nuestro western, con sus personajes intensos armados de trabucos, puñales, pistolas y caballerías. Gentes recias que vivía en escondrijos, barrancos y cuevas, y protagonizaba asaltos, persecuciones, secuestros y rescates. Bandos enfrentados,  busca y captura, recompensas, pugna desigual entre los proscritos y el ejército”.

Cubierta de La hija del capitán Groc, de Víctor Amela. Editorial Planeta.

Cubierta de La hija del capitán Groc, de Víctor Amela. Editorial Planeta.

Usted conocía la historia del Groc desde niño. ¿Qué le impulsó a contarla en determinado momento?

Después de publicar El cátaro imperfecto y Amor contra Roma, sentí el impulso de novelar una historia pequeñita y desconocida para el gran público sobre un héroe local, el Groc de Forcall. Una historia transmitida oralmente de generación en generación en las familias de la  comarca dels Ports de Morella desde 1844, porque advertí que este personaje reunía en su persona y en su drama íntimo, con el trasfondo de la cruenta primera guerra carlista, la sustancia misma de todos los héroes literarios universales. ¿Por qué no intentarlo, por qué no convertirlo en héroe literario? Es una historia que oí de niño  acompañada de todas las impresiones sensoriales de su entorno, en el Forcall de 1968, que no debía de ser muy distinto al del siglo XIX.

¿Le sorprendió mucho el éxito obtenido? ¿A qué lo atribuye?

Sí me sorprendió. La novela lleva 18 semanas siendo la más vendida en Cataluña. Me regocija, y lo atribuyo a que recoge una historia entrañable y cruda, tierna y universal bordada sobre un tejido histórico reconocible, pero del que nos han explicado pocos detalles, y en un territorio reconocible. El lector se ha emocionado al poder acceder a la intimidad de personajes que hasta ahora eran sólo un nombre y una línea en los libros de historia.

Víctor Amela frente a una casona del Maestrazgo. Imagen cortesía del autor.

Víctor Amela frente a una casona del Maestrazgo. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo afrontó el reto de escribir la novela en catalán antiguo con modismos castellonenses?

Es mi primera novela escrita directamente en catalán. Luego la he vertido al castellano, pues nadie podría hacerlo mejor que yo, que llevo 30 años publicando en castellano como periodista. No podía imaginar a los personajes hablando más que en su forcallano natal, un bellísimo y antiquísimo catalán occidental. Ha sido un desafío personal muy gratificante. La versión final la sometí a la aprobación de mis parientes forcallanos.

¿Cómo ha combinado la historia real con la leyenda popular y su propia inventiva o recuerdos de familia?

La historia transmitida por la tradición oral ha sido la base, y la he preservado con fidelidad, aunque amplificándola con la imaginación y enriqueciéndola con mis descripciones de vivencias sensoriales y detalles de rincones que llevo impresos en el alma desde la niñez, en un lugar tan mágico en el que fui tan feliz.

Vista del Maestrazgo, donde transcurre la novela de Víctor Amela.

Vista del Maestrazgo, donde transcurre la novela de Víctor Amela.

¿Qué tiene de mágico el Maestrazgo y cómo forja el carácter de sus habitantes?

Els Ports y el Maestrazgo es una tierra alta y agreste, bravía, cruzada de barrancos, cuajada de cuevas y ermitas, erizada de muelas, ermitas y castillos, y eso determina el carácter indómito de sus gentes, desde los íberos y los almogávares hasta los carlistas. Rindo tributo a esa tierra en sus personajes, de los que desciendo. Y siento una gratitud genética por esa tierra mágica.

Usted lo contempla al Groc y los suyos con lógica simpatía. ¿No hay cierto maniqueísmo en el tratamiento de ambos bandos?

No, hay una mirada compasiva tanto por los carlistas como por los liberales, pues todos se vieron arrastrados por sus respectivas ideas a un drama cruento. El protagonismo de los carlistas me obliga a presentarlos bajo una luz íntima que permita al lector empatizar con ellos, para que comprenda hasta qué punto todos somos víctimas trágicas de los ideales que nos poseen. No tenemos ideas: las ideas nos tienen a nosotros.

¿Cree que de alguna forma todavía persiste en España la pugna entre carlistas e isabelinos, los tradicionalistas frente a los partidarios del progreso?

España es una guerra civil perenne, latente o desatada. La lección de las guerras carlistas (de la que la guerra del 36 fue otro estertor) es que nos convendría aprender a relacionarnos con menos fanatismo y menos bipolaridad. Los podemitas de hoy tienen algo de los carlistas de antaño, los primeros indignados, desairats les llamaron, contra el proto-capitalismo, como hoy lo son contra el neo-capitalismo. Sin embargo, hoy les llaman progresistas. Me encantan estas paradojas de la historia de las ideas.

Víctor Amela. Fotografía: Arduino Vannucchi.

Víctor Amela. Fotografía: Arduino Vannucchi.

Bel Carrasco

Ciencia ficción adolescente

‘Sin alas’, de Muriel Rogers
De la trilogía ‘La Esfera’. Muriel Villanueva y Roger Coch
Editorial Planeta

Hay dos formas de enfrentarse a la escritura. Escribir para expresar libremente tus ideas y sentimientos, o bien hacerlo para que te lea el mayor número posible de gente, despertar el interés comercial de las editoriales y vender más libros. Lo primero es relativamente sencillo, lo segundo bastante difícil, aunque no imposible. Muriel Villanueva y Roger Coch, ambos escritores y pareja en la vida real desde hace siete años, lo han conseguido con su proyecto a cuatro manos, La Esfera, una trilogía de ciencia ficción para jóvenes firmada por Muriel Rogers, fusión de  los nombres de una valenciana de Benimaclet y un catalán de L’Hospitalet residentes en Tarragona y con una hija pequeña. Combinando elementos de ‘Los juegos del hambre’, ‘Matrix’ o la película ‘Los sustitutos’ han elaborado una historia que, pese a desarrollarse en un lejano futuro, conecta a la perfección con nuestro tiempo de adicción a internet y las redes sociales.

“Roger y yo llevábamos muchos años escribiendo por nuestra cuenta en solitario, él está a punto de publicar su primera novela”, dice Villanueva, valenciana de Benimaclet. “Ambos seguíamos una línea poco convencional y pensamos en la posibilidad de hacer algo más comercial, que llegara a más gente y poder vivir así de la literatura”.

Cubierta de 'Sin alas', de Muriel Rogers. Editorial Planeta.

Cubierta de ‘Sin alas’, de Muriel Rogers. Editorial Planeta.

Dicho y hecho. Hace dos años mandaron una propuesta a la editorial Planeta, la sinopsis de la trilogía, plan de la obra y un capítulo de muestra. El éxito fue inmediato y La Esfera se publica en tres volúmenes a lo largo de este año. Acaba de salir ‘Sin alas’, a finales de mayo aparecerá ‘Las alas de Ícaro’ y en noviembre ‘El vuelo del Fénix’.

‘Matrix’ para chicos

La protagonista es Kala, una chica de 15 años, menuda, pelirroja, rebelde y atrevida. Vive en El Nido una ciudad aséptica en la que los humanos llegan a vivir cien años bajo el control de un poder omnímodo e invisible. Los ciudadanos están enganchados a un entorno virtual, el Otro Lado, que les permite disfrutar plenamente de todo lo que ansían. Kala rechaza esa dependencia y parte en busca de su amigo Beo que lleva un tiempo desaparecido.

“Tenemos en la cabeza varias precuelas y secuelas”, comenta Villanueva. “Nos encanta trabajar en esta historia. Como vivimos juntos y estamos muy compenetrados nos repartimos la faena sin problemas. Roger se ocupa del aspecto de los vídeojuegos, la ciencia ficción y las escenas de acción y aventura. Por mi parte me centro en la técnica narrativa y en la construcción de personajes”.

Muriel Villanueva y Roger Coch. Imagen cortesía de los autores.

Muriel Villanueva y Roger Coch. Imagen cortesía de los autores.

Se ha comparado ‘La Esfera’ con ‘Los juegos del hambre’ por el papel decidido y beligerante de la joven protagonista. Pero, según los autores, se aproxima más al universo de ‘Matrix’ con un mundo virtual paralelo, metáfora de la actual obsesión que experimentan los jóvenes por las redes sociales e internet.

“El principal mensaje que pretendemos transmitir es que hay que tener los pies en el suelo”, señala. “La vida está aquí, es lo palpable, no lo que circula en los vídeos y redes”.

La obra fomenta también la necesidad de luchar contra un poder tiránico y los valores del sacrificio, del esfuerzo y la amistad. Se plantea también la búsqueda de la identidad de la protagonista, su primer amor y el tema de los dobles.

Fiel al espíritu de la obra, la editorial ofrece una aplicación móvil gratuita para sumergirse de lleno en la aventura de Kara y sus amigos. Más información en www.comunidadlaesfera.es.

La Esfera.

Muriel Villanueva y Roger Coch. Imagen cortesía de los autores.

Bel Carrasco

“Trajano pedía a los corruptos el dinero robado”

La legión perdida, de Santiago Posteguillo
Editorial Planeta

La aparición de ‘La legión perdida’ (Editorial Planeta), último volumen de la trilogía de Santiago Posteguillo dedicada a recrear la vida del emperador Trajano (53-117)  pone fin a una titánica tarea literaria e histórica. Un total de 13 años de su vida ha invertido el escritor valenciano en rememorar  el esplendor del mundo romano con sus luces y sombras. Seis para elaborar la trilogía sobre Escipión El Africano y siete para la de Trajano. La heptalogía de Colleen McCullough sobre Julio César o la trilogía sobre el siglo XX de Follet son las únicas obras de esa magnitud  publicadas en el mundo.  La obra sobre Escipión incluye más de 150 personajes en 2.800 páginas con el mundo romano y cartaginés como telón de fondo. La de Trajano, 3600 páginas, más de 200 personajes y Roma, la Dacia, Partia, el imperio kushan y China como escenarios.

Detalle de la portada del libro 'La legión perdida', de Santiago Posteguillo. Editorial Planeta.

Portada del libro ‘La legión perdida’, de Santiago Posteguillo. Editorial Planeta.

¿Cuál es su estado anímico y mental tras haber concluido este inmenso mosaico del pasado?

Por un lado, uno siente una gran satisfacción por haber concluido una enorme narración en la que he recuperado un gran personaje histórico como Trajano para la memoria histórica de mucha gente y, por otro, un gran vacío. Pero ese vacío ya lo estoy llenando trabajando desde ya mismo sobre mi siguiente novela.

¿Habrá una tercera trilogía o piensa seguir por otros derroteros?

Tengo ideas para varias trilogías más, pero probablemente me decida ahora por una novela en la que cuente una historia de otro gran personaje injustamente olvidado en un solo volumen. También trabajo en un tercer libro de relatos sobre escritores y escritoras olvidados pero que merecen ser mucho más conocidos y, sobre todo, leídos.

¿Qué aspectos fueron más complicados a la hora de documentarse?

En ‘La legión perdida’ no sólo hablo de Roma, sino también de Partia, el imperio kushan del norte de la India y hasta de la China de la dinastía Han. He tenido que dedicar un tiempo extra para documentarme bien sobre cómo eran estas culturas al principio del siglo II d.C., cómo era su relación con Roma y cómo interaccionaban unas con otras a través de la ruta de la seda.

¿Qué táctica sigue para diseñar las batallas con tal verismo?

Consulto primero bien todas las fuentes antiguas y modernas sobre la batalla que voy a recrear. Luego me hago mapas sobre las distintas fases de la misma. Estos mapas con frecuencia se incluyen en los apéndices de la novela. Luego parcelo el relato de la batalla en diferentes escenas que se van entrecruzando prestando mucha atención a que siempre queden reflejados los puntos de vista de los dos contendientes en liza.

Escipión El Africano y Trajano. ¿Algún paralelismo entre ambos personajes?

Tanto Trajano como Escipión son gigantescos personajes históricos que han influido notablemente en que hoy seamos lo que somos y que pensemos de la forma en la que lo hacemos. Los dos comparten también características de nobleza y liderazgo bastante ausentes hoy día en nuestro mundo y está bien recordar que había líderes de esta talla y con gran calado ético. También tenían sus sombras: Escipión terminó siendo algo soberbio y vanidoso y Trajano bebía en exceso, según todas las fuentes.

Detalle de uno de los mapas incluidos en 'La legión perdida', de Santiago Posteguillo.

Detalle de uno de los mapas incluidos en ‘La legión perdida’, de Santiago Posteguillo.

¿Cómo cree que resolvería Trajano el ‘impasse’ político que sufre España?

Primero tomaría las riendas de los problemas pues entendía que un líder ha de tomar decisiones, nunca esperar sentado a que los problemas se resuelvan solos o se pudran. En segundo lugar, negociaría y pactaría. Pese a ser el emperador con poder absoluto, pactaba con el senado las decisiones más importantes y también era capaz de pactar con el enemigo, como hizo con los reyes de Arabia Nabatea o de Osroene, por mencionar algunos ejemplos. Y en todo momento tenía presente a los más desfavorecidos y era muy consciente que tenía que ser el primero en dar ejemplo cuando había que pedir sacrificios ya fuera al pueblo o al ejército.

¿Aparte del botín, qué atraía a los romanos a la conquista de Oriente?

Trajano decide cruzar el Éufrates porque los partos eran unos vecinos incómodos, belicosos y que no cumplían sus pactos con Roma. Además, controlar Partia era eliminar un intermediario que incrementaba los costes del creciente comercio entre Roma y la India y China. Trajano tomó una decisión estratégica y económica cuando inicia la conquista de Partia. Si Adriano no se hubiera retirado de Oriente, seguramente esa parte del mundo se habría mantenido mucha más próxima en su evolución a Europa y es muy posible que no tuviéramos la tensa relación que existe hoy día entre Siria, Irak y países anexos con occidente. Pero Adriano pensaba que era mejor encerrarse en su imperio y preocuparse sólo de vigilar las fronteras, creía que lo que pasara lejos no afectaría a Roma. En los siglos posteriores, Partia fue el origen de muchos problemas para el imperio romano de forma recurrente. Los líderes europeos también pensaban que Siria e Irak estaban muy lejos. Ahora sus problemas son nuestros problemas. Los políticos, manipulados por la presión de los poderes fácticos, olvidan la historia, pero la historia, tozudamente, vuelve sobre los mismos caminos que recorrió en el pasado.

Tras bucear durante años en el pasado, ¿qué enseñanza útil ha obtenido para los hombres de nuestro tiempo?

Hay que conocer nuestro pasado para entender nuestro presente y evitar repetir errores en el futuro. Y había líderes que gobernaban de verdad pensando en el bien común, que eran austeros empezando por ellos mismos, que gestionaban el dinero público invirtiéndolo en obras públicas como bibliotecas, saneamiento, edificios para impartir justicia, acueductos, etcétera. Y, además, a los corruptos los obligaban a devolver todo el dinero sustraído. Así era Trajano.

El escritor Santiago Posteguillo. Fotografía: Carlos Ruiz.

El escritor Santiago Posteguillo. Fotografía: Carlos Ruiz.

Bel Carrasco