Celeste o la mirada romántica hacia lo digital

Celeste, de Solimán López
Amstel Art de Veles e Vents
Marina Real Juan Carlos I, Muelle de la Aduana s/n. Valencia
Inauguración: viernes 31 de marzo, a las 20.30h
Hasta finales de abril de 2017

Amstel Art, el programador cultural de Veles e Vents abierto en Valencia, presenta ‘Celeste’ la nueva obra de Solimán López, uno de los media artists más relevantes de la escena emergente internacional actual. Una propuesta que nos ofrece una mirada romántica aplicada a ese espacio a veces tachado de frío e inhumanizado que es lo digital y las nuevas tecnologías.

La exhibición se basa en la creación de registros en tiempo real de la bóveda celestial, gracias a una “escultura” que está permanentemente mirando al cielo durante el periodo de exposición. Esta baliza envía imágenes que son procesadas, creando paisajes digitales basados en los valores RGB y que dan como resultado la captura del cielo, su luz y su color en períodos de tiempo determinados y con información añadida relacionada con elementos del clima e incluso el Hashtag trending topic del momento.

Tarjeta de presentación de Celeste en Veles e Vents.

Tarjeta de presentación de Celeste en Veles e Vents. Imagen cortesía de ESAT.

Valencia será la primera parada de esta instalación que en los próximos meses viajará a Londres y a París. La pieza puede ser visitada en tiempo real a partir del próximo 31 de Marzo en http://celeste.solimanlopez.com donde el visitante podrá descargar momentos únicos del cielo.

La presentación en sociedad de esta original e innovadora exhibición tendrá lugar el viernes 31 de marzo a las 20.30 horas y podrá visitarse durante todo el mes de abril.

Fisher Price, de Solimán López.

Fisher Price, obra de Solimán López. Imagen cortesía de ESAT.

La imagen digital en tela de juicio

File Genesis, de Solimán López
Sala Dormitori del Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 19 de enero de 2017

Génesis u origen de archivos digitales. Así ha titulado Solimán López el conjunto de piezas multimedia que muestra en la Sala Dormitori del Centre del Carme. Es decir, File Genesis. Nada que ver con el génesis bíblico, pues allí donde primero fue el verbo, ahora el origen laico lo constituye la imagen. Origen sobre el que el propio artista ya nos advierte que hay que mantenerse alerta, por cuanto “en una sociedad tecnológico-dependiente, en la que se dan por sentadas las verdades emitidas por lo digital en la pantalla”, la verdad intrínseca a esa imagen pasa por su carácter representacional “y la mentira implícita en lo digital”.

Una de las piezas de la exposición 'File Genesis', de Solimán López, en el Centre del Carme.

Una de las piezas de la exposición ‘File Genesis’, de Solimán López, en el Centre del Carme.

File Genesis viene a ser la puesta en escena del trampantojo al que finalmente nos abocan las imágenes desprovistas de relato. Solimán López, desmontando precisamente la supuesta verdad de esas imágenes acríticas, escora su discurso del lado de la sospecha diletante. De manera que la obra expuesta, centrada principalmente en las piezas File Genesis. Fisher Price y Red Cloth, interpela al espectador “estableciendo un vínculo confuso entre lo real y lo virtual”. Confusión que dificulta cualquier aproximación a la verdad, por cuanto esta aparece estrangulada entre la pura fisicidad y su traslación engañosa al código digital.

Por eso resulta pertinente la alusión que Solimán López hace al Mahabharata: “Un único proyectil cargado con todo el poder del Universo…Una columna incandescente de humo y llamas tan brillante como 10.000 soles se elevó en todo su esplendor…era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de muerte que redujo a cenizas a una raza entera”. Esa especie de apocalipsis, destilando una imagen tan siniestra como cautivadora, diríase que atraviesa el conjunto expositivo.

Vista de la exposición 'File Genesis', de Solimán López, en el Centre del Carme.

Vista de la exposición ‘File Genesis’, de Solimán López, en el Centre del Carme.

Primero, capturando al espectador en la misma red donde aparecen atrapadas diversas pantallas con peces digitales (Fisher Price). Después, con el sonido machacón que va permitiendo la génesis de los archivos digitales a los que alude el título File Genesis, almacenados en seis esculturas de mármol “que funcionan como templos de la imagen digital”. Y, por último, desembocando en la pantalla donde una imponente arma parece abrirse paso entre burbujas. En medio, la pieza Red Cloth traza el horizonte de la visión conjunta: “Nos presenta la duda sobre la verdad de la representación digital a través de un video y un fragmento de tela roja”, señala el artista.

Esa mezcla de ficción cautivadora y fondo siniestro, de peces de colores atrapados en la red y armas que amenazan con destruir un mundo de burbujas, caracteriza el proyecto File Genesis. Proyecto que el propio Solimán López define así: “La construcción de la mirada a través de lo digital se convierte en arma de doble filo”. Por una parte, “la aceptación categórica de lo que vemos en la pantalla”. Y, por otro, la imposibilidad de “contemplar la posibilidad de una mentira absoluta derivada de la representación tecnológica”.

Vista de la exposición 'File Genesis', de Solimán López, en el Centre del Carme.

Vista de la exposición ‘File Genesis’, de Solimán López, en el Centre del Carme.

Representación, continúa subrayando el artista, “encargada en todo momento de representarnos una verdad inducida…suscitando una subjetividad extenuada que nos miente y convierte en individuos atrapados en la red digital”. File Genesis es la representación de esa vacuidad a la que convoca el trampantojo de la imagen. Engaño del ojo que fascina por su virtualidad al tiempo que angustia por la ausencia de sentido. File Genesis, que permanecerá en el Centre del Carme hasta el 19 de enero, ha sido producida por ESAT (Escuela Superior de Arte y Tecnología) y Etopía (Centro de Arte y Tecnología), en colaboración con Gandía Blasco y ASUS y la asistencia técnica de Toni Vaca y José Luís Hidalgo.

Ver noticia en ARTS de El Mundo Comunidad Valenciana

Solimán López en su exposición 'File Genesis'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Solimán López en su exposición ‘File Genesis’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Cris Blanco, entre lo analógico y lo digital

Bad Translation, de Cris Blanco
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 17. Valencia
Sábado 5 de noviembre de 2016

La última performance de Cris Blanco, ‘Bad Translation’, es una lucha encendida entre lo analógico y lo digital, y donde la primera de las opciones resulta claramente ganadora. Blanco, artista multidisciplinar, invita al público a adentrarse en un juego lleno de humor donde intenta traducir la nueva tecnología a la vieja, creando un efecto divertido y atrapante desde el primer minuto, y en la que, además, se nos habla de cómo la tecnología organiza nuestro día a día.

Bad Translation, de Cris Blanco. Imagen cortesía de Las Naves.

Bad Translation, de Cris Blanco. Imagen cortesía de Las Naves.

Para cumplir este objetivo, Blanco nos presenta como escenario un gran ordenador, creado con materiales artesanales, elaborados por la propia compañía. Es hacer el camino a la inversa, «traer lo digital a lo analógico», describe la propia Blanco. Esa analogización está llena de reflexión sobre el influjo que tiene la tecnología en la sociedad actual, pero también de comedia, de un interés por encima de todo de divertir al público, de hacerlo cómplice y partícipe del juego.

“Me gusta ese mix de disciplinas, mezclar lo supermoderno con lo tradicional, jugar con las convenciones teatrales (…) que todo sea permeable”. El público, por supuesto, se presta encantado a ese juego que se da entre adultos que aceptan creérselo y que están dispuestos a reírse mucho.

Bad Translation, de Cris Blanco. Imagen cortesía de Las Naves.

Bad Translation, de Cris Blanco. Imagen cortesía de Las Naves.

No es la primera vez que Blanco experimenta con esta voladura de las reglas convencionales. En ‘El agitador vórtex’ (2014) creaba cine en directo, y el patio de butacas asistía al rodaje de una película hecha también de manera artesanal.

Cris Blanco desarrolla proyectos escénicos desde 2003 y trabaja en performances, música, teatro y cine, mezclando los géneros y las disciplinas. ‘Bad Translation’ ha sido creada y desarrollada por ella y Óscar Bueno Rodríguez, Javier Cruz, Amaranta Velarde y Cris Celada, los cuales también actúan en la obra. Ha sido coproducida por Mercado de las Flores/ El Granero, La Casa Encendida, Las Naves, Fuga.es y CAET – Centro de artes escénicas de Terrassa.

Bad Translation, de Cris Blanco. Imagen cortesía de Las Naves.

Bad Translation, de Cris Blanco. Imagen cortesía de Las Naves.

Arte enchufado

Electronic Timing. Colección Beep de Arte Electrónico. Caso de Estudio
Sala Josep Renau
Facultat de Belles Arts
Universitat Politècnica de València
Del 27 de octubre de 2016 al 3 de marzo de 2017

El pasado mes de septiembre, durante la rueda de prensa anterior al acto de investidura como Doctor Honoris Causa UPV 2016, el investigador norteamericano Roger Malina recordó el trabajo de su padre como el de un pionero en la década de 1950 citando alguna de las críticas que recibió entonces. Una de ellas decía: “Si hay que enchufarlo, no puede ser arte”. El trabajo de Frank J. Malina entonces, como el de Roger Malina ahora, están detrás de esta exposición donde casi la totalidad de las obras que se muestran necesitan ser enchufadas.

Fruto del convenio de colaboración firmado este año por la UPV y la Colección BEEP de Arte Electrónico, gracias al interés del Máster Oficial en Artes Visuales y Multimedia y a la colaboración de LaAgencia, la exposición ‘Electronic Timing. Colección Beep de Arte Electrónico. Caso de Estudio’ se plantea como un ejercicio expositivo que pretende mostrar la mejor colección de arte electrónico contemporáneo de nuestro país (colección que surgió en el contexto de la feria de arte contemporáneo ARCO en 2006) en el ámbito de la Universidad para su estudio e investigación, coincidiendo con su décimo aniversario. Este programa se encuadra dentro de los esfuerzos de responsabilidad social corporativa del grupo Ticnova en apoyo de la Universidad Pública, dando a los alumnos la oportunidad de trabajar con casos reales, poniendo a su servicio la Colección Beep de Arte Electrónico.

Obra de Jose Manuel Berenguer de la Colección Beep.

Obra de Jose Manuel Berenguer de la Colección Beep.

Se trata de un proyecto expositivo que reúne obras realizadas con nuevos medios y que abarcan desde el llamado net art, la robótica, la electrónica, el bioarte y lo digital hasta el arte interactivo, cubriendo todas las facetas que permite la tecnología contemporánea y siendo un fiel reflejo de los nuevos modos de reflexionar sobre nuestra realidad en plena era tecnológica.

Uno de los aspectos más importantes de la muestra es el enfoque como “caso de estudio”, lo que permitirá que los estudiantes y el profesorado de la Universidad trabajen directamente en el montaje, la documentación y la preservación de las obras, conociendo de primera mano la complejidad tecnológica que configura las obras contada por sus protagonistas, los artistas y técnicos que impartirán a los estudiantes sesiones de trabajo para explicar tanto sus propias metodologías de trabajo como los protocolos necesarios para la preservación de estas obras. La propuesta, aunando práctica artística y tecnología, promueve una alianza innovadora en la intersección Arte, Ciencia y Tecnología, buscando el encuentro y la convergencia entre métodos científicos y artísticos.

Así, esta exposición plantea un novedoso enfoque pedagógico al ofrecer a los estudiantes las obras como “casos de estudio”. Enfrentarse al estudio de obras de arte de base tecnológica implica una dificultad añadida: la necesidad de comprender las transformaciones tecnológicas y entender la conceptualización de las propuestas. Al llevar a cabo el montaje junto a los artistas y técnicos, los estudiantes de la UPV conocerán de primera mano los procesos creativos de los artistas.

Obra de Daniel Canogar de la Colección Beep.

Obra de Daniel Canogar de la Colección Beep.

Toda la documentación generada durante la exposición por los estudiantes en torno a la colección (instrucciones de montaje, fichas de mantenimiento, protocolos de preservación ante la obsolescencia de los componentes, recopilación de lenguajes de programación y mantenimiento informático, etc.) constituirá a su vez una información relevante tanto para los investigadores, los gestores culturales como para los mismos conservadores de la colección BEEP, ofreciendo un conocimiento en profundidad de las obras y una sistematización de sus requisitos de exposición.

Para que esto sea posible, el espacio de la Sala Josep Renau se ha ajustado a un diseño expositivo a modo de stands de feria, ya que la muestra se plantea como un work in progress, como un ensayo que se desarrolla en el tiempo y donde las piezas irán cambiando, actualizándose, cada tres semanas, de manera que al final todas las que integran la colección serán revisadas, exhibidas y documentadas.

Obra de Analivia Cordeiro de la Colección Beep.

Obra de Analivia Cordeiro de la Colección Beep.

La Colección BEEP de Arte Electrónico: 12 años dedicados al Arte tecnológico

La Colección BEEP de Arte Electrónico es el fruto del objetivo del grupo TICNOVA de potenciar la creación artística vinculada a la tecnología, favorecer la comunicación entre los desarrolladores/creadores de tecnología y los creadores artistas. Una colaboración natural que beneficia y enriquece a ambos mundos.

Vinculada desde sus inicios a la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid ARCO a través del Premio ARCO-BEEP de Arte Electrónico, ha generado en 10 años una de las colecciones de Arte Electrónico más importantes de Europa. 16 obras resumen de forma ecléctica las tendencias de los medios tecnológicos en el campo de las prácticas artísticas.

En una metáfora sobre el funcionamiento de la sociedad y el uso de la internet se sitúa la obra de Davide Grassi, Christophe Bruno, el colectivo Ubermorgen, Julius Von Bismarck & Benjamin Maus, Manuel Fernández o Daniel Canogar. Trabajando con programas informáticos destaca el caso de las instalaciones de Charles Sandison, jugando bajo la metáfora recurrente del espejo encontramos las obras de Christa Sommerer Laurent Mignonneau y de Rafael Lozano-Hemmer y en la conjunción de arte sonoro y nuevos medios las piezas de José Antonio Orts. Por su parte, Eduardo Kac reflexiona a través del conocido como bioarte en torno al sujeto en el mundo postdigital mientras que Andrés Pachón y Manu Arregui nos exponen una nueva realidad social valiéndose de la tecnología 3D.

En el campo de la robótica, nos encontramos con las esculturas interactivas de Anaisa Franco que conectan lo físico y lo digital, y de Marcel·lí Antunez en la que un tronco de madera esconde un sistema robótico empático; con nuevas formas de comunicación entre elementos mecánicos en las instalaciones de Ricardo Iglesias y Gerard Kloger; con una búsqueda de un sistema auto-organizativo en mímesis con la naturaleza en las piezas de José Manuel Berenguer; y, en la obra de Marcela Armas, como canal para investigar los conceptos de energía y sostenibilidad.

Cartel de la exposición Electronic Timing. Imagen cortesía de la UPV.

Cartel de la exposición Electronic Timing. Imagen cortesía de la UPV.

Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

Michelangelo con rúbrica de Zanolari en Kir Royal

‘SZ Chapel’, de Saul Zanolari
Kir Royal Gallery
Reina Doña Germana 24, Valencia
Inauguración: viernes 13 de mayo de 2016, a las 22h
Hasta el 26 de junio de 2016

Con motivo de la primera exposición individual de Saul Zanolari en España, Kir Royal Gallery presenta algunas de las obras que retratan a personajes ilustres y modelos famosos, al igual que una selección del proyecto que lo ha mantenido ocupado desde 2012 hasta el 2015: el remake de la Capilla Sixtina de Michelangelo.

Zanolari, a través de la técnica del fresco digital, recrea en escala original, pero con su estilo único, las escenas y los personajes de la obra maestra de Michelangelo. Por lo tanto, podemos observar algunas de las Historias centrales como la Creación de Adán, en la que aparece la famosa unión de los dedos entre Adán y Dios, símbolo de la transmisión del aliento de la vida; la Creación de Eva, donde, sin embargo, las figuras de Adán y Eva se invierten en comparación con el original; el Pecado Original, con un Adán negro que solamente lleva un tanga de oro; o el Diluvio Universal, sustituido por una moderna sirena.

SAUL ZALONARI. MAKMA

La estructura de las composiciones se mantiene igual, así como otras características de la obra de Michelangelo: los cuerpos musculosos de las figuras femeninas debido al hecho de que todos los modelos fueron hombres, o la decisión de presentar los cuerpos desnudos como en la versión original, aún no censurada. Obviamente, sin embargo, el artista crea su propia versión no tanto blasfema, sino más bien irónica y maliciosa. Saul nos hace sonreír y buscar paralelismos o variaciones.

Así, los Ignudi, situados por Michelangelo en torno a las principales escenas como si las sujetasen y contemplasen, son representados por Zanolari vendados con máscaras negras como en un juego erótico. Sibilas y Profetas son los otros personajes de la composición dotados de una fuerte carga voluptuosa y sensual. Además de estos, el artista añade una mitología personal, su propio Olympo, en el que reinan el Dios Nuclear, con el símbolo del átomo en guantes y slip; el Dios Magnetismo, lanzando sus rayos en el cielo; y el Dios Gravedad, azul y con seis brazos como el dios hindú Shiva, pero con los planetas en las manos y una manzana, la manzana de Newton o, quizás, de Eva. Y, por último, en el centro de la composición, como un Dios supremo, el artista se retrata a sí mismo, Creador del Mundo y de toda su obra. Un autorretrato en el que señala con el dedo al espectador, como si cada uno de nosotros fuésemos sometidos a su juicio y no al revés, cuando el espectador juzga la obra.

Imagen promocional de la muestra, formalizada con una de las obras que forman parte de la exposición. Fotografía cortesía de Kir Royal Gallery.

Imagen promocional de la muestra, formalizada con una de las obras que integran la exposición. Fotografía cortesía de Kir Royal Gallery.

Un juego de miradas y perspectivas, como las de los sujetos retratados, resultados de la imaginación del artista, que construye cada pequeño detalle, de forma hiperrealista, incluyendo su imagen reflejada en cada ojo.

Saul Zanolari nace en 1977 en Mendrisio, Suiza. Desde niño se interesa en el arte y sus formas de expresión, y especialmente en la pintura. Siempre se ha sentido atraído por la estética y la forma de las cosas. En 2005 su interés se traslada de la pintura tradicional a la pintura digital. Comienza a exponer en numerosas galerías internacionales con obras donde reinventa celebridades y estrellas del pop, ahondando y exagerando algunos de sus rasgos específicos.

Instantánea de una de las obras pertenecientes a la exposición. Fotografía cortesía de Kir Royal Gallery.

Instantánea de una de las obras pertenecientes a la exposición. Fotografía cortesía de Kir Royal Gallery.

 

Jorge Lawerta diseñará La Cabina

Jorge Lawerta, ilustrador y diseñador
Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina
Del 3 al 13 de noviembre de 2016

Jorge Lawerta diseñará el cartel de la novena edición del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina, que se celebrará en Valencia del 3 al 13 de noviembre del presente año.

Lawerta toma el relevo de Escif, quien realizó el cartel de la pasada edición. Son los más recientes de una lista que ha incluido a Paula Bonet, Carla Fuentes (Littleisdrawing), Luis Demano, Estudio Menta, Julia Valencia, Mireia Pérez y Gloria Vilches.

Obra de Jorge Lawerta, diseñador del cartel de La Cabina 2016.

Obra de Jorge Lawerta, diseñador del cartel de La Cabina 2016.

Jorge Lawerta (Valencia, 1983) es ilustrador desde 2011. Después de haber trabajado como diseñador gráfico y director de arte en diferentes agencias, empezó su proyecto personal enfocado en la ilustración y el lettering, un trabajo que mezcla lo digital con texturas y trazos más informales convirtiéndolo en una obra cercana e informal.

Apasionado del fútbol y la música, utiliza estos mundos como inspiración intentando siempre contar una pequeña historia en cada uno de sus trabajos.

El cartel del Festival La Cabina 2016 se presentará en el mes de junio.

Ilustración de Jorge Lawerta, diseñador del cartel de La Cabina 2016.

Ilustración de Jorge Lawerta, diseñador del cartel de La Cabina 2016.

Ilustración de Jorge Lawerta, diseñador de La Cabina 2016.

Ilustración de Jorge Lawerta, diseñador del cartel de La Cabina 2016.

 

Cuentos narrados en cerámica

Once upon a time… (Érase una vez)
100 años de l’Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises
MuVIM
C / Quevedo, 4. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

Ahora que la batalla gira en torno al libro en papel o digital, va l’Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises e introduce otra versión de los cuentos y relatos utilizando precisamente la cerámica como soporte. No viene a competir con lo tradicional o lo moderno, simplemente a dejar constancia del valor de la cerámica como “material para la creación artística, más allá de su carácter objetual”, subraya María José Sanz, directora de la escuela que celebra su centenario. Lo hace con una muestra de trabajos en el MuVIM, obra de ocho ceramistas que han plasmado sus inclinaciones literarias sobre material cerámico.

El clásico de Lewis Caroll Alicia en el País de las Maravillas, el cuento francés El proxeneta de las flores, Los siete pecados capitales de Clara Moltó Gisbert, y otras diversas e imaginativas aproximaciones al relato conforman el trasfondo de la exposición. Expuestos en vitrinas o a modo de instalación escenográfica, el espectador puede aproximarse a ese mundo de los cuentos sintiendo el relieve, la textura y el pálpito de objetos y personajes ideados para navegar por tan sólida cerámica.

“Como la exposición iba a estar en un museo de la ilustración pensamos que lo ideal era que tuviera que ver con ella y con la literatura”, señala Sanz. Es una muestra que viene a continuar las celebradas en La Nau de la Universitat de València, esta de carácter más didáctico, y en La Rambleta, de cerámica contemporánea. Le seguirán otras en el Museo de Cerámica González Martí (28 de abril) y en el Centro de Artesanía (10 de mayo), para seguir conmemorando los 100 años de la Escuela de Cerámica de Manises.

Cerámicas de Sarah Maso en el MuVIM.

Cerámicas de Sarah Maso en el MuVIM.

En ‘Séquence narrativa’ de Sarah Maso sorprenden las tres piezas, “a modo de tebeo en tres dimensiones”, de un hombre que saboreando una taza de café se le escapa de entre las manos y cae a sus pies. Como especifica la autora en su proyecto, se trataba de ilustrar la trama característica de todo relato, con su “principio, desarrollo y final”. “Es como un cómic que en lugar de mostrarse sobre papel se hace en escultura”, explica Sanz. Porque ese es el objetivo de la exposición, “mostrar las posibilidades expresivas de la cerámica como objeto artístico desligado de su estricta funcionalidad”, precisó la directora.

Obra de Trini Roig en el MuVIM.

Obra de Trini Roig en el MuVIM.

Hay más soportes en forma de tazas, azucareros, teteras, cuencos, baúles, platos y vasijas, pero todos ellos están al servicio de un relato. Sofía Porcar se hace cargo de “todas esas palabras que desean salir de los libros” mediante su obra ‘Guardianes de papel’ realizada con porcelana, gres y barro. Esa misma imaginación literaria, sin que remita a relato alguno, se da en el trabajo de Aude Aliénor Martín, con sus ‘Cajas’ “alojando nuestros recuerdos”. Xema Cejudo hace lo propio en ‘Transiciones’, conjunto escultórico “pensado para la playa de Huelva, a modo de lengua de arena que entra en el mar, y que representa el ciclo del día y la noche”, comenta Sanz. Trini Roig utiliza los dibujos de su sobrina para conformar el más genérico ‘Cuento’.

Obra de Alicia Díaz en la exposición 'Once upon a time', en el MuVIM.

Obra de Alicia Díaz en la exposición ‘Once upon a time’, en el MuVIM.

Alicia Díaz se ocupa, valga la redundancia, de Alicia, la del País de las Maravillas. Lo hace centrando su trabajo en el capítulo 7 ‘La merienda de locos’, desplegando toda una vajilla surrealista. Patricia Vera pone el acento en los siete pecados capitales, mostrándolos mediante diversos rostros sobre cerámica. Y el gres y el collage le permiten a Myriam El Zein recrear al proxeneta de las flores del cuento francés. Once upon a time…(Érase una vez), expresión habitual para iniciar un relato, da título al conjunto expositivo. Porque también “érase una vez”, hace ya 100 años, que nació l’Escola d’Art de Ceràmica de Manises.

Instalación de Sofía Porcar en la muestra 'Once upon a time', en el MuVIM.

Instalación de Sofía Porcar en la muestra ‘Once upon a time’, en el MuVIM.

Salva Torres

La Caixa Negra, en memoria de Paco Esteve

La Caixa Negra, de José Carlos Díaz
Realización: Xavier Cortés
Interpretación: Sara Vallés
Producida por On Air en colaboración con Visual Producciones

El título del documental ya encierra la doblez con la que juega José Carlos Díaz, director de La Caixa Negra. “Hace referencia a la cámara oscura de la proto fotografía y a la caja negra de los aviones, lugares donde se guarda la memoria de  nuestra vida”. Fruto de la casualidad, Díaz se encontró en el rastro de Valencia esa caja negra a la que alude la película presentada en la Sala Berlanga de la Filmoteca. Y lo que halló en su interior fueron decenas de fotografías a modo de “fragmentos de vida”, según definió el realizador Xavier Cortés, del compositor de música festera Francisco Esteve Pastor, nacido en Muro (Alicante) y del que se celebra el centenario de su nacimiento.

Fotografía de Lía Delby, a la sazón esposa de Paco Esteve, en una imagen de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

Fotografía de Lía Delby, a la sazón esposa de Paco Esteve, en una imagen de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

Indagando en esas fotografías, como se indaga en la caja negra de los aviones en busca de respuestas por la muerte acaecida, José Carlos Díaz fue reconstruyendo la vida de Paco Esteve. Lo hace mediante la investigación que en el plano de ficción realiza Sara Vallés. Y lo que se va encontrando, a través de testimonios de musicólogos, amigos y familiares, es con la sorprendente carrera de quien ha compuesto casi un centenar de pasodobles y marchas moras, y uno de los que más veces ha ganado el Primer Premio de Música Festera de Alcoi, para regocijo de sus paisanos de Muro.

Fotografía de Paco Esteve y Lía Delby en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Paco Esteve y Lía Delby en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

La caja negra con todas esas fotografías se perdió posiblemente durante algún traslado a raíz de la muerte de Esteve, según se dice al final del documental. Fotografías entre las que despunta una bella cantante, Lía Delby, a la postre Amalia Cuerda, mujer del compositor. Ella coronaba el grupo musical Los Chicos de España, del que también formaba parte su marido. Juntos recorrieron media Europa y Oriente Medio, traspasando fronteras con su música, de la que se ocupa en el documental Luis Prado (Señor Mostaza). “Queríamos que la música tuviera una importancia total; que no fuera un fondo añadido, sino parte de la historia”, explicó Cortés.

Lia Delby y Francisco Esteve en una de las fotografías de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

Lia Delby y Francisco Esteve en una de las fotografías de La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Cortesía del autor.

José Carlos Díaz, al igual que hizo Sergi Pitarch Garrido en El último abrazo (nominada a los Goya), rescata del olvido la vida de una persona a partir del azar que supone el hallazgo de cierto material. “Nos deshacemos de lo analógico y, por casualidad, resulta luego un hallazgo de gran valor”. Pura arqueología en plena era de Internet. “Sí, en cierto modo”. El grafitero valenciano DEI también aparece en la película, recreando en una pared la figura de ese arqueólogo de imágenes que viene a ser Díaz. “Ayuda a representarme biográficamente”, subraya el director de una obra que considera coral por la “gran labor de todo el equipo”.

Parte del equipo de La Caixa Negra, durante la producción del documental. Imagen cortesía del autor.

Parte del equipo de La Caixa Negra, durante la producción del documental. Imagen cortesía del autor.

El documental, escrito por Díaz junto a Francesc Picó y producido por la valenciana On Air en colaboración con Visual Producciones, fue seguido en la Sala Berlanga por dos de sus sobrinas y el hijo de Paco Esteve y Amalia Cuerda, Rafael Esteve, que en la película recibe finalmente el legado de esa caja negra de manos de Julia (Sara Vallés). Un legado que, como recordó Remigi Morant, vicepresidente de la Federació de Societats Musicals de la Comunitat Valenciana, sirve de reivindicación de los músicos valencianos: “Todas las bandas no serían lo que son sin gente como Paco Esteve”.

Sentados, Rafael Esteve, hijo de Lía Delby y Francisco Esteve, y Sara Vallés, actriz, en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Sentados, Rafael Esteve, hijo de Amalia Cuerda y Francisco Esteve, y Sara Vallés, actriz, en La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

José Carlos Díaz, que durante una veintena de años ha estado vinculado a RTVV, siguió haciendo memoria al desear que La Caixa Negra, también presentada en Muro, “ojalá pudiera emitirse en Canal 9 y que esto fuera pronto”. Hasta que tal cosa suceda, el documental seguirá su curso presentándose a festivales y otras televisiones.

Detalle del cartel de la película La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Detalle del cartel de la película La Caixa Negra, de José Carlos Díaz. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Mr. Pink y sus paraísos artificiales

Les Paradis Artificiels
Leonardo Gutiérrez Guerra, Kalo Vicent y Tactelgraphics
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Inauguración: viernes 18 de septiembre, a las 20.00h
Hasta el 30 de octubre de 2015

Cada vez que irrumpe la sombra de Charles Baudelaire en una muestra que se apoya en el medio fotográfico, se produce una seductora paradoja si tenemos en cuenta que el poeta francés se refería en 1859 a tal formato como a un síntoma de la “estupidez de las masas”. Para el maestro de los simbolistas, la capacidad de la fotografía de mostrar el mundo de una manera realista y fiel no era bella. Cuando publicó El pintor de la vida moderna subrayó que el artista debía mirar todo lo que le rodea como si fuera un niño ebrio que ve todo por primera vez. Se trata de un “conflicto” para el que el Surrealismo ofrece una salida o justificación.

André Breton tenía claro que el error estaba en pensar que el modelo solo podía ser tomado del mundo exterior. En esta dirección, la fotografía jugó un papel crucial en la construcción de una estética surrealista toda vez que se presentaba como un instrumento para atrapar lo “maravilloso” (pensemos en Claude Cahun, Hans Bellmer, o Man Ray), para cuestionar las diferencias entre la realidad interna y externa, y dejar al desnudo una cualidad onírica que Baudelaire se empeñaba en negar en los comienzos de tal medio. Los surrealistas rompieron con el dominio de la realidad apoderándose de otras imágenes que van más allá, una estela seguida por generaciones posteriores en la que podemos encajar las modalidades “paradisíacas” que nos ofrecen los proyectos fotográficos que integran esta muestra.

Obra de Kalo Vicent en la exposición Les Paradis Artificiels. Imagen cortesia de la Galería Mr. Pink.

Obra de Kalo Vicent en la exposición Les Paradis Artificiels. Imagen cortesia de la Galería Mr. Pink.

En esta propuesta de lectura de Les Paradis Artificiels, dentro de la primera modalidad citada y de un posible subapartado dedicado a la memoria de  las experiencias sensoriales personales, Kalo Vicent (Valencia, 1965) lleva a cabo un terapéutico proyecto fotográfico con el que a través de unos espacios domésticos y unos personajes reales, resuelve algunos episodios de su biografía mientras nos desvela su personal temporada en los “paraísos artificiales”.

En Appartament 34 vivienda y estupefacientes se alían en escenas similares a las que sucedieron dentro de los muros de otros bloques de occidente en las décadas de los ochenta y noventa (análogas habitaciones y rellanos con biografías semejantes aparecen, por ejemplo, en las imágenes del desaparecido Hulme Crescent de Manchester). Se trata de instantáneas que  testifican, siguiendo a Artaud, que “los sueños o las ideas delirantes no son menos reales que lo que está ahí fuera”. La memoria del edificio y sus alrededores experimentados desde los estupefacientes se vuelve inédita, más bella, una belleza en este caso y en palabras del artista “metáfora del abismo, de la desorientación, del suicidio posible, del suicidio lento”.

Obra de Leo Gutiérrez en Les Paradis Artificiels. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Obra de Leo Gutiérrez en Les Paradis Artificiels. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Apnea es otra propuesta que podríamos situar en la segunda línea temática por lo que tiene de simulación de una realidad paralela. Leo Gutiérrez (La Habana, 1973) enlaza a través del título una enfermedad asociada al sueño y a la muerte (la interrupción temporal de la respiración mientras se está dormido), con un deporte subacuático. Se trata de una poética de la ensoñación, apoyada de nuevo en la fotografía, que tiene que ver con esa otra vía en la que se representa la realidad onírica o la alucinación y que sirve para delimitar otra versión del “paraíso artificial”.

Obra de Tactelgraphics en Les Paradise Artificiels. Imagen cortesía de galería Mr. Pink.

Obra de Tactelgraphics en Les Paradise Artificiels. Imagen cortesía de galería Mr. Pink.

Tactelgraphics son los autores de Paradise Waterfall, una tercera llamada al “paraíso” que podemos posicionar en esa otra realidad/irrealidad construida sin sustancias. Ismael Chappaz (Valencia, 1982) y Juanma Menero (Vila-real, 1982) han diseñado para esta ocasión una trilogía de entidades compuestas por imágenes de cascadas artificiales de los siglos XVIII y XIX, extraídas de internet y manipuladas mediante el dibujo para “devolver lo digital a lo analógico”, y por fotografías del parque de Benicalap, un “escenario idílico” para los que han vivido este espacio de la periferia valenciana. El resultado de esta apropiación es una inquietante suerte de folly reversible que funciona, citando a Foucault, como “heterotopía feliz” y como puente onírico entre el imaginario personal (en este lugar Menero fue atracado y Chappaz estuvo a punto de ser secuestrado) y el colectivo, y que nos sitúa en un ambiguo emplazamiento de naturaleza domesticada donde la decadencia es subrayada y poetizada al incluir imágenes semi-abstractas que ocultan lugares como el bosque de Vincennes, el parque Des Buttles Chaumont o el Palacio Real de Caserta.

Obra de Kalo. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Kalo Vicent. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Francisco Ramallo*

*Extracto de su texto de la exposición Les Paradis Artificiels