Consuegra Romero gana el V Premio DKV Makma

V edición del Premio Nacional de Dibujo DKV MAKMA
Artista: Pilar Consuegra Romero (1982, Pozoblanco, Córdoba)
Proyecto: ‘LES AMOURS’

El proyecto de Pilar García de Consuegra Romero (nombre completo de la artista) es el escogido entre una excelente cantidad de propuestas que lo han puesto muy difícil al jurado.

En palabras de la artista, “LES AMOURS”, -que como indica la cabecera así se titula el proyecto seleccionado- “Parte de una investigación sobre la evolución del concepto de amor romántico y de sus efectos en la relación afectiva de las mujeres en la actualidad”, que para Consuegra Romero (nombre artístico) influye en la perdurabilidad de un sistema social que promueve la desigualdad entre diferentes sexos y que hoy está en crisis. Así, desde la práctica artística centrada en el dibujo, propone una comparativa entre el momento actual y otro tiempo de transformación, como lo fue el s. XVIII, con la entrada y afianzamiento de la subjetividad y la individualidad como motores del arte y de la vida, -manifiesta la artista-.

Uno de los dibujos presentados por Consuegra Romero en el proyecto ‘LES AMOURS’. Bolígrafo sobre papel, 2019.

“LES AMOURS” se formalizará entre los meses de diciembre del presente 2019, y febrero de 2020 en el MuVIM, mediante dibujos y una instalación en el Cubo exterior del citado Museo, instalación compuesta por una serie de dibujos de distintos tamaños, una pieza escultórica central y una pieza sonora.

Primera propuesta (sujeta a variaciones) de la instalación para El Cubo de El MuVIM aportada en el proyecto ‘LES AMOURS’ por Consuegra Romero.

Las fuentes visuales y teóricas del proyecto beben de diversos manantiales, comenzando por los cuentos infantiles tradicionales que “educan” a niños y niñas desde la infancia en la idea del amor. Relatos populares en los que para la artista se impone un modelo ideológico claramente definido que prepara a los niños y a las niñas para asumir un papel en el que el rol masculino es protagonista, emprendedor y activo, y el femenino es secundario.

Otro caudal del que bebe “LES AMOURS”  resultará familiar a cinéfilos: “Las amistades peligrosas” (Les Liaisons dangereuses, 1782), de Pierre Choderlos de Laclos, considerada una obra maestra de la literatura francesa del s. XVIII, y olvidada a lo largo de todo el s. XIX, antes de ser redescubierta a principios del s. XX y llevada a la gran pantalla por Stephen Frears (1988, con Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer y Keanu Reeves) y en la que se plantean contradicciones sociales en la afectividad que se vive fuera de las normas, y que Consuegra Romero lleva al análisis a través de cierta comparativa.

Este análisis del arte y las costumbres del siglo XVIII, es fruto de una investigación sobre las formas estéticas del Rococó en pintores como Boucher, Watteau, o Fragonard, aunque Consuegra Romero, tiene especial fascinación por la mirada melancólica de Jean-Antoine Watteau, con el que dialoga de una manera intuitiva por la teatralidad y poética del paisaje, de la que se sirve y siente inspirada desde hace tiempo.

Uno de los dibujos propuestos en el Proyecto ‘LES AMOURS’ por Consuegra Romero. Bolígrafo sobre papel, 2019.

De estos pintores del Rococó, absorbe la mirada de una sociedad decadente que se refugia en la sensualidad y en lo mundano, al tiempo que anticipa nuevas formas de relacionarse.

Así pues, el tarro del debate se abre para dejar expuestas dos cuestiones tan alejadas en tiempo y forma como convergentes: “Las relaciones peligrosas del Rococó” y “las relaciones en Redes Sociales”, el “Anarquismo relacional” y el “Poliamor”, con el que la ‘Modernidad Líquida’ de Bauman nos refleja.

Pilar Consuegra Romero entre trazos, en su estudio. Imagen cortesía de la artista.

No teniendo suficiente con esto, los dibujos –muchos de ellos trazados casi compulsivamente con un bolígrafo Bíc- abordan otros aspectos a comparar entre el s. XVIII y la actualidad, como lo son la diferencia de clases y privilegios existentes entre descontentos y poderosos del Antiguo Régimen o entre las grandes fortunas actuales, en contraste con la situación de los migrantes, aspecto este último, del que se ocupa y preocupa la obra de Consuegra Romero con intensidad.

Vicente Chambó

Muere Joan Cardells, el artista «febril”

Joan Cardells, fundador junto a Jorge Ballester de Equipo Realidad, falleció el pasado sábado 6 de julio (2019) de forma «inesperada», según informaron fuentes cercanas a la familia. Con él se va un artista que, como recordó en la entrevista realizada con motivo de su exposición ‘Grafitos’, en la Galería Punto hace cinco años, trabajaba con enorme pasión. No sabía de las medias tintas, sino de volcarse por completo en una obra que ahora deja por razones ajenas a su voluntad. Una voluntad de hierro que su muerte funde, dejando un gran vacío en el mundo del arte. A continuación reproducimos tal cual, el artículo publicado en Makma con motivo de aquella muestra.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

A Joan Cardells le obsesiona el dibujo. Y se nota. La serie de grafitos que expone en la galería Punto de Valencia refleja esa elocuencia de lo que inspira pasión. Tanta, que desborda su obra, lo cual se hace patente cuando el propio artista se arroja a la tentativa de explicar su trabajo. Entonces, al igual que le sucede con sus dibujos, Cardells va tirando del hilo de la memoria para tejer un discurso que no tiene desperdicio. “No se puede trabajar con 36,5, sino en estado febril”. Ese “relámpago en la frente” que le hace seguir el rastro de su obsesión, ese “estado furioso” que reclama como necesario para la creatividad, “aunque no se refleje luego en la obra”, es el que hace de Joan Cardells un artista en estado puro.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Todo aquello que venga a distraer el objeto de su pasión, queda en un segundo plano. No es que la bajada del IVA no le importe: “Me parece secundario, frente a lo principal que es la emoción, que algo por encima de todo te motive”. O que el IVAM le resbale: “La diferencia entre el IVAM actual y el anterior no la he estudiado, pero en todo caso es importante que el IVAM siga existiendo”. O que las promesas políticas le traigan sin cuidado: “Hubo mucho progre deseoso de atender a la cultura, que luego ha demostrado ser fingimiento”. Pero todo eso resulta secundario, cuando aparece la fiebre motivada por el dibujo. “Lo que va a pasar 10 centímetros después del lápiz, es lo que estimula”.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Si hay algo que a Joan Cardells le enerva sobremanera es, precisamente, la incapacidad para salir de los compartimentos estancos a los que nos conduce la ideología. “Yo lo que pido es que se sea menos gregario”. Y apela a la soberanía, pero una soberanía “individual, que es la más costosa”. Soberanía que, en su caso, ha ido alcanzando por la vía del lento aprendizaje. Ninguna prisa de por medio. ¿Para qué correr cuando el lápiz te abre a cada paso las sendas del estímulo por las que Cardells transita? “Uno siempre busca el placer de pintar”. Eso y la revancha de la que habla, refiriéndose a los 14 grafitos y tres esculturas expuestos en la galería Punto, a modo de ajuste de cuentas con esa primera etapa de aprendizaje cuya impresión es de fracaso.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Me gusta fabricar imágenes con el menor instrumental posible”. Y, a la manera zen, Joan Cardells va construyendo una obra minimalista que se eleva y eleva de forma tan imperceptible como prodigiosa. “Con lápiz y papel puedes hacer todas las cosas del mundo”. Y en su mundo hay “querencia por el bodegón” y por la “evocación de los olores de los mercados, de las tiendas”. En el fondo, Cardells recuerda que la materia prima con la que trabaja es “la memoria”. Y su memoria le lleva a todos esos lugares que, como una simple ferretería, encandilaba sus jóvenes sentidos al contemplar ollas, pucheros y los más variados recipientes, que luego han ido formando parte indisoluble de su trabajo.

“Combino lo orgánico con lo industrial”. Olivas, odres, gallos, patos, es decir, “el clásico bodegón español”, que le ha servido como “reto de aprendizaje”. También hay algo en sus grafitos de “coreográfico”, por aquella “tendencia a bailar” que Cardells observa en los objetos de su pintura. “Y el gusto por el gris”, subraya. Esa “reducción al blanco y negro” tiene mucho que ver de nuevo con esa “vuelta al mundo del aprendizaje”. No es que haya renunciado al color, pero aquel color del Equipo Realidad, que formó con el recientemente fallecido Jorge Ballester, pertenece a una “época interesante”, que Cardells recuerda sin nostalgia, porque “la de ahora es apasionante”. Una pasión que guía su obra y las palabras que, a modo de revancha, dan cuenta de su largo y fructífero aprendizaje. La fiebre de venganza está, en el caso de Joan Cardells, plenamente justificada.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres

La difracción y memoria de Manuel Olías

‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana’, de Manuel Olías
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Del 25 de abril hasta el 14 de junio de 2019
Inauguración: jueves 25 de abril a las 20:00

Manuel Olías inaugura el próximo jueves 25 de abril en la galería Color Elefante, del barrio de Ruzafa de València, ‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana’. Hacía tiempo que Olías no exponía individualmente en la ciudad. En los últimos años solo nos ha llegado el eco de su trabajo a través de exquisitos adelantos que asomaban en muestras colectivas como las que tuvieron lugar en la sala Manuela Ballester de la Universitat de València, Doce Islas o en distintas citas artísticas celebradas en la ciudad como el Festival del Libro SINDOKMA –de la mano del Museo del Ruso–, el festival conFusión o en Enfocarte.

Desde su estudio de Benimaclet, este artista alérgico a lo convencional, empapado de transgresión y tecnología, que se mueve con soltura de poeta entre los mitos de la contracultura y la belleza permanente de sus referentes clásicos, nos habla en esta entrevista de sus años de infancia, sus inicios, influencias, trabajo y vida.

¿Te gustó siempre pintar? ¿Te recuerdas dibujando desde pequeño?

Me recuerdan siempre dibujando en casa, en clase, en la pizarra y… repartiendo mis historietas en distribución clandestina entre los pupitres. Sí, me recuerdo dibujando e incluso jugando con óleos de mi padre aun siendo pequeño. En mi casa había a veces olor a trementina que venía de un pequeño estudio en medio del pasillo. Lo ocupé. Me hice fuerte allí a lo largo de mi juventud desplazando el lugar de recreo paterno. No solo me recuerdo pintando, también compitiendo, ya contra las habilidades de mi padre, ya contra las pinturas que colgaban de las paredes, inspirado como un niño hiperestésico por reproducciones de pintores geniales que me hablaban desde los libros.

Imagen de la obra ‘El acuerdo’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.


¿Y cómo son tus inicios en el mundo del arte?

En el mundillo del arte entré por la puerta de Lae.Sferazul bastante joven de la mano de la escritora Olga Lucas. Buscábamos dónde presentar ‘El Taller de los Etcéteras’, un taller literario que por entonces hacíamos en Radio Klara. Fuimos por curiosidad a visitar un club de artistas del que nos habían hablado. ¡Aquella época!… algo así como un matrimonio místico del sol y la luna, alianza fresca y que parecía eterna entre el underground y la tradición de galería de vanguardia que ya tenía recorrido en la ciudad. La Esfera no solo nos abrió las puertas ese día para aquellas lecturas, sino que pronto se convirtió en el lugar donde presenté alguno de mis primeros trabajos. Me acogieron increíblemente entre aquella gente diversa, simpática como prefiero, alegres, educados. Estupendos artistas como Marisa Casalduero, Paco Bascuñán, José Plà, Monique Bastiaans, Vicente Talens, Quique Company… me gusta reconocer que me influyeron, mayores que yo, pero que aún eran muy jóvenes, eran asequibles y cercanos y estaban en fresca y plena evolución… Sí, yo creo que entré en ese mundillo por una puerta buena, chaflán de una mítica avenida del Oeste de la que a veces era también el portero en su surrealista cabaret subterráneo. En modo artistas adolescentes, como los puros Estridentistas de ‘Los Detectives Salvajes’, de Roberto Bolaño. Luego, con el cambio de milenio, nos marchamos. Pasó lo que pasó. Crisis y PP, Louis Vuitton e ingeniería punta…

Si tuvieras que resumir en pocas líneas tu trayectoria, ¿qué exposiciones, proyectos… destacarías de aquellos años?

Hablaría de la primera individual que hice. Fue en el 96, ‘La mirada estratosférica’, en el Círculo de Bellas Artes de València. Colgué piezas enormes de hasta cuatro metros que mostraban paisajes aéreos y retratos imaginarios. Poco después, en Lae.Sferazul, hice otra individual con una serie de buceadores, pinturas de gran formato y pequeños dibujos, y algunas buenas colectivas con el grupo que allí se formó. En aquellas primeras exposiciones el trabajo que presenté era sobrio, pero de corte colorista, una figuración expresionista muy matérica. Aún había mucho por hacer, pero creo que estas fueron, aunque tempranas, dos buenas primeras exposiciones.

Además de pintar, te iniciaste en el diseño gráfico y fuiste pionero en el manejo del ordenador en el ámbito artístico. Este camino profesional te llevó a instalarte en Madrid. ¿Qué supuso ese cambio en tu carrera?

Hacía carteles y decoraciones para discotecas de la ruta, dibujaba cómics y escribía cuentos y poesías, o algo parecido. Luego llegó el fin del siglo y me marché a Madrid. Fui a pasar cinco meses y me quedé trece años como freelance e iniciando proyectos, exposiciones y colaboraciones. Me fui para trabajar como director de arte de una compañía que implantaba software libre. Nada que ver con mi película, pero era ese momento y allí estaba rodeado de la muchachada de la big-bang theory generation. Niños que manejaban la red de las administraciones públicas y ya tenían perfiles online de todo, descargaban, eran piratas y hackers. Súper friqui. Nada que ver, pero tan cutting-edge que me obligó a la inmersión. Me aportó una gran variedad de habilidades técnicas y la incorporación muy temprana a internet.

Imagen de la obra ‘Fata Morgana’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.

Además, iniciaste colaboraciones relacionadas con el vídeo y la danza contemporánea.

Sí, Madrid fue una época muy rica. Seguí pintando y dibujando al tiempo que hice incursiones en el ámbito del net art o en el de la danza contemporánea. A este respecto, presenté junto a la coreógrafa norteamericana Camille Hanson un conjunto de piezas de vídeodanza en el Teatro Pradillo de Madrid.

Y de arte en red…

Monté un colectivo de artistas, el ‘Manklared cultural kollective’, colgábamos información online en una plataforma propia cuando aún nadie lo hacía, un blog muy activo en presentaciones y colaboraciones. Esto nos dio mucha visibilidad. Muchísimas visitas de Hispanoamérica que buscaban en la capital colectivos de artistas. Fuimos de los primeros que contamos con el poder de las metatags. De esta sinergia surgieron piezas de exhibición web como ‘Arts against war’, stopmotions súper cachondas, o vídeos que se hicieron virales antes de la propagación sistemática de los memes.

En esa época te embarcaste también en varios proyectos fuera de España, cuéntanos en qué consistieron esas experiencias.

Viajé a Canadá y EE.UU. Recién caídas las Torres Gemelas aterricé en Nueva York con los bastidores y telas grandes enrolladas para hacer una muestra en un espacio híbrido (Arts & Appetizers) del barrio de Brooklyn. A Andy Deck, net artist de la ciudad con quien participé en varios de sus webrings, le resultaba completamente inverosímil, con el control que había caído sobre todo, que me hubieran dejado pasar con material susceptible de presentarse como mercadería artística. Me parece interesante porque fue ejercicio de autoproducción y autorepresentación un poco punk, pero que salió muy bien. Unos años después volví a la NY Studio Gallery en New York, donde se presentó la expo ‘Blind traces’. Exhibición producida y comisariada por Cristel Copland.

Estuve en 2007 y 2008 con un par de proyectos en San Francisco, California. Una colección de’Los dibujos a ciegas’, y “Todo disfraz está hecho de recuerdos”, un vídeo loop proyectado de forma continua durante el festival de cine experimental ATA Film & Video Festival. En 2008, en Vancuver, realizo dentro de un ciclo de exhibiciones que llamaron ‘Bilocation’, una expo junto a James Whitman, dibujante canadiense, en relación doppelgänger planetaria. Fue la primera vez que mostré dibujos murales hechos con lápiz multicolor, procedimiento que sigo utilizando.

Y al mismo tiempo, en Madrid, comienzas a exponer en Columpio…

Sí, al margen de exposiciones puntuales como la de la Galería Larra, Columpio se convirtió en el kindergarten de mis dibujos. Una galería que bajo el epígrafe ‘Dibujo contemporáneo y obra en papel’ fue pionera en España, poniendo el foco en el dibujo actual. Estupendos dibujantes y artistas con los que participé de este proyecto son, entre otros, Pepe Medina, Paula Fraile, Pedro Núñez, Sao Torpez, DAI.K.S.,Yuko Kayumi, Tamara Arroyo, Tania Tsong y Theo Firmo. También tuve oportunidad de exponer en varias individuales. El conjunto de dibujos Darger, de la serie ‘Uñas de mandarín sobre fuego espiritual’, fue proyectado y exhibido en Columpio dentro de una instalación planteada por la comisaria y galerista Susana Bañuelos. Entre 2010 y 2012 estuve muy implicado con el proyecto, desarrollando numerosos trabajos en el campo del dibujo y del libro de artista.

Imagen de la obra ‘When in China’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.

El conocimiento de los trabajos de Henry Darger ha marcado mucho tu obra. ¿En qué sentido?

Su obra me inspiró, de hecho, la serie que llamé en su homenaje ‘Los dibujos Darger’. Henry Darger y sus Vivian Girls, aunque en la actualidad ya rescatado y bastante celebrado, es el paradigma del artista outsider. Fue una figura que se colocó al margen de su época y que realizó fuera del perímetro del mundo uno de los conjuntos de trabajo más personales de los que me he encontrado. En su proceso introduce los procedimientos de copia que tanto tienen actualmente que ver en mi propio proceso, así como la imbricación con lo narrativo –que en Henry Darger es una total inmersión–.

¿Qué otros artistas han sido referentes en tu obra?

Mi fascinación, al menos la inicial, tiene que ver con las obras de arte, no con los artistas. No me importan las modernas hagiografías, las vidas de los santos varones de la historia, sino aquello que pese a todo se trasluce en las marcas producidas en el trabajo, en el uso o desuso de su técnica. Artistas que tienen en su producción piezas que me llegaron son, por ejemplo, Léger, Vlaminck o Monet, cuando descubrí sus nenúfares en presencia. Toulouse-Lautrec, Corot, Marquet, Schiele, Grosz, Otto Dix, Kirchnner, Erich Heckel, Torres García, Dufy, Velázquez, Muñoz Degrain, El Bosco, Lucas Cranach o Joachim Patinir, con su pintura ‘El paso de la laguna Estigia’, que está en el Prado. A Picasso me lo tuve que sacar con petróleo y había acabado prefiriendo a Matisse frente a su devorador, hasta que abrí la puerta de la Twenty Century del Metropolitan para descubrir delante de mis ojitos perplejos el retrato de Gertrude Stein.

También la mirada pictórica de directores de cine como Werner Herzog, y al poeta de la imagen casi quieta, Tarkovsky, nada menos. Eduardo Arroyo es muy grande, es de un lenguaje pictórico rico y catalizador como pocos. Mavi Escamilla, nuestra artista mexica, es para mí de lo mejor que hay en pintura en València. Descubrí a Juan Uslé… y los trabajos brutales de Martin Kippenberger. David Salle al principio, pero cada vez menos. Yayoi Kusama es todo lo que este mundo merece, no es emocionante ni mucho menos, pero representa bien el estado de esquizofrenia discotequera.

Nombras a Kusama, ¿qué línea sigues hasta ella?

Yayoi Kusama pinta… pero, vamos, poco más. No la conocía hasta que la descubrí en la muestra del Reina. Por entonces yo estaba con la serie ‘Uñas de Mandarín’ y me encontré con sus apéndices invasivos. Me tuve que plegar ante su creatividad esquizofrénica, mucho más auténtica que la mía. Los sillones de pollas son aberrantes. Comuniqué con ella por Twitter. Le gustó y reenvió el tuit.

Como ves, la lista de referentes que hago es muy dispersa, pero sobre todo son clásicos que manejaron de forma personal y muy sugerente la plasticidad de la materia. La materia intelectual, emocional o física. Son muchos más. En los últimos tiempos me fijo en pintura que jamás me había interesado.

¿Qué puedes contarnos de la exposición que presentas en la galería Color Elefante?

La he llamado ‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana”. Este título funciona como una triada propagandista y explicativa. Se refiere a aspectos concretos del trabajo. Estoy en los últimos tiempos proyectando imágenes para redibujarlas. Fotografías o fotogramas de vídeos. ‘Alumbramientos’ se refiere a esto, jugando con el término que alude al de iluminaciones. Una linterna mágica doméstica, un viaje por mis favoritos de YouTube y el juego del falso lápiz multicolor es todo lo que encierra la sugerencia. Presento dibujos murales sobre papel que son al mismo tiempo libros de artista desplegados. Papel liso, sin textura, donde la luz refracta suave hasta el siguiente pliegue. Material básico como soporte, sobre el que he trazado líneas hechas con lápices de colores, pasteles y rotuladores. Dibujos murales. Un formato grande para inducir a la inmersión al espectador dentro de la superficie del papel. El trazo es una línea de colores cambiantes que transita entre zonas de luz y sombra. Esa es la ‘fata morgana’. Una irisación del trazo como si fuera un efecto atmosférico o un fenómeno meteorológico.

Manuel Olías posa delante de la obra ‘Fata Morgana’, que forma parte de la exposición que tendrá lugar en la galería Color Elefante. Fotografía cortesía del artista.

Marisa Giménez Soler

La memoria lírica de Shirin Salehi en Ana Serratosa

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, València
Del 2 de abril al 28 de junio de 2019
Inauguración: martes 2 de abril de 2019 a las 20:00

La Galería Ana Serratosa acoge la exposición ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de la artista iraní Shirin Salehi (Teherán, 1982), que podrá visitarse hasta el 28 de junio de 2019, cuya inauguración tendrá lugar hoy martes, 2 de abril, a las 20:00.

La muestra, comisariada por la historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar, reúne, bajo el título ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, obras pertenecientes a las diferentes etapas de la trayectoria artística de la autora. Grabados, esculturas e instalaciones que encuentran un universo en común dentro del género de la poesía.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

La obra de Salehi, caracterizada por la monocromía y la experimentación con los materiales, utiliza el papel como protagonista, entendido como el lugar donde todo sucede. En ella, el soporte se transforma y se convierte en el camino a seguir, simbolizando fisuras, rasgaduras o incisiones, con las que la autora nos habla de experiencias y tiempos pasados, pero siempre intentando proclamar la belleza y la lírica como antídotos hacia el futuro.

Martínez de Aguilar describe la muestra como “una invitación a mirar muy de cerca, a sumergirse en el silencio a través de la palabra. Una aproximación sutil y silenciosa hacia el permanente interés del ser humano por dejar su huella en la historia a través del lenguaje escrito, de la grafía.”

Shirin Salehi reside y trabaja en España desde 1999. Artista visual, investigadora y docente, ha recibido premios de residencia artística por la Casa de Velázquez (Académie de France à Madrid), Il Bisonte Fondazione (Florencia) y la Fundação Bienal de Cerveira (Portugal) y de formación por la Fundació Pilar i Joan Miró (Mallorca) y por el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (La Coruña).

Imagen de una de la obra 'Y otro álamo cayó (II)', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de la obra ‘Y otro álamo cayó (II)’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Su trabajo ha recibido, entre otros reconocimientos, el primer premio al libro de artista de la Fundación Ankaria (Madrid, 2015), el premio especial Combat Prize (Livorno, Italia, 2015), premio Fundación Pilar Banús en los XXII Premios Nacionales de Grabado del Museo del Grabado Contemporáneo Español (Marbella, 2014), Premio Acqui Giovani en la XI Bienal Internacional de grabado Premio Acqui (Acquiterme, Italia, 2013) y recientemente el segundo premio en el Premio Internacional de Arte Gráfico Carmen Arozena (Madrid, 2017).

Ha participado en exposiciones en galerías, ferias e instituciones públicas y privadas en Europa desde 2009. Máster en Investigación en Arte y Creación por la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, a su término publicó (velado): ‘Manifiesto de una artista en tiempos de ruido’ (2016).

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Oralidad y vínculo en la obra de José Bedia

‘José Bedia. Trazos de una canción’
Galería Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Del 29 de marzo al 4 de mayo de 2019
Inauguración: viernes 29 de marzo de 2019 a las 20:00

En voz muy bajita, casi como susurrándonos, el artista cubano-americano José Bedia (La Habana, 1959) se empeña –desde hace años– en rescatar la oralidad, dejar sus huellas urdiendo un mapa a través de su quehacer visual, fundamentado en el lenguaje pictórico y el dibujístico, un mapa simbólico sobre la trasmisión de saberes oralmente; una constante que ha sido y es, desde siempre, una de las premisas utópicas y metodológicas de su trabajo.

Bedia edifica su obra desde una operación de arqueología y restauración de sus estudios antropológicos sobre cómo sobreviven, hoy día, las culturas primalistas, en combinación con cómo también sobreviven al avance civilizatorio del progreso social, como maquinaria homogenizadora, las culturas populares. En ese sentido, el artista es un registrador, un anotador de marcas endémicas que tienden a desaparecer de los estratos que componen nuestras voraces culturas omnívoras. Estas culturas trasatlánticas atravesadas por la africanidad, la españolidad y lo aborigen, en una mezcolanza en perpetua mutación, en un movimiento infinito de autodefinición.

Imagen de la obra 'En el tronco de un árbol una niña...', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘En el tronco de un árbol una niña…’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Quizás por esa urgencia de quien no sabe a cuánto estamos de la inevitable desaparición de estos fragmentos culturales que están siendo solapados, ocultados, silenciados, en su última producción Bedia se esfuerza por ilustrarnos –en el sentido de quien enseña, muestra u ofrece una iniciación gnóstica– cómo se mantienen entre nosotros esas transmisiones orales, como el ronroneo de ciertas nanas (canciones de cuna, muchas ya universales que han trascendido su localismo), boleros, danzones, habaneras, cantes de ida y vuelta, canciones susurradas, cantadas como murmullos al oído del iniciado, del recién nacido, del niño ingenuo que todavía el hombre es, pues Occidente se infantiliza cada día en su narcisismo tardío, que aún resuenan entre nosotros.

En un universo de reclamos de egolatrías, Bedia se desliga y baja la velocidad de sus obras, las hace menos escandalosas, más íntimas, más directas, menos enigmáticas, como si primara en él una necesidad de hacerse entender, incluso haciéndose más descriptivo; apelando a una relación narrativa directa, ni siquiera cargada de su habitual sentido del humor, sino didácticamente análoga, clara… clarividente.

Imagen de la obra 'País en premonición', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘País en premonición’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Puede que esta necesidad late en José Bedia porque está anclada en el conocimiento de que en esa relación de fe hay un vínculo, un nexo que debe salvarse, anotándolo, haciéndolo fabulación visual, cuaderno de anecdotario, crónica simbólica que indica una resistencia invicta aún. Una conexión hombre planta, planta animal, animal mujer, mujer luna, luna tierra, monte mar, mar tierra espíritu… y así. Una recíproca relación ecosistémica donde algo de ese saber ancestral podría indicarnos las reglas del juego de nuestra supervivencia como especie, como sociedad presente que se proyecta hacia el futuro desde el pasado. Un vínculo que es transversal y atemporal, poseedor de un saber que traspasa el tiempo. Un diálogo que Bedia comprende como el don en lo dado, en el intercambio, en la voz de los otros, en su palabra y su musicalidad, su sinfonía mínima.

Aún cuando esa música suene detrás, de fondo, como un murmullo, un cántico divino silencioso, en voz baja, sólo para entendidos e iniciados, estudiosos sabedores de esas lenguas otrora misteriosas, enigmáticas y ocultas ante los saberes actuales, idiomática que conoce perfectamente porque sabe que si él pregunta… sus deidades responden. Como dejó plasmado en aquella obra germinal de título: ‘Si yo te llamo tú me respondes’ (1985). Una graficación del sistema dialógico y vinculante que describe la relación del Iniciado y su Nganga.

A día de hoy, tal vez, todavía alguien de fe.

Imagen de la obra 'Múltiples Perfiles de Un Felino', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘Múltiples Perfiles de Un Felino’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Omar-Pascual Castillo

El octavo cielo de Silvia Mercé en Color Elefante

‘Algunas especies raras’, de Silvia Mercé
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Hasta el 12 de abril de 2019

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias.

Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar. Y, entonces, cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Silvia. MAKMA

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición la artista Silvia Mercé –que puede visitarse en la galería Color Elefante hasta el 12 de abril de 2019–.

Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos. El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, a mediados de los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia Mercé trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, serie representada en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Inquieta, impulsiva, errante, Mercé necesita experimentar, enredarse con nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuerte.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de 'Algunas especies raras' en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de ‘Algunas especies raras’ en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Marisa Giménez Soler

Blázquez y la sinfonía inacabada de Shubert

D-759 in B minor. Manu Blázquez
Premio Nacional de dibujo DKV-MAKMA – IV edición
MuVIM
Guillem de Castro, 10 (Valencia)
Hasta el 3 de febrero de 2019

El Premio Nacional de Dibujo organizado por DKV seguros y MAKMA, revista de artes visuales y cultura contemporánea, en cuyas dos últimas ediciones ha participado el MuVIM, busca aproximar el arte contemporáneo al público en general y abrir espacios para el ocio cultural familiar, valiéndose de la potencia, atemporalidad, y valores inherentes a cuentos, relatos, e historias, realizando para ello una convocatoria anual de la cual sale un proyecto premiado.

En este caso, el acercamiento a la narración viene de la mano de Manu Blázquez (Valencia, 1978), con un proyecto conceptual que nos permite –al paso- abordar detalles de la biografía de Franz Schubert, ya que se centra en una lectura plástica sorprendente de su mítica 8ª sinfonía(1)

Vista nocturna del cubo del MuVIM con la propuesta de Manu Blázquez. Fotografía de Biel Aliño.

Vista nocturna del cubo del MuVIM con la propuesta de Manu Blázquez. Fotografía de Biel Aliño.

Hay muchas teorías que intentan explicar si Schubert llegó a finalizar o no su trabajo en la denominada sinfonía D-759: también conocida como “inconclusa”. Una de las hipótesis sobre la legendaria composición, parece indicar que abandonó la labor al conocer el diagnóstico de la grave enfermedad que había contraído. Otra conjetura afirma que la pieza está concluida tal como la concibió y quiso dejar tal cual, siendo muestra de la propia mente innovadora del compositor, pero entre una y otra teoría, se baraja también la posibilidad de que desistiera a proseguirla debido al desvanecimiento de un amor que le habría dado la inspiración para componerla, y que obligado por su enfermedad, se vio moralmente comprometido a renunciar a dicho amor. Esto último, tampoco está claro, pero diversas lecturas entre líneas de sus escritos tan románticos  llevan a considerar los motivos por los que a esta sinfonía “inconclusa” se la ha referido como “El apoteosis del amor”.

“Cuando cantaba mi amor, mi amor se convertía en dolor. Cuando cantaba mi dolor, mi dolor se convertía en amor. Mi dolor y mi amor se disputaban mi corazón”.

(Franz Schubert)

Vista parcial de la exposición desde el Hall del MuVIM. Fotografía de Biel Aliño.

Vista parcial de la exposición de el hall del MuVIM. Fotografía de Biel Aliño.

Lo que sí parece indiscutible, es que Schubert realiza el esquema de su octava en partitura para piano, finaliza y orquesta los dos primeros movimientos y empieza un scherzo(2) que no acaba, y tampoco deja ninguna información sobre el allegro final. Deja la obra en el mes de octubre de 1822, y el misterio empieza cuando le hace entrega de la misma (las dos partes terminadas, supuestamente la mitad), a su amigo Josef Hüttenbrenner de la Steiermärkischen Musikverein, sociedad Musical de Estiria en Graz, para dar gracias por su nombramiento como socio de honor,  (verano de 1823), de donde  finalmente llegaría a Johann Herbeck, que la interpretaría en Viena por primera vez pasadas cuatro décadas (1865).

Para Hüttenbrenner, -según carta de su propio puño y letra- la obra es un tesoro musical de nivel excepcional, pero seguramente no la hace interpretar por considerar que le faltan los dos movimientos finales de los cuatro habituales, reforzando para sí ésta hipótesis cuando se halla el borrador de Schubert con algunos compases del mencionado scherzo que podrían haber servido para un tercer movimiento, aunque este hecho no resuelve tampoco el misterio.

Para descifrar el enigma en profundidad, no podemos hacer más que invitar a analizar los cambios bruscos en el estado de ánimo del compositor, que presenta grandes contrastes, inocencia, compasión, encanto, jovialidad y buen humor, pero también resignación, severidad, melancolía e incluso dolor y desesperación.

Detalle de la pieza que muestra el proceso de trabajo de Manu Blázquez sobre la Sinfonía Inacabada. Anotaciones, lápiz y bolígrafo sobre papel. Fotografía Biel Aliño.

Detalle de la pieza que muestra el proceso de trabajo de Manu Blázquez sobre la Sinfonía Inacabada. Anotaciones, lápiz y bolígrafo sobre papel. Fotografía Biel Aliño.

En 1828, Schubert dio el único concierto de su carrera con sus propias obras, tuvo gran éxito, pero falleció tan solo ocho meses después.

Entre tanta incógnita, con un código de orden propio, inabordable para muchos y de acabado indiscutible para los demás, Blázquez manifiesta internarse en una serie de sucesiones numéricas establecidas siguiendo el orden progresivo de las notas musicales de la “inconclusa sinfonía” para generar las series de dibujos donde materializa gráficamente los valores de la misma.

“Mi única ambición es la creación de un mundo perfecto, un lugar donde no existe el caos, donde los números y las matemáticas me permitan refugiarme del ruido que nos rodea” 

(Elena Asisns)

La historia de una sinfonía de tan abundantes matices y conjeturas, mítica desde su génesis, y de inconquistable final, entra aquí -por inconsciencia o bravura artística-, en zona de geometría, línea, luz y sombra. Un área plástica, en la que se distinguen contornos de algunas huellas cuyas pisadas están identificadas  a lo largo del s. XX y hasta nuestros días, como las de Elena Asins, Antonio Calderara, Hanne Darboven, Hans Hartung, Giorgio Morandi, Sol LeWitt, o Eusebio Sempere.

Manu Blázquez ante el montaje del cubo en el MuVIM. 14 de diciembre de 2018. Fotografía de Biel Aliño.

Manu Blázquez ante el montaje del cubo en el MuVIM. 14 de diciembre de 2018. Fotografía de Biel Aliño.

Para Manu Blázquez, «No es conveniente dar más pistas acerca del juego, lo importante es guardar cierto misterio y que el espectador componga su propia sinfonía»

(1) Se le atribuye clásicamente el nº 8 pero en las renumeraciones actuales es la nº 7
(2) Nombre que se da a ciertas obras musicales o a algunos movimientos de una composición grande como una sonata o una sinfonía

Vicente Chambó

La Sinfonía Inacabada de Manu Blázquez en el MuVIM

‘D759 in B minor’, de Manu Blázquez
IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros – MAKMA
MuVIM
Cubo y Hall
Quevedo 10, València
Del 14 de diciembre de 2018 al 4 de febrero de 2019
Inauguración: viernes 14 de diciembre a las 20:00

El Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM) acoge la exposición ‘D759 in B minor’, del artista Manu Blázquez y bajo el comisariado de Vicente Chambó, proyecto ganador del IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros – MAKMA, cuya inaguración tendrá lugar el próximo viernes 14 de diciembre de 2018 a las 20:00.

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‘D759 in B minor’ toma como referencia la ‘Sinfonía Inacabada’ de Franz Schubert, la misteriosa obra que ha llegado hasta nuestros días con la etiqueta de “no terminada”, y que para algunos es el resultado de una mente innovadora como fue la de Schubert. Aunque hay una cuestión que no ayuda a resolver  el misterio que aún hoy prevalece, ya que solo se compone de dos movimientos, cuando lo normal es que las sinfonías constaran de cuatro.

Con un código inabordable para muchos y de percepción minimalista, Blázquez manifiesta internarse en una serie de sucesiones numéricas establecidas, siguiendo el orden progresivo de las notas musicales de la inconclusa sinfonía, para ofrecer una lectura física abstracta, de manera que las notas musicales y pentagramas quedan transformados en geometrías, rectángulos o líneas para generar series de dibujos que materializan gráficamente los valores no visibles de aquella.

La sucesión de estas geometrías, a primera vista, no tiene sentido alguno, aunque, en el desplegable publicado para la exposición, Blázquez aporta unos manuscritos en el que se aprecian anotaciones y cálculos sobre papel y lápiz, apuntes utilizados para llegar al resultado final; cálculos anotados para expresar los conceptos.

Detalle de la obra 'D759 in B minor', de Manu Blázquez, ganador del IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros-MAKMA.

Detalle de la obra ‘D759 in B minor’, de Manu Blázquez, ganador del IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros-MAKMA.

La notación es la clave que da forma y sentido a esta obra, en este caso unida a la música. Las notas son traducidas como números y los números van siendo colocados en orden, quedando en ocasiones separados entre sí. En la obra de Blázquez se recogen un total de 14 grupos de instrumentos. En palabras del artista, “este tipo de notación tiene como fin romper visual y estéticamente con el lenguaje gráfico establecido”.

Manu Blázquez (Valencia, España-1978), en su etapa como estudiante de instituto, se interesó por el dibujo técnico y el grafiti, cursó estudios en la Universitat Jaume I de Castellón,  más tarde se trasladó a Italia con el fin de estudiar en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, donde se diploma con la tesis ‘Comunicazione e riproducibilità’. Actualmente reside en Valencia.

El Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros – MAKMA reconoce un proyecto expositivo inédito inspirado en un relato, historia o narración que tenga como forma de expresión el dibujo contemporáneo, fomentando el reconocimiento de artistas emergentes y apoyando la divulgación de sus obras,  contribuyendo a generar tejido cultural en el sector de las artes plásticas.

Detalle de la obra 'D759 in B minor', de Manu Blázquez.

Detalle de la obra ‘D759 in B minor’, de Manu Blázquez.

“Siempre intento juntar morbo y elegancia”

‘God is Queer’
Mamut Concept Store
Carrer del Pintor Salvador Abril, 48, 46005 València
Del 23 al 15 de diciembre de 2018

De las redes y para las redes, así es el Arte hoy, un cúmulo de me gustas, hashtags y retos que han transformado al artista en objeto de deseo de las miradas escópicas del individuo posmoderno. Subsumidos por el capitalismo imperante, muchos artistas optan hoy por realizar sus obras basándose en las preferencias de sus seguidores en las redes, lanzando preguntas e interactuando con los que habrán de convertirse en sus futuros compradores. Esta nueva dinámica entre los agentes artísticos se deja ver en propuestas como el Inktober, un reto lanzado desde 2009 por el ilustrador Jake Parker que apuesta por “exprimir” la creatividad de los jóvenes artistas. Una vez pasado octubre, podemos disfrutar de los resultados de esta iniciativa en exposiciones como ‘God is Queer’ de TheHugo, una serie de dibujos realizados a tinta en los cuales el joven ilustrador ha plasmado las complejidades que alberga el género en sus diversas manifestaciones. Ilustraciones donde morbo, transgresión y elegancia se funden para fascinar al público a través de las redes.

Hugo Díaz (TheHugo) comenzó su carrera como ilustrador realizando una autoedición de su primer libro que, a modo de cuento infantil, reelaboraba los dibujos de su infancia bajo el título ‘Mira que dibujo más bonito he hecho mamá’. Su periplo lo llevó a moverse por eventos relacionados con el manga y el anime, centrándose en el cómic a partir del cual empezó a interesarse por el dibujo. Durante la educación secundaria cambió sus intereses en torno a la biología marina por los lápices, y comenzó a orientar su futuro hacia el bachillerato artístico. Tal como apunta el artista, desde niño le encantaba crear personajes, siempre estaba dibujando y creando historias entre ellos.

En enero de 2016 se publicó ‘El fuego en el que ardo’ de Mike Lightwood ilustrado por TheHugo y que supondría su primer contrato en el mundo de la ilustración editorial. Un año después, y a raíz del éxito del primer libro se publica ‘El hielo de mis venas’, la segunda entrega del escritor sevillano editada por Plataforma Editorial e ilustrada por este prolífico artista. Entre sus proyectos se encuentra el cómic ‘Living la vida loca’ inspirado por la manera de contar historias de Paco Roca, en el cual realizó una serie de microrelatos que narraban de manera gráfica las experiencias vividas tras su paso por el grado superior en Segovia.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

¿Qué es God is Queer? ¿De dónde surge la idea de esta exposición?

El proyecto en sí nació del reto viral Inktober, una propuesta del ilustrador Jake Parker. Consiste en hacer un dibujo al día a tinta durante el mes de octubre y subirlo a las redes con el hashtag #Inktober.

¿Parten esta exposición y la serie de dibujos de las redes sociales?

Sí, esto nació sí o sí de las redes. El año pasado participé en el Inktober y conseguí hacer una serie completa de 31 retratos con tinta negra y con detalles en azul, un color que aplico en todo, y la verdad es que gustó bastante.

Este año me lo preparé con más tiempo y en agosto ya estaba pensando en qué serie de ilustraciones podría hacer. Todo surgió a partir de una ilustración de Hermes, que hice con un estilo más detallista y anatómico, no tan royo “comiquero”, como lo que suelo hacer. Tuvo una muy buena recepción en redes, y pensé ¿por qué no hacer 31 dioses para el Inktober?

En cuanto al tema elegido he de decir que la mitología me ha acompañado a  toda mi vida. Tengo libros infantiles más didácticos y algunos más de adultos que tratan la mitología griega, egipcia, nórdica, etc. Es algo que me hacia mucha ilusión ilustrar.

La idea era hacer 31 dioses diferentes, completamente desnudos con algunos detalles de la iconografía propia de cada dios. No quería limitarme a hacer cuerpos academicistas, clásicos o normativos y me sentía en la casi obligación de visibilizar el colectivo LGBTI, algo que me motivaba desde un principio. Quería hacerlo desde un punto de vista reivindicativo, de ahí que hayan dioses transexuales, más gordos, más delgados, con más pelo, con menos, más amanerados o masculinos, etc. He jugado con todo el espectro que nos ofrece el género y el cuerpo humano.

¿Cómo elegiste a las divinidades?

Fue algo básico, busqué dioses que tuvieran algo atractivo a la hora de representarlos. También me guié por lo que iba leyendo sobre las mitologías y por lo que la gente me iba proponiendo por las redes. Quería hacerlos humanos. Podría hacer incluso alguno con cuatro brazos, pero no quería hacerlos con cabezas de animales. Prefería humanizarlos. Por eso, y pensando en ese toque de ilustración de moda que siempre tengo en mente, basándome en la figura animal hice detalles en algunos personajes como la nariz puntiaguda, o un peinado que tenga unas orejas de chacal, etc. En el caso del dios romano Jano, al cual se le suele representar con dos caras, la suya y otra en la nuca, como no quería alejarme tanto de lo humano, decidí hacerlo como un persona de a pié que usa dos máscaras diferentes, una joven y otra anciana.

¿Por qué las máscaras de Jano no llevan el lunar, tan representativo de tu obra?

No tienen el lunar porque lo tendría debajo de la máscara. En realidad cuando lo dibujaba pensaba en el Inktober del año pasado en el cual todos los retratos tenían el lunar excepto uno, “Venenoso”, que represntaba a un chico quitándose la máscara y dejando ver que debajo solo tenía serpientes. Era una manera de representar a las personas tóxicas. De algún modo, tanto la máscara de Venenoso como las de Jano no son reales, simbolizan aquello que se quiere exponer, es como si yo por estética quisiera quitarme el lunar.

Detalle de la ilustración "Venenoso" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración «Venenoso» de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Háblanos de la estética homoerótica tanto de esta serie como la de tus obras previas

Yo siempre intento juntar morbo y elegancia por amor a la estética. Esta fusión la plasmo en toda mi obra. Me gusta darle a lo banal, a lo pornográfico ese toque de elegancia. Al principio me pregunté ¿por qué si soy gay tengo que hacer ilustraciones gays? Luego me lo propuse y me di cuenta que salía solo, que es parte de mí. Me encanta la estética del hinduismo y budismo pero por cautela, al ser una religión y una cultura aún vivas, no quería ponerme a representar a los dioses desnudos, aunque los hindúes, por ejemplo, veneran la androgínia. Pensé que esto podría llegar a ofender.

¿Entiendo qué has hecho un ejercicio de autocensura?

Sí, hay un ejercicio de autocensura. Por ejemplo, en las redes me preguntaron si iba a hacer a Cristo. La verdad es que respeto las creencias de la gente y si hacerlo a mi manera atentaba contra estas, prefería centrarme en los mitos y leyendas. Ofender por ofender me parece demasiado gratuito.

¿Crees que esta fusión entre estética y porno determina el público al que va dirigida tu obra?

Siempre he pensado que hacer obras de carácter homoerótico quizás me cerrara puertas para ilustrar algún día un cuento infantil. El público al que llego no es intencional. Hago lo que siento, y de esa manera llego a gente con inquietudes y gustos similares. La mayoría de mi público van a ser hombres, de hecho en Instagram podría decir que el 85% que compra mi obra son hombres del colectivo LGBTI. Con mi obra pretendo dar visibilidad al mundo no normativo. Es una lucha que llevo conmigo, pues considero que por ser hombre no he de vestir de una manera concreta. A la hora de realizar algunos de los dioses he consultado a personas de colectivos queer, para ver si podría ofenderles la manera de representar algunos personajes.

¿De dónde sacas los modelos para tus personajes?

De mi cabeza, aunque en algunas ocasiones he recurrido a alguna cuenta en Instagram para inspirarme con las anatomías y las poses que beben mucho del mundo de la moda. Cuando dibujaba en mi escritorio habían dos libros: uno de mitología dirigido a publico adolescente que recopilaba divinidades de diversas mitologías, y otro que recogía las obras del artista Alphonse Mucha. Considero que su elegancia a la hora de transmitir las formas del cuerpo femenino, su estética silueteada en rostros, manos y pelo han sido de gran inspiración para mis obras.

Detalle de la ilustración "Helios" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración «Helios» de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

¿Qué hay de ti en estas ilustraciones?

Soy tan visceral que todo lo que hago lo saco de mí. Cuando decidí marcarme un “Frida Kahlo” haciéndome autorretratos continuamente o poniendo a todos los personajes que diseñaba el lunar, me di cuenta que era algo de lo que pequeño renegaba y ahora es parte de mi identidad.

¿Por qué elegiste Mamut Concept Store para exponer God is Queer?

En realidad me eligieron ellos a mí. Es una tienda que nació hace unos meses, en la que se vende, ropa y productos de decoración realizados por diseñadores emergentes. Los dueños de la concept store llevan también Ediciones Hidroavión, una editorial así mas “indie”, en la que publican a escritores e ilustradores emergentes. El pasado verano a través de Instagram me escribieron desde Mamut y me ofrecieron exponer en su tienda. Fijamos fecha y programamos la exposición God is Queer.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

¿Para cuándo el próximo proyecto? ¿Qué ideas tienes en mente?

Me quiero centrar, por temas de trabajo, en la ilustración editorial y de moda. Tengo varias ideas para ilustrar algunas de las colecciones de diseñadores como Versace o Moschino, con colores muy “pop”. Por lo que respecta a esta exposición sí que me gustaría crear un libro con esta misma estética de ilustración, con diferentes historias, mitos y leyendas con temática queer.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Andrés Herraiz Llavador

Lezama reabre para acoger El color de la primera luz

‘El color de la primera luz’, Alejandra Gandía-Blasco
Antigua Galería Lezama
Salvador 9, Valencia
Hasta el 26 de Septiembre de 2018

Alejandra Gandía-Blasco muestra en Valencia ‘El color de la primera luz’ en un lugar inimaginado. La antigua y mítica Galería Lezama abre sus puertas del 19 al 26 de septiembre para acoger la primera individual de esta artista valenciana tras años de investigación. La muestra recoge el trabajo fotográfico de los últimos años que destaca por su obsesión por el registro y por una ardua investigación. El comisario es José Luis Clemente y la singularidad del espacio requiere, fuera de horario, de cita previa (llamando al número 654352363).

La antigua Galería Lezama, luego Purgatori II, es un espacio emblemático, hoy en
desuso y apenas remozado, abre de nuevo sus puertas para este proyecto puntual.
Más conocida por su faceta como diseñadora, Alejandra Gandía-Blasco se forma en la
Facultad de Bellas Artes de Altea y Valencia donde finaliza sus estudios en 2011 para,
posteriormente, ampliar su formación en la Saint Martin's School of Art de Londres.
Su formación y práctica artística se asienta en la pintura y el dibujo, para trascenderlos
y llegar a la fotografía, soporte en el que viene trabajando en los últimos años, como
un medio de registro. Para Alejandra Gandía-Blasco no hay separación entre los
procedimientos usados antes en dibujos o pintura y el uso de la fotografía. De hecho,
el interés por registrar, estaba en esos soportes y pasa ahora a la fotografía, como una
solución de continuidad. Ella habla a menudo de esa necesidad casi obsesiva por el
registro, convirtiéndose en un concienzudo proceso de investigación. Como la propia
artista señala: “Me interesa muy especialmente el registro. Alcanzar el lugar, el
momento justo. La fotografía es para mí una forma de archivo a través del que intento
captar la luz y su expansión en posibilidades diversas de color”.

En este proyecto se presentan una veintena de fotografías en las que el motivo de
fondo es el amanecer y la puesta del sol. Sin embargo, no es el motivo
representacional en sí lo que interesa a Alejandra Gandía-Blasco. “Para ella, un
amanecer o la puesta de sol – señala el comisario de la muestra José Luis Clemente-
son un paisaje más en el que se condensan instantes precisos en los que todo cambia
por momentos. La intención de Alejandra por generar un archivo, en el que registrar
las formas cambiantes de un horizonte, va más allá de la representación del propio
horizonte, apenas esbozado en líneas y círculos. Lo que vemos en las fotografías no
son formas concretas y reconocibles. Estas fotografías se plantean en clave abstracta.
El color se convierte entonces en herramienta constructiva y, a la vez, en una
exploración de sensaciones. Se trataría de una especie de catálogo en el que se
registran sucesivas gamas de color a partir del efecto que produce la luz en un
momento preciso y que siempre es variable”.

Alejandra Gandía-Blasco y el comisario, José Luis Clemente. Imagen cortesía Ancom.

Alejandra Gandía-Blasco y el comisario, José Luis Clemente. Imagen cortesía Ancom.

Estas obras no obedecen a las convenciones técnicas de la fotografía. Alejandra
Gandía-Blasco usa la fotografía como si pintara. Es por ello, que para estas series
recurre al móvil para fotografiar. Su interés, por tanto, estaría más en la fotografía “al
uso”, en los modos en los que comúnmente las personas acabamos registrándolo todo
usando el teléfono. Es por ello que en sus fotografías se evidencian a veces tramas de píxel, desenfoques y otros procedimientos que ofrece la tecnología digital, para luego
llevarlos al papel fotográfico como gestos pictóricos. Hay en estas fotografías también
un interés por incorporar el accidente y el azar. En ese sentido, señala la artista, cómo
el origen de estas series de fotografías tiene que ver con un primer registro que hizo
en unas fotografías tomadas con el teléfono móvil en un vuelo de Alicante a París. A
partir de ahí, Alejandra Gandía-Blasco fue investigando sobre los procesos del propio
registro y las posibilidades que ofrece el teléfono móvil para abordar una
investigación, en la que lleva casi dos años trabajando y de las que aquí se muestra una
pequeña parte. Alicante, Atenas e Ibiza, son los lugares de los que parte y los
momentos que elige. A partir de ahí, de un registro primero, como si se tratara de un
apunte, Alejandra Gandía-Blasco comienza intervenir la fotografía que, en sus
formalidades deja de serlo, para tratarse más pintura. De esta forma, cada fotografía,
cada papel, es tratado por la artista como obra única, no sujeta a la multiplicidad que
ofrece comúnmente el papel fotográfico.

Señalar el atractivo que ofrece el espacio expositivo y que hace también esta
exposición particularmente interesante. No se trata de un espacio convencional, el de
una galería de arte o una institución. Se trata de un espacio en desuso y abandonado
que, como hemos señalado, fue un espacio expositivo relevante en el pasado. Por
tanto, sus paredes que guardan parte de la memoria de lo que fuera una galería de
arte, recuperan el blanco original para acoger ahora toda la expresión de color de
Alejandra Gandía-Blasco.

El horario para visitar la exposición es el siguiente:

De martes a jueves de 18:00 a 21:00horas / viernes, de 18:00 a 20:00 horas,
resto horario bajo cita previa llamando al 654352363.