La memoria lírica de Shirin Salehi en Ana Serratosa

‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de Shirin Salehi
Galería Ana Serratosa
Pascual y Genís 19, València
Del 2 de abril al 28 de junio de 2019
Inauguración: martes 2 de abril de 2019 a las 20:00

La Galería Ana Serratosa acoge la exposición ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, de la artista iraní Shirin Salehi (Teherán, 1982), que podrá visitarse hasta el 28 de junio de 2019, cuya inauguración tendrá lugar hoy martes, 2 de abril, a las 20:00.

La muestra, comisariada por la historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar, reúne, bajo el título ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’, obras pertenecientes a las diferentes etapas de la trayectoria artística de la autora. Grabados, esculturas e instalaciones que encuentran un universo en común dentro del género de la poesía.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de las obras de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

La obra de Salehi, caracterizada por la monocromía y la experimentación con los materiales, utiliza el papel como protagonista, entendido como el lugar donde todo sucede. En ella, el soporte se transforma y se convierte en el camino a seguir, simbolizando fisuras, rasgaduras o incisiones, con las que la autora nos habla de experiencias y tiempos pasados, pero siempre intentando proclamar la belleza y la lírica como antídotos hacia el futuro.

Martínez de Aguilar describe la muestra como “una invitación a mirar muy de cerca, a sumergirse en el silencio a través de la palabra. Una aproximación sutil y silenciosa hacia el permanente interés del ser humano por dejar su huella en la historia a través del lenguaje escrito, de la grafía.”

Shirin Salehi reside y trabaja en España desde 1999. Artista visual, investigadora y docente, ha recibido premios de residencia artística por la Casa de Velázquez (Académie de France à Madrid), Il Bisonte Fondazione (Florencia) y la Fundação Bienal de Cerveira (Portugal) y de formación por la Fundació Pilar i Joan Miró (Mallorca) y por el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (La Coruña).

Imagen de una de la obra 'Y otro álamo cayó (II)', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Imagen de una de la obra ‘Y otro álamo cayó (II)’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Su trabajo ha recibido, entre otros reconocimientos, el primer premio al libro de artista de la Fundación Ankaria (Madrid, 2015), el premio especial Combat Prize (Livorno, Italia, 2015), premio Fundación Pilar Banús en los XXII Premios Nacionales de Grabado del Museo del Grabado Contemporáneo Español (Marbella, 2014), Premio Acqui Giovani en la XI Bienal Internacional de grabado Premio Acqui (Acquiterme, Italia, 2013) y recientemente el segundo premio en el Premio Internacional de Arte Gráfico Carmen Arozena (Madrid, 2017).

Ha participado en exposiciones en galerías, ferias e instituciones públicas y privadas en Europa desde 2009. Máster en Investigación en Arte y Creación por la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, a su término publicó (velado): ‘Manifiesto de una artista en tiempos de ruido’ (2016).

Detalle de la obra 'Poemas de soledad en Columbia University', de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Detalle de la obra ‘Poemas de soledad en Columbia University’, de Shirin Salehi. Fotografía cortesía de Galería Ana Serratosa.

Oralidad y vínculo en la obra de José Bedia

‘José Bedia. Trazos de una canción’
Galería Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Del 29 de marzo al 4 de mayo de 2019
Inauguración: viernes 29 de marzo de 2019 a las 20:00

En voz muy bajita, casi como susurrándonos, el artista cubano-americano José Bedia (La Habana, 1959) se empeña –desde hace años– en rescatar la oralidad, dejar sus huellas urdiendo un mapa a través de su quehacer visual, fundamentado en el lenguaje pictórico y el dibujístico, un mapa simbólico sobre la trasmisión de saberes oralmente; una constante que ha sido y es, desde siempre, una de las premisas utópicas y metodológicas de su trabajo.

Bedia edifica su obra desde una operación de arqueología y restauración de sus estudios antropológicos sobre cómo sobreviven, hoy día, las culturas primalistas, en combinación con cómo también sobreviven al avance civilizatorio del progreso social, como maquinaria homogenizadora, las culturas populares. En ese sentido, el artista es un registrador, un anotador de marcas endémicas que tienden a desaparecer de los estratos que componen nuestras voraces culturas omnívoras. Estas culturas trasatlánticas atravesadas por la africanidad, la españolidad y lo aborigen, en una mezcolanza en perpetua mutación, en un movimiento infinito de autodefinición.

Imagen de la obra 'En el tronco de un árbol una niña...', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘En el tronco de un árbol una niña…’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Quizás por esa urgencia de quien no sabe a cuánto estamos de la inevitable desaparición de estos fragmentos culturales que están siendo solapados, ocultados, silenciados, en su última producción Bedia se esfuerza por ilustrarnos –en el sentido de quien enseña, muestra u ofrece una iniciación gnóstica– cómo se mantienen entre nosotros esas transmisiones orales, como el ronroneo de ciertas nanas (canciones de cuna, muchas ya universales que han trascendido su localismo), boleros, danzones, habaneras, cantes de ida y vuelta, canciones susurradas, cantadas como murmullos al oído del iniciado, del recién nacido, del niño ingenuo que todavía el hombre es, pues Occidente se infantiliza cada día en su narcisismo tardío, que aún resuenan entre nosotros.

En un universo de reclamos de egolatrías, Bedia se desliga y baja la velocidad de sus obras, las hace menos escandalosas, más íntimas, más directas, menos enigmáticas, como si primara en él una necesidad de hacerse entender, incluso haciéndose más descriptivo; apelando a una relación narrativa directa, ni siquiera cargada de su habitual sentido del humor, sino didácticamente análoga, clara… clarividente.

Imagen de la obra 'País en premonición', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘País en premonición’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Puede que esta necesidad late en José Bedia porque está anclada en el conocimiento de que en esa relación de fe hay un vínculo, un nexo que debe salvarse, anotándolo, haciéndolo fabulación visual, cuaderno de anecdotario, crónica simbólica que indica una resistencia invicta aún. Una conexión hombre planta, planta animal, animal mujer, mujer luna, luna tierra, monte mar, mar tierra espíritu… y así. Una recíproca relación ecosistémica donde algo de ese saber ancestral podría indicarnos las reglas del juego de nuestra supervivencia como especie, como sociedad presente que se proyecta hacia el futuro desde el pasado. Un vínculo que es transversal y atemporal, poseedor de un saber que traspasa el tiempo. Un diálogo que Bedia comprende como el don en lo dado, en el intercambio, en la voz de los otros, en su palabra y su musicalidad, su sinfonía mínima.

Aún cuando esa música suene detrás, de fondo, como un murmullo, un cántico divino silencioso, en voz baja, sólo para entendidos e iniciados, estudiosos sabedores de esas lenguas otrora misteriosas, enigmáticas y ocultas ante los saberes actuales, idiomática que conoce perfectamente porque sabe que si él pregunta… sus deidades responden. Como dejó plasmado en aquella obra germinal de título: ‘Si yo te llamo tú me respondes’ (1985). Una graficación del sistema dialógico y vinculante que describe la relación del Iniciado y su Nganga.

A día de hoy, tal vez, todavía alguien de fe.

Imagen de la obra 'Múltiples Perfiles de Un Felino', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘Múltiples Perfiles de Un Felino’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Omar-Pascual Castillo

El octavo cielo de Silvia Mercé en Color Elefante

‘Algunas especies raras’, de Silvia Mercé
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Hasta el 12 de abril de 2019

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias.

Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar. Y, entonces, cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Silvia. MAKMA

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición la artista Silvia Mercé –que puede visitarse en la galería Color Elefante hasta el 12 de abril de 2019–.

Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos. El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, a mediados de los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia Mercé trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

Imagen de la serie ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, de Silvia Mercé. Fotografía cortesía de Color Elefante.

‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, serie representada en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Inquieta, impulsiva, errante, Mercé necesita experimentar, enredarse con nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuerte.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de 'Algunas especies raras' en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La artista Silvia Mercé durante un instante de la inauguración de ‘Algunas especies raras’ en Color Elefante. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Marisa Giménez Soler

Blázquez y la sinfonía inacabada de Shubert

D-759 in B minor. Manu Blázquez
Premio Nacional de dibujo DKV-MAKMA – IV edición
MuVIM
Guillem de Castro, 10 (Valencia)
Hasta el 3 de febrero de 2019

El Premio Nacional de Dibujo organizado por DKV seguros y MAKMA, revista de artes visuales y cultura contemporánea, en cuyas dos últimas ediciones ha participado el MuVIM, busca aproximar el arte contemporáneo al público en general y abrir espacios para el ocio cultural familiar, valiéndose de la potencia, atemporalidad, y valores inherentes a cuentos, relatos, e historias, realizando para ello una convocatoria anual de la cual sale un proyecto premiado.

En este caso, el acercamiento a la narración viene de la mano de Manu Blázquez (Valencia, 1978), con un proyecto conceptual que nos permite –al paso- abordar detalles de la biografía de Franz Schubert, ya que se centra en una lectura plástica sorprendente de su mítica 8ª sinfonía(1)

Vista nocturna del cubo del MuVIM con la propuesta de Manu Blázquez. Fotografía de Biel Aliño.

Vista nocturna del cubo del MuVIM con la propuesta de Manu Blázquez. Fotografía de Biel Aliño.

Hay muchas teorías que intentan explicar si Schubert llegó a finalizar o no su trabajo en la denominada sinfonía D-759: también conocida como “inconclusa”. Una de las hipótesis sobre la legendaria composición, parece indicar que abandonó la labor al conocer el diagnóstico de la grave enfermedad que había contraído. Otra conjetura afirma que la pieza está concluida tal como la concibió y quiso dejar tal cual, siendo muestra de la propia mente innovadora del compositor, pero entre una y otra teoría, se baraja también la posibilidad de que desistiera a proseguirla debido al desvanecimiento de un amor que le habría dado la inspiración para componerla, y que obligado por su enfermedad, se vio moralmente comprometido a renunciar a dicho amor. Esto último, tampoco está claro, pero diversas lecturas entre líneas de sus escritos tan románticos  llevan a considerar los motivos por los que a esta sinfonía “inconclusa” se la ha referido como “El apoteosis del amor”.

“Cuando cantaba mi amor, mi amor se convertía en dolor. Cuando cantaba mi dolor, mi dolor se convertía en amor. Mi dolor y mi amor se disputaban mi corazón”.

(Franz Schubert)

Vista parcial de la exposición desde el Hall del MuVIM. Fotografía de Biel Aliño.

Vista parcial de la exposición de el hall del MuVIM. Fotografía de Biel Aliño.

Lo que sí parece indiscutible, es que Schubert realiza el esquema de su octava en partitura para piano, finaliza y orquesta los dos primeros movimientos y empieza un scherzo(2) que no acaba, y tampoco deja ninguna información sobre el allegro final. Deja la obra en el mes de octubre de 1822, y el misterio empieza cuando le hace entrega de la misma (las dos partes terminadas, supuestamente la mitad), a su amigo Josef Hüttenbrenner de la Steiermärkischen Musikverein, sociedad Musical de Estiria en Graz, para dar gracias por su nombramiento como socio de honor,  (verano de 1823), de donde  finalmente llegaría a Johann Herbeck, que la interpretaría en Viena por primera vez pasadas cuatro décadas (1865).

Para Hüttenbrenner, -según carta de su propio puño y letra- la obra es un tesoro musical de nivel excepcional, pero seguramente no la hace interpretar por considerar que le faltan los dos movimientos finales de los cuatro habituales, reforzando para sí ésta hipótesis cuando se halla el borrador de Schubert con algunos compases del mencionado scherzo que podrían haber servido para un tercer movimiento, aunque este hecho no resuelve tampoco el misterio.

Para descifrar el enigma en profundidad, no podemos hacer más que invitar a analizar los cambios bruscos en el estado de ánimo del compositor, que presenta grandes contrastes, inocencia, compasión, encanto, jovialidad y buen humor, pero también resignación, severidad, melancolía e incluso dolor y desesperación.

Detalle de la pieza que muestra el proceso de trabajo de Manu Blázquez sobre la Sinfonía Inacabada. Anotaciones, lápiz y bolígrafo sobre papel. Fotografía Biel Aliño.

Detalle de la pieza que muestra el proceso de trabajo de Manu Blázquez sobre la Sinfonía Inacabada. Anotaciones, lápiz y bolígrafo sobre papel. Fotografía Biel Aliño.

En 1828, Schubert dio el único concierto de su carrera con sus propias obras, tuvo gran éxito, pero falleció tan solo ocho meses después.

Entre tanta incógnita, con un código de orden propio, inabordable para muchos y de acabado indiscutible para los demás, Blázquez manifiesta internarse en una serie de sucesiones numéricas establecidas siguiendo el orden progresivo de las notas musicales de la “inconclusa sinfonía” para generar las series de dibujos donde materializa gráficamente los valores de la misma.

“Mi única ambición es la creación de un mundo perfecto, un lugar donde no existe el caos, donde los números y las matemáticas me permitan refugiarme del ruido que nos rodea” 

(Elena Asisns)

La historia de una sinfonía de tan abundantes matices y conjeturas, mítica desde su génesis, y de inconquistable final, entra aquí -por inconsciencia o bravura artística-, en zona de geometría, línea, luz y sombra. Un área plástica, en la que se distinguen contornos de algunas huellas cuyas pisadas están identificadas  a lo largo del s. XX y hasta nuestros días, como las de Elena Asins, Antonio Calderara, Hanne Darboven, Hans Hartung, Giorgio Morandi, Sol LeWitt, o Eusebio Sempere.

Manu Blázquez ante el montaje del cubo en el MuVIM. 14 de diciembre de 2018. Fotografía de Biel Aliño.

Manu Blázquez ante el montaje del cubo en el MuVIM. 14 de diciembre de 2018. Fotografía de Biel Aliño.

Para Manu Blázquez, “No es conveniente dar más pistas acerca del juego, lo importante es guardar cierto misterio y que el espectador componga su propia sinfonía”

(1) Se le atribuye clásicamente el nº 8 pero en las renumeraciones actuales es la nº 7
(2) Nombre que se da a ciertas obras musicales o a algunos movimientos de una composición grande como una sonata o una sinfonía

Vicente Chambó

La Sinfonía Inacabada de Manu Blázquez en el MuVIM

‘D759 in B minor’, de Manu Blázquez
IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros – MAKMA
MuVIM
Cubo y Hall
Quevedo 10, València
Del 14 de diciembre de 2018 al 4 de febrero de 2019
Inauguración: viernes 14 de diciembre a las 20:00

El Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM) acoge la exposición ‘D759 in B minor’, del artista Manu Blázquez y bajo el comisariado de Vicente Chambó, proyecto ganador del IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros – MAKMA, cuya inaguración tendrá lugar el próximo viernes 14 de diciembre de 2018 a las 20:00.

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‘D759 in B minor’ toma como referencia la ‘Sinfonía Inacabada’ de Franz Schubert, la misteriosa obra que ha llegado hasta nuestros días con la etiqueta de “no terminada”, y que para algunos es el resultado de una mente innovadora como fue la de Schubert. Aunque hay una cuestión que no ayuda a resolver  el misterio que aún hoy prevalece, ya que solo se compone de dos movimientos, cuando lo normal es que las sinfonías constaran de cuatro.

Con un código inabordable para muchos y de percepción minimalista, Blázquez manifiesta internarse en una serie de sucesiones numéricas establecidas, siguiendo el orden progresivo de las notas musicales de la inconclusa sinfonía, para ofrecer una lectura física abstracta, de manera que las notas musicales y pentagramas quedan transformados en geometrías, rectángulos o líneas para generar series de dibujos que materializan gráficamente los valores no visibles de aquella.

La sucesión de estas geometrías, a primera vista, no tiene sentido alguno, aunque, en el desplegable publicado para la exposición, Blázquez aporta unos manuscritos en el que se aprecian anotaciones y cálculos sobre papel y lápiz, apuntes utilizados para llegar al resultado final; cálculos anotados para expresar los conceptos.

Detalle de la obra 'D759 in B minor', de Manu Blázquez, ganador del IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros-MAKMA.

Detalle de la obra ‘D759 in B minor’, de Manu Blázquez, ganador del IV Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros-MAKMA.

La notación es la clave que da forma y sentido a esta obra, en este caso unida a la música. Las notas son traducidas como números y los números van siendo colocados en orden, quedando en ocasiones separados entre sí. En la obra de Blázquez se recogen un total de 14 grupos de instrumentos. En palabras del artista, “este tipo de notación tiene como fin romper visual y estéticamente con el lenguaje gráfico establecido”.

Manu Blázquez (Valencia, España-1978), en su etapa como estudiante de instituto, se interesó por el dibujo técnico y el grafiti, cursó estudios en la Universitat Jaume I de Castellón,  más tarde se trasladó a Italia con el fin de estudiar en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, donde se diploma con la tesis ‘Comunicazione e riproducibilità’. Actualmente reside en Valencia.

El Premio Nacional de Dibujo DKV Seguros – MAKMA reconoce un proyecto expositivo inédito inspirado en un relato, historia o narración que tenga como forma de expresión el dibujo contemporáneo, fomentando el reconocimiento de artistas emergentes y apoyando la divulgación de sus obras,  contribuyendo a generar tejido cultural en el sector de las artes plásticas.

Detalle de la obra 'D759 in B minor', de Manu Blázquez.

Detalle de la obra ‘D759 in B minor’, de Manu Blázquez.

“Siempre intento juntar morbo y elegancia”

‘God is Queer’
Mamut Concept Store
Carrer del Pintor Salvador Abril, 48, 46005 València
Del 23 al 15 de diciembre de 2018

De las redes y para las redes, así es el Arte hoy, un cúmulo de me gustas, hashtags y retos que han transformado al artista en objeto de deseo de las miradas escópicas del individuo posmoderno. Subsumidos por el capitalismo imperante, muchos artistas optan hoy por realizar sus obras basándose en las preferencias de sus seguidores en las redes, lanzando preguntas e interactuando con los que habrán de convertirse en sus futuros compradores. Esta nueva dinámica entre los agentes artísticos se deja ver en propuestas como el Inktober, un reto lanzado desde 2009 por el ilustrador Jake Parker que apuesta por “exprimir” la creatividad de los jóvenes artistas. Una vez pasado octubre, podemos disfrutar de los resultados de esta iniciativa en exposiciones como ‘God is Queer’ de TheHugo, una serie de dibujos realizados a tinta en los cuales el joven ilustrador ha plasmado las complejidades que alberga el género en sus diversas manifestaciones. Ilustraciones donde morbo, transgresión y elegancia se funden para fascinar al público a través de las redes.

Hugo Díaz (TheHugo) comenzó su carrera como ilustrador realizando una autoedición de su primer libro que, a modo de cuento infantil, reelaboraba los dibujos de su infancia bajo el título ‘Mira que dibujo más bonito he hecho mamá’. Su periplo lo llevó a moverse por eventos relacionados con el manga y el anime, centrándose en el cómic a partir del cual empezó a interesarse por el dibujo. Durante la educación secundaria cambió sus intereses en torno a la biología marina por los lápices, y comenzó a orientar su futuro hacia el bachillerato artístico. Tal como apunta el artista, desde niño le encantaba crear personajes, siempre estaba dibujando y creando historias entre ellos.

En enero de 2016 se publicó ‘El fuego en el que ardo’ de Mike Lightwood ilustrado por TheHugo y que supondría su primer contrato en el mundo de la ilustración editorial. Un año después, y a raíz del éxito del primer libro se publica ‘El hielo de mis venas’, la segunda entrega del escritor sevillano editada por Plataforma Editorial e ilustrada por este prolífico artista. Entre sus proyectos se encuentra el cómic ‘Living la vida loca’ inspirado por la manera de contar historias de Paco Roca, en el cual realizó una serie de microrelatos que narraban de manera gráfica las experiencias vividas tras su paso por el grado superior en Segovia.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

¿Qué es God is Queer? ¿De dónde surge la idea de esta exposición?

El proyecto en sí nació del reto viral Inktober, una propuesta del ilustrador Jake Parker. Consiste en hacer un dibujo al día a tinta durante el mes de octubre y subirlo a las redes con el hashtag #Inktober.

¿Parten esta exposición y la serie de dibujos de las redes sociales?

Sí, esto nació sí o sí de las redes. El año pasado participé en el Inktober y conseguí hacer una serie completa de 31 retratos con tinta negra y con detalles en azul, un color que aplico en todo, y la verdad es que gustó bastante.

Este año me lo preparé con más tiempo y en agosto ya estaba pensando en qué serie de ilustraciones podría hacer. Todo surgió a partir de una ilustración de Hermes, que hice con un estilo más detallista y anatómico, no tan royo “comiquero”, como lo que suelo hacer. Tuvo una muy buena recepción en redes, y pensé ¿por qué no hacer 31 dioses para el Inktober?

En cuanto al tema elegido he de decir que la mitología me ha acompañado a  toda mi vida. Tengo libros infantiles más didácticos y algunos más de adultos que tratan la mitología griega, egipcia, nórdica, etc. Es algo que me hacia mucha ilusión ilustrar.

La idea era hacer 31 dioses diferentes, completamente desnudos con algunos detalles de la iconografía propia de cada dios. No quería limitarme a hacer cuerpos academicistas, clásicos o normativos y me sentía en la casi obligación de visibilizar el colectivo LGBTI, algo que me motivaba desde un principio. Quería hacerlo desde un punto de vista reivindicativo, de ahí que hayan dioses transexuales, más gordos, más delgados, con más pelo, con menos, más amanerados o masculinos, etc. He jugado con todo el espectro que nos ofrece el género y el cuerpo humano.

¿Cómo elegiste a las divinidades?

Fue algo básico, busqué dioses que tuvieran algo atractivo a la hora de representarlos. También me guié por lo que iba leyendo sobre las mitologías y por lo que la gente me iba proponiendo por las redes. Quería hacerlos humanos. Podría hacer incluso alguno con cuatro brazos, pero no quería hacerlos con cabezas de animales. Prefería humanizarlos. Por eso, y pensando en ese toque de ilustración de moda que siempre tengo en mente, basándome en la figura animal hice detalles en algunos personajes como la nariz puntiaguda, o un peinado que tenga unas orejas de chacal, etc. En el caso del dios romano Jano, al cual se le suele representar con dos caras, la suya y otra en la nuca, como no quería alejarme tanto de lo humano, decidí hacerlo como un persona de a pié que usa dos máscaras diferentes, una joven y otra anciana.

¿Por qué las máscaras de Jano no llevan el lunar, tan representativo de tu obra?

No tienen el lunar porque lo tendría debajo de la máscara. En realidad cuando lo dibujaba pensaba en el Inktober del año pasado en el cual todos los retratos tenían el lunar excepto uno, “Venenoso”, que represntaba a un chico quitándose la máscara y dejando ver que debajo solo tenía serpientes. Era una manera de representar a las personas tóxicas. De algún modo, tanto la máscara de Venenoso como las de Jano no son reales, simbolizan aquello que se quiere exponer, es como si yo por estética quisiera quitarme el lunar.

Detalle de la ilustración "Venenoso" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración “Venenoso” de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Háblanos de la estética homoerótica tanto de esta serie como la de tus obras previas

Yo siempre intento juntar morbo y elegancia por amor a la estética. Esta fusión la plasmo en toda mi obra. Me gusta darle a lo banal, a lo pornográfico ese toque de elegancia. Al principio me pregunté ¿por qué si soy gay tengo que hacer ilustraciones gays? Luego me lo propuse y me di cuenta que salía solo, que es parte de mí. Me encanta la estética del hinduismo y budismo pero por cautela, al ser una religión y una cultura aún vivas, no quería ponerme a representar a los dioses desnudos, aunque los hindúes, por ejemplo, veneran la androgínia. Pensé que esto podría llegar a ofender.

¿Entiendo qué has hecho un ejercicio de autocensura?

Sí, hay un ejercicio de autocensura. Por ejemplo, en las redes me preguntaron si iba a hacer a Cristo. La verdad es que respeto las creencias de la gente y si hacerlo a mi manera atentaba contra estas, prefería centrarme en los mitos y leyendas. Ofender por ofender me parece demasiado gratuito.

¿Crees que esta fusión entre estética y porno determina el público al que va dirigida tu obra?

Siempre he pensado que hacer obras de carácter homoerótico quizás me cerrara puertas para ilustrar algún día un cuento infantil. El público al que llego no es intencional. Hago lo que siento, y de esa manera llego a gente con inquietudes y gustos similares. La mayoría de mi público van a ser hombres, de hecho en Instagram podría decir que el 85% que compra mi obra son hombres del colectivo LGBTI. Con mi obra pretendo dar visibilidad al mundo no normativo. Es una lucha que llevo conmigo, pues considero que por ser hombre no he de vestir de una manera concreta. A la hora de realizar algunos de los dioses he consultado a personas de colectivos queer, para ver si podría ofenderles la manera de representar algunos personajes.

¿De dónde sacas los modelos para tus personajes?

De mi cabeza, aunque en algunas ocasiones he recurrido a alguna cuenta en Instagram para inspirarme con las anatomías y las poses que beben mucho del mundo de la moda. Cuando dibujaba en mi escritorio habían dos libros: uno de mitología dirigido a publico adolescente que recopilaba divinidades de diversas mitologías, y otro que recogía las obras del artista Alphonse Mucha. Considero que su elegancia a la hora de transmitir las formas del cuerpo femenino, su estética silueteada en rostros, manos y pelo han sido de gran inspiración para mis obras.

Detalle de la ilustración "Helios" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración “Helios” de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

¿Qué hay de ti en estas ilustraciones?

Soy tan visceral que todo lo que hago lo saco de mí. Cuando decidí marcarme un “Frida Kahlo” haciéndome autorretratos continuamente o poniendo a todos los personajes que diseñaba el lunar, me di cuenta que era algo de lo que pequeño renegaba y ahora es parte de mi identidad.

¿Por qué elegiste Mamut Concept Store para exponer God is Queer?

En realidad me eligieron ellos a mí. Es una tienda que nació hace unos meses, en la que se vende, ropa y productos de decoración realizados por diseñadores emergentes. Los dueños de la concept store llevan también Ediciones Hidroavión, una editorial así mas “indie”, en la que publican a escritores e ilustradores emergentes. El pasado verano a través de Instagram me escribieron desde Mamut y me ofrecieron exponer en su tienda. Fijamos fecha y programamos la exposición God is Queer.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

¿Para cuándo el próximo proyecto? ¿Qué ideas tienes en mente?

Me quiero centrar, por temas de trabajo, en la ilustración editorial y de moda. Tengo varias ideas para ilustrar algunas de las colecciones de diseñadores como Versace o Moschino, con colores muy “pop”. Por lo que respecta a esta exposición sí que me gustaría crear un libro con esta misma estética de ilustración, con diferentes historias, mitos y leyendas con temática queer.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Andrés Herraiz Llavador

Lezama reabre para acoger El color de la primera luz

‘El color de la primera luz’, Alejandra Gandía-Blasco
Antigua Galería Lezama
Salvador 9, Valencia
Hasta el 26 de Septiembre de 2018

Alejandra Gandía-Blasco muestra en Valencia ‘El color de la primera luz’ en un lugar inimaginado. La antigua y mítica Galería Lezama abre sus puertas del 19 al 26 de septiembre para acoger la primera individual de esta artista valenciana tras años de investigación. La muestra recoge el trabajo fotográfico de los últimos años que destaca por su obsesión por el registro y por una ardua investigación. El comisario es José Luis Clemente y la singularidad del espacio requiere, fuera de horario, de cita previa (llamando al número 654352363).

La antigua Galería Lezama, luego Purgatori II, es un espacio emblemático, hoy en
desuso y apenas remozado, abre de nuevo sus puertas para este proyecto puntual.
Más conocida por su faceta como diseñadora, Alejandra Gandía-Blasco se forma en la
Facultad de Bellas Artes de Altea y Valencia donde finaliza sus estudios en 2011 para,
posteriormente, ampliar su formación en la Saint Martin's School of Art de Londres.
Su formación y práctica artística se asienta en la pintura y el dibujo, para trascenderlos
y llegar a la fotografía, soporte en el que viene trabajando en los últimos años, como
un medio de registro. Para Alejandra Gandía-Blasco no hay separación entre los
procedimientos usados antes en dibujos o pintura y el uso de la fotografía. De hecho,
el interés por registrar, estaba en esos soportes y pasa ahora a la fotografía, como una
solución de continuidad. Ella habla a menudo de esa necesidad casi obsesiva por el
registro, convirtiéndose en un concienzudo proceso de investigación. Como la propia
artista señala: “Me interesa muy especialmente el registro. Alcanzar el lugar, el
momento justo. La fotografía es para mí una forma de archivo a través del que intento
captar la luz y su expansión en posibilidades diversas de color”.

En este proyecto se presentan una veintena de fotografías en las que el motivo de
fondo es el amanecer y la puesta del sol. Sin embargo, no es el motivo
representacional en sí lo que interesa a Alejandra Gandía-Blasco. “Para ella, un
amanecer o la puesta de sol – señala el comisario de la muestra José Luis Clemente-
son un paisaje más en el que se condensan instantes precisos en los que todo cambia
por momentos. La intención de Alejandra por generar un archivo, en el que registrar
las formas cambiantes de un horizonte, va más allá de la representación del propio
horizonte, apenas esbozado en líneas y círculos. Lo que vemos en las fotografías no
son formas concretas y reconocibles. Estas fotografías se plantean en clave abstracta.
El color se convierte entonces en herramienta constructiva y, a la vez, en una
exploración de sensaciones. Se trataría de una especie de catálogo en el que se
registran sucesivas gamas de color a partir del efecto que produce la luz en un
momento preciso y que siempre es variable”.

Alejandra Gandía-Blasco y el comisario, José Luis Clemente. Imagen cortesía Ancom.

Alejandra Gandía-Blasco y el comisario, José Luis Clemente. Imagen cortesía Ancom.

Estas obras no obedecen a las convenciones técnicas de la fotografía. Alejandra
Gandía-Blasco usa la fotografía como si pintara. Es por ello, que para estas series
recurre al móvil para fotografiar. Su interés, por tanto, estaría más en la fotografía “al
uso”, en los modos en los que comúnmente las personas acabamos registrándolo todo
usando el teléfono. Es por ello que en sus fotografías se evidencian a veces tramas de píxel, desenfoques y otros procedimientos que ofrece la tecnología digital, para luego
llevarlos al papel fotográfico como gestos pictóricos. Hay en estas fotografías también
un interés por incorporar el accidente y el azar. En ese sentido, señala la artista, cómo
el origen de estas series de fotografías tiene que ver con un primer registro que hizo
en unas fotografías tomadas con el teléfono móvil en un vuelo de Alicante a París. A
partir de ahí, Alejandra Gandía-Blasco fue investigando sobre los procesos del propio
registro y las posibilidades que ofrece el teléfono móvil para abordar una
investigación, en la que lleva casi dos años trabajando y de las que aquí se muestra una
pequeña parte. Alicante, Atenas e Ibiza, son los lugares de los que parte y los
momentos que elige. A partir de ahí, de un registro primero, como si se tratara de un
apunte, Alejandra Gandía-Blasco comienza intervenir la fotografía que, en sus
formalidades deja de serlo, para tratarse más pintura. De esta forma, cada fotografía,
cada papel, es tratado por la artista como obra única, no sujeta a la multiplicidad que
ofrece comúnmente el papel fotográfico.

Señalar el atractivo que ofrece el espacio expositivo y que hace también esta
exposición particularmente interesante. No se trata de un espacio convencional, el de
una galería de arte o una institución. Se trata de un espacio en desuso y abandonado
que, como hemos señalado, fue un espacio expositivo relevante en el pasado. Por
tanto, sus paredes que guardan parte de la memoria de lo que fuera una galería de
arte, recuperan el blanco original para acoger ahora toda la expresión de color de
Alejandra Gandía-Blasco.

El horario para visitar la exposición es el siguiente:

De martes a jueves de 18:00 a 21:00horas / viernes, de 18:00 a 20:00 horas,
resto horario bajo cita previa llamando al 654352363.

Los versos robados con admiración por Moisés Yagües

Versos robados, de Moisés Yagües
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 12 de junio de 2018

Ha robado (“la verdad es que suena mal”) versos de grandes poetas: Miguel Hernández, Caballero Bonald, Luis Cernuda, Cristina Peri Rossi, Antonio Gamoneda, Juan José Téllez, Ana Merino… Aunque lo ha hecho “con buena intención”: la de trasladar a su particular universo creativo la hondura de sus admirados poetas. De hecho, Moisés Yagües reconoce en ellos su verdadera vocación: “Más que pintor, me hubiera gustado ser poeta”. Y la verdad es que viendo su obra, diríase impregnada de ese aliento poético que tanto anhela.

A veces confundo el amor con una escalera, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

A veces confundo el amor con una escalera, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Los Versos robados que dan título al conjunto expositivo que presenta en la galería Alba Cabrera le han permitido indagar en las relaciones humanas, con esa mezcla de profundidad e ironía que caracteriza su trabajo. Si comedia es igual a tragedia más tiempo, como dice uno de los personajes de Delitos y faltas (Woody Allen), la obra de Yagües estaría atravesada de esa vis cómica, bajo cuya apariencia emerge una sutil amargura. “La vida es un poco tragicomedia”, secunda el artista murciano, que el 15 de mayo inaugura en su natal Molina de Segura otra exposición, esta vez en torno a las fronteras, realizada con la ayuda de sus alumnos de primaria.

De nuevo la poesía y la realidad, en forma de drama migratorio, dándose la mano entre una exposición y otra, y en el interior de cada una de sus obras. Un conjunto de versos robados, de cuyo proyecto seleccionó Graciela Devincenzi, responsable de Alba Cabrera, las piezas que integran la muestra. “No soy un especialista en poesía, pero he ido anotando en una libreta ideas de los poetas que leía”. Ideas que ha trasladado a su pintura, a veces partiendo de los versos y otras simplemente dejándose llevar.

Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Jugar con el lenguaje es una de las cosas que más admiro”. Un juego en el que los poetas se la juegan de tanto buscar en el interior de las palabras su esencia. “Es una cosa que no está valorada. Ningún poeta vive de la poesía, ni siquiera los que tienen una gran trayectoria”. Por eso proclama Moisés Yagües: “Los poetas son gente admirable, porque trabajan verdaderamente por amor al arte”. Un arte basado en “contar tanto con tan pocas palabras”. A rebufo de ese espíritu lacónico, pero intenso, él también juega con los colores, sus entrañables personajes y las ideas que le pasan por la cabeza, destilando un sinfín de sugerentes historias.

“Siempre intento contar algo con las imágenes y los títulos”. Imágenes protagonizadas por unos seres que quieren comunicarse entre sí, pero que hallan dificultades para hacerlo, a pesar de las escaleras y los puentes trazados entre ellos. “La incomunicación está ahí y yo creo que, a raíz de Internet y la aparente comunicación existente, incluso ha empeorado”. Y agrega: “La tecnología puede ser maravillosa en un sentido, pero en otro empobrece”. De nuevo la faz amable y su envés amargo manteniendo un pulso en su trabajo.

Es bonito el amor cuando se hace, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Es bonito el amor cuando se hace, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Hay alusiones a sus admirados poetas, pero también a la música (Serrat, Rosendo, Burnbury, Rafa Berrio) y el cine (La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera). Y gustándole jugar con todo ello, una veces impulsado por la admiración y otras por la ironía (Enrique Iglesias y su spanglish I want to be contigo), insiste en lo difícil que es la comunicación, tanto en la vida como en su obra, reflejo de aquella. “Que dos personas lleguen a conectar y permanecer juntas es uno de los misterios de la vida”. Como misterioso, más bien trágico, es que no nos demos cuenta de lo que sucede en ese “Mediterráneo en el que nos bañamos en verano”. “Se están muriendo miles de personas y, a ese ritmo, va a ser con el tiempo una bestialidad que pasará a la historia como lo ocurrido con los nazis”. Eso sí, pese a todo, Moisés Yagües proclama: “Siempre son buenos tiempos para la lírica”. Sus Versos robados lo demuestra.

No dejes que tus ideas se pierdan en el fondo de tu cabeza, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

No dejes que tus ideas se pierdan en el fondo de tu cabeza, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Carmen Calvo. Una jaula para vivir

Carmen Calvo. Una jaula para vivir
Galería Ana Serratosa
C / Vicente Beltrán Grimal, 26. Valencia
www.anaserratosa.es
Presentación, jueves 1 de febrero
Hasta el 28 de febrero de 2018
Visitas gratuitas, lunes a viernes de 17 a 20.30 horas

La instalación se inicia el mismo día en que Carmen Calvo lee la noticia en un periódico, (noviembre de 1997) sobre una niña de siete años que pasó dos semanas de su vida viviendo encerrada en una jaula. Un trágico suceso que la autora quiso reflejar a través de su particular mirada.

‘Una jaula para vivir’ combina elementos como juguetes, peluches, muñecas y otros objetos relacionados con la infancia, que junto con la iluminación, el sonido y la propia mirada del espectador, recrean y ponen hincapié en el universo de la primera edad.
La presencia de espejos y de la jaula (la parte más importante de la instalación, e idéntica a la aparecida en la foto de la noticia) convierten la obra en una experiencia asombrosa y escalofriante que pone en el punto de mira un tema tan relevante y actual como es el maltrato infantil.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

La diversidad de materiales que Carmen Calvo emplea en la creación de sus obras, representan un rasgo característico personal en la composición de la instalación. Elementos encontrados o, también, adquiridos en mercadillos y rastros, junto a materiales como el cemento, el mármol, el cristal, el barro, el yeso y un largo etcétera, forman parte de sus composiciones.

En relación con su trayectoria, Carmen Calvo (Premio Nacional de de Artes Plásticas, 2013) inicialmente ingresa en la Escuela de Artes y Oficios y, posteriormente, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Sus trabajos adquieren reconocimiento internacional sobre todo a partir de mediados de los 90. En 2003, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó una exposición individual de toda su obra.

‘Una jaula para vivir’, ahora reinterpretada casi dos décadas después de su creación, se presentará el día 1 de febrero en una velada en la que la autora también protagonizará una charla sobre su carrera artística. Esta instalación coincide en el tiempo con la exposición ‘Peces de colores en la azotea’, una muestra de obra totalmente inédita que acoge la otra sede de la Galería Ana Serratosa (ubicada en el ático de la calle Pascual y Genís, 19 de Valencia) y que continuará hasta finales de febrero.

Superficie de ruptura. Cristina Ramírez

Superficie de ruptura. Cristina Ramírez
Espacio Iniciarte
Calle Capitulares, 2 y calle Pedro López, 5
Córdoba
Hasta el 27 de agosto 2017

La exposición ‘Superficie de ruptura’ de la artista Cristina Ramírez (Toledo,1981), cuyo ciclo se inició en el Espai galería del Tossal (Valencia, diciembre 2016), con ‘Negro humo’, sigue mostrando la genialidad del trazo en el dibujo como obra definitiva, reivindicativa y con argumento propio. Actualmente visible renovada y ampliada, la muestra puede seguirse en el Espacio Iniciarte de Córdoba, ubicado en una antigua Casa Palacio de la Diputación y Biblioteca Provincial de Córdoba. Actualmente, también la Delegación Territorial de Cultura, cuya sala fue rehabilitada en el año 2010 para uso expositivo.

Las obras que componen, esta muestra impecable, forman parte de un todo, es decir, confirman la existente necesidad de imbuirse en la temática que la autora propone, para despertar la capacidad meditativa de cada visitante.

El punto de partida podría ser, la incertidumbre que suscita una naturaleza potente y descontrolada, la cual posee la capacidad divina de modificar todo el entorno hasta ahora conocido. Pero como apostilla Víctor Borrego, ”todavía podemos hacer hipótesis, inferir, atisbar y hasta dar expresión a nuestras expectativas;” otorgando a la humanidad esa capacidad redentora y salvadora, frente a lo inevitable.

'' 2.5 en el silencio se hace grande''. Imagen: cortesía de Cristina Ramírez

” 2.5 en el silencio se hace grande”. Imagen: cortesía de Cristina Ramírez

Con un estilo, que recuerda a la tendencia japonesa del manga, plasma una naturaleza desbocada y atroz, devorando todo a su alrededor. Rescatando la idea reflexiva que propone Borrego en su escrito, nos encontramos ante un punto de inflexión, en el que se presentan dos caminos; por un lado adentrarnos en la más oscura de las incertidumbres sin retorno y por otro,  cambiar el color que pinta el futuro.

La utilización de los colores, como continuidad de lo anterior, se reduce al blanco y negro, superpuesto uno sobre otro para crear texturas, espacios y profundidad aportando calidad al mensaje inicial. Podría entenderse que la presencia humana queda reducida a la figura del espectador, sin embargo, se aprecia en elementos de las propias representaciones como apunta PAC (Plataforma de Arte contemporáneo) ”(…)La podemos encontrar, no como figuración del cuerpo humano, sino a través de las creaciones del hombre: la escalera y la valla, elementos muy simbólicos, vinculados al mundo artesanal y al hogar.” Prueba de ellos es la obra Un zumbido durante días ( 2017).

Fragmento de la exposición, y de la obra  '' Un zumbido durante días''. Imgen: cortesía de Cristina Ramírez

Fragmento de la exposición, y de la obra ” Un zumbido durante días”. Imgen: cortesía de Cristina Ramírez

El trabajo de Cristina Ramírez, invita a reflexionar sobre nuestro propio futuro mirando a través de sus ojos, usando como hilo conductor del discurso la historia narrada mediante sus tintas. Y como sentencia Borrego ”(…) después todo es incierto, penetramos, con horror reverencial, en esa nube del no saber”.

Victoria Herrera Lluch