Viggo Mortensen: «Me pongo en el lugar del espectador»

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‘Falling’, de Viggo Mortensen
Con Viggo Mortensen, Lance Henriksen, Laura Linney y David Cronenberg, entre otros
112′, Canadá-Reino Unido | Perceval Pictures, Baral Waley Productions, Scythia Films, Zephyr Films, Achille Productions, Ingenious Media, 2020. Distribuida por Caramel
Sábado 17 de octubre de 2020

“Rafael Maluenda… Eres el del Berlanga Film Museum, ¿verdad?”.

Viggo Mortensen abre de este modo nuestra conversación, y me sorprende y me agrada el detalle. Ya de por sí habla de la personalidad y de la elegancia del célebre actor –deberíamos decir artista, pienso, ampliando hacia las demás inquietudes de Mortensen, que abarcan los territorios de varias artes–.

“Cuando dicen que en situaciones de Gobiernos dictatoriales no se puede hacer arte, pongo el ejemplo de Berlanga. No es verdad que sólo se puedan hacer las películas que quieren los dictadores, y Berlanga lo demostró: fue listo y supo burlar la censura franquista. Berlanga no pensó igual que otros cineastas, afortunadamente”.

Queda para otro momento la conversación sobre Berlanga, para centrarnos en la ocasión que nos reúne: Viggo Mortensen está en València, en los céntricos Cines Lys –donde acudo por cordial invitación de su director de programación y servicios generales, Silvino Puig–; llega con la promoción de su primera película como guionista y director, ‘Falling’ –que en España distribuye Caramel–, y de la cual compone también la música; su actitud sencilla aumenta el entusiasmo del público que, respetando la seguridad de las medidas anticovid adoptadas por los responsables de los Lys, llena hasta donde resulta posible dos de las salas más amplias de los cines. En ambas presenta Mortensen su película.

El público le escucha en atento silencio y con una sonrisa permanente en los rostros, fascinado con la posibilidad de admirar tan de cerca a una de las estrellas más populares del cine que, con generalizada amplitud –y quizá, también, con generalizado reduccionismo–, se percibe como “cine americano”. Es verdad que, en los comentarios que cruzan entre sí los espectadores, predomina la mención a Aragorn, el personaje de Mortensen en ‘The Lord of the Rings’ (‘El Señor de los Anillos’, 2002); igualmente, casi de seguido, surge el nombre de Alatriste, el personaje de Pérez-Reverte al que diera vida el actor en la película homónima, dirigida por Agustín Díaz Yanes. Y también, en menor grado, se habla de la reciente ‘Green Book’, ganadora del Oscar en la edición de 2019, por la que Mortensen logró su tercera nominación al premio.

Tras sus palabras para presentar ‘Falling‘, percibe uno que ahora, además de a la estrella, admiran también los espectadores al ser humano. Mortensen resulta de una elegancia exquisita en su modo de abordar los problemas que dejaron en el camino precedentes proyectos como director, e incluso bromea con las circunstancias que le llevan a asumir uno de los papeles protagonistas de ‘Falling’. Creo que nos encontramos ante un actor consciente su responsabilidad como estrella, responsabilidad que gestiona con sencillez.

En efecto, el relato de las dificultades que hubo de superar para poner en marcha el proyecto de ‘Falling’ le muestra humano, le iguala con los presentes en la sala, cualquiera que sea la idea que de una estrella tenga cada uno de los espectadores. Mortensen comparte con el público que han pasado veinticinco años desde que decidió dirigir cine hasta que ha logrado poner en pie esta historia sobre la incomunicación, en la que Willis, un anciano déspota que pierde sus facultades mentales, se ve forzado a compartir tiempo con John, un hijo del que tiene una pobre opinión y al que reprocha constantemente su homosexualidad.

El propio Mortensen interpreta a John; confiesa que no tenía intención de actuar en su primera película como director, pero decidió asumir el papel con vistas a lograr la financiación de la película, consciente del tirón comercial de su nombre. Se deshace en elogios hacia Lance Henriksen, a quien admira como actor desde hace años, y que con el papel de Willis encuentra la ocasión de componer un personaje a la altura de su enorme talento.

Se despide con un “¡Amunt Valencia!, acogido con entusiasmo por los espectadores, que ya quedan con ‘Falling’, dispuestos a compartir en la oscuridad el relato que les brinda Viggo Mortensen.

También yo dejo la sala, si bien poniéndome mentalmente en el lugar de los espectadores, preguntándome por su reacción ante el plano que abre la película –que yo he visto ya, varios días antes. Un plano realmente prometedor, que me estimulaba a querer avanzar en el desarrollo de la película–, por cierto, con la dirección de fotografía del danés Marcel Zyskind, cuya carrera está asociada casi por entero a la del cineasta británico Michael Winterbottom. De este plano inicial hablo a Mortensen en nuestra conversación…

Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafa Maluenda (RM): Abres ‘Falling’ con un plano de gran fuerza visual, en el que un rostro de mujer joven emerge en la parte inferior derecha del encuadre, que se muestra oscuro; percibimos que no estamos viendo a la mujer, sino su reflejo. Y su nombre se oye en una voz masculina: “Gwen… Gwen…”. Y entra, ocupando el lado izquierdo, el hombre; en pie, al otro lado del cristal que refleja a la mujer, y mucho más corpóreo que la etérea imagen de Gwen. Diríamos que este plano, con su potente capacidad de sugerencia, encierra en sí mismo, de algún modo, las claves de la historia que nos vas a contar…

Mortensen escucha con atención, y sigo.

(RM): Hay a continuación una sucesión de planos que llevan hasta los créditos, con las letras de ‘Falling’ cayendo lentamente; y el plano que les sucede es el de un avión que, por contra, inicia su ascenso, si bien en espacio que, de nuevo, está dominado por la penumbra. Existe en toda esta sucesión una musicalidad, una cadencia casi poética, y pienso si tus facetas como compositor y como poeta –que no creo disociables– se traslucen al concebir el montaje de las secuencias…

Viggo Mortensen (VM): Me llama la atención esto que dices, porque está ahí, pero nadie me lo ha mencionado antes. Llevo haciendo entrevistas con ‘Falling’ desde el Festival de Sundance (enero de 2020), y es la primera vez que alguien me dice que lo ha percibido.

Y, sí, es algo que para mí es importante, y que tiene que ver con el modo en que el montaje transmite la historia que cuento. La fase de montaje es decisiva, y quería para las imágenes esa musicalidad. No es que tuvieran que tener música, pero sí eran para mí como música. Tarkovski ha hablado de esto mucho mejor que yo: el plano tiene que tener un peso. Es una cuestión de ritmo.

A veces, en montaje, un plano te sorprende, te pide más; más tiempo del que habías imaginado. A veces es al revés. A veces, incluso después de que hayas montado toda la secuencia, sigues montando toda la película, y cuando vuelves a esa secuencia, cuando lo ves todo junto, te das cuenta: no…, ahí el ritmo está mal. Hay que aguantar el plano un poco más; o menos. Es como cuando hay alguien tocando una pieza musical, y hay una floritura del piano y te das cuenta de que es bonito, pero ves que con menos notas es bonito y tiene más resonancia.

Llevo pensando en todo esto desde que era muy joven. Mi madre me llevaba al cine cuando tenía tres, o cuatro años, y cuando salíamos siempre me hablaba de la historia; nunca en términos de interpretación o de la cámara. Y, desde el principio, a mí me interesaba qué se decía y qué no se decía en esa historia, lo que pasaba y qué espacio quedaba para rellenar huecos y elipsis en la narración. Me gustaba pensar e inventar cosas que encajaban. Y años después, madurando como persona, y también más tarde, como alguien que participa en contar historias cinematográficas, me pongo siempre en el lugar del espectador. Y pienso que los primeros diez –quizá quince– minutos son gratis para el director; es decir, que el espectador le perdona todo: “A ver, qué es esto; ¿me interesa, o no…? No sé todavía”.

En algunos casos tardas más en entrar, pero los primeros minutos son decisivos. No juzgo nada en ellos, como espectador estoy abierto a lo que pasa. Pero no quiero que me digan lo que tengo que entender, lo que tengo que sentir: quiero que, en virtud de lo que se está fotografiando, lo que oigo, lo que veo… que algo en todo ello me despierte las ganas de seguir viendo, escuchando… Y, si eso empieza a pasar, entonces estoy participando en la narración… Entonces, como espectador, estoy sintiendo el ritmo de lo que está pasando, como un músico que se suma a la orquesta.

“A ver, la relación Willis-Gwen, ¿qué está pasando ahí? Quizá al principio de la relación Willis era diferente… ¿Qué ha pasado aquí, en la escena del cumpleaños?” La reacción de Gwen en esta escena da la clave al espectador para que comprenda que lo que acaba de pasar no ocurre por primera vez. Como espectador, estoy rellenando la historia, aportando piezas al puzle. En el montaje, mi objetivo era respetar al… posible (ríe) espectador, y dejarle sitio para que participe, si quiere –nunca se sabe. Pero quería, sobre todo, complacerme a mí mismo como espectador (más risas, por parte de ambos).

Lance Henriksen y Viggo Mortensen durante el rodaje del filme. Fotografía cortesía de Caramel.

De verdad, es lo que hacía. Me gusta actuar en el tipo de películas que quisiera ver cuando voy al cine; lo mismo al dirigir: quería hacer ante todo una película que me gustara a mí. No creo que esto sea egoísta, pienso que es ser sincero como artista. Es importante ser sincero cuando cuentas tu historia: si tú no te mientes a ti mismo, puede que alguien se interese; y, si tienes mucha suerte, tu historia muy particular puede tener una aplicación universal.

Eso lo viví durante el rodaje: el equipo técnico y los actores venían cada día con historias de sus familias, contaban cosas que relacionaban con cuanto ocurre en nuestras escenas. A veces pensaba que sus historias no tenían mucho que ver con lo que estábamos haciendo, pero entendía emocionalmente por qué las relacionaban. En otras ocasiones sí: contaban casos muy parecidos, y les sorprendía que fueran tan parecidos con palabras que decíamos en la película, o con emociones que mostrábamos, que sentíamos todos…

Por ello fue un viaje especial este rodaje. Hicimos muy buen equipo, porque nos sentíamos más seguros como actores, nos sentíamos apoyados, implicaba un interés personal para nosotros; no era un trabajo más. Rodando algunas escenas… digamos que fuertes, miraba al equipo después de la toma y, ¡qué emoción!, algunos estaban llorando. Yo pensaba: qué bueno, lo que estamos haciendo tiene aplicación universal para estas personas, a las que ni siquiera conocía antes del rodaje.

(RM): Es decir, que ya antes de la película montada, durante el rodaje, se pudo palpar esa universalidad de la historia…, sin necesidad de llegar a la sala.

(VM): Sí, era la historia en crudo. Era antes del montaje –que, como sabes, es contar la historia de nuevo: la parte final de la escritura–. Pero la base estaba ahí: si no la estropeábamos (risas) en un momento dado, la gente iba a poder conectar personalmente. No siempre pasa durante el rodaje. Lo he experimentado después en los cines: en Sundance… y ahora también con público español, en Zaragoza, en Barcelona, en Madrid, y también hoy aquí, en València.

Hay gente que se relaciona personalmente con lo que ha visto, y en algunos casos van más allá de lo personal: lo relacionan con los conflictos sociales, con la polarización de la sociedad, de la comunidad… O sea, que parece que he conectado, y eso me gusta: es con lo que uno sueña, ¿no?

(RM): Hay algo que también funciona muy bien en el montaje. El personaje de Willis, por su enfermedad mental, conecta presente y pasado, los confunde, algo que muestras estableciendo continuidad entre tiempos distantes a través del raccord con su mirada. Es decir: Willis mira desde el presente, y el plano que le sigue por corte corresponde a un hecho, a un espacio, que vivió en el pasado. Con este borrado de cualquier delimitación entre presente y pasado ofreces al espectador un montaje alternativo, que es el montaje que hace el propio cerebro de Willis en su deterioro…

(VM): Sí, bueno, todos hemos visto varias películas que muestran inicios de demencia, o una demencia total… Están muy bien hechas, pero en general hemos visto la historia desde el punto de vista del que observa a la persona enferma. El punto de vista desde adentro de las personas enfermas es distinto. Están menos confundidas de lo que piensa el que mira. Están felices, creen en lo que ven y en lo que piensan: para ellos es el presente.

Quería hacer esto en particular con Willis; después hay otros imágenes y sonidos que son memorias más bien de John, y en casos breves de Sara –mi hermana en la ficción–, y después hay otras memorias compartidas, y un poco más objetivas –aunque en realidad nunca hay memorias objetivas, no existe la objetividad en la memoria. Pero en el caso de Willis lo hacemos específicamente con imagen y con sonido; a veces sólo con sonido: oye como que está en un bar en 1952, con los chicos mirando a las chicas y bebiendo los viernes por la noche… Eso sólo lo ve y lo oye él. O ve a su hija, y piensa que es su mujer, hace muchos años, en una situación íntima. Pero él no está confundido: está feliz con ese momento íntimo. Y quería retratar eso a base de imagen y sonido.

Visto desde el otro lado, desde quien observa al enfermo, es complicado. Cuando no tienes mucha experiencia, cometes errores, y le dices: “no, no, no, esa persona a la que quieres llamar ya murió”; o “no hay un alce en el comedor”. Si le corriges y le dices que alguien murió hace ya veinticinco años, para él muere de nuevo, y se siente triste; y, si es capaz de ello, se siente tonto. Entonces, ¿para qué ha servido la corrección? Te ha servido a ti, y a tu ego, y a tu necesidad de estar cómodo. Tú, no él. Pero es cuestión de aprendizaje, ¿no? De experiencia.

John no es un doctor, ni un experto en nada; hace lo que puede: algunas cosas muy bien, porque ha tenido experiencias con su padre. En otros momentos se equivoca y, obviamente, es imposible para él ver y escuchar las cosas que ve y escucha su padre, y todo esto es para él un misterio. No es en absoluto una película autobiográfica, es una ficción, pero me he basado en experiencias de mi propia vida.

Viggo Mortensen y David Cronenberg durante el rodaje de ‘Falling’. Fotografía cortesía de Caramel.

Mortensen sabe de lo que habla: cuidó de su madre cuando padeció los trastornos de la demencia senil. Ha dedicado ‘Falling’ a sus hermanos.

En determinado momento de la película, John lleva a Willis al proctólogo, quien le practica una exploración anal. Es posible que haya espectadores que encuentren en este médico algo extrañamente familiar; y es que lo interpreta nada menos que el cineasta David Cronenberg. Su trayectoria cinematográfica está cosida a la de Mortensen por ‘A History of Violence’ (‘Una historia de violencia’, 2005), ‘Eastern Promises’ (‘Promesas del Este’, 2007) y ‘A Dangerous Method’ (‘Un método peligroso’, 2011).

(RM): Me sorprendió encontrar a Cronenberg interpretando en la película un papel que, además, le es propio. Pienso que esta película podría haberla contado también Cronenberg, naturalmente de manera muy distinta, con otros códigos, porque la base de tu relato comparte aspectos con su universo.

(VM): Ah, sí, lo habría hecho muy diferente. Pero su presencia no es como un chiste; pensé sinceramente que lo haría bien. Le mandé el guion, diciéndole: “es un favor que te pido, te lo ofrezco si te interesa, y si no te interesa no pasa nada”. Por suerte le gustó el guión y quiso hacerlo, y no me sorprendió nada que lo hiciera perfectamente. Quien no lo conoce sólo pensará que funciona muy bien la escena: no dudará de que es un proctólogo, porque es una buena actuación.

Quien lo conoce y sabe quién es tiene otro lado al que le encuentra cierta gracia, o… jejeje, te hace reír, porque piensas: “¡Uy, Cronenberg: la última persona que quiero que me meta un dedo en el cuerpo! (carcajadas irrefrenables por mi parte). Este hombre con tantas obsesiones… Pero igual es que tengo mucho de su cine en el cerebro”. Ahora, después de ver la película terminada, funciona también como un guiño hacia él, un gesto hacia él, y de él hacia nuestra película.

‘Falling’ está ya en los cines españoles, y la conversación con Viggo Mortensen me invita a verla de nuevo. Nos queda pendiente, eso sí, un próximo encuentro para hablar de Berlanga, en vísperas de su centenario.

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafael Maluenda

Guillermo Polo destaca en el Oeste

On the border, de Guillermo Polo
Cortometraje seleccionado en varios festivales de USA, España, Colombia

El cortometraje On the border, del valenciano Guillermo Polo, ha sido seleccionado en los festivales Joshua Tree International Film Festival (USA), Daroca&Prision (España) y FICMA (Colombia). Se trata de un western en el que un vaquero herido y perseguido se encuentra a una chica con las manos cubiertas en sangre que no habla inglés en medio del desierto. Al poco tiempo, un extraño amenazante aparece de la nada y reclama llevarse a la chica. El vaquero se ve forzado a tomar una difícil decisión.

Guillermo Polo, director de 'On the border'. Cortesía del autor.

Guillermo Polo, director de ‘On the border’. Cortesía del autor.

El actor principal de On the border, Ray Trickitt, tuvo papeles pequeños en The lord of the Rings (tercera parte) y Children of Men. El equipo de Grips, tanto el jefe como sus ayudantes, son los Grips de Madmen (Grips son los que trabajan, montan y mueven grúas, travellings y los encargados de la iluminación que no está conectada a corriente, rebotar luz natural, etc). Además, la diseñadora de vestuario es la ayudante de vestuario del diseñador de las películas de Paul Thomas Anderson, con quien trabajó en su último film, Inherent Vice.

On the border fue igualmente seleccionado para Los Angeles Cinefest y el IFS Beverly Hills Film Festival(USA). A este festival fueron seleccionados e invitados los directores David Cronenberg y Paul Thomas Anderson, así como las actrices Julian Moore y Andie MacDowell.

Fotograma de 'On the border', de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

Fotograma de ‘On the border’, de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

Guillermo Polo ha sido también director de foto de la segunda unidad y operador de cámara de la película Appetites que se estrenó a principios de 2015. La película está producida por Daniel Frisch, co-productor de Grindhouse y The Hostel. Fue operador de cámara en el cortometraje Aquél no era yo, nominado a los Óscar 2014 y ganador del Goya 2013, aparte de más de 50 festivales entre nacionales e internacionales.

Ahora mismo, Guillermo Polo se halla inmerso en el guión de su primer largometraje que tiene pensado mover entre finales de año y principios del siguiente para conseguir financiación y rodarlo en 2016, con producción (todavía por confirmar) de Daniel Frisch.

En noviembre le han ofrecido hacer la dirección de fotografía de una película llamada Underneath que se rodará en EEUU por el director Joel Novoa, director de Esclavo de Dios y recientemente ha rodado ID2: Shadwell Army película sobre hooligans en Inglaterra y producida por Patrick Cassavetti (productor de Miedo y asco en Las Vegas y Brazil) y Sally Hibbin (productora de las películas de Ken Loach).

Fotograma de 'On the border',  de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

Fotograma de ‘On the border’, de Guillermo Polo. Cortesía del autor.

 

Historias de gemelos en Palau de Cerveró

Gemelos en el cine
Aula de Cinema de la Universitat de València
Sala de actos del Palau de Cerveró
Plaza de Cisneros, 4. Valencia
Lunes de junio de 2015, a las 18.00h

La sala de actos del Palau de Cerveró acoge un nuevo ciclo de proyecciones del Aula de Cinema de la Universitat de València, ‘Gemelos en el cine’. Este junio, se proyectarán tres títulos que aprovechan el potencial dramático de las relaciones entre gemelos, películas que exploran sus problemas de identidad, que se preguntan por la disparidad de caracteres entre quienes comparten genes o que fantasean con supuestas conexiones telepáticas entre hermanos.

La existencia de gemelos monocigóticos, hermanos genéticamente idénticos al nacer, es un fenómeno poco tratado en el cine. A menudo, las historias de gemelos han servido tan solo para demostrar la versatilidad de un actor al interpretar dos papeles distintos dentro de un mismo relato, normalmente una variación ligera del tema del doble, que explota las posibilidades cómicas de la confusión entre personajes.

En algunas ocasiones, sin embargo, el cine se ha interrogado más seriamente sobre los posibles vínculos entre genética y carácter, ha profundizado en los conflictos psicológicos que implica tener un hermano prácticamente idéntico o ha contribuido a consolidar toda una mitología en torno al carácter sobrenatural de las relaciones gemelares, insistiendo en la idea de conexión y comunicación incluso a distancia.

Chris Udvarnoky en un fotograma de 'El otro', de Robert Mulligan. Imagen cortesía de Aula de Cinema de la Universitat de València.

Chris Udvarnoky en un fotograma de ‘El otro’, de Robert Mulligan. Imagen cortesía de Aula de Cinema de la Universitat de València.

A medio camino entre la reflexión científica y la pura ciencia-ficción, este nuevo ciclo del Aula de Cinema se inaugura el lunes 1 de junio, a las 18.00 horas, con la perturbadora ‘El otro’ (The Other, Robert Mulligan, 1972). Una obra que parte del género fantástico y el terror psicológico para componer un retrato poético y macabro de la tortuosa infancia de dos hermanos gemelos, la rivalidad existente entre los cuales producirá terribles consecuencias en un pequeño pueblo durante los años 30.

Jeremy Irons y Geneviève Bujold en 'Inseparables', de David Cronenberg. Imagen cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

Jeremy Irons y Geneviève Bujold en ‘Inseparables’, de David Cronenberg. Imagen cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

El lunes 8, a la misma hora, será el turno de una de las grandes obras maestras de David Cronenberg, ‘Inseparables’ (Dead Ringers, 1988’). Pese al carácter dispar de los dos hermanos interpretados por Jeremy Irons, ambos son confundidos constantemente por el resto de personajes, circunstancia que aprovechan para intercambiar sus personalidades y disfrutar así de las mismas oportunidades.

Nicolas Cage en un fotograma de 'Adaptation', de Spike Jonze. Imagen cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

Nicolas Cage en un fotograma de ‘Adaptation’, de Spike Jonze. Imagen cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

El ciclo concluirá el lunes 15 de junio con la proyección de la excéntrica ‘Adaptation. El ladrón de orquídeas’ (Adaptation, Spike Jonze, 2002, 114’), en la que un inseguro guionista tiene que afrontar la difícil tarea de adaptar un libro sobre flores y la difícil convivencia con su despreocupado hermano gemelo, que a la postre también se convierte en escritor.

Como es habitual en la programación del Aula de Cinema de la Universitat de València, cada sesión contará con una presentación previa y un coloquio posterior, en el que podrá participar el público asistente. Todas las proyecciones se realizan en versión original con subtítulos en castellano y la entrada es libre hasta alcanzar el aforo permitido.

Viggo Mortensen: «No pienso como una estrella»

Viggo Mortensen
Presentación de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso
Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia
Viernes 6 de febrero, 2015

Llegó a Valencia desde Madrid vía Nueva York para presentar en La Filmoteca su última película ‘Jauja’. Fue visto y no visto. Un viaje relámpago que se confirmó muy a última hora. Aún así, Viggo Mortensen tuvo tiempo de introducir brevemente el film de Lisandro Alonso y de advertir: “Luego responderé a sus preguntas o les consolaré si no tengo respuestas”. Y es que ‘Jauja’, premiada en el pasado Festival de Cannes, es una película que obliga a una mirada atenta e inquisitiva por parte del espectador. Un espectador que asiste perplejo al viaje del capitán Gunnar Dinesen en busca de su hija por los salvajes territorios de la Pampa argentina.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen dijo no pensar “en términos de estrella”. De ahí que aceptara participar en un proyecto con bajo presupuesto y cuya contemplación requiere, precisamente, saltarse la visión complaciente que ofrece el cine más comercial. “El 99% de los guiones que me llegan son poco interesantes”, subrayó. Nada que ver con el de Lisandro Alonso, un director que “piensa y dirige como un genio”.

Genialidad manifiesta en ‘Jauja’, donde Viggo Mortensen encarna al capitán Dinesen comandando un grupo de soldados que se enfrenta a una tribu indígena, los Cabeza de Coco. Todo ello en el contexto de la Conquista del Desierto, periodo colonizador de la Pampa de finales del siglo XIX. De hecho, la naturaleza es protagonista de una historia contada en formato diapositiva de los antiguos westerns. “El formato fue fruto de la casualidad, pero Lisandro supo estar abierto a la suerte y utilizarlo de manera genial”.

Fotograma con el que se abre la película 'Jauja', de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

Fotograma con el que se abre la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso. De espaldas, Viggo Mortensen, junto a Villbjork Malling Agger.

‘Jauja’, que hace alusión a ese país mítico e imaginario de la abundancia y la felicidad, se abre con un plano fijo del inmenso paisaje habitado por ese padre y su hija Inge (Villbjork Malling Agger). Paisaje que terminará siendo una pesadilla para el personaje que encarna Mortensen, en oposición a su hija, la cual llega a decir: “Siento el desierto en mí, creciendo por dentro”. Por alusiones: “Cuando me caigo y digo ‘país de mierda’ fue real y Lisandro lo mantuvo porque le pareció que quedaba bien”.

Viggo Mortensen en un fotograma de 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen en un fotograma de ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Como quedaba bien el acento argentino con deje danés que utiliza en la película: “No exagero nada, porque mi padre habla así”. Sus orígenes daneses y su estancia en Argentina, donde aprendió el castellano, permiten a Mortensen identificarse plenamente con su personaje. Tanto, que llegó incluso a sugerir a Lisandro, para abaratar costes, utilizar algunos temas musicales compuestos por el polifacético actor. “Le dije que tenía algunas canciones, las escuchó e incorporó finalmente dos: la que suena cuando estoy bajo las estrellas y la del final”. Es la primera vez que Lisandro Alonso utiliza banda sonora en sus películas, al igual que la primera vez que trabaja con actores profesionales.

Viggo Mortensen reconoció haber tenido suerte a la hora de elegir las películas que, quiera o no, le han concedido el aura del estrellato. De hecho, hubo una larguísima cola en La Filmoteca para ver la película y al actor de cerca. La Sala Berlanga se abarrotó. “La trilogía de ‘El señor de los anillos’ me ayudó mucho, porque he podido elegir los guiones y directores que más me gustan”. Y citó a David Cronenberg, con quien ha trabajo en ‘Una historia de violencia’ o ‘Promesas del Este’, por la que fue candidato al Oscar, y al propio Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película 'Jauja', de Lisandro Alonso.

Viggo Mortensen y Villbjork Malling Agger en un fotograma de la película ‘Jauja’, de Lisandro Alonso.

Visiblemente cansado, tras el largo y precipitado viaje a Valencia, Viggo Mortensen se fue creciendo a medida que las preguntas se sucedían. Despojado de su cazadora marrón, luciendo una camiseta azul con lema de Perú, el actor se encontró con la sorpresa de un regalo inesperado: una mujer entre el público le entregó dos camisetas diseñadas por ella a modo de emotivo homenaje. También él dejó huella de su paso por Valencia firmando en valenciano el libro de honor de la Filmoteca. Eso sí, se fue insistiendo en su apuesta por una película de la que se mostró orgulloso: “Jauja la veré dentro de 10 ó 20 años y la seguiré viendo bien”. Palabra de Mortensen, una estrella de andar por casa.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película 'Jauja'. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Viggo Mortensen, en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia durante la presentación de su última película ‘Jauja’. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

Salva Torres

Las fotografías necrófilas de Mario Pardo

Polvo serán, más polvo enamorado, de Mario Pardo
Palacio de los Condes de Gabia
Plaza de los Girones, 1. Granada
Hasta el 9 de noviembre

La exposición de Mario Pardo, que lleva por título ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’ reúne una selección de fotografías tomadas en algunos de los cementerios europeos monumentales más importantes. “Se concentra en el tema de la relación inextricable entre Eros y Tánatos, vínculo presente en toda la historia de la cultura occidental. Como ya demostró Freud, la vida humana es una lucha constante entre el principio del placer (Eros) y el de la muerte (Tánatos): estos impulsos están enlazados de una forma tan intricada que resultan imposibles de diferenciar”, según explica en el catálogo de la exposición Vita Fortunati, de la Universidad de Bolonia.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

El título de la exposición, continúa diciendo Fortunati,  está “tomado del verso final de un soneto de Francisco de Quevedo”, y “nos revela que el deseo hacia la persona amada, al tiempo que esconde un instinto de muerte, también supera y trasciende la misma muerte. El alma dejará el cuerpo en la tierra, pero su memoria permanecerá intacta; aunque se hará ceniza, esta quedará llena de sentimiento; se tornará en polvo, pero polvo todavía enamorado”.

Roberto Grandi se refiere en el mismo catálogo a que “en el fondo de cada buena fotografía se encuentra algo escatológico: algo alude a la visión y a la elección del tiempo, y al hecho de existir una relación sin salida con el fin del tiempo”. De ahí que tras observar las fotografías de Mario Pardo, Grandi afirme haberlas “des-imaginado, he intentado captar algunos conceptos esenciales de este encuentro que ha ocurrido entre los pasos de Mario, el instante fotográfico, la escultura, el espacio funerario y, con sordina, algo relacionado con el morir”.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fortunati señala que esa “tensión entre vida y muerte, luz y sombra, tan presente en el Seiscientos barroco, se encuentra asimismo en el siglo sucesivo donde parece perfilarse una doble actitud: por un lado está el intento, promovido por los philosophes y de las élites occidentales en general, de considerar por un lado la muerte como un hecho natural y quitarle el sentido de terror y miedo que le había atribuido la religión; por el otro la muerte seguía siendo percibida como el escándalo decisivo de cualquier aventura humana”.

“No es casualidad que Pardo haya elegido unas esculturas que ponen de relieve el eros, la sensualidad y la belleza del cuerpo porque ellas son una representación simbólica de su caducidad y de lo efímero. Sobre las tumbas se yerguen hermosísimas figuras femeninas de largas cabelleras, vestiduras y paños que perfilan sus formas sinuosas. Del mismo modo las elegantes figuras de los ángeles andróginos de anchas alas ponen de manifiesto una sensualidad erótica penetrante, que se halla también en las figuras que representan el sufrimiento y dolor de Cristo”, destaca Fortunati en el catálogo de la exposición.

Detalle de una de las fotografías de Mario Pardo en la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia. Diputación de Granada.

Detalle de una de las fotografías de Mario Pardo en la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia. Diputación de Granada.

Y añade: “La misma bipolaridad entre una fascinación hacia la representación analítica de la muerte y el horror por la descomposición del cuerpo está presente asimismo en nuestra cultura contemporánea. La estética de la muerte, su expresión y puesta en escena han producido un imaginario macabro, necrófilo en sus formas extremas, que disimula la voluntad de remover el tabú y el horror de tener que morir. La muerte como espectáculo atractivo y cargado de erotismo es una clave de la posmodernidad, así lo ilustran películas tales como ‘Crash’ (1996) basada en la novela de James G. Ballard y novelas como ‘A Matter of Life and Sex’ (1991) de Oscar Moore”.

Fotografía de Mario Pardo para la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fotografía de Mario Pardo para la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

 

Jornadas de Cine y Psicoanálisis

La Fantasía: I Jornadas de Cine y Psicoanálisis
Salón de Actos. Escuela de Magisterio
Plaza Colmenares, 1. Campus de Segovia
28 y 29 de abril

El cine y el psicoanálisis nacieron en las mismas fechas y, a lo largo del tiempo, siempre han mantenido una estrecha relación, un mutuo interés. Psicoanalistas como Otto Rank o Lou Andreas-Salomé llamaron la atención sobre la relación entre el cine, los sueños y la imaginación, y directores como G. W. Pabst, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock, Roman Polanski o David Cronenberg se valen de los descubrimientos freudianos en sus creaciones cinematográficas.

Fotograma del comienzo de la película 'Metzengerstein', de Roger Vadim.

Fotograma del comienzo de la película ‘Metzengerstein’, de Roger Vadim.

En estas primeras Jornadas se propone una aproximación al cine como un espacio particular de representación de “la fantasía” y, por lo tanto, como un espacio del deseo. De la mano de especialistas en el análisis cinematográfico, historiadores del cine y psicoanalistas se tratarán diferentes cuestiones interconectadas, tales como las relaciones entre el arte cinematográfico, la fantasía y la realidad, el concepto de fantasma, la representación cinematográfica del goce sexual o el vínculo entre la fantasía y el síntoma.

Fotograma de 'Pa Negre', de Agustí Villaronga.

Fotograma de ‘Pa Negre’, de Agustí Villaronga.

Para el anclaje del planteamiento teórico se proyectarán las películas Pa Negre (2010) de Agustí Villaronga y Metzengerstein (1968) de Roger Vadim, basada en el relato de Edgar Allan Poe. Para hablar de la primera intervendrán la historiadora del cine Eva Parrondo, el profesor de la Universidad Europea de Valencia Aarón Rodríguez, el coordinador de exposiciones del Centro José Guerrero Francisco Baena, los psicoanalistas Guillermo Kozameh y Amaya Ortiz de Zárate y Tecla González, coordinadora de las jornadas.

Del análisis de Metzengerstein se encargarán los profesores de la Universidad de Valladolid Manuel Canga, Luis Martín Arias y Luisa Moreno, el catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid Jesús González Requena, y el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Luis Alonso. Al final de cada una de las sesiones se celebrará una mesa redonda con la participación de los ponentes que hayan intervenido a lo largo del día.

Fotograma de Metzengerstein, de Roger Vadim.

Fotograma de Metzengerstein, de Roger Vadim.

 

Lo elemental del detective Mario Rabasco

Espacios contingentes, de Mario Rabasco
La Nau de la Universitat de València
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 27 de abril

“Actúo en cierta forma como un policía”. Y, para ello, Mario Rabasco se sirve de la fotografía documental. Tirando de esos dos hilos, la acción detectivesca y la herramienta fotográfica, encontramos en la obra de Rabasco una sugerente visión de lo que puede dar de sí el solapamiento entre ciencia y arte en el marco de la sociedad contemporánea. Por un lado, la más estricta racionalidad; meticulosa, fría, ordenada. Por el otro, la paradójica revelación de cierto misterio, precisamente allí donde la ausencia de figuras parece dejar un halo fantasmal de profundas resonancias líricas.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Diríase, siguiendo el enunciado de uno de los más famosos detectives de la literatura universal, que Rabasco parte de lo elemental para dejar rienda suelta a la imaginación. Y, como Sherlock Holmes, su obsesiva actividad detectivesca viene acompañada de cierto correlato melancólico. He ahí las dos caras, sin duda ejemplares, de nuestra modernidad: la racionalista, sustentada en la eficacia tecnológica, y la romántica, en tanto subjetividad que tiende a salirse del estrecho marco de las leyes empíricas. Los Espacios contingentes de Mario Rabasco, que La Nau acoge, son una brillante muestra de esa doble faz: transparente y opaca.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València

“Trato de buscar la sustancia de cada espacio y congelarlo mediante la fotografía”. E inmediatamente después, que esos espacios “tengan trascendencia”. Para lograr esa comunión entre la imagen documental y la imagen diríamos mística, Rabasco se planta en los espacios a fotografiar y, como un sabueso, olisquea el lugar con el fin de encontrar su alma. ¿El resultado? Unas imágenes frontales, sinónimo de “honestidad”, y “muy geométricas, con mucha claridad”. En resumen, una serie de espacios “de ceremonia y sacrificio”, en lugares “profanos”.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, echó mano de la fenomenología para explicar el modus operandi de Mario Rabasco: “Va quitando capas para encontrar la sustancia”. Funcionando, para ello, “como una especie de danzante”. Rabasco lo dijo con otra palabras: “Yo transito por los espacios y durante ese tránsito dejo que sea mi memoria la que trabaje”. Y agregó: “Intento ser sintético, incluso descaradamente super sintético”. Plantado en mitad de esos espacios vacíos, hasta un total de 43 pertenecientes a distintas facultades de la Universitat de València, dependencias rectorales o laboratorios, Rabasco corre el riesgo de perderse por amor a esos lugares que tanto le encandilan.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

“No necesito que haya nadie”. Es más: “Necesito que sea la ausencia la que señale y explique estos espacios”. Por eso el artista habla de “autoría compartida”, que se manifiesta “a través de lo que otros han dejado allí”. Pep Benlloch, comisario de la exposición Espacios contingentes. Estudio visual de la Universitat de València, amplió esa importancia de lo ausente: “Si hubiera personas sería redundante, porque esos lugares vacíos remiten precisamente a la actividad humana”. Es la huella o el rastro dejado por esa actividad, lo que provoca el misterio que anida en las fotografías de Mario Rabasco.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

De nuevo la tecnología, la fría captura que se extiende durante horas, conviviendo con la acerada mirada, inquisitiva, obsesiva, magnetizada por el lugar. En ocasiones sale a colación el nombre de David Lynch, maestro de los espacios siniestros. Pero también, quizás más pertinente, el de David Cronenberg, éste sí más interesado en captar los misterios que se esconden bajo la escalofriante transparencia tecnológica. Mario Rabasco, en cualquiera de los casos, sigue la estela de su propia intuición recorriendo espacios “muy familiares” para él. Tan familiares como extrañamente habitados por seres ausentes. A veces, diríamos, que hasta se oyen voces.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Imágenes para la eternidad

Cine XXI. Directores y direcciones

Hilario J. Rodríguez y Carlos Tejeda

Colección Signo e Imagen. Editorial Cátedra

No hace falta ser crítico de cine para elaborar el top ten de las películas que más te han impresionado, conmovido o divertido a lo largo de la vida, dejando en la memoria una huella imborrable. Una lista cuyo orden y contenido cambia según épocas y estados de ánimo. Desbrozar el inmenso campo audiovisual y rotular las plantas que han dado los mejores y más persistentes frutos es harina de otro costal. Una  labor maratoniana es la que a lo largo de varios años ha realizado una treintena de expertos en el séptimo arte, coordinados por Hilario Rodríguez y Carlos Tejeda.

El resultado es CINE XXI. Directores y direcciones, más de 600 páginas que incluyen por riguroso orden alfabético a los cineastas  más destacados de nuestro tiempo, además de algunos recientemente fallecidos o inactivos cuyas obras ofrezcan interés. Cada entrada reúne una serie de reflexiones sobre el autor en cuestión, su filmografía escogida y un enlace web para ampliar información. En suma, una pieza indispensable en la biblioteca de todo cinéfilo que se precie, presentada la pasada semana en la librería Railowsky.

Origen, de Christopher Nolan, en Cine XXI. Directores y direcciones, de Hilario Rodríguez y Carlos Tejeda

Origen, de Christopher Nolan, en Cine XXI. Directores y direcciones, de Hilario Rodríguez y Carlos Tejeda

El proyecto arrancó tras la primera década del  nuevo siglo, “un periodo de tiempo que nos permitía la posibilidad de esbozar una radiografía sobre el cine actual, de dónde venía y hacia dónde va”, dice Tejeda. “En este punto se cruzan grandes maestros como Jean–Luc Godard o Shohei Imamura, cineastas ya consagrados como Tim Burton o David Cronenberg, y se consolidan otros como Wong Kar–Wai o Richard Linklater, y empiezan a despuntar nuevos nombres, como Lisandro Alonso o Rodrigo García por citar algunos.  Toda una confluencia de modos de entender y hacer cine, de tendencias, influencias y búsquedas, y no sólo en los cinco continentes, sino también en todos los géneros, desde la ficción misma hasta el cine documental, el cine experimental, el cine de animación, el videoarte, etcétera”.

La selección del material no fue cosa fácil. Respecto a algunos nombres la unanimidad era total, otros “crearon bastantes dudas”, indica Rodríguez. “Se partió de una lista inicial que se fue perfilando, poco a poco, y con las aportaciones de los colaboradores. Uno de los criterios fue que debían ser cineastas que tuviesen, al menos, un título relevante, sea por su influencia, su repercusión, su impacto comercial y su estética”. 

De la experiencia compartida en la oscuridad de la sala a la interacción solitaria con múltiples y omnipresentes pantallas, el consumo de imágenes ha dado un giro radical en los últimos años. ¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿Cuál es el futuro del séptimo arte?

“Antes el cine era una experiencia aparte, maravillosa, mágica”, comentan Rodríguez y Tejeda. “Hoy día está tan presente en la realidad que casi se confunde con ella. Eso hace más accesible el medio, de modo que hay más gente que rueda sus propias películas, pero todo esto también lo convierte en una experiencia menos determinante en la vida de las personas. Lo que está claro es que el mapa del mundo es más preciso que nunca gracias al cine y además hay cada vez una mayor interacción entre cineastas y países, algo que promoverá nuevas fusiones y con ellas nuevas formas”.

Elephant, de Gus Van Sant, en Cine XXI. Directores y direcciones, de Hilario Rodríguez y Carlos Tejeda

Elephant, de Gus Van Sant, en Cine XXI. Directores y direcciones, de Hilario Rodríguez y Carlos Tejeda

 Bel Carrasco