La contrapublicidad de David de Limón

Las Hojas Limón, de David de Limón
Espai Russafa
C / Dénia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 4 de noviembre, a las 20.00h
Hasta el 19 de noviembre de 2016

‘Las Hojas Limón’, que Espai Russafa acoge del 4 al 19 de noviembre, es fruto de las últimas inquietudes y de los procesos creativos de David de Limón, influenciados en esta etapa actual por la Cultura Jamming, subvertising o contrapublicidad y que como citaba Naomi Klein en No Logo, pertenece a “aquellos que modifican espacios, anuncios y asaltan vallas callejeras para desvelar la verdad profunda oculta tras los eufemismos publicitarios…”

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

La obra en su formato exterior es una oda al bombing, técnica originaria del Graffiti que establece la repetición en masa de firmas, figuras, motivos estéticos como reivindicación del individuo, y su apropiación del espacio y el medio. Sus creaciones aparecen por toda la ciudad, pacientes, ensimismadas en su acción, dotadas de un dinamismo compositivo que desborda el soporte donde están plasmadas. Aprovechando los espacios que son imposibles para las obras de otros artistas.

Su intención siempre ha sido la de aportar a esos espacios vacíos un contenido basado en el descubrimiento, la creación y la reivindicación, que halla en la sonrisa o la reflexión, un momento de conexión con la persona que pasa junto a ellas.

Para esta exposición, ha dotado a ese alma en libertad que impregna el graffiti, de un cuerpo de obras sobre papel, seleccionando para su composición, la combinación de una técnica mixta de tinta china y pinturas con base de agua en colores flúor con una concepción compositiva basada en el uso de geométricas y plásticas planas.

Esta combinación es una afirmación conceptual pura, donde muestra unos puntos de conexión con movimientos artísticos de los que el nuestro es heredero, y que como valedor de nuestro movimiento, reinterpreta los conceptos en la búsqueda de nuevas herramientas que son sus obras.

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

Fran Picazo

La convivencia simbólica del cuerpo y el paisaje

El paisaje encontrado, de Geles Mit
Galería Cànem
C / Antonio Maura, 6. Castellón
Hasta el 14 de junio de 2016

La exposición ‘El paisaje encontrado’, de Geles Mit en la Galería Cànem de Castellón, articula diversos conceptos inherentes al paisaje, además de explorar el diálogo existente entre paisaje, ser humano y naturaleza. Su significado literal lo explicita como la porción de terreno que es visto o mirado por alguien y que lleva implícita la necesaria presencia de un sujeto observador y un objeto observado, del cual se destacan sus cualidades fundamentales. Es decir, ambos existen en el mismo encuadre, incluso cuando el cuerpo de ese observador no está presente.

Una convivencia entre cuerpo y paisaje que difícilmente puede pasar por alto algunos de sus posibles anclajes: la transferencia simbólica que proyecta en él, las numerosas referencias que el paisaje ofrece a nuestra mirada desde la pintura o la historia del arte… las formas de habitarlo, de ocuparlo, incluso cuando su fuerza más indómita transforma la tierra en una naturaleza arrebatada o sublime donde solo cabe existir frente a esa belleza.

El propio título ya evidencia la polisemia de significados que el término paisaje ofrece a un observador bien atento al enunciar tanto el paisaje hallado en la búsqueda, como el escenario encontrado por azar. Es decir, el descubrimiento… o la casualidad. La búsqueda o el viaje interior, por no hablar de la meta lograda o conquistada por fin.

Así, al explorar la poética del paisaje como un lugar metafórico, refugio del ser, pueden analizarse los diversos significados que ha ofrecido en el pasado este género y observar cuáles reconocemos en el presente, teniendo en cuenta que el paisaje fotográfico se remonta a los orígenes del propio medio y que además comparte códigos compositivos y artísticos con la pintura.

El paisaje encontrado, de Geles Mit. Imagen cortesía de Galería Cànem.

El paisaje encontrado, de Geles Mit. Imagen cortesía de Galería Cànem.

Para ello, la muestra reúne diversas obras fotográficas articuladas en dos partes, aunque ambas exploran conceptos estrechamente relacionados: la primera, ‘Habitar el paisaje’ incluye la construcción social, el hogar, la metáfora del ser e incluye en sus diálogos la serie ‘Casas de vida’ que, junto a una segunda serie ‘Humanos’ sirve para explicitar la acción del hombre y su diálogo con la naturaleza; como una extensión de sí mismo y con sus acciones más visibles o también como un retrato de sí mismo.

La segunda, ‘Naturaleza arrebatada’ reúne piezas donde la mirada romántica y artística del paisaje indómito, por descubrir, recuerda el deseo innato del ser humano por marcar unos límites geográficos que siempre ha deseado cruzar y que finalmente ha transformado al anterior explorador en un descubridor de paisajes, en un Turista del tiempo. Una acción, como exploración y búsqueda del paisaje perfecto, de la fotografía perfecta, que prevalece, aunque afectada ahora por las múltiples referencias culturales de la historia del arte que permanecen en la mirada de ese observador incansable. Y sobre todo de su memoria visual.

Sergio Barrera y el Registro Dual a escena

Registro a escena, de Sergio Barrera
Set Espai d’Art
Carrer En Grenyó, 7. Jávea. Alicante
Inauguración: sábado 11 de julio, a las 20.00h
Hasta el 11 de agosto, 2015

Las pinturas que muestro en esta exposición son, entre otras, consecuencia de los dos últimos años de investigación. Los resultados han sido agrupados en cinco series distintas: desleídas; alternancia, tiempo perceptible/tiempo imperceptible; anverso y reverso de registros; secciones figuradas de percepción auditiva; registro a escena. La relación entre ellas corresponde a un conjunto de pautas preestablecidas que han posibilitado una inevitable afinidad. Las diferencias son el resultado de las derivas propias de la acción pictórica y el crecimiento simultáneo de las series.

De este modo, han surgido conexiones que son evidentes en la composición y que provienen de la articulación en el espacio-formato de algunos elementos esenciales. Unos, relativos a aspectos estructurales y compositivos de la forma y el color; otros, expresivos, a los que nombro de esta forma en alusión al comportamiento de la pintura en la superficie del espacio-formato. Y también, asimismo, a la incidencia y poder de evocación que algunos gestos y temas hayan incorporado tanto al ámbito simbólico como conceptual. Todos estos elementos han contribuido a la articulación y desarrollo de estas pinturas.

Conviene recordar y dar razón, en lo vinculado al sentido de la articulación que ha guiado la fase experimental y sus pasos (que en muchas ocasiones se hace visible a través de la composición y sus modos de recepción), de algunos aspectos que en origen me han servido y condicionado para llevar a cabo estas pinturas, por aquello que es bien conocido y probado de que nuestra forma de  percibir  -y, por tanto, de interpretar- determina los acontecimientos, fenómenos o hechos percibidos.

Obra de Sergio Barrera de su serie Anverso y reverso de registros.

Obra de Sergio Barrera de su serie Anverso y reverso de registros, en Set Espai d’Art. Imagen cortesía del autor.

He de retroceder unos diecisiete años para encontrar el inicio de la serie constelaciones (deseo y espejismo), y, posteriormente, coser y cosiendo la pintura, danza de recuerdos (pintura contra Imagen), latente, contraluz y pintura de agua, antesala directa, éstas tres últimas, de las pinturas que ahora presento. En 1987, fecha de mi primera exposición, me encontraba absorbido por algunas “problemáticas” unidas al quehacer artístico.

Por ese tiempo, una mezcla de inquietud y sospecha, producto del intento de aprendizaje y experiencia, hizo que me parara en la idea de que la pintura, y las artes en general, era, en gran medida, una forma de adquisición de conocimiento, tanto de orden biológico como cultural. Pintar, pues, es una manera de aprender de los descubrimientos de otros, tal y como dice la Ciencia. Algo que desde la perspectiva de la tradición y sus formas de transmisión resulta más que evidente, como es natural.

En este sentido y frente a la duda levantada relativa a las ideas de autor y autoría, manejé la opción -aunque fuera sólo como juego y deriva dadaísta y conceptual, si se prefiere-  de realizar unas pinturas que, a pesar de mi presencia en la práctica,  se desligaran de lo personal. Que el pintar y lo pintado no fueran muestra de la idea de propiedad sobre lo hecho, sino, en todo caso, la de la posibilidad, en el sentido de apertura.

Cabe destacar, que esta reflexión fue producto de la observación sobre una serie de gestos pictóricos que se repetían, a modo de constante, tanto en las pinturas que yo mismo hacía como en otras muchas. Gestos, en un sentido amplio, en cuya aparición casi podían apreciarse las mismas frecuencias e intensidades. Gestos entrelazados y superpuestos, curvados y ambiguos, ondulantes. Por ejemplo, pinceladas nacidas, naturalmente, en la pintura, y de nuestras comunes y compartidas posibilidades corporales y rítmicas, así como de algún tipo de asociación simbólica y temática.

Obra de Sergio Barrera. Cortesía del autor.

Obra de Sergio Barrera en Set Espai d’Art de Jávea. Cortesía del autor.

Como consecuencia de esto, decidí empezar a desarrollar, de manera consciente y focalizando sobre el gesto, un tipo de registro que sintetizara las constantes esenciales de una pincelada. Para crear este tipo de registro, construí un nuevo instrumento, un pincel con alguna peculiaridad de uso. Básicamente, que tuviera la opción de retener más pintura para poder prolongar así el recorrido del gesto o de la  pincelada.

De esta forma, intentaría conseguir que la síntesis de esta pincelada evocara, mediante un trazado de carácter más o menos maquinal y continuo (un barrido o arrastrado de pintura), un posible gesto común y anónimo. Un elemento, instrumento o vehículo de todos y de nadie, como el lenguaje; un ritmo, en su forma plástica y constructiva, que agrupara, como en música, sonidos y silencios, formas y fondos. Pincelada como fondo, que en el horizonte de sus límites visuales y conceptuales se desdoblara (al igual que una partícula) y se mostrara como forma o figura: pincelada y, al mismo tiempo, la representación de una pincelada.

Un gesto, creado formal e intencionadamente, curvo. Ambiguo para nuestra percepción visual gracias al sesgo traslúcido que lo dotaría de cuerpo, junto a una posible apreciación de carácter dual que, a través de su apariencia, cóncava y convexa, pudiéramos tener al mismo tiempo.

Sus rasgos, comunes por surgir de la usual, mecánica y manera corriente con la que cualquiera extiende pintura sobre una superficie, debían de figurar en contraposición a la idea dominante del gesto asociado a la ‘persona’, o a nociones como la de pintura gestual, que incluye en su definición enciclopédica aspectos relativos a la plasmación de la personalidad del artista.

Por esto, por su vocación e intención común, por el juego y la experiencia que tenía que continuar, lo llamé, simbólicamente, el antigesto. Porque debía de encarnar una especie de fuerza antigravitatoria y de repulsión frente a los excesos individualistas presentes en algunas actitudes del ámbito artístico. Excesos que no eran, desde mi inquietud y posición, nada útiles para la investigación en la pintura, más bien, todo un impedimento.

Obra de Sergio Barrera, de su serie Alternancia, tiempo perceptible, tiempo imperceptible. Set Espai d'Art. Cortesía del autor.

Obra de Sergio Barrera, de su serie Alternancia, tiempo perceptible, tiempo imperceptible. Set Espai d’Art. Cortesía del autor.

Así, y desde el plano pictórico, el rasgo dual e inicial del antigesto como figura y fondo a la vez, ha ido ocultando progresivamente su protagonismo sin perder su eficacia, diluyendo y ramificando su apariencia aislada en favor de nuevas composiciones. Actuando como una veladura, como un asistente que operase por debajo de lo visto y resultara imprescindible para nuevas configuraciones. Una forma/color visiblemente constante, pero mimetizada, de presencia visual vaga en la memoria.

De este modo, superpuestas y entrelazadas, es como han surgido las series presentes en esta exposición. La primera de ellas, Desleídas, porque se desunieron las partes solidificadas del gesto a través de una pincelada estriada y líquida, originando así un entrelazamiento visual que forzaba y anulaba, al mismo tiempo, la noción de Espacio. Esto favorecía una mayor fluctuación y ambigüedad entre la forma o figura y el fondo. Y también, y en alusión a una de las definiciones del verbo desleír, porque atenuábamos ideas y conceptos que el cuerpo del antigesto, como algo roto y en contraposición al Gesto, pudiera suscitar de manera positiva en los campos simbólicos de la interpretación. Rotura de la idea de espacialización y de cierta acción semantizadora sobre la pintura.

Alternancia, tiempo perceptible/tiempo imperceptible, ya que una simple aguada oscura y ondulante, a modo de veladura, cruzando de parte a parte sobre la superficie del lienzo, podía, en su recorrido, cambiar y relativizar sustancialmente el horizonte cromático trazado como fondo. Evocando así un tiempo nulo, subliminal, en el que, observadores en y ante varios estados potenciales, intercambiamos información de forma no consciente. Anulación de la alternancia al apreciar valores observables simultáneamente. Superposición.

Obra de Sergio Barrera en Set Espai d'Art de Jávea. Imagen cortesía del autor.

Obra de Sergio Barrera en Set Espai d’Art de Jávea. Imagen cortesía del autor.

Anverso y reverso de registros, memoria reversible,  por lo que la dualidad conflictiva del registro permuta, e incisiva, por error o extravío, se hace creativa. Curiosamente, el filtro ondulante que produce la aguada parece situarse entre el observador y lo observado; si se recorre su profundidad, la del filtro, aparece y desaparece, emerge y se retira. En ocasiones, estas aguadas aparecen condensadas y se funden en un sólo cuerpo aparente; en otras, se diluyen, distancian y se desvanecen. Lo que las une, al mismo tiempo, las separa.

Secciones figuradas de percepción auditiva, focaliza sobre una de las costumbres que nos ha acompañado desde la serie latente (2003) hasta ahora. Este mecanismo consiste en realizar una especie de volcado o asentamiento de registros pictóricos básicos, articulados con el antigesto, sobre una imagen-estructura de carácter tan esquemático como lo es un diagrama.

Así, visualizamos sobre el plano proyectado, de manera aislada y a través de gradaciones de luminosidad entre el blanco y el negro, una posible sección imaginada de la forma del entorno y cuerpo evanescente de las ondas sonoras. Claro-oscuro de una arquitectura audible, que nace en la fuga y reverberación que se produce con cada nueva modulación, y se anula justo en el origen de coordenadas de un diagrama cartesiano. Pinturas surgidas de las series audiciones en vaho menor, vaheadas y variabilidad.

Registro a escena, se plantea como una síntesis de algunos de los registros y recursos comentados más arriba. Me ha servido tanto para agrupar algunas de las pinturas como para referirme a la presente exposición. He intentado mantener una clara alusión visual de carácter simbólico a los espacios de proyección y escenográficos y, al mismo tiempo, a lugares físicamente acotados pero no considerados como escénicos. En ambos, me interesa que el comportamiento de los elementos de una pintura en una composición esté determinado por las posibilidades,  desembocando, en todo caso, en algo parecido a una interferencia, constructiva o destructiva, no importa. Sincronización de oscilaciones.

El misterio y el enredo que me suscitan temas como la contraposición individuo/gente o la conocida y controvertida dualidad onda/partícula,  han podido, lógicamente, condicionar esta práctica pictórica. Aún así, he de resaltar que la sustanciosa variabilidad a la que han estado y siguen estando sujetas las pinturas que ahora presento, es el “resultado” de una articulación cuya trama sigue estando guiada, principalmente,  por esa especie de juego combinatoria de permutaciones entre la forma y el color que, sin querer hacerme una idea, es la pintura.

Obra de Sergio Barrera en la exposición 'Registro a escena'. Imagen cortesía de Set Espai d'Art.

Obra de Sergio Barrera en la exposición ‘Registro a escena’. Imagen cortesía de Set Espai d’Art.

El cuerpo punto a punto de Pilar Redón

Cuerpo y Línea sobre plano, de Pilar Redón
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 26 de marzo

“La línea (geométrica) es un ente invisible. Es la traza que deja el punto al moverse y es por lo tanto su producto. Surge del movimiento al destruirse el re-poso (total del punto)” Vasily Kandinsky

Haciendo desde el título un guiño agradecido al maestro Kandinsky, se presenta la obra de Pilar Redón. Nos vamos a encontrar con más de un centenar de imágenes evocadoras, realizadas punto por punto, con lápiz, sobre papel. Los cuerpos que han construido esos puntos, que Pilar ha ido ordenando en la superficie material llamada a re-cibir el contenido de la obra, el plano básico del que nos habla Kandinsky, son dibujos, sí, pero no son solo dibujos.

Obra de Pilar Redón en el Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Pilar Redón en el Aula de Cultura La Llotgeta, (Valencia).

Son espacios de evocación que contienen historias maravillosas, de búsquedas y recorridos, de encuentros y descubrimientos, de inquietudes, de asombro y miedo a lo desconocido. Contienen la historia de un viaje, del viaje que esos puntos han hecho acompañando la mirada analítica y el pensamiento de Pilar, guiados por sus manos educadas en la proporción y el equilibrio, en la armonía y la composición.

Un viaje que ha ido fraguandose en distintos territorios, en espacios públicos y privados, en su estudio, en el Círculo de Bellas Artes, tras sesiones y sesiones de observación y reflexión, de práctica artística, desde la disciplina y la exigencia personal. Como si nos acercáramos a un libro de viajes, ilustrado por un explorador del S. XIX, descubriremos al entrar en el espacio de la exposición, cómo se han ido registrando minuciosamente los datos de ese viaje.

Obra de Pilar Redón en 'Cuerpo y Línea sobre plano'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Pilar Redón en ‘Cuerpo y Línea sobre plano’. Aula de Cultura La Llotgeta, (Valencia).

Un observador atento será capaz de reconstruir, casi paso a paso, cada etapa del recorrido, cada luz y cada sombra. Las formas, las proporciones, los cuerpos imperfectos, tranquilos y orgullosos, que se saben el centro y quieren compartirlo. Y de esos cuerpos, sus rostros, sus miradas cómplices, su invitación a contemplarlos y la promesa de algo que trasciende la superficie de la forma.

Da la sensación que, al dejar de mirarlos, cambiarán la pose o desaparecerán difuminados. Una advertencia: no saldremos ilesos, nos van a afectar las sensaciones y el despliegue de la experiencia estética y, a partir de ahora, nuestra mirada sera más experta. Disfrutemos.

Obra de Pilar Redón. La Llotgeta.

Obra de Pilar Redón en la exposición ‘Cuerpo y Línea sobre plano’. Aula de Cultura La Llotgeta, (Valencia).

Amparo Carbonell Tatay

Cohen: Al(gu)ien en tierra de nadie

Lynne Cohen, restrospectiva
Comisaria: Nuria Enguita Mayo
Sala Rekalde*
Alameda de Recalde 30. Bilbao.
Hasta el 25 de enero de 2015

Lynne Cohen (1944–2014) empezó a fotografiar a comienzos de los setenta –provenía de la escultura y el grabado– los salones de sus vecinos y otros espacios íntimos que le parecieron dignos de ser retratados para “plasmar las realidades sociológicas de un mundo cambiante”, según sus palabras. Hay una curiosidad etnográfica en esa intimidad circundante pero sin ánimo científico; no data su fotos, ni revela su exacta ubicación (con la salvedad de unas pocas al comienzo) en un intento de que el relato no se someta a prejuicios geográficos, se someta a clichés culturales, o pruebas de cargo sociológicas. Es su manera de superar la anécdota visual y dotar de entidad a la fotografía al aislarla del intrusismo controlador (que las pequeñas comunidades consideran normal en el intercambio de información local).

En estas primeras fotografías hay un cierto pasmo ante la profusión de objetos, algunos curiosos, bizarros, en ese espacio de exposición que es el salón de la casa. Un espacio teatral por excelencia donde la familia representaba –simulándolas– su buena cuna y sus posibles; un lugar donde lucía la memoria familiar. Pero el moderno living tiene una incoherencia plástica que se impone sobre los objetos cuajados de recuerdos, la limpieza: el rechazo de lo deteriorado, de las manchas, de las cicatrices del tiempo.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Las primeras fotos de Lynne Cohen son casi coetáneas de aquel viejo anuncio del sacabrillos cuyo slogan gritaba “cambie el polvo por brillo natural”. Así frente el deterioro (que sí es lo “natural”), el brillo oculta el paso del tiempo y hace que la memoria familiar sea sometida también a una limpieza, a un expurgo, y a un brillar y deslumbrar en su exhibición.

La fotógrafa también nos muestra salas de clubs masculinos donde la representación se ensimisma y la intimidad grupal se sobredimensiona hasta lo kitsch: hombres tocados de sombreros turcos con inscripciones, sillones con astas de alce, una galería de notables custodiada por un ciervo disecado. Ahí parece nacer lo que será el leit motiv de su fotografía: mostrar interiores que por diferentes razones no son accesibles.

En los comienzos son fotografías de pequeño formato con una invisible —pero perceptible— mano que gira palma arriba para mostrar las salas. Es la única presencia humana, sobreentendida: Lynne fotografía los interiores sin persona alguna (“no sabría dónde ponerlas”) aunque se puede percibir la presencia fuera de cuadro, contemplando –ufanas– su escenario favorito.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Cohen se vale de composiciones equilibradas, una iluminación bien compensada (con una exposición larga) que permita detallar todo el espacio; un punto de vista natural en altura y una acusada simetría compositiva. Así consigue distanciarse y ofrecer una mirada neutra; de modo espontáneo brota la curiosidad objetiva que desea escudriñar. Este ofrecimiento a mirar se troca en “invitación a entrar” cuando sus fotos pasan a formato más grande al inicio de los 80. La ausencia de personas, la desaparición de la autora y el tamaño grande hacen que la retrospectiva de la Sala Rekalde sean más de sesenta ventanas a las que asomarse.

Agotado el tema de los livingroom y los clubs masculinos, Cohen da rienda suelta a esa necesidad de mostrar lugares poco accesibles e incluso lugares que están a dos pasos en un instante inédito. Durante el resto de su producción surgen sus series de fotografías agrupadas bajo colecciones genéricas: aulas (classroom), spas, laboratorios, warehouse, escuelas de vuelo, fábricas, instalaciones militares. Son espacios muy distintos a los salones “de exhibición” anteriores: la mano alegre que mostraba pasa a ser una mano que abre una cortina donde está lo que no se enseña (muchos a regañadientes, según comentó). Queda atrás el espejo que se mira la cara maquillada, el ornamento y la ostentación.

Cohen fotografía los órganos del sistema, donde los procesos ocultos: ahí donde se experimenta, se aprende, se descansa, se ensaya, se fabrica, se relaja, se prueba, se sanea, se almacena, se adiestra… a disparar. Pasa de una fotografía que no estaría lejos del cuché (salones y clubs en modo show), a otra mucho más distante, más cercana a la ecografía de los interiores del sistema (donde el control).

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

En la retrospectiva, la serie de Aulas es notable y se funde con la de otros espacios de entrenamiento y aprendizaje como las galerías de tiro, los simuladores o incluso las salas de baile. Son todas fotografías de gran formato lo que dota al observador de detalles e imperfecciones como abolladuras, muescas, arreglos que enriquecen el genérico título de la foto con el espacio retratado. En algunos casos muy evidente y en bastantes asalta el extrañamiento visual.

La mirada pasmada suele encontrar en el humor una manera rápida de salir de ese estado oleaginoso: buscar una ganzúa en los varios significados que la ambigüedad ofrece con la esperanza de que una de las puertas ofrezca el escape. En algunas fotografías no queda muy claro qué son, qué se hace (ni, por supuesto, quién lo hace). Los objetos no destacan en forma, ni en ubicación. Salas y estancias carentes de un punto central funcional que dé significado y ofrezca líneas de fuga hacia los matices. No, todo conjuntado y cerrado en sí mismo.

Objetos y muebles, suelos y techos, paredes, todo queda a merced de un diseño monótono de motivos geométricos o vegetales como si fuera un tejido de camuflaje (especialmente en blanco y negro). Puede ser un recibidor de un hotel pretencioso, o un espacio mixto frente una oficina industrial, o una antesala donde entregar paquetería. Mediante patrones llamativos y chillones se configura el equívoco, el pasmo, un paréntesis a nuestro mirar etiquetador. Sin buscar la sobreinterpretación que es el peligro de esta obra, ya que cualquiera de sus fotografías con maniquíes se impone casi; en una segunda observación aparece más abstracto que hay engaño, artificio y ese debate entre lo absurdo (de mirar para clasificar) y lo serio.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

De la fotografía de Cohen suele destacarse que causa inquietud por carecer de personas e inspira a percibir presencias, ausencias, incluso ver fantasmas en sus instantáneas. La habitación deshabitada se utiliza contra el que mira: anula el mirar forense, produce apariciones, la fantasía encuentra interrogantes que habitar. La perturbación no nace de ninguno de los objetos que Cohen fotografía, sino de la pérdida de éstos (de escala humana en las primeras fotografías hacia estructuras y aparatos sobrehumanos) y en consecuencia da paso a el aire; un aire vaciado que permite a la imaginación entrar y, claro, obligarla a husmear por marcas, aparatos, reflejos, ventanales y romper los confines de cada imagen.

En algunas fotografías los maniquíes, los muñecos, las siluetas de figura humana invocan la presencia humana abstracta y cosificada de las víctimas del ensayo: estar ahí para ser tiroteadas, golpeadas, vestidas. En otras hay mirillas y troneras, cabinas de observación, barricadas que materializan la presencia no visible de personas que observan y controlan; al igual que al otro lado de micrófonos y tuberías, en el origen de cableados, leyendo indicadores, medidas, ajustando parámetros. Y por último, la simple orfandad del mobiliario vacío, de las salas despobladas de baile o las aguas quietas de las piscinas acaban por imponer una nostalgia de cuerpos. No en vano Lynne Cohen tituló a sus exposiciones más famosas “Camouflage”, “Occupied territory” (Territorio ocupado) y “No Man’s Land” (Tierra de nadie). Quizá dando a entender que si bien ella no sabía dónde poner las personas, los espectadores podrían.

La última imagen de Cohen es la pared lateral de un frontón de la serie llamada classroom (algunas fotografías fueron tomadas en España en los 90). Un frontón sin números, ni los pasa y falta: las rayas pintadas revelan que no es el largo frontón clásico de pelota. Un guiño local, una manera de mirar a uno de esos espacios comunes con otro ángulo, una invitación a reposar la mirada y apreciarlo con la misma luz, sin nadie, con otra velocidad.

¿Y si se revisaran todas estas fotografías como la persona encargada de limpiar y ordenar el lugar? Como si se acabara de evaporar la última marca de agua jabonosa en el suelo y, acodado sobre un carrito de baldes y escobones, se contemplaran los espacios que otros usarán justo antes de volverse para apagar la luz. Espacios donde poder descansar nuestra mirada mientras ellos descansan a su vez de nosotros.

* La retrospectiva de la Sala Rekalde consta de 78 fotografías. Se inició en la Fundación Mapfre en Madrid en febrero de 2014. La autora se ausentó de la inauguración por problemas de salud que no pudo superar y falleció en mayo. Afortunadamente para los lectores de Makma, se puede visitar la exposición madrileña mediante una visita virtual con apoyo gráfico y auditivo en la dirección:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/lynnecohen/visita_virtual/visita_virtual.html

Esta retrospectiva también estuvo expuesta en la Sala Vimcorsa en Córdoba. La obra completa en la web de la autora también merece una visita aunque las imágenes son de resolución media-baja: http://www.lynne-cohen.com

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Jorge Laespada

Debut discográfico de Carlos Martín en JG

Carlos Martín, The Journey Project
VI Ciclo de Verano
Jimmy Glass Jazz Bar
C / Baja, 28. Valencia
Martes, 29 de julio de 2014, 20.45 h

Latin jazz y flamenco inspiran ‘The Journey Project’, el espléndido debut discográfico de Carlos Martín, que permite atisbar las enormes cualidades de un músico que ha trascendido su carrera como trombonista para afianzarse también en el terreno de la composición, la percusión y la trompeta.

El multinstrumentista de proyección internacional presenta este trabajo el martes 29 de julio en el Jimmy Glass y para ello cuenta con Perico Sambeat (saxo alto), Vicente Macián (saxo tenor), Alberto Palau (piano), Ales Cesarini (contrabajo) y Miquel Asensio (batería).

Carlos Martín presenta en Jimmy Glass su disco 'The Journey Project'. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Carlos Martín presenta en Jimmy Glass su disco ‘The Journey Project’. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Doce temas propios y uno de Sambeat integran un CD merecedor de numerosos elogios y que la revista americocanadiense LatinJazzNet calificó como uno de los mejores de 2013.

Esta “explosiva mezcla de músicos y estilos”, en palabras del propio Martín, ha sorprendido por sus dotes camaleónicas, su gran personalidad y un virtuosismo que arrastra la melodía hacia el terreno de la voz humana.

Para su grabación contó con Sambeat, Macián, Luis Perdomo, Henry Cole y Luques Curtis y con los artistas invitados Paoli Mejias, Javier Colina, Alba Carmona, Luis Dulzaides, Batás Chekerés, José Antonio Rodríguez, David Domínguez y Juan de Julia.

A pesar de su juventud, Carlos Martín ha compartido escenario con grandes del jazz como Bebo Valdés, Jordy Rossy, Chano Domínguez y la Mingus Big Band, entre otros. Además, Carlos Martín ha trabajado con artistas como Alejandro Sanz, Alicia Keys o Jorge Drexler.

El trombonista Carlos Martín presenta su disco debut como solista 'The Journey Project' en Jimmy Glass. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

El trombonista Carlos Martín presenta su disco debut como solista ‘The Journey Project’ en Jimmy Glass. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Arroyo y Márquez: imágenes conmovedoras

Missions and World Civilizations, de Lorna Arroyo y Miguel Márquez
Presentación del libro en Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Jueves 26 de junio, a las 20.00h

‘Missions and World Civilizations’, realizado por los fotógrafos Lorna Arroyo y Miguel Márquez en colaboración con Unesco y prologado por Javier Marzal y Hugo Doménech, sintetiza un trabajo fotográfico muy amplio, desarrollado en África, Asia y América del Sur y centrado en los países de Malí, India, Tailandia y Haití. En ellos se da cuenta de los avances logrados y los retos superados durante algunas de las etapas más difíciles de estos lugares, como la situación actual de la mujer india, las consecuencias del terremoto de Haití de 2010, la lacra de la prostitución infantil en Tailandia o los momentos previos al golpe de Estado en Malí de 2012.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro 'Missions and World Civilizations'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro ‘Missions and World Civilizations’. Imagen cortesía de Railowsky.

“Actualmente, resulta realmente muy difícil sentirse conmovido por las imágenes. Son tantas las que nos rodean que, con los años, hemos ido creando una suerte de caparazón protector que nos permite estar, en apariencia, inmunizados contra el dolor y la muerte que muchas imágenes contienen y comunican. La oferta iconográfica del sufrimiento es tan amplia que, en la mayoría de las ocasiones, no llega más que a rozarnos sin descargar su verdadera significación”, dicen Marzal y Doménech en el prólogo del libro.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro 'Missions and World Civilizations'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro ‘Missions and World Civilizations’. Imagen cortesía de Railowsky.

“No es el caso”, continúan diciendo, “de las fotografías de Lorna Arroyo y Miguel Márquez, uno de los trabajos más impactantes que hemos tenido oportunidad de ver en los últimos años. Y una experiencia visual así no es algo frecuente. Sin duda, nos hallamos ante un trabajo fotográfico realizado con un enorme rigor, una gran sensibilidad y una poderosa fuerza visual que permiten constatar la calidad de este trabajo”.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro 'Missions and World Civilizations'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro ‘Missions and World Civilizations’. Imagen cortesía de Railowsky.

“Missions constituye un trabajo fotográfico con una enorme calidad técnica y una potente mirada, en el que se produce una perfecta imbricación de la forma y el fondo, tanto de la materialidad de la imagen en su dimensión plástica y compositiva como la complejidad enunciativa que las fotografías proponen, y que nos permiten situar este trabajo fotográfico a la altura de los grandes nombres del fotoperiodismo contemporáneo”, concluyen Marzal y Doménech.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro 'Missions and World Civilizations'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Lorna Arroyo y Miguel Márquez del libro ‘Missions and World Civilizations’. Imagen cortesía de Railowsky.

Agustín Bethencourt: la ciudad en forma(s)

Espai, de Agustín Bethencourt
Galería estudio de Óscar Vázquez Chambó
C / Mossén Fenollar, 19. Valencia
Hasta el 27 de junio

Dice que con las imágenes intenta “destacar la obra del ser humano en el paisaje”. Su condición de arquitecto le lleva a privilegiar líneas, formas y superficies de fachadas, edificios y lugares, pero también a captar el aire que dejan ciertas geometrías más allá de su composición y orden. Para que ese aire o atmósfera adquiera la condición de arquitextura, se hace necesario que Agustín Bethencourt vaya depurando la arquitectura de esos lugares que mantiene sus ciudades tan en forma. El Espai que muestra en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó es un conjunto de 11 fotografías en las que prima el signo por encima de la huella.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

No ha hecho más que empezar el combate. Diríase que a Bethencourt, atendiendo a su propia definición del fotógrafo como “pintor de las prisas”, le urge captar instantes que conmuevan el ojo del espectador. De manera que se debate entre su condición de arquitecto acostumbrado a las geometrías espaciales y la emoción que pretende extraer de la cámara fotográfica en tanto “instrumento de la intuición y de la espontaneidad”. De manera que allí donde hay líneas, formas y signos, aparezca la huella de una materia plena de energía.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la exposición 'Espai' en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la exposición ‘Espai’ en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Las 11 fotografías de la exposición son fruto del trabajo de cinco años viajando por Nueva York, Colonia, Basilea, Palermo, Berlín, Venecia, Ibiza, Gran Canaria o Carlet. Viajes en los que, a pesar de esas prisas por captar el instante, obligó en muchas ocasiones a detener el ritmo viajero de sus amigos. “Veo la foto antes de sacarla”, dice. Ya sea el interior del Kolumba Museum (Kölhn), las curvas del JFK Airport, las líneas del Lincoln Center, de una vivienda con forma de U en Carlet, de la ropa colgada al viento en Venecia o de cierto rastro sobre la nieve en Berlín, las imágenes que capta Bethencourt son todas fruto del “cuaderno de croquis” que, para él, es la cámara fotográfica.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Un croquis compuesto de instantes que encuadra a la ligera, sin preocuparse de algún elemento que venga a quebrar la armonía del conjunto. Su preocupación está en el juego de color, la luz y esa “búsqueda del gris” como horizonte de futuro en su trabajo. Y como no ha hecho más que empezar ese combate entre la idea del arquitecto y la pasión del fotógrafo, Agustín Bethencourt mueve, promueve y remueve sus imágenes con el fin de extraer todo su potencial, antes de embarcarse en otro proyecto que le llevará a construir cierto abecedario.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Espai, que llega al estudio de Vázquez Chambó, tras pasar por otros dos espacios de Castellón y Valencia, recoge las formas geométricas que el artista se va encontrando diseminadas por el paisaje urbano, para construir con ellas historias cuya vida nacerá cuando los signos se transformen en elocuente huella. Cabe también seguirle el rastro a esas ciudades en forma, admitiendo el placer que produce contemplar espacios de dudoso acabado.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Rafa de Corral, arquitecturas metafísicas

De lo posible a lo imposible, de Rafa de Corral
Sporting Club Russafa
C/ Sevilla, 5 bajo. Valencia
Hasta el 28 de marzo

El artista Rafa de Corral exhibe en la sala Sporting Club de Ruzafa la exposición titulada “De lo posible a lo imposible”, en la que reúne 21 cuadros y una videocreación realizada conjuntamente con el músico y compositor Marcos R. Conde, titulada “Simetrías Axiales”. En ésta, se produce un juego perceptivo creado a partir de una serie de pinturas de figuras imposibles que se mueven  sincronizándose con el audio, dentro de un eje de simetría axial. El poder hipnótico que se crea a través de esta conjunción genera distintas sensaciones en el espectador.

Obra de Rafa de Corral en Sporting Club de Ruzafa. Imagen cortesía del autor.

Obra de Rafa de Corral en Sporting Club de Ruzafa. Imagen cortesía del autor.

En cuanto a las piezas seleccionadas, presentan distintos formatos, que van desde 40 x 50 centímetros hasta los 50 x 200 metros y están fechadas en 2012, 2013, 2014. Las “Representaciones volumétricas”, como ha descrito el artista sus pinturas, muestran formas en un espacio atemporal donde conviven con cielos nubosos, tormentosos o nítidos, representados desde una perspectiva cónica.

De Corral sitúa sus bloques dotados de una gran carga metafísica con un punto de luz unidireccional proyectando una sombra que emula un espacio cerrado, sin embargo, se encuentran situados en espacios abiertos, lo que consigue “contradicciones visuales” para captar la atención del espectador.

Obra de Rafa de Corral en Sporting Club de Ruzafa. Imagen cortesía del autor.

Obra de Rafa de Corral en Sporting Club de Ruzafa. Imagen cortesía del autor.

En sus pinturas se pueden observar elementos arquitectónicos casi escultóricos, que emergen de un asfalto en ocasiones erosionado por la lluvia o el viento, cielos poblados de nubes amenazadoras o amables pero siempre contundentes que en ningún caso dejan indiferente al espectador.

Rafa de Corral, en este caso, redirige su discurso hacia un universo interior, donde la mera representación queda relegada a un segundo plano para dar rienda suelta a espacios dotados de una gran carga metafísica.

Obra de Rafa de Corral en Sporting Club de Ruzafa. Imagen cortesía del autor.

Obra de Rafa de Corral en Sporting Club de Ruzafa. Imagen cortesía del autor.

Una técnica depurada en la que el autor indaga desde un punto de vista formal en las texturas visuales, el equilibrio cromático y la composición de volúmenes situados en un espacio atemporal que roza la escenografía, trasladan al espectador a un mundo imaginario en donde el dibujo geométrico agudizado por dramáticos puntos de fuga y el tratamiento pasional de la obra van de la mano. La muestra estará abierta al público hasta el próximo 28 de marzo.

Galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales, Rafa de Corral, nacido en Bilbao en 1967 pero afincado en Valencia, ha realizado numerosas muestras dentro y fuera del país, en ciudades como París, Londres, Frankfurt, Verona, Lisboa, Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia. Entre sus obras premiadas destacan el primer premio en el certamen de pintura Kunst in der Stadt de Frankfurt, el primer premio en la IX Bienal de Pintura y Escultura de Quart de Poblet o el XXIX Premio Bancaixa Pintura con su pieza La Ciudad Híbrida.

Obra de Rafa de Corral. Imagen cortesía del autor.

Obra de Rafa de Corral. Imagen cortesía del autor.