Teatro de muerte sin pistolas

Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodríguez
Intérpretes: Román Méndez de Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Bruno Tamarit e Isabel Martí
Producción: Wichita CO y Tábula Rasa
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 2 al 13 de septiembre de 2015
Miércoles, jueves y viernes (20.30h), sábados (18.30 y 21.00) y domingos (18.30)

En noviembre de 2014, se estrenó en una pequeña sala alternativa de Valencia Nosotros no nos mataremos con pistolas. De manera inmediata, fue considerada, unánimemente, como el espectáculo revelación de la temporada. Tras un exitoso reestreno, llegaron los premios de la Associació d’Actors (Silvia Valero y Bruno Tamarit ganaron los de Mejor interpretación y Lara Salvador el Crisálida a la Actriz Revelación) gracias a lo cual su prestigio fue creciendo mediante el boca a boca, alcanzando una repercusión realmente sorprendente, tratándose de un espectáculo de sus características conceptuales.

Escena de Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodriguez. Cortesía de la compañía.

Escena de Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodriguez. Cortesía de la compañía.

Nosotros no nos mataremos con pistolas llega, ahora, al Teatro Talía -uno de los de mayor solera y tradición de Valencia- alcanzando un nuevo hito en su ascendente trayectoria.  Para  que todos los que han oído hablar de ella, pero aún no han podido descubrirla, lo hagan. Y, también, para satisfacer a aquellos que la descubrieron en sus inicios y que demandaban una nueva oportunidad de disfrutarla.

Nosotros no nos mataremos con pistolas es, en definitiva, el epítome del estado del teatro valenciano contemporáneo: la prueba más evidente de su magnífica salud, de la calidad de sus dramaturgos y de la sensibilidad y talento de una nueva generación de actores, consagrados, ya, como figuras referentes de nuestra escena.

Teatro de reflexión, pero también de evasión. Profundo, pero distendido. Implacable, pero tierno. Cinco personajes inolvidables. Cinco soberbias interpretaciones. Y un texto que, sin duda, con el tiempo, llegará a ser considerado todo un clásico de la escena.

Escena de Nosotros no hablaremos con pistolas, de Víctor Sánchez.

Escena de Nosotros no hablaremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodriguez. Cortesía de la compañía.

 

El perturbador Carles Santos

Universo Santos, de Carles Santos
Centre Cultural La Nau
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 30 de agosto

Al igual que a Bach le gustaba probar un órgano para comprobar su resistencia, a Carles Santos también le gusta someter al piano a situaciones extremas. De manera que tan pronto le clava en mitad de los pulmones de sus teclas una gran cruz, como un enorme zapato de tacón o una hélice. Así entiende el artista castellonense la música: de forma tan clásica como excesiva. Exceso que algunos han dado en llamar vanguardista, pero que a él no le motiva: “Yo soy un clásico total, total”. ¿Entonces? “Yo es que no estoy seguro lo que es vanguardia y lo que no es”.

Obra de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Y alude a Bach, evocado igualmente en su exposición ‘Univers Santos’ de La Nau: “Escuchas a Bach y no sabes lo que hace. Yo estoy igualmente confundido y la palabra vanguardia me produce algo que no sé qué”. Esa incertidumbre, compuesta a partes iguales de veneración clásica, ruptura, perversión y pasión escenográfica, en la que lo religioso y lo pornográfico dan continuamente la nota, se muestra en La Nau de la Universitat de València.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos'. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Hay de todo: sus amados pianos, algunos apilados como si fueran una falla y otros malheridos; impactantes fotografías de alto contenido erótico; video montajes de sus óperas; algunas publicaciones discográficas, partituras y carteles. Dos salas repletas de referencias a ese ‘Universo Santos’ al que alude el título de la exposición, rematado por ‘El fervor de la perseverancia’. Fervor que alcanza grados de sadismo, provocación y violencia cabalgando entre barrocas puestas en escena e inquietantes sonidos.

Fotografías de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografías de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

“Yo estoy con un pie en el teatro y dos o tres pies en la música”. De hecho, dice que los autores teatrales que más le gustan suelen ser músicos. Las dos grandes orejas que completan el cuerpo de uno de los pianos exhibidos resumen esa mezcla de musicalidad y teatralidad en su obra. Mezcla explosiva que ha dinamitado durante 50 años la vanguardia española y de la que se hace eco La Nau con una exposición que no pretende ser “retrospectiva”, porque encaja mal con el espíritu siempre cambiante de Santos, según explicó el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño.

“Es una obra en construcción” que mama de la “tradición histórica del grotesco”. Ariño también apuntó las características de fascinación y perturbación. Fascinación por esa música clásica que siendo muy niño le atrapó, y perturbación porque una vez sumergido en ella (el agua es otra de sus constantes) su sonido adquiere resonancias grandilocuentes. De ahí la conexión con lo sagrado, lo espiritual, lo religioso, perversamente transformado en alusiones al cuerpo violentado.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

La exposición de La Nau sirve de antesala al homenaje que la Universitat de València tiene previsto realizar el 23 de junio a Carles Santos, otorgándole su medalla en el Claustro del edificio universitario. Fundación Caixa de Vinaròs, CulturArts y el IVAM se suman a este proyecto con diversas actividades en el marco del festival Ensems y Serenates, y un ciclo de cine dedicado a quien también orgía sus extremos musicales en el ámbito cinematográfico.

Josep Ruvira, comisario de Univers Santos, destacó, más que la presencia de obras inéditas, la variedad de “piezas transformadas” para la ocasión. La irreverencia del clásico vanguardista le llevó a decir que, puestos a definir la vanguardia, él la veía menos cerca de músicos como John Cage y más próxima al comportamiento de ciertos concejales. “Me gustaría conocer alguno capaz de hacer lo que se ha hecho en una ciudad alemana, planteando 11 años de música a partir de Cage”. No hay mandatario que lo resistiera, ironizó. Eso también forma parte del Universo Santos, cuya tocata y fuga permanecerá en La Nau hasta el 30 de agosto.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

El Tío Vania de Jerónimo Cornelles

Tío Vania, de Antón Chéjov, en versión y dirección de Jerónimo Cornelles
Intérpretes: Jerónimo Cornelles, María Poquet, Rafa Alarcón, Ernesto Pastor, Isabel Requena, Laura Valero y María Minaya
Preestreno en el TAC de Catarroja
Avda. Excelentisima Diputació, 16. Catarroja (Valencia)
Sábado 30 de mayo de 2015, a las 20.00h
Estreno en el Teatro Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Miércoles 3 de junio de 2015, a las 20.30h
Hasta el 7 de junio, 2015

‘Tío Vania’, de Antón Chéjov, es una de las obras cumbres de la literatura dramática del siglo XIX. Chéjov refleja en la obra el apocalipsis interior de un puñado de destinos humanos, la manera peculiar en la que el tiempo se instala en su interior, y cómo el tedioso transcurrir de los días derrumba sus esperanzas.

Imagen del cartel de Tío Vania, de Jerónimo Cornelles. Cortesía de Bramant Teatre.

Imagen del cartel de Tío Vania, de Jerónimo Cornelles. Cortesía de Bramant Teatre.

Bramant Teatre presenta, con esta revisión actual y contemporánea de ‘Tio Vania’, una propuesta donde se verá cómo Vania y su familia, rural y aristocrática venida a menos, se replanteará su vida ante la visita de su cuñado y la nueva mujer de este; un rayo de luz que les hará despertar del letargo en el que se hallan instalados.

Una propuesta tragicómica, llena de luces y sombras, que tomando como tema central el deterioro de la vida, la resignación, y la “inmovilidad” de algunas personas por decisión propia consciente o inconsciente, sirve de espejo a un espectador que puede llegar a reconocerse ante lo que está viendo.

Imagen del video promocional realizado por Escaparate Visual de 'Tío Vania', de Jerónimo Cornelles.

Imagen del video promocional realizado por Escaparate Visual de ‘Tío Vania’, de Jerónimo Cornelles.

Una amarga comedia, que demuestra que hay textos que por muchos años que tengan nunca dejan de ser de vigente actualidad, donde conoceremos a un grupo de personajes que en lugar de ir, o al menos intentarlo, hasta las estrellas, prefieren lamentarse sentados desde el sofá bebiendo vodka de lo lejos que éstas se encuentran y lo difícil que sería levantarse para llegar hasta ellas.

Jerónimo Cornelles actualiza esta amarga comedia clásica de Chéjov, que retrata la decadencia de una familia venida a menos, donde siete personajes, llenos de pasiones cruzadas, serán conscientes ante el “despertar” del tío Vania, que además de soñar otra vida donde ser felices, quizás deberían dejar de actuar como muertos en vida en esta.

Una emotiva y divertida propuesta que sirve de espejo para reflejar nuestras contradicciones ante la eterna búsqueda de la felicidad. Un clásico de todos los tiempos.

Jerónimo Cornelles en una imagen del video promocional realizado por Escaparate Visual de la obra 'Tío Vania'.

Jerónimo Cornelles en una imagen del video promocional realizado por Escaparate Visual de la obra ‘Tío Vania’.

ARCO y zombies

ARCO Madrid 2015
Del 25 de febrero al 1 de marzo de 2015

Hay quien cree que no ha pasado nada y por eso actúa como si nada hubiera pasado. Visitar ARCO hoy es una experiencia muy parecida a la que podía tenerse cuando se visitaba ARCO hace pongamos 25 años. Demasiado parecida. Es cierto que en su andadura la Feria ha pasado por momentos variopintos en cuanto a su oferta se refiere, pero en cualquier caso, y salvo alguna rara excepción, siempre ha predominado el aspecto comercial, que es por otra parte el que confiere sentido al evento.

Vista general de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Vista general de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Así pues, el ARCO de este año podría ser calificado de sobrio; sí, sobrio; hay quien diría elegante pero yo no llegaría a tanto. Y por sobrio entiendo una disposición de stands muy ordenada y racionalista y una selección de galerías cuya oferta podría calificarse de clásica; entendiendo por clásica esa producción que fundamentalmente se encuentra destinada a cubrir paredes y algún que otro hall exquisito.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la realidad? Y es aquí donde no queda otro remedio que ponerse antipático.

ARCO siempre es el producto de su director y de su equipo. Y cada edición es el resultado de una decisión. Yo lo he visitado y conocido el mismo día de la inauguración, que como es sabido sólo se encuentra abierto a profesionales. Precisamente es en este punto donde se encuentra la clave de la tesis que quiero plantear, en eso que pueda colegirse del concepto “profesionales”.

Para empezar yo diría que hay un sector muy amplio y con muchos intereses dentro del mundo del comercio del arte que sigue creyendo que el arte es lo mismo de hace 30 años. O dicho de otra manera, que sigue sin percatarse de los radicales cambios que se han producido en la sociedad civilizada desde que apareció la primera verdadera promoción de nativos digitales; que además coincide en fecha con la determinante caída de Lehman Brothers.

Imagen de ambiente de la feria de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Imagen de ambiente de la feria de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Para que la feria obtenga un aspecto u otro, lo primero que hace cualquier comité es determinar la interpretación que del concepto Arte hace dicho comité (de hecho las variables que durante su existencia nos ha proporcionado la Feria de Arte se han debido a la diferente forma de interpretar ese concepto; y para eso está el director y el comité de selección, siempre tan controvertido). Pero para que la feria obtenga su sentido la organización debe asumir, en primera instancia, que lo expuesto debe ser vendible. Y entender el arte como un producto elitista (en sus diversos grados, pero elitista), o sea, debe seguir creyendo en el carácter sagrado del producto expuesto que resulta desproporcionadamente caro en comparación a otros productos cuya función se encuentra más clarificada.

Y es aquí donde ARCO me parece una feria absolutamente desfasada. Pero no desfasada por su contenido sino desfasada por su propia existencia en la medida en que nada tiene ya que ver lo allí expuesto y ofrecido con lo que vive toda esa avalancha de nativos digitales que desde 2007 se nos ha venido encima.

Y es que ese carácter lineal que nos inculcó un entendimiento hegeliano de la Historia hacia el despliegue del Espíritu Absoluto ha tocado a su fin. Y muerto el perro se acabó la rabia. Sin Historia no hay posibilidad de Arte. Y por eso la inauguración de ARCO parecía un congreso de gerontología. ARCO ha decidido (o por mera supervivencia, o por puro convencimiento, lo cual sería mucho peor) que el público al que se dirige no puede ser otro que aquel al que su edad no le permite cambiar de hábitos. Es decir, la organización de ARCO ha decidido dirigirse a los que no les queda otro remedio en la vida que creer que no han hecho el primo durante toda su vida. Comprando a precios muy altos lo que muy poca gente estaría dispuesta a comprarle a ellos a precios muy bajos.

Ésta y no otra ha sido la elección de los organizadores: la de atraer a gente que está más cerca de la muerte que de su nacimiento. Así, una feria que exhibe un producto obsoleto (aunque más o menos interesante o decorativo) para gente que está medio muerta.

O por decirlo de otra manera: ARCO se dirige a quien no sólo tiene una casa… sino varias. Sin embargo los jóvenes de hoy ni la tienen ni la quieren, y en sus prioridades no se encuentra la de hipotecar su vida por una casa, sobre todo cuando no saben dónde les va a tocar vivir ni por cuánto tiempo. Su casa es inestable, por lo que sus paredes sólo pueden ser virtuales.

Obra de Edgar Jimenez. Doble Cero Cero. Cortesía de ARCO 2015.

Obra de Edgar Jimenez. Doble Cero Cero. Cortesía de ARCO 2015.

Alberto Adsuara

Vida en mayúsculas ‘En el estanque dorado’

En el estanque dorado, de Ernest Thompson, bajo dirección de Magüi Mira
Con Héctor Alterio, Lola Herrera, Luz Valdenebro, Camilo Rodríguez y Adrián Lamana
Pentación Espectáculos
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Estreno: miércoles 4 de febrero
Hasta el 22 de febrero

Nadie dijo que la vida fuera fácil. Por mucho que la publicidad se esfuerce en seducirnos con lo contrario. Pero que no sea fácil no significa que tengamos que claudicar ante lo real: el hecho de la corrupción que impone el paso del tiempo, más allá de la presente. ‘En el estanque dorado’, la obra escrita por Ernest Thompson, llevada al cine por Mark Rydell y ahora estrenada en el teatro bajo la dirección de Magüi Mira, es un buen ejemplo de esa resistencia humana, heroica, por dignificar la vida en tiempos de descrédito casi generalizado.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de 'En el estanque dorado', de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat Valenciana.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de ‘En el estanque dorado’, de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat Valenciana.

Y como ejemplo de esa tarea hercúlea, nada mejor que poner sobre el escenario a dos grandes actores: Héctor Alterio y Lola Herrera, encargados de darle “alma” a sus dos personajes. “Es una pareja que lleva 48 años juntos y sigue ahí tan a gusto; siguen queriéndose, tocándose y teniendo el valor de la complicidad y de la generosidad”, explicó Lola Herrera. Ahí es nada. Por eso Luz Valdenebro, que les acompaña en el reparto, subrayó que la obra, más que hablar de la vejez, “va sobre la vida en mayúsculas”.

Una vida que será representada en el Teatro Principal hasta el 22 de enero, tras 250 funciones en salas de toda España. Aún así, Alterio precisó que la obra no la repetían en Valencia, sino que era una “función estreno”, porque su trabajo con Lola Herrera se convertía a diario “en una fiesta”. “Eso nos permite estar vivos”, agregó. Sus interpretaciones son, por tanto, un calco de la vida que representan: una pareja mayor que desmiente a Baroja cuando dijo que en la vejez uno no hace más que repetirse.

Héctor Alterio y Luz Valdenebro en una escena de 'En el estanque dorado', de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Héctor Alterio y Luz Valdenebro en una escena de ‘En el estanque dorado’, de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Nada de eso sucede ‘En el estanque dorado’. “Se habla de la familia, del choque generacional, de la muerte, pero la gente se ríe, carcajea, y en segundos se produce un silencio sepulcral que nos conmueve”, apuntó Herrera. Y todo ello debido a que la obra “está muy hábilmente escrita”. También a un elenco actoral que completan Camilo Rodríguez y Adrián Lamana, y a cuya cabeza se halla Héctor Alterio: “Yo dije que sí, porque está él”, reconoció la actriz de ‘Cinco horas con Mario’. “Trabajar con un súper como Héctor es un regalazo para mí”.

‘En el estanque dorado’ está “bañada de humor” y, a tenor de tan larga vida en pareja, se mueve a contracorriente. “Para acertar con la pareja hay que hacer tentativas”. Y aunque la obra de Ernest Thompson no da las claves para que tal cosa se produzca, “se ven los resultados”, afirmó Herrera, que fue un poco más lejos: “Es difícil, pero creo que ahora se trabaja poco en ese camino, en el de comprender al otro y el de regar el jardín todos los días, porque andamos todos deprisa”.

Héctor Alterio dijo mostrarse encantado con la oportunidad de trabajar por primera vez con Lola Herrera, que abundó en el tema de la pareja: “Antes eran señalados en el colegio los niños con padres separados y ahora resulta al revés”. Un problema que extendió de la pareja al trato con los hijos, asuntos ambos de los que se nutre principalmente el espectáculo dirigido por Magüi Mira, para quien “el goce es posible a pesar del implacable acoso del tiempo”. Goce magníficamente reflejado ‘En el estanque dorado’.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de 'En el estanque dorado', de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de ‘En el estanque dorado’, de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Salva Torres

Howard Hawks ejemplar

“En un mundo dominado por el caos, el hombre debe salir adelante; si puede hacerlo con honor, mejor”. Así pensaba Howard Hawks (1896-1977), el director de cine clásico al que La Filmoteca del IVAC le dedica una amplia retrospectiva hasta el 21 de abril. Es lo que pensaba y lo que plasmó con igual esfuerzo heroico en sus 47 películas. Películas que un gran admirador suyo, el también director Peter Bogdanovich, dijo estar “pobladas de héroes; hay pocos villanos, casi ningún cobarde”. La crisis económica actual le enmendaría la plana a Hawks, hasta invertir la proporción de héroes y villanos que pueblan nuestra realidad más inmediata.

La Filmoteca, que a falta de concretarse el holding CulturArts mantiene su autonomía, ha decidido mostrar su rostro más enérgico con esa lúcida retrospectiva del director, entre otras, de La fiera de mi niña, Los caballeros las prefieren rubias o la trilogía de Río Bravo, El Dorado y Río Lobo, su última obra realizada en 1970. Un total de 47 películas, 21 de las cuales conforman la retrospectiva del IVAC, y de cuya producción Howard Hawks se limitó a decir: “Todo lo que hago es contar historias; creo que nuestro trabajo es entretener”.

Un entretenimiento que para sí quisieran muchos productos banales de la actualidad y que le costó al propio Hawks la etiqueta de “buen artesano”. Es más: muchos críticos, hastiados de cierta intelectualidad cinéfila, ensalzaron la aparente sencillez de sus películas para advertir que en el cine de Howard Hawks no cabían los mensajes profundos. Jean-Luc Godard, icono de la nouvelle vague francesa, terció en el asunto para hablar de la “lucidez inadvertida” que destilaba cada uno de los trabajos del director de El sueño eterno.