Viggo Mortensen: «Me pongo en el lugar del espectador»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Viggo Mortensen
‘Falling’, de Viggo Mortensen
Con Viggo Mortensen, Lance Henriksen, Laura Linney y David Cronenberg, entre otros
112′, Canadá-Reino Unido | Perceval Pictures, Baral Waley Productions, Scythia Films, Zephyr Films, Achille Productions, Ingenious Media, 2020. Distribuida por Caramel
Sábado 17 de octubre de 2020

“Rafael Maluenda… Eres el del Berlanga Film Museum, ¿verdad?”.

Viggo Mortensen abre de este modo nuestra conversación, y me sorprende y me agrada el detalle. Ya de por sí habla de la personalidad y de la elegancia del célebre actor –deberíamos decir artista, pienso, ampliando hacia las demás inquietudes de Mortensen, que abarcan los territorios de varias artes–.

“Cuando dicen que en situaciones de Gobiernos dictatoriales no se puede hacer arte, pongo el ejemplo de Berlanga. No es verdad que sólo se puedan hacer las películas que quieren los dictadores, y Berlanga lo demostró: fue listo y supo burlar la censura franquista. Berlanga no pensó igual que otros cineastas, afortunadamente”.

Queda para otro momento la conversación sobre Berlanga, para centrarnos en la ocasión que nos reúne: Viggo Mortensen está en València, en los céntricos Cines Lys –donde acudo por cordial invitación de su director de programación y servicios generales, Silvino Puig–; llega con la promoción de su primera película como guionista y director, ‘Falling’ –que en España distribuye Caramel–, y de la cual compone también la música; su actitud sencilla aumenta el entusiasmo del público que, respetando la seguridad de las medidas anticovid adoptadas por los responsables de los Lys, llena hasta donde resulta posible dos de las salas más amplias de los cines. En ambas presenta Mortensen su película.

El público le escucha en atento silencio y con una sonrisa permanente en los rostros, fascinado con la posibilidad de admirar tan de cerca a una de las estrellas más populares del cine que, con generalizada amplitud –y quizá, también, con generalizado reduccionismo–, se percibe como “cine americano”. Es verdad que, en los comentarios que cruzan entre sí los espectadores, predomina la mención a Aragorn, el personaje de Mortensen en ‘The Lord of the Rings’ (‘El Señor de los Anillos’, 2002); igualmente, casi de seguido, surge el nombre de Alatriste, el personaje de Pérez-Reverte al que diera vida el actor en la película homónima, dirigida por Agustín Díaz Yanes. Y también, en menor grado, se habla de la reciente ‘Green Book’, ganadora del Oscar en la edición de 2019, por la que Mortensen logró su tercera nominación al premio.

Tras sus palabras para presentar ‘Falling‘, percibe uno que ahora, además de a la estrella, admiran también los espectadores al ser humano. Mortensen resulta de una elegancia exquisita en su modo de abordar los problemas que dejaron en el camino precedentes proyectos como director, e incluso bromea con las circunstancias que le llevan a asumir uno de los papeles protagonistas de ‘Falling’. Creo que nos encontramos ante un actor consciente su responsabilidad como estrella, responsabilidad que gestiona con sencillez.

En efecto, el relato de las dificultades que hubo de superar para poner en marcha el proyecto de ‘Falling’ le muestra humano, le iguala con los presentes en la sala, cualquiera que sea la idea que de una estrella tenga cada uno de los espectadores. Mortensen comparte con el público que han pasado veinticinco años desde que decidió dirigir cine hasta que ha logrado poner en pie esta historia sobre la incomunicación, en la que Willis, un anciano déspota que pierde sus facultades mentales, se ve forzado a compartir tiempo con John, un hijo del que tiene una pobre opinión y al que reprocha constantemente su homosexualidad.

El propio Mortensen interpreta a John; confiesa que no tenía intención de actuar en su primera película como director, pero decidió asumir el papel con vistas a lograr la financiación de la película, consciente del tirón comercial de su nombre. Se deshace en elogios hacia Lance Henriksen, a quien admira como actor desde hace años, y que con el papel de Willis encuentra la ocasión de componer un personaje a la altura de su enorme talento.

Se despide con un “¡Amunt Valencia!, acogido con entusiasmo por los espectadores, que ya quedan con ‘Falling’, dispuestos a compartir en la oscuridad el relato que les brinda Viggo Mortensen.

También yo dejo la sala, si bien poniéndome mentalmente en el lugar de los espectadores, preguntándome por su reacción ante el plano que abre la película –que yo he visto ya, varios días antes. Un plano realmente prometedor, que me estimulaba a querer avanzar en el desarrollo de la película–, por cierto, con la dirección de fotografía del danés Marcel Zyskind, cuya carrera está asociada casi por entero a la del cineasta británico Michael Winterbottom. De este plano inicial hablo a Mortensen en nuestra conversación…

Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafa Maluenda (RM): Abres ‘Falling’ con un plano de gran fuerza visual, en el que un rostro de mujer joven emerge en la parte inferior derecha del encuadre, que se muestra oscuro; percibimos que no estamos viendo a la mujer, sino su reflejo. Y su nombre se oye en una voz masculina: “Gwen… Gwen…”. Y entra, ocupando el lado izquierdo, el hombre; en pie, al otro lado del cristal que refleja a la mujer, y mucho más corpóreo que la etérea imagen de Gwen. Diríamos que este plano, con su potente capacidad de sugerencia, encierra en sí mismo, de algún modo, las claves de la historia que nos vas a contar…

Mortensen escucha con atención, y sigo.

(RM): Hay a continuación una sucesión de planos que llevan hasta los créditos, con las letras de ‘Falling’ cayendo lentamente; y el plano que les sucede es el de un avión que, por contra, inicia su ascenso, si bien en espacio que, de nuevo, está dominado por la penumbra. Existe en toda esta sucesión una musicalidad, una cadencia casi poética, y pienso si tus facetas como compositor y como poeta –que no creo disociables– se traslucen al concebir el montaje de las secuencias…

Viggo Mortensen (VM): Me llama la atención esto que dices, porque está ahí, pero nadie me lo ha mencionado antes. Llevo haciendo entrevistas con ‘Falling’ desde el Festival de Sundance (enero de 2020), y es la primera vez que alguien me dice que lo ha percibido.

Y, sí, es algo que para mí es importante, y que tiene que ver con el modo en que el montaje transmite la historia que cuento. La fase de montaje es decisiva, y quería para las imágenes esa musicalidad. No es que tuvieran que tener música, pero sí eran para mí como música. Tarkovski ha hablado de esto mucho mejor que yo: el plano tiene que tener un peso. Es una cuestión de ritmo.

A veces, en montaje, un plano te sorprende, te pide más; más tiempo del que habías imaginado. A veces es al revés. A veces, incluso después de que hayas montado toda la secuencia, sigues montando toda la película, y cuando vuelves a esa secuencia, cuando lo ves todo junto, te das cuenta: no…, ahí el ritmo está mal. Hay que aguantar el plano un poco más; o menos. Es como cuando hay alguien tocando una pieza musical, y hay una floritura del piano y te das cuenta de que es bonito, pero ves que con menos notas es bonito y tiene más resonancia.

Llevo pensando en todo esto desde que era muy joven. Mi madre me llevaba al cine cuando tenía tres, o cuatro años, y cuando salíamos siempre me hablaba de la historia; nunca en términos de interpretación o de la cámara. Y, desde el principio, a mí me interesaba qué se decía y qué no se decía en esa historia, lo que pasaba y qué espacio quedaba para rellenar huecos y elipsis en la narración. Me gustaba pensar e inventar cosas que encajaban. Y años después, madurando como persona, y también más tarde, como alguien que participa en contar historias cinematográficas, me pongo siempre en el lugar del espectador. Y pienso que los primeros diez –quizá quince– minutos son gratis para el director; es decir, que el espectador le perdona todo: “A ver, qué es esto; ¿me interesa, o no…? No sé todavía”.

En algunos casos tardas más en entrar, pero los primeros minutos son decisivos. No juzgo nada en ellos, como espectador estoy abierto a lo que pasa. Pero no quiero que me digan lo que tengo que entender, lo que tengo que sentir: quiero que, en virtud de lo que se está fotografiando, lo que oigo, lo que veo… que algo en todo ello me despierte las ganas de seguir viendo, escuchando… Y, si eso empieza a pasar, entonces estoy participando en la narración… Entonces, como espectador, estoy sintiendo el ritmo de lo que está pasando, como un músico que se suma a la orquesta.

“A ver, la relación Willis-Gwen, ¿qué está pasando ahí? Quizá al principio de la relación Willis era diferente… ¿Qué ha pasado aquí, en la escena del cumpleaños?” La reacción de Gwen en esta escena da la clave al espectador para que comprenda que lo que acaba de pasar no ocurre por primera vez. Como espectador, estoy rellenando la historia, aportando piezas al puzle. En el montaje, mi objetivo era respetar al… posible (ríe) espectador, y dejarle sitio para que participe, si quiere –nunca se sabe. Pero quería, sobre todo, complacerme a mí mismo como espectador (más risas, por parte de ambos).

Lance Henriksen y Viggo Mortensen durante el rodaje del filme. Fotografía cortesía de Caramel.

De verdad, es lo que hacía. Me gusta actuar en el tipo de películas que quisiera ver cuando voy al cine; lo mismo al dirigir: quería hacer ante todo una película que me gustara a mí. No creo que esto sea egoísta, pienso que es ser sincero como artista. Es importante ser sincero cuando cuentas tu historia: si tú no te mientes a ti mismo, puede que alguien se interese; y, si tienes mucha suerte, tu historia muy particular puede tener una aplicación universal.

Eso lo viví durante el rodaje: el equipo técnico y los actores venían cada día con historias de sus familias, contaban cosas que relacionaban con cuanto ocurre en nuestras escenas. A veces pensaba que sus historias no tenían mucho que ver con lo que estábamos haciendo, pero entendía emocionalmente por qué las relacionaban. En otras ocasiones sí: contaban casos muy parecidos, y les sorprendía que fueran tan parecidos con palabras que decíamos en la película, o con emociones que mostrábamos, que sentíamos todos…

Por ello fue un viaje especial este rodaje. Hicimos muy buen equipo, porque nos sentíamos más seguros como actores, nos sentíamos apoyados, implicaba un interés personal para nosotros; no era un trabajo más. Rodando algunas escenas… digamos que fuertes, miraba al equipo después de la toma y, ¡qué emoción!, algunos estaban llorando. Yo pensaba: qué bueno, lo que estamos haciendo tiene aplicación universal para estas personas, a las que ni siquiera conocía antes del rodaje.

(RM): Es decir, que ya antes de la película montada, durante el rodaje, se pudo palpar esa universalidad de la historia…, sin necesidad de llegar a la sala.

(VM): Sí, era la historia en crudo. Era antes del montaje –que, como sabes, es contar la historia de nuevo: la parte final de la escritura–. Pero la base estaba ahí: si no la estropeábamos (risas) en un momento dado, la gente iba a poder conectar personalmente. No siempre pasa durante el rodaje. Lo he experimentado después en los cines: en Sundance… y ahora también con público español, en Zaragoza, en Barcelona, en Madrid, y también hoy aquí, en València.

Hay gente que se relaciona personalmente con lo que ha visto, y en algunos casos van más allá de lo personal: lo relacionan con los conflictos sociales, con la polarización de la sociedad, de la comunidad… O sea, que parece que he conectado, y eso me gusta: es con lo que uno sueña, ¿no?

(RM): Hay algo que también funciona muy bien en el montaje. El personaje de Willis, por su enfermedad mental, conecta presente y pasado, los confunde, algo que muestras estableciendo continuidad entre tiempos distantes a través del raccord con su mirada. Es decir: Willis mira desde el presente, y el plano que le sigue por corte corresponde a un hecho, a un espacio, que vivió en el pasado. Con este borrado de cualquier delimitación entre presente y pasado ofreces al espectador un montaje alternativo, que es el montaje que hace el propio cerebro de Willis en su deterioro…

(VM): Sí, bueno, todos hemos visto varias películas que muestran inicios de demencia, o una demencia total… Están muy bien hechas, pero en general hemos visto la historia desde el punto de vista del que observa a la persona enferma. El punto de vista desde adentro de las personas enfermas es distinto. Están menos confundidas de lo que piensa el que mira. Están felices, creen en lo que ven y en lo que piensan: para ellos es el presente.

Quería hacer esto en particular con Willis; después hay otros imágenes y sonidos que son memorias más bien de John, y en casos breves de Sara –mi hermana en la ficción–, y después hay otras memorias compartidas, y un poco más objetivas –aunque en realidad nunca hay memorias objetivas, no existe la objetividad en la memoria. Pero en el caso de Willis lo hacemos específicamente con imagen y con sonido; a veces sólo con sonido: oye como que está en un bar en 1952, con los chicos mirando a las chicas y bebiendo los viernes por la noche… Eso sólo lo ve y lo oye él. O ve a su hija, y piensa que es su mujer, hace muchos años, en una situación íntima. Pero él no está confundido: está feliz con ese momento íntimo. Y quería retratar eso a base de imagen y sonido.

Visto desde el otro lado, desde quien observa al enfermo, es complicado. Cuando no tienes mucha experiencia, cometes errores, y le dices: “no, no, no, esa persona a la que quieres llamar ya murió”; o “no hay un alce en el comedor”. Si le corriges y le dices que alguien murió hace ya veinticinco años, para él muere de nuevo, y se siente triste; y, si es capaz de ello, se siente tonto. Entonces, ¿para qué ha servido la corrección? Te ha servido a ti, y a tu ego, y a tu necesidad de estar cómodo. Tú, no él. Pero es cuestión de aprendizaje, ¿no? De experiencia.

John no es un doctor, ni un experto en nada; hace lo que puede: algunas cosas muy bien, porque ha tenido experiencias con su padre. En otros momentos se equivoca y, obviamente, es imposible para él ver y escuchar las cosas que ve y escucha su padre, y todo esto es para él un misterio. No es en absoluto una película autobiográfica, es una ficción, pero me he basado en experiencias de mi propia vida.

Viggo Mortensen y David Cronenberg durante el rodaje de ‘Falling’. Fotografía cortesía de Caramel.

Mortensen sabe de lo que habla: cuidó de su madre cuando padeció los trastornos de la demencia senil. Ha dedicado ‘Falling’ a sus hermanos.

En determinado momento de la película, John lleva a Willis al proctólogo, quien le practica una exploración anal. Es posible que haya espectadores que encuentren en este médico algo extrañamente familiar; y es que lo interpreta nada menos que el cineasta David Cronenberg. Su trayectoria cinematográfica está cosida a la de Mortensen por ‘A History of Violence’ (‘Una historia de violencia’, 2005), ‘Eastern Promises’ (‘Promesas del Este’, 2007) y ‘A Dangerous Method’ (‘Un método peligroso’, 2011).

(RM): Me sorprendió encontrar a Cronenberg interpretando en la película un papel que, además, le es propio. Pienso que esta película podría haberla contado también Cronenberg, naturalmente de manera muy distinta, con otros códigos, porque la base de tu relato comparte aspectos con su universo.

(VM): Ah, sí, lo habría hecho muy diferente. Pero su presencia no es como un chiste; pensé sinceramente que lo haría bien. Le mandé el guion, diciéndole: “es un favor que te pido, te lo ofrezco si te interesa, y si no te interesa no pasa nada”. Por suerte le gustó el guión y quiso hacerlo, y no me sorprendió nada que lo hiciera perfectamente. Quien no lo conoce sólo pensará que funciona muy bien la escena: no dudará de que es un proctólogo, porque es una buena actuación.

Quien lo conoce y sabe quién es tiene otro lado al que le encuentra cierta gracia, o… jejeje, te hace reír, porque piensas: “¡Uy, Cronenberg: la última persona que quiero que me meta un dedo en el cuerpo! (carcajadas irrefrenables por mi parte). Este hombre con tantas obsesiones… Pero igual es que tengo mucho de su cine en el cerebro”. Ahora, después de ver la película terminada, funciona también como un guiño hacia él, un gesto hacia él, y de él hacia nuestra película.

‘Falling’ está ya en los cines españoles, y la conversación con Viggo Mortensen me invita a verla de nuevo. Nos queda pendiente, eso sí, un próximo encuentro para hablar de Berlanga, en vísperas de su centenario.

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafael Maluenda

Enredos amorosos

Día de lluvia en Nueva York, de Woody Allen
Preestreno en los Cines Lys de Valencia: viernes 4 de octubre
Estreno en cines: viernes 11 de octubre de 2019

La polémica del contencioso legal entre el director Woody Allen y la productora Amazon por no estrenar su última película, ‘Día de lluvia en Nueva York’,  en EEUU, tras unas declaraciones de éste sobre el movimiento #MeToo, empaña el esperado estreno anual al que nos tiene acostumbrado el director, desde que en 1969 inició su carrera cinematográfica, 50 obras en total.

Más allá de la polémica, ‘Día de lluvia en Nueva York’ es una  comedia romántica más de Woody Allen. La sencilla historia -protagonizada por Timothée Chalamet y Elle Fanning, interpretando a dos estudiantes universitarios, Gatsby y Aslheigh, respectivamente-,  se centra en el fin de semana romántico que espera tener esta pareja en la otoñal ciudad de Nueva York. Es de imaginar, para todo conocedor del cine de Woody Allen, que la trama se confabulará para crear enredos amorosos con otros personajes malogrando el romántico fin de semana.

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

Nada en principio parece sorprender. Los mismos temas (amor-sexo, fidelidad-infidelidad, la familia, el dinero, la creación artística), los mismos trazos neuróticos o melancólicos para caracterizar a ciertos protagonistas masculinos, los mismos diálogos irónicos y sarcásticos, la misma alta sociedad económica y artística de Nueva York, la  misma nostálgica ciudad de Nueva York –fotografiada por Storado con una magnifica luz otoñal y lluviosa-. Y a pesar de contener todos los típicos y tópicos elementos narrativos y estéticos de la impronta del director, ‘Día de lluvia en Nueva York’ consigue no solo esbozar sonrisas, sino también introducirnos, progresivamente, en la banal historia amorosa de estos elitistas estudiantes universitarios. 

Ahí está, en parte, el mérito creativo de Woody Allen: conseguir que los espectadores se identifiquen con los triviales problemas amorosos – sexuales de la elite económica y artística de Nueva York. En escasas ocasiones el cine de Woody Allen ha representado a la clase media u obrera de Estados Unidos, sólo recordar: ‘La rosa púrpura del Cairo’ (1985), ‘Días de Radio’ (1987) y ‘Blue Jasmine’ (2013).

Si la narración de las peripecias amorosas de estos privilegiados personajes, excéntricamente neuróticos y/o melancólicos, conmueve es porque emana una cierta realidad y una cierta verdad. 

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

Los exclusivos personajes cuestionan en los trepidantes diálogos o monólogos con un tono irónico los principios y valores de la sociedad occidental. Un cuestionamiento que lleva a los personajes al relativismo y nihilismo en sus acciones y pensamientos, propias de una realidad posmoderna. Películas excepcionales, como ‘Delitos y Faltas’ (1990), ’Match Point’ (2005) y ‘El sueño de Casandra’ (2007), entre otras,  reflejan esa realidad.

Si cierta realidad posmoderna atraviesa la trama y el hacer de los protagonistas, una cierta verdad atraviesa el pathos de los personajes. 

La esencia emocional de los personajes de Woody Allen está arraigada a la posición que el personaje principal, como hijo o hija, adopta en la psicoanalítica estructura edípica. Desde su primera película reconocida por el público, ‘Coge el dinero y corre’ (1969) hasta esta última, la naturaleza de los protagonistas está condicionada por la palabra familiar.  La escucha de esa palabra y, en concreto, el repicar de la palabra materna atormenta a los protagonistas. Una figura materna que, en el relato dirigido por  Woody Allen en la película ‘Historias de Nueva York’ (1989), representó con una cabeza flotando omnipotente y omnisciente en el cielo de dicha cuidad.

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

En ‘Día de lluvia en Nueva York’ las palabras de la madre conforman el alma del protagonista. Resuenan constantemente en su interior, apresándolo en un inconformismo y rebeldía hacia ella y hacia la vida. De tal modo, que será la secuencia donde ese hijo y esa madre se sienten a hablar donde el diálogo, la palabra, no suene a hueca verborrea. Ahí, en esa cámara que se aproxima para centrar en un primer plano el relato de la madre y la escucha del hijo-protagonista,  se halla cierta verdad.

La empatía del público por estas historias de enredos amorosos de estos elitistas personajes radica en esa cierta verdad y realidad que fluye en la narración. Y todo ello, a pesar de ser conscientes la mayoría de los espectadores de los impedimentos para poder acceder a tocar el picaporte del portal de unos de esos apartamentos con vista a Central Park o de la Quinta Avenida de Nueva York, donde habitan los personajes de Woody Allen.

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

Begoña Siles

Nace FICIV, escaparate de la mejor animación

Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia. FICIV
Cines Lys y Ateneo Mercantil de Valencia
Del 26 al 31 de octubre de 2015

“Tenemos un mercado potente”. Marcos Campos, director del Festival Internacional de Cine de Valencia (FICIV), cuya primera edición arranca el lunes 26 de octubre, se refería al nivel de la animación en la Comunidad Valenciana. Algo que ya quedó sobradamente probado hace dos años en la exposición del MuVIM Stop Motion. Don’t Stop, que reunió trabajos de Javier Tostado, Sam y Pablo Llorens. Su comisario entonces, MacDiego, habló de Valencia como la “California de la Stop Motion en plastilina”. Y lamentó que todo ese talento brillara fuera: “Lo que molaría sería traer a toda esa gente aquí y crear una auténtica industria de la animación en Valencia”.

Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, de Javier Fesser. Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia.

Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, de Javier Fesser. Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia.

Marcos Campos, recogiendo ese guante y el “nicho que nos dejó la Mostreta”, pretende a través de FICIV canalizar toda esa creatividad y mostrarla en el escaparate de un festival que arranca con seis películas, talleres, mesas redondas y exposiciones. El cineasta Daniel Monzón (Celda 211), sabedor de ese potencial, apadrina un certamen que también contará con la presencia de Javier Fesser, de quien se proyectará Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, y del que fuera director del Festival de Cine de San Sebastián, Luis Gasca, en cuyo honor se inaugurarán tres exposiciones relacionadas con Alicia en el País de las Maravillas, Robin de los Bosques y Los chicos traviesos.

Cartel del I Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia, presentado por Cuadernos Rubio.

Cartel del I Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia, presentado por Cuadernos Rubio.

La comedia infantil Clay Kids, del ya mencionado Javier Tostado y cuya primera temporada se emitió en Clan TV, es otro de los platos fuertes del festival, que proyectará algunos capítulos de su segunda temporada en los Cines Lys, junto al Ateneo Mercantil, sede del certamen. Las otras películas de la Sección Oficial son: Bella y los Bulldogs, Paddington, Astérix y Lego. Para la clausura de FICIV, que tendrá lugar el sábado 31 de octubre, se contará con la actriz Yohana Cobo, quien actuara a las órdenes de Almodóvar en Volver y asidua en muchas series de televisión.

Como señaló Silvino Puig, responsable de los Cines Lys, “habrá críos que nunca han ido a una sala de cine”. De manera que el festival será una puerta privilegiada para todos ellos: chicos de entre 3 y 11 años a los que va dirigido FICIV. “La respuesta de los colegios ha sido tremenda”, subrayó Carmen Chaves, directora de Programación del Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia. Un festival dedicado a la animación que, como apuntó Campos, no existía “ninguno ni en España ni en el mundo”. Y en cuanto al más genérico cine infantil, también recordó que los festivales eran “escasos”.

FICIV nace con la idea de que tenga “largo recorrido”, destacó su director. Y para ese largo recorrido ya cuentan con el apoyo inicial del Ayuntamiento de Valencia, El Corte Inglés, Vasauto, Hoteles Meliá o las propias sedes de los Cines Lys y Ateneo Mercantil, por citar algunos. “Pero hay muchos otros patrocinadores que por falta de tiempo no han podido estar”. Lo que demuestra, a juicio de los responsables del festival, su “buena acogida”.

Claykids, de Javier Tostado. Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia.

Claykids, de Javier Tostado. Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia.

Salva Torres

FICIV: La irrupción de un nuevo festival de cine infantil

FICIV (Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia)
Sedes: Cines Lys y Ateneo Mercantil
Del 26 al 31 de octubre de 2015

El centro de la ciudad de Valencia acogerá, del 26 al 31 de octubre, la primera edición de FICIV (Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia), bajo la dirección del promotor  cinematográfico y teatral Marcos Campos, gestado con la voluntad de convertirse en un encuentro de referencia para profesionales del sector y, a la par, como plataforma de visibilidad y promoción del celuloide de género infantil valenciano, tras un dilatado período de ausencia en la ciudad de proyecciones de estas características. El festival se perfila con la pretensión de entender el cine como herramienta educativa y vehículo de aprendizaje lúdico de conocimientos y fundamentos éticos.

Logo FICIV

FICIV rendirá homenaje y contará con la presencia del director y guionista madrileño Javier Fesser -del que se proyectará su más reciente trabajo, ‘Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo’- y del escritor y editor donostiarra, Luis Gasca, en cuyo honor se inaugurarán tres exposiciones emparentadas con ‘Alicia en el país de las maravillas’, ‘Robin de los bosques’ y ‘Los chicos traviesos’.

Así mismo, durante las seis jornadas del certamen se llevarán a cabo numerosas actividades y talleres vespertinos. FICIV, se presenta como un festival cuya idiosincrasia sin ánimo de lucro determina la donación de sus beneficios a diversas ONGs locales e internacionales, y confía en contar con el refrendo institucional, dado el cariz innovador, pedagógico y dinamizador del sector infantil de este festival internacional creado y desarrollado en la ciudad de Valencia.

Los Cines Lys albergarán las proyecciones de la programación de FICIV -que también cuenta con la colaboración de Vasauto-, cuyo cartel será escogido a través de una convocatoria, promovida por Rubio, en formato de concurso abierto y orientado a niños de 6 a 11 años, como punto de partida de un festival cuya columna vertebral y objetivo se centra en focalizar la atención sobre la cultura cinematográfica infantil.

http://ficiv.com

 

 

Cinco días bailando y aprendiendo

Five days to dance, de Rafa Molés y Pepe Andreu
Cines Lys
Paseo de Ruzafa, 3. Valencia
Hasta el 31 de diciembre
Cineteca de Madrid, hasta el 4 de enero de 2015

Una pareja de bailarines aparece una mañana en el aula de un instituto. Es lunes y anuncian al grupo de adolescentes que tienen cinco días para subirse a un escenario y bailar. Una semana para cambiar las cosas. Un pequeño plazo pero una gran reto: mover a las personas cuando el mundo nos paraliza.

Una escena de 'Five days to dance', de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

Una escena de ‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

La danza obliga a estos jóvenes a romper sus roles sociales justo en el momento de sus vidas en el que éstos se están afianzando. El chico guapo deja de ser el más admirado, el tímido da un paso adelante… Bailar les obliga a tocarse. Se comunican, se igualan. Alguno no se liberará hasta el último instante.

Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt son los coreógrafos. Él holandés, ella española. Llegan de Bremen. Dos bailarines que han trabajado con Pina Bausch, Susanne Linke o Urs Dietrich y que ahora han decidido trabajar con gente que jamás ha bailado. Lo hacen cada semana en Alemania pero también en muchas ciudades de toda Europa, entre ellas San Sebastián y Valencia.

Imagen de 'Five days to dance', de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

Imagen de ‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

La danza es el leguaje común. No importa el lugar. Éste es su reto: cinco días, una clase de adolescentes, un microcosmos en el que sucede un pequeño big-bang.

‘Five days to dance’ es un largometraje documental de la productora valenciana SUICAfilms en coproducción con la productora donostiarra REC. SUICAfilms vive del hambre de ir más allá en el lenguaje narrativo. Sin límites en las formas y sin miedos en los argumentos. El proyecto nace de la asociación entre Pepe Andreu y Rafael Molés. Apasionados por el formato documental y por sus posibilidades expresivas y de alcance social. A la pasión añaden su larga experiencia, de más de 15 años, en el mundo audiovisual y en la producción y la realización de documentales. Desde el sector público han contribuido al desarrollo de formatos poco explotados por la televisión comercial como la investigación y la Historia.

Detalle del cartel diseñado por Paula Bonet del documental 'Five days to dance', de Rafa Molés y Pepe Andreu.

Detalle del cartel diseñado por Paula Bonet del documental ‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu.

REC Grabaketa Estudioa lleva 20 años ofreciendo servicios globales de producción audiovisual. En 2004 inicia su producción documental con ‘The Pamps’ para ETB. También ha producido ‘Prohibido recordar’ (2010) o ‘To say goodbye’ (2010), que se estrenó en el Festival de San Sebastián.

Además, ha coproducido películas como ‘Kutxidazu bidea, Ixabel’ (2005), ‘Las Olas’ (2011) y el largometraje de animación ‘Gartxot, el bardo de Itzaltzu’ (2011). El último proyecto de REC, ‘Encierro’, es un relato sobre los corredores que participan en los encierros de San Fermín y se ha grabado en 3D.

Parte la financiación de ‘Five days to dance’ se consiguió mediante una campaña de crowdfunding que logró el apoyo de 119 personas.

Escena de 'Five days to dance'. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

Escena de ‘Five days to dance’. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

 

Cuando las fallas fueron un arma

IVAC-La Filmoteca

Fallas 37. El arte en guerra

Óscar Martín

Estreno: 4 de marzo

Si el pueblo ponía las fallas, el ejército se encargaría de las tracas. Con el inicio de la Guerra Civil Española en 1936, la fiesta fallera vive una situación comprometida: la ciudad se convierte en capital de la República y decide plantar monumentos reivindicativos; desde el otro bando ven las fallas como amenaza pero, bien utilizadas, también como oportunidad. Y deciden contraatacar. Este peculiar y poco conocido periodo de la historia de la fiesta ha sido analizado y recuperado por Óscar Martín (1973), documentalista y profesor de la Universitat Jaume I de Castellón. El resultado es un corto, Fallas 37. El arte en guerra, que se estrenará en la Filmoteca de Valencia el próximo cuatro de marzo y en los cines Lys el día siguiente, podrá verse después en otras salas de ámbito nacional. Martín entrevista a nombres conocidos del mundillo fallero (Gil-Manuel Hernández, Vicent Borrego, Miguel Santaeulalia…) para recuperar la historia: un grupo de artistas e intelectuales valenci anos (con Renau, delegado de Bellas Artes, a l a cabeza) impulsa la creación de cuatro fallas de contenido antifascista que nunca llegaron a plantarse tal y como estaban concebidas. Debido a los bombardeos que sufre a diario Valencia, las fallas no se plantan pero los ninots se trasladan a la Lonja, donde se presentan en una suerte de exposición abierta al público. Además, el bando encabezado por Franco decide también utilizar propagandísticamente las fallas, plantando su propio monumento junto al Alcázar de Toledo, un Miguelete ‘amenazado’ por una hidra. El documental (con la voz en off del ganador de un Goya, José Sacristán), recuerda con imágenes algunas de estas figuras y recrea de forma virtual cómo se hubieran plantado las cuatro fallas pensadas de inicio. «No había apenas información», comenta Martín, que tuvo que reunirse con antiguos artistas y bucear en la biblioteca para aproximarse a los bocetos. Incluye, además, un capítulo histórico más, cuando el régimen victorioso adapta la fiesta a sus ideales y sólo queda el exilio. En Perpiñán, un grupo de valencianos promueven la creación de la falla Quememos a Franco, un acción reivindicativa que se extendería a otros países. El director apunta que nunca antes se había interesado por la fiesta pero ahora ha descubierto «que las fallas no siempre han sido monumentalidad, que fueron otra cosa». Defiende, como los protagonistas de su corto, «las posibilidades críticas del monumento». Algún día, quizás, este espíritu vuelva.