Carmen Laforet y la censura

#MAKMALibros # MAKMAOpinión | 75 aniversario de ‘Nada’, de Carmen Laforet
4 de Mayo de 2020

El 23 de marzo de 1945, la editorial Destino de Barcelona obtuvo el recibo de entrega del manuscrito de 250 páginas que acababa de depositar a la censura con miras a contar con su aprobación para la publicación de 3.000 ejemplares de la obra inédita de una desconocida. Ya le habían otorgado el primer premio Nadal, el 6 de enero del año anterior, 1944, pero aún faltaba la publicación del libro y la reacción del público en general. Este lunes 4 de Mayo de 2020 se cumplen los 75 años de esa primera edición.

Los inspectores de la censura bajo el régimen franquista durante la inmediata posguerra, luego de leer el manuscrito, rindieron los siguientes informes sobre el texto de Carmen Laforet:

“Novela morbosa de tipos bajos sin fin moral alguno”.

“Novela insulsa, sin estilo ni valor literario alguno. Se reduce a describir cómo pasó un año en Barcelona en casa de sus tíos una chica universitaria, sin peripecias de relive. Creo que no hay inconveniente en su autorización”.

Vista panorámica del edificio de la calle Aribau 36, en Barcelona, arquitectura protagónica en la biografía de Carmen Laforet y en la novela. Foto: Israel Rolón-Barada .

Estos lectores no pudieron estar más equivocados. La posteridad se ha hecho cargo de comprobar todo lo contrario. Contra los pronósticos de la censura y del resto del mundillo literario de la época, ‘Nada’ pasó a ser un clásico de la literatura contemporánea, aún en vida de su autora.

Su valor universal –basado en lo que cualquier joven universitario de cualquier parte del mundo, bajo cualquier momento histórico y sociocultural pudiese experimentar y llegar a sentir al identificarse con Andrea– y su autora (que contaba con tan solo 23 años de edad al escribirla), ya no tiene reversos en la historia de la literatura española. La belleza de su narración en primera persona rompió barreras y límites geográficos, adelantándose a todas las generaciones y géneros posibles.

La venta aproximada de unos 8.000 ejemplares al año, solo en Destino, desde 1945 hasta el presente, así lo prueba.

La cantidad de posibles lecturas e interpretaciones, análisis, crítica literaria y teorías, desarrolladas y publicadas en torno a la primera obra de Laforet, desde entonces, demuestran lo que su autora fue capaz de lograr. Todos pasaremos a la historia, con mayor o menor consecuencia, pero ‘Nada’ y la novelista perdurarán por toda la eternidad.

“Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces”.

Carmen Laforet.

Israel Rolón-Barada
(Coautor, junto a Anna Caballé, de ‘Carmen Laforet. Una mujer en fuga’ | RBA Libros, 2019)

La revista más explosiva del siglo XX

Almanacs de La Traca (1915-1918)
Rafael Solaz y Marc G. Zacarés
Alenar Llibres

Nuestros padres tenían que cruzar los Pirineos, como Aníbal con sus elefantes para proveerse de revistas guarras y darse un baño de erotismo: Último tango en París, imágenes de mujeres desnudas, la mínima alusión al sexo estaban totalmente prohibidos por la censura franquista amparada por el nacionalcatolicismo. Nuestros abuelos, sin embargo, sólo tenían que ir al quiosco más próximo para alegrarse el ojo con señoras descocadas, más o menos pelanduscas, y reírse a mandíbula batiente con semanarios como La Traca, editado por el valenciano Vicent Miquel Carceller.

La revista más explosiva del primer tercio del siglo XX. No fue la única de este tipo, pero sí la de mayor difusión, llegando a los 300.000 ejemplares a principios de los treinta. Colaboraban en ellas escritores de la talla de Vicente Blasco Ibáñez, Maximilià Tous, Hernández Casajuana y Contell, entre otros, además de numerosos ilustradores. Algunos, como el propio Carceller pagaron su osadía y fueron fusilados tras la guerra civil. Cada fin de año la revista editaba un almanaque en formato más pequeño que resumía lo más selecto de los últimos doce meses.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Un siglo después de la aparición del primero de estos almanaques, en 1915, un libro reúne los cuatro primeros, hasta 1918. Almanacs de La Traca (1915-1918) (Alenar Llibres) es un trabajo conjunto del historiador y bibliófilo Rafael Solaz y el editor Marc G. Zacarés que se presentó el 23 de noviembre en el Ateneo Mercantil. El texto reproduce en facsímil  los cuatro almanaques que Solaz adquirió en una subasta, en julio de 2003, procedentes de un coleccionista catalán, comentados por él mismo.

“El descubrimiento de los almanaques fue para mí algo importante porque como bibliófilo no los había visto nunca, sabía de su existencia pero eran muy raros verlos en el mundo del comercio y del coleccionismo”, recuerda Solaz. La idea del esta edición peculiar surgió durante una conversación con el veterano editor Marc Zacarés, y ambos se pusieron manos a la obra. “Con este libro pretendemos que las nuevas generaciones conozcan y valoren estas revistas curiosas”, dice Solaz. “También recordar a quienes colaboraron en ellas, especialmente a los autores y dibujantes, algunos de ellos con trágico final como el de Carceller”.

Su valor es considerable, pues tanto los semanarios como los almanaques fueron destruidos tras la guerra civil a causa de una persecución que culminó con la muerte de  Carceller ejecutado en el Cementerio de Paterna. A lo largo de su existencia, entre 1911 y 1938, La Traca reflejó fielmente la transformación de hábitos y costumbres que se produjo en la Europa de entre guerras. Los locos años veinte, la Belle Époque, un paréntesis de libertad para unos, de libertinaje para otros, durante el cual la mujer se libró de los corsés y comenzó a recortarse el cabello y acortar la longitud de sus faldas, mientras agitaba las caderas al ritmo frenético del charleston.

Aires de cambio y de renovación que no tardarían en congelarse con el estallido de la Segunda Gran Guerra. La Traca absorbió esos cambios que venían desde más allá de nuestras fronteras y les infundió el marchamo de la casa, el hedonismo mediterráneo, la socarronería de la huerta, la lujuria hortofrutícola. Carceller diseñó la perfecta publicación  de corte popular que conquista a los lectores con una dosis de erotismo y humor. Ilustraciones picantes, chistes de doble sentido, historietas y otras secciones de entretenimiento llenaban sus páginas al módico precio de 25 a 30 céntimos.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

El semanario  tuvo dos épocas, la primera de 1911 a 1922 y, tras dos años de prohibición durante la dictadura de Primo de Rivera, otra etapa hasta 1938. “La primera es más interesante respecto a sus contenidos humorísticos y de carácter erótico”, indica Solaz. “Después se politizó y se hizo anticlerical debido a los intereses de la época”. A raíz de su éxito surgieron otras cabeceras similares: Bésame, La Sombra, Colección Fifí, El Piropo, Colección Popular, La Chala. “También estas herederas de La Traca tenían sus respectivos almanaques, y como ella estaban redactadas en un valenciano sin rigor idiomático ni gramatical, con abundantes vulgarismos”, señala Solaz, una autoridad en V.M. Carceller al que menciona en varios de sus obras: La Valencia Prohibida, Figues i Naps o Pasiones bibliográficas.

Al hojear hoy esas páginas plagadas de opulentas féminas ligeras de ropa y chascarrillos eróticos festivos salta a la vista la liberalidad de una sociedad española a principios de siglo. Un ambiente muy diferente a la rancia e hipócrita moral que se impondría poco después. Aunque estas revistas sicalípticas estaban dirigidas al público masculino y su contenido denota cierto machismo inherente a la época, no dejan de tener su encanto y frescura. Demuestran que nuestros abuelos no eran unos mojigatos sino viejos verdes, aunque con el triunfo de Franco se impusiera la rancia moral y se acabara la fiesta por muchas décadas, hasta que llegó  el destape y surgieran revistas como Interviú o El Jueves dispuestas a desafiar las rígidas reglas del viejo régimen.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Fusilamiento de Carceller

Nada más acabar la guerra civil, en junio de 1939, se abrió una diligencia para localizar y poner a disposición de la Brigada Militar a “los colaboradores del soez, obsceno e impúdico semanario valenciano La Traca, que se distinguió siempre por sus campañas anticlericales, antipatrióticas y difamatorias”. Carceller y su segunda esposa Francisca Veres vivían en la calle Correo, junto a la tienda de artículos de piel conocida como la del Cocodrilo.

Pese a los consejos de algunos amigos preocupados por su suerte, el editor se negó a huir, arguyendo que nunca se había manchado las manos de sangre. Pronto los acontecimientos desmintieron su optimismo. Oculto en el domicilio de unos conocidos, fue detenido y tras un Consejo de Guerra, el 28 de junio de 1940, fusilado en el Terrer de Paterna. Según relata el profesor Antonio Laguna en uno de sus estudios, en la misma saca se encontraba el líder socialista Isidro Escandell, el escultor Alfredo Torán, el artista Alfredo Gomis y uno de los colaboradores de La Traca, el caicaturista Carlos Gómez Carrera, Bluff considerado una “inteligencia satánica”.

Efemérides de 1915

Con una colorista portada de lavanderas culo en pompa, el Almanaque de 1915 reúne las firmas de Luis de Val, Vicente Blasco Ibáñez, Bisbert del Cabanyal, Hernández Casajuana, Rivelles, Michó, Gascó Contell y Quiles Pitarch entre otros. Cada ejemplar tenía 64 páginas y su precio era de 25 céntimos. Tan sólo se incluyen un par de anuncios, el  papel de fumar Bambú y la pluma estilográfica Ideal Waterman. Contiene una referencia a las cuatro estaciones representadas por cuatro estaciones de ferrocarril: Norte, Aragón, Pont de Fusta y Jesús. Un tal Boticari de Villareal ofrece consejos de salud, se habla de toros y se ofrecen predicciones sobre el futuro. En el año 3.000 “la velocitat dels ferrocarrils será de dos mil kilómetros per hora”…

Bel Carrasco