La obra en franco devenir de Carmen Ortiz

Devenir, de Carmen Ortiz
Galería MrPink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 26 de enero de 2018

“Mi naturaleza es optimista, pienso que siempre hay algo por delante. Es un devenir incierto, pero no inseguro”. Así explica su obra ‘Devenir’ la artista valenciana Carmen Ortiz, cuya escultura de 350 kilos y 2,5 metros de alto y ancho preside la galería MrPink. Junto a esta gran pieza dialoga en franca armonía otra más pequeña, a modo de hoja en blanco que parece levitar a escasos centímetros del suelo. Es la manera que tiene Ortiz de interrogarse sobre la existencia y las contradicciones del ser humano.

Obra de Carmen Ortiz en la exposición Devenir. Imagen cortesía de MrPink.

Obra de Carmen Ortiz en la exposición Devenir. Imagen cortesía de MrPink.

Contradicciones resumidas en ese contraste entre lo pesado de la escultura, su tremenda fuerza expresiva, y la fragilidad que denota su estructura plana entrecortada a la manera de la papiroflexia. “Es la gran interrogación entre lo fuerte y lo débil. Pero no creo que sea una contradicción, sino el refuerzo de lo que somos”. Y lo que somos, al menos para Carmen Ortiz, se fundamenta precisamente en esa insistencia por perdurar en el tiempo, a sabiendas del final que inevitablemente nos aguarda.

“Nunca hay un final o al menos no lo aceptamos. Descubres la luna y enseguida quieres ir a Marte y luego Júpiter. Pertenezco a la rama optimista de la naturaleza humana”. Por eso la artista dice jugar en su obra con el devenir como espacio intersticial entre dos mundos que se conectan entre sí. Conexión que ella establece dejando siendo la puerta entreabierta. “En mi obra siempre se abre alguna puerta”. Apertura ligada con su voluntad incansable de creación: “No puedo dejar de imaginar y de pensar; de evolucionar constantemente”.

Devenir, de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de MrPink.

Devenir, de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de MrPink.

María Tinoco, responsable de la galería MrPink, señala el “carácter espiritual” de su trabajo, destacando en esa evolución los sucesivos cambios del color negro, al gris y ahora el blanco, así como el paso de lo bidimensional a la tridimensionalidad de su actual “devenir”. “Yo con color no trabajo nunca. Indago en los pensamientos básicos y elementales que motivan las dudas eternas y, en este lenguaje, el color a mí no me aporta nada. Busco la introspección máxima; el pensamiento más libre que pueda”.

Libertad que transita del hierro al lienzo y viceversa, sometiendo lo duro y lo frágil a una misma tensión arquitectónica basada en diferentes planos. Tan pronto el hierro parece abrirse como si fuera papel, como el ligero papel constituirse en materia sólida. “Las esculturas están planteadas como interrogaciones: aberturas sutiles, ángulos, cambios”. Y Carmen Ortiz asegura que la luz es el otro elemento por explorar: “He empezado a meter una luz estática que espero vaya evolucionando”.

Devenir, de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de MrPink.

Devenir, de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de MrPink.

De hecho, sus esculturas necesitan de la luz para reflejar los cambios que las diferentes aperturas propician. He ahí el devenir abriéndose y cerrándose al mismo tiempo. O como dice la propia artista, cuestionándose lo que pudiera significar su deriva, “si el devenir está hecho o por hacer; si está condicionado o libre de ataduras”. Y apela a ese río “que discurre de forma diferente para cada uno”.

Carmen Ortiz crea sus esculturas para que el espectador pueda transitar por ellas; para que sienta correr el devenir por sus venas y se interrogue por él. “Por esa puerta entreabierta vemos el mundo como si fuera una rendija”. Rendija a cuyo través se cuela la incierta vida que la artista transita con paso firme, arriesgando con su obra nuevas formas de entenderla. “La inseguridad forma parte de todos los artistas y de todas las épocas. Ahora, con la crisis, quizás las puertas se estrechan un poco más, pero siempre se sale por algún lado, se encuentra una salida”. ‘Devenir’ es el “título intuitivo” que ha dado a su última y contundente creación, que MrPink acoge hasta el 26 de enero.

Instalación de Carmen Ortiz

Instalación de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de galería MrPink

Salva Torres

Carmen Ortiz se plantea el devenir en su obra

Devenir, de Carmen Ortiz
Galería Mister Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Del 24 de noviembre de 2017 al 12 de enero de 2018

Carmen Ortiz invade la sala Mister Pink con ‘Devenir’, un proyecto concebido a modo de site specific, con una pieza de casi dos metros y medio de alto y ancho y 350kg de peso, por la que el espectador podrá transitar. Es un proyecto escultórico en el que las piezas realizadas por la artista se articulan entre lo intelectual y lo formal, funcionando como un conjunto de monumentos metafóricos a los que acercase, donde la escala se amplía hasta un tamaño transitable, con un planteamiento abierto en el que el espectador completa el proyecto.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

«No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero» (María Zambrano)

«El universo dura. Cuanto más profundicemos en la naturaleza del tiempo, tanto más comprenderemos que duración significa invención, creación de formas, elaboración continua de lo absolutamente nuevo» (Henri Bergson)

Para entender el diálogo continuo que se produce entre filosofía y arte, debemos remontarnos a la intención rupturista que, respecto de la tradición, mantuvieron las vanguardias históricas, lo que desembocó, entre otros, en un acercamiento entre ambas disciplinas durante la contemporaneidad. Titulando a este proyecto ‘Devenir’, Carmen Ortiz alerta de que debemos estar atentos a nuevas interrelaciones entre ambos territorios, a la vez que recuerda que la reflexión filosófica en torno al tiempo, alumbró un concepto llamado devenir, que incide en que nada es estático, que lo que es ahora (presente) habrá mutado en unos instantes (futuro).

La propuesta artística que nos presenta Carmen Ortiz, se sustenta en unas esculturas que, a parte de nutrirse del desequilibrio entre lo intelectual y lo formal, funcionan como un conjunto de metafóricos “monumentos” dedicados a ese particular concepto temporal. Para abordar los mismos, se exige una especial atención del espectador que se desarrolla en dos tiempos. Comenzamos accediendo a una propuesta de investigación visual sobre unos “lienzos-pantalla” (parece pintura pero no lo es), una especie de papiroflexia ficticia, en la que, como en proyectos anteriores, diáfanos cortes, dobleces, aberturas, llenos y vacíos dialogan.

En la segunda fase, mientras se produce un alejamiento de la rigidez de lo minimal, y asumiendo que el cuadro es un objeto que comparte espacio con el espectador, descubrimos que las esculturas son una suerte de esquemas arquitectónicos o puertas metafísicas, fabricadas de un material perdurable (láminas de hierro), cimentadas en conceptos como lo incierto, el umbral, o el otro lado, donde concluimos que más allá no hay nada.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Un proceso creativo abierto en el que, como en aquella obra de Duchamp ‘Door: 11 rue Larrey’ (1927) (en la misma aparecían dos habitaciones y una única puerta que cerraba o una o la otra, pero nunca ambas), mientras se redefine el espacio, se nos ofrece la posibilidad de decidir en qué parte de la puerta queremos estar, convirtiendo esos dispositivos espaciales en entidades no fijas.

La dualidad se intensifica en una de las obras a través del espejo, otro elemento idóneo para crear dos planos de realidad, una fina membrana que separa nuevamente dos entidades que también es una puerta, que ofrece otras posibilidades espaciales, y que vuelve a establecer dos momentos consecutivos.

Carmen Ortiz propone un espacio de reflexión en el que, además de recordar la labor de Donald Judd respecto a la ruptura de límites entre categorías, con la que dio un papel principal al espacio real, parece hacer caso omiso a la célebre idea de Heráclito: nadie se baña dos veces en las mismas aguas de un río.

Instalación de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink

Instalación de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink

Francisco Ramallo, historiador del arte y comisario independiente

Eclécticos en la galería Mr. Pink

Eclécticos, con Quique Marzal, Ismael Teira, Sandra Ferrer, Javier Pastor, Carmen Ortiz, Sara V. Molina, Natalia Domínguez y Javier Velasco
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 18 de diciembre de 2015

La galería Mr. Pink acoge la exposición Eclécticos, propuesta de muestra colectiva, que comparten Quique Marzal, Ismael Teira, Sandra Ferrer Gallego, Javier Pastor, Carmen Ortiz, Sara V. Molina, Natalia Domínguez y Javier Velasco. En ella se aúnan el carácter y personalidad de cada artista en una apuesta común, tratando diversos temas que se han trabajado en pareja, explotando así la conexión entre los artistas, que aporta una dimensión nueva y un mayor magnetismo en las piezas expuestas.

Este experimento expositivo pone de manifiesto la complicidad entre las parejas, creadas “ad hoc” para la muestra, con un nexo de unión, ya sea temático, estético o práctico, pero en todas ellas se aprecia el resultado del tránsito entre artistas, del transvase emocional y de la conexión entre las obras creadas.

La clave del experimento es que las parejas se entendieran, dinamizar eso que les une, con el fin de crear obras nuevas, puesto que el nexo no es la obra, sino el resultado de la unión. Cada pareja ha propuesto el hilo conductor por el que desarrollar su trabajo, llegando finalmente a crear piezas en común o contrapuestas, enfrentadas, de inspiración mutua, el producto de una reflexión, de un discurso, del entendimiento y la copula.

Tras la puerta, de Sandra Ferrer Gallego y Javier Pastor, plantea, como sugiere el título, lo que la puerta esconde, lo que no se ve, lo oculto a los ojos de la sociedad, la intimidad. Con esta línea temática, presentan dos registros diferentes de una misma dimensión, lo personal, lo íntimo, lo particular, un misterio que desconocemos, esto es lo que tengo, esto es lo que soy. Estas piezas comparten un espíritu intimista, aunque “lo que hay detrás de la puerta distorsiona mucho”.

Obra de Ismael Teira en la exposición Eclécticos. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Ismael Teira en la exposición Eclécticos. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Paisaje Ibérico, de Quique Marzal e Ismael Teira, es un trabajo en el que estos dos artistas  muestran dos elementos significativos y presentes en el paisaje español, las palmeras y el toro de Osborne. Estas dos piezas puestas en común, reflexionan sobre el paisaje, la sociedad actual, de su relación y del engaño visual que esto puede generar, es decir, lo que se ve no siempre representa la realidad.

Obra de Natalia Domínguez. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Natalia Domínguez. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Una silla es una silla; una silla es un poema; un poema es una silla, de Javier Velasco y Natalia Domínguez, aprovechan las rupturas, sinergías y cortocircuitos de la comunicación, jugando con los significados asociados a los objetos, evidentes o incorporados, apropiándose de los mismos para construir un nuevo código, que modifique y ponga en cuestión el significado de aquello a lo que nos enfrentamos.

Obra de Sara V. Molina. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Sara V. Molina. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Carmen Ortiz. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Incipit, de  Sara V. Molina y Carmen Ortiz, plantean la utilización de la obra del otro artista como punto de partida para la creación de otra nueva, estableciendo un diálogo, un intercambio de miradas tamizadas por la edad, la identidad y la personalidad, una obra basada en una visión alternativa del otro, creando una interrelación, un par.