Tras la organización de la forma en ‘Gráfica Estructural’

‘Gráfica Estructural’, de VV.AA.
Sala de Exposiciones
Facultad de Ciencias Sociales
Tarongers 4b, Valencia
Hasta el 24 de febrero de 2017

El grupo de artistas de ‘Gráfica Estructural’ se concentra en el concepto de estructura -en el sentido de orden, esqueleto organizativo, preferencia por lo esencial y verdadero, frente a lo superficial y cambiante- como unidad coherente entre forma y expresión, desde su origen lingüístico y formalista, vinculándolo con los procesos mentales de percepción, organización e interpretaciones psicoanalíticas en la teoría clásica de la representación, con la finalidad de establecer paralelismos entre diversas formas de arte actual.

Esta investigación constata el valor esencial de la composición como forma permanente, significativa, bajo la apariencia variable en la evolución de los estilos, pero también la estructura gráfica en sí misma constituye un valor expresivo. En este sentido, la muestra reúne conceptualizaciones distantes, prácticas gráficas, lenguajes y materiales diferentes con un nexo común: la organización de la forma como protagonista de su expresión.

Imagen de la obra 'Tiges de Sal I', de Ximo Micó. Fotografía cortesía de Felicia Puerta.

Imagen de la obra ‘Tiges de Sal I’, de Ximo Micó. Fotografía cortesía de Felicia Puerta.

El montaje expositivo persigue equilibrar las tensiones producidas por los grandes contrastes entre los usos de medios clásicos, como los empleados por Gloria Saez, o la gráfica a mano alzada de Carlos Martínez, respecto de los usos digitales de Ana Pérez y Pau Navarro; investigaciones sobre la representación del movimiento de Esteban Quintario o Noelia Zullar, pasando por la apuesta optical de arte cinético de Francisco Toro y la actuación de danza en vivo del grupo ‘Dinámica Estructural’, bajo la dirección de Cristina Andreu. Se formulan reproducciones mecánicas de la imagen, como la propuesta de intervención de Nicolás Caballero, la concepción espacial y múltiple de la cerámica artesanal del ‘Colador d´idees’, de Amparo Boluda, el minimalismo estructural de Amparo Noguera y las sugerentes abstracciones líricas y poéticas de Rosa Padilla, Carolina Cabo y Ximo Micó.

‘Gráfica Estructural’ propone, igualmente, la confrontación entre una organización esquemática racional y geométrica de Marco Noguerón, con la ‘Frágil’ y rítmica cianotipia de Carmen Dolz, o la visceralidad acromática del gesto expresivo de Jaime Poblete, cercano también a los automatismos de Lydia Navarro y Teresa P. Gómez. Se yuxtaponen las sugerentes arquitecturas de Mª Ángeles Álvarez a las conceptuales de Humberto Nilo; el acento en rojo de Enrique Pitarch con la sinuosidad curvilínea en verde de Julia Martinez. Construcciones que cuestionan los límites entre medios artísticos, como la que aporta Martíllopis, junto con la expresión que evoca el uso de la materia, sugestiva percepción visual y táctil, en las obras de Francisco Cuesta, Felicia Puerta y Felipe Medina.

Imagen de la obra 'Gráfica Estructural', de Felicia Puerta. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de la obra ‘Gráfica Estructural’, de Felicia Puerta. Fotografía cortesía de la artista.

A veces, en la espontaneidad de la mirada, nos quedamos en lo más llamativo y semántico que aparece en la superficie. No se hacen demasiados esfuerzos por abstraer las causas profundas, que se repiten y se funden en similares estructuras; estructuras que generan una misma expresión, lo que nos lleva a emociones parecidas frente a propuestas tan diversas. Detenerse en el tiempo y sumergirse en la profundidad, bucear para encontrar, pues no siempre aparece sin esfuerzo la ‘estructura significativa’ que da sentido, que relaciona un todo coherente y expresivo.

El mapa oculto se configura como red de conexiones entre varios elementos ajustados en cantidad, cualidad y significado, únicamente activos en su conjunto en el momento de la contemplación; es la mirada recreativa, generativa, de respuesta sugerente que se fija en nuestra memoria, pues la hemos construido e interiorizado individualmente como experiencia estética, emoción que amplifica nuestro imaginario: conseguir conectar con esa estructura previa.

En el origen de los objetivos del grupo ‘Gráfica Estructural’ nos proponemos revisar el concepto de ‘estructura profunda’ como sistema racional compositivo, esqueleto interno que armoniza los elementos, esencial manifestación expresiva, frente a lo aparencial y epidérmico; conectar estructuras formales con estructuras mentales, con la finalidad de fomentar el pensamiento creativo, produciendo obras en diferentes ámbitos y realizando un ejercicio mental de práctica sinéctica creativa; analizar  las  implicaciones  del  concepto  ‘estructura’ en  su  sentido constructivo -‘re-estructura’-, como armazón fundamental en la creación artística, también hoy, renovando su funcionalidad y haciéndose más visible; disertar y re-pensar  modelos constructivos, sistemas formales  de  configuración como causa del proyecto, puesto que, al fin y al cabo, la acción de pensar es en sí misma de naturaleza creativa.

Imagen de la obra 'Colador d'idees', de Amparo Boluda. Fotografía cortesía de Felicia Puerta.

Imagen de la obra ‘Colador d’idees’, de Amparo Boluda. Fotografía cortesía de Felicia Puerta.

Para ello utilizamos una investigación comparativa relacional entre diversos conceptos y disciplinas, vinculando y analizando críticamente estructuras de diferentes poéticas: arquitectura, danza y música, confrontándose con las tradicionales. Mostrar prácticas concretas, como ejercicio mental de correspondencia: ‘estructura y re-estructura’. 

En definitiva, nuestro propósito quiere remarcar las analogías evidentes entre cultura, ciencia y tecnología, al conectar arquitecturas del pensamiento en distintas producciones. Esbozar, de este modo, otra mirada integradora y global sobre el trabajo artístico, no exclusivamente centrada en la relación ‘forma /sema’.

El proceso gráfico de abstracción permanece como estructura profunda en relación al resto de procesos mentales sobre los que se basa la teoría del conocimiento, conectando todos los elementos de un sistema. ‘Gráfica Estructural’ pretende, en consecuencia, un replanteamiento del término como forma de crecimiento intelectual y como germen de toda innovación.

Un instante del Experimental Video Danza 'Caer', de Ana Pérez, con Isabela Alfaro. Fotografía cortesía de Felicia Puerta.

Un instante del Experimental Video Danza ‘Caer’, de Ana Pérez, con Isabela Alfaro. Fotografía cortesía de Felicia Puerta.

Felicia Puerta

 

 

 

«El arte no es sólo evasión, sino reflexión»

Carlos Martínez. Libros sin palabras
Centro Cultural Carolina
C / Rugat, 10. Valencia
Del 26 al 28 de abril de 2013

El mimo Carlos Martínez (Pravia, Asturias, 1955) es un actor que prefiere llegar al corazón del público sin utilizar palabra alguna. Al menos, durante el tiempo que duran sus actuaciones. Una vez concluidas, se quita el maquillaje y se explaya. Y es que, como buen artista, se nutre de la paradoja que supone querer expresar lo inexpresable. Por eso vive en permanente combate con el lenguaje. El mismo que le lleva a decir: “La gente está cansada de palabras vacías, palabras que no se cumplen”. Para seguidamente proclamar: “Yo soy un mimo enamorado de la palabra; creo en la palabra”.

Para entender ésta y otras paradojas, conviene seguir el rastro que van dejando sus palabras y sus elocuentes gestos. “El arte no es sólo evasión, sino reflejo de ti mismo “. Y se explica: “Todo lo hacemos por imitación; está en la naturaleza. Y nuestra misión es ser el espejo donde nos reflejamos, en el sentido de verte y de reflexionar sobre lo que ves”. De ahí que sus espectáculos sean algo más que un divertimento, para ocupar de verdad el espacio asignado al auténtico teatro. “El mimo está muy relegado a la calle; casi suena a pordiosero, al que va pidiendo. Yo lo que he hecho ha sido llevarlo al teatro, con su dramaturgia, su dirección escénica y con un equipo de gente detrás”.

Carlos Martínez, en una palabra, dignifica la categoría de mimo, convirtiendo la acumulación de gestos en historias largamente trabajadas. He ahí su enamoramiento de la palabra. “Todo lo que hago de mimo, antes ha pasado por el ordenador, cuya escritura entrego luego al director escénico”. Así es como han ido saliendo los espectáculos Mi Biblia, Derechos humanos, Y algunos son más iguales que otros, Hecho a mano, Tiempo de celebrar, Desde el camerino, el propio Libros sin palabras, que presenta entre el 26 y el 28 de abril en el Centro Cultural Carolina de Valencia, o el más reciente Espejismos.

Todo ello a lo largo de 30 años de profesión y por más de 30 países, siendo España de los menos frecuentados. También los galardones provienen del extranjero. “Soy un actor trabajador; no voy a festivales buscando premios, sino que me los encuentro”. Como se va encontrando con la dificultad de llegar a la gente con un arte tan silencioso. “Hay que ir demostrando al público que el silencio sabe hablar, que se pueden decir muchas cosas sin la palabra”. Para ello es necesario vencer cierto temor. “Un tío con la cara pintada, tocando paredes invisibles durante una hora, se hace difícil, pero está comprobado que quien viene luego repite”. Sólo hay que perder “el miedo al silencio”.

¿Necesitan los gestos traducción en otros países? “Los gestos más cotidianos son diferentes en cada grupo, en cada familia, pero los que se hacen sobre un escenario están muy pulidos y pasan la prueba de las culturas”. También ayudan las temáticas. “El mimo es internacional, al igual que los temas que yo escojo: derechos humanos, la problemática del agua, la literatura”. Incluso la Biblia. “Es uno de los libros más conocidos. Yo huyo de la cuestión religiosa, para enfocar el lado humano. Por eso lo disfrutan por igual católicos, protestantes o ateos”.

En Libros sin palabras, cuyo espectáculo es presentado en el Centro Cultural Carolina como si fuera realmente un libro (coincidiendo con su Día Internacional: martes 26 de abril), Carlos Martínez se mete imaginariamente en una biblioteca atestada de ejemplares que el mimo irá revelando. “Simulo coger un libro, abrirlo y meterme dentro para representar lo que leo”. De nuevo, incurriendo en otra paradoja: libros sin palabras. “Es que libros con palabras es lo normal, pero al decir ‘sin’ lo que haces es llamar la atención”. Y eso Carlos Martínez lo hace a las mil maravillas. Porque será un hombre sin palabra una vez subido al escenario, pero fuera de él la tiene y en muy alta estima. ¡Palabra!

Salva Torres