Viaje al fondo de la mente

El gran Arco, de Eva Zapico
Sala Ultramar
C / Alzira, 9. Valencia
Del 21 al 24 de abril, 2016, a las 20.00h

‘El gran Arco’ es un laberinto mental, un viaje al inconsciente, una aventura a lo más profundo de nuestro cerebro. Eva Zapico y Ángel Figols se vuelven a reunir sobre las tablas para poner en marcha el engranaje de una pieza que les valió los premios de la AAPV a Mejor actriz y Mejor actor en 2014. Un reconocimiento de la profesión valenciana para un trabajo delicado y preciso que nos presenta el desarrollo de la neurosis mental en la relación de una mujer con su terapeuta.

“Como creadora Eva Zapico es uno de los grandes referentes que tenemos actualmente en el panorama teatral y es una lástima que este montaje no se haya visto más en las salas, por eso queríamos reponerlo”, indican desde Ultramar. Y añaden: “Rescatar piezas que han sido importantes en esta ciudad en los últimos tiempos y recordarlas es un trabajo que nos gustaría empezar a desarrollar, una especie de ciclo de grandes clásicos pero con piezas de creadores de aquí y de ahora”.

Cartel de 'El gran Arco', de Eva Zapico. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Cartel de ‘El gran Arco’, de Eva Zapico. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

‘El gran Arco’, que podrá verse del 21 al 24 de abril (20.00h), utiliza como motor la obra de Louise Bourgeois, las teorías psicoanalíticas de C.G. Jung y Las Cárceles de Piranesi. Un juego en el que las relaciones entre los personajes y la realidad se difuminan trasladando el trastorno mental a un espectador que no es capaz de reconocer qué hay de verdad y de imaginado en lo que sucede ante sus ojos.

A partir del estudio de la histeria como enfermedad nerviosa, considerada durante mucho tiempo como un rasgo propio de mujeres malvadas al servicio del diablo, el montaje muestra el desarrollo de la neurosis mental en la relación de una mujer con su terapeuta.

'El gran Arco', de Eva Zapico. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

‘El gran Arco’, de Eva Zapico. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

 

La interpretación de los sueños de Grete Stern

Caso de Estudio. Grete Stern
Institut Valencià d’Art Modern. IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

El IVAM dedica a Grete Stern su nuevo ‘Caso de Estudio’. Y es que la artista alemana nacionalizada argentina es, sin duda, todo un caso. Para explicarlo, María Jesús Folch, comisaria de la exposición, realizó un repaso por su obra. Fue al llegar a la altura de los sueños de Stern que coinciden con la publicación en 1949 del libro El segundo sexo, de Simone de Beuavoir, cuando emergió la síntesis de su trabajo: “Aquí se ven reflejados sus dos caminos, el de la mujer que se afirma como sujeto y el de aquella otra que acepta esa alianza con lo doméstico”.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Ese choque entre la mujer que sueña con emanciparse de las trabas sociales y esa otra que es objeto de sus pesadillas creativas, atraviesa el conjunto expositivo que hasta el 3 de abril muestra el IVAM. “Es la pequeña gran joya de nuestra colección”, subrayó José Miguel Cortés, director del instituto valenciano. Pequeña gran joya compuesta por 61 obras, entre fotografías, libros, proyecciones y un documental, entre las que destacan los 140 fotomontajes realizados para la revista ‘Idilio’ de 1948 a 1951. En dicha revista fue donde ilustró los sueños de las numerosas lectoras que buscaban explicación a lo que su inconsciente maquinaba durante la noche.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

“El concepto de otredad está en la obra de Stern”, explicó Folch. Otredad que tiene mucho que ver con ese riesgo del sujeto que se afirma al margen de las convenciones sociales, frente al que busca su más amable encaje. Grete Stern, al modo que hizo Freud, interpreta esos sueños de la mente femenina, utilizando la técnica del fotomontaje. De manera que así, a base de juntar pedazos supuestamente inconexos, la artista alemana que huyó del nazismo para establecer su residencia en Buenos Aires, fue construyendo una obra de gran originalidad, calidad artística y sin duda evocadora, todavía hoy, de los fantasmas femeninos.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

María Jesús Folch habló de algunos de ellos: “confinamiento en el hogar”, todo lo relativo a “la función biológica de la reproducción”, también “la incomunicación” y, como contrapartida, “la denuncia de los estereotipos femeninos”. Casada con Horacio Coppola, con el que trabajó al principio mano a mano y del que muy pronto se divorció, Stern no dejó de reivindicar para ella y la mujer de su tiempo, extrapolable al actual, la libertad que sin duda reflejaba en la interpretación de los sueños. Sueños de los que ya se hizo cargo el IVAM en una exposición de hace 20 años, germen de la donación de su obra por parte de su hija Silvia al museo valenciano. “Continúa siendo igual de actual y contemporánea”, señaló Cortés.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

La publicidad, la arquitectura, el retrato y la antropología, otorgando protagonismo a mujeres indígenas del Gran Chaco, también han sido disciplinas de su interés. Disciplinas que trabajó con el mismo anhelo de encontrar bajo la superficie de las cosas cierta verdad latente. Por eso sus fotografías están llenas de escaleras, peldaños o laderas que hay que subir o bajar, de ojos escrutadores, de jaulas, de naturalezas en calma o arrebatadas pero siempre inquietantes, de animales y, por supuesto, de mujeres que luchan contra ese fondo enigmático de seres y objetos a punto de doblegarla.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Grete Stern es todo un caso porque fue construyendo su obra a contracorriente: primero, en el Berlín ya prácticamente abducido por el nazismo, y después, en el Buenos Aires del peronismo. La columna ‘El psicoanálisis le ayudará’ de la revista ‘Idilio’, que Stern ilustró, no se sabe si ayudó a sus lectoras, pero a ella le ha servido para construir una obra “ejemplo de modernidad y compromiso”, concluyó Cortés.

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Salva Torres

‘El Gran Arco’ del laberinto mental

El Gran Arco, de Eva Zapico
Espai Mutant de Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Sábado 21 y domingo 22 de noviembre de 2015

Eva Zapico presenta la obra de teatro El Gran Arco, el 21 y el 22 de noviembre en el Espai Mutant de Las Naves. Un montaje interpretado por Eva Zapico y Àngel Fígols.

El Gran Arco propone un recorrido por el laberinto mental de los personajes, un espacio en el que el espectador inicia un viaje hacia el inconsciente. Dos personajes, terapeuta y paciente, comparten un espacio sin que podamos llegar a entender cuál es la relación real entre ellos. Un recorrido por el laberinto mental de ella. Un viaje hacia el inconsciente de ambos.

A partir de la histeria como enfermedad nerviosa, considerada durante mucho tiempo como un rasgo propio de mujeres malvadas al servicio del diablo, esta función reflexiona sobre el origen de la maldad en el individuo.

Sin poder dar respuesta al enigma sobre el origen de lo malvado, el montaje muestra el desarrollo de la neurosis mental en la relación de una mujer con su terapeuta. Utilizando como motor la obra de Louise Bourgeois, las teorías psicoanalíticas de Carl Gustav Jung y Las Cárceles de Piranesi, ambos personajes se relacionan sin que sepamos los intrincados nudos de conexión que les une.

El Gran Arco se estrenó en el festival Russafa Escènica 2013 y cuenta con la colaboración de otros creadores, como el músico y videoartista catalán Logical Disorder y Transistora, magazine online especializado en música electrónica.

El gran arco, de Eva Zapico. Imagen cortesía de Las Naves.

El Gran Arco, de Eva Zapico, con Àngel Fígols. Imagen cortesía de Las Naves.

Tiepolo y sus retratos de fantasía

Giandomenico Tiepolo
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 20 de abril, 2015

¿Pueden convivir las obras de arte sean de la época que sean? ¿El mural más reciente de Banksy o la última ilustración de Pawel Kuczynski por ejemplo con un grabado de Goya? Las afinidades y divergencias entre las obras podrían tener que ver, más que con el tiempo, con la manera de ver el mundo de los artistas. Miró puede ser más afín a un artista pictográfico de hace doce mil años que a cualquier expresionista de su época.

Los que se interesan sólo por lo último de lo último, o los que consideran que arte es sólo lo que hicieron los clásicos, o sea, que murió antes del impresionismo, creen en la idea de la evolución (o involución) del arte. Pero puede ser que no tenga nada que ver con eso. Que las obras simplemente coexistan.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al fin y al cabo, la evolución es una idea que afirma la existencia de un punto fijo desde el cual arranca todo el proceso. Pero el caso es que aquí no hay ningún punto fijo, ningún centro sobre el que gire nada. Por tanto, no hay proceso lineal. Parece más bien que en el arte el punto es móvil y se desplaza con cada obra que se crea. Como si no pudiera parar quieto. Los estilos se suceden recogiendo elementos de los otros estilos, modificándose y envolviéndose continuamente. Es como un ADN en el que todo está en todo.

Por esas afinidades y divergencias, el tiempo, en el arte, se esfuma, y en su lugar aparece la simple comunicación entre las obras, que parecen hacerse confidencias, como invitados en una fiesta con ganas de conocerse, o que discuten y, al hacerlo, se revelan sus tensiones íntimas, como en una cena de navidad −aquello que más les preocupa o que precisamente mejor (o más dolorosamente) las define.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Bingyi, por ejemplo, con su pandemonium de luces y sombras, tendría mucho de qué hablar con Turner, pero también, por contraste, con su actual coetánea He Zhihong. Los poéticos paisajes de esta, a su vez, convivirían perfectamente con los de Constable, Friedrich o incluso Cézanne, pero se destacarían sobre todo si se encontraran con los de Van Gogh. O en fin, si los retratos en lejía de Barceló tuvieran delante los de Giandomenico Tiepolo que el Museo de Bellas Artes de Bilbao acaba de presentar en su nueva exposición, en colaboración con BancaMarch y Consulnor.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

No son retratos de personas concretas, sino de fantasía, es decir, son inventados. Y lo que Tiepolo ha inventado son tipos genéricos –tres hombres maduros con toque oriental y ocho mujeres jóvenes pintados con un estilo que recuerda a Rembrandt-. Están fechados alrededor de 1768 cuando aprovechó su estancia en Madrid, a donde había ido con su padre y su hermano para pintar al fresco varios techos del Palacio Real.

Al no representar a nadie en concreto, este artista se decide por pintar tipos, como si dijéramos a la manera de Jung, es decir, arquetipos. Su preferencia son los filósofos de la antigüedad, en cuanto a los hombres, y su ideal de belleza femenina en el caso de las mujeres (inocencia, austeridad, personalidad, decisión, bondad). Temas estos que, por sí solos, abren un sin fin de interrogantes.

Completa la exposición doce aguafuertes cedidas por la Biblioteca Nacional de España.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres